Archive for 29 julio 2011

HÚMEDO

julio 29, 2011

DEVOTO

   Trabajar en el lavado de autos lo tiene siempre mojado y a los panas calientes.

A LA CAMITA

Julio César.

NOTA: ¿Quieren ver cómo la pasa un chico travieso cuando le pilla el hermano de la novia? Vayan a: CUÑADO TRAVIESO

CASS VS DEAN

julio 29, 2011

CASTIEL, ¿EL VILLANO?                         DEAN TIENE UN FETICHE

   Busqué la página de donde saqué Correrías en Boston, y la encontré; pero no puedo ubicar el dichoso relato. Sin embargo, y de entrada, me topé con esta historia. Qué me agradó porque ya me había extrañado no encontrar nada al respecto. No sé en qué momento la escribió esta mujer, pero se ve bien. Castiel ha decidido “castigar” a Dean por oponérsele en su lucha contra Rafael. Y lo hace, pero las cosas no le salen tan bien. ¿Que por qué me gusta? Dean, despertando pasiones como siempre, es sometido, pero no es un juguete sin voluntad. También él hará sufrir a Castiel.

……

Titulo: The penitente’s Mark

Autor: yeya-wc

Tema: Dean/Cass

Estado: en proceso

Rating: PG-17

Resumen: Castiel castigará a Dean por oponérsele, y este sabrá porqué lleva su marca.

   El olor a sangre es intenso, inquietante como siempre, pero no es eso lo que tiene de punta cada cabello de las nucas de Sam y Dean Winchester mientras cruzan una mirada, antes de volverla hacia Bobby. Castiel, todo soberbio y confiado se alza en medio de la habitación baldía, el suelo y las paredes cubiertos aún con la sangre de Rafael.

   -Soy su nuevo dios. Seré uno mejor que el anterior. –repite Castiel con una leve sonrisa de suficiencia en su rostro generalmente inexpresivo.- Deben postrarse ante mí o les destruiré. –se dirige a los tres cazadores, pero sus gélidos ojos azules están clavados en Dean Winchester.

   -Castiel… -Sam intenta razonar, pero calla sintiendo un nudo apretando su cuello cuando el ángel le mira, lo siente metiéndose en su cabeza y es desagradable.

   -M alegra que hallas sobrevivido a la experiencia de tus recuerdos en el Infierno, Samuel. Eres fuerte. Más de lo que imaginé. Te has convertido en un gran cazador… Es por ello que no quiero matarte. A pesar de que tú lo intentaste conmigo. Híncate ante mí y lo olvidaré.

   -¡Basta, Castiel! –la voz de Dean, aunque intenta que suene firme, falla un poco. Le mira con intensidad.- Estás intoxicado, Cass; es todo el poder de esas almas. No eres tú mismo. Por favor, amigo, regresa… -pide, y Sam le mira algo sorprendido, realmente nunca ha escuchado ese tono mendicante en su hermano, ni siquiera cuando le pedía que dejara a Ruby.

   -¡No soy tu amigo!

   -¡Cass! –Dean parece sorprendido, y algo herido.

   -Tengo cosas que hacer… -el tono vuelve a ser frío mientras recorre a todos con su mirada.- Arrodíllense y júrenme lealtad… o perezcan. –es tajante. Y nuevamente clava sus ojos en Dean.

   Cuando deja de hablar y cierra uno de sus puños, Sam puede sentir como el aire se llena de electricidad, casi huele a ozono, un sabor amargo y cobrizo cubre su lengua. Castiel lanzará contra ellos todo su poder. La ira del nuevo dios. Y el más joven entiende por la mirada huidiza de Bobby, la que tiene cuando busca desesperadamente una salida aunque no le guste, que este también lo entiende. Si, se arrodillarán y adoraran al nuevo dios, hasta que encuentren la manera de detenerle. O matarle. Una vez decidido, encontrando en los ojos de Bobby la misma resolución, Sam se vuelve hacia Dean, intentando comunicarse. Este parece no notarlo, atrapado como está en su juego de mirarse con Castiel, como si nada más existiera.

   -No. –es la respuesta simple de Dean, toda desafíos.

   -¡Dean! -exclaman Sam y Bobby a un tiempo. Castiel alza un poco el mentón y ahora es posible percibir un sonido agudo y rasposo en el aire, mientras los ojos del ángel relucen de furia.

   -Híncate o muere. –la voz es ronca. Ya no mira nada ni a nadie más.

   -¡No!

   -¡Obedece o te destruiré! –la voz es dura y las lámparas parpadean y estallan. Dean no deja de mirarle.

   -No.

   -Dean… -advierte Sam, con el corazón martillándole en el pecho, ¿acaso el cabezotas de su hermano no entiende que este Castiel posiblemente sí le destruirá para probar que es el nuevo jefe?

   -¿Crees que no lo haré? –Castiel entrecierra los ojos, realmente furioso. Una emoción que, como todas, Dean le llevó a descubrir, siendo él, generalmente, el causante.

  -Sé que si quieres lo harás, ahora eres un enfermo intoxicado, como una vez lo estuvo Sam con la sangre de demonio.

   Por un momento Castiel no sabe qué responder, tanto así es su furia. ¿Desaparece o se mueve demasiado aprisa? Nadie sabría decirlo. Un momento estaba en el centro de la habitación y al otro Dean es empujado por los aires contra la pared, golpeándose, y allí está Castiel sosteniéndole por el cuello con una mano, sus alas extendidas, pero ahora eran de un color blanco casi cremoso. Dean gruñe de dolor, por el golpe, por la mano que le atenaza, por la falta de oxígeno.

   -¡Dean! -exclaman Sam y Bobby, y no piensan, tan sólo se arrojan contra Castiel, quien ni se vuelve a mirarles cuando salen cada uno despedidos desde sus propios pies y aterrizan en la esquina más alejada de la habitación, llevándose un buen tortazo también.

   Castiel mira a Dean con furia, desea apretar y apretar ese cuello cálido que se agita bajo sus dedos. Es muy consiente de su movimiento cuando Dean intenta tomar aire desesperadamente, puede sentir su pulso acelerándose, el correr su sangre, el calor de su vida. Si apretaba tan sólo un poco más…

   El mayor de los Winchester se ahoga, sus manos aferran la muñeca de Castiel pero sabe que nada logrará. Sin embargo lucha por soltarse. Que escriban eso en su epitafio, que luchó hasta el final, piensa, mientras deja escapar una tos que parece sonrisa mientras su mirada se nubla, sin dejar de notarse irreverente y chulo.

   -Ahhh… -aspira aire ruidosamente cuando Castiel afloja su agarre, dejándole sobre sus pies pero sin soltarle, cosa que le conviene por el momento al tener las piernas tan flojas.

   -¿Tu epitafio? –el ángel pregunta, iracundo, Dean puede notarlo.

   -¿No te gustó la frase, Cass? Puedes acuñar una si quieres, pero que se hable del tamaño de mis bo…. –reta, jadeando.

   -¡Me tienes miedo! –acusa, y Sam está seguro de que Dean lo negará.

   -Si, porque en estos momentos eres otro monstruo sobrenatural. Uno que ha repetido varias veces que me matará.

   -¿Alguna vez te he hecho daño, Dean? ¿No he corrido a tu encuentro cada vez que me has llamado? ¿No hice una y otra vez todo lo que me pedías aunque eso fuera contra los míos y aún contra el Cielo? –exige, rojo de furia, y a todos les parece notar un feo retumbar bajo sus pies, ¿tal vez un terremoto a punto de estallar?- ¿En verdad… en verdad crees que te lastimaría?

   -¡Me estabas lastimando! –acusa Dean, fruncida las cejas, desafiante hasta el fin.

   Castiel no responde, no mueve un sólo músculo de su rostro cuando alza el brazo echándolo hacia la derecha, sosteniendo al rubio todavía por el cuello. Le suelta y Dean vuela por los aires y aterriza feamente sobre el mesón metálico, casi abollándolo todo. Dean, gimiendo ahogadamente, sintiendo sus costillas fracturarse, cae semi inconciente, lo cual es lo mejor que puede ocurrirle ahora que sus costillas se desplazan y una se le clava en un pulmón.

   -¡Dean! –estalla un magullado Sam, desesperado, viendo la sangre que sale de la boca de su hermano cuando tose.

   El castaño corre a su lado, igual que Bobby, el cual no descuida del todo a Castiel, que se vuelve hacia ellos alzando una mano abierta. La luz es intensa, cálida pero no desagradable. Parece estallar frente a sus ojos. Los dos hombres cierran sus parpados al tiempo que sienten que el mundo parece tambalearse feamente.

   Abren los ojos cuando todo se estabiliza. Y Sam grita llevándose las manos a la cabeza. Están en medio de la noche, en el taller de Bobby, transportados kilómetros y kilómetros de distancias.

   -¡Dean! –estalla nuevamente Sam, girando sobre sí mismo, buscando el caído cuerpo de su hermano; necesita encontrarle y correr hacia un hospital para que le curaran. Pero sólo están él y Bobby.- ¡No! ¡No! ¡Dean! –grita a la noche.- No le hagas más daño, Castiel. ¡Regrésame a mi hermano!

……

   Castiel puede oírle, pero no le hace caso. No mientras tiembla de furia, una que no había sentido jamás, ni siquiera cuando fue llamado al Cielo y torturado, o cuando entendió que Dios no respondería a sus llamados, o cuando Dean pensó realmente en entregarse a Miguel en su lucha contra Lucifer. Le mira, caído, medio agitándose, tosiendo sangre. Todo roto. Y ni aún así su ira desciende mientras va a su lado.

   Todo. Todo lo había dado por él, todo lo arriesgó, siempre, sin pedir nada a cambio, ni un miserable “gracias, Castiel”, y Dean, la única vez que le pide que le entienda, que se aparte y le deje cumplir con su deber, detener a Rafael y sus seguidores, este se ponía en su contra. Traicionándole. Conspirando contra él.

   El ángel ladea la cabeza, una nueva tos ahogada, que mancha de sangre el sucio piso, se deja oír antes del jadeo de dolor. Y se inclina, sin desear detenerse a pensar que Dean no quiso escucharle, ni rendirle pleitesía. Se agacha y le mira, un parpado se agita, un ojo se abre, verdoso, velado, y Castiel desea atraparle nuevamente del cuello y apretar.

   Dean, todo aporreado como está, sintiendo que respirar le apuñala el pecho, reconoce la ira en la mirada azulada e intenta arrastrarse, alejándose de él.

   -¿Tanto me temes?

   -Cass… -jadea entre dientes.

   -Quisiera poder lastimarte en verdad, Dean Winchester. Mucho. Hacer algo que te lastime como me duele a mí el que… -traga aire.- Enfrenté a mis hermanos y a Lucifer por ti; fui con Chuck, aún sabiendo que moriría, cuando intentaste impedir que Sam comenzara el Apocalipsis, también cuando te interpusiste entre Miguel y Lucifer, aunque lo creí una locura. Una y otra vez he intentado protegerte y ayudarte, pero tú nunca me has correspondido. –y le atrapa un hombro y aprieta, casi oyéndose el chasquido del hueso.

   El grito del rubio penetra al fin en su cerebro, pero no se detiene. Dean siente que se muere, aprieta los dientes e intenta zafarse, pero no hay caso. Cass oprime y oprime hasta que el dolor es sordo y caliente, recorriendo todo su cuerpo, tanto que se orina encima y finalmente llega la inconciencia bendita.

   El ángel respira con dificultad mientras se pone de pie. Quiere… no sabe qué. Debe partir, regresar al Paraíso y castigar ejemplarmente a los seguidores de Rafael, destruyéndoles a todo. Debe ir contra los demonios. Luego contra los inicuos enla Tierra. Debecastigar a los que han actuado mal. Y… Dean era uno de ellos. Por oponérsele.

   Le mira, caído, bañado en transpiración por el dolor, una lágrima todavía visible. Orinado. Debía someterle. Castigarle. Eso se dice mientras baja nuevamente tocando la mejilla rasposa con el rastrojo de barba e, instantáneamente, el rostro queda limpio de toda magulladura. Dean parpadea confuso. El cuerpo reparado.

   Nuevamente la rabia le invade. Tuvo que curarle. Odiaba verle herido, lastimado. Ahora estaba allí, débil, mirándole todavía confuso y asustado. La mano del ángel le hace perder el sentido antes de abandona su mejilla, atrapándole otra vez un hombro. Lo toma en sus brazos y le alza. Es fácil. Dean no pesa para él. La cabeza del rubio gira y cae contra su pecho, inconciente. Vulnerable. Y Castiel le mira intensamente, pálido y aún con gestos de dolor a pesar de su curación, respirando con pesadez en su desmayo. No era necesario que le tomara en sus brazos para llevarle a su suplicio, pero…

   ¿Qué haría con él? ¿Cómo castigaría al mayor de los Winchester? Sonríe levemente, alzándole un poco más, teniendo el rostro del rubio muy cerca de su hombro. Sabe qué hacer. Algo que debió hacer mucho tiempo atrás. Después de todo… Dean le pertenecía.

……

   Dean no abre aún los ojos pero estira su cuerpo con un bufido de satisfacción cuando recobra la conciencia. Se siente increíblemente bien, descansado y de lo más cómodo en aquel colchón bajo él. Era suavemente firme. Parece que cada músculo de su cuerpo se almohada a él. No hace frío ni calor, tan sólo hay una corriente fresca que le hace agradecer estar semi cubierto con una sábana de lo más suave. Oye a lo lejos el correr del agua, el gorgojeo de las aves, el viento meciendo algunas ramas de árboles y…

   Abre los ojos con fuerza. ¿Donde carajo estaba? Se sienta en la cama, la sábana corre descubriendo su dorado torso desnudo. Es una habitación espaciosa, hermosa, cómoda. Hay una pequeña mesa con dos sillas, un enorme televisor en una pared, cuadros de paisajes, una chimenea en una esquina. Y un amplio ventanal mitad abierto. El cristal ocupa toda una pared y la mirada del rubio queda atrapada en ella, con la boca abierta. No reconoce nada, pero eso tiene que ser…

   Joder, ¡el puto Paraíso!

   Parece que el día comienza, el cielo que ve desde la cama es de un azul pálido hermoso, el sol no era visible pero sus rayos parecían suaves. Un colorido jardín adornaba la salida del ventanal, más allá era visible el pasto más verde que nunca había visto. Y el arrollo, joder, se dice el rubio casi girando los ojos, dos pequeños ciervos parecen beber antes de alejarse a la carrera hacia unos arbustos cercanos. ¿Ciervos? ¿En serio?

  ¿Pero cómo? ¡Castiel! Claro, debió ser él, se dice confundido, buscando posibles dolores corporales. Las manos sobre las costillas, antes de llevar una al hombro aferrado por el ángel, le confirman que este le curó. ¡Demonios!

   -No, ninguno de ellos tuvo nada que ver. –aclara la voz monocorde desde el otro lado de la cama.

   ¡¡¡Joder!!!

   -¿Cass? –lógicamente es él, sin embargo debe preguntar, porque el ángel no parece el de siempre. Lleva esos pantalones que usa usualmente, pero no la corbata ni la gabardina. También la camisa ha desaparecido. Tan sólo lleva una corta franela blanca, una que se amolda bien a su cuerpo, reconoce de pasada, y sin saber a santo de qué, el rubio.- ¿Qué ocurre? ¿Dónde estoy? ¡Llévame con Sam y Bobby! –exige, sintiendo la llegada de la siempre presente ira.

   -No. –ahora es el ángel quien juega a la resistencia, sin apartar los ojos de él.

   A Dean no le pasa desapercibido el brillo de sus ojos azules cuando baja por sus mejillas y cuello, cayendo sobre su tórax. Casi parecía tocarle y era una sensación de lo más inquietante. Ese calorcillo que sentía en su estómago…

   -Deja tus juegos, Cass. Llévame con Sam y Bobby.

   -No, Dean, debes olvidarte de ellos. Ahora estás donde debes estar.

   -¿Qué diablos te ocurre? –grita, saltando de la cama como un enorme y hermoso felino cuando Castiel se acerca. Es cuando nota que lleva tan sólo sus boxer negros, una pieza no muy grande y que debería estar olorosa a orina, eso lo recuerda, pero que parece limpio, como todo él a decir verdad.- Tú… Tú…

   -Te curé, te traje aquí y te quite tus ropas sucias. Limpié músculo por músculo. Lavé cada parte de tu cuerpo. Te vestí con eso y te deposité en la cama. Sonreías como un bebé mientras lo hacía, casi ronroneabas. -informa con su voz ronca, su postura de siempre, pero con ese brillo nuevo en la mirada.

   -¿Que tú me tocaste…? -se ahoga y desea creer que es enfado, pero es confusión.

   -Tranquilízate, Dean. No pasa nada. Tengo perfecto derecho a tocarte. A traerte aquí.

   -¿De qué carajo estás hablando? ¿Acaso todas esas almas que consumiste te frieron el cerebro?

   -¿Tienes que hablar de eso nuevamente? Sabes que me molesta. Me recuerda tu oposición a mí. –bota aire el ángel.

   Casi sonaría exasperado si no fuera por la forma en la que recorre el torso del rubio, bajando por el abdomen. Y Dean podría jurar que casi siente sus manos sobre el boxer, tocándole, clavándole dedos fantasmas en su trasero, apretándole.

   -Castiel, si esto es una broma… -se atraganta y retrocede, él que jamás rehúye una pelea, cuando el ángel comienza a bordear la ancha cama de blancas sábanas.

   -Nunca bromeo. Tú lo sabes.

   -Cass, déjate de vainas. ¿Qué tienes? No me gusta tu mirada. –termina de encolerizarse. Sabe que es peligroso, que este Castiel podía hacerle estallar o freírle las carnes sobre el cuerpo, pero no era Dean Winchester un hombre paciente, ni prudente. No retrocede ahora; rojo de mejillas y ojos llameante espera por Castiel.

   -Hablas demasiado, Dean. –comenta suave, entrecerrando un tanto los ojos, fija la mirada en los carnosos labios del rubio, quien controla a duras penas las ganas de pasarse la lengua sobre ellos.

   -Me pongo así cuando una criatura sobrenatural intenta convertirme en su prisionero. –joder, ahora sí me mata, pensó de pasada, pero elevando la mirada, los ojos cubiertos de terquedad y valor, uno que le dice a Castiel que Dean se preparaba para soportar torturas y golpes. Incluso la muerte.

   -No, Dean, no lo entiendes todavía. No eres mi prisionero. Ni voy a hacerte daño. Al contrario.

   -¡Estoy aquí contra mi voluntad!

   -Así es, porque es mi voluntad. Te lo repito, Dean, me perteneces. Eres mi humano. En ti está mi marca. La del brazo cuando te rescaté dela Perdición, donde sufrías, gritabas y llorabas. Estabas tan lleno de dolor, tan roto… que quise protegerte. Por ello te marqué. No necesitaba hacerlo para sacarte de los Infiernos, pero lo hice. Cuando te toqué te desmayaste y debí cargarte en mis brazos y acunándote contra mi pecho, y ahí me prometí que te cuidaría de todo peligro, para siempre, así se cerró el trato. Allí te convertiste en mi propiedad, de cara a los Cielos y los Infiernos. Mi marca les decía a todos que me pertenecías. –Dean boquea, sintiendo los pelos de punta, esa confesión le dejaba desarmado y aún más desnudo.- Por ello me dolió tanto tu incomprensión; tú, de entre todas las criaturas dela Tierradebiste entenderme. Por ello sólo ante ti me expliqué y… rogué por comprensión. –suena aburrido, como si tal cosa fuera lo más absurdo del mundo.- Pedí en lugar de exigirte gratitud y entrega. Supliqué cuando tú, simplemente, debías obedecerme y adorarme, como algo que es mío y es feliz con mi atención.

   -Cass… amigo, hermano… -intenta una sonrisa nerviosa. No sabe a dónde quiere llegar el ángel, pero le da miedo.

   -No, Dean. No soy tu hermano. –suena a bofetada, alza la barbilla y sus ojos relampaguean.- Nunca lo he sido. Nunca te he visto como tal. –le aclara.

   -¿Qué mierda hablas? Claro que eres mi hermano. Te quiero como tal. Hemos pasado por tanto juntos… –tiene que gritar, todo furor.- Mira, Cass, no sé qué tienes en mente, pero yo no le pertenezco a nadie. Ni a ti, ni al Cielo ni a nadie. Yo…

   -Dean… -exhala Castiel agotado, bajando la mirada, elevándola luego, acercándose rápidamente al rubio, tocándole con esa mano extrañamente cálida (¿Cass siempre la ha tenido así?), en el rostro, la otra sobre su torso, encima del corazón, y el mayor de los Winchester siente que cada nervio de su cuerpo es atravesado por una cálida corriente que le hace responder, casi deseando frotar la mejilla de esa mano.

   -¡Cass! –jadea temeroso. Castiel le estudia fijamente, sonriendo levemente.

   -No temas, Dean. ¿Recuerdas cuando le dije a Sam que acudía a tus llamadas porque entre los dos había una conexión más íntima? Es esto. Tu alma recuerda el toque curativo y generoso de mis manos. Ahora estás aquí, a salvo de todo, de los monstruos, demonios y peligros. Aún de Sam, llevándote siempre por amargos callejones emotivos. Nunca has tenido a nadie. Sólo a tu madre y ella murió muy joven. Fuiste sólo un soldado para tu padre y el guardián de tu hermano; nadie ha querido nunca anteponer su bienestar al tuyo, a pesar de que te has entregado por todos, buscando aprobación y afecto. Has deseado dar amor tantas veces, a tu manera, pero nadie ha querido aceptarlo. Ni siquiera Lisa. Has sufrido tanto, mi pobre Dean, has estado tan solo… Pero eso acabó.

   -No soy una cosa. –grazna, indefenso, molesto consigo mismo por no apartarse, por desear, en una parte de su cabeza, cederle el control a Castiel.

   -Eres mío; tan sólo eso. El humano que reclamé y quien me debe adoración. –los dedos se clavan un poco en Dean.- En los viejos tiempos la humanidad nos adoraba. La mayor bendición era ser visitado y servir a un ángel del Señor. Ahora ese honor es tuyo. Estás aquí para servirme y adorarme. –termina, con resolución.

   Y Dean tiene miedo, porque si, porque desea ceder.

CONTINUARÁ … 2

Julio César.

NOTA: La bonita imagen no es de mi autoria tampoco, ¿okay?

JUEGUITOS ENTRE AMIGOS

julio 29, 2011

 OFERTA

   Estaba tal rica y caliente esa… agua.

   Riendo me dice: “Estaba vaina es muy pequeña, compadre, si va a entrar voy a tener que sentarme en sus piernas”, y comenzó a reír. Yo también, todo caliente, por el sol, claro. “No se preocupe”, le respondí, “tengo experiencia metiéndome en cosas chiquitas, aunque después no quedan tan chicas. Ya lo verá”. Y cómo nos reinos mientras se me sentaba.

ASISTIENDO

Julio César.

GERARDO BLANCO Y LA PIFIA DE TVES; DIÓGENES ANDRADE Y LA BURLA AL PUEBLO; HUGO CHÁVEZ Y EL ENRIQUECIMIENTO LADRÓN

julio 29, 2011

NICOLÁS MADURO CONTRA “LA HOJILLA”?

   Ni el más bolsa en este país diría estas cosas en voz alta… a menos que formara parte del Gobierno. Ahí, mientras más disparatada sea la aseveración, más revolucionarios se creen.

……

   El director de deportes de ese canal funerario, Tves, Gerardo Blanco, aseveró hace poco, con ese talante despectivo que haría sospechar muchos logros y éxitos personales: “No tenemos ningún interés en subir la sintonía a punta de silicona”. Guao, qué buena torta… aunque, miranda más de cerca se le nota la quemada. La verdad es que, me da pena ser tan cruel, pero… bien, a Tves nadie la ve. Comenzó muerta, cuando robó la señal y los equipos de RCTV, a punta de pistolas como en un atraco cualquiera, en medio de los aplausos de todos los Gerardo Blanco de este país, fracasados que únicamente así lograrían poner las manos en un canal de televisión. En sus mentes extraviada pensaron que conservarían la sintonía de RCTV (jamás se han preguntado por qué era tan popular, o tal vez se consolarán diciendo que era por las “siliconas”); pero una línea totalmente parcial y arrastrada, propagandas en lugar de noticias, y excusas y promesas presentados como hechos, sumados a una carencia elemental de imaginación y talento, sepultó en dos días el Canal. Cuando hay que explicarlo… Gerardo Blanco lo atribuye a que no usa siliconas. Bien por él, se vería extraño. Bueno, sí le hace feliz esa explicación para el desastre de Tves, que sea feliz.

   Pero si un comentario fue infeliz (Dios, ¿qué tiene esta gente en la cabeza?), fue la del diputado por el PSUV, Diógenes Andrade, cuando acusaba ala CuartaRepúblicapor la crisis hospitalaria actual. Parece que no fue por robarse los presupuestos, crear una partida paralela para pagarle vacuna a los cubanos y por colocar pobres infelices que no pueden unir el verbo al predicado (aunque todo se le queda pegado en los dedos) en cargos directivos… No. Eso no tiene nada que ver con la crisis hospitalaria, por Dios; desechemos tal idea. Es culpa dela Cuartaporque… no sé, ¿tal vez por reconocer el triunfo del presidente Chávez en el 98? Habrá que preguntárselo a Diógenes, pero ese perdió la brújula y la lámpara hace tiempo. A pesar de que el Gobierno, con Diógenes Andrade a la cabeza, ya lleva doce laaaaargos años mandando, con cinco veces más dinero por petróleo del que entró en los cuarenta años anteriores, para Diógenes Andrade (quien debe ser un verdadero izquierdista por lo inútil para el trabajo y lo ligero para la excusa), esos doce años no han sido tiempo suficiente para que corrigieran nada. Entonces ¿qué podía hacer Luis Herrera o Jaime Lusinchi que sólo gobernaron cinco y les dio tiempo de levantar hospitales, teatros, pagar deuda y juntar reservas como en el caso de Lusinchi? Pero la perla la pone cuando asegura: “Hay que ser comunista para entender los problemas del pueblo”. Creo, que así como el presidente Chávez confunde hablar con actuar, Andrade no ve clara la diferencia entre crear la más espantosa miseria en Venezuela, por poner en marcha una salvaje receta neoliberal izquierdista, con “entender”. Hay que “entenderlo”, es comunista, ese no sabe de realidades.

   A otro que no le fue bien, como ya lo comenta la gente en las calles, fue al presidente Chávez cuando promulgó su Ley de Costos y Precios Justos, para frenar la inflación. Ya sabemos la pifia que resultó cuando el Gobierno se robó las tierras cultivables (para producir comida), las fábricas de cemento y cabillas (para construir por bojote), así comola Agroisleña(para que el campo se salvara). Cuando dijo eso, que era para frenar la inflación, a la gente se le aguaron los ojos de miedo. Hambre, escasez y desabastecimiento. Todo sabemos que eso llegará más afincado. Pero la verdad es que al Presidente no le queda bien ese aire pontificio cuando acusa a los industriales de querer y ambicionar ganancias exorbitantes, y que hay que: “Frenar el capitalismo ladrón”. En este país todo el mundo sabe que el presupuesto nacional está calculado con un barril de petróleo a cuarenta dólares, cuando este supera los cien dólares, agarrándose el Presidente y su gente (la familia, el entorno íntimo y la cúpula podrida del PSUV) toda esa increíble suma de dinero para gastársela en el festín de Baltazar. No se ve bien que critique las ganancias de otro, cuando él desaparece semejante suma de dinero en caprichos y… bueno, locuras. Suena, cuando menos, hipócrita.

GUARDEME LOS REALES, PERO NO SE LOS LLEVE…

Julio César.

MÉDICOS ESCOLARES

julio 29, 2011

BUEN CATADOR

   Gente con mística. No dejarían de tocar, meter dedos y otras cosas hasta que el agitado muchacho no quedara bien curado.

EL QUE SABE…

Julio César.

…AL SOL

julio 26, 2011

…AL SOL

   -Mira, chamo, nos estamos quedando aquí; mi novia sale a esta hora. Llega temprano y podrás mamármela toda la tarde sobre el traje de baño como quieres. La vas a encontrar bien salada, como te gusta.

   “Joder, ¿dónde estarán esos carajitos hoy? Baje hasta esta playa de mierda para que me la chupen y no encuentro a ninguno. Al primero que llegue también le voy a reventar duro ese culo por hacerme esperar”.

   “Carajo, tan sólo quiero ir a la playa para que los muchachos me vean el hilo dental bien metido en el culo y mi mamá quiere que arregle el cuarto. Cómo si eso les molestara a los panitas cuando vienen a meterme otras vainas”.

…AL SOL

Julio César.

NOTA: Todas las imágenes han sido tomadas de portales gratuitos; me aseguran que estás también (no las encontré yo). Me dicen, y cuesta creer que la gente sea tan… osada, que muchas están en Facebook. Qué nadie se moleste, por favor. Aunque con esas pintas… seguro que esos carajos se divierten bastante, ¿no?

MARCIANO, ES DECIR JOSE VICENTE RANGEL, HABLA DE MEDIOCRIDAD… AUNQUE USTED NO LO CREA

julio 26, 2011

 EL CONTRALOR, CHUO Y EL NUEVO PAÍS

   De los días cuando no se sabía qué carrizo hacía Hugo Chávez enLa Habana, porque el país no fue informado (aparentemente no era asunto del país la dolencia del dios sol), José Vicente Rangel hizo algunos señalamientos al respecto atacando la postura dela Oposición. Estacolumna del otrora brillante argumentista deja bastante que desear. Leamos…

LA OCIOSIDAD ENLA POLÍTICAes una manera de poner en evidencia no sólo la irresponsabilidad sino también la mediocridad. La oposición venezolana, sino toda al menos parte importante de ella -en especial la mediática-, se encarga de abonar esta apreciación. Que no es despectiva, que obedece a una realidad que a diario vive el país.

   Ociosidad y mediocridad… palabras demasiado grandes para ser usadas por el ex Vicepresidente de esta república de quinta instaurada por un régimen tan ocioso y de una mediocridad que ya raya en tara mental. Pero aún Marciano no precisa nada, veamos qué quiere decir el viejo vividor de mil gobiernos…

000000000000000

COMO SE TRATA de una oposición sin banderas, porque las que tiene no las puede exhibir, por ejemplo, sabe que no puede hablarle al país de que defiende al capitalismo -mientras más salvaje mejor para la elite que la controla-, que no puede hacer la apología del neoliberalismo -que en el fondo es su verdadera ideología-, apela entonces al recurso de refugiarse en planteamientos banales. Intrascendentes. Que por su vaciedad dan pena ajena.

   Perlas.La Oposiciónno puede defender la bandera del capitalismo, dice, bandera que sí ostentan los países que no padecen esta espantosa crisis (bueno, no José Vicente, él ya esta “resolvido”); y lo sostiene un hombre viejo pero desvergonzado que alaba al país más capitalista y salvaje del mundo,la Chinacomunista, donde el proletariado es mano de obra esclava, barata, cautiva y condenada al silencio. Qué suciedad. Y todavía se permite alegar que otros dan pena ajena… ¿podrá sentir alguien como él vergüenza o pena? Resulta difícil de creer. Pero aún no precisa. Últimamente se le va el espacio en bla bla bla y nada de ideas. Sigamos leyendo.

000000000000000

¿A QUÉ SE REFIERE este escribidor? A algo muy sencillo, que sucedió por estos días. A la actitud asumida por la oposición en el caso del viaje al exterior y la operación del presidente Chávez en Cuba. Algo que siempre estuvo clarísimo; es decir, que un viaje para profundizar aspectos básicos de la política exterior de Venezuela, que comenzó en Brasil, luego se proyectó a Ecuador y finalizaba en Cuba, aprobado porla Asamblea Nacionalconforme a lo establecido enla Constituciónbolivariana, se convierte en piedra angular de ataque contra el Jefe del Estado: Rechazo sin argumentos, descalificaciones al boleo, en fin, todo lo que suele hacer una oposición al garete. Finalmente, el broche de oro de la estulticia opositora: Al ser humano que es Chávez se le presenta un trastorno de salud como le puede ocurrir a cualquier persona, y tiene que ser operado de urgencia. Algo tan simple como eso, pero la oposición sin políticas le asigna importancia decisiva y arma el escándalo. Como carece de imaginación tiene que recurrir a algo que debería avergonzarla: La mención del inefable vacío de poder que inventaron los que violentaronla Constituciónel 11-A, que ahora, por cierto, dicen defenderla.

   No, viejo descarado. Cuando el Presidente pide permiso para visitar todos esos países, que uno se preguntaba para qué si nada traía como no fuera más proyectos dementes donde perdíamos dinero, se explica luego como la excusa que era para llegarse a Cuba sin levantar sospechas. Él no dijo que estaba muy enfermo ni que debía operarse. Esa fue la crítica de los políticos de Oposición. Que no se sabía qué ocurría con el Presidente: ¿Estaba enfermo o muerto? ¿Demente en una celda mientras los cubanos firmaban papeles a su nombre? Esa, don Marciano, era la piedra angular de la crítica. Como andaban escondiendo la mano, la gente supuso lo que quiso por falta de información (jamás leímos que Marciano aclarara ese punto en sus columnas, para empezar), e imaginamos que nada bueno era. Para Venezuela, claro. En las sombras sólo se mueve el hampa. Si al Presidente se le presentó algo tan humano como una enfermedad debió decírselo al país, no ocultarlo. Porque cuando se fue de viaje y se llegó a Cuba, ya debía saber qué tenía y que sería operado, entonces, cuando tomó el avión para recorrer alegremente esos países gastando dinero inútilmente ya estaba mintiéndonos. Y sí, había un vacío de poder porque no se sabía si el Presidente vivía o no, sí estaba detenido contra su voluntad o no, sí estaba en sus cabales o no, y al Vicepresidente Jaua, que para eso se creó esa figura que gasta real en bruto, no había asumido. También es cierto que había un vacío de poder como el once de abril cuando, por las muertes de Miraflores, el alto mando militar, en boca de Lucas Rincón, le pidió la renuncia al Presidente. La cual aceptó. ¿Había o no había vacío de poder, viejo cortesano?

000000000000000

LA OCIOSIDAD QUEDEMUESTRA la oposición tratando el tema es patética. Es una fotografía de cuerpo entero de lo que realmente es. Habiendo tanto tema importante en el país, se va por el atajo, siempre en plan subversivo, para colocar en la discusión algo absolutamente normal: Que un hombre se enferme y sea operado, no importa dónde, ya que donde surja el problema de salud, debe hacerlo. Y luego, la ridiculez del cuestionamiento al permiso dela Asamblea Nacionalpara viajar, las objeciones legales, por parte de quienes no vacilaron a la hora de pasarse por el forro todo el ordenamiento constitucional y legal el año 2002. Ociosos redomados y sobre todo farsantes.

   A falta de argumentos, regresa el bufón a los viejos ataques vacíos y ociosos, demostrando esa mediocridad extraña a una mente tan astuta, deben ser los años; así habla de planes subversivos, como si no hubiera sido Hugo Chávez quien se pasó toda su vida conspirando (por cierto, nunca le he oído a José Vicente condenado tal vileza, porque hay conspiraciones buena y las que no). Eso de quela Oposiciónes mala porque cuestiona que un hombre sea operado donde sea, tampoco es cierto, tan sólo era algo de… guardar las apariencias; ¿por qué Chávez no se fue a operar al Hospital Clínico Universitario de Caracas o al Hospital Militar? Porque su gestión corrupto-administrativa ha destruido los centros de salud. Esos hospitales que el “pobre hombre enfermo” no pisa mientras se va a curar a otro lado, son las ratoneras donde tantos y tantos venezolanos deben caer. Y uno no lo siente por los militares y su hospital. Ese infierno es hechura de ellos, qué lo disfruten. El resto no, tan solo somos víctimas de esta pandilla de ociosos y mediocres vagabundos, pero que están armados.

000000000000000

-II- EL YOYO SE LE ESTÁ ENREDANDO ala MUD. Demasiadoscandidatos. Demasiados partidos, partiditos, grupos y grupúsculos. Demasiadas ambiciones. Demasiados odios juntos. Demasiadas vanidades. Y, al mismo tiempo, escaso liderazgo, ausencia de programa, de proyecto de país. Cada quien tirando por su lado. Cada quien contando los pollos antes de que las gallinas pongan. Y en la clientela mucho desaliento. Hastío por lo que ocurre adentro, que no refleja lo que sucede en el país. ¡RIP!.

   Para mí siempre será un misterio como tantos hombres y mujeres subyugan su voluntad, lo que son, a la figura de aquel que creen el más macho, el que les grita y vergajea. De eso habla José Vicente Rangel en el párrafo anterior. A él le parece que una organización donde muchos pueden opinar y disentir, es mostrarlo de desorden. Qué el padrote los arre y les diga qué hacer y cuándo, y Dios les libre si no lo hacen (así esté totalmente equivocado en todo lo que ha hecho), es la quinta esencia de la perfección para la extraviada mente del escribidor Marciano. Es la mentalidad de los esclavos, del hombre que no se siente libre. Es esa vieja tara de nuestra América latina. El culto al caudillo; la obediencia, sumisión y devoción de la mujer maltratada por el macho que la abusa, pero que ella confunde con fuerza y hombría, extrapolado a todo. Pobre mediocre…

MARCIANO… ¡COMO LE DUELE LO DE LEOPOLDO LOPEZ!  

Julio César.

LUCHAS INTERNAS… 69

julio 26, 2011

LUCHAS INTERNAS                         … 68

   Lo probó y ahora no puede vivir sin eso.

……

   Andrés da pequeños saltos, elevando su cuerpo y cayendo pesadamente sobre las caderas de Cheo, enculándose hondo, con fuerza. Siente que el güevo le palpita muy adentro, mojándole el de por sí húmedo ano. El hueco del culo se abre y cierra violentamente contra la dura tranca, como intentando arrancárselo con cada levantada. La espalda de Andrés se contrae y relaja, mostrando la musculatura, sus caderas y nalgotas, blancas y musculosas, brillan de sudor. Esas nalgas erguidas se abren y cierran cuando la cadera sube y baja. Esas nalgas permiten ver la raja pálida y el ojete redondo del culo que se abre y cierra, tragándose la tiesa y erecta barra que emerge de dos bolas que cuelgan más abajo.

   Con un gemidito agónico, Andrés se tiende un poco hacia Cheo, apoyando las manos sobre sus tetillas, y su culo se abre más, subiendo y bajando con más rapidez; quiere más de ese güevo, que lo coja bien duro, que se le clave hondo. Necesitaba de eso. Ahora Cheo asienta los pies y sus caderas suben y bajan, empujando la barra, cogiéndole a fondo y con fuerza y Andrés grita contenido, emocionado como todo muchacho a quien le cepillan la pepa del culo de esa manera. Las manos del fortachón caen bajo sus muslos abiertos y le atrapan las nalgotas apretándoselas, enterrándose en ellas.

   Perdida ya toda cordura, olvidándose de dónde están, Cheo de pie, tiene a Andrés acostado de espalda sobre la barra, alzándole las piernas, metido entre ellas y enculándolo con ganas, bombeándole el güevo, las bolas y el corpachón con su pistón que entraba hondo, con dureza, empujado, quedándose allí. Esa verga dura hacía estremecer todo al joven fortachón, que contraía el culo, atrapándola, loco de lujuria. Ese güevo clavado lo hacía ver estrellas y explosiones blancas en su cabeza.

   -¿Te gusta, marica? ¿Te gusta mi güevo en tu culo? –pregunta chao con ojos brillantes, disfrutando de dominar.

   -Hummm… Hummm… -era todo lo que podía exclamar el moreno, agitando sus caderas de adelante atrás buscando con su culo ávido esa barra.

   El güevo se retira y vuelve a meterse, con ganas. Andrés, jadeando por la boca, con el cabello mojado de sudor cayéndole en la frente lo mira, y sus piernas se atenazan con fuerza alrededor de las caderas de Cheo, reteniéndolo, obligándolo casi con el vaivén de sus pies tras las nalgas, a cogerlo más, mientras jadea sus: ‘Ahhh, si cógeme más. Cógeme duro’.

   Lleno de ganas, Cheo le atrapa las piernas y lo obliga a tenderse sobre el costado derecho, sobre la barra, cogiéndolo aún. Andrés jadeante, le mira acostado así, oculto su güevo bajo las piernas dobladas una sobre la otra, sólo sus rojizas bolas y su culo se ven fuera de los musculosos muslos. Y ocurre algo que a Cheo lo enloquece, reconociéndole cierta sapiencia al otro. Así como está, con su culo pegado al pubis de Cheo, las nalgotas de Andrés se abren y cierran como una ventosa sobre un hueco, chupando, frotándose, sorbiendo; ese culito le amasaba rico el güevo. Cheo gruñe, lo llama putón, zorro maldito; y su mano le azota una y otra vez sobre la turgente nalga izquierda, que se estremece y enrojece bajo la ruda caricia que hace gemir de gusto a Andrés, obligándole a pedir más, que más rápido, más duro, obteniendo más de esas nalgadas que lo hacían chillar bajito. Las dos nalgas, sin retirarse ni un centímetro del tolete, se abren y cierran, chupando esa tranca.

   Si, parecen llevarse bien, aunque, claro, Andrés aún no le cuenta a Cheo sobre el trío que conformó con Eric… y su adorado William.

……

   Mucho más tarde, muchísimo más, Cheo y Andrés regresan por la playa, duchados y totalmente vestidos. Vienen hablando de las cosas que les interesan y que nada tiene que ver con estudios, preparación personal o la situación mundial actual.

   -¿Estás triste porque William se fue? -le pregunta Andrés al otro, después de mirarlo durante un rato. A pesar de todo, de la buena culeada, Cheo se veía deprimido. El joven lo mira encogiéndose de hombros.

   -No sé.

   -Fue feo que se marchara así sin despedirse de ti. Se ve que… tú lo querías mucho. -tantea. Cheo se inquieta, deteniéndose y mirándole fijamente. Algo de lo dicho por el otro, lo asustó.

   -No exageres. Fue… me gustaba que…

   -¡Te gusta ese carajo! A mi también me gustaba Eric. -brama a la defensiva.- Y William también lo hace bien. -al oírlo, Cheo se detiene y lo mira.

   -¿Tú y él…? -suena sorprendido… y algo celoso. Andrés se encoge de hombros.

   -Si, ¿bien? Una noche caí entre él y Eric. Dios, fue la noche de sexo más loca que he tenido. -casi jadea confesándolo.- ¡Y las cosas que William hace con esa lengua…! -Cheo asiente, severo.

   -Si, tiene una lengua de antología. Y la usa bien. -siguen caminando, la mente le trabaja febrilmente.- ¿Cuándo es que tienes que volver a Caracas? Quiero aprovechar el viaje e ir contigo hasta allá; luego me resuelvo por mi cuenta. Tengo amigos en Ruiz Pineda.

   -¿Vas a buscar a William? ¿Tanto así lo quieres?

   -Ya deja de decir maricadas. Entre hombres no pasan esas vainas. Es que me preocupa. William tiene enemigos muy poderosos y no me gustaría que le jodieran pillándole desprevenido.

   -Y lo haces porque lo quieres… -insiste riente y casi tiene que correr cuando el exasperado Cheo le lanza un puñetazo.

   Andrés se siente un poco mejor. Tener que dejar el resort y volver con su familia era algo inquietante y desolador. Pero ahora no tiene que irse solo. Y ahora sabe que el catirito coge muy bien.

……

   Cuando se escriba en el futuro la historia del fin del Régimen, para todos seguirá siendo un misterio por qué una gente que comenzó sin oposición, con las buenas intensiones de todos, incluidos la prensa y hombres de negocios, la bendición dela Iglesia, la esperanza de millones en sus manos, con dinero en las arcas y con un ingreso aún mayor en esos años, pudo cagarla de tal manera; arreglándoselas para no sólo no resolver un sólo gran problema (desempleo, malos servicios públicos, en especial escuelas y hospitales; la lucha contra la inseguridad), sino que se las ingenió para agravarlos y terminar destruyendo y hundiendo en la miseria a todos. A diarios morían decenas de venezolanos de hambre, a manos del hampa desatada y no enfrentada, en las puertas de hospitales destartalados… y ni una vez mostraron signos de contrición o arrepentimiento.

   También habrá mención aparte para el valor que demostraron las mujeres enfrentando a teles delincuentes, siendo aún más arriesgadas, contundentes, decididas y radicales que los hombres en la defensa de algo tan esotérico como la libertad. Se contaran cientos de historias, donde miles y miles de nombres femeninos tendrán que relatarse en cuentos locales ante la imposibilidad de nombrarlas a todas. Cada casa, cada calle, cada comunidad hablará de sus mujeres.

   Se hablará de las parlamentarias echadoras pa’ lante, de las mujeres de industria y comercio, de las sindicalistas y gremialistas, de las grandes gerentes que arriesgaron sus futuros, de las mujeres de la prensa que lo arriesgaron todo desde sus columnas y programas en los medios, hasta de las jovencitas que micrófono en mano caminaban de un lado a otro, asediadas por gamberros gritones e insultantes. Pero sobretodo se hablará de las mujeres comunes, del ama de casa, de las jovencitas, de las hermanas de Fulano, de las hijas de Mengano, de las nietas de don Perico que salieron una y otra vez a gritar, a defender una plaza, a contener a los gorilas de uniforme.

   Se contará del valor de las mujeres de Caracas, con su Chuao y Altamira, de las mulatas que desafiaron a los bandidos en Catia y Petare; de las mujeres de Barquisimeto, Maracay y Sucre, territorios dominados por delincuentes que utilizaron a las autoridades policiales como agentes de represión, golpeando, vejando y humillando. Pero en especial se hablara de las valencianas, que ayer, durantela Independencia, y ahora, en la nueva batalla por la libertad, enfrentaron con valor a payasos y delincuentes disfrazados de militares, cobardes que sólo atacándolas por la espalda podían detenerlas o dominarlas. Sólo a traición podían con ellas. Ese valor, ese arrojo, esa desesperación con que salían a la calle, a gritar, pitar, cacerolear, volvía loco al régimen; no sabían cómo atacarlas, porque sólo una basura muy grande se arriesgaría a mostrar toda su calaña y bajeza para halarle bolas al Líder del Proceso, conteniéndolas.

   Y de Valencia, para vergüenza de todos, surgió esa basura, eructada como un mal viento, Arcadio Bittar, General dela República.

   En uno de sus continuos e inútiles viajes, el Jefe Máximo del Proceso se trasladó a Valencia, y un grupo de mujeres salió a recibirlo con pitos, pancartas y cacerolas. Hasta allí llegó un contingente de guardias nacionales, encabezados por la basura mayor, Bittar, y arremetió contra ellas. Esos hombres armados y entrenados para la batalla enfrentaron valientemente al temible y peligrosísimo ejército de mujeres gritonas, con sus mortales pancartas y pitos. Fue una victoria memorable, y los adulantes de turno hablaron de construir un monumento allí mismo, para recordar por siempre la valerosa acción, aplaudida en asambleas y mítines, por (lógico era suponer que no eran féminas de verdad), hombres disfrazados de mujeres fingiendo que apoyaban al proceso. Y ante un país estupefacto, el hombre, Bittar, bailó con su mujer, a quien Dios creó para que se juntara con él, celebrando las muestras de asco de todo el país. Al final, meses más tarde, sería Iza Dumas, la vieja reportera ilusionada con el socialismo en el pasado, desengañada por los crímenes de la vieja manejadora del burdel caribeño, Fidelio, quien resumiría toda la acción en una oración memorable: Qué honor para las mujeres de Venezuela y en especial para las valencianas, pasar a la historia por su valor al enfrentar a una basura como Arcadio Bittar.

   Pero eso sería más tarde, por ahora, todos miraban, atónitos, lo que ocurría por televisión. Pocos sabían que eso le había sido ordenado al disfraz de militar por recomendaciones de Franklin Caracciolo y Ricardo Gotta. Era necesario enfrentar de una vez a esas mujeres, que eran madres, hermanas e hijas de alguien, que podían terminar por mermar a los leales. Ellas debían saber que sí gritaban y protestaban, serían atacadas con saña. Y que no habría fiscal o juez que lo impidiera. Ya no había Estado de Derecho. A Bittar le tocó mostrarlo, y tal vez no hubiera querido exponerse de tal manera, pero estaba atrapado por los pelos del culo y obedecía, gracias a Alex, y al capo de tutti la cosa, Ricardo Gotta.

   En un pasillo de los tribunales, Eric miró todo eso en una pantalla de televisión, como el resto de la gente, asombrado. El malestar, las críticas, el descontento no tardó en llegar. Era una barbaridad, pero había gente que también defendía la actuación de ese tipo. Hombres y mujeres que acusaban de irrespeto al Presidente, todo lo que esas manifestantes hacían (como si el respeto se exigiera), llamándolas golpistas y de que deberían estar en sus casas haciendo oficio. Una acalorada y ácida discusión comenzó allí y Eric, rojo de rabia, se alejó. ¿Cómo alguien podía decir algo así? Era posible no apoyar una postura, ¿pero acaso no pensaban que el día de mañana sus mujeres, hermanas o hijas podían salir a las calles a gritar que eso no estaba bien, que así no se hacían las cosas o se resolvían los problemas, y ser atacadas igual? El que no se apoyara una causa no significaba que el hermano o el hijo no lo harían. ¿Y sí pensaban que eso debía cambiar? ¿Y sí salían a gritarlo y los mataban o lisiaban y aquí no pasaba nada porque el Estado es dios último y hacía lo que le daba la gana? Ni siquiera quedaría el consuelo de un castigo para el culpable. Eso era la tiranía. La esclavitud.

   Tan ensimismado en sus pensamientos va, que al doblar una esquina, lo hace a paso vivo, molesto, y choca de frente contra alguien que ladra al ser pisado y que deja caer unas carpetas que lleva en las manos. Eric apenado lo mira e intenta disculparse, pero sólo ve la cara algo ancha de un tipo algo más bajo que él, de cabellos muy negros, levantados con gelatina, unos lentes finos que enmarca unos ojos marrones, furiosos, y una sombra azulada de barba y bigote que rodeaban una boca de labios algo gruesos, que se afilaban en una mueca molesta.

   -¿No ves por donde vas? -le ladra ese sujeto, agachándose a recoger sus carpeta. Eric lo imita.

   -Lo siento, yo… -toma una carpeta y el otro se la arranca de las manos, alterado.

   -Deja. -le ladra al rostro, sumamente hostil y Eric se molesta.

   -No tienes por qué ser tan grosero, pana. Yo… -se le queda mirando fijamente; esa barbilla cuadrada, algo partida en el centro, salida en un gesto de desafío o testarudez, él conocía muy bien ese rostro.- ¡Edward Sanabria!, ¿eres tú? ¿No me recuerdas? Soy Eric Roche. -le dice sonriendo.

   -Sé bien quien eres, Roche, yo sí me fijo por donde voy. -responde bruscamente, parándose con todas sus carpetas, hostil. Incómodo, Eric se pone de pie, encarándolo.- Sigues igual que antes, atropellando a todo el mundo. -tiene la frente arrugada, su voz, ronca, parece algo engolada, como ensayada.

   -¿De qué hablas? -se molesta. Entiende y abre mucho los ojos.- Por Dios, ¿aún me guardas rencor por aquella broma? Pero si eso pasó hace más de doce años. -se ve atónito.

   -No sé de que hablas. -recula.- Salúdame a tu amiguito, Samuel. -se aleja a paso vivo, dejando al otro, muy confuso.

……

   Bostezando, Pedro Correa regresa al edificio donde ahora vive. Está cansado, que noche la de anoche, se dice divertido, aunque algo apenado. Debía tener más cuidado con lo que hacía. Andaba muy realengo y relajado y sabe que eso angustiaba un poco a su madre, quien siempre, con una sonrisita tensa, asustada y esperanzada, le preguntaba que cuándo iba a encontrar a una buena mujer para formar un hogar. Ella no podía entenderlo, y no la culpaba, la gente era como era y todos eran distintos. Incluso su madre. Aferra el volante del lujoso automóvil con agrado. Le gustaban esas limosinas, eran elegantes, poderosas y le daban caché en la urbanización. Era un buen empleo y debía agradecérselo a la vieja loba, Norma Cabrera de Roche.

   Al salir de la mansión, sonríe al recordar la gran despedida en su cama, cuando Eric Roche le atravesó el culo con su poderoso güevo (¡vaya que culeaba bien el hijo de la doña!), se dedicó a la dulce vida con la liquidación. Parrandeó, tomó caña, mantuvo a la cortecita de gorrones que lo ayudaron a gastar la plata, y a catar su culo, debía admitir. Compró ropa, mucha, le gustaba. Pero, ay, la plata no dura para siempre, y menos si se gastaba como gastaba él. Debía aterrizar y finalmente fue a la compañía recomendada por la doña. Era una agencia de alquiler de limosina. Y le encantó el carro y el uniforme oscuro.

   El trabajo no era pesado, salía de noche, conocía a gente interesante que dejaba muy buenas propinas, y al estar con otros chóferes, hablaban, fumaban, bebían con disimulo y jugaban cartas. Con ninguno de ellos había intentado nada, no quería perder su trabajo. Pero a veces era difícil. Era joven y tenía la sangre caliente, y amantes como Pancho y Eric lo habían enviciado a ciertas cosas que encontraba muy sabrosas… y difíciles de resistir.

   El día que llovió a cántaros sobre Caracas, que más tarde cayó también en Barlovento, dejándole un muy mal sabor de boca a Eric Roche, Pedro había ido a recoger a una parejita, joven, rica y mimada de la jai caraqueña. La joven era catira, de cabello leonino, de rostro algo aburrido y de mal talante, aparentemente estar fuera de su cama a esas horas, después de una noche de juerga, la tenía muy molesta. Su amigo, un carrizo robusto, de cabello peinado firmemente hacia atrás, de etiqueta, intentaba alegrarla, sobándola y besándola, pero ella retiraba sus manos una y otra vez; sólo deseaba llegar a su casa y dormir.

   Pedro los miraba burlón, notando como caían las primeras gotas de lo que sería todo un día lluvioso. Eso le fastidió (pensaba llegarse aLa Guairay tomar sol a la orilla del mar con una tanga nueva que, ahora sí, se atrevía a lucir), así como la discusión que comenzó en el asiento de atrás. Oyó que él le hablaba bajito, persuasivo, medio abrazándola y besándola lengüeteado en una mejilla. Ella parecía y no parecía molesta, como encontrando eso agradable, pero no queriendo ceder. Se besaron. Pedro, totalmente entrépito, los espiaba por el espejo retrovisor, con una mirada de agradable escándalo. Miraba como el tipo la besaba suave y lengüeteado, mientras con una mano le sobaba una teta sobre el vestido. La oyó gemir bajo el beso y Pedro sintió un rico escalofrío que recorrió su columna. Ese tipo besaba, al parecer, realmente muy bien. ¡Y se veía tan guapo así! Por el espejo, Pedro lo vio mover la mano algo debajo de la línea del respaldo del asiento, sonriendo mórbido, diciéndole algo muy bajito a la mujer, quien lo miraba y se negaba. Él intentaba besarla pero ella lo rechazaba, empujándolo.

   -Te va a gustar.

   -Eres un sucio, Renzo, ¿cómo me propones esos aquí? ¿Crees que soy otra de tus puticas? -le chilla ella, dándole un sonoro bofetón y gritándole a Pedro que detuviera el carro ahora mismo.

   Les vio y oyó discutir un rato. Ella gritó y gritó, hasta que el carajo le ordenó al chofer que parara. Aún intentó que ella se quedara aduciendo que llovía, pero la mujer salió del vehículo. Molesto, el tipo le gritó que se mojara si quería y le ordenó continuar conduciendo. Pedro, sonriendo divertido, lo hizo, fijándose que el tipo cerró los ojos y apoyó la nuca contra el respaldo. Reduciendo la velocidad, Pedro lo miraba por el espejo; tenía los ojos cerrados, así que se medio volteó y miró respaldo abajo: el carajo llevaba el saco abierto y la bragueta del oscuro pantalón también, de donde emergía como un árbol, un güevo blancuzco, largo y nervudo. Pedro casi jadeó, pelando los ojos y el carro patinó un poco.

   -¿Qué pasa? -le gruñó el tipo abriendo los ojos, en el momento en que Pedro controlaba el trayecto y volvía a mirarle el güevo (qué imprudencia). Sus miradas chocaron y el tipo pareció confuso y sorprendido.

   -Lo siento. Y lamento lo de su amiga. -graznó el joven ronco, mirándole el tolete nuevamente, de una forma evaluadora.- Si me permite decirlo, señor, es un muy bonito güevo. -sonrió amistoso, volviendo la vista al frente, estremeciéndose por la audacia.

   -Está bien. Es una estúpida. Va a ser mi esposa. Viene de una familia con plata. Tal vez no mamen güevos en su familia. -dijo algo hosco, con la mirada clavada en la nuca de Pedro, el mirón de trancas.- Tal vez no le pareció la gran cosa para metérsela en la boca. –la voz resuma algo untoso.

   -No lo creo. Se ve… bien. -respondió ronco, sintiéndose acalorado por la conversación.

   -Qué vaina, y con las ganas que tenía de que me diera una buena mamada… Lo tengo tan duro que me duele. -dijo mórbido, sobándoselo, y su mirada se cruzó con la de Pedro a través del espejo.

   -Si quiere que lo ayude en algo…

   -Eres un buen muchacho… Para aquí. Con esta lluvia tan fuerte no se va a ningún lado. Pásate  para acá para que hablemos mejor. -le ordenó algo altivo.

   -El cliente siempre tiene la razón. -gruñó feliz.

   Detuvo el carro en una esquina, desierta, inundada ya por el agua de lluvia. En Caracas, como en casi todas las grandes y chicas ciudades del país, no podía llover cinco minutos sin que todo colapsara. Calles y avenidas se convertían en profundos lagos donde, al parecer, los chóferes temían caer en fosas abismales, ya que todos pasaban casi a dos por hora por esas lagunas, convirtiendo el tráfico en una pesadilla. Sin detenerse a pensar en eso, Pedro se subió al respaldo del asiento y cruza al otro lado, donde se miró fijamente con el otro tipo.

   -¿Has mamado antes a otro carajo? -duda.

   -A unos cuentos.

   -¿Se siente igual? Es decir, ¿yo lo voy a sentir como si…? -se ve que recula.

   -Más rico, papá… -le asegura.

   Temiendo que el otro, con su bonito güevo, se le escapara, Pedro, sentado al otro lado del asiento, bajó su cabeza con todo y gorra de chofer, abriendo la boca y atrapando el tolete, que se agitó dentro de su boca cálida y húmeda. Renzo gimió, extrañado, al sentir esa boca comiéndole el güevo, esa lengua ardiente lamiéndole, mamándolo y apretándoselo con la garganta. El tolete se le puso durísimo, creciendo tanto que casi ahogaba a Pedro, quien sin embargo, valientemente (vaya tipo), subía y bajaba sobre tan difícil tarea. Dios, un güevo así es su boca era tan…

   Sus labios se curvan tragando y chupando, mientras el carajo gemía, echando la cabeza hacia atrás, débil ante tal mamada. La boca iba y venía sobre el güevo, tragándolo, mientras la mano de Pedro se metía en la bragueta, sobándole las bolas y sacándolas. El tipo casi saltó al sentir como esa lengua móvil, dejando su tranca al aire, abandonada y triste, lengüeteaba sobre sus pelotas, lamiéndolas. Eso le provocó cálidas oleadas de placer. Su manota cayó sobre esa nuca, empujándole la gorra sobre la frente. Quería retenerlo allí, sobre sus testículos que ahora lamía y mamaba con ganas, metiéndoselos por turnos en su boca de hombre vicioso.

   -El güevo… trágatelo. Sácame la leche… -gimió loco el lujuria el tipo, respirando por la boca.

   Con una expresión de total felicidad, el rostro de Pedro bajaba sobre la barra, comiéndosela, sintiéndola dentro de su boca, palpitando y creciendo aún más, dilatándose dentro de ella, ahogándolo al chocar de sus amígdalas, bajándole por la garganta. La retuvo allí, lamiéndola con la lengua, sintiéndola cada vez más dura y caliente. Su boca subió, chupando, sorbiendo como quien come un helado, dejándola brillante de saliva. Espesas gotas escapan del ojete. El chico atrapó cada gota con su voraz lengua, degustándolas, sintiendo como le llenan toda la boca. Las tragó goloso y chupó esa cabeza, buscando más, mientras el carajo jadea largamente, casi como si le doliera, mirando asombrado a ese otro tipo comerle el güevo con tal gula.

   Las caderas del cliente se agitaron, subieron y bajaron un poco sobre el asiento, como queriendo cogerlo por la boca. Las mejillas de Pedro, al chupar se aplastaban contra el cilíndrico tolete; cuando lo tragaba, metiendo la nariz dentro de su bragueta, mecía un poco la cabeza, y sus dientes lo rozaban. El carajo jadeó y gritó, loco de lujuria; sus caderas iban y venían rápidamente, queriendo cogerlo por allí, queriendo que lo mame todo, queriendo corrérsele en la boca, llenársela de leche y ver como le escurría por los labios. Quería verlo tragársela, lamiéndola, gozándola, pidiéndole más. Deseaba ver a ese hombre mamarle el güevo, bebiéndose su leche y pidiéndole que lo cogiera al final, ¡porque quería cogerlo! Mientras sus caderas subían y bajaban, su mano derecha le retenía la nuca sobre el tolete, con la izquierda le sobaba la espalda, acariciándolo, sintiéndolo joven, musculoso y caliente. Quería llegarle al culo…

   En esos momentos, recuerda Pedro frustrado, comenzó a vibrar una y otra vez el teléfono del hombre, quien al principio quiso ignorarlo, pero ante la insistencia, lo tomó mirando los números de la llamada. Gruñendo dijo que era su prometida, y por una asociación de ideas, no quiso hablar con ella mientras era mamado por otro carajo, por lo que apartó al frustrado Pedro. El hombre se molestó terriblemente, la novia exigía verlo ahora mismo y estaba con sus padres. Y el hombre no podía arriesgarse a un escándalo, o a que ella le cortara las patas, así que Pedro tuvo que arreglárselas como pudo y el otro igual. Pedro  volvió a ser el chofer que lo llevaría a una hermosa quinta en el Este.

   Frustrado por el sexo incompleto, regresó al deposito, se cambio, tonteó un rato y se dispuso a regresar a su casa. Fue cuando encontró a Sam Mattos sentado sobre el capote de su auto esperándolo. Ahora, cuando nuevamente va llegando, nota que hay un carro que conoce bien, el de Norma Cabrera de Roche. El joven se tensa increíblemente, y más al ver que la mujer parecía esperarle… muy molesta.

   -Doña Norma… -carraspea nervioso.

   -Pedro… -ella lo mira severa.

CONTINUARÁ … 70

Julio César.

EL CAMIONERO DEJA EL REGUERO

julio 26, 2011

EL BUSCA PERRAS

   Parecía encontrar uno, bien seco, en cada ruta…

   El rudo y viril macho siempre se cuida bien de tenderles una mano a los chicos que levantan el pulgar en la ruta. Nunca deja un culo sin cubrir. Tal vez por eso le conocen ya y le esperan. Siempre había un tipo al lado de un carro estacionado con la capota abierta, para hacer el paro, piensa el hombre que sabe que no les falla el motor ni esperan que les lleven, que tan sólo están secos y necesitan que se los llenen. Dejándoles repletos y a rebosar de vital líquido… esos tanques secos.

SECRETOS DE REPOSTERO

Julio César.

TRAILER PARK OF TERROR

julio 26, 2011

PSICÓPATA AMERICANO

   Aquí todo es diversión…

   Me encanta el cine de horror. De toda la vida. Fuera del elemento sobrenatural, la presencia maligna que hace acelerar la respiración, o dar miedo, también está lo vistoso del mal, la acción de los malvados. Por ello me agradan los zombies, ese tema mil veces utilizado; pero, por muy mala que sea una cinta, están esos seres grotescos, muertos revividos en busca de gente viva, de sangre caliente y carne tierna. Por ello soy seguidor, y busco, películas del género. Así encontré esta, Parque del Terror (Trailer Park Of Terror). Y no, no trata de un parque tipo atracciones con payasos asesinos, trata sobre un estacionamiento de trailers y casas rodantes.

   Al principio encontramos a Norma, una muchacha bonita, pobre y vulgar, que ha sufrido cosas terribles, por error le matan a la mamá y no pasa nada, han abusado de ella, todos le dicen basura blanca y que jamás escapará de esa vida en ese campamento de casas rodantes. Pero lo intenta, un joven se ha enamorado de ella y piensa llevársela. Gente del campamento interviene y le matan, accidentalmente, pero acaban con sus sueños y esperanzas, con todo su futuro. Ella escapa como en trance, un auto se detiene y baja un vaquero de porte malévolo que le ofrece darle lo que quiere: venganza. Es el Diablo. Pagará luego. Le da un arma. La joven mata a todos en ese campamento y este estalla. Van todos al Infierno y se transforman en monstruos.

   Luego comienza la película propiamente dicha, nada del otro mundo, un grupo de jóvenes desadaptados, con un tutor medio religioso al frente (un sujeto guapo de gran cuerpo), llegan al campamento por casualidad, se han accidentado y allí está la chica, sexy y vulgar. Todo el campamento es una trampa infame. Muy rescatable es el chico libidinoso que matan cuando le dan un sexy masaje, la drogadicta que es mutilada para que “sienta” otra emoción y luego es atrapada por una tipa grotesca, lesbiana y antropófaga. Por no hablar del muchacho guapo que es desagradable y tiene una muerte espantosa. Pero en medio de todo este escenario de violencia, y hasta de mediocre temática (a pesar de las buenas escenas, la cinta era mala argumentalmente), hay una escena gay que es poderosa y hasta hermosa. Y eso que no ocurre absolutamente nada.

   Dentro del grupo de chico problemáticos está un joven de rostro franco, catirito, medio gordito, que es gay y por eso le atacan (interpretado por Ricky Mabe). Mientras viajan por esos parajes se detiene en una cantina, y mientras entra repara en un joven de gorra con la bandera de la federación o el Sur, de bigotillo y barba, de ojos claros, guapo, quien repara en él y se sostienen las miradas. Cuando pasa tras él, el catirito le mira y sigue. El muchacho se vuelve y le sigue descaradamente con la mirada. Es todo, y sin embargo es una escena muy bien construida. Uno puede imaginar al joven y rudo campesino del medio oeste, machista y prejuicioso, extrañándose y sintiendo un escalofrió de excitación viendo al catirito que al pasar casi le acaricio con la mirada. Así de buena fue la escena. Uno puede imaginar al chico del bigotillo todo confuso sin saber que hacer pero con el corazón palpitante y la carne inquieta, y al catirito hacerle una seña imperceptible, hacia fuera. Donde le espera y el otro llega todo cortado. Si la escena la escribiera uno, el catirito sólo le miraría y el del bigotillo le caería encima, aplastándole contra una pared y besándole con el hambre de algo deseado en la soledad de su cuarto pero jamás puesto en práctica, casi como un Ennis del Mar cualquiera.

   Claro, nada de eso ocurre en la cinta, cosa que me extrañó, ¿para qué incluyeron esa escena en primer lugar? Para hacernos saber que era gay, no hacía falta más que decirlo, como suele suceder. Pero fue una buena toma. Por detalles así, Parque del Terror es una película rescatable.

ESOS VESTUARIOS SON DE SCARY MOVIE

Julio César.

DESPUÉS DEL JUEGO… MÁS JUEGOS

julio 26, 2011

 TRATAMIENTO

   El futbol le llenaba totalmente.

   Cuando el muchacho fue pillado por el resto del equipo olisqueando calzoncillos sudados, pensó que su vida iba a terminar violentamente. Y sí, terminó la que llevaba hasta ese momento. Ahora era la perra de los muchachos, que reían y se divertían haciéndole oler toda clase de vaina después de los juegos, lamer axilas, bolas, chupar sobre suspensorios mojados, para terminar dándole por todas partes. Ya no era otro de los chicos, a pesar de su buena casa, su buen empleo (el calvo trabaja para él en la fábrica) y su bonita esposa. Ahora era la orgullosa perra de la cuadra. Y era tan feliz…

COLECTA

Julio César

VECINOTE

julio 26, 2011

DEVOTO

   El calor le hace trabajar así en su fachada. ¿Te quejarías tú de su osadía?

HÚMEDO

Julio César.

LO QUE SE OCULTA EN EL BOSQUE

julio 26, 2011

CASTIEL, ¿EL VILLANO?                         SAM ES MALO CON DEAN

   Quería comerse a Dean… buen paladar.

   Mírate como uno de ellos, como el tercero. Imagina estar en un cerro alto, no un sombrío bosque sino una montaña elevada, de brisa glaciar y caídas de agua fría, muy lejos de la civilización y, al caer la noche, tres chicos que juegan con sus equipos de video viven el horror. Dos comparten una carpa mientras juegan, uno sale a vaciar la vejiga y algo se acerca, algo tan feo que le hace gritar de sorpresa, luego el alarido es de dolor. El que jugaba con él le llama, y se asoma. Frente a él aparece eso, y grita. El tercero, el que oyó los otros lamentos y preguntó qué pasa, repara en una sombra que cruza cerca. Y eres tú, estás ahí en medio de la nada, de noche, escuchando los gritos agónicos de tus amigos y sabes que hay algo afuera, algo increíblemente malo. El joven del programa apaga su lámpara. Asustado pero funcional todavía. Debe disimular su presencia, ocultarla de… eso que esta ahí afuera. Pero eso viene por él, y grita y grita. Así comienza el segundo capítulo de la primera temporada de SUPERNATURAL.

   Como recordarán del episodio anterior, Sam y Dean Winchester encontraron el diario de John, el padre desaparecido, el cual les da unas coordenadas y así llegan a esas montañas donde saben de la chica que busca al hermano perdido en esos montes. Y aquí vemos los temperamentos que ya afloran encontrados; cuando sospecha que esa dirección nada tiene que ver con John, Sam quiere marcharse. Dean no, la chica subirá con un hermano menor a buscar al otro, al perdido, porque ella y sus dos hermanos son todo lo que quedan de una familia. Y Dean siente que es su deber ir con ella… aunque también porque le resulta guapa. Sam sólo tiene una meta, Dean tiene propósitos.

   Mientra suben con un explorador de oficio, ocurre unos de esos momentos tan Dean. La chica lo enfrenta diciéndole que sospecha que no es ningún guardia de Flora y Fauna ya que no sabe nada de trampas para osos, no viste para la ocasión y no lleva provisiones; y él responde que no lo es, que busca a su padre y quiere ayudarla, y que es lo más sincero que ha sido nunca con una mujer. Luego dice, todo chulo (viéndose realmente pícaro y atractivo): “¿Y cómo que no traje provisiones?”, mostrándole una bolsa de caramelos. Sonriendo. Y ella no puede evitar sonreír también. Creo que si Dean se aplicaba en esos momentos… hummm.

   Lo siguiente también da idea de los temperamentos, Dean planifica una defensa, Sam intuye a qué se enfrentan y cómo destruirlo. Uno es el cerebro, el otro el músculo (algo muy superficial, ya que es Dean quien a veces deduce muchas cosas). Se trata de un Wendigo, y la historia de qué es y cómo llegó a ser, es fascinante: un cazador, indio o explorador que se pierde en la nada, y que para sobrevivir devora la carne de sus compañeros, ganando en vigor y fuerza, cebándose y necesitando de más y más carne humana, y que mientras más devora, menos humano es, hasta que se transforma en una cosa, un monstruo, algo sobrenatural. Lo siguiente es lo básico, explican qué es, el explorador no lo cree, sale de los símbolos que mantienen a eso fuera, marcas Anasazi (esa raza mítica de indios norteamericanos que un día desaparecieron), y es atacado.

   Dean y la chica son capturados por eso, que caza y guarda para ir devorando preparándose para la hibernación. Sam, de forma casi obsesiva va por él, siguiendo un rastro de caramelos de colores; llega con el hermanito de la chica, lo encuentra colgando, atado, del techo de una caverna y le baja, y Dean, todo magullado, se ve increíble cuando saca las bengalas para matar a esa criatura, que al parecer perece con fuego. Nuevamente se marcan los territorios: Sam debe salir llevándose a los inocentes para ponerlos a salvo, y Dean, el mayor, cazará. Y cómo los salva cuando eso casi los atrapa.

   Es un buen momento cuando la chica y sus hermanos reciben ayuda médica. Ella va donde Dean y le dice que no sabe cómo pagarle. Hay que ver la cara, la sonrisa y la forma de encarnar las cejas de Dean ante esa afirmación. Ella lo ve falsamente mortificada y pregunta “Tenías que vulgarizar el momento, ¿verdad?”. Y él lanza un gran “¡sí!”, moviendo las cejas. Creo que fue la primera vez que pensé que debía ser genial tener una personalidad así (y la buena pinta).

   Ya en este, el segundo episodio, se plantean cosas importantes. Sam quiere encontrar a John únicamente para que le ayude a buscar lo que mató a Jessica, quiere venganza, Dean le dice que lo harán, pero que mientras los encuentran deben salvar vidas y destruir todo lo sobrenatural; de donde creo que a Dean no lo movía la obsesión por la venganza como a John y Sam, él estaba por el deber a la familia y al negocio de esta. También se va evidenciando (para quienes ya hemos visto la cuarta y quinta temporada es algo sabido) que en Sam algo cambiaba. Dean lo dijo: No te reconozco tan lleno como estás de odio. Realmente el tal Erick Kripke es un genio, la manera como cada frase y detalle cuadra al final, es increíble. Y pensar que mucha gente opina que este episodio no era bueno.

   Pero volviendo a cosas más ligeras… ¿a quién no le gusta especular sobre cosas así? Hace años, en la población de Guatire, no muy lejos de donde nací, un conocido de la familia partió de caza, camino a las montañas deLa Siria, y jamás se volvió a saber de él, aunque se le buscó. Se habló de un accidente, de un crimen, hasta de Encantos que se lo llevaron, pero el cuerpo no apareció. ¿Y sí en los montes asechan peligros que no provienen de humanos o animales? ¿Y sí los monstruos son reales? Criaturas que habitan en su propio mundo, ocultos, cazando. Matando. ¿No te provoca partir de caza, a solas, a una montaña tupida?

CASS VS DEAN

Julio César.

AL VAQUERO SE LE NOTAN LAS GANAS

julio 26, 2011

¿LA CARA DE LA DERROTA?

   Puede pasársela montado por horas…

   El joven gañan está lleno de ganas, quiere uno bien brioso, enorme y hermoso sobre el cual montarse y cabalgar entre gritos, jadeos y agitadas de sombrero al grito de “Yeeeeehaaaaa”, sudando y gozándola. Es un espectáculo tan caliente y vital que cuando el gañán llega al rancho para una buena tanda, todos los vaqueros se ponen en fila.

¿LA CHORREÓ?

Julio César.

GIORDANILLO, EL MONJE, RENIEGA DE SU HIJA BASTARDA

julio 22, 2011

RADIO COMUNITARIA

   Una historia arrancada a mordiscos de la vida real, dedicada al pueblo chileno que tanto gusta de nuestras telenovelas.

   -¡Pero todo está horrible! La gente me odia. Está bien, el Proceso nos ha hecho ricos, he comprado el amor de esos amigos míos afuera, hablo dela Izquierday el mundo me oye extasiado… -enumera el comandante Takín frente a su viejo ministro del Bolsillo, calvo, grosero y ruin por esa boca.- …Pero en el país la gene ya me saca a mi señora madre porque se están muriendo de hambre.

   -¡Papa! Déjame pasar, por favor… -se oye fuera un desgarrador grito de mujer, tanto que el Comandante olvida por un momento que él es lo Único enla Tierray se vuelve a mirar hacia la ventana por donde llegan los alaridos. El ruin monje de la miseria interviene.

   -Lo estamos haciendo bien, mi amo. Es  la receta que se necesita. Mire el progreso actual del Bloque Soviético, lo bien que la va a Cuba, Alemania de Oriente debe repeler a sombrerazos a los del lado occidental que quieren saltar el muro. Estamos haciendo lo justo.

   -¡Papáaaaaaa! –el grito desconcentra por un momento al Comandante.

   -Si, Ministro, pero… hay aumentos de precios, escasez de todo, desabastecimiento y desempleo galopante. –y arruga la frente, notando que casi suena como Globoterror. El monje también se sorprende… ¿será que el jefe ya no tomaba su té de hojas de coca?

   -Mi lord, es culpa de los cuarenta años…

   -¡Pero llevamos doce años mandando!

   -Papa, ¡por favor!

   -¿Quién carajo grita?

   -Nadie. No es nadie. –corta entre dientes, ruinesco, el monje loco de la economía, sus ojitos brillando de fanatismo idiota. Jamás reconocería que el único libro que leyó en su vida cuando tenía doce años de edad, hace noventa años, El Capital de Marx, estaba equivocado.- Todo es culpa de los monopolios oligárquicos, dela Derechaeconómica que quiere explotar al pueblo. Ellos son los culpables.

   -Si, monje, pero… ¿no llevamos doce años de controlar el dólar y su reparto, de precios congelados, empresas tomadas para producir nosotros, las industria básicas robadas a sus dueños como la del acero, las cabillas y el cemento, del dólar devaluado porque necesitábamos más monedas flojitas, y de rematar activos de la nación? –la duda tortura por un momento al comandante Takín.

   -Papá, por favor, óyeme… -es el grito lastimero.

   -Esas son campañas de Globoterror. Todo está bien. Usted jamás podría equivocarse, ¿no lo entiende, mi infalible señor? –y gime el vil anciano elevando las manos como para cubrirse el rostro.- Oh, no me mire así, amo, los rayos divinos de la razón que salen de sus pupilas pueden destruirme. –y el Comandante sonríe todo pomposo.

   -Lo siento, monje. Sigue con lo que haces. –y se aleja satisfecho. El vil personaje entorna los ojos, ¡qué fácil! Luego se dirige a la ventana. Furioso.

   -¿Qué haces aquí?

   -Necesito hablarte.

   -Fuera, ¡yo no soy tu padre! –engola la voz dramáticamente; la mujer cincuentona, andrajosa y famélica que está abajo, flanqueada por guardias imperiales llegados dela IslaInfierno, cae de rodillas llorosa.

   -Papá…

   -¡Vete, Inflación! ¡Yooooo no te reconozco!

EXPECTATIVAS REALES

Julio César.