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JARED HACE CAER A JENSEN… 2

octubre 28, 2011

JARED HACE CAER A JENSEN

   ¿Qué carajos le pasa al canal Warner? ¿Cuándo harán por Supernatural lo que hicieron por Nikita o E.R? Transmitiéndola de lunes a viernes, a las ocho de la noche, tendrían lo máximo en audiencia. Y la serie sería apreciada en toda su grandeza. Al menos en todo lo buena que es. En fin, ¡esa gente! Bien, la siguiente historia es un Padackles. Un chico deja muchas cosas atrás en pos de un sueño y luego entiende que no había necesidad de sacrificar nada. Me gustan esos mensajes desde Brokeback Mountain. Si puedo, termino los otros. Por cierto, este relato NO ES MÍO. Tiene partes subidas de tono.

……

Titulo: I found, baby

Autor: River_sun

   -¡Es su culpa!

……

   Sintiéndose aturdido entra al sanitario, amplio, bien iluminado, aséptico. Se mira frente a un espejo y se ve conmocionado, sonrojado. Y solo. Dios, las manos de Jared… Esas manos que conocían su cuerpo, eran ahora enormes. Cierra los ojos y vuelve a estar en aquella cama estrecha, gimiendo, retorciéndose sobre el colchón mientras la mano de Jared, grande y cálida, recorría su torso metiéndose bajo la franela, bajando por su abdomen, haciéndole gemir. Recordaba el pulgar de Jared jugando con su ombligo, mareado, incapaz de creer que algo como eso pudiera ser tan erótico. Y esos dedos jugando con el elástico de sus pantaloncillos, cepillando con las yemas sus pelos púbicos, bajando…

   Abre el grifo y se rocía la cara con agua. Lo necesitaba. Ver a Jared le hacia cuestionarse toda sus reglas y creencias. Y le ponía semi duro. Pero no. Era un hombre joven decidido a triunfar, a llegar; y para lograrlo no dejaría que nada interfiriera. Ni el cansancio o los amigos. Ni el amor. Un día hizo su elección y ahora debía vivir de acuerdo con ella. Por doloroso que fuera. Qué no era el caso, ¿verdad? Jared era pasado.

   Nuevamente cierra los ojos y apoya la frente del frío cristal. Los dos en el autocine, casi adolescentes, tocándose a todas horas, llenos de fiebres y ganas. Besándose. No podía dejar de besarle, de morderle y oírle gemir que su boca era pecaminosa. Cuando le besaba, Jared se derretía entre sus brazos, todo blandito. En todas partes menos en su entrepiernas, donde su verga se alzaba dura, esperando el momento de ser tocada y apretada, como la suya misma. Eran momentos de locura sexual, de pasión. También el de las miradas felices del post coito, cuando Jared le llamaba hermoso. Y le decía que le amaba…

   Tan perdido está en sus pensamientos que cuando la enorme mano cubre su boca, halándole a un lado del lavamanos, y un pesado cuerpo cae contra su espalda aplastándole totalmente contra las frías baldosas de la pared, gime sorprendido y ligeramente alarmado. Esa mano la conoce, como el olor que llena sus fosas nasales, piensa todavía confuso; como reconoce la otra, la que cae sobre su estómago, metiéndose dentro del saco, acariciándole sobre la camisa. Pero lo que mejor recuerda es el cuerpo que le aprisiona y retiene, ahora más alto, firme, musculoso y cálido.

   Su propio cuerpo se eriza y se echa hacia atrás, sin pensarlo. Tan sólo desea sentirlo. Y lo siente, contra su culo se apoya la silueta semi dura de una verga que le quema a pesar de los dos juegos de ropas que los cubre.

   ¡Jared!

   -¡Pecoso hijo de puta! –le gruñe, ronco, con voz cargada de lujuria, pero también de enojo y otra cosa que Jensen no puede identificar. U olvidó. El más alto gruñe contra su oído.- Voy a darte la lección que has estado mereciendo desde hace tanto tiempo. 

   Y le aprisiona más con su cuerpo, frota su verga ahora erecta y palpitante contra el redondo trasero mientras atrapa la de Jensen sobre su pantalón, la cual se dispara también.

   Y Jensen sabe que está perdido.

……

   Jared le había mirado alejarse sintiéndose terriblemente molesto. E impactado. No había estado preparado para este encuentro. Ver a Jensen así, de cerca, casi oliéndole, le había afectado demasiado. Pero el pequeño rubio hijo de perra continuaba tan esnobista y terco como años atrás, cuando destruyó todos sus sueños y devastando su vida. Todavía puede recordar todo lo que lloró cuando el otro mató toda su felicidad. Se estremece, la ira es grande en él, pero también…

   Bien, ¿por qué tenía que ser tan educado con el rubio? ¡No se lo merecía! Jensen era un hombre implacable, capaz de sacrificarlo todo (a él, que tanto le amó), con tal de alcanzar sus sueños. No merecía más que unos cuantos gritos, y él tenía mucho que gritarle. Y echarle en cara. No debía controlarse únicamente porque…

   Tomando aire hincha su ancho pecho y le sigue. A reclamarle. Claro que si. Va a los sanitarios, perfecto. Abre, dispuesto a gritarle de entrada, pero debe detenerse. Mirarle así, ojos cerrados, frente apoyada del cristal… ¡se veía tan vulnerable en esos momentos! Su pecho se hincha ahora con nuevas emociones. Esas que siempre despertó el rubio en él. Le mira la nuca. Allí donde termina su cabello rubio oscuro, más corto de como lo llevaba antes. Eso le hace temblar. Esa nuca que había besado tanto… piel calida y llena de pequeñas pecas. Pecas que en noches de insomnio, cuando no podía creer la suerte de tener a Jensen en su vida, contó con sus labios. Aunque nunca terminó. Jensen, gimiendo y sonriendo adormilado, se volvía y le besaba suave, lento, tibio. Y se dormía entre sus brazos. Dios…

   No piensa, va y le cubre la boca con una mano, rudo, halándole hacia un lado y luego aplastándole contra la pared, aprisionándole con su cuerpo. Oye y siente su bufido contra la mano, el cómo se revuelve entre sus brazos, pero no le suelta.

   -¡Pecoso hijo de puta! –le gruñe ronco contra el oído.- Voy a darte la lección que has estado mereciendo desde hace tanto tiempo. 

   Dios, esa nuca… sus labios caen y si, está tibio, huele bien, a jabón, a loción. A Jensen. Le besa, lame y mordisquea, oyéndole gemir, sintiéndolo estremecerse. Sus labios atrapan el lóbulo de una de sus orejas, chupando antes de morderla. Joder, ¡sabía tan bien contra su lengua! Siente la verga tan dura que ya le palpita bajo el pantalón, frotándose con vida propia contra el culo de Jensen, y le encanta. Tenía años sin una calentura semejante.

   De manera lejana le oye gruñir contra su mano y la retira.

   -Jared, ¿qué estás…? –pregunta con esa voz ronca llena de lujuria, una que le hace saltar la verga bajo las ropas.

   -Dándote una lección, Ackles…

   Tal vez Jensen iba a decir algo más, como oponerse de frente y mandarlo al carajo, pero ya las enormes manos de Jared le rodean, metiéndose dentro de las solapas del traje y le acarician con fuerza, una hala la camisa de la que sale un faldón del pantalón y esa mano entra, tocando con ansiedad la piel suave y ardiente. Y ninguno de los dos sabe quien gime más, pero Jared siente que esa piel se eriza y contrae bajo su tacto y no desea dejar de tocarla jamás. Cuando la otra mano la acompaña y le recorren todo el bajo vientre, subiendo luego una de ellas hasta su torso, acariciando con el pulgar uno de sus pezones endurecidos, mientras la otra baja y atrapa la silueta de la verga del rubio bajo sus ropas, el más alto casi teme correrse. Es por la maldita forma en la que Jensen gime y se estremece. Frotándose contra él, el firme culo casi montado sobre su verga, buscándola ya.

   Las ropas estorban, el saco vuela, la camisa sigue el mismo camino y Jared babea ante el dorado y esbelto cuerpo desnudo de la cintura para arriba. Hambriento besa la base de su nuca, lame las vértebras, quiere morderle. Y Jensen gime. Sus manos no se cansan de tocarle, recorrerle, regocijándose en su tacto tan añorado de la pecosa piel.

   Pero Jared quiere más, mientras frota su verga de arriba abajo de ese trasero, atrapa los pezones y pellizca mientras le muerde la barbilla. Sus labios y lengua sienten la sombra de barba, algo que no estaba presente antes. Cierra los ojos, tocándole, lamiéndole, oliéndole, casi masturbándose contra su culo, recordando las largas noches de soledad, después de que el rubio le dejara. El llanto, la rabia. El deseo siempre presente. La sensación de que ya nunca sería feliz de nuevo.

   Se separa, jadeando. Jensen se vuelve, sorprendido, rojo y excitado. Tal vez temiendo que le dejara en ese momento, así de lujurioso. Pero las manos de Jared, que tiemblan un poco, van a su cuello, acariciándole, aferrándole, besándole con fuerza, atrapando su labio inferior entre los dientes y mordiéndolo, atrapando su lengua y chupándola. Se separa un poco y sus ojos recorren ese torso dorado, liso y pecoso que sube y baja, con tan sólo la corbata cubriendo algo de la excitante piel. Y es una imagen que le estremece de pies a cabeza.

   -Jared, esto es una locura. Estamos en un baño y…

   Jared no deja que prosiga, o se recupere. Su boca cae sobre su cuello y muerde, chupa y lame, disparándole el puso en la yugular. Jensen gime cuando esos dientes roen sobre su clavícula mientras las enormes manos recorren sus costados y la espalda. El castaño necesita probar un poco de esos labios pecaminosos, morderlos, oírle gemir bajo su boca, como antes, cuando no se cansaba de probarlos y saborearlos, convencido de que moriría feliz si fuera así. Y mientras le besa, le abre el pantalón y con movimientos enérgicos, soltándole por un segundo, los baja igual que los calzoncillos, obligándole a levantar las piernas.

   -Jared… -Jensen, casi mareado del deseo se da cuenta de que el otro le deja totalmente desnudo, a excepción del calzado y la corbata. Y, joder, estaban en un baño público, ¿acaso no lo entendía? Cualquiera…

   El más alto no le deja pensar y nuevamente le atrapa entre sus brazos y besa, sintiendo la verga del rubio palpitando contra su cadera, mientras sus dedos recorren con codicia la pecosa y dorada piel, buscando ese trasero redondo y tonificado, donde se clavan. Oírle gemir entre sus brazos, totalmente perdido de lujuria cuando le besa, muerde o toca, desnudo, mientras él aún estaba vestido, le provocaba espasmos en la verga. Lo tenía. Jensen era suyo en esos momentos. Y no le dejaría escapar.

   No pasa mucho tiempo antes de que Jensen esté semi recostado entre dos lavamanos, muy abierto de piernas, mientras un Jared todavía vestido, con la camisa abierta, situado entre ellas, le encula con fuerza, con rudeza, sacando y metiendo con rapidez su inmensa verga del muy abierto culo del rubio. Jared jadea con la boca abierta y ojos nublados de pasión cuando se la clava toda, empujando todavía más, sintiéndose deliciosamente apretado y halado, oyendo a Jensen gritar contra su oído, ronco, al tiempo que su culo se abre y cierra violentamente sobre su tranca, deseándola como ninguna otra cosa en este mundo.

   El rubio se bambolea con la fuerza de las embestidas, su rojo anillo se tensa cuando la nervuda y gruesa verga entra, reclamando su lugar, golpeándole una y otra vez la próstata, haciéndole temblar todo, tensarse contra el cuerpo del otro y desear todavía más. Toda su piel arde, erizada, deseando ser tocada. Se siente… vivo. Tiene que tocarle. Mete las manos bajo la camisa y le araña la espalda mientras sus caderas van y vienen como puede, buscando más de Jared. El cual le muerde la barbilla, le besa y lame todo, pareciendo hambriento de su sabor. Las enormes manos del castaño dejan sus costados y bajan a las nalgas del rubio, casi alzándole en peso, atrayéndole y alejándole rítmicamente sobre su tranca que parece más dura por segundos.

   -Oh, Dios… -gime ronco y lloroso Jensen, echando la cabeza hacia atrás, sin fuerzas, momento que aprovecha Jared para lamer lentamente su cuello.

   -¿Te gusta, Jen? ¿Recuerdas cuánto te gustaba que te jodiera así? –pregunta, ronco, mientras le mordisquea la barbilla.

   -Si, Jay… -se tensa y arquea la espalda.- Por favor… por favor… -suplica y Jared le mira fijamente.

   -Lo tendrás todo, bebé.

   E, increíblemente, Jared le alza totalmente en peso, arqueando un poco su cintura, sirviéndole de apoyo a Jensen, mientras se impulsa de adelante atrás, meciendo con fuerza su verga de un lado a otro dentro de las cálidas entrañas, haciendo ronronear ruidosamente al rubio.

   -Eso es, Jen, deja salir toda tu naturaleza… -ríe ronco Jared, cuando Jensen se rodea el cuello, apoyándose, alzando y bajando su culo sobre la dura tranca que le hace ver estrellas.- Saca a pasear a la perra caliente que eres.

   -Eres un cerdo. –le gruñe.

   -Y tú la cosa más caliente que he visto jamás. Maldita sea, Jensen, ¿por qué tienes que ser tan hermoso y sexy? –parece odiarle cuando le deposita nuevamente entre los lavamanos, echándole de espaldas, abriéndole más las piernas e intensificando sus embestidas.

   Las rojas nalgas de Jensen reciben las bofetadas de las caderas de Jared, así como las de sus bolas, cuando la gruesa barra rojiza entra y sale. Verle ahí, arqueando la espalda, cerrando los hermosos ojos verdes, todo rojo, con el dorado torso subiendo y bajando mientras de su propia verga dura manan enormes cantidades de líquidos espesos, obligan a Jared a tenderse sobre él, metiéndosela toda, empujando más, besándole y tragándose sus gemidos. Jensen responde y le atrapa el cabello, halándolo con fuerza. Echando tan sólo un poco su culo atrás, Jared saca unos tres centímetros de verga y vuelve a empujar, una y otra vez, y Jensen grita y se marea con las luces que estallan frente a sus ojos. Es más de lo que Jared puede soportar y le muerde un hombro. Necesita hacerlo.

   El rubio siente como tiembla, se tensa, nota como esa verga clavada en sus entrañas incrementa su temperatura, momento cuando Jared cae totalmente sobre él, todavía frotándose, masturbándole la verga con sus estómagos, gruñéndole con voz sucia lo muy puta que es y todo lo que desea hacerle por todas partes y en todas las posiciones y en cualquier lugar.

   Jensen grita cuando nota que el condón de Jared se llena con algo que parece lava dentro de su culo y él mismo se corre entre los dos cuerpos. Es tanta la fuerza del orgasmo que queda casi desmayado, respirando pesadamente por la boca. Jadean cara contra cara, mirándose. Para Jared no hay visión más hermosa, hasta que sonríe secamente al notar el momento exacto cuando el Jensen implacable ocupa el lugar del amante insaciable.

    Entendiendo cabalmente lo que acaba de hacer, Jensen se incómoda. Joder. Literalmente. Aunque, en verdad, no le parece tan grave. Hace tanto tiempo que no era tomado, poseído y llevado a un clímax así. Ladea el rostro y cierra los ojos cuando Jared se incorpora, saliendo de su culo, el cual ahora parece algo adolorido.

   -Estás totalmente bañado de semen. –oye a Jared. Jensen abre los ojos y se mira. Luego a Jared.

   -También tú. Lo siento. Creo que tenía esperma acumulada desde hace tiempo. –y en cuanto lo dice, se arrepiente, tomando asiento al mismo tiempo.

   -¿Tiempo sin citas? –es la pregunta inocente.- Ah, claro. Tu sueño… eso no deja mucho tiempo para nada más, ¿verdad?

   Jensen no responde ni le mira mientras baja, totalmente conciente de la mirada de Jared sobre su cuerpo desnudo. No puede detenerse por pudores ahora, se dice mortificado, tomando algunas toallas de papel, aseándose.

   -Es cierto. Mucho trabajo. –y calla.

   Jared le mira con extravío. Vulnerable, ahora. No era lo que había planeado cuando llegó a Nueva York. Oh si, iba a buscarle, pero no de esta manera. Pero verle… Dios, era tan hermoso y perfecto. ¡Tan injusto! Entrar al sanitario y tomarle con rudeza, obligarle a responder físicamente, había sido fácil. Sabía que lo lograría. Lo supo desde que vio las oscuras miradas de Jensen a sus brazos y manos. Jensen tenía hambre de caricias. O de él. Tal vez de cualquiera (y eso le produce acidez). Mientras el deseo, la pasión estuvo ahí, él podía imponerse. Acabada la lujuria, Jensen dominaba. Porque Jensen podía mirarle a los ojos y decirle que no era lo que esperaba, que debían continuar cada quien por su camino. Como hizo años atrás. Sin importar la debacle a su paso.

   Porque Jensen… y Jared traga saliva al pensarlo, mirando al piso, Jensen nunca le amó tanto como él si lo hizo. Por eso, ahora pasada la excitación, el rubio podía alejarse. Peor, mantenerse a distancia, en su mente, un cerco que nadie podía cruzar jamás. Apartándole nuevamente, quitándoselo todo. El hombre tiene que tragar, la sola idea era horrible. ¡Piensa, Jared, piensa, maldita sea!, se reprende; di algo para retenerlo, inventa algo para que siga hablándote. Haz algo para que tenga que mirarte. Perro no se le ocurre nada y siente ganas de llorar. Cosa absurda después de tan fabuloso sexo.

   -Jared… -la voz le trae a la realidad y alza el rostro, viéndose como un niño indefenso aunque no lo sabe.- ¿Te… Te gustaría cenar conmigo? –pregunta mirándole fijamente.

   Y a Jared se le va todo de la cabeza. El miedo de un segundo antes. La idea de caer de rodillas y suplicar un poco de atención. Aún sus planes revanchistas contra el engreído, pecoso y sexy rubio que le rompió el corazón.

   -¿Me… me estás invitando a salir? ¿Una cita? –la voz casi le falla, temerosa, preñada de esperanzas.

CONTINÚA … 3

Julio César.

RAFAELITO CORREA TODAVIA SE LAMENTA Y LLORA POR LA MUERTE DE MUAMITO GADDAFI

octubre 28, 2011

QUÉ MANÍA DE DECIR DISPARATES

   -¿Te lo explico con argumentos que entiendas?

   Se qué siempre comienzo igual, pero es que esta gente parece cortada toda por la misma máquina de hacer locos. Qué gente. El presidente ecuatoriano, Rafael Correa, hablando recientemente de la muerte del ex dictador libio, Muammar Gaddafi, soltó la siguiente perla, que no se explicaba cómo había gente que “celebraba” la muerte del hombre. Preguntándose, con semblante serio y dolido, en qué mundo estamos. No sorprende mucho su salida poco reflexiva, ya una vez había dicho que Ecuador ya no limitaba con Colombia sino con el territorio de la narcoguerrilla, como en efecto era hasta que Álvaro Uribe Vélez liberó la zona y se las regresó. Y ni las gracias le dieron. Ah, gente malagradecida. La peor clase de gente que hay, fuera de los mezquinos.

   Señor mío, así como el mito del Che Guevara es idolatrado por gente de ahora que no sabe sino oír cuentos, que jamás leen nada y mucho menos investigan porque eso da dolor de culo, pero que fue entregado a las autoridades por los campesinos que tuvieron que calárselo echando vainas por ahí, porque ellos sí le conocieron y sabían de qué estaba hecho el peligroso sujeto, así también el pueblo libio tiene todo el derecho del mundo a celebrar aunque usted no lo entienda ni le guste. Porque ellos sí conocían al señor Gaddafi.

   Celebran, señor Rafael Correa, el que salieron de un sanguinario loco que se bañaba en oro mientras ellos carecían de lo más básico, aún de esperanzas de un futuro mejor, y que llenaba las cárceles con presos a quienes condenaba a penas y castigos aberrantes. Usted, sentado en su silla presidencial ecuatoriana, disponiéndose a seguir su ejemplo, no puede entenderlo porque le faltan dos dedos de frente. Los del sentido común que frena a la mayoría antes de abrir la boca y meter la pata en dicha cavidad. Pero ellos, esa gente en Libia que llora de felicidad, abrazados unos a otros, tal vez temiendo que todo sea tan sólo un bello sueño del que pronto despertarán (la muerte del Carnicero), sí tienen qué celebrar. Eso, que el monstruo ya no podrá seguir ordenando muertes. Ahora son libres. ¿Es tan difícil, señor Correa, entender la sensación de alivio de esa pobre gente? No, ¿verdad? Más difícil es entenderle a usted. Evo Morales no le está enviando hojas de coca, ¿cierto? Cuidado, esa broma da cáncer.

   ¿Qué es difícil entenderse con un mundo tan malvado, como dice, señor Correa? Totalmente de acuerdo. El que usted y la cuerda de bellacos del ALBA (con Brasil a la cabeza, o a la cola de lo que diga el eje Caracas-La Habana), pequeña en cantidad pero con muchas ganas de hacer daño, apoyaran al monstruo en sus asesinatos en masa en calles y plazas libias, habla de esa “maldad” tan difícil de entender.

¿NACIMIENTO ABORTADO?

Julio César.

NOTA: Recuerden, a los amigos de mi enemigo… ni la sal.

COMPETENCIAS

octubre 28, 2011

LA PEREZA…

   Después del juego, en los vestuarios, era cuando más se emocionaba… Y emocionaba a los demás.

DEBILIDAD

Julio César.

EL SUEGRO LO ENVICIA… 6

octubre 26, 2011

…LO ENVICIA                         … 5

   Este relato me lo envía por correo un conocido de la casa, LeRoy, y es bueno, aunque es una mala traducción que me tomará tiempo medio hilar. Este relato que NO ES MÍO, lo llevo más bien como una pequeña adaptación. Que el autor no se moleste, por favor. Bien, la trama: un chico muy joven sueña con ser físico culturista y se casa con la hija de un ex culturista, el cual termina convirtiéndole en el juguete sexual de todos los hombres. Disfrútenlo.

……

Título: Muscle Pussy

De: hgenyc9261@gmail.com

   Ese hombre lo quería todo de él…

……

   -¡Joder! –gruñe Raúl.- Tienes un culito tan firme y suave, Bobby. –y apretando los dientes empuja hacia arriba su tranca, metiéndosela toda. Gritando ronco ambos.

   El muchacho cae sobre sus muslos terminando de empalarse, apretándola salvajemente con sus entrañas, ordeñándola a fondo. Rodeándole la cintura con un brazo, Raúl le abraza con fuerza hasta sentir los enormes y musculosos pectorales del muchacho, apretándole y acariciándole un bíceps con el otro, duro y redondo como un globo. Lentamente el muchacho sube y baja sobre la verga, estremeciéndose y arqueándose cada vez que la barra le roza la próstata. Cada pase, cada roce le hace arder, su piel está erizada y tiene que doblar los dedos de sus pies. La visión del enorme muchacho rubio subiendo y bajando sobre el otro hombre, sus nalgas redondas, doradas y lampiñas muy abiertas mientras el cobrizo güevo se le mete, hondo, era increíble. Era la imagen del chico saludable que disfrutaba del sexo caliente y rico. Algo a lo que todo chico tiene derecho, piensan los sátiros esos.

   Eduardo les observa fijamente, con la verga tiesa como pata de perro envenenado, goteando claros líquidos en cantidades industriales. Tenía que sobársela para sentir algo de alivio mientras miraba como Bobby saltaba salvajemente ahora sobre su cuñado, sobre su güevo que parecía enloquecerle hasta llevarle a gemir roncamente, demostrando que en verdad estaba gozándola a fondo.

   -Yo también quiero llenar con mi verga ese culito rico. –grazna suplicante, dejándose caer en una silla al lado de la pareja, agarrándose la verga con la mano, frotándola y agitándola un poco.- Vamos, Bobby, ven por tu regalo de cumpleaños, muchacho. Ven por esta verga que te hará gemir y gozar bastante…

   Ben sonríe malévolo viendo como su yerno mira esa otra tranca, hambriento, subiendo sus caderas y dejando la de Raúl. Todo estaba saliendo bien, se dice el hombre mayor. Bobby estaba tan caliente que pronto terminaría como un sumiso y necesitado esclavo de los güevos.

   Perfecto.

   El rubio muchacho ya no duda, ese ardor en sus entrañas es mayor que su vergüenza o reparos, y se monta ahora sobre Eduardo, jadeando cuando la venosa verga pega de su culo, abriéndose camino con dificultad porque es enorme. Pero Bobby logra metérsela y grita cuando se sienta sobre las caderas del otro, totalmente empalado con su verga, mientras la suya tiembla y bota grandes cantidades de líquidos que Tony, sonriendo, atrapa con los dedos y le obliga a chupar. Y Bobby lo hace, sintiéndose totalmente caliente, como nunca antes lo había estado con una mujer, mientras sube y baja su culo hambriento sobre ese tolete. Va y viene gimiendo bajito mientras lame los dedos del cuñado, ese güevo duro en sus entrañas es tan estimulante que se pregunta cómo nunca antes lo había probado.

   Raúl exige que vuelva y Bobby, mareado, lo hace, turnándose por un rato de uno al otro, cabalgando sobre los dos rudos latinos, que son cuñados, para colmo de calenturas. Los dos hombres gruñían mientras el joven rubio, ojos muy apretados y mordiéndose los carnosos labios rojos, subía y bajaba con loco ímpetu, como vaquero sobre potro, disfrutando el sentir las duras vergas bien adentro de su culo muy abierto ahora. Cuando se levanta de las piernas de Eduardo, después de subir su esfínter lentamente, bien apretado para sentirle la verga palpitándole en la entrada, Tony le atrapa por un brazo.

   -Es mi turno de disfrutar nuevamente de tu culo ávido, cuñadito. Verte siendo jodido por mis amigos me ha dado una buena calentura. –dice antes de obligarle a caer sobre manos y rodillas en el piso, en las cuatro patas. Rápidamente se posiciona tras él y le clava su larga verga profundo en ese culo rojo y abierto que titilaba pidiendo más.

   Bobby gime cuando esa dura barra comienza a golpearle duramente en las entrañas. Está tan caliente que quema. Cierra los ojos y alza el rostro mientras debe asentarse bien sobre sus manos para no caer hacia delante mientras el cuñado le cabalga con fuerza.

   -Oh, si, cuñadito, lo tienes tan rico. Sexo contigo… ¡Hummm! Cómo había extrañado este dulce agujerito que se desperdicia con mi hermana. He estado pensando en ti toda esta semana, metido dentro de tus pequeñas tangas, todo mojado en aceites, musculoso y fuerte. Un enorme tío cuyo culito es rosado, lampiño y suave como el coño de una nena; y como el coño de una nena siempre deseoso de un hombre que le meta un güevo enorme. Mira, mira, cuñadito, mira lo caliente que me tienes. –gruñe ronco, con esa verga más dura y ardiente por segundos, atrapándole el rubio cabello al muchacho y halándolo, azotándole una de las turgentes nalgas, mientras su verga rojiza va y viene, rápido, duro, metiéndose toda dentro de la pequeña boca hambrienta que era ese sedoso culito.- Oh, si, cuñadito… Eres la mejor perra que he probado nunca. Tu culo es de… Hummm… provoca cogerlo y cogerlo…

   El muchacho tiene que gemir cuando su cuñado le atrapa fieramente las caderas, clavándosela hasta los pelos y dejándola allí, mientras grita y se estremece al tiempo que se descarga en sus entrañas. El rubio siente las cálidas oleadas de leche, y gruñe alzando el rostro cuando, sin pensarlo, aprieta salvajemente su anillo alrededor de la verga, chupándola más.

   -Si, eso es, cuñadito. Exprímeme cada gota de leche, joder… Chupa con tu culo cada gota de la leche que quieres. Oh si, eres de los que le gusta tenerlo mojado de esperma, papá tenía razón. -aprueba mientras termina de correrse en sus entrañas. Jadeando, pulgada a pulgada va sacando su barra hasta que únicamente la cabezota queda presa y la mueve un tanto, para que los labios de ese culo la soben todavía un poquito más, antes de sacarla finalmente.

   -Dios, ¡cómo le gusta una verga a este rubio! Trae tu culo nuevamente aquí, muchacho. –Raúl gruñe, con los ojos brillantes.

   El joven culturista jadea todavía en cuatro patas, rojo de vergüenza y excitación. Es cuando su suegro interviene.

   -Vamos, muchacho, puedes hacerlo. Sabes que quieres más vergas. No sientas reparo. Sírvete lo que tanto deseas. Es tu cumpleaños, ¿no?

   Todavía dudando, mentalmente ya que su cuerpo estaba más que listo, el joven culturista vuelve a subir al regazo del enorme latino, pegando el culo de la cabeza de aquella verga, bajando lentamente, sintiéndola quemarle. Entra fácil, la esperma de Tony le lubrica bien, y algunos goterones chorrean verga abajo. Al caer sentado en su regazo, Bobby gimió, pero no fue nada comparado a lo que jadeó cuando Raúl contrajo sus muslos, empujando todavía más su verga. Comenzó a agitarle, arriba y abajo sobre su barra, y esa barra le daba donde era.  

   -Apúrate, compadre… -jadea Eduardo.- También quiero más de ese culo de putico rico.

   -¿Por qué no lo tomas ya? –pregunta Ben, ojos brillando infernales, mirando a su yerno, quien abre mucho sus dulces ojos azules.

   Eduardo se levanta, sonriendo torvo, la mirada fija en esas nalgas abiertas por donde entra y sale el nervudo güevo de su cuñado Raúl. Bobby sintió su enorme, callosa y ardiente mano en el centro de su espalda empujándole hacia adelante hasta que su pecho chocó con el de Raúl. Lo siente atrás, la sedosa cabeza del güevo frotándose de su entrada ya ocupada, empujando y empujando contra el de Raúl. El rubio grita, sintiéndose muy abierto, cuando la gruesa tranca comienza a deslizarse también en sus entrañas.

   El joven físico culturista tiembla todo, sintiéndose penetrado por las dos gruesas, duras y nervudas vergas en su culo que arde. Era más de lo que el muchacho había sido abierto alguna vez, es decir, cuando su suegro le cabalgó el culo con su verga. Los dos hombres jadean bajo, sus güevos muy metidos, muy quietos los dos, dándole tiempo de acostumbrarse. Pasado un minuto justo, Bobby dejó de sentirse adolorido, más bien se sentía lleno como nunca. Y le encantaba, se notaba en su mirada vidriosa de lujuria. Raúl le observa con los ojos muy abiertos, casi tomándose el aliento del muchacho.

   -A la mierda, hombre, tu culo de putito si que está ajustado ahora. –luego mira a Eduardo.- Joder, puedo sentir las venas de tu verga palpitando contra las venas de la mía.

   -No te emociones…

   Lentamente, riendo un poco por el comentario, Raúl comienza a moverse. Eduardo también. Los dos hombres alternaban sus güevos en el apretado agujero, uno subía y el otro bajaba, haciendo que Bobby gruñera entre dientes, bañado en transpiración. El joven podía sentir cada uno de esos güevos, frotándolo, rascando las paredes de sus entrañas. Los toletes iban y venían turnándose, metiéndose por momentos dentro del muchacho, mientras aplastan sus nalgas y lo abren al máximo llenándole todo. Ese culo no solo los aceptaba sino que los apretaba y halaba de una manera que les hacía gemir.

   Raúl estaba tan excitado por el culo del muchacho (no quiere pensar en el roce de la otra verga junto a la suya, algo que le estremecía), que flexiona sus musculosos brazos y le atrapa, atrayéndole, besándolo y lamiéndolo por todos lados. Su lengua entra en la boca de Bobby y se traga sus gemidos de agónico placer cuando una de las vergas se le clava en lo más hondo. Y besar a ese carajo no le repugna, era suciamente excitante. Y no solo para él, puede notarlo también en la mirada oscura de su cuñado Eduardo.

   -¿Estás bien, hijito? –Ben pregunta nuevamente desde su asiento.- ¿Esas dos vergas no lastiman tu dulce culo?

   -Oh, suegro… -gime el muchacho, reparando en una ceja alzada del otro.- Oh no, papi; se siente taaaannnn bien. Estoy tan lleno de güevos. ¡Ahhh…!

   -Ya lo veo, muchacho. Tu culo está bien estirado ahora, ¿verdad? Y te encanta. Se nota que te gusta que esos dos hombres alternen sus vergas en tu culo. Si, dos vergas enormes sólo para ti. Eres todo un putito grande y musculoso, ¿no?

   -Si, papi… -y gime cuando Eduardo le rodea la cintura y Raúl atrapa con las manos sus nalgas y comienzan a cogerle al unísono, rítmicamente, los dos güevotes adentro, bien adentro, afuera y regresando segundos después con fuertes embestidas.- ¡AHHH!

   -Eso es, muchacho, disfrútalo. Goza de esos hombres que quieren cogerte a conciencia y dejarte ese culo bien untado de semen. Es lo que te gusta, es lo que deseas ser, una putita bella y caliente que se muere por los hombres, ¿no es así, hijito?

   -Joder… -Eduardo respira cada vez con mayor dificultad en la oreja del muchacho.- Estoy listo para correrme, Bobby. Voy a llenarte ese culo con unos cuantos de mis espermatozoides. Tal vez te preñe. ¿Qué dices tú, Raúl?

   -¡Ahhh! Si, hermano. Estoy a punto de acabar igual. ¿Listo?

   Los dos hombres gruñen ahogadamente y meten sus vergas profundamente en el culo del joven culturista, quien grita, se tensa y arquea mientras siente como las dos trancas se calientan al máximo y tiemblan, imposiblemente duras, y comienzan a bañar con leche ardiente sus entrañas. A este le parecía que eran baldes de leche que eran derramadas en su interior, mientras sus güevos parecían más grandes ahora.

   Y Bobby no puede evitar correrse también, quedando mareado, exhausto, aprisionado y ensartado entre los dos musculosos machos velludos y viriles. Tan sólo vuelve al presente cuando siente el ardor de las vergas retirándose de su culo. Eduardo, apoyándose en los hombros del muchacho, todo tembloroso por la fuerza del orgasmo, se deja caer en la silla cercana. Raúl aún retiene a Bobby por las nalgas, muy abiertas, y es posible ver en toda su grandeza el rojo, lampiño y ahora abierto culo que, tembloroso, deja caer toda esa esperma. Y todo el mundo sabía que no había visión más cachonda que un culo de hombre exudando lentamente el semen de otro. U otros.

   -¿Te sientes bien, hijo? ¿Esos hombres han sabido satisfacerte como lo mereces? –le pregunta el suegro, casi afectuoso.

   -Si… -traga saliva, jadeante, rojo de cara.- Creo que si… papi.

   -¿Por qué no vienes aquí y le enseñas a tu papi tu culo dilatado y lleno de leche, hijito? Muéstrale a tu papi todo lo que has gozado con los amigos que trajo para que celebraras tu cumpleaños. Por cierto, bebé… no me has dado las gracias por este regalo. Ven, enséñale y dile a tu papi lo feliz que eres siendo una putita caliente… Dile a tu papi que quieres ser una putita para siempre.

CONTINÚA … 7

Julio César.

NOTA: Como saben, es un relato de ficción. En la vida real, si uno va para una reunión debe ir con guantes si la ocasión es de gala. Nada de sexo rueda libre, fuera del SIDA hay muchas otras dolencias. Usen condón. Cuidado con una vaina.

ELJURI RESPONDE A LA OPOSICIÓN QUE HABLA DEL AUMENTO DE LA POBREZA

octubre 25, 2011

QUÉ MANÍA DE DECIR DISPARATES

   -Siento que me miran con maldad.

   Hay que reconocerle al anciano que tiene riñones, ya que no vergüenza o sentido del ridículo. El hombre se molesta porque Julio Borges, voz pausada y rostro grave, cada fin de semana hace un diagnostico exacto de los males que están matando al país en medio de la indiferencia chavista (o que les aplica recetas cubanas, lo que puede ser peor). Y le responde, después de decir que es falso que el país esté cundido de pobres que ya han caído en la franca miseria, esta perla: “Habrán aumentado los pobres de espíritu”. Y yo, lo siento diputado Borges, debo darle la razón al anciano indecente.

   Vamos por parte, a pesar de que la miseria y deterioro en la cual se hunde el país es visible, evidente y notorio cuando uno se asoma a la puerta de su casa o a la ventana (a riesgo que un malandro te mate de un tiro, parece que viven cazando la gente sólo para divertirse entre atraco y atraco), Elías Eljuri sale a desmentir al diputado con una tablitas y unas gráficas… que él mismo elabora. Qué científico y qué convincente, ¿verdad? Si seguimos las directrices de estos payasos, la realidad no es la realidad, es lo que parece. No hay miseria, lo que hay es gente miserable (los que nos asomamos a la ventana y todo nos parece peor). Así como no hay delincuencia sino una “sensación” de que hay inseguridad. Es decir, con la fuerza de la mente, materializamos a los malandros. Qué tal.

   Sin embargo, Elías Eljuri tiene razón. Lo que hay es gente pobre de espíritus. Cada vez que les veo y escucho declarar idioteces sobre temas tan graves, siempre me pregunto de dónde salió tanta gente tan miserables de corazón…

RAFAELITO CORREA LLORA POR MUAMITO GADDAFI

Julio César.

LA MASCOTA DEL EQUIPO… 5

octubre 24, 2011

MASCOTA DEL EQUIPO                         … 4

   La siguiente historia cae de maravilla en el renglón de Relatos de Malditos. De hecho me molesta; un joven inocente y lleno de sueños termina atrapado en una pesadilla de uso y abusos, por culpa de una pila de vagabundos. Pero me lo envía un amigo de la casa, Leroy, comprometiéndose él a medio traducirlo (y parece haberlo olvidado). Este relato NO ES MÍO, ni de Leroy, quien lo medio traducía, de manera críptica. Me ha tocado redondearlo un poco. Disfrútenlo… a pesar de todo:

……

De: Chuck <chucksholes@yahoo.com>

Asunto: Dep.  (PROFUNDO)

   No quería, pero se emocionaba…

……

   -Bien, puta, este es el trato: haz todo lo que yo te diga y te dejaré permanecer dentro del equipo. Soy el papi de tu culo ahora. Y como no quiero que todos sepan de nuestros negocios pero sí que tú lo recuerdes siempre, cuando te llame a servir de perra o a jugar sobre el tabloncillo te diré DP. No, mejor todavía, te llamaré Profundo. Todo el mundo te dirá así, en clases, en las gradas, en los pasillos. Profundo. Y cada vez que lo escuches quiero que recuerdes lo profundo que entró mi verga en tu culo. Este chico que está aquí y que ya te hace gemir como puta mientras te cabalga, es Jimmy. Es mi asistente. Él se ocupa de que todo quede limpio y en su sitio después de las prácticas. –luego ve al muchacho negro.- Él es Danny, y será nuestra perra. Dile hola, Jimmy, pero llámalo por su nuevo nombre.

   -Encantado de conocerte, Profundo. –replica el jadeante muchacho, dándole una dura nalgada y empujando con fuerza el güevo dentro de su culo ardiente.

   -Jimmy es también el hijo del director de este colegio, Profundo; es el hijo de mi jefe. Se supone que debo cuidar mucho de él. Ahora tú tendrás que darle una buena atención a Jimmy. Si descubro que no haces feliz a Jimmy, haré algo que te hará muy, muy infeliz. Ahora dile “hola maestro Jimmy”, y dile que estarás encantado de servirle en cualquier momento y de todos los modos que él quiera.

   El cruel hombre sonríe. Sabe que está dando un paso más en el control total sobre el rubio muchacho al llevarle a servir a otro. Y otros. Cuando Danny viniera a darse cuenta sería la puta más famosas y solicitada de toda la escuela. Sí decidía obedecerle en esto, claro está.

   -Hola, maestro Jimmy; por favor, permítame servirle en cualquier lugar o en cualquier momento que gustes… -gimotea el muchacho, terriblemente humillado de ser cedido así, y comprometido, al tiempo que debe casi morderse los labios para no gemir de placer cuando el negro y joven güevo lo empala a fondo.

   Dios, ¿qué estaba haciendo? Ahora sería la puta del entrenador y de Jimmy.

   El pobre y dulce chico ni cerca está de imaginar su verdadero destino.

   -Los chicos blancos siempre tienen buenos modales, aún cuando le sacan la mierda a fuerza de cogidas, ¿no es así, Jimmy? Es casi una vergüenza tener que limpiar la mierda de tu verga en esa boca cuando hayas terminado, ¿no lo crees?

   -Eso romperá mi corazón, Entrenador. –sonrió Jimmy, incapaz de detenerse mientras saca y mete su joven verga negra del todavía apretado pero muy mojado culo de Danny.

   -Okay, Jimmy. Diviértete y hazlo gozar, mira cómo se estremece. Cuando termines de llenarle el culo con tu leche, has que Profundo lo limpie todo, tu verga y mi escritorio, mientras tú te relajas y le vigilas. Asegúrate de que te de las gracias por cogerle ese culo de puta barata y por dejárselo lleno de esperma. Luego cierra todo.

   -Si, Entrenador. –jadea algo mareado, ese culo estaba sorbiéndole los sesos, y metiéndosela toda, todavía da tres empujoncitos que hacen que Danny jadee de placer.

   -Profundo, asegúrate de estar aquí pasado mañana para las prácticas con el equipo. –y sonríe, porque calla lo que ocurrirá ese día. Algo que sellaría definitivamente la suerte del muchacho.- Jimmy te conseguirá un uniforme, ese día conocerás al resto de los muchachos. –y vaya que los conocería, se dice.

   -Si, señor. –jadea abriendo mucho los ojos cuando Jimmy se la empuja con todo.

   -¡Tu padre estará tan orgulloso! Asegúrate de que también él conozca tu nuevo nombre, Profundo. Le preguntaré cuando le vea.

   Mientras se volvía para salir, el hombre todavía vio correr las lágrimas por el bonito y sonrojado rostro del Profundo, mientras se estremecía sobre el mesón por las entusiastas cogidas que Jimmy le daba. Si, se dijo el entrenador, será muy divertido tener a ese muchacho en el equipo. Será muy agradable convertirle irremediablemente en una putita perdida.

   Muy divertido.

……

   Danny asistió a su clase de Matemáticas al día siguiente sintiéndose desgarrado interiormente. Y no sólo en su culo. Temía a lo que podía llagar al otro día cuando debiera ir a la práctica con el entrenador ahí. Su culo y su garganta aún le dolían por las enculadas recibidas a manos del cruel hombre. Y aún de Jimmy, quien le cogió con más consideraciones. Lo peor era que… él deseaba más.

   La confusión en su cabeza era grande. Nunca antes se había sentido atraído por los chicos, y realmente  no quería ser “raro”, pero quería más. Recordar lo que ese hombre le hizo lo ponía caliente. Esa mañana, en la ducha, enjabonándose el trasero, debió meterse un dedo, casi contra su voluntad, pensando en el odioso entrenador. Excitado tuvo que masturbarse metiéndose dos dedos en el culo e imaginando que era el entrenador cogiéndole otra vez.

   Con eso en mente, debió recordar en toda su grandeza la enorme verga del coloso negro taladrándolo, y que terminó corriéndose sobre el escritorio con una escandalosa carga de leche, una como no recordaba haber soltado otra en toda su joven vida. También tuvo que reconocer, mientras se masturbaba y metía más hondo sus dedos, que cuando Jimmy cogió su culo más abierto para ese momento, fue increíblemente placentero. Y que se corrió casi tan abundantemente como la primera vez. Y mientras se masturbaba y metía los dedos, el atormentado muchacho luchaba para que esas cosas no le gustaran. Que lo mejor era cortar con toda esa vaina, incluido su relación con el entrenador abusador.

   Pero, cada vez que pensaba que no valía la pena ser la perrita del entrenador, recordaba la expresión radiante en los rostros de sus padres cuando les informó que había entrado a formar parte del equipo. Su padre comenzó a llorar de la emoción. Era todo lo que había soñado para su hijo, le repitió, así como lo orgulloso, lo muy orgulloso que estaba de su Danny, que siempre supo que podría hacerlo, que había valido la pena todo el duro trabajo que se había tomado en ayudarle a entrenar y que ahora su muchacho tenía abierta las puertas de las oportunidades en la vida. Su padre reventaba, literalmente, de orgullo.

   Cuando el muchacho le dijo que el entrenador le había dado el apodo de “Profundo”, porque se esperaba de él que internara el balón profundamente en la cancha contraria, su padre le atrapó en un fuerte abrazo de oso, diciendo que era obvio que el entrenador se había dado cuenta que contaba con una futura estrella en sus manos. Danny no pudo evitar comenzar a llorar, sabiendo que su padre se moriría si supiera por qué el entrenador le llamaba realmente así. Sabía que el entrenador lo había previsto de esa manera, que cada vez que su padre utilizara ese nombre, como comenzó a hacer desde que se lo dijo, Danny se sentiría lastimado y sometido, recordando siempre la sensación de “la enorme verga del negro metida profundamente en el dulce culo de su lindo putito blanco”.

   Era horrible la tortura psicológica por la que el muchacho pasaba. Y, sin embargo, había una parte suya, oscura y perversa, que deseaba volver a la oficina del entrenador, quitarse las ropas, tirar de sus nalgas y ofrecer su culo apretado, rogándole al enorme semental negro que le volviera el culo mierda a fuerza de cogidas, una y otra vez, llenándoselo de güevo y leche. Metiéndoselo bien profundo.

……

   Cuando sonó la campana del último periodo al día siguiente, Danny se encontraba de pie frente a la puerta de la oficina del entrenador. Paralizado. Tomando una larga respiración, llama.

   -Entre. –grita el hombre.

   El joven lo hace y cuando el entrenador le ve, sonríe torvamente.

   -Por la manera maricona de llamar a la puerta debí saber que era mi nueva putita de culo blanco. –el muchacho traga saliva mientras el hombre se pone de pie.- Muy bien, vamos a presentarte al resto del equipo. Estoy seguro que les encantarás. –se burla.

   Precediéndole, el hombre sale de su oficina y entra en los vestuarios donde los otros nueve miembros del equipo estaban cambiándose para entrar en sus uniformes de práctica.

   -Escuchen, muchachos, presten atención. –les grita el hombre con voz autoritaria.- Voy a presentarles al nuevo miembro del equipo. Se trata de Profundo, y cubrirá el costado abierto a la izquierda de Ahmed Johnson.

   Todos los muchachos dejaron de vestirse, cada uno de ellos con una intensa mirada de sorpresa en sus rostros. Danny pudo entender que no recibiría precisamente una cálida y amigable bienvenida.

   -¿Qué dice, Entrenador? –gruñe Tyrone Watkins, dando un paso al frente.- No queremos chicos blancos en nuestro equipo. Y es que este ni siquiera es del último año. ¡No puede estar con nosotros!

   -Watkins, aquí el entrenador soy yo, no tú o ninguno de ustedes. Y soy yo quien decide quién entra y quien no, qué le hace falta al equipo o no, ¿queda claro? –replica rudamente el hombre.

   -Si, señor.

   -Ahora salgan y realicen la práctica, pronto iré a verles.

   Quejándose por lo bajo, el equipo se dirige a la puerta. No estaban nada contentos, y Danny, quien fue empujado por uno de ellos en su salida, recibió todas sus duras miradas, entendiendo bien que si, que no era para nada bienvenido.

   -Vamos a mi oficina, Profundo, ya quiero que me des una buena mamada como el buen putito que eres. –gruñe ronco el entrenador mientras aprieta con codicia una nalga de Danny.- Desnúdate, deja todo en ese casillero vacío y reúnete conmigo en mi oficina.

   -Voy a dejar mi ropa en el casillero, me pondré el uniforme y luego…

   ¡SLAP!

   El joven siente la mano grande golpeándole un lado de la cabeza incluso antes de verla moverse.

   -¡Haz lo que te digo! Desnúdate, deja tus cosas en ese casillero y reúnete comigo en mi oficina. ¡AHORA!

   Danny se desnuda tan rápido como puede, arrojando todas sus ropas en el armario como caen, y corre, desnudo, a la oficina del entrenador, donde encuentra al hombre sentado tras su escritorio, sonriente, con la negra verga colgando fuera de sus pantalones cortos. Ofreciéndosela.

   -Date prisa, pequeño maricón. Sabes lo que tienes que hacer aquí. Y deja la puerta abierta…

   ¡Era una locura! Pero no queriendo desatar las iras del entrenador, Danny cae de rodillas, agarrando la enorme y suave verga y comienza a recorrerle, con la lengua, la enorme cabezota hasta que empieza a ponerse dura. Crecía, caliente, y Danny no pudo evitar darle un leve masaje de arriba abajo, antes de cubrir el glande amoratado con su boca de labios rosa, chupando, bajando luego sobre la titánica pieza de carne. Sentirla sobre su lengua era confuso, no quería pensar en ello, pero la había extrañado. Con esfuerzo traga la mitad, sintiendo que las comisuras de sus labios amenazaban con desgarrarse, pero perseveró, ahuecando las mejillas, hasta sentirla palpitante casi en su garganta, con la nariz llena con el olor a macho del entrenador, dándole una buena chupada antes de comenzar a subir.

   Mientras sube y baja con esfuerzo, Danny no puede creer que esté ahí, desnudo y arrodillado entre las piernas de un hombre, mientras se traga su gigantesca verga. Sabía que era un terrible error dejarse manipular así, tan fácilmente, pero… Aprieta con sus mejillas y lengua, deseando más de la ahora palpitante verga. Cierra los ojos y se deja llevar por la emoción de saborear la pieza del macho dominante. Pero costaba. Con la frente fruncida intenta tragar más y más de ella, pero no podía seguir más allá de la entrada de su garganta.

   -¿Vas a necesitar ayuda para tragarte el resto, putito? ¿Llamo a los chicos del equipo para que te indiquen como sus putas les maman las vergas? –la voz, burlona, está teñida de amenazas, unas que marean al muchacho mientras chupa de la punta babeante.- Dilo, Profundo, y llamo a tus compañeros… Para que te rodeen y te vean tragar mi verga con esa cara de puta deseosa. ¿Eso quieres, Profundo? ¿Qué los muchachos, todos ellos, sepan lo puta que eres?

CONTINÚA…

Julio César.

EL GOBIERNO Y LOS CRIMENES DEL PUNTOFIJISMO

octubre 24, 2011

QUÉ MANÍA DE DECIR DISPARATES

   No hay cómo ocultarlo todo.

   Para intentar tapar el sol con un dedo (la izquierda siempre lo intenta y sólo en eso se quedan), el desastre de país, así como la terrible corrupción y la incompetencia del Gobierno (parecen competir para ver quién es peor), Miraflores le ordena ala AsambleaNacional(quien se cruza con esa gente en la calle se tantea para ver si todavía carga su cartera) sancionar una ley para investigar “crímenes” de hace cincuenta años, de cuando José Vicente Rangel y Jorge Giordani ya frisaban el medio cupón de edad y Fidel los primeros sesenta; y eso cuando los crímenes de ahora están tan vivitos y coleando. Comola Masacrede Miraflores por la cual el Alto Mando militar le pidió la renuncia a un sujeto, y este aceptó. O la maleta llena de dólares encontrada en Argentina. O el narco socio atrapado por los colombianos. El cual resultó tan hablador como el hombre de la maleta (qué gente, no hay honor ni entre ellos). Son tan torpes que a dicha comisión, la de ahora, la llamaránLa Comisióndela Verdad, como para que la gente recuerde que así se llamaba la que investigaba al Gobierno y a los asesinos de Puente Llaguno hasta que le ordenaron a los tribunales meter presos a los enemigos políticos. Dios, ¿será cosa del Imperio y el rayo controlador de dementes?

ELJURI Y EL AUMENTO DE LA POBREZA

Julio César.

LA VIDA EN LA UNIVERSIDAD

octubre 24, 2011

LA PEREZA…

   Una corta mirada a lo que muchos se pierden, así sea para experimentar, por pereza.

COMPETENCIAS

Julio César.

NOTA: Todas las imágenes han sido tomadas de portales gratuitos. Qué nadie se moleste, por favor…

ADIOS, MISTER GADDAFI, USTED Y TODA UNA ERA

octubre 21, 2011

 EL CARNICERO Y LIBIA

   Libia, los hombres y mujeres que salieron desafiando armas de guerra y a los mercenarios, han alcanzado su meta. Ahora caminan a tientas hacia la tierra desconocida, el futuro. Errores y aciertos les esperan. Suerte.

   Ha muerto Muammar Gaddafi, a solas, mientras se retiraba. Cuentan que uno de quienes le alcanzó le acusó de eso, nos llamaste rata y ahora te encontramos en una cloaca. No sorprende. Era su destino final, uno que se forjó al ordenar aquellas muertes. Trípoli no se inmoló en su defensa y la gente de su poblado salió a recibir a los rebeldes. Tal vez no por simpatías sino porque, al fin, terminaría esa guerrita fraticida que Gaddafi prefirió padecieran sus conciudadanos antes de dejar el poder. Uno que, desde las matanzas de febrero de principios de año, estaba cantado debería abandonar. Después de asesinar a esas personas era tan sólo cuestión de tiempo para que cayera.

   Ayer terminó todo para él. Cómo de Sadam Husein, se dirá de todo sobre el déspota muerto. Todos sus símbolos, estatuas y monumentos serán derribados, los libios se lanzarán con furia en una de olvido y superar esos tiempos. Tal ve persistan algunos grupos por ahí echando vaina, pero irán quedando aislados como gente delirante y violenta, como los que hacen estallar cosas en Irak, todavía no resignados al haber perdido el poder, mientras la inmensa mayoría del pueblo irakí concurre a elecciones.

   Lo de Gaddafi no debió terminar así. Ese hombre, cuando la gente salió a repudiarle y el mundo le advirtió que dejara de matarles en las calles o lo lamentaría, debió detenerse y decirse: Joder, ya he mandado cuarenta y dos años, los he humillado, vergajeado y escarnecido como me dio la gana; tengo una fortuna cuantiosa que no gastaré en varias vidas; los míos también. Para eso nos sirvió la revolución. Lo mejor es irme y disfrutar un discreto exilio dorado, con real en mis bolsillos irán los líderes de Occidente a visitarme y los eternos idiotas que se hacen llamar intelectuales hablarán y cantarán sobre el pobre Coronel amante de su pueblo derrocado por la vileza.

   Gaddafi pudo hacer eso, pero no lo hizo porque era un demente. Un loco. Y no hablo de una ligera excentricidad que le hiciera vestirse como vieja fea. Era un enfermo mental. Después de encabezar una revuelta que le llevó a poder, se vio a sí mismo como un césar, luego un emperador y más tarde un dios viviente. Su locura le hizo creerse invencible a la par que divino, por lo tanto, infalible y eterno. Aún sus monstruosidades debían ser aceptadas. Cada año fue empeorando, pero era sostenido y tolerado porque garantizaba petróleo a Occidente, era un freno para los radicales del Islam y se creía que toda Libia moriría por él. Las revueltas en Túnez y Egipto abrieron los ojos de una juventud y una clase media libia que jamás tuvo futuro, que habitaba en la oscurana mientras el tirano, su familia y el entorno derrochaban como jeques. Y cuando salieron, el demente lo vio como un ataque a su divinidad. Por ello perseveró en su irracionalidad (una guerra contra un mundo que le cercaba y que apoyaba a sus rivales).

   El problema real para el régimen de Gaddafi fue que ese mundo vio la masacre casi en vivo a través de los medios cibernéticos, y los jóvenes franceses, alemanes y aún norteamericanos gritaron exigiendo se le detuviera. Si a eso sumamos que era evidente que el pueblo libio no le seguiría a la tumba, su suerte estaba echada. Me pregunto ¿cómo nadie lo vio en el entorno del dictador? Uno leía escritos de sus perros y se preguntaba ¿cómo pueden estar tan extraviados? Tal vez si lo notaron pero, o temían decírselo al loco, o este los rechazo ya que su divinidad auto proclamada le negaba la sola posibilidad del fracaso. Pero no es este el único caso, la casa real de Corea del Norte, los reyes de Cuba y el pichón de emperador venezolano pueden reflejarse en el mismo espejo: gobiernos que duran décadas, una pequeña oligarquía mil millonaria reinado sobre una inmensa mayoría carente de lo más básico (la revolución venezolana ha hecho desaparecer en diez años más de un millón de millones de dólares en pocas manos), y la obsesión por mantenerse al mando aunque no sepan qué hacer con ello, o no les sirvan para nada a nadie. Es la locura por el poder, sentirse grandes y poderosos, para cubrir carencias, complejos y traumas como sea.

   Por cierto, ya se habla de que Gaddafi fue asesinado, y lo dicen como si les sorprendiera (?). Semejante ser no me hará exclamar una sola palabra de pena o solidaridad, estas las guardo para sus miles de víctimas en estos cuarenta y dos años de reinado. Pero el planteamiento en sí es significativo de esa pobreza de espíritu, de voluntad, esa laxitud de sentido común que hace de tantas sociedades entes manipulables y sugestionables. Víctimas en potencia ellas mismas. El mal puede usar todos los recursos que desee para la satisfacción de sus deplorables apetitos, por monstruosos que sean. Del otro lado, quien va a enfrentarle, debe pedirle en buenos modos “que se detenga, que deje de hacer eso”, retirándose luego porque no puede hacer más. Y si alguien alza la mano y le zarandea, más tarde es llevado a los tribunales de la opinión pública. Es por ello que el mal, a veces, destella con fuerza, en medio de la más absoluta demencia (los campos de exterminio nazi, la carnicería étnica en los Balcanes), sorprendiendo más tarde, a las sociedades que leen al respecto en los libros de Historia; es más fácil hacer daño, destruir, que construir o preservar. Es cierto, finalmente estos criminales son detenidos, pero ¿a qué costo?

   Ahora queda ir por el asesino que ha hecho de Siria su coto de caza particular. ETA ha anunciado que dejará de actuar. Israel y Palestina comienzan el eterno baile del entendimiento, para desesperación de mucha gente (las posturas israelíes son extremistas, palestina jamás debió elegir un gobierno que usa capucha, ¿qué pensaban que ocurriría?). Los santones iraníes se encargaran de Ahmadineyad el año que viene, su presencia amenaza la estabilidad que estos necesitan para continuar mandando para siempre. Aunque no quieran creerme en este instante, la hora para estos cambios, el final de una era de demencia (creer que de la violencia, la muerte, las amenazas y el autoritarismo saldrá un mundo mejor), no está muy lejana ya.

INDIGNADOS DE AQUÍ Y DE ALLÁ… UNÍOS  

Julio César.

JUSTIN TIMBERLAKE Y SUS MUCHOS AMIGOS

octubre 21, 2011

 DAVID BECKHAM?

   Lo amaban…

   Al joven y adorable ex conejito de Disney, cantante, bailarín y actor, las amistades le duraban toda la vida. Porque las atiende bien, lo entrega todo, no deja qué hacer para que queden satisfechos, muy contentos y que vuelvan por más. Más amistad, quiero decir.

LA BUENA FORMA DE JARED

Julio César.

CASS VS DEAN… 3

octubre 20, 2011

 CASS VS DEAN                          … 2

   En esta historia que NO ES MÍA, Castiel ha decidido “castigar” a Dean por oponérsele en su lucha contra Rafael. Y lo hace, pero las cosas no le salen tan bien. ¿Que por qué me gusta el relato? Dean, despertando pasiones como siempre, es sometido, pero no es un juguete sin voluntad. También él hará sufrir a Castiel.

   Dedicado a la amiga Alyson, a quien también parece agradarle el relato. Debo aclarar que mantengo varias historias que no avanzan mucho porque las llevo a razón de una o dos veces por mes, como Luchas Internas, Relatos de Malditos y Memorias de Desgraciados. Y hasta ahora, fuera de un Relato de Malditos, nadie parecía esperar que me apresurara.

……

Titulo: The penitente’s Mark

Autor: yeya-wc

Tema: Dean/Cass

Estado: en proceso

Resumen: Castiel castigará a Dean por oponérsele, y este sabrá porqué lleva su marca.

   -Invocaremos a los ángeles.

   -¿A Castiel?

   -No, a sus rivales. Deben existir todavía seguidores de Rafael. O ángeles independientes que vean en Castiel un peligro parala Creación.

   -Sam, Castiel…

   -Lo sé, Bobby. Se cabreará mucho con nosotros; tal vez nos la cobre con intereses. Pero no veo otra solución. –suena resuelto y desesperado.- Entiéndelo, Bobby, tiene a Dean… No puedo dejarle en sus manos indefinidamente. Y menos sin intentar algo. –sus ojos descienden.- No pude hacer nada por él cuando fue al Infierno por mi vida… No le fallaré otra vez.

   -Hijo, ¿qué crees que Castiel le esté haciendo?

   -Está muy molesto con él, por enfrentarle, por no creer en sus designios. También con nosotros, pero… tú sabes que con Dean es diferente… -se corta todo, pero reparando en la mirada clara del otro, se decide.- Castiel siempre ha sentido demasiado apego por Dean. La manera en la que siempre le mira, el cómo acude siempre a su encuentro, el cómo hacía cosas por él, siempre mirándole como esperando…

   -Gratitud. Afecto. –termina Bobby cuando Sam calla.

   -Sé que Dean sentía aprecio, y gratitud, pero sabes lo jodidamente parco que puede ser con las palabras o para mostrar sentimientos. No sé si Castiel lo entienda y eso es lo que me asusta.

   -Oh, vamos, Sam, ya lo has dicho. El angelucho gusta de tu hermano, y no sé si solamente como algo platónico, por eso me pregunto… ¿le hará daño?

   -A veces terminamos lastimando lo que más queremos, Bobby. Yo… lo hice cuando estaba con Ruby. –suena mal.- Por un instante casi le maté, con mis propias manos, y deseaba hacerlo. ¿Y si Castiel no puede controlarse? –mira el pentagrama. No, no pensaba dejar a Dean en sus manos. Dean no le pertenecía a Castiel. Dean era…

   -Bien, invoquemos a los putos ángeles.

   Los dos cazadores trazan nuevas líneas, recitan otros conjuros. Por un momento parece que no va a ocurrir nada, luego las luces parpadean. Frente a los dos hombres aparece una mujer delgada, morena, de cabello largo y recogido en coleta, de gafas y traje. Su mirada es dura.

   -Winchester… -hay desprecio en su voz. Sam y Bobby intercambian una mirada.- Tienen valor para invocar a los ángeles, después de todo lo que han desatado.

   -Era menester. Necesitamos…

   -¿Por qué imaginas que haríamos algo por ustedes? –pregunta una segunda voz, un hombre delgado, negro, de rostro afilado.

   -Es por Castiel. –vigila de uno a la otra. La mirada que cruzan los ángeles, le inquieta. Parecen levemente cabreados, en lo que cabe en sus rostros inexpresivos.

   -¿Qué pasa con él? Hace rato no se sabe nada de su paradero.

   -Tiene a mi hermano y… -nuevamente ese cruce de miradas. Y desaparecen.- ¡Esperen! ¡Oigan! Vamos, vuelvan. ¡Maldición! –ladra frustrado.

   -Ay, Sam, ¿qué habremos hecho? –gruñe Bobby, preocupado.

……

   -Cass, ¡aléjate de mí! –grita Dean, apartando sus caderas y subiendo con mano temblorosa su boxer, odiando la extraña sensación de pérdida en su trasero, empujando al ángel por el pecho cuando se le acerca nuevamente, enfermo por las ganas que siente de acariciarle.

   -¡Eres mío! –estalla más ronco que de costumbre.

   -¡No!

   El ángel, rápidamente, le atrapa nuevamente por la cintura, obligándole a volverse y a mirarse en el espejo de cuerpo entero. Dean jadea, sus mejillas están rojas de excitación, sus ojos brillan felinos, sus labios están rojos y húmedos, sus tetillas se levantan erguidas y dentro del boxer no hay nada que pueda hacer para ocultar lo evidente, su casi dolorosa erección. Pero es su hombro izquierdo el que le llama la atención. La vieja cicatriz del toque del ángel está reluciente, parece nueva. Y siente unos deseos horribles de darse uñas.

   -La cicatriz…

   -Es la marca. Mi marca. La he destacado para quela Creaciónmisma sepa que me perteneces. Que soy tu dueño. –repite con voz ruda, posesiva y prepotente.

   -Tú… Tú… ¡Hijo de puta! -Dean está a punto de estallar de rabia mientras se vuelve y nuevamente le empuja.- ¿Cómo te atreves…?

   -Dean, soy tu dios. Y tu dueño. Me debes respeto, admiración, devoción y amor.

   -Sucio bastardo…

   Dean ya no piensa y simplemente le lanza un golpe a la mandíbula, pero Castiel le detiene fácilmente, dejando escapar un leve suspiro de exasperación. Ha intentado ser bueno, por Dean, porque aunque le va a someter obligándole a servirle como juguete sexual, a ser su esclavo ansioso de caricias, no desea lastimarle físicamente. Pero ya el Winchester se pasaba de la raya. Era hora de hacerle entender quién era el jefe.

   Antes de que Dean procese lo que está ocurriendo, Castiel le arroja de espaldas sobre la cama, donde impacta con un gemido ahogado cuando el ángel cae sobre él, cubriéndole. El rubio, sorprendido, repara en lo pesado que es. Con mano de hierro, una sola, Castiel atrapa las dos de Dean, alzándolas sobre su cabeza, deteniéndole, mientras mete una pierna entre las del Winchester y comienza a frotar. En verdad el ángel no sabe bien lo que hace, tan solo ha observado, desde la distancia, cabizbajo y dolido, como el rubio cazador lo hacía con sus conquistas de una noche, siempre deseando…

   La pierna molía y frotaba y Dean lanza un gemido, erizado, su verga imposiblemente dura frotándose contra la cadera del ángel. El peso, el calor del moreno, ese frote, incluso sentirse sometido, todo eso marea al cazador, pero aún intenta gritar un airado aléjate de mí, error que paga caro cuando Castiel cubre su boca con la suya, metiéndole la lengua casi hasta la garganta.

   Dean abre mucho los ojos, totalmente sorprendido por ese ataque, intentando resistirse, pero nada podía hacer contra esa boca que cubre la suya y chupa, esa lengua que se ata a la suya y succiona ruidosamente su aliento y saliva, con hambre. El rubio queda petrificado, ya no empuja, tal vez convencido de que no podría moverle sin una grúa, o simplemente sorprendido por la caricia. Sin embargo no se rindió. Intentó alejar el rostro, empujarle con los labios, pero Castiel continuaba…

   El ángel estaba maravillado. Mordía esos labios rojos y carnosos, sus dientes atrapaban la lengua de Dean, rastrillándola, casi halándola con deseos de tragársela, bebía cantidades enormes de su saliva… y no le resultaba para nada desagradable o repugnante. No, las palpitaciones de su propia verga hubieran sido suficiente evidencia, pero la mayor eran las ganas que tenía de continuar indefinidamente devorando la otra boca, de tomar todo lo que el joven cazador tuviera que darle.

   Besaba y chupaba, lamía y tragaba, aún aliento, y después de un minuto Dean dejó de resistirse, tal vez convencido de lo inútil de la lucha o porque estuviera medio agotado. A Castiel no le importa, tan sólo desea… Eleva el rostro enrojecido, jadeante, el cabello revuelto, los ojos azules brillantes, y se maravilla del rostro de lujuria del Winchester, quien tal vez se resistía en su cabeza, pero con un cuerpo que deseaba más. Lentamente baja el rostro y roza los labios del mayor de los Winchester, metiendo la punta de su lengua, y casi gruñe cuando Dean sale a su encuentro. Su lengua respondía, con suaves toques, casi vacilantes. Pero al ángel no le importa. Sabe que lo tiene donde quiere. Que Dean le pertenecía ahora.

   Y mientras le besa lenta pero intensamente, la mano libre del ángel recorre su torso, con adoración, algo que él mismo no quiere reconocer. Dean Winchester no era otra cosa que un simple humano, y no uno de los mejores, era tan sólo una mascota, un mono sin pelos, no alguien digno de adoración… pero cuando sus dedos atrapan uno de los erectos pezones y Dean gime de esa manera enloquecedora, con un gritito y un gesto casi de dolor, aunque es placer, el ángel sabe que está mojando sus propias ropas cuando su verga palpita salvajemente.

   Los brazos de Dean le rodean la cintura… halándole, y el beso es aún más íntimo. Sensual. La boca de Dean sabe lo que hace, su lengua, cuando tantea y saborea ahora, despierta ecos de lujuria y placer en rincones recónditos del ángel, y no puede controlarse, ya no es el amo, ahora tan sólo desea satisfacer al pequeño humano, así como el cerebro de Dean se ha desconectado de todo pensamiento racional, disponiéndose a vivir únicamente toda esa lujuria.

   -Cass, ¿qué me has hecho? –gimotea, casi suplicante, jadeando, con el musculoso torso subiendo y bajando.

   -Eres mío, Dean, ya te lo dije. Me perteneces en cuerpo y alma. Tu cuerpo lo entiende y acepta. Y siempre lo hará. Y siempre deseará complacerme. Nunca será de otra manera. Debes entenderlo. –explica el ángel, mirándole fijamente, antes de bajar y terminar dando pequeños besitos mordelones.

   -Yo no le pertenezco a nadie. –se permite una última protesta.

   -Oh, Dean, no te resistas, acepta tu destino con gratitud. –le sonríe con dureza.- Eres el preferido de dios. –y le besa salvajemente, disfrutando de oírle gemir, respondiendo con fiebre, mientras sus vergas se frotan ahora una contra la otra.- Y cuando tengas mi semilla dentro de ti… jamás podrás abandonarme. Ni siquiera imaginarlo o pensarlo. Tan sólo desearás vivir para que te haga mío… -muerde su labio inferior con rudeza.- Siempre querrás ser mi perra, Dean, una deseosa de atenciones. –y mientras lo dice, sabiendo que mortifica al rubio, su mano cálida recorre uno de sus costados, jugando con los elásticos del boxer, tocando la sensible piel.

   Y Dean le odia. Odia la idea de que pueda controlarle así. Lo peor es que comienza a sospechar que era así, que Castiel le controlaría tal y como dice.

   -No puedes tratarme como a una puta. -es la réplica tipo puchero, totalmente humillado.

   Castiel le mira, sentándose a hojarasca sobre sus caderas y soltándole las manos, aguardando. Dean, en lugar de intentar escapar, se siente miserable sin el peso repartido sobre todo su cuerpo. Sin sus besos. Pero traga y quiere ocultarlo. Castiel sonríe.

   -No te avergüences de sentirte abandonado, el toque de mi cuerpo es como maná del cielo para el tuyo. Lo necesitas. De ahora en adelante seré el sol de tus días, la luz que te acompaña en cada instante. Eso que sientes ahora, que calienta tus entrañas y te hace manar líquidos, es normal. No puedes evitar el desear sentirme dentro de ti, Dean. –informa mientras le mira.

   Le ha observado muchas veces, mientras duerme, boca abajo, siempre tenso y listo para saltar ante el menor ataque o para pelear. Mientras bebe en una cantina. Mientras se ducha… y ese cuerpo musculoso, dorado, casi lampiño, cubierto de pecas café, le atraía. Nunca pudo resistirse a mirarle, aunque lo intentaba. Ahora estaba allí, el tórax musculoso subiendo y bajando, una pelusa amarillenta en su abdomen que mostraba los cuadritos, y que corría de su ombligo al borde del boxer deformado por su erección que moja. En la mirada del ángel hay tanto adoración como lujuria, tanta que Dean desvía el rostro y cierra los ojos.

   -Eres tan hermoso, Dean Winchester… -parece culparle, y Dean se sonroja.

   Con lentitud el ángel se desprende de la ajustada franela, mostrando su torso extrañamente pálido, esbelto. Y Dean jadea con ganas de tocarlo, de recorrerlo con sus manos y morder esas tetillas marrones. Sin quitarle los ojos de encima, sonriendo como sabiéndolo, Castiel abre su pantalón, mete una mano y poco después una verga blanca rojiza, surcada de venas, y muy erecta, se bambolea en el aire.

   El mayor de los Winchester gruñe ruidosamente, mirándola como hipnotizado, deseando tocarla como nunca antes ha deseado algo. Una gota de líquido pre-eyacular se sostiene y luego cae, espesa, sobre su ombligo. Y Dean traga saliva.

   -Cass…

   -Shhhh, Dean. No es necesario que te mortifiques diciendo nada. Luego, cuando entiendas tu lugar, podrás pedírmelo directamente. Sé que lo deseas. –se medio tiende y la roja cabeza se frota del abdomen del cazador, erizándole la piel, casi deseando alzarse para lograr un mayor contacto.- Lo sé. Deseas ser poseído por mí. –le sonríe torvo, y esa mueca es extraña a los ojos del rubio.- Y lo serás. Te llenaré de mí. –se tiende más y la verga se frota de adelante atrás sobre Dean, quien cierra los ojos deseando ocultar su deseo.

   El cazador no quiere eso (¡en verdad!), pero su cuerpo parece tener su propio parecer. Y el joven lo sabe. Siempre se ha dejado llevar por su deseo, por el placer carnal del sexo, pero esto… Se muerde el labio inferior sin notar lo increíblemente erótico del gesto, uno que Castiel observa fascinado, alzándose un poco sobre el otro, terminando el contacto verga-abdomen, cayendo a su lado mientras mete sus dedos por la cintura del boxer, temblando al sentir el calor de la suave y dorada piel del cazador. Lentamente comienza a bajarlo, acariciando con sus dedos la curva de la nalga y luego la cara posterior del muslo. Los pelos castaños, la verga erecta, rojiza, dura y babeante de Dean se dejan ver. Para el cazador es una dulce tortura esa mano que le acaricia rumbo a sus pies mientras la suave tela baja. Castiel se detiene un segundo para recrearse en la esplendida desnudez del cazador, en mirar sus ojos confusos, turbados y llenos de lujuria. Sin dejar de mirarle, el ángel levanta una mano, acariciando los labios del cazador, quien traga saliva deseando abrirlos, y con timidez lo hace.

   -Lámelos, Dean, déjalos cubiertos de saliva… será tu lubricante… -ordena inexorable.

   Y Dean, jadeando, los mordisquea, lame y ensaliva, perdido de caliente como está, deseando ser poseído ya por Castiel.

……

   Bobby bufa frustrado cuando falla el complicado aparato parecido a un astrolabio, el mismo que una noche, tiempo atrás, usaron para localizar e intentar matar a Lilith para salvar a Dean de ir al Infierno. El aparato no se mueve. No indica nada. Pero si su frustración es grande, no necesita mirar a Sam para entender que la suya es mayor, con tan sólo oírle soltar una sarta de maldiciones mientras apaga el fuego.

   El menor de los Winchester jugaba con fuego. Y no sólo en sentido literal. Había intentado reproducir un hechizo aprendido a Ruby, quemando un mapa, para intentar localizar a Dean. Y si eso no le gustaba al hombre más viejo, menos le agradaba el que el menor hubiera retirado todas las protecciones contra ángeles y demonios. No había renunciado Sam a la idea de invocar a Crowley, y todavía tenía esperanza de que los ángeles regresaran.

   -Sam…

   -¡Esto no funciona! –grita el joven, llevándose las manos a la cabeza.- ¿Cómo vamos a encontrar a Dean?

   -¿Aún no sabes dónde está? –oye una fría voz de mujer. Los dos cazadores se vuelven rápidamente para encarar a la mujer ángel de cabellos negros y en coleta.

   -Por eso les llamé. –gruñe el cazador más joven.

   -No hemos podido encontrarle. Castiel le oculta con magia muy poderosa. Él mismo ha desaparecido del radar. –la voz masculina les hace volverse a la derecha, donde el ángel negro de rostro afilado, les mira con incomodidad.

   -¿Aún de ustedes? –a Bobby le sorprende mucho escuchar aquello.

   -Especialmente. –dice una tercera voz, un ángel calvo de rostro carnoso. A sus espaldas. Bobby y Sam se sobresaltan y se miran, inquietos.- Sabe la importancia del Winchester.

   -No entiendo, ¿de qué hablan? –gruñe Sam. Bobby frunce el ceño, intuyendo algo.

   -Castiel lo quiere para sí. Es su mascota. Siempre lo fue. Y ahora se divierte castigándole por su rebeldía. –una cuarta voz, la de una pelirroja extrañamente parecida a Anna, les hace volverse nuevamente. Están rodeado por los cuatro puntos cardinales.- Dean Winchester siempre fue valioso para él. Por su misión. Por él se rebeló contra el Cielo y nos enfrentó a nosotros, sus hermanos. Siempre ha estado al lado y de lado del humano, por encima de todas las cosas. Y ahora que es el nuevo dios… -lo dice con disgusto velado.- …Se le ha convertido en obsesión. Si llegamos a ponerle las manos encima al cazador…

   -Castiel tendrá que oír lo que tenemos que decir. –termina el calvo. Y ahora si que Sam y Bobby se alarman.

   -¿Lo usarán como moneda de trueque? Pero de nada vale hablarlo. No saben dónde están. –se impacienta Sam.

   -Con la magia adecuada podemos sentirle, a Castiel, cuando comience su viaje a este lugar. Así sabremos dónde deja al Winchester y podemos ir por él. –interviene el joven negro.

   -¿Le harán venir acá? ¿Cómo? ¿O por qué lo haría? –Bobby arruga la frente como un tornillo, adivinando la respuesta. La pelirroja le mira con cierta simpatía, alzando una mano, implacable, hacia ellos.

   -Cuando les asesinemos, de una manera tal que le resulte imposible aún a él revivirles; eso le llamará la atención y vendrá a ver qué ocurre… -y el aire parece llenarse de electricidad, mientras Sam boquea sorprendido.

CONTINUARÁ … 4

Julio César.

POSESIVO

octubre 20, 2011

 MANO AMIGA

  A mano abierta.

   -Pero compadre, ¿qué vaina le pasa? –salta Andrés cuando siente el agarrón que atrapa todo.

   -Hace tiempo que quiero una vaina. –confiesa, sobando de una manera que haría que un muerto se levantara. Y se levanta.

   -Joder, y usted es de los que va y se agarra lo que quiere. Tómelo, pues.

EL PELIGRO DE LAS ZONAS EROGENAS

Julio César.

EVA GOLILLA, QUÉ MANGUANGUA…

octubre 20, 2011

COSAS DE FE

   Una cara bien administrada.

   Eva Gollinger es… bueno, nadie sabe exactamente qué. Habrá que esperar su autobiografía para, leyéndola al contrario, enterarnos.

   Sabemos de cierto que Eva Gollinger, o Golilla (compra barato cuando no gratis y le vende caro a Chávez), reside en los Estados Unidos (¿dónde más se vive mejor?), se la pasa atacando a ese país y vive metida en el Departamento de Estado leyendo papeles públicos y vendiéndoselos al régimen venezolano como si fueran cosas clasificadas porla CIAque ella robó con ingeniosas maniobras tipo Mata Hari. Es una hábil negociadora, amante del mercado pero disfrazada de socialista, que, sostienen las malas lenguas, fue llamada por el régimen cubano para avivarle los miedos paranoides a nuestro Presidente y dejarle en manos del peligroso G-2 antillano.

   Hace poco fue vista la mujer en las manifestaciones de los indignados norteamericanos frente al corazón del Imperio, los “Occupy Wall Street”. Como saben, molestos con la situación económica que a todos alcanza, un grupo bastante representativos de norteamericanos han salido a protestar contra las medidas gubernamentales, de demócratas y republicanos, de apuntalar la economía favoreciendo a los grandes grupos de poder. La manera en la que fueron auxiliados bancos y banqueros que especularon con los depósitos del público (y a quienes ni se pudo obligar a renunciar a sus bonos), fue algo que caló muy hondo en el corazón del hombre y la mujer común, la gente decente que trabaja sin pedir o aguardar por ayudas, pero esperando, al menos, no ser traicionados y robados por los bancos en quienes confiaban. O su gobierno.

   Lamentablemente la crisis era inevitable y estaba cantada; por muchos Nobels en Economía que ganen los norteamericanos, desde los noventa viven montados en una burbuja virtual. Construir viviendas, sembrar campos o criar ganado, amen de fabricar autos, pilares reales de una economía sólida, fue dejado de lado por el espejismo de la bolsa y de las compañías de informática y comunicaciones. Acciones de Yahoo son más caras que las de cualquier constructora de viviendas por muy eficiente que sea, aunque una produzca un bien concreto y la otra sombras en el éter (oh, vanidad, qué humana eres). Por ese cause, la futilidad, se fueron gobiernos, partidos políticos y norteamericanos comunes. El resultado no podía ser otro. Ni sorprender.

   Pero volviendo al punto, este grupo de gente que protesta y que hace recordar a los indignados en Europa y en buena medida a los jóvenes y profesionales que se lanzaron a las calles en África del Norte para cambiar las cosas, han sido señalado como radicales de izquierda aunque han sumado muchos apoyos medios, incluso del partido demócrata que desea disfrazarse de “ingenuo y que desconocía lo que ocurría”. Siempre me han parecido los demócratas peores que los republicanos. En el caso de China, negociar como sea y lo que sea a pesar de la violación de los derechos humanos, fue algo que los republicanos aceptaron tranquilos, los demócratas también… pero luego atacaron a Colombia por “violar” derechos humanos. Son de una hipocresía que resulta desagradable. Y barata. Aún así, imagino, hacen la lucha para ver si engañan a los indignados de allá. Suerte.

   Pues bien, en tales protestas se ha comentado la presencia de la inefable señora Eva Gollinger, mujer que no se mueve si no hay un cheque o depósito de por medio. Lo que en sí, que esté allí, no debería extrañar dadas sus simpatías con la izquierda (¿o son los únicos que, por ahora, han cancelado sus honorarios?), y su ciudadanía norteamericana. Si algo está mal, si algo le parece erróneo e inaceptable, ella está en todo su derecho de salir, reunirse con otros que piensen igual, y gritarlo a los cuatro vientos… El problema viene cuando se hace aquí, en Venezuela, que la gente grita contra una serie de imposiciones y confiscación de libertades, y ella desde una tribuna servida por el régimen grita acusando de conspiradores, de apátridas y de grupos controlados porla CIAa esos que se lanzan a las calles, como lo hizo la última vez que vino y todo el Gobierno se reunió en el Salón de los Espejos para escuchar los disparates sin sentido de la doñita, bien ofensivos para un sector del país, denunciando las “maniobras del imperio contra Hugo Chávez”. Protestar por allá, de algo que a ella no le gusta, está bien. Si se hace aquí, contra la gente que la trae y le cancela sus honorarios, es una cobarde conjura de sectores republicanos.

   Y eso que, hay que reconocer aunque a muchos les duela, allá se puede manifestar y decir lo que se quiera sin que las autoridades te detengan, un fiscal te invente cargos y un juez te sentencie por una orden transmitida por televisión, como ocurre aquí con la prensa independiente. Ella muestra su cara, segura de que nadie gritará que han infiltrado las manifestaciones con narco dólares provenientes de estados narco terroristas para dañar a Norteamérica. Ni la han acusado de agente de interese apátridas y bastardo. O que todo el movimiento de los indignados, dada su presencia y el quienes le pagan, no es más que una mampara de idiotas utilizados por “el socialismo del siglo XXI”. Es lo bueno de vivir en el Imperio, ¿verdad, señora Golilla? Puede satanizar a otros en otras partes, por dinero, mientras se le deja hacer lo que desea donde vive. Garantizado por instituciones y poderes independientes.

   Es por cosas así que la izquierda, y los mercenarios a su cargo, resultan tan despreciables. Y tan fáciles de señalar.

LA CAUTELA ISRAELÍ

Julio César.

TARDES EN LAS DUCHAS ESCOLARES

octubre 20, 2011

LA PEREZA…

   A los muchachos, después de los ejercicios, siempre les daba como flojera tan sólo bañarse…

LA VIDA EN LA UNIVERSIDAD 

Julio César.

JUAN CARLOS ALEMAN CRITICA, FERNANDO SOTO ROJAS NO HALLA A QUIEN ECHARLE LA CULPA Y JOSE VICENTE RANGEL HABLA DE LOS MISERABLES

octubre 18, 2011

QUÉ MANÍA DE DECIR DISPARATES

   Otra vez de espalda… cómo les gusta.

   Hay gente que debería quedarse callada, pero no, ven una cámara de Venezolana de Televisión y comienzan a delirar sobre el Chimborazo. También babean. Hace poco, en una escuela bolivariana, enfrentando a quienes criticaban el desastre en la dotación de alimentos en las escuelas, en lugar de explicar qué pasaba o cuándo lo corregirían, el diputado Juan Carlos Alemán se fue por una de revolucionario, es decir darle vueltas al asunto para ver si mareaba, lanzándose con un: “Antes le daban arroz diluido a los niños”. Pues bien, esa vaina como que resultaba, si nos guiamos por lo gordote y jamao que se ve el diputado alimentado con eso cuando muchacho, a diferencia de los niños indígenas que murieron de hambre en el estado Bolívar con esa vaina que da ahora el gobierno revolucionario. Qué lastima lo de esos niños, que no se les diera ese arroz diluido que puso como un toro al diputado Alemán. Lo de toro lo digo por la figura, ¿okay?, no por el intelecto.

   Hace poco el presidente dela AsambleaNacional, coautor del despelote gubernamental, el diputado Fernando Soto Rojas, intentando desviar la responsabilidad del Gobierno en una de sus muchas tortas con velas y todo, aseguro: “Hay que atacar el sistema monetario internacional porque es la esencia de la inflación”. Hasta el momento de ese irresponsable disparate creí que la política económica de Venezuela la dictaba ese anciano senil que se leyó un libro, uno sólo, hace ochenta años y que persiste en el error de ponerlo en práctica, me refiero a Jorge Giordani. El hombre, contra viento y marea, a pesar de que todos los economistas de este país le dijeron que su plan era la locura delirante de un demente, se empeñó en implementar la misma receta que se usó hace setenta años tras el Telón de Acero y en la isla cubana. Ahora, con este desastre, el país endeudado, las arcas vacías y el Gobierno rematando activos, al diputado Soto Rojas no se le ocurre nada mejor que echarles la culpa a los demás. Tal vea de haber enviado al señor Giordani a un ancianato y oído al sistema monetario internacional… pero no pensemos en eso o nos ponemos a llorar. Pero ahí está el detalle, al diputado Soto Rojas se le nota lo revolucionario de izquierda que es… pura pérdida. Aunque… hay que disculparle. También él sólo ha leído ese libro, uno que Marx escribió mientras un compadre, capitalista, le mantenía, a él y a la familia. La falta de vergüenza de los socialistas es una maña que viene de lejos.

   En su programa de televisión, José Vicente Rangel, con su nombre verdadero y no el seudónimo Marciano, con el que ataca desde el diario VEA (pobre, cree que nadie sabe que es él), dijo: “Algunos sectores de la oposición han desatado su miseria interior a raíz de la enfermedad de Chávez”. No sé, él cómo que pensaba que a la gente iba a dolerle o algo así, sobre todo después de que vimos el circo armado a raíz de la enfermedad de la juez Afiuni, o cuando, muertos de risa le negaban a los comisarios la atención médica, o de las grotescas burlas de todo el Gobierno con el martirio y muerte del señor Franklin Brito. De verdad esta gente como que no sabe que quien a hierro mata no puede esperar sombrerazos. Tal vez no lo sepan, han resultado tan ignorantes en todo (a excepción de sacar sus cuentas y que algo les quede en las pezuñas), que uno hasta tentado está a creer que en verdad, después de tanto dolor, odio y resentimiento que han sembrado, esperaban recibir amooorrr.

GOBIERNO Y PUNTOFIJISMO

Julio César.