Archive for 31 diciembre 2011

PRIMERO DE ENERO… AL SOL

diciembre 31, 2011

 …AL SOL

   Ya conocen la tradición: después de recibir el año nuevo hay que correr a la playa. Para espantar la pava, sudar la rasca, tomar nuevas cervecitas calmando el ratón y… alegrarse la vista, ¿o no?

   -Siempre les digo a los chicos de la fragata que vamos a llevar sol después de la cañandonga de las fiestas, y siempre parezco más borracho de lo que estoy. Y les encanta… me caen encima y me hacen de todo.

   -¡Ja ja ja! Yerno, usted si es pendejo, siempre pendiente de mi culo. ¿Lo quiere?, venga por él, tóquelo, sóbelo, meta la mano y lo que quiera… ¡Ja ja ja! –y el yerno caliente le tomó la palabra al borrachito ese.

   Ese juego de montársele al mejor amigo al calor del licor, pegarle las bolas de la nuca, frotar y empujar hasta que uno está duro y el otro caliente y mojado, siempre termina bien. Bien metido por el culo.

OCTAVITA DE CARNAVAL… AL SOL

Julio César.

NOTA: Todas las imágenes han sido tomadas de portales gratuitos; me aseguran que estás también (no las encontré yo). Me dicen, y cuesta creer que la gente sea tan… osada, que muchas están en Facebook. Qué nadie se moleste, por favor. Aunque con esas pintas… seguro que esos carajos se divierten bastante, ¿no?

LA MASCOTA DEL EQUIPO… 8

diciembre 31, 2011

MASCOTA DEL EQUIPO                         … 7

   La siguiente historia cae de maravilla en el renglón de Relatos de Malditos. De hecho me molesta; un joven inocente y lleno de sueños termina atrapado en una pesadilla de uso y abusos, por culpa de una pila de vagabundos. Pero me lo envía un amigo de la casa, Leroy, comprometiéndose él a medio traducirlo (y parece haberlo olvidado). Este relato NO ES MÍO, ni de Leroy, quien lo medio traducía, de manera críptica. Me ha tocado redondearlo un poco. Disfrútenlo… a pesar de todo:

……

De: Chuck <chucksholes@yahoo.com>

Asunto: Dep.  (PROFUNDO)

   Lo miran con lujuria…

……

   -Creo que para todos quedó muy claro que no les ha gustado mi elección del nuevo miembro del equipo. –asintió con la cabeza cuando varios jugadores dieron su conformidad.- Pero aquí el único que manda soy yo. Soy el entrenador. Aceptan lo que diga o pueden abandonar el equipo. La decisión es de ustedes. ¿Les quedó claro?

   Danny no lo podía creer. El entrenador había salido en su defensa. Tal vez todo sí iba a salir bien.

   -En cuanto a Profundo, lo elegí por muy buenas razones. Es un jugador decente y bien puede servirles de práctica en la cancha. Sé que muchos no quieren al chico blanco en el equipo, y yo mismo rechacé la idea en el primer momento. Entonces le lancé una mirada más de cerca al asunto y decidí que este muchacho bien puede ser una adquisición útil. Profundo, ven acá.

   Danny se acerca al entrenador rebosante de orgullo y gratitud al saber que el hombre se preocupa por él. Si, todo estaría bien.

   -Desnúdate, muchacho. –le ordena con sequedad.

   Su corazón deja de latir.

   -Entrenador… señor… ¡No! –no puede creer que el entrenador le pueda hacer eso frente a todo el equipo.

   -Si quieres ser parte de este equipo, harás lo que te digo. No deseas decepcionar a tu papá, ¿verdad? Bien, ahora hazlo o márchate.

   Las lágrimas comienzan a correr por las mejillas del chico blanco mientras recorre con la mirada los rostros sorprendidos y extrañados de los otros muchachos del equipo, quienes no comprenden qué ocurre.

   -¡AHORA!

   Y Danny comienza a quitarse las ropas, hipando. Una vez desnudo, enrojecido de vergüenza y con la mirada baja, espera lo que sabe está a punto de llegar.

   -Sabes lo que tienes qué hacer.

   Danny hipa con más fuerza y cierra los ojos cuando cae de rodillas frente al entrenador. Cuando sus manos temblorosas van a la cremallera del pantaloncillo, puede escuchar las exclamaciones de asombro de los chicos negros, sintiendo que se muere por dentro. Saca la cada vez más endurecida verga negra del hombre y alza la vista, suplicante, hacía él. Pero este, sereno, se limita a asentir. Y a Danny se le cierran las últimas puertas. Sabe, como lo sabe el cruel hombre, que si desea permanecer en el equipo tendrá que hacer eso.

   -Vamos, Profundo, demuéstrale a tus compañeros para qué sirves en realidad. –es cruel.

   Sin dejar de llorar, Danny abre la boca y atrapa la enorme y negra cabeza de esa verga, chupándola…

   Todo el vestuario quedó en silencio. El equipo no podía creer lo que estaba sucediendo.

   Cuando Danny logra tragar más de esa verga negra, sus rojos labios dilatados al máximo, el entrenador, sonriente, mira al resto de los muchachos.

   -Miren, chicos, tener a un niño blanco en el equipo puede tener sus ventajas. Aquí tenemos un culito sedoso y apretado deseoso de vergas para ser usado después de las prácticas; y cuando tengamos que viajar lejos para jugar en otros institutos, este muchacho hará la travesía mucho más divertida.

   El equipo rugió su aprobación mientras se acercaban más, rodeándoles, para obtener una mejor visión del chico blanco que tragaba la enorme verga negra del entrenador, quien comienza un leve mete y saca de entre esos labios rojos. Era casi increíble que semejante mole nervuda y gruesa pudiera entrar, pero lo hacía, para salir luego brillante de saliva. La saliva de Profundo cuando la chupaba.

   -Vamos, Profundo, no seas tímido, muéstrale al equipo todo lo que puedes hacer. –dice el cruel hombre mirando al dulce chico a los ojos, sonriéndole torvo, inclinándose y atrapándole un mechón de rubios cabellos, halándole y empujando la verga hasta el fondo de su garganta, mientras el chico blanco continúa sorbiendo de manera ruidosa.

   Una vez que la tiene toda metida dentro de Danny, sosteniéndole allí aunque el chico gime por falta de aire, la retira un poco y comienza el pistoneo de toda su larga y gruesa barra negra dentro y fuera de la joven boca, mientras los muchachos del equipo le animan ruidosamente.

   Danny, arrodillado allí, tomaba todo lo que el entrenador tenía para darle, pegando su nariz del pubis velludo del hombre, sin ofrecer resistencia, no se reconocía. La confusión reinaba en su mente. No sabía si sentía más miedo o vergüenza. Pero cuando el entrenador le entierra toda su verga en la boca, cerrándole la garganta, con las bolas aplastadas contra su barbilla, el chico comienza a olvidarse de todo, de dónde está o qué hace, relajándose. Y mientras el güevo va y viene otra vez, empieza a disfrutar de la sensación del enorme tolete cruzando entre sus labios y sobre su lengua, alojándose en su estrecha garganta que lo halaba.

   Cuando el líquido pre-eyacular moja su lengua, un sabor acre y masculino, su pequeño tolete endurece como una roca. Sabe que todo eso está mal, pero también sabe que quiere más y ahueca sus mejillas chupando, buscando más de ese jugo de hombre. Estremeciéndose, las tetillas ardiéndole y el tolete babeándola también, entiende que desea que el entrenador dispare su carga de semen caliente y espeso en su boca. Quiere saborear la esperma de ese hombre negro y viril de nuevo. Y saberlo le hace gemir y chupar con más fuerza. Quiere tragarse toda esa leche ya, y joven como es, es entusiasta e impaciente.

   Cuando el entrenador siente que se acerca al clímax (¿y cómo no con ese bonito putito dándole semejante mamada frente al resto del equipo de básquet?), el hombre atrapa nuevamente un puñado de cabellos de oro del muchacho y lo retira unos centímetros de su verga temblorosa mojada de saliva y líquidos pre-eyaculares que manan lentamente. Danny gime con frustración y se lanza hacia delante, tratando de atraparla nuevamente con su joven y ávida boca, deseando otra vez esos líquidos que manan de la amoratada cabezota sobre su lengua. No lo pensó, tan sólo fue el hábito creado en el chico por su hombre cuando este le acostumbra a cogerle la boca. Los aullidos y pitas de sus nuevos compañeros riéndose de él mientras trata de atrapar nuevamente la verga erecta del entrenador, le traen a la realidad.

   -Ahora si sabes cómo chupar una verga, ¿no es así, muchacho blanco? –le pregunta cruel, el entrenador, reteniéndole por el cabello mientras su verga se bambolea en el aire a centímetros de la roja boca.

   Hay más risas de parte de los muchachos y la vergüenza le abruma, paralizándole.

   Gruñendo, el entrenador tira de su cabello hacia arriba, obligándole a ponerse de pie y girarse, dándole la espalda, halándole posesivo, pegándole a su musculoso y transpirado torso. Con un brazo alrededor de su cintura le aprieta más, para que sienta su piel caliente, la dureza de su verga contra sus carnes, al tiempo que lleva sus gruesos labios  a una oreja del muchacho.

   -¿Estás de acuerdo en mostrarle a los muchachos cómo fue que conseguiste tu nuevo nombre, Profundo?

   Entre el fuerte abrazo contra el poderoso macho dominante, el aliento caliente cayendo sobre su oreja susurrándole tamaña suciedad y la sensación que provoca la enorme cabeza negra de ese güevo, mojado con su propia saliva, penetrando entre las mejillas firmes de su culo, la vergüenza de Danny se evapora. O sería mejor decir que enloquece de lujuria. ¡Quiere! El desea que ese macho lo domine, coja y humille delante de todos. Que le llene el culo de güevo y luego de semen. Lo necesita.

   Sus rodillas comienzan a ceder, inestable, bajo el peso del deseo que tiene de sentir la gran verga negra penetrándole, cogiéndole con fuerza, estirando al máximo las paredes estrechas de su rojo culo. Únicamente el que el entrenador le tuviera retenido por la cintura evitó que cayera de rodillas. De hecho el hombre estaba sosteniendo casi alzado del piso. Y allí podía sentir claramente en empuje de la verga del entrenador contra los labios de su culo palpitante y urgido. Tan sólo bastaba un pequeño empuje del robusto hombre y el glande amoratado se abriría camino en sus ardientes entrañas.

   -Lo quieres, ¿verdad, pequeño puto? Deseas que te penetre otra vez, ¿no es así, Profundo? Tu culo está pidiendo a gritos mi enorme verga para sentirse bien. –continúa susurrando el hombre contra su oreja. Moviendo sus caderas suavemente de adelante atrás, apretando más y más la cabeza de su tolete contra el apretado esfínter del chico blanco.

   -¡Siiii! –jadea Danny, incapaz de controlarse.

   -Muy bien, muchacho, voy a darte lo que tanto te urge; la atención que todo putito como tú necesita de los verdaderos hombres. Sólo tienes que abrir los ojos y decirle a tus compañeros de equipo que deseas que penetre tu pequeño y bonito culo blanco con mi enorme verga negra.

   Danny abre los ojos que no recordaba haber cerrado, encontrándose a casi todo el equipo reunidos alrededor de ellos, los güevos totalmente erectos por la caliente escena del chico blanco sometido al semental de ébano, la lujuria brillando en sus miradas, todas centradas en él. Todas esas enormes vergas negras goteando líquidos pre-eyaculares que pedían ser bebidos a su alrededor. El entrenador comienza a mecer sus caderas de manera circular, frotando totalmente la enorme cabeza de su verga contra su culo.

   -Vamos, pequeña puta. Dilo y lo tendrás…

   Y Danny pierde el control.

   -Oh, si, Entrenador. Quiero su enorme verga en mi culo y que me coja como a una perra. –grita, jadeando, rojo de cara, alzando y echando sus piernas hacia atrás, rodeándole los muslos al hombre a sus espaldas, empujando su culo ávido contra la palpitante verga, clavándosela él mismo casi hasta la mitad, mientras gruñe ronco, atrapándola y halándola.

   La maniobra sorprende al entrenador, quien afloja un tanto el agarre sobre su cuerpo, permitiéndole al chico echar sus brazos atrás, rodeándole la nuca, y empujándose todavía más, metiéndose palmo a palmo el negro, nervudo y erecto tolete en sus entrañas. El hombre tiembla y deja salir un gruñido de placer cuando ese culo le aprieta sabroso, sensación que se intensifica cuando el rubio muchacho se estremece de lujuria y ganas, casi arrancándole la verga con sus haladas.

   -Dios, mira cómo le gusta… -oye una voz maravillada.

   -¡Qué puta es! –ríe otra.

   -Se ve que esa perra lo necesita… -se burla un tercero.

   Voces todas que se oyen excitadas, lujuriosas… Chicos de vergas grandes y duras esperando sus turnos.

   Tragando saliva con esfuerzo, las piernas bien asentadas en el piso, sosteniendo en peso al muchacho, el entrenador recupera el control reteniéndole nuevamente por el torso y, echando sus caderas de adelante atrás con rudeza, le hace rebotar una y otra vez contra su pubis, sobre su verga tiesa, clavándola bien adentro y sacándola con rapidez del dulce culo del apasionado niño blanco, el cual casi parecía chupársela con ese agujero deseoso. Joder, estaba sorprendido. Ese hombre recio y experimentado nunca había sentido nada igual. El chico era un diamante en bruto que iba puliéndose… Es decir, toda una puta en potencia.

   Tropezando hacia el banco más cercano, el entrenador casi cae de culo mientras Danny grita lujurioso, el movimiento estaba matándole de gusto por dentro. El jadeante hombre se prepara, estira hacia delante sus piernas y echando el torso hacia atrás, lleva sus manos al banco y se afianza, con Danny a hojarascas sobre su regazo, profundamente empalado su dulce y rojo culo de la dura y gruesa barra negra, dándole aún la espalda.

   -Bien, mi niño, date la vuelta y actúa. Es hora de demostrarle a tus compañeros porqué te llamas Profundo. Y si lo haces bien… -le sonríe siniestro, mirándole ahora que se levanta librándose de su verga, dando la vuelta, listo para subirse nuevamente.- …Estoy seguro que serás bien saciado. Harás que todos y cada uno de estos chicos desee meter su tranca en lo más profundo de tu culo. Te gusta la idea, ¿verdad? Ser sometido y usados por todos como la puta caliente que eres. Oh, si, vas a disfrutarlo tanto, Profundo, que terminarás llorando y dándome las gracias por mostrarte el camino. Tu camino… el ser la puta de todos los hombres de vergas grandes. Hazlo. Sube y demuéstrales lo que les harás con tu culo. Haz que te deseen más. Anda, mi pequeña puta blanca… sabes que lo quieres. Tómalo. –ordena burlón, la verga temblorosa.

   Todos mirándole, esperando con avidez a que terminara de revelarse como la perra que sospechaban. El lugar que de ahora en adelante ocuparía en el equipo y en el mundo.

CONTINÚA … 9

Julio César.

NOTA: Un amigo desea que pregunte si algún treitón llegando a la cuarentena, de nalgas velludas y muy peludo de cuerpo está interesado en ser nalgueado en sus piernas hasta llorar. Jura que es bueno en lo que hace y les hará pedir por más y que terminarán bien… mojados de emoción. Dice él.

CASS VS DEAN… 5

diciembre 30, 2011

CASS VS DEAN                         … 4

   En esta historia que NO ES MÍA, Castiel ha decidido “castigar” a Dean por oponérsele en su lucha contra Rafael. Y lo hace, pero las cosas no le salen tan bien. ¿Que por qué me gusta el relato? Dean, despertando pasiones como siempre, es sometido, pero no es un juguete sin voluntad. También él hará sufrir a Castiel.

……

Titulo: The penitente’s Mark

Autor: yeya-wc

Tema: Dean/Cass

Estado: en proceso

Resumen: Castiel castigará a Dean por oponérsele, y este sabrá porqué lleva su marca.

   -¿Qué buscaban? –exige saber, ojos iridiscentes, Castiel.

   Se le ve molesto ahora. ¿Cómo se atrevían los ángeles a contravenir sus órdenes? El más joven de los Winchester y el viejo cazador debían ser respetados. Por ahora. La desobediencia le irrita de forma terrible (era eso lo que más le molestó, claro, no el tener que dejar a su amante saciado que le suplicaba que no se fuera). Y esa irritación los otros la intuyen por el sordo rumor que parece llegar del fondo de la tierra.

   -¿Dónde está mi hermano? ¿Qué le estás haciendo? –Sam demanda, irreflexivo, acercándose al poderoso ser. Está intimidado, Castiel era la cosa más poderosa a la que se habían enfrentado jamás, pero no podía dejar pasar la oportunidad de saber.

   -Está… bien. –es la fría réplica, como si le costara decirlo. Y un leve parpadeo de sus ojos azules intriga a Bobby.

  -No fue eso lo que pregunté. ¿Dónde está? Quiero verlo. ¡Regrésalo! –exige.

   Sam grita, más sorprendido que adolorido, cuando algo le alza del suelo, una mano invisible alrededor de su cuello que le retiene contra la pared. Bobby se angustia, todo su ser le grita que debe tener cuidado, que no hay nada que pueda hacer contra ese ser, pero el impulso de proteger a uno de sus muchachos gana y toma un viejo rifle, que sale disparado de sus brazos poco antes de que él mismo lo haga, volando de espalda, golpeándose contra una pared y cayendo sin sentido.

   Castiel no le miró en ningún momento.

   -¡Bobby! –se alarma Sam, ahogado, pero aún así arreglándoselas para verse intimidado, preocupado y cabreado.- Hijo de puta, ¡detente! –y gruñe cuando esa mano cierra más. Castiel parece flotar, elevándose a su nivel.

   -Vives porque lo deseo, Samuel. Cuando deje de soportarte, morirás. -amenaza, frío como el hielo.

   -¿Dónde está mi hermano? –repite la pregunta entre dientes, mientras le estudia fijamente, todo ceñudo.

   -Está pagando sus culpas. –es la leve respuesta, algo petulante, lo justamente ambigua para angustiar al menor de los Winchester. Bien, ese sería parte de su castigo. También él se le había enfrentado.

   -Mientes… -susurra suavemente Sam, ronco y cabreado.- No le has hecho daño, lo sé. No puedes lastimarle. No físicamente al menos. No puedes… ¡porque tú siempre lo has querido para ti! –le acusa con mala leche.

   Por un segundo Castiel queda desconcertado, sorprendido por la dura y acusadora declaración del menor de los Winchester. Cosa ridícula, joder, ¡él era dios! Es el mismo segundo durante el cual Bobby cierra los ojos y bota aire exasperado, esperando los rayos y truenos que habrán de terminar con ellos. Esos malditos Winchester iban a acabar con él.

   -No sabes de lo que hablas, Samuel Winchester. –la voz es rasposa, oscura. Peligrosa.

   -¡Lo sé bien! –se lanza Sam, sin medir el riesgo.- He sido testigo de la manera en la que siempre le has buscado, con tu mirada de cachorrito suplicante; sé cuánto anhelabas una sonrisa de Dean, de aprobación, un “qué bien lo has hecho, Cass; me has complacido, Cass”. Sé cuánto has deseado palmaditas en la espalda como recompensar por servirle. –deja salir con rabia.- Siempre lo has deseado para ti, no me mientas ni te engañes. Pero te tengo una noticia, “nuevo dios”… Dean Winchester jamás se rendirá ante ti. No de corazón. Claro, a menos que le somatas a las torturas que padeció en el Infierno a manos de Alastair, pero no te atreverías, ¿verdad? Lacerar sus carnes, oír sus gritos, ver su llanto. –le reta.

   Castiel, ojos centelleantes, se le acerca un poco. Lleno de furor, pero luego este desaparece de su azulada mirada. Casi parece sonreír y Bobby se prepara para la tormenta.

   -¿Lo percibes, Samuel? ¿Sientes el olor de tu hermano en mí? –expone lentamente, alzando las manos y olfateándolas.- Su olor está por todo mi cuerpo. –le mira por entre sus dedos.- ¿Quieres saber cómo llegó a mis manos? ¿O lo que realmente deseas es saber cómo se siente? –le reta ahora, y Sam traga con fuerza, desconcertado, mientras Bobby, pensando que está demasiado viejo para eso, desea encontrarse a muchos kilómetros de allí.- Es como a vainilla o chocolate, Samuel. Su olor es como un café fuerte. Es áspero y duro, pero también fresco. Huele a pinos y a tierra mojada por la lluvia, todo pureza. A tardes soleadas, como a ropas recién planchadas, un aroma a limpieza. –se le acerca, casi sonriendo.- Ocultar la nariz en su cabello y oler es… -cierra los ojos por un segundo, como disfrutando de un poderoso y maravilloso recuerdo.- Es tan intenso, Samuel, que no puedes resistirte a tocarle. Sus manos son ásperas y callosas, su cuerpo estaba cubierta de cicatrices, unas que borré hace poco, y sin embargo su piel es suave y tibia al tacto. Como la seda. Su piel se estremece y arde cuando la recorres. Y se tensa y arquea buscando esas caricias y no hay manera de detenerse, Samuel, porque nunca tienes suficiente. Y hay que lamerla, Samuel. Y morderla. Y a Dean le gusta.

   -¡Oh, mierda! –gruñe Bobby, totalmente avergonzado. Dean mataría a Castiel en cuanto se enterara de que…

   -¡Mientes! –ladra Sam entre dientes, viéndolo todo rojo. Castiel sonríe leve, flotando, acercándosele, casi nariz con nariz.

   -Compruébalo. Es su olor en mi piel. -extiende las manos y Sam desvía el rostro.- No debes sentirte mal, Samuel. Él no podía ser para ti. Nunca. Eres su hermano. –acusa, divertido de la mueca escandalizada del menor, de sus mejillas terriblemente rojas.- Ahora es mío, Samuel. Dean Winchester me pertenece. Y él desea estar a mi lado.

   -Sucio mentiroso. –estalla Sam, incapaz de controlarse a pesar de la evidente, y peligrosa, ira del ángel ascendido a deidad.- Le controlas de alguna manera sobrenatural, y puede que logres manejarlo por momentos, pero bien sabes que Dean no lo aceptará jamás. No sin luchar. Puedes… -y odia decirlo o pensarlo.- …Derrotarle ahora, pero él se levantará. Y te dará tu merecido.

   -Él está conmigo porque es su lugar. Soy su dueño.

   -¡Él no te pertenece! –grita.- Y si, te combatirá, y te odiará cuando entienda lo que le has hecho. –sonríe entre dientes.- Dime, Castiel, ¿estás listo para recibir su odio cuando compruebe tus actos? ¿Estás preparado para su desprecio cuando entienda cabalmente lo que le has hecho?

   -Tú no entiendes… -se exaspera.

   -Oh, si, entiendo. Lo deseabas y ahora le controlas con tu poder. Como antes lo intentó Alastair. Y Lilith. Y Crowley. Para Dean eres tan sólo otra malvada criatura sobrenatural, una horrible entidad a la que jamás perdonará porque un día te apreció y confió en ti y tú le traicionaste. ¡AHHH! –grita de sorpresa.

   Fuera lo que fuera que le sostenía adherido a la pared, cesa, y Sam cae con violencia, mientras un terriblemente ceñudo Castiel se eleva más.

   -No interfieras nuevamente, Samuel Winchester… O te destruiré.

   Y simplemente desaparece, mientras Sam, de culo en el piso, se agarra el adolorido tobillo izquierdo. Bobby va a su lado.

   -¿Estás bien? –y se miran, Sam enrojece un poco.

   -Bobby, lo que dijo Cass…

   -No, joder, no quiero hablar de eso jamás. ¿Cómo está tu tobillo?

   -Creo que hay una luxación. –se pone de pie con una mueca.

   -Pues date por bien servido. Castiel pudo haberte convertido en polvo si lo hubiera querido. –reprende el anciano. Sam frunce el ceño y aprieta las mandíbulas, viéndose, en opinión de Bobby, tan terco como una mula.

   -¡Ese hijo de puta! Sabía que no me mataría. –mastica las palabras.- Le daría miedo que Dean lo supiera.

   -Pero si ellos… -enrojece y balbucea.- …Si ellos ya…. Ya sabes, su olor y toda esa mierda, es porque Dean ya está en su poder. Y no hablo sólo de su cuerpo.

   -Lo conoces, Bobby. Y Cass también. Dean, en algún instante, volverá en sí y en ese momento ese ángel roñoso no querrá que sepa algunas cosas. Cómo el que mató a su hermano. –con una mueca da un paso.- Pero, ¿qué hacer ahora?

   -¿Hacer? Ya no se puede hacer nada. Joder, Sam, ni ángeles ni demonios pueden ayudarnos, ¿qué más deseas intentar?

   -Bobby… -se ve pensativo.- Una vez Castiel dijo que compartía un vinculo muy íntimo con Dean… -le cuesta no torcer el gesto de disgusto.- Me pregunto, ¿de qué hablaba? –una pequeña idea comienza a filtrarse en su mente. ¿Sería acaso…?

……

   En la mitad de segundo que le llevó dejar al menor de los Winchester (y a Bobby), e ir a todas partes buscando a los ángeles que habían estado conspirando contra Dean, y regresar finalmente con el rubio, en Castiel había aumento el disgusto. ¿Cómo se atrevía Sam a enfrentarle así? ¿A él, qué salvó a todala Creación? Y los ángeles, ¿por qué continuaban resistiéndosele? ¿Acaso no eran soldados y debían obedecer? Había sido un error explicarles lo que era la libertad y el libre albedrío. Eso se dice mientras mira por el ventanal de aquella pieza en suaves penumbras. Y se miente.

   O no es totalmente sincero. Parte de su furia viene del malestar interno que siente. Por su inseguridad. El temor. Por Dean. Si, el menor de los Winchester tenía razón, Dean jamás agacharía la cabeza de manera voluntaria. No dejaría de resistirse. De luchar. Podía someterle tocándole, despertando en su interior esa fiebre de necesidad (algo que aún no le explicaba del todo al rubio cazador), pero sabe que en cuanto desaparezca para encargarse de algunas de sus obligaciones como dios, y dejara de afectarle con su cercanía, el otro levantaría sus murallas. Sus defensas.

   La verdad es que no le extrañaría llegar y encontrar que se ha ido, escapando. Tendría que buscarle. Perseguirle, capturarle, dejar de ser tan amable y…

   El alivio casi le produce un mareo. Lo que es absurdo, joder, era el nuevo dios, piensa nuevamente intentando enojarse consigo mismo. Pero no puede. Allí está Dean. Su Dean.

   El cazador está despatarrado sobre la blanca cama revuelta, profundamente dormido, las mejillas enrojecidas, la respiración serena, los carnosos labios entre abiertos. Casi cuesta reconocerle el gesto. Parece una sonrisa de… ¿satisfacción? Está boca abajo, con la blanca sábana cubriendo muy poco. Todo en él grita que está en paz, muy cómodo en la cama donde fue tomado y amado, todavía rodeado por un fuerte olor a deseo y sexo.

   Castiel tiembla despojándose de sus ligeras ropas, sin quitarle los ojos de encima al otro, recorriendo la piel firme y pecosa, dorada. Perfecta. Inca un pie en la cama y Dean murmura algo en sueños, dándole la espalda de medio lado, todavía boca abajo, dejando al descubierto sus nalgas. Y el ángel tiene que tocarle, recorrerle todo desde el hombro al costado, la cadera y el muslo mientras hunde la nariz en su cuello, olfateando su cabello, su piel, embriagándose con su olor. Y traga con fuerza. Si, quiso lastimar a Sam, pero la verdad es que el aroma del cazador era…

   Lame, su cuello, clava los dientes suavemente en la calida piel del hombro y no contiene un jadeo de placer y deseo cuando su lengua se llena con su sabor. Pero es nada a lo que siente cuando Dean, sin despertar, ronronea como un enorme y sexy gato, echándose un tanto hacia atrás, buscando su calor, sonriendo. El ángel casi teme estar viviendo una increíble alucinación cuando el mayor de los Winchester suspira un suave, dulce y cariñoso…

   -Cass…

   ¡Dios!, piensa el ángel, casi reverente. Tomando aire, de la nuca de Dean, claro está, le toca en la frente y el cazador se relaja, casi dormido pero no del todo. Tal vez por eso sólo medio ronronea cuando aparecen súbitamente sumergidos en una enorme tina de agua caliente y espuma olorosa. Castiel apoyado contra la tina, Dean, sonriendo como un borracho tal que no puede abrir los ojos, sobre él, dándole la espalda. Las manos del ángel le recorren el abdomen, aseándole, pero también manoseándolo. Lenta y suavemente las palmas suben a su torso, atrapando los pectorales de pezones erectos por las atenciones, y los medio pellizca.

   Está tan duro, Castiel lo sabe de manera marginal porque no puede concentrarse en nada mientras Dean ronronea entre sus brazos, agitándose un poco bajo el toque de sus manos, frotando su cuerpo del suyo, provocándole pequeños infartos cerebrales cada vez, con tales palpitaciones en su verga que sabe estallará sin hacer nada más. Era inconcebible, ¿cuándo y por qué su Padre había creado seres tan poderosos, sentimientos tan fuertes, sensaciones tan puramente placenteras? Pero es difícil pensar, no con Dean arqueado su espalda, apoyando la nuca en su hombro.

   -Eres mío, Dean Winchester. Mío para siempre. –le susurra en un oído, ronco de lujuria, posesivo y obsesivo.- Estarás a mi lado por toda la eternidad. –oculta la barbilla y los labios en la húmeda nuca del cazador, sus ojos brillando terribles.- Nadie nos separará jamás. Y pobre de quien lo intente.

   Lo siente. Y lo cumplirá. En toda su larga existencia nunca había sentido esto, necesidad, miedo, rabia, frustración, pero del otro lado estaba Dean. Y el rubio lo compensaba todo. Por él cambiaría todas las reglas y…

   No. ¡No! Desea llevar a Dean al dormitorio, cuya cama ya debe estar impecable, y reposar a su lado. No dormir, ya que no lo necesita. Tan sólo estar allí, rodeándole con sus brazos, acunándole, oyendo su respiración pausada, observando su rostro hermoso. Esperando que descansara, despertara y volver a probar su cuerpo, sus labios. Su amor. No hacer nada. No pensar o…

   Pero los lamentos son demasiados.

   Puede escuchar a todos enla Tierra, casi teme que en todo el universo. Oye trozos de conversaciones entre los ángeles, entre los demonios, los monstruos caminando sobre la tierra. Puede escuchar cada llanto de angustia, dolor y miedo. Y sobre todo lo que está ocurriendo justo ahora en el Medio Oriente, enla TierraSanta.Haberse presentado como el dios por esos lados parecía regresársele, o como diría Dean Winchester, era una mala idea que volvía para morderle el culo. En su nombre se habían lanzado a una nueva guerra. Armas, tanques, matanzas. Gente asesinando en nombre del nuevo dios. Puede oír a los otros, a las personas atrapadas en esa locura, que lloraban clamando al antiguo Dios. Al nuevo dios. Al que fuera.

   Deposita a un Dean totalmente seco, desnudo como merecía vivir una criatura tan perfecta, sobre la cómoda cama. Le ve gruñir, sonriente, acurrucándose entre las mantas, de medio lado, casi doblándose sobre sí en el centro mismo del enorme lecho donde debería reposar el ángel ahora dios. Pero no puede. Las explosiones y disparos son excesivamente ruidosas. Con furia parte. A repartir castigo.

   Lo que resultaría, como ya comprobaría, un error.

CONTINUARÁ … 6

Julio César.

NOTA: Ver Supernatural por TELEVEN es desesperante porque la cortan toda. Y la cortan así las den a las tres de la madrugada. Sin embargo, cuando la ves en español notas detalles que antes se te escapaban. En el episodio El Extraño caso de Dean Winchester, cuando envejece, el capítulo comienza con una mujer sonreída leyendo uno de esos folletines amarillistas, y una voz narra: Todos los síquicos están de acuerdo: comenzó el Apocalipsis. Como detalle, quedó muy bueno. Siempre he creído que todo el asunto del Apocalipsis fue algo desperdiciado.

QUE SIGA LA FIESTA

diciembre 30, 2011

ALGUNOS SIGNIFICADOS

   Y llegamos a fin de año. Bien, faltan dos días, pero es como si ya estuviéramos en el umbral. ¿Ya saben que harán? ¿Por qué no ir a mi fiesta?

   ¿Ya compraron ropas increíbles que les harán sonreír frente al espejo por verse tan geniales sabiendo que otros también lo notarán? ¿Llamaron a todos lo que aman y comenzaron desde bien temprano a desear un feliz año? ¿Irán a esa súper fiesta de puertas abiertas, donde las luces y la música salen en igual intensidad a las risas de los asistentes? ¿Esperan encontrarse allí con toda esa gente conocida, alegre, reilona, algo ebria bailando en cada pasillo, comiendo como náufragos los ricos bocadillos, o todos reunidos en un rincón cualquiera rodeadas las cinturas con un brazo y en la otra la copa o la botellita de cervezas? ¿Será una de esas reuniones donde todos intentarán ser felices, sin pensar en problemas, incertidumbres o pequeños y mezquinos rencores? ¿Imaginas estar en medio de un festejo de personas que tan sólo desean vivir y compartir un momento mágico, rodeándote alguien los hombros, un tanto borracho, feliz y medio lloroso mientras te grita que te quiere mucho y que eres su mejor amigo en todo el mundo y que nunca lo olvides o lo dudes?

   ¿Esperarás impaciente que lleguen las doces de la noche, emocionado pero también sonriendo de manera incontenible, oyendo aquel aguinaldo que dice “Las campanas de la iglesia anuncian que el año viejo se va”, o la vibrante voz de la gaita que estalla “Y en medio de la algarabía, llorando, caigo en brazos de mi madre, ay, de mi madre”, y comenzar a abrazar a cada uno de los presente? ¿Contarás cada segundo, cinco, cuatro, tres… con ojos brillantes y una risa imposible cuando el año esté por acabar, gritándote mentalmente “el año que viene será todavía mejor”?

   Esa fiesta será la fiesta. Una reunión de gente que se contonea de manera ágil, febril y vital, tropezándote y tocándote al pasar entre ellos, bailandito también, llevando dos bebidas para compartir e impresionar a esa personita que te mira con ojos brillantes y te promete cosas increíbles con su sonrisa. Puede ser. Hay fiestas así, a las que se llega sin ninguna expectativa y luego terminas empujado contra una pared mientras te meten manos, te besan y dicen que desde que llegaste no han podido dejar de mirarte.

   ¿Qué no les ha pasado? ¿No? No lo creo.

   Sin embargo, esa fiesta la espero en mi casa, que es la de mis padres. Mientras ellos estén, todos continuaremos reuniéndonos allí, dándonos el abrazo de año nuevo, tomando aguardiente mientras vemos los fuegos artificiales, esperando que, como cada primero de enero, lleguen otros familiares, amigos, vecinos y conocidos. Entonces es cuando la pachanga comienza de verdad. Yo, ya para las tres o cuatro de la madrugada, apenas sé de mí, tan sólo que estoy alegre, río y comparto, tranquilo porque me siento seguro. Claro, es otro año nuevo que recibo en la casa de mis padres. También la casa de mis hermanos. Mi casa.

Julio César.

ESTRENO

diciembre 30, 2011

¿ACTUANDO?

   -Si, es nueva. Y resistente. Anda, compruébalo si quieres, hálala…

¿DESCONFÍAN?

Julio César.

NOTA: Por algún problema mental, se me imposibilita escribir “jálala”. Cuando estudié primaria, se decía “halar”, palabra que comenzaba con H. Lo siento.

LA SORPRESA

diciembre 29, 2011

 MANO AMIGA

   La fiesta de fin de año en pijama traería cola…

   -¡Santa madre! -grita uno.

   -¡Mira esa vaina! –gime el otro.

   El tercero se queda congelado con la boca abierta cuando el novio de la dueña de la casa, y artífice de la fiesta, se presenta como si tal.

   -Lo siento, panas, yo no uso pijama. Duermo desnudo. Y se me pone así por las mañanas. ¿Quieren sentirle el peso? O mejor, con esas bocas así ¿por qué no prueban a ver si baja? –se burla el fulano novio de los tres primeros invitados en llegar, preguntándose en dónde terminaría el juego cuando ni siquiera era de noche todavía.

DE MASAJES Y PIQUIÑAS

Julio César.

CHAVEZ Y DIOSDADO ENREDADOS CON COLOMBIA… OTRA VEZ

diciembre 29, 2011

QUÉ MANÍA DE DECIR DISPARATES

   Viven pensando sólo en la bolsa.

   Necesitado de qué hablar en su campaña electoral y que ya no suene repetitivo o demagógico (¿después de trece años prometiendo lo mismo?, buena suerte con eso), a Hugo Chávez y Diosdado Cabello les ha dado por atacar ala Oposiciónhablando de que traerán paramilitares colombianos; todo porque la gente de Leopoldo López, con poco tino, propuso traer consejeros en seguridad para reducir los índices de criminalidad en Caracas. Sí es que se atreven a venir, sólo si son muy valientes y han dejado testamentos en orden. El primero en abrir fuego (no, no contra el hampa, estos tienden a responder de igual manera y no hay quien cuide su pellejo más que un revolucionario), Diosdado Cabello dijo que era preocupante que un aspirante a presidente de Venezuela hable de traer gente de “Uribe”. Ya saben que ese hombre les saca la piedra y los pone como locos. Al igual que al payaso de Ecuador. Sofocones de gente extraña.

   Aparentemente reunirse y darle regalitos a un loco asesino como el difunto Gaddafi, ese monstruos sanguinario y sádico (qué en paz descanse), la narcoguerrilla que secuestra y mata venezolanos, o armar grupos delictivos paramilitares en el 23 de Enero, no es preocupante. Son minucias. Detalles pues. Esos son panas (de ellos, yo con esa gente no me retrato en grupo, ya van a ver que eso va a traerles más de un problema y entonces le echarán la culpa a Globovisión). Lo preocupante, para Diosdado, que fue ministro dela Seguridad, es traer colombianos para asesorar en cómo combatir el hampa. A menos que ese sea el detalle que asusta. Claro, como él cuenta con un ejército de guardaespaldas, a los demás que los agarre Mandinga. Quien vive aquí, asesorando al Líder.

   El presidente Chávez, en una cadena el 24 de diciembre, un consejo de ministros (todo lo hacen así, si fueran gente seria que sabe hacer su trabajo no habrían necesitado salir a la carrera a última hora), vociferó que si esa gente venía, los ponía preso. Y lo dijo en el comienzo de un fin de semana largo que dejó ochenta y cuatro personas muertas, la morgue de Bello Monte colapsada hasta el techo (otra vez) y los congeladores de las funerarias full esperando el momento de ir velándolos uno a uno (por cierto, único buen negocio en este país, el trabajo nunca escasea). La verdad es que dio pena ajena. Parecen (él, sus ministros y asesores), cómo locos. Cómo si no notaran que dicen y hacen imbecilidades. Y lo peor es que sus errores cuestan vidas. Por suerte, para ellos, no les importa.

   En Colombia, con su guerra civil, sus carteles de las drogas, y con veinte millones de habitantes más que Venezuela, este año que finaliza presenta un balance de trece mil muertes. Qué son bastantes, ¿verdad? Pero en Venezuela ya se hablan de diecinueve mil. Seis mil muertes más a manos de la violencia. Sin guerra civil, carteles reconocidos como no sean los generales señalados porla DEA, y veinte millones de habitantes menos. Es tanta la criminalidad en el país, que todos recuerdan el ataque de risa histeria que atacó a Andrés Izarra, ministro de Propaganda del Régimen en un programa continental cuando le enfrentaron a esas cifras. Los ilusos creían que había enloquecido de vergüenza y temían que saliera de allí para saltar del Puente sobre El Lago. Pero no, porque como dije, por suerte para él, no les importa.

   La verdad es que el presidente Chávez debió ser menos gritón y altanero cuando atacaba un plan para combatir la inseguridad, después de todo él no tiene ninguna buena noticia que presentar. Como no sea que todos sus enemigos políticos siguen enredados con su justicia tan particular. Con esos resultados, en mi trabajo, ya me habrían botado o me habrían metido preso. Pero no, él hace una cadena, el 24 de diciembre, para amenazar a quienes intentan hacer algo para acabar con esa violencia.

   No mejoooora el enfermo.

HUGO EN SABANETA… Y NO ERA DE NARANJA

Julio César.

EL BANANA SPLIT

diciembre 29, 2011

DISCREPANCIAS FRATERNALES

   La cosa comienza de una manera y termina en otra.

   Cuando Fabricio escuchó que Héctor le daba buenas probadas a los helados de los muchachos en el taller, quiso experimentar. Por curiosidad. A su mujer no le gustaba el yogurt. Por ello le invita a su casa mientras su mujer anda de compras, y claramente se lo propone. Héctor acepta, pero deben quitarse todo. Y la probada era buena, intensa, profunda, total. Tanto que mareaba. Tal vez por eso Fabricio no notó cuando le comían la pepa, haciéndole temblar, porque esa bicha quería más, y por las untadas de aceite comestible que el Héctor se daba, era obvio que iba a alimentarla. Aún así, Fabricio intentó rebelarse.

   -Pero… ¡Ahhh…! Pero, ¿qué haces? ¿No y que te comes sólo los helados?

   -Si, papá, y para el final guardo las ricas cerecitas. Hummm… -y se va hasta el fondo.- Ya se las he comido a todos en el teller.

SORPRESA

Julio César.

LUCHAS INTERNAS… 74

diciembre 28, 2011

LUCHAS INTERNAS                         … 73

   -Vamos, ¿no te animas a dar una buena probada?

……

   -Pero el golpe… -Sam lo mira burlón.

   -Oye, habla como abogado, el supuesto golpe, debes decir. Además, ¿cómo hablar de un golpe militar si el Comandante en Jefe de todas Las Fuerzas, hombre del régimen, secundador de crímenes y traiciones, aparece en televisión anunciándole al país que le solicitaron la renuncia al Presidente y él la aceptóoo? Fuera de que esa fue la mayor acusación que se le lanzó al inquilino de Miraflores. El Alto Mando, después de comprobar los crímenes del Presidente, le solicitó la renuncia. -Eric siente una leve esperanza.

   -¿Cómo estar seguros, Sam? ¿Cómo estar realmente seguros?

   -Usa la inteligencia que Dios te dio. Quien tenga ojos que vea. Además, de haber una conspiración de derecha para matar a esa gente y tumbar el gobierno,la Policía Científicay el Dasnap, con el Presidente a la cabeza, habría mostrado en televisión a los francotiradores: “Miren, estos son, fulano y zutano y mengano. Fueron contratado por Aquilano, aquí están las cuentas cifradas que lo comprueban. Entraron tal y cual día al país en el avión de Zutanejo”. O “llegaron a Caracas en el carro tal, placa cual, perteneciente a la familia tan. Aquí están los pagos, la gente, los nombres”. Como cuando se detuvo a los chicos bombas, porque cuando quiere, la policía puede. Pero nada de eso se dice o se hace. Lo poco que hay es lo que los medios de comunicación mostraron, incluyendo al pistolero aquel, héroe de la revolución según Irsia, cuya hazaña anterior fue haber violado y asesinado a una pobre vieja que confiaba en él. De esa clase de gente estamos hablando, panita.

   -Pero ellos dejaron que la marcha continuara, sabiendo de los pistoleros…

   -Marchar no era un crimen. Para serte sincero, nunca creí que un venezolano, fuera quien fuera, ordenara disparar sobre su pueblo. El crimen no fue ordenar la continuación de la marcha, fue contratar asesinos, armarlos y ordenarles matar. Si uno se guía por eso de que ordenaron la marcha y son responsables, entonces si uno nombra a un carajo para que cuide una plata y éste se tenta y se la roba uno es culpable también porque lo puso allí. No, pana, cada quien es responsable de sus acciones. Esos francotiradores, o quienes los pusieron allí, pudieron decidir entre disparar o no. Esa decisión fue de ellos. Ellos decidieron actuar como basura, como asesinos; ahí no hay discusión.

   Eric mira hacia el mar, lanzando un largo suspiro. Sam tenía razón, podía haber puntos oscuros, tal vez su madre lo hizo por ella, no por Venezuela, pero no eran asesinos. Las pruebas, el raciocinio, la lógica, lo demostraba. Y sintió paz. Está bien, sus padres podían ser unos bichos ambiciosos, inmisericordes y hasta miserables en muchas cosas; tal vez por gente como ellos y por los militares ramplones que querían ser ministros, todo fracasó y Venezuela volvió a la pesadilla. Pero no eran asesinos. Ni sus cómplices. Con las manos apoyadas sobre la arena, semiechado hacia atrás, Eric toma mucho aire, sonriendo suave, sintiéndose libre; libre al fin desde hace mucho tiempo. Mira a Sam, con afecto. Tanto que el otro alza una ceja.

   -Lo ves todo tan claro… Es una de las cosas que me gusta de ti.

   -Para mí es fácil, ellos no son mis padres. Ni soy tan emotivo como tú. Deben ser cosas de maricas que yo no entiendo. ¡Y deja de mirarme así! Alguna chica, que estuviera bien buena, podría pasar y…

   -¡Güevón! -ríe sintiéndose aliviado.- Iba a besarte, y en la boca, pero ya arruinaste el momento. Tú te lo pierdes.

   -¡Bésame el culo! -finge alterarse.- Ah, pero eso te encantaría, ¿no? Lo tengo muy bonito. Todos lo dicen.

   -¿Quién? ¿Renato? Un día tendrás que contarme toda esa historia.

   -Dios, no lo digas ni jugando. Sabes que los maricas me dan urticaria, y no digo que Renato lo sea, pero…

   Eric lo mira riéndose y molesto, y se arroja sobre él, rodando hacia un lado, derribándole. Sam aprieta los dientes en una mueca e intenta detenerlo ya que Eric parece querer llenarle la boca de arena. Sam grita ‘auxilio, quieren violarme’.

   Sentado en los escalones del porche, un sereno Renato los mira, tomándose una cerveza. Sonríe levemente, obviamente no ha oído su nombre mencionado, pero también frunce el ceño. Su mente es tan profunda y oscura, como clara y limpia parece su mirada. Lucas, cerveza en mano, viene saliendo de la casa y mira a los dos tipos forcejando enlazados en la arena.

   -Están perdidos de maricas. Recuerda mis palabras, esos dos van a terminar mal… -y mira divertido a Renato, que bota aire, levemente mortificado.

   Ay Dios, cuantas complicaciones sentimentales, se dice el hombre negro.

                                            ………………..

   Así como el viernes, el lunes fue de mucho ajetreo enLa Torre. Muchagente quería hablar con Ricardo Gotta, o con la gente de Personal o Vigilancia; todos se negaban sistemáticamente. Magda, la jefa de Recursos Humanos, estaba furiosa y buscaba a alguien que le dijera dónde estaba Tirzo Ramos. Era una mujer honesta que no había caído bajo la influencia de Ricardo o Aníbal; pero en su fuero interno, la mujer sentía que era mejor tratar con Aníbal que con el otro.

   Por su lado, Aníbal  quiso hablar con Frank Caracciolo, intentando que viera el peligro que corría no sólo la firma, sino hasta él mismo, con las andanzas y negociaciones de Ricardo Gotta con la gente del nefasto Régimen mafioso.

   -A tu padre no va a gustarle esto. -termina Aníbal, arrojando algunos diarios que hablaban aún de la famosa reunión de la plana mayor del gobierno con gente deLa Torre, y del atentado a Eric Roche, sobre el escritorio.- Te lo aseguro.

   -A mi padre lo que no le gusta es perder plata, Aníbal. Eso no puedes entenderlo. Ser alguien no es cosa de llevar traje y corbata, es arriesgarse, tomar decisiones y triunfar. O perder si es necesario, pero luchando. -lo mira con un gesto despectivo, burlón. Le gusta humillarlo, hacerle sentirse nada, porque eso era. Igual que Ricardo Gotta, de quien pensaba encargarse en su momento. Así los veía él.

   -Esas palabras las vas a lamentar. Te lo juro. -dice entre dientes, sonriendo con esfuerzo, Aníbal, saliendo. Frank sonríe aún más.

   Aníbal siente un odio feroz hacia Frank en esos momentos. Aún más del que siente por Ricardo. Pero ya lo pagaría. Y él se aseguraría de que fuera caro. Sería muy caro el precio que tendría que cancelar el otro, al final. Toma su celular y marca un número. Da algunas instrucciones. Había llegado la hora de actuar, y que saltara sapo o saltara rana. Si al final quedaban algunos cadáveres en la recepción deLa Torre, se les recogería y aLa Bonanzacon ellos. Al llegar al ala de sus oficinas, Melva, su asistente le dice que la señora Norma de Roche lo espera. El hombre bota aire, compone una cara franca y entra. La mujer se encuentra de pie, mirando por el ventanal hacia la ciudad.

   -Norma, buenos días. -la mujer se vuelve, con un diario en la mano.

   -¿Es esto cierto, Aníbal? -se ve controlada, pero furiosa.- ¿Intentaron matar… a mi hijo?

   -El incidente ocurrió. Si fue un atentado, lo ignoro. -pone mirada inocente.

   -¿Dónde está ese hombre, Tirzo Ramos? Sí es falso, él lo dirá. -deja el diario sobre el mesón.

   -La cosa es que nadie sabe dónde está Tirzo Ramos.

   -¿No se supone que escapó de la policía municipal de Río Chico o algo así cuando allanó una vivienda particular? ¿Qué hacía por allí, de todas maneras? ¡Eric estaba en la zona! -suena aguda al caer en cuenta.

   -No lo sé, Norma. No sé a qué juega Ricardo. Tirzo es uno de los suyos, ¿qué tramaba? Sólo él lo sabe. Igual puede decirse de la fulana reunión con la plana dirigente del Régimen, ¿qué buscan? No lo sé.

   -Entonces es con él con quien hay que hablar, ¿no es así? -se dirige hacia la puerta.

   -Espere… ¿lo cree prudente, en este momento? -suena preocupado. Ella lo mira fijamente.

   -No voy a dejar que ese hombre destruya lo que tanto me costó construir, y no hablo sólo de este edificio, o del bufete.

   -Está bien. Iré con usted. -suena forzado.

   Maldita sea, no era prudente enfrentar así al otro, moviéndose en las sombras, sin saber exactamente hasta dónde llegaba el poder de Ricardo, ni lo que tramaba. Pero debía acompañarla, tal vez si lo confrontaban algo saliera. Tal vez Ricardo dejara ver algo y se le pudiera entrar o atacar por allí.

……

   Mientras revisa la ficha médica del capitán, preguntándole sí se hizo la resonancia magnética en la rodilla, Néstor lo mira quitarse el blanco uniforme. Lo hace sin disimulos, ya es un paciente acostumbrado. El carajo, fornido, de bigote y cabello algo largo, que lleva casi en un copete, le dice que sí, que se la trae en unos días. Néstor anota algo y le pregunta cómo sigue del dolor. El otro, quitándose la camiseta, mostrando un torso velludito y musculoso, le dice que más o menos, que sigue teniendo problemas después de las prácticas y de las caminatas largas, como si algo se le clavara en la articulación.

   -Es posible que sean problemas de meniscos, de ser así… terapia o hasta cirugía. -anuncia leve, no queriendo alarmarle.

   -Espero que sea el ácido úrico. O algo que se repare con terapia. Odio la palabra cirugía o quirófano. O anestesia.

   El hombre se quita los brillantes zapatos y el pantalón, quedando en una blanquísima y pequeña tanga blanca, que demarcaba un buen tolete en reposo, grande, apuntando un poco hacia adelante. Se queda ahí, sonriendo levemente, con las manos en las cinturas, desafiante, sabiéndose atractivo, sintiéndose algo atrevido y putón. Ya lleva cierto tiempo con Néstor como médico, y ya ha… recibido sus atenciones especiales. Y algo que no le confesaría a nadie, pero que no le pudo ocultar al otro, es que le gustó. Néstor lo sabe, y sonríe leve, recorriéndolo con la mirada.

   -Esa tanga te queda putona. -se para y va a su lado, con su ficha, anotando cosas.

   -Sabía que te gustaría. A mí me encanta. Me siento… sexy cuando la uso.

   -¿La usas con tu mujer o en la base cuando te desvistes frente a la tropa?

   -En las dos partes. A mi mujer le gusta. Y en la base deberías ver como me bucean. -están uno junto al otro y el carrizo comienza a sobarse a sí mismo la panza plana, subiendo las manos hacia sus pectorales.- Si vieras como me miran… así como tú ahora. -sus dedos pellizcan sus tetillas erectas.

   -¡Güevón! -lo ataca leve Néstor, pero reconoce que ese carajo tiene un cuerpo atractivo. Y un culo ardiente. Mucho. Ya había recibido dos atenciones especiales allí.

   -Estoy caliente, pendejo. -lo mira con ojos brillantes.- En la base todo es un hervidero de chismes e intrigas. Uno no puede fiarse de nadie, y eso me tiene mal. -y Néstor nota como el tolete bajo la tanga se agita y se mueve, apuntando horizontalizado contra la tela, levantándola como la vela de un mástil. Creciendo.

   -¿Qué pasa allí ahora? ¿Es por los que se alzaron en desobediencia cívica?

   -Eso tiene a la gente mal. Unos creen que son unos payasos, otros que son héroes que han sacrificado lo que eran en el altar de la rebelión y la protesta. -su mano baja y se atrapa el tolete, sobándoselo, apretándolo, haciéndolo crecer más. Casi jadea ante la sobada.- Pero vienen cosas malas. Muy malas. Hay militares que van a cagarse sobre el honor y van a ayudar al Gobierno, y van a atacar a la gente. Hay un carajo del Dasnap que anda tras eso, atrapando maricones en altas esferas y obligándolos a actuar. Un tal Alex no sé qué coños. Es peligroso. Toda una alimaña. Y nadie sabe para quién trabaja En Inteligencia saben de eso, pero no hacen nada. Dejaran eso así, como a los que se fueron parala Plaza. Yono sé que piensan esos güevones en esa Plaza…

   -Tal vez pensaron que ustedes los apoyarían e irían con ellos. Qué ilusos, ¿verdad? -critica.

   -Papá, si todos nos vamos, ¿quién queda? -se baja la parte delantera de la tanguita, mostrando un güevo erecto, color canela, horizontalizado y palpitante. Largo y recto, nervudo y cabezón.

   Néstor siente un estremecimiento traidor ante eso, ante ese tolete que se agitaba en el aire, desafiante, emergiendo de una diminuta mata de pelos púbicos rasurados y de la tanga blanca. El carajo le sonríe, sobándoselo con la mano.

   -Estoy caliente, Doc.

   -Hazte la paja. -lo corta; mirándole el güevo.

   -No. No estoy como para eso. -lo mira con ojos nublados.- ¿Por qué… no me lo mamas? Anda, sé un buen amigo y médico. -ofrece.

   -¿Qué? ¡Te volviste loco…! -jadea algo inquieto.- ¡Yo no mamo güevos!

   -Anda, Doc., seguro que te has preguntado qué se siente, ¿verdad? -se suelta el tolete y éste se bambolea, erecto, con la cabeza amoratada.- Después de que me hiciste… aquella vaina, probé con un amigo. Le encantó. El culo le echaba candela. Pero más le gustó mamármelo. Dice que nunca había probado nada tan rico. Y mira que ese sí era todo un macho. Bueno, aún lo es, pero es, cómo decirlo, un machito mamagüevos.

   -Seguro era un marica desde siempre. -se defiende, nervioso.

   -Oh, vamos, Doc., tienes la boca echa agua, se te ve. -sonríe y entrecierra los ojos.- Métetela en la boca. Anda, prueba. -y se acaricia las tetillas, mientras el güevo le palpita a simple vista.

   -No, no… Déjate de maricadas. -sonríe asustado Néstor, sintiéndose confundido y algo débil; coño, ese güevote se veía bien grande.

   -Anda, cómetelo. Me estoy muriendo…

   El capitán le sonríe, y con el dedo índice de su mano derecha se frota el ojete del güevo, llenándoselo con unas gotas del claro y espeso líquido que mana de allí. Ese dedo va hacia Néstor que no puede moverse aunque lo desea, y quien al ir a gemir un ‘no’, entreabre los labios. Allí se frota ese dedo, recorriéndolos, untándolos de sus líquidos. Néstor pela los ojos, sintiéndose atrapado, débil. Ese dedo cálido se frota de sus labios y entra. Su lengua se llena de un sabor salino, que lo calienta, que lo derrite. No siente asco, sino… Su boca se cierra sobre ese dedo y su lengua lo lame. El capitán sonríe, excitado, jadeando, y su güevo sufre un espasmo a simple vista, agitándose un poco y babeando más.

   -Qué no se desperdicie nada, Doc. -le dice meloso con voz ronca, sacándole le dedo de la boca, atrapándole una mejilla, y empujándole sobre las rodillas.

   Néstor con debilidad de piernas, cae frente a él, mirando el largo y nervudo güevo erecto, horizontalizado, que parece palpitar. Mira esa lisa y sedosa cabeza de donde manan gotitas de néctar, algo que probó y le gustó, reconoce con un espasmo de bolas y culo. De miedo. Su mano, dudando, toma el güevo, apretándolo, sintiéndolo grueso y duro, muy caliente. Y excitante. Su mano sube y baja sobándole la tiesa barra, como si lo masturbara.

   Oye gemir al otro, que sonríe y echa el rostro hacia atrás, excitado por lo que le hacen, como todo hombre que tiene a otro a sus pies tocándole la verga. Cosa que también calienta a Néstor, cuya mano sube y baja con ganas. Pero aún así, duda. Mira hacia la puerta, no la aseguró y su asistente andaba por ahí, pero cuando la mano del capitán cae sobre su nuca, metiéndose acariciante entre sus cabellos, despeinándole, pierde la cordura. Acerca el rostro lentamente a la barra que parece emitir calor como un radiador. Su lengua roja titila levemente sobre la hinchada cabeza. Es suave y caliente, y esos jugos saben muy bien, le grita su mente.

   Su lengua cae sobre el ojete, lengüeteándolo, tomándose el licor, catándolo, sintiendo la boca llena de saliva. Esa lengua hurga, quiere más y esa ruda caricia hace que aquel hombrezote gruña agónico. Esa boca se traga la roja cabeza, sintiéndola grande, como que no le cabe. Y eso los enloquece más. Cerrando los ojos, con su caro traje y su bata abierta, de rodillas en el piso, la boca de Néstor se curva y baja sobre la rígida tranca, tragándola casi sin darse cuenta, mareado de lujuria como está.

   Su boca se llena de calores, de saliva y de ganas. Se cierra sobre la tranca, chupándola, lamiéndola. Su mano izquierda sube ansiosa y soba ese muslo fuerte y cálido. Sube hacia la tanguita, tocar la tela lo enloquece y soba la nalga sobre ella, amasándola. Mete la mano acariciándole la nalga en vivo. Su otra mano cae en el tolete, sobre el pubis, frotándoselo mientras su boca va y viene al ritmo de esas masturbadas. Su boca baja, sintiendo como palpita, como se la llena, ahogándolo, saboreándola contra su lengua y amígdalas, enloqueciéndolo a pesar de las arcadas. Sus labios están casi a punto de abrirse por las comisuras, sus mandíbulas se abren al máximo cuando el enorme tolete entra todo. Esa boca la cubre con ganas.

   Con un ‘aggg’, el médico la traga nuevamente toda, sintiéndola en su garganta. Esos labios están pegados del pubis, deformados por el cilíndrico tolete que atrapa. Lentamente esos labios retroceden, liberando poco a poco el macizo y sólido tolete cruzado de venas. Retrocede y retrocede, dejando al descubierto el manduco ensalivado y brillante, casi hasta la punta, para volver a tragarlo con un gemido putón, cosa que abulta sus mejillas, ahogándole los gruñidos y jadeos de placer.

   -Dios, sabía que te encantaría mamar güevo, cabrón. Tienes una buena boca para eso. –gruñe el capitán, ronco.- Anda, cométela, sácame la leche que ya quiero verte bebiéndotela toda.

   Néstor cierra los ojos y su boca va y viene, tragándose el tolete, sintiéndolo rico, lo más rico que ha probado. Traga, mamándolo, chupándolo, queriendo sacarle si, la leche, imaginándolo y sintiéndose capaz de beberla hasta la última gota como le ordena. Lo traga con glotonería, su cabeza va y viene entusiasta, agitada. El carajo sonríe y sus miradas se cruzan.

   Lo tenía bien cogido, en más de un sentido, se dijo Néstor, pero sin importarle mientras meneaba su cabeza de derecha a izquierda al tiempo que su boca bajaba sobre la tranca, mientras uno de los dedos de su mano izquierda le jorungaba una y otra vez la entrada del culito tibio al militar.

   El tipo jadea ronco, sobándose las tetillas y cerrando los ojos, con la boca muy abierta, mientras sus caderas se mueven de adelante atrás, cogiendo esa boca ávida y golosa. Febril, sintiendo que el güevo le babea sin control, mientras aún su boca sube y baja sobre la rica barra, las manos de Néstor bajan a su bragueta y libera su propio güevote, masturbándose con deseos, mientras mira en forma indefensa al militar, momentos en que se clavaba ese güevote hasta los pelos, sintiéndolos jugar en su nariz, percibiendo su olor a bolas.

   Gimiendo, el capitán mueve sus caderas, embistiéndole ahora con más fuerza, clavándole y sacándole el güevo de la boca. Con mano ruda, de mando, firme, el carajo le atrapa la nuca, restregándolo contra su pelvis, enterrándole el güevote bien hondo en la garganta que lo halaba.

   -Hummm…. hummm… -gimió agónico el tipo, temblando todo, poniéndose muy duro.- Cómetelo, trágatelo todo. Sácame la esperma… La quieres, ¿verdad? Tragártela toda, lo sé.

   Y Néstor entendió que iba a correrse, que iba a vomitar su carga de semen. ¡Semen de hombre!, guácala, piensa con horror, pero esa mano sobre su nuca no lo deja escapar sino unos centímetros, por lo que el güevo vacía su carga en su boca y no en la garganta, llenándosela, cubriéndole la lengua. La siente caliente, espesa y totalmente deliciosa. Casi tiene que apretarse su propio güevo, ya que ante el sabor de esa leche siente que se muere. Con un brusco descenso de su nuez, traga esa esperma, en momentos cuando un segundo y un tercer disparo, le obligan a beber más rápido, deseando no perder ni una gota. Pero es tanta que algo escapa por el tronco del güevo fuera de su boca, y por sus labios. El tipo jadea, sacándoselo de la boca.

   -Doc., ¡pero qué mamada! Lo haces como un experto. Puedes hacer carrera en la base.

   -Cállate… -bufó, con los labios enlechados, masturbándose frenéticamente, gimiendo, atrapando el babeante güevo del otro, frotándoselo aún de las mejillas y labios, sintiéndolo aún caliente y lleno de semen, cosa que lo enloquecía. Cuando sintió que alcanzaba el clímax, se lo trago nuevamente, mamándolo mientras gruñía como un animal, disparando su propia carga.

   Tan perdido está en lo que experimenta y descubre, que no reparó en la puerta que se abrió un poco, ni en la persona que se asomó intrigada al oír unos jadeos y gemidos que salían por la puerta entreabierta. Al asomarse, Alirio Fuentes sufrió una impresión de muerte. ¡Néstor… vaya! Cerró la puerta, alejándose, pero después de presenciar la corrida del carajo en tanga, la bebida de leche de Néstor y su posterior corrida.

   Vio bastante, a decir verdad…

 ……

   En su oficina, Ricardo termina de pulir una nota sobre lo que piensa declarar a la prensa. Era algo conciso, nada de desmentir o tachar de mentiroso a nadie. Sólo habría sinceridad, cordialidad y dolor por la mención de su nombre en cosas tan horribles. Su asistente le informa que la señora Roche y el doctor López quieren verle. Arruga la cara como quien chupa un limón particularmente ácido, pero permite la entrada. Contiene su molestia y compone una sonrisa. La pareja entra. Nota el aire hostil de ella y la postura incómoda de Aníbal, ¡como odiaba a ese maldito mono recién evolucionado!

   -Norma, pero que sorpresa… -sonríe, pero sus ojos son fríos, calculadores. Ella avanza hacia él.

   -¿A qué estás jugando Ricardo? ¿Qué tienes que ver tú con lo que casi le pasa a mi hijo? ¿Qué crees que haces reuniéndote aquí, con esa gentuza del régimen? -es altiva, molesta. Aníbal se inquieta.

   -Muchos ojos están puestos ahora sobreLa Torre, y sobre ti. -dice conciliador. Ricardo lo mira feroz.

   -Que tierno eres preocupándote por mí. Pero no te angusties, sé muy bien lo que hago.

   -Lo que haces es destruirlo todo, juntándote con esa basura. -acusa Norma, alterada.

   -También tú sirves a esa basura, recuérdalo bien. Y bien agradecida que estuviste cuando te llevé ante ellos, para salvar lo que tu estupidez casi causa, la caída de todo. -es duro, rodea el escritorio y se detiene frente a ellos sonriendo cruel, encarándolos.- No tengo porqué darte explicaciones ni a ti… ni a ti. -mira a Aníbal.

   -Pero te debes a la junta. A Germán y a Manuel Caracciolo. Ellos no van a permitir que tú… -grazna Norma, sintiéndose alarmada, débil. Ricardo ya no sonríe, es duro y hasta irónico.

   -Tú no vas a hacer nada, Norma, a menos que quieras perderlo todo en ese juicio que el viejo Caracciolo lleva contra ti. Créeme, puede salir la sentencia en dos días. -es duro.- Y ese sería el manos malo de tus problemas. Tu nombre puede rodar de boca en boca, hasta caer en una alcantarilla, cuando se te investigue por golpista. A ti y a Germán. Imagínate los noticieros, el Dasnap allanándote la casa. Deteniéndote, llevándote esposada. ¿Qué a los ricos no les pasa nada? Tal vez a la larga, pero te juro por Satanás, que tu foto, esposada y arrastrada va a quedar como un recuerdo en la prensa de este país. -es cruel. Mira a Aníbal.- Espero que esta no sea tu mejor jugada, o de aquí vas a salir como un perro. Tal vez así puedas atender ese bufetico en Curiepe y darle trabajo a tu familia. Salúdamelos. -casi ríe, dirigiéndose hacia la puerta.- Tengo que dar unas declaraciones a la prensa. Intentaré contener mi lengua y no mencionar a nadie. Lamento dejarlos. No toquen nada, se donde está cada cosa, incluyendo unas monedas en mi escritorio. -y sale.

   -Dios mío… -jadea Norma, sintiéndose rabiosa, y asustada.- Nunca creí que… -se vuelve hacia el otro.- ¿Por qué se siente tan seguro de sí? Nunca lo vi de esa manera. ¿Qué carta guarda bajo la manga? Porque algo sabe, algo tiene, pero ¿qué? –jadea aterrada, viéndose detenida e investigada. Porque Ricardo lo haría así fuera tan sólo por el placer de joderles.

   Dios, sería el fin.

CONTINUARÁ … 75

Julio César.

NOTA: Cómo saben, no soy tan explícito con algunas partes de fotografías, por restricciones autoimpuestas. Pero era una lástima dañar esta. Es un regalo a un Apolo que anda por ahí como visitante. Espero que sea mi viejo amigo, a quien agradaba esta historia en aquel blog que cerré hace tiempo. Si lo eres, bienvenido, Apolo.

FELIZ NAVIDAD, MIS AMIGOS

diciembre 24, 2011

ALGUNOS SIGNIFICADOS

  La Navidad, por definición, tiene que ser un tiempo de esperanza y de paz. De amor y de perdón.

   En un mundo sin sueños, a merced de carencias y enfermedades, de hombres que se proclamaban reyes, emperadores y dioses, sometiendo a sus pueblos al temor de los caprichos de un demente o tan sólo a los dictados de un naturaleza cruel, nos nació, allá, en la pequeña Belén Efrata, no más grande en tamaño que sus hermanas en Israel, pero si en importancia, un Salvador. La divinidad se hizo hombre y nos prometió el regreso al paraíso del Padre, allí, donde la enfermedad, el miedo, las carencias y la muerte ya no serán más, desde ese momento y para siempre. Es fácil suponer a quienes va dirigido el anuncio: Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.

   ¿Quién no recuerda las navidades de la niñez? Ir a casa de los abuelos, todos los primos, las carreras y juegos, la casa adornada, las tortas y refrescos, los juguetes y las ropas nuevas. El abuelo, desesperado, gritando “No corran, no corran” (algo que ahora entiendo y repito con mis sobrinos). La tía joven que nos hacia cantar aquello de “Ya se anunció la llegada del Niño Dios”, o “Si la virgen fuera andina y san José de los llanos, el niño Jesús sería un niño venezolano”. Los adultos se ocupaban de otros asuntos, de sus cosas, mientras los muchachos vivíamos en esa maravillosa tierra de felicidad.

   Jamás perdamos de vista el significado de esta fecha, aunque su celebración parezca “menos importante” que la del final de año. Estamos conmemorando, una vez más, un natalicio. El nacimiento de el Salvador, en medio de risas y alegrías, de saltos de muchachos, de juguetes que hacen brillar sus miradas. Tiene que ser un día de contento por eso, porque hace tiempo se cumplió parte deLa Promesa, la llegada dela Descendencia, el camino de regreso al Padre. Y seamos sinceros aunque todo lo demás suena hueco, ¿quién no teniendo un terrible problema, económico, de salud o sentimental, cuando cree que lo ha perdido todo, no siente consuelo al llegar a casa de sus padres? Un día, un maravilloso día de gloria, la espera terminará, el Padre, compasivo, dirá que basta del errar por el desierto de su rebelde prole y volverá a abrir las puertas de su casa, recibiéndonos otros vez, y toda aflicción y tristeza acabará.

   Mientras esperamos ese momento, reunámonos con familiares, amigos y vecinos. Vamos a reír y a brindar. Comamos y lancemos fuegos artificiales… porque hay que celebrar la llegada del Hijo. Por esta noche dejemos de pensar únicamente en cada uno de nosotros, alcemos las copas y brindemos, deseemos felicidad, salud y suerte a quienes no pueden celebrar como nosotros. El muy enfermo, el perseguido, los torturados. Pidamos que el Señor vuelva su mirada a todo hombre, mujer, anciano o niño que doblado sobre sí, lloroso en la oscuridad, temeroso de hacer cualquier sonido que atraiga sobre sí la violencia y el dolor, se pregunta cuándo llegará la ayuda que permita terminar con su sufrimiento. Roguemos porque ya falte poco.

   Mantengamos la esperanza, cultivemos la capacidad de alegrarnos con la felicidad ajena, de sentir y solidarizarnos con el sufrimiento de los que caen. Conservemos para siempre aquella felicidad inocente que nos hacía reír de manera imposible cuando éramos niños, mientras gritábamos agitados y emocionados “Mañana es Navidad”.

   Para esos dos o tres amigos que me leen: FELIZ NAVIDAD, qué la paz del Señor esté con todos ustedes y con sus seres queridos, qué sigan ese camino que un día les otorgará como reconocimiento el más maravilloso título que puede existir, el ser llamados “gente de paz, gente de buena fe”. Gente de bien. Gente de Dios.

QUE SIGA LA FIESTA

Julio César.

OBSEQUIO

diciembre 23, 2011

…EN FRIO

   Anda regalándose todo. Y todos quieren su parte.

POR ESCUCHAR A SU MUJER

Julio César.

EN LAS PRÁCTICAS DE NATACIÓN

diciembre 22, 2011

EN EL FUTBOL SIEMPRE PASA…

   No, no se concentran; cuentan…

   -Chamo, te lo juro; el tío me pasaba las manos por todas partes en ese autobús. Está bien, me vine para la práctica en traje de baño y camiseta, pero no era para que se pusiera así, ¿verdad? Me agarró por aquí, duro, y apretaba y apretaba… -medio traga el muchacho del mechón claro al recordar.- Y metió una mano y comenzó a darme besitos, ¡aquí!, y… No, no sé si contártelo, pana. Lo que me hizo con la boca. No quiero incomodarte.

   -¡No! ¡No! ¡Cuenta! Mira cómo me interesa. –le asegura

REVISANDO EL CUERPO

Julio César.

PREOCUPACION

diciembre 22, 2011

ANGUSTIA PATERNA

DOBLE SORPRESA

Julio César.

EL CAMBIO DE CHAVEZ Y LA RABIETA CON OBAMA

diciembre 21, 2011

QUÉ MANÍA DE DECIR DISPARATES

   Algo se oculta…

   Realmente no sé qué declaraciones dio el presidente norteamericano Barak Obama a un diario capitalino venezolano, pero sí sé que desataron las iras del presidente Chávez, a quien le cuesta taaannnto molestarse. Sobre todo cuando no le creen sus cifras de éxitos. El punto es que después del descalabro de su salud, cáncer, nada más y nada menos, el presidente Chávez abrazó otra vez la religión y ala Iglesia, y juró, después de un viaje que hizo a Cuba, que era otro. El nuevo Chávez. Que había cambiado. Nadie le creyó, pero él insistía tanto que todos lanzaban un “uh ju” no comprometiéndose. Bien, a raíz de las fulanas declaraciones de Obama, el Presidente se fue en una de sapos y culebras por esa boca, donde lo más suave que le dijo fue farsante, que se ocupara de su país que andaba tan mal (si, él, que hundió a Venezuela). Vociferaba, salpicaba de saliva, lanzaba palabrotas… y la verdad es que se parecía mucho al otro Chávez. Al de siempre. Él dice que cambio, pero… A menos que el cambio sea la calva. Ahora está en no sé qué reunión de MERCOSUR, donde varios de los socios no hallan qué hacer para violar los estatutos, a la vista de todo el mundo y sin cubrirse por lo menos con una sábana. Qué aberrados. Ojalá al Presidente no le de por insultar gente por allá. De seguir así un día vamos a oír que se subió a una mata y le lanza piedra a todo el que pasa.

CHAVEZ Y DIOSDADO ENREDADOS CON COLOMBIA… OTRA VEZ

Julio César.

EL SUEGRO LO ENVICIA… 9

diciembre 20, 2011

…LO ENVICIA                          … 8

   Este relato me lo envía por correo un conocido de la casa, LeRoy, y es bueno, aunque es una mala traducción que me tomará tiempo medio hilar. Este relato que NO ES MÍO, lo llevo más bien como una pequeña adaptación. Que el autor no se moleste, por favor. Bien, la trama: un chico muy joven sueña con ser físico culturista y se casa con la hija de un ex culturista, el cual termina convirtiéndole en el juguete sexual de todos los hombres. Disfrútenlo.

……

Título: Muscle Pussy

De: hgenyc9261@gmail.com

   Los machos lo agotaban… sabroso.

……

   -Oh, si, bebé… tu culo afeitado y rojo esta hambriento. ¿Te gusta mi cuerpo?

   -Respóndele al señor, hijito.

   -Si. –jadea Bobby, mirándole intensamente.- Es tan grande y caliente.

   -Me alegra que te guste. Voy a meter una buena parte de él dentro de ti. Haré que grites de gusto, pequeña putita de los grandes güevos. Debo confesarte, a ti y a “tu papi”, que no eres el primer chico que me calienta la sangre. Estoy acostumbrado a todos esos muchachitos guapos y musculosos, con complejos de hombres que luego terminan gritando como perritas calientes para que les entierre mi enorme verga en sus apretaditos culos de debutantes. ¿Vas a ser mi putita caliente esta tarde, Bobby? –sonríe al notar el respirar agitado del muchacho. Obviamente con sólo oírle el rubio culturista estaba ya frenético.

   -Si, señor. Seré su putica caliente. –responde con lujuria incontenible.

   -Buena chica. Linda chica. Voy a depositar bastante de mi semen en tu culito ya embarrado y te va a encantar. Anda, inclínate para que tu culo se levante para mí.

   Algo mareado, Bobby aprieta su torso aún más del de Leo, quien se echa hacia atrás, cargando con él, atrapando su verga con una mano y empujando la amoratada cabezota hacia su agujero palpitante, posicionándolo en la entrada. Luego, sin aviso, apoya las manos en los hombros del muchacho y le empuja hacia abajo. Bobby grita cuando siente como los labios de su culo son dilatados a límites imposibles. Por suerte, piensa entre respiraciones corta, había sido tan cogido y su culo estaba tan lleno de esperma, que el titánico tolete logra enterrársele todo, centímetro a centímetro, sin mayores complicaciones.

   Cuando estuvo toda enterrada, palpitándole en las entrañas, el muchacho grita de manera demente, siente como su propio culo sufre espasmos alrededor del tolete, de manera salvaje mientras desea lanzar alaridos, encoger los dedos de los pies o dejarse llevar en un desmayo de gozo. El muchacho no lo entiende, pero era como… como si su culo estuviera sufriendo un poderoso y maravilloso orgasmo, y era algo que no le dejaba pensar o reflexionar, cosa de por si difícil para el hombre que tiene un güevo clavado hasta la empuñadura en su culo.

   -Joder, papá, ¿qué le pusiste en ese trago a Bobby? –pregunta Tony ronco y bajito, excitado y sonriente.

   -Los polvitos mágicos. –sonríe este, ojos brillantes.- Pero esto ya no es el calienta culo ese, creo que se trata de él. Creo que el trabajo está hecho y ahora Bobby sólo servirá como perra en celo para los hombres. Su vida como hombrecito terminó, y lo siento por mi Alice, pero ahora sólo es una musculosa, sexy y hambrienta puta que siempre deseará ser sometida, usada y llenada de güevos masculinos. –sentencia cruel, sonriendo.- Y sabes lo que eso significa…

   -Vamos, perra, eso es. Sigue dándote en tu punto G. Baila tu culito afeitado sobre mi verga. –Leo gruñe entre dientes, subiendo y bajando sus caderas, metiéndole bien hondo y con fuerza la titánica barra que hace gemir al muchacho.

   Bobby casi no puede reaccionar, recorrido como está por esa blanca y desmayada sensación de placer puro que sólo se alcanza en el clímax, pero que parecía provenir de su culo utilizado por el maculoso hombre negro que le retenía las lampiñas y sonrosadas nalgas con fuerza. Nota como su suegro se pone de pie y va hacia ellos. Puede sentir sus dedos hurgando en la entrada de su culo, uno ahora muy abierto por la verga del otro.

   -Caramba, los labios de su coño de hombre ahora si que están abiertos y bien estirados. Mi musculoso yerno tiene un culo realmente hambriento. –sonríe satisfecho, logrando colar un dedo dentro del agujero ocupado, provocándole un gemido al muchacho que todavía continuaba sobando el ancho pecho del hombre que le enculaba duro mientras apretaba, amasaba y chupaba esa verga con sus entrañas. Con hambre.- Voy a la cocina por más cervezas. ¿Te traigo otra? –pregunta Ben.

   -No te molestes.-responde Leo.- Iremos contigo. Bobby, agárrate bien.

   El rubio muchacho apenas tiene tiempo de rodear con sus brazos el recio cuello cuando ya el culturista más viejo se pone de pie. El más joven envuelve con sus piernas la cintura del otro mientras su dura, gruesa y larga verga negra continúa alojada en su rojo culo. Así, conectados, siguieron a Ben al interior de la vivienda. Cada paso que daba Leo deslizaba la enorme tranca dentro y fuera de su culo y Bobby sentía unas ganas horribles de gritar y agitarse en sus brazos en busca de más, totalmente desesperado por ser cogido y sentir nuevamente ese orgasmo de culo.

   Sonriendo, Ben camina por uno de los lados de la isla que divide la cocina por en medio, mientras Leo, con su güevo bien clavado en el muchacho, tomaba el otro, encontrándose todos a la mitad. De manera increíble aún para el propio Bobby, embotado como está por el placer que el güevo de ese hombre estaba dándole a estar bien metida en su culo, se siente alzado en peso, por lo que tiene que soltar los nudos de sus manos y piernas alrededor de Leo, el cual le hace girar sobre su estómago, acostándole sobre la división, separándole las piernas, dejando al descubierto el redondo y abierto culito rojo justo a la altura de su verga babeante y pulsante. Esta entra, toda, lentamente, quedándose en su interior y disfrutando de los halones que las jóvenes y ardientes entrañas le daban.

   Mareado de lujuria, Bobby oye la risa de Ben, de pie frente a su rostro, caminando hacia la nevera, con su verga aún medio dura y bañada en la leche de los otros que le habían cogido previamente. El güevote de Leo, entrando y saliendo, despertaba en él unas ganas terribles que le hacen contrae y aflojar sus glúteos, buscando atraparlo. Es tanta la emoción que el rubio chico deja caer el rostro sobre el mesón, de lado, mirando hacia su recio y musculoso suegro.

   Ben se acerca llevando dos cervezas en las manos y le tiende una a Leo.

   -¿No te dije que tenía un culo de cuento?

   -Dios, tu yerno es toda una perra; este culo de puta es… -gruñe Leo, sintiéndose deliciosamente atrapado, sufriendo esa poderosa succión que padece todo carajo cuando entierra su verga dura y caliente en lo más hondo del culo de otro hombre, cuyas paredes son suaves y calidas, pero más apretadas que el de las mujeres. Sobre todo si el culo era de un muchacho guapo y musculoso como Bobby.

   -Es cierto, el yerno me salió muy puto, míralo. –ríe Ben, quien al detenerse cerca del muchacho, la cabeza de su verga quedaba a centímetros de su boca abierta y jadeante.- Anda, hijito, tómala. Toma el regalo de tu papi.

   Sin importarle ya qué dijeran o pensaran, o las risas excitadas de los dos hombres, Bobby la tomó. Cubrió la verga de su suegro con la boca y comenzó a chuparla con fuerza mientras Leo continuaba embistiéndole con ritmo el culo con su gruesa y larga tranca de carne negra. Ahora el muchacho tenía dos güevos para él solito, llenando sus agujeros ávidos, uno en lo más profundo de sus entrañas y el otro bajando por su garganta, lamiéndolo ávido cuando cruza sobre su lengua.

   Ben y Leo hablan tranquilamente mientras le cogían con fuerza, como si el muchacho no estuviera allí. Bobby no era otra cosa que un alto, fuerte y musculoso culturista joven extendiéndose entre ellos como un culo caliente y una boca húmeda que atendía cada pulgada de sus vergas. Tony, su cuñado, así como Raúl y Eduardo, entraron en ese momento.

   -Amigos, la fiesta está increíble y realmente me muero de ganas por llenarle nuevamente el culo a Bobby con mi verga, pero le prometí a mi esposa que estaría en casa para la hora de la cena. Gracias por las bebidas y por ese dulce culo caliente. –dice Raúl.

   -No hay de qué. –responde Ben, mientras su yerno continuaba mamándole la verga.- Nos vemos el lunes.

   -Espero que esto se repita pronto. –comenta Eduardo.- Goza de las vergas que aún quedan para ti, Bobby. Te encantan y mereces disfrutarlas libremente. Eres un gran chico. –comenta mientras salen y cierran la puerta.

   -Ey, papá, llamé hace poco ordenando pizzas, ¿puedes ocuparte? –informa Tony.- Voy a darme una ducha y luego iré a la sala a terminar de ver el juego de futbol. Cuando terminen de llenarle el culo y la boca a Bobby de leche, vengan y coman algo. –pasando junto a ellos, palmea las nalgas del muchacho.- ¿Estás gozando mucho, Bobby? Apuesto que sí. ¡Debes estar tan mojado de ganas! –y ríe mientras se aleja.

   Ben y Leo continúan hablando mientras cogen al muchacho por sus agujeros. Bobby sólo chupa, con boca y culo, ávido de esas vergas calientes y babeantes que lo hacen desear más y más. En ese momento suena el timbre. Leo estrella su tolete bien profundo en el muchacho mientras Ben, suspirando exasperado (era duro cuando se debía sacar la verga de la boca de un chico ávido de ella), se retira y toma sus pantaloncillos también, dirigiéndose a la sala.

   Mientras Leo sigue quieto, susurrándole palabras sucias sobre lo muy puta que es y lo sabroso que tiene el culo, Bobby todavía puede escuchar cuando su suegro abre la puerta.

   -Aquí están sus pizzas, señor Moretti.

   -Pete Sanders, ¿eres tú? No te he visto desde la boda de mi hija con Bobby.

   -Así es, señor. Estoy ayudando a papá con la pizzería en mis horas libres.

   -Muchacho, te ves bien. Pareces un futbolista profesional.

   -Gracias, señor. Es por las prácticas de lucha libre. ¿Bobby no le ha contado? Él y yo éramos compañeros de secundaria y del equipo de lucha, aunque él practicaba también con pesas. Nos hicimos buenos amigos, por eso fui su padrino de bodas. Aunque el resto de los amigos se molestaron, cada uno deseaba ser el padrino. –ríe el joven.- También usted se ve genial, señor. Bobby me dijo una vez que también practicaba con pesas, ¿no?

   -Gracias, muchacho, así es. Incursioné hace tiempo en el culturismo. ¿Sigue tu papá dirigiendo la selección de lucha libre cuando no está en la pizzería?

   -No, señor, es entrenador a tiempo parcial del equipo de lucha libra en mi universidad ahora. Siempre me pregunta por Bobby. Siempre dice que fue uno de los mejores luchadores que han pasado por sus manos. Una vez se enfrentaron y Bobby casi le derrota, aunque papá cuenta, riendo, que seguro le dejó ganar, porque aunque Bobby estaba de panza sobre la colchoneta y papá se le montó encima, sonreía. ¿Cómo está mi amigo del alma? He oído que ahora sólo se dedica al culturismo.

   Mientras Pete cuenta su historia, Leo retira y desliza salvajemente su verga en el sedoso culo del joven culturista, metiéndosela hasta lo hondo nuevamente, dejándola allí, dura y caliente, palpitante y babeante, mientras se tiende sobre la espalda del muchacho.

   -Ya veo, Bobby. Apuesto a que amabas eso, ¿verdad? –susurra en su oído, la verga temblando en su culo.- El enorme entrenador montado sobre tus nalgas redondas y turgentes, derrotándote, pegando y frotando la enorme verga sobre la raja de tu culo a pesar del traje de práctica. Imagino que soñabas con que apartara un faldón en una pierna de tu traje, exponiéndote el culo y metiendo la gorda y dura verga en tu hambriento, lampiño y titilante agujero de amor. Cogiéndote con fuerza, metiéndola y sacándola con buenos golpes al tiempo que te llamaba putita caliente mientras el resto del equipo miraba excitado, hasta que el entrenador disparaba su buena carga de leche caliente, llenándote a rebosar ese culito salvaje y el resto de los chicos se ponían en fila para atender, llenar y saciar nuevamente tu ardiente coño de hombre puto.

   Bobby jadea, mareado por las imágenes que esas palabras conjuran, preguntándose sí sería cierto. Tal vez, ya desde entonces, deseaba ser una putica caliente que brindara placer a los hombres, aunque para esa época todavía salía con chicas, pocas, y en serio andaba con Alice.

   ¡Alice!

   Por Dios, ¿qué le diría? ¿Cómo había podido traicionarla así? El pesar pasa cuando Leo le atrapa con una mano un mechón de cabellos, halándole hacia atrás, y con la otra le nalguea con fuerza, comenzando a cabalgarle de manera alarmante, casi derribándolo del gabinete, despertando nuevamente esas ganas horribles de ser llenado con güevos y semen en su interior.

   -¿No te gustaría que tu amigo, Pete, te encontrará aquí siendo usada como la puta caliente que eres? ¿Imaginas que entre y te use también y les cuente a todos tus amigos y que vengan a darte como tanto te gusta? –le gruñe, bajito, Leo.

   Y la sola idea hace que el muchacho grite ahogado, mareado, nuevamente sufriendo un orgasmo por su culo. Así de ávido estaba ya.

CONTINÚA … 10

Julio César.