Archive for 30 julio 2012

DE NOVIOS… 4

julio 30, 2012

NOVIOS                         … 3

   El siguiente es un Padackles ligero donde un tal Jared alegre, buena gente, joven y gran amigo e hijo, se vuelve loco por un chico que le esquiva como tiene que ser: es el novio de su hermana, Megan. Es poco subido de tono, pero tiene lo suyo. Es bastante divertido. La historia no es mía, tan sólo la medio traduzco, que no se moleste la autora:

……

Título: I do not like your boyfriend

Autor: AshelyJane

   -Déjame y te enseño cómo hacerlo…

……

   -Te ves tan feliz. –ronco también, Jensen le da la espalda e intenta separarse, pero el pasillo no es muy ancho.

   Jared está inmediatamente a sus espaldas, y tal vez lo más decoroso sería alejarse un paso o dos, reconocer que está invadiendo el espacio personal del otro, recordar que Jensen es el novio de Megan. No olvidar que… Pero no puede hacerlo. Sabe que debe, quiere, pero no lo consigue, lo reconoce con la mirada perdida en la nuca del rubio.

   -Ese día reiné en la escuela.

   -¿Te dieron una tiara? –oye la burla, y le divierte y admira como su cuello enrojece.

   -También un cetro y una capa. Una monada. Debes ver esa foto, la tengo en mi dormitorio… -ofrece a la ligera, siguiendo la broma, congelándose luego, temiendo haberse extralimitado.

   -¿Es… Sandy, la que mencionó Megan? Parece importante. –la voz baja un poco mientras el rubio recorre a la bonita, menuda y bien formada porrista.

   -Es Sandy. Y lo fue, importante para mí. Ahora es una buena amiga. Como Chad… -con un dedo señala al otro, y ya no puede estar más cerca de Jensen sin tocarle, erizándose por el calor que emana del otro cuerpo, maravillándose de esas orejas rojas cubiertas de pequeñas pecas, así como su nuca. Detalles que nota casi mareado, como el corte de su cabello, el brillo de hebras más doradas, pero también las había rojas.

   -No quise burlarme con lo de la lechuga. –le oye bajito, y Jared frunce el ceño, con la boca seca, ¿acaso Jensen se había movido casi imperceptiblemente hacia atrás, buscándole?

   -No te preocupes. Megan y Jeff gustan de mortificar así; son gente horrible. –baja mucho la voz, tragando, sabiendo que le habla prácticamente a una de sus orejas, muy cerca.- Jensen, no quise hacerte sentir mal, como si no fueras bienvenido, por eso el toque de botas. Lo que ocurre es… -sabe que le baña con su aliento, sabe que debe detenerse pero no puede, y menos cuando nota que Jensen está muy quieto, sin apartarse, rígido… y que cierra los ojos. ¡Oh, Dios! Así que se lanza.- Jensen…

   -¿Si? -Jensen se oye tenso aunque no se mueve.

   -¿En verdad eres el novio de Megan, Jensen? Porque yo no lo creo. –demanda saber.

   Jensen se vuelve, alarmado, y por un segundo prácticamente comparten alientos, cosa que le afecta. Esos labios rojos y húmedos, las adorables pecas, las bocanadas de aires que exhala… Todo eso comienza a calentarle la piel y a provocarle extrañas cosquillas en las pelotas.

   -¿De qué hablas? –le desconcierta el tono acerado que emplea el rubio, y ahora es que repara en su mirada atenta y desconfiada.- Megan y yo… estamos saliendo. –aclara tragando en seco, y Jared debe agitar un tato la cabeza para despejarla y dejar de mirarle como idiota, mientras le ordena al cerebro que vuelva a sus funciones.

   -No, no lo creo. Megan y tú no parecen… Te he escuchado, dos vece has dicho lo de amigos, que son buenos amigos…

   -¿Nos espiabas? –parece en shock.- ¿Pero qué clase de idiota…?

   -¡No espiaba! Iba para la cocina por agua y los escuché. –enrojece, avergonzado. Por la fría mirada de Jensen sabe que no le engaña.- Pero ese no es el punto. Megan nunca nos habló de ti, ni una palabra; y mira que cada vez que inicia una relación, que tampoco son tantas como se podría pensarse por lo que digo, nos marea y fastidia hablándonos de ellos. Hubo un tal Misha… -enfatiza vigilándole atentamente.- …Un maniático total que sostenía que el hambre mundial podía combatirse poniendo a todo el mundo a meditar bajo el sol. Y Megan parecía creer semejante idiotez, repitiéndosela a todo el mundo. Y eso antes de traerlo aquí. ¿Pero de ti? –da una palmada.- Ni una palabra. De ti no sabemos nada; hace una semana ni te había nombrado como no fueras el tipo guapo que la ayudaba con sus tareas. Y tú eres tan extraño como ella en este caso, te dices su mejor amigo y no reaccionas cuando menciono al tal Misha. No, no pareces su novio en realidad… -termina esto bajando el tono, parece más bien decirlo para si.- ¿Qué ocurre?

   -¡Eres increíble! –a Jared le sorprende la dureza en el tono y retrocede cuando el rubio da un paso al frente, furioso.- Megan y yo somos novios y nos queremos mucho. Sé que te molesta porque eres sobreprotector y nada te parece bien o suficiente para ella, tu hermanita, pero te estás extralimitando. ¡Soy el novio de Megan! –enfatiza, sin alzar la voz pero remarcando las palabras, casi a su rostro.

   -¡Pruébalo! –reta con firmeza, más cerca, sus botas tocándose; y algo cabreado al verle retroceder e intentar alejarse por el pasillo, le corta toda retirada apoyando un mano contra la pared a la altura de su rostro, tan cerca que prácticamente está a centímetros de su boca, la cual se abre con sorpresa y Jared debe hacer esfuerzos sobrehumanos para no cortar la distancia y apoderarse de ella con la suya y explorarla, aunque la idea le hace gritar de desesperación, ¿qué le estaba pasando? ¡Él no era gay! Ni siquiera por suponer que esa boca sabría bien (gemiría, seguro que si le besan, Jensen era de los que maullaba).

   -¿Qué diablos…? –balbucea ronco y por un segundo parece totalmente atrapado, como no sabiendo qué decir o hacer, deseando alejarse, pero…

   ¡Mierda, le besaré!, piensa Jared. Lo hará para saber qué se siente y así se curaría de esa extraña curiosidad. Cierra los ojos, oye el gemido contenido de Jensen (que no le aparta ni se aleja, ¿esperándole?) y va acercándose cuando…

   -Jensen, despídete de Jared, ¡nos vamos! –la voz de Donna.

   El rubio gime y le aparta el brazo de un empujón y Jared tiene que abrir los ojos cuando trastabilla en el espacio vacío, la boca en posición de beso, sintiéndose totalmente idiota al encontrarse a solas en el pasillo. Joder, piensa con el corazón enloquecido. Estuvo tan cerca…

   -Al fin se durmió. –oye a sus espaldas la voz cansada de Shanon que viene bajando las escaleras.- ¿Por qué tienes la boca así? No estarás planeando una broma, ¿verdad? Recuerda lo que te pasó en aquella fiesta de navidad el año pasado cuando asechabas a las chicas a la salida del cuarto de baño con tu muérdago de plástico y mi abuela te atrapó.

   -Dios, no me lo recuerdes. –jadea, descomponiendo la presión sobre sus labios y moviéndolos sintiéndolos rígidos.

   -Okay. Aunque claro, tampoco tienes a quién besar; a menos que lo intentes con Donna Ackles, la madre de Jensen. –y ríe de la idea, alejándose.

   Jared jadea exhausto, cayendo de espaldas contra la pared, llevándose una mano a los ojos y notando, molesto, que tiembla un poco. Joder, estuvo tan cerca de besarle, y la sola idea acelera su respiración y derrama un poderoso calor en sus entrañas. Casi besa al novio de Megan. La idea le hace gritar internamente, pero se recompone. No, ahí había algo extraño. No puede creer que Megan y Jensen…

……

   Hay apretones de manos y besos, sonrisas sinceras de agrado, cada grupo familiar algo sorprendido de que el otro le hubiera gustado tanto. Intercambian números telefónicos, se prometen futuras cenas y reuniones. Tal vez Jensen parece algo apagado, es posible que Jared esté un tanto ceñudo, pero en verdad no tanto como para que se note. El trio Ackles sale acompañado de Megan, y a Jared le mortifica un poco que Jensen no le diera la mano, aunque después de la escena de celos en el pasillo. Casi grita y traga cuando lo piensa, alarmado, asustado, casi tembloroso. Aunque…

   Ya tendría tiempo después para analizar su crisis sexual; todo mal talante se asoma a una ventana y golpea el marco cuando Megan abraza y besa a Jensen. La joven se vuelve exasperada, enseñándole el dedo medio de su mano derecha, resintiendo su imagen de metiche mal encarado aplastándose contra el cristal. Jensen le mira fugazmente, se tiende y la besa fugazmente otra vez, y se aleja hacia el auto que espera.

   Bien, bien, Jensen ya se había ido. Ahora podría respirar con tranquilidad. Y pensar igual. Cuando la puerta se abre y entra una serena Megan, Jared sabe lo que viene, al menos de parte de su padre y Jeff, y en cierta medida, su madre. Hacer picadillo de Jensen Ackles (aunque la idea de parece odiosa).

   No está preparado para los grititos de Shanon y su madre, medio abrazándola y diciéndole que se había sacado la lotería con un novio tan guapo, pecoso, educado (y repiten guapo), con tan buena voz, que se sonroja cuando se le halaga (y su madre intercala, de alguna manera, el guapo otra vez). Tal vez lo más desconcertante para el joven es escuchar a su padre decir que le cayeron bien esos Ackles, aunque Alan parecía un republicano disfrazado de liberal. Jeff comenta que este novio al menos sabe comportarse en la mesa.

   Si, damas y caballeros Jensen Ackles ha sido un éxito entre los Padalecki, y Jared se siente mal. Por ser mezquino. Habría sido mejor que todos le odiaran, como generalmente hacían, alejándole eventualmente. Pero no, Jensen parecía haber pasado el filtro. ¡Había que joderse!

……

   -Estuviste actuando como un culo total. Y sigues siéndolo. No has oído una palabra de lo que he estado diciendo. –le reclama rato más tarde Megan mientras lavan los platos.

   -Megan, hablar sin sentido es nuestra marca registrada; ya hemos desarrollado defensas contra ello. ¿Acaso tú escuchas lo que yo digo?

   -No, pero esto es distinto. Estoy hablando de lo desagradable que fuiste con el chico más lindo, amable, agradable y buena gente que conozco. Él se dio cuenta aunque intenté disculparte, sin tener que recurrir a lo que inventamos de Jeff, sobre su doloroso grano en un testículo.

   -¡No fui…! -lo fue, ¿verdad? Jensen no se lo merecía; no puede culparle por ser tan… Mierda, si, guapo.- Soy así con todos tus novios.

   -Jensen no es como todos; Jeff y papá no lo odiaron como tú. –le mira intensa, casi suplicante.- No seas así con él, Jared. Jensen no merece que le rechaces de esa manera. Es un chico tan bueno que si le conocieras…

   -Hablas de él como lo haces… de Jeff o de mí. No como si fuera tu novio. –la reta, luego desvía la mirada y sigue enjuagando platos.- No hablas como una novia apasionada que idolatra el piso por donde camina su apuesto novio. –su silencio le desconcierta, eleva la mirada y descubre incertidumbre en sus ojos. ¿Acaso duda?

   -No sé qué tienes contra Jensen, pero supéralo. Me gusta y va a continuar apareciendo por aquí hasta que partamos a California. –seca platos.- Y si supieras lo bien que besa, sabrías que es todo pasión. ¡Jared, cuidado con esos platos! ¡Mamá va a matarte cuando vea que lo dejaste caer ese!

   -Si, si… -totalmente amargado busca la paleta y la escoba. Intentado apartar su enrojecido rostro de la vista de Megan. Por el plato caído, ¿okay? No porque estuviera imaginando a Jensen besando… a nadie.

   -Mamá dice que tardan mucho, ¿de qué hablan? -Jeff entra, toma agua… y deja el vaso sobre la mesa, sin reparar en la elocuente mirada de Jared que lo toma con un zarpazo.

   -De Jared y la manera en la que trató a Jensen.

   -Si, hombre, fuiste desagradable. –concuerda el otro y Jared bota aire de manera ruidosa.- ¡Mierda, ¿rompiste uno de los platos de la vajilla buena?! ¡Mamá va a matarte!

……

   No puede dormir a pesar de lo cansado, de lo tarde y de lo cómodo de su cama. Hace rato que apagó la televisión para ver si el sueño llegaba pero nada. ¿Realmente se habría comportado como un culo con Jensen? Nada mas pensar en el rubio lo recorren escalofríos por todo el cuerpo. No quiere sentir eso, tampoco creer que fue desagradable con el otro, porque sería injusto. No puede engañarse, Jensen Ackles (suelta un suspiro) no había hecho nada malo, ofensivo u hostil. Se presentó como el novio de Megan, y sí, él es muy sobreprotector… y le gusta molestar a la muchacha atacando a sus pretendientes, pero esto fue distinto. No fue por Jensen, ni Megan; todo su malestar venía de la idea que Jensen quisiera a Megan, su hermanita. Eso le dolía. Era mezquino, ruin, Megan y Jensen no lo merecían, y eso le entristecía, pero no podía remediarlo. Ese malestar al que no puede ponerle nombre, esa inquietud que le quita el sueño, ese anhelo por algo que no entiende y le hace palpitar dolorosamente el corazón se parecía demasiado a los celos y la frustración como para sentirse cómodo.

   Estaba mal. Eso no podía ser. Y toma la decisión, una que duele horriblemente pero sabe es lo mejor: no volverá a encontrarse, en su vida, con Jensen Ackles.

……

   Le cuesta abrir los ojos, y eso que ya no dormía tanto como antes, pero la sed… Por alguna razón no le sorprende entrar en la cocina en penumbras y encontrar a Jared vistiendo su cómodo pantalón de pijama y una enorme franela, descalzo, comiendo helado sentado a la mesa. Cuando entra, el joven la mira, viéndose culpable.

   -¿Te volvió el apetito?

   -No podía dormir. –se encoge de hombros, queriendo hablar, decirle que le ahoga estar en la cama, que sabe debe descansar, desconectar el cerebro y reposar, pero que no puede. Que cada vez que lo intenta recuerda a Jensen y que este es el novio de su hermanita y que lo mejor era no verle más, y eso era tan doloroso que no podía estarse quieto. No puede. Baja la mirada y atrapa algo de chocolate con la cuchara.

   La mujer le mira, se sirve un vaso de agua, la bebe, agarra una cuchara y toma asiento a su lado, donde él la mira, le sonríe con cálido afecto y le tiende el bote de helado. Sherri toma un poco y lo prueba, mirándole, esperando que diga algo. Jared sabe que ella está allí para él, como era desde niño, sabiendo que algo le inquieta y perturba, ofreciéndole apoyo. Sabe que si pudiera tragarse el nudo que tiene en la garganta y dificultaba tragar cada bocado de helado, y pudiera contarle de su crisis, ella escucharía sin juzgar, preocupándose por él, mirándole con afecto, tal vez inquieta pero consoladora. Ella estaba allí para escuchar cualquier cosa que él Megan o Jeff tuvieran que decir, para responder con el corazón y haciéndolo todo más tolerable. Pero… No, no puede contarle esto. No todavía. No cuando él mismo no sabía qué estaba sintiendo. Así, fuera de su corazón latiendo con atronadora fuerza en el pecho, sólo hay silencio (y espera que su madre no escuche los latidos, ¡aunque tenía un oído tan fino!).

   -¿Es por Jensen? –pregunta ella al fin.

   Jared la mira espantado, enrojeciendo hasta la raíz de sus cabellos, ahogándose y tosiendo cuando la cucharada de helado pasa del esófago a la tráquea.

CONTINÚA … 5

……

   ¿Cuántos intereses románticos de tipo gay puede soportar Dean Winchester? Es juego y estoy riendo al escribir esto. Según Sonia, una amiga de la casa, leyó en la página Supernaturalízate que Dean será ayudado por un vampiro a escapar del Purgatorio y luego quedará en deuda con él. No siendo suficiente, este vampiro será recurrente en la temporada. Ya ella suspira con los cuentos que leerá sobre los dos personajes. Y el tipo tiene pinta. Pobre Sam, pobre Cass, como si ya no hubiera suficientes pirañas en el estanque. Habrá que pasarse por ese blog.

Julio César.

HASTA CILITA FLORES SE DA CUENTA… LA COSA ES CONTRA LOS DERECHOS HUMANOS

julio 30, 2012

ROBERT SERRA Y LA OBSESION POR LOS TESTICULOS

   Quedan al desnudo…

   Cilia Flores ha reaparecido, ¿la recuerdan? Todo el mundo la cría la peor presidenta que pudo haber pasado por la Asamblea Nacional, hasta que llegó Diosdado Cabello, con quien las leyes tuvieron que irse a redactar a Cuba (para que vean que siempre se puede estar peor… en revolución; dicen que la primera sorprendida por tanta piratería fue ella). El caso es que Cilia Flores es ahora la flamante Procuradora General del Chavismo aunque mucha gente no recuerda cómo llegó o quién murió para que la nombraran. Y así fue, murió el anterior (por suerte para él es posible que no exista el Infierno) y no había nadie más. Buscaron y buscaron dentro del chavismo y nada. Tuvo que ser Cilia (y buscaron dos veces). El caso es que la pobre mujer está resintiendo las presiones de tener que sostener las locuras del Gobierno durante tantos años. Como abogada del presidente Chávez (así ve ella su cargo), la mujer dijo, refiriéndose a la Comisión Internacional de los Derechos Humanos de la que Venezuela quiere escapar como diablo de la cruz, que: “La Comisión Internacional de los Derechos Humanos está asumiendo los planteamientos de la Mesa de la Unidad Democrática”. ¿Qué tal?

   Hasta ella reconoce que las críticas que se le hace en Venezuela a la justicia roja que el presidente Chávez quiere aplicarle a la gente a la que odia, es una arbitrariedad, cosa que notan los tribunales internacionales que sentencian lo que sentencia. Y uno se pregunta, ¿había que esperar que alguna comisión extranjera dijera que, en el caso de la juez Afiuni, por ejemplo, era una brutal agresión del Presidente que ordenaba encarcelarla 30 años desde un programa de televisión para amedrentar a los jueces que no sentenciaran como el deseaba? ¿De verdad, Cilia, había que llegar a eso y que ahora usted lo reconozca, que las mismas críticas que se hacen aquí la sostienen tribunales internacionales? ¿Catorce años nadando para ahogarse en la orilla? ¿Sólo ahora ve la luz? La cosa no era tan complicada: delito es delito, punto.

ELIAS JAUA CONTRA DIOSDADO CABELLO…

Julio César.

LOS CALIENTES CHICOS DEL DEPORTE

julio 28, 2012

UN JEFE EXIGENTE

   Comenzaron los juegos… y ellos se mueren de las ganas de jugar contigo.

HABILIDA

Julio César.

LOS SIMPSON Y EL FRAUDE ELECTORAL, SIEMRE TAN ACTUALES

julio 28, 2012

   ¿Cómo lo hacen?

   Hace poco, llegando temprano a casa, alcancé a ver un episodio de la Casita del Horror de los Simpson, cortos relatos referidos a la noche de brujas. Este comenzaba de una manera divertida, anunciándose las elecciones presidenciales entre Barack Obama y John McCain. Homero tomaba su lugar frente a una máquina electrónica y oprimía la opción “por Obama”. Una voz le decía, “un voto para McCain, gracias”. Él gemía que no, que era por Obama, y oprimía otra vez. La voz dice que son dos, tres y cuatro votos por McCain. Molesto, Homero marca frenéticamente y la voz le informa “doce votos para McCain”, y el muy insensato de Homero gritaba que sólo uno de esos votos era por McCain (le dio un voto, cómo reí). Al final, alarmado, Homero gritaba que eso era un fraude electrónico, que debía advertírselo al “Presidente McCain”. ¿No es genial? Por cierto, la máquina le mata para que no hable.

  Aunque una sátira, este es un temor que siempre sentimos quienes vivimos en países donde un gobierno compra unas máquinas electorales que ellos mismos controlan y, sólo ellos, totalizan los resultados. Despierta como recelo, ¿verdad? Y son máquinas de lo más mugrosas, por lo menos las que están en Venezuela; en Colombia, Chile y México vota una cantidad horrible de gente, el conteo es manual y ya en horas de la tarde saben cuántos votaron y por quién. Aquí pasan meses y las máquinas no terminan de dar los resultados. ¿Misterios tecnológicos?

   Volviendo a los Simpson, eso es lo que gusta de ellos, tocan todo tema, irreverentes, ácidos. Muchas veces se vuelven contra posiciones hipócritas de la sociedad norteamericana (como un adulterio presidencial que levanta indignación, mientras se sabe y tolera que es el país donde se produce más de la mitrad de toda la pornografía mundial, con el riesgo que ello conlleva). Y sin embargo, con todo y lo divertidamente grotescos que siempre ha sido, y más ahora (antes Homero parecía más cuerdo, ahora es un atorrante), hay valores que se sostienen: el profundo amor de Homero Simpson por sus hijos, así como la esperanza de que practicando los valores de la nación todo saldrá bien al final. Con todo y lo fuerte que es su crítica, los Simpson no despiertan resentimientos contra los norteamericanos, tal vez porque en otras partes admiramos que un programa pueda exponer así su sociedad y no se le censure o persiga.

   Hay que señalar que para esta temporada que comienza, con muchas cancelaciones, los Simpson cruzaron al otro lado, tendrán otra. Continuarán divirtiendo aunque ya no sorprendan ni impacten como antes, pero harán reír. De hecho es una de las pocas cartas fuerte de la FOX, cuyas series salieron tan mal paradas la temporada pasada.

   Bien por Homero, Bart, Lisa, Marge y Maggie.

Julio César.

MUCHO TIEMPO LIBRE Y PAPAS QUE LE MANTIENEN

julio 28, 2012

ATENDIENDO EL ESTRÉS

REGLAS ELEMENTALES

Julio César.

A ESCONDIDAS…

julio 28, 2012

 ¿CULPA DE LOS LENTES OSCUROS?

   La cosa es que ya lo tenía como maña.

   Siempre pasa, alguien se oculta para tomar un rico bocado porque está hambriento y piensa que no hay suficiente para todos en la casa, y terminan pillándole cuando le está clavando, suavemente, los dientes, quedándole tremenda raya encima: la del que come solo. Porque esa es otra, el que llega siempre se antoja y quiere que le den también.

PARA COMER Y BEBER

Julio César.

DE PERROS Y OTRAS MASCOTAS

julio 28, 2012

¿CONTROLARÁ ISRAEL A LIBIA?      

   -Ay, Dios, va a cambiar la luz.

   Oyendo la radio hace tiempo, escuché al moderador de un espacio hablar de una mujer que buscaba a su perrita perdida. Él decía que para quienes no tienen mascotas, se les hace muy difícil entender el tamaño de la angustia y la desesperación de aquellos a quienes se les extravían las suyas. O se les enferman o mueren. Qué quien quiere a un animalito, sentimiento correspondido generalmente, después de un tiempo ya la ve como un miembro más de su familia.

   Al tiempo lo recordé cuando vi en plena avenida Fuerzas Armadas, caótica como es, a una joven alta, catirona y bonita gritando en una esquina cerca de la intercepción con La Panteón. La muchacha gritaba una y otra vez “mi perrita, mi perrita”, casi histérica. El animalito, una cosa pequeña, mechuda, de un color blanco y canela (bonita), corría de un lado a otro en medio del tránsito. Por suerte había un fiscal que paró todo y la gente bajó de los carros cercanos e intentaron capturarla. Me contó una señora que la muchacha venía con la perra en brazos y esta saltó, corriendo al centro de la avenida (donde, afortunadamente, los carros van a poca velocidad dado lo accidentado de la vía y la gran cantidad de vehículos). Parece que la muchacha gritó y sin mirar para ningún lado ya se iba a lanzar también, pero fue detenida por un señor. Desde ese instante comenzó a lloriquear. Por fin alguien la atrapó, se la entregó, y cuan mamá, la muchacha reía y lloraba, regañando a la perra. Lo agradable fue que en cuanto estuvo a salvo la pequeña cosa, algunas personas aplaudieron, aliviadas y felices de que nada malo le hubiera ocurrido.

   Relatándolo en la oficina, una colega contó que un día iba con sus padres a la Gran Sabana y (no recuerdo por qué carretera) dijo que el tráfico estaba detenido en ambos sentidos y la gente comenzó a bajar de los vehículos. Ellos también lo hicieron para ver qué era lo que suscitaba tanto interés y se toparon con una pereza, ese animal lento y conchudo, atravesando la carretera. Alguien la vio, se detuvo y les avisó a los demás. Todos se pararon a esperar que cruzara, y una vez que lo hizo, aplaudieron. Esas cosas hablan de los buenos sentimientos de las personas normales. Una persona mentalmente sana y equilibrada no provoca deliberadamente dolor, menos a seres indefensos. Me recuerda una propaganda que un día vi, un grupo de tipos toman cervezas y ven un juego de futbol y en el intermedio pasan una propaganda, de un canal ambientalista, donde un tigre asecha y se le acerca arteramente a un cervatillo. Los tipos siguen fijamente los movimientos del felino, se echan hacia delante en los asientos y cuando el tigre salta y el cervatillo corre, ladeándose, esquivándole y escapando, todos se ponen de pie y alzan las manos estallando en gritos de “¡siii!, escapó, escapó”, y se felicitaban ellos mismo. Creo que algo de eso siempre hay, en el fondo, de toda persona de bien.

   Pero hablando de perros, hay otros dos cuentos que me gustaría referir. Tengo un cuñado trabando en la construcción del Metro en Petare, por lo que sube todos los días de Guatire hasta Los Dos Caminos, tomando luego el subterráneo para llegar a la zona. Pues bien, asegura mi cuñado que casi todos los días un perro callejero sube en la estación de Los Dos Caminos, se echa sobre las patas posteriores viendo el paso de las estaciones, y baja en Petare. Ya la gente lo conoce, nadie lo espanta, nadie intenta hacer que lo desalojen (cosa extraña en primer lugar, ¿cómo entra?, ¿nadie vigila?), y a todos maravilla su comportamiento y lo comentan. ¿A dónde va? ¿Qué hace en Petare que viaja cada mañana hasta allá? ¿Por qué regresa a Los Dos Caminos cada tarde si al otro día repite el viaje? La verdad es que da curiosidad. Mi hermana le preguntó sí nunca lo ha seguido para ver qué hace. ¿No suena casi humano?

   El otro cuento creo que ya lo relaté. Un amigo de trabajo, que atraviesa La Valle-Coche (la autopista), nos contó una vez algo que le hizo reír mucho. Todos los días hay gente que atraviesa a la carrera entre los autos, cruzando la peligrosa autopista, a veces provocando frenazos o deteniéndose en medio de la vía mientras dos carros pasan a sus lado, cuando hay una pasarela a pocos pasos. Está ahí, pero muy pocos la utilizan. La vez en cuestión, relata que un carro frenó feo, gritándole el chofer algo a una mujer que corría con dos muchachos… bajo la sombra de la pasarela, por donde en esos momentos subía un perro rumbo al otro lado. ¿No es una horrible crítica social? Un perro con más sentido común que una persona. Pobre humanidad.

INFANTICIDIO: UN CRUEL MUNDO ANIMAL

Julio César.

¿CONTRA EL HAMPA?: MACANA

julio 28, 2012

VOCACION  

   Cumpliendo con su deber podía pasar horas…

   El rudo sargento Vergatti sabe que contra los infractores y delincuentes no se puede usar guantes de seda, así que cuando les captura infraganti les aplica la dura mano de la ley. Mano que no tiembla en someter y derribar, así como no se cansa metiéndoles, una y otra vez en el alma, el santo temor a la justicia. Sabe el hombre que aunque estén gimiendo y estremeciéndose bajo sus atenciones, la generalidad del hampa es machista y explota la imagen de hombría agresiva y peligrosa para imponerse. Por eso, mientras los somete rítmicamente haciéndoles gritar en un momento dado por piedad (que les deje terminar), les graba. Y la mayoría prefiere ser reprendidos por cruzar una luz en rojo antes que delinquir y que su video termine en YouTube; sobre todo si, para fortuna de todos, la leve infracción la cobra como sólo él sabe, el gran Vergatti.

SUPER MA…

Julio César.

PURA ANSIEDAD

julio 28, 2012

NO HAY ÁNIMOS

USO Y ABUSO

Julio César.

HALO SOLAR Y SEÑALES APOCALIPTICAS

julio 28, 2012

LOS REYES MAGOS…

   Qué belleza.

   Lo que queda del año va a ser una tortura para todo el mundo, creyentes de distintas índoles y los que no. El 2012 estaba señalado como un año difícil para muchos por la supuesta profecía maya acerca del fin del mundo. El calendario maya, elaborado hace centurias, termina justo este diciembre, lo que ha sido interpretado como una señal del final. El que la ciencia haya alertado sobre un año de “inusual” actividad solar, sólo ha servido para aumentar la zozobra; aunque científicos y religiosos serios intentan sacarle carbón al fuego del miedo. Incluso se dijo que se encontraron rastros arqueológicos que desmienten el supuesto fin predicho por los mayas. Rastros que nadie ha querido aceptar del todo.

   Hay algo en la idea sobre el Fin del mundo que cautiva y aterra. Armagedón, Impacto profundo, Cuando los mundos chocan, El día después de mañana, todas esas cintas explotan esa fascinación. Me cuento entre quienes lo disfrutan, y los que se alarman relativamente; como cuando vi “Cuando el destino nos alcance” o “Al día siguiente”, una sobre un mundo agotado y contaminado, la otra donde estalla una guerra nuclear, esbozaban posibilidades que eran y son, plausibles. Aunque, curiosamente, ninguna de las dos posibilidades es de orden natural, son resultados de la actuación humana.

   Fanáticos dentro de catastrofismo, así como cierta gente de índole religiosa, están convencidos, y hasta emocionados, con la posibilidad del final. La cinta 2012, con esa radiación imposible de detener (los neutrinos, esos que nos atraviesan constantemente aún bajo techo), impresionó; y si a eso le sumamos una real actividad solar de cierta violencia, es como para ponerse a sumar los miedos. Por ello no sorprendió que en un resiente fenómeno que disfrutaron los salvadoreños (porque tanta belleza y cosa curiosa debió ser un goce para la vista), algunos se alarmaran de corazón. Un enorme halo de colores rodeaba al Sol en el cielo. Cómo me habría gustado estar ahí, debió ser hermoso. Claro, no era ningún milagro como los antiguamente sostenidos. Al estar las nubes en la atmosfera cargadas con gotas de agua, la luz del Sol sufrió una refracción cercana al astro. Ese halo por lo general es incoloro, o blanco como la luz misma en su fusión de colores, pero el agua logró separar dichos colores como si de un prisma se tratara.

   Durante más de tres horas los salvadoreños pudieron observar esta maravilla de la naturaleza, algo que rara vez ocurre. Y no faltó este detalle. Un crucifijo. ¿Un agradecimiento al Creador o simple inquietud que esconde el mido? En tiempos de espera, todo lo que ocurre es una señal que confirma lo aguardado. Relatos de la Europa del año noventa y nueve, cuando se cumplía el primer milenio y la gente creyó se acercaba la Segunda Venida (con su Juicio Final), la gente veía portentos en los cielos; generalmente nubes con formas de cruces, lanzas y aún caballos galopando. Como esperaban verlo, tal vez lo vieron.

   Pero bueno, como no soy el Ayatola, ni el Papa, puede que me equivoque y que alguna catástrofe de orden natural nos esté aguardando a la vuelta de la esquina mientras rotamos alrededor del Sol y con este cruzamos el brazo de la espiral, lo que les daría la razón a los catastrofistas; pero en cuanto a la gente religiosa, me sorprende que crean en un Fin del Mundo literal. ¿Acaso no recuerdan la promesa de Dios a Noé de que jamás volvería a destruir a la humanidad como un todo? Curiosamente fue el arcoíris, la refracción de la luz en las nubes, el símbolo escogido para recordar la promesa para siempre. Pero intenten decírselo a un exaltado y me cuentan después cómo les fue.

2012, ESPERANDO EL FIN

Julio César.

RECOMPENSA DE GANADORES

julio 28, 2012

 TRATAMIENTO

   Iban a darle con todo.

   A los gruñidos de “toma, toma, pedazo de marica; esto es lo que te gusta, ¿verdad?”, el negro le clavaba ese güevo impresionante que colgaba entre sus piernas, metiéndosela hasta los pelos dentro del redondo orificio. El muchacho gemía mientras tenía que mamar también, de uno al otro, a los dos compañeros que ya previamente habían penetrado también su culo, cada uno soltando su buena carga de leche. Rojo de cara, mareado, se pregunta cuándo más puede durar eso, el partido había terminado hace casi una hora y desde entonces estaban dándole güevo sabroso. Aunque no puede quejarse, para eso él gano, carajo.

MALO PARA LAS PRESIONES

Julio César.

LUCHAS INTERNAS… 87

julio 27, 2012

LUCHAS INTERNAS                         … 86

   -Estoy tan cerca de lograrlo…

……

   Que locura, se dice Néstor, agitado, con algo que quiere ser preocupación, pero que en verdad no llega a ser más que una difusa y diluida inquietud. Lo real es lo que siente ahora: que le maman sabroso el güevo. El hombre, desnudo a excepción de una blanquísima camiseta, está recostado en el sofá; sentado, en camisetica e hilo dental, en la mesita, semirrecostado de un costado del médico, Roy sube y baja su boca por el enorme tolete que se ve muy largo y grueso para su boca, pero que, sin embargo, traga. Su boca con las mejillas contraídas, sube a la roja cabezota, que besa salivosamente, para luego bajar, tragándose el cilindro casi triangular gracias a la gran vena que cruza su cara inferior. Con respiración entrecortada, Néstor lo mira fascinado. Roy se ve hermoso cuando becerrea en su instrumento, e incapaz de controlarse, le acaricia y enreda los dedos en su sedoso cabello, halándolo de vez en cuando, atrapándole la nuca y guiándolo sobre su enorme tranca.

   Néstor levanta la vista y mira a Vinny, desnudo totalmente, con el torso ligeramente velludo, musculoso y delgado, con un tolete erecto, horizontalizado entre sus piernas, donde hay una leve sombra de vellos púbicos, que obviamente rasuraba, de rodillas, atrapando a Alirio, quien esta chino en pelotas, por las caderas, mientras su boca sube y baja golosamente sobre su tranca. Néstor mira como arquea los labios y con leves “glug” lo tragaba, hinchándole las mejillas y bajándole por la garganta. Alirio jadea, mirándolo tragarse su güevo, y atrapándole la nuca con las dos manos, parece retenerlo, mientras le embiste con poderosos caderazos la boca con su güevote, que se ve grandísimo. Lo coge con furia por esa boca que babea.

   -¡Ahhh! Mierda, cabrón, tú si sabes mamar un güevo… Se ve que tienes práctica. –le dice grosero, ganándose una mirada del otro, que parece sonreír aunque es difícil decirlo por la tranca en su boca y la saliva que chorrea por su barbilla.

   Alirio le mira la nuca que va y viene, y sonríe cruel cuando lo embiste con su güevote, metiéndoselo hasta la garganta, mientras el carajo jadeaba ruidoso, mamándoselo, atrapándolo con la garganta, arrugando la cara, ahogado ante tal monstruo, sintiendo que no le llega aire a los pulmones, hasta que el otro se retira. Las bocas van y vienen, viciosas, ansiosas y hambrientas, tragando cada pedazo de esos güevos, subiendo por ellos, dejando la saliva resbalar, apretándolos con sus gargantas para sentirlos palpitar en lo más profundo. Mientras maman de arriba abajo, sus bocas chupan y lengüetean esos cálidos y macizos toletes. Y son felices. Fuera cual fuera el acuerdo que Alirio tiene con ellos, y que Néstor ignora, a esos dos tipos jóvenes les encanta mamar güevos, tener sus bocas llenas con esos buenos pedazos de carnes que se las dejan bien mojadas con sus jugos. Y no saben cómo terminará todo, pero Roy, por lo menos, espera tragar bastante semen caliente, cosa que le hace delirar de gusto cada vez.

   Con un largo gemido de placer, Néstor mira a Roy, nota como su güevo le baja por la garganta, donde es aprisionado y mamado. Esa boca subía y baja trabajándolo a fondo, sin reparos, con deseo. Ardiendo de ganas, el médico se medio sienta, acariciándole rudamente la nuca y una mejilla, para bajar por su pecho, sobándole y pellizcándole una tetilla que sale por la manga de la camisetica. Esa mano baja hacia la tanga, que soba, que hurga, que aprieta, sintiéndole el joven y duro güevo palpitándole abajo, increíblemente contenido aún dentro de la elástica tela. Libra el güevo y casi silba ante lo grande y atractivo que se ve. Lo soba, masturbándolo, sin reparos, sin asco, sin detenerse a pensar en lo que hace. Tener el güevo de otro hombre en su mano, quemándosela, era extrañamente excitante.

   Alirio, que le embiste con furia la boca a Vinny con su tranca, lo mira y sonríe. Todo estaba saliendo bien. Néstor estaba gozándolo y probando cosas nuevas. Pero lo más importante, estaba poniéndose en sus manos y a su entera disposición. Y Néstor iba a ser necesario en la próxima jugada, esa donde pondrían a Eric Roche contra Ricardo Gotta de una manera definitiva. Eric no podía seguir huyendo, evadiéndose, era hora de que enfrentara al monstruoso abogado. Pero, ¿cómo hacerlo? A él no se le habría ocurrido, pero para eso estaban los que manejaban los hilos desde arriba. Lo primero era que el joven abogado supiera lo de Irene, eso le alarmaría lo suficiente como para regresar a la vida pública, su regreso pondría nervioso a Ricardo Gotta. Gotta debía saber que Eric y Sam, en estos momentos, protegían a William Bandre. Peor, que los dos se habían encontrado en Tacarigua de la Laguna. Y lo sabía porque ellos se las habían ingeniado para que el peligroso Capo se enterara. Conteniendo un gemido cuando el muchacho le resuella en los pelos púbicos, succionándole todavía el güevo de una manera alarmante, Alirio intenta inquietarse por su amigo Eric roche, cosa difícil cuando otro sujeto te mama la verga, pero aún así.

   Si no se movían con cuidado, Eric moriría asesinado por Ricardo.

     Allí se detienen sus pensamientos, cuando deja escapar un largo gemido, ya que Vinny, librándole el erecto güevo, le mamaba las bolas, para luego tragarlas las dos dentro de su cálida y viciosa boca, chupándolas de forma ruda, casi dolorosa. Casi, pero no del todo. El muchacho parece gruñir mientras lo chupa. Roy de rodillas frente al sofá, le mama el güevote a Néstor, sonriéndole, con la tirita del hilo dental dentro del culo, y Alirio que lo mira, piensa que un carajo en una vainita de esas se veía cachondo y bien.

   Justo en ese momento el celular del galeno comienza a vibrar. Algo aturdido lo toma.

   -¿Aló? -su voz es ronca porque en esos momentos Roy, sacando la lengua, le recorre lentamente la cara posterior del güevo, lamiéndolo en forma hábil.- Bárbara… -grazna, era su mujer.- Si, estoy donde Alirio… -y traga saliva, casi ahogando un gemido cuando Roy, ladeando la cabeza, le muerde el tronco, subiendo y bajando algo la cara.- Estamos tomando unos traguitos… -casi le ruge.- No, no estoy haciendo nada malo, ¿qué crees? -parece molestarse, pero es difícil concentrarse en los reclamos de su mujer, quien siempre cree que anda con puticas gastando la plata, cuando un tío estaba trabajándole de esa forma la tranca.- Estoy en su apartamento, no pasa nada… -se exaspera, quiere colgar y gozar lo que Roy le hace, cuando la lengua baja a sus bolas, lamiéndolas y ensalivándolas, mientras le alza una pierna flexionándole la rodilla.- ¡No estoy con ninguna puta! -se altera pero casi grita y tiene que morderse los labios cuando la lengua de Roy le lame la entrada del culo, dando lengüetazos allí, azotándolo con su lengua muy ensalivada, haciéndole unas ricas cosquillas.

   Alirio sonríe, Néstor estaba casi montado en la olla, pero faltaba un poco más…

……

   -La policía sospecha que se trató de un atraco, aunque la simple suposición suene de lo más idiota. -comenta Sam, mientras sube con Eric dentro del atestado ascensor hacia el piso cinco del Hospital Clínico Universitario.

   -¿Cómo es posible que William anduviera por ahí, sucio, como un recogelatas? -Eric parece impresionado y algo desasosegado. Él había tenido sexo con ese carajo, ¿cómo podía andar así por ahí? Como caían los poderosos…

   -Por lo menos no recogía latas; yo no sé, pero el aluminio tiene algo peligroso, quien comienza recolectándolo lo hace de saco y corbata y al poco tiempo anda loco, sucio y hediondo.

   La noticia de la reclusión de William Bandre allí, de su intervención quirúrgica y lo delicado de su estado como resultado de un atraco, le llegó a Sam, de segunda mano, a través de Lesbia, quien llorosa lo llamó para informarle que la policía acababa de contactarla, diciéndole que habían encontrado a su marido, sucio, barbudo, borracho y herido de bala en un callejón, siendo enviado al Universitario.

   El primero en darle la noticia fue Eric, a quien se lo notificó Edward Sanabria (sólo Dios sabía cómo se enteró o porqué le llamó a él en especifico). A Sam le impresionó la información, al igual que la dura mirada que Linda, su mujer, le envió al oírlo hablar con otra. Para el abogado había algo falso en la ecuación, ¿quién iba a lastimar por lastimar a alguien como William que iba rodando cloaca abajo? Claro, había gente mala, pero  eso no le satisfacía. Debía ser lo otro, la fulana información sobre los hechos de abril de ese año. Eso que, aún, no sabían con exactitud de qué se trataba. Y mientras llamaba a Eric para darle otra vuelta en el hospital, pensaba en Tirzo Ramos. La idea del atentado iba ganando terreno en su cabeza. Antes de salir para el hospital, la primera vez, después de dudar mucho, llamó al teléfono que le dejó días atrás Cheo, el sobrino de Alicia. Lo atendió una mujer agria y dejó la razón.

   El Clínico, como todos los hospitales del país, se debatía entre la costumbre y la mística de su gente por atender, por hacer su trabajo del día a día, y la falta de recursos que iba ahogando y destruyendo los centros de salud. No había suministros, gasas, inyectadoras o alcohol, ni presupuestos de mantenimientos para equipos y maquinarias. Ni para sueldos, ni para crear los cargos necesarios. Ideas populistas, no pensadas fríamente, como acabar con las llamadas fundaciones, organizaciones impuestas en algunos servicios para gestionarse a sí mismos, fueron eliminados como sí se hiciera una gracia. El deseo de parecer más justos que Dios, llevó a cometer locuras impulsivas, y departamentos como el de Radiaciones, que pagaba reparaciones menores, compraba reactivos y materiales o cancelaba sueldos, terminaron sin entradas propias, sujetos a lo que el Gobierno quisiera mandar; y un servicio que funcionaba más o menos bien, pasó a grave y finalmente a estado comatoso, esperando la extrema unción.

   Igualmente una Pléyada de gente sin méritos propios ni logros que mostrar, querían ascender, mostrarse y ser llamados ‘jefe’; por lo que llevaron la diatriba política a los departamentos, así hubo médicos y directivos con el Proceso, lo que automáticamente colocó esos servicios en rojo. Parecía una maldición, donde había un médico jefe gobiernero, el servicio se hundía entre la mediocridad y la falta de mantenimiento o recursos. Sin embargo, molestos, mal pagados, rabiosos, la mayoría seguía trabajando, y un hombre como William Bandre, borracho, sucio y gravemente herido, fue atendido por jóvenes residentes, veteranas enfermeras y el resto del personal paramédico. Lo evaluaron, lo asearon e inmediatamente entró a pabellón. Cuatro horas duró allí, y por dos veces casi abandona este mundo; pero sobrevivió.

   -¿No crees que debimos contarle al policía ese, lo que sabíamos? -le pregunta Sam, acercándose al cuarto.

   -¿Qué sé yo? ¿Qué íbamos a decir? ¿Qué William tiene un enemigo poderoso?

   -Es un principio. Por Dios… -jadea Sam mirando por la ventana de la puerta. Sentado al lado de la cama del inconsciente William, está Cheo, mirándolo fijamente.- Parece la mujer.

   -¿Dónde estará Lesbia?

   -Verdad. Está perdiendo puntos frente el carajito este. -contiene a duras penas una sonrisa.

   -Deja la vaina, Samuel. -se alarma Eric, mirándolo, movimiento que llama la atención de Cheo, quien los saluda con la cabeza y poniéndose de pie va hacia ellos, saliendo del cuarto.

   -Épale, ¿cómo están? -parece algo cortado de estar ahí.

   -Bien. ¿Y Lesbia? -pregunta Eric.

   -Fue a su casa. Creo que a hablar con las niñas, para tranquilizarlas.

   -¿Y te dejó cuidándolo? -pregunta Sam con inocencia y Eric siente ganas de darle una patada en las bolas.

   -Fue idea mía, verás… -se ve confuso, ¿debería hablar? Ellos eran amigos de William.

   -No quieres dejarlo solo, por si alguien con malas intenciones se le ocurre pasar por aquí, ¿verdad? -pregunta Eric.- Mira, Cheo, también nosotros creemos que todo esto fue un atentado contra él. No un robo.

   -¿Por qué no se lo dijeron a la policía? -pregunta con recelo a Eric.

   -Porque no sabemos exactamente qué es lo que William calla. ¿Y si mató a alguien? -es seco, Sam lo mira aprobándolo.- William tiene que dar muchas explicaciones. No va a poder evitarlas.

   -Cuando salió de Tacarigua de la Laguna, creí que iba a hacerlo. Que hablaría. -dice el joven tenso, mirándolo a través de la ventanilla.- Pero es un hombre débil. Cobarde. -Eric y Sam se miran expectantes.

   -¿Tú sabes algo? -pregunta Sam. Cheo se ve dudoso, muy joven y atractivo con sus cabellos revueltos, su franela roja algo ancha, de Andrés, y su jeans negro desteñido de lo viejo.

   -Hace unos días encontré a William muy borracho y mal frente a la playa. Estaba molido, y era desagradable. Discutimos y… después nos… -no halla palabras, poniéndose muy rojos.- …Bien, coño, nos amistamos otra vez. Me senté con él y hablamos mucho. Había algo que lo torturaba. Y me contó que él trabajaba para una famosa firma de abogados, La Torre…

   Que trabajaba bajo las órdenes de Ricardo Gotta, un carajo echado para adelante, sobrio, inteligente, astuto y emprendedor. Que de su mano esperaba llegar a ser socio de la firma, y que le iba bien. Que a él se le daba fácil el caerle bien a la gente, que las personas se sentían cómodas en su presencia amistosa, y conocía y hacía bien su trabajo.

   -Es un tipo atractivo, ¿no? -sonríe el joven como apenado ante los otros dos.

   Que Ricardo lo puso al frente de las cuentas más delicadas de ciertos elementos del régimen, como el diputado Guzmán Rojas, que de andar con una mano adelante y otra atrás, necesitando que le prestaran cien bolos para ir a la capital cuando era diputado del antiguo Congreso Nacional, ahora eran multimillonarios, diciendo que tenía fortuna de cuna, cuando lo que hacía era traficar con armas. Y las cuentas de Arcadio Bittar, un delincuente amoral y enfermo, que robaba de todo desde su puesto en La Guardia.

   -Me dijo que esa gente lo enfermaba; que ya había trabajado con delincuentes antes; pero que estos tipos en el Gobierno…

   …Eran excesivamente ávidos. No sólo robaban, sino que querían hacerlo para siempre. Mientras saqueaban al país querían ser llamados señores y doctores; y en el caso del Presidente, ser adorado como un dios, extraviado totalmente, llegando a los extremos de querer destruir a la Iglesia. Eran mentes insanas, que invocaban al odio, la división y la maldad. Eran seres que chillaban despertando resentimientos y deseos de retaliación contra gente que hacía menos daño que ellos.

   -Eran delincuentes bajos y mezquinos. Y William trabajaba con todos ellos, sintiendo asco. Los vio sobornar a curas de parroquias, ofreciéndoles obispados y poderes; los vio comprar a la Oposición, que se dejó para que les perdonaran pasados pecados. William sabía sus nombres. Él vio como Buñuel, Gamboa, Bittar y Garcés Camacho, los generalotes, exigieron su parte, sus reales. Querían casinos, televisoras, quintas en La Florida, pero la que quedaba en Estados Unidos, mientras chillaban contra el mercado y el imperialismo.

   Que William fue entendiendo que esa gente no quería su turno para llenarse, sino que pretendían quedarse para siempre, como la vieja madame que controlaba el burdel cubano, el comandante Fidelio, un sanguinario asesino que torturaba y masacraba a su gente. Que día a día fue oyendo los informes que llegaban de las calles.

   -Tenía un amigo, Roger Santos, un joven Dasnap, amigo de toda la vida, desde los días del barrio donde nació y creció; uno siempre se la pasaba en la casa del otro, siendo Roger un gran sujeto, un joven sin padre cuya madre planchaba ropa y lavaba a mano…

   Que cuando decidió llevar las cuentas de esa gente, William llamó a Roger  y le propuso que trabajara para él en sus ratos libres, como investigador. Por supuesto que buscaba meter las manos en los datos confidenciales que la policía política manejaba. Y Roger lo sabía, pero le ayudó. Roger era un buen carrizo que nunca le hizo daño a nadie, ni antes ni después de entrar al Dasnap, a donde llegó con la idea de trabajar, mientras mantenía a su mamá, una mujer delicada y flaca que siempre estuvo enferma de los nervios.

   El joven cuenta que William la recordaba quejándose siempre cuando iba a su casa a hacer algún trabajo de la escuela. La mujer siempre decía que se iba a morir de un momento a otro; y a pesar de su juventud, se apiadó de su amigo, quien tenía que vivir con una mujer que de esa manera lo amarraba, mortificándole y controlándole.

   Los datos que llegaban a la mesa de William, que comentaba con Roger, incapaz de hacerlo con otra persona, y menos con Lesbia, a la que temía comprometer, lo llenaban de zozobra, de angustia. Allí estaban expuestos los planes para invadir tierras, las personas que serían llevadas, quiénes serían atacados, incluso aquellos que serían lesionados o asesinados; así, con una total falta de escrúpulos, era un Estado criminal. Muchas de esas tierras luego serían desalojadas y ocupadas por los jerarcas del régimen: Recado Marín, el exministro doble cedulado; Willy Ávila, el militar faltón; Alan Clárez, el vil vividor del hermano; Juan V. Rojas y Dagoberto y la mamá del Presidente, la más rapaz y vulgar de todos. Allí hablaban de ser permisivos con la narcoguerrilla, por una parte del botín y la seguridad que, en el momento dado, ayudarían al Gobierno contra la gente; mientras se atacaba a Colombia y a los paramilitares.

   -Buscaban llevar a puestos de mandos a delincuentes insanos como el coronel Istúriz, un hombre que había encerrado e incendiado a unos reclutas dentro de una celda, para divertirse viéndolos morir…

   Les cuenta que Roger trajo una y otra vez datos de grupos de personas violentas y delictivas que eran entrenados en el uso de las armas, del terror; de gente que bien podría vivir en la Cuba de Fidelio o con los narcoguerrilleros colombianos, quienes parecían creer realmente que asesinando, secuestrando, transportando drogas, obligando a un niño o una niña a prostituirse, poniendo bombas en escuelas, en autobuses o en el cuello de gente que de sol a sol se levantaba a trabajar con sus manos, iban a crear un mundo mejor, más justo; como si de la violencia y la muerte pudiera surgir la vida.

   Para ellos nada significaba que Cuba y la narcoguerrilla llevaran cuarenta años matando gente, viviendo del crimen, del delito, de la violencia, sin construir escuelas, fábricas o carreteras o que no hubieran traído ninguna felicidad a sus pueblos. La inteligencia no les alcanzaba para tanto. Para ellos el futuro no era trabajar, sembrar o educar gente, sino matar y tener a los pueblos encerrados en prisiones.

   -Y poco a poco William y Roger se vieron más y más involucrados con esos delincuentes. Ya no llevaban simplemente las cuentas, defensas y alegatos. Terminaron desviando investigaciones, buscando a delincuentes para sacarlos de una cárcel cualquiera, acompañándolos luego en un camión llenos de armas, que sabían serían entregadas a criminales. -sigue el joven.

   Y eso iba matando a William. No podía engañarse. Él sabía qué se haría con esas armas, con esos cargamentos de drogas que eran desviados de los incineradores; sabía a qué venían esas personas de Cuba, de Colombia o del país Vasco a los que tenía que ir a buscar a Maiquetía. Se dio a la caña. Bebiendo las cosas eran menos feas. Menos malas.

   -En esos días de abril William estuvo allí, con Ricardo Gotta… -bota aire el joven.

   Ricardo andaba excitado, feliz, sabía que vendría un pronunciamiento; el país estaba cansado de los crímenes y excesos del régimen, y El Alto Mando Militar aún era digno. Eran mayoría los que creían de corazón que conceptos como Patria y Soberanía valían más que la plata que Buñuel, Bittar, Garcés Camacho y Gamboa querían. El hombre le hablaba a William feliz, casi rodeándole el cuello con un brazo, de lo que haría con los conjurados, que ellos subirían con esa gente una vez le dieran una patada en el culo al Déspota. Estaba exultante y no parecía ver que William menguaba, desasosegado, mal.

   -Pero tú estás con el Gobierno. -le reclamó, agrio. Ricardo lo miró burlón.

   -Yo soy como los abstencionistas, o los que dicen que no están ni con uno ni con el otro, estoy con el que quede. -y reía burlón.

   -Pero la cosa no podía ser fácil… -comenta Cheo, mirando al inconsciente William, sabiendo qué era lo que ese hombre pálido, desencajado y agotado físicamente no se perdonaba.

   Cuenta que William supo cuándo y quiénes ordenaron las matanzas. Que vio a José Barroeta, siempre con Eúdiz Blanco, ese joven que fungía de chofer y amante, y a Aristófanes vociferar que no podían perder el poder, que tenían que defenderlo como fuera, gritando los dos que saliera La Guardia Nacional y matara a toda esa gente que venía marchando desde el Este hacia Miraflores. Que cada uno, más histérico que el otro, llamaba a la gente a que matara y se dejara matar para defender el poder para ellos; mientras los dos huían dejando la plaza sola. Que murieran los otros, no ellos, los nuevos próceres.

   -Y La Guardia Nacional enviada por Balandrí, disparó sobre la gente que venía marchando, sin tocar a los que desde el patio de Miraflores disparaban armas y gases lacrimógenos…

   William estaba aterrado, recorriendo los pasillos de Miraflores junto a Roger. Ricardo había desaparecido también. Juntos oyeron cuando el Presidente le gritaba a Juan V. Rojas, a Dagoberto y al fiscal, que enviaran al ejército contra esa gente, que iniciaran una cadena presidencial y sacaran las televisoras del aire para que nadie se enterara de nada. Juan V. Rojas aconsejaba sacar las tanquetas de Fuerte Tuna e ir contra la población sin importar quienes fueran, mientras exigía saber por qué la gente del alcalde Bermúdez no había comenzado el ataque desde las azoteas, que con unas cuantas decenas de muertos el resto se marcharía.

   -Y desde puentes y azoteas, ya saben, llovió balas y muertes…

   Cuenta como William los vio poco después huir a todos, como ratas, cuando el país se pronunció contra los responsables de esos muertos. Dagoberto no se supo ni por donde escapó; Juan V. Rojas tampoco. El fiscal, aterrorizado fue a esconderse en casa de amigos, sabiendo que la justicia le reclamaría los muertos que hubo, a pesar de que los militares institucionalistas se negaron a obedecer la orden de masacrar al pueblo en las calles, asqueados ante los hordas que dispararon desde puentes y azoteas. Todos escaparon, excepto el Presidente, que cobarde y llorón fue abandonado, con cierta repugnancia por todos. Bermúdez, el único que resistía, se fue con su gente.

   -El caso fue que cuando William vio todo eso, ya Roger Santos no andaba con él, había salido corriendo de Palacio…

   …Y cuando finalmente William decidido salir también, vio la batalla en las calles, gente con pitos y banderas contra hombres armados. La Guardia Nacional atacando a hombres, mujeres y niños, y la muerte lloviendo desde las azoteas. Era tan dantesco que su mente se negaba a aceptar aquello; aquello no podía estar pasando. Fue cuando vio a Roger como un loco, corriendo de un lado a otro, gritándole a la gente que retrocedieran, que se alejaran de El Silencio y de Miraflores porque habían dado la orden de matar a todo el mundo. Una y otra vez gritaba que corrieran, que era una trampa, que el Gobierno iba a asesinarlos a todos.

   Fue cuando William chilló ahogadamente. Algo impactó a Roger en el lado derecho de la nuca, lanzándolo bruscamente de espaldas contra el pavimento, donde se tambaleaba todo, como intentando ponerse de pie pero sin conseguirlo. De su cabeza manaba una cantidad enorme de una sangre oscura que iba cubriendo la calzada. Y William dando media vuelta, huyó gritando como un animal pequeño que escapa de otros más grandes y aterrorizador.

   -Se fue y lo dejó ahí… a su amigo…

   William corrió a su casa, escondiéndose, gritando y mal. Vino la caída del régimen y vio a Ricardo sentado con los nuevo firmantes; pero por más que lo intentó no pudo saber qué había pasado con Roger. No aparecía por ninguna parte, en ninguna lista; sintiéndose mal, y muy borracho, esperó que la Policía Científica fuera a buscarlo, a detenerlo como al resto de los criminales y entonces delataría a Ricardo Gotta. Juntos irían a prisión, por mucho, muchos años. Fue cuando el general Buñuel, en Maracay (*), se la jugó para continuar con el poder al que se había acostumbrado. Aprovechando las fisuras y la falta de experiencia de los conjurados, volteó la tortilla y en cuarenta y ocho horas, el Presidente regresó, en lo que llamaron el golpe del tobogán, donde todos cayeron de culo. Y Ricardo estaba allí, como si nada. ¡Ah, no, eso era demasiado!

   -Borracho, fue a buscarlo, a enfrentarle…

   …Le gritó que era un criminal, que los dos eran unos delincuentes y que hablaría, lo contaría todo, les diría a los del régimen que él estuvo con los conjurados. Fue cuando Ricardo, sereno, casi divertido, le dio un sonoro bofetón (sintiéndolo bien, como cuando golpeaba a sus mujeres), que lo mandó al piso, cayendo sentado de culo, golpeándose la espalda de un pared.

   -Óyeme bien, maricón, si hablas, quien va a perderlo todo serás tú. Eras tú quien traficabas armas y drogas. Será tu palabra contra la mía. ¿Sabías que de tu amigo Roger Santos no quedan ni rastros? Es como sí nunca hubiera existido. Está con todos los que desaparecieron para siempre, como los del Sacudón o los del Deslave. En el cementerio se le levantará una lápida pero nunca descansará allí. -se sienta a su lado, en el suelo, sonriéndole odioso, casi gozando con su miedo.- A mí no me va a pasar nada. Ya delaté a todos. A Isaías Téllez Rumán, el joven empresario, a Cardona, a la señora Alba, a Olivares, a la diputado Benita Aragón y a Geraldo Zang, al Cardenal, a Costello, a Granel, a La Nación, a la gente de La Petrolera, a los generales. A todos. -le rodea el cuello con un brazo, casi abrazándolo y William siente ganas de vomitar allí mismo.- El país entero caerá antes que yo. -movilizándose se sienta frente a él, y de forma extraña, íntima, le atrapa la cara entre las manos, obligándolo a verlo.- Yo tengo un salvo conducto, un papelito firmado de puño y letra esa madrugada… que me protege a mí y a Leonel Rada, a pesar de que fue él quien dijo que el hombre había renunciado. Tú lo que tienes que hacer es cuidar de tu casa y de tu familia. Lesbia está muy mal amada, por eso yo tengo que hacerle el favorcito a veces. -sonríe cruel de la sorpresa del otro.

   -Mentira… -gruñó sin fuerzas para pelear, pararse y gritar, casi suplicándole.

   -Es una zorra caliente. Ponla a mamarte, métesela por el culo. Eso le gusta a tu mujer. Pero eso sí, eso de que una de tus hijas, es mía, eso no lo acepto. -se burla.

   Fue cuando reuniendo algo de fuerzas, William se le fue encima gritando que estaba mintiendo, intentando ahorcarlo o sacarle un ojo o morderlo. Pero Ricardo estaba sobrio, era más fornido y esperaba eso, sonriendo le dio un carajazo directo a la boca, casi desmayándolo, para luego agarrarle nuevamente la cara entre las manos y golpearle la nuca contra la pared. Sonó feísimo, como un coco al caer al piso. Ricardo le dio una paliza y lo sintió bien, casi excitante, cosa que lo desconcertó un poco.

   -William regresó a su casa, sin poder ver o hablar con su mujer. No podía. Y bebió toda la noche. Y lloró por los muertos. Al otro día supo de una anciana a la que los vecinos encontraron muerta en su cama, aparentemente de un infarto. Los médicos dijeron que había muerto el once…

   -Ay, por Dios, no irás a decirme que era la madre del tal Roger Santos, ¿verdad? No estamos en la dimensión desconocida. -arguye Sam, intentando ser irónico, práctico, mirando al muy pálido Eric.

   -Si.

   -Dios, pobre William. -jadea Eric mal, mirando a Sam.- Pero ese Roger Santos existió. Era un Dasnap. Era una persona real. Tenía cédula de identidad y constancia de bautismo. Existió -mira a Cheo.- ¿Te dijo algo más?

   -Sí, cuando William vio que a su casa llegaban gente de La Torre, gente de Ricardo Gotta, entendió que el hombre ya no confiaba en él y había decidido no arriesgarse. Fue cuando… decidió irse. Iban por él, para hacerle esto… -y lo señala tras el cristal.

……

   Ahora allí, dentro de su carro y frente a la ruinosa fachada de la pensión, Franklin Caracciolo duda. El teléfono había timbrado una y otra vez sobre el asiento. Cuando lo desconectó, el que estaba en la guantera comenzó un frenético pitar. Pero no puede atenderlo, no ahora. Sólo un pensamiento ocupa en esos momentos su mente, llenándole de inquietud, de estremecimientos y desagradables escalofríos en la columna.

   Nicolás…

CONTINUARÁ … 88

Julio César.

NOTA: (*) Recuerdo bien esa noche de sábado cuando se anunció que Chávez había regresado al poder (una de las noches más horribles de mi vida, no la peor, esa fue otra, pero muy cerca). El hombre aparecía frente a las cámaras sosegado, abrazando a Raúl Isaías Baduel, el general de Maracay que le rescató, el héroe de la revolución, su compadre… el mismo hombre al que luego perseguiría y ordenaría encerrar en la cárcel cuando el otro dijo que no le parecía bien que intentara cambiar la Constitución Nacional para reelegirse indefinidamente. Entonces pasó a ser un paria, un delincuente, borrándose su nombre de la “historia oficial”. Pero él se lo buscó, él, como su compadre y amigo debió saber de su insania, y así, mientras a otros que antes estuvieron con el Gobierno y luego le dieron la espalda, y la gente les respetó por ello (Rosendo y Salazar, los dos generales y ex ministros de la Defensa), a Baduel la gente lo olvidó en su celda.

LA CAMPAÑA, CAPRILES CON VENTAJA Y HUGO CHAVEZ A LA ZAGA

julio 27, 2012

HUGO CHÁVEZ Y SU CAMPAÑA DESESPERADA

   Y no podía ser de otra manera, estando tan mal asesorado.

   Capriles Radonski aparece en el escenario nacional prometiendo que trabajará, el presidente Chávez ya lleva casi catorce años reinando sobre el Sistema Solar (con la cabeza en la Luna) sin querer gobernar a Venezuela o para Venezuela. Es fácil entender que ya no se le crea o se desconfíe de él. Hablar no es hacer. Prometer no es realizar. Proteger corruptelas, encabezar el saqueo estéril de todas nuestras riquezas porque otros países se lo ordenan, le han dejado herido en la aceptación popular. Y para colmo, la vida le castiga por querer ser idolatrado como un dios. En sus extravíos, el chavismo grita que Capriles Radonski no tiene aval para ser presidente, olvidándose que fue alcalde dos veces y gobernador en un estado donde el chavismo era bastante, en pasado, mientras el presidente Chávez, fuera de encabezar un golpe de estado (si, golpista, aunque ahora acusa a todo el mundo de eso), únicamente administró una cantina en una conscripción militar. He ahí todo su aval y preparación para el cargo. Y habría que ver si fue exitoso (por eso la gente se burla de las excusas que pone para rehuir un debate, ¿qué va a decir?).

   El problema para el Gobierno es que no haya cómo atacar a Capriles Radonski sin que esa misma denuncia se le regrese. Que sí es el candidato de la derecha, cuando ellos representan el ruinoso comunismo. Que sí Capriles obedece al Imperio, al tiempo que Chávez es una ficha de Fidel Castro. Que sí Capriles encabezó el ataque a una embajada (fuera de que aparece un video del embajador cubano agradeciéndole su ayuda al impedir que les lincharan dentro de esas cuatro paredes), Chávez tiene en su haber los caídos el 4 de febrero y el 27 de noviembre de 1992. No, no es fácil la campaña en estas circunstancias, el retador es rápido, tiene reflejos y pegada. Sobre todo eso, pegada, algo a lo que Chávez no se había enfrentado hasta ahora. En estos momentos el Gobierno y Hugo Chávez, a diferencia de otras campañas donde marcaban el paso, deben correr tras Capriles para ver cómo le frenan. Capriles inventa el huracán, Chávez saca el suyo; Capriles se proclama el candidato nuevo, Chávez gime que el nuevo es él (aunque lleva catorce años haciendo lo que sabe hacer). Lo que le falta, como bien dice el periodista Jesús Torrealba, es que se llame a sí mismo “el flaquito”. Con su “hambre cero”, Capriles vuelve a clavarle una banderilla, no es de extrañar que el Presidente pronto lo integre a su lenguaje de campaña. Falto de ideas, sin obras qué presentar, sólo queda copiar… e intimidar.

   Mientras el alto Gobierno y sus apéndices (la red de medios gobierneros y el CNE chavista), exigen que la Oposición respete al árbitro electoral en la disputa, Venezuela se sale de organismos internaciones que pueden juzgarle sin someterse a las locuras que se gritan desde Miraflores. Económicamente nos retiramos del arbitro comercial que exige que Venezuela respete los contratos y tratos firmados con entes internacionales (eso de tomar el dinero, dejar que levantaran el negocio y luego robárselo, al parecer molesta a mucha gente); lo otro es la Corte Internacional de Derechos Humanos. El Gobierno no entiende que se les critique por perseguir a los enemigos políticos de Hugo Chávez, o a que se encierre durante décadas a gente que nada tiene que ver con delitos graves que pueden llevar al chavismo frente a un tribunal. La masacre de Miraflores todavía espera por su padre; las bombas en las embajadas colombiana y española, caso extraño que nunca se investigó sino que se agarró al primero que pasaba por ahí olvidándose convenientemente que días después murió un chavista cuando colocaba un explosivo en la sede de FEDECAMARAS, son cosas que no deben ser tocadas por tribunales internacionales o el Gobierno grita “vergüenza, injerencia, oprobio”; que se defienda a gente que Chávez quiere presa, o necesita presa, le parece a Nicolás Maduro, nuestro canciller, que es defender terrorismo. El problema, en el fondo, es ese. Si esos organismos no pueden controlarse como a la Fiscalía General de la República o el Tribunal Supremo de Justicia (culpables de todo este desastre), entonces hay que desconocerles; ese árbitro no sirve… para lo que se quiere. Sobre todo ahora que se debe recurrir al abuso para amedrentar.

   Pero nada de esto ayuda a Hugo Chávez en su campaña. El robar el trabajo de otros, el meter preso a sus enemigos, suena a abuso de gente irresponsable y algo desequilibrada. Porque eso es lo peor, que ya comienza a verse totalmente enajenado cuando pierde los estribos.

……

AL ALMIRANTE MOLERO: Qué triste, señor, habría sido mejor que halara mecate cantando loas al físico del líder. En los actos del 24 de julio, en el estado Zulia, el Comandante General de la Armada, almirante Diego Molero, dijo, después de invitar a los “apátridas” a regenerarse: “Chávez, estamos con usted”. Y lo dijo en un desfile donde los efectivos lucían el traje que Cuba exigió que usaran mientras el presidente Chávez insultaba a la gente que criticaba lo del chip de la gasolina, según para impedir el contrabando, cuando en verdad enmascara que PDVSA, arruinada y destruida por órdenes de Cuba, Rusia y China para meterle manos, ya no produce sino que importa combustible (los muy apátridas lo traen de Estados Unidos). Cosa que al almirante este nada le dice, ¿lo imaginan en una situación de alerta durante un peligro real a manos de otro país?: se pierde la República. Repito, hale mecate pero con algo de dignidad, donde no le vean. Si no estaba dentro de los primeros cincuenta de su promoción y fue beneficiado, esté agradecido, es de Dios, pero sin caer en excesos que únicamente logran que la gente se ría con repulsa. Piense en el daño que le hace a la institución y la vergüenza de sus hijos.

LA BANCA, LOCOS QUE GRITAN Y EL PAIS…

Julio César.

JARED HACE CAER A JENSEN… 17

julio 26, 2012

JARED HACE CAER A JENSEN                         … 16

   La siguiente historia es un Padackles. Un chico deja muchas cosas atrás en pos de un sueño y luego entiende que no había necesidad de sacrificar nada. Me gustan esos mensajes desde Brokeback Mountain. Si puedo, termino los otros. Por cierto, este relato NO ES MÍO. Tiene partes subidas de tono.

……

Titulo: I found, baby

Autor: River_sun

   -¡Es su culpa!

……

   -Querías que te dijera que te amaba por lo que eras, el chico que trabajaba repartiendo bebidas. Querías que lo reconociera antes de que supiera lo otro. Para saber que estaba contigo porque te amo, no posiblemente por lo que tenías.

   -Si, maldita sea. –intenta una sonrisa.

   -Wow, debió ser agotador mentir y manipular tanto, ¿anotas las mentiras o las llevas en la cabeza? –es frío.- Por eso paraste el contrato, ¿verdad? Porque si me sumergía en ello, si era exitoso, tal vez deseara más y ya no habría espacio para ti, dada mi obsesión.

   -Todas las esperanzas que tenía de que admitieras que te importaba, que me amabas… se desvanecieron en aquella discusión en el restorán cuando mamá fue al tocador. Era como estar otra vez en Richmond casi diez años atrás. Otra vez quería que me eligieras, que yo fuera lo más importante para ti. Nuevamente tú me gritaste que tus sueños estaban primero. Que yo siempre estaría en segundo lugar. Necesitaba… necesitaba tiempo para pensar qué haría. ¿Seguiría luchando por ti o me apartaría? –casi ríe, pero es un sonido horrible.- Cómo si pudiera ser. Nada más llegar a casa sabía que volvería a buscarte. Si no estabas conmigo porque me amaras más que a tus sueños… -se frita el rostro.- …Sería por las malas. Malas para mí. Pensaba llamarte a una reunión con Samantha, Steve y Danneeel y darme a conocer. Que vieras que había triunfado, que a pesar de tus planes a los dieciocho años, a mí me había ido mejor. Que tenía… -se muerde el labio inferior.- …Mucho para ofrecerte, y que podrías ganar si continuabas conmigo. Si no era por amor, si no podías decirlo porque no era lo más importante para ti… que fuera así. Pero entonces apareciste, buscándome, necesitándome. Diciéndome que me amabas y… -lanza un ladrido risa en voz alta, ojos increíblemente dolidos y suplicantes.- …Todos mis planes saltaron por los aires. Siempre consigues poner mi mundo patas arriba.

   -¿Interés? ¿Pensaste que…? –traga.- Y mientras trazabas tus planes ¿no te importó perjudicar a Danni y Steve?

   -El trato continuaría.

   -¡Sufrimos por días! –alza la voz, cubriéndose luego la boca con el dorso de la mano.- Necesito saberlo, ¿el trato sigue en pie o ahora se acaba? –la pregunta parece lastimar al castaño.

   -Continuará… decidas lo que decidas. –susurra.

   -Bien. Bien. –traga y mira al frente.

   Jared se muere por dentro, quiere preguntar y ahora qué. Desea levantarse, tomar sus manos, alzarle y besarle, pedirle que le perdone y que Jensen lo haga. Que se recriminen cosas en voz baja y luego volver al apartamento. Amarse bajo las mantas cálidas en esa tarde fría; quiere mirarse en sus ojos cuando le reitere que le ama y Jensen lo confirme. Y volar juntos a Richmond. Iniciar la vida otra vez, justo allí donde la dejaron: juntos.

   -Jared… -este se vuelve a mirarle, infinitamente esperanzado y suplicante, casi encogido dentro de su piel.- Regrésame la llave.

   -¡¿Qué?! –balbucea, boca abierta, sin poder entender. O no queriéndolo.

   -Regrésame mi llave. –repite categórico.

   Por un segundo Jared no responde incapaz de asimilar lo que escucha. No, no era posible, ¿verdad? Jensen no podía estar…

   -No, no, Jen; por favor… -gimotea, ojos totalmente abatidos. Jensen desvía la mirada, severo.

   -Regrésamela o cambio la cerradura. –es frío.

   -No. –jadea todavía, luego se pone de pie, gritando.- ¡No! ¡No puedes hacerme esto! No puedes botarme otra vez de tu vida, no lo voy a soportar. –acusa el golpe, Jensen no le mira, parece embotado.- Jensen, yo te amo, ¿no lo entiendes? Y tú me quieres… me lo dijiste. Esta mañana. Apenas esta mañana. –ruega pero se congela cuando Jensen le fija con la mirada.

   -Yo no sé quien eres. No eres el Jared del pasado. Creo que nunca lo fuiste… -parece decírselo a sí mismo.- Ocultando cosas, mintiendo sobre lo que sientes o piensas… -le sonríe dolido.- ¿Sabes cuánto cuesta confiar en alguien cuando todos te han fallado antes? ¿Sabes cómo duele cuando te dan la espalda? Siempre confié en ti, en la claridad de tus sentimientos, en la rectitud de tu naturaleza. Y no era verdad. Ni antes ni ahora.

   -¡No! ¡No! ¿Cómo puedes decir eso si en toda mi perra vida sólo te he querido a ti? Yo te amo, siempre lo hice, siempre fuiste lo más importante para mí. Sé que debí hablarte esa vez de lo que buscaba, de lo que esperaba que hicieras por mí, así me dijeras que no. Sé que… -se lleva las manos al cabello, frenético.- Sé que la cagué, pero… No puedes terminar conmigo. No otra vez. ¿No entiendes que me matas? ¿Acaso no lo has entendido todavía? –los ojos se le cuajan de lágrimas. Tiene que cerrarlos y controlarse o llorará como un niño.

   -Jared… -el tono frío le hace abrirlos. El rubio está de pie, frente a él.- Mi llave, por favor. Quiero… irme a mi apartamento. Quiero… -se humedece los labios.- No quiero seguir mirándote… -termina en un susurro corrosivo y Jared compungido deja escapar un sollozo.- Por favor, no. No me atormentes con tu dolor. –le reclama con furor, le lastimaba causarle pesar, es algo que no puede evitar aunque en ese momento le odia un poco.- Sabías que un día iba a descubrirlo, por mi cuenta o en esa reunión que proyectabas para intentar comprar lo que siento por ti. Y el resultado iba a ser el mismo. Este. Mi llave…

   Jared quiere gritar y suplicar pero traga mordiéndose el labio inferior; alzando los hombros, mirándole fijamente con ojos atormentados, mete una mano en un bolsillo atrapando el llavero, sintiendo que le quema, que le duele, no quiere regresarlo porque era el objeto físico de la aceptación de Jensen en su vida. Y ahora se lo quitaba.

   -Por favor, Jen… dame una oportunidad. Lo haré bien. De ahora en adelante lo haré bien. –el otro no replica nada, no le mira, tan sólo tirita de frío, labios blancos, cabellos alzados. Llora conteniéndose cuando saca el llavero, mano temblorosa, mirándole suplicante. Jensen duda, cierra los ojos, toma aire profundamente y lo toma.- No… Jen…

   -Yo… adiós, Jared. Felices fiestas. –desea, bajito, casi pasando a su lado, Jared estalla y le atrapa por un bíceps, furioso y dolido.

   -¿Será así, entonces? ¿Felices fiestas? ¿Hundirás el cuchillo hasta el final? –demanda saber, viendo derrumbarse en su mente todos los castillos que alzó con la idea de viajar juntos; sin querer distraerse por el temblor del otro cuerpo, frío bajo su tacto, o su mirada muerta, necesita zarandearle.- ¿No habrá viaje a Richmond, no habrá reunión con mi familia, no llegaremos tomados de las manos, no compartiremos las fiestas, y las noches… y la vida? ¿De eso hablas? Me equivoqué, si, lo sé. Fui… arrogante y estúpido, necio e infantil, ¿no puedes dejarlo ir? Me amas, tú lo dijiste, ¿no puedes olvidar todo este maldito día y pretender que acabamos de despertar en tu cama? ¿Qué quieres de mí? ¿Qué digo para que todo esté bien? ¿Qué hago? Dímelo, por favor. –suplica intentando controlarse.

   -No quiero nada. No puedo… pensar en nada. –intenta zafarse sin conseguirlo. Le mira con intensión, sin querer ablandarse por el rictus de supremo dolor que cruza el apuesto rostro del otro hombre, quien asiente, sin mirarle ahora, soltándole.

   -Si eso quieres, así será. –su voz está rota.- No volveré a buscarte. No volveré a molestarte. No volveré a soñar con una vida juntos. Si eso quieres… -le mira con toda la mendicidad que puede mostrar oscureciendo su mirada, dejándole el peso de la decisión.

   -Adiós, Jared. –croa Jensen y cierra los ojos cuando el otro se estremece todo.

   -Bien. Bien. –gruñe entre dientes, pasándose una mano por el rostro, dando media vuelta, dispuesto a desandar su camino, pero se vuelve, furioso en su dolor.- Eres la única persona en todo este mundo que ha sabido causarme dolor, pero ya no, ¿me oyes? No dejaré que sigas lastimándome. Me arrepiento de todo, de las cosas que oculté, las que no te dije, pero también buscarte, de soñar contigo, de esperar que… Me arrepiento del día que te conocí, hijo de perra, porque ese día me enamoré y fue mi perdición. –escupe entre jadeos y ojos brillantes de furor, señalándole con un dedo.- No quiero volver a verte nunca, Jensen Ackles, no voy a dejar que me hieras otras vez. –y se queda allí, luchando contra los sollozos, mirada perdida. El rubio no le mira, nada hace, nada dice.

   Soltando una risita amarga, Jared se da la vuelta y se aleja, rígido, sin volverse. Luchando a cada paso contra las ganas de echarse a correr, a toda prisa, tan fuerte que su sangre le ensordezca, que la mirada se nuble y la mente se embote. Necesita correr y alejarse del dolor. Tal vez por eso no repara en un Jensen de hombros caídos que lucha también contra el llanto, cubriéndose con una mano la boca y parpadeando con fuerza, cayendo nuevamente de culo sobre la banca.

   Dios, apenas unas horas antes soñaba con toda una vida de luchas y dificultades, pero también de compañía, amistad y amor al lado del castaño. Ahora…

……

   Todos le ven entrar al edificio, paso rígido, mojado, mirada mortecina; nadie se interpone en su camino, le pregunta qué pasó o le ofrece ayuda. El rostro del hombre refleja que no quiere nada como no sea que le dejen en paz. Y si es para siempre, mucho mejor. Cruza el pasillo indiferente a las miradas curiosas. Llega frente a su puerta, ojos abatidos y húmedos, cuando la bella joven aparece.

   -Señor Padalecki…

   -Ahora no, Adrianne. –le corta, sin rudezas pero de una manera firme. Abre y cierra dejándola con la palabra en la boca.

   Pega la espalda de la pared y cierra los ojos después de leer el logo, Surprise. Comienza una risa aguda y rota al tiempo que se lleva una mano a los ojos. Jensen… Y tiene que correr al cuarto de baño, levantar la tapa del inodoro y caer de rodillas, vomitando con amargura, lágrimas demasiado saladas bañando su rostro. Se agarra del inodoro para no caer y dejarse llevar a la tierra de las penas. No, no esto no podía estar pasando, no otra vez. Y aprieta los dientes gritando contenido; eso no podía estar pasando nuevamente.

……

   -¿Aló?

   -¿Dónde estás?

   -En mi apartamento. ¿Estás bien? Te oyes extraño.

   -Voy para allá.

   -Okay, pero yo… -ya le ha colgado.

   No pasa mucho tiempo antes que Danneel, vistiendo una vaporosa bata de casa que parece más apropiada para el dormitorio, le abre la puerta a un Jensen abatido, pálido, tembloroso. Y mojado.

   -Por Dios, mírate, ¿qué tienes?

   -Frío. –tirita.

   -Idiota. –ella le atrapa por un brazo y le mete dentro del apartamento, cerrando la puerta.- Estás empapado. Y helado. Necesitas cambiarte.

   -¿Todo bien? –aparece Steve, también con una bata. Por primera vez desde que llegó, Jensen muestra una chispa de vida en sus ojos, mirando de uno a la otra.- Jen, ¿qué tienes? Estás hecho una mierda.

   -Danni, ¿tú y Steve…? –parece asombrado y, a pesar de todo, contento.- Joder, ¿ya pasaron a la cama?, pero si apenas acabo de señalarles que se gustan. ¿No podían tener una cita antes?

   -No todos perdemos el tiempo el tiempo como tú con un buen polvo cada diez años. –Steve le mira fijamente, luego, tomando aire, va a la pequeña cocina.- Necesitas café.

   -Y ropas secas. –ella va hacia el dormitorio y Steve la mira.

   -¿Tienes ropas de Jensen aquí?

   -No, ropas de…-se encoge de hombros.- …Hombres. Nada interesante. –y sale.

   -Dios, ¿en qué me estoy metiendo. –gruñe Steve llevándole la taza de café al rubio, preocupándose al verles las manos temblar violentamente.- ¿Qué ocurre? Este debería ser uno de los días más felices de nuestras vidas y pareces recién salido de un desastre natural. No se está inundando la Gran manzana, ¿verdad? –Jensen bebé el amargo brebaje, agradecido, va a replicar cuando Danni grita desde el dormitorio.

   -Ni una palabra hasta que yo llegue. –y aparece con cómodas ropas un tanto anchas para Jensen.- Te servirán mientras se secan esas.

   -Yo… -termina el café y toma las ropas.- Me cambio y vuelto.

   Se aleja y la pareja se mira, extrañada.

   -¿Será algo de la compañía? –adelanta Steve, Danni niega oprimiendo los labios.

   -No, esto parece realmente doloroso y devastador para él. Tiene que ser Jared.

……

   Danni y Steve comparten el sofá mientras Jensen, en un sillón, cambiado y tomando más café, rostro abatido y hombros caídos, cuenta su historia. Por alguna razón retrocede a cuando tenía siete años y conoció a Jared, iniciando la mejor amistad que había tenido jamás en su vida hasta ese momento y los años siguientes, sonriendo sin saberlo mientras lo relata. Lo cuenta todo, su deseo de escapar de Richmond por no ser el hijo y hermano que se esperaba, su deseo de partir con Jared, como este se echó para atrás en el último momento, casa que le causó un dolor horrible. Relata acontecimientos que Steve ya conoce pero Danni no. Tomando aire, deteniéndose, se dispuso a terminar con lo ocurrido esa misma mañana después de confesarle que le quería todavía, lo que llegó después de la reunión con Samantha. Mientras lo cuenta, él mismo parece no creérselo aún; culmina con la conversación bajo la lluvia dejando a sus amigos con las bocas abiertas. Sólo se contiene en un punto, en el deseo de repetir una y otra vez la palabra Surprise.

   -¡Ese hijo de puta! –gruñe Steve totalmente cabreado, solidarizándose con Jensen quien le mira abriendo mucho los ojos como diciéndole “¿verdad?”.

   -Dios, pobrecito… -gime Danni.

   -Gracias.

   -No tú; bueno, si, tú también. Pero me refiero a Jared.

   -¡¿Qué?! –se extraña Jensen.- ¿Escuchaste algo de lo que conté?

   -Cada palabra. Dos chicos tontos que se conocen y se enamoran a primera vista con una intensidad que… Dios, ¡a primera vista y siendo niños! -arruga la cara y se lleva una mano a los ojos, cubriéndose.- Lo siento, pero esto me emociona. Lo querías tanto que deseaba que te siguiera cuando intentaste encontrar tu libertad, ese lugar que no existe donde te decías que serías feliz, pero para que fuera verdadero, Jared tenía que estar ahí. Él te amaba tanto que intentó retenerte cuando entendió que su destino podía estar en esa ciudad. Y fueron tan tontos que no pudieron hablarlo.

   -No. Siempre fui claro con él. Jared fue quien me ocultó sus planes. Danni, no soy idiota, mirándolo en frío y aunque me hubiera molestado en aquel entonces, habría entendido que sus ideas eran… buenas y que le convenía quedarse en Richmond. Pude aceptarlo, ir a la universidad y seguir a su lado.

   -Ay, Jensen, ¿quién no ha sido un idiota total a los quince años, a los dieciocho? Él no quería que te fueras, obviamente eras también su todo, y por eso te puso en tres y dos. En su mente de niño pensó que le elegirías sacrificándolo todo.

   -¿Y cómo es que todo eso no le hace un grandísimo hijo de puta? –se intriga Steve y Jensen le da nuevamente ese gesto de “¿verdad?”.

   -Claro que lo es. Y es tonto e infantil. Lo que me extraña; esa empresa, Surprise, es parte de varias, muy exitosas por cierto, lo que demuestra que tu Jared no es idiota… -le sonríe.- …Excepto cuando se trata de ti. Entonces es el hombre más inmaduro y torpe de todo el mundo. Y si, no me digan nada, sé que callar antes y ahora, ocultar y mentir, manipular con el contrato, todo eso estuvo mal, pero… Mierda, ¡cómo te ama! –casi chilla.

   -Danni. –la mira exasperado, incómodo dentro de su propia piel.

   -No, no, imagínatelo desde su punto de vista; es un chico de diecisiete años que queda desconsolado cuando todo le sale mal y te pierde, tal vez esperando que llamaras en cualquier momento para hablar y arreglarlo todo, rondando tu casa para saber si estabas por ahí, tal vez pensando en caer de rodillas y pedirte perdón o que tú corrieras y le dijeras que le amabas; abordando a tu madre que le trata con frialdad… -el rostro se le enternece cuando mira a la nada.- Casi puedo verle, de noche, llorando en su cama y rezándole a Dios para que tú le llames, ofreciéndole absurdas promesas tan sólo por otra oportunidad. Y no ocurre. Y crece y te extraña, y trabaja y le va bien, y se molesta contigo durante todo ese tiempo porque cuando te fuiste te llevaste un pedazo de él. Se dice un día le restregaré mi triunfo en su hermosa y pecosa cara… ¡Awww! –se lleva una mano a la boca, ojos brillantes.- Imagino su fantasía, elegantemente trajeado en su gran auto, cruzando una esquina miserable, viendo un cuerpo harapiento, sucio y barbudo arrojado en una calle, y esa piltrafa abre los ojos y ve dos esmeraldas brillantes. Baja y se sorprende al comprobar que eres tú, te llama, te preguntas cómo has llegado a ese extremo, y tú mirándole desfallecido, tal vez de hambre o vicio, y él alzándote y sosteniéndote entre sus brazos, acunándote, diciéndote que todo estará bien, que te lleva a casa y cuidará de ti. –habla efusivamente, mientras Steve y Jensen la miran con las bocas como dos enormes o.

   -¡Es la cosa más tonta que he oído! –sentencia Jensen, pero algo erizado; contrario a Steve que ríe divertido.- Más bien parece el sueño de venganza de alguien que me odia.

   -El chico es tonto, creí que eso ya había quedado establecido. –refuta Danni.- Lo que quiero señalar, demasiado poéticamente para que hombres como ustedes entiendan, es que después de la manera en la que rompieron, de todo el tiempo transcurrido y lo pasado, él todavía te ama y soñaba mil maneras de regresar a tu lado. Aunque lo pospusiera una y otra vez por miedo. –Jensen, rojo de cólera, se pone de pie.

   -¿Y crees que eso lo justifica o arregla todo esto? Es un sucio mentiroso y manipulador que… -ella se pone de pie, atrapándole las manos.

   -Es una persona como todas, con cualidades y defectos, como tú o como yo. Pero él tiene algo a su favor que no debes olvidar jamás, es la persona que, seguramente, más te ha amado en esta vida. Jensen, desde que te conocí en la universidad te he visto ir a solas por la vida. Te reúnes con amigos, tienes citas que no llegan a nada, aventuras de una noche o dos y nada más. –le mira fijamente.- Te conozco, amor, dime… ¿no te pesa la soledad? ¿No te has despertado a veces en medio de la noche y de tu cama con ganas de gritar tan sólo para romper el silencio, o con la urgencia de salir en medio de la noche a buscar a alguien, algo, lo que sea para terminar con esa sensación de ahogo y vacío? Es horrible, ¿verdad?, ver caer la tarde, que aparezcan las estrellas y sentir ganas de gritar porque sólo tienes ese vacío. Nadie que te sostenga, te conforte y te diga que mañana todo estará bien, que ya no eres ese niño que tanto sufrió en Richmond, y que no estás solo. –Jensen respira pesadamente.- Eres hermoso, sexy, inteligente, educado y amable… tienes todo el estuche pero estás solo, nunca dejaste que nadie se acercara demasiado. Creí que te habían lastimado y levantaste altas murallas emocionales para sentirte a salvo, y en cierta forma lo es; pero ahora veo que nunca nadie fue suficiente porque en todas las personas que miras en las calles, a lo largo de una sala, un cine o un restaurant, no le ves a él en sus rostros. ¿Quieres que te hable de lo feliz que has sido en estas semanas desde que reapareció en tu vida, excepto por los días de la pelea por su madre? Todo tú despide esa luz de… feliz serenidad y satisfacción. ¿No te parecían las horas a su lado mejores? ¿Las comidas no eran momentos memorables a su lado? ¿Las noches no eran de satisfecho reposo en sus brazos?

   -Danni… -respira agitado, confuso, no queriendo dejar menguar su disgusto; mira a Steve, quien alza las manos.

   -Hermano, no; te juegas cosas demasiado importantes aquí, como dice Danni. Tú decides.

……

   Jared está echado sobre el mullido sofá de su oficina como si alguien le hubiera arrojado allí. Se cubre los ojos con el brazo, indiferente a la molestia del saco húmedo sobre todo su cuerpo. No tiene fuerzas para nada como no sea lamentarse y llorar con amargura, aunque ahora, afortunadamente, lo hace en su cabeza, así al menos no suena tan patético a los demás. Su cabeza… ese espacio donde se jura que nunca más pensará en un tal Jensen Ackles y su sonrisa hermosa, sus ojos brillantes y sinceros, sus labios rojos de lujuria… el amor de su vida. Se estremece, le extrañará pero ya está bien, era hora de continuar; no le buscará. Le olvidará, por mucho que le doliera el corazón tan sólo de pensarlo. Se tensa cuando oye la puerta abrirse.

   -Alona, dije claramente que no deseaba ser molestado. No quiero ver a nadie.

   -Pensé que debíamos hablar. –la voz es firme y Jared aparta el brazo, abre mucho los ojos y se medio levanta sobre los codos.

   -¡Jensen! –jadea sin aliento. El rubio le sonríe, cabello alzado en puntas, la misma ropa.- Creí que… Creí que no querías…

   -Hablas demasiado. –Jensen hinca una rodilla en el sofá a su lado, llevando las manos hacia su camisa, separándola bruscamente en dos haciendo saltar los botones, antes de bajar y morderle el cuello mientras le acaricia la fría piel. Jared jadea, inmediatamente tenso todo él, la piel erizada, cada célula vibrando por la cercanía del rubio, a quien mira de manera desmayada e infeliz.

   -Jensen, lo siento… -y este le silencia besándole, mordiéndole el labio inferior antes de mirarle fijamente a los ojos.

   -No digas nada, señor Padalecki… Señor Padalecki… ¡Señor Padalecki!

   El brusco tirón en su hombro saca a Jared de su mundo de sueños, aturdido, confuso, mirando sin entender qué hace Alona allí con cara de culpabilidad cuando está besándose con Jensen. ¡Jensen! Recorre la oficina con la mirada, el corazón en un doloroso puño. No. ¡No! Tiembla de manera violenta: estaba soñando.

   -¿Por qué me despertarte? –grita, sabiendo que está mal cuando la ve encogerse, pero incapaz de contenerse. Ese sueño… Un visible escalofrió lo recorre nuevamente.

   -Estaba… tiritando. Mucho. Los dientes chocaban y se oían en… Señor, ¿por qué no se cambia? Se puede enfermar. –pide casi retorciéndose las manos.

   En ese momento él podría decirle algunas cosas, cómo el qué hacer con sus malditos consejos que nadie ha pedido, gritarle que cuando ordenaba algo esperaba se le obedeciera, que no necesitaba que le mirara con tanta preocupación y ¿piedad? Pero no lo hace, toma asiento sintiéndose increíblemente mal y asiente con la cabeza. Ahora nota que sus manos tiemblan y su frente está algo caliente. Joder, lo que le faltaba, enfermarse. Jensen. Espera que el rubio no estuviera… Sonríe tristemente, ni aún ahora puede dejar de pensar en el otro.

   -Alona, llame al señor Murray, dígale que voy a necesitar un favor. –pide abatido, dejándose caer contra el mueble y cerrando los ojos. Cómo dolía la vida cuando se estaba despierto.

……

   -¡No te metas! –desde el sofá donde cayó sin fuerzas para moverse, Jensen escucha a Steve.

   -Tengo qué. Ya conoces a Jensen. –replica, contenido y en voz baja, Danneel, desde la recamara.

   -¿Quieren que me vaya? –pregunta sin moverse.

   -¡No! 

   -Claro que no. –confirma Danni entrando en la sala seguida de Steve, deteniéndose ambos a pocos pies, mirándole, y Jensen, alzando un poco más la manta que la mujer le prestó, se siente patético.- Puedes quedarte aquí todo el tiempo que quieras.

   -Oye, ¿y la encerrona que planeamos?

   -¡Steve!

   -¡Es juego! –se defiende y Jensen sonríe, sin muchas fuerzas, realmente se siente agotado. Y con frío. Día frío, noches frías. Una vida sin calor.

   -He estado pensando…

   -Sabía que ocurriría tarde o temprano.

   -¡Steve! –ella le calla mientras Jensen toma asiento.

   -Es cierto, parece que nunca tengo la cabeza en su sitio cuando… -toma aire, estremeciéndose; Jared había dicho que no quería verle nunca más, que se arrepentía de haberle conocido. El recuerdo le hace tragar saliva- Siempre he amado a Jared. Lo hice antes, desde niño; creí que le había superado pero… -se muerde el labio inferior, cuando alza la mirada hacia la pareja, casi se ve desvalido, como un adolecente.- No sé qué hacer, Danni.

   -Niño tonto. –ella toma asiento, también su teléfono y marca un número. Jensen siente como su pulso se acelera.- Buenas tardes, soy Danneel Harris, me gustaría hablar con el señor Jared Padalecki. –escucha y alza las cejas.- ¿Cómo? ¿Podría decirme dónde…? Si, lo entiendo. Gracias. –se ve apagada y el rubio se prepara para un golpe.- Jared salió de viaje. Ya no está en la ciudad.

CONTINÚA … 18

Julio César.

NOTA: Dios, ¡tantos sentimientos! Dean Winchester se moriría si debiera enfrentar esto.

EL SUEGRO LO ENVICIA… 23

julio 24, 2012

…LO ENVICIA                         … 22

   Este relato me lo envía por correo un conocido de la casa, LeRoy, y es bueno, aunque es una mala traducción que me tomará tiempo medio hilar. Este relato que NO ES MÍO, lo llevo más bien como una pequeña adaptación. Que el autor no se moleste, por favor. Bien, la trama: un chico muy joven sueña con ser físico culturista y se casa con la hija de un ex culturista, el cual termina convirtiéndole en el juguete sexual de todos los hombres. Disfrútenlo.

……

Título: Muscle Pussy

De: hgenyc9261@gmail.com

   Si, tenía con qué.

……

   -Alice, no; por favor, no hagas esto. –suplica.- Amor… -intenta tocarla y ella con rabia se revuelve, alejándose, gritando a pesar de la gente que sube.

   -¡No me toques con esas manos con las que tocabas las vergas de otros! –acusa; a sus espaldas, y a pesar de que los oídos de zumban de angustia, Bobby puede oír los cuchicheos y se vuelve como para decirles que se larguen, que allí no hay nada que ver. Es cuando Alice grita.- Mírate, tienes el pantalón mojado. El culo te babea leche, ¡la leche que esos hombres dispararon dentro de tu culo de marica!

   -Alice, no… -Becky intenta calmarla.

   -¡Es un marica! –insiste Alice, mirándola, como si no pudiera encontrar nada más que decirle. O no pudiendo procesar todo lo que ocurre. Su marido, el marido al que ama, es un marica cuyo culo está chorreando leche.

   -Joder, amigo, ¿no sabes que hay que quitarse la leche una vez terminan de darte? –comenta jocoso un tipo al pie de las escaleras.

   -¡Ay!, ¿experiencia? –replica otro y hay carcajadas, mientras Bobby horrorizado mira a Alice, con la mente en blanco.

   -Alice…

   -Esto vas a lamentarlo, hijo de puta. –terminan gritando con un enorme puchero, lanzándole leves manotones, embargada de furia, hasta que le empuja haciéndole retroceder a pesar del tamaño, casi corriendo entre las personas en las escaleras, algunos de los cuales le piden que se calme, que no es la primera que se casa con un tío que se derrite por otros hombres.

   -Buena la has hecho, ¡mírala! –acusa Becky.- Su papá y su hermano van a joderte bien jodido. –y sale tras la amiga.

   Tragando, sintiéndose infinitamente miserable, Bobby baja la mirada, diciéndose para sus adentros que así fue que comenzó todo. Cuando el suegro y el cuñado le jodieron. A duras penas contiene el llanto mientras la gente comenta, ríe, le aconseja qué hacer para no ser pillado otra vez por su mujer, otro comenta que menos mal no le encontró ensartado o la sangre llega al río. Todos hablan hasta que Bull grita que dejen dormir. Cerrando los ojos, caminando muy rígido, oloroso y manchado de esperma, Bobby, el pobre chico que gusta de las vergas, cruza entre esas personas preguntándose qué hará ahora.

   Mierda, lo había perdido todo. Su matrimonio, su mujer. La casa. ahora estaba en la calle… con el culo adolorido y manchado de esperma. ¿Qué sería de su vida?

   Cabizbajo abandona la casa a toda prisa, tan sólo para encontrar que Alice se llevó el coche. Mierda, se siente tan mal que quiere llorar. Lo había perdido todo. Moviéndose lentamente se encamina hacia la casa del suegro, dudando si llegarse o no. ¿Le dejarían explicarse? ¿Le permitirían acaso entrar? Tenía sus llaves, pero… Tomando aire se decide, tenía que llegarse, dar la cara… Y cambiarse de ropas, poner algo en una maleta y tal vez salir.

   Le lleva casi cuarenta minutos llegarse, no quiso tomar un taxi. Aunque se había frotado bastante el rostro, sabía que apestaba a semen. Su culo se sentía prensado por la esperma fría y seca. Frente a la vivienda duda con el corazón martillándole feamente en el pecho. Casi pega un bote cuando el teléfono repica en su bolsillo. Mira el identificado. Joder, Ben, su suegro. Tomando aire conecta pero no tiene tiempo de hablar.

   -¡¿Dónde coño andas?! Alice llegó hace casi una hora hecha un mar de lágrimas. Ven aquí y encara tus actos. –le ruge, cortando la llamada.

   Con el corazón en un puño, el muchacho parpadea intentando controlar el llanto. El suegro estaba furioso y querría, seguramente, que dejara la casa. Le echaban. Se estremece feamente imaginándose al hombre llamando a su familia, a sus padres, contándole por qué fue que el matrimonio fracasó. Porque era un marica que no puede resistirse a la idea de una verga clavada en su culo vicioso. Está bien, fueron el suegro y su cuñado los primeros e iniciarle, pero seguramente fue su culpa. Seguramente andaba enviado señales de perra en celo y esos hombres no pudieron aguantar. ¡Estaba tan jodido!

   Decidiéndose abre la puerta, deteniéndose a escuchar; una conversación baja viene de la cocina, donde el inconfundible sonido de chapas de cervezas cayendo, le alertan. Lo mejor era que subiera las escaleras, recogiera algunas cosas y bajara, así si el suegro y Tony le gritaban y lanzaban a la calle, ya tendría lo necesario a mano.

   -Bobby, ¿eres tú? –le oye gritar desde la cocina.

   -Si… yo…

   -¡Ven acá!

   -En un momento, yo necesito… Vuelvo en un segundo. -sube a la carrera a su dormitorio.

   Abre la puerta y el corazón se le cae a los pies, clóset y gavetas indican que alguien ya ha estado recogiendo. Mierda, seguro que Alice agarró hasta la última de sus trusas y las embolsó. O las arrojó a la basura.

   -Te llamé. –gruñe Ben, ceñudo, entrando en el dormitorio, todo cabreado, masculino e intimidante.- Mierda, muchacho, hueles a semen pero arrechamente… Alice tenía razón; te encontró prácticamente repartiendo culo, ¿verdad, pequeña ramera?

   -¡No! Yo… -Bobby se vuelve a encararle y casi jadea, su suegro no está solo, a sus espaldas están Tom, el culturista amigo del hombre (al que conoció en el gimnasio), y su hijo Frank.

   -¿No, qué, Bobby? –grita.- ¿Acaso no tienes el culo lleno con las siete leches? Veamos, ¡bájate los pantalones! –ordena colérico.

   Bobby no sabe qué hacer, enrojecido de vergüenza y mortificación delante de esos dos extraños al ser confrontado así por su suegro, quien le acusaba de haber sido casi pillado por Alice siendo enculado por dos hombres.

   -Suegro. Yo no… -jadea.

   -Bájate los pantalones. –gruñe entre dientes, lentamente, acercándosele, atrapándole los faldones de la prenda y abriéndolos de manera salvaje, casi desgarrando los botones, obligándole a dar media vuelta y halando de ellos hacia abajo a pesar de los jadeos del muchacho, pelándole las redondas nalgas a la vista de todos.- Quiero saber si lo que dice mi hija es cierto. Joder, ¡ni siquiera llevas ropa interior! Y eso que se nota brillante es leche seca.

   -Bueno, Ben, el muchacho parece mortificado, dale un respiro. –interviene Tom.- Todos hemos cometido… aún pecadillo cuando éramos más jóvenes. Tal vez le dieron unas cervezas de más y las cosas no le parecieron tan serias. Bien sabe Dios que yo cometí locuras cuando estaba en la Infantería de Marina. Sabes cómo era eso.

   Apesadumbrado, y agradecido, el joven culturista mira al hombre sobre un hombro, quien le sonríe tranquilizador. Tom era un hombre de postura impresionante, tal vez no tanto como la de un culturista profesional, pero llamaba la atención por su pecho recio, sus brazos nervudos y musculosos, así como por su cabello cortado casi al rape al estilo militar.

   -Entiendo, pero… -Ben toma aire, sin soltarle.- ¿Te parece esto justo, Bobby? Te entrego a mi hija, te abro las puertas de mi casa y de mi familia ¿y así me pagas? ¿Llegando recién follado? Delante de Tom y su hijo. ¿Qué van a pensar? ¡Sobre todo Frank que ha competido contigo en las exhibiciones de culturismo!

   De color remolacha por la mortificación, Bobby mira a Frank, quien tan sólo sonríe mientras recorre su cuerpo de arriba abajo (retenido aún por un recio brazo del suegro), deteniéndose sobre sus nalgas lampiñas, firmes y musculosas. Bobby le conocía únicamente de vista ya que nunca habían hablado. Con frecuencia habían terminado ambos en el escenario, aunque el rubio admitía que el otro estaba mejor constituido y por ello ganaba. Su enrome tamaño siempre le intimidó un poco, cosa que también le había ganado un buen montón de alocadas fans que se morían por su aspecto cincelado, cosa que había terminado por darle una actitud algo arrogante de “un hombre entre hombres”. Pero ahora, viéndole descaradamente el culo, el joven culturista puede adivinar un buen bulto de interés entre sus pantalones. Aparentemente a Frank le gustaba lo que veía.

   -Déjalo, Ben. –insiste Tom, mirando también esas nalgas redondas.

   -Mírate, sin calzoncillos, el pantalón manchado de leche. –levanta la otra mano y hunde un dedo en su culo, penetrándole fácilmente y haciéndole gemir.- Todo abierto. Ay, muchacho, ¿qué voy a hacer contigo? –pregunta retórico mientras saca y mete el dedo.- Vamos, quítese ese pantalón manchado.

   Aturdido, y mucho, Bobby lo hacen, deshaciéndose del jeans y buscando otros, pero Ben le atrapa la mano.

   -No pensarás vestirte sin ducharte, ¿verdad? Y eso va a tener que esperar, quiero hablar contigo, sobre Alice. Ponte esto. –abre una gaveta de donde saca una pequeña roja trusa de exhibiciones.- Vamos a la sala.

   -Pero suegro…

   -Vamos. Tenemos que hablar. De lo que hizo, de lo que Alice ha resuelto y de lo que tendrá que hacer al respecto. –y sin más le monta una de sus callosas manos sobre una nalga semi cubierta, apretando posesivo, empujándole y sacándole del dormitorio rumbo a la sala.

   -Suegro, yo…

   -Mira, muchacho, entiendo. Mi hija se casó contigo creyendo que eras todo un hombre y resultaste un culo caliente que delira por los güevos. Esas cosas pasan. Pero mi hija estaba muy afectada. Tanto que no se quedó porque le dije que no podía arrojarte a la calle con lo que llevabas puesto, manchado y oloroso a semen. ¿Cómo ibas a llegar así a casa de tus padres? Qué se habrían enterado de todo. Mi hija está con esa amiga que me agrada tan poco, Becky; no puede ver a Tony porque prácticamente se saca las tetas de la blusa. Creo que es de las peligrosas, no quieren un polvo sino un marido. En fin, Alice estaba furiosa, fue cuando recordé ese curso de cocina que quería hacer en Francia y aquí mi amigo Tom, que estaba cuando llegó hecha un mar de lágrimas, me socorrió cubriendo los gastos del viaje y el alojamiento mientras ella se establece.

   -¿Qué? ¿Francia? ¿Alice se va y me deja?

   -¿Querías que se quedara armándote un escandalo a cada rato o pensabas que iban a dormir en la misma cama hablando de los hombres que les gustan? –es rudo mientras abre los brazos.- El caso es que no tengo dinero a mano para pagarle a Tom. Y no debo hacerlo. Alice es tu mujer y tú la jodiste cuando te dejaste agarrar bañado en esperma.

   -Pero yo no tengo ni un centavo. –jadea.

   -Puedes trabajar. Modelando. –acota Tom.- Tengo amigos que manejan agencias, o que conocen a dueños de agencias. No será difícil con tu cuerpo. –lo recorre.- Nunca te he visto en el escenario pero…

   -No, descuida. El yerno tiene lo que hace falta para triunfar en el modelaje. –acota Ben, volviéndose luego hacia el yerno.- Vamos, muchacho, camiseta y zapatos fuera. Posa.

   Aturdido por todas las noticias (Alice le deja, se va lejos, tiene que trabajar para pagar su viaje), Bobby sube los faldones de la corta camiseta y se la quita dejando al descubierto su torso musculoso y recio, destacando aún más la pequeña trusa sobre su enrome cuerpo. Los zapatos salen también y sintiéndose un tanto tonto en medio de esa sala vistiendo la breve prenda, la misma noche que su mujer la deja, comienza una rutina de poses. Casi puede sentir, excitándose un poco, las miradas de esos hombres sobre sus bíceps, pectorales, muslos y espalda. Pero especialmente sobre su culo de nalgas erguidas, alzadas y redondas, donde la tela de la trusa desaparecía casi toda, presionando contra su entrada cuando flexiona las piernas. Y no quiere pensar en lo grato que es eso, la suave presión contra su capullo.

   -Parece tener todo lo apropiado para modelar. –grazna Tom antes de volverse a su hijo.- Frank, ¿por qué no posas junto a Bobby para nosotros? Creo que está tan bien constituido como tú.

   El rubio culturista se extraña, aunque ya su vena de profesional se despierta, imaginando lo bueno que será practicar y mostrarle a esos sujetos que se había tomado muy en serio sus prácticas.

   -No llevo ropa interior, papá. –se queja Frank.

   -No hay problema… -sonríe Ben, tendiéndose hacia adelante y atrapando los tirantes de la trusa del yerno, rasgándolas y despojándole de ella.

   -¡Hey! –se alarma y enrojece, totalmente desnudo ahora frente a esos sujetos que le miran con toda maldad.

CONTINÚA … 24

Julio César.