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CHAVEZ HUNDIENDOSE MAS EN AMUAY

agosto 30, 2012

HUGO CHÁVEZ Y SU CAMPAÑA DESESPERADA

   Habrá que terminar por creer que el señor presidente de la República (bolivariana) de Venezuela, es un basilisco. Una iracunda criatura a la que nadie se atreve a decirle nada por miedo a incurrir en sus iras. O perder la teta del Estado como las maripilishernandez, los josevicenterrangeles, los diazrangeles y los ernestosvillegas del régimen, adulantes por un lado, insultantes por el otro, inútiles en ambos extremos. ¿No pudo aconsejarle alguien al Presidente antes de darle un espaldarazo público al señor Rafael Ramírez, presidente y destructor de PDVSA (¿recibirá dos sueldos?), que esperara? ¿Qué costaba esperar tres días y una pantomima de investigaciones y decir que “después de profundos análisis y experticias sabemos que no hubo esto y aquello y que fulano actuó como debería”? No, se desbocan en piraterías y encubrimientos que tan sólo les hace daño. ¿De verdad nadie pudo advertírselo?

   De la investigación de la tragedia de Amuay, anoche el Presidente mató toda posibilidad de credibilidad en sus resultados. Nadie dará media locha por las experticias que den los “expertos”, y es muy posible que el país pierda los seguros y estos no paguen y Venezuela deba costear los gastos de reconstrucción. A pesar de los trabajadores que fueron esquematizando una a una las graves violaciones de seguridad, de la gente que horas antes enviaba mensajes diciendo que ya no se soportaba la concentración de gas fuera de la refinería, y las cincuenta muertes “accidentales” todavía no explicadas ni los responsables tras las rejas, el señor Presidente de la República se lanza a desmentir a toda esa gente, comenzando por la que estaba allí y casi muere, tachándolas de miserables mentirosos (¡antes de comenzar la investigación!), felicitando a Rafael Ramírez a quien “la canallada política deseaba señalar como responsable”. ¿Quién debió enfrentar los problemas de la refinería?, ¿quién manejó el desaparecido presupuesto para mantenimiento y seguridad?, ¿quién es el responsable directo de la baja escandalosa en los niveles de explotación de petróleo mientras se contamina de manera salvaje el medio ambiente (koke descomponiéndose a sol atormentando a toda una población y derrames en ríos)? ¿Quién “dirige” PDVSA? Pero ya, antes de iniciarse la investigación, Hugo Chávez dice que a Rafael Ramírez no se le toca, que ese hombre es caca. Y su razón tiene. De esos muertos, así como de la contaminación y la baja de la producción, el único responsable final es el presidente Hugo Chávez Frías, quien mientras deja a las poderosas familias de Barinas, Monagas y Caracas enriquecerse a niveles de lo grotesco, hipoteca lo que queda a los chinos manteniendo a cómplices e inútiles en cargos para los que no estaban preparados. ¿Qué le importa PDVSA, el país o esos muertos? Lo que Rafael Ramírez pueda decir, sí se le investiga o se le interpela en la Asamblea Nacional, es lo que preocupaba. Tanto así que Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional, de manera histérica ha asegurado que de Rafael Ramírez, ni de la ruinosa situación de PDVSA, se discutirá jamás en el Hemiciclo.

   Lamentablemente para ellos, el país observa mientras siguen cayéndose puentes y carreteras. Que digan que el Cuerpo de Investigaciones Científica, Penales y Criminalísticas (antigua PTJ, que sonaba mejor pero había que cambiarlo para parecer que se estaba haciendo algo), y la Fiscalía General de la República “iniciarán una investigación”, tan sólo provoca sonrisas de desprecio. ¿Qué investigación van a realizar cuando a quienes señalan las irregularidades que se han venido cometiendo ya se les tacha de mentirosos, no se les oye y mañana a lo mejor hasta de terroristas los tildarán? ¿A dónde llegará la “investigación” si los dos principales implicados, el ministro Rafael Ramírez y el presidente Hugo Chávez se escudan uno al otro “sugiriéndole” a los investigadores “dónde y qué” buscar? Por alguna razón, tal vez justificada, esta gente piensa que los venezolanos somos totalmente idiotas y creeremos algo que salga de sus bocas. Los muertos muertos quedarán, para ellos no habrá justicia, sus asesinos quedarán en libertad, posiblemente para provocar otras muertes mañana, como corre con las cárceles o quien debe detener al hampa en las calles; es el destino de los países sin ley.

   El Gobierno intentará callar el escándalo ofreciendo coimas, sobornos para cerrar bocas, como hizo con parte de la familia del fiscal aquel que fue asesinado en medio de un operativo de la antigua Policía Política que le cercó a solas en el lugar donde murió; donde la Fiscalía inventó testigos y testimonios, para que se los voltearan en las caras públicamente. El presidente Chávez ofrece casas, becas, bonos y ayudas, que muchos sospechan llegarán una vez y luego se les olvidará. Hay damnificados que van para su tercer diciembre en refugios provisionales. Y hasta en eso fue pura piratería, el Presidente, sin asesorarse (con quién, rodeado únicamente de maripilis, rangeles y ernestos como está), llega con planes a saltos, inventando sobre la marcha. Que si sembrar, que si criar ganado. ¿No pudieron encontrar a alguien que dijera “a la refinería se le hará esto y aquello, lo que llevará tanto tiempo; y mientras se construye esto y lo otro para ofrecer trabajos de calidad, se garantizará los estudios en tal y cual colegio para los hijos de las víctimas, ya se habló, mientras contratamos con fulano, que ya construyó tal y cual urbanización para levantar las nuevas viviendas en tantos meses”. Nada de eso; sólo planes en el aire, castillos en las nubes. Espejismos y delirios.

   Pobre Venezuela.

CHAVEZ, RAFAEL RAMIREZ Y TAREK EL AISSAMI…

Julio César.

EL SUEGRO LO ENVICIA… 26

agosto 30, 2012

…LO ENVICIA                         … 25

   Este relato me lo envía por correo un conocido de la casa, LeRoy, y es bueno, aunque es una mala traducción que me tomará tiempo medio hilar. Este relato que NO ES MÍO, lo llevo más bien como una pequeña adaptación. Que el autor no se moleste, por favor. Bien, la trama: un chico muy joven sueña con ser físico culturista y se casa con la hija de un ex culturista, el cual termina convirtiéndole en el juguete sexual de todos los hombres. Disfrútenlo.

……

Título: Muscle Pussy

De: hgenyc9261@gmail.com

   Era ver machos y mojarse todo…

……

   -Joder, Bobby, eres realmente una perra caliente. –gruñe Frank.- Si todos los chicos supieran del hermoso y apretado culo rico que tienes siempre listo para darle placer a los hombres, creo que no podrían evitar turnarse para cogerte sobre el escenario, en medio de las exhibiciones de culturismo, con el público aplaudiendo a rabiar y todos desesperados por tomar su turno y disfrutar de esta belleza. –mientras habla atrapa la base del consolador y comienza a retirarlo, luego lo mete cogiéndole lentamente, fascinando como todo hombre que de pronto se encuentra metiéndole algo a otro carajo por el culo, la mirada clavada en el vicioso agujero del muchacho.- Va a ser muy duro para mí posar junto a ti y no pensar en mi verga deslizándose dentro de tu coño rosa y suave, arrojándote en cuatro patas en frente de todos y cabalgarte hasta hacerte gemir y gritar mi nombre, pidiéndome más, que te convierta en mi puta, tú babeando y corriéndote sin tocarte, como una buena perra que ama las vergas grandes y duras.

   -¿Quieres cogerlo? –pregunta Ben.- Está tan caliente y necesitado que creo que si está noche no le llenamos el culo de vergas y leche se va a morir de tristeza. Vamos Frank, con confianza. Mi yerno necesita que lo atiendan, que los hombres de verdad se ocupen de sus necesidades básicas.

   -Claro, toda perra necesita de su macho. O machos. Es biológico, una de esas verdades de la vida. –aclara Tom.- Ben, amigo, tu chico va a hacer que ganes millones. Perdiste a un yerno y tu hija un marido, pero ganaste un delicioso coño siempre deseoso, y eso genera ganancias.

   Bobby escucha, escandalizado y excitado, pero incapacitado para reaccionar mientras gime cuando Frank retira de su culo el grueso juguete, sabiendo que su entrada titila salvajemente en busca de más.

   -¿Qué sea una puta profesional? –se burla Ben.- Ya veremos…

   Aunque eso alarma a Bobby, no puede dedicarle mucho tiempo a la idea ya que Frank posiciona la punta de la sedosa y ardiente verga sobre su culo, presionando y metiéndose. El rubio cierra los ojos y contiene un jadeo de placer cuando siente como la gruesa barra va abriéndole camino en su interior y frotándole por dentro, toda, golpeándole donde es, para retirarse y entrar otra vez muy rápido, cada centímetro de güevo duro y caliente, mientras sus enormes manos lo mantienen retenido por los hombros.

   -¡Jesús! ¡Qué culo! -jadea Frank, sorprendido y maravillado, sintiendo como cada palmo de su tranca es halada y tironeada por ese agujero ávido de amor de hombres.- Mierda, es tan… ¡Ahhh! Lo siento, Bobby, pero todos los chicos en el circuito de culturismo van a saber esto, que tienes el más dulce y… ¡hummm!, delicioso culo que pueda haber. Todos van a saberlo y van a querer convertirte en la perra de las exhibiciones. Prepárate a tener filas de carajos musculosos y sudorosos en pequeñas trusas esperando por enterrar sus vergas en tu cuerpo.

   Esas palabras ahogadas de lujuria y placer de un hombre que le cepilla con fuerza el culo, son algo que podrían ponerle en evidencia frente a todos los tíos con quienes compite, arruinándole la vida… aún más… Pero a Bobby tan sólo le provocan escalofríos y que su culo chupe todavía más.

   Estaba totalmente enviciado…

   Atrapándole con fuerza por los hombres, con ese dominio que los hombres ponen sobre lo que controlan, Frank continúa su mete y saca violento del culo de Bobby, quien gime y se estremece cuando siente como cada trozo de ese tolete abre las paredes de sus entrañas llenándole de increíbles sensaciones. Cierra los ojos cuando la pelvis de Frank se estrella contra sus nalgas, siente como sus bolas le golpean cuando la nervuda y rígida tranca se le clava casi hasta la empuñadura y todavía empujando más.

   El fornido rubio no quería, pero pensar que estaba siendo usado como una buena perra por uno de sus competidores en las exhibiciones de culturismo, que su musculoso culo estaba lleno con el enorme y duro güevo, mientras el padre de este, y su propio suegro les miran, le estaba enloqueciendo de lujuria. Todo eso le hace estremecerse y jadear, echando descaradamente su culo hacia atrás, apretando con fuerza ese tolete que le abre las entrañas, sorprendiéndole a él mismo lo rápido que había llegado amar el sentirse cogido así

   Tom, de pie a un lado y con una mano apoyada en la baja espalda de su hijo, le empujaba para que le clavara más adentro su tranca en ese culo vicioso y hambriento de machos; la otra mano, medio inclinándose, acariciaba la sensible zona entre las bolas del culturista y su culo, calentándole más, aunque lo que el viejo sátiro deseaba sentir era cómo la joven verga de su hijo le penetraba con fuerza.

   -Oh, mierda… que culo tan arrecho. –grita Frank, transpirado de pies a cabeza, su rojiza tranca nervuda saliendo casi toda del redondo culo antes de volver a clavarse.- Este puto es capaz de sacarte la leche del cerebro.

   -Se nota, muchacho. –le dice Tom.- Se nota que estás a punto de correrte, ¿vas a disparar chorro tras chorro de leche caliente en su dulce vagina de perra? –apremia.

   -Si, papá. –jadea Frank sin aliento, sonriéndole a Tom.- Voy a llenarle ese coño de leche caliente y espesa, tanta que va a rebosársele. Joder, aquí viene. –grita mientras se estremece y tensa, clavándole la verga al otro muchacho en lo más profundo.

   Y si Frank grita, tembloroso de emoción, víctima de uno de los orgasmos más poderosos de su joven vida, Bobby también, sintiendo como los cálidos disparos de semen caliente van llenando sus entrañas, lo que provoca uno de esos extraños clímax de culo, sintiéndose él mismo alcanzar las nubes. Y sin embargo, todavía quiere más, así de vicioso era después que su suegro le inició en el amor del culo por las vergas de los hombres. Así que Bobby aprieta todavía su esfínter, ordeñando tanta leche como puede, antes de que Frank, medio derribado sobre él para ese momento, babeando de gusto todavía, se retire sacándole la gruesa barra aún dura, cubierta en su propia esperma… antes de atraparle las caderas al rubio culturista y tirar de él hacia abajo, clavándole nuevamente sobre el grueso, largo y oscuro consolador. Bobby, las piernas débiles por su orgasmo de culo, nota como se intensifica cuando la dura barra le atraviesa, gime contenido.

   -Vaya, Bobby, ¿todavía quieres más? -gruñe jadeando Frank.- Ese juguete gordo está empujando bien la leche dentro de ti, ¿verdad? –se vuelve hacia Tom, y aún Bobby, sobre un hombro, se estremece por la mirada de vicio del muchacho, o la de hambre de Tom, su padre.- Está servido, papá. –anuncia cayendo de culo sobre el sofá.

   Tom, medio agachándose, coloca sus manos sobre las nalgas de Bobby, atrapándole y guiándole en sus subidas y bajadas frenéticas sobre el juguete sexual, una vista realmente erótica.

   -Quiero darle un buen vistazo a este coño lleno de leche. –gruñe cayendo de rodillas detrás del muchacho, su rostro a pulgadas de ese hueco titilante que escurría semen mientras chupaba el grueso consolador. Reteniéndole contra el mismo, durante dos minutos, logrando que Bobby gimiera, luego le obliga a subir, retirándole del güevo de goma.

   Bobby no sabe qué ocurre, pero le oye gemir estrangulado ante su culo abierto, poco antes de sentir como la boca del fornido hombre cae sobre su entrada, la lengua deslizándose entre los labios de su coño, lamiendo y chupando de manera ávida la esperma que su propio hijo acababa de bombear en sus entrañas.

   -Eso es, viejo, trágate toda mi leche. –Frank medio ríe desde el sofá, mirando al sorprendido Ben.- A papá le encanta caer sobre los coños mojados de las porristas después de que los he llenado de esperma, no le gusta desperdiciar nada.

   El joven culturista se estremece al tiempo que Ben ríe y Tom, hambriento, continúa lengüeteándole el culo en busca de más esperma. Era evidente que la pareja ya había hecho eso mucho antes, que seguramente bonitas mujeres ya habían recibido en sus coños las atenciones padre/hijo, turnándose en sus vaginas. Dios, había algo en la escena de ese fornido y recio hombre cuarentón lamiendo del culo de otro tío la leche de su hijo, que en ese cuarto todos estaban a millón.

   -Dios, sabe tan bien… -grazna Tom, vicioso, lengüeteando, casi como si no reparara en que alaba la leche de su hijo, una que llena su lengua y estimula sus sentidos, mareándole de lujuria.- Cuanta leche…

   -Seguramente estás lamiendo la que ya le habían dejado ahí, papá. –se ríe Frank.- ¿Cuántas chicos te lo llenaron de leches, Bobby?

   -Responde, hijito.

   -Dos. –grazna, mordiéndose los labios cuando la tibia lengua repta muy adentro de su culo, succionando ruidosamente antes de que Tom retire un tanto el rostro, jadeando.

   -Si, hay leche, pero este culo tiene algo más, es como un sabor a licor de cerezas. –ceñudo informa y Frank ríe más.

   -Bien, has impresionado a papa, Sherry.

   -Bueno, bueno, Tom, este lado no te lo conocía… -ríe sardónico Ben, acercándose a Bobby, de frente a este.- Creo que hablaremos luego, ¿eh, viejo amigo? –sus ojos caen ahora sobre el rubio culturista.- ¿Disfrutando mucho, yerno? Debí regalarle a mi hija uno de esos hace tiempo, tal vez así te habría mantenido contento de panza en la cama, agotado de placer anal, y no habrías salido a buscar machos. -y mientras habla, su verga totalmente erecta y goteante de ganas otra vez, se mantiene a pulgadas del rostro del muchacho.

   Esa gota que brilla sostenida hace que Bobby se estremezca todo, reconociendo que el sabor de los machos en su boca era casi tan bueno como las enormes vergas en su culo (o una lengua como la de Tom, quien parecía buscarle más semen aún). Inconsciente se humedece los rojos labios, inclinándose hacia adelante sin detenerse a pensar o reconsiderar nada, tan sólo movido por la urgencia de sentir ese güevo llenando su boca, deslizándose sobre su lengua, chupándolo y recogiendo sus jugos. Se estremece sólo de imaginarlo ya.

   -Eres insaciable, yerno. –se burla Ben manteniendo la distancia.- Pero aún no; vas a comer vergas, eso te lo garantizo, pero antes vamos a intentar algo diferente. -dice mientras se tiende y despega de la mesita el consolador cubierto de leche, acercándose a la pared de la entrada principal.- Venga muchacho, dese con gusto y muéstrenos el ritmo que le gusta.

   Toma aparta la boca del delicioso culo del muchacho, enrojecida, ensalivada y algo llena con el semen de su propio hijos, y Bobby se levanta, acercándose al juguete pegado a la puerta, dándole la espalda, flexionando un tanto las rodillas, echándose hacia atrás y abriendo sus nalgas, su rojo culo pegando del falo de goma. Doblando mas la cintura, Bobby gime mientras va enterrándoselo centímetro a centímetro en el culo. Una vez lo tiene todo, rostro contraído, va y viene, metiéndoselo con fuerza y rapidez, gritando agudo, desesperado por sentir ese rico roce contra las paredes de su recto, frotándole todo incluida la próstata, cosa que despierta aún más todavía su lujuria. Los otros le miran y sonríen.

   -Es tan puta. –gruñe Ben.- Mi hija sí que supo escogerlo.

   -Es una puta muy aliente. –concede Tom, mientras ambos se le acercan.

   Mientras acelera el ritmo y la fuerza de las enculadas, todo Bobby se calienta, y cuando los hombres llegan más cerca atrapa los dos erectos güevos con sus manos, gimiendo al sentirlos palpitar contra sus palmas, como hace todo muchacho que de la noche a la mañana se encuentra en semejante situación, frotándolos de arriba abajo.

   -Vamos, muchacho, sé lo que quieres. –gruñe Ben.

   Y Bobby no puede contenerse, jadeando de ansiedad acerca la boca y se traga toda aquella barra de carne dura, caliente y goteante. Al cerrar lengua y mejillas sobre ella, saboreándola, siente que su culo sufre un violento espasmo sobre el juguete. Cierra los ojos para gozar el momento, metiéndose esa vaina por el culo mientras chupa de manera entusiasta del güevo de su suegro, llevándolo garganta abajo y aspirando como de si droga se tratara, de su peludo pubis.

   -Anda, hijito, atienda a las visitas.-escucha la burlona voz del hombre, que retira la dura verga de su boca, cosa que casi le duele, pero ya Tom acerca su tranca igual de tiesa, y gimiendo ahogado la atrapa sintiéndola estremecerse contra su lengua.

   Y chupa todos esos jugos que le encantan, sintiéndose todavía más estimulado, mamando mientras lleva y trae su culo contra el consolador adherido a la puerta de la calle con una fuerza que extraña no lo despegue. Cierra los ojos nuevamente y se pierde en todas esas sensaciones poderosas y maravillosas que le recorren. Sentir su culo lleno, golpeando el falo de goma contra su próstata, de por sí le tenía en éxtasis, pero sumándolo a la rica verga que babea sobre su lengua, era el nirvana. Ben aparta a Tom y el muchacho come de la suya, como un chivito lactante, saboreando el conocido sabor del papá de su mujer, uno que le encantaba. Se llena con su verga, sorbe lo que suelta, y gime cuando la pierde, aunque ya traga, otra vez, la de Tom. Se extravía en su deseo de chico joven y caliente que merece gozar, mamando de una a la otra, frenético ante tanta lujuria, su culo cayendo totalmente sobre el juguete para luego retirarse y sentirlo todavía más.

   -Te perdiste de esto, Frank. –Ben se vuelve hacia el joven.- Sus labios se ven hermosos cuando cubren una verga caliente de macho, y su boca sabe lo que tiene que hacer para hacerla feliz.

   -Ya veo, señor, aunque su culo es toda una maravilla, tan suavecito y apretado, tan caliente y hambriento. A pesar de ese enorme cuerpo de culturista, Bobby culea como una verdadera puta. Aunque no parece que estuviera aflojándose por falta de ejercicios. Dígame, ¿está así a fuerza de cogidas y leche en su culo y boca, o realiza sus rutinas de culturismo?

   Esos tres tipos comienzan a hablar mientras Bobby continúa sacándole jugo a las enormes vergas, así como disfrutando del increíble placer de sentir su culo abierto y lleno al máximo. Los otros hablan como si no estuviera allí, como si estuvieran en el gimnasio hablando de rutinas y aparatos, y en todo ese tiempo el joven y atractivo culturista estaba mamándoles esas vergas de caballos a los dos hombres más maduros mientras su redondo culo estaba totalmente ensartado por el falo de goma sin que nada de eso le alarme a estas alturas.

   Fue cuando Bobby comenzó a escuchar sobre lo que sería su destino…

CONTINÚA … 27

Julio César.

DE NOVIOS… 8

agosto 29, 2012

NOVIOS                          … 7

   El siguiente es un Padackles ligero donde un tal Jared alegre, buena gente, joven y gran amigo e hijo, se vuelve loco por un chico que le esquiva como tiene que ser: es el novio de su hermana, Megan. Es poco subido de tono, pero tiene lo suyo. Es bastante divertido. La historia no es mía, tan sólo la medio traduzco, que no se moleste la autora:

……

Título: I do not like your boyfriend

Autor: AshelyJane

   -Déjame y te enseño cómo hacerlo…

……

   No sabe si temerosos de lo que su madre pueda o no contarle a Jensen si tarda demasiado en regresar, o de que este se marche mientras no está, o porque necesita tiempo para sí, el joven corre al cuarto de baño del segundo piso. De pie en medio del cuarto de baño, frente al espejo, viéndose a sí mismo ruborizado, agitado, totalmente erizado con tan sólo recordar la cercanía que tuvo con Jensen hace poco, el castaño reconoce que está bien jodido. No sabe a ciencia cierta si Jensen bromeaba siguiéndole la corriente con lo del viaje a París y Roma, todavía tiene que comprobar si es gay, pero lo que es él…

   Por suerte Chad se había marchado, o quién sabe qué habría dicho el monstruo ese. Se agarra del lavamanos y apoya la frente del vidrio, sintiéndose de pronto débil.

   -No eres su novio, ¿verdad, Jen? No es posible que tú y Megan… -susurra y el miedo vuelve a atraparle. El temor de estarse engañando y ser deshonesto con Jensen y su hermana. Pero el verdadero miedo, uno que le sorprende por su intensidad, es que Jensen, en verdad, esté fuera de toda posibilidad.

   Bota aire y termina de desvestirse, que tampoco es tanto lo que lleva. Cuando arroja su bóxer de cualquier manera sobre la tapa del inodoro, lo mira, erizado otra vez. No, no quiere pensar en eso. Se mete bajo la ducha, con agua helada, tanta que gime poco virilmente cuando el pequeño río cae entre sus nalgas. Pero es mejor así. Se queda bajo la regadera fina e intenta no pensar en nada, pero abre los ojos y mira las baldosas, no quiere pero vuelve el rostro y a través del difuso cristal todavía le parece vislumbrar su bóxer negro. ¡Maldito Chad!

   Eleva el rostro cerrando los ojos y dejando la boca abierta, la cual se llena de agua. No quiere pero… lo imagina. Jensen sobre una cama, el jeans desabrochado, la negra franela medio enrollada dejando ver un abdomen plano, los ojos cerrados, el pecoso y hermoso rostro oculto bajo su bóxer, oliéndolo con fuerza y dejando escapar un ronco jadeo. Se imagina entrando, desnudo, chorreando agua, envuelto en una toalla, descubriéndole. Lo ve apretar con las manos la suave prenda, enterrando la nariz en ella y aspirando, casi mordiendo y arqueándose un tanto sobre la cama, lanzando contenidos jadeos, terriblemente empalmado bajo la tela del jeans.

   Para cuando se imagina inclinándose, recorriéndole con una fría mano, por la ducha, el cálido y sensual abdomen (si, sensual en su mente, ¿algún problema?), sobresaltándole y cayéndole encima, cubriéndole con su cuerpo, atrapándole el rostro y cubriendo su boca, ya está manoseándose bajo el agua. Tan urgido que casi dolía de una manera increíble cuando su mano va y viene. Traga bajo el agua, apretando fuerte cuando imagina a Jensen, pecho profundamente agitado, muy rojo de mejillas mirándole, pasada la sorpresa, atrapándole con una mano el cuello y atrayéndole, besándole otra vez, mientras su otra mano, ardiente y muy blanca contrastando con su piel fría y bronceada, recorriéndole del hombro a un costado, de manera maravillosa mientras sus lenguas se atan en batalla. Esa mano acaricia y baja, alzándole la toalla, él medio ladeando la parte baja de su cuerpo, la mano del rubio atrapando su pene, apretando también…

   Y Jared bizquea bajo el agua, tembloroso, recorrido por cargas de lujuria, a punto de caramelo… cuando alguien golpea a la puerta, desconcertándole. ¡Mierda, Jensen!, piensa mientras deja escapar un grito agudo, creyendo que va a sufrir un infarto de puro pánico, intentando serenarse, pero es imposible porque la adrenalina termina de apurar su orgasmo, uno que es poderoso y total, que parece durar y durar, tanto que la mente le queda en blanco y las piernas temblorosas no le sostienen bien y debe agarrarse de la regadera con una mano para no caer, casi mordiéndose los labios para terminar con los gemidos. Aprieta y aprieta intentado detenerlo y tan sólo lo empeora. Casi quiere gritar de frustración, cosa difícil cuando se tiene un orgasmo.

   Y los golpes se repiten con más fuerza… mientras todavía se corre.

   -Oye, ¿qué tantos gruñidos son esos? ¿Te ocurre algo? –pregunta su padre, luego ríe.- Ay, muchacho, deja eso para tu cuarto. –Jared cierra los ojos mortalmente avergonzado, nada comparado a cuando vuelve a escucharle.- Y… eh… limpia bien, ¿okay? Recuerda que todos usamos esa ducha y no querrás que tu madre…

   ¡Oh, Dios!

……

   Vistiendo un holgado pantalón deportivo y una camiseta algo estrecha (lo primero que encontró y no porque sus brazos se vieran bien con ella, se amoldara a sus pectorales y dejara notar su abdomen rizado) y el cabello todavía húmedo de la ducha, un Jared algo nervioso baja las escaleras de cuatro en cuatro deteniéndose en seco al llegar abajo, inquieto mirando hacia la sala. Jensen. Una conversación baja proveniente de la cocina llama su atención, entrando para encontrar a su madre preparando unos emparedados y a Shanon alimentando con un biberón a un hambriento Justin de ojos cerrados, que abre uno al entrar Jared, le mira, medio sonríe y sigue comiendo con apetito. El joven no puede dejar de sonreír con orgullo, se parecía tanto a él… Cosa que molestaba a Jeff.

   -Tardaste toda una vida en la ducha, ¿qué hacías? -la voz de su madre le trae al presente, haciéndole enrojecer y evadir las miradas femeninas, sobre todo la de Shanon que sonríe maliciosa.

   -Estaba algo sucio. ¿Y… Jensen?

   -En la sala. Megan está tardando demasiado y quise prepararle algo de comer. ¿Dónde estará esa muchacha? Su novio viene a verla y ella desaparece.

   -Recibió una llamada poco después de salir, de su amiga Amber, creo, y parece que le molestó no encontrarla. Así que no está con ella. Es algo grosera esa muchacha. –interviene Shanon intentando retirar el biberón, pero regresándolo cuando Justin, ojos todo llorosos, gimotea.- ¡Niño tragón!

   -¿Dejaron a Jensen solo en la sala?

   -Estoy preparando los emparedados.

   -Y yo no he tomado mi ducha, me veo tan fea y él es tan… -sonríe Shanon.- No le digan a Jeff, pero realmente resulta difícil estar cerca de ese chico y no mirarle de manera fija.

   Amen, hermana, piensa Jared, aunque inquieto. No le gusta ni un poquito que Shanon…

   -Es verdad. Si le llevo al bingo de la casa parroquial, seguro se hace rico con todas esas viejas queriendo regalarle sus ganancias. -sonríe Sherri y una extraña sincronía hace que las dos mujeres suspiren. Jared, ceñudo, niega con la cabeza.

   -Creo que la haré compañía. –ofrece.

   -Buena idea, querido, tal vez puedas ayudarle. –comenta Sherri cuando ya va saliendo. Se vuelve y la mira.

   -Ayudarlo… ¿a qué?

……

   Definitivamente su madre se pasaba, piensa Jared mortificado entrando en la sala. Mira que poner a Jensen… se detiene. Y no sólo para darle una buena mirada al culo del rubio, que se ve bien. Sino por las palabras que escucha.

   -No, Amber, no sé dónde está Megan. Estoy en su casa esperándola. –Jensen, no tan cordial como de costumbre, habla por teléfono dándole la espalda, sin zapatos sobre una silla, al lado del enorme árbol de navidad, con una mano sosteniendo el móvil, con la otra una guirnalda que evidentemente se desprendió de la pared. Y si, la mirada de Jared primero va a su culo, elevado a la altura justa para ser admirado, luego, con un gran esfuerzo de voluntad, se concentra en lo que dice.- No, no es una broma, ¡en serio! Megan y yo estamos saliendo juntos. ¡No, ella no estaba con otro en Austin hace dos semanas! –se mortifica, y Jared abre mucho la boca, el corazón desbocado.- Te dejo, estoy ocupado. Le diré a Megan que la buscas. -y corta la llamada, notándose muy tenso.

   Jared se acerca, con el corazón latiéndole con fuerza.

   -Pero Megan si estuvo en Austin hace dos semanas. –aclara logrando que Jensen se vuelva, visiblemente sorprendido y alarmado, balanceándose y cayendo hacia adelante con un jadeo.

   Es automático, Jared de un paso está a su lado y le recibe. Y se congelan mirándose fijamente. No lo pensó siquiera, fue a auxiliarle y lo logra, pero… Jensen queda sostenido contra su cuerpo, con los brazos rodeando flojamente sus hombros, las piernas colgando contra sus costados. Y su brazo, flexionado, sostiene al rubio por el culo.

   Jensen, por un momento, queda sin la capacidad para reaccionar. La llamada de Amber, una entrometida amiga de Megan, le había inquietado mucho, por ello cuando escucha la voz de Jared (de entre todos en esa casa, la de Jared), perdió el equilibrio. Por un segundo se alarmó, convencido como estaba que caería de mala manera, hasta que Jared llegó y le sostuvo con una facilidad impresionante. Porque, joder, él no era ni pequeño ni ligero, sin embargo Jared le sostenía como si no pesara nada. Y están horriblemente cerca, los dos cuerpos muy unidos, sintiendo todo el calor y vitalidad nerviosa del otro cuerpo contra su tórax, su entrepiernas aplastado contra la cadera del castaño, el brazo de Jared, bajo su culo, reteniéndole firmemente. Su rostro está un poco por encima del de Jared, cerca. Y cuando Jared, ojos oscuros mira su boca, Jensen no piensa, se los lame porque los siente secos, en verdad, no porque estuviera pensando en otra cosa, a pesar de que su cuerpo se tendía de manera automática hacia el otro y que a sus manos les encantaba sentirlo bajo sus palmas, allí donde las tenía apoyadas. Dios, sería tan fácil…

   Pero no. Megan.

   Todo lo que Jared iba a preguntarle, y mucho, muere en su cabeza. Joder, Jensen era grande, sólido, firme y pesado… una presencia increíblemente grata contra su costado. Puede sentir como sube y baja el pecho del rubio cuando su respiración se agita (como la suya), siente cuando su su piel se calienta (como la suya), sus mejillas enrojecen violentamente coloreando sus pecas, sus ojos parecen los de un gato deslumbrado por una intensa luz. Su culo… Tragando y bajando la mirada hacia sus labios, aprieta más con el brazo (si, ¡es tan firme!). ¿Acaso había más consistencia ahora en el entrepiernas de Jensen?, la sola idea casi le hace hiperventilar, aunque sonríe predador. No sería raro, él mismo siente como su sangre viaja rumbo al sur de manera muy entusiasta.

   -¡Jared, bájame! –jadea Jensen, revolviéndose contra su cuerpo, casi lo peor que podría hacer, piensa Jared con la boca muy seca, medio duro ya.

   -Tenemos que hablar. –acota respirándole casi en la barbilla.

   -Yo… No sé de qué. Suéltame, por favor. Tu madre puede venir y…

   -¿Es todo lo que te preocupa del momento, Jensen? ¿No el estar así, temblando y con cara de excitación contra mi cuerpo? –le reta, halándole más con el brazo (Dios, y se siente tan bien sobre él), mirándole a los ojos, echando un tanto el rostro hacia adelante, casi respirándole en la cara, satisfecho y excitado cuando Jensen parece bizquear.

   -Jared… -suplica.

  -Megan estuvo en Austin hace dos semanas, ¿de qué hablaba Amber? ¿Estaba con alguien más? –exige saber, algo rudo porque en verdad necesita respuestas.

   -Bájame y hablamos. –el rubio frunce mucho el ceño mientras aparta la mano izquierda de su cuello, retrayendo el brazo, y en su camino Jared siente como le toca trazando una línea de puro fuego sobre su piel.

   -Tendrás que responderme. –le advierte, todavía agitando un poco el brazo, para enfatizar lo que dice, no porque esté bajo su culo, ¿okay? Jensen asiente, débilmente.

   Sin apartar los ojos uno del otro, Jared afloja la presión y durante un enloquecedor segundo de delirio, el cuerpo de Jensen se frota de manera intensa contra el suyo mientras le deja posar los pies sobre el piso, reteniéndole todavía por la baja espalda con un brazo. Una idea loca le atormentaba, qué bien encajaba el rubio allí.

   -Jared…

   -¿Eres el novio de Megan? ¿En verdad? –hay urgencia y necesidad en sus palabras.

   -Por Dios, ¿qué tan sobreprotector puedes llegar a ser? Sé que amas a tu hermana y deseas cuidarla de todos, pero…

   -Espero que tengas apetito. –anuncia Sherri acercándose, y Jared casi cae de culo, ojos muy abiertos por la sorpresa, cuando Jensen le aparta de un empujón y se aleja rápidamente. Al castaño no le pasa desapercibida la mirada que su madre lanza de uno al otro.- ¿Todo bien?

   -Claro, mamá. –gruñe Jared, sintiéndose increíblemente vacío y desolado sin saber por qué, hasta que cierto calor en su brazo se lo aclara. Dejar ir a Jensen fue casi doloroso físicamente.

   -Yo… debo irme. Díganle a Megan que la llamo luego. O que paso por la tarde. Gracias, señora Padalecki. Adiós, Jared. –jadea Jensen a toda máquina, rojo de cara, mirando hacia la puerta.

   -Un momento… -comienza Jared, cabreado.

   -¿No comerás los emparedados? –se queja Sherri.

   -No puedo, sólo estaba de pasada. Mis padres deben estar regresando al hotel de su paseo y debo comer con ellos. –sonríe de manera agitada, sin querer mirar a Jared, quien le observa frío, aunque su pecho sube y baja.

   -¡Jensen! –estalla, deteniéndole junto a la puerta y haciéndole temblar. El rubio teme lo que pueda intentar o decir… frente a su madre. Pero se vuelve y le encara. Jared se inclina.- Tus zapatos. –con una sonrisa dura alza las botas, pasándosele por alto que era extraño las tomara. Jensen traga saliva de manera evidente, su manzana de adán sube y baja rápidamente, viéndose muy avergonzado; pero también algo irritado por lo que va junto a Jared y prácticamente se las arrebata de un manotón.

   -Gracias.

   -De nada. Si me esperas un poco tal vez pueda acompañarte; deseo llegarme hasta la tienda para comprar entereza. –le reta y Jensen enrojece.

   -¿Comprar qué?

   -Un caramelo nuevo, mamá, prometía aclarar muchas cosas sobre el sabor y a la final quedó en nada, pero tiene su encanto. –inventa Jared sin apartar los ojos de Jensen.- Me cambio y…

   -¡No! –se le escapa, tragando y sonriendo tenso notando la mirada de Sherri.- Por favor, termina de colgar la guirnalda, no puede.

   -Ay, si, Jared, hazlo de una vez o llegaremos así al año que viene.

   -Bien, mamá. –accede entre dientes, alzando el rostro, ojos brillantes de furor, sabiendo que Jensen lee en ellos claramente lo que piensa: Huye, cobarde, pero ya te alcanzaré.

   Esa silente promesa hace que el rubio tome aire con fuerza, sonriendo trémulo a la mujer.

   -Adiós. –y sale seguido de las palabras de Sherri de que vuelva antes de que regresen a Dallas, que es una pena que no pase Navidad con ellos y que salude a sus padres.

   A Jared le costó darle la espalda, tomando maquinalmente la guirnalda, pero sacando también su móvil.

   -¿Chad? Necesito que nos veamos en Iceland, la heladería. No, no te estoy invitando a comer helados. ¡No es una cita, joder! –casi grita exasperado oyendo la risa del otro.

……

   A Chad le encanta Iceland City desde sus tiempos de escolares, cuando no perdía tiempo en embarcar a Jared para llegarse hasta allí. Siempre había chicas guapas en la barra, que debían mostrarse amables y hasta sonreírle a los clientes; por muy idiotas que fueran. Aunque él era de los buenos, no tanto por lo que consumía, sino por llevar a Gigantor, que devoraba helados a dos carrillos. También porque a muchas les encantaba el aire infantil, alegre y risueño, por no hablar de los hoyuelos de su amigo. Sabía, o sospechaba (a pesar de que Jared se lo había dicho claramente en más de una ocasión), que esas chicas le odiaban y mentalmente le enviaban al quinto coño cuando intentaba ligar, cosa que para Chad estaba bien. Algo que Jared sospechaba, mientras fuera un coño…

   Ahora, contándole a Jared sobre la horrible reunión familiar que sus padres tienen planeada para fin de año, y donde estarían presente tías tan viejas que conocieron de muchacho al paciente Job (mientras la mayoría de las primas jóvenes en edad de buenos polvos estaban de viajes con sus novios), come sin apetito un helado de vainilla, recorriendo varias veces el salón con la mirada. Le incomoda que no sea Jared quien esté hablando por dos (o tres, Jared realmente podía hablar aún con la cuchara de helado en la boca y los labios cerrados), pero no ahora. Verle mirar su helado de triple chocolate, con galletas de chocolate y bañado de chispas de colores (algo realmente asqueroso), le está alterando los nervios.

   -¿Se puede saber qué tienes? No has abierto esa boca ni para comer, y eso me está asustando. –se queja al fin, ganándose una mirada triste de Jared.- Di algo, joder.

   -Hace rato imaginaba que paseaba con Jensen por la plaza de San Pedro en Roma, tomados de las manos mientras caía la tarde, y era una sensación maravillosa; ahora me siento triste. Aquí estoy… contigo. –oh, mierda, piensa el otro con la boca abierta y alzando una ceja expresándole claramente “cara de culo”.

   -Gracias por la parte que me toca… -toma aire y se inclina sobre la mesa.- Mira, JT, sé que te ha dado fuerte tu épico amor gay por el rubio pecoso, de ser así no me lo habrías contado a mí sabiendo que esto lo recordaré siempre y aún en tu lecho de muerte haré bromas al respecto, ¿pero podrías intentar concentrarte en el ahora? Por teléfono me dijiste que tenías algo en mente aquí. Habla. –insta, Jared sigue removiendo el helado, prueba un poco, le sabe delicioso como siempre, pero algo falta.

   -¿Crees que si le invito un helado a Jensen…?

   -¡Jared! –ladra. El otro se detiene y toma aire también, apoyando un codo sobre la mesa y el rostro en su palma.

   -No puedo dejar de pensar en él. –confiesa.- Me hace molestar, pero…

   -¡Me estas asustando otra vez! Y mucho. –se ve realmente alarmado.

   No es porque a Chad le moleste que Jared estuviera interesado en un tío, algo que realmente le cuesta entender, conoce al castaño y sabía lo conquistador que podía ser. De chicas sin penes. Es decir, mujeres. No, no era eso, era verle tan… y la idea le hace arrugar la cara, actuando tan idiota por el rubio. Hay algo muy incómodo en la manera en que sus ojos muestran calidez y temor, preocupación y ensoñación; en el cómo su voz evidencia molestia y excitación suave cuando habla del rubio. Diablos, casi le parece ver corazones en sus ojos y notas musicales saliendo de su boca cuando dice “Jensen”, y la verdad es que era demasiado.

   -Yo también estoy asustado. –replica el castaño, triste, y ahora a Chad le parece escuchar también los violines.

   -Entonces a lo práctico… -le urge, mirándose sobre su hombro.- Aquí esta. –anuncia y alza la voz.- ¡Ey! ¡Ey! ¡Oye! ¡Mira! –llama, de manera bastante desagradable aunque sin mala intensión, tan sólo porque es un culo.

   -No me llames así, Murray, no soy una callejera en la esquina de tu casa. –le gruñe, disgustada, Amber, una de las mejores amiga de Megan Padalecki.

CONTINÚA … 9

Julio César.

COMERCIALES

agosto 28, 2012

DEPORTIVOS

   Usarlo sin piedad, y a cada rato, era todo un placer… El champú claro.

  El que lo ve se lo quiere llevar para su casa… es un buen auto.

UN ROTO PARA UN DESCOCIDO

Julio César.

AMUAY, UN PAÍS QUE FUE…

agosto 28, 2012

HUGO CHÁVEZ Y SU CAMPAÑA DESESPERADA

   Dicen que la explosión se oyó desde lejos arrancando a la gente de su sueño para, alarmados, sentir como la tierra retumbaba bajo sus camas. No es difícil imaginar el susto con el cual se arrojaron al piso, ni el miedo que les paralizó al asomarse a las ventanas y ver las lenguas de fuego alzándose al cielo oscuro a lo lejos. Seguro que más de una persona pensaría que el tan esperado fin del mundo había llegado, esta vez no con agua. No fue una tragedia mundial, fue un dolor muy nuestro, de los venezolanos, otro pedazo de país cayéndose con un fuerte estruendo.

   En horas de la madrugada para amanecer al sábado, la mayor refinería de Venezuela estallaba causando, hasta ahora, la muerte de cuarenta y un personas, detener el trabajo dentro de las instalaciones y la evacuar de los vecinos en las zonas cercanas. Fue imposible no recordar el accidente de Tacoa, esa hasta el momento la mayor desgracia dentro de las instalaciones de PDVSA, con sus bomberos, rescatistas, obreros y periodistas caídos en las sucesivas explosiones. También los relatos de valor, como ese señor al que llamaban Tamacún, que al mando de su bote realizó muchos viajes para ayudar a los que se arrojaron al mar escapando de las llamas. Igualmente necesario fue recordar, con la gente alejándose de Amuay, las columnas humanas que por iniciativa propia emprendieron el éxodo cuando otra gran tragedia, en estos años de tragedias nacionales, el Deslave del Estado Vargas.

   Este lunes la prensa mostró fotografías notables, un hombre tomando de la mano a dos niños, le nena con unos moñitos, a su lado una mujer empujando un cochecito de bebés, atrás las llamas y el humo. Un desplazado, como lo era, salvando las distancias, aquel hombre joven que una vez vi por televisión, barbudo, montando todo lo que tenía, aún a su familia, en una carreta para escapa de Afganistán cuando los talibanes, que no pusieron muertos ni sangre, atacaron las Torres Gemelas en Nueva York; bien sabía él sin ser un gran estratega o analista que la guerra llegaría, como debió entenderlo antes y después del hecho, cualquiera con dos dedos de frente. Siempre es el hombre y la mujer común y corriente quienes comprenden la magnitud de las desgracias, aunque nunca se piense en ellos.

   También se vio a una señora cargando en brazos a una guacamaya. Porque, en su momento, cada quien salva lo que quiere por trivial que pueda parecer a otros. Nuevamente recordé esas hileras de personas que escapaban por las zonas altas de La Guaira cuando el deslave, venían cargando con bolsas y fundas de almohadas llenas de ropas, con los muchachos, y más de una persona con perros y gatos en brazos, porque ¿cómo dejar atrás, en el caos, lo que se ama?

   Hasta ayer en la noche del domingo, el Gobierno había sido cuidadoso en sus declaraciones, al menos a nivel nacional. Externamente una de sus agentes en nómina, la señora Eva Golinger (Eva Golilla), una hábil vividora que se hace pasar por analista internacional y se enriquece de vender como preciados secretos del Departamento de Estado papeles que el gobierno norteamericano desclasifica, asomó que: “No sería la primera vez que hay un saboteo previo a las elecciones”. Pero ese camino será difícil y tortuoso de transitar para un Gobierno que arrastra a los trabajadores de aquí para allá para hacer público en mítines y marcha, mientras la ausencia de esos trabajadores provoca accidentes donde hay derrames petroleros en los ríos del oriente venezolano.

   La gente no comprará lo del “sabotaje de la Golilla”, como le costará al Gobierno que se imponga la tesis del accidente, de que las cosas pasan, y que la función debe continuar, infeliz frase utilizada por el Presidente atribuyéndosela a un filosofo, ignorando que se refiere al teatro en Broadway, carente como está de todo auxilio de parte de las maripilishernadez, los josevicenterrangeles, los diazrangeles y los ernestosvillegas que viven de la teta del Estado pero nada bueno aportan. El problema para la tesis radica en que, a pesar de lo mucho que el régimen ha perseguido y tratado de callar a la prensa independiente, aún contando con la cabronería internacional (UNASUR, MERCOSUR y el ALBA), la prensa venezolana ha informado profusamente sobre el tema. Todo ha ocurrido a simple vista porque el presidente Chávez tampoco se mide, no ordena sus locuras y desafueros en secreto y luego responsabiliza a sus segundones del desastre que acompaña a cada decisión suya. Lo hace público dada su necesidad de notoriedad, del aplauso fácil, fin en aras del cual sacrifica todo, debilidad tan explotada en la región.

   ¿Qué empresa continúa sus estándares de eficiencia y crecimiento si de la noche a la mañana despides veinticinco mil de sus trabajadores, gente formada allí que fue aprendiendo los trucos del negocio, que hizo ganar a la refinería de Amuay el Casco de Oro como una de las más seguras del mundo a la par que exitosa, sustituyéndolos por gente que no sabía ni donde estaba parada, cuya única meta era explotarla y sacar todo lo posible? ¿Acaso sorprende a alguien los resultados? Rafael Ramírez, uno de los hombres más incompetentes y corruptos de este país (sabedor de los secretos del poder, es decir, por dónde se van los petro dólares), no puede dar una explicación lógica y razonada sobre el porqué del desastre. ¿Por qué al gas se le quitó el aditamento de metano, cuyo olor hacía saber que el gas estaba escapando? ¿Cómo decir que fue sólo mala suerte en una refinería que cuanta cincuenta muertos por accidentes no explicados ni investigados, cuando chinos, rusos e hindúes se encargan de la seguridad? ¿Cómo un hombre como Rafael Ramírez sigue al mando? ¿Cuántos venezolanos más deben morir, cuánto del transporte público y privado, distribución de combustibles, alimentos y medicinas debe detenerse para que se entienda que el cáncer de la corrupción debe ser combatido?

   Esa burbuja de necedad donde tantos se ocultan (un sueldo, comida, la novia y los amigos para chatear y parrandear), puede estallarnos en las caras, por irresponsabilidad y marginalidad. Un descenso aún mayor de una producción que mengua de por sí, se traducirá en mares de problemas para el día a día, obligando aún más a la entrega de PDVSA a los crueles imperios a los cuales sirve el Gobierno necesitado de unos cuantos yenes para comprar la gasolina del Chupadólares. ¿Qué será de este país donde nada se produce o hace que pueda sustituir el petróleo, su extracción y refinamiento, lleno de gente boba que cree vive en la gloria porque de lunes a domingos se ocultan tras las cuatros paredes de una celda que les aísla, felizmente, de la realidad?

   Parece que no somos capaces de recibir buenas noticias, que nada bueno nos ocurre. No caeré en la ligereza de repetir lo que ahora inquieta a tantos, que Dios nos ha dado la espalda por adorar como deidad a un hombrecito enloquecido que dice amar a todos y buscar la paz, mientras miente, levanta falsos testimonios, roba y persigue, haciendo a todos participe de ello. No, sería muy fácil. La responsabilidad de lo que ha ocurrido, ocurre y ocurrirá la tenemos los venezolanos. Un terremoto, un maremoto, un volcán, son cosas que ocurren, desastres naturales que llevan la tragedia y el drama a todos; un tornado es discutible, siempre los ha habido pero ahora son más violentos y terribles por la acción humana del recalentamiento global; que las lluvias se lleven una cuadra o una refinería estalle, no es un accidente ni un acto de mala suerte. En este país llueve todos los años, ¿qué pasa con las cuencas de los ríos que no son mantenidas en buen estado, por qué vive gente en sus riveras inestables,  por qué se construyen ratoneras en zonas de riesgo? ¿Cómo hablar de un accidente en una refinería cuando ya van cincuenta muertes por accidentes (realmente asesinatos culposos), los sindicatos han denunciado hasta la saciedad las condiciones irregulares de trabajo y se llega incluso a eliminar aditamentos elementales, como darle olor al gas para que cualquiera se diera cuenta de que algo malo estaba pasando?

   No, no son cosas de Dios, ni castigo. Son consecuencias de las acciones humanas, y evadir esa realidad, no leer prensa, no escuchar noticias, chatear sobre la barriga de Shakira o lo mal que comenzó el Real Madrid, no sirve ya ni como escape; no cuando el piso se cuartea bajo los pies y las luces se apagan mientras se corre hacia la salida más próxima en este país que se derrumba. ¿Que qué pasó realmente en Amuay? Tendremos que esperar por Rafael Poleo, El Nuevo País, La Razón, Zeta y Nelson Bocaranda. Pero lo sabremos… Claro, a menos que uno escape hacia VTV (Cubana de televisión, mal escrito), para no sufrir mientras se va de rumba o se chatea.

CHAVEZ HUNDIENDOSE MAS EN AMUAY

Julio César.

LAPSUS

agosto 28, 2012

¿PARANOIA?

   Cuando volteó dijo “Quiere meterte, ¿verdad? Hazlo”; la mente me quedó en blanco y debí gemir “¿Qué?”.

RETO ACEPTADO

Julio César.

EXASPERACIÓN

agosto 28, 2012

 EJECUTIVO CALIENTE

   -¡Mira! ¡Mira!

   Cuando los amigos de Elena le preguntaban a su novio si no tenía un tatuaje nuevo que les enseñara, ella gruñía y este siempre se emocionaba, enseñando hasta el alma. Sobre todo con este último, uno que dice “talla extra grande”, que se lee mejor mientras más emocionado está. Y el muy descarado, pensaba Elena, siempre se los lucía casi en las caras.

EL APURO

Julio César.

SUPERNATURAL, ¿FOREVER?… 2

agosto 28, 2012

JENSEN PREMIADO PERO…                       …¿FOREVER?

   Siendo que el inicio de la octava temporada de Supernatural todavía va a tardar un poco, quiero continuar enumerando las razones de por qué soy fan de la serie (y no sólo por la increíble química entre Jared Padalecki y Jensen Ackles, o lo muy expresivo que es el personaje llamado Dean, el señor Dean Winchester); el por qué creo que debe continuar (para siempre estaría bien); y el por qué me gustó tanto la séptima temporada a pesar de muchos comentarios en contra. Por cierto, esa imagen debe ser de una gran fan, ¿verdad?

   Supernatural es un programa que se reinventa a sí mismo, también juega (como lo del fandom en la cuarta temporada o la convención en la quinta; aún abordando el tema del Wincests, ¿se ha hablado alguna vez en televisión sobre esto?); se burla y ensalza a sus actores, la literatura, el cine y la televisión (todavía recuerdo el despectivo comentario de Dean sobre los vampiros que enamoran jovencitas cachondas, fue tan divertido). Y nos regala la aparición de recordados y queridos personajes de otras series del género. Fue grato ver a Charisma Carpenter, la gran Cordelia de la serie Ángel, como una bruja de mal genio peleando con el marido y los hermanos sirviendo de intermediarios al fallarles el recurso de destruirles. ¿Qué brujas han aparecido muchas y estaba en juego el asunto de los leviatanes? Si, pero hasta ese entonces, yo, personalmente, no sabía que la ira de una bruja terminaba afectándolo todo, arruinándolo y creando problemas, como si de una gran ola de mala suerte cayera sobre la zona, algo que está en el folclor pero yo ignoraba. Y ese capítulo tiene sus puntos de continuación, Dean bebiendo demasiado y de la carterita que perteneció a Bobby, como si de un recuerdo y tributo se tratara (Sam mirándole, “¿En el trabajo, en serio?, ¿que eres, el santa Claus malo?). ¿Y Dean rodeado de abejas, moviendo los ojos, pidiendo que alguien las aleje, tosiendo y escupiendo una con una mueca, logrando una risa de la bruja, momento para cuando ya sabemos que la crisis matrimonial ha pasado? Y la serie, nuestra serie, no deja nada al azar, ¿traer a colación brujos cuando atacan los leviatanes? Resulta que un brujo hechiza y les entrega a uno de estos monstruos, con todo y lo importante que el detalle resultará para la trama.

   Bobby intenta dañarlo y matarlo por todos los medios que conoce, descubriendo que el bórax logra lastimarles, un recurso bastante tonto, cosa que ayuda a los hermanos cuando se enfrentan a sus malvados dobles, los falsos Dean y Sam Winchester que van matando gente de manera pública mientras recorren el camino que hicieron los hermanos cuando comenzaron a buscar a su padre en la primera temporada; porque este enemigo es listo y conoce todo de ellos. ¿Acaso no fue genial y engaña por un momento cuando el falso Dean entra al banco todo sonrisas y chulerías, todo encanto y seducción logrando atrapar la atención de la cajera? Una serie donde un viejo rudo que quiere a dos sujetos tontos como a los hijos que no tuvo, les grita preguntado “¿Van a ir tras dos peligrosos seres, llenos de recursos, más listos que ustedes y sin saber cómo detenerles mientras todas las policías le buscan?”, y el mayor de los hermanos le gruñe “Dios, no lo endulces tanto”, ¿no es un programa que entretiene?

   Al aparece otro de esos personajes increíbles, el paranoico y muy hábil hacker Frank Devereaux (Kevin R. McNally), atractivo en su rudeza de trato, quien ayuda a crearles otras personalidades, es cuando Dean sufre su peor golpe en la temporada (antes del fin de la comida chatarra), debe dejar oculto el Impala. Fue gracioso escuchar al falso Dean quejarse de las hamburguesas y del cabello de Sam; también cuando va a matar a Sam y le confiesa lo de Amy, que Dean la mató, y lo hace porque le gusta su comida ligeramente amarga. Como se ve que todos conocen a Sam.

   Pero antes de eso, ¿quién no se divirtió con Dean tarareando esa canción melosa dentro del nuevo y feo auto y Sam molestándose al punto de apagar la radio? ¿Fue un momento muy Wincests o no? Y es precisamente en este capítulo donde entramos un tanto en la naturaleza de la serie y el destino de los hermanos, un detalle que pareció menor pero que significa mucho, como tantas cosas en el programa. El viejo comisario que ve a los monstruos, y su hija que sirve de forense, ocultan la huida de los hermanos y son asesinados casi terminando el episodio. Claro, un detalle menor, podría pensarse, pero no, encierra un profundo significado. Aunque el mundo ha estado al borde del desastre varias veces, dos hermanos y sus aliados ocasionales lo han sacrificado todo, incluso vidas valiosas, para salvarle, sin embargo ese mismo mundo lo ignora. Para cada sujeto trajeado que encuentran, o cada agente de policía, los Winchester no son más que unos perdedores, unos tipos pendencieros que han fracasado en todo lo demás. No son héroes tipo Superman o el Capitán América, porque nadie llega a saber lo que hacen. Esto responde una inquietud de una amiga a quien molestó un poco que nadie se enterara de los leviatanes y de sus planes, pero es que la serie siempre es así. El hecho más grande que ocurrió en esta serie fue sin duda la llegada del Apocalipsis, con Lucifer levantándose (hito difícil de superar y que la serie ha resentido hasta ahora), y en el segundo episodio de esa quinta temporada, cuando Guerra, el Jinete, ataca aquel pueblo haciendo que todos desconfíen de los otros, un padre (no sé que tipo de religioso era), se desconcierta cuando Dean, leyendo augurios, deduce que Guerra está en el pueblo. Y el padre gemía, “¿Guerra, el Jinete? ¿Es esto el Apocalipsis?”, y Dean se lo confirma, pero al final del episodio, el padre es uno de los muertos.

   ¿Por qué era necesario? Porque no era un personaje secundario de un pueblo olvidado al que todos podrían creer que delira si dice que Guerra estuvo allí; un padre, miembro de una orden religiosa, habría podido llamar a sus superiores y alertar que el Apocalipsis había comenzado, y grandes poderes pudieron haberse enterado, incluso una institución como el Vaticano, y más importante, se habría sabido que dos hermanos estaban luchando contra Lucifer… Pero nada de eso ocurre porque una bala mata al padre (claro, otros sabían pero nadie les creía, como se evidenciaba por el titular de aquella revista que hacía sonreír burlona a la mujer de la primera víctima en el episodio El Curiosos Caso de Dean Winchester: “Todos los síquicos están de acuerdo, comenzó el apocalipsis”). El comisario de ese pueblito no era un tendero anónimo, era un hombre de la ley que habría podido comunicarse con otros, dando la alarma, recomendando buscar señales de los monstruos cambiantes, sugiriendo no tocar a dos hermanos que iban por ahí diciendo que mataban monstruos. Por eso muere, él y su hija, para que nuestros héroes continúen en su solitaria y desesperada batalla contra fuerzas superiores mientras el mundo ignora lo que hacen. Es el destino de los Winchester.

   Este capítulo también tuvo algo de especial, que muchos dijeron era un repetir de lo de siempre, qué equivocados estaban. Sam le reclama su engaño a Dean, el haber matado a su amiga, agregando que no soporta verle, que debe alejarse. Por segunda vez, Dean le deja ir sin intentar detenerle o rogarle que se quede, como ocurrió en la quinta temporada cuando apareció Guerra. La alegría no dura mucho, al menos para este deanista. Están muriendo unos síquicos en un pueblo y Dean va a investigar, sin Sam… para encontrárselo allí. Sam todo cabreado, castigándole con un exasperado silencio, Dean casi pidiéndole que investiguen qué ocurre y luego se separen. A pesar del detalle (Dean intentado congraciarse), fue un buen episodio, el camarero drogado que recibe su pedido de desayuno diciendo que es un canto a la divina virilidad, confundiéndole, fue gracioso. Pero no fue lo único, el Wincests, algo que enloquece a muchos fans y que llevaba tiempo perdido, reaparece claramente. Ya se había asomado en el segundo episodio de la temporada cuando Dean quiere verle a Sam la mano herida y Lucifer exclama “Ah, quiere tomar tu mano” (pero nada comparado a lo que vemos cuando Sam se derrumba en ese cuarto de hospital y se declara vencido aunque le agradece a Dean toda su ayuda y se miran, y Lucifer dice “Chicos, están teniendo un momento”).

   Buscando un posible objeto maldito llegan con un anticuario, que resultará uno de los síquicos verdaderos en ese pueblo de estafadores, y Sam dice que busca un collar. El sujeto dice “Qué romántico” y mira a Dean, quien entrecierra los ojos molesto. También la mención de los dos síquicos que resultaban ser amantes haciéndose pasar por hermanos cabe dentro del juego. Ese detalle, el descardo uso de la química entre los personajes, que gusta y despierta simpatías (y la fantasía del feroz fandom de Supernatural, el cual es reconocido como “los locos esos”, que apoyan al programa en cuanto conteo de popularidad hay; y los resentidos lo dicen como si fuera algo malo), es uno de esos valiosos activos del programa que ayudan a sostenerse. ¿Quién no se divierte viendo a Dean pasar esos sofocones cuando le creen gay? Otro detalles es la bonita sobrina de una de las muertas que gusta de Dean, a quien desde Lisa, no le vemos en acción. Los asesinatos eran cometidos por un fantasma, ya lo sé, ¿otro fantasma?

   Un detalle de la serie son sus casos, el enemigo de la semana. Entre demonios y ángeles, monstruos (no tanto los leviatanes) y fantasmas, se llena el tintero de los villanos, fuera de los ocasionales locos. Personalmente me gustan más los monstruos, pero los fantasmas tienen su encanto, cosa que produce comentarios de decepción de muchos, repito, ¿otro fantasma? Fuera del plano angular del programa, Supernatural siempre muestra variedad. Hay fantasmas que castigan a un tipo de personas en especifico así no les una un lazo directo (maridos infieles, gente que lastimó a un familiar), otros que buscan una venganza personal (contra el grupo que les hirió, sean muertos en lo profundo de un lago o dentro de un maniquí), los que desean se sepa lo que les ocurrió y ahora este, uno que puede ser atado por un hechizo y enviado a matar a cualquiera.

   Pero el punto interesante del episodio ocurre cuando recorren el museo de lo extraño y el guía, quien resulta ser un verdadero síquico, sabe que son hermanos y le da a Dean un mensaje del más allá: “Ellen quiere que se lo diga a Sam o le pateará el trasero”. Dean sale y encara a su hermano como nunca lo ha hecho, reclamándole que lamenta haber actuado a sus espaldas y mentirle, que no le gusta pero tuvo que hacerlo. Qué debió matar al monstruo que él dejó ir porque le agradaba, sabiendo que podría volver a matar, y se lo ocultó aunque le atormentaba porque sabía que estaba sufriendo el acoso de Lucifer, que su mente pendía de un hilo y no quiso agregarle otro peso al drama. Lo cumbre fue cuando dijo que sabía que estaba molesto, lo acepta, pero que dejara de portarse como un cabrón. Por primera vez en la serie Dean le arrojó en cara toda la frustración del mayor que siempre debió proteger al ese hermanito menor al que tanto ha querido, a veces aún de sí mismo, sin recibir ni siquiera consideración. Recuerdo en la cuarta temporada cuando Dean le descubre exorcizando demonios con la mente, que le dejó solo (un momento memorable de la serie, por primera vez Sam pareció afectado por el alejamiento de su hermano mayor), pero al final de ese episodio lo joden cuando Sam le reclama que deje de verle como a un fenómeno a punto de estallar (ya era culpa de Dean), que por eso no le contó lo que hacía (y todavía le ocultaba que bebía sangre de demonio). Al final Sam era nuevamente el dueño de la situación, cuando en verdad era un fenómeno y estalló liberando a Lucifer más tarde. Tan sólo por no escuchar a su hermano mayor. Pero esta vez no, Dean le gritó sus razones, le llamó cabrón y se retiró. El final de este episodio llega sin que hablen, sin que Dean baje el lomo como suele gustarles a los productores del programa, y Sam debe bajar la guardia y disculparse. Creo que fue un momento histórico en la trama.

   Y después de emociones intensas, la comedia. Dean le llora sus cuitas a una bonita mujer porque su hermano menor parece no necesitarle, cuando recibe un mensaje de Sam, para que se presente pronto en una dirección. Sam se casa, nada más y nada menos que con Becky. ¿No fue divertido ver la boda de Sam, otra burla a ellos mismos y al programa? Con la enloquecida Becky cayendo en manos de un demonio estafador, dándole la oportunidad al demonio Crowley de reaparecer y decirles a los hermanos que se enfrentan a Dick. Fue increíble ver a ese Dean ceñudo, viéndose realmente bien en su traje para la boda, cuando Becky va a pagar el matrimonio (ella, ¡por Dios!), y él estalla, “¿En serio?, ¿con Becky, la fan?”.

   Su gesto y miradas fueron un poema, casi tanto como cuando, antes, Sam le dice que se va a casar y Dean no sabe qué decir y balbucea un “What?”.

   Todo esto se presta, cuando Sam le aparta por ponerse de lado de su mujer (si, por una poción de amor, pero Sam siempre hace eso), para que Dean trabaje con uno de los invitados más extravagantes de la serie en esta temporada (a la par de Frank Deveraux), DJ Qualls (ese Garth que en la sexta temporada Bobby le preguntó cómo continuaba vivo).

   Aunque Sam y Becky enfrentan problemas en su relación (y el castaño escapa en lugar de resolverlos en pareja).

   ¿Y cuando van de cacería tras el llamado Monstruo de Jersey? ¡Qué bien, otro monstruo!

   Dean enloquecido con esas hamburguesas que volvían idiota a la gente, y en algunos casos también en monstruos, como vemos por la actitud del agresivo camarero que le tiende la hamburguesa a Dean con un “Para el novio de Barbie”. ¿No se veían Dean (y si, suena extraño) adorable todo drogado y sereno, roncando en el asiento posterior de la camioneta? Fue un capítulo bueno, divertido, hasta que sabemos que tras la mala comida están los leviatanes, dato que causó extrañeza; estos monstruos experimentan con la comida, idiotizando a la gente, los que se vuelven monstruos es por culpa de un efecto secundario; pero ¿por qué? Y ocurre algo muy dentro de la serie Supernatural, un episodio que comienza de manera amena y casi divertida, termina de manera horrible cuando Bobby, quien descubre el plan de los malos, es herido de bala por el gran jefe leviatán, Dick Roman (James Patrick Stuart, un hombre que no dio la talla, el personaje se le fue de las manos).

   Fue doloroso ver la agonía de Bobby, dentro y fuera de su cabeza (aunque grato ver nuevamente al difunto Rufus, un amigo de verdad), todos esos momentos que le transformaron en lo que era, un hombre seco y distante, creyéndose indigno de la paternidad por una maldición generacional que temió le alcanzara, cuando en verdad termina siendo el mejor padre que los Winchester pudieron tener, sobre todo Dean. Me pregunto, así como Bobby cuando tan sólo era un muchacho, ¿cuántas familias no ocultarán un secreto así que les vas destruyendo?

   De manera directa (un error de la serie), fue la única vez que Dean y Dick se enfrentaron, y Dean fue tan Dean, retándole a bajar de su auto y matarle (de donde digo que habría sido increíble ver un episodio donde Dick le atrapara y le rodeara el cuello con una mano sin terminar de matarle al fin); como lo es más tarde con Sam cuando se niega hablar de lo que siente, el dolor de ver a su padre morir de nuevo (¿quería Sam un abrazo?, tal vez, pero Dean no abraza, si lo sabrá Castiel que lo ha dado todo por él y ese simple gesto habría servido para que no se perdiera en la sexta temporada).

   Bobby muere después de un desesperado intento de transmitir lo que sabe, ese “Idiots” que les lanza parecía una bendición a sus hijos, y fue horrible, uno de esos momentos que hacen el programa doloroso (¿cómo mataban al gran Bobby?), pero creo que todos sabíamos en ese momento que el viejo cazador no cruzaría al más allá, cosa que despertaría polémica también dentro de los foros y del fandom. Pero tenía su por qué, cómo que hablamos de Supernatural.

   La muerte de Bobby nos permitió ver a Dean Winchester en una de sus facetas más comunes, que a muchos cansa, pero ese es él, no el perfecto y acartonado agente de investigaciones en la Naval, o el experto viajero en Puerta a las Estrellas o un CSI después de seis temporadas. Es el mismo tipo amargado, frustrado y furioso que desea vengar la muerte de este papá que le dio la vida, y Sam ahí, intentando sacarle de esa espiral sin conseguirlo. Se separan, uno investiga los números dejado por Bobby como la única cosa importante, el otro acude al llamado de una niña cuyo padre, un cazador, ha desaparecido. Fue divertido ver la interacción Dean-Frank, y el consejo que este le da para intentar llegar al final de mes sin alarmar a todo el mundo: sonreír pase lo que pase.  Pero era una sonrisa que más bien dolía. También lo fue su actuación con la hija del cazador desaparecido (Madison Mclaughlin), cuando sabe que también Sam anda perdido.

   La niña es ingeniosa pero Dean no se deja engañar. Sueno reiterativo, pero es increíble como Jensen Ackles, o su Dean, logra sacar chispas a sus escenas con la mayoría de los personajes; cuando amenaza a la niña con revisarla si no le entrega la navaja que sabe oculta, o cuando esta corre a despedirse cuando él se marcha sin decir adiós y él la acusa de emotiva, quedó casi tierno. Junto a Garth, esta pequeña cazadora merece reaparecer, a menos que piensen matarla, entonces es mejor dejarlo así.

   Pero faltaba ver a otro gran personaje, el intocable Eliot Ness…

   Después del monstruo que atrapa a Sam y de la desesperación de Dean por noticias sobre Dick, un tema más ligero. Los hermanos enfrentan a otro dios antiguo, Cronos (como Osiris o Veritas, la diosa de la verdad; en el Martillo de los Dioses, me dolió que mataran a tantos de un golpe en la cuarta temporada, comenzando por Odín, menos mal que Kali escapó), el cual desaparece con Dean llevándole al pasado, a 1944 (¿no fue divertido verle sacar cuentas para ver en qué año está?), donde conoce a otro cazador, Eliot Ness, interpretado por un recordado actor de series de culto, Nicholas Lea, el despreciable Alex Krycek de los Expedientes Secretos X, mil veces traidor pero carismático.

   Fue uno de esos episodios donde ponen a Dean a lucir ropas, como ocurrió con el esmoquin y Bela en la tercera temporada, cuando ella dice que al terminar deben tener sexo; o en el bar del viejo Oeste en la sexta con el traje de sheriff, mostrándose todo chulo al notar que todos le encuentran atractivo, incluso el viejo cantinero.

   Aquí pasa con Ness, silbándole al verlo (es raro que no se escribiera al respecto), o cuando la mujer que le ayuda, la Bobby mujer del pasado, le besa diciéndole que si se queda atrapado allí pueden pasar sus buenos ratos. Este episodio, con Sam recibiendo un mensaje del pasado de parte de Dean, invocándole al momento exacto para traerle junto a Cronos, me recordó la película Desafío del Tiempo, con Dennis Quaid, cuando este se comunicaba a través de una vieja radio con un hijo a muchos años en el futuro, y el muchacho le dice que va a morir al otro día en un accidente de trabajo. Fue inquietante escuchar a Cronos decir que viajó al futuro y todo era negro como el aceite.

   Por fin, después de mucho tiempo, vemos a Dean echar una cana al aire saliendo de un bajón; sequía que nos angustiaba a sus fans que deseamos llevar su vida (sin la maldición). Desde Lisa nuestro héroe no lo hacía. Ya sabíamos por el juicio de Osiris que Jo le tenía ganas, también la catira del bar que no quería se embriagara antes de salir con ella, o la síquica que casi es asesinada; no concretándose ninguna de ellas. Pero esta vez si, una mujer le aborda, le lleva a su casa, le monta, pasan una noche de desenfreno… y Dean tiene una hija.

   Junto a demonios, monstruos, ángeles y ahora leviatanes, uno de los fuertes de la serie Supernatural son los mitos, las fábulas y creencias, los dioses y semidioses; unas son leyendas universales, otras muy locales. La Dama de Blanco era un fantasma, pero también un mito urbano; igual Bloody Mary. Fuera de los leviatanes, los monstruos vienen de variadas formas, comenzando por el wendigo, el universal cuento del hombre que queda atrapado con otros en situación adversa y termina comiéndoselos para sobrevivir, convirtiéndose él mismo en algo no humano. Así vemos a los hermanos investigando la muerte de tipos jóvenes, bien parecidos y exitosos a quienes mutilan. Investigando donde sabe, un bar, Dean encuentra a una hermosa mujer que se lo lleva a su casa, lo desviste a los zarpazos y arroja en la cama. Tengo amigas que aseguran ellas también lo habrían hecho así, aunque tomándose más tiempo. También se dijo en el fandom que Dean, para ser el rey del sexo que se dice ser, fue muy pasivo bajo ella. Ah, pero es que la mujer montándole era nada más y nada menos que una amazona, una de las legendarias guerreras a caballo. Una mujer que lo monta, lo usa y lo bota, tanto que él se siente mal porque ella no le llama al otro día (y Sam burlándose).

   Hasta que hacen la conexión, esas mujeres se preñan para formar un ejercito, y si Dean se acostó con ella a tal hora… Aparentemente Dean tiene que sacer cuentas muchas veces en su vida. También lo hizo con Ben, hijo de Lisa, en la tercera temporada. Cómo quería que fuera su hijo, así no continuara con Lisa.

   Cuando Dean encara a la hija crecida de manera sobrenatural, Sam descubre que son las hijas quienes matan a sus padres. Todo termina con Dean apuntándole y ella rogándole que la deje ir, cazando el momento que se descuide, siendo Sam quien la mata (no duda un segundo en matar a su sobrina, la única hija de Dean; es juego). Punto que despertó muchos comentarios álgidos en el fandom, donde casi parecían decir que Sam lo hizo para que Dean sintiera lo que él sufrió cuando mató a Amy; cosa absurda, por muy egoísta que Sam sea, jamás ha sido mezquino y menos con su hermano. De ese episodio quedó claro un temor que ya Bobby había expresado, que Dean bajara la guardia y se dejara matar.

   Caramba, esto quedó muy largo, lo termino luego. Una última cosa, ahora que termino es que me doy cuenta que hay muchas imágenes de Dean… bueno, soy deanista, lo siento.

UN PADACKLES DE MANOS DE AMIGOS

Julio César.

NO ES EL TAMAÑO, ES EL SABOR…

agosto 28, 2012

 TRATAMIENTO

   Otro mito que ni cae ni se sostiene.

   Cuando comenzó el nuevo curso de otoño, todos en la residencia tenían una curiosidad, ¿eran los güevos de los chicos negros más grandes? Era un punto académico, pero para Jeremy la cosa no terminó bien, eso de estársela midiendo con esos otros sujetos, viéndolas blancas rojas, llenas de sangre, goteando. Y algo se le notó porque a solas, uno le ofreció que la tocara, palpitó en su mano, luego que la probara y sobre su lengua eso fue la locura. Pero nada comparado a cuando se le metió una y otra vez por el culo haciéndole correrse a mares, gimotear y pedir más. Ahora todos saben que si, que Jeremy la tiene grande… pero lo que le gusta de verdad son los güevos blancos bien metidos en su culo, y le dan a escoger, una por ahí y otra en su boca. Cosas de chicos aprendiendo.

SOSPECHA

Julio César.

DE MACHO A ESCLAVO… 8

agosto 25, 2012

…ESCLAVO                        … 7

   El siguiente es un relato que cae dentro del género que llamo maldito, un sujeto va a una casa buscando algo y sale con otra. No es mío, es una traducción adaptación, por lo que le pido al escritor original, John <seekingurdick@ yahoo.com, si llega a enterarse de lo que hago, que no se moleste. Su relato es corto, directo y bueno, por eso lo cito. Disfruten de…

……

Asunto: El despertar de Joe

Fecha: Jueves, 22 de diciembre 2005 18:22:04 -0800 (PST)

De: John <seekingurdick@yahoo.com

   Necesitaba sus buenas nalgadas…

……

   Joe está sorprendido, ¿cómo podía dejarle hacerle eso?, ¿cómo se sometía sin oponerse? Pero la verdad es que había algo tan humillante en su posición, su postura, que el sentimiento de vergüenza que enrojece sus mejillas y eriza su piel, se siente extrañamente bien. Intenta no mirar a la gente con la cual se cruza, hombres que toman cervezas o whisky, riendo y fanfarroneando, los hombres de verdad, los machos que podían hacer uso de él ahora (esa idea le hace estremecer). No puede evitar el miedo y la expectativas cuando nota las miradas lujuriosas de muchos sujetos sobre su cuerpo de tipo alto y atlético, muy bronceado ahora y musculoso que van en cuatro patas, con un collar de perro en su cuello, las lustrosas botas negras, la tanga de cuero entre sus nalgas, ocultando sólo su raja y la entrada de su culo, resultando en algo increíblemente erótico.

   Richard se detiene frente a una puerta y toca con una mano.

   -Adelante… -permisan.

   Entran y Joe nota las alfombras, los buenos muebles, la enorme cama… y el hombre sentado sobre ella, piernas en el piso, sonriendo torcido.

   -¡Padrino! –jadea aterrado Joe, casi intentando ponerse de pie, pero un azotón a su culo le hace gemir y contenerse.

   -Vaya, vaya, muchacho… -sonríe Arnie MCNillan, un hombre entrado en los cuarenta, pelo corto al rape, ex marine, profesor de educación física en la secundaria donde Joe estudió, el mejor amigo de William Adams, padre de Joe… su padrino. El hombre lo recorre con la vista.- Te ves apetitoso, ahijado, venga con su padrino para que lo pruebe… -y socarrón abre los brazos y se palmea los recios muslos abiertos como si llamara a un perro.

   Joe no puede moverse, frío de miedo e impacto. Ese hombre era un amigo de su casa, camarada de parrandas de su padre, su profesor de educación física, quien le habló de ser hombrecito cuando jugaba al futbol. Su padrino.

   -Vamos, perra… -Richard le azota con fuerza dos veces la nalga derecha.- A jugar con el señor McNillan… Él desea jugar de manera muy especial contigo…

   -Venga, muchacho, quiero hacerle cariñitos…

   En cuatro patas y tragando saliva, Joe se acerca al hombre, quien le sonríe atrapándole la nuca con una mano y llevándole a su entrepiernas donde ya destaca un buen bulto. La nariz del muchacho golpea allí y sabe lo que esperan de él. De la perra. Rojo de mejillas olfatea como si de un sabueso se tratara, recorriendo la enorme curvatura con el rostro, resollándole encima. Siente un extraño desasosiego cuando oye las risitas de aprobación, cuando nota que su padrino se tensa, excitado.

   -Eso nadie se lo enseñó. –informa Richard.

   -¡Es toda una perra! –gruñe Arnie, mirando entre sus piernas al muchacho que vio nacer, el hijo de su mejor amigo, ahora allí, desnudo y depilado, muy bronceado, vistiendo un hilo dental de cuero, frotando el atractivo y viril rostro de su entrepiernas.

   -Aún no, pero lo será. –promete Richard, mirando la escena con una sonrisa de indulgente orgullo. Su chico sería la mejor de las putas de La Casa de las Perras Deseosas, se dice mientras admira sus redondas nalgas muy canelas, aún viéndose parte de la antigua piel clara, cosa que desaparecerá totalmente con nuevas sesiones de bronceado, con la caliente y erótica tirita del hilo dental cubriendo su raja interglútea, por no hablar de las botas negras y del collar alrededor de su cuello. Suelta la correa.- Diviértanse bastante. Estaré cerca. –aconseja y advierte mirando a Joe mientras sale, acomodándose su propia tranca erecta. Ese muchacho si que hacía subir la temperatura, cuando Arnie terminara con él tendría que desahogarse también.

   Una vez a solas, Arnie retira el bonito rostro masculino de su entrepiernas mientras se abre la bragueta.

   -¿Sabes una cosa, muchacho? Lo sabía. Sabía que terminarías como una puta tragando vergas. -informa mientras le sonríe, asintiendo.- Oh, si, recuerdo cómo te gustaba exhibir tu cuerpo cuando las familias iban a la playa o al lago, disfrutando saber que te miraban. Cómo cuando practicabas futbol, todo transpirado en tu ajustado uniforme, te paseaba por los vestuarios pavoneándote. -le sonríe, asintiendo otra vez mientras Joe frunce el ceño y niega.- Oh, si, imagino que tú también lo sabías, ¿verdad? Qué todos esos chicos las tenían caliente soñando con arrojarte sobre una banca y llenarte el culo de güevos. –y mientras lo dice saca su verga rojiza, no totalmente dura, agitándola.- Ven por un bocado, muchacho, ¿recuerdas que siempre te decía que debías comer más en las barbacoas en casa de tu padre? Me refería a esto, ya en ese entonces soñaba con tenerte así, en cuatro patas, salivando esperando cometerte mi güevo; aunque nunca creí que se diera. Pensé que morirías creyéndote un macho.

   -Padrino… -gimotea, pero el otro le atrapa la nuca y lo lleva sobre su verga.

   Arnie gime cuando los carnosos labios chocan de su tranca, estremeciéndose todo. Cuando se la mete, sintiéndola atrapa por la cálida y húmeda cárcel, jadea sonriendo, endureciéndose más. No había nada mejor que un carajo joven mamándotela, era una de esas verdades de la vida. Joe arruga la cara, esa verga huele a orine y bolas; cuando cae sobre su lengua, esta pica por el amargo sabor.

   -Chupa. –ordena tendiéndose y dándole una fuerte nalgada que le hace gemir y comenzar a mamar.- Ah, si, sabía que lo harías bien. Hummm… Eso es, muchacho, atrápala así. Oh Dios, te ves tan bien haciendo esto. Mamarle la verga a un hombres es un arte, algunos no aprenden nunca, pero para estar aquí desde anoche lo haces increíblemente bien, muchacho. Ohhh, si, apriétala así con las mejillas. Se nota que Richard y los otros te han estado instruyendo bien en tu nueva vida. –le atrapa la nuca y lo hala, metiéndosela toda y dejándole atrapado contra su pubis, nariz dentro de la bragueta.- Aunque esto es puro talento natural. –sonríe cuando el muchacho intenta alejarse y tomar aire, ahogándose, lengüeteándola, soplándola y medio mordiéndola.- Cuidado con esos dientes, perrita. –le da un nuevo azote. Le deja escapar y Joe, rojo de cara y ojos llorosos por el esfuerzo, tose, mirándole suplicante. Le sonríe.- Mira como me la tienes ya de dura… Vamos, saboréala un poco más.

   Joe quiere escapar, ponerse de pie y correr, pero no sabe qué puede hacerle Richard. Le teme de una manera terrible. Tragando en seco acerca el rostro y con la punta de le lengua comienza a recorrer de arriba abajo el nervudo y ardiente tronco, el cual se estremece. El sabor llena su lengua cuando traga, azotando ahora el ojete del glande de donde mana gran cantidad de jugos. Suspirando de agrado, Arnie sonríe mientras sus manos grandes y callosas recorren al delicioso muchacho; una en la espalda, encontrándola recia y firme, la otra por debajo acaricia y aprieta sus tetillas, estimulando sus pezones al medio rascarlos con la punta de los dedos. Eso le provoca escalofríos al muchacho, no del todo desagradables, aunque ese mismo pensamiento sea peor a lo que ya le ocurre.

   -Vaya, tienes tetas sensibles, ¿eh? Es bueno saberlo. -aprieta ferozmente una, haciéndole gemir, y Joe no sabe si de dolor o placer, cuando cubre con la boca la enrojecida cabeza chupando los juguitos.- Mierda, eres tan pecaminosamente bonito que provoca hacerte maldades. –le informa, la mano bajando por su espalda, recorriendo y comprobando sus nalgas, enterrando los dedos en la piel suave, cálida y firme.

   Eso le gusta, había algo tan suciamente prohibido en acariciar a otro hombre así, sobre todo uno que siempre se había creído heterosexual, que tenía la leche casi a punto. La mano, dedos abiertos, acaricia una nalga marchando hacia la raja, provocándole piel de gallina al muchacho. Cuando los dedos chocan del cuero, estos bajan recorriendo el hilo dental, acariciando y empujando. El hombre sabe lo que hace, se detiene, casi montado sobre el muchacho que ahora tiene la verga clavada hasta la garganta, sobre la entrada del culo. Con sus dedos tamborilea sobre él, sabiendo que eso despertará ecos dentro del muchacho, quien gime con los ojos nublados, mejillas rojas y la nariz otra vez en ese pubis, pero mamando todavía. Joe cierra los ojos, aunque él mismo parece no notarlo, cuando uno de los dedos lucha y entra bajo el hilo de cuero, acariciándole la entrada del rojo y lampiño culo. Cuando el dedo se mete, Joe casi solloza tembloroso, su boca subiendo y bajando sobre ese falo que mana enormes cantidades de jugos. No quiere pensar en nada de eso, en todas esas sensaciones que le recorren, pero su cuerpo esta tenso y listo para ser usado.

   -Tan puta, muchacho, si tu padre te viera… -le susurra mirándole la nuca, antes de volver los ojos a esas nalgas. El dedo se agita, sin salir, de manera circular, notando como se arquea el muchacho, como su culo se cierra salvajemente sobre el dedo.- Estás tan necesitado de esto… -le saca el güevo de la boca y Joe jadea ruidoso, labios hinchados, mandíbula bañada en saliva.- ¿Estás caliente, verdad? Esto te gusta como nunca te han gustado los coños de las tías, ¿no es cierto? –demanda saber.

   -No… no, padrino, yo no soy ningún marica… -lloriquea.- ¡AHHH! –no puede evitar gritar cuando Arnie, sin sacar el dedo, se las ingenia para agitar la punta hacia abajo, buscando su próstata, provocándole espasmos en las entrañas.

   -Tienes el culo bien mojado, muchacho. Mi dedo te está llevando al borde del orgasmo, ¿cree que eso hacen los hombres de verdad? Te encanta que juegue con tu orificio de amar…

   -¡No! ¡Esto no me gusta! –grita, agitado, sosteniéndose con ambas manos sobre el piso, aterrado al notar que su culo se agita un poco, como meciéndose, apretando ese dedo que se mueve en su interior.

   -¡Estás tan cachondo! –se burla el hombre.- Eres la viva imagen de la puta deseosa de machos. Una hermosa, caliente y puta zorra que quiere ser follada toda la noche por los hombres. Por todos los hombres.

   -No, padrino, no diga eso… -gimotea, lloroso.

   -Si tu padre te viera ahora… -sonríe cruel, su palma apoyada en la tersa piel, su dedo entrando nuevamente, rotando algo rudo de manera circular.- Creo que también se excitaría. ¿Te gustaría eso, perra? ¿Ver a tu padre excitado oliendo tu coño, buscando tu aroma a puta necesitada? –luchando contra la tira de cuero, entierra ahora dos dedos.- ¿Lo imaginas explorándote así, con sus dedos, tú gimiendo bajo su tacto? ¿Puedes imaginar su verga dura y gorda goteando por ti y tú pidiéndole que te la meta toda o te mueres de necesidad?

   -No, padrino. ¡No! ¡No! –jadea, ojos atormentados, cada palabra provocándole escalofríos.

   -Seguramente si sintieras la punta de su verga en tu coño mojado en este momento, te correrías de pura emoción, mojándole los pies con tu leche. ¿Te imaginas corriéndote por su cogida mientras te llama puta y él llenándote el culo con su esperma? –se burla, voz baja y ronca, satisfecho de la reacción física del muchacho, su llanto desolado, también sus temblores que no podían ser sólo de miedo o asco; lo esperado en su descenso a la categoría de juguete sexual.- Ven a los brazos de tu papi. –ordena sacándole los dedos del culo y atrapándole por la axilas, alzándole hasta quedar de rodillas entre sus piernas. No le sorprende ver sus ojos cuajados de lágrimas, de rabia e impotencia. De frustración.

   -Padrino, ayúdeme… -pide, quiere salir de ahí, olvidar toda esa pesadilla. Se tensa cuando el rudo hombre atrapa su barbilla con una mano, casi íntimo.

   -Claro, muchacho… estoy aquí para ti. –y le hala, envolviéndole con sus brazos y piernas, apoyando el rostro contra su torso, las rudas manos recorriendo sus hombros y omoplatos, bajando sobre la suave y sensual piel.- Eres tan guapo, muchacho, esa es tu perdición. Tu aire de machito insolente pero con el hambre de güevos en tus ojos, te perdió…

   -No, ¡no, padrino! –gimotea aterrado, intentando alejarse del hombre, de sus manos calientes que recorren cada palmo de su piel despertando escalofrió, de la verga imposiblemente dura aplastándose contra su abdomen, sintiéndola latir, sabiendo que de ganas por él. Casi grita entre dientes cuando las manos van a sus nalgas, acariciando y amasando.

   -Tan caliente, tan suave… -le gruñe tocándole todavía, separándose un poco y lamiéndole el cuello.- Hummm… sabes tan delicioso, a pura puta. –y muerde.

   -Padrino… -suplica, temblando todo, tensándose y dejando escapar una bocanada de aire cuando una de las manos, bajando por su espalda, se mete dentro del pequeño triangulo invertido de su hilo dental, quemándole.

   -Papá; me vas a llamar papá. –le ordena, alzando la mirada, feroz y predador.- Der ahora en adelante seré tu papá, presente aquí para satisfacerte. De pie. –ordena, y tembloroso, el muchacho lo hace, haciendo sonreír al hombre ante tanta belleza. Joe era alto y musculoso, totalmente lampiño y bronceado, llevando su collar, botas y esa diminuta tanga de donde sale medio güevo erecto a pesar de todo lo que decía pensar o creer.- Mierda, eres tan rico… -y sus manos van a los costados, recorren el abdomen marcado, suben a las tetillas que oprime, y bajan… los dedos rozan la prendita sensual.

   -No… -grazna intentando detenerle con sus manos.

   -¡Aparta! –ruge.

   Tragando y escogiéndose, Joe obedece, ganándose una sonrisa del otro, el cual comienza a bajar una de las tiras que cruza una de sus caderas, jadeando el hombre ante la visión de aquel centímetro de piel más clara en un mar de carnes bronceadas. Loco de lujuria la lame y muerde, bajándola un poco más, descubriendo la franja de piel más pálida de la otra cadera, la cual lame también, la mirada fija en el triangulo de cuero que no cubre la verga, bajándola, el pubis lampiño, dos o tres centímetros por encima del pene de piel clara, dado lo diminuta de la prenda. Esas marcas le enloquecen y eso que mientras lame esa piel salina, transpirada y tibia, deliciosa, todavía no ve las que rodean la parte posterior de su cintura, se unen sobre las nalgas y se pierde dentro de las mismas.

   Joe cierra los ojos, tembloroso, sabiendo que todo eso está muy mal. Ese hombre era realmente como un padre para él, y ahí estaba lamiéndole, tocándole, acariciándole muslos abajo mientras le despoja de la prenda.

   -Alza la pierna. Así. Ahora la otra. –le ordena, sonriendo cuando la pequeña tanga queda en sus manos, mirando de ella al muchacho.- Te compraré hermosa lencería. ¿Te gusta la seda, putita?

   -Padrino… -gime, casi botando sobre sus pies cuando ve la mueca disgustada del hombre.

   -Te dije que soy papá. ¡Debes llamarme papa! –le grita, halándole por un brazo y derribándole entre sus piernas. Joe chilla cuando su panza queda sobre un muslo de Arnie, quien le retine con una mano por un brazo que lleva a su espalda, mientras con la otra mano sube una de sus piernas sobre su otro muslo; ahora el muchacho, desnudo a excepción del collar y las botas, está de panza sobre su regazo, abierto de culo al tener una pierna sobre el hombre, la otra medio flexionada sobre la vieja alfombra.- ¡Papá, llámame papá! –le grita mientras comienza a nalguearle.

   El muchacho grita sorprendido cuando la palma, recia y callosa, cae con fuerza sobre su nalga derecha, con un sonoro paff, que arde, pica y duele. Joe le grita que no e intenta meter una mano, pero el hombre sabe lo que hace, mirándole la nuca, sonriendo, sube y baja la mano lentamente, con rudeza calculada, de una nalga a la otra. Cada azote hace gemir al muchacho sobre sus piernas, cosa que hace jadear a Arnie. Sube la mano y la baja duro, dejándola sobre la tierna carne que quema. Sube y baja dándole tres rápidas nalgadas a la izquierda y el muchacho grita feo. Joe intentó insultarle, cubrirse y escapar, pero el hombre lo retenía bien, y las nalgadas se repetían una tras otra, hasta que comienza la única defensa que le queda.

   -No, no… -solloza como un niño, gritando y alzando las nalgas cuando le dan.

   Ya perdida toda dignidad y vergüenza, Joe parece un crio mal portado recibiendo su castigo. Su llanto, sus súplicas de que le deje, que no siga, los “por favor, padrino, no” se repiten una y otra vez. Pero Arnie continúa, no sólo porque disfruta demasiado el sentirlo estremecerse sobre sus piernas, aplastándole rico la verga, o sentir la del muchacho muy dura y babeante mojándole el pantalón; ni por la increíble sensación de poder que experimenta al tenerle así, al enorme muchacho que en condiciones normales podría joder de un carajazo a cualquiera en un bar, llorando y suplicando piedad; lo hace también porque es necesario, es parte de su entrenamiento, quebrarle. Aunque espera de corazón que Joe resista más, porque azotarle y recorrerle las nalgas que parecen en llamas, era demasiado delicioso.

   La mente de Joe es una masa roja de vergüenza, dolor y humillación; sus nalgas se agitan, contraen y endurecen cuando la mano va y viene, con método. Palmadas recias. Odia eso, odia a ese sujeto, odia su vida… porque esa mierda dolía horriblemente, y sin embargo alguna vaina muy adentro de él estaba segregando algo que le calentaba la sangre y le erizaba la piel. Sabe que sus tetillas y verga estaban imposiblemente duras.

   -No, ya no… -estalla al fin, frente arrugada, cara bañada de llanto, la nariz goteando, la boca es un ovalo de dolor y angustia.- Por favor, no me castigues más, papá… Lo siento, lo siento mucho… papá.

CONTINÚA … 9

Julio César.

NOTA: Okay, dos capítulos casi seguidos. Ahora paciencia.

JOSÉ ACARIGUA RODRÍGUEZ, EL MISERABLE ESE

agosto 25, 2012

 ELIAS JAUA CONTRA DIOSDADO CABELLO…   

  -Casi lo pierdo todo y él ni habló…

   Hay gente que parece de comiquitas, en este caso tipo Rem & Stimpy (e igual de grotescos); uno de ellos es el miserable Secretario de Finanzas del Sindicato Único de Trabajadores de la Industria Siderúrgica y sus Similares (¿qué el nombre es largo?, los revolucionarios siempre andan compensando sus pequeñeces). Después de años de no hacer un carajo por los trabajadores mientras el Gobierno les despojaba de todo; de halar mecate mientras todos iban arruinándose, viéndose ahora obligado a responder frente a los arruinados obreros de Guayana que le sabotearon la cadena al presidente Chávez cuando echaba cuentos y chistes como planes de Gobierno (al pobre alguien le jugó una mala pasada, para el discurso le dieron un papel con las mismas promesas de hace tres años y no se dio cuenta), José Acarigua Rodríguez se enfurece con todo el mundo. Y hay que entenderlo, las almas miserables son así, anda chorreado como palo de gallinero y tiene que desquitarse con alguien… halando más mecate, de paso. Y lo del miedo no es cuento, la dirigencia sindical que se levanta con gallardía (no José Acarigua Rodríguez) es perseguida y encarcelada. Cosas que él jamás notó.

   Por ello, después del horrible parón que le dieron al Presidente en Ciudad Bolívar, cuando se rodeó de fieles fanáticos de su culto en lo más alto de la montaña horrorosa para no ser interrumpido, sufriendo una cadena interrupto, el miserable de José Acarigua Rodríguez (¿ya dije que después de años de ayudar a joder a los trabajadores?), se va a los empobrecidos y miserables pasillos de VTV (Cubana de Televisión, pero como son revolucionarios no saben escribirlo), dando sus infelices declaraciones: “No queremos que la oposición miserable hable por nosotros, tenemos nuestra propia voz”. Pero si no habla Capriles Radonski primero, llamando a esa gente para que les cuente sus problemas asegurando que escuchará y resolverá, ¿cuándo los José Acarigua Rodríguez iban a moverse? Quien oye al sujeto cree que de verdad, en todo este tiempo, ha hecho algo por alguien después de embarcar a todo el mundo ayudando a reprivatizar esas industrias, sabiendo él muy bien que el Gobierno no sirve para nada; con todo y eso se atreve a criticar a los que alzan su voz para apoyar a los trabajadores. Es que uno le escucha y sólo queda exclamar… ¡qué miserable!

……

   Dios, cómo deben estar riéndose de nosotros en los Estados Unidos, por no hablar de la bola de pillos del MERCOSUR, el ALBA y UNASUR… Venezuela, porque lo dicen así (para molestar) y no Hugo Chávez, amenaza a Inglaterra con represalias si tocan la embajada de Ecuador en el Londres… Chávez, un hombre que nuevamente ha salido con las tablas en la cabeza a manos de una cuerda de delincuentes encerrados en un penal. Vocifera que hará esto y aquello cuando no puede con una cárcel. En un año el gobierno de Hugo Chávez ha sido derrotado militarmente tres veces en los penales, viéndose obligado a ofreciéndoles a los presos el oro y el moro si dejan de matar gente, o no matan a tanta gente… Y así pretende intimidar al Reino Unido. Dirá el desprevenido que una cosa no tiene nada que ver con la otra, que no es igual arrasar un penal que movilizar un ejercito… Eso si uno olvida cuando quiso movilizar al país para defender a la narco guerrilla atacada por Colombia en Ecuador, y la gente le dejó solo. Pero no aprende, habla del ataque a la libertad de expresión, acusa a Capriles Radonski en sus giras por “la violencia” contra las maripilishernandez, los josevicenterrangeles, los diazrangeles y ernestosvillegas que se hacen llama periodistas, cuando un día antes vergajeó a un reportero guyanés acusándole de clasista burgués porque este le preguntó qué ocurriría con los beneficios salariales de los trabajadores de Guayana. Ya parece que no recuerda ni lo que hace o dice un día antes. Con razón recicla promesas de hace años. Para él son como nuevas.

IRISITA VARELO, ¡QUE EXITO!

Julio César.

PISCINA CALIENTE

agosto 25, 2012

 FORTACHÓN CON SECRETO

   Tiene algo que gusta, ¿verdad?

   Le encanta bajar a la piscina cuando todos se van para la playa, con su corpachón grande, su tanga chica, exhibiéndose caminando lentamente, el bojote moviéndose, las nalgas atrapando tela. Cuando echándose sobre un flotador nota a algún carajo tembloroso mirándole, que con ojos ardientes ve como su tanga abulta y abulta, y la cabecita a veces sale, le sonríe socarrón y gruñe, ronco: Tienes cara de hambre; anda, ven y trágate un buen pedazo…  

UN CHICO QUERIDO

Julio César.

JARED HACE CAER A JENSEN… 19

agosto 23, 2012

JARED HACE CAER A JENSEN                         … 18

   La siguiente historia es un Padackles. Un chico deja muchas cosas atrás en pos de un sueño y luego entiende que no había necesidad de sacrificar nada. Me gustan esos mensajes desde Brokeback Mountain. Si puedo, termino los otros. Por cierto, este relato NO ES MÍO. Tiene partes subidas de tono.

……

Titulo: I found, baby

Autor: River_sun

   -¡Es su culpa!

……

   Ahora, caminando lentamente, Jensen lo mira todo, encontrándolo tan conocido y sin embargo tan nuevo. De la casa de los Morgan sale una hermosa mujer que le saluda y sonríe de manera gratamente sorprendida, aunque no la conoce; él corresponde y continúa su camino, sintiendo que ella le sigue con la mirada. Da un rodeo, un muy amplio rodeo, para no pasar frente a la casa Padalecki, no estaba listo para enfrentar a Sherri o Gerri. Nada más cruzar la esquina mira ávidamente el costado de la vieja casa, con el corazón encogido en su pecho. La casa que Jared pensó sería el hogar de ambos un día. Otro sueño del que nunca le habló. Sonríe con pesar. Nunca la compró, aún pudiendo, tal vez porque la carga de los sueños rotos pesaba demasiado. Ahora le pertenecía a alguien más, ¿le culparía Jared de ello? Frunce el ceño, ahora que cae en cuenta, de niños, cada vez que pasaban por ahí, el castaño se quedaba mirándola con ojos brillantes, se pregunta si ya no estaría soñando con ella. Debe contener un jadeo.

   Le gustan las acacias que producen una buena sombra cerca de la calzada, sus ramas altivas se alzaban dejando pasar hermosos rayos dorados de sol; a pesar de la baranda caída en algunos lugares, le gusta la buena extensión de grama que observa. La casa en si es grande, con forma de una L pequeña, dos plantas, techos inclinados, de tejas. Mira la salida en techito también con caída en la que termina la pared que forma la parte más larga de la L, siguiendo su contorno en piedra que baja. Sabe, porque una vez Jared insistió en acampar en su vacía sala, que se trata del escape de las chimeneas, un doble escape; una para la chimenea en la planta baja, la otra para la del dormitorio del segundo piso.

   Dios, era tan hermosa, se dice caminando hacia ella, gustándole su porche que se extiende un poco más allá de los límites del segundo piso. ¿Y si…? Bueno, ¿por qué no? Aparentemente el dueño no pensaba hacer nada con ella, tal vez vendiera. Si todo iba bien con Surprise tendría lo suficiente para presentar una oferta. El corazón le late con fuerza, mientras se pregunta qué hace, en qué está pensando. ¿Volver? ¿Buscar a Jared y decirle “mira lo que hice por ti”? Sonríe embargado por lo duro del momento y casi grita cuando la puerta se abre y una dura voz, acompañada de una ceñuda mirada, le enfrenta.

   -Es propiedad privada.

   -¡¿Jared?! –jadea sorprendido.

   Oh Dios, estaba delirando, fue lo que pensó cuando retrocedió un paso, llevándose una mano al pecho para contener su corazón desbocado. ¿Era Jared? ¿En serio? El castaño tenía el rostro desencajado, estaba pálido y ojeroso, el cabello desordenado y algo grasoso, su mandíbula cubierta por la rala sombra de una barba. El viejo jeans cuelga flojo, como si de pronto estuviera más delgado, impresión que se incrementa con la franela oscura que lleva.

   -¿Qué haces aquí? –preguntan los dos a un tiempo. Jensen confuso; Jared seco y ceñudo, como si le disgustara verle allí.

   -Es mi propiedad, ¿y tú? –aclara e indaga Jared, cruzando los brazos sobre el pecho.

   -Creí… pensé que estabas en algún paraíso tropical quitándote la gay. –responde confuso, levemente ceñudo por el tono del castaño.

   -No, Chad se fue por su cuenta. No por muy mal que esté se me ocurriría ir con él cuando sale de juergas, eso siempre termina con experticias de la medicatura forense. –callan por un segundo.- ¿Qué haces aquí, Jensen? –parece exasperado.

   -Yo… -Jensen se lleva una mano a los labios, frotándolos pensativo, sonriendo luego, extraviado.- Realmente no lo sé. Estaba en casa, necesitaba aire, salí y… -se humedece los labios, sin mirarle.- Y llegué aquí. No creí que hubiera nadie. Pensé que esto le pertenecía a otra persona. –ahora si le mira, fijamente a los ojos.- Aunque me alegra encontrarte. Necesitaba verte para… –no encuentra las palabras y el otro traga saliva, más ceñudo mientras compone una sonrisa amarga.

   -¿De veras? ¿Querías verme? Qué cambio. Pensé que todo se había dicho la última vez. –le recuerda, duro.

   Jensen boquea, luego sonríe con chulería, enderezando los hombros, alzándose en toda su estatura (viéndose magnifico, piensa Jared, pero no quiere admitirlo).

   -Okay. Ya no veremos en alguna junta. –responde y da media vuelta, tomando aire de manera ruidosa, diciéndose que estaba bien, hizo el primer movimiento y le apartaron, fin del asunto.

   No da ni un paso cuando una mano enorme y febril se cierra como un cepo sobre su bíceps, le detiene y obliga a volverse. El rubio está furioso, ese hijo de perra estaba comportándose como si tuviera derecho a estar ofendido y molesto, como si realmente la culpa de todo lo ocurrido fuera suya y no de parte y parte; aunque en toda esta historia de mierda quien había callado cuando debía hablar, cada vez, era Jared. Y se lo iba a decir, no iba a consentir que le tratara de esa manera, cuando…

   -¿De verdad te vas a ir así? –exige saber el otro, mirada atormentada, ojos enormes y húmedos, hombros caídos, aire derrotado.- ¿Qué era, Jensen? ¿Para qué querías verme? –sus multicolores ojos rasgados brillan a un tiempo de miedo y esperanzas, con cautela y súplica.

   El rubio no sabía qué iba a decirle exactamente, sólo que en ese momento estaba molesto, muy molesto y no sólo con Jared, o por Jared; pero verle así le trastorna porque entiende una cosa, sola una y basta ya, señoras y señores: Jared sufre. Toda su ira desaparece como por arte de magia. Es cierto, el otro se había equivocado, y mucho en muchas cosas, pero él podía ser un hombre más grande, saltar sobre sus resentimientos y decepciones, y darle una oportunidad a la vida. Y en su vida, en una vida que se vive, Jared había sido, y es, importante. Todo eso lo piensa y le embarga de manera pesada, así como el regreso a Richmond, la cena con su familia, que las cosas que siempre dio por sentadas ahora parecían no ser. Todo es como demasiado y se siente abrumado.

   -Jay… -jadea ahogado, de pronto temeroso de dejarse llevar por su desazón.

   -¿Qué tienes, Jen? –es la pregunta alarmada, mirada atenta (algo estaba lastimando a Jensen, ¿sería él?, la sola idea era horrible).- Háblame, Jen, por favor…

   -Quería verte porque no sé qué está pasando con mi mundo, me siento perdido, como si nada fuera real. Y eso me supera. –le mira intentando sonreír, sabiendo que su mirada debía estar tan mal como la de Jared, reflejando más de lo que quiere decir.- Estoy asustado, Jay; todo es tan incierto ahora… que necesito a mi mejor amigo… -le mira a los ojos, levantando una mano y posándola sobre su pecho, sintiéndose de pronto mejor cuando siente su rápido palpitar.

   -¿Tu amigo? –la mirada de Jared es más triste, pero sonríe de manera ancha, recordando el estribillo aquel: ríe, payaso, ríe que es tu trabajo.- Claro, Jen, seré tu amigo. Lo que tú quieras o necesites.

   Jensen sonríe aliviado, sabía que esa sería la respuesta. Jared era el mejor amigo del mundo, aunque como novio fuera otra cosa. Pero ahora se veía tan torpe, sin atreverse a dar un paso, dolido evidentemente por lo de “amigos”. Bien, nuevamente él tendría que ser el hombre más grande, y en verdad no es tanto trabajo.

   El pulgar del rubio se mueve un poco, acariciando sobre la franela la tetilla del más alto, el cual congela el aliento en sus pulmones y se estremece, mirándole automáticamente con ojos oscuros. Se miran con intensidad, quietos frente a la enorme casa bajo ese amarillento sol de Texas al atardecer. Finalmente Jared le rodea los costados y le atrapa en un apretado abrazo, intentando y logrando que cada parte de sus cuerpos hagan contactos, mientras oculta el rostro en su cuello, posando los labios sobre la piel desnuda, saladita y cálida, notando que Jensen se estremece. Dios, era como un sueño (¡tenía a Jensen otra vez entre sus brazos!), uno que no sabe todavía si es real o… Lanza un gemido llanto contra su cuello, estremeciéndose como un niño. No quiere, en verdad, pero no puede contenerse y solloza abrazándole más. Estaba tan solo, creyó que lo había perdido todo… y ahora Jensen estaba ahí, había ido por él aunque no supiera siquiera que estaba Richmond. Gracias, Dios, no puede evitar pensar, estremeciéndose más, llorando contra el cuerpo del hombre que ama por encima de todas las cosas, aún su propia vida. Gracias, Dios, por responder a mi oración, es lo único que puede pensar mientras se deja llevar y llora todos sus miedos y tristezas, sus penas y culpas, haciendo que Jensen se tambalee bajo su peso. Sabe que debe controlarse, quiere hacerlo, pero no puede contener el caudal de emociones. Qué fuerte era Jensen, se maravilla mientras le llena de lágrimas y mocos el cuello, ahí sosteniéndole mientras le sisea cosas en voz suave para confortarle al tiempo que acaricia una y otra vez su espalda, dejando de lado su propio pesar.

   -¿Jared…? –le oye lejos.- ¿…Podemos entrar? Creo que hay gente viéndonos desde la otra acera… Y apestas amigo. Y no sólo a pies, a todo. –en sus brazos, Jared lanza un rebuzno lloroso y comienza a reír, sollozando todavía, viéndose todo horrible cuando separa su cara y le mira.

   -¡Cara de culo! Oye, tienes algo en el cuello…

……

   Jensen entra en la amplia estancia de techos altos, casi totalmente vacía de todo mobiliario, pero ya su alma de diseñador le hace ver las posibilidades, colores claros en las paredes laterales, tal vez arena, pisos de madera caoba pulidos, tal vez agrandar la ventana que daba al camino de entrada y… Arruga la frente. Repara en un colchón inflable con algunos libros a mano, un sillón viejo, una lámpara de pie, un televisor y un pequeño refrigerador. Un bote de basura revela algunas envolturas de comida pedida a domicilio. Y latas de cervezas. Frunciendo el ceño se vuelve, Jared a sus espaldas cierra la puerta. Este intenta una sonrisa mueca.

   -Estoy acampando. –informa encogiéndose de hombros.

   -¿En esta pocilga? Jared, ¿qué estás haciendo realmente aquí? –señala el nido, convenientemente cerca de la chimenea apagada.- Supuse que no estando con Chad quitándote lo gay, te alojarías con tu familia. –el más alto baja la mirada, apoyándose de la puerta.

   -Lo intenté, cuando salí de Nueva York vine aquí, con ellos. Necesitaba… -toma aire, callando el que necesitaba estar con gente que le amara, comprendiera y consolara después de que su vida estalló en pedazos por segunda vez en diez años.- Pero no pude quedarme en la casa. Me sentía asfixiado. –Jensen le mira y sonríe trémulo, acercándosele.

   -¿Cansado de escuchar que debías superarme, dejarme atrás como un buen recuerdo y continuar con tu vida, como un hombre adulto? –le impacta, tanto que le mira boqueando, desconcertado.- Esas mismas palabras me repetía una y otra vez en mi cabeza cuando salí de tu oficina hace días.

   -Lo hacían sonar tan fácil, como si fuera un tonto o un necio por aferrarme a tu recuerdo. Como si lo hiciera a propósito. –baja la mirada nuevamente.- Como si tu recuerdo fuera algo malo que podía apagar pasando un switch. –le mira, luchando contra los jadeos.- Tú nunca serás un mal recuerdo para mí, Jen, aunque te grité cosas así cuando nos separamos. Nunca podría arrepentirme de haberte conocido, amigo. No pude quedarme con ellos, les dije que iría a tomar algo, que llamaría a Sandy… y me vine para acá. Tal vez crean que salí de Texas.

   -No deberías estar solo. –se le acerca más, reparando en su rostro macilento.- Te ves como la mierda, ¿qué tienes? ¿La gripe? –Jared le mira con ojos brillantes de exasperación.

   -No, se me rompió el corazón, ¿okay?

   -¿Qué? ¿Estás así por mí? –se desconcierta.- Pero si dejamos de vernos apenas hace tres o cuatro días.

   -Cuatro días y cinco horas. –le sorprende, encogiéndose otra vez de hombros.- Y no fue tu culpa. Esto… me lo busqué. Otra vez.

   -Jay, no… -a Jensen se le llena el pecho de sentimientos, atrapándole por la franela y atrayéndole.- No te pongas así… -le sonríe suave y Jared le mira con un puchero, ojos esperanzados, bajando un tanto el rostro, buscando sus labios.- No, por Dios, apestas. ¿No te has bañado en cuatro días y cinco horas? –le suelta.

   -En dos días… y catorce horas. –alza la barbilla.- Oye, no es necesario ducharse para estar deprimido.

   -¿Tienes agua aquí?

   -La plomería funciona.

   -Ve y toma una ducha. Una larga ducha y no olvides hacer gárgaras, parece que algo murió en tu garganta tratando de salir. –sonríe, para extrañarse al segundo siguiente al verle dudar, sin moverse, mirando hacia la puerta a sus espaldas. El corazón le duele en el pecho.- No voy a desaparecer, Jay. Estaré aquí cuando termines. –le promete, embargado de cierto pesar, dolía saber lo inseguro que Jared se sentía de sus sentimientos.- Sellaría el trato con un beso, pero ya sabes, la cosa muerta…

   -Idiota. –le sonríe, caminando hacia el pequeño nido, abriendo el bolso y sacando una larga toalla.

……

   ¡Jensen estaba allí!, se dice Jared mientras corre por el pasillo, entra a un cuarto de baño algo pequeño, funcional pero feo, desvistiéndose a toda prisa, mirándose al espejo con ojos muy críticos, pasando su mano por la barba preguntándose si le daría tiempo de afeitarse, pero alzando un brazo y olfateando, casi tose mientras aleja el rostro. No, sólo tenía tiempo para ocuparse de la latonería no para el encerado, se dice derramando dentífrico sobre su cepillo dental.

   El agua está algo fría y es bueno estar en Texas, se dice recodando las duchas en Nueva York. Se enjabona y deja que el agua corra por su rostro. Jensen estaba allí. Había venido a buscarle por su propio pie, por iniciativa propia… ayudado por el destino, claro (¡gracias, Dios!). Su pecho sube y baja, no atreviéndose todavía a reflexionar sobre qué podía significar todo eso, que el rubio le siguiera bajo techo. Maldita sea, ¿por qué no cuidó su aseo personal? Pudo haberle besado, está seguro que Jensen habría accedido. Tan concentrado está en sus pensamientos que grita sobresaltado cuando la puerta de cristal se abre.

   -¿Jensen? –le mira parpadeando, con la boca abierta.

   -¿Esperabas a alguien más, Padalecki? –el rubio sonríe suave, totalmente desnudo, recorriéndole de arriba abajo con una mirada que va oscureciéndose, antes de tensarse.- ¿No esperas a alguien más, verdad?

   -Idiota. ¿Querías algo? –no puede evitar la sonrisa, recreándose en la suave piel pecosa.

   -Llegué hace poco, mamá me sacudió con fuerza y no pude tomar una ducha. Y se me antoja ahora… -dice ronco, voz vibrante, mirándole el bajo abdomen.

   Jared quiere decir algo ingenioso, continuar el juego, pero no puede. Jensen entra y cierra a sus espaldas, montándole una mano sobre el pecho, con la otra atrapándole el miembro medio duro ya, y empujándole contra los azulejos le cae prácticamente encima. Y ambos se estremecen, Jensen susurra algo sobre la maldita agua fría en su culo al tiempo que le atrapa la nuca con una mano, acariciándole con la otra la verga que crece de manera notable. Jared tiembla de deseo cuando el cuerpo del rubio se frota contra el suyo. Sus brazos viajan rápido alrededor de la cintura deseada, sus manos atrapan la cálida piel, acariciándole, recorriéndole, recreándose en las viejas sensaciones mientras sus cuerpos se frotan. Jensen, ronroneando, soltándole la verga y casi haciéndole gemir de tristeza, le hala y sus bocas se encuentran.

   El cerebro de Jared hace corto circuito cuando esos labios están sobre los suyos. Su lengua los recorre, sus dientes atrapan y halan, su lengua entra con ahogados gemidos mutuos cuando se encuentran. Y cada toque, cada pase sobre la lengua de Jensen le provoca espasmos por todo el cuerpo, sabe que está imposiblemente duro ya, lo sabe porque su miembro le quema contra la panza, acompañado del de Jensen, pulsando uno al lado del otro, ardientes, gran vena contra gran vena, y la sensación era jodidamente maravillosa. Sus enormes manos recorren reverentes esas nalgas redondas, halándole más, y cuando Jensen comienza un leve sube y baja con todo su cuerpo, sus vergas frotándose una contra la otra entre sus cuerpos, Jared deja de pensar, olvidando hasta su nombre.

   -Dios, he extrañado tanto esto… -jadea rojo de cara Jensen, mientras las manos de Jared recorren sus nalgas de manera necesitada y posesiva, los dedos rumbo a la raja, metiéndose, tensándole cuando la siente acariciarle lentamente allí, de abajo arriba, sobándole de manera lenta y experta. Cada pase despertando ecos en el cuerpo del rubio que tiene toda su piel erizada. La punta de los dedos frotándole ahora la entrada del culo, haciéndole gemir con la boca abierta, era como demasiado.

   -¿Sólo esto? ¿Sólo soy un juguete sexual para ti? –le reta Jared, bajando y mordiéndole la barbilla alzada, sus dientes sobre la piel áspera por la sombra de barba del rubio, arañándole, imitando sus movimientos, las dos vergas muy erectas y palpitante frotándose más, al tiempo que uno de sus dedos tira y alisa de la entrada del culo de Jensen.

   -Alégrate de tener alguna utilidad, Padalecki… -ríe, ronco, jadeando al rodearle el cuello con los brazos para sostenerse.- ¡AHHH! –grita casi al oído de Jared cuando el dedo comienza a penetrar, rotando circularmente en su entrada, metiéndose y haciéndole echar la cabeza hacia atrás.

   -Voy hacer que te arrepientas de tus palabras, rubio manipulador. –el dedo está totalmente enterrado, sintiendo las entrañas del otro palpitando a su alrededor, flexionando hacia arriba la primera falange.- Vas a disculparte y suplicarme amor… -le promete.

   -En tus sueños, Padale… ¡AHHH! -grita echándose hacia adelante, casi mordiendo de desesperación un hombro de Jared cuando el castaño retira su dedo, volviendo luego acompañado de otro, los cuales se abren camino. Gime contenido cuando Jared comienza a abrirlos y cerrarlos en sus entrañas, tocando cada vez su próstata, sintiendo que las piernas ya no le sostienen.

   -Me rogarás que te ame… que te haga alcanzar el cielo, lloriquearás por mi cariño. -los dedos van y vienen, abriéndole totalmente al tiempo que baja el rostro también, mordiéndole. Hay temores e incertidumbres, palabras no dichas, acciones aún no olvidadas o perdonadas, pero en ese momento Jared no puede pensar, no mientras Jensen tiembla de lujuria contra su cuerpo.

……

   -Jared, hijo de perra… -lloriquea frustrado y caliente, ojos furiosos pero también necesitados, mejillas increíblemente rojas, con la verga del castaño clavada en su culo y este sin moverse. ¡Para torturarle!

   ¡Un monstruo! Eso era Jared, piensa Jensen totalmente enloquecido. Le había extrañado tanto, y no sólo por los pocos días de separación, no, fue por todos esos años perdidos, pero cuando el castaño mordió su cuello, chupándole, metiendo uno de sus musculosos muslos entre los suyos subiéndolo y bajándolo presionándolo contra su verga al tiempo que le metía dos dedos por el culo, fue más de lo que pudo procesar y dejó de pensar. O cuando el hombre bajó, lamiéndole con hambre, mordiendo, chupando y besando cada parte de su cuerpo antes de tragarse todo su tolete de manera entusiasta. Y el rubio no supo quien gimió más, él cuando esa boca cálida le atrapó y mamó, o Jared cuando cerró sus mejillas y lengua sobre ella, succionando de manera desesperada. Tragándola hasta que resolló sobre su pubis, todavía succionando más con su garganta, la lengua quemándole cuando comenzó a retirarse otra vez. Su vaivén casi le hizo correrse, de pura urgencia, pero cuando estaba a punto, temblando de ganas, el hijo de perra se detuvo, frustrándole, tan sólo para acariciarle por todos lados.

   Pero lo que le convence de que Jared no es humano, no uno como todos al menos, es cuando el sátiro castaño tiene la espalda pegada a la fea pared, las piernas un tanto flexionada mientras le tiene de hojarascas sobre su regazo, de frente, la verga, esa enorme y gruesa verga caliente y dura totalmente metida en su culo dilatado. Está bien clavado sobre ella por efectos de la gravedad, hasta los pelos, mientras el otro le tiene las muñecas atrapadas con sus grandes manos, montadas sobre los muslos, reteniéndole contra su tranca sin dejarle posibilidades de moverse. Empalado así, sin poder apoyar los pies en el suelo o la pared, no tiene manera de subir y bajar sobre el falo, el cual palpita y gotea en sus entrañas, contra su próstata que lo necesita desesperadamente, sin que el hijo de puta le deje alcanzar el necesario orgasmo. Mierda, o se corre o sufre un accidente cerebrovascular

   -Ruégame, Jensen… dime que necesitas que te satisfaga… -le reta burlón, voz baja y cargada de promesas.

   Jensen no quiere darle esa satisfacción, traga y calla, pero Jared, ese monstruos (¿ya dijo que era un monstruo?), baja un poco las rodillas y sube, agitándola un poco en sus entrañas, lo suficiente para hacerle gritar de placer pero también de frustración. El cuerpo del rubio arde en llamas, cada célula de su cuerpo necesita eso, de Jared llenándole y penetrándole, cepillándole la próstata una y otra vez hasta hacerle estallar. Jared repite el leve movimiento y la verga de Jensen se estremece, totalmente roja de sangre y ganas, bordeando el orgasmo sin conseguirlo.

   -Hijo de perra… -jadea el rubio, molestándose con la sonrisa del otro.

   -¡Ruégame! -le reta, aunque frunce el ceño cuando nota el brillo diabólico en los ojos de Jensen.

   El rubio se arroja hacia adelante, bajando el rostro al tiempo que sus dientes caen sobre el cuello del castaño, besando y chupando justo allí donde la yugular parece enviar señales morse, mientras abre y cierra su culo de manera violenta sobre la verga del otro, halándola de manera alarmante. Es Jared ahora quien deja escapar un jadeo y casi cae de culo con todo y Jensen sobre él, pero le suelta las muñecas buscando mejor apoyo, atrapándole las nalgas abiertas, redondas y rojizas destacándose su más oscuro tolete abriéndose paso dentro de ese culo. Una vez libre de manos, Jensen ríe y le rodea el cuello cosa que le sirve de cuño, cubriéndole la boca de manera hambrienta, entrando en ella y lamiéndolo todo al tiempo que comienza un lento y deliberado sube y baja sobre la verga de Jared, que le abre y roza de manera enloquecedora. El rojo anillo sube y cae sobre el grueso tolete nervudo y Jensen parece no poder tener suficiente, gritando de gusto contra su boca, excitado totalmente cuando una mano del castaño sube y le acaricia la espalda, la otra clavada en su nalga derecha. Su culo incrementa el ritmo sobre la tranca del castaño, enorme comparado con el agujero, pero atrapándola toda, necesitándola dentro de sí, apretándola de una manera que marea a Jared, quien cierra los ojos y deja que su boca sea territorio del rubio, quien atrapa su lengua y la chupa de manera escandalosa, tomándose su saliva y gemidos.

   -Jared… Jared… Por favor… -jadea Jensen contra su oído, llevando y trayendo su culo, encogiendo los dedos de los pies cuando siente la verga del más alto abrirse camino entre sus entrañas, dura, caliente y palpitante, dándole sobre la próstata y haciéndole perder totalmente la conciencia y la razón.

   Atrapándole nuevamente las nalgas con las dos manos, Jared se echa hacia adelante, la espalda de Jensen choca de la puerta de cristal, y el castaño comienza a penetrarle rápidamente, subiendo y bajando sus caderas, empujándole la verga cada vez más y más, con golpes rudos cuando se retira y alza a Jensen con sus manos, dejándole caer sobre ella cuando vuelve para penetrarle. No aguantan más, no Jensen quien grita de manera ronca y rota, abrazándose de Jared y mordiéndole un hombro, duro como nunca, temblando mientras estalla en un orgasmo poderoso e intenso que deja su mente en blanco, tan sólo flotando en blancas nubes de placer. Un placer que le deja débil y jadeante, tan sólo para notar como la verga de Jared está increíblemente dura y se corre también, incapaz de resistir la visión de un Jensen alcanzando el clímax, su rostro todo follable y casi desmayado. También por los tirones que su culo dio justo en esos momentos.

   Jadeando todavía, Jensen desmonta, y quedan abrazados, respiraciones pesadas, imposibilitados de separarse.

   -Gritaste mi nombre.

   -Idiota. –sonríe Jensen, suave, no molesto por la risita del otro.

   -Jen, quédate conmigo. Esta noche. –suplica bajito, cerrando los ojos algo dolido cuando lo siente tensarse entre sus brazos.

   -No puedo, Jay. ¿No te conté que mamá organizó la gran fiesta familiar? Tendré que cenar con todos, sentado entre Josh y papá. Y no traje ni mi espada samurai ni mi antídoto antiofídico. Sé que no podré tomar bocado. Será mejor que coma algo antes o moriré de hambre. –se separa y le mira, con afecto, sabiendo que el castaño necesita escucharlo.- Me gustaría quedarme, lo sabes… -le sorprende la sonrisa del otro, suave, atrapándole el mentón y acariciándole.

  -Está bien, entiendo que es necesaria esa reunión. –con un dedo le impide hablar.- Es necesario, Jen. Habla con tu hermano, con tu papá. Es lo sano. Es la familia. Tu familia…

   Cuando Jensen abre la boca nuevamente tras su dedo, mirándole intensamente a los ojos, Jared casi cree que el rubio dirá algo como “ahora tú eres mi familia”, pero no lo hace. Y duele. Un poco, pero es un dolor conocido, como una molesta visita. También sabe que hay cosas que cambian muy lentamente, cuando cambiaban, y Jensen era un vivo ejemplo. Pero no importa, tenía amor de sobras para los dos. Él, ahora, era más sabio que hace diez años, o una semana atrás. Esperará con paciencia y devoción, aceptará lo mucho o poco que Jensen quiera regalarle porque sabe que el rubio le ama, y esperará por el día que el hermoso pecoso se canse de correr escapando de sombras que ya no estaban allí, y necesite donde llegar y asentarse finalmente. Ese día él estará ahí, abrirá los brazos y no le dejará ir. Jamás. Si, esperará, esperará por el día que Jensen entienda que por encima de todas las cosas que se puedan querer o desear en la vida, nadie lo daría todo por hacerle feliz como lo haría él.

……

   Sentado entre Mackenzie y su cuñada Lisa, con Aarón, su pequeño sobrino entre los brazos, el rubio no puede dejar de notar la irrealidad del momento. no sabe a ciencia cierta si es feliz o simplemente está desconcertado.

   La cena no fue el fracaso que él esperaba y temía. Tres cosas, cada una más sorprendente que la otra, le habían dejado sin habla. No es como si de repente todo hubiera desaparecido, se olvidaran los resentimientos o incomodidades, se dice viendo a su padre traer una caga de botellines de cervezas (a pesar de la mirada severa de su madre), entregándole una a Josh, otra a Blake, el esposo de Mack, y a él mismo, que la acepta agradado pero confundido. No estaba acostumbrado a que su padre le trajera, sirviera o acercara nada. Le agradece y bebe, luchando por impedir que Aarón la tome entre sus manitas gordas, gorgojeando con disgusto al no conseguirlo, ganándose una sonrisa del rubio.

   Hace rato terminó la cena, se recogió la mesa y la familia salió al porche a disfrutar de una no tan cálida noche de Texas, entre charlas disparatadas que iban de un tema a otro. Mirando a Aarón, que sonríe y cierra sus enormes ojos verdes ahora, Jensen sabe que todos hacen su mejor intento por ser normales en su presencia, pero también tratándole con pinzas, para que se sienta cómodo, bien recibido. Para que entienda que todos harían lo imposible para que regrese a casa. La idea es asfixiante, intimidante; hablar con su padre, poco antes, le dejó sin defensas; como desnudo en una calle fría, despojado de todas las armaduras que usó para protegerse del dolor. Se sentía… perdido. Y algo asustado. En ese momento debe luchar contra el deseo de abrazar a Aarón con fuerza, sabiendo que el infante jadeará de dicha, necesitando él mismo de eso… Pero ¿qué coño?, era su sobrino. Le sonríe y abraza, cerrando los ojos y sonriendo con ternura, susurrándole que era el niño más lindo del mundo, ganándose una mirada algo dolida de Logan sentado al frente, extraviado en su tableta, cuando abre los ojos.

   -¡Mierda! –estalla en una carcajada sorprendida su hermano.

   -¡Josh! –oye quejarse a su madre, aunque esta también gime de sorpresa.

   -¡Oh.Dios.Mío! –gime Mackenzie a su lado.

   -¿Qué…? –comienza, desviando la mirada.

   -Buenas noches. –la voz de Jared, suave y profunda, le impacta.

   Se vuelve tan rápido que el cuello le duele, quedándose con la boca abierta cuando el castaño le mira y sonríe, de manera suave y cargada de sentimientos, mientras le recorre así, sentado entre sus familiares, cargando a su sobrinito.

   Jared estaba allí, en su casa, en la entrada del porche donde la familia hace la sobremesa, vistiendo sus botas, un pantalón de tela oscura y una camisa negra mangas largas. Su rostro más repuesto, todavía con la sombra de barba, el cabello limpio, brillante y suave. Hermoso como muchas veces le ha visto… ¡Y con un enorme ramo de rosas rojas en sus manos!

   -Espero que sean para mamá… -grazna Jensen, intentando no estallar en una enorme sonrisa de felicidad, a pesar de las socarronas risas de Josh, o las sonrisas mal disimuladas del resto de la familia. Le ve arquear una ceja.

   -¿Qué? ¿De repente crees que tienes tanta suerte? –y se las tiende.

CONTINÚA … 20

Julio César.

NOTA: Eduardo, ¿adivina que escena casi elimino?

LOS TRABAJOS DEL ABUELO

agosto 23, 2012

MACHOS DE GUERRA

   Había algo  en él que daba escalofríos.

   Sentados en familia, los chicos escuchan a la abuela reñirles por ser algo flojos, incitándoles a ser como era su abuelo, quien amaba ir a trabajar todos los días, a veces hasta en vacaciones, en aquel aserradero en Caraballeda. El anciano sonríe recordando esos días de sol, arena, playa… y marineritos calientes que desembarcaban atolondrados por estar tanto tiempo encerrados con otros tíos a quienes no podían tocar, y le encontraban recostado en las tardes, todo machote y viril con sus tangas blancas que les hacía caer de rodillas agradeciéndole al cielo por tan buena fortuna y las muchas bendiciones. Y las que todavía les llegaban cuando se corría a mares sobre sus caras.

DIAS DE VERANO Y BESIBOL

Julio César.

¡CELOS!

agosto 23, 2012

UN JEFE EXIGENTE

   Saliendo con Tony, Gregory no sabía que a veces se le coleaba Vito, su gemelo. Buscando evitar peleas entre hermanos, los atiende a ambos.

EVIDENCIAS

Julio César.