Archive for 31 octubre 2012

UNA AMENAZA TONTA

octubre 31, 2012

CUMPLIENDO

   -Ey, idiota, me tienes cansado. –me reta en los vestuarios del gimnasio.- ¿Quieres que te de una buena revolcada en la colchoneta?

MALAS CARAS

Julio César.

SAM ES MALO CON DEAN… 7

octubre 31, 2012

SAM ES MALO CON DEAN                         … 6

   Esta historia, que NO ES MÍA, es un Wincests con toques pornográficos que encontré mientras buscaba otras dos páginas. El relato es desesperante, trata sobre un tema que parece gustar a tantos aunque a mí me molesta un poco. Sam, sin alma (esta ubicado a mitad de esta sexta temporada), desea esclavizar sexualmente a Dean, siendo totalmente horrible con él; la autora, Annabella, es de ese tipo de chicas. ¡Mi pobre Dean! Pero como cometí el error de comentárselo a Sonia, y no encuentro todavía las otras dos historias, la incluyo. Hago una que otra corrección. Disfrútenla:

……

Título: Toque

Autor: Annabella

Tema: Wincests

   -¿De verdad lo quieres, Sam?

……

   -¡Nos vamos! –termina el menor, inquieto en lo que cabe dentro de su falta de sentimientos, extendiendo una mano, atrapando la del rubio y obligándole a ponerse de pie.- De prisa.-le ayuda a levantar su camisa y acomodar sus ropas.

   -Señor Winchester, creo que debería esperar a su esposa. –Abby intenta acercarse, pero se congela por la fea mirada de Sam, quien rodea los hombros del rubio con un brazo de manera posesiva.

   -No esperaremos por nadie. Dean es mío; dile a la puta esa que Sam vino por lo suyo. –casi arrastra a Dean y cuando ella intenta interponerse, la mirada del castaño es tal que la mujer da un paso atrás, mirando a los dos hombres negros y grandes, quienes se encogen de hombros y alzan las manos.

   -Oye, no vamos a meternos en pelea de marido y marido. –aclara Víctor, burlón, aunque algo cortado cuando Sam le mira de manera extraña.

   Dean no puede reaccionar, su mentes es un caos de ideas y sensaciones, su cuerpo está muy claro, le gusta que Sam le retenga y quiere obedecerle. Pero viene Lisa, y Ben, y él les ama. Gana el brazo de Sam que le retiene y empuja. Salen a sol de la tarde y a la vista del Impala se congela. La vida que había dejado atrás, de la que se hartó, estaba de regreso.

   -Vamos. –urge Sam, quien no quiere, por nada del mundo, enfrentar aún a Lisa. No hasta que el hechizo esté completo, cuando ya no halla oportunidad de que el rubio se le escape.

   -Sam, no… no puedo. Por favor, no hagas esto. –grazna Dean, deteniéndose a un lado de la puerta del pasajero, mirándole intensamente, odiándolo, pero suplicándole. Sam le encara, atrapándole el rostro entre las manos, firme pero controlado.

   -Lo siento, Dean, pero no tengo alternativas. –traga con amargura porque sabe que es verdad, no quiere decirlo porque le hace ver débil, pero otra parte de su mente sin reflejos está funcionando en piloto automático. Si quiere todo de Dean, realmente todo, tendrá que jugar con toda la artillería.- ¿No entiendes que sin ti no tengo nada? No soy nada. Un cascaron sin metas ni inquietudes. Tú me hacías mejor, ser una persona, hasta que re fuiste. El vacío, la nada, es tan horrible que no puedo continuar. Lo intenté durante un año a mi regreso del Infierno en mi vida sin afectos, intereses o simpatías. Nada me importaba, gustaba o ataba… Y me parecía perfecto, no tener debilidades o sentimientos; sólo pensar en ti despertaba un eco de insatisfacción, de pérdida y añoranza. Saber que estabas por ahí me bastaba. Seguí como cazador porque es lo único que sé hacer, y porque de alguna manera sentía que… debía mantener todo alejado de ti. Pero verte, estar otra vez a tu lado me hizo darme cuenta que eres mi todo, lo único que todavía me mantiene humano. Por eso pacté con Crowley, porque te cansaste de mí, te rendiste y no puedes hacerlo. No puedes renunciar a mí como yo no puedo hacerlo a ti. Tu deber es estar a mi lado. Y no voy a dejarte ir nunca.

   -Sam, ¿de qué hablas? -Dean jadea, la mente confusa. Esto era nuevo. Sam no podía estar diciéndole que…. No, claro que no.

   -¿Dean? ¿Sam? –la voz de Lisa estalla sorprendida mientras baja del pequeño deportivo que se detiene al otro lado de la calle.

   -¡Lisa! –Dean siente un vacío en su estómago y de manera desconcertante para Sam, le atrapa las manos y las aleja, rompiendo el hechizo… dirigiéndose hacia la mujer.

   -Ah, no, nada de eso. –ladra frustrado y despechado Sam.

   No iba a permitirle escapar así. No ahora que estaba tan cerca de tenerle para siempre.

   Con el corazón martillándole en el pecho aunque se supone que no siente temor (o amor o preocupación, para el caso), Sam va tras Dean. Y tal vez sea bueno que no tenga alma, ¿verdad? No cuando tiene que hacer lo que tiene que hacer.

   -Dean… -Lisa parece confusa de ver a Sam allí, tras Dean que está esperando para cruzar la calle. Sabía que los hermanos se habían separado no es buenos términos, y el ex cazador no quiso contarle nada al respecto, tan sólo callaba y bajaba su malestar con whisky. Estaba bien por ella, ella le haría olvidar y…- ¡Sam! ¿Qué haces?

   El castaño apresuró el paso, rodeó el cuello de Dean con un brazo y haló de él hacia atrás, palanqueando contra su hombro. El rubio, tomado por sorpresa, jadeó e intentó resistirse pero el simple toque de Sam bastó para desarmarle, por lo que fue fácil para el otro asfixiarle hasta el punto de hacerle perder el conocimiento. Maniobra esta ejecutada perfectamente, cuan militar en acción, que termina con Sam tomando en brazos el pesado cuerpo de rubio y tirando de él hacia el impala, sin escuchar los gritos alarmados de Lisa, quien ya cruza la calle, bordeando por poco un auto. Y no es que Sam le odie, pero no le habría importado que cayera bajo esas ruedas.

   No tiene alma, ¿recuerdan?

   Deja a Dean cuan saco de papas sobre el asiento del copiloto, corre hacia la otra portezuela, sube y el impala responde como carro de ladrón, sale pitando, alejándose de Lisa por muy poco, quien todavía le llama, confusa y alarmada, sin poder creerse que Sam ha secuestrado a Dean.

   Así lo ve ella. Para Sam es simple, piensa mientras lanza una mirada hacia el rubio, quien está inconciente con la boca ligeramente abierta. Adorable. Dean era adorable dormido, o inconciente. No sabe qué tiene, qué siente realmente, pero el vacío inmenso que es su interior desde su regreso del Infierno se llena por un segundo. ¿Autocomplacencia por haberle atrapado? No lo sabe. ¿Dicha?, era posible. Dean era suyo, joder, y le alegraba recuperarle, ¿qué más había que decir? Le mira otra vez, frunciendo el ceño confuso, ¿cómo aguantó durante todos esos años a su lado sin saborear sus labios, sin tomar su aliento, sin recorrer con deseo su piel? El otro, el Sammy, todo era su culpa, con sus debilidades y neurosis. Dean le pertenecía a él, no a Lisa, o a Castiel, o a ese otro Sam, el cobarde. Él, sólo él, había tenido el valor y la osadía de tomar lo suyo. Reclamar a Dean para sí. Y él mismo sabe que es cierto, había que tener valor porque someter a un hombre como Dean Winchester, el implacable cazador, era temerario. Pero él lo lograría, no importa que debiera valerse de un hechizo para ello. La amoralidad por falta de alma lo facilita, lo único que importaba era que Dean estuviera allí sin posibilidades de marcharse otra vez, dejándole solo nuevamente.

   Sam sonríe tragando grueso, levemente excitado, sabiendo que se engaña un poco. No es que le quiere a su lado, siempre acompañándole. Ya sueña con ese Dean que fantaseó una vez y que Crowley, el desgraciado y desagradable demonio que se atrevió a tocar a su hermano y que morirá muy pronto, le había asegurado podía ser: Dean desnudo sobre una cama ancha de sábanas rojas, de rodillas, su piel dorada y lisa reluciendo por la lujuria, los ojos cubiertos por un pañuelo, su boca, su sensual boca cubierta por la roja bola de un gag ball, un collar de sumisión en su cuello con la palabra Sam estampada en él, los brazos a las espaldas, sus muñecas sujetas con unas esposas, consumiéndose por ser tocado por él, lamido y mordido en cada centímetro de piel, la verga muy erecta, babeando, mientras él se recrea en saborear cada palmo de su cuerpo, oyéndole gemir ahogado por el gag ball, tal vez sollozando con lágrimas que correrían por sus mejillas y que él lamería, de tanto deseo frustrado de ser tomado, llenado, jodido. Imaginar a Dean, el temerario y poderoso guerrero, suplicándole ahogadamente por atenciones, que le penetre y haga suyo, le pone a millón bajo los jeans. Si, cuando Dean…

   Dean despertó hace diez segundos, parpadeando débilmente, encontrándose con la visión de Sam mirando al frente. Cerró los ojos, hirviendo de ira, recordando y entendiendo que Sam le aplicó una llave para secuestrarle. Y todo lo otro. Tiembla de repulsión recordando las cosas que Crowley, ese sucio demonio le obligó a hacer. Y Sam… Joder, las ganas de matarles eran intensas. También de golpearle para comenzar. Pero no podía, si este le interceptaba o el impacto mismo era contra su mejilla, le sometería nuevamente al hechizo. Tenía que hacer algo, y hacerlo ya, mientras aún era conciente de sí y Sam aún no notaba que despertó, cosa que seguramente no tardaría en hacer por el cambio en su respiración. El menor era un gran cazador… Odia sentir aún algo de orgullo al pensarlo.

   Rápidamente se ladea apoyándose contra la portezuela, alzando sus piernas y lanzándole una furiosa patada, dándole en el hombro mientras ya se vuelve hacia la manilla para saltar del auto; pero su ataque no produce mayores consecuencias pues en cuanto comenzó a deslizarse Sam lo notó. La patada fue rápida y furiosa, pero ya él mismo se había encogido contra su puerta, deslizándose en pleno impacto, minimizando el daño. El impala se desvía peligrosamente mientras Sam maldice intentando controlarlo.

   Por su parte, maldiciendo los nuevos y mejorados reflejos de este Sam sin alma, Dean ya tiene la manilla de la portezuela en la mano, se lanzará y…

   -¡Ahhh…! -no puede evitar el jadeo de excitación cuando una enorme mano de Sam cae pesada y como un cepo sobre su hombro, asegurándose de rozar con sus dedos y palma su pecosa piel.

   -No irás a ninguna parte, hijo de perra. -estalla el menor, molesto, tanto con Dean como con él mismo por bajar la guarida aunque fuera por un segundo, pero ahora le tiene y recupera el control del vehiculo mientras clava sus dedos en la piel del rubio, quien se tensa y estremece, esa piel arde ya.- Ven acá. -le ruge, halando de él obligándole a caer de espaldas sobre el asiento, la cabeza sobre su regazo, rodeándole ahora el cuello con la mano. Siente como la yugular del cazador late con fuerza y rapidez, como sus mejillas enrojecen y sus ojos se oscurecen de lujuria.- No irás a ninguna parte. Nunca. Después de hoy sólo podrás pensar en cómo complacerme, qué hacer para hacerme feliz. Tu felicidad será brindarme placer, Dean. -mastica las palabras con ira, porque está muy molesto por toda la resistencia del otro, por no entender que jamás podrá abandonarle, por su intento de escapar. Por eso quiere destrozar su espíritu. Sabe que su toque le controla, que sus palabras le enferman, pero no le importa. Aprieta un poco, dificultándole tragar y había algo horriblemente erótico en tener a Dean Winchester así sometido.

   -Sam… Yo quiero otra vida, no esto, no lo sobrenatural. Ya me costó demasiado. Tú tampoco lo quieres. No eres tú, Sammy…

   -¡No me llames así! He querido hacer esto lo menos traumático para ti, Dean, quise que entendieras que… -se humedece los labios.- …No debías ni podías dejarme, pero no quisiste entenderlo. Me dabas el esquinazo para irte con esa perra. Y no es justo. Esto, esto es lo que hay para ti. Date la vuelta. -ordena.

   Dean no quiere obedecer, su mente grita en rebeldía y horror, también muy lastimado, ¿cómo Sammy le trataba así? ¿Cómo pudo hacerle eso? Pero claro, no era su Sammy. Obedece, torso sobre el asiento, piernas en el piso del auto, su barbilla sobre el muslo de Sam, tan lleno y firme bajo la tela. La mano del castaño entra por el cuello de su camisa, acariciándole sobre la franelilla. Cada pase de esos dedos despiertan ecos en su piel, se estremece, se eriza, se revuelve contra ellos buscando más mientras ronronea prácticamente. Parece un enorme y lujurioso gato hermoso. Pero su mirada, nublada con una lujuria que se dice sale de un hechizo, está clavada en el entrepiernas de Sam, donde abulta el pantalón de manera escandalosa, rumbo a su rostro.

   -Vamos…

   Esos dedos tras su nuca le empujan y con un gemido ronco de lujuria Dean baja el rostro, su barbilla roza la silueta de la tranca y Sam casi la siente contraerse bajo el jeans. Cuando el rubio, aumentando el parecido con un gato, frota un lado de su rostro, luego el otro, sobándole, casi teme correrse dentro de los pantalones. Los labios se abren y cierran sobre la prenda de vestir, apretando suavecito, y el roce y el aliento logran que esa verga casi destroce la tela. Pero es nada a lo que ocurre cuando Dean, con sus dientes, raya sobre la casi visible cabeza de la verga. El roce de esos dientes blancos y perfectos sobre el nabo casi consigue que Sam cierre los ojos y cambie de carril, pero se contiene. Tal vez era mejor dejarlo para después y…

   Gime agudo, también él débil, cuando el rubio alza las manos y con ellas atrapa la enorme corva, apretando una y otra vez de una manera enloquecedora. ¿Dónde diablos aprendió Dean a hacer eso? Ningún hombre podría resistirse a ello. La idea le tortura porque le hace sentir celos. Va a detenerle, de verdad, pero ya Dean abre los botones, separa y la verga casi parece una tienda de campaña dentro del negro boxer. Sentir nuevamente esos dientes, rayando ahora sobre la suave tela, le produce explosiones en el cerebro a Sam. La boca atrapa el glande aún cubierto y chupa, una sola chupada que obliga a Sam a aferrar el volante con la mano, espalda muy erguida. Era arriesgado, Dean podría caparle, se dice temiendo alguna maniobra de parte del otro, hasta que recuerda que nada puede hacer mientras le toque. Debería odiar eso, saber que el rubio está con él por un hechizo… pero la verdad es que no podía importarle menos. Lo único cierto, lo único real era que Dean estaba allí, bajándole el boxer, aparentemente maravillado por lo larga, gruesa y tiesa que tiene la verga. La verdad es que el mismo Sam no recuerda alguna otra vez en su vida que la haya tenido tan caliente y dura, pero claro, ¿cuándo las manos de Dean habían estado rodeándola así, apretándola?, ¿cuándo sus bellos y carnosos labios rojos habían estado tan cerca bañándole con su aliento agitado de excitación?

   La boca se abre y cae sobre la punta, chupando un poquito, y aunque le parece horrible, y se jura mil veces que matara a Crowley y a Sam lo despellejará lentamente, debe ser por el hechizo que el espeso líquido le sabe a gloria cuando moja su lengua estimulando todas sus papilas. Joder, sabía tan bien…

   Sam respira por la boca, todo erguido en el asiento, la mirada nublándosele por segundos cuando nota y siente los labios de Dean rodearle el glande, como le da besitos tibios y babosos y pequeñas lamidas, como esa lengua rojiza sale, hambrienta, buscando degustarle. Le ve la cara y le oye los gruñidos que sólo muestra y suelta cuando come hamburguesas, y sabe que le gusta. La lengua se enrolla más abajo de la cabecita, azotándola, haciéndola temblar de excitación. Ahora baja y sube por el tronco lamiéndola toda. Los labios se abren y cubre lentamente el tronco, desde arriba, apretándolo y chupándolo mientras va bajando, su lengua aplastada contra la pulsante materia.

   Dean cierra los ojos negándose a pensar en su situación, en todo lo que estaba haciendo, tan solo deja que ese cuerpo que no le responde tome el control. Chupa y cada gota que sale de la verga de Sam le encanta, sentirla llenando sus mejillas le parece maravilloso, así que chupa con fuera mientras con los dedos masturba más abajo. La rodea con su mano y le parece que la verga de Sam se amolda perfectamente a su palma, y sube y baja el puño con fuerza, mientras su boca va y viene sobre ella, la pulsante verga de su hermano, succionándola en estos momentos de manera alarmante.

   Frente a un semáforo Sam se detiene y tiene que cerrar los ojos, no podía estar gozando más. La mano de Dean sobre su verga es lo mejor que ha sentido, o lo segundo, su boca mamándole como un bebito grande, con mejillas rojas y cara de desear ya tragarse su semen, era enloquecedor. Y era lo que más quería, comenzar a subir y bajar su culo de ese asiento, cogiéndole la boca a Dean, llevándole su verga hasta la garganta y tenerlo bien lleno de sí, sintiéndose atrapado por su boca hasta que estalle. Dios, llenarle la boca a Dean con su espesa y ardiente esperma es lo que más desea; nada más imaginarlo, verle las mejillas abultadas con su jugo, algo de la olorosa leche escapando por sus labios, para luego darle un trallazo que le cubra la frente y la mejilla, era una idea insoportablemente caliente. Sueña, que le tiene de espaldas sobre una cama, la boca abierta, ronco, pidiéndolo, y él a hojarasca sobre su torso, masturbándose hasta que estalla y le cubre con su semen cada centímetro de su pecoso, altanero y hermoso rostro. Pero no podía…

   -Amigo, ¡qué mamada! Oye, rubio, ¿no quieres darme una a mí? -una voz masculina y divertida le trae al presente; otro auto, descapotable, con dos tíos con pintas de universitarios, les miran asombrados y divertidos.

   -¿Te gusta mamar, rubio? Vamos, montemos una fiesta para tres.

   Sam, nariz hinchada, se vuelve, el arma en su mano y los sujetos gritan mientras parten raudos. Hijos de puta. ¡Dean era suyo! ¡Sólo suyo!

   -Basta. -ordena, pero Dean ronronea y sigue mamando.- Qué pares. -le aparta con cierta dureza, y aunque se supone que no siente nada, le parece notar algo de pesar interno cuando Dean, labios muy rojos y húmedos, algo de saliva en su mentón y mejillas enrojecidas le mira con frustrado puchero. Afinca su agarre sobre el rubio- Lo siento, Dean… mi leche es para tu culo. Una vez que mi semen inunde y nade en tus entrañas serás mío para siempre. No habrá vuelta atrás. Y voy a asegurarme de estar bien cargado de esperma para ese momento.

   -Sam… -se estremece de lujuria, pero en sus ojos también hay temor.

   -Lo siento, Dean, es necesario. Una vez que te haga mío, que mi verga llene tu culo, nunca podrás escapar de la necesidad de servirme. Serás mi esclavo sexual, pero, ey, no te preocupes, será bueno. Estaremos juntos. Para siempre, como lo querías desde el momento que fuiste a buscarme a la universidad y yo estuve dispuesto a dejar a Jessica por ti. -intenta animarle.- Mira, el hotel. Llegamos…

CONTINÚA … 8

Julio César.

UN MOMENTO DE HORRIBLE APURO

octubre 29, 2012

CUMPLIENDO 

   Cuando su jugado estrella entró preguntándole si deseaba que le enseñara de lo que era capaz desnudo de bola, casi se muere… La emoción le hizo toser y el muchacho casi se va creyendo que no quería.

UNA AMENAZA TONTA

Julio César.

COMO DIRÍA DEAN, MUERDEME EL…

octubre 29, 2012

LA MAMÁ DE KEVIN                         OTRO FINAL SUPERNATURAL

   ¿Soñaba con él?

   Comienzo diciendo que este cuarto capítulo no me gustó mucho. Aclaro, Supernatural es como Xena, los Expedientes X y Stargate SG1, no tiene capítulos malos, tan sólo que unos son más intensos que otros. Este no fue de los intensos. A veces pasa. A la serie le gusta experimentar, tres universitarios lidiando con la naturaleza de la bestia, pero no resultó. Hubo tres cosas que no me convencieron, una que si me gustó, que promete mucho y que creo será polémico. Son suposiciones mías hechas en base a la serie y el temperamento de los personajes, así que no deben tomarse como la Biblia, cualquiera con argumentos contrarios (en base a la serie y el temperamento de los personajes), puede rebatirlos.

   No me gustó que casi no aparecieran los hermanos. La historia se centró en esos jóvenes estudiantes, y la serie Supernatural son Sam y Dean, con la excepción tal vez de Bobby. El episodio de la sexta temporada, En fin de semana de Bobby, fue increíble, era tan dentro del programa lo que ocurría y su vida estaba tan ligada a los hermanos, que fue perfecto. O será que como lo dirigió Jensen Ackles así me pareció. A mí nunca, pero nunca, me gustaron los Ghostbusters, en secreto siempre esperé que murieran. Por ahí se dijo que pensaban en una serie aparte, qué locura.

   No me gustó lo de las cámaras grabando a toda hora, no disfruté El Proyecto de la Bruja de Blair por ello, ni las peleas de Batman en El Caballero de la Noche (la película del Guasón). Me desconcentra ese vaivén. Y por último, la trama en sí no fue la gran cosa. Me pareció un intento, que se quedó en eso, de recrear el suspenso de la película Tumba al ras del Suelo. Fue flojo aunque supieron demarcar a los personajes (Michael, Brian y Kate) estuvo bien, lograron hacerlo. La bonita, el atleta buena gente y el medio nerd (quien daba muchas señales de ambigüedad, la serie sigue siendo conservadora, ¿no habría quedado mejor, por sorpresivo, que Brian quisiera a Michael?). Pero el ataque del monstruo, el otro universitario violento, las persecuciones y asesinatos fueron insustanciales. No resultaron interesante y eso que Supernatural es una serie donde la sangre y los ataque son brutales, ya aún en la primera temporada, con el wendigo, por no olvidar a la pareja matándose a mordiscos en la quinta temporada, o la trampa que Destino coloca a ese hombre en el garaje de su casa cuando la puerta le decapita en la sexta. Esas escenas les quedan bien, estas no resultaron de interés.

   La trama se basó en gente joven y hasta buena, ingenua, a quienes les ocurre algo terrible, algo que no se buscaron y uno de ellos termina como un monstruo, un hombre lobo. Si, ya ha habido otros hombres lobos (comenzando por la memorable Madison, la primera mujer a la que Sam amó después de la muerte de Jessica), pero estos eran especiales, un chico que no quería creerse un monstruo y otro que intenta controlar su naturaleza salvaje por temor a que los cazadores vayan por él.

   Michael no resultó interesante, Brian si lo fue un poco más, pude entender su afán por tener esa condición (no creo fuera simplemente que envidiara a Michael, deseaba poderes), pero Kate si que me resultó desconcertante. Imagino que porque soy hombre. Ella no quiere ver que algo está mal con su novio, intenta justificar asesinato que comete como defensa propia y cuando ya no puede rebatir lo del corazón devorado, estalla contra el otro amigo. Para mí es difícil de entender, pero eso ya me ha pasado antes. Hace muchos años escuché un programa sobre un japonés que mató en Francia, a mediados de los setenta, a la novia que pretendía terminar la relación, procediendo luego a comérsela. Se le detuvo, se dijo que sufrió un shock sicológico, que estuvo temporalmente fuera de sus cabales y no se le condenó; de regreso al Japón las autoridades dijeron lo mismo, quedó libre, escribió un libro sobre su crimen y se volvió famoso, una joven holandesa comenzó a salir con él y cuando pretendió dejarle… desapareció de la faz de la Tierra. Las autoridades sospecharon del antiguo caníbal, pero sin confesión, pruebas o un cuerpo debieron dejarle libre. ¿Lo que me sorprendió de todo eso?: Que después de matar a una novia y comérsela, otra mujer saliera con él. ¿Soy sólo yo o es la muestra de una de las mayores insensateces de este mundo? Así me pareció Kate. ¿Qué ella le amaba y deseaba protegerle porque él era su todo?

   Bien, la historia termina como termina entre Michael, Brian y Kate, ella deja el video explicándole a los cazadores todo lo que pasó y les pide que no vayan tras ella, que desaparecerá, que jamás atacará a un ser humano (Brian ya no lo era), que ella no pidió ser eso. Y llegamos a los hermanos. Sam, el Sam de siempre, el que intercedió para ayudar a la vampira Lenore (que se alimentaba con sangre de animales), vuelve a hacerlo. Le dice a Dean que Kate es inocente, que no ha hecho nada malo aún, que si lo hace irán tras ella. Se nota que desea convencer a su hermano, y creo que se sorprende cuando este asiente dándole la razón. Confieso que a mí no me sorprendió, por lo que va de temporada Dean no podía responder de otra manera porque ha cambiado. Cuando Lenore, se contuvo de atacarla por pedidos de Sam, con Ruby y Amy no. Ahora si, ¿qué ha variado? El cazador mismo. Lo vemos cuando la joven en el video dice que ella no pidió eso, ser un monstruo, y que no ha atacado a nadie. Esas palabras calan en Dean (la toma lo muestra), ¿por qué? ¿Por Benny? ¿Qué le ha contado este? ¿De qué hablaron en el Purgatorio? Aún creo que cuando Benny le llama “hermano” es porque supo o Dean le dijo que una vez fue vampiro. Como sea, Dean consiente en no perseguir a la joven, quien apenas les lleva medio día de ventaja.

   Un capítulo desde el punto de vista de los monstruos, ¿algo extraño? No, porque por no muy bueno que fuera, era necesario ya que esto es Supernatural y sabemos ya, por adelantos, que la semana que viene Benny, el vampiro, pide ayuda a Dean y este acude. Aparentemente no será tanto por obligación como pensé que sería la relación antes de comenzar la temporada, por comentarios en otros foros, sino porque parece haber un real vínculo entre ambos. ¿Amistad? ¿Gratitud? Puede ser. Como que es Benny quien le ofreció una salida del Purgatorio, y eso cuando no sabía que Sam no le estaba buscando. Imagino que de buenas a primera muchos dirán que Dean es un hipócrita, que mató a Amy y ahora justifica la existencia de Benny, pero, como todo en la serie, la explicación se da por sí misma aunque a veces muchos quieren pasar sobre ella sin notarlo.

   ¿Cómo enfrentará Sam la existencia de Benny? Eso es lo interesante. En este episodio un hombre mayor vive escondiendo su lado salvaje por temor a los que vayan a cazarle, aunque la tentación de devorar un corazón humano es demasiado grande como él mismo lo admite, por lo que termina cediendo. Cuando Lenore, la vampira, es atrapada por Gordon Walker, y este intenta incitarla a alimentarse, la mujer resiste. Amy, en la sexta temporada, parecía una mujer dulce con un empleo, una hipoteca y un hijo, de bajo perfil, alimentándose de cadáveres en una morgue; que Dean no le diera una oportunidad, aún cuando Sam se lo había pedido, pareció cruel, pero nunca hay que olvidar que ella asesinó a varias personas en ese mismo episodio, porque lo necesitaba. Que dijera nunca lo volvería a hacer ya no valía nada, porque Dean sabía que enfrentada a la encrucijada volvería a matar. ¿Es el caso de Benny? ¿Qué clase de vampiro es? ¿Ha matado? No lo sabemos todavía y tenemos que averiguarlo porque si es o fue un vampiro tipo Lenore, hasta Sam pediría que se le diera una oportunidad, como en el caso de Kate, la chica lobo. ¿Ocurrirá así? Ya lo sabremos. Puede ser un episodio controversial porque, aunque moleste la idea a muchos, Benny ayudó a Dean del otro lado (aunque fuera para salvarse a sí mismo), mientras de este lado del telón nadie hacía nada.

   Un punto interesante, y que hay que comenzar a ver con interés, es la entrada de lleno en el Wincests. Cuando en el segundo episodio Dean le dice a Sam que no quiere seguir sin él, expresé en ese momento que al espectador casual le habría sonado como una declaración de amor, quien conoce la serie sabe un poco más; en ese instante pensé que era un detalle al vuelo. Pero vuelve a aparecer. Con un sólo episodio de por medio. Cuando Michael, Brian y Kate siguen a los hermanos, Michael comenta algo como ¿soy yo o suena a romance en la oficina?; luego, cuando les graba en el comedor, Brian dice que cree que tiene razón, que hay algo de amor en esa relación. Es curioso que presenten este aspecto de manera tan directa; como ya he comentado mil veces, hasta la llegada de Castiel con su manera extraña de mirar a Dean jamás había notado ese matiz de tensión sexual homosexual, aunque ahora, si uno vuelve a la primera temporada lo encuentra en los detalles, en el mismo episodio piloto cuando interrogan a unas jóvenes y los dos están sentados hombro con hombro. Pero nunca se llamó así por su nombre, ni de manera tan seguida, claro, les confundían en algún hotel, el mismo Dean, en la quinta temporada habla de no saber qué existe entre ellos, si es familia, amor o lo que sea; pero ahora es como más abierto. Imagino, y es sólo una suposición, que en el set de Supernatural están muy al tanto del fandom y el poder que este tiene, con los fans, en premiaciones y la permanencia de la serie.

   Tal vez quieran explotar un poquito más este filón, cosa valida; es un detalle “deliciosamente escandaloso y excitante”. Recuerdo que en la serie Héroes, dado los resultados en Supernatural, se hizo con los hermanos Petrelli (Peter y Nathan), de quienes hasta historias se escribieron. Es de suponer que aquí se presenta como un regalo a esa legión de seguidores… O que jugarán a los celos, dentro del fandom y la serie misma. ¿Acaso muestran toda esa química y cercanía, todo ese cariño filiar que puede confundirse con otra cosa, para luego contrastarla con otros personajes? Y estoy pensando en Amelia y Benny. Mucha gente detesta a Castiel (no a Misha Collins) porque “se interpone entre Sam y Dean”. Por lo mismo odiaban a Ruby. Sería un agregado interesante, aunque creo que no todos puedan asimilarlo fácilmente. Cosa curiosa, el recelo que muchos ponen sobre Benny no lo aplican con Amelia, será porque todavía no termina de aparecer.

   Y Dean preocupado, ¿en realidad digo genial demasiadas veces?; eso fue… genial.

   Ya lo dije, la temporada comienza increíblemente bien… aunque este episodio no fuera de mis favoritos. Cosa que no vale de nada, las veces que lo transmitan, luego en televisión, lo veré. ¿Qué puedo decir? También soy un fan. De la serie y el fandom.

Julio César.

TRES HOMBRES Y UN DESTINO… SERVIR… 3

octubre 29, 2012

… SERVIR                         … 2

   Un hombre cruel e infernal está sentenciado a muerte en una cárcel y decide divertirse antes de que llegue el final… Tomará a tres sujetos y los convertirá en sus putas. Uno será su hembra, otro será usado por sus compañeros de trabajo, el tercero descubrirá un fetiche que le hará delirar. De Cierta manera, y aunque es un relato maldito, este no parece tan feo a la larga. Disfrútenlo.

……

the convicted’s whores  

by Lexicode

   Imaginar lo que le hará le emociona…

……

   -¿Qué ocurre? –aparece Slater atraído por el grito, mirando del criminal al abogado, acercándose, ojos algo burlones sobre Jeffrey.

   -Nada jefe, el abogado y yo no estamos conociendo. –informa Read, un hombre de mente realmente peligrosa, a sus ojos no escapa la burla dominante de Slater al ver al abogado que enrojece y baja la mirada, con tan mala suerte que la deja por un segundo de más sobre la silueta de la verga del otro tras las ropas. ¡Vaya!

   -Bien, calma, que ya la tarde ha estado muy revuelta. –anuncia Slater mirándole feo.- Hay un herido en la enfermería…

   -Los convictos son tan ruines… -se burla Read viéndole salir, enfilando luego hacia el otro.- Dile tu jefe que…

   -Mi suegro… -traga rápido, rojo otra vez.- Mi jefe quiere que le garantice que el bufete hará todo lo que esté en sus manos, y más, por complacerle y ayudarle a librarse de la condena a muerte. –balbucea con rapidez.

   -¿Tu suegro? ¿Estás casado? ¿Con la hija del jefe? –medio ríe, divirtiéndose de verdad.- Mierda, ¿cómo? Eres un marica fetichista, creí que tenías a un enorme negro esperándote en algún lugar para llenarte la boca con su tolete amoratado, grueso y lleno de jugos, para luego hacerte gritar de gusto mientras te la clava en el culo y te lo deja lleno de leche. Te gustan así, ¿verdad? Negros y grandes.

   -¡No! –jadea aterrado por la idea, acomodándose los lentes sobre la nariz.- Yo no… -Read se tiende un poco sobre la mesa.

   -Cuando Slater, ese vigilante negro entró, enrojeciste, tus pupilas se dilataron y aspiraste… buscando su olor, ¿verdad? La perra buscando macho. Lo noté… -le mira ceñudo, burlón.- ¿Le has visto la verga? Sé que la tiene grande, el negro ese.

   -¡No! No sé de qué… Esto no tiene nada que ver con mi trabajo aquí y creo que…

   -¿Le viste la verga? –ladra, autoritario, sonriendo internamente al verle encogerse.

   -Señor Read…

   -No me hagas llamar a Slater y preguntarle, disfrutará humillándote. –advierte y espera, Jeffrey sólo puede tomar aire con esfuerzo, ¿cómo cayó en semejante conversación? Intenta reponerse pero el otro no le da tiempo.- ¡Slater!

   -¡No le llame! –grazna, transpirando.- Si, se la vi en el baño; orinaba y él llegó y…

   -Sacó su enorme pieza y un chico reprimido como tú no pudo dejar de verla. ¿Te la imaginaste cómo sería erecta y llena de sangre buscando donde meterse? –se reclina del asiento, fumando, casi docto.- De eso no se habla, pero en muchas fraternidades universitaria muchos chicos blancos, gallitos con las porristas, los alfas de pelea… han mamado una verga negra. Les encanta sentirlas llenando sus bocas. Puede ser curiosidad, o embriaguez o drogas, pero cuando se presenta una oportunidad esos chicos caen sobre esos negros pedazos de carne con verdadera hambre. Al menos una vez. ¿Lo probaste tú, abogado, cuando estudiabas? ¿O te reprimiste?

   -Esto no… ¡Váyase a la mierda! –grazna Jeffrey, incapaz de pensar, poniéndose de pie y tomando sus cosas, disponiéndose a marcharse. Read sonríe cruel.

   -Escúchame bien, pedazo de marica… sienta tu culo todavía virgen sobre esa silla… o no podrás decirle a tu suegro que me convenciste de seguir con ustedes, dejándome muy satisfecho además. –reta, mirada diabólica, preguntándose sí cederá, sabiendo de la lucha en el interior del otro hombre.

   Una que puede decidir su vida para siempre.

   Jeffrey hierve de furia, o de frustración, tal vez incomodidad. O temor. No sabe bien qué, pero las palabras de ese hombre eran como ácido bañando su cerebro. La manera en que expone sus puntos de vista, convencido de su veracidad, rebajándole, era horrible. Quiere irse, pero este sujeto, ese monstruo, por alguna razón que se jura investigará, era de importancia para el bufete. Ceñudo se pregunta exactamente por qué. Está bien, entiende que defender y en cierta medida garantizarle la vida a un sujeto como ese le daría “prestigio” (si es que se buscaba ese, el de defender mierda y ganar), y nuevos contratos. Carteles de drogas, sicarios, la mafia y los grupos radicales. Era mucho el dinero del bajo mundo, lo entendía aunque lo deploraba, y en secreto soñaba con estar muy lejos cuando todo eso ocurriera, pero por ahora…

   No lo estaba haciendo bien y su suegro (así como su propia mujer) no se cansaban de recordárselo… delante de quien fuera. Imagina el momento de gloria, con el pecho agitado por la lucha que libra, llegando con la noticia que logró convencer a Robert Read de continuar con ellos. Ya puede ver la sorpresa del viejo vil, luego su falsa sonrisa de encomio. Bajando la mirada, sintiéndose profundamente humillado, toma asiento, conciente de la radiante sonrisa del otro, del ganador, la del hombre que se impone sobre otro de voluntad más débil. Cierra los puños bajo la mesa.

   -Calma, abogado, no tienes que ponerte así. No te ataco, simplemente señalo el hecho de que parecías impresionado por el tamaño del paquete que el jefe Salter guarda dentro de sus pantalones. Y no es tan extraño, te lo dije para calmarte cualquier angustia interna, hay chicos blancos que enloquecen cuando ven una así, aunque no lo sepan ellos mismos. Aunque sean heterosexuales… -encomilla con los dedos de su mano libe, cigarrillo en la boca, voz cruelmente burlona.- Dale la oportunidad a un chico así de estar en un sofá o una cama viendo una porno con un negro, y que este se la saque para masturbársela, y ese chico terminará gimiendo mientras la traga. Es matemático. Aunque hay que tener cuidado, si te descuidas quieren romperte el culo metiéndotela. Esa es otra constante… a los tíos negros de vergas grandes les encantan lo culitos estrechos de los chicos blancos. Es algo que les excita de manera increíble, es lo único que pueden pensar cuando son presentados a hombres blancos la primera vez, en clavárselas por el culo. -termina con aire académico su disparates, disfrutando el enrojecer de ese rostro, la ira brillando en las pupilas del otro.

   -Parece hablar por experiencia. -ataca y el criminal entrecierra los ojos.

   -¿Qué puedo decir, abogado? Fui joven, calentorro y tuve algunos amigos negros. -la sonrisa cruel se cuela, y Jeffrey se desconcierta por tal admisión, aunque no se le escapa el “tuve amigos”, en pasado. Se pregunta qué pudo ocurrir con esos amigos.- Dime, ¿cómo es estar casado con la hija del jefe?

   -Está… está bien. -se incomoda.

   -Ah, no era lo que esperabas. La dulce y bonita chica, la hija de un pez gordo se fija en ti, ¿pero luego resulta que no es tan agradable? -le estudia como un halcón, le ve llevarse una mano al nudo de la corbata.- Ya veo… seguramente se decepcionó de ti.

   -¡He hecho todo lo que puedo! -se le escapa, frustrado.- Dios, lo intento. quiero que sea feliz, estar a la altura de sus expectativas, pero… -traga en seco, deteniéndose, quitándose los anteojos y secándolos con la corbata.- Señor Read, no estamos aquí para hablar sobre mí…

   -¿Piensas que tu deber es hacerla feliz? -arruga el ceño.- ¿Qué es tu labor?, ¿tu trabajo? ¿Por eso te que quedaste a pesar de lo que dije? ¿Por qué sientes que debes complacer a otros, a tu mujer, a tu suegro? Amigo, ¡qué agotador! -se burla.- Vivir pendiente de otros es estúpido, no te deja ser quien eres. Debes dejarte llevar por tu naturaleza…

   -¿Y terminar asesinando y destazando gente? -debe atacar, respirando agitado, inquietándose cuando el otro le mira feo.

   -Una palabra más al respecto, niño blanco que gusta de ver vergas negras, y te largarás sin nada. Bueno, con una nota mía diciendo lo terrible que fuiste. Dirigida a tu jefe y suegro, con copia a tu mujer e hija de tu jefe. -es cortante y disfruta internamente viéndole tragar saiva y bajar la mirada, claudicando.- ¡Discúlpate! -ordena, casi haciéndole pegar un bote en la silla.

   El abogado duda, el otro le mira feamente.

   -Yo… lo siento, me sobrepasé con el comentario. -esas palabras le suenan a derrota a él mismo, sensación que se intensifica cuando Read sonríe, disfrutándolo.

   Ese tío era un pobre imbécil, le cataloga mentalmente, ojos brillantes de maldad. Podía utilizarle. Tal vez, al final, no lograría solamente escapar a la pena de muerte… Quieto, se recomienda, no debía engolosinarse. El camino no sería fácil. Tenía que moverse con cautela y este tipito le ayudaría.

   -Okay, abogado. No hay resentimientos. No soy rencoroso. -le sonríe, luego pone cara serie y abre mucho sus pequeños ojillos, algo escalofriante.- Soy inocente. -anuncia y debe contener la risa interna cuando nota desdoblarse el rostro del joven hombre de leyes, aunque intenta disimularlo.- Lo sé, lo sé, todos dicen lo mismo cuando les atrapan. Y tengo cara de sádico criminal. Pero yo no maté a esas dos mujeres en la embutidora. Ni las despedacé y mucho menos las mezclé con carne enlatada. -abre mucho el brazo libre después de arrojar el cigarrillo. Cada palabra produce un estremecimiento en el otro.- ¡No soy un caníbal! -casi gime.- Todas esas cosas son locuras, ¿quién puede hacerlas? -y Jeffrey se muerde la lengua para no responderle.- Fui… acorralado. Se me tendió una trampa.

   -Por Dios, señor Read…

   -No, en serio. El policía que investigó, Selby, era un idiota, igual que su compañero. No hicieron nada por aclarar toda aquella carnicería; la perra que convivía conmigo en ese momento, una perra rabiosa, me señaló. Por inmunidad. Para que no se le investigara a ella… y creo que fue Marie quien lo hizo. De hecho la dejé por eso, poco antes de todo ese desastre, porque era una bruja inestable. Y no lo tomó bien.

   -Señor Read, ya se le ha investigado y no se encontró nada que…

   -No se buscó. Ella tenía un diario, una mierda de esas que los maricas y lelos que prefieren soñar a vivir llevan bajo sus camas; creo que eso la ayudaba a mantenerse cuerda. Y ahí lo vi. Ella ya había matado. Cuando lo supe, cuando lo leí, lo que pretendía hacerles a algunas mujeres con quienes me relacionaba, profesional y socialmente, claro, comprendí que era una loca de carretera. No dije nada por… -se encoge de hombros.- Creí que la policía notaría mi inocencia y no deseaba entregarla. Era una perra, pero estuvimos juntos un tiempo. Eso cuenta, aunque fuera una asesina.

   -¿Matado? ¿A quién? -se intriga a su pesar.

   -No lo sé, a un hermano o a sus padres. No me detuve mucho con su diario, casi me asustó cuando leí, no quería que me encontrara con él en las manos. Sabes la fuerza que tienen las locas…

   Jeffrey le mira confuso, sabe algo de los antecedentes de Marie Sullivan, mujer misterios y de mal aspecto que le desagradó la única vez que le vio, pero de ahí a suponer que fue ella quien…

   -¿Por qué no se le investigó?

   -Ella montó bien su show, tarde lo entendí, la aterrorizada mujer que escapa de un destajador. -toma aire.- ¿Cree en realidad que habría sido tan tonto como para conservar esos restos después de la primera visita de la policía? No sabía nada, esa perra astuta me había sembrado bien. Pero no es tan lista… -baja la voz, confidencial.- …Sé dónde deja sus cosas cuando desaparece, como ahora. Tengo entendido que ese sucio policía ahora ha manifestado interés en ella, tarde para mí, pero…

   -Puedo ir a hablar con el comisario. -se ofrece, intrigado y lleno de adrenalina. ¿Y si ese monstruo no era tal y la verdadera criminal andaba libre? Ya se imagina resolviendo el caso, excitado.

   -No tan rápido, amiguito… -sonríe cruel.- Soy un hombre con necesidades… dime, ¿es hermosa tu mujer? ¿Es una de esas putas de tetas grandes, culo estrecho y vagina hinchada al ser toqueteada por mil hombres mientras estás trabajando? -le ve palidecer, furioso.

   -Eso no tiene nada que ver con…

   -Estoy solito, abogado, necesito de las fantasías para sobrevivir. Así que tráeme… -sus fosas nasales de hinchan de lujuria.- …Unas pantaletas de tu mujer, pequeñas y sexys, putonas… usadas por ella.

   -¿Qué? ¡No! -grita horrorizado.

   -Entonces… no hay trato.

   -¡Maldito enfermo…! -se atraganta pero intenta controlarse.- Creo que no se da cabal cuenta lo que está en juego aquí. Su vida. Y soy yo quien puede…

   -Si busco otro bufete y le cuento esto, harán fiesta. Y me ayudarán y mi vida se salvará… Y tú tendrás que regresar como el fracasado que eres frente a tu suegro y tu mujer. Dime, ¿cuántas veces les has defraudado, como abogado y como hombre? Tráemelas, unas pantaleticas pequeñas que huelan a hembra en celo… -cierra los ojos y se lleva unos dedos al rostro y olfatea.- …Y te contaré cosas que nadie sabe. Las que sí hice, por esa perra que me traicionó. Tráeme esas pantaleticas, abogado, y tú desentrañarás los crímenes de la calle Stockton. -ve la lucha del otro, horrorizado y molesto, también desgarrado entre la oportunidad de un gran éxito u otro fracaso. Sabe que juega con su ambición, la despertó y el otro puede caer, y más de lo que imagina; para cuando se diera cuenta de qué tanto ya estaría perdido.

   -Yo…

   -¿Lo harás o no? -demanda duro ahora, como todo macho alfa enfrentado a un subordinado.

   -Si. -concede dejando caer los hombros, derrotado, sin mirarle.

   -Perfecto. ¡Jefe! -grita mirando hacia la puerta, impaciente; ahora tiene prisa, aún debe hacer otra cosa antes de atender a su bella princesa, su nueva putita, Daniel Pierce; nada más recordarle se le endurece la verga bajo la mesa.

   -¡Sin gritos! -advierte Slater entrando hasta un lado de la mesa, mirando de uno a otro, notando el velado júbilo de Read, poniéndose en alerta. ¿Qué estaría tramando el taimado cabrón? Luego ve al abogado, enrojecido, mirada baja. A este tipo lo quebraron, se dice.

   -Mi abogado se retira… por ahora. -el hombre joven se pone de pie, sin mirarle.- Por cierto, jefe, trate bien al chico… le atraen los negros grandes de vergas enormes.

   -¡No! -jadea rojo de vergüenza, teniendo que soportar la risa de Read y la sonrisa burlona de Slater.

   -Lo tendré presente. -dice mientras le señala la salida a un mortificado Jeffrey que se detiene frente a la metálica puerta, comprendiendo tarde que cometió un error cuando tras él, muy cerca, se levanta un brazo negro, casi rozándole, que abre.- ¿Algo más… abogado? -pregunta ronco y burlón. Riendo cuando el otro casi escapa a la carrera, se vuelve hacia Read.- ¡Eres una mierda! Mereces que ese sujeto no te ayude.

   -No se engañe, jefe, no bromeo… De verdad le gustan los negros grandes. Él mismo no lo sabe aún, pero busca al hombre que le descubra como el sumiso del color que es. –y sonríe socarrón, porque él sabe.

……

   La noche cae al final de ese largo día y Read fuma en su celda, esperando. A lo lejos se escuchan gritos, risas, peleas. Oye los pasos que se acercan, Lomis, el vigilante pelirrojo aparece, sonriendo.

   -¿Aún no llega tu princesa? –es burlón. Reid, sin dejar de fumar, se pone de pie lentamente, tomando algo debajo del colchón. Despliega tres billetes frente a los ojos del otro.

   -Lo hiciste bien, perro. –le tiende el dinero.- Pero me pregunto… ¿quieres divertirte… como te gusta? ¿Mucho, mucho?

   El otro le mira con desconfianza, asegurando el dinero del pago por hacerse de la vista gorda en aquellas duchas.

   -No creo que tengas nada que me interese.

   -¿No? ¿Acaso no quieres un perrito nuevo? Sé que te gustan. Conozco uno muy lindo, un cachorrito adorable listo para aprender a olfatear braguetas.

   Lo dice y sonríe, fumando, mirándole fijamente. Si Lomis se negaba sería un problema, pero no lo cree. Sabe los resortes que despiertan esa mente oscura y tortuosa, la urgencia que le mueve. Su ofrecimiento, carne nueva, un lindo cachorrito presto a aprender era algo que no podría rechazar. Y le necesitaba, necesitaba de Lomis si quería…

   -Okay, ¿qué tienes en mente? –cede, voz algo ronca, ojos brillantes.

   El delincuente sonríe aliviado, aunque sabía que así sería. Lomis no podía resistirse. Ahora sólo quedaba actuar.

……

   Pensó que pasaría la noche en la enfermería, la verdad sea dicha, se dice Daniel Pierce, tembloroso, escoltado entre dos custodios mientras le llevan a su celda. Desea correr, gritar, suplicar que no, que le permitan volver con la doctora Harris, cualquier cosa con tal de no enfrentar a ese hombre. Pero no lo hace. Tan sólo puede mostrarse muy pálido y tembloroso. Teme a ese sujeto, sabe que no puede confiar en nadie, que nadie le ayudaría; teme a ese edificio donde encierran a los transgresores, aunque nuevo y sólido se veía siniestro. Por la gente. Reclusos, vigilantes, todos.

   Por un instante de rebelde locura pensó en armar un escándalo que le llevara frente al sistema todo de justicia, para que le protegiera de ese acoso; pero que uno de los vigilantes se prestara a dejarle servido en bandeja de plata para que tres sujetos abusaran de él, le enseñó que allí adentro funcionaban leyes que no entendía, y que no le convenía desafiar aún. No sin saber a qué se enfrentaba. Ahora le llevaban con Read, todo el cuerpo le duele, su culo es una tortura a cada paso, pero sabe que no puede esperar nada de nadie. Ni solidaridad de unos vigilantes que tal vez saben, tal vez no; mucho menos de ese sujeto.

   Traga todo ojos cuando le detienen frente a su celda, el guarda grita y la reja se abre con un sonido aterrador. No, no puede entrar. Quiere pero no puede, las piernas no le obedecen.

   -Adentro, convicto. -gruñe el sujeto de cara redonda como luna, Adams, empujándole por la espalda.

   Trastrabilla, quieto, cerrando los ojos cuando la reja se cierra a sus espaldas y Read baja de su litera, alto y sólido. Los vigilantes se marchan y Daniel se sabe solo frente a su destino, obligándose alza la mirada para notar que el otro está usando una camiseta de mangas abiertas que deja ver sus hombros y brazos velludos, recios, sus tatuajes, la panza algo abultada, así como unos boxer largos y holgados de donde parten sus piernas gruesas como postes velludos. Fuma, un cigarrillo blanco que emana un olor dulzón y no totalmente descocido.

   -Amigo, es grato ver tu culo por aquí… -se burla cruel, disfrutando el temblor convulso del otro, su ira apenas contenida por el temor.- Tú y yo vamos a conocernos muy bien. –aspira algo del humo.- ¿No lo sientes? Huele a romance.

   -Por favor, no; no haga esto. Puedo darle… dinero, conseguirle lo que quiera. Mi familia…

   -¿Dinero? ¿De qué me serviría? Van a ejecutarme, gatita. El dinero pierde valor en momentos así y lo espiritual, el cariño, cobra fuerza ante lo material. -sonríe.

   -¡No soy un marica! -jadea desesperado.

   -¡Te escuché la vez pasada! -ruge.- ¿Y sabes qué? No me importa. Me paso por las bolas que no quieras mamar o dejarme entrar en tu culo. Lo único que debes tener en claro es que serás mi puta; de mi mano aprenderás tu lugar, llegarás a amar ser mi perra dócil y sumisa, siempre pendiente de darme placer. Ahora no lo crees, te cuesta, pero será así. He tratado con gatitas como tú antes, todo machitos y ariscos, y luego lloran cuando les digo que ya no deseo compartir mi cama con ellos. Igual te pasará a ti, cuando lo nuestro termine y te regale a alguien más, me suplicarás por continuar a mi lado.

   -No… No, eso nunca pasará. -jadea, entre molesto y aterrado no sólo por las palabras, sino por toda la promesa de horror que conllevan. Da un paso atrás cuando el otro tiende una mano… dejándola congelada en el aire.

   -¡Maldita puta! –Read, rápido da un paso y le atrapa el rubio cabello en un puño, halándole y ladeándole la cabeza.- Nunca te me niegues otra vez, zorra, o mi cinturón dejara unas buenas marcas en tu culo rebelde. Aquí no tienes ninguna opción, será mi puta cuándo y cómo yo lo quiera o serás la perra de todo el penal. Conozco a los tipos como tú, aunque has delinquido te crees una víctima, mejor que el resto de la mierda de este presidio, que el mundo te debe y que puedes salir bien librado de todo al final. No eres de los que se cortan las venas o se ahorcan. -le aclara, rostro cerca ya que baja el suyo.- O eres mi puta o lo serás de todos, y los muchachos te marcarán con sus navajas, cuídate de los que tienen nombres largos; te cortarán las tetillas sólo para reír mientras lloras; te violaran en grupo, serás oficialmente “la perra”, lo más indigno en un penal, hasta que un SIDA te mate.

   Daniel quiere resistir, ser duro, pero ese panorama de horrores, todos muy posibles, rompen algo en su alma y aunque lo intenta no puede evitar el llanto, las lágrimas corriendo por sus mejillas. Read le mira, estudiándole, sonriendo para sus adentros, soltándole el cabello y limpiando con sus pulgares esas lágrimas.

   -No, no, tranquilo. Ya te lo dije, te gustará ser mi puta. Después de un tiempo no recordarás un momento cuando no estuvieras allí, dispuesto para darme placer. -le acerca el dolido y aterrado rostro, casi labios con labios.- Amarás mi verga, su sabor en tu boca, lo adorarás cuando abra tu culo, llenándolo. Mi semen será la cosa más preciada para ti.

   -No… -gimotea bajito, tragando, endureciendo luego el semblante. No, no le dejará hacerle eso. Antes de convertirle en esa piltrafa…

   -Imagino que después de cabalgar durante horas tu culo delicioso, dormiré como un bebé, agotado de tanto placer, y es posible que estés pensando “en ese momento, cuando caiga como piedra, le mataré”. Si, matar al viejo Read mientras duerme, pero… -su voz es terrible, su mirada peor, es oscura y el rubio teme, esa debió ser la que notaron sus víctimas en aquella fábrica.- Tengo el sueño ligero, si vas a atacarme hazlo rápido y sé certero, o te haré cosas terribles. Romperé tus brazos y piernas, de manera dolorosa, no pondrás moverte o tomar nada; meteré mis dedos en tu boca y halaré hasta desencajar tu mandíbula, la lengua te colgará y te la arrancaré, ni imaginas la sangre que sale de allí; luego te cortaré el pito, no de un navajazo, me llevará un rato, cuchillada a cuchillada, quemándote luego el muñón. Y cuando más te duela, cuanto más quieras gritar, pequeña putita mía, te silenciaré con un calzoncillo sucio y tu propia verga en la boca; te ataré y comenzaré a desollarte vivo, lentamente, y puedo asegurarte que te tragarás el calzoncillo y tu pito. Me daré mi tiempo, horas… días, tal vez. Y a cada segundo espero que recuerdes que fue algo que te buscaste, que no fue mi culpa, que fuiste tú por pretender ser una puta mala.

   Daniel no puede responder (¿qué iba a decir?), tan sólo temblar con la garganta seca y el corazón enloquecido, mirándole francamente horrorizado. El otro sonríe, cruel, alejándose dos pasos, dándole una calada al cigarrillo y arrojándole el oloroso humo a la cara, ahogándole un poco. Mierda, ¡hierba!, ¿cómo la fumaba así en…? Deja de preguntarse nada cuando el otro le recorre con la mirada.

   -Desnúdate. -ordena frío, y el otro hombre tiembla más, al borde del colapso, no es sólo la rabia de la impotencia, o el verse atacado en su hombría, era… mierda, le dolía el culo, de una manera horrible y si volvían a cogerle le destrozarían.- Si me hubieras obedecido la primera vez, no te pasa lo de las duchas. -el otro parece leer su mente, entrecerrando los ojos.- ¿Sabes de esos sujetos que meten todo un brazo en los culos de sus putos? ¿Quieres conocer a alguno? -fuma otra vez, profundamente, sintiéndose agradablemente excitado, arrojándole el humo al rostro.- Desnúdate; no lo repetiré otra vez, putita.

   Quiere luchar contra las lágrimas pero no puede, con manos muy temblorosas comienza a bajar el enorme cierre, patea los zapatos y deja que el mono naranja caiga. Es un tipo alto y esbelto, la camiseta se ajusta a su torso, el calzón ancho cubre sus caderas. Es un hombre guapo, ya no un muchacho, pero si muy sexy, piensa Read. Seguramente se mimaba mucho, con ejercicios y dietas, cuidando que sus muslos sean firmes, sus bíceps abulten sin estridencia y que sus nalgas sean duras por si alguna puta en la oficina le tocaba. Levanta la camiseta y ve nuevamente ese torso cubierto con una suave pelambre amarilla, como sus muslos, pelos que brillan aún a la escasa luz. Le ve dudar y finalmente baja el boxer, enrojeciendo mortalmente, cerrando los ojos cuando el otro se le acerca, arrojándole el picoso humo al rostro (y si, era hierba), cosa que comenzaba a relajarle un tanto aunque jamás en su vida había estado en un predicamento más terrible.

   Read le estudia, le agrada lo que ve, su verga palpitante y algo babeante contra su muslo, lo reconoce así. Aunque… con toscas manos le recorre la espalda recia y el abdomen de cuadritos levemente marcados, oyéndole gemir de sorpresa y repulsa. Mierda, se sentía tan bien bajo sus palmas, caliente y vital. Aunque debía corregir algunas cositas.

   -De panza sobre tu camastro. -ordena, y Daniel lanza un jadeo sollozo, sin moverse, el fuerte manotón, palma abierta, estalla contra su cráneo, fuerte, y gime cayendo de rodillas.- No me hagas repetir las cosas, perra.

   Sollozando, muy tieso y rígido, cae sobre la cama y oculta el rostro contra la almohada. Joder, había escuchado esos cuentos, jóvenes reclusos violados por curtidos veteranos, los había comentado riéndose, ahora…

   Siente el peso del otro a su lado, las enormes manos cayendo sobre sus hombros, recorriéndole reciamente de una manera acariciante. Read busca que se relaje, pero ni en un millón de años Daniel podría hacerlo.

   -Abre las piernas, coño. -oye la ruda orden, antes de sentir la nalgada picante contra su piel. Gime e intenta obedecer. Un poco. Otra dura nalgada, dada con el dorso de los dedos, le lastima bastante y se abre, separando las piernas.- Así… -las dos manos caen sobre sus nalgas, hundiéndose en las tibias carnes, los pulgares separan las mejillas.- Si, tan duritas. Mierda, esos latinos te jodieron bien. En todos los sentidos. -ríe de su propia broma, notando los hinchados labios a pesar de la suave pelambre castaña.- Esos cholos las tienen gruesas, ¿eh? -le nalguea juguetón y se aparta de la cama.

   Pero el alivio no dura mucho para el hombre rubio, abierto de piernas, culo adolorido, terriblemente asustado, temiendo otra violación. Grita cuando el hombre vuelve y la mano regresa a su culo.

   -Quieto, putita. –ordena.

   Daniel jadea contra la almohada cuando Read le hala más una pierna, obligándole a flexionar la rodilla, abriéndole más. No quiere pero pega un bote cuando la punta de sus dedos le tocan allí, de manera suave, casi delicada. Se estremece, de repulsa y extrañeza. Era tan raro sentir ese toque, allí, dado por otro hombre, claro. Si no fuera ese el caso y Read fuera una tipa que quiere explorar su sexualidad, esa vaina daría cosquillas, pero en este caso era impensable. Gime mordiendo la almohada cuando los dedos se retiran y regresan untados de algo frío y con un leve olor mentolado. Dios, iba a lubricarle. ¡Iba a cogerle!

   Read imagina muy bien lo que piensa y sonríe mientras deja la mayor parte de la crema sobre el aporreado orificio y ahora lo riega con el pulgar, suave, de arriba abajo sobre el ojete, montándose luego sobre él y frotándolo en círculos. Lo siente tensarse y sabe por qué…

   Oh, si, joder, piensa sorprendido y levemente esperanzado el hombre joven. Esa crema fría alivia de manera instantánea el horrible calor de la desfloración. Lo hacía menos irritante y ardiente; todo ese dolor palpitante iba desapareciendo al tiempo que la crema enfriaba más, no de una manera desagradable. Se tensa otra vez, tiene que hacerlo cuando el dedo se retira y vuelve otro, untado también y lentamente entra en su culo, tal vez únicamente el largo de la uña, pero es un dedo grueso y molesta. Pero en cuanto entra, la crema enfría y alivia, casi anestesia. Read lo deja allí, sólo clavado, y comienza a frotarlo de forma circular alrededor del lastimado esfínter.

   El criminal apenas puede contenerse, pero debe hacerlo. Frota y frota hasta que le siente relajarse, como si no fuera extraño que otro sujeto le tuviera la punta de un dedo dentro del culo; ahora lo mete todo, sintiéndolo aprisionado por el aún estrecho orificio masculino. Daniel gime y se tensa, apretando dientes y ojos. Ese maldito le había metido un dedo; le odia, le odia intensamente, pero el dedo frotándole, untándole esa crema, dándole alivio, era bien recibido por su cuerpo que comenzó a relajarse, agradecido de su presencia allí.

   Con una sonrisa leve en sus labios abiertos, Read mira las enrojecidas nalgas que se abren, el adorable culito del rubio que acepta todo su dedo bronceado, velludo y tatuado. Había algo fantástico en meterle el dedo por primera vez a otro hombre por el culo, sabiendo que este jamás había pensado en tal vaina, algo que le ponía a mil. El dedo se arquea y frota, sale un poco, suave y lento, halando el esfínter, y se lo clava, hondo ahora, la punta se agita y Daniel alza el rostro de la cama, boca muy abierta, mirada extraviada de sorpresa… Mientras su culo palpita de manera extraña sobre ese dedo, cosa que le avergüenza horriblemente.

   -Hummm, gatita… lo tienes hambriento todavía, ¿eh? Bien, tranquilízate, no lo negaré atenciones.

CONTINUARÁ … 4

Julio César.

NOTA: Esta historia me agrada, aunque terrible (es un relato maldito), tiene un aire de redención; sin embargo llevo otras historias que me reclaman no las continúo y he tenido que dejar las que no han despertado interes. Y no sé si esta es una de ellas.

PRUEBAS DEL DESTINO… 7

octubre 27, 2012

PRUEBAS DEL DESTINO                         … 6

Titulo: Pruebas del Destino.

Autores: Said Hernández y Eduardo.

Genero: RPS

Resumen: Jared es ascendido al cargo de vicepresidente en una gran empresa, con un trabajo tan importante, en una ciudad diferente y alejado de su familia, podrá su nuevo secretario ayudarlo a organizar su vida?

   No te conocía… pero sabía que llegarías.

……

Capitulo 7: Trabajando de Cupido.

   Danneel y Chad entraron al café y se sentaron en una mesa junto a la ventana.

   -Jared es gay, ¿verdad? -le sorprendió Danneel a Chad.

   -No que yo sepa, pero…

   -Pero… ¿qué? -Danneel estaba intrigada y muy curiosa, así que iba directo al grano.

   -Pues…

   -Vamos, Chad, ¿me dirás sí o no? -se cruzó de brazos y sonrió sensualmente, tratando de usar sus encantos para sacarle la sopa a Chad, quien en respuesta, tragó saliva.

   -No, no te diré nada. -Danneel arrugó la frente y bebió lentamente de su café que acababa de llegar a la mesa; bajó la taza y se lamió lentamente el labio sin quitarle los ojos de encima.- ¡Mierda! Mujer, deja de hacer eso.

   -¿Hacer qué, Chad? –preguntó Danneel dulcemente mientras hacía ojitos.

   -¿Jensen es gay? –interrogó ahora Chad, tratando de distraerla.

   -Si, o por lo menos, eso parece. –la mujer mordió su labio y de nuevo hizo ojitos.

   -Me lo imaginaba. -sonrió Chad y la miró a los ojos.

   -Y está perdido por Jared. –sonrió para luego tomar de la camisa a Chad, lo atrajo y dijo amenazante.- Y si dices algo de esto te cortare lo más preciado que tienes.

   Chad tragó saliva y sonrió.- Jared también está perdido por Jensen.

   Danneel lo soltó y le miró pensando si podía confiar en su palabra, pero parecía sincero así que sonrió.- Entonces debemos unirlos, ¿no crees?

   -Si, eso sería estupendo, así podríamos pasar más tiempo juntos tú y yo.

   -Ni lo sueñes Chad, no eres mi tipo.

   -Por lo menos lo intenté. -Chad se encogió de hombros sonriendo malévolo.

……

   El día había pasado rápido, la plática con Chris sólo era para que Jensen firmara y quedaran de acuerdo con su nuevo salario. La salida a tomar café con Chad y Danneel salió a la perfección, aunque Jensen aun estaba un poco alejado y sólo se miraron pocas veces. Ya era viernes, la semana había pasado realmente rápido y fue la semana más pesada para Jared que había pensado en muchas cosas y al terminar el día se dio cuenta que había sido mortalmente aburrido, sin mencionar que había sido extraño ver a Danneel salir con el gran idiota de Chad, pero no tenía nada de que sospechar pues ellos dibujarían a su protagonista, así que se fue a su departamento, no sin antes despedirse de su hermoso secretario rubio, quien ya, de nuevo esta mañana, le había traído café. Otra vez estaba en la jugada si así podía decirse.

   Por su parte, a Jensen se le había agotado el licor, su primer pago llegaría en 5 días y de sus 100 dólares anteriores solo le quedaban 10. “No entiendo cómo he logrado sobrevivir” se dijo así mismo. Salió de la oficina 5 minutos después que Jared y se fue a su sucio barrio en metro, él aun no tenía el dinero para pagar un taxi y mucho menos podría alquilar, ni por un día, un auto como el de Jared. Pasó por enfrente de las mal cuidadas tiendas, el único lugar más o menos respetable era la licorería, donde incluso aceptaban tarjetas pero Jensen no tenía ninguna a excepción de la de la empresa, la cual no le pertenecía. Entró al local y el dueño, Frank, le recibió con mala cara pues gastaba mucho en bebidas y en este lugar ya tenía una deuda grande.

   -Menos mal que te apareces. -exclamó el dueño en tono gritón.– Espero que tengas el dinero que me debes.

   -Usted sabe que ya tengo un mejor trabajo que se traducirá en un buen sueldo. -Jensen agregó rápidamente, asustado por el tono del dueño.- Déme tiempo y le cancelaré todo.

   -Mira, muchacho, no me importa si ya ganas en oro; o me pagas o no hay más licor para ti. -sentenció amenazante.

   -Es que… por ahora no cargo efectivo. -trató de convencerle.- Y necesito mis botellas de siempre.

   -Tal vez no tengas efectivo, pero me enteré que andabas por allí comprando cosas con una tarjeta de crédito. -se cruzó de brazos molesto.- Así que si quieres atención y tu licor, me das esa tarjeta para cobrarme lo que me debes. ¡AHORA!

   Jensen no sabía qué hacer pues necesitaba comprar sus botellas de siempre, de lo contrario las pesadillas y los recuerdos del pasado no le dejarían dormir. Por otra parte estaba el hecho de que Jared le había dicho que la tarjeta sólo debía usarse para comprar cosas de la empresa.

   -Esta es la tarjeta de la empresa, no gastes demasiado. -fue lo que el castaño le advirtió.

   “¿Ahora qué debo hacer?”, se pregunto; “bueno podría pagar hoy con la tarjeta y lo repongo cuando me paguen mi nuevo sueldo”.

   -Está bien, Frank. -concedió el rubio de mala gana.- Cóbrate lo que te debo de aquí. –y le tendió la tarjeta.

   -Así me gusta, muchacho. –la tomó y fue a la caja.- Ahora sí, puedes tomar lo que necesites. -agrego alegre el dueño pues la deuda de Jensen era de varios meses, pasaba de mil dólares y había logrado que le pagara.

   -Me llevaré lo de siempre y listo. –el rubio se sentía culpable y preocupado, pues no quería que Jared se fuese a enterar que había usado la tarjeta en gastos personales. Y muchos menos en licor; que si fueran medicinas…

   Salió de la tienda con las botellas, guardó la tarjeta y se fue directo a su departamento dispuesto a olvidar.

……

   Eran las 10:30 y se acababa de despertar. MIERDA! La noche anterior bebió de más por sentirse culpable de haber pagado con la tarjeta. ¡DOBLE MIERDA! Era tarde para el trabajo y de por sí su relación con Jared iba pésima. TRIPLE MIERDA ¡Jared! Qué dirá “su hermoso castaño” por el retraso.

   Se dio una ducha muy rápida, se cepilló los dientes y salió disparado al trabajo. Para colmo no había transporte público, ya era demasiado tarde y no podía pagar un taxi, así que se decidió a correr. “Sólo son 20 calles”, se animó a sí mismo y salió corriendo hacia el edificio donde trabajaba.

   Media hora después Jensen llegó, al entrar a la recepción todo el mundo volteó a verle. “¡Y continúa tu día de decir MIERDA!”, gritó su subconsciente, fue al elevador y antes de entrar se encontró con Danneel, metida en un vestido rojo, corto y muy provocativo.

   -Jensen, ¿qué te pasó? -la pelirroja le examinaba como si estuviera herido.

   -Se me hizo tarde y tuve que correr. -Jensen se sonrojó.

   -Esa parte ya la note, ven sígueme. -sonrió Danneel y lo guió fuera del edificio.

   -Pero voy tarde. -exclamó Jensen preocupado.

   -No te inquietes, tu jefe ésta con su torpe amigo .

   Jensen la siguió de mala gana a la tienda del frente, ¡¡Dios!! Era una tienda de ropas de hombre, de hermosas prendas masculinas. “¿Cómo no la habías visto?”, se preguntó a sí mismo y la respuesta era que la tienda era de prendas de las mejores marcas.

   -¿Qué hacemos aquí? –le preguntó a Danneel.

Continúa … 8

LEVANTANDO EL APARATO

octubre 25, 2012

CUMPLIENDO

   -Anda… -es la sonrisa e invitación siempre presente en esos saunas de gimnasios masculinos.- Súbete…

UN MOMENTO DE HORRIBLE APURO

Julio César.

¿JUGANDO?… 10

octubre 25, 2012

¿JUGANDO?                         … 9

   El siguiente es un Padackles no muy intenso, con una trama medio rosa. La historia NO ES MÍA, pero me gusta, que no se moleste la autora. Es lo que llaman una historia en un universo alterno. Obviamente es ficción, ¿okay?

……

Titulo: The joke? That I love you

Autor: Damnlady62

   -Pareces puto.

   -Envidioso. –sonríe Sandy, luego cruza los brazos, censuradora.- Danni está furiosa contigo. Faltaste a la barbacoa en la piscina. Y mira que costó que le permitieran hacerla. ¿Fuiste a la playa? Creo que Jensen también andaba por ahí, ¿lo viste?

   -Yo, eh… si. –intenta mantenerse imperturbable, pero nota como Chad frunce el ceño.- Buscaré a Danni y…

   -¡Jared! –una muy admirada voz de mujer se deja oír a sus espaldas.

   El joven cierra los ojos, los abre elocuente y se vuelve, casi siente un infarto. Paris Hilton le sonríe mientras lo recorre descaradamente con la mirada.

   -Paris. –grazna y sonríe tenso. Sabe que algo le golpeará. Y fuerte.

   -Paris. –saluda Chad.

   -Chaaad. –gruñe ella sin verle, en un tono que claramente diría “pila de…”, pero sonríe al medio ladear a Jared.- Cariño, me gustaría que la cena de esta noche no fuera de gala y pudieras usar únicamente ese bañador.

   Joder, ¡la cena! La cita con Jensen.

   -Eh… gracias. –se sonroja, nunca antes nadie le había visto con tan descarado interés. Y ahora que lo piensa, Jared cree que ni el Chad mira de esa manera.

   -Ahora entiendo porqué Jensen está tan loquito de amor por ti, corazón. –concede.

   Jared sonríe con los dientes, enrojeciendo todo, deseando que la tierra se lo trague. Sandy gime un “ay por Dios”, tras Paris, sin voz. Y Chad parece que va a desmayarse.

   -Si, Jensen… -tartamudea, rogando mentalmente por un temblor de tierra o algo que distraiga la atención de su persona. Paris le barría con los ojos de una manera obscena, Chad le miraba como a punto de infarto (por el speedos y lo de Jensen), y Sandy brilla, literalmente.- Él y yo somos muy felices juntos.

   -Puedo imaginarlo. Ahhh, Jensen tiene una piel tan suave y firme, debes pasar horas recorriéndola con tus manos, acariciándola… -suspira Paris y Jared frunce el ceño, logrando que Chad abra más la boca.- Casi puedo verlos a los dos juntos, consumando su amor entre gruñidos y jadeos. Si graban un video… envíamelo. -ronronea todo sonrisa, luego rueda los ojos con desden.- Adiós, Chaaaaad. –y se aleja.

   -Amigo, ¿qué mierda… es esta? –grita Chad, rojo de cara.

   -¡Lo sabía! ¡Lo sabía! ¡Jensen siempre te miró de una manera especial! –jadea Sandy, casi aplaudiendo.

   Jared iba a replicar, explicándose, pero queda paralizado por las palabras de Sandy. ¿Jensen le miraba de manera especial? Desea, y mucho, saber todo al respecto, pero un nuevo gemido ahogado de Chad, boqueando como si estuviera asfixiándose, le distrae.

   -Respira, Chad, no hay nada entre Jensen y yo. –gruñe, enrojeciendo un tanto de mejillas ante la penetrante mirada del amigo.- ¡Te lo juro! Jensen tenía un problema con tu Paris Hilton…

   -¿Mía? Dios me libre.

   -…Y había inventado que era gay y tenía novio para quitársela de encima. Pero no le creían, lo presionaban y… -escuchándose a sí mismo le parece tan ilógica su conducta que no sabe cómo continuar.

   -Claro, y tú quisiste ayudarlo por la bondad de tu corazón. –Sandy le mira desconfiada ahora.- ¡Hijo de perra! ¡Querías molestarle!

   -¡No pude evitarlo! –exclama y ríe.- Debiste ver su cara cuando aparecí y hablé de lo mucho que me amaba en la escuela. –ríe con más fuerza, no sabe si de nervios, alivio o diversión.- Por fin pude callar su boca arrogante y listilla. Se puso rojo como un tomate y creí que le daría un infarto. –la risa se vuelve algo histérica.

   -Eres tan inmaduro. No te atrevas a lastimarle otra vez con tus juegos idiotas. Él… –reprende Sandy, deteniéndose y mordiéndose el labio inferior, se vuelve y mira a Chad y rueda los ojos exasperada.- Chaaaaad… -y se aleja.

   La risa de Jared va menguando, y aprovechando que un ceñudo Chad sigue a Sandy con la mirada, deja escapar el aire de sus pulmones. La voz de Paris vuelve a su cabeza, aquello de la suave piel de Jensen; las palabras de Sandy también. Ella había querido decirle algo y… No puede evitar sonreír levemente, hasta que se topa con Chad mirándole fijamente.

   -¿En qué coño estás pensando ahora?

   -Nada. –se defiende con un jadeo.- Creo que voy a cambiarme. Hay demasiada gente rondándome.

-Claro, pareces puto barato. –y Jared no tiene la suerte de quitárselo de encima, este echa a andar a su lado.- Es todo una broma, ¿verdad? Lo de Ackles.

   -Por supuesto. –intenta una sonrisa animada, y no sabe si le engaña. Chad le mira fijamente.

   Entran al ascensor y el más alto agradece al cielo cuando Chad se distrae con la ascensorista, una joven de rostro pecoso que mira a Jared (en speedos), enrojeciendo. Y aunque la joven no le inspira ni un mal pensamiento, le sonríe con cierta ternura. Se veía tan linda y adorable con sus pecas, enrojeciendo toda. Y traga en seco, cerrando los ojos al darse cuenta de lo que estaba pensando. Un error, claro, porque otro rostro pecoso y fácilmente sonrojable, se materializa tras sus parpados. Pero no aleja la idea. Recuerda a Paris diciéndole que con razón le gustaba tanto a Jensen, o Sandy gimiendo que Jensen siempre le veía de una manera extraña. No quiere analizar nada, y menos ese escalofrío que recorre su columna y eriza la piel de sus brazos. Pero es una sensación cálida, agradable. Y excitante. Y casi se muerde el labio para contenerse: desea volver a encontrarse con el rubio. Quiere verle lo más pronto posible.

……

   ¡Maldita sea!, gruñe para sí Jensen sintiéndose increíblemente incómodo mientras espera la limosina (por Dios, ¡una limosina!) enviada por Paris. No iba a salvarse de asistir a la fiesta de marras. No auguraba nada bueno para la noche, comenzando por… (las mejillas le arden) la falta de su novio. Pero, claro, ni loco pensaba llamar a Jared, no después de esa mañana en la playa. Todo había sido tan extraño. Toma aire intentando alejar la imagen mental del bronceado y musculoso moreno, todo firme, enfundado en el ajustado speedos y los tenis sin calcetines. ¿Por qué lo habría hecho? Ir a buscarle. No se engañaba, era muy difícil creer que el otro se paseaba por allí y le encontró por casualidad. Aunque el usar el speedos… ¿Sería una de sus bromas? Por otro lado, se estremece, no había visto marcas de palidez, seguramente se bronceaba así. Se humedece los labios, genial, ahora estaba acalorado e incómodo.

   -Ese hijo de perra…

   -¿Alguien a quien conozca? –oye a su lado.

   Jensen lanza un jadeo (y un gritico poco masculino) de sorpresa, volviéndose. Allí estaba un sonriente, elegante e increíblemente sexy Jared Padalecki. El castaño sonríe con suficiencia, tal vez imaginando toda la gama de emociones que le recorrían. Viste bien, con soltura aquel traje que se ajustaba bien a su cuerpo. El cabello alisado contra el cráneo, despejando su frente ancha, le hacia verse distinguido.

   Le había pillado por sorpresa. ¡Qué tonto eran Jensen! ¿Realmente pensó que podía escapársele? También él había recibido una llamada de Paris indicándole que enviaría un auto por ellos; Jensen no le avisó y supuso, acertadamente, que el rubio quería darle el esquinazo. Sonrió todo el tiempo mientras se duchaba, vestía, bajaba, evadía a Chad y salía a la entrada. Una sonrisa de saber el chasco que Jensen se llevaría al verle y saber que no podría evadirle. La sonrisa duró hasta que le vio esperando, evidentemente incómodo, elegante en ese traje discreto, el saco abrazando sus anchos hombros de una manera casi sensual. El corto cabello rubio oscuro estaba alisado también, y el colorcito rojo de su rostro, por el sol, tan sólo destacaba el brillo de sus ojos grandes, le clareaba un tanto las largas pestañas, le resaltaba los abultados labios. Y las pecas. Joder, los pardos y dorados puntos parecían destacar a millas de distancia. Pero se repuso y sonrió al escuchar lo del “hijo de puta”.

   -Jared, ¿qué haces aquí? –suena alarmado.

   -Vamos a la fiesta, como pareja, ¿lo olvidaste, amor?

   -¡No puedes! –enrojece violentamente, balbuceando, incapaz de encontrar las frases que le hicieran entender al más alto que no podía hacerle pasar por eso.

   -¿Quieres llegar y tener que explicarle a todo el mundo, sobre todo a Kerr y Paris, por no hablar de su pare, por qué no estoy ahí? Alguien podría suponer que en verdad, tal vez, no soy tu novio. –extiende los brazos, sonriente.- Soy el mal menor. –y finge una mueca.

   -No estoy seguro de que seas tan “menor”. –soltando aire, cierra los ojos.- Está bien, ya me siento lo suficientemente incómodo como para discutir contigo. Eres agotador.

   -Ya me lo han dicho; claro, en la cama. –concede, ronco, suavemente. Maravillándose de la desconcertada mirada de Jensen, también de su propia propensión a coquetear.

   -Lo que digas. –mira a la calle.- ¿Dónde coño estará esa limusina? Una limusina, ¿puedes creerlo? Paris parece hacerlo a propósito para incomodar.

   -Creo que es un lindo detalle.

   -Para sus amigos ricos. Jared, sólo soy un empleado de su padre. –se muerde el labio inferior, nervioso… hasta que siente un ardor en su cuello. Se vuelve y encuentra la mirada perdida de Jared en su baja nuca.- ¿Qué miras?

   -Las pecas. Se ven tanto. -concede confuso, ruborizándose casi tanto como Jensen, quien con una mano cubre su cuello.

   -Lo sé, ¡las odio tanto!

   -Son adorables. –se le escapa, ahora si de color ladrillo. Jensen boquea, toma aire hinchando el pecho y le encara.

   -¿A qué juegas, Jared? –le desafía a hablar, y Jared tiene miedo de hacerlo más de la cuenta.

   -Oh, mira, llegó el auto. –informa casi aliviado cuando el vehiculo se detiene. El chofer parece que va a bajar, pero con un gesto se lo impide, luego abre la portezuela para Jensen, quien le mira ceñudo y algo mortificado.

   -Tío, no soy una chica. –gruñe y entra. Jared rueda los ojos.

   Realmente Jensen Ackles sí que podía ser exasperante, aún para un tipo como él.

……

   El viaje es extrañamente cómodo, cada uno en su lado, Jared extendiéndose más de la cuenta dado el largo de sus piernas.

   -Creo que eres más que un simple empleado. –comenta Jared, al fin.

   -¿Cómo? –se vuelve a mirarle, confuso.

   -Lo que dijiste, que te extrañaba que Paris te invitara con tantas deferencias. No eres sólo un empleado… -enrojece.- Busqué en Google y supe que el nuevo aire de remodelación y actualización de los hoteles Hilton en la Costa Oeste comenzó con tu llegada al grupo. No te mencionan mucho, pero…

   -Gracias. –sonríe apenas, cálidamente agradado.- Pero no he sido sólo yo. Contamos con un sólido equipo de profesionales. Entre ellos Megan Fox. No es sólo una linda chica de largas piernas… -comenta con afecto, y a Jared no le gusta mucho.- Es inteligente y trabajadora como la que más. Es una increíble relacionista pública. –mira por la ventanilla.- No entiendo por qué no ha pedido otra asignación. En Europa causaría sensación.

   -Tal vez hay algo aquí que la retiene. –no puede evitar el tono agrio, detallando el perfil perfecto del rubio, sobre todo las pecas en su nariz. Joder, quiere tocarlas con su dedo.

   -Supongo. –Jensen se encoge de hombros, sin entenderle.- Jared… -dice tan bajo que no sabe si el otro le escucha.- Gracias por… venir. No sé sí estás jugando y me tienes preparada una trastada, pero lo agradezco. –al alzar los ojos se encuentra con una intensa mirada de Jared fija en sus labios, y no pudo evitar que nuevamente sus mejillas se tiñeran de rojo. Mierda, ¿por qué Jared le afectaba con tanta facilidad?

   -Es todo un placer. –dice bajito, estrangulado. Sonriendo luego de los ojos enormes de Jensen.

   -¡Idiota! –gruñe, mordiéndose el labio inferior, y Jared se incomoda.

   -Jensen, tranquilo, no tienes nada que temer. No voy a meter la pata para avergonzarte o atormentarte con mis bromas en la reunión. –alza las manos en son de paz.

   -¿Qué? Ah, no, Jay, sé que estarás bien. Es… -se muerde el labio otra vez, tan preocupado que no nota que a Jared le cuesta dejar de ver sus dientes sobre el carnoso labio.- Estas cosas no me gustan. Estas reuniones. Tengo que sonreír tanto, ser amable, ser… el gerente. La gente sabe quién soy; siempre son amables pero siento que saben que están en una posición de mando y… -se echa hacia atrás en el asiento.- Dios, estoy deseando ya trabajar en mi propio proyecto, en lo mío.

   -Todo estará bien. –sonríe algo estrangulado.

   ¡Jay! Jensen le llamó Jay, y salió tan natural, tan cómodo. Tan íntimo. Jensen le mira sonriendo como un chico tímido, como diciéndole que sabe que se portará bien. Joder, eso no debería hacerle tan feliz.

   Hay un nuevo silencio entre ambos.

   -Oye, no me has preguntado qué hago para vivir. –se queja Jared, también recostado del mueble, pero conciente de que su rodilla no está muy lejos de la de Jensen. Si la movía tan sólo un poco…

   -Uno de los asesores más jóvenes de la ciudad de Nueva York, aplicando sus estudios de arquitectura en la conservación del casco histórico con bastante éxito y buen gusto. –sonríe con picardía.

   -¿Cómo…? –Jared se impresiona y sorprende gratamente, y medio ríe cuando Jensen enrojece violentamente.- ¿Has estado pendiente de mí todo este tiempo? Wow, ¿eso es amor o no? –bromea, pero su voz falla un tanto, y mirar como ese enrojecer casi alcanza el cabello de Jensen no tiene precio. Dios, se veía tan guapo. Mierda, ningún hombre debería verse así.

   -Fuimos junto al colegio, ¿no? Leí cosas sobre ti en los diarios. –le resta importancia encogiéndose de hombros.

   -¿Qué hacen Chad y Tom para ganarse la vida? –le acorrala, y disfruta verle boquear, pero pronto detecta una chispa traviesa en sus ojos verdes.

   -Chad debe ser un gigoló, y Tom un modelo de ropa interior. Vaya que se ha puesto guapo, la cara debe dolerle. –comenta algo intrigado.

   Y a Jared no le gusta. Pero ni un poco. Y no lo entiende. ¿Por qué tiene que molestarle o afectarle que a Jensen le parezca guapo Tom? Claro, el hijo de perra lo era, pero… era aburrido. Era su amigo y le quería, pero era mortalmente aburrido, y Jensen merecía…

   ¡Un momento, ¿qué estaba pensando?!

   -¿Te gusta Tom? Dios, eres tan superficial, no sé qué vi en ti. –finge dolor. Y le agrada escuchar la risa del rubio. Pero no, no le gusta ni un poquito imaginar a Jensen con Tom. O con Megan. O con cualquiera.

……

   Jensen le evitaba. Nuevamente, piensa Jared. El aire de camarería y comodidad duró hasta poco después que bajaron de la limosina. Tuvo que reconocer que el yate era hermoso, grande. A Jensen pareció dejarle en shock. Su boca abierta era el reconocimiento que Paris buscaba cuando les recibió con besos y abrazos. Fueron presentados a varias personas, gente hermosa, ingeniosa y ya un tanto tomados. El más alto observó, orgulloso y divertido, que Jensen y él recibían muchas miradas de admiración.

   Al entrar al salón principal, inconcientemente llevó su mano a la baja espalda de Jensen, casi a su cadera, conduciéndole con cierta propiedad y juntos cruzaron hacia la mesa de bebidas, ganando ambos nuevas miradas de curiosidad y agrado. Jared sabía que se veía bien, pero Jensen se veía sensacional. Sexy y caliente. El rubio parecía algo aturdido, incómodo, y le miraba con gratitud por ayudarle en ese trance, hasta que se cruzaron con una mujer morena, pálida, de rasgos afilados, algo felina, que recorrió a Jensen con la mirada. Jared le sintió tensarse bajo su mano, mano que se afincó, protectora.

   -Jensen. –saludó ella.

   -Sela. –fue cortes.

   El más alto notó que la mujer miró a Jensen con rencor y a él con despecho, y se acercó más al rubio, porque intuyó que esa mujer tuvo o deseó tener algo con Jensen y la cosa no había terminado bien.

   -Es lindo, ¿lo pescaste en el hotel? Veo que estás aprendiendo. –sonrió y se alejó.

   -¿Quién es esa? –preguntó Jared, pero Jensen, serio, se volvió, y cuando deseó continuar tocándole, este se apartó.

   -Nadie. Voy por una copa. Camina por ahí, saluda, tal vez hallan conocidos tuyos, es tu gente.

   Y con ese violento corte, el rubio gilipollas se alejó, dejándole confundido. Y furioso.

   Jared se sentía frustrado por el cambio de actitud de Jensen, no habían hablado en un buen rato, aunque debía reconocer que la estaba pasando divinamente bien. Realmente esa gente valía la pena para un rato de fiesta. Una bonita joven le miraba con interés, y él medio respondía, coqueto, sonriente, sin dejar de buscar al rubio con la mirada. Le encontró apoyado de una claraboya, apartado, las manos en los bolsillos del pantalón, viéndole también. Con pesar. Había algo de abandono en su postura que molestaba a Jared. No le gustaba nada verle así.

   Disculpándose de la joven, cruza la habitación, tomando dos copas de una bandeja. Le tiende una.

   -Pareces divertirte. –Jensen no quiso, pero fue cortante, e inmediatamente se mordió el labio inferior aunque tomó la copa.

   -Mi cita me abandonó. –replica, picado.- Oye, sé que Paris y ese tipo, Kerr, andan por ahí, pero esta nena… -bebe, sonríe y la mira, saludándola con una mano.- …Creo que quiere, Jensen. Esa nena quiere un buen pedazo de Jared Padalecki. Y sabrás que soy más adictivo que el chocolate una vez que me prueban.

   Jensen alza la mirada bruscamente y Jared puede leer incertidumbre y pesar en sus ojos.

   -Yo… -se humedece el labio, le cuesta hablar, luego compone una sonrisa triste.- Te entiendo, debe ser pesado para ti que eres tan abierto y dado a la risa y a ligar con la gente, estar haciéndote pasar por gay y por mi novio, sobre todo cuando hay tantas mujeres dispuestas a atenderte.

   -¿Verdad? –abre mucho los ojos, aprobando las palabras, volviéndose luego hacia la joven.- ¡Y esta tiene unas tetas!

   -Si, se notan desde aquí, imagino que también desde el final del muelle. –intenta una sonrisa, una broma, pero suena sin ánimos.

   -Joder, ¿qué hago? -susurra, tomando de su copa, fingiendo mirarla aunque estudia a Jensen.

   El rubio toma aire, decidiéndose y agarrándole por un hombro (y algo caliente se derrama en el pecho de Jared, esperando expectante), obligándole a volverse. Es cuando al castaño se le cae el alma a los pies. Encuentra en su mirada una dolorosa empatía. Antes de que Jensen hable, Jared sabe lo que dirá, lo que cree es mejor para él.

   -Jay, si eres discreto, tú y ella pueden… -busca en su saco y toma aire al sacar unas llaves.- Paris me dio estas llaves hace poco. Creo que el camarote que dispusieron para nosotros está una cubierta más abajo.

   -Vaya, ¡pero qué amigo! –sonríe mientras toma las llaves, pero por alguna razón, está molesto, muy molesto con Jensen.- ¿Quieres que la lleve a nuestro camarote, Jen? ¿Me estás dando tu permiso para estar con ella? ¿Puedo, Jensen?

……

   Sela Ward, nueva estrella, y muy buena, en CSI: NY. No debió ser fácil sustituir a Melina Karakaredes (Stella Bonasera), pero ella lo logró. En cierta forma, al principio, me pareció que era perfecta para Mac Taylor, pero parece que la cosa no irá por ahí. Una pena.

CONTINÚA … 11

Julio César.

NOTA: Y mañana, Supernatural, bueno, hoy, pero debo esperar por los subtítulos. Y la semana que viene… ¡Vampire! Veremos la cara de Sam, y comenzará la controversia. ¿Dean y un monstruo? ¿Qué responderá Dean a la acusación? ¿Qué ese monstruo le ayudaba mientras el mundo se había olvidado de él? Ah, drama a los Winchester. Pero no nos adelantemos, disfrutemos el día de mañana primero.

PUNDONOR DE MACHOS

octubre 25, 2012

UN CHICO QUERIDO

   Les indignaba tanta mariconería…

   -¡Verga, míralo! ¿Cómo puede Julián usar esa mierdita de tanga atigrada? ¿No ve que están las muchachas de la fábrica? ¡Qué marica! –reclama uno, mirándole fijamente.

   -Siempre anda mostrándose así, puros bikinis en los vestuarios, pero esto… -sentencia el otro.- Mira como las tiritas se le aplastan contra las caderas. Se ve que es demasiado pequeña para un carajo de su tamaño.

   -Claro, mira el corte adelante, el bojote de bolas casi le baja la telita, y se nota que se rasura en bigotillo, ¡qué pato! Mierda, ahora se acostó boca abajo y toda esa vaina se le metió en el culo. ¡Y para colmo abre las piernas!

   -Qué bolas, ¡se rasura las nalgas! Y las tiene paraditas, debe ser por la bicicleta, ahora veo que no sólo se monta para que el asiento se le meta por el culo. –se burla cruel.- Coño, da pena. ¡Nos está avergonzando a todos los hombres en esta playa!

   -Muchachos… -llama el tal Julián, alzando las nalgas.- Necesito bronceador, ¿quién me lo pone?

   Entre los gritos, empujones y carreras de los dos comentadores de oficio por aplicarle la tibia y aceitosa crema por todo el cuerpo, el pobre Julián debió permitir que se lo aplicaran a cuatro manos. Y se tardaron bastante… para sorpresa de las muchachas.

SOLO EN LA PLAYA…

Julio César.

EL SECRETO DE SU ÉXITO

octubre 25, 2012

DEBILIDAD

   Algo tenía que gustaba…

   Todo el mundo se lo preguntaba, ¿cómo conseguía entrevistas largas y tendidas con atletas, actores y hombres de negocios que por lo general se negaban a la prensa? Fácil, los emboscaba en los vestuarios de sus clubes deportivos, y viéndole el tamaño de la sinceridad y la simpatía, todos caían rendidos a sus pies.

GENTE SIN OFICIO

Julio César.

LAS CARCELES Y LA TREMENDA IRISITA VARELO, ¡QUE EXITO!

octubre 25, 2012

ELIAS JAUA CONTRA DIOSDADO CABELLO…

   -A mí me revisan a cada rato…

   Mientras el país cae a manos del hampa, y las policías dicen que nada pueden hacer porque no tienen dónde encerrar a tantos delincuentes, Iris Varela, la superministra para resolver el asunto carcelario, comenzando por el hacinamiento y la violencia tras las rejas… ya ha cerrado dos penales. Revolucionario, ¿verdad? Dice la mujer, y no le falta razón, que su peor problema son esos delincuentes alzados dentro de las cárceles que los hacen quedar mal, por lo tanto los va a sacar a todos. Sin penales no hay problemas en los penales. Muerto el perro se acabó la rabia (seguro que al perro lo mata un hampón); se veía tan oronda diciendo a la entrada del penal clausurado: “Es un espacio liberado para el pueblo”, mientras el pueblo temblaba de miedo, todo pálido y ojos muy abiertos. Tanta locura caligulesca se complementa con la algarabía que armaron cuando anunciaron, como si de un éxito sin precedentes se tratara, que en la cárcel recién cerrada, Tocorón, que encontraron más de veintiocho mil municiones… ¿Qué tal? Habría impresionado más que no entraran esas balas, o que no encontraran nada en la requisa (llevan catorce años dirigiendo las cárceles, no joda), pero ¿quién entiende a estos locos? Ahora, cuando hay más delincuentes que nunca en las calles, y menos penales, el país se pondrá peor, sobre todo en las zonas humildes… Habrá que citar aquello que cantaba Alí Primera, y que al presidente Chávez tanto le gusta: Pero eso qué importa, eso qué importa, ellos vuelven a votar. Qué gente tan rara…

NICOLASITO CONTRA RAMONCITO!

Julio César.

RELAJANDO

octubre 25, 2012

EXISTENCIALISMO

   Si un cuñado no ayuda, ¿quién?

   -¡Oh, Dios! –gime retorciéndose.

   -Eso es, relájese, cuñado, deje que la tensión escape, ábrase a la sensación de alivio, sé que lo necesita con desesperación… -le aconseja Vicente al hermano de su mujer, un tipo casado con quien debe compartir casa, dada la crisis, y quien andaba insoportable por los problemas financieros. Por ello le propuso un masaje relajante, aunque el otro nunca imaginó eso. Los dos dedos caen sobre el apretado nudo, masajeándole reciamente, sintiéndole temblar y oyéndole gemir.- Eso es, dese… -aprueba al tiempo que el otro mueve su cuerp0.- Cuando termine, se va a sentir mejor. Mucho mejor.

   -¿Esto… esto es todo? –grazna, subiendo el trasero y metiéndose todo… en el masaje.

   -No, cuñado… -le sonríe, metiéndolos y agitándolos.- Esto es sólo para abrir el camino, lo que va a curarle esa angustia se lo inyecto en su cuarto, sobre su cama matrimonial…

¿CONTROL?

Julio César.

ESE SENTIMIENTO…

octubre 23, 2012

METAMORFOSIS

amor-en-la-montana

   …Tiene nombre.

 

  Sin entender cómo o por qué, sin que la razón lo pueda explicar y aunque para mí no tenga ningún sentido… sé que te amo. No sé cómo ocurrió, pero lo sé de cierto porque eres quien ocupa mis pensamientos y mi imaginación a todas horas; porque es tu rostro amado y perfecto para mí el que veo cuando cierro mis ojos, cuando sonrío dejándome llevar por el dulce momento; porque es tu nombre el que pronuncio a veces para alejar la soledad; porque es a ti a quien espero encontrar cada noche en mis sueños. ¿Lo ves? Es amor.

……

 

   Uno lee las frases y oye las palabras vehemente, pero me pregunto: ¿amará realmente la gente así? Parecía posible en aquella montaña pero para mí continúa siendo un misterio, uno que temo jamás llegaré a descifrar.  

NO TODOS LOS ENAMORADOS RECIBEN ROSAS

 Julio César.

MENTE ABIERTA

octubre 23, 2012

DISPENSA

   -¿Lo ven? No hay marcas de tangas… aunque si me reglan una… se las enseño.

ESOS MARINOS

Julio César.

LUCHAS INTERNAS… 92

octubre 21, 2012

LUCHAS INTERNAS                        … 91

   Aún queda mucho por ver de estos abogados… 

……

   Un Eric Roche muy serio y acicalado, avalado por unos datos que le consiguió Margarita Pavón con sus antiguos contactos en La Metro, se presentó bien temprano en La Fiscalía de la Nación. Aguardó e hizo cola. Se veía lejano y muy preocupado, sabía que estaba a punto de darle una patada a la mesa, y aunque no creía que cayera, algo pasaría. De eso está seguro, se dice con una chispa de inquietud en el estómago. Pero era necesario, sus instintos de hombre decente se rebelaban ante todo lo que Cheo le contó.

   ¿Cómo pudo vivir William Bandre tanto tiempo por ahí con eso en la cabeza? Ahora entendía su afán por la caña, por evadirse, por huir… por destruirse. Lo entendía, pero no lo compartía. Debía hacerse algo y él lo haría. O lo intentaría al menos. Nunca más huiría de un problema. Por ahora contaba con la ventaja de que nada de eso apuntaba directamente a su gente, eso lo facilitaba más. Se sentía medianamente satisfecho de su visita a primera hora a la central de la Policía Científica, denunciando la desaparición y aparente muerte de Roger Santos, un Dasnap a quien testigos vieron caer cerca de Miraflores en los días de abril; y que su familia, dos primos con quienes habló después de que Margarita le facilitara los nombres, querían saber qué pasó con él, ya que no apareció en ningún hospital, morgue o lista oficial. Y que no aparecía ahora ni en los registros del Dasnap. Entregó nombres, apellidos, números de cédulas, la dirección del difunto, el nombre de la progenitora fallecida, el número de placa del joven, su fecha de entrada al cuerpo y todo eso. Puntualizó de tal forma que tuvieron que abrir una investigación. Lo otro sería La Fiscalía.

   Carpetas en manos, el joven abogado entró a una pequeña oficina donde una mujer cuarentona, algo obesa, de mirar cansado a pesar de lo temprano del día y cierta hosquedad, le recibió. El joven, con la copia de la denuncia abierta ante las autoridades policiales, fue a exigir una investigación en nombre de la familia de un hombre, Roger Santos, quien fue asesinado a las afueras de Miraflores durante la Masacre de El Silencio. Da el nombre de William Bandre y el de otra persona que estuvo por allí (un árabe quien, Margarita le dijo, era un férreo denunciante de todos aquellos desmanes por la muerte de su propio hijo), como testigos de esa muerte.

   -Ese carajo es arrechito, como lo es toda esa gente de El Líbano. No han podido callarlo, aunque lo han intentado, con amenazas y golpizas en la calle. -puntualizó la mujer.- Él te ayudará.

   Eric había hablado con él y el hombre le propuso que usara su nombre para la investigación, así de acomodaticia se volvía la ética personal cuando la ley luchaba contra la delincuencia organizada en las altas esferas del poder. Con esos dos nombres, Eric denuncia que se vio a Roger Santos, a las afueras de Miraflores gritarle a la gente que se alejara, que era una emboscada y estaban asesinando a todos, y que allí cayó.

   -Testigos ubican al doctor Ricardo Gotta y a William Bandre en la escena… -dice sacando unas hojas de la carpeta y tendiéndoselas a esa mujer que iba palideciendo a medida que le escuchaba, sintiendo un leve dolor de cabeza, preguntándose por qué tenía que pasarle eso a ella.

   Eric acota una y otra vez que el joven salió de Miraflores, corrió por las calles gritándole a la gente que marchaba que huyeran, que era un asociado en investigaciones de William Bandre y de Ricardo Gotta, y que fue asesinado. Su cuerpo no apareció, no se sabe qué pasó con él y el Dasnap no ha abierto ninguna investigación ni cede información sobre el occiso, cuya madre también murió y los gastos de sepelio corrieron por cuenta de familiares más lejanos y vecinos pues la institución policial no reconocía que el hombre perteneciera a sus filas.

   -Queremos saber qué pasó ese día, por qué se le disparó y por qué gritaba lo que los testigos dicen que gritaban cuando lo mataron. Su familia quiere saber qué pasó con su cuerpo y por qué el Dasnap se desentiende de él. William Bandre, aparentemente un socio laboral y amigo, sufrió un reciente atentado, pero se recupera. Sin embargo Ricardo Gotta podría informar sobre lo que ocurrió ese día en Palacio. -enfatiza sereno. La mujer lo mira fijamente.

   -¿Sabe lo qué está haciendo? -ella conocía a Ricardo Gotta, como muchos en La Fiscalía, y en su caso particular, le temía, no le admiraba. También conocía el apellido Roche y por un momento se pregunta si no se estaría metiendo en una lucha interna de un bufete capitalino.

   -Lo sé. Roger Santos está muerto, su madre también. Su nombre ha sido borrado de la historia, como si jamás hubiera sido. No vivimos en Macondo, la gente existió o no; no desaparece entre la lluvia o arrastrado por mariposas amarillas… –la mujer le mira fijamente, tomando finalmente la carpeta.

   -Cómo quiera, abogado. Le daré curso. Es su funeral…

……

   Algo abrumado por el paso dado, pero sobre todo por las implicaciones que quiso y dio a sus denuncias, Eric sale de La Fiscalía. El sol casi lo deja ciego con su brillo y fuerza. Sonríe levemente al constatar que ya no se encontraban por allí los grupitos de gente gritona, boinas en cabeza. Siempre le molestaba un poco ver a personas mayores, con más de cincuenta y tantos, gritando sobre cambios y revolución. Engañarse a sí mismo estaba bien para jóvenes y adolescentes, pero los viejos no deberían ser tan güevones. No era decente que se engañaran así, creyendo maricadas, a menos que pretendieran creerlas por cuatro lochas. Pero ya no estaban, seguramente la alcaldía infernal ya no podía pagarles y no iban a estar gritando “viva el Presidente” de gratis, sobre todo con uno tan malo.

   El hombre mira la oscura vidriera del restorán gallego, abierto ya a tan tempranas horas. En Venezuela todo, política, conjuras, asesinatos e infidelidades se arreglaba frente a una barra, libando de lo lindo. Allí debía estar Edward Sanabria, según le dijo su asistente. El abogado se dirige hacia allí, sintiéndose incómodo, y casi, en contra de su voluntad. No quiere pensar en él, pero no puede evitarlo. Al decidirse a denunciar el caso de Roger pensó en él; que él llevara el expediente. Pero algo lo detuvo y prefirió a alguien a quien no conociera, aunque pretendía pedirle al hombre que le echara un ojo al asunto. Y para eso era que le buscaba, se dice casi asintiendo con la cabeza, como convenciéndose de ello.

   No quiere pensar en nada más; recordar lo pasado en el Studium o en su casa después de la cena con pollo era algo que le hace latir un poquito más de prisa el corazón, pero no era de deseo. ¡No con Edward Sanabria! Abre el portón y por un momento la suave penumbra lo deja sin visión. Viene deslumbrado y parpadea para aligerar la presión sobre las retinas. Mira al otro, en una mesa casi al fondo, comiendo algo con otros dos tipos muy semejantes en el vestir a él. Gente de La Fiscalía, supone. Se ve divertido, riendo entre dientes con ellos y siente una leve desazón, ¿para qué coño le buscaba en verdad? Debía dejarlo por la paz mejor; pero en ese momento de duda, sus ojos chocan con los del otro, que parece extrañarse tras los cristales de los lentes. Mierda, ahora no podía dar media vuelta y desaparecer. Decidido toma aire y se encamina hacia ellos.

   -Buenos días. -dice correcto, mirando en forma vaga a todos. Uno de los carrizos tiene un bigote enorme y poblado, feo. El otro es un negro de rostro algo lustroso.- Siento interrumpir.

   -Vaya, pero si es el joven doctor Roche. -dice Edward, con un brillo maligno en sus ojos, para luego mirar a los otros.- Es de los Roche que mal manejan La Torre. -y los otros medio ríen. Eric palidece, tomado por sorpresa por la virulencia del comentario.

   -Tú eres el que se fue, ¿no? -pregunta el negro.

   -El segundo, el primero fue William Bandre; está herido en el clínico, ¿no? -pregunta el del bigote.

   -Si. Bandre está convaleciente; y sí, yo también dejé la firma. -se siente cortado y molesto.

   -Bueno, eso es materia de polémica y controversia ardua. -dice Edward, corrosivo, volviéndose a los otros dos.- Él dice que se fue y hay quienes sostienen que lo fueron. Ya saben, Ricardo Gotta…

   -Ese tipo… -grazna el negro, con disgusto.

   -Edward… -sonríe en forma mecánica y tensa Eric, como pidiéndole que no hable más de ese asunto.

   -Este tipo es increíble, no desea que se comente nada del bufete que dejó; debe ser cosa de la gente con real. Uno el pobre diablo puede hablar de todo, hasta de si es impotente, sin mayores problemas. Pero para los ricos de cuna, lo primero es tapar las cagadas como los gatos. -toma una copa de la mesa, viéndolo venenoso. Eric no entendía toda esa agresividad, y la verdad es que el otro tampoco, sólo sabía que había sido tomado por sorpresa cuando el joven apareció y por un momento se sintió de nuevo en la secundaría, cuando lo odiaba y envidiaba.- Y cómo ocultan cosas… Tú ya era así en el liceo.

   -¿Estudiaron juntos? ¡Qué infierno! -dice el del bigote, mirando algo azorado a Eric por las bromas de Edward.- ¿Cómo era?

   -Casi igual de detestable como es ahora, pero no tan ruin. -replica seco, molesto. Edward lo mira fijamente.

   -Ya se molestó. En eso si es distinto a los otros ricos, que aguantan y aguantan como los cabrones.

   -¿Podríamos hablar un momento? -ladra, rojo de vergüenza y resentimiento, ante las miradas azoradas de los otros.- Es importante, de lo contrario no te habría buscado; tú lo sabes. No me gusta que me ridiculicen.

   -No te pongas tan sensible, amor. -dice burlón, leve.- Ah, que problema con la gente tan hormonal. -y sonríe mientras los otros dos ríen, divertidos, aunque no pueden apreciar en toda su extensión, como sí lo hace Eric, el comentario. Para ellos, no le estaba llamando marica; sino lo embromaba con eso. Para Eric es muy diferente. Y muy duro.

   -Discúlpame, ¿sí? No quise molestarte. -replica ronco, intentando controlar las ganas de lanzarle un coñazo, muy lastimado, mientras levanta las manos como para contenerlo.- Disculpen, amigos. -les dice a los otros y lentamente da media vuelta y se aleja, con la sangre zumbándole en las orejas y el paso rígido.

   -Oye, era sólo un juego, como en la escuela, no lo tomes tan en serio. No seas tan delicado… Ay, perdón. -y de forma afectada se toca una mejilla y todos ríen.

   Pero Eric ya ni lo oye, tiene que hacer un verdadero esfuerzo para no volverse y darle un carajazo. Sólo quiere salir de allí. Intenta controlar el paso, porque de pronto le parece que puede irse de lado. Algo tan normal como caminar hacia la puerta le costaba un mundo. Su mente es una masa silbante de rojos y morados, tiene una arrechera tal que se ahoga.

   -Te pasaste, mano. -le dice el negro a Edward.

   -Está perdiendo el sentido del humor. En el liceo se reía mucho. -se encoge de hombros, mirándolo salir rígidamente y cerrar la puerta.- Es cosa de él si está tan sensible.

   -Pero no te dijo a qué vino; según era importante. -tercia el del bigote.

   Edward nuevamente se encoge de hombros, restándole importancia y pide con un vozarrón otra ronda de cervezas, a pesar de la hora. No quiere detenerse a pensar en la extraña pesadumbre que quería apoderarse de él, como quien sabe que hizo algo malo; y eso no le agrada. No le gustaba sentirse incómodo o inquieto por el atractivo Eric Roche. O sentir culpa por la forma dura en que lo trato. O mucho menos analizar el por qué lo trató así.

……

   Tenía que ser, piensa Nicolás, entrando todo cortado y cohibido a una importante y elegante casa de ropas para hombres. Aunque más que entrar es levemente empujado. Es una tienda más tipo taller, donde la gente no compraba ropa, mandaba a confeccionar una segunda piel, una segunda naturaleza. El lugar era sobrio, de colores opacos pero no oscuros. Casi todos los encargados eran hombres, no había pavitas para coquetear con los clientes a los cuales incitar a comprar algo. La gente iba a esa casa por algo que quería, pagaba por ello y bien, llevándoselo si era de su agrado. En sus estadías en Caracas, y durante más de doce años, Franklin Caracciolo encargaba sus ropas a ese sobrio local, desde medias y calzoncillos, hasta camisas y smoking. Y a Nicolás le pareció que todo lo que vendieran ahí debía pagarse con barriles de petróleo o bolsas de oro constantes y sonantes.

   Mientras Nicolás entra como quien quiere que la tierra se lo trague, Frank lleva un porte altivo y ligeramente desdeñoso hacia el establecimiento. Es un hombre acostumbrado a ser servido por la casa y su gente. En realidad no repara en nadie, es como si no estuvieran allí. Un hombre delgado, vestido de negro, de cabellos aplastados contra el cráneo y de sonrisa fácil fue hacia él inmediatamente. A Nicolás le costó clasificarlo, podría tener igual veinticinco que cuarenta años, había algo inquietantemente indefinido en él.

   -Doctor Caracciolo, qué sorpresa. No le esperábamos… -le dice el tipo, jovial pero lejano.

   -Buenas tardes, Sixto. -recorre algunas filas de trajes que se exhiben.- Traje a un amigo que necesita urgentemente algo para un compromiso de último momento. -señala con una leve inclinación de cabeza a Nicolás, a quien el tal Sixto mira y evalúa como un arqueólogo recogiendo pedacitos de basura en un arenal, nada impresionado.

   -Será un placer. -le sonríe a Nicolás, pero sus ojos son fríos, ¿quién sería ese tipo?, se pregunta. Le señala los percheros.- ¿Quiere ver si encuentra algo a su gusto, señor…?

   -Yo… bien. -jadea Nicolás, mirando fugaz a Frank, quien observa una pequeña vidriera donde descansan algunos vistosos y costosos relojes. Sigue al tipo.

   Mientras van hacia el perchero, preguntándole si quiere algo en especial o si busca algo en específico, Sixto mira a Frank. Vaya que estaba guapo ese arrogante animal. Siempre era así, altivo y distante, acostumbrado a ser servido por gente como él; era casi increíble que recordara su nombre, aunque ya llevaba casi cinco años atendiéndole. Nunca parecía importarle realmente nada relacionado con otras personas; ¡pero que cuerpo! Eso era todo lo que le interesaba. Cuando se quitaba la camisa para probarse otra, el empleado sentía unos deseos terribles de pasar sus dedos como al descuido por esa espalda musculosa y firme; y ni hablar de si se quitaba los pantalones. Tenerlo allí, grande y viril, en tanguita como le gustaban, lo enloquecía, excitándole mucho. Muchas veces había fantaseado con estar a sus pies, de rodilla, midiéndole la cintura o algo así, con el rostro cerca de su cadera, mirándole el bulto dentro del bikini; frotando su rostro finalmente en la suave tela de algodón, sobre su tranca, chupándola hasta verla crecer, grande y hermosa, capaz de darle tanto gusto y placer que lo enloquecería, mamándolo luego, y eso sólo para empezar.

   Pero sabe que es una locura. Una fantasía imposible. Había algo terriblemente masculino y salvaje en ese hombre. Y Sixto presentía que era capaz de golpear a alguien hasta machacarlo contra el piso si le molestaba u ofendía. Sobre todo a un asistente de sastrería amanerado y atrevido. Y por eso estaba tan extrañado, se dice mirando al enrojecido y cortado joven que estaba a su lado, oyendo sus acotaciones sobre tal o cual traje. Ese muchacho se veía avergonzado de estar allí, como sí Franklin Caracciolo estuviera atendiéndolo. Era un chico guapo, ¿habría algo entre él y la bella bestia? Sonríe al imaginárselos sobre una cama, sus bocas unidas en un intenso jamón.

   Mientras pasa la mano sobre las telas y oye de los cortes, los tejidos, los diseños y los costos, Nicolás se siente angustiado. Era casi inmoral, demasiada plata por un simple traje, ¿qué locura era ésta? El más barato costaba lo que un mes de su sueldo en La Torre, que fue donde más ganaba. Eso lo cortaba e incomodaba mucho. Se sentía como un vividor, como si estuviera aprovechándose de… esa mierda que pasaba entre Frank y él, esa vaina no resuelta, para sacarle cosas. Ya había pagado por su atención médica, medicamentos y varias comidas. Lo sacaba, lo paseaba y gastaba en él como si fuera… una noviecita tonta o algo así, como ablandándola para llevarla a la cama. Eso le llena de una desagradable sensación de rabia contra los dos. Se estaba comportando como un mantenido, como una putilla barata que esperaba salir con muchas cosas bonitas y caras al terminar una relación. Así que al oír los precios, escandalizado y tartajeante va pidiendo algo más discreto, o algo menos ostentoso, y algo más barato, más barato y definitivamente más barato; mientras mira con nerviosismo hacia Frank, quien palpa unas finas corbatas. El joven finalmente toma un traje oscuro, gris, y pide probárselo. Cruza con Sixto el salón seguido por la mirada de Frank.

   El probador es pequeño pero cómodo, incluso con un sillón y dos espejos tipo paredes que permitían verse desde todos lo ángulos. En uno de ellos, Nicolás se mira, sin zapatos, con unas medias blancas de paño, el pantalón gris, bonito, y sin camisa, todo remendado con el vendaje que le rodea el torso y sube hacia su hombro derecho. Se ve algo enrojecido, preguntándose por enésima vez qué estaba haciendo allí. Salir del cuarto era una cosa, pero acompañarlo a un concierto era otra. Allí habría gente que lo miraría preguntándose quién coño era él. Y no es que fueran a creer que eran un par de maricas en plan de novios (o esperaba que no lo prensaran), pero así se sentía él. Presentía que Frank era peligroso. De hecho él sabía que lo era. Brutal, cruel, egoísta. Su fuerza y su virilidad eran avasallante. Así como su sensualidad.

   Enrojeciendo más, odiándose por pensar en eso, Nicolás tiene que admitir que sí, que Frank era un tipo muy atractivo; y con sólo pensar en él, en sus besos o el abrazo que le dio, todo su cuerpo se calentaba, despertándole extraños deseos que lo debilitan. Y que lo molestan. ¿Por qué coño tenían que pasarle a él esas cosas?, ¿ya no le había pasado bastante como para ahora terminar como marica y asediado por un tipo tan implacable? Un leve jadeo escapa de sus labios, mientras sus cachetes se ponen más rojos. Frank había admitido que algo extraño pasaba entre ellos, que los amarraba, los debilitaba y no los dejaba continuar con sus vidas en paz, que eso se solucionaría cuando se acostaran juntos. Pero él sabía que Frank pretendía sodomizarlo a él, que cuando hablaba de tener sexo, pensaba única y exclusivamente en cogerlo. Iba a cogerlo y luego lo botaría. En eso no había misterios. Frank casi se lo dijo; lo harían, se cansarían, se hartarían de esa mariquera y luego cada uno seguiría con su existencia, le gustara o no.

   -¿Qué eligió? -le pregunta Frank a Sixto, quien busca en un mesón una camisa envuelta en plástico, cerrada en cuadrito, cosa que molesta al otro, quien asocia eso con compras baratas.

   -Un bonito flux, algo baratón, pero bueno en verdad. -toma una camisa azul de la mesa y Frank la mira, molesto.

   -Deja eso ahí. -y se aleja hacia los estantes, seguido de Sixto. El hombre mira colgando de un perchero una camisa azul, casi lustrosa, hermosa.- Esa. -dice simplemente y va hacia los trajes y sus dedos palpan uno, negro, de cuatro botones, de una tela que parece inarrugable.- Este. -ordena como un rey decidiendo a quien le cortan la cabeza y a quien no.- Llévaselo. Dile que… -mira al hombre que toma la ropa y con un gesto le dice que vaya. Sixto, con el corazón palpitándole con violencia (“coño sí, ¡había algo entre ellos!”), va hacia el probador y Frank le sigue.

   Nicolás, metiendo los pulgares en la cintura del pantalón, piensa que es algo ancho, cuando la puerta se abre y allí están el vendedor, que le lanza una rápida mirada, y tras él, Frank, quien lo mira en forma intensa. Nicolás enrojeció todo y sus brazos se movieron espasmódicamente, tuvo que luchar contra el ridículo deseo de cruzarlas sobre su torso cubriéndose las tetas como una virgen avergonzada sorprendida en el baño. Mira a Frank, quien lo observa fijamente.

   El abogado repara en su panza no plana, sino hundida, en el vendaje cubriéndole las costillas lastimada, así como en su pectoral izquierdo, no muy pronunciado, pero si definido, como se observa en el derecho, cuya tetilla traidoramente, tal vez por el frío de la tienda se dice el joven, está erecta. Frank repara que no es totalmente lampiño como lo imaginaba en sus fantasías, habían unos vellitos amarillentos que al parecer crecían sobre el pectoral, muy ralos, pero armoniosos. Repara en su hombro pecoso, en su cuello arañado y en su cara enrojecida. Y no se cansa de enumerar esos detalles, aunque traga con la boca seca de repente.

   -Pruébate éste. -le dice ronco, mirándole fijamente.

   -Ya elegí uno que me gusta. -intenta rebelarse. Sixto no se mueve, sólo oye, fascinado.

   -¿Por qué siempre te me resistes? Parece que te costara mucho darme gusto, ¿no ves que quiero mimarte? Quiero que lleves este. Te sentará mejor. -le dice suave, mirándole fijamente a los ojos, burlándose suavemente de él. Nicolás enrojece más al notar que Sixto, quien entraba para entregarle las ropas, dándole la espalda a Frank, abre mucho los ojos, impresionado por la declaración.

   -Está bien, me lo probaré. -jadea ronco, tomándolo casi con brusquedad.- Aunque me parece una exageración gastar todo esto para una sola cita. -y al decirlo siente ganas de morderse la lengua. Ya no está enrojecido, sino colorado. Sixto abre más los ojos y Frank sonríe, cruel, divertido a muerte.

   -No te preocupes, si quieres, después te lo quito… y lo guardo. -juega al doble sentido. Sixto tiene que hacer esfuerzos sobrehumanos para no jadear ante eso.

   -¡Lárgate de aquí! -ruge molesto y avergonzado, derrotado en el juego.

   Totalmente divertido y riendo leve, Frank sale de allí, seguido de Sixto, quien mira a Nicolás pensando que es un chico con suerte. Una vez afuera, Frank toma a Sixto por uno de sus delgados hombros, encarándolo.

   -Espero que seas tan discreto como siempre, Sixto. Me agrada tu atención; odiaría tener que acostumbrarme a alguien nuevo. -sonríe gentil, pero sus ojos son implacables y el otro asiente.

   El hombre le envía por una correa y unos zapatos que hagan juego, del número cuarenta y tres. A solas, Frank tiene que volver a sonreír, se siente bien, nota como la adrenalina corre a mares por sus venas, excitándole. Se siente feliz, invencible, contento. A sus espaldas se abre la puerta y aparece un enrojecido Nicolás, con su traje, su camisa por dentro, joven y guapo, abriendo los brazos, mostrándose.

   -¿Y bien? -parece esperar su juicio, como un muchacho que hace algo que quiere que guste a la persona que quiere, la única cuya opinión importa.

   -Te ves bien. -dice Frank, ronco y comedido, haciendo un gran esfuerzo para contener el temblor en su voz, así como controlar los latidos de su corazón.- Necesitas zapatos, correa y peinarte. -dice algo brusco; pero tiene que hacerlo, ser brusco, para que las palabras que pugnaban por salir quedaran sepultadas en su boca.

   Por un momento, mientras le miraba, dejándose llevar por una cálida sensación de ternura, estuvo a punto de decir: Te ves hermoso, ratita. Y lo era. Y quiso decírselo, llegar a su lado y cepillar sus cabellos con los dedos, sonriéndole, esperando otra en respuesta. Y tal vez darle un suave beso. Pero eso, era… impensable, ¿verdad? Aquello era única y exclusivamente atracción sexual. Algo casi animal.

                    ………………..

   Las cinco de la tarde marcaba esa temprana hora en que la gente, que podía, escapaba del trabajo y, de disponer de algo de tiempo (y dinero), se tomaba una copita espirituosa para bajar la tensión. En muchas barriadas, ya no sólo en cerros, debía hacerse rápido antes de que el hampa desbocada, organizada y dejada a su suerte por el Estado, impusiera su toque de queda. Ese fracaso en reprimir y combatir la delincuencia e inseguridad era otro clavo en el ataúd del Gobierno; que un hombre que trabajaba bastante no pudiera quedarse tomando dos o tres cervezas por el temor a llegar tarde, ser robado, violado y asesinado, era un abuso. En muchas partes a la gente sólo le quedaba el recurso de encerrarse tras sus puertas y rejas; pero, ¿a quién le gustaba beber en su casa? Lo bueno de la idea estaba en hacerlo con dos o tres compañeros de trabajo, en la calle, gritando, viendo pasar gente y hablando de ellos, sin los hijos saltando de aquí para allá o la pareja, mirándolo como a un enfermo del aguardiente, contándole los tragos, cortando toda diversión. Y eso regía para hombres y mujeres.

   En zonas como el Centro y el Este, ese toque era más flexible. Había hampa en todas partes, Miraflores y el Parlamento estaban cundidos, pero si se obraba con cautela aún se podía disponer de unas cuantas horas de alegre cháchara y libaciones. Así, en un discreto piano bar, no muy lleno aún, sentados al final de una larga barra, Eric Roche y Sam Mattos discuten sobre lo que el primero hizo ese día. Eric parece lejano, algo molesto y Sam lo nota.

   -Tal vez debiste ser más discreto al poner la denuncia. -imagina que algo lo afecta.

   -Nada de eso. Quiero que se levante una polvareda, un ciclón de ser posible. Quiero que Ricardo Gotta se preocupe. -es tajante.

   -Yo ya estoy preocupado. -lo estudia.- ¿Qué tienes? Estás como molesto desde que llegaste. Y no me digas que es por todo lo que está pasando, eso ya lo sabíamos desde ayer y no estabas así.

   -Problemas. -dice molesto y muy mortificado, sintiéndose mal.- Parece que no puedo dejar de hacer y decir idioteces en mi vida privada. -lanza un estallido.

   -Ah, no me digas que hay alguien nuevo en el horizonte sentimental de tu vida…

   -No. No lo hay. -es tajante.

   Y era verdad. Estaba muy molesto por el altercado con Edward Sanabria, pero en el fondo la molestia era con sigo mismo. Edward siempre lo había odiado, creído un cretino con más real que cerebro y que era injusto que aún estuviera viviendo cuando había gente mejor que había muerto en accidentes o de cáncer. Ese era Edward, y él lo había olvidado, por imbécil, por cretino; por un momento se expuso a que el otro lo tratara como al necio que siempre lo creyó. Apura su copa. Qué papelón hizo por irse como se fue. Se sintió señalado y humillado por Edward, a quien su mariconeidad parecía divertir a mares; pero los otros no sabían nada. Debió tomarlo con humor, burlarse del otro y actuar como gente normal.

   -Esta mañana hice un papelón horrible frente a Edward Sanabria. No sé como olvidé cuánto me odia. -jadea, sintiéndose bien al decirlo.

   -Ah, eso. Sí, es increíble que aún nos odie. Pero es culpa tuya, hace años te dije que no hicieras aquella vaina. Yo te lo dije.

   -Gracias, Sam, eso siempre ayuda bastante. -dice amargo, haciéndole señas al cantinero. En eso llaman a su celular. Lo toma intrigado, mirando un número que no conoce.- ¿Aló? -hay una pausa larga y cree que no hay nadie.

   -¿Eric Roche? -es una voz metálica, de hombre.

   -Si. -otra pausa, quien habla parece hacerlo después de cinco a diez segundos.

   -¿El Eric Roche, hijo de Germán Roche y Norma Cabrera de Roche…?

   -¿Quién es? -es hosco.

   -Debería ser más respetuoso con los muertos. A los muertos siempre hay que dejarles descansar en paz, ¿no lo sabe? -responde fríamente, helándolo. Mira en forma elocuente a Sam que se inclina para escuchar.

   -¿De qué habla?

   -El muerto al hoyo y el vivo al bollo. Piense en su novia. En Irene Guerra. Sabemos donde vive.

   -¿Quién carajo…? -pero cuelgan mientras aún grita, sintiéndose frío, de rabia y de miedo.

   -¿Quién era?

   -Qué sé yo. Me amenazó, Sam. ¡Me acaban de amenazar! -jadea respirando con dificultad. La relación era clara: investiga sobre el difunto Roger Santos y alguien lo llama para decirle que sabe donde vive Irene.- Tengo que llamar a Irene… -jadea mal. Asustado por la mujer.- Tengo que advertirle, ponerla sobre aviso.

   Sam asiente débilmente, mirándolo con preocupación. Esa era la desventaja de la gente decente, la que actuaba a la luz del sol. Eric podría ir, recaudos en manos, exigiendo justicia, que se investigara una muerte. Podía ir a las policías y a los tribunales, armar un escándalo y ganarse para sí a la gente, que le acompañaría. Pero las fuerzas de las sombras, con una llamada anónima, corta, fría e impersonal, lo regresaban a la realidad de la indefensión. Irene era una mujer que vivía sola, que salía a comprar pan, a la peluquería, a trabajar, que podía ser interceptada en una calle. Y quien llamó sabe que a Eric esa mujer le importa, que si lo amenazan a él, tal vez no lograrían nada, sólo arrecharle y ponerle más frenético; pero amenazando a Irene…

   -¿Vas a llamar a Irene? Qué coincidencia. -dice tras ellos, Néstor Lobo, sonriente. Elegante.

   -Néstor. -lo saluda Sam y Néstor le sonríe frío, mirándolos a ambos.

   El galeno no puede olvidar lo que le dijo Alirio, que Eric era gay. ¿Habría algo entre Sam y él? Lo dudaba, y sin embargo era un divertido y sabroso escándalo. Eric, maricón; pero luego se estremece, ¿y él? No quiere pensar en eso. Sólo en lo que Alirio le pidió que hiciera, asegurándole que este era el mejor momento. En verdad, no entendía nada, tantos reparos y cuidados. La noticia era importante, Eric debía saberlo y ya.

   -¿Por qué dices que es una coincidencia que vaya a llamar a Irene? -le pregunta mosqueado Eric.

   -Mira, tú… –Néstor le gruñe como siempre al cantinero, de forma grosera y desconsiderada, y pide algo, sentándose a un lado de Eric.- Hace unos días la vi en un ascensor del Consorcio Clínico. Amigo… ¡Irene está preñada! Y a menos de que pasara algo que yo no sepa y se estuviera viendo con otro, ese hijo es tuyo. O debe ser tuyo, con las mujeres nunca se sabe…

   -¿De qué hablas? -grazna Eric, realmente impresionado, tanto que se pone blanco papel y una que otra peca se ven sobre su nariz. Néstor lo mira burlón.

   -Felicidades… papi.

CONTINUARÁ … 93

Julio César.