Archive for 31 diciembre 2012

ADIÓS AÑO VIEJO, BIEVENIDA LA ESPERANZA…

diciembre 31, 2012

CHICAS CON TETAS GRANDES

FELIZ AÑO NUEVO

   Aunque no soy amante del vino, a las doce de esta noche, si Dios quiere, brindaré por él, porque se va, y saludaré al que llega entre risas algo borrachas, los sobrinos más grandecitos mirando con sonrisas pícaras y desconfiadas el vaso ofrecido para que celebren con sus mayores como fondo de la alegría y la esperanza, igual que las notas del Himno Nacional que se dejaron escuchar después del cañonazo mientras se repartían besos y abrazos (una emisora de radio sintonizada, parte de la tradición), después del poema “Madre, esta noche se nos muere un año”, de la gaita “Compai, ¿por qué va a llorar?”, del “Yo no olvido el año viejo”, del “Faltan cinco pa’ las doce”. Y más allá el cielo iluminándose con las luces que estallan con su estruendo, y mirando, sabremos que los vecinos también celebran, también quieren. Será como dice el poema, una noche de locura, de mujeres que ríen con desenfado y de hombres borrachos. Saldré luego a repartir abrazos y besos, cosa que me encanta. Sólo por esa noche seré amable y hasta cariñoso con gente a la que sólo saludo con un gesto de cabeza.

   Hoy, en horas de la noche, terminará el horrible 2012, uno que sonaba bien por la simetría, también por la promesa de grandes emociones, precisamente este diciembre, y que quedaron en nada. Ha sido un año de decepciones en lo laboral, social, político y hasta vecinal. Quien no estuvo sumergido en la rabia de una crisis económica que nunca entendió de donde salió (del mismo sitio que nuestras penurias aquí, de la falta de sentido común o de responsabilidad del colectivo), a aquellos que sufrieron persecución, asedio y asesinatos. Ha sido un año duro, de amigos y colegas que perdieron a un pariente, la vecina a quien un hermano se le suicidó, la muchacha embarazada que se veía radiante, sonriente feliz, y que lo perdió en el último momento. De mascotas que enfermaron y murieron, de hijos que debieron cerrar los ojos a sus padres temiendo que ese dolor nunca pase…

   A Raquel, a la vista de sus hijos caídos no se le pudo consolar, pero a esos amigos, vecinos y conocidos pidámosle que tengan fortaleza, por aquellos que quedan, y adelantemos para ellos los abrazos. Para quienes no perdimos a nadie amado, pero nos amargamos con las cosas de la vida diarias, dejemos las tonterías. Demos gracias a Dios, entendamos la fortuna infinita de que todavía estamos todos juntos, la bendición de la familia… fuera del empleo seguro, la comida en la mesa, un techo sobre nuestras cabezas. Para unos y otros, al tañido de las campanas y las primeras risas que se dejen escuchar al grito de “feliz año, mengano”, cuando el cielo se ilumine en un estallido de vida terca e insolente, una que se niega a dejar de ser, recordemos todos los buenos momentos, los felices, las caras y sonrisas de los ausentes. Cómo era en verdad cuando no están teñidos por la tristeza de quien los evoca. Recordemos su presencia y alegría, recordemos que siempre nos pidieron que continuáramos, que riéramos y celebráramos mientras estuviéramos juntos los que aún quedamos. Recuérdenlo. Esa promesa, en su momento, todos la hemos hecho. Debemos continuar, sonreír y brindar, por los idos, pero también por la vida que sigue.

   Fabriquemos nuevos recuerdos felices, con hermanos y sobrinos, o con esa persona especial que nos atrapa tras una puerta prometiendo que nos dará nuestra noche buena el primero de enero. Se termina un año, otro comenzará… qué simbólico. Cerrar un capítulo, tal vez bueno, puede que no, e ilusionarnos con que podemos escribir otro, uno totalmente nuevo en hojas en blanco. Y soñar. Lo que queremos, lo que aspiramos. Decirnos unos a otros “el año que viene será mejor”. Ser felices.

   A mis amigos sin rostros a quienes he llegado a apreciar tanto (cómo que han tenido la paciencia de aguantarme), les deseo lo mejor, confiemos en la vida, recordemos a los amigos de cada etapa, a la vieja y querida tía, también al preso y al enfermo, a la viuda y a los que no tienen nada, detengámonos ante un niño que llora en una calle, no fotografiemos a quien padece un accidente, en nuestras oraciones, por lo que sea, recordemos al que sufre bajo la opresión soñando con un día vivir bajo un cielo de libertad. Vivamos con honor, Dios sabe lo que realmente deseamos y necesitamos, hagámonos merecedores.

   Un fuerte abrazo, mis amigos, y un…

UNA LUZ EN TU VIDA

   FELIZ Y PRFOSPERO AÑO NUEVO 2013

SALUDOS DE AÑO NUEVO

Julio César.

PRUEBAS DEL DESTINO… 18

diciembre 29, 2012

PRUEBAS DEL DESTINO                         … 17

Titulo: Pruebas del Destino.

Autores: Said Hernández y Eduardo.  

Genero: RPS

Resumen: Jared es ascendido al cargo de vicepresidente en una gran empresa, con un trabajo tan importante, en una ciudad diferente y alejado de su familia, podrá su nuevo secretario ayudarlo a organizar su vida?

JARED, JENSEN... UN DESTINO

   No te conocía… pero sabía que llegarías.

……

Epilogo: La Carta

   Chris entró a la oficina de Jared, miró las paredes verdes y la oficina vacía. Ya no estaba el joven Padalecki en esas instalaciones y probablemente ya se encontraba en un avión rumbo a Nueva York. Tomó el sobre que estaba en el escritorio, la letra pulida decía Jensen. El chico sonrió y salió de esa gran oficina, revisó el escritorio de su amigo y encontró las llaves de un auto, las tomó, bajó al estacionamiento y apretó el botón, el auto que se accionó era uno de los buenos, color negro de los mejores. Subió a él y condujo hacia el departamento de Jensen.

   Bajó sin mirar a nadie, se estacionó una calle frente al edificio de ladrillos rojos, entró en él y se encontró con la viejita decrepita vecina de su amigo Jensen. La señora le vio con mala cara.

   -Espero que logre callar a su amigo. -lanzó entró de nuevo a su departamento, el primero del edificio.

   Chris subió el primer escalón donde pudo escuchar la música, deprimente, saliendo del departamento de su amigo, que debía tener un volumen bastante alto para que se escuchara hasta abajo. Llegó a donde se suponía debía encontrar la puerta con el numero 14 pintado en ella, en su lugar encontró un gran hueco y una puerta tirada. Entró al departamento y miró la sala echa un desorden, había botellas de licor por todas partes y dos de ellas rotas, se dirigió al cuarto donde encontró a su amigo, tirado en la cama, llorando.

   -Jensen…

   El chico de ojos verdes se levantó de golpe, diciendo Jared, pero se volvió a arrojar al colchón cuando encontró a su amigo Chris.

   -¿Que quieres? -fue la pregunta cortante de Jensen.

   -Amigo, ¿estás bien? -Chris notó que el otro ya había bebido demasiado, además no se veía nada bien.

   -No, no estoy bien, ahora largo. -gritó el chico de ojos verdes soltando a llorar nuevamente.

   -Jensen, no me iré.

   -Chris, ¿qué es lo que quieres?

   -Te traje algo. –explicó tratando de alegrarle el día. O lograr por lo menos que dejara de llorar.

   -¿Que trajiste? -Jensen aun no le miraba, tenía la cara en la almohada.

   -Una carta, es de Jared.

   Al escuchar esto, Jensen le miró por primera vez a los ojos. Su rostro estaba lloroso al igual que sus ojos y estaba muy ebrio, eso se le notaba desde kilómetros. Le sonrió y le extendió la carta. Jensen la miró ladeando el rostro, la tomó con mano insegura y la dejó a un lado.

   -¿Eso debe animarme? Lo que quiero es olvidarlo.

   -¿Podrás? -Chris le puso una mano en el hombro y le obligó a mirarle.

   -No lo sé.

   -También te traje el auto. -Chris cambió de tema para no mortificar a su amigo con preguntas sobre Jared, que seguramente en ese momento y en su estado no respondería.

   -No lo quiero, ese auto me lo recuerda.

   -Entonces, todo te lo recordará. Vamos, usa el auto, Jensen.

   -Lo pensaré…-Jensen cayó al colchón casi dormido.

   -Oh, no, debes leer esa carta.

   Jensen se levantó a regañadientes, abrió el sobre, sacó la hoja y leyó la carta. Mientras leía sus ojos se aguaban cada vez más y al terminar comenzó a llorar mucho peor que antes.

   -¿Jensen? -preguntó su amigo preocupado.

   -Lo perdí, Chris, lo perdí.

   -No digas eso, Jen.

   -Lo he perdido, lo perdí para siempre, nunca volverá el amor de mi vida, nunca volverá y todo porque soy un maldito ebrio. Estoy condenado a vivir en la miseria, solo, sin nadie. Alan murió de cáncer, yo de seguro moriré solo y de la peor manera por ser como soy. Estaré solo el resto de mi vida. Jared es el único hombre al que he amado, al que me entregué en cuerpo y alma, y lo he alejado, lo dejé marchar y lo perdí para siempre.

   Se tumbó nuevamente en la cama llorando más fuerte que la vez anterior, la música aun se escuchaba muy fuerte y Chris acomodó a su amigo en el colchón, le quito los zapatos, unos que nunca le había visto puestos, seguro se los había comprado con su nuevo sueldo, lo cubrió con las sábanas y le miró. Jensen aun lloraba y tenía el rostro tapado con las manos. Tomó la carta y la leyó quedando boquiabierto.

-Jensen…

Fin

   Como contenido especial de regalo bueno les dejo la carta disfrútenla y gracias por todo:

   “Cuando leas esta carta espero ya estar fuera del país. Desearía que te hubieses venido conmigo, que lo nuestro hubiese funcionado y formáramos una vida juntos. Quisiera que no hubiésemos discutido, que no hubieses dicho lo que dijiste: “No se que fue esto entre nosotros, pero no voy a arriesgarlo todo por una cosa de un momento”.

   Desearía que nada de esto hubiese pasado, así podría seguir creyendo que lo que me hacia falta era un mejor trabajo o conocer nuevos lugares. Ahora sé que lo que siempre me ha faltado has sido tú.

   Durante las semanas que pasamos juntos me sentí completo otra vez, tuve de nuevo lo que un día un niño me dio en una feria y creí que sería para siempre. Ahora sé que para ti no significó lo mismo que para mí, y que no volveré a estar completo nunca más. Seguramente yo perdí a la persona que amo, pero tú perdiste al hombre que mas te ha amado en esta vida. Sin embargo no puedo pasar el resto de mi vida esperando por alguien que no esta dispuesto a arriesgarse por amor. Así que con el corazón roto, te digo… adiós.

   Adiós para siempre.

Jared”.

……  

PRUEBAS DEL DESTINO, SEGUNDA PARTE

EMOCIONES FUERTES…

diciembre 29, 2012

¿CULPA DE LOS LENTES OSCUROS?

UN BUEN RATO

   …Calientes y goteantes.

   Nada le gusta más que salir a tomar aguardiente con la novia y los panas a la tasca, luego llegarse a los sanitarios, esos que conoce bien, que tienen una entrada a la gloria, y esperar de rodillas sabiendo que quien entre le verá. Espera. ¿Triunfo o fracaso? ¡Siempre triunfo! La evidencia entra, larga y gruesa. Y cae sobre su premio con ansiedad, sabiendo que tarda y le extrañarán y un pana puede venir a ver qué hace. O su novia. Otro, u otros, que entre sólo a mear, le descubrirá, posiblemente gritándole cosas horrible, pero más seguramente ofreciéndole un nuevo bocado. La posición sumisa es incómoda, huele a rancio, los gruñidos y apodos que le dan son feos, ¿pero saben su verdad?: ¡le encanta! Estar allí en su puesto, de este lado de la entrada a la gloria, y no lo abandona hasta que saborea el disparo del único pasapalo que le gusta.

   Por cierto, los amigos ya saben; ignora, el inocente chico, a cuántos ha catado ya.

EXTREMO

Julio César.

SOBRE SUPERNATURAL, GENIO Y FIGURA

diciembre 29, 2012

CHICAS CON TETAS GRANDES

freddy

   Mis amigos, ¿cómo se preparan para el fin de año? ¿Ya compraron la caña y los pirotécnicos? Sé que existe toda una campaña contra ellos, que si los niños y las mascotas, pero un primero de enero, a las doce y diez segundo, sin fuegos artificiales, no es lo mismo. Igual con el aguardiente, mientras uno tome y se quede tranquilo, felizmente mareado donde está, no creo que nada malo ocurra. ¿Qué puedo decir? Soy un borracho social.

   Hay un tema del cual pienso escribir próximamente. Sobre los dos últimos episodios de esta octava de Supernatural, de lo que va de temporada y de la serie en sí. En reuniones sociales, con amigos que siguen el programa, me tocó y costó escuchar sobre lo mal que está, lo mucho que está disgustando y que es la primera vez que muchos no se angustian esperando que se reinicie en enero. Discutí levemente, pero no quise entrar en honduras. Una duda me carcomía.

   Verán, hasta no hace mucho había alguien que comentaba activamente en este blog sobre el programa; su punto de vista era diametralmente opuesto al mío, parecía ofenderle mi manera de presentar las cosas y me lo hizo saber (SAM Y DEAN, ALLY, TENÍAN QUE HABLAR DE KEVIN…). Aunque le insistía con preguntas directas, que me las respondiera con si o no, se salía por la tangente de decir que yo veía lo que quería ver. Y esa acusación si no puede hacérseme, desde niño nunca tuve el consuelo de creer en fantasías ni en sueños, si uno quería algo lo buscaba, lo procuraba y lo conseguía. No conquiste a ninguna chica con rezar o suspirar por ella. Mis notas jamás subieron por prenderles una vela a los santos. Me encantaba el cine de horror, los domingos veía películas con mi papá, y jamás me afectó, no le tengo miedo a la oscuridad o a quedarme solo en lugares apartados, nunca creí que hubiera momias, vampiros o chupacabras, sabía que no eran reales. Nunca consideré la posibilidad siquiera de comprar casa sólo “cuando me ganara el gordo de la lotería”. Si alguien me hablaba de un negoción donde uno ponía poca plata y a los días te devolvían una maleta, me reía. No me hago ilusiones con el futuro de Venezuela si la gente persiste en creer que ese destino no es responsabilidad personal nuestra, en la espera de que “algo” ocurra que lo resolverá todo. No, nunca he podido confundir lo que quiero con lo que ocurre. Y así es para todo.

   Bien, ese amigo que antes escribía… Después de otro intercambio ácido (¿JUGANDO?… 10), le señalé que hasta que no me respondiera con si o no, no contestaría nuevamente a sus comentarios. Él pareció entender que le sacaba del foro. No era el caso. Sus opiniones son sus opiniones, lo que no me parecía se lo hice notar, cuando entendí que no había caso dejé de intentarlo. Eso no significaba que borraría sus entradas, pasados o presentes. No, podía expresarse, tan sólo no le respondería. Bien, un punto desagradable pero dejado en el ayer, no me agradó que cortara lazos, pero a la gente no puede obligársele a quedarse donde no quiere (y eso rige para Sam Winchester). Sin embargo, cuando otra amiga dejó de manifestarse, A (o Ally), después de mi respuesta a una acotación suya, me pregunté, ¿seré tan intransigente como un chavista? Por eso no comenté los dos últimos episodios de la serie. Por una vez en mi vida me inhibí de decir lo que estaba pensando realmente para no ofender a nadie con mis tonterías porque, evidentemente, mi punto de vista era el erróneo.

AY, SAM

   Hace poco Ally ha saludado y escrito. Estaba de viaje. Me cuenta que con una amiga se puso a ver todo lo que va de temporada, y después de los dos primeros episodios, la amiga, muy molesta, insultaba a Sam. Eso me hizo respirar con cierto alivio. Ah, no era sólo yo (o mi hermana Melissa, quien sigue amando el cuerpo de Jared pero comienza a detestar a Sam). Debo estar haciéndome realmente viejo si pienso que debo disimular lo que pienso o siento para no irritar a otros. Es que la sola idea es contranatural, viniendo de una familia como de la que vengo, donde cualquier habla de lo que sea, a veces de manera demandante.

   Bien, comentaré pronto, y seré desagradablemente descarnado.

ADIÓS AÑO VIEJO…

Julio César.

AXILA O NO AXILA

diciembre 29, 2012

LO QUE MÁS LE GUSTA

RUDO EN BOXER

   -Hey, idiota… -me dijo.- Yo no apesto, ven a oler… -y abrió las piernas.

VECINOS!!!

Julio César.

BUSCANDO LO QUE NO SE LE HA PERDIDO

diciembre 27, 2012

EXPECTATIVAS

OFICIAL HOT

   Cuando deja el barco, Sebastián enloquece, bailando, refregándose de otros cuerpos grandes, rudos y viriles que le tocan y soban sobre el uniforme, hasta que comienza a abrirlo y esas manos ansiosas redoblan sus ataques. Cierra los ojos, meneándose contra esos sujetos que le cierran todo escape, paquetes duros por todos lados, calientes manos tocándole sobre el hilo dental blanco que ahora si se atreve a usar y que destaca sobre el pantalón. Quiere eso, ser libre, ser tocado…

FUTBOL CALIENTE

   …Y llenado. Y, como muchos, escoge por la facha y se engaña. El universitario joven y caliente, fuerte y brioso como toro es quien más toca, más mete mano, posesivo, quien promete lujuria toda la noche. Su carita y tamaño son su gancho, como su chaqueta universitaria, sus suspensorios azules del equipo de futbol o sus medias de paño. Pero es tan sólo un chico que le lleva por la puerta de atrás del gimnasio de su colegio y en el acto quiere a Sebastián de rodillas para que le de sus buenos besos en la otra boquita que le babea, luego que se ponga en cuatro y terminar rápido. No tiene la técnica, el aguante y sapiencia para acariciar, morder, susurrar palabritas sucias…

MARINO ARMADO

   …Que si tiene este marino que se le puso dura nada más ver a Sebastián salir con su uniforme. Él sí le daría todo, con todo, llenándole ese enorme vacío existencialista. Pero el marino no se atrevía pues le veía con chicas y Sebastián, lo más triste, ignoraba que no tenía que buscar lo que en el barco, a toda hora, le podían dar.

LISTO PARA ACTUAR

Julio César.

FELIZ NAVIDAD… POR TARDE QUE SEA

diciembre 27, 2012

CHICAS CON TETAS GRANDES

YO

   Ay de mí…

   ¡Salí de eso! No de la Navidad que no es una de mis celebraciones preferidas, no por ella propiamente dicho (natividad, el nacimiento), sino por los compromisos y deberes sociales. Nadie obliga a otros a comer o beber… pero eso es sólo en teoría. Ya se acabaron los dos bautizos y pasó el matrimonio de un hermano de un amigo a los que debía asistir. ¡Libre! Ya montamos el arbolito, sobrevivimos al fin del mundo y a la reunión familiar. Ahora no bebo más… hasta el sábado. En vísperas del Año Nuevo. Otra tradición familiar.

EL NACIMIENTO DE JESUS

   Espero que todos la hallen pasado muy bien, medio ebrios en una gran fiesta donde fueron felices abrazando o dejándose abrazar, o junto a la familia y la gente amada. Era la Natividad, una ocasión especial para recordar días felices que opaquen los tristes de las partidas o pérdidas, porque se renueva la esperanza en la fe que aprendimos de nuestros padres: Una noche como esa, en Belén, nos nació un Redentor, el Hijo de Dios, quien nos ofreció el regalo de la salvación a través de su amor.

   Aunque con retraso, Feliz Navidad 2012 para todos.

SOBRE SUPERNATURAL, GENIO Y FIGURA

Julio César.

¿JUGANDO?… 16

diciembre 27, 2012

¿JUGANDO?                         … 15

   El siguiente es un Padackles no muy intenso, con una trama medio rosa. La historia NO ES MÍA, pero me gusta, que no se moleste la autora. Es lo que llaman una historia en un universo alterno. Obviamente es ficción, ¿okay?

……

Titulo: The joke? That I love you

Autor: Damnlady62

PADACKLES

   -Entremos de una vez. –se detiene.- ¿O prefieres que me quede y entre por una ventana y finja que vengo de mi cuarto? –le reta, mitad broma, mitad incomodidad por la actitud del rubio.

   -Idiota.

   -Ah, ¿yo soy el idiota? Pareces creer que…

   -¡JT! –les detiene la llegada de un Chad agitado.- ¿Dónde diablos andabas?

   Oh Dios, piensa Jensen.

   -¿Chad? ¿Tú despierto antes de las siete y media? ¿Qué ocurre? ¿Se incendia el hotel? –se burla Jared, sonriendo todo hoyuelos, mirar a su viejo amigo de parrandas le devuelve el aire ligero, ese donde se permite estremecerse íntimamente al pensar en Jensen, a quien mira.- Dices que odias despertar temprano; Chad puede competir contigo en eso. –comenta y el rubio entrecierra los ojos, aunque sonríe tenso.

   -¡Oh.por.Dios! –jadea Chad, enrojeciendo mucho, mirando de uno al otro.- Lo hicieron, ¿verdad? ¡JT! –grita alarmado, llevándose una mano a la frente.- ¿Tú y Ackles? –la voz le falla.

   -Chad… -Jensen se agita; a pesar de lo temprano hay personas de aquí para allá. Jared le mira con un brillo de determinación en los ojos, se le acerca más, atrapándole el rostro entre las manos y haciéndole jadear de sorpresa.

   -Tranquilo, Jen, yo hablo con Chad. –le sonríe y Jensen traga saliva, asintiendo.

   -Joder… -gruñe Chad, entendiendo que Jared quiere proteger a Jensen, que se preocupa por él.

   -Yo voy a… -el rubio se humedece el labio y la mirada de Jared se oscurece. Dios, desea tanto besarle ahora, pero Chad estaba ahí con una cómica expresión de pánico en su rostro, cosa que trastornaba a Jensen.

   -Tenemos que hablar. –le recuerda.

   Jensen asiente, rojo como un tomate, y se aleja a buen paso. Jared frunce un tanto el ceño, le parece que casi huye. Pero se extravía, mirándole alejarse repara en lo alto y apuesto que es, en lo elegante que parece a pesar de lo arrugado del traje (y por un momento se imagina arrojándole de espaldas sobre una cama como la compartida y sacándole ese traje a tirones). Guapo, eso era Jensen. Un feroz carraspeo le trae al presente, se vuelve y se topa con un Chad de boca abierta que mueve mucho las pupilas.

   -¿Es que te volviste loco? ¿La altura te dejó el cerebro sin oxígeno? –croa al fin.- ¿Tú y Ackles?

   -Chad… -toma aire, metiendo las manos en los bolsillos del pantalón.- Eres mi mejor amigo en todo este mundo y no voy a mentirte… Me gusta Jensen. Y me gusta mucho.

   -¿Qué? –casi hay pánico en su voz.- No, Jared, esto tiene que ser una broma. Es eso, ¿verdad? –y ríe como cuervo que grazna.- Estás burlándote de él, lo sabía; eres tan divertido como un infarto, hijo de perra.

   -No estoy jugando. Me gusta, Chad. Anoche bailamos y no quería soltarle; nos miramos a los ojos y me perdí en los suyos, recordarlo me pone la piel de gallina. Dios, Chad, su boca… es tan suave y dulce. Tomaba de ella y…

   -¡Basta! –grita, cubriéndose infantilmente los oídos.- ¿Ahora eres marica? –la cuestión se pone de manifiesto rápidamente y Jared frunce el ceño; es de Texas, por Dios, la palabra es casi una ofensa por derecho propio. Toma aire.

   -No lo sé, Chad. Si ser marica es que me guste ese hombre y desee tocarle a cada segundo, entonces creo que lo soy. ¿Es problema para ti?

   -¡Claro que si! –estalla.- La vida se te volverá un infierno si… -boquea.- ¿Ahora te gustan los hombres? ¿En verdad?

   -Tú no, ni Tom. Ni Mike o Ian. Jensen… -frunce el ceño. Sólo Jensen. Nunca antes había considerado la posibilidad de encontrar atractivo, sexualmente, a otro hombre. Y al rubio le encontraba atractivo. Sexualmente. Y mucho.

   -Ese tipo esta jugando contigo y tú le dejas.

   -No. Fui yo quien le perseguí, casi debí forzarlo a escucharme. Vamos, necesito un café. -entran al área del comedor.- ¿Sabes?: Jensen gustaba de mí, en la escuela.

   -Es lo que Sandy dice.

   -Esa tonta, ¿por qué nunca me lo dijo? –un ramalazo de malestar le invade, pero lo rechaza rápidamente. No, en la escuela no estaba listo para esto. O no totalmente, ahora recuerda todo lo que le afectó el desprecio del chico rubio, pecoso y cegatón, así como su partida. Toman asiento a una mesa y ordenan café.

   -Jared, no estás pensando con la cabeza; o no con la de arriba, y mira que me cuesta creer que pierdas cualquiera de ellas por un tío, pero…

   -¿No tienes hambre? Estoy famélico. –casi gruñe imitando a un león cuando le corta, sonriéndole a la bonita camarera.

   -¿Una buena noche? –pregunta ella con picardía, dejando los cafés.

   -In.cre.í.ble. –enfatiza cada silaba.

   -Bien por ti. –ríe ella.

   -¡JT! –grita Chad, pero debe ver y escuchar al sonriente Jared, con expresión de idiota, ordenar un copioso desayuno mientras le coquetea a la joven.- ¿Qué tienes? ¿Estás intoxicado? ¿Es eso? ¿Drogas?

   -Es Jensen. –se encoge de hombros, saboreando su café con mucha crema, sabiendo que mortifica a su mejor amigo.- Oh, vamos, Chad, no estoy diciendo que voy a salir a hacer público un épico romance gay. No estoy hablando de matrimonio o compromiso. No sé exactamente qué me ocurre con Jensen, como no sea… -y sonríe suave, sabiendo que no puede decirle a Chad que todavía recuerda ese momento cuando se fue quedando dormido, saciado sexualmente, con el rubio entre sus brazos, contra su cuerpo, las pieles en contacto, los corazones al unísono, los alientos mezclándose; instante cuando se sintió completa y totalmente feliz.- No sé todavía qué significa todo esto… pero necesito averiguarlo.

   -Esto te va a estallar en la cara. ¿Olvidas todos tus planes? ¿A tu padre y lo que prometiste? –le recuerda y la sonrisa de Jared muere.

   -No lo he olvidado, pero… -mira hacia el patio que da a las piscinas, lleno de sol y vida.- A papá no le gustó que dejara la escuela de leyes, ni que fuera de aquí para allá buscando proyectos arquitectónico, o que ninguna de mis relaciones durara lo suficiente para establecerme. No le gustó que vagabundeara buscando…

   -¡No me vengas con esa mierda! –se encoleriza, apuñalando con un dedo la mesa.- Esto no va a terminar bien, por muy optimista y sonreído que estés. Si no es por tu padre, será por Jensen; él va a terminar sabiéndolo todo y…

   Un peso horrible se instala en el estómago de Jared, es como un tanque de ácido caliente que se abre y corroe la dicha con la que llegó. Jensen… Una imagen de Jensen molestándose con él, sintiéndose defraudado… La idea le resultaba extrañamente horrible. Un miedo que le sorprende por su intensidad, le quita el aliento y le enturbia la mirada.

   -Chad… -jadea suplicante y el otro parpadea totalmente confundido.

   -Joder, ¡de verdad te gusta! –más que una afirmación es una revelación.- Ay, amigo, no quiero estar en tu pellejo. –no deja que el castaño hable, sabe lo que pedirá.- No diré nada. No te haría eso, pero… juegas con fuego. Y puede que hasta Jensen se queme, ¿lo has pensado?

   -Oh, mierda. –suelta aire. Dios, ¿qué debe hacer? ¿Y si le contaba todo a Jensen? ¿Entendería?

……

   Cruzando el hotel rumbo a su piso, Jensen va preguntándose qué coño está haciendo. ¿Enredarse con Jared Padalecki? Definitivamente se había vuelto loco. Con un “ahora no”, silencia a Megan Fox que le cortaba el camino mientras va a su habitación.

   Botando aire se desnuda y arroja sus ropas al piso, tragando saliva mientras ve asomarse en un bolsillo del saco el sucio bóxer. Se lleva las manos a la cara y entra al cuarto de baño. Mientras el chorro de agua muy fría cae sobre su calenturiento cuerpo, Jensen, ojos cerrados y boca abierta, intenta no pensar en lo increíblemente maravilloso que se sintió acurrucarse contra Jared en aquella cama, donde se sintió extrañamente completo, protegido. Amado. Era tan fácil cerrar la mente y soñar que eso podía ser…

   Atrapa un buche de agua y lo escupe, sonriendo con amargura; siempre supo que había algo distinto en su persona. Le gustaban las niñas, como Danneel que, la primera vez que la vio, le deslumbro… pero también los chicos. Llegar a esa escuela y encontrar a ese guapo, alto y divertido diablillo, quien luego le atropelló junto al Chad, le dejó la mente en blanco. Habría dado todo por ser amigo de Jared porque… le había gustado. Dios, cómo luchó luego contra esa atracción, por combatir a Jared pero también lo que sentía. Desde muy joven había planeado su vida, trabajar y estudiar duro; tropezar con Jared, el hermoso príncipe, y perder el aliento y la calma no había estado dentro de esos planes.

   Y ahora… tiembla y apoya la frente contra las baldosas. Le desea. No puede ocultar ese estremecimiento de lujuria y ganas que le recorren mientras piensa en el castaño. Dando media vuelta, apoyando la espalda de las baldosas, sonríe bajo los chorrerones de agua. Desea probar nuevamente su boca, recorrer ese cuerpo grande y musculoso con sus manos, darle pequeños besos en todas partes, lamiéndole, mordiéndole. No quiere pero su mano baja a su entrepiernas y tiene que hacerlo, está duro y caliente, urgido. La primera pasada de su mano le hace gruñir y morderse el labio; mientras el puño va y viene sólo puede pensar en Jared. Siente culpa pero necesita liberar tensiones, lo suficiente al menos para continuar el día. Estaba agotado, pero aún tenía trabajo.

   Más tarde, frotándose con fuerza con la toalla, sacando otro traje (no usaría corbata hoy, le dejaría la recepción a Megan), piensa en lo que hará. Necesita hablar con alguien, ¿pero quién?

   Sonríe, claro, con Chris. Necesita poner todo en perspectivas.

……

   -Jensen, ¿dónde estabas? –pregunta Jessica Alba, la cual tomaba un café mientras habla con Megan Fox.- Danni está furiosa contigo y con Jared, los dos desaparecieron ayer.

   -Asistí a una fiesta en el yate de los Hilton. Jared también estaba allí. –informa de pasada, esquivando los ojos femeninos, mejillas rojas, cosa que atrae la mirada de Megan.

   -Con razón te veías tan lindo cuando llegaste… junto a Jared. ¿La misma limusina? –interroga ella, y Jessica, terminando su café, le mira por un rato, intrigada.

   -¿Tú y Jared?

   -Jared y yo, nada. Regresa al trabajo, Meg. –replica, mejillas más rojas todavía.- Voy por un café y a comer algo. –se aleja.

   -¿Son ideas mías o Jensen…? –comienza Jessica.

   -Mucho rubor, ¿verdad?

……

   Casi al medio día, los ojos algo irritados y cinco buenas tazas de café más tarde, Jensen se pasea por los jardines que dan en salida al área de piscinas. Botando aire marca un número telefónico y oye el insistente timbre.

   -Espero que sea importante, hijo de perra, acabas de despertarme.

   -Chris, ya es medio día. –apunta.

   -No me vengas con eso, si no tuvieras que trabajar jamás saldrías de tu cama. –gruñe el otro.- ¿Todo bien por allá?

   -Si… -toma aire, del otro lado hay silencio.

   -¿Problemas? ¿Paris Hilton otra vez? No entiendo por qué no terminas de revolcarte con ella y la dejas aburrirse. Pasaría con una sola encamada. Eres aburrido.

   -No es eso. ¡Y soy bueno en la cama!

   -¿Quién lo dice? ¿Las dos chicas con las que has salido en toda tu vida y el sujeto que te hizo aquel trabajo oral en…?

   -¡Chris! –jadea, Dios, ¿por qué le consideraba un amigo?

   -Ah, apareció alguien nuevo y te gusta mucho. ¿Chico o chica? –le adivina y Jensen sonríe tenso.

   -Ni tan nuevo. –se le escapa y cierra los ojos.

   -Entiendo, la fulana boda de la Harris trajo a tus antiguos amigos escolares. –y ríe.- Así que “Jared Padalecki, ese gigante tonto y egoísta” está ahí, ¿verdad?

   -Nunca dije…

   -Le llamaste cosas horribles. Y te tengo grabado. ¿Qué ocurre? ¿Sigue tan gilipollas como antes?

   -Yo… -se tensa.

   -Dios, ¿te acostaste con él al fin? –suena realmente sorprendido.

   -No me acosté… acosté, propiamente dicho.

   -¡Mierda! –suena preocupado.- Mira, me agrada que expandas tus relaciones humanas, el pene, si no se usa, se cae; también me gusta que estés matando ese viejo antojo, pero creo que puede ser peligroso. Ese chico te gustaba demasiado y hasta donde sé, es hétero.

   -Lo sé. Y tal vez tan sólo se esté burlando de mí, pero… sus besos…

   -¡Vaya! Entonces es algo más que un juego. Si hubo sexo…

   -No es eso, bailamos y nos besamos… Y compartimos una cama donde hubo muchos toques, pero tal vez fui yo quien presionó la situación. Sabes que me muevo cuando duermo.

   -Para que conste, aunque hemos compartidos un colchón en noches de ebriedad, jamás me has manoseado. Ahora que lo pienso no sé si deba sentirme insultado. Por otro lado, debes revaluar al Padalecki, ningún heterosexual manosea o besa a otro hombre si algo no está haciendo clic.

   -¿Tú crees? –se llena de esperanzas, su temor es ese, que Jared se esté burlando. O él engañándose.

   -Pregúntale.

   -No sé… -se muerde el labio inferior.

   -Jen, te lo repito, hombre no besa hombres si no busca o siente algo más. Puede ser sólo atracción física, no eres tan horrible, pero eso es todo lo que necesitas para llegarle y saber. Si le gusta besarte… tal vez quiera quedarse un tiempo y ver qué ocurre. –era lo que necesitaba escuchar, Chris lo sabe cuando oye su suspiro de alivio.- Ve por él, tigre.

   -Ojala estuvieras aquí, Chris. Necesito apoyo moral. –medio ríe torcido.- ¿Así que te parezco guapo? Nunca me dices cosas así cuando estamos juntos.

   -Por Dios, acabo de despertar con resaca, no hagas que vuelva mi estómago. –y Jensen ríe, sintiéndose ligero por primera vez en el día, volviéndose hacia el sol, congelándose al encontrar la mirada fija de Jared casi a su lado.

   -¿Chris? ¿Quién es Chris? –pregunta tenso.

……

   La vida es buena con algunos. Mientras Jensen Ackles todavía tenía que atender problemas de operatividad y logística dentro del complejo hotelero, y darle largas explicaciones a Danni sobre su falta a la reunión del día anterior, Jared, después de su copioso desayuno, tomar una larga ducha con agua tibia, durmió buena parte de la mañana. No tanto por estar agotado como por… tenía mucho en qué pensar. En Jensen. En el Jensen en la cama, el baile, el beso, llenándose de emoción y excitación. Pero también con inquietud. Por suerte, y reafirmando su suerte, soñó cosas agradables con el rubio, aunque luego no lo recordara conscientemente.

   Despertar fue sentir la necesidad de encontrarse con el otro, tenían que hablar (y la acidez que sentía al pensar en algunos de los temas, le atormentaba). Sonriendo, después de devorar un buen almuerzo, se cambió de ropas, un shorts largo, sandalias y una camiseta sin mangas, koala al hombro, decidido a bajar a las piscinas para encontrarse con las muchachas, disculparse con Danni… y toparse con Jensen. Algo le decía que ir ligero de ropas podía ayudarle a encadenar la atención del rubio el tiempo suficiente para que hablaran.

   Bajó con un alegre zumbido de expectativas, tal vez por eso no reparó en las miradas de interés que variadas mujeres jóvenes le lanzaron. Tan sólo una imagen ocupaba su mente, y esta era de ojos verdes, largas pestañas, muchas pecas doradas y sensuales labios. Al encontrarle, mas deportivo que de costumbre, sonrió, sintiéndose expuesto en sus sentimientos… hasta que reparó en la mirada brillante de Jensen, sus mejillas rojas, el evidente alivio en su postura. Las palabras de afecto, “Ojala estuvieras aquí, Chris. Necesito apoyo moral. ¿así que te parezco guapo? Nunca me dices cosas así cuando estamos juntos”, desencadenaron una desagradable descarga de enojo que le recorrió. No pudo evitar el sacar pecho, afilar la mirada y endurecer el tono cuando Jensen se volvió a mirarle, todavía sonreído y perdido en su charla.

   -¿Chris? ¿Quién es Chris? –intenta controlar todo su enojo, ¿quién era ese tipo?, ¿por qué Jensen parecía relajado y contento mientras hablan? ¿Será un hermano? Dios, que sea su hermano, piensa, porque la idea de que alguien acapare la atención del rubio de esa manera le resulta insoportable.

   -¿Jared? –Jensen parece confuso por un segundo, y a Jared le agrada que enrojezca recorriendo sus anchos hombros.- Te dejo, Chris. No, no voy a contarte nada. –es tajante y cuelga. Parece incómodo, deseando dar un paso atrás.- ¿Cómo estás? ¿Descansaste? –y Jared bota aire por la boca, cruzando los brazos sobre el pecho.

   -¿Quién es Chris? –demanda nuevamente; coño, no quiere actuar así pero necesita saberlo.

……

CHRISTIAN KANE

   Christian Kane, Chris, un buen amigo de Jensen. Aunque cantante country, también es actor. Generalmente se habla de su cabello largo y desordenado, me parece que con él corto, se ve mejor. Pronto aparecerá en la historia en persona.

CONTINÚA … 17

Julio César.

NOTA: Hola, May, Feliz Navidad. También tú, Damián. Estuve desconectado por un tiempo pero he vuelto. Me alegra saber de ti, Ally, un abrazo, amiga.

DE MACHO A ESCLAVO… 13

diciembre 27, 2012

…ESCLAVO                         … 12

   El siguiente es un relato que cae dentro del género que llamo maldito, un sujeto va a una casa buscando algo y sale con otra. No es mío, es una traducción adaptación, por lo que le pido al escritor original, John <seekingurdick@ yahoo.com, si llega a enterarse de lo que hago, que no se moleste. Su relato es corto, directo y bueno, por eso lo cito. Disfruten de…

……

Asunto: El despertar de Joe

Fecha: Jueves, 22 de diciembre 2005 18:22:04 -0800 (PST)

De: John <seekingurdick@yahoo.com

CHICO ATADO

   ¿Acaso lo merecía por malo? Tal vez…

……

   -No te corras, perra, no tienes permiso.-le ruge.

   Y ocurre lo imposible (y se pregunta cómo editarán la grabación), mientras continúa embistiéndole, casi derribando la silla que baila sobre la cubierta con la fuerza de sus cogidas, Sam le nalguea con una mano, con la otra atrapa una de sus tetillas, índice y pulgar el pezón erecto, y hala con fuerza. El cuerpo del muchacho queda atravesado por todas esas poderosas sensaciones que le hacen flotar hacia el orgasmo aunque escucha “no te corra, no te corras”. Sabe que no aguantará, y menos cuando el tolete de Sam se pone bien duro y arde, un segundo antes de llenarle el culo con su semen ardiente, que lo baña, lo inunda, le golpea donde es. Y se corre, no puede evitarlo, se corre violentamente sintiendo a ese sujeto llenarle con su esperma, el vil amigo que lo llena de espermatozoides al tiempo que le atrapa las dos tetillas retorciéndolas con fuerza. Se corre y grita ahogadamente por el gag ball, y es el clímax más intenso de su vida.

   Gruñendo ahogado, Sam se retira después de un rato, de varios temblores traducidos en más semen dentro de ese agujero ávido, la tirita del hilo dental cubre el rojo y abierto culo, pero no puede parar el leve goteo de leche saliendo, mojando la tela, mezclándose con los aceites. El semen, fácilmente identificable para todo aquel que en un momento dado se ha manchado la ropa interior con él (especialmente si es de otro), marca su camino rumbo a las bolas dentro del saco de tela.

   Joe quiere sollozar de rabia y humillación, volviendo la mirada, viendo a Sam cubrir su erección y guardar la filmadora. Mierda, ¿esa sería su vida ahora?

   -¡¿Se puede saber qué coño hacen aquí, par de pervertidos?! –trona una voz autoritaria.

   Y el joven atado quiere morirse de vergüenza y alarma; perdido como estaba en la vorágine de la pasión, y aparentemente también Sam, no escucharon el otro bote que se acercaba y allí estaba un vigilante del río, con su uniforme gris, su sombrero ala ancha y los lentes oscuros, con gesto de asco. Joe cierra los ojos. Dios, era todo lo que le faltaba.

   -No hacíamos nada malo, oficial. A mi amigo y a mí nos gusta divertirnos, sobre todo a él. –le sorprende la voz ligera de Sam, a quien ve sonreír al caer sentado a su lado en la silla, mirando al otro sujeto. Pero es nada a la sorpresa que se lleva cuando este le atrapa las rojizas nalgas con marcas de azotes, abriéndolas.- ¿No quiere divertirse un rato también, oficial? Mire que belleza. Y él es insaciable, seguramente ya se le está calentando la pepe del culo nada más de mirarle. –ofrece.

   Joe farfulla y se revuelve con fuerza, clavándose más las cuerdas de goma en la piel con una sensación de impotencia que le hace estremecer, intenta luchar contra el agarre de Sam, soltarse y huir. Ese sujeto estaba ofreciéndole su culo, uno que usó y todavía gotea leche, a un perfecto desconocido. Pero es poco lo que puede hacer atado como está, manos a la espalda y piernas sujetas a la silla plegable.

   El patrullero de la marina, boca abierta, mira a ese sujeto musculoso y bronceado, guapo, joven y viril, con el pequeño y putón hilo dental como única prenda que oculta sus bolas, atado, culo chorreante de semen. Le mira teniéndola totalmente dura ya bajo su pantalón azul marino.

   -Vamos, este culo te hará adicto a sus placeres. Y a él le encanta, es una perra deseosa que nació para satisfacer a los hombres. Esto le gusta mucho. -invita nuevamente Sam, sus manos halando más de esas nalgas redondas y firmes que queman sus palmas.

   Juega. Ofrece a Joe porque el sujeto, alguien con autoridad, les sorprendió, pero también porque el tipo, fornido, algo obeso, de barba y bigote, mira embelesado al musculoso muchacho (¿acaso temblando por secretas urgencias?); el cuerpo de Joe, reducido a la sumisión como está en esos momentos, le atrae innegablemente. Y Sam, que sabe de deseos secretos de hombres que no los han confesado nunca ni a sí mismos, intuye que a ese rudo tipo le ocurre. Quiere eso. Lo que se le ofrece en esos momentos, pero ¿más aún?

   El mal amigo deja una mano sobre una nalga de Joe, con la otra atrapa la tirita del hilo dental, bajando, acariciando a su amigo atado, apartándola del agujero rojo y algo hinchado. Y ese sujeto jadea cuando lo ve titilar por los forcejeos de Joe, babeando todavía semen, uno que es escaso ya pero que baja mojando más la tela que atrapa sus bolas. Es más de lo que puede soportar. Gruñendo el uniformado se la saca con manos febriles mientras se acerca al atractivo manjar que se le ofrece y que piensa disfrutar.

   Joe grita y se revuelve, humillado, cuando ese tolete le golpea las nalgas, aún detenido por Sam. Siente como este enfila hacia su entrada enlechada, se forza y entra, lentamente, suave ya que está abierto por el dildo y la cogida previa que Sam le dio, dejándole, además, bien untado de semen. El guardacostas jadea y gruñe, abriendo mucho los ojos y la boca mientras va enterrándosela, descubriendo la maravillosa sensación de sentir como cada centímetro de su güevo está siendo rodeado, atrapado, masajeado y halado por las entrañas de otro tipo. Se la mete hasta los pelos y se queda allí, gritando, temblando de emoción, joder, ¡eran tan suave y calientes las entrañas del muchacho!; porque si, idea que lo hace todo aún más sucio y erótico, ese tío a pesar del tamañote se notaba que era muy joven. Y apretaba de una manera increíble.

   ¡No, no!, piensa Joe, pero ese güevo que le abre totalmente, llenándole de algo caliente y pulsante, estimula nuevamente las paredes de su recto. Cuando el tolete sale, rozándole más, volviendo en seguida con un fuerte golpe y dándole sobre la próstata de manera directa, lanza un largo gemido de gusto y frustración elevando la cabeza, mordiendo salvajemente el gag ball. Su cuerpo le estaba traicionando dejándose llevar por las poderosas y estimulantes sensaciones que le recorren ahora.

   Sam, sonriendo con los labios abiertos en una mueca peligrosa, mira al musculoso y recio sujeto que se la clava ahora, con fuerza y rapidez, a Joe por el culo. Se aparta, la tirita del hilo dental cede, choca y roza del grueso y rojo tolete al salir y entrar, haciéndole gritar sorprendido y ahogado. Sam lo entiende, coger a un tipo así, metiéndosela duro por el culo apartándole únicamente el hilo dental, era una maravilla. Algo que todo carajo debía disfrutar al menos una vez en su vida. Las cosas iban bien…

   Desde que notó la mirada sorprendida y hambrienta del vigilante playero, entendió que ese tipo estaba picado de alacrán; ahora viéndole clavado sobre Joe, rostro congestionado, sacándole y metiéndole de las entrañas ese tolete grueso y nervudo al tiempo que le atrapa el cabello con una mano y le nalguea salvajemente con la otra, posiblemente inconciente de que lo hace (¿tal vez una vieja fantasía sobre someter así a alguien?), cogiéndole y nalgueándole ininterrumpidamente, se ve perdido de lujuria. Debe ser doloroso, seguramente Joe estaba pasándola un poco mal, se dice mientras le oye gemir, estremecerse con las embestidas, sus nalgas apaleadas por la pelvis enfundada dentro del pantalón del otro. Pero no es todo, sabe que no.

   Joe grita ahogadamente, ojos llorosos, ese tipo estaba abriéndole más el culo, sin reparos, mientras lo pistonea salvajemente, aplastándole contra el mueble con el peso de su cuerpo, halándole duro el cabello, nalgueándole fuerte… Y sin embargo todo eso se mezcla con los frotes y golpes a su próstata que le estimulan de una manera increíble. Todo él está nadando en testosterona y endorfinas mientras es sometido a todo eso, obligado a aceptar a ese macho, incluso las nalgadas. Ya lleva tiempo siendo tratado de esa manera y todo se mezcla en su mente, angustiándole más, luchando contra el deseo de abrir y cerrar su culo sobre la vibrante barra caliente que le llena.

   El sujeto le suelta el cabello, se tiende más sobre él y le atrapa las tetillas, gimiendo sorprendido por los aros, apretándolas con sus dedos índices y pulgares mientras se la tiene bien clavada. Duele y es tan placentero al mismo tiempo, que Joe sólo puede sollozar olvidando todos sus propósitos, mientras mece su culo contra ese hombre, buscando con su agujero la dura verga, sobrepasado por la lujuria que todo ese uso y abuso que se hace de él, le produce.

   Sam lleva rato filmando, a su muchacho con rostro congestionado, frente y mejillas rojas, ojos llorosos que muerde con lujuria del gag ball, mientras es cabalgado de manera intensa. Esa filmación vale oro, piensa… Y pondrá a ese sujeto en sus manos también. Quedaba una prueba… si no la pasaba estaría perdido el señor vigilante de la marina…

   Enloquecido de calenturas, el guardacostas saca casi todo su grueso tolete para volvérselo a clavar una y otra vez mientras le grita que es una puta, los “toma puta, esto es lo que les gusta a todas las putas como tú, apriétalo así, perra”, se repiten una y otra vez sobre una oreja de Joe que se estremece y tiembla de pasión. El muchacho no puede pensar, sólo sentir mientras ese tipo le grita y le coge, le pellizca los pezones al tiempo que se la tiene bien metida y empujando más. Que el hombre está excitado, todos lo saben, comenzando por Joe. Ese tipo estaba loco con su cuerpo, y eso, de manera oscura y culpable, le excita y le llena de orgullo. Era él, él, quien le tenía así de caliente y lujurioso.

   El hombre no se cansa, resistía como queriendo alargar lo más posible ese sucio y prohibido placer sexual. El güevo va y viene, grande y grueso contra el redondo e hinchado anillo que se abre dejándole entrar, apretándole, saliendo y halándole la membrana. El roce de la tirita del hilo dental estimulándole más. El tolete se clava todo, el hombre tiembla, la mente en blanco, estremeciéndose, alcanzando ese punto de placer puro y total, y se corre al fin con varios disparos en las entrañas de aquel hombre joven.

   Y, sonriendo, Sam oye el gemido de su amigo Joe, nota su estremecimiento también.

   Era horrible, todo le dolía, esos sujetos habían lastimado su cuerpo y su orgullo, pero sentir el peso del macho desfallecido sobre sí, sus manos grandes y callosas cubriendo sus pectorales, la verga temblorosa vomitando su carga caliente y abundante contra su próstata y estimulando cada terminación nerviosa de su recto, le obliga a correrse otra vez dentro de la tanga que heroicamente le retiene todavía. Se corre lleno de placer y culpa, de rabia y… algo de orgullo, todo eso como una masa que le marea y asquea.

   -Dios, muchacho… -gruñe tembloroso el vigilante de la marina, saliendo de su culo, jadeando, mirando fascinando como esas nalgas redondas y firmes de machito bronceado y depilado muestran las rojas marcas de sus nalgadas. Ve fascinado como la leche sale del agujero, medio detenido por la tirita del hilo que regresó a su lugar. Se estremece al pensar en lo que hizo, ¡cabalgó a un sujeto!, metió su verga en el culo de otro carajo, uno que ya lo tenía rebosado con la leche de un tercero. ¡Metió su tolete y mezcló su semen con la que ya estaba allí! Y esa idea le estremece y medio pone duro.

   Pero no quiere detenerse a pensar en qué significa eso. Qué dice de él cómo hombre. Era todo un macho, y como tal gozó del culo de alguien. Era tan sólo otro agujero donde meter su verga urgida. No quiere pensar en lo mucho que le excito verle estremecerse atado, sometido, mordiendo esa vaina, preguntándose qué se sentiría estar así. No, no, eso no. Lo cogió, lo gozó y ahora se iría. Nunca más vería a esos sujetos, ni pensaría otra vez en ello.

   -Se ve bien cuando sale así, ¿verdad? Un culo de hombre goteando tu leche. -oye al otro, a Sam, estremeciéndose más.- Es una vista fascinante. -parecía decirle lo que ya pensaba, tal vez por eso no pudo resistirse mucho cuando le empujó por un hombro y cayó de rodillas frente a ese culo, tragando seco cuando el otro aparta la tirita. El redondo y rojo anillo deja salir el semen, el olor es intenso y mareante.- Dime, ¿nunca has soñado con…? -la voz sugerente y melosa le impide concentrarse, o resistirse cuando el atrapa la nuca y empuja.

   ¡No, Dios!, pensó el sujeto, pero sólo podía concentrarse en ese caliente cuerpo frente a él, en ese culo estremecido. Sintiéndose sucio y capaz de todo abre un poco la boca, su lengua se asoma y cae sobre ese titilante ojete, chupando de él. Gime contenido, no puede evitarlo. Está tomando de su semen, y de la del otro también, está seguro de ello. La idea le desborda y cierra los ojos arrebatado por tanta lujuria ante algo tan prohibido y malo para un hombre. Succiona ruidosamente del tembloroso culo, sensación que de por sí es increíble, y saborea su propia leche, y la del otro, paladeándolas con otro gemido. Ignora la mirada terrible de Sam ante su fracaso en la prueba, la de quien sabe que ha encontrado a otra perra deseosa.

   El mal amigo sonríe más cuando oye nuevamente los gemidos de gusto de Joe, quien debía estar disfrutando de la lamida y chupada a su tembloroso agujero de amor, sensación que él mismo sabe es increíble, la lengua de otro sujeto trabajándotelo así con su lengua (a sus perras las pone a todo), también dándole alivio a su anillo tan usado. Medio ríe cuando nota la mirada perdida de Joe mientras menea sus nalgas contra la cara del otro, de arriba abajo, quien le atrapa por la cintura, fijándole con sus manos grandes y velludas, buceándole entrañas adentro en busca de más esperma.

   Un hambre que en muchos hombres nunca se sacia.

……

   A Sam le hizo gracia la prisa que se dio ese hombre para irse. Todo cortado. No preguntó quiénes eran o dónde encontrarles, o por lo menos a Joe, únicamente pensaba en escapar. Dejar todo eso atrás. ¡Si supiera!, se dice sardónico viéndole alejarse en su barca.

   -¡Hijo de perra! -escucha a sus espaldas, se vuelve y grita ahogado al recibir el puñetazo a la mandíbula que le obliga a dar un paso atrás. Joe era un sujeto realmente fuerte… para ser una perra, pensó.

   -¿Qué haces, hijo de puta? -le ruge, llevándose una mano a la barbilla, molesto, pero más sorprendido que otra cosa.- ¿Me golpeaste? -suelta aunque no parece muy listo.

   Joe, vestido a toda prisa una vez liberado de las esposas y sujeciones a sus piernas, quitándose a manotazos el gag ball de la boca, le encara con ojos brillantes de furia. Quiere ser violento y todo cabrón… aunque tiene la incómoda y pastosa sensación de la grasa corporal, o el hilo dental metido entre sus nalgas, bajo el jeans, su culo todavía mojado, no sabe si de saliva o esperma (aunque lo duda, ese sujeto se lo tragó todo).

   -¡Hijo de perra! -le grita otra vez y manos como puños se le va encima.- ¿Cómo pudiste hacerme esto?

   -¿Qué? ¿Cogerte? ¿Dejar que ese tipo te cogiera? ¡Lo gozaste como nunca! -lo encara, desconcertado por la mueca de disgusto de Joe.- ¿No me crees? ¡Gemías y apretabas el culo para retenerlo dentro de ti! ¡Estabas en la gloria dándole placer a tus hombres! ¡Te corriste tres veces sin tocarte! -enfatiza abriendo los brazos.- Amigo…

   -No me llames así, hijo de perra. –mastica las palabras con la voz oscurecida por la ira y el temor, el temor a creer que lo que dice Sam sea cierto.

   -…No sigas engañándote. Te gusta. Esto te gusta. Tu piel brilla de morbo cuando te azotan. Tus mejillas enrojecen de lujuria mientras muerdes el gag ball. Tu culo es como una ventosa que…

   -¡CÁLLATE! ¡Todo eso es mentira! Tú y los otros… -se ahoga, respirando con dificultad.

   -Esto te encanta. Reconócelo. Sé una buena perra y esto no transcenderá…

   -Vuelve a llamarme así y te juro que lo lamentarás. –la amenaza es casi fría y Sam se alza en tamaño mientras se pasa la lengua por los labios.

   -Lo siento, ami… -se detiene y corrige.- Lo siento, Joe, de verdad, pero serás tú quien lo lamentarás. Levantaste tu mano contra uno de tus hombres, y una perra, una buena perra, jamás se atrevería porque sabe cuál es su lugar. Deberé contarle esto a Richard y no estará contento. -suena apesadumbrado.- Lo siento.

   -¿Me estas amenazando? -se oye desconcertado.

   -Este debió ser un gran momento… -sigue, tomando la bolsa que parece no tener fondo.- Richard quería que te aceitaras y broncearas con el hilo para una sesión de fotos esta tarde. Todos preguntan por ti. Estaba tan contento por la demanda que tienes que te envió esto como obsequio… -y saca un collar de perros, negro y lustroso, con pequeños y plateados clavos. Los “Joe”, en plateado, se notan a los costados de donde estaría el cuello. El otro lo mira asombrado.- Él quiere que llegues esta noche a La Casa con esto al cuello. Ahora… te castigará por este golpe. Hazlo fácil, tómalo, acepta tu castigo y… -le tiende el collar.

   -¡Hijo de puta! -vuelve a gritar y de un manotazo derriba el collar.- Jamás usaré esa mierda, no volveré a esa casa, ni somos amigos tú y yo. Te arrojaría aquí en medio de la nada si ese maldito vigilante no supiera que… Volveremos a la marina y cada quien por su lado.

   -Joe, no, no hagas esto o será peor. Para ti. -suena realmente preocupado.- Vamos, amigo, toma el collar, acepta tu castigo, casi seguro unos azotes, y continúa. Puedo disculparte con Richard, todavía te disciplinará pero…

   -¡Vete a la mierda! -es definitivo.

   Ni imaginaba lo que esos sujetos harían… y que le obligaría a suplicar clemencia de rodillas, y su castigo, todo con tal de detenerles en la ofensiva.

CONTINÚA … 14

Julio César.

OFERTAS DE FIN DE AÑO

diciembre 27, 2012

UN CHICO QUERIDO

TIO EN SEXY SPEEDOS

   Atractivos de la Laguna…

   Cada vez que hay fiestas en la zona ocurre lo mismo. Alguien la pasa bien, excesivamente bien, y termina desmayado, semi desnudo y con manchas raras sobre el pecho, la cara y las nalgas. Es todo un espectáculo, ¿no lo crees? Uno pensaría que nada lo superaría, pero no es así. Era frecuente que alguno abriera los ojos cuando intentabas que se pusiera de pie y fuera a su cuarto, sonriendo borracho y feliz todavía, gruñéndote un…

   -Qué bueno, alguien para que me recoja… -sonriendo y salivando, uno todo emocionado por lo que Dios le deparó, le contesta.

   -Si. Ese mismo soy yo.

REPROCHE EN LA PLAYA

Julio César.

HOLA, SOBREVIVIENTES DEL APOCALIPSIS MAYA

diciembre 27, 2012

SE FUE AGOSTO, SEPTIEMBRE VUELA…

FIN DE MUNDO

   Fuera de juegos, no, no fue culpa de ellos. Todo fue por la histeria. No se debe ir por la vida siendo tan crédulo, cambiando de fe cada vez que se oye algo nuevo.

   Un día contaremos esto y reiremos hasta las lágrimas, del día que mucha gente creyó, de corazón, que todo terminaría ya que lo aseguraba una vieja profecía maya escrita en piedra, obviando otros escritos también en piedra de la misma gente. Eso pasa por leer un sólo libro sobre un tema cualquiera. No digo que el fin no pueda llegar, una fiebre horrible tipo la porcina, incapaz de ser contenida y mortal en sus primeras horas, podría exterminarnos en relativamente poco tiempo. Una gripe se riega fácilmente. También un objeto no detectado proveniente del espacio (poco probable a pesar de lo grande que es el cielo a revisar), puede impactarnos y acabar con todo en un invierno nuclear. Aunque en este caso, y en una gripe mortal, cabe duda: ¿moriremos todos o algunos quedaremos enloquecidos y desconcertados?

   También el Sol podría echarnos una vaina. Sabemos que es una estrella media que lanza sus frecuentes llamaradas; que la intensidad de estas pueda afectarnos es algo que se contempla, y que ya ha ocurrido. Claro, podría acontecer lo impensable, y creo que ya comente por ahí sobre una vieja película que vi, un niño que podía adivinar los acontecimientos del día siguiente frente a las cámaras de televisión, y una noche se quedó mudo, al final dijo que al día siguiente terminarían las guerras y los problemas, que toda la humanidad se uniría en hermandad, más tarde le comenta a los allegados que algo le ocurrirá al Sol, que estallara en llamas, creciendo, y mataría la Tierra. Pero sabemos, los astrónomos no han descansado nunca, de los tiempos de vida de nuestro astro rey y de otros. Dentro de ciertos parámetros, el Sol es, y será durante un muy largo tiempo, una estrella estable.

   Cómo se contaron chistes sobre este 21 de diciembre. Recuerdo que el jueves 20 colocábamos los arreglos en la entrada del edificio (siempre nos agarra Noche Buena en eso), y teníamos en un único enchufe una gran cantidad de conexiones, cuando íbamos a conectar la principal, alguien dijo: Ahora vamos y provocamos el apagón del fin del mundo. Comentaba yo que si estuviera en la Electricidad de Caracas, nada más que por joder, apagaría la ciudad a las ocho de la noche el día 21. Una amiga agregó algo parecido: “¿Te imaginas que por pura casualidad mañana hubiera un temblor en Caracas? Yo me muero”.

   Pero el 21 pasó. Concentrémonos ahora en lo del cambio de era, de tiempos, en espera de mejores momentos. Veamos que escribió un inteligente politólogo venezolano ese mismo día viernes, Laureano Márquez; y lo de inteligente viene por su manejo del humor, algo sumamente difícil. Disfrútenlo:

……

Humor en serio: ¡Feliz fin de mundo!

Por Laureano Márquez.

TAL CUAL Y EL FIN DEL MUNDO

Hoy se acaba la vaina, hoy era un día como para no escribir, sino sentarse a esperar el cumplimiento de las profecías Mayas. Yo hablé con el director de este diario:

– Teodoro, ya que se acaba el mundo, ¿no me puedes dar el día libre?, que lo voy a recibir en Margarita en casa de Guillermito que tiene una vista espectacular…

– Ni de vaina, chico, ¿tú como que te volviste loco? -me respondió Teodoro-…No, no, no, a mí ya una vez se me acabó El Mundo y aquí sigo echándole bolas. ¡En este periódico se hace editorial hasta el día del fin del mundo, chico, no me hagas arrechar!

Ante esa contundente respuesta no me quedo otra que escribir este editorial del día de hoy, cuya lectura recomiendo temprano porque el acontecimiento en cuestión es a golpe de cinco de la tarde (hora imprecisa Maya, que como buenos pre-latinos, son impuntuales). Imagínense como estará Caracas esta tarde: el mundo acabándose y la gente apurada tratando de hacer las últimas compras navideñas, las licorerías abarrotadas, comprando whisky todos para recibir el fin del mundo en familia y rascaos. Seguro que hasta la lechuga se cotiza hoy a 50 porque aquí, ante cualquier incertidumbre, la lechuga sube.

Bueno, igual quería despedirme de ustedes por si la vaina es verdad, que, de todas maneras, cuando uno ve lo que le espera a Venezuela el próximo año, casi que uno siente un respirito. Gracias por todo, por leerme los viernes y por el apoyo que le dan al periódico. Gracias por aquella vez que me pagaron la multa, queridos lectores. Nunca lo olvidaré. Si en la eternidad hay periódicos, allí seguiré escribiendo. Teodoro: Nunca me aumentaste el sueldo, esa no te la perdono, ni aquí ni en el otro mundo. Gracias a la gente del “Comité para la protección de periodistas” (CPJ, en inglés), por el apoyo brindado para seguir luchando por la libertad de expresión. La verdad ni sé por qué me estoy despidiendo si el fin del mundo es la cosa más democrática que existe, nos fregamos todos por igual.

Si quisiera aprovechar para darles algunas recomendaciones para cuando llegue la hora:

No se pongan a inventar con juegos pirotécnicos. Por más que venga una bola de fuego del espacio, no es cuestión de andar provocando uno la vaina.

No lancen globos con deseos, total no se van a cumplir. No solo por el fin del mundo, sino que los deseos los maneja el CNE.

Guarden bien las cosas de valor y no anden esta noche por la calle con cadenas de oro ni relojes caros. Días como hoy los malandros aprovechan.

Cómanse a medio día todas las hallacas que hayan hecho. Da como rabia el trabajo que da hacerlas para que se pierdan. No importa si se empachan, total es el fin.

No cuiden hoy la salud, hagan todo lo prohibido, cometan excesos. No regañen a los chamos, por hoy que hagan lo que quieran. Si mañana ven que no se acabó, le dan su cueriza.

Desenchufen la nevera, apaguen el calentador y las luces, acuérdense de que CORPOELEC te persigue hasta el fin del mundo, ya lo dijo su ministro eléctrico. Imagínense la cuenta que les van a pasar por toda la eternidad.

Dicen que una de las eventualidades para esta tarde es una invasión extraterrestre. Pobrecitos a los que les toque Venezuela, cuando lleguen pensarán que ya aquí se había acabado antes.

En fin, hoy es el fin. Pero viéndolo bien, cada noche se acaba el mundo y cada mañana resucitamos de esa pequeña muerte que es el sueño y volvemos a comenzar, movidos por el extraordinario motor de la esperanza. Pásenla bien, por más que se acabe el mundo no molesten a los vecinos con música a todo volumen. De todas maneras, tengan confianza en el destino misterioso que se ha ensañado en los últimos tiempos con nosotros: estoy convencido de que si se acaba el mundo, aquí sigue, los venezolanos no tenemos tanta suerte.

Sea lo que sea, feliz fin del mundo y próspera eternidad nueva. Como diría Leónidas, el general espartano, nos vemos esta noche en el infierno, es decir, donde mismo.

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……

   Ah, Laureano, nunca nos decepciona. Por cierto, amigos, pronto repetiré otra de sus entradas incluida ya en este blog; el hombre resultó hasta medio profético. ¿Qué tal? Me pregunto si él mismo lo recuerda. Seguro si, pero le parecerá de mal gusto señalarlo. Como el mal gusto es una de mis cualidades, yo si la reseñaré.

INQUIETUDES SEXUALES DE LOS HOMBRES…

Julio César.

AMANTES DE BUENA LECHE

diciembre 27, 2012

SOSPECHA

CHICOS EN TRES LECHES

   Tan bueno es recibir como compartir con los amigos.

   Un tío entra al baño del restorán mientras su mujer le espera a la mesa y encuentra a dos chicos recostados de los lavamanos que le miran y sonríen mientras dicen que a ellos les encanta beber leche, mucha leche caliente. Fue tan sucio que fuera de sorprenderle, se la puso dura. Esos carajos jóvenes se quitaron las camisas, cayeron y le mamaron el güevo con desespero. Eran lenguas por todos lados, bajo las bolas, tras la gran vena de la verga, cada uno chupando y mamando con ansiedad. Competían a veces, otras pegaban sus labios a ambos lados de la cabecita mientras él llevaba sus caderas de adelante atrás. Y cuando la leche estalla, gimiendo abren las bocas ansiosos, miradas suplicantes para recibir más. Qué queda si no bañarles equitativamente, chorro tras chorros, lenguas y labios, mejillas y mentones, sus pechos, para que terminen con el beso más lengüeteado, lamido y sucio que ha visto. La vaina fue tan buena que bien mereció el peo, por tardar, que le formó Elena.

DOBLE PREDICAMENTO

Julio César.

COSAS DE GUSTOS Y JUEGOS

diciembre 27, 2012

ANGUSTIA PATERNA

BLANCO DENTRO DE NEGRO

DIAGNOSTICO EXACTO

Julio César.

LUCHAS INTERNAS… 96

diciembre 20, 2012

LUCHAS INTERNAS                         … 95

SEXY MAN

   -Mamá, no es lo que esperabas para mí, pero hoy quiero decirte…  

……

   Y es cuando lo ve… El tipo va con la intelectual hacia los jardines de la vivienda contigua, que se ven oscuros ya que no hay nadie en la casa, según le dijo Richard. Molesto, celoso y curioso, los sigue. El jardincillo es algo frondoso y dos arbustos crecen algo salvajemente. Ese jardín está oscuro y Jerry se detiene a espiar. Lástima que su catirote bello andaba tras esa furcia, pero con algo de suerte, se consuela, tal vez los descubriera sobándose o hasta culeando, lo que le permitiría ver bien a su bebezote.

   Mira a la pareja hablar y como el hombre le dice algo vehemente, intentando ser convincente. Ella niega, él intenta besarla y meterle mano en la blusa y ella le da un sonoro bofetón, sorprendiéndole y escapando con paso altivo aunque él la llama, molesto y mortificado. Jerry, sonriendo burlón, viendo la oportunidad, se oculta al paso de la mujer y finalmente sale de su escondrijo, tomando aire para llenarse de valor. Mira al joven, quien muestra una mancha roja en el cachete, mientras parece chasqueado y con un buen bulto entre las piernas. El joven se sorprende al verlo aparecer frente a él.

   -Ah, hola… -dice algo cortado, lo habían visto cuando lo cacheteaban y eso lo molesta.

   -Vaya loca que resultó tu amiga. -dice sonriendo amaneradísimo y el catire alza una ceja.

   -¿Loca? -mira quien lo dice. Jerry sonríe más.

   -No entiendo como pudo irse así, dejando a un majo tan lindo todo calentito… -y mira en forma vidriosa y lujuriosa su entrepierna, calibrándole el tolete. El otro siente que esa mirada lo soba. Y… bueno, ya estaba caliente, ¿no?

   -¿Tú sí me darías algo?

   Jerry siente que la boca se le hace agua, igual que el culo. ¡Vaya invitación, y qué tipo…! Mirando fugazmente el reloj recuerda que tiene que atender el asunto Nicolás Medina. Aníbal López quería precipitar las cosas, fuera lo que fuera que estuviera tramando. Pero este tipo estaba tan buenote…

   -¿Quieres ver? -gruñe, moviendo su mano y cerrándola sobre el tolete, atrapándolo a lo largo sobre el pantalón de tela suave, apretándolo cálida y firmemente.

   -Oye, güevón…

   -Sé hacer unas cosas con la boca que te dejarían loco…

   El catire abre la suya, sorprendido, pero encontrándolo muy estimulante. Mierda, era extraño sentir la mano de otro tío apretándole así el tolete, pero reconoce que está tan caliente que se siente bien.

   Mientras sonríe, Jerry nuevamente se dice que tiene que atender lo de Nicolás, provocar la crisis que, sospecha, arrojará al muchacho en brazos del gorila catire y guapo; pero este tipo tan buenote…

   Okay. Una mamadita y ya. Luego a trabajar.

……

   En Alto Prado, una bonita quintica, cercada y rodeada de jardines sirve, o servía, de vivienda a William Bandre y su familia. Ahora el caserón se ve oscuro y algo solitario. En la salita, elegante y hasta coqueta, decorada por Lesbia, la mujer, con una copa en la mano, recibe al atractivo Sam Mattos, quien viene de pantalón y suéter, viéndose muy atractivo. Ella lo recorre con la mirada y le sonríe.

   -Con razón Linda te cela tanto. Estás guapísimo. -le sonríe, pero nerviosa. Él le sonríe amistoso, pero mirada atenta.

   -¿Cómo te sientes?

   -¿Cómo puedo estar? -replica, indicándole con una mano un sillón, mientras nota la mirada de él en su vaso.- Déjame en paz, Sam. Sólo es un trago. Y es vino. Lo necesito. Si yo fuera hombre, no lo notarías. -van hacia los sillones.- Te agradezco el que hallas venido -lo mira ardiente, llorona.- Es tan horrible todo lo que me está pasando. -él arruga la frente.

   -Todo lo que ocurre es increíble. Aún lo de William. -ella ríe cascada y bebe.

   -Eres tan lindo. Me pones en mi sitio diciéndome que lo que me pasa me lo busqué y no es nada comparado con lo de otros. -lo mira intensamente.- Soy una mujer sola, Sam. Siempre me vi así. William estaba decidido a hacer plata, a subir la escalera del éxito hasta la cima antes de los treinta, y muchas veces sentí que yo le estorbaba. Ahora toda esta mierda nos rodea. -suena amarga.- Mis hijas son hijas de William. -aclara.

   -¿Se lo dijiste?

   -Creo que no me cree. -.suena mal.- Pero es verdad. Ricardo llegó después. -dice con asco.- Era tan atento, atractivo y jovial. Un hombre guapo y de mundo, que se fijaba en mí, haciéndome ver que era hermosa, deseada, sensual. Era un gran amante. -lo reta dura.- Aunque algo… -arruga la frente no hallando como decir que muchas veces le molestó el que la sodomizara o la pusiera a mamar o… No era una mojigata, pero había cosas que le repugnaban.- Al principio fue atento, dulce…

   -Pero luego fue un coño’e madre, ¿no? ¿Qué te obligó a hacer? Por lo que sé, le gusta degradar.

   -Él… -duda feamente, enrojeciendo y sintiéndose sucia.- …Me hacía contarle las cosas que hablaba con William, de su trabajo, de Roger Santos, de sus investigaciones. Y de… como hacíamos el amor, y de si me gustaba. Y… -toma aire, parándose y sirviéndose otra copa, ofreciéndole algo a él que niega con la cabeza.- …Una vez quiso que me acostara con un socio…

   -¿Lo hiciste? -ella baja la mirada, apagada.

   -Me dijo que a William no le gustaría saber lo nuestro… que no había que enredarse la vida por naderías. Qué sería una acostada y ya. -lo mira.- Lo hice, después me bañé… -se encoge de hombros, pero se ve acabada.- Es un maldito. Me usó, en la cama, para las cosas que le gustaban, y luego… me utilizó contra William, como un arma. -sonríe burlándose de sí.- ¿Cómo pude ser tan estúpida? -las lágrimas le corren por las mejillas.- Le dijo que Susanita no era su hija, ¿puedes creerlo? -y se estremece con los sollozos.

   El hombre la mira con pesar, con furia, ¿cómo puede una mujer inteligente dejarse enredar así? Va hacia ella y le acaricia un hombro. Ella lo mira llorosa, sintiéndose juzgada por todos, utilizada, sucia y abandonada; siente rabia, dolor y remordimientos. Con un gemido se abraza de él, que duda un momento y termina acunándola. Siente que la mujer necesita eso; es un buen abogado y sabe lo que la gente requiere a veces. La acuna diciéndole que todo va a arreglarse. Sollozándole en el pecho, oculto el rostro, ella gime que William no le cree y tiene miedo de que no quiera a su Susanita.

   Sam quiere ayudarla, porque le sale, porque es un hombre bien criado que no soporta ver a una mujer en problemas; no puede sospechar en ese momento todo el problema que esa visita generará.

   Desde el momento en que Lesbia, angustiada por sentirse sola, sin nadie a quien acudir, le llamó a La Torre, Sam quedó bajo la lupa. Todos sus movimientos habían sido seguidos y escudriñados. Lo vieron salir del bufete. Lo vieron enfilarse a Alto Prado. Lo vieron llegar a esa casa donde Lesbia, copa en mano lo recibió, y los fotografiaron. Ahora que el hombre acuna e intenta consolar a la mujer, alguien los vigila desde una ventana, rastrera y sigilosamente, fotografiándolos una y otra vez. Ella lo llamó porque necesitaba su comprensión, amistad y consejos, así como un hombro donde llorar. Él fue porque ella le agradaba, era una mujer conocida, abandonada por su esposo, metida en mil líos que la hacían beber más de la cuenta, con un marido en el hospital, enredado con un muchacho (cosa que ella ignoraba), y tuvo que ir. A oír. A entenderla. A ayudarla si era posible. Pero si, esa inocente acción degeneraría en un homicidio; algo tramado por gente en quien confiaba y creía…

……

   La tibia brisa de la noche (en Venezuela era ahora tan raro el aire frío, hasta con eso había terminado el Proceso en lengua de los más radicales), mece los arbustos que rodean y cubren el oscuro jardincillo. Jerry Arteaga, con los ojos brillantes tras los lentecitos redondos, soba con rudeza, sopesando y palpando el tolete que abulta en la entrepierna del catire, quien sin embargo, a pesar de sentir la caricia como algo rico, se sentía todo cortado.

   -No sé… -grazna. Jerry lo mira elocuente.

   -Te va a encantar. -y baja, sin soltarle el tolete, convencido de que era su toque lo que no dejaba huir al otro. Y no sería el primer hombre al que atrapan por las bolas.

   Afinca las rodillas en el suelo reseco y su boca abierta, de labios muy rojos (tanto que parece usar brillo, piensa el catire), se pega al manduco, sobándolo, apretándolo sobre la tela. Sus dientes se abren y lo atrapan, mordiéndolo suavemente, pero cada vez más fuerte, sintiéndolo muy duro. Ese apretón de dientes hace gemir al catire, era una caricia tan sorpresiva como estimulante viniendo de otro carajo. Y tal vez eso era lo que lo hacía tan intenso. Saber que era otro tipo.

   Pensando que lo mejor es ir sobre seguro, Jerry le abre el botón y baja el cierre, cerrando los ojos y metiendo su boca y nariz allí, como un perro olfateando, sintiéndolo tibio y oloroso a macho; era este un aroma que lo embriagaba y estremecía hasta los tuétanos, como decían los viejos. Su boca cálida se pega al bajo vientre, lamiéndolo un poco hasta rozar con el borde del calzoncillo. Y esa lengua desata temblores de lujuria en el catire, que lo mira fascinado. Lo mira mover su lengua de un lado a otro, muy afuera, muy pegada a su piel, saboreándole con una caricia sucia.

   Jerry le baja el pantalón y gime excitado. El catire usa un calzoncillo tipo bikini, de mallita azul, que deja al descubierto casi todo el blanco manduco. La enorme herramienta abulta escandalosamente contra la suave tela y Jerry atrapa la roja cabeza que se adivina y la mama, chupándola por ratos, dándole lengüetazos sobre la tanga. La baja y la barra de carne, dura, maciza y nervuda, le pega en el rostro.

   El catire mira como esa boca, jadeante, ensalivada, se abre y traga sin más medio güevo, bajando expertamente sobre él, chupándolo dentro de su cálida y húmeda cavidad. Ese güevo entra más, mientras los curvos labios de Jerry se pegan a su pubis, teniéndolo enterrado hasta la garganta, ahogándolo, dejándolo sin aire, fascinándole. Lo siente duro y grande, palpitante y caliente. Su boca sube un poco, dejándolo salir, ensalivado, y la cabeza queda sobre su lengua ávida, que siente el goteo agridulce de sus jugos que le hacen la boca agua, y la traga, deleitándose en el rico licor. Dios, piensa el joven de lentes, jamás se cansaba de mamar güevos.

   -¿Qué coño haces? ¿Dónde está la puta de Mariana? -gruñe alguien sorprendido tras ellos.

   El catire jadea; Jerry, vicioso como es, deja salir el güevo de su boca, que le golpea una mejilla ensalivándola, volviéndose a mirar al moreno amigo del otro. Vaya, esos tipitos parecían esperar cazar a la intelectualoide entre los dos; par de zánganos, se dice convencido de sus deducciones.

   -Se fue… -grazna débil el catire, cuyo güevo palpita bamboleándose erecto. El amigo lo mira.

   -¿Le encontraste sustituto? -mira a Jerry, quien le sonríe mórbido.

   -Acércate… -le llama, sucio, atrapando la ensalivada tranca del catire, masturbándola y mostrándola.- Tu amigo la tiene gorda y rica, hummm, me tiene mal. Tal vez la quieras probar. Mírala. –sus ojos relumbran, crueles y vicioso.- Yo si quiero la tuya… -y como el otro se había acercado mientras hablaba, la mano del joven cae en su entrepierna, apretando y sobando una vaga silueta, que responde endureciendo. Qué rico, piensa más caliente.- Ahhh…

   Jerry se siente en la gloria. Como siempre, le gusta estar entre dos carajotes buenotes. Sacándole el güevote al moreno, tan largo y nervudo como el de su amigo, su boca cae viciosamente sobre él, saboreándolo, salobre, caliente; sus labios caen sobre la roja cabezota y chupa, provocándole oleadas de placer al otro al sentir como esa boca lo succionaba sobre su sensible instrumento. Héteros o no, todo hombre disfrutaba eso, sentirse atrapado y mamado así fuera por otro sujeto.

   La boca baja, tragándoselo todo. Lo atrapa en su garganta y sus músculos lo aprietan y halan, mientras su manzana de adán sube y baja desesperada. Ese güevo lo hace gemir, sabía tan rico que cree que llorará más excitado aún; cerrando los ojos lo atrapa todo. El güevo palpita y suelta calor y jugos que lo enloquecen. Jerry siente como el culo le titila de anticipación, al igual que su güevo.

   Mientras esa boca sube y baja golosa, pareciendo disfrutar el mejor manjar del mundo, el catire los mira excitado. Se veía bien cuando sus labios cubrían a duras penas el cilíndrico tolete de su amigo, y se veía que lo gozaba, para luego dejarlo salir mojado de saliva. Le atrapa la nuca y casi lo hala, obligándolo a caer sobre el suyo, y cuando la boca lo traga, apretándolo duro, gime y echa la cabeza hacia atrás.

   El moreno sonríe, mirando a su amigo, agarrándose el güevo caliente lo frota con ganas de la mejilla de Jerry, quien gime, mientras se las ingenia para que el caliente güevo del catire hinche ese lado de su boca. Los amigos se miran jadeantes, sorprendidos pero también excitados mientras los tolete se frotan calientes, duros y palpitantes, con tan sólo la mejilla de por medio.

   Enloquecidos, la pareja para a Jerry que chilla, casi le rasgan la ropa, dejándolo únicamente en medias, tanga y lentes. Ellos se desvisten iguales y el joven marica admira esos cuerpos de carajos que se mimaban, se ejercitaban y cuidaban para verse bellos. A Jerry, quien les chilla que se calmen un poco, lo ponen en cuatro patas sobre la grama a pocos pasos de una ruidosa y concurrida fiesta. El moreno se arrodilla frente a su cara, con el güevo horizontalizado, grande y palpitándole, con gotas claras que escapan de su ojete. Tras él, el catire le mira la tanguita putona metida entre las blancas y turgentes nalgas. Sintiéndose caliente y sádico, la agarra y la rasga feamente, sintiéndose poderoso. En cuanto descubre el rojo culito, empuja con violencia su güevote contra él, cogiéndolo rudamente, con fuerza, aplastando el pubis contra sus nalgas, chillando feliz, sintiendo como ese culo le apretaba con furia el güevo, chupándoselo hambriento.

   Jerry chilla, pero no de dolor, es de lujuria, de excitación, eso le encanta, ser cogido así por dos tíos guapos y viriles que le llenan con sus trancas duras. Porque muy pronto su boca queda ocupada por el güevo del moreno, que jadea al sentirse comido, tragado. Esa boca cálida y mojada le apretaba y sobaba el tolete de una manera bárbara, ese rico instrumento que tanto placer le daba, en forma experta. El culo de Jerry iba y venía con brusquedad contra el güevo que lo sodomizaba con ganas mientras traga tolete hasta los pelos. Los tres jadean, chillan y gozan. El catire le atrapa las caderas mientras lo embiste duramente; Jerry se agitaba, mientras su culo y boca eran cogidos, sintiendo las manos del moreno que le atrapaban la nuca, obligándolo a meterse la tranca muy profundo en su garganta.

   -Coño, qué culo… -chilla el catire con un bramido, empujando su rojizo tolete contra el redondo agujero que se abre tragándoselo.- Lo tiene caliente y rico…

   -¿Cómo la cuchara de Mariana?

   -Mejor… Mierda, se cierra y hala de una manera que… ¡Ahhh! –la empuja toda otra vez.

   Ahora Jerry vivía una rica agonía, de rodillas, en cuatro patas, chilla y empuja su culo hacia atrás cuando el catire lo encula, cabalgándolo feamente, dándole donde es, mientras su amigo le llena la lengua con sus jugos que no puede evitar tragar y desear más. Pero el joven se detiene y retira, dejando espacio a su amigo, que se arrodilla y con el güevo como un arpón, mira ese lampiño culo, y como éste se estremecía. Mirándole mórbidamente sobre un hombro, Jerry sonríe, experto. Sabe que el moreno se muere por clavarla, pero ¿era por qué su amigo sexy acababa de sacarla y él desea recoger algo de eso?

   Como sea, el muchacho pega su cabezota allí y empuja, abriéndolo nuevamente. Ese culo cede con facilidad, hambriento de macho y de güevo, y su tranca prontamente queda instalada en lo más profundo de ese agujero caliente y mojado. El moreno chilla cuando ve toda su tranca allí y siente como el anillo del culo lo amasa y aprieta con furia. El güevo sale y entra, rápido y duro, cogiéndole con ganas. El catire a su lado le chilla que él quiere. Y el moreno se aparta, y por un segundo el culo queda abierto y rojo, y el tipo se mete allí, cabalgándolo con movimientos frenéticos. Así se turnan, cada uno lo encula, y todos jadean, sudan y chillan mientras sus cuerpos van uno contra el otro. Mientras Jerry pega la frente de la grama, con las lentes empañados, su culo va y viene contra ese tolete, no sabe el de quien ni le importa. Le oye gemir y sabe que es el catire, quien bota aire, cogiéndolo con golpes rudos de sus caderas; lo siente sabrosito, empalándolo duramente.

   -Mira como lo goza. -jadea el moreno mirando ese culito que se abre y traga la dura barra.

   -Parece que es bueno que te lo metan, ¿eh? -jadea el catire mirándolo con la boca abierta.- ¿No quieres probar qué se siente que te la metan por el culo y te den? A lo mejor te pones así, babeando y berreando de gusto pidiendo más, como este tipo.

   -¿Qué…? ¿Me quieres coger? -ladra nervioso y sorprendido, mirándolo de los ojos al tolete.

   -La verdad es que me dieron ganas cuando te vi meciendo el culo cogiéndolo. -dice ronco el catire, y su mano cae en la mejilla del moreno.- Anda, amiguito, dame el culo… Te lo voy a llenar y saciar… de güevo y leche. ¿Nunca te has preguntado cómo será? Siempre que me cambio en los vestuarios de la universidad te me quedas viendo, ¿curioso? Bien, ahora es el momento de saber, ¿no?

   -Te encantará, papi… -grazna Jerry, mirándolos sobre un hombro, lujurioso ante lo que pasa. El moreno niega con la cabeza, sonriendo cortado.

   -Dame tu culito… -le pide el catire, y siente unas ganas grandes que satisface, cubriéndole la boca al amigo, mordiéndolo levemente, metiéndole la lengua en la boca, mientras su mano recorre el poderoso cuerpo, sobándole una nalga, abriéndose camino hacia su enrojecido y virgen culo, que frota, sintiéndolo temblar. ¡El virgen culito de su mejor amigo! Imaginar que puede profanarlo, haciéndole gritar de lujuria y dolor en el proceso, le tiene a mil, como a cualquiera que se le brinda la posibilidad de hacérselo a su mejor amigo.

   Casi gime, complacido, al sentir que el otro responde a su beso, y meciendo algo las caderas y culo contra su mano. La aventura seguirá, y mejor de lo que esperó cuando su amiga se fue, piensa el catire. Con el güevo aún clavado en el vicioso culo de Jerry, atrae al amigo y lo abraza, sintiéndolo fuerte y tibio, notando como aún se resistía un poco pero devolvía los besos torpes todavía entre tíos que nunca habían hecho eso.

   La otra mano del catire, muy blanca, baja otra vez por esa espalda color canela, sobándolo, hacia sus nalgas. Hacía ese culito que frota levemente y encuentra, ¡sorpresa, sorpresa!, caliente y titilando bajo sus dedos. Sabe que si hunde un dedo, dentro del virgen culo de su amigo, lo encontrará caliente y mojado ya; otro culo de hombre listo para probar güevo de machos…

……

   La brisa era perfumada, gracias a los árboles y las flores, así como tibia, y Eric recorre con la mirada toda la propiedad. La casona de sus padres. Su casa; también él vivió durante diez años en esa vivienda. Siente que el corazón le late en forma dolorosa e intensa. Se siente nuevamente como un muchacho que había salido mal en la escuela y sabe que va a enfrentarse a la mirada decepcionada de su padre y la ira silente de su madre. O cuando, más crecidito, iba a la cancha deportiva y miraba a algún muchacho, fuerte y guapo, sudando, saltando, corriendo, y sentía que algo en él crecía y se calentaba, y no sólo su güevo. Y al regresar a su casa temía que ellos pudieran ver eso en su cara.

   Ahora, estar allí, le costaba. Y mucho. Las cosas que le dijo a su padre, y las que éste le replicó, pesaban mucho. Botando aire se dirige resueltamente hacia la casa. La mira, le parece solitaria y algo lóbrega, era muy grande para una pareja mayor.

   Hacían falta ruidos, risas, llantos. De hijos, o tal vez de nietos. Sonríe sintiéndose tonto, ¿quería ser padre? ¡Si! Y la fuerza de esa revelación lo deja inquieto y sorprendido. Por su vida como es, como decidió vivirla, o como la viviría algún día, al dejar atrás temores, miedos y prejuicios. Y estaba Irene. Ahora todo dependía de ella, no era como en las novelas en que todo el mundo le decía a la mujer lo que tenía que hacer. Irene era una mujer cabal, completa, independiente y sensata. Ella haría lo que creyera mejor, y no serían sentimentalismos o presiones las que la obligarían a actuar de otra manera. Así era Irene. Pero no quiere engañarse, no más: algo dentro de él desea que la mujer siga adelante con el embarazo.

   Al entrar, mientras cruza el amplio salón, se encuentra con Jaime al que saluda deferente, casi como a un tío severo. El hombre lo mira algo ceñudo, tal vez juzgando sus rebeldías como una ofensa imperdonable. Le indica que su padre está en el salón y va por café, negro, para los dos. Tomando aire, y reuniendo valor, Eric abre el portón que lleva al despacho, donde Germán y Norma leen algo, cada uno lo suyo. La pareja lo mira, Norma serena. Germán algo ansioso. Eric sonríe forzado, sintiéndose un chiquillo culpable. Otra vez.

   -Papá… mamá… buenas noches. -y se queda cortado. Germán se pone de pie y va hacia él, y el joven siente una punzada de pena, lo ve como… más viejo.

   -Hola, hijo. -y le tiende la mano. Eric se la aprieta con las dos manos, sintiendo deseos de preguntarle cómo esta, sí está bien, que qué ha hecho; quería decirle que sentía mucho haberle gritado ese día, haber creído que eran unos delincuentes, que lamentaba haberle defraudado dejando La Torre y escapando. El hombre lo mira fijamente.- ¿Todo bien?

   -Si, papá… -le cuesta decirlo, con deseos de gritarle que todo iba a estar bien ahora.

   -Que visita tan sorpresiva. -le sonríe Norma, ligera. Él va hacia ella y la besa en la mejilla.

   -El mundo está lleno de sorpresas y maravillas, madre. -sonríe incapaz de contener cierta excitación, algo que ella nota intrigada.

   -Necesitamos café, entonces. -anuncia parándose, disculpándose y saliendo.

   Eric pudo detenerla diciéndole que ya Jaime se ocupaba, pero conocía a la mujer. Su salida tenía otras motivaciones. Dejarlos a solas. En cuanto sale, los dos hombres callan, mirándose, sentándose en los sillones. Germán comenta el calor que está haciendo. Eric replica que mucho. Germán insiste en que es un calor seco, al menos, que cuando era húmedo dolían los huesos. Eric lo mira cortado, deseando hablarle, preguntarle si le dolían los huesos, pero sólo comenta que aunque ha llovido un poco, sigue el calorón y que el fin de año no será frío como otras veces. Germán asiente, mirándolo en forma confusa.

   -El fin de año será convulso. Por el paro… -y se arrepiente de decirlo, de hablar de política.

   -Si, será duro. ¿Crees que dure mucho? Lleva dos días ya. Y estamos en diciembre. -acota Germán, como diciéndole que pueden hablarlo.

   -La gente está resteada. -replica el joven.

   -No lo sé. Dudo de su éxito. -Eric se inquieta.

   -No sé, papá. No creo que haya Gobierno capaz de soportar un paro indefinido.

   -Un presidente al que le interesara el país, su gente, su bienestar, tal vez renunciara. Pero esta gente no es así. Ellos quieren gobernar así sea sobre un campo arrasado, muerto, sin vida, sin nada; mucho me temo que tal vez destruyan a Venezuela toda, para mantenerse en el poder, y robar, que es al fin y al cabo a lo que se dedican todos. Alison Recado, Tannis Saib, Leonel Rada, Isaac, Juan V. Rojas… no son más que delincuentes comunes, hijo. -Eric se siente vagamente asustado, lo mira ardiente.

   -No, papá. El país tiene que triunfar. La gente común, la maestra, el médico, el gerente de banco, la gente del subterráneo y los transportistas tienen hijos. Ellos deben querer que vivan en un país libre, sin pasar hambre, sin hundirse en la miseria, sin vivir cercado de delincuentes que tal vez se antojen de ellos y simplemente los destruyan. ¿Qué padre puede sentarse a apoyar a esta gente, sabiendo que un día tal vez su hija o su hijo tendrá que salir a dar culo para mantenerlos en un país devastado?

   -Ay, muchacho… -lo mira con afecto y exasperación ante tanta ingenuidad.

   -El café… -anuncia Norma entrando con una bandeja tomando asiento cuando ellos se ponen de pie, por respeto y educación, como fueron criados. Ella sonríe, siente un aire de comprensión entre uno y otro. Sirve tres tazas y beben, es un café aromático, fuerte, muy negro.

   -Papá… mamá… -se aclara la garganta Eric, y por un instante, la mujer siente miedo de lo que pueda decir con ese aire de confesiones, tal vez que amaba a…- Irene está embarazada. Voy a ser padre. Y ustedes abuelos. –en cuanto lo dice recuerda que no acotó el “tal vez”, pero no, Irene no puede…

   Norma abre mucho los ojos y la taza cae. Germán lanza un gemidito feliz. Y cuando Norma lanza un chillido, de alivio, de felicidad, de sorpresa, el hombre va hacia ella y la medio abraza. Los ojos de la mujer se cuajan de lágrimas: un nieto, un hijo de su hijo. Eric de pie, soporta los apretones de mano de Germán y los abrazos llorosos de Norma, que lo felicitan mientras hablan de tan maravillosa sorpresa.

   -Dios, y aún no se han casado. -se escandaliza ella, por el qué dirán. Él toma aire.

   -Y no nos casaremos. Irene no quiere, ni yo tampoco. -anuncia. Los impacta.

   -¿De qué hablas? ¿Discutieron? Todo puede arreglarse. ¡Van a tener un hijo! -grazna Germán.

   -Lo tendremos… nos casemos o no, papá. Y no lo haremos. Casarnos, quiero decir.

   -¿Por qué? -brama él, quien mira a Norma. Madre e hijo se miden, se calculan.

   -Eso lo hablaremos después, Germán. Ve por esa botella que llevas diez años guardando para el momento del anuncio de tu primer nieto. Espero que realmente sea buena -brama ella falsamente divertida. Germán se da en la frente.

   -Es verdad. Ya vengo… -suena feliz, pero mira aún confuso a su hijo, ¿qué estará pasando? Bien, Norma lo arreglará. ¡Un nieto!

   Una vez a solas, madre e hijo dejan de sonreír y se miran fijamente.

   -Deben casase. Es imperativo. Mi nieto no puede nacer así, ser un pequeño bastardo… -suena dura. La interrumpe.

   -No salgas con cuentos de novelas, mamá. No hables de escándalos ni de bastardos. Ni Irene ni yo somos unos niños ya. No nos amamos lo suficiente como para casarnos. Yo no la quiero así, y no voy a amarrarla a mí. -se oye implacable. Ella lo mira con ojos muertos.

   -¿Por qué?

   -Mamá…

   -¿Por qué? –ruge igual de implacable.

   Y ambos lo saben muy bien, ha llegado el momento de la verdad.

CONTINUAR … 97

Julio César.

¿JUGANDO?… 15

diciembre 20, 2012

¿JUGANDO?                         … 14

   El siguiente es un Padackles no muy intenso, con una trama medio rosa. La historia NO ES MÍA, pero me gusta, que no se moleste la autora. Es lo que llaman una historia en un universo alterno. Obviamente es ficción, ¿okay?

……

Titulo: The joke? That I love you  

Autor: Damnlady62

PADACKLES

   Abre los ojos impactado, para encontrar su propia imagen en el espejo del techo. Echado de espaldas… y con Jensen ladeado casi sobre él. Joder… Jensen le estaba usando de almohada. La cabeza estaba sobre su hombro derecho, el corto cabello bajo su barbilla, la cálida mejilla contra su piel desnuda (y el punto iba calentándose por segundos), su aliento bañándole. El brazo cruza su abdomen y… y… Dios le salve y le proteja, pero Jensen había cruzado una de sus piernas sobre él, cayendo el musculoso muslo del rubio entre sus piernas, presionando contra su miembro, mientras puede (si, porque puede, no es que lo está imaginando) sentir el de Jensen contra su ingle. Relajado, pero consistente, y definitivamente exhalando de calor.

   Por un segundo absurdo, un reflejo cortical, piensa en agitarse, sacudírselo de encima. Pero es una idea tan fugaz que no está seguro de haberla tenido, porque todo él se estremece, eriza y calienta cuando Jensen, dormido, ronronea, aprestándose más, ese muslo firme contra su entrepiernas.

   Dios, ¿me estas torturando? ¿Es eso?, piensa confusamente el joven, agitado, respirando pesadamente, temiendo despertar a Jensen con el casi brusco movimiento de su pecho, o con el ruido terrible que hace al tragar saliva o al exhalar el aliento, o por los desbocados latidos de su corazón.

   No se moverá, respirará lo esencial… todo con tal de no despertar a Jensen y que este fuera a soltarle; peor, bajar de la cama y terminar la noche en el piso. Resistirá como un santo mártir con tal de no perder esas inocentes caricias del dulce rubio. Pero nada de eso le prepara para cuando Jensen vuelve a jadear, frotando la mejilla contra su pecho, gruñendo algo que no entiende, sólo consiente del roce de esos labios contra su piel… Hasta que estos se centran en un punto y lo besan.

   ¡Jensen le besó en medio de su sueño!

   Y Jared sabe que va a estallar.

   ¡Debes resistir!, se dice jadeando contenido, pero cuando Jensen entierra el rostro en su cuello y besa de manera abandonada, así como le recorre suavemente el abdomen con una mano grande y fuerte, por no hablar del muslo entre sus piernas que presiona y frota, los tapones se le vuelan al castaño, porque le ciega la luz de revelación que fulminó a Pablo camino a Damasco.

   ¿Y por qué coño tiene que resistirse?

   -Jen… -le llama, volviéndose un tanto sobre su costado, para gemir al quedar Jensen más encimado, tan cerca que casi duele de lo excitante que es.- Jensen… -le llama mientras baja el rostro, bañándose con el aliento del rubio, fascinado por esos labios rojos y húmedos que pedían ser probados nuevamente.- Jen… -es un jadeo.

   Le besa, cubre esa boca y gime al sentirle suspirar, aliento que traga mientras lame esos labios enloquecedores. Jensen responde débilmente, abriendo un tanto más la boca y Jared entra triunfal, lamiéndolo y recorriéndolo todo. Cuando atrapa la lengua del rubio, chupándola (y casi le avergüenza el jadeo que lanza), le siente tensarse.

   Hasta ese momento Jensen, aún dormido, había respondido con letargo aunque luego fue más apasionado, mientras su mano grande le atrapaba la cadera, ambos miembros imposiblemente duros para ese momento. Cuando Jared le atrapa la lengua, despierta y abre mucho los ojos, nublados de sueño y confusión, y se medio echa atrás, casi aterrorizado.

   -¿Jared?

   -Tú comenzaste, rubio. –le busca y atrapa una mejilla, besándole.- Dios, no hablabas por hablar cuando decías que te movías bastante en sueños. –y le besa nuevamente. Jensen se estremece y responde, luego esa mano que le quema, Jared casi sospecha que quedará marcada en su pecho, le empuja.

   -No, Jared, yo dormía y… Lo siento, te dije que… que me movía y… -calla cuando Jared le atrapa la barbilla.

   -Deja de hablar que estropeas el momento.

   Le arroja de espaldas sobre la cama y sube sobre su cuerpo, y le besa aunque Jensen gimotea y parece luchar un tanto, pero ese roce tan sólo hace que Jared quiera más, y mientras le muerde la lengua y el labio inferior, no entiende por qué. De verdad no puede comprender cómo tenerle así puede ser tan excitante.

   Odia cuando el rubio termina el beso.

   -Jared, yo… -echa la cabeza hacia atrás buscando aire, serenidad y recuperar el sentido común, intentando controlar los temblores de su cuerpo y el palpitar entre sus piernas, empeorado (o mejorado, según se vea), por los latidos en respuesta que brinda la de Jared, la cual parece grande si no son ideas suyas.

   Mala idea echar la cabeza hacia atrás, Jared mira ese cuello y baja el rostro, olfateándole, haciéndole gemir bajito cuando le acaricia con sus labios y nariz de manera queda, lamiéndole lentamente de abajo hacia arriba, sintiéndole palpitar locamente la yugular, besando una y otra vez ese punto, casi mordiéndole.

   -Por favor, Jen… por favor. Déjame probarte o me volveré loco. –le susurra angustiosamente caliente, lamiéndole otra vez, preguntándose cómo un sujeto puede saber tan bien. Aunque su sangre zumba ruidosamente en sus oídos y su corazón parece caballo desbocado, todavía puede escuchar el gemido que escapa de la boca del rubio cuando le saborea, así como el latir casi al unísono de su corazón. Dios, necesita…

   Jensen gime largamente, ojos cerrados y echado nuevamente la cabeza hacia atrás, exponiendo el cuello para que Jared lama y muerda, y casi grita cuando el castaño logra despega un tanto el torso y mete sus manos bajo la franela tocándole por primera vez el estómago. El roce de esas manos erizan a Jensen de manera imposible, su mente es una sola mancha roja de lujuria, por no hablar de Jared, que lame y muerde al tiempo que acaricia esa piel suave y firme, cálida y vital que parece estallar en fuego bajo sus palmas, mientras frota una y otra vez sus caderas contra las de Jensen. Cada pase, cada frote empujando contra la cama y de abajo arriba le hace temblar y desear más. Dios, esos gemidos, Jensen estaba maullando de puro placer y era un sonido demasiado erótico para soportarlo.

   Desea seguir lamiéndole todo, saboreando cada pedazo del rubio, pero también callarle o se correrá como un quinceañero, así que le besa. Y aunque le besa con hambre, sus lenguas luchando, y le toca, sus manos codiciosas recorren una su torso, la otra un costado llegando al elástico del bóxer, y se frotan, miembro contra miembro, y aún así le parece que no es suficiente. Necesita más manos, otra boca, más piel para hacer contacto.

   Jensen le rodea el cuello con un brazo, con la otra mano le atrapa el cabello y se besan aún más profundamente, hasta que al castaño le queda claro que el otro no es una dulce y tímida virgen. El rubio se vuelve arrojándole ahora de espaldas, cayendo sobre él, sonriendo libidinosamente y a Jared el corazón se le paraliza, nunca le ha visto tan pícaro, excitado y hermoso. Y su peso, ¡Dios, Jensen sobre él!, es la primera vez en su vida que otro hombre está así, arropándole, y no tiene manera de compararlo, pero esa mierda estaba a punto de fundirle el cerebro. Pero no tiene mucho tiempo para pensar cuando Jensen le devora nuevamente la boca, recorriéndole ahora un costado con la mano, deleitándose a cada paso sobre su piel, mientras frota, de arriba abajo sobre sus caderas, sus miembros totalmente erectos, ardientes y babeantes.

   Ladeándose un tanto el rubio separa un poco sus cuerpos, y Jared gime de frustración y pesar, hasta que la mano grande y firme de Jensen le atrapa el tolete sobre la suave tela del boxer, mojada con sus jugos, apretándoselo. Jadea de una manera alarmante, más bien parece un rebuzno, mirando aturdido de tanta calentura al rubio, quien no aparta su verdosa mirada ni un segundo. La mano sube y baja, masturbándole todavía dentro del calzoncillo y Jared ahora si siente que se muere, echando él ahora la cabeza hacia atrás, gritando otro poco, ronco, cuando es Jensen quien le lame ahora el cuello expuesto, antes de soltarle la tranca y caer nuevamente sobre el, besándole con hambre.

   Es ahora Jared quien gime dentro de la boca de Jensen, el cual se traga su lengua y sonidos mientras continúa frotando sus caderas de arriba abajo, y a cada uno de esos roces provoca pequeños infartos en el más alto. Dios, se va a morir de puras ganas, no puede pensar, ni asimilar, quiere calmar un poco ese loco correr de adrenalina en su sangre, pero no puede. Sus manos atrapan la baja espalda de Jensen, metiéndose dentro de la franela y aprieta. Joder, se sentía tan bien bajo sus manos. Era perfecto. Se sentía… si, perfecto. Le hala contra él, el roce se vuelve más íntimo, más enloquecedor y Jared tiene que enrollar los dedos de los pies buscando una manera de controlarse, y mientras lo hace, la punta de sus dedos rozan nuevamente el elástico, entrando, y recorrer esa poca porción de piel le provoca el primer espasmo orgásmico. No aguantará mucho…

   Y grita, asfixiándose, al tiempo que mete sus manos decididamente dentro del bóxer, atrapando con cada una de ellas, dedos abiertos, los firmes glúteos de Jensen. Y tiembla, casi blanqueando los ojos, alcanzando el clímax, tan extraviado que no repara en que no es el único que deja el reguero hasta segundos más tarde.

   Jadea, agotado, los brazos rodeando ahora la cintura de un Jensen que respira tan dificultoso como él, y debería ser horriblemente incómodo ahora, supone, pero no lo es. Tan sólo puede sonreír y presiente, más que ve, que Jensen, apoyando la mejilla contra un costado de su rostro, va quedándose dormido en ese letargo tan grande y grato post orgásmico.

   Mira el espejo en el techo del camarote, a la claridad de la claraboya repara en sus imágenes. Él, despeinado, sofocado, rojo y satisfecho. Jensen de espaldas, cabeza ladeada, dormido con la boca ligeramente abierta, resollándole en una mejilla. Y su trasero. Jared traga saliva. Acaba de correrse, todavía le cuesta tomar aire en profundidad, pero ver la franja de trasero, dorado y liso, al descubierto, le hace correr la sangre nuevamente.

   Sabe que es idiota, pero hay dos cosas que no puede evitar, bajar las manos, sin despegarlas un segundo de la baja espalda de Jensen, cubriéndole el trasero con el bóxer. La otra es… ladear un tanto el rostro y depositar un beso suave sobre la frente del rubio, cerrando los ojos, perdiéndose un segundo en su olor, sin reparar que va cayendo hacia atrás, dormido, todavía acunándole contra su pecho.

……

   Jensen despierta lo que le parece poco tiempo después, boca abajo, solo en aquella cama. Le duele la cabeza, chasquea la lengua y arruga la cara, algo debía haber entrado en su boca y muerto en su garganta. Doliéndole todo, se echa de espaldas, ojos cerrados, cubriéndoselos con un brazo, sintiéndose embarrado y…

   Abre los ojos con violencia. Y le duele más la cabeza. ¡Jared!

   ¡Jo.der!

   ¿Dónde estaba el castaño? Se sienta y comprende. Dios, ¿qué había hecho? Dos copas, un baile, un simple beso y lo había mandado todo al coño. Bueno, no había sido un simple beso, reconoce, entre apesadumbrado y nostálgico. El castaño le había dado el mejor de todos los besos que había recibido hasta el momento. Y ahora…

   Cierra los ojos. Jared le había dejado allí, seguramente avergonzado de lo compartido la noche anterior. Maldita champaña, esas velas y ese olorcito aromático. Sonríe con pesar, no puede culpar a nadie ni engañarse, le encantó; hace mucho tiempo que siente todas esas poderosas emociones por el antes desgarbado e idiota castaño, pero sabe que Jared no. Jared siempre fue tras la picardía de Sandy, o las tetas de Danni, o el culo de Jessica. A Jared le gustan las mujeres únicamente. Y la idea le provoca un doloroso palpitar aislado. Aunque ni tan machito, si no recordaba mal, la noche anterior Jared había actuado muy poco heterosexualmente…

   Menea la cabeza. Fue el alcohol. El momento, él rozándole y tocándole; Jared no era de piedra (bueno, algunas partes así parecían), tanto roce había terminado por trastornarle. Botando aire se pone de pie y va hacia el pequeño cuarto de baño, tomará una ducha, pedirá un taxi y volverá al hotel. Seguramente Jared ya estaba allí, tomando también una larga ducha, frotándose con fuerza la piel para quitarse de encima los recuerdos de la noche (y la idea la resulta horrible). Bien, se lo haría fácil, le evitaría, fingiría no recordar y pretendería que todo aquello nunca ocurrió.

   Dentro del cuarto de baño, bajo la ducha, con el fino chorro de agua cayendo sobre su nuca, sabe que está bien jodido. La piel se le eriza y la respiración se le corta. Había probado los labios, las caricias y el cuerpo de Jared Padalecki… ¿cómo continuar ahora que sabía lo que se estaba perdiendo? Lo que ahora no tendría.

   Nada de bóxer, se dice al terminar con la toalla, metiéndose dentro de sus pantalones, por incómodo que fuera; tampoco la franela, sólo la blanca camisa, abierta, cubre su torso. Repara en la ropa interior de Jared bajo una de las mesitas. También a él le dio reparo usarla, o lo olvidó en su prisa por escapar… Toma asiento en la cama buscando sus zapatos y se queda así, boca abierta y muy sorprendido cuando…

   La puerta se abre y aparece un Jared duchado también, sonriendo levemente, llevando en las manos una bandejita con dos cafés, una botellita de agua y dos aspirinas.

   -Buenos días, bello durmiente. Oye, ¿pasa algo? –se sonroja un poco al decirlo, extrañándose de la mirada sorprendida del otro, enrojeciendo salvajemente ahora.- ¡Mierda, ¿tengo la cremallera abierta?! ¡Y yo sin calzoncillos! –jadea, aunque mira y no nota nada.

   -No, yo… creí…

   -¿Qué me había ido sin ti? Oye, la cita no termina hasta que te dejo frente a tu puerta. –sonríe, luego le mira algo incómodo.- ¿Realmente pensaste que me había ido sin ti? Vaya, gracias… -le tiende la bandeja, con mano mecánica Jensen agarra la botella de agua y las aspirinas, agradeciéndole, antes de tomar uno de los cafés. Necesita la cafeína.

   -Me duele horrores la cabeza.

   -Bebimos un poco, ¿no? Quien diga que el champán no embriaga, miente.

   -Así es. Tomé demasiado. –balbucea mirando su vaso, probándolo y sintiéndose mejor.- ¿Nos terminamos toda la botella? No recuerdo, toda la noche es como una mancha borrosa y… –mejillas terriblemente rojas le mira, vulnerable, pidiéndole sin palabras que no diga nada y le deje escapar con su dignidad no tan golpeada.

   Jared le estudia fijamente, dejando la bandeja y el otro café sobre una de las mesitas, inclinándose frente a Jensen, cuyo corazón palpita terriblemente.

   -No bebimos tanto, Jen. Y recuerdo exactamente todo lo que hicimos anoche. Recuerdo cada caricia, cada jadeo…

   -¡Jared! –grazna. Pero calla cuando Jared le atrapa las mejillas.

   -Y no me arrepiento de nada. Tenerte entre mis brazos, probar tu boca, tus besos… -con un pulgar frota los rojos labios.- No sé qué es esto que ocurrió, Jensen, pero fue increíblemente caliente, sucio y sensual. Nada más recordarlo siento que quiero arrojarme sobre ti y… -le mira el torso, apartando un poco la camisa.- Dios, eres perfecto… -y le acaricia, suavemente, sobre una clavícula, sonriendo cuando el otro enrojece tanto que oculta las pecas (lo que es un pecado), y se eriza.

   -Jay… -le aparta las manos, cerrándose la camisa, totalmente confuso.- Tú no eres gay, lo de anoche fue…

   -No sé qué fue todo eso, te lo repito. Pero fue tan intenso que… -traga saliva, ahora más firme reteniéndole nuevamente el rostro evitando que aparte la mirada.- No quiero dejar de saber qué significa. Necesito averiguarlo. Nada más imaginar que no podría volver a tocarte escoce de una manera… -el pulgar recorre la mejilla y Jared no puede engañarse, le excita pero también le enternece notar la confusión y angustia de Jensen, así como le gusta la respuesta de ese otro cuerpo, porque si, Jensen responde a sus toques, caricias y palabras. Y saberlo le embarga de placer sintiéndose poderoso.

   -Es una locura, Jared, una persona no cambia su forma de ser así de repente. –guarda silencio cuando Jared le mira fijamente a los ojos.

   -Sientes algo por mí, ¿verdad? Desde hace tiempo. –le ve tragar y bajar la mirada, le obliga, suavemente, a elevar el rostro.- Yo sentí algo por ti anoche. Y no, no fue simplemente calenturas o deseo carnal. No sé qué significa, todavía no, pero me urge, siento que debo saberlo. De alguna manera sé que es importante. –y roza suavemente los labios del otro con los suyos, oyéndole gemir.

   El beso se profundiza cuando Jensen abre la boca y Jared lame su labio inferior, recorriéndolo con la lengua, saboreando el café, joder, y en su boca sabía todavía mejor.

   -Señor Padalecki, el auto ya llegó. –golpean en la puerta y con un jadeo, Jensen salta de la cama, escapando de la caricia.

   Jared cierra los ojos. Bota aire y cuenta mentalmente hasta diez, poniéndose de pie, mirando hacia la puerta.

   -¡Ya vamos! –gira hacia Jensen, pensaba decirle algo, pero mirar su torso expuesto, de pie, por primera vez, le roba el aliento. Tan esbelto y musculoso, estrecho de cintura, con una breve hilera de amarillentos pelillos desapareciendo debajo de su ombligo, esas tetillas que seguramente endurecerían como rocas bajo su lengua.

   -Debo volver al hotel. –grazna Jensen, inseguro, cubriéndose.

   -Okay, pero debemos hablar. Luego. –casi amenaza, dirigiéndose a la puerta, volviéndose con una mueca, casi gatea bajo la mesita y toma su bóxer.- Recoge el tuyo, no quiero a Paris Hilton cerca de tu ropa interior. –gruñe mitad en broma, mitad en serio.

   -Eres tan idiota. –enrojece, terminándose el café, recogiendo su calzoncillo y siguiéndole fuera del camarote. No puede evitar volverse y mirar esa cama, la mente girando como un torbellino, pero sonríe, enrojeciendo salvajemente, y más cuando Jared aparece a su lado y mira también el lecho. Luego le mira a él, desde muy cerca, alto y guapo, voz melosa.

   -Creo que le enviaré una canasta de rosas a Paris, agradeciéndole por un noche mágica. –y sonríe con toda la cara al notar el rubor de Jensen pasar al rojo granate. Dios, ¿por qué esa simple tontería, avergonzarle así, le hace tan feliz?

……

   Viajan en silencio, cada uno perdido en sus pensamientos. Jared deja de mirar la marina que queda atrás, luego se la dedica a Jensen, quien apoyado contra el asiento parece lejano y algo nostálgico. Eso le inquieta. Qué Jensen pueda estar arrepintiéndose de algo. O que tema que él…

   -Jen… -le llama.- Hablaremos más tarde, con calma, pero te juro en este momento que nada de esto fue un error. Gracias por la noche de anoche. –le toma una mano y la oprime, y no deja que el rubio la retire; la retiene y cuando Jensen, mirándolas, cede, sonríe completamente, acariciando el dorso con su pulgar, sintiendo él mismo como aumenta su pulso. Tocar a Jensen se le hacía tan fácil como excitante… Y aprieta esa mano, posesivo, no desea pensar en que deberá soltarle cuando lleguen al hotel.

……

   El joven castaño salta de la limusina antes que el chofer y abre la portezuela de Jensen, quien le mira confuso cuando le tiende una mano.

   -¿Qué haces? –se mortifica.

   -Oye, soy galante. –retira la mano, sonriendo todavía.

   -No soy una chica.

   -Lo sé, créeme. –dice con mala intensión, para verle enrojecer y también para molestarle. Qué espinoso era Jensen, piensa mientras va hacia el chofer y le deja una propina que hace jadear al hombre, y le despide con la mano. Cuando se vuelve, mira al tenso Jensen que observa el hotel.- Jen, nadie sabrá nada a menos que quieras que así sea. No tienes nada escrito en la cara. –alza las manos exasperado.

   -Yo debo… -Dios, tiene tantas cosas sobre las cuales meditar y no puede hacerlo con Jared ahí, alto y guapo con su despeinado cabello, su mirada abierta y directa.

   -Entremos de una vez. –se detiene.- ¿O prefieres que me quede y entre por una ventana y finja que vengo de mi cuarto? –le reta mitad broma, mitad incomodidad por la actitud del rubio.

   -Idiota.

   -Ah, ¿yo soy el idiota? Pareces creer que…

   -¡JT! –les detiene la llegada de un Chad agitado.- ¿Dónde diablos andabas?

   Oh Dios, piensa Jensen.

   -¿Chad? ¿Tú despierto antes de las siete y media? ¿Qué ocurre? ¿Se incendia el hotel? –se burla Jared, sonriendo todo hoyuelos, mirar a su viejo amigo de parrandas le devuelve el aire ligero, ese donde se permite estremecerse íntimamente al pensar en Jensen, a quien mira.- Dices que odias despertar temprano; Chad puede competir contigo en eso. –comenta y el rubio entrecierra los ojos, aunque sonríe tenso.

   -¡Oh.por.Dios! –jadea Chad, enrojeciendo mucho, mirando de uno al otro.- Lo hicieron, ¿verdad? ¡JT! –grita alarmado, llevándose una mano a la frente.- ¿Tú y Ackles? –la voz le falla.

CONTINÚA … 16

Julio César.