Archive for 31 enero 2013

JUEGOS PELIGROSOS

enero 31, 2013

UN CHICO SERIO

KISS BOYS HOT

   Había algo que…

   Para molestar a las novias, y escandalizar un poco dentro de la universidad, Pablo y Nelson pensaron en grabar un semi beso y enviárselo a todos. De tanto ensayar, la cosa cayó en su sitio. Tal vez por accidente, o porque cada vez se acercaban más, o por lo fresco de los alientos, o porque cuando se tiene a un buen amigo se le quiere… La cuestión es que a la sorpresa y desconcierto siguió el que… no disgustara. Al contrario. Y ahora no es un casi beso, es un jamón en toda la extensión de la palabra. Con saliva y mucha lengua. ¿En qué terminará? En lo que quieran. Tienen el tiempo y la edad para probar de todo un poco.

CINCO SENTIDOS DE PLACER

Julio César.

NOTA: Todas las imágenes han sido tomadas de portales gratuitos, ni en un millón de año sabría cómo hacen esto; que nadie se moleste, por favor.

ALGO POR ALGO

enero 29, 2013

LO QUE MÁS LE GUSTA

FORZUDO Y DURO

   -Está bien amigo… -abre totalmente la puerta.- Puede encuestarme pero antes me da una mano con otro asunto.

Julio César.

IRIS VARELA EN URIBANA, ¿HASTA CUÁNDO TANTA PIRATERÍA?

enero 29, 2013

CORRUPCION E INCOMPETENCIA…

IRIS VARELA

   La cabeza no puede ser únicamente para llevar cabello…

   ¿Por qué fracasó tan estrepitosa y épicamente un gobierno que comenzó sin enemigos, derrotados los rivales políticos y con el mayor afluente dinerario que ha tenido gestión alguna desde Guaicaipuro para acá? Costaba entenderlo, se hablaba de que se repitieron ideologías fracasadas, que se empeñaron en políticas económicas que habían resultado petardos en todas partes, que si conspiraciones de los marcianos en alianzas con demonios de la quinta paila… La verdad, por triste que sea, es que fue por culpa de sus integrantes. El Gobierno, y el chavismo todo en el poder, estaba conformado por chavistas, y ese fue su final. Dentro de las filas del Gobierno y sus seguidores no hubo de quien se dijera sirve para media locha. Hasta un hombre como Vielma Mora, quien salió con cierta reputación, ahora al frente de la gobernación del Táchira insulta de manera ramplona intentando parecer más chavista que Chávez, tal vez porque ahora se le señala de presidir la mafia financiera que está destruyendo el bolívar fuerte.

   Y es la fama del Gobierno, quienes no son visto simplemente como ladrones, tan sólo fueron a lo eso, armar una banda de delincuentes que mantuviera a todos brazos alzados mientras se llevaban a dos manos lo que había en las arcas de la nación (en Barinas no hay familia más rica y poderosa que la del Presidente, aunque ellos insisten en que eso les viene del Rey de España de antes de la Independencia, pero sólo ahora se sabe); los otros son fracasados, gente que a nivel personal no sirve para nada, al menos nada útil. Los fracasados, a su vez, se subdividen entre quienes no dan pie con bola y los que son abiertamente retardados.

   Pero no personalicemos en cada categoría, eso quedará para zoólogos, hablemos de una figura emblemática del régimen, la señora Iris Varela, cuya vida y obra explican el por qué del fracaso de Hugo Chávez Frías, el gran destructor de Venezuela.

   Iris Varela es la ministro para Servicios Penitenciarios, organismo que tuvo que crearse para ver qué ocurría en las penitencias venezolanas dado el fracaso de Tarek el Aissami, quien luego fue llevado a la gobernación de Carabobo por los carabobeños, así les irá y lo merecerán (e imagino que ellos serán los primeros en admitirlo después). Ella fue puesta ahí para organizar las cárceles, no sabe de eso, no estaba ni está preparada, pero aceptó. Y ya no se sabe cuántos muertos ha cobrado la violencia carcelaria porque hasta ahora lo único que ha hecho es ocultar datos. Bien, en Uribana ha estallado otro conflicto con heridos y muertos (se habla de 58, una cifra escandalosa pero no se sabe si es exacta; la táctica del Gobierno es negar que ocurre lo que sea), con intercambio de balas entre la población penal (apoyados por familiares) y la guardia nacional.

   Todo se inició con una requisa que se haría a la población penal, anunciada por la ministro Varela y el director del penal un día antes del hecho, cosa a la que los presos se opusieron y resistieron violentamente. Cuando todo estalla en violencia, lo único que atina a decir un alma atormentada como Iris Varela es que todo es culpa de los medios de comunicación (GLOBOVISION, por supuesto) que transmitieron la noticia, es decir, repitieron lo que ella y el director de la prisión dijeron frente a las cámaras. La violencia no se debió a las armas y drogas dentro del penal, ni a sus jefes o pranes que matan internamente y ordenan secuestros, robos y sicariato fuera de sus muros, no, nada que ver, mucho menos a la complicidad que hay entre jerarcas del régimen para armar a esos delincuentes en un negocio tan pingüe que ni el presidente Chávez se atrevió a tocar durante todos los años que mandó.

   No, nada es culpa de un Estado corrupto e incompetente que no hace su trabajo y que para colmo nombra jefa a esta señora que no sabe ni donde está parada, y que tampoco deja que quienes saben o tienen una idea de qué hacer, hagan algo. La culpa es de los medios, porque una ministro dice que van a requisar una cárcel y ellos lo trasmitieron, porque hubo un tiroteo y una cámara de televisión fue a ver qué ocurría. Qué cosa tan horrible, ¿verdad? ¿Cómo se les ocurre informar para que la gente que está cerca se entere del hecho? ¿A quién va a matar las balas perdidas entonces? Y es en esa mentalidad básica, elemental de la ministro (yo no resuelvo nada porque no puedo tocar los intereses de los socios, pero tampoco me aparto para que otro haga, por lo tanto es culpa de la televisión que transmite en vivo lo que ocurre), donde hay que buscar las razones del desastre administrativo.

   Otras voces, como la señora Cristina Fernández, presidenta de la Argentina, puede alegar que es cierto, que la culpa es de la prensa, pero de darse lo que ambas mujeres desean, que se tienda el manto del silencio cómplice sobre sus faltas, eso no resolverá un carajo. La violencia carcelaria continuará, el tráfico de armas y drogas entre delincuentes y jerarcas del régimen, la planeación de crímenes contra una sociedad indefensa desde esos murtos. Eso si, no se sabría. Algo que gusta mucho a los gobiernos incompetentes, porque ellos dirán lo que quieran, pero es en regímenes autocráticos donde se ven tantas sensibilidades con la prensa. Porque aunque persiguen, roban y encarcelan, tienen el pellejo delicadito. Por ahí corre una foto que el G-2 cubano, la supuesta imagen del presidente Chávez entubado (que no habría tenido importancia si se supiera qué es lo que curre con el Presidente), dejó colar para enredar a la prensa, y aquí se quiso hacer creer que eso era más grave y terrible que la noticia de la parroquia 23 de Enero en manos de un grupo guerrillero que enseña la lista de aquellos a quienes piensa matar próximamente.

   Pero la cosa es aún peor. El problema de las cárceles, fuera de los chavistas vendiéndole armas y drogas a los pranes, es el hacinamiento; ahora Uribana seguirá el destino de La Planta, y será derribada. ¿Qué se hará con esos presidiarios? ¿A dónde llevarles en un país donde el Gobierno se robó el dinero para construir cárceles? Y es que la cosa resulta macabramente extraña, en Caracas, para resolver el problema del alarmante número de asesinatos a manos de la violencia desatada, se van a abrir dos morgues y asunto resuelto. Nada de luchar contra el hampa, pero habrá más espacio para los cuerpos. Con las cárceles, la política es al revés, a más delincuentes y hacinamiento, menos cárceles. Lógica socialista difícil de entender, pero que explica el fracaso de una gente que intenta eternizarse en un poder con el cual no saben qué hacer. O por lo menos qué hacer que sea beneficioso para Venezuela.

   ¿Cuántos han muerto desde que Iris Varela es la ministro para Servicios Penitenciarios? ¿Acaso la cabeza no le da para decirse “no puedo con esto porque no tengo ni puta idea de qué hacer, déjame apartarme para ver si otro lo resuelve; si no la matanza entre presos al menos sus arremetidas contra las personas en las calles”? ¿De verdad el cerebro no le da para entender que ha fracasado y que su fracaso se mide en vidas y la cuenta se la suman con sangre? ¿Por qué si ha pasado más de año y medio desde el desastre de El Rodeo, cuando aquellos delincuentes frenaron tanquetas, derrotaron al Gobierno y demás, todavía hay armas en las caréceles? ¿Por qué no están presos o destituidos los socios de esos criminales? ¿Cómo a GLOBOVISION se le investiga por todo pero a estos delincuentes inscritos en el PSUV parece que no hay quien les vea? Es fácil culpar a otros de la incompetencia propia, pero eso no resuelve nada. Es increíble que esa señora sume años, y muertes en su haber, y no encuentre iluminación, una luz que le señale el camino: si no puedo, no estorbo y me aparto. Será que para eso hace falta sentir como la gente normal. 

Julio César.

EL TUNEL DEL TIEMPO

enero 29, 2013

IGUALDAD DE OPORTUNIDADES

SUSPENSORIO Y CONSOLADOR

   ¿Sólo juegos de atleta?

   Cuando Gregorio Montes, ex comisario policial retirado, entró sin llamar al cuarto de su hijo para decirle que la novia le telefoneaba, no esperaba esa sorpresa. Y por suerte logró controlarse y no gritar. Porque sabe que debió tocar antes de entrar, y porque eso le dejó ver una luz al final del túnel… todo en esta vida se repite, hasta esas locuras que él mismo cometió recién llegado a la jefatura.

MODERNIZANDO LOS IMPLEMENTOS

Julio César.

TOCATA Y FUGA

enero 28, 2013

CERCANOS

VAQUERO CALIENTE

   -Bueno, a veces en el rancho, cuando paso tiempo lejos de mi mujer, me acuesto totalmente en cueros y tengo buenos sueños. Tanto que despierto con calor, también duro y mojando la cama. Cuando veo a mi alrededor noto que están uno que otro de mis compañeros de literas mirando, ojos perdidos, bocas abiertas, las manos bajo las sábanas… Y me dan como ganas de hacer un gesto con la cabeza, algo como “baja y tómala”. –ríe.- Pero me da vaina… Seguro ninguno lo haría y quedaría yo con la chapita.

VELLUDO Y SEXY PAPI

   -Cuando llega la hora de las duchas en la fábrica, y estoy enjabonándome bajo la regadera se me para. Qué puedo decir. No es por nada, pero me pasa. La vaina es que los compañeros ya se han dado cuenta y me miran. Los más jóvenes hasta esperan que yo llegue por mucho que me tarde a última hora con alguna soldadura. Y miran y miran cuando me la enjabono. Sé que es raro, y no sé por qué porque esas cosas no me gustan, pero se siente increíble cuando te la enjabonas así, parada y a la vista de tantos. Hay dos a los que he mirado y jadean, sé que si les hago una seña ahí mismo caen de rodillas. Pero…

FANTASIAS Y TORMENTOS

Julio César.

NOTA: El segundo carajo cómo se parece a un tío mío. En la cara, aclaro, lo demás no sé. Hummm… voy a averiguar. Este tío, en particular, es bastante bandido.

JUNTOS A LOS WINCHESTER, CHARLIE ES UNA CHICA NATURAL

enero 28, 2013

…DESGARRADOS Y RAIDOS

DEAN, EL REY...

   -De rodillas ante tu rey, perra…

   No quiero ser malo, en verdad, pero me provocan; con un imaginario palo de escoba me dan por los costados y me hacen saltar. Mis amigos están con la serie Supernatural como mis hermanos con Jake Gyllenhaal, de quien soy seguidor fiel, a quien deseo le vaya de lo mejor en esta vida, que tenga muchos éxitos, que encuentre a una buena chica que le quiera (o lo que él quiera) y que tenga muchos niños lindos y talentosos como él. Mis hermanos, que saben de mi fanatismo después de Brokeback Mountain, para molestarme, dicen que si, que Jake Gyllenhaal lo hace bien, pero que no les gustan sus películas porque este actúa muy frío. ¡Por Dios! Igual pasa ahora con Supernatural y ya les diré en qué.

SAM, CARA PINTADA

   El episodio de esta semana, el onceavo, LARP and the Real Girl, estuvo bien, lo disfruté, pero para mí no fue sorpresa. En un comentario anterior adelanté la suposición al respecto. Sabía que sería ligero y que buscarían provocar sonrisas, que Sam y Dean serían horriblemente amables entre ellos, cada uno preocupándose por el otro y otorgando concesiones (Dean cree que deben pasar una noche de juerga para olvidar angustias, Sam accede al final y van a la batalla medieval), que estarían tristes pero no se ahondaría sobre los por qué. Y tal cual. En el capítulo anterior se lanzó un forzado manto para recoger la serie y tapar lo que disgustaba a los fans, aquí se notaba y todo el mundo feliz como lombriz.

   Dos amigas comentaron lo dichosas que estaban por lo bien que se llevaban, por Dean preocupándose por Sam, y lo mejor, que “había dejado de reprocharle a cada rato”. Imagino, y de aquí el primer párrafo, que lo hacen para molestar, nadie puede ser tan cabeza hueca en la vida real. Una traición como la de Sam no se olvida nunca, o no fácilmente, a menos que este se lo gane con sacrificios; hay familias que se han separado para siempre por menos. Y aquí estoy, incumpliendo la promesa de no referirme nuevamente a eso, pero es que ya me tienen la piedra afuera con esos comentarios.

HABITANTE DEL MUNDO MEDIO

   Pero volvamos al episodio, alguien confunde los deseos con realidades (qué diabólica es la gente de Supernatural, ahora se burlan de los fans), y está matando a hombres nerds que gustan de los juegos en línea. Los hermanos se enteran porque Garth, quien se ha tomado muy en serio su papel de Bobby, y les encomienda el trabajo. Y aquí vemos un chispazo del viejo Dean, preocupándose por Sam, por todo lo que dejó atrás, intentando distraerle. Protegiéndole otra vez. Sam es él, no comparte la idea de diversión de Dean, y no nota que algo le afecta (como si lo hará Charlie más tarde), porque es su personaje de hermano menor, centro de preocupaciones pero no necesariamente atento a sentimientos ajenos. Las investigaciones les llevan al mundo medio regentado por Charlie, y fue increíble su encuentro con la mujer. Era imposible no amarla en cuanto apareció otra vez.

SE LLAMABA CHARLIE

   Ella les ve y se aterra, sabe que tras ellos vienen los monstruos, renuncia a su reino y corona a Dean, que se veía genial con esa vaina en la cabeza (¿es posible que ese tipo se vea bien con todo?). Pero se queda, siente que debe hacerlo cuando oye que “sus súbditos” están siendo asesinados. Viene una escena buena donde Dean cree ella debe irse, Sam piensa que debe quedarse para identificar una marca que aparece en las víctimas. Charlie tiene miedo pero se queda, dice que es porque es la reina, pero en verdad es valiente. También, contra los leviatanes, había decidido algo parecido a pesar de estar muerta de miedo.

DEAN CORONADO

   Me hizo reír una barbaridad cuando sobre un tablero Dean le da indicaciones para ganar la batalla de los cuatro reinos y ella lo agradece y pregunta por otras tácticas hasta que Sam les llama la atención; pero nada como cuando Sam, por un reporte médico que recibe, dice que en la muerte de una de las víctimas está involucrada “belladona”, y Dean y Charlie a un tiempo pregunta, “¿La estrella porno?”.

   Mientras Sam va a investigar, ayudado por una bonita joven que se le ofrece bastante, y a la cual rechaza, Dean habla con Charlie sobre Sam, de su pesar por todo a lo que el menor ha tenido que renunciar, y ella intercala “¿hablas sólo de Sam o también de ti? ¿Has dejado a alguien atrás?”. Y no quiero ser odioso, sé que muchos detestan la idea del vampiro (está ahí, en el programa, no verlo es cerrar los ojos), pero es cierto, algo que se notaba desde el primer episodio de esta temporada cuando Dean y Benny se abrazan una vez este se ha regenerado. En el Purgatorio, mientras corrían por sus vidas, se hermanaron. Habría quedado genial que lo hablaran, Dean y Charlie, tomándose una cerveza, ella coqueteándole a la camarera y él hablando de su dolor por tener que “terminar” con Benny. Por cierto, que Charlie con las chicas es casi tan peligrosa como Dean, aunque este lleva tiempo sin acción (un error del programa).

KISS LADIES

   Atrapan a Charlie, el segundo al mando, quien descubrió en seguida que los Winchester eran unos falsos agentes, les guía hasta llegar donde está atrapada y allí vemos a Charlie besándose con una hermosa y sexy hada, la criatura mágica que ha sido aprisionada y obligada a hacer cosas terribles. Ahora, siendo sinceros, ¿a alguien sorprendió que el villano en cuestión fuera el segundo al mando? No lo creo, por una vez el programa lo señaló demasiado, o tal vez todavía recordamos muy bien al tonto aquel en la pizzería para fiestas de niños que usaba los miedos de los infantes para matar a sus padres. Me desconcertó que fuera un hada, ¿no dizque sólo pueden verlas quienes han sido raptados por ellas, en este caso Dean? Asistimos a la pelea final, Charlie salva al hada, esta se marcha después de otro beso (y creo que también Dean lo disfrutó). Nada del otro mundo, pero fue bueno como siempre. Un episodio ligero sin mayor pretensión que mostrar a los Winchester como los mismos de siempre para alivio de sus atormentados fans… aunque, mirando bien, hubo un poco más, como siempre.

   Lo primero es Charlie, ocultándose en un mundo ficticio donde tiene poder y es una heroína, dice ella, pero Dean le recuerda que en el mundo real lo fue. Los héroes vienen en distintos tamaños y colores, a veces hacen cosas increíbles, como cubrir con sus cuerpos a otros, o entrar en una central nuclear dañada para apagarla; otras acciones pueden parecer (sólo parecer) poco transcendentales, tan sólo una intervención y “la humanidad se salva cuando se salva a un hombre”, como unos vecinos desesperados derribando la puerta de un apartamento en llamas porque los padres no están y los niños hicieron un desastre; bomberos que corren a la zona de desastre mientras el resto se aleja; alguien que ve a una pareja con rostro de hambre y angustia en una panadería, contando monedas, notándose que no alcanza, y regala sin ver.

WINCHESTER EN LA BATALLA DE LOS 4 REINOS

   Lo segundo a destacar es el intento que hace Sam por tender puentes hacia Dean. No pretende irse de juerga con él, pero si pasar un buen momento y accede a la batalla de los cuatro reinos en el campo de roles.

DEAN, EL SIERVO

   Dios, y qué extraño se veía Dean con esa peluca. ¿La verdad?, no me gustó mucho. Aunque el desgraciado se veía realmente genial con su traje de siervo de Charlie. Me divirtió escucharle arengar a las tropas con el discurso de Harry V, momentos antes de la batalla en la víspera de San Crispin. El único que se sabe, según Sam.

   Lo tercero, y último, respondiendo a una amiga que sostenía que el motivo del villano fue fútil, matar para sentirse importante en un mundo de ficción (Dean lo clasifico en seguida: perdedor en el mundo real, perdedor en el de ficción). Y si uno lo mira por encima, es verdad, ¿matar para ser el “rey” de un juego? Pero lo que se exponía sobre el tablero era más serio y abarcaba más espacio. No parecía dirigido únicamente a la gente que se encierra a jugar hasta que el cerebro se le fríe, volviéndose tan extraña que ya no puede sostener una conversación con personas reales sobre hechos reales; ni al joven solitario y temeroso, siempre listo para ser llenado de odio que sale luego a hacer cosas horribles. Parecía dirigido a cualquiera, a todo aquel que parece sensato y normal y del que uno no sabe que suele confundir las cosas que desea, el cómo desea que sean, con lo que ocurre, cerrándose a veces de manera terca (cuando no obsesiva) a toda idea o evidencia que contradiga su visión de los hechos, esa donde las cosas son como las imagina, de lo contrario está mal. Esa mentalidad puede ser peligrosa llevada al extremo, arruina familias, acaba amistades, quita trabajos, y a veces, como en el caso de Venezuela, donde se predica una cosa mientras de manera implacable y rapaz se hace otra, destruye países. Imagino que el programa no abarcaba algo tan ambicioso, tan sólo quisieron burlarse un poco de las insensateces del fandom, pero les quedó como mandado a hacer.

   Bien, ahora a esperar casos reales, esos que enfrentarán a los Winchester nuevamente con lo que son. Aunque espero volver a saber de Charlie.

EL SOLDADITO DE PAPÁ

Julio César.

LUCHAS INTERNAS… 99

enero 26, 2013

LUCHAS INTERNAS                         … 98

SEXY BOY

   -Anda, revisa; no me tocó…

……

   La tarde resultó divertida, recorrieron varios oficinas y almacenes, fuera del que ya tenían previsto ir; lo malo era que con la situación del país y la crisis política actual, con la amenaza del paro, las cosas no resultaban muy halagüeñas. Algo deprimido ahora, Nicolás volvía en Subterráneo desde Parque del Este, con Jerry.

   -¿Por qué no nos paramos un momento en la plaza de La Libertad? -propone Jerry.

   -¡Claro! -estalla el joven, contento. Sentía que eso era algo que se debía hacer. Lo digno.

   Llegar a la Plaza resultaba algo complicado por los problemas que la permanencia de esa gente allí, ocasionaba. Aún así se las ingenian para pararse frente a la gran plaza y el obelisco, donde en una tarima improvisada, a pesar de llevar días ahí, un militar, megáfono en mano, arenga a la gente que aún se concentra. Son muchos, aunque ya no tanto como los primeros días, cuando los más impacientes creyeron que se formaría un ejército de civiles y que el resto de los militares desconocerían a un Gobierno delincuente que violaba reiteradamente la Constitución Nacional, y juntos irían contra él.

   Las personas que dormían allí ya no eran tantas, pero había. Sobre todo jóvenes y mujeres; esas mujeres que habían demostrado más tesón, más resolución, más furia y más bolas a la hora de enfrentar los problemas que sus hombres. Durante la crisis que apenas se estaba gestando y estallaría un día más tarde, y que se conocería como El Paro de la Oposición, las mujeres de Venezuela demostrarían un valor extraordinario, enfrentando a veces, en grupito de unas pocas, a recios militares que peinillas en manos las golpearían, pero ellas irían pa’ lante, con rabia, montándoseles encima, haciéndolos retroceder. ¡Cuanta gloria iban a depararles basuritas como el general de Valencia, el toripollo eructante, a esas mujeres! Eso sí se aceptaba que había un paro, ya que la ministro de desempleo aparecería todos los días diciendo, igual que el Presidente, el virrey y los ministros del petróleo, que el país estaba bien y que nadie había parado; que La Petrolera Nacional vendía más que nunca.

   Jerry y Nicolás, sonrientes, como quienes entran a una fiesta a la que deseaban asistir, lo miran todo con interés, buscan a los más reconocidos de entre los militares declarados en desobediencia, a las mujeres y hombres que declaraban en televisión, a los reporteros y a toda esa gente que estaba allí, los que se quedaban de noche soportando la brisa a veces fría, o el sol. Esos que temían de un momento a otro un ataque a la Plaza y que, extrañamente, no parecía preocuparles en sus propias personas sino en la de los militares. Jóvenes y mujeres que pensaban para sus adentro: no deben tocar a los militares, esto pronto terminará, con la intervención de los militares decentes y la ayuda internacional.

   Sentado en una acera, junto a los demás, Nicolás mira y habla. Espera, como esperan todo. Confiado en el éxito al final de la jornada. Nadie podía imaginar qué tanto se había hundido ya el Régimen en sus crímenes, que para sostenerse y escapar al castigo de las leyes, estaba dispuesto a cometer otros peores. Aún asesinar…

   En una pantalla de televisión aparecen los dos grandes líderes que están llamando al paro, el jefe de la Central de los Trabajadores, Carlos Ordoñez, un recio hombre formado en medio de las luchas sindicales y del trabajo petrolero; un hombres áspero, duro, mandón, desconsiderado, según mucha gente. A su lado estaba el otro Carlos, Hernández, el presidente de los empresarios, un hombre blanco isleño, nacido en otras tierras, hijo de este país desde muy chico, con su lengua tartajeante, su hablar difícil, su aire como de confundido; pero valiente, ocultando detrás de su frente un caudal de nobleza y de entrega que otros jamás soñarían, ni poseían.

   ¡Decretan el paro cívico!

   Juntos, los Carlos, estaban lanzado sobre sus espaldas, o les habían impuesto, la misión de cargar con el conflicto, de llamar a todos a la paralización. ¿Sus metas? Sonaban demasiado ambiciosas, ni siquiera declarados por ellos mismos; sólo buscaban forzar al Gobierno a discutir reglas democráticas, que la gente se apegara a lo que decía el librito, que todo el mundo era ciudadano, que habían tribunales y policías, que lo que era de uno era sagrado y nadie tenia derecho a tocarlo, que si querían algo igual, que trabajaran. Pero otros convirtieron el conflicto en una batalla final: que el Presidente se fuera.

   Los dos hombres, los Carlos, hablaron de los alcances del paro ese día, cuando apenas comenzaba; había un aire como de júbilo en la gente que aplaudía en televisión, así como en la plaza. Aplaudieron al oír de quiénes iban sumándose al conflicto, gente que arriesgaba todo lo que tenían hasta ese momento, sabiendo que la alternativa era demasiado horrible, sobretodo aquellos que habían tenido el triste placer de haber pisado alguna vez la isla cubana. Los Carlos hablan de la crisis de gobernabilidad, que el Presidente no servía para nada práctico, que no se abrían empresas y fábricas que dieran empleos y comida, sino tarantines en la calle o se regalaba una máquina de cocer aquí y otra allá, limosnas  Que al Presidente y a su gente no les alcanzaba el tiempo para perseguir y reprimir al hampa que mataba, robaba y violaba con una furia y descaro terrible, que las autoridades eran utilizadas, incluyendo fiscales y tribunales, en perseguir a periodistas, curas, políticos y empresarios. Que el país se destruía en medio de la violencia, y nada hacían, porque no les importaba o no sabían qué hacer, pero querían seguir mandando. Cuando a Carlos Ordoñez le preguntan sí el cree que el paro funcionará, responde que al menos ese día sí, y que ya verían lo que el mañana traería…

   La gente en la plaza grita y aplaude feliz, Nicolás y Jerry entre ellos; ¡pero aún faltaba tanto por hacer! Tantos iban a dar aún la cara cubriéndose de gloria, desde misses a militares que un día acompañaron al Presidente. Otros deberían hundirse mucho, con sus nombres, con sus familias, en el más completo descrédito y desprecio, como el viejo periodista que cada domingo desde un programa muy seguido de televisión denunciaba la corrupción, las torturas y la traición a la soberanía nacional, entregada ahora a cubanos y narcoguerrilleros; o a los ruines transportistas de pasajeros, que por cincuenta bolívares más de aumento al pasaje, acompañaron al régimen en el intento de aplastar el país sin pensar que tal vez el día de mañana uno de ellos, o de sus hijos, cayera víctima del hampa por la violencia que se permitía desde el poder. O tal vez no les importaba siempre y cuando pudieran aumentar otros cincuenta bolívares.

   La ambición los hacia torpes, sembrando para siempre en la mente del pueblo que eran, al iguales que la gente del Subterráneo, unos muertos de hambre. Tristemente se llegaba al momento en Venezuela, cuando al oír que habían asesinado a un chofer, la gente decía arrugando la cara, como a quien le hiede a mierda: ‘ellos se lo buscaron, esos no son más que unos lambucios’. Pero nadie podía negar que eso fuera hechura de ellos, únicamente.

……

   En el por lo general fresco trailer de Lucas, la temperatura sube a millón, mientras un totalmente desnudo Pepe, joven, delgado, sonrosado y casi pubel, se encula una tremenda barra en su agujero ardiente. Braulio, desnudo también, pero llevando todavía sus botas, está muy abiertote en el sofá, sentado, con sus muslos enormes y sus bolotas colgándoles, mientras sentado, dándole la cara, montado sobre sus pubis, subiendo y bajando el culo sobre su tranca, se encuentra Pepe.

   El joven sube y baja como quien monta un caballo, sudando, brillándole gotitas en los cabellos parados en puntas. Cuando sube y baja, sus labios dejan escapar gemidos que son casi sollozos de puro placer, como le parecía siempre cabalgar a un macho. Pepe está muy caliente, muy excitado y ya no es dueño de sí. Sus pies están sobre el sillón, al igual que sus rodillas muy abiertas, mientras su nalgas enrojecidas están muy separadas mostrando la lampiña raja y su redondo y pequeño culo sin pelos, que va y viene con fuerza, con rapidez, sobre una barra titánica, larga, nervuda y gruesa, que parece demasiado para ese hoyito. Pero lo consigue. Pepe sube y baja enculándose a sí mismo, mientras el tipo sonríe viéndolo agitarse, gritar, sudar y morderse los labios con gemidos de agónico placer.

   -¡Mierda, cómo les gustan a estos muchachos una buena verga por el culo! –gruñe Facundo, mirándoles impasible.

   Las manos de Pepe caen como sin fuerzas sobre los pectorales voluminosos del tipo, que se contraen con las embestidas que da ese culo sobre él. Las manotas del carajo le atenazan las nalgas, apretándoselas, subiéndole y bajándole sobre su barra. El culo sube y sube casi hasta la roja cabezota, para luego caer, cubriendo toda la tranca, acompañado por un alarido del chico. Sus nalgas, los pliegues, quedan montadas sobre los muslos del tipo, y sólo unos dos centímetros del cilíndrico tolete quedan afuera, que se empuja así, sin que el otro suba, hacia ese culito. Las bolas se contraen en el saco de Braulio mientras, aprisionando al muchacho contra su pubis, empuja su güevo, quiere reventarlo, quiere atravesarlo; ese calor y ese peso lo enloquecen, ese agujero lo chupa fieramente.

   Pepe chilla con el rostro hacia arriba, mientras su culo hecho una sopa, mojado y muy caliente, le halaba y mamaba el güevo con violentos espasmos que amenazaban con hacerlo correrse a torrentes dentro de tan maravillosa cárcel. Se notaba que era uno de esos culitos siempre hambrientos de güevos, y teniendo uno bien metido lo amasaba con unas ganas enloquecedoras, con saltos sobre su pubis. La espalda de Pepe brilla de sudor mientras sus nalgas están aplastadas contra los muslos Braulio, con su anillo tensado al máximo, y aún así mece sus caderas en forma circular, frotándose más, apretándolo más. Los dos gritan enloquecidos y Braulio le atrapa una tetilla con su boca y la muerde y chupa ruidosamente, ensalivándola. Mamándola como un lactante y haciendo gemir más a Pepe, cuyo güevo se frota contra la panza algo abultada pero firme del otro, mientras sus pocos pelos destacaban.

   -Yo también quiero culo. -grazna el indio, sentado en un sillón apartado, sobándose su güevote mientras los miraba, fascinado por el bello espectáculo de su amigo, con la edad para ser el padre de Pepe, musculoso y enorme, cogiendo al grácil chiquillo culialegre que subía y bajaba con frenesí, meciendo sus nalgas, enculándose desesperadamente de la barra que tanto placer le daba.

   Con pesar, pero sabiendo que luego tendría más, Braulio detiene sus embestidas, y atenazando a Pepe aún por las nalgas, se pone de pie así, aún enchufado por el culo gracias a su gran fuerza. Luego lo deja de espaldas en el sillón. Facundo va entre sus piernas y se mete, levantándoselas y le mira, enrojecido y sudado, con el güevote erecto, palpitándole y botando jugos claros sobre su abdomen. Le mira el culo totalmente rojo, dilatado. Monta su rodilla derecha sobre el sofá y su pierna izquierda queda fuera del mueble, hala a Pepe un poco hacia el borde y lentamente desciende hacia él, de frente, alzándole mucho las piernas. Las nalgas abiertas y el culito dilatado y palpitante quedan hacia arriba, hacia el güevote erecto color canela que baja hacia él.

   La cabezota se frota y Pepe chilla cerrando los ojos, tensándose ante el nuevo ataque de los güevos largos. Lentamente la barra va entrando, empujándole el anillo que baja, devorando el tolete. Ese culo está muy mojado y dilatado, lo traga y se cierra sobre él con duros espasmos, frotándolo. El orgulloso culo de un chico que ama las vergas en él. Facundo chilla y lo clava todo, hasta sus pelos que se apoyan en el bajo bolas del otro. Ese güevo parece crecer y palpitar, nutriéndose del rico agujero que tanto lo amasa y mima.

   El tolete va saliendo, halando el anillo y la membrana, mientras Pepe chilla agónico, tensando sus nalgas sobre esa dura barra. Sale centímetro a centímetro, surcado de venas enormes, para luego, a mitad de camino, deteniéndose un momento para sentir las haladas y apretadas que le da el huequito, lo empuja otra vez, cogiéndole. El güevo sale y entra lentamente, metiéndolo con todo su peso sobre el chico que chilla y se estremece contra el sofá.

   El güevo sale y entra con ganas, con fuerzas, con velocidad. Ahora lo coge bien duro, embistiéndolo, estremeciéndolo todo. El indio le ruge que apriete ese culo, que se lo chupe con el culo, ‘muévelo, bonito, mueve ese culito para mí’. Mientras lo embiste con dureza, tendiéndose sobre él, frenándose al apoyarse de sus tobillos, levanta más a Pepe que se siente tensado al límite. Ese güevo lo rasga, entra y lo calienta todo, sobándolo, frotándolo, despertando sensaciones poderosas dentro de él. Quiere que lo coja, que se lo meta una y otra vez. Y su huequito responde, halándolo, chupándolo, queriéndolo más y más adentro. Sentir a ese hombrezote clavándole el tolete en el culo, lo llena de vida.

   El hombre gruñe como un animal, atrapándole los tobillos con sus manos, estremeciéndolo todo mientras su güevo va y viene cogiéndole con mayor vigor. El rojizo agujero es abierto una y otra vez por el titánico instrumento color canela, que lo empuja todo, para salir luego trayéndose todo, y nuevamente volver a clavárselo. Lo coge una y otra vez, meciendo sus caderas con donaire, expertamente, como quien ha cogido a mucha gente a lo largo de su vida. Pepe cierra los ojos y sólo puede dejarse arrastrar por la pasión de ese hombre fuerte y musculosos que lo maneja, que lo guía, el hombre que sabe lo que un muchacho necesita, haciendo que su cuerpo se tense, que su güevo vomite lagos de jugos, que sus bolas se agiten dentro de su saco, que sus tetillas ardan, pero sobretodo que su culo esté tan húmedo, caliente y deseoso de más güevo.

   Al tiempo que gruñe, la espalda del indio brilla de sudor al contraerse contra ese joven. Sus nalgas se agitan rápidamente mientras sus caderas van y vienen, mostrando su culo semilampiño; su bolotas van y vienen golpeándole las nalgas al otro, mientras su gran güevo sale y entra en el dilatado y envilecido culo que lo acuna en sus cálidas entrañas, queriendo sacarle la leche ya con sus chupadas.

   Mientras lo mira culear al chico que se tensa y contorsiona sobre el sofá, un mueble hecho para eso, Braulio se masturba sentado en el sillón. Su mano, aunque grande, no cubre totalmente el instrumento, cuya cabeza se ve hinchada y surcada de venas. Mira y se masturba; mira y recuerda las cosas que pasaron hace tantos años cuando estaban en el cuartel. Eran sólo unos chicos, jóvenes fortachones, saludables. Un trío de buen ver, Lucas, Facundo y él. Chicos de dieciocho y diecinueve años. Años de ganas de sexo, cuando la sangre estaba caliente y los güevos más caliente todavía. Y en esos años fueron enviados a un lugar horrible, en la frontera entre Mérida y Colombia, donde las condiciones eran terribles. Había escasez de todo, hasta de armamento; siempre en la mira de guerrilleros y narcotraficantes. Pasaron hambre, frío y penurias. Fueron atacados por irregulares una y otra vez. Y estaban solos, no había mujeres, y eso los enloquecía.

   Braulio recuerda una tarde en el patio, oscurecía rápido en esos montes altos y solitarios, y hacía una brisa fría, aunque no mucho a esas latitudes. Todos se bañaban en pipotes, no había regaderas o tuberías. Y cuando salía a eso, sin camisa, con una toalla a hombro, vio a Geraldo, un compañero venido de Valencia, catirón, tetón y lampiño. Lo vio bañándose con una totuma y le pareció… distinto. Había algo… bonito en él. Lo vio enjabonarse el tórax, sobre todo los pectorales, para luego sobarse las nalgas. Nunca se había fijado en eso, un hombre enjabonándose entre las nalgas, la mano sobre el culo, era algo muy privado, prohibido, taboo; pero verle ahora le estaba excitando, así como la mórbida mirada que Geraldo le mandó al pillarle. Y estremeciéndose, al joven fortachón le pareció que mientras lo hacía, mientras le miraba con morbo, Geraldo había metido un dedo en su culo.

   Caliente, enloqueciendo ante el ardor de güevo que sentía al recordar al catire, Braulio se lo contó más tarde a Facundo, cuando montaban guardia, fumando en esos montes olvidados, como si fuera algo de pasada, de burla; pero el tono era urgente, excitado. Y los dos lo sintieron en la carne, que endurecía entre sus piernas…

   Como estaba ahora mirando a su compadre encular a ese muchacho bonito. Y sonríe, ya quiere un dueto. Sentir la verga de Facundo palpitar contra la suya cuando juntos se la metan al muchacho por el culo, llenándole bien, casi reventándole. Algo le dice que Pepe, llegado el momento., gritará y llorara suplicante… para que nunca se las saquen. Parecía ese tipo de putito.

……

   Comienza a anochecer cuando Nicolás, más animado, entra a la algo oscura salita de la pensión de Carmencita, donde la mujer muy ceñuda sigue el curso de las noticias.

   -¿Hasta cuando ira a durar este despelote del paro? No lo dijeron. -suena molesta.

   -Hasta que se vaya. -replica el joven, convencido y con algo de violencia.

   -Yo no entiendo, en mi país los militares van y tumban al gobierno y ya. -menea la cabeza confusa ante la falta de guáramo del ejército venezolano para sacar a alguien a quien hasta ella sabe enfermo mentalmente.

   Cosa curiosa, tal vez por haber vivido su propio problema de represión por parte de un presidente que quería mantenerse en el poder a costa de lo que fuera, los peruanos parecían entender mejor la angustia y los sufrimientos del pueblo venezolano. Para ellos no era algo abstracto. Ese hombre era un loco, y peligroso, pues creía que matar gente para mantenerse en el poder estaba bien. Era ese estar claros en cuanto a lo que pasaba en Venezuela lo que hacía que en Norteamérica, muchos venezolanos y latinos en general, para saber lo que pasaba en el país, buscaran en el satélite los noticieros peruanos antes que las grandes cadenas en español norteamericanas, que parecían, o no saber lo que decían, o cuadrar algún negocio propio (lo de las grandes sumas entregadas a costosos lobbys, se supo mucho más tarde).

   Nicolás entra en su cuarto, sintiendo una rara mezcla de felicidad y depresión; seguía sin trabajo, pero al menos la gente que ordenó que asesinaran desde puentes y azoteas, tal vez, pagarían por ello. No le da ni tiempo de sentarse en la cama, para tratar de sintonizar algo en su viejo televisor en blanco y negro, cuando la puerta se abre y aparece en el marco un muy severo y molesto Franklin Caracciolo, quien cierra la puerta a sus espaldas. Y el muchacho parpadea repetidamente, preguntándose si no estará siendo víctima de alucinaciones.

   -¡¿Dónde estuviste todo el día?! -le pregunta rudo el hombre bien trajeado. Sorprendido, el joven se para de la cama.

   -Frank, ¿qué haces aquí? No puedes entrar así como así. A la señora Carmencita no le gusta que… la gente entre a los cuartos.

   -¿Dónde estabas? –repite y le mira con ojos brillantes, como en los viejos tiempos.- Te he llamado como una docena de veces durante todo el día y no estabas. -habían sido como tres docenas, pero no lo aclara.

   -¿Qué… coño te pasa? -se exaspera Nicolás, mirándolo fijamente, frente a él, cruzándose de brazos.- Estuve afuera, en diligencias. Buscando trabajo. -explica, sintiéndose idiota por hacerlo. El otro lo mira feamente.

   -¿Buscando trabajo? ¿Solo? -con violencia le monta las manos en los hombros, apretándole con manos cálidas y duras, lastimándole algo en el hombro derecho.- No me mientas; sé que andabas con el sucio de Jerry Arteaga.

   -¿Qué…? -contiene la mueca de dolor y lo mira furioso.- ¡No te iba a mentir! No tengo por qué mentirte en nada. Eso no es asunto tuyo. Con quien salga a buscar trabajo, a sacarme una muela o afeitarme el culo, no es asunto tuyo. -es tajante en su reiteración, mirándolo en forma brillante, molesto.

   -Con él, no, ¿okay? ¿No ves que es un carajo sucio? -le ruge bajito, entre dientes, casi al rostro cuando se acerca más.- No quiero que salgas con él. No quiero que estés cerca de él. Es un tipo asqueroso y no quiero que te vea, que esté cerca de ti, que te huela, que te toque o que… fantasee suciamente contigo. -sus manos aprietan y zarandean al joven que casi tiene que apretar los dientes por la presión sobre la clavícula lastimada.

   -Suéltame, coño. -jadea adolorido y Frank lo nota como ido de este mundo, aliviando la presión, pero sin soltarle. El hombre necesitaba tocarlo. Sentirlo. Y esa urgencia, esas ganas, le asustaban mucho.- Jerry es un amigo, y un tipo agradable que quiere ayudarme…

   -¡Es un sucio maricón! -ruge feroz. Nicolás se le acerca tanto que casi se besan, sus labios están tan cerca que bastaría sólo un leve gesto y se tocarían en un leve roce, cosa que marea a Frank y le hace bizquear un poco.

   -¿Y esto qué es? ¿Qué nos pasa? -eso desconcierta a Frank, que lo suelta como si lo quemara, pasándose una mano en forma febril por los cabellos.

   -No es igual. No compares esto con él. No me compares a mí con él; yo no voy por ahí dando mamadas a cualquiera y… -baja la mirada.

   -Frank, ¿qué tienes? –no lo entiende, pero cuando el otro eleva la mirada, mejillas teñidas de rojo, ojos brillando de forma desaforada, el corazón se le encoge. Y quiere preguntar. “¿Estás celoso?”. Se muere por preguntárselo, pero le da miedo. No sabe de qué o por qué. Traga grueso, no sabe qué diría o qué haría si Frank le gritara que si, que se muere de celos, que no quiere que nadie le toque o lo vea porque siente que se muere. Eso le asusta, pero también le encanta, puede sentir como la adrenalina corre por sus venas nada más de imaginarlo.

   -No salgas con él, por favor. -le ruge, juntando las manos como en una plegaria.

   -Sólo salimos a buscar trabajo. Los dos estamos desempleados… y se podría decir que por culpa tuya. ¡No fuimos a tirar a un motel!

   -Ah, carajo, todo yo, ¿verdad? –desvía la mirada.- No le veas más.

   -¡No estábamos haciendo nada malo! Por Dios, me agrada, pero imaginarme… no sé, tocándole, me da asco. No voy a caer en su cama. Es un amigo. Sólo eso.

   -Él es… mañoso. –enrojece al recordar.

   -¿Hay algo que no me has contado respecto a Jerry? –interroga mirándole fijamente, algo ceñudo. No, la idea no le gusta ni un poquito.

   -¡No! –se horroriza. O lo finge.

   -Me parece que el señor protesta demasiado. –nuevamente se cruza de brazos. Retándole con la mirada.

   -Claro que no pasa nada. ¿Ese tipo y yo? ¡Por favor! –se estremece violentamente.- Mira, no quiero discutir más por ese tipito. Quisiera que no le vieras, pero si dices que sólo es un amigo… -bota aire como concediendo un gran favor, cosa que cabrera Nicolás.- ¿Tienes hambre? Vamos a cenar. -y el estómago del muchacho se contrae de apetito, traidoramente.

   -No, gracias… -farfulla. Frank lo mira feroz.

   -¿Por qué te reclamé?

   -No, porque no soy una mujer, ni tu noviecita, como para aceptar que me saques a pasear, a comer, al cine, a bailar. No soy una de tus… mantenidas. Soy un hombre, carajo… o un medio hombre. Ya no sé. Pero yo no hago eso. -intenta aclarar. Frank bota aire ruidosamente.

   -Debes tener hambre, ¿almorzaste?

   -No es el caso… -y sabe que su cara debe mostrar signos de hambre, ojos febriles, boca hecha agua y demás.- Ya te dije que no y es mi última palabra. –reta y se miran durante un minuto exacto.

   -Ay, ya, vamos… -y lo atrapa por el hombro izquierdo, halándole.- Pórtate bien y no te daré una nalgada frente a la entrometida de tu casera.

……

   Hay gente que se deja llevar por lo que siente, y lo hace, aunque no sea lo convencional, lo que debería ser. Pepe era uno de ellos, era un carajo joven, mucho, y quería probar y experimentar, y lo hacía, aunque imprudentemente, con esa negligencia que destruye a la larga si no se tomaban precauciones; como lo sería en el caso del sexo, el uso de protección como el condón.

   El joven quería explorar su sexualidad, y literalmente podría estallar ahora, atendido como estaba por esos dos enormes carajos. Facundo y Braulio están sentados uno al lado del otro, de hecho una pierna de Braulio estaba montada sobre el muslo del amigo, mientras Pepe, caliente y sudando, sube y baja su culo, chillando, estremeciéndose todo, cabalgando su cuerpo sobre el tolete de Braulio, grueso y tieso.

   -Hummm… hummm… -es todo lo que puede gemir el chico, saltando sobre ese carajo, sudando a mares, agarrándose de sus anchos hombros.

   Tomándolo de una mano, Facundo lo obliga a movilizarse y subir ahora sobre su tranca. El tipo chilla cuando ese joven culo, tan caliente que derretía acero, tan mojado que sentía que algo le corría por el tronco, lo aprieta fieramente. Sentir sus jadeos, sus bamboleos y el peso de su cuerpo sobre el pubis, lo enloquecía más. Atrapándole las caderas lo aplastaba contra su cuerpo, meciéndolo de un lado a otro para sentir como ese culito le apretaba rico el tolete. Las blancas y abiertotas nalgas suben, mostrando la raja lampiña y ese culito redondo, que parece chico, que sube y baja con ganas sobre esa enorme tranca cobriza, cabezona y nervuda. Con un jadeo, Braulio le hala por un hombro y Pepe, sonriendo, caliente y casi enloquecido, va hacia él, dejándole el güevo a Facundo triste y solo. Ahora Pepe siente como es el güevo caliente y durísimo de Braulio el que le destroza las entrañas. Se siente débil y casi solloza ante tan rica atención; las manotas del hombre atenazan sus nalgotas, agitándolas como quien mece gelatina, empujando el redondo culito de adelante atrás sobre la rígida tranca dura.

   Mientras les mira, Facundo piensa en aquellos años lejanos en el cuartel; como cuando una tarde, después de lo que Braulio le contó del catire Geraldo, lo encontró boca abajo en su camastrón, leyendo algo, agitando una pierna flexionada y alzada, vistiendo su calzoncillo azul, pequeño, no de reglamento, porque esos nunca alcanzaban y cada quien debía conseguirse lo suyo. Esas nalgas firmes que se tragaban la telita, lo excitaron, provocándole una escandalosa erección sobre el pantalón verde camuflajeado. Geraldo se volvió sobre un hombro, mirándole, reparando en la tranca bajo el pantalón.

   -¿Te gustaría culearme? -se ofreció así, sencillamente.- Tú culeas, ¿verdad? A mí me gusta que me llenen el culo de güevo…

   ¿Y qué puede responder cualquiera ante semejante oferta?

CONTINUARÁ … 100

Julio César.

¿JUGANDO?… 22

enero 26, 2013

¿JUGANDO?                         … 21

   El siguiente es un Padackles no muy intenso, con una trama medio rosa. La historia NO ES MÍA, pero me gusta, que no se moleste la autora. Es lo que llaman una historia en un universo alterno. Obviamente es ficción, ¿okay?

……

Titulo: The joke? That I love you

Autor: Damnlady62PADACKLES

   No había visto a Jared; y este no le había buscado ni llamado. Al parecer había entendido que deseaba que le dejara en paz. Eso debía estar bien… pero dolía.

   Como si conjurara algo, su teléfono repica. Su corazón late con fuerza, de manera dolorosa, pero no se trata de Jared.

   -Sandy, hola, dime… -se congela cuando escucha la ansiedad en su voz.

   -Jensen, ¡Genevieve se siente mal! Está en el salón recepción y… mierda, ¿puedes venir?

   ¡Genevieve! Joder, no.

   -¡Voy para allá! –ahora siente miedo mientras cruza rápidamente la recepción y el comedor, buscando ya en su móvil el número de Emergencias, deteniéndose un segundo antes de abrir las puertas del salón, preguntándose qué carajo pudo haber ocurrido. Y si sería grave. Traga, no puede engañarse, siente miedo. Por ella. Y mucho más por Jared. Si a su hijo le ocurría algo, el castaño… Finalmente abre y entra.

   -Sandy, ¿qué…?

   -Cierra, Jensen, necesitamos hablar. –le encara una hermosa y serena Sandy, de pie, franqueada por Jessica y Chad.- Es sobre Jared…

   -¿Hablar de Jared? No entiendo… -Jensen les mira.- ¿Está bien Genevieve o no? –demanda saber.

   -Está bien. Jared no. –aclara Jessica, haciéndole alzar los hombros, rígidos.

   -Seguro tiene resaca, le vi tomar demasiado anoche. Si quieren puedo llamar a un médico para que le vea, pero no creo que por una cruda… -ofrece, sintiéndose invadido por la preocupación. Maldita sea, ni aún ahora puede dejar de inquietarse por el castaño traidor.

   -Está encerrado en su cuarto, no ha salido en toda la mañana, no quiere ver a nadie y no quiere comer… ¡No quiere comer! –ladra Chad, aparentemente muy alarmado por el detalle.- ¡Y todo es por tu culpa!

   -¿Qué? –se desconcierta, ligeramente alarmado.- No sé qué les haya contado Jared anoche, pero les recuerdo que estaba bebiendo mucho.

   -Lo sabemos, Jensen. No que estaba bebiendo. –le corta Jessica.- De Jared y de ti. –puntualiza algo divertida al verle palidecer y balbucear algo sin palabras.

   -Reitero, Jared estaba bebiendo mucho anoche y cualquier cosa que les haya contado…

   -Lo supe cuando les vi llegar de la playa el otro día. Jared me dijo que estaba pasando algo entre ustedes. –señala Chad. Sorprendiéndole.

   -Cuando le masajeabas los hombros en la piscina y él se emocionó tan evidentemente, tanto que se cubrió con el koala, me habló de sentimientos por ti. –apunta Jessica y Jensen deja caer la mandíbula, dando un paso atrás.

   -Les vi salir antenoche, felices y radiantes. Ayer en la mañana Jared me habló de ello. –termina Sandy, ceñuda cuando le ve apretar los labios.- No, Jensen, no estamos aquí juzgando a nadie. Jared y tú son perfectamente libres de hacer lo que quieran, pero nos preocupa que ahora él…

   -¿Lo sabían desde hace días, que algo estaba pasando entre Jared y yo, y no me advirtieron de Genevieve? –pregunta atronador, mirándolos en barrida, logrando que se tensen. Las dos mujeres intercambian una mirada.

   -Le advertí que esto le estallaría en la cara, pero no quiso escucharme. –informa Chad, Jensen da un paso hacia él, cargado de frustración e ira, tanto que el otro alza la barbilla como esperando una agresión.

   -¡Debiste contármelo, maldito cabrón! ¡Mierda! –grita porque tiene que hacerlo, con el corazón galopando en su pecho.

   -Le pedí que te lo dijera. –informa Sandy, voz queda. Jensen la mira feroz.

   -Pero no lo hizo. Guardó silencio y me hizo creer… -balbucea, doliéndole. Le hizo creer que eran libres para ser ellos dos, para amarse, que todo eso significaba algo. Que tal vez había un futuro además de este presente. De noches compartidas, de miradas enlazadas, de sentimientos que se correspondían.- Debiste decírmelo, Sandy. –acusa, parpadeando ferozmente, sintiéndose infinitamente solo de repente.

   -Quise hacerlo, pero él… Jensen, sé que estuvo mal, pero era él quien debía decírtelo. –se defiende.

   -Pero no lo hizo. –repite, tomando aire, respirando pesadamente, hasta que su mirada se congela. Alzando un dedo los recorre a todos.- Oh, por Dios, callaron porque es su amigo.

   -Claro. –reta Chad, Sandy y Jessica se miran otra vez, alarmadas.

   -No, Jensen, no se trata solo de eso. –intenta Jessica.

   -Callaron porque él se los pidió. Jugaba conmigo, con esta cosa idiota que siempre sentí por él y… -casi ríe con una mueca.- …Y guardaron silencio porque él quería. Callaron porque él sí es amigo de ustedes, un verdadero amigo porque es como ustedes, porque todos son eso, amigos de siempre. Yo no.

   -¡Basta! –ahora Sandy parece a punto de gritar.- No nos ataques de esa manera. También somos tus amigos.

   -No, no. Amiga eres de él. Amigos son de Jared… -los cubre a todos.- Yo soy… un conocido. Alguien que cruzó por sus vidas una vez; por lo tanto no era tan grave hacerme daño. –puntualiza.

   -¿De qué coño hablas? No queríamos que nadie saliera lastimado. –se exaspera Chad.

   -¿Pensaron que callando lo lograrían? ¿Qué, exactamente, creían que ocurriría? ¿Cómo es que toda esta mierda no iba a salir mal? ¡Genevieve! Ella está preñada de Jared, maldita sea, ¿cómo eso no era grave? ¿En qué universo era algo que yo no necesitaba saber?

   -¿Él no te contó cómo ocurrió todo? –Jessica le mira confundida, luego endurece la mirada.- No le has dejado hablar, ¿verdad? Viste a Genevieve y le mandaste para el carajo sin escuchar siquiera sus explicaciones; por eso está así. –acusa.

   -¿Me estás culpando de algo?

   -¿Le dejaste hablar? –intercala Sandy, menos agresiva.- Jensen, no todo es lo que parece; Genevieve está embarazada, y sí, es hijo de Jared, se habla de boda pero…

   -¡No quiero saber nada! –la interrumpe con un grito, apesadumbrado y sorprendido, ¿acaso estaban dementes todos?- No quiero escuchar más. –alza otra vez el dedo, callando a Jessica que iba a intervenir.- No me interesa saber lo que ese mentiroso tenga que decir. Y seguramente está encerrado porque si tiene una resaca; no creo que esté sufriendo por nada que tenga que ver conmigo, como no sea porque le descubrí. –otra vez lo alza, silenciando a Chad.- Tampoco me interesa escuchar nada de lo que tengan que decir. Ninguno de los tres. –le duele decirlo y nota por el rictus de las mujeres que a ellas también les lastima.

   -No, Jensen, no digas eso. No creas que no eres nuestro amigo. Yo te quiero, si tan sólo…

   -El tiempo de hablar fue antes de que Genevieve llegara y supiera lo mentirosos que pueden ser todos, Sandy.

   -¡Eres tan infantil! –acusa Jessica.- Las personas no son perfectas, Jensen; callar a veces no es mentir. A veces mentir es no querer lastimar, o miedo a perder. Jared temía que tú le apartaras si sabías del embarazo de Genevieve; no confiaba en lo que pudieras sentir, o que en verdad sintieras algo por él. Y mira, tenía razón. Le juzgaste y condenaste sin escucharle, como hiciste hace años en el colegio. Pero esta no es una cosa de muchachos. Jared está mal, necesita que vayas y…

   -No me interesa nada de lo que tengas que decir. -repite, roto, pero inflexible.- Pero no te angusties por tu amigo. Jared saldrá de esto, se recuperará cuando su ego sane, cuando entienda que ganó, que me derrotó a lo grande; que su juego, su broma, fue perfecta y me lastimó. Pueden decírselo, díganle que me hizo daño, mucho, que no sé si pueda… -parpadeando ferozmente se muerde el labio inferior y medio ríe.- Díganle eso, que ganó, eso le hará feliz y todo su malestar terminará. –da media vuelta.

   -Jensen, por favor… -Sandy hipa.

   -No temas, no le diré nada a nadie. Genevieve nunca sabrá… lo que pasó con él. Ni de la parte de ustedes en todo este desastre. –sale sin volverse, sin escucharles.

   -¡Mierda! –gruñe Chad, resumiendo lo que todos piensan.- A Ackles le pegó bastante también.

   -No le perdonará. –jadea Sandy al borde de las lágrimas.- Cree que Jared jugaba, no sabe qué tanto le quiere.

   -No quiere creerlo, más bien. Y por su terquedad los dos van a sufrir. –sentencia Jessica.

……

   -Déjame, Gen… -susurra Jared escuchando ruidos a su puerta, caído de lado sobre su cama, ojos medio cerrados mirando por el balcón, la tarde avanzada. Debería tener hambre, dolerle el cuerpo por yacer tanto tiempo acostado, sentirse incómodo por el olor a rancio, pero no tiene fuerzas para nada, ni siquiera para imaginar que se moverá.- ¿Qué diablos…? –ladea la cabeza, mirando sobre su hombro hacia la puerta cuando oye el ruido de unas llaves y esta se abre…

   Su corazón martilla con fuerza. Jensen…

   -Gracias, Megan… -agradece Danneel a la otra mujer fuera de la habitación, entrando, impregnándolo todo con el perfume que insistió en aplicarse antes de comer con las alérgicas mujeres de la familia de su marido (mujeres que estaban alterándole los nervios casi tanto como Jensen y Jared).

   -No, Danni, no…

   -Ahora, amiguito, tú y yo vamos a hablar. –es severa, acercándose a la cama, impresionándose de verle tan derrotado y macilento.- Jared… ¿qué ocurre, cariño? ¿Qué te tiene así?

   -No quiero hablar de eso, por favor… -se enrosca más sobre sí, en posición fetal, casi las rodillas contra el pecho; pero no puede evitar un gimoteo cuando la siente sentarse en la cama a sus espaldas. Dios, necesitaba tanto un poco de consuelo, escuchar que la vida no se terminaba, que todo podía salir bien al final… Lo necesitaba aunque no lo mereciera. Cuando siente el roce de su mano en un hombro, tiembla.

   -¿Es por Jensen? –pregunta en voz queda, sintiéndole estremecerse con violencia, sacudido por el llanto.

   -La jodí, Danni. La jodí en grande. Tuve al alcance de mis manos la cosa más hermosa que podía llegarme en la vida, algo que me llenaba como ninguna otra lo había hecho, y la jodí… -aprieta los dientes y cierra los ojos.- Dios, merezco que me maten por idiota. –ladra.

   -Jared, por favor, no puede ser tan terrible. –casi pega un bote al oírle reír con toda la amargura y dolor del mundo.

   -¿No te parece horrible saber que perdiste el Paraíso que un día estuvo al alcance de tus dedos, donde fuiste bañado por el sol más suave y cálido, tomaste el agua más fresca y dulce, dormirte bajo el cielo más claro y tachonado de estrellas que puedas suponer, en brazos de… de tu destino, sintiéndote totalmente dichoso, percibiendo que nunca antes te sentiste así, sabiendo que si tuvieras que regresar a lo que una vez fuiste te morirías de tristeza, sin poder imaginar siquiera cómo sería volver a ese pasado porque el toque de sus manos, su sonrisa y su mirada te juran que será para siempre? No fue para siempre. ¡Y si es terrible! –oculta el rostro contra la almohada y solloza, aunque le avergüenza un poco.

   -Por Dios, ¡te enamoraste! ¡De Jensen! –está impactada, entendiendo muchas cosas ahora.- Jared… Jared… Jared, maldita sea, deja de llorar y cuéntamelo todo. Y cuando digo todo, es todo. O no podré ayudarte. –porque si, le ayudaría. Porque era su amigo y le quería, y porque nadie merecía sufrir por amar.

……

   Jensen está que trina de la rabia y la depresión. Lanzándole un “ya vuelvo”, a le recepcionista (¿dónde andaba Megan?), subió a su cuarto, un dormitorio grande pero funcional, donde la cama parecía más un accesorio. Archiveros, computadoras y copiadoras ocupaban un buen espacio. Llega y arroja el saco, se afloja la corbata sacando la camisa del pantalón, arremangándose las mangas en los brazos. Deja el móvil sobre una mesita notando con cierta culpa que tiene siete llamadas perdidas de Chris; pero no, no podía llamarle ahora, no cuando está deseando lanzar un grito o un puñetazo. Debió dárselo a Chad.

   Con la garganta cerrada se sirve una copa; mira que culparle de todo a él, ellos, esos hijos de putas que sabían lo que estaba ocurriendo entre Jared y él, sabiendo también de Genevieve, y que no tuvieron la decencia de advertírselo. Se deja caer en un sillón, abatido, con el rostro contraído. Claro, eran más amigos de Jared que de él. O era simplemente amigos del otro, sin otras vueltas de hojas. Termina su copa y se deja caer contra el respaldo de su sillón, mirando por el balcón. Dios, se sentía tan mal.

   Cierra los ojos. Jared. Jared encerrado en su cuarto, todos diciendo que sufre. Abre los ojos con ira, ¡qué bueno! Ojalá le esté doliendo bastante, que le duela el pecho como si le hubieran clavado un cuchillo y sienta que se quiere morir y no haber nacido nunca… porque sólo así apenas estaría comenzando a sentirse como se siente él. Aprieta los dientes con ira, maldiciéndose. Cómo le gustaría en verdad alegrarse, pero la sola idea de Jared afligido, le afligía. Aunque no lo creía; no que sufriera por él. El castaño únicamente… bien, únicamente se sentía descubierto. El jueguito que llevaba se le había caído. Jensen no podía ser tan obtuso como para no darse cuenta que al castaño le agradó estar con él, los besos y toques, las caricias y… bien, todo lo demás. Era lógico que resintiera perderlo todo de golpe. Eso era. Sexo. Piel y carne. No, no hubo nada más. Jared no puso el corazón, el corazón sólo lo expuso él… Grita un “hijo de perra” de pura frustración, coincidiendo con una llamada a la puerta.

   -¿Estás bien, Jensen? –oye amortiguado.

   -No, si… Danni. Mira yo…

   -Abre. Necesitamos hablar.

   ¡Dios, otra más! Con paso rápido abre la puerta y la encara.

   -Mira, Danneel, no quiero discutir contigo, no después de lo de ayer. Y si, estaré presente en tu boda, pero si vienes a hablar de lo que creo que quieres hablar…

   -Si, es de eso. De Jared. Y de ti. Dios, ¿cómo no me di cuenta de lo que estaba pasando? –exhala dentro de la habitación, notando su aire cansino, agotado y frustrado.- Te ves mejor que él.

   -No quiero escuchar.

   -Está muy mal, Jensen. Se siente una mierda por lo que hizo.

   -Y debería. Fue… ruin. Mira que engañar así a Genevieve, la mujer que va a tener a su hijo…

   -Jensen Ackles, ¡no hables así de Jared! Puedes estar enojado con él, pero lo conoces mejor que eso.

   -Creí conocerlo. Ahora no lo sé. O si lo sabía, cómo era, pero quise engañarme. –traga; mierda, quiere odiarlo, en verdad, pero no puede. La oye suspirar exageradamente, sabe que la mujer pierde la paciencia.

   -Parece que será inútil todo lo que diga, ¿verdad? Te has encerrado en una burbuja de dolor y abatimiento que no te deja percibir nada más. –se le acerca, tomándole el rostro, sonriéndole con infinito afecto.- Está mal, Jensen. Muy mal. Duele verle así. Y es por ti.

   -Él… miente, Danni, ¿quién sabe qué tiene en verdad? –lucha por tragar.

   -Yo lo sé… se enamoró de ti.

   -¡Danni!

   -Por primera vez en su vida le ocurrió, te encontró y todo hizo clic en su existencia, y no supo cómo asimilar tal hecho con lo que había sido su vida hasta ayer. Amándote como sé ahora que te ama, debió enfrentar el hecho de que ya cargaba con decisiones pasadas. Y como millones antes que él, cariño, sintió miedo de perder. De perderte, la cosa más increíble que le ha pasado. Ay, Jensen, si le hubieras escuchado cuando describía lo que sentía… –es suave, cálida y sincera, notando como el hermoso rostro enrojece, la angustia, esperanza y rabia brillando en la mirada.

   -Es tarde. –duele pensarlo, sentirlo, decirlo.- Genevieve…

   -Tal vez. Pero necesita salir de su propia miseria. A ti te duele mucho, pero puedes funcionar porque eres el agraviado. Él se hunde porque siente que perdió algo demasiado valioso… por su culpa. Para él no hay consuelo. –se le acerca mucho, casi obligándole a bajar el rostro, preguntándose qué se sentiría besar esos labios carnosos, pobre Jared, con razón estaba como estaba.- Y mañana es mi boda y le quiero allí. –le abraza con fuerza, porque los dos lo necesitan, no era la situación que deseaba vivir con sus mejores amigos un día antes de su matrimonio, pero la afrontaría. Todos juntos.

……

   No podía ocultarse para siempre. Lo sabe. En algún momento Genevieve toda preocupación, decisión y mala leche entraría allí para exigirle saber qué tiene. Y tendría que contarle. No la engañaría. Mentir fue lo que le metió en todos esos problemas. Sonríe con pesar, ojos afiebrados ligeramente. Y estaba bien; ser sincero. Honesto. No era posible pasar toda una vida sintiendo a medias, conformándose con algo porque es grato, sobrellevable. Una vida “como todas”. Una existencia de un día tras otro, sin sobresaltos, cómoda, estable. Sin pasión. Ojos cerrados medio jadea, no podía llevar esa vida ahora que sabe que puede excitarse con tan sólo escuchar una palabra, sentir un olor. Que se puede desear a alguien tanto que aún cansado después de horas de amar, las carnes se agitan con un roce casual. Que tan sólo verse reflejado en esa otra mirada brindaba paz, alegría y excitación, todo a un tiempo. ¿Cómo pudo ser tan idiota?

   -No, Danni, no otra vez… -gruñe opaco cuando la puerta se abre.

   -Abre los ojos, tenemos que hablar. Quiero escuchar lo que tengas que decir. –es directo y a Jared el mundo le da una voltereta, abriéndolos muchos y volviéndose de espaldas sobre la cama, boca abierta, pecho agitado.

   Jensen.

CONTINÚA … 23

Julio César.

NOTA: La torta. Cuando traduzco algo usando el Google, y voy a transcribirlo, tomo de cinco a seis cuartillas del texto traducido, lo corto y paso a otra hoja Word, donde le doy sentido. La continuación a esta entrada ya la había presentado en el otro blog, lo archivé en una carpeta de YA USADO y el ataque viral lo dañó. No puedo recurrir a lo publicado porque el otro blog cerró y no tengo el original porque lo borré cuando lo “corte”. Me tocará escribirlo de memoria y seguro no quedará igual. Ya veremos…

NOTA 2: Acabo de ver el episodio de Supernatural en el reino mágico. Me gustó y mucho, aunque buena parte de ello se deba a Charlie. Ya opinaré más adelante, pero la verdad es que para mí nada fue sorpresa (tal vez el caso). Era un episodio ligero donde Dean se preocupa por Sam y este lo agradece. Cómo señalé en Ss., muy a propósito para un borrón y cuenta nueva.

DE MACHO A ESCLAVO… 15

enero 24, 2013

…ESCLAVO                         … 14

   El siguiente es un relato que cae dentro del género que llamo maldito, un sujeto va a una casa buscando algo y sale con otra. No es mío, es una traducción adaptación, por lo que le pido al escritor original, John <seekingurdick@ yahoo.com, si llega a enterarse de lo que hago, que no se moleste. Su relato es corto, directo y bueno, por eso lo cito. Disfruten de…

……

Asunto: El despertar de Joe

Fecha: Jueves, 22 de diciembre 2005 18:22:04 -0800 (PST)

De: John <seekingurdick@yahoo.com

MACHO VELLUDO EN SUSPENSORIO

   Disciplinando muchachos es que es bueno.

……

   ¿Qué estaba pasando? ¿Cómo ese tipo le reconoció, cómo pensó que podía acercársele y hacerle todo eso? Su móvil timbra y se detiene bruscamente, espera una llamada de su mujer. No reconoce el número.

   -¿Aló?

   -¿Joe Adams? –pregunta una voz masculina muy joven. No la reconoce.

   -¿Si?

   -Hola, amigo, mira, mi fraternidad tiene una fiesta este fin de semana, y nos encantaría que una perra como tú estuvieras presente. Mis hermanos de casa y yo estamos buenos y muy bien constituidos, nuestros güevos son grandes, te lo juro. Te vamos a hacer gozar bastante, tu culo y tu boca van a tener más güevos de los que hallas podido soñar alguna vez. ¿Quieres? Amigo, tú con tus tangas y tu aceite… –habla rápido y febril, como un muchacho que vende sus virtudes deseando ser aceptado y temiendo el fracaso. Debía ser muy joven. Y estar muy caliente. Joe no sabe ni cómo responder.

   -¿Qué?

   -Vamos, sé que eres una perra deseosa muy cotizada, pero, ya sabes, somos jóvenes y llenos de ganas. Podemos darte güevo durante horas. Tu página dice que eres insaciable, pero con nosotros…

   -¡¿Cómo coño conseguiste este número?! –grita molesto, alarmado y aterrorizado.

   -Está en tu página. En una foto tuya donde a lo lejos se ve tu cara como si estuvieras en cuatro patas y en primer plano quedan esas nalgas redondas y hermosas que tienes, y en ese culito lampiño y muy abierto está el número.

   Joe no sabe qué decir. Boquea feamente y corta la llamada. En seguida timbra otra vez. El mismo número. Lo corta. Llaman y es otro número. Lo corta. Y otro. Y otro y otros. Su pecho sube y baja, se marea un poco, seguramente el oxígeno no estaba llegándole al cerebro. Santo Dios, ¿qué había hecho esa gente? ¡Le estaban exponiendo como la gran puta de la ciudad! Con su foto, su nombre y su teléfono, señalando y sosteniendo cosas en su nombre. ¿Insaciable? Otra llamada, está a punto de contestar y mandar a quien fuera para el carajo, cuando se congela de miedo, sabiendo que está a un paso del infierno.

   Es el número de su padre.

   ¡Dios! No puede evitar que el miedo le paralice y provoque temblores. Todo a un tiempo. Bien recuerda a su padrino gruñéndole mientras le nalgueaba y penetraba, diciéndole que seguramente a su padre también le gustaría probar ese culo. Es horrible porque al miedo, y el asco, también se le suma un calor extraño que le abrasa por dentro.

   -Ey, papá… -grazna.

   -Muchacho, ¿cómo estás? –se le oye serio.

   -Todo bien, ¿y eso, tú llamándome?

   -Mira, hemos recibido algunas llamadas extrañas solicitándote para animar fiestas privadas. –informa y Joe cierra los ojos.- Son unos sujetos bastante molestos, insisten en hablar contigo para llegar a un acuerdo y parecen no querer aceptar excusas. ¿De qué hablan? ¿Animar fiestas?

   – Yo… yo… -suena roto.- Parece que es un error. Alguien dio mis números por equivocación, aunque me extraña… que también llamaran allá. Yo me ocupo.

   -¿Está realmente todo bien? Suenas extraño. Hijo, si tienes algún problema sabes que puedes contarme lo que sea. –ofrece.

   Y Joe desearía creer que si, que podría contarle lo que fuera. Pero no lo cree. Se evade, cambia de tema, pregunta por sus hermanos, envía saludos a su madre. Escapa.

……

   Cabizbajo llega a su casa, silenciosa y vacía todavía. Ese fin de semana sin Fiona parecía extenderse infinitamente en el tiempo. Traga en seco cuando ve palpitar la luz que indica que tiene mensajes en el teléfono fijo. Hay quince. Los oye y son variaciones del mismo tema, le buscan por sus videos y fotos. Algunos le ofrecen sexo rico, garantizándole que lo gozará bastante; otros le exigen que responda porque saben lo que una perra como él necesita; el resto relata sucias fantasías sobre todo lo que le harán cuando le atrapen.

   Tragando en seco borra todo. El teléfono timbra y casi pega un bote. Lo deja caer. Es otro sucio mensaje de un sujeto que jura le raptará y le encadenará en un sótano de su casa para que lo gocen entre varios. Con manos temblorosas atrapa el aparato y lo hala, desconectándolo.

   Mira el computador y lo enciende. Tiene que saber. Hay treinta y dos correos. Jadea de angustia mientras los lee a saltos. Cae sentado, derrotado, y no puede contener las lágrimas. Todos estaban hablando ya de él, por ahora era el submundo de los dominadores sexuales, pero no sería así para siempre. Cierra los ojos e imagina a su mujer enterándose, a su padre y sus hermanos. Los vecinos y los amigos. ¡Todos sabrían! Gritando se pone de pie, respirando pesadamente.

   Por un segundo piensa en comprar un arma e ir a la fulana Casa de las Perras Deseosas, pero… Los rostros de ese sujeto llamado el Doctor, el de Richard y el del mismo Sam flotan frente a sus ojos. Seguramente llevaban tiempo en eso, atrapando carajos como él y sometiéndoles sexualmente. Probablemente no era el primero que ha pensado en ir y matarles. Y teme lo que puedan hacerle si llega y fracasa.

   Entra un nuevo mensaje, de Fiesta con la Perra, y como está mal, lo abre. Aparece él en esa casa, su boca subiendo y bajando sobre una gruesa tranca negra que brilla con su saliva y los jugos de ese hombre, mientras su culo, en un acercamiento realmente bueno, es ferozmente abierto por otro tolete, de tinte canela, que parece demasiado grande pero que entra y sale del redondo anillo de su agujero. ¡Y los gemidos! No, no podía ser él, ¿verdad? Seguramente agregaron esa mierda. Tenía que ser porque él no hace eso. Porque el video viene con ese bono, los roncos y ahogados gruñidos de placer y lujuria de alguien que está gozando mucho de lo que le hacen, de tragar esa verga inmensa y abrirse de culo a otra igual de enorme.

   Abre mucho los ojos cuando unas letras aparecen sobre la imagen: “¿Qué quieres que le hagan a la perra? La mejor oferta ganará”. Y se ahoga, se suceden respuestas aberradas, con ofrecimientos en dinero. Una llega y es resaltada, ofrecían un dineral por ello: “Queremos a la perra mamando a sus hermanos y a su papá dándole duro por el culo”. Horrorizado nota que muchos aprueban eso, agregando que seguramente a un puto como ese le gustaría bastante. La pregunta aparece: “¿Quieren que preparemos ese encuentro, la perra, sus hermanos y su padre?”. Las aprobaciones se suceden y Joe quiere gritar. Apaga y se pone de pie, tembloroso. No puede pensar, nada se le ocurre, tan sólo se siente embargado por el miedo y la desesperación.

……

   La noche es cálida y el vecindario cercano a la Casa de las Perras Deseosas, se ve tranquilo. Nada hacía presagiar, mirando la vivienda de tres plantas por fuera, todo lo que allí ocurría. Al porche oscuro llega un derrotado Joe Adams. El fornido joven, masculino, bronceado y apuesto duda frente a la puerta pero finalmente llama. Nada. Llama otra vez, con algo de alarma. No responden y ahora toca con urgencia. Tiene que verles, detenerle antes de que…

   -¿Quién es? –se oye una voz metálica por un intercomunicador. Reconoce a Richard.

   -Soy… Joe… Joe Adams. Necesito… hablar contigo.

   -Lo siento, debes estar equivocado de hombre; yo no tengo nada que discutir con una perra de tu clase. –suena determinante, a punto de colgar.

   -¡Oye! –gime, alterado, entre molesto y asustado.- Necesito hablar.

   -Atacaste a uno de tus machos y desobedeciste cuando se te ordenó algo. Creo que no hay nada de qué hablar, perra. Eres una perra mala, muy mala, no conoces tu lugar y aquí ya no hay nada para ti. Cuando hable con tu padre…

   -¡No! No, espera, yo… -ahora gime suplicante. Pero no puede decir las palabras, aunque tampoco encuentra fuerzas para resistirse; Dios, si todos se enteraban se moriría. La voz espera. Y se cansa.

   -Vete, perra mala. –es la ronca sentencia, casi pesarosa.

   -No, tienes que escucharme, yo… Lo siento. –jadea derrotado, cerrando los ojos y le parece escuchar algunos susurros que vienen del intercomunicador, seguramente la rata esa no estaba sola.

   -No te oí.

   -Lo lamento. –grazna.

   -Lamentas, ¿qué? Especifica, perra.

   -Lamento haber desobedecido, lamento haber atacado a uno de mis… -grita pero se atraganta.- …Mis machos. –cierra los ojos, avergonzado, humillado, derrotado, escuchando leves carcajadas de aprobación y uno que otro aplauso.

   Pero no hay otra respuesta. Richard nada más dice. Sobre su cabeza se enciende una difusa luz amarillenta, al frente, en un pequeño gabinete, parpadea una roja. Tragando lo abre y sus ojos se desorbitan. Bota aire con pesar, sabiendo que estaba frente al momento de su vida. Las botas negras y altas brillan intensamente. El collar con su nombre a ambos lados, también.

   Le esperaban.

   Debe escapar, huir y afrontar lo que venga. Pero no lo hace. Piensa, engañándose, que todavía tiene tiempo para negociar, para buscar una salida. Un sonido de zoom llama su atención, hay dos cámaras de pared cerca del techo. Le miran. Traga nuevamente, mirando hacia la calle. La casa está a oscuras, esa escasa luz no debe mostrar mucho, pero oye el paso de los autos. Estaba, en teoría, a la vista de cualquiera. Pero sabe que se está quedando sin tiempo cuando la luz recién encendida comienza a bajar de intensidad.

   Con manos temblorosas se quita la camisa, los zapatos y abre su pantalón. Lleva un boxer de algodón blanco, corto y sexy, se ve bien así como está, bronceado, musculoso y joven. Todavía duda, respirando por la boca, pero termina retirándolo también. Mira el gabinete y con manos trémulas toma una pequeña prenda interior, es de un negro intenso, al principio lo tomó por cuero pero era un nylon suave. Es un hilo dental. Casi cae cuando mete la primera pierna, y se estremece mientras va subiéndola. Mortificado nota cierto calor incómodo mientras se acomoda el bojote, que le cuesta porque es una prenda de talle bajo. No es nada a cuando acomoda la tirita entre sus nalgas, esta presionando sobre su raja, contra la entrada del culo. La acomoda en los costados y no puede evitar notar que lo hace con coquetería. Maldice para sus adentro.

   Se coloca las botas, altas, casi a las rodillas, flexibles… con los amarres para cadenas. Sube la mirada, afligida y toma el collar. Se lo coloca y cierra lentamente. Siente la presión contra su cuello. No lastima, pero cuando traga, lo siente allí, seguramente hecho de esa manera para que recordara siempre que lo usaba. Ahora espera, mirada baja. Y no ocurre nada. Levanta la vista, la cual se le nubla de vergüenza y humillación (claro, todavía falta), y lentamente cae en cuatro patas, como una perra.

   Tiembla violentamente, de vergüenza, pero también extrañamente excitado pensando e intentando imaginar lo que ocurrirá ahora. También temiéndolo. Es imposible para el muchacho imaginar lo perversamente excitante que se ve así, un sujeto joven y recio, cuerpo bronceado y desnudo, nalgas abiertas mostrando una tirita negra de tela, más abajo el bulto de sus bolas, en botas, con un collar de perro en su cuello. En cuatro patas. Joe no puede suponer que expuesto así como está sería víctima de la lujuria de cualquier hombre con unas cuantas gotas de sangre en las venas. Es… como una hermosa perra en celo que exhala un vaho que atrae, calienta y enloquece a los machos.

   La puerta se abre y allí se encuentra Richard, ese hombre calvo y recio, con pantalones de cuero, un chaleco abierto sin mangas, en una mano una cadena, en la otra una larga y delgada varilla que parece recubierta de cuero negro. Con una mirada seria, casi grave, en su rostro. Ambos hombres se miran.

   -Sabes que te has portado mal, ¿verdad, perra?

   -Yo… yo no quise…

   -¿Te has portado mal o no? -le pregunta gritado y Joe se encoge, tragando saliva, desesperado, incapaz de articular argumentos.

   -Si… -concede.

   -Si, ¿qué?

   -Si… señor.

   -Si, señor, ¿qué?

   -Si, señor. He sido una perra mala, señor. –grita desesperado, necesitado de terminar con toda esa comedia.- ¡He sido malo! ¡He sido malo! –casi lloriquea. El otro asiente, severo.

   -Fue muy grave lo que hiciste, perra, no sólo desobedeciste a tu amo, sino que atacaste a uno de tus machos. Eso te costará. ¿Estás dispuesto a aceptar el castigo que mereces?

   -Yo… -no sabe qué hacer o decir. Está atrapado.- Si, señor. Quiero que me discipline. –susurra. El otro le mira fijamente, como calibrando su sinceridad.

   -Bien, perra. Será como quieras. –y el hijo de puta todavía sonríe, medio inclinándose y atándole la cadena al collar, cerrando la puerta a sus espaldas después de hacerle dar unos pocos pasos, abriendo otro gabinete de pared y sacando un negro y lustroso consolador, de esos que terminan en una cola alzada.

   La mirada atemorizada y algo caliente de Joe se fija en el juguete sexual, el cual parece brillar con una grasa verdosa.

   -¿Qué es esa gras…? ¡Ahhh! –pregunta y calla cuando el bofetón le hace ladear el rostro a la izquierda.

   Sin responderle, Richard se tiende a su lado, en una mano el consolador, bajo la axila de ese brazo la varilla, con la otra mano le recorre los hombros y espalda al muchacho. Es una mano callosa y rasposa, caliente y viciosa rumbo a las nalgas. Y Joe, todavía aturdido por el bofetón que le medio paró el güevo aunque no quiere pensar en ello, se estremece bajo ese toque. Richard, sonriendo con admiración, llega a las formidables y hermosas nalgas masculinas, tan firmes y duras. Si, era una perra hermosa.

   El dedo baja siguiendo la tirita del hilo, deteniéndose sobre el agujero cubierto, dándole ligeros azotes y Joe se tensa, cabeza muy erguida, conteniéndose para no jadear. Los dedos velludos se meten dentro de la tirita y la aparta. El ojete se estremece al quedar expuesto. El muchacho se tensa más y abre mucho los ojos cuando siente el roce de la lisa cabeza del juguete contra su entrada. Lo ignora, pero esta se abre y cierra, ¿expectante? Richard sonríe leve, complacido. Y empuja.

   Joe aprieta los dientes cuando la roma cabeza entra, es grande, pero está bien untada de algo y eso lo facilita. Sin dejar de mirarle ahora, soltando el hilo dental que se apoya contra el falo de goma, Richard empuja y se lo clava. El muchacho se tensa, esa cosa es gruesa y le abre, pero no es sólo eso. Esa vaina… le quema. Es una quemadura incómoda que irrita un poco. Desea llevar su mano atrás y… Pero sabe que no puede, como no sabe que sus nalgas están tensas, se contraen y relajan cuando intenta frotarse con el juguete, por dentro, para moverlo, para rozar, para calmarse un tanto. Igualmente ignora cómo se ve, como si estuviera meneando la cola de hule. Como una perrita.

   -Vamos. –ordena Richard, tirando de la cadena y halándole.

   Todavía intrigado por el leve picor en sus entrañas, Joe le sigue, dócilmente, en cuatro patas. Entran en un reducido salón, casi a oscuras, aún así el hombre joven, con el corazón palpitándole salvajemente en el pecho, repara en unos aros en el suelo, así como en dos cadenas que descienden terminando en esposas como de cuero.

   -Yo… ¿qué vas a…? –se asusta, el bofetón casi lo esperaba, se pasa la lengua por el labio para comprobar si hay sangre, no es así.

   -De pie. –le ordena.

   Obedece, de pie se ve aún más magnifico en su fetichista atuendo. Sonriendo, Richard atrapa sus muñecas y las ata de las cadenas del techo. Casi como si se esperara de él, Joe tira de ellas, pero sus brazos están realmente in movilizados un poco por encima de su cabeza, separados de su cuerpo. Desde esa posición ve como Richard se agacha y fija las botas al piso con los aros. Con el corazón palpitándole intermitentemente ahora de verdadero miedo (y algo de curiosidad, también de una oscura intensidad que no entiende), le ve ir a una pared casi oculta en las penumbras y elevar una pequeña palanca entre varias. Se oye el ruido lejano de un motor, fuerte y atronador, hecho para intimidar y Joe reacciona en consecuencia, asustándose un poco más, con la boca casi salina.

   Las cadenas comienzan a subir, llevándose sus brazos. Jadea de sorpresa y temiendo que le torturen hasta hacerle daño, gime que no, que se detenga, aunque sabe que es un error. Tiene que levantarse buscando apoyo porque aunque sus muñecas están sujetas con ataduras acolchadas, estas se clavan un poco en su piel, quedando ahora sobre las puntas mismas de las botas, casi alzado totalmente. Richard detiene el proceso y Joe, con el corazón en la boca, sabe que apenas comienza su lección, pero ya está cagado de miedo y arrepentimiento.

   El calvo le da a otro interruptor y se encienden las luces. Los ojos de Joe recorren el techo y las poleas que cuelgan y se deslizan, repara en lo casi vacío de la habitación, larga pero no ancha, finalmente caen en una de las paredes, la que queda justo a su costado derecho, es un espejo completo, y ve su propia imagen, semi desnudo, atado, con el collar… obsceno. Sin decir palabra, Richard le sonríe y sale. Joe va a llamarle, han pasado únicamente unos segundos desde que le ató y ya se siente agotado, las puntas de sus pies le molestan, la posición es incómoda. Baja y no llega a apoyar los tacones de las botas, pero cuelga y sus piernas descansan. Es cuando los brazos comienzan a quejarse.

   Pero eso no es lo peor, es sentir ese leve pero constante picor en su culo, dilatado como está por el juguete de goma. La cosa molesta un poco. Luego mucho más. Dios, ¿qué había embarrado en ese juguetito?, se pregunta ahora con agitación. El picor en sus entrañas es tanto que medio bailotea las piernas, notando en el espejo, con vergüenza, que parece estar utilizando el juguete para satisfacerse. Los minutos pasan y pasan, le duelen los pies y los brazos, su culo arde, no quema, es tan sólo una irritación constante. Necesita… no sabe qué.

   Minutos más tarde gimotea aunque no quiere, bañado en transpiración, su cuerpo brillante y oleoso. Pasan diez, doce, quince. Veinte minutos más tarde y ya no aguanta. Jadea con angustia, tira de las cadenas del techo y nada, intenta aflojar las botas y falla. El rabito de goma bailotea de aquí para allá mientras intenta, de alguna manera, usar ese consolador enterrado en su culo para frotarse, rozarse. Llama, grita y amenaza, suplica. La puerta se abre finalmente y aparece Richard, sereno, la delgada varilla en su mano derecha.

   -Deja los gritos, perra. –ordena.

   -¡Detén esto! –jadea.

   -Aguanta.

   -¡No puedo! –chilla, pero traga al verlo enseriarse.- Lo siento, señor, pero no puedo más. Por favor… por favor… -suplica lastimeramente, mirándole angustiado, como un chiquillo, bañando en sudor. Viéndose increíblemente erótico.

   -Te ayudaré, perra, porque soy bueno con mis nenas. –se burla.- Pero antes debes pagar tu desobediencia y el haber tocado a uno de tus machos. ¿Lo harás? –Joe duda un segundo y asiente.- No, debes decirlo. Pide por tu castigo, suplica por disciplina… -Joe va a hacerlo cuando le detiene alzando una mano.- Espera. –va a la pared, levanta otra palanca y el espejo comienza a deslizarse a un lado, dando a un amplio salón bar con mesas y una barra. Totalmente lleno de personas, quienes ríen y le aplauden al verle en directo.

   Y Joe entiende, esa gente está allí para mirarle ser disciplinado, llevaban tiempo viéndolo todo, seguramente desde que llegó y suplicó ser escuchado y se vistito de perra deseosa. Jadea ahogado cuando ve en la barra a su padrino, Arnie, junto al sujeto que le atacó en el baño de aquel bar. ¡Una trampa! Todo no fue más que una trampa para llevarle a ese lugar y a ese instante de su vida.

   -Suplica, perra. –repite Richard y se hace un silencio expectante. En la desesperada situación de Joe nada ha cambiado, sus brazos y piernas le atormentan, esa vaina en su culo también. Pero de ahí a darles el gusto…

   -Yo… yo… Por favor… Por favor, señor, disciplíneme. ¡He sido una perra mala! –casi grazna, voz alta, rota.

   Y cierra los ojos para no ver la sonrisa de Richard, a su padrino azar un botellín de cerveza en su dirección como en un saludo de felicitaciones, o a Sam reír con dos sujetos de la fábrica donde trabajan, o la gente riendo y aplaudiéndole, mujeres incluidas en aquel extraño público. Pero el muchacho tiene que abrirlos, lo hace cuando…

   -¡AHHH! ¡NO! ¡NO! –grita cuando un azote con la delgada varilla cae sobre su nalga izquierda, ardiéndole horriblemente, obligándole a revolverse dentro de sus ataduras, la suave piel marcándosele, la gente aplaudiendo y riendo aprobatoriamente. Era una locura. Estaba entre locos, le grita su mente aterrada cuando un nuevo azote llega. Richard alzó el brazo y lo dejó caer con gracia y la varilla le cruza la nalga derecha.

   -Dame las gracias, perra.

   -¡Maldito hijo de puta! ¡Voy a matarte! –grita, pero aprieta los dientes y se tensa cuando dos nuevos fuetazos le alcanzan las redondas y apetitosas nalgas.

   Y echa la cabeza hacia atrás. Y llora como un niño cuando los azotes se repiten lentamente, de una nalga a la otra haciéndole dar botes, cosa que, por alguna razón que no alcanza a entender, despierta una mirada casi amable en los ojos de Richard, cosa que no impide que grite otra vez cuando el nuevo azote llega.

   -Dame las gracias, perra.

CONTINÚA … 16

Julio César.

EN QUÉ MOMENTO

enero 23, 2013

ATENDIENDO EL ESTRÉS

QUE MOMENTO GAY!

Julio César.

DISTRAIDO

enero 23, 2013

UN CHICO SERIO

DE BATES Y PELOTAS

   ¿No aman esas caimaneras entre amigos?

   -¡Roberto! -le gritan desde el montículo.- No te distraigas, carajo. Ten los ojos sobre la bola.

   -¡Ahí los tengo! –replica algo mortificado… y sin poder apartar la mirada.

JUEGOS PELIGROSOS

Julio César.

SAM, DEAN, CASTIEL, AMELIA Y BENNY… DESGARRADOS Y RAIDOS

enero 23, 2013

LA MAMÁ DE KEVIN

DEAN DUERME

   No hay paz para el guerrero.

   Dicen que en el camino las cargas se nivelan. Y es verdad, lo sabe cualquiera que se sienta de último en la “cocina” de un autobús con otras cuatro personas. Al principio no caben, con el traqueteo se acomodan y sobra espacio. Algo así me pasa con el décimo episodio de esta temporada de Supernatural, Torn and Frayed. Y estaban casi todos, fuera de los Winchester, Castiel, Benny, Amelia, Kevin y Crowley; sólo faltaron Garth y la mamá del profeta.

   Debo comenzar diciendo que me gustó mucho el capítulo, pero se entiende, soy de los fans que encuentra fascinante esta etapa cuando el programa enfrenta a sus personajes principales, logrando de paso que cada espectador tome bandos hundiéndose en el sufrimiento, algunos con planteamientos válidos, otros ocultándose tras la rabia como justificación. Sin embargo… me pareció algo flojo en sus planteamientos, y eso que cada personaje fue empujado al límite de sus fuerzas y resistencias (Sam y Amelia, Castiel, Dean y Benny), como corresponde casi a la mitad de temporada. Cosa curiosa esa de la mitad de temporada…

   En la sexta Sam andaba sin alma, a la mitad Dean pacta con Muerte y este regresa. En la séptima Lucifer le atormenta y hace crisis, más allá de la mitad de temporada Dean encuentra a Castiel y todo se resuelve. En esta hay un feo enfrentamiento entre los hermanos, uno fue al Purgatorio y escapó después de un año, codo a codo con un vampiro. El otro se alejó e intentó rehacer su vida sin intentar saber qué fue de su hermano (y será la última vez que hable de esto, la manera en que se resuelve todo en este episodio da pie para ello, aunque sea de manera no totalmente satisfactoria). El enfrentamiento entre los Winchester, amargo y venenoso, estaba cantado; desconcertante fue que a tanta gente les sorprendiera o molestara. En el episodio anterior, Sam desconfiando del juicio de Dean respecto a Benny, y cuadrándose con Martin contra este, desencadenó una serie de eventos que terminaron con él corriendo a casa de Amelia por un mensaje falso y con la muerte de Martin a manos de Benny después de tenderle una trampa. Al final de ese episodio Sam se dio el tupé de parecer molesto y corta la llamada de Dean, desde ese punto era previsible lo que ocurriría. Más que eso, era necesario, que los hermanos se separaran. Y así caemos en este capítulo.

TORTURA

   Fue doloroso ver al pobre Samandriel (Tyler Johnston) siendo torturado por ese sujeto que tenía algo de ruin, por un momento temí que hubieran cambiado a Crowley, Mark Sheppard (¡de verdad!), y creo que deliberadamente el programa nos dejó temerlo; pero no, ese sujeto, Viggo, era tan sólo un lacayo del Señor del Infierno, y torturando al pobre ángel, quien antes había avisado a Naomi que estaba prisionero (la conocía, por lo tanto no era un simple angelito con cara de niño), logra entrar en sus pensamientos obligándole a hablar en lenguaje angelical sobre secretos del Cielo, cosa que interesa a Crowley. Y aquí quiero hacer un alto para incluir un comentario sobre este episodio de una amiga de la casa que siempre es pertinente, y que no teme mostrar a veces su desacuerdo conmigo, A:

SAM, DEAN, CUARTO DE HOTEL

Hola JC, ayer conseguí terminar de ver el 8×10 y como impresión general tengo que decir que más ganó lo que no me gustó que lo que sí. Cuando Dean busca a Sam al inicio yo me preguntaba qué iba a salir de esa conversación porque en capítulos anteriores ya se había definido una postura opuesta respecto de Benny para cada uno de los hermanos. La demanda de Sam de hacer elegir a su hermano entre él y Benny, para mí tendría razón de ser si se comprobara que Benny fuera la ‘Ruby de Dean’ pero hasta donde Sam y nosotros hemos visto no lo es. Y por qué hacerlo elegir entonces. No me queda claro, salvo que detrás de esa elección se esconda un reclamo de celos y resentimiento por no ser más el único en acaparar toda la atención o preocupación de Dean. Pero tampoco hay razón para el resentimiento ni los celos en tanto que durante el año que Dean desapareció, Sam hizo su elección y se retiró de la caza y se estableció con Amelia. De todo esto, yo entendí (y espero estar totalmente equivocada!) que Sam actuó en plan destructivo: ‘Si yo no soy feliz, entonces tú tampoco Dean’.

   Bien, comienzo repitiendo que a mí si me gustó el episodio. Y me da un fresquito que a Sam se le comience a ver de la manera que le vi desde el primer episodio de esta temporada; insisto, nos lo cambiaron, era egoísta, desconsiderado y traicionó a Dean. Sostener esto me ganó muchos ataques, aún de amigas a quienes quiero mucho (poco entre mis amigos o mi hermano, es que, definitivamente, las mujeres son de Venus). Este Sam no es el Sam que le da una oportunidad a un monstruo, o tal vez si es el mismo pero a Benny le odia porque Dean le aprecia. En el episodio pasado Sam se ve herido cuando Dean, fervorosamente, defiende al vampiro, y se queja con un “me alegra que encuentres alguien en quien confiar al fin”, tampoco lo entendí como no fuera que hablaba el egoísmo del hermano menor, ese que siempre fue protegido y amado por el mayor sin tener que corresponderle (y no es que esté hablando mal de Sam, así es dentro del programa, cuando la serie comienza está en la universidad y lleva dos años sin hablar con Dean). Estas cosas, sobre Sam y su manera de actuar, sobre el vampiro que si está al lado del otro en la trinchera de batalla, estaban ahí desde el primer episodio, muy claras, pero han tenido que correr capítulo tras capítulos para que muchos lo entiendan. Y se nota, por el tono, que a la amiga A, le duele lo que ocurre. Personalmente no, me molestó pero me gustó como se jugó a este enfrentamiento.

   En ese encuentro entre Sam y Dean en el hotel (es Dean quien le busca), se notó la continuación de la pelea. El mayor no entiende en verdad la furia de Sam, este le grita si le pareció divertido hacerle temer por la mujer que ama después de lo de Jessica; y visto así, fue duro lo que Dean hizo. Lo que no entiendo es cómo Sam, conspirando contra él con Martin, no esperara una respuesta de este. ¿Tú le haces pero no esperas un contragolpe? Parece ser que hay acciones terribles y otras no tanto según quien las haga (última vez que hablo de esto, lo juro). Dean le reclama no haber confiado en él, y aquí Sam replica algo que me parece ilógico, pero la trama la plantea así, le escupe a la cara que no desconfía de él sino de Benny… eso cuando Dean debió confiar en Lenore y los otros monstruos cuando Sam se lo pidió (no Amy, ella estaba matando gente cuando los cazadores repararon en ella). En metamorfosis y con lo del niño anticristo, Dean debió confiar en el juicio de Sam al respecto, pero este encuentra normal no hacerlo con Dean, y eso como apunta A, cuando Benny no ha dado más que muestra de un actuar recto.

   Sam, que involucra a un hombre desequilibrado en una misión y que desconfiando de Benny creyéndole un asesino (cosa que sin embargo no evita que abandone a ese viejo enfermo que llevó allá), culpa al vampiro de la muerte de Martin, no creyendo la “versión de Benny” de la trampa a la nieta. Pero como es una serie de televisión que necesita de los dos personajes juntos, y Dean debe aceptar algo de culpa y Sam ser disculpado de vista a los espectadores, Dean no le replica que no es la versión de Benny sino de la nieta a quien Sam puso en peligro de muerte con sus actos. Pero es cierto lo que sostiene A, Sam busca su espacio aunque realmente no sabe qué quiere, pero si Dean desea que sigan juntos en cualquier momento, debe elegir entre Benny y él. ¿Qué tal? Dean se aleja en ese momento, y eso me gustó. Llega el aburrido reencuentro de Sam con Amelia, un romance que no cuajó, pero ella insiste en que pueden intentarlo y se dan un plazo de dos días para encontrarse allí, que si uno de los dos no asiste seguirán sus caminos y jamás se buscarán.

   Aquí deseo acotar parte del comentario de A:

NAOMI Y CASTIEL

Detesto la facilidad con que Naomi controla a Cas!! Es frustrante verlo sometido a la voluntad del cielo de nuevo cuando él solo quiere hacer penitencia y tratar de redimir sus culpas. Hay quienes dicen que el ‘argumento del control’ con Cas es como repetitivo, que en la temporada 4, Cas también jugó el papel de soldadito obediente… Y puede ser pero a mí la trama me mantiene enganchada, mucho juega descubrir quién es Naomi y lo que hay detrás de su propósito de control. Tengo la idea de que mientras Dios no regrese, los ángeles van a seguir armando lío, y bueno Naomi es la nueva que ha tomado la posta. Claro, ya sabemos que una de las razones de Naomi es evitar que se conozca el contenido de la tabla de los ángeles, pero y el pasarle información sobre los Winchester, ¿qué se cocina allí? Si luego nos salen con que los hermanos tienen su propia tabla a mí me va a dar algo, aunque no sé si un ataque de risa o pánico. =S ¿No te pareció exagerada la reacción de Crowley al enterarse lo de esa tabla de los ángeles? Digo, él conoce ya la de los leviatanes y la de los demonios, por qué no esperar más, como una de ángeles o de Eve.

   Lo siento, yo no puedo odiar a Naomi. Ya espero verla enfrentándose directamente con Crowley y con el mismísimo Dean Winchester. Y aquí A, deja flotar su vena destielista:

Ok, llámame paranoicadestiel pero para mí la madre de la bebita enferma que Cas cura tenía un aire a Dean pero en femenino. LOL! Me dio gusto que Cas buscara a Dean para que le echara una mano con lo del secuestro de Alfie. (Pobrecito Alfie!) Aunque más me gustaría que ese par se pudiera buscarse sin necesidad de un motivo expreso de por medio. Tranquilamente podrían hacerlo, sabemos que se importan mutuamente, sabemos que Dean ya no le guarda rencor y perdonó a Cas, los dos son amigos, se conocen, incluso tienen la confianza de hacerse confesiones en donde se muestran vulnerables, como Dean al final del 4×16 o Cas con lo del tema del suicidio en el 8×08. Pero al enterarme que Cas no regresa hasta casi el fin de temporada me quedo como en el aire.

   Cómo está de enterada. ¿Cass no aparece otra vez sino casi al final? Una desgracia. Y no, no me fijé tanto en esa mujer con el bebé. Bien, como señala A, la acción comienza cuando Castiel es llevado ante Naomi, quien desea que encuentre a Samandriel (que nombre tan feo) antes de que revele algo importante, que es lo de la tabla esa. Castiel busca a Dean, quien dormía. Verle despertar sobre saltado fue tan divertido como lo fue ocultar en la computadora el porno asiático (por cierto, que de una dirección que me envió A, leí de gente que parece creer que es racista de Dean esa actitud; de eso hablaré después, aunque adelanto, si, fue un comentario de mujer, siempre se dice que ellas son complicadas, pero en nuestra simpleza ellas no logran entendernos tampoco).

SAMANDRIEL

   Castiel y Dean comienzan a buscar al ángel más agradable del cielo (en palabras de Dean, seguro puro sarcasmo, pero lo es, ese ángel tiene algo de tierno). Mientras buscan, Dean recibe una llamada de Benny, quien le necesita; el vampiro parece un adicto que sufre una crisis profunda de abstinencia y necesita de su “hermano” para que le brinde un hombro y fortaleza. A ese grado habían llegado (¿era lo que odiaba Sam, si creemos la tesis de A?). Y el cazador se lo promete. Llegamos a lo álgido, pero quiero comenzar con otro extracto del comentario de A:

KEVIN, DEAN Y CASTIEL

Kevin no creo que pueda avanzar más con lo de la tabla de los demonios mientras no tenga la otra mitad. Ya lo dijo, ‘no tiene nada’. Y se le ve mal, es mucho peso el que lleva encima. ¿Pero cómo recuperar la otra mitad? Me gustaría ver que no dejaran ese tema de lado o para el final, me gustaría que lo vayan desarrollando por partes para que no se vea apresurada o forzada la solución luego. ¡Quiero ver más a Kevin también! De otro lado, la muerte del ángel-más-adorable-del-cielo no tuvo sentido tampoco. Por qué Naomi le pediría a Cas matarlo si después le va a pedir traer su cuerpo a cielo para ver cuán lejos llegó Crowley. Que no tendría el mismo resultado preguntarle a Alfie qué paso. Naomi no tendría ningún problema en obtener esa información, ya la hemos visto en acción con Cas. In.jus.to. Es que Alfie me caía tan bien! Y cuando Castiel, luego de matarlo, le pregunta a Naomi ‘¿Y qué les digo a Sam y a Dean?’ Ayyy, es que eso fue lo peor, estuvo tan mal en todos los niveles. Eso sumado a como Dean quiere detenerlo para que no se vaya, ‘Cas, espera’ ‘Cas!’ All the feellings here!

   La muerte de Samandriel es tan extraña como señala A. ¿Para qué si luego se llevan su cuerpo para examinarle en lugar de preguntarle? Tengo mis teorías, aunque son sólo eso (tal vez porque me gustaría). Samandriel no ha muerto realmente, murió pero no es definitivo, ¿pidió Naomi que le mataran para silenciarle frente a Cass y los Winchester? ¿O fue una prueba para Castiel, para saber hasta dónde llegará su obediencia? Una vez Dios le pidió a un hombre que sacrificara a su propio hijo como prueba de fe (aunque aquella vez todo terminó bien). Por otro lado está Kevin. Dean estuvo divertido como siempre, esas cosas que dijo de la mamá del muchacho fueron geniales. No es secreto que no me agradaba mucho este profeta, pero me ha ido ganando. Su actitud huraña, obsesiva y el alejar a su madre me hizo pensar en algo que seguramente no es, pero parecía estar siendo controlado también. Como si otra persona le estuviera dictando qué hacer, decir o sentir, aún respecto a su madre. ¿Acaso Naomi? Ah, amo a esa mujer.

   A estas alturas deseo subrayar un punto, de donde digo que todo resultó bien aunque insatisfactorio (tal vez eso es lo que sientes, A). Los hermanos se separan, era imprescindible, como estaban no podían continuar juntos, era humana y sicológicamente imposible, y en una entrada anterior dije que Dean debía cazar y entrar en una tarea tan grande que entendiera que necesita de Sam. Esto ocurre cuando Castiel va por Sam para que les ayude aunque Dean se opone y cabrea. No sé si por orgullo o por desear darle una oportunidad a su hermano de abandonarlo todo; con Dean es difícil saberlo. La cosa se manejó bien porque Sam pareció levemente dolido de las palabras de Dean que deseaba se fuera, ya que Castiel y él se bastaban para la tarea (aparentemente Sam soporta que esté lejos un año, pero no que diga que no le quiere). Es Castiel, con dureza, quien debe hacerle entender que le necesitan. Aquí repito un tanto lo señalado por A. Encuentran el lugar donde Crowley tortura al ángel (jamás entenderé por qué no van al Infierno a atender esos asuntos), y los hermanos entran abriéndose paso a sangre y cuchilladas, y rompen los sellos que le impiden a Castiel entrar. Pero ya Crowley ha descubierto algo mediante una tortura horrible (la verdad se les pasó la mano con esa escena, pobre Samandriel), existe una tabla sobre los ángeles… Cosa que era lógica, como sostiene A. ¿Acaso existe un fan que no creyera o esperara esa posibilidad como una certeza? Donde si difiero de Naomi es sobre lo que allí puede haber. ¿Escribiría Dios algo contra su Reino, para destruirlo? Uno se inclina a pensar que no, pero con estos ángeles…

CASS TEME

   El dolor del ángel lastima a Castiel, y ese dolor le hace “recordar” cuando fue atormentado por Naomi en el Cielo…

NAOMI ACTUA

   Rescatan al malherido ángel, Crowley escapa, sabe lo que quiere. Samandriel sabe que no le dejaran vivir porque reveló algo que no debió (o que podía hacerlo de nuevo). Y Naomi le exige a Castiel que le mate. Este lo hace y fue una escena horrible como señala A; la duda es, ¿Castiel sabe ahora que está siendo manipulado? ¿Qué trama esa mujer? Fue odioso y horrible lo que le obligó a hacer, pero la verdad es que no puedo molestarme con Amanda Tapping (Naomi), repito, amo a esa mujer. Verle todo desencajado, no creer lo que dice justificando al haber matado al pobre e indefenso samantielxx, mientras sangra por la nariz, hace que los Winchester miren con desconfianza a ángel, otra vez. Y aquí caemos en ese algo forzado de lo que hablamos. Pero antes quiero terminar con el comentario de A:

También hubo algunos diálogos que francamente… ósea son errores básicos que no entiendo por qué se cometieron. Como, ‘Esos mendigos, son demonios, puedo ver sus verdadera caras’ o ‘Toma, esto no solo funciona con los ángeles, mata a los demonios también’. ¿Seriously? Esos son hechos que ya se habían explicado o habíamos visto en su momento, ¡que ya conocemos! Y al final la conversa de Dean y Sam respecto a lo que le está pasando a Cas no me hace sentido tampoco, Dean y Sam sienten que algo raro le está pasando a Cas y van a llevarlo con esa tranquilidad???? No es por nada pero la última vez que vieron a Cas extraño pasó lo de la alianza con Crowley, lo de las almas y godCastiel.Vamos Dean, tú siempre has creído que los ángeles son unos dicks, vas a comenzar a no desconfiar de ellos ahora? En aras de dar unidad, coherencia y continuidad a la trama espero escuchar que Dean esté rezándole a Cas todas las noches hasta que aparezca. Sobre Benny, qué puedo decir, me dio pena también.

   ¿Lo ven? Suena a depre. Es que esta temporada está siendo macabra, juegan con los personajes y los espectadores. Como expuse en la última entrada (sin creer que fuera a ocurrir realmente, es como habría sido si Supernatural la escribiera yo a estas alturas), los hermanos se separaron, pero duró poco, ni un capítulo entero como si ocurrió en la quinta temporada. Dean entiende que hay un peligro mayor y debe pactar con Sam, aunque con las evidencias mostradas, no saber de las tablas del Cielo, me pareció algo forzado que los hermanos supieran de ese peligro mayor, incluso que intuyeran que algo o alguien controlaba a Castiel (y ahí difiero de mi amiguita, pero estamos acostumbrados, ¿no?). Si es que cuando Sam, sabiendo que los monstruos al morir van al Purgatorio, y ve sonreír a Dick que agoniza y desaparece muriendo, en la séptima temporada, y Dean se va con él, no supo deducir dónde estaba su hermano, me parece algo forzado este entendimiento del “peligro mayor” que les une. Porque es Sam quien acude y quien se ofrece, sacrificando a Amelia en aras de la misión. Cosa a la que me referí en mi entrada anterior, aunque imaginé que vendría con un arrepentimiento real del menor por dejarle abandonado en el Purgatorio por todo un año, cosa que no ocurrió.

BENNY

   Aunque no sabe que Sam dejará a Amelia, Dean llama a Benny y corta la amistad o esa relación que tenían, lo hace porque no puede enfrentar dos vidas ni la amenaza siempre latente de Sam. Dios, ¡se vio Dean tan afectado por decir lo que dijo!, y se entiende, por algo que es la última vez que repito, cuando se está en el campo de batalla aquel que te cuida la espalda y te ayuda a salir ileso se vuelve tan importante como tu sangre, y eso que no sabía en ese momento que Sam no le buscaba. Me gustó la serena aceptación de Benny, no hubo reclamos ni reproches, en verdad le ganó en entereza y entrega al mismísimo Sam.

   La escena final, Dean mirando televisión, Sam llegando con dos cervezas y algo de comer, Dean abriendo las botellas, fue la salida que el programa le dio al conflicto, se pasó el rasero y todo quedó en tabla para un nuevo comienzo. Me pareció algo forzado, no se habló lo suficiente, pero funciona a un nivel elemental. Los Winchester están juntos de nuevo, uno al lado del otro, sólo ellos dos contra el mundo, lo que vengan lo encararán hombro con hombro. Fue lo que se plasmó. La semana que viene estarán aún melancólicos, Sam recordará a Amelia, Dean lamentará haberle dado la espalda al sujeto que le ayudó cuando se arrastraba en el Purgatorio buscando a Castiel y una salida. Pero también será un tema liviano, muy a propósito para que entren en sus viejos papeles, en una feria medieval de roles, encontrarán a la genial Charlie. Será bueno, ligero y divertido. Y serán otra vez Sam y Dean.

   El gran perdedor fue Benny, Amelia aún cuenta con Don. Y el pobre Castiel, aunque ahora sabe o intuye que algo le controla y le hace actuar en contra de sus deseos (lo repito, verle matar a Samandriel fue horrible, aunque se llevaron el cuerpo al Cielo, tal vez no esté tan muerto, después de todo Castiel ha regresado cuatro veces).

   Lo siento, A, a mí me gustaron más partes de las que me disgustaron. Que las hubo. Pero, ¿cómo no querer y maravillarse con esta serie que nos enfrenta a nosotros mismos y a otros?

CHARLIE ES UNA CHICA NATURAL

Julio César.

MANJARES EXÓTICOS

enero 23, 2013

IGUALDAD DE OPORTUNIDADES

HOMBRES EN HILO DENTAL

   En hilo dental, todo hombre se mete en líos…

   -No lo sé, compadre… cuando dijo que había conseguido trabajo en un restorán de gente rica no pensé que… -jadea asustado, estremeciéndose cuando el otro le cruza un brazo.

   -Tranquilo, así es como le he pagado todo a su comadre. No se asuste, estos sujetos sólo vienen a probar estos bocados especiales. Y ya verá cuando la primera lengua caliente lo saboree… Se va a regalar para que todos se lo coman. Mire que yo sé de qué hablo. –suena excitado. Y seguro que mojado.

EL TUNEL DEL TIEMPO

Julio César.

INQUIETUDES SEXUALES DE LOS HOMBRES…

enero 23, 2013

SE FUE AGOSTO, SEPTIEMBRE VUELA…

PROBLEMAS DE ERECCION

   -Si dices que les pasa a todos, yo…

   Hace casi quince años leí un boletín sobre temores sexuales masculinos, y el que ocupaba el primer lugar era más que un temor una incomodidad, una inconformidad (o un miedo), el no tener el tamaño adecuado. Aparentemente de cada diez hombres, siete tenían sus dudas sobre las dimensiones de sus penes. Un nuevo boletín recibido en la oficina indica que el temor número uno de los hombres en visitas a sexólogos es… el tamaño del pene. El tiempo pasa y ahí seguimos. Atrapados en el calzoncillo. Realmente me parece ocioso este temor, ¿para qué compararse con este o aquel? Claro, si se está en una relación con una mujer que luego resulta todos saben estaba antes con un semental, debe ser incómodo. E intimidante. De hecho esa es otra de las inquietudes masculinas, ser comparado con anteriores relaciones de la pareja. Algo muy humano. Hay un cantautor venezolano, El Cazador Novato (música algo grosera) que dijo algo al respecto: hay que tener cuidado con mujeres separadas, todos los días sacan la cuenta de los maridos que han tenido. Pero aquí se aplica aquello de por algo no duraron. Con todo y lo semental.

   Pero si, el tamaño del pene sigue siendo una de las mayores inquietudes del hombre, por absurdo que parezca; como dije, ¿por qué nadie iba a compararse con otros? A menos, claro, que si exista un problema de pequeñez real por causas biológicas, digamos un adulto con pocos centímetros, así como hay gente de orejas grandes. Eso debe frustrar y acomplejar, porque se diga o no, vivimos en competencia con otros, abierta o soterradamente. Aunque es una estéril pérdida de tiempo, y de tranquilidad, muchos no pueden escapar a ese temor, no tener lo suficiente entre las piernas. Todo el mundo dice que el tamaño no importa, sino el cómo se use, y debería ser, pero en el fondo nos parece que las mujeres no son tan indiferentes a ese hecho tampoco. Es muy poco lo que se puede hacer al respecto, como hombre que trabajo relacionado al sector salud, sé que está comprobado que las fulanas terapias, juguetes o cirugías para aumentar el tamaño son, cuando menos, dudosas, por no decir inútiles. Cuidado con eso.

   La segunda inquietud señalada en el boletín era no durar lo suficiente durante el acto. Y este si es preocupante. El sexo es bueno y placentero, cuando se practica con otra persona es mucho mejor; pero aunque el placer individual es importante, hay que recordar que no estamos solos y se debe procurar, de ser posible, que la otra persona también alcance ese instante máximo de placer. En este punto parecen funcionar las etapas del hombre, durante la primera juventud se quiere a todas horas, basta la menor insinuación para estar listo; así, aunque se termine muy pronto, esta cualidad compensa. Un hombre con más experiencia sabe trucos, ritmos y movimientos que le ayudan, o debería saberlo. No es llegar, entrar, acabar e irse. El sexo debe ser disfrutar de un momento mágico de comunión, de sentirse atrapado y exigido de una manera maravillosa, pero también de enloquecer a la pareja, ¿quién no disfruta de escuchar esos lamentos de placer? Eso da una sensación de control. O poder. En el buen sentido. Hay que saber tocar, mirar, incluso hablar en esos momentos.

   Esto de la duración explica una peligrosa tendencia por estas tierras, los jóvenes, sobre todos muchachos de liceos, parecen muy afectos a productos como el Viagra. No buscando erecciones sino duración. Un adulto sabe, o debería, el riesgo que hay para la tensión arterial y los riñones; los muchachos no, a esa edad se cree en la invulnerabilidad.

   Este punto de no durar mucho durante el acto, viene asociado a un verdadero miedo… las fallas eréctiles. Qué no responda; que ese amigo con quien hemos cargado toda la vida no funcione es la mayor preocupación del hombre, por eso me extraña que en eso de las inquietudes sexuales vaya de tercero, por detrás del tamaño, ¿qué importa tenerlo de antología si no sirve? Como alguien que se mueve dentro del mundo de la salud, he comprobado que en pacientes que se recuperan de infartos, y aquellos que son diagnosticados de problemas prostáticos, el mayor temor que padecen, pasado el shock de la revelación, es no funcionar como antes. Y con todo hay sujetos que utilizan drogas que se sabe influyen e incrementan las difusiones eréctiles, qué extraña es la gente. Por cierto, después de los cuarenta, todo hombre debe preocuparse no sólo del cáncer de próstata, ya que esta amiga que tantos buenos momentos nos ha brindado, después de esa edad, comienza un proceso de crecimiento que cuando es algo descontrolado conllevan los problemas de incontinencia y de falta de erecciones. Hay que dejar el miedo, después de los cuarenta hay que hablar con un buen médico.

   Una queja corriente de los hombres, sobre todo los casados en esos boletines, es que no se sostienen suficientes relaciones por semanas. Como dije, el sexo es bueno, acompañado es todavía mejor, pero el placer por el clímax es algo que descubrimos en la primera juventud, la autosatisfacción, y si eso lo sumamos a que todos eran estímulos para la erección, no sorprende que todas las noches, religiosamente, se practicara. Y a veces por las mañanas. Crecer manteniendo ese ritmo, algo muy privado, acompasándolo luego a las parejas, a veces resulta complicado. Es también una de las razones de por qué los primeros tiempos de toda relación resultan tan estimulantes y excitantes. Es un recuerdo, un grato recuerdo reflejo al que estábamos acondicionados; no es fácil tener que renunciar a la idea de los clímax conseguidos regularmente.

   No somos tan complejos, asociamos virilidad y masculinidad, ser hombre, al funcionamiento del pene. Tan sólo queremos que nos entiendan en nuestra simpleza: si hay un problema relacionado a él, o la sospecha, eso nos aterra.

   Por lo tanto, y a riesgo de parecer vulgar, en la cama, un buen elogio sería decir: Dios, cómo duras, ya no aguanto. O: qué bien lo mueves, carajo.

SEMANA SANTA CATOLICA, ¿VIDA O MUERTE?

Julio César.

SATISFACCIÓN

enero 23, 2013

…LAS GANAS

CHORREANDO

   No le gusta dar explicaciones de sus actos…

   …Pero en verdad disfruta de las cosas que hace con los vecinos en el edificio cuando su mujer sale a trabajar. Y lo demuestra con su mejor sonrisa de orgullo. Una sonrisa que les encanta a sus amigos.

CONOCIDO

Julio César.