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BENEDICTO XVI… ADDIO

febrero 27, 2013

ISAÍAS RODRÍGUEZ… CARA DE PAYASO

BENEDICTO XVI

   Si buscaba causar impacto… misión cumplida.

   ¿Han escuchado de esa gente que dice saber exactamente dónde estaba cuando tal o cual hecho ocurrió? Tengo mala memoria para las fechas, puedo relacionar eventos pero no números, sin embargo tengo presentes cuatro momentos muy intensos en mi vida, casi todos de reciente data. Sé dónde estaba, con quiénes alrededor, y qué hacía. Cuando el Papa polaco murió, supe la noticia una hora más tarde, un sábado poco después del medio día, y tuve que sentarme dejando lo que hacía, abrumado por una sensación de dolor y pérdida que me sorprendió a mí mismo. Fue tan triste, el viejo Papa se había ido al fin después de tanta agonía. Era o fue Juan Pablo II, el Papa amigo, el peregrino embarcándose viejito y agotado en el último viaje para dormir el sueño eterno.

   A su muerte comenzaron los cuatro mil análisis de expertos que declaraban que el largo reinado del polaco había estancado profundas cuestiones de fe y dogmas, que los nuevos tiempos exigían un Papa moderno y más abierto a los aconteceres. Sentenciaban que un conservador sería el final y que la gente se molestaría. Recuerdo cuando dieron el extra, humo blanco saliendo del Vaticano, tenemos Papa. También a la gente gritando en las calles romanas, hombres, mujeres y niños corriendo hacia la plaza, la cual estaba llena de fieles, todos expectantes, sonrientes. No olvido a esas monjas y a esos jóvenes vestidos de seminaristas, perdida la compostura por una vez, riendo, aplaudiendo y dando saltitos. La Santa Sede ya contaba con su líder, la Iglesia tenía a su padre.

   La aparición del alemán Joseph Ratzinger, adoptando el nombre de Benedicto XVI, fue recibida con una ovación, esa plaza parecía querer venirse abajo. Y era extraño, mientras los expertos hablaban de la decepción en la elección de un hombre ultra conservador (unión de palabras que realmente asusta), en todas partes la gente era feliz, teníamos Papa. En Venezuela las iglesias no dejaron de anunciarlo un segundo al tañido de campanas. Aunque era algo mayor de edad, vieja maña que parece existir en el Vaticano (después de un reinado largo, como lo fue el de Juan Pablo II, se busca uno de transición, alguien que no dure mucho), estábamos contento. El mismo Papa, en sus primeras declaraciones, indica que es un hombre anciano y está algo trastornado de salud, en otras palabras, “no estaré mucho con ustedes, prepárense”.

   Con este hombre de rostro extraño, voz algo aguda y temperamento tan suyo, me pasaba algo curioso; con los años, dejado muy atrás mis primeras ideas sobre la vida y el mundo, es decir el socialismo a la venezolana (no esta pesadilla autoritaria y reaccionaria de ahora), me volví amante del orden, de lo funcional, de salir cada mañana y regresar cada tarde a mis cosas, a lo mío. Me volví conservador, pues; pero este Papa se pasaba en sus posturas. Era, en verdad, ultra.

   Comenzando por decir que durante casi veinte años fue prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (la antigua Inquisición, una “secretaría” que Satanás introdujo en la Iglesia para levantar el oscurantismo religioso). Desde esa prefectura, el hombre que más tarde sería Papa, combatió toda innovación dogmática introducida por el Concilio Vaticano II. En un mundo que grita que no todo es blanco o negro, sobre todo en gente que profesa la fe y quiere sentir que Dios no les condena a ese lago de fuego eterno que prometen tantas religiones a sus seguidores si no se someten, este hombre, una vez nombrado Papa, se apresura a echarles un balde de agua fría acabando con toda esperanza de apertura. Condena de entrada el divorcio, el aborto, el matrimonio entre homosexuales, le cierra las puertas a las mujeres para el sacerdocio y a los hombres les recuerda que deben mantenerse célibes a todo trance. Es decir, contradice cosas en las que personalmente creo… parcialmente.

   El aborto, la pena de muerte y la eutanasia asistida me parece que deberían ser legales (en lugares donde funciona el estado e imperan las leyes). Echar a las mujeres de los altares es caer en el error de los países musulmanes, condenados como están a ir a la cola del mundo ya que le niegan todo derecho a la mujer a ser, desde profesoras a científicos, relegándolas a ciudadanos de segunda sin ningún tipo de derecho o defensa “contra un hombre”. Y cuando un país condena al ostracismo a la mitad de su población se vuelve débil y ligeramente maniático. Igual ocurre con la Iglesia actualmente, hay demanda de sacerdotes, muchos han abandonado los seminarios (y es lo mejor, si no tienen fe o no ven nada malo en satisfacer ciertos apetitos en quien sea); muchas mujeres, de corazón, sienten el llamado de Dios, que también habla con ellas aunque a tantos les cueste entenderlo (creyéndose los ombligos del mundo), y es la mujer quien muchas veces se interesa más en cuestiones como estabilidad emocional, el bienestar mental de niños y jóvenes; es quien primero ve los signos de peligros y problemas del “alma”, por decirlo así, en los hogares, la escuela y la comunidad. Lo del celibato ya se ha discutido mil veces, la carne es débil y Satanás lo sabe… como sabe de la cabronería que existía a la hora de silenciar tan abominables pecados.

   Pero Benedicto XVI fue aún más allá después de ese chaparrón a quienes deseaban cambios. Después de los intentos de Juan Pablo II por acercar los credos, él condenó al Islam como una fe violenta que sólo satisface a gente violenta. Va al África, tierra de SIDA, y denuncia el uso del preservativo. Todo esto levantó ronchas dentro del clero, del lado más liberal. Pero también los radicales conservadores se molestaron cuando el hombre demostró mucha mano zurda a la hora de controlar el poder de Roma. El caso español fue emblemático, el episcopado ibérico intentó canalizar poder político en su condena a los socialistas por su apoyo al matrimonio entre homosexuales, y Benedicto XVI descabezó a dicha Conferencia, destituyendo a Joaquín Navarro, portavoz español. Eso le granjeó las antipatías del otro bando, que llegaron a la histeria cuando, dándole la espalda a la política de su predecesor, se hizo eco y pidió perdón al mundo y a las víctimas de abusos sexuales a manos de sacerdotes, les condenó y conminó a confesar en nombre de Dios, asegurando que cada caso llegaría a los tribunales de cada país. La curia no ocultó su malestar por tal hecho. Aparentemente los cuadros que mandan dentro del Vaticano, la llamada curia romana, han envejecido demasiado, cuan santones iraníes ya no distinguen los peligros que les asechan aunque estos golpeen a sus puertas. No relacionan sus acciones con el descrédito de la religión y el alejamiento de los fieles, no por cuestiones de fe sino de complicidad en vicios. Curioso que un hombre tan mayor, y tan conservador, tuviera que enfrentar esta horrible afrenta cometida por diablos dentro de las iglesias contra el rebaño.

   Dicen que todo eso le fue aislado, y el que su asistente personal dejara colar cartas privadas, se interpretó por muchos como un ataque en su contra, otros le acusaron de propiciarlo para llevar la mirada a aquellos que a todo trance conspiraban para detener sus reformas. ¿Le llevó eso a tomar su histórica decisión de dimitir? Tal vez. Y miren que fue histórico, en casi 600 años ningún otro lo había hecho. Apena decir que reí, nervioso, de un comentario telefónico que me enviaron ese mismo día: ahora las hamburguesas se piden a lo Vaticano, ¿qué como es eso?, sin papa.

   Creo que nunca olvidaré lo vivido este lunes de Carnaval. Despertando tarde después de tomar mucho con hermanos y cuñados, café en mano, sintonicé las noticias y estaba la imagen del Papa; la joven narradora de GLOBOVISION parecía impactada mientras informaba. El Santo Padre dimitirá, su reinado llegará hasta este 28 de febrero y luego se retirará a un convento, a orar. ¡Dios! Yo no lo podía creer. ¿Podía el Papa renunciar? ¿Era acaso legal? ¿No le había elegido el Espíritu Santo y no era este quien le relevaría llegado el momento (con la muerte)? Me dije ya comienza la cuaresma, ¿acaso habrá Semana Santa sin Papa? Este punto en especial, puede o no renunciar, afecta a muchos clérigos católicos de fe verdadera, ¿puede el Papa abandonar una misión encomendada por el Cielo? Muchos han alegado, injustamente de parte y parte, que debió hacer como Juan Pablo II, llegar hasta el final; otro alegaban que era bueno apartarse y no brindar un espectáculo como el presentado por el polaco. Creo, de corazón, que aquí se ve cierta diferencia entre ambos Papas.

   Por su largo, muy largo mandato, Juan Pablo II se había conectado con el mundo de una manera intensa, era un hombre combativo en su fe, perseverante, como le tocó ser bajo el régimen despótico, represivo y autoritario que controlaba su Polonia natal bajo la bota soviética (como ahora sabemos los venezolanos por la bota cubana, no es sólo que nos controlan como colonia, sino que muchos connacionales parecen agradecidos de ello, ¿imaginan a un cura hablando de libertad de elección y culto enfrentado a un estado policial y a la mitad de un país entregado de corazón?). Defensor a ultranza de la vida, me parece que Juan Pablo II llevó hasta el final, con el ejemplo de su vida, el respeto que se debe tener a esta, a cargar con ella y sus dolencias, descansar sólo cuando Dios le llame a dormir. Benedicto XVI es un prelado alemán, donde dicen que a Dios se le tiene primero en la cabeza y después en el corazón, tal vez él entiende su deber de otra manera: si su presencia obstaculiza la marcha de la Iglesia, debe apartarse.

   Sobre este asunto, y como si lo hubieran tenido dentro de una nevera muy a mano y listo, GLOBOVISION llevó esa misma mañana a su programa de entrevista a un venezolano de excepción, José Visconti, un señor que del que tan sólo baste decir: es un buen hombre, un hombre de Dios. Siempre lo he visto así (si algún defecto tiene, es el mismo de otra gran venezolana, Mary Montes, que son caraquistas). José Visconti es un verdadero cristiano católico, no como esos curas que realizan misas negras en pleno Centro de Caracas, que con el cáliz en la mano llaman a adorar e idolatrar al nuevo dios, a mentir y robar, a levantar falsos testimonios y perseguir porque todas esas abominaciones están bien para el “señor” al que sirven. Él, con calor, cuando le preguntaron eso, si el Papa podía renunciar, respondió enfáticamente que sí, que cuando se le eligió el Espíritu Santo guiaba a los cardenales, Dios le había designado, y que él (José Visconti), no dudaba ni por un segundo que el Espíritu Santo debió manifestádsele otra vez al Papa, tal vez cuando oraba, diciéndole que le tenía otra tarea monumental: renunciar. Y lo decía convencido, con fe, apretando los puños, enfatizándolo, maravillándome a mí, que aunque católico no soy practicante. La emoción se le notaba, como ya antes habíamos presenciado durante las horas finales del Papa polaco y él fue a contar de las dos veces que le recibió en sus peregrinaciones, sonreía y contaba cosas bonitas pero sus ojos lloraban.

   Contra el cardenal que llegó a convertirse en Benedicto XVI, se levantaron voces terribles que le atacaron por su supuesto pasado nazi, a él, un muchacho que como parte de la población alemana de la época debió servir, le gustara o no, en las defensas antiaéreas durante la Segunda Guerra Mundial; los mimos que atacaban a Karol Wojtyla (Juan Pablo II), por haber participado en el teatro en su juventud y tener una “muy cercana amiga”. Ahora, cuando Benedicto se va, se repiten los ataques, muchos le acusan de vicios horribles supuestamente confesados en sus cartas robadas. No importa que uno les pregunte a esos comentadores de oficio:”¿Tú crees que todo el mundo, sobre todo la prensa amarillista o la que odia al Vaticano, se puso de acuerdo para silenciar esas partes de las cartas?”. Claro, no responden, o sí, te dicen que todo es una súper conspiración de todo el mundo, incluso de la prensa con simpatías islámicas, judías y evangélicas. No hay paz para los que combaten ni argumento que disuada a quien quiere creer sus propias palabras auque no tengan fundamento alguno en la realidad.

   Atacado antes y ahora por la maledicencia; cercado por la rígida curia romana, la vieja guardia que no pudo cambiar y que le hizo la vida de cuadritos a Juan Pablo II en sus últimos años; conservadores y liberales molestos; su propio cansancio físico; un mundo convulso donde lo bueno se vuelve malo y al contrario, todo eso mermó sus fuerzas. Por no hablar de tocarle enfrentar abiertamente las abominaciones sexuales de parte del clero, negándose a tender el manto de la cabronería cobarde y cómoda de la complicidad. Y uno imagina por qué no pudo. Un verdadero hombre de fe, de Dios, no puede comulgar con esas prácticas, no sólo la aberración de la carne sino justificarla y encubrirla. La pedofilia es una vaina horrible, un pecado sucio y sin perdón; la violencia sexual contra un adulto, mujer u hombre, puede crear algún tipo de reacción física, que una mujer le saque los ojos a su violador o que se planee una venganza personal más adelante, pero a los niños les destruye totalmente, porque encima les amenazan para callarles (o les corrompen, haciéndoles creer que esa violencia sexual es amor y que está bien); todo eso era silenciado nada más y nada menos que por la Iglesia, mi Iglesia, condenando a niños de otras regiones cuando no sabían qué hacer con sus pedófilos que iban rotándolos por allí. Aunque esto no ocurre únicamente en la Iglesia Católica, ni sólo en las iglesias o con los curas; médicos pediatras, profesores de primaria y secundaria, entrenadores deportivos, vecinos, todos son posibles monstruos en potencia que están ahí, al lado. Y contra ese estado de cosas alzó su voz sibilante Benedicto XVI.

   Pero en fin, después de todos esos ataques recibidos, de la depresión del momento (me refiero a la mía), el día 14 de este mes, ante cientos de párrocos y seminaristas, este hombre peculiar se despidió, sin sus anteojos dijo que no era un discurso, tan sólo una charla, clamando por una renovación, a llamar y atraer nuevamente a los fieles, entendiéndose como una convocatoria a acercar a la gente nuevamente a la idea del Dios Padre. Él, que hizo lo imposible para obstaculizar los alcances del Concilio Vaticano II, rogaba a esos hombres de fe que se luchara para conseguir que realmente se cumplieran aquellos propósitos. Extrañamente llamó al reconcilio, no sólo entre seculares y religiosos, sino dentro de las filas mismas de la Iglesia, alegando que la Iglesia no era una organización política o jurídica, sino un asunto de almas y que todos, juntos, dábamos fuerza al cuerpo de la fe en Dios. Me alegró, y conmovido, que ese público le aplaudiera en señal de admiración y respeto, y que ovacionara su nombre, de pie, durante varios minutos varias veces.

   Se va un hombre contradictorio, parece otro a aquel que fue nombrado Vicario de Cristo, tal vez el Espíritu Santo si habla con ellos de tanto en tanto, y como a Saulo camino a Damasco, les muestra el camino. La renovación en aquello que es gris, debe darse. Deben ser atendidos, escuchados y tenidos en cuenta toda esa gente buena que sufre porque teme que Dios les condena, tanto mal cubierto con el manto de la complicidad, tantas almas que quieren ayudar a llevar la antorcha y que por su género son rechazadas. Si un hombre como Joseph Ratzinger lo entendió, y de pasó se lanzó a condenar lo condenable aunque le hiciera incómodo y molesto a muchos, aún la razón de ser de credos violentos, entonces hay esperanzas.

   ¿Qué será de él ahora? Espero que encuentre un lugar sereno y lleno de luz, uno de esos sitios muy a propósito para aquellos que en verdad oran y meditan, sin hipocresías (y aunque yo no lo entienda), entregados a una vida de contemplación, a hablar con este Dios al que muchas veces le cerramos las puertas porque sus mandatos nos molestan en lo cotidiano pero luego le reclamamos sus olvidos. Mañana miércoles 27 será su última homilía. A las cuatro cuarenta y cuatro de la mañana, hora de Venezuela, se despedirá de nosotros; tal vez nos aconseje algún camino a tomar y a perseverar en ello. Es curioso, ya le extraño.

   Adiós, papa…  

DORIS WELLS, TALENTO, BELLEZA Y NOBLEZA

Julio César.

NOTA: Lo sé, no parece el mejor blog para publicar esto, pero no pienso abrir otro, ¿okay?

QUIÉN NO SE QUEDARÍA VIENDO…

febrero 27, 2013

HASTA DONDE LLEGA LA COBIJA

EQUIPO CALIENTE

   A esos chicos jugando, metiéndose piernas… y manos.

ROPA EN TRASERO

   Casi tocando la belleza de un ensayo de ballet.

ANUNCIO LOCO

   Un buen anuncio, estimulante y novedoso.

SOBRE DEPORTISTAS…

Julio César.

HASTA CHINO Y NACHO LO DICEN…

febrero 27, 2013

EL HOMBRE VOLVIÓ…

CHINO Y NACHO

   Es que la cosa ya raya en lo absurdo.

   Hace poco esta pareja de artista venezolanos se presentó en el fuerte y difícil Festival de Viña del Mar, Chile, evento donde muchos han salido con las tablas en la cabeza, en medio rechiflas y bañados en llanto. A estos muchachones les fue increíblemente bien, triunfaron. Su música me parece extraña, pero los temas son contagiosos y atractivos, y ellos parecen tener ángel. Lo llamativo en la presentación fue que Nacho, Miguel Mendoza, declarara: “Estamos ausentes de presidente ahorita y es una situación que nos gustaría como venezolanos que se resolviera”. Esa es la cuestión, el Gobierno habla (mucho), insulta, hace concentraciones, amenaza, denuncia a gente de odiar, conspirar y desearle mal al presidente Chávez… y no sabemos si el presidente Chávez continúa vivo o no, mientras utilizan su nombre para terminar de saquear la nación. Lo expresado por Chino y Nacho es la inquietud de todo el que se detiene y piensa, ¿qué pasa?, ¿dónde está Chávez? Lo demás son las peroratas y gritos del Gobierno, que de nada valen tratándose de gente tan mentirosa.

OTRO 27 DE FEBRERO, AHORA EN LA OSCURANA

Julio César.

NOTA: Por cierto, ese sombrero está de fábula, como diría Bart Simpson.

ASI LE GUSTA…

febrero 27, 2013

ALGO POR ALGO

EL CHICO DEL HILO DENTAL BLANCO

   Suave y constante, golpeándole una y otra vez en continuo oleaje hasta que le entra…

MOMENTOS

Julio César.

FALTA DE IMAGINACIÓN

febrero 27, 2013

LO SABE

EL TIO Y LA BOTELLA

   Cuando dijo que la ocultaría hasta la base, ¿creerán que hubo quien preguntó “dónde”?

¿EXTREMA ELASTICIDAD?

Julio César.

TRES HOMBRES Y UN DESTINO… SERVIR… 6

febrero 25, 2013

… SERVIR                         … 5

   Un hombre cruel e infernal está sentenciado a muerte en una cárcel y decide divertirse antes de que llegue el final… Tomará a tres sujetos y los convertirá en sus putas. Uno será su hembra, otro será usado por sus compañeros de trabajo, el tercero descubrirá un fetiche que le hará delirar. De Cierta manera, y aunque es un relato maldito, este no parece tan feo a la larga. Disfrútenlo.

……  

the convicted’s whores

by Lexicode

HOMBRE EN TANGA ROSA

   ¿Su destino, su suerte? ¡Puta!

……

   -Señor Read…

   -Mierda, que tanga tan suave… -gruñe el tipo, mirándole con ojos brillantes de lujuria y maldad, la pantaleta en el rostro.- Huele a puta cara, a zorra caliente, a una ramera tan ardiente que necesita ser penetrada a cada segundo para tenerla medio satisfecha. -y olfatea otra vez mientras Jeffrey tiembla.- Pobre mujer, es muy difícil que un reprimido sexual como tú puedas complacerla en la cama. Pero eso se acabará, te sentirás mejor y ella se beneficiará también cuando un negro de verga grande te clave de ella haciéndote gritar de placer, liberándote. Cuando seas sodomizado por un negro grande, tragando verga por culo y boca, tal vez le respondas mejor en la intimidad. -termina riendo cruel, mordiendo suavemente la telita, cuidando no dañarla.

   ¿Qué carajo planea este delincuente?, se pregunta tras el espejo, Slater; espiar a un abogado y su cliente estaba prohibido, por lo tanto no escuchaba lo que decían. Y sospecha que se pierde de algo importante.

   -Maldito desgraciado, no voy a soportar… -rojo de cara, Jeffrey enfrenta la retadora mirada del otro. Pero calla bruscamente cuando Reid se pone de pie, alto y grande, una muñeca esposada a la mesa, la pantaletica en la otra mano… y una brutal erección contra el mono naranja, algo realmente grande y visible. Y el joven no puede evitar abrir mucho los ojos tras su lentes de montura fina.

   -¡Cierra lo boca, eunuco! -le escupe al rostro, estremeciéndole, viéndole perdido, sabiendo que el otro no puede responder.- Estoy haciéndote un favor, abriéndote los ojos a la realidad. Necesitas la verga de un negro, o por ahora la verga de cualquiera para que seas realmente tú. -sonríe al verle temblar, confundido.- ¿Quiere escuchar algo que te pondrá sobre un gran misterio? -endulza, bajando los ojos a su enorme verga, seguida por la mirada del otro.- Ven y te la daré. La información. –invita y aclara como si fuera una broma entre amigos. Pero Jeffrey no puede moverse, ni apartar la mirada de esa silueta gruesa que parece palpitar contra la tela.- ¡Qué vengas ya, pedazo de marica! -ruge con un vozarrón que le hace pegar un bote.

   -Yo…

   -¿Quieres la información o no? Entonces ven por ella. -sonríe tocándose la verga, con la mano que sostiene la pantaleta, apretando.- Okay, acércate o lárgate. No lo repetiré.

   ¡No! ¡No! No debe acercarse. Ese sujeto era un delincuente peligroso, un sanguinario criminal que podría romperle el cuello o tomarle de rehén. Debía…

   No sabe cuando comienza a acercarse, rodeando la mesa, tragando seco, ojos en el piso, deteniéndose frente a ese sujeto, intentando por todos los medios no temblar de miedo, ni ver la verga erecta que parece (¡si, por Dios!) estar mojando un poco la tela. Y era cierto, Read estaba increíblemente excitado de verle allí, frente a él, derrotado anímicamente, mirada baja… sumiso. Esperando por lo que diga o haga el macho en el cuarto. Sonríe de manera horrible, con ganas de arrojarse sobre él, oírle gritar de sorpresa que le suelte, sentarle sobre esa mesa, rasgarle la camisa y morderle el cuello, clavar sus dientes en la suave y joven piel, y rasgar mientras lame y chupa, frotar la verga de su cuerpo, gritarle marica, pobre marica, una y otra vez. Tiene ganas de… mira hacia el espejo. No, no debe perder el control. Todavía no.

   -El policía cabrón que llevó mi caso no investigó bien. -comienza, como si fuera algo normal, atrapándole una mano, cosa que hace estremecer al otro, es una mano grande y callosa, con la suave tela de la pantaleta entre las dos pieles.

   La sensación sobre su mano, ser guiado lenta e inexorablemente, desata una batalla dentro de su ser. Le mira, asustado pero incapaz de detenerle. Y Read lo sabe.

   -Señor Read… -grazna.

   Pero el otro nada dice, sólo lo mira, boca abierta en una sonrisa mientras le guía la mano sobre la silueta de su tolete, mirando luego hacia el espejo.

   Esperando matar dos pájaros de una sola pedrada.

   ¡Le quema! La mano le arde en cuanto la toca, sorprendiéndose de su grosor y dureza, también de lo suave que parece al tacto, algo que le ocurría a muchos carajos cuando agarraban así la primera que les era ofrecida cuando comenzaban; porque si, es muy conciente de que era la primera vez que tocaba la verga de otro hombre. La mira, mórbidamente ido, y Read espera. Es paciente. Y sonríe complacido cuando el puño del abogado va y viene, masturbándole levemente, casi sin darse cuenta.

   -Nunca habías tocado una así, ¿verdad? Que no fuera la tuya. –le dice, ronco.- Y ahora no sabes qué sentir. ¿Te lo aclaro? Estás masturbándola. Te gusta.

   -No, yo… -se congela, y grita bajito cuando el hombre le atrapa un hombro, empujándole, obligándole a caer de rodillas, frente a su verga.

   -Vamos, sabes que quieres… -ofrece vigilando la puerta, sabiendo que Slater ya debía estar por entrar.

   Jeffrey Spencer está horrorizado, por lo mareado y perdido que se siente, mirándola alzada frente a él. Una recia mano tras su nuca hala, muy poco, casi nada en realidad, pero su rostro pega de ella al tiempo que deja escapar un ronco jadeo; le quema sobre la mejilla derecha, pesada, y al caer más hacia adelante la cara posterior de la endurecida y ardiente verga queda apoyada a lo lardo de un lado de su nariz, tapándole un ojo y mojándole muy levemente sobre la frente. Sus labios tiemblan y la busca, la roza, le quema, pero con una risa seca y ronca, Read le aleja.

   -No, abogado, no necesito que mame. No es lo que quiero de usted. –le mira burlón, gozando del profundo enrojecimiento de vergüenza y mortificación del hombre joven, el cual se siente humillado por el trato que le daba ese sujeto, por sus imposiciones… por hacerle temblar así.- Lo que necesito de usted, fuera de esto… -alza la pantaletica, olfateándola lentamente sin dejar de mirarle mientras se pone de pie, tembloroso, cayendo luego sobre la mesa sentado de culo.- …Es que demuestre mi inocencia. Que ponga al descubierto la patética investigación realizada por el detective Selby. Busque en el pasado… -le aconseja, bajando la mano con la pantaletica y aférrandose el tolete, masturbándoselo lentamente, mirándole a los ojos, notando sus pupilas dilatadas, sus mejillas rojas, su respiración dificultosa.

   Dios, ese sujeto se estaba masturbando frente a él, usando la pantaleta de su mujer, una que le entregó obligado hace poco, se estremece Jeffrey.

   Sería tan fácil dominar a ese sujeto ahora que se encontraba tan vulnerable en esa situación tan extraña, una que nunca había afrontado, enfrentarse a otro hombre que le trata como un guiñapo, que casi le duele al delincuente. Si, sería sumamente sencillo caerle encima y arrancarle esas ropas, morderle el cuello y la barbilla como ya había imaginado, clavarle los dientes y hacerle sangrar, saboreándolo y chupando un poco del rojo líquido hasta lograr que llore de dolor y miedo, reteniéndole las manos por encima de la cabeza contra la mesa con una sola de las suyas, con la otra separándole las piernas, alzándole una y metiéndole la verga de golpe por el culo, robándole su dulce virgo de un único y rudo güevazo, abriéndole como si le partiera, para oírle gritar y llorar más, para ver su angustia, su dolor ante el agónico coger y, finalmente, su sumisión y aceptación a que el hombre más grande y fuerte le convierta en su puta. La sola idea le hace temblar de lujuria aunque no puede ceder; debe pararse firme, sabe que el jefe ya debe estar por entrar, lo espera desde que se sacó la verga. El que tardara tanto sólo podía significar una cosa, algo bueno a tener en cuenta para cuando debiera moverse entre los cadáveres para salir de ahí y obtener su venganza. Si, porque ahora se permite ver una luz de esperanza al final del Pasillo de la Muerte…

   -Yo… yo… -totalmente conmocionado, Jeffrey no sabe que decir, por eso deja de mirarle, esa mano envuelta en la pantaletica de su mujer con la que se soba el tolete erecto y babeante, mojándola.

   Se oyen pasos frenéticos y Read oculta su tranca, con dificultad por lo dura y parada que está, temblando de lujuria todavía (ah, las cosas que le habría hecho al otro en su antigua oficina a prueba de sonido), guardando todas sus ganas para “atender” a su bella princesa. También estaba lo de poner al abogado en el camino correcto y sabe que tiene que darse prisa.

   -Busca en el pasado, abogado, Marie Sullivan no apareció de la nada. En Iowa. Encuentra lo que ese inepto de Selby no supo o no quiso encontrar. –lanza rápidamente, sonriendo torvo.- Le sorprenderá.

   Antes de que Jeffrey pueda responder algo, o acomodar del todo sus ropas ocultando la erección que hasta ahora es conciente que ostenta (una que palpita y duele bajo sus ropas), la puerta metálica se abre feamente y aparece un muy alterado jefe Slater, mirando de manera terrible a Read.

   -Maldito convicto, ¿se puede saber qué estabas haciendo?

   -Nada, Jefe. –sonríe leve.- Tan sólo me divertía un poco, soy un prisionero falto de trato social y afectos. Y el abogado aquí, bueno… -le mira desafiante.- Bien, creo que entiende, porque la tiene dura, seguramente mojándole dentro del pantalón, y no creo que sea por mí.

   -¡Silencio! –estalla feo, amoratado, sintiéndose humillado y ofendido, porque en verdad estaba mostrando bajo el uniforme una escandalosa erección. Su malestar y esa calentura extraña no se alivian cuando el abogado se le queda mirando con ojos de asombro, boca ligeramente abierta.

   ¡Santo Dios!, piensa Jeffrey mirándole el entrepiernas, esa larga y muy abultada silueta que se alza a la izquierda del pantalón.

   -¡Ey! ¡Ey! ¡Aquí! –le ruge mortificado Slater, chasqueándole los dedos frente a la cara, alterado por la mirada asombrada, embobada y brillante del joven profesional.- No sé qué estás buscando pero… -se vuelve hacia Read, quien sonríe otra vez.

   -La paz mundial, Jefe. Si todos nos amáramos…

   -¡Lomis! –grita sin quitarle los ojos de encima, sabiendo que pifió. No puede imaginar qué intenta Read, pero supone que es algo a tener en cuenta; ese convicto era peligroso, y él se había dejado pillar caliente. El guardia pelirrojo entra, frunciendo levemente el ceño ante tantas erecciones medio visibles.- Lleva al convicto a su celda. –le ordena, atrapando a Jeffrey por un brazo y casi arrastrándole fuera del lugar como si de un muñeco de trato se tratara.

   -Recuerde, abogado, Iowa. Allí comenzó todo. -todavía le grita Read, sonriendo muy complacido. ¡Lomis! La cosa no podía ser mejor. Le estudia.- ¿Te gustó lo que viste en los patios? ¿Te complació el cómo actuó tu futuro cachorrito? –y Lomis intenta controlarse, pero sonríe vulgar.

   -Me encantó cada gemido, jadeo y ladrido. –ríe cruel y ruin, sacándose algo de la chaqueta del uniforme, una bolsa oscura del tamaño y largo de un sobre blanco de correo, pero más grueso.- Aquí tienes, lo prometido es deuda.

   -Bien… bien… -Read lo toma, mirándolo fascinado. Dentro estaba todo lo que necesitaba para comenzar. Oh, su princesa estaba a punto de nacer, hermosa y puta, caliente y muy viciosa. Tiembla con unas ganas horribles.

   Claro que la princesa en cuestión, Daniel Pierce, un idiota que jugó con el dinero de sus clientes y terminó en la cárcel, no sabe del camino sin retorno que pronto tomaría su vida.

……

   Dominado por una ira que no entiende, y menos la calentura, el jefe lleva al abogado por un brazo, un paso por delante de él, casi empujándole.

   -¡¿Qué hace?! ¡No puede tratarme así! –gime Jeffrey, intentando resistirse y no ser arrastrado así, él no era una marioneta a la que todos podían mover a voluntad.- ¡Suélteme! –le grita finalmente deteniéndose, chocando del otro. Gime cuando el jefe aumenta el agarre en su bíceps, halándole y obligándole a darle la cara.

   -¿En qué coño estaba pesando cuando dejó que Read le manipulara así? –ruge, por alguna razón eso era lo que más le molestaba de todo lo observado por el espejo.- ¿Acaso no sabe lo peligrosamente perverso que es ese monstruo? Si de mí dependiera estaría incomunicado en una caja sin ventilación, y usted va y…

   -Yo no… no sé que creyó ver, pero le aseguro que en ningún momento… -le interrumpe y encara, rojo de rostro, intentando controlarse y mostrar carácter, pero vuelve a grita de sorpresa, y sus lentes casi caen, cuando el enorme hombre negro de un manotón le empuja estrellándole contra la pared, reteniéndole allí con dedos fuertes que queman.

   -¡Estaba a punto de mamarle el güevo! ¡Allí! Sé por sus antecedentes, si, los conozco como conozco generalidades de todo el que tiene trato con estos convictos, que es casado y heterosexual. ¿Se puede saber que pasó?

   -¡No iba a chupársela! –grita ronco, de pronto muy necesitado de dejar ese punto en claro.

   -No se la chupó ni se tragó su leche, por que él no quiso, abogado. Tenía la boca abierta esperándola y seguro que llena de saliva.

   -¡Maldito infeliz! –ruge y se le lanza, sin saber muy bien qué buscaba. Pero podría jurar sobre una pila de Biblias más tarde, que no lo que ocurrió a continuación.

   El jefe parecía esperarle, atrapándole rudamente por los hombros, girándole con fuerza y estrellándole ahora el pecho y el rostro contra la pared. Por alguna razón eso pone al abogado algo histérico y se revuelve mientras grita agudamente que le suelte, una y otra vez. Pero Slater, quien tampoco podría decir por qué, no sólo no le hizo caso, sino que pegó el fornido pecho de su espalda mientras le atrapa las muñecas con sus manos, cruzándole los brazos a la espalda, algo doloroso e inmovilizador. Uno lucha y se revuelve, enrojecido y transpirado, contra ese negro musculoso de gran fuerza que le retiene y le aplasta con su cuerpo contra la pared. Al otro le encanta tenerle así, atrapado, oyéndole gemir y pedir que le suelte, fracasando en sus intentos.

   Le tenía inmovilizado, controlado, y la idea era intoxicantemente erótica. Slater se sentía poderoso como nunca. Mientras lucha y se resiste, el culo del hombre de traje se frota una y otra vez contra su pelvis en un duro e intenso cepillado que eriza la piel de ébano. Nunca había pensado en ello pero… Empuja sus caderas hacia adelante, quemándose, la verga totalmente presionada contra las nalgas masculinas.

   Jeffrey, boca abierta y jadeando, intenta todavía luchar. Tiene que soltarse, poner distancia. Huir. De lo que siente. Saberse atrapado, maniatado por ese hombre musculoso de manos grandes que le frota una y otra vez el entrepiernas del culo, le tiene mal. No sabe por qué, pero eso le gusta de una manera oscura, salvaje. De pronto se encuentra con que quiere seguir así, atrapado por ese sujeto que le recorre las nalgas con la silueta de su tolete; después de todo, y bien mirado, no era su culpa, ¿verdad?

   Ya nadie habla, grita o realiza grandes movimientos, se ven más bien quietos, Jeffrey con la boca abierta, cerrando los ojos y pensando en cosas terribles como en aumentar la sensibilidad en sus nalgas para disfrutar más la ruda caricia de la mole tras ellas. Slater le tiene el rostro casi enterrado en el cabello, oliéndole, excitado como nunca en su vida y no sabiendo cómo o por qué.

   -Jefe… -grazna ronco Jeffrey cuando el otro le retiene las muñecas con una sola mano y retira la pelvis de su culo, pidiendo algo que no sabe si es que le deje ir o… Pero al segundo siguiente gime casi como si estuviera corriéndose, muy agudo y abriendo mucho los ojos.

   El hombre negro retiró una mano y sus caderas para, maniobrando con esfuerzo, atrapar su tranca dentro del pantalón y lateralizarla al frente, casi saliéndosele por la cintura del pantalón, pegando nuevamente la pelvis del culo del otro.

   -¿Qué clase de hombre se somete así a otro, abogado marica? –le pregunta, bajando un poco la cadera y alzándola luego, lenta, muy lentamente, casi gruñendo al sentirse la verga totalmente presionada y frotada. Jeffrey gime y traga.

   -Yo no…

   -¡Ibas a chupársela! A caer de rodillas y llenar tu boca con su verga babeante, cubriéndola y lamiéndola. –con sus labios gruesos gruñe al oído rojizo y pecoso del chico blanco, subiendo y bajando su tranca dentro del pantalón.- Se te veían las ganas. Las ganas de… -baja y sube nuevamente sus caderas pero empujando también hacia delante, sintiendo un escalofrío en su columna cuando el abogado gime tensándose… y echando el culo hacia atrás, buscándole, abriéndose, dándole la bienvenida.

   -No… no… -niega desfallecido, sus nalgas arriba y abajo, rodeando y frotándose de la silueta de la tranca que casi cruza verticalizada entre ellas, quemándole a pesar de los dos juegos de ropas. Dios, debía estar tan dura que…

   -¡Mamagüevo! –le susurra, despectivo, casi bamboleándole ahora contra la pared con la fuerza de sus embestidas.- Es lo que eres. O lo que ibas a ser. Te lo vi en la cara. ¿Querías comerte su verga o deseabas la de cualquiera sobre tu lengua? ¿Sueñas con eso, abogado, con una buena verga de hombre corriéndose en tu boca y dejándotela llena de esperma?

   -No… no es eso, yo… -pero no puede hilvanar ideas, no temblando como está, ni echando el culo hacia atrás, o cuando las manotas del hombre, que ya no le retiene, caen dentro del saco, sobre su cadera algo abultada, subiendo, apretando con los dedos.

   No piensa en huir, eleva las manos y las apoya de la pared, indefenso, mareado. ¿Qué le ocurre? Él no era gay, en verdad. Pero no puede escapar a la verdad de ese hombre grande que se frota de él, que le mete la verga casi entre las nalgas y le llama marica mientras con sus manotas le frota duro el abdomen algo blando y sube, haciéndole temblar todo, la piel de gallina, que aprieta sus tetillas con fuerza. No sabe qué ocurre o cómo llegó a eso, un día antes era un hombre como todos y ahora estaba allí, tenso como cuerda de violín, produciendo música de puta deseosa de machos mientras ese hombre fuerte toca y usa su cuerpo. Echa la cabeza hacia atrás, sobre su hombro, y grita cuando la verga se frota más, cuando una de esas manos pellizca con más fuerza su tetilla, cuando la otra intenta meterse dentro de la camisa, los dedos quemándole la piel y los dientes del otro le medio mordisquean la oreja antes de lamerle e intentar meterle la lengua tibia, húmeda y babosa por allí. No, ya Jeffrey no piensa, tan sólo siente, tan sólo desea dejarse llevar y sentir, permitirle a ese hombre poderoso que haga uso de él… sabiendo que lo disfrutará de una manera increíble.

   -Sucio mentiroso. Querías, tú querías… -le reprende, sin ira, intentando no pensar en lo que hace, meterle la lengua y aletear con ella en su conducto auditivo, cosa que le parece horriblemente erótica.- Respóndeme, ¿era la suya o la de cualquiera? ¿Sueñas con eso, con atrapar una y mamarla? ¿Lo sabe tu mujer? ¿Sabe ella, a tu lado en la cama, que deseas ser tomado, sometido y saciado por un hombre? –un botón de la camisa salta y mete la mano con esfuerzo, atrapando la dura tetilla en directo, apretando, oyéndole gemir, algo que casi le hace correrse contra el pantalón del uniforme, dominado como está por esa fiebre increíble.

   -¡Basta! –jadea con las pocas fuerzas que tiene.- ¿Qué quiere de mí?

   Slater no le responde, bajando un poco las caderas, la cabeza del abultado y erecto tolete destacándose claramente contra el pantalón kaki, la pega de ese culo, empujando y empujando. Jeffrey gime ronco, no puede controlarse, cerrando con fuerza los ojos, concentrándose en sentir. No sabe qué ocurre o por qué está así, pero la nota, la dura cabeza de esa verga empujando contra su pantalón como deseando abrirse camino hacia su agujero, que le avergüenza un poco sentir que titila.

   El hombre negro tiene la mente en blanco mientras empuja y empuja con su cadera, encontrando enloquecedor el roce y frote de ese otro cuerpo y ropas contra su glande, sus manotas sobre los pectorales del abogado, una en directo sobre su piel algo suave, teniéndole, controlándole. Tiembla cuando le imagina otra vez de rodillas, cachetes rojos, ojos brillantes, esa boca abriéndose a la expectativa, los rojos labios cayendo sobre la amoratada cabeza de su verga. Le han mamado antes, muchas veces, mujeres, claro, pero puede suponer que sería igual (o tal vez mejor, dice la parte perversa de todo hombre que sueña con lo sucio y prohibido, encular, por ejemplo, a otro carajo en un momento de debilidad). Puede ver claramente la boca del abogado tragándose palmo a palmo su gruesa tranca nervuda y amoratada, apretando y lamiendo; se ve empujándola y abultándole una de sus blancas mejillas con ella, llevándola a su garganta y ahogándole con ella, casi puede sentir el resuello sobre sus pelos púbicos ensortijados. No tiene problemas en verse cogiéndole la boca, duro y rudo, diciéndole “marica, tómala entera, marica”, en todo momento, atrapándole el fino y suave cabello y halándoselo mientras se la mete toda, temblorosa de gusto contra su garganta, corriéndose, sacándola justo a tiempo para llenarle la lengua y tal vez para bañarle la cara.

   Visualizar en su mente esa rostro chorreando su leche le hace temblar de manera incontrolable (algo totalmente comprensible). Quiere, vaya que quiere. Y sabe que puede. Es grande y fuerte, en ese instante casi podría obligarle a entregarse, violarle si era necesario, pero sabe que no lo era. Al abogado le pasaba algo parecido, estaba allí gimiendo, ojos cerrados, nuca contra su hombro, manos contra la pared, subiendo y bajando su culo de manera rítmica sobre su tranca. Él también quería, deseaba ser tomado por un hombre. La idea, tenerle a su merced, débil, sumiso, le parece intolerablemente erótica. Está a punto de decirle algo, tal vez gruñirle un “de rodillas”, cuando entiende…

   ¡Read!

   También él estaba siendo probado por el astuto y perverso convicto, por alguna razón que se le escapaba. Ese sujeto había provocado todo eso por algún motivo que no podía ser bueno. Él, grande y fuerte, estaba tan perdido y proclive a ser controlado (por la libido) como el abogado.

   -¡Fuera de aquí, marica! –ruge entrecortadamente, alejándose, casi viéndole caer al perder su apoyo.

   -Jefe… -el joven se medio vuelve, apoyándose de espaldas contra la pared, tembloroso, ojos suplicantes.

   -Fuera. –repite y se aleja, temblando de frustración, llamando a gritos a alguien para que sacara al civil de allí.

   Jeffrey cierra los ojos, rojo de vergüenza, casi sintiendo ganas de llorar. Le habían usado, calentado y rechazado como a basura. Con desprecio, tal vez con asco. Dios, ¿qué le había ocurrido? ¿Cómo pudo rebajarse a sí mismo de esa manera? No lo sabe, pero se siente infinitamente triste. Y asustado.

……

   La noche cae pero no terminan las malvadas acciones humanas tras esos muros grises y sombríos. Nolan Curtis, rostro ido y desencajado, toma una larga ducha. De hecho dos, sollozando en cada una de ellas. No quería ni tocarse el culo, pero casi terminó metiendo un cepillo de baño, cualquier cosa con tal de alejar de sí, y de su mente, el recuerdo del perro corriéndosele adentro. Se viste rápidamente con sus ropas de civil e intenta marcharse.

   -Novato, ¿cuál es la prisa? –le corta el camino Lomis, sonriente, volviéndose a mirar a otros dos compañeros.- Vamos por una copa, ven con nosotros.

   -No… yo… estoy cansando.

   -¿Ocurre algo malo? Te ves afligido. –Lomis ríe para sus adentros, rostro serio, estudiándole, disfrutando de su enrojecer.- ¿Hay algo que debamos saber? ¿Te ha molestado algún convicto que…?

   -¡No, nada! –es tajante.

   -Algo te pasa, ¿no?

   -Estoy bien. –intenta sonreír.

   -Entonces vamos. –resuelve por él, como si fuera su derecho, colocándole un pesado brazo sobre los hombros, sintiéndole encogerse, luchando todavía con su resistencia y arrastrándole.

   No le importa que se resista todavía, él se está estremeciendo de puro placer, a su lado su verga quiere alzarse… Qué lindo, joven y tierno se veía su futuro perrito… Ya no podía esperar al momento de “jugar” con él.

……

   Sentado sobre su camastrón, Daniel Pierce espera y tiembla. Sabe que no tiene escapatoria y… Cierra los ojos, si tuviera el valor se cortaría una vena y le llevarían al dispensario, pero… Casi salta cuando la reja se abre y Robert Read, quien debió llegar hace un buen rato pero algo le entretuvo, le sonríe mientras la reja se cierra a sus espaldas. Se miran fijamente.

   -¿Me extrañaste, amor? –se burla, dirigiéndose a la cama, arrojando algo que Daniel no puede ver sobre su camastro en la litera superior, luego se inclina y se asoma, sonriendo de manera horrible.- ¿Todo bien, pequeña?

   -Por favor… por favor, no, no me haga nada. –gimotea, temblando, aguantando a duras penas las ganas de llorar.

   Read ríe oliendo su miedo, un aroma que le excita, enderezándose otra vez y desenvolviendo el paquete, tomando una pequeña ampolleta oscura, una de varias de dos tonos, mirándola fascinado, tomando con la otra mano una jeringa.

   -¿Hacerte daño? ¿De qué hablas, dulzura? –vuelve a asomarse, observándole terriblemente cruel.- Esta es nuestra noche de bodas… Vamos a consumar nuestro amor. Ten… póntela. –le arroja la pequeña y suave pantaleta que el abogado le entregó.

   Y Daniel comienza a llorar en serio. Grave error.

CONTINUARÁ … 7

Julio César.

NOTA: Dedicado al amigo Ángel, para que vea que pienso cumplir.

EL ESCUPITAJO DE YOANI SANCHEZ

febrero 25, 2013

EL HOMBRE VOLVIÓ…

YOANI SANCHEZ

   La batalla por una Cuba libre continúa…

   El mundo gira, el tiempo vuela y todo sigue exactamente igual. Hace setenta años todos el que escapaba de China o la Unión Soviética, era recibido por una recua de mercenarios en las nóminas de los comunistas que se hacían llamar intelectuales, para destruir a todo el que se atreviera a hablar de los horrores. Yoani Sánchez, la humilde bloguera cubana ha salido por el mundo a contar su historia, y a su llegada al Brasil (qué vergüenza, Brasil), es atacada por los mercenarios de los viejos sátrapas cubanos. Insultos y rechiflas, faltó el golpe, eso vendrá después en otro lado. Yaoni Sánchez, una simple mujer que habla, es atacada por esa jauría sucia e inmoral; los Castro, despóticos sádicos que han perseguido, encarcelado y asesinado para mantenerse gobernando durante cincuenta años, si son admirados y queridos. Pero allí, frente a los perros pitycubanos que ladraban, la mujer exclamó que cómo envidia la libertad que hay en Brasil donde la gente puede expresar lo que desea sin censura ni temor a las consecuencias (don del hombre libre). El escupitajo fue directo al ojo. Que esas basuras humanas vayan a Cuba y digan algo que no guste a los sátrapas y verán…

HASTA CHINO Y NACHO LO DICEN…

Julio César.

TUTORIA COMPARTIDA

febrero 25, 2013

¿CONTRA EL HAMPA?: MACANA

MADUROS CON JOVENCITO GAY

   Ciencia de la dura…

   Cuando el joven comenzó su posgrado en Física Cuántica, no imaginó que su profesor “compartiera” la tarea de enseñarle todo lo que sabía, incluso su lugar en la vida después de eso, con su padre, quien por la edad parecía inventor de la física convencional. Pero no puede quejarse, tan sólo gemir, sentir, interactuar y asimilar. Y tenía mucho que aprender de esos dos sujetos maduros, expertos… y muy viciosos. No estaba a la par en sus depravaciones. Pero claro, era tan sólo su primer día en el laboratorio. Ya se pondría a corriente.

TORTURA

Julio César.

SAM, DEAN Y UNA BESTIALIDAD

febrero 25, 2013

…DESGARRADOS Y RAIDOS

DEAN SORPRENDIDO

   -¡¿Con una perra?!

BRUJOS Y FAMILIARES

   Supernatural, la semana pasada, me desconcertó con su episodio 8×15 – Man’s Best Friend With Benefits (algo así como el mejor amigo del hombre con beneficios); estuvo bueno, pero extraño. Por muchos motivos, comenzado por el hecho de que Sam y Dean ayudan a un brujo. De entrada acoto tres cosas, cuando Dean sabe lo del brujo y su familiar, expresó algo como lo que pensé. Segundo, qué mente tan sucia la de Dean. Y por último, muy buena la broma de Sam usando el doble sentido.

JAMES

   Un hombre de traje aborda a una callejera que está terminando su turno con un cliente; como si la cosa no fuera ya de por sí trabajosa y deprimente, se encuentra con un policía que la detiene (pobres mujeres, ¡y después las llaman de la vida fácil!). El hombre atrapa su cuello y aprieta y aprieta hasta que ocurre el consabido estallido en sangre que caracteriza la serie. El hombre, James (lo repitieron varias veces, parecía novela), despierta en su cama, ¿soñaba?, un perro viene y se acuesta cruzado sobre él (¿de verdad alguien deja que los perros suban en sus camas fuera de la televisión?, eso me intriga). Al otro día el hombre descubre una camisa manchada de sangre, la duda penetra… ¿lo soñó o cometió asesinato de alguna manera?

   El hombre resuelta ser un policía que en el pasado se cruzó con una investigación de Sam y Dean, quienes llegan de noche a un motel en respuesta de su pedido de ayuda, al cual piensan acudir al otro día. Si esto pasó realmente, me avergüenza decir que no lo recuerdo, ni al tal James. Allí se plantea nuevamente la cuestión dejada en el aire la semana pasada, Dean quiere saber si Sam está seguro de poder cumplir las tareas hasta el final para cerrar las puertas del Infierno porque una vez que se embarquen con las otras pruebas ya no habrá marcha atrás, que están a tiempo de buscar otro perro del Infierno y repitan la prueba. A Sam le molesta que Dean no confíe en él. E imagino que a mucha gente dentro del famdon también les molestó la actitud del mayor, claro, no es como si Sam dejara las cosas por hacer o las abandonara, ¿verdad? Dios, ese Dean, ¿de dónde le vendrán esas desconfianzas?

SAM Y LA PERRA

   Mientras este sale a un bar (seguramente a investigar algo), un perro rasguña la puerta del motel, entra, va a una de las camas, Sam no puede sacarle y termina rascándole la barriga. Cuando Dean regresa sabe que puede haber problemas y le dice que “ella” estaba frente a su habitación, entró, está en la cama, que no puede echarla y que lo hará al otro día, preguntándole si no le molesta que “ella” se quede. Dean se asoma y ve a una hermosa mujer con un collar rojo en su cuello. ¡La cara de Dean!, y el por mí se puede quedar, fue tan gracioso. Aquí entra en juego el famdon, una chica, dos hermanos, hummm (he visto películas así, comenzando por una venezolana, Pandemónium).

PORTIA, LA PERRA

   Sam se descontrola al verla (¿tal vez recordando que le rascó la barriga?, saca un cuchillo y va hacia ella, Portia, quien se identifica como un familiar, la acompañante de un brujo. Ella les explica que James, el policía, después de trabajar con ellos se sumergió en lo paranormal y lo usó para el bien, pero ahora tiene un problema y necesita de ellos.

   Dean está lleno de prejuicios y no quiere ayudar, Sam piensa que hay que darle una oportunidad, que no es la primera vez. Dean indica que ya lo hicieron con Kate, la chica lobo, y Benny, el vampiro (olvidan a Lenore), pero que ellos no tuvieron opción, fueron víctimas, que James se buscó lo que le ocurrió (una gran verdad). Mientras hablan, un pobre ciego es asesinado.

   James no está muy contento con la mujer pues fue ella quien llamó a los Winchester en su nombre, estos le enfrentan y él cuenta que sueña que comete esos homicidios, con muchos detalles, que esos crímenes se han cometido y les muestra la camisa ensangrentada. Dean propone inmovilizarle con cadenas mientras investigan, por otra parte buscan un conjuro para destruir brujos, uno que si funcione. Mientras Sam va con la policía, que es poco colaboradora esta vez (quien le recibe parece odiar a James y está montando un caso contra él), Dean acompaña a la mujer a un bar de brujos, donde conocen a un tipo joven todo extraño, un familiar, un gato, cosa que explica los estornudos de Dean. Ese gato es familiar de un brujo amigo de James, quien les aclara que no conoce un hechizo capaz de hacer que un brujo controle a otro. Ella está asustada pues antes compartían sus recuerdos e ideas y ahora el hombre la mantiene fuera, no sabe qué ocurre. También existe otro peligro, si James está cometiendo esos asesinatos y se investiga, eso puede llevar a las autoridades a esa comunidad clandestina, donde ya se oye de quienes quieren “resolver” el problema James. Eso, sumado a que la sangre de la camisa es de la tercera víctima, convence a los Winchester y les empuja a actuar…

JAMES AND PORTIA

   Pero ocurre una escena extraña, James es atado a la cama, con cadenas y grilletes, por Portia, ¿y si era sólo para detenerle había necesidad de estar sin camisa? Fue una escena un tanto erótica, bien hecha y estimulante… hasta que ella se le monta, “ve” sus recuerdos sangrientos, “y le monta”. El hombre duerme, Sam y Dean van con el hechizo para matarle y ella se los impide, esos recuerdos no parecen reales, le vio matar pero no el por qué o cómo llegó ahí. También pasa a contar que lo vio cuando compartían la cama. A Dean le cuesta entender de qué habla hasta que Sam le explica que se acostaron, y la cara de Dean fue todo un poema, que no lo esperaba pues ella… pues él… Estaba pensando lo mismo que yo: sexo de un hombre con una perra, literalmente hablando. Y la idea fue tan poderosa que de verdad no pude apreciar el momento sensual de la pareja, que son pocos ya los que vemos y que quedan bien, desde Dean con la amazona o Sam con la Ruby de la cuarta temporada, porque lo que eran Lisa y Amelia…

BRUJO CELOSO

   Sam cuenta lo que vio, un expediente con el nombre de James, pero no pueden entrar a revisarlo. James se transporta de manera astral, cargando con ellos, estaban sentados los tres a la cama, y si hubieran caído de espaldas se inventan mil historias. Astralmente ven que la policía tiene un testigo que coloca en el lugar a James, y es el chico gato. Fue una trampa, no hizo nada, esos recuerdos fueron implantados. James se deshace de todo el mundo y va a enfrentarle, el gato dice que se lo ordenaron, fue el brujo que se fingía amigo de James. Lo hizo por celos, porque Portia le escogió a él, y luego se burlaron de la comunidad de brujos acostándose juntos. Eran un insulto.

UN HECHIZO QUE FUNCIONA

   Llegan los hermanos, llega Portia, todos atacan y por fin los Winchester lanzan un preparado que realmente mata brujos. James y Portia escaparan comenzando de cero ya que sería muy difícil probar la verdad.

   ¿Mi impresión?, no puedo sacarme la idea del hombre y la perra (y creo que eso afectó el gusto por ello de muchos fans), como Dean mismo cuando le interroga sobre ello, preguntándole cómo fue primero, y ella rueda los ojos. La cosa fue como fuerte. Pero valió para que Sam le hiciera una broma a su hermano, que le reconoce el que en todo el tiempo desde que sabe lo de James y Portia no ha hecho ninguna bestialidad de chiste. ¿No quedó genial? Ahora los motivos, cosa que hizo flaquear el programa, fueron los celos. Un policía que envidia a otro policía y un brujo que cela al familiar de otro. Pareció muy tibio, sobre todo en lo referente al brujo. ¿Todo ese poder para únicamente vivir pendiente de quién se acuesta con quién? ¿Matar por eso arriesgando a la comunidad? Es absurdo. Parece argumento de películas o libros (o fics en este fandon) sobre vampiros; seres eternos, poderosos, con cientos o miles de años a cuesta, con todo el tiempo a su disposición y sólo pelean por carajitas de secundaria. ¿No es un enorme desperdicio de tiempo y poder? ¿No se pueden enamorar de mujeres, tienen que ser niñas? Dios, ¡cómo odio a los vampiros que corren tras carajitas o carajitos! Bien, aquí ocurre algo parecido. No peligraba la raza de brujos, ni el orden cósmico, tan sólo una mujer perra se acuesta con un hombre y otro desata todo ese problema. Un tema flojo. Aunque, bueno, sin querer se mata a un hombre, queriendo a una mujer…

   La mujer perro… se materializa así, dice que es un familiar y los hermanos no actúan. Se vio raro pero cabía explicación, es amiga de un amigo, pero luego aparece el bar de los brujos, familiares (seres que se transforman en otras cosas), fuera de otras criaturas, y Dean entra, habla y sale. ¿No son seres sobrenaturales en capacidad de usar magia para quien sabe qué propósitos? ¿Entra y sale así? Es más, ¿se acepta la existencia de ese lugar tan fácilmente? ¿Dónde está el resto de los cazadores? Sé que siempre coloco esta entrada para hablar de algo pasado, pero esto me recordó la serie Ángel, con aquel ser que tenía un bar donde todos tenían cabida y no podía haber problemas, como también en la película Constantine. La idea es interesante, pero incomoda. ¿Y nadie reconoce a Dean? ¿No saben los brujos quien detuvo a Lucifer y a los leviatanes? Otra cosa, cuando Portia cambia a humana, lleva su collar de perra pero también un vestido negro, ¿la piel se vuelve traje? Los cambiaformas, al menos en la primera temporada, no podían copiar vestiduras, aquel que imitó a Dean debió quitarse las ropas para cambiar (una escena muy recordada). Igual el hombre perro de la sexta temporada, que al regresar a su forma humana andaba desnudo. Se vio extraño y Dean debió mencionarlo, digo, aunque fuera para darle algo de sentido con una respuesta de ella.

DE CORAZON A CORAZON

   Bien, del episodio quedan dos conversaciones pendientes que tienen relación con el hilo central de la historia, ya Sam ha rechazado la idea de buscar a otro perro infernal y comenzar las pruebas de nuevo, pidiéndole a Dean que confíe en él. Luego viene otra charla, una donde Sam le dice que ahora entiende que no es que desconfía de él, es que Dean sólo puede confiar en Dean. Y este es un problema horrible, muchas veces me ha tocado, en la oficina, coordinar este o aquel trabajo, explicando claramente lo que se quiere de cada quien y al final hay que salir corriendo a hacerlo todo uno. Será que soy absolutista, como me acusó una vez una jefa. Cuando Sam decía aquello, tome aire y solté una risita. Ya iba a enviarle un mensaje a una amiga cuando esta se me adelantó con un “sé lo que piensas”, terminándolo con “ja ja ja”. Es cierto, cuando Sam dice que el problema de Dean es que sólo confía en Dean, lo primero que me vino a la cabeza fue que si Dean no se mueve por su cuenta en el Purgatorio, y se pone a contar con ayuda externa, allá estaría todavía. Pero esa es agua pasada, el episodio termina con Dean diciéndole que confía en él, que sabe que hará la tarea. En seguida Sam sangra por la nariz y no dice nada. Eso, a la larga, puede ser otro problema, e incomoda a quienes desean que todo vaya como la seda entre los hermanos. ¿Lo calla para contarlo el próximo episodio? ¿Lo hace por la eterna maña de ocultarse cosas? Puede ser, puede ser que tema que Dean piensen que no podrá con el peso de la tarea. Cosa válida.

   ¿Queremos que James y Portia reaparezcan de nuevo como si lo deseamos con Benny, Aaron, el Golem o Charlie? No estoy seguro. Me gustó mucho ella, ese aire de misterio y poder, sus intercambios de puntas con Dean, pero James me parecido frío, poco lógico su comportamiento y nada atractivo como personaje (o será que como no interactuó con Dean no le dio oportunidad de destacarse). Ya veremos…

LOS WINCHESTER CONTRA LOS DIOSES ALICAIDOS

Julio César.

LO SABE…

febrero 25, 2013

EL MEMO

TIO HOT

   …Se ha portado mal en el trabajo y el jefe, con dos socios que andaban por ahí, va a disciplinarle…

FALTA DE IMAGINACIÓN

Julio cesar.

HABILIDAD

febrero 23, 2013

ALGO POR ALGO

HOMBRE EN HILO DENTAL ROSA

   Todos sabían que donde ponía esa boca todo se inflaba totalmente.

ASI LE GUSTA…

Julio César.

THE FOLLOWING… QUE FOLLÓN

febrero 23, 2013

EL HOMBRE VOLVIÓ…

THE FOLLOWING

   …Como dirían los españoles.

   Ayer, jueves en la noche, el Canal Warner estrenó un programa que fue brutal en su inicio y que promete mucho. Se trata de The Following (voy a ver qué significa). No suelo ver series nueva, menos estrenos, pero esta me senté a mirarla porque trabaja un maldito de siempre, Kevin Bacon, un hombre que es irónico y antihéroe cuando es el bueno (Terror Bajo Tierra), y terrible cuando es el malvado (Criaturas Salvajes). Tiene pinta de desgraciado. Aquí es un ex agente del FBI, alcohólico, malhumorado, se le veía frágil y roto; lo había perdido todo años atrás deteniendo a un asesino serial de lo más repugnante pero encantador y culto. Este escapa en una fuga que recuerda la de Michael Mayer en la Halloween de hace poco. El por qué escapó y qué se ocultaba tras todo ello, fue ingenioso y desesperante. Los personajes, aunque hay un exceso del lado de la ley, son muy interesantes. Valdrá la pena seguirle la pista.

EL ESCUPITAJO DE YOANI SANCHEZ

Julio César.

LA PRÁCTICA…

febrero 23, 2013

DEBILIDAD

MARINO CALIENTE

   …Garantiza un buen rato.

   -¡Señor! -grita ensayando.- Aquí estoy, listo para hacer lo que usted me diga, donde me diga, cuando me lo pida y las veces que quiera, señor. Sé del buen tamaño de su escopeta, pero puedo con ella, tomándola toda y no dejando nada afuera… por donde la quiera meter, señor. -y sigue practicando lo que le dirá a su capitán, todavía considerando si lleva el pantalón o un pequeño y puto calzón. Para ganar la guerra cualquier artimaña vale, ¿no?

LA DECLARACION

Julio César.

SALUD PRESIDENCIAL… DE PRONOSTICO SECRETO

febrero 23, 2013

ELIAS JAUA CONTRA DIOSDADO CABELLO…

INOCENTICO

   ¿Parece o no un paquetote chileno?

   ¿Han escuchado ese cuento de la abuela en la azotea? No, no ese donde le dicen al niño que pregunta por su abuela, “se cayó del techo y ahora está en el Cielo”, y él responde con admiración, “tremendo rebote”. Me refiero a lo que el Gobierno está haciendo con los venezolanos y los anuncios sobre la salud del presidente. Qué nadie les cree (la gente sospecha ya que le dan gotas para que no despierte y poder seguir desmandando). Ellos se molestan con todo el mundo por los rumores, dígame la desvergonzada de la Mari Pili Hernández, que habla gamelotadas por carretadas de todo el mundo en su programa, pero es incapaz de llevarlo a su espacio y decir “miren, aquí está, ¿cómo les quedó el ojo?”. Un día aseguran que está como una pepa de parapara, rebotando alegremente contra el concreto, pero cuando los estudiantes gritan exigiendo verle, amenazando con llegar hasta al Hospital Militar (antiguamente Dr. Carlos Arvelo ahora Dr. Alverlo Locreo), cambian el cuento y sale el ministro de Información con cara contrista a decir que sigue grave con su problema.

   Pero el daño a la credibilidad ya está hecho, uno no sabe si el ministro está mintiendo porque hace poco una enfermara de ese hospital apareció en pantalla de Cubana de Televisión (VTV, mal escrito), diciendo que le había visto saltando por los pasillos, que le cantó y bailaron. ¿Ahora resuelta que sigue delicado? Bien, es posible que la enfermera estuviera oliendo éter y delirara, o se lo imaginara, pasa mucho en los hospitales con los cuatro mil cuentos de aparecidos, pero el presidente aún vive, ¿no? No puede estar “apareciéndose” por ahí a una mujer de mentalidad simple y supersticiosa (no hay que creer de entrada que sólo es una bandida que se presta a cualquier canallada como enfermera malvada de novela mexicana, administrando las gotas citadas más arriba).

   Todo esto hace temer lo indicado al principio, que sea el cuento de la abuela en la azotea. ¿Cómo le decimos al niño que su abuela se murió? “Dile que subió a la azote, dile que se cayó, dile que está delicadita, dile que se teme lo peor, dile que…”. Y no es que yo le esté deseando mal, de darle la recompensa que se merece se encargará Dios, señor Britto, comisario Simonovis y jueza Afiuni primeramente. Pero dudas cabe sobre su salud. Cómo estará la cosa de seria que el señor Ernesto Villegas habla de pronóstico delicado. ¿Cuál será el verdadero estado cuando ni a Evo lo dejaron verlo? ¡Mistelio chino!

EL MINISTRO DE LA DEFENSA SE DESFASÓ

Julio César.

DE MACHO A ESCLAVO… 18

febrero 22, 2013

…ESCLAVO                         … 17

   El siguiente es un relato que cae dentro del género que llamo maldito, un sujeto va a una casa buscando algo y sale con otra. No es mío, es una traducción adaptación, por lo que le pido al escritor original, John <seekingurdick@ yahoo.com, si llega a enterarse de lo que hago, que no se moleste. Su relato es corto, directo y bueno, por eso lo cito. Disfruten de…

……

Asunto: El despertar de Joe

Fecha: Jueves, 22 de diciembre 2005 18:22:04 -0800 (PST)

De: John <seekingurdick@yahoo.com

CONTROL GAY

   Era tan lindo saberse amado…

……

   Joe pierde la cuenta de cuántas mama, de cuántas vergas han soltado leche espesa y ardiente sobre su lengua, o cuántas se han vaciado en sus entrañas, eso si, siente el peso en el bajo abdomen. Su culo, para ese momento, es otra boca rojiza e hinchada que deja manar leche, cosa que enloquece a alguno que todavía se agacha y frota su glande de él. Y siguen y siguen, pierde el sentido de dónde está, le sueltan los brazos, cae de espaldas y aún así debe tragar otra verga que se corre, mucho, demasiado. Abriendo los ojos, escuchando las risas, entiende que no es semen, es orina.

   -Vamos, muchacho, goce lo que su padrino le regala. –era Arnie, burlón y caliente, atrapándole por la nuca, orinándose todavía y riendo ronco.

   Sus cachetes llenos no pueden liberar su carga y traga un poco, tosiendo, apartándose al fin y escupiéndola, pero ahogándose cuando el amarillento chorro caliente, oloroso y poderoso, cae sobre su frente, nariz, ojos y labios. Al toser recibe otra pasada en su boca y traga un poco aunque no quiere, el resto la escupe bañándose más.

   -Miren, no le gusta la orina. –señala uno, sacándosela y meándole también.

   -Pronto la amará. –sentencia otro, sacándosela también y mojándole.

   Joe grita y se revuelve, siendo bañado por incontables chorros de orina, la cual le empapa y baña, le cubre y la siente extraña en ese colchoncito piscina. Sabe que es orine, de hombre, hombres que orinan sobre él, pero el olor fuerte le llena las fosas nasales, el calor es acariciante, envolvente y casi sedante. Y se deja caer de espaldas, recibiendo más y más chorros. Todos esos hombres van y se vacían sobre él. No sabe que lo hace, o no quiere saberlo, pero se acaricia el abdomen y pecho cuando los chorros van allí. Abre la boca y recibe sin tragar, o al menos no mucha, y se pregunta cómo algo tan extraño puede ser tan estimulante, cómo podía él dejar que esos sujetos…

……

   Despierta lentamente. Está perdido, no sabe dónde o qué… Los barrotes. Estaba otra vez en la jaula para perros. Desnudo, lo sabe, y con un dolor sordo en… Baja los ojos y grita. Otro piercing… grande, vistoso, plateado… saliendo de la punta de su verga.

   ¡Dios! ¡Dios! Siente como algo caliente sube a su garganta y contiene la arcada, ¡le habían colocado otra argolla! Y justo en el tolete, ¿cómo se ocultaba algo así? Baja una mano y la toca, siseando en seguida, duele. El aro es grueso y firme, y algo le dice, consiguiendo que su corazón duela, que costaría una bola y parte de otra romperlo con una segueta. Claro, cabía la posibilidad de abrirlo con un soplete, pero ni de vaina…

   -Ah, ya lo viste. –le trae al presente la burlona voz de Richard, de pie fuera de la jaula; tiene que verle hacia arriba y eso le llena de ira.- Qué éxito el de anoche, muchacho, nunca había visto a los clientes tan intoxicados de lujuria. Hubo sujetos, que sólo miran generalmente, que se olvidaron de todo, hasta de sus compañeras, sacándose las vergas duras y babeantes ya y enterrándolas desesperados en tu culo. Sin importarles en lo más mínimo que tu culo rojo estuviera escurriendo el semen de otros. Hasta yo perdí la cuenta de las leches que tenías cuando te la metí por segunda vez.

   Joe quiere gritarle, insultarle, lanzarse contra los barrotes… pero teme al castigo si fracasa. Traga derrotado, no sabiendo que el otro le mira fijamente, calibrando sus respuestas, su sometimiento. Y parece pasar una prueba, porque Richard sonríe y abre la puerta. Mirándole. Joe duda, no le ha dicho qué hacer pero… Sale en cuatro patas, apoyado sobre sus manos denudas y rodillas, con las negras y lustrosas botas casi llegando a ellas, sin nada más sobre su cuerpo como no sea el collar de perro. Los aros parecen colgar de sus pezones y su glande perforado, y al calvo le parece una vista magnifica. Lástima que estaba casado, podría venderle en Europa o en los Emiratos Árabes, era una pieza soberbia que se cotizaría alto.

   -Lo has hecho muy bien, perra… -le sonríe ronco, viéndole detenerse a un paso de él, en cuatro patas, mirada baja.- Mereces un jugoso hueso. Un buen desayuno, uno de campeones, para comenzar el día.

   Intrigado, Joe eleva la mirada, tragando en seco. Frente a sus ojos, un poco por encima, se bambolea de la nada la larga, gruesa, rojiza, venosa y erecta verga de Richard, agitándose levemente guiándose hacia su rostro. Cierra los ojos por un segundo pero la atrapa con la boca. Era tan extraño sentirla a esas horas; no amanecía pero casi, y ya tenía una dura verga rodando sobre su lengua. Su boca va y viene, sus labios se curvan sobre el tolete, su lengua lo lame mientras succiona, casi sin pensar en ello.

   El güevo le golpea a veces una mejilla, abultándola, cuando Richard le medio embiste, disfrutando la maravillosa vista que es siempre un sujeto arrodillado frente a él, tragándose su verga, dándole la más ricas apretadas y chupadas del mundo. Había algo en ello, en cogerle la boca a otro sujeto con la verga, que hacía sentir poderoso a todo hombre, soñando ya con el momento de descargarse, de llenarle la boca con su esperma y verle tragarla, imaginar que le gusta, pero también ver que un poco escape por las comisuras de los labios. La visión de un hombre de rodillas, con algo se semen sobre sus labios y mentón, era uno de los mejores espectáculos que existían.

   Pero no todo es igualmente fácil, mental o físicamente, para Joe; sufre sicológicamente al estar haciéndolo, porque sabe que se mueve como por instinto, saboreándola, sabiendo que desea darle una buena mamada a ese hombre que le había atrapado y reducido a la condición de sumisa perra, de juguete sexual para los hombres, idea espantosa pero a la cual no puede resistirse. También duele cuando su propia verga comienza a endurecer de emoción al sentir ese instrumento grueso y caliente pulsar sobre su lengua, cosa que le lastima por el anillo recién instalado. Y Richard lo nota, riendo.

   -Te lastima, ¿verdad? Eso será sólo por un tiempo, ese aro te hará gozar como nunca una vez que te acostumbres, y tus hombres podrán llevarle halado de él con una cadenita, ¿imaginas ese espectáculo? Pero por ahora debes controlar tus impulsos de perra deseosa y caliente, no todo es goce, pequeño. –y casi cariñosamente, metiéndosela hasta los pelos, reteniéndole allí con una mano tras la nuca, viéndole enrojecer un poco, le acaricia tras las orejas, una caricia que estremece totalmente a Joe aunque sabe que es lo que se le haría a un perro para mostrarle afecto.- Contrólate para lo que viene… -le repite sonriéndole.

   Y le atrapa el rostro entre sus manos, embistiéndole rápida y duramente, casi sacándole la verga de la boca y luego volviendo a enterrársela hasta la garganta, dejándole la lengua llena de jugos. Le gruñe sus “tómala, perra”, “sácale el jugo que te gusta, puta barata”, “si, cómo te gusta, puta”, y en todo momento Joe gime. Porque chupa, intenta atraparla, quiere lamerla toda; saberse usado así, insultado eróticamente, disfrutar de la enorme tranca pulsante contra su garganta, todo eso le provocan una erección que duele, pero que es intensa y poderosa. Y Richard ríe, ríe una y otra vez llamándola puta barata, obligándole a levantar el torso y quedar de rodillas, la verga en su esófago, su nariz en los pelos púbicos del calvo, las bolas de este en su barbilla.

   -No puedes controlarte, ¿verdad? Te duele y te gusta. Sabía que así sería. Desde que te vi entrar por la puerta de esta noble Casa supe que eras una puta sumisa que disfrutaría de ser usada y vejada. Dime la verdad, ¿alguna vez antes te has corrido o gritado como un poseso como lo hacías anoche mientras todos esos hombres te penetraban, te llenaban de güevos, de leche, saliva y orina? –pregunta al tiempo que sigue embistiéndole la boca, oyéndose por encima de los ahogados gemidos de placer y dolor (por la verga) que escapan de la boca llena de Joe, aunque no es lo único, de sus labios cerrados alrededor del tolete logra escapar una gran cantidad de saliva y babas.- Mierda, lo haces tan bien… -le informa, metiéndosela toda y todavía empujando más.- Mereces otro premio, te lo has ganado… -la retira casi toda de su boca, la lisa y babeante cabecita entre los rojos labios del muchacho, mirada diabólica.- Córrete… -le ordena.

   El joven enrojece más, porque quiere, necesita correrse o la verga nunca dejará de dolerle. Cierra los ojos un momento, pero un leve bofetón de Richard, al tiempo que la empuja otra vez, le obliga a abrirlos, a mirarle… Mientras lleva una mano a su propia tranca, la otra a su trasero y comienza a meter un dedo en su culo, sin pensarlo mucho, casi como si su vida dependiera de ello, tensándose de puro placer y lujuria mientras se abre camino. Lo mete y empuja, y parece que su garganta succiona más, que su verga está más dura, que su lujuria aumenta al máximo. Richard le sonríe mientras lentas lágrimas escapan de sus ojos claros. No es dolor ni vergüenza. Ni siquiera humillación. Era calentura. Cuando mete dos dedos… ya ni piensa.

……

   Deben ser las seis de la mañana, seis y media, cuando Joe termina de vestirse. Le duele el entrepiernas, allí donde el jeans presiona contra su verga… envuelta como sus bolas dentro de la breve y suave tela de otro hilo dental, uno limpio. Se dispone a salir rumbo a su casa y más tarde al trabajo, mirada baja, cuando se topa con Richard cerca de la salida de La Casa. El hombre calvo basteza, con una sonrisa de beneplácito agotamiento, al tiempo que levanta una pequeña bolsa, rosa brillante, y se la tiende. Joe ni siquiera intenta resistirse, simplemente la toma.

   -Aquí tienes varias tangas, lo único que puedes usar como ropa interior de ahora en adelante. Los boxer son para los hombres de verdad. Hay una que otra mínimas para cuando vayas a broncearte, encontrarás ahí una tarjeta con una dirección que usamos para esos menesteres. Intenta descansar la verga, por el piercing, pronto ni lo sentirás. ¡Ahora mírame! –le ordena y sonríe cuando sus ojos hacen contacto.- Dentro también hay un pequeño consolador, de baterías, para cuando necesites un desahogo; descubrirás que será más grato para ti que tus dedos. Si quieres una paja, o tienes una calentura, lo necesitarás obligatoriamente. También ten presente esto… -se le acerca todavía más, Joe tragando con pesar, intentando no encontrar el gusto de su semen todavía sobre la lengua de cuando se la llenó y la tragó.- …Si un hombre, cualquiera, te aborda, o te gusta… te le pones de rodillas para lo que quiera; estás para satisfacer. Pero recuerda que me perteneces sólo a mí. Cientos, miles pueden usarte, llenar con sus vergas tu coño de perra caliente hasta saciarlo por minutos, pero sólo yo soy tu dueño. Pórtate bien. –le aclara y advierte.

   Y Joe, más tarde, querrá morirse de vergüenza al recordar que asintió.

……

   Sale mal, no sabe qué pensar o sentir. Parece desorientado. Mira hacia la casa y se aleja a buen paso, enrollando la llamativa (demasiado) bolsa y ocultándola bajo un brazo. Tiene que llegar a su casa, tal vez enfrentar a Fiona. También cambiarse y volver a la fábrica. Cierra los ojos recordando a Sam y a los dos colegas de trabajo que vio la noche anterior cuando le sometían sexualmente. Mierda… ¿qué hacer?

   La casa, a la cual entra asomando la cabeza como temiendo encontrar un enorme peligro, está silenciosa. Una luz en el teléfono le indica que tiene un mensaje. Cosa rara, solo uno. Tembloroso lo escucha. Es Fiona…

   -Cariño, ¿dónde estás? Te he llamado a casa y a tu móvil y no respondes. Espero que te estés portando bien. Mamá no se siente bien, creo que me quedaré uno o dos días más. No te molesta, ¿verdad? Te llamo luego. Un beso…

   Todo el aliento que deja salir, así como el alivio que siente, casi marean a Joe, que cae sentado bruscamente de culo en el sofá, gimiendo, llevándose una mano al entrepiernas y alzándose un poco. Dios, cómo le duele la verga… y el culo. Quiere dormir, y mucho, descansar, despejar la mente y pensar en algo, pero no puede. Debe ir a trabajar. Por suerte no tiene hambre. Y enrojece, la idea de que Richard sació su apetito le parece horrible de afrontar.

   Toma una larga ducha, intentando no pensar o tocar los aros; sale del baño desnudo y dándose con una toalla, semi mojado todavía se seca las bolas. Se mira al espejo y le parece una vista extraña. Es él y no lo parece, alto y musculoso, recio, muy bronceado y depilado… sus tetillas perforadas por los brillantes aros. Duda y traga, sabiendo que está mal, que no debería hacerlo, que esas cosas no le interesan en verdad, pero se medio ladea dejando caer la toalla. Casi gime, mierda, sus nalgas se veían redondas, paradas y musculosas. Tan bronceadas… con las tiritas de piel más clara de los hilos dentales. No puede evitar estremecerse cuando lleva una mano sobre una de ellas halándola, mirando su raja lisa, la franja clara y…

   Se suelta, sintiéndose enfermo, tan sólo para encontrarse desnudo de frente, su cintura estrecha, los huesos de su pelvis destacando, sus pelos púbicos rasurados en una tenue sombra. Sus bolas, depiladas, colgando como más largas. Y su verga… colgando morcillota, medio consistente… con el aro. Cierra los ojos, su torso sube y baja con esfuerzo, tiene que terminar de vestirse e irse. A trabajar. A la fábrica. Tiene que…

   Se movía maquinalmente por el cuarto, cuando vuelve a mirarse al espejo de tamaño completo del closet, tragando otra vez, reconoce que la pequeña tanga rosa que encontró en la bolsa rosa, se veía realmente sucia, putona y erótica sobre su cuerpo. Tanto que su verga intenta asomarse, con su reluciente aro, para darle su apropiación.

……

   Han pasado dos días de no salir como no fuera para ir a trabajar y regresar. De mirarse una y otra vez, casi desnudo, con esos hilos dentales en su culo, pasándose las manos por las nalgas hasta lograr que su verga asome la cabezota perforada por el aro. Dos días de no haber recibido más llamadas, ni allí ni en casa de sus padres. Dos días de leer únicamente mensajes en su correo, todos hablando de lo puta caliente que es, de lo mucho que les excitó verle esa noche. No debería hacerlo, pero los lee todos, hasta altas horas de la noche, recorriendo líneas sucias como la de tres universitarios que le cuentan que desean raptarle y atarle, desnudo, escondiéndole en el ropero del dormitorio de donde le sacarían cada noche para que lamiera sus pies sudados, que le cogerían y harían comer vergas como loco, que dos de ellos se la meterían al mismo tiempo por el culo mientras le cubrían la boca con sus suspensorios usados. Que terminarían meándosele encima y él tragando litros de orina. Muchos iban por ese estilo.

   Eran relatos horribles, humillantes y denigrantes, pero le tienen perpetuamente duro, la verga casi fuera de la tanga que usaba ahora como única vestimenta en la casa. Llevaba dos noches pasándola mal en la cama, con calenturas. Intentó masturbarse pero no conseguía terminar, y como no quería meterse nada por el culo no encontraba alivio. Caliente y frustrado intentaba escapar al mundo de los sueños.

……

   Richard le había llamado de urgencia, tenía que satisfacer a un cliente muy especial; ahora solloza y grita acostado de espaldas en la cama mientras ese sujeto maduro, de cuerpo recio y cabello canoso le sodomiza fuerte, bien metido entre sus piernas, aferrándole con sus callosas manos las nalgas, usando el impulso de la cama para facilitar y aumentar el ritmo de las embestidas. Lo abre y llena todo, despertando ecos en cada terminación nerviosa de su cuerpo, y aunque mortalmente avergonzado, Joe sólo puede gemir y apretar con su culo mientras pequeñas luces parecen estallar literalmente frente a sus ojos. ¡Qué cogida le estaba dando ese hombre!

   Y se nota que sabe lo que hace, porque en un momento dado le cruza una pierna sobre su propio cuerpo, apoyándola sobre la otra, cerrando un poco el culo que continúa taladrando una y otra vez con su verga dura y caliente, que parece crecer y crecer mientras le penetra. El muchacho no puede hacer otra cosa como no sea lloriquear y arquear la espaldas, babeando por boca y güevo, preguntándose cómo pudo pasarle eso mientras está prácticamente corriéndose de gusto.

   -Toma, maldita puta. Esto es lo que te gusta, ¿verdad? Ser una puta, ser tratado como la puta que eres. –le rugía el hombre, casi cayendo sobre él, llegándole increíblemente adentro.- Mierda, tienes un culo mejor que el de tu madre… ¡AHHH! –grita cerrando los ojos y nalgueándole duro, un azotón que pica y enloquece al transpirado muchacho.- Cuando le cuente a tus hermanos van a hacer cola para tener este culo así, cruzado con sus vergas. ¿Te lo imaginas, hijo? Tus hermanos rodeándote y cogiéndote…

   -No, papá, no… -gimotea lloroso mientras su progenitor la saca y la mete más duro, cabalgándole de manera experta haciéndole gritar nuevamente de placer.

   -Eres tan puta, hijo mío; tu culo sabe amasar un tolete como ninguna otra cosa que yo recuerde. ¿Sientes lo dura que la tengo de ganas por ti, cómo se tensa para ti? -y le nalguea más, una y otra vez, duro, el güevo totalmente tieso vomitando poco después su carga…

   Y Joe despierta sobre su cama totalmente desnudo, transpirado e impresionado. Está asqueado, horrorizado, se siente horriblemente culpable… y caliente. No, Dios, no; era el colmo. Había soñado que su propio padre… Le parece oír una risilla horrible flotar en el oscuro dormitorio, la de Richard. Se tiende hacia un lado de la cama mientras alza una pierna. Con una mano busca algo, con la otra lleva un dedo a su culo y lo penetra. Hundirlo le hace gemir pero también entender que ese es el camino correcto para escapar de ese sofocón que le obsesiona. Dios, lo necesita, lo necesita mucho.

   La verga le duele de lo dura que está, por el sueño y la calentura, también por el aro, mientras atrapa dentro de la bolsa el delgado y largo consolador. Lo necesitaba… Y mientras se lo mete después de retirar el dedo, apoyando los pies sobre el colchón, tensando y alzando un poco su culo (la mejor manera de disfrutarlo), intenta por todos los medios pensar en cualquiera menos en su padre.

……

   -Amigo, te ves fatal. –le dice al otro día un compañero de trabajo en los vestuarios de la fábrica.

   -Me siento como la mierda. –responde, sin mirarle, no quiere reparar en detalles que ahora nota en él, como su buen tamaño, el cabello negro ensortijado o la fina sombra de barba en su rostro masculino.

   -Te salva el bronceado, te queda genial. ¿Qué eres ahora, un gigoló? –se burla… y no se va. Joe no sabe qué decirle, la camisa abierta, cubriendo sus pezones.- Termina de cambiarte, debemos ir al taller dos. –le informa, esperándole.

   -Me cambio y… -le mira como indicándole que salga.

   -¿Qué? ¿Ahora eres tímido? –y ríe, sin dobleces, amigable, buena gente, sin saber que eso lanza escalofríos a la columna del otro.- Anda, cámbiate ya, sabes que todos disfrutamos de verte en calzoncillos. –se burla, y por un momento Joe lo considera, quitarse todo, quedando en botas y tanga frente al amigo y colega, aunque sabe que no se desvestirá ni en un millón de años; menos ahora, ese día usaba una minima tanga azul de lunares blancos, muy metida en su culo.- Oye, ¿qué tienes ahí? Parece que algo te cuelga de las tetas… -dice el sujeto dando un paso al frente, disponiéndose a apartar la camisa.

CONTINÚA … 19

Julio César.