Archive for 29 marzo 2013

SEMANA SANTA CATOLICA, ¿VIDA O MUERTE?

marzo 29, 2013

SE FUE AGOSTO, SEPTIEMBRE VUELA…

JESUS VIVE!

   Regocijaos…

   No pensaba escribir nada durante la Semana Santa, bien, en parte porque viajaría, pero era por respeto. No es este el blog más indicado para tratar ciertos temas, y menos para que alguien me replique o cite, pero casi me veo obligado a hacerlo. Me han atacado en la esencia de mis creencias, que como saben, me vienen del catolicismo.

   Todos los años, por esta época, se repiten las mismas acusaciones, pero no por las locuras bélicas del pasado de la Iglesia o los escándalos que no deben ser ni nuevos sobre casos de abuso sexual, sino como adoradores de una religión fúnebre. Dicen que festejamos la muerte del Hijo de Dios; otros, lo más dogmáticos, nos denuncian como una fe que se come a su Salvador. Por no hablar de la gente que no entiende cómo fue que Jesús nos salvó con su muerte en la cruz. La verdad es que para mí es incomprensible tanto desconocimiento, son datos artos conocidos, y eso que jamás estudié teología más allá del catecismo para hacer la primera comunión. Tal vez sea porque llevo unos cuantos años en este mundo, he oído, leído e intercambiado pareceres, algo queda cuando se intenta escuchar, ¿no? Pero vamos por partes…

   ¿Nos comemos a Dios? En la misa católica, el momento supremo es aquel cuando la ostia y el vino, en presencia del Espíritu Santo, se “transforma en la sangre y carne de Cristo”, eso que tomamos luego. ¿De dónde viene esta institución de la eucaristía, partir y repartir el cuerpo del Salvador? Ese jueves de pascua, reunido con sus discípulos en Jerusalén, Jesús compartió la cena ceremonial, esa que los judíos conmemoran repitiéndola en esos días, dando gracias por escapar de Egipto, poco antes de ser perseguidos por el Faraón y que medio ejercito egipcio terminara bajo el agua. No era, la de Jesús y sus doce, una simple comilona más a la caída de la noche. Es esa cena de hierbas amargas, panes sin levaduras y un carnero o algo así, sin mancha, sacrificado para la ocasión. Según la tradición, los judíos deben comérselo todo, de prisa, vestidos para viajar. Desde los tiempos de Moisés se preserva esa tradición, Jesús la santifica en un nuevo pacto (“Tomad y comed, este es mi cuerpo, que será entregado por vosotros…”), con lo cual, de vista a lo que luego seriamos los cristianos, ya no necesitaríamos de la tradición o del sacrificio animal para pedir dispensas o lavar pecados, esos que arrastramos desde los tiempos de Adam y Eva.

   Aquel que pacta con Jesús, aceptando su carne y su sangre que sería derramada un día más tarde para el perdón de los pecados, alcanzaría salvación (así lo vimos los católicos y los primeros cristianos). Cuando hacemos la comunión estamos repitiendo aquel ritual en la esperanza (no, esperanza es como dudar), en la creencia que el portento se repite cada vez, y que ahí, por un segundo, quedamos libres de culpas, previo arrepentimiento de corazón. ¿Alguien se detiene a pensar que es un acto de canibalismo? No lo creo, me parece que es tan simbólico como la férrea oposición de los Testigos de Jehová a usar sangre (que a otros les parece locura y fanatismo pero se les acepta), o muchas de esas religiones cristianas que no mueven un dedo los sábados, y ni hablar de los santeros y la costumbre de sacrificar animales en sus rituales. Por alguna razón esos rasgos de tradiciones mantenidos a lo largo del tiempo no parecen tan graves, ¿por que no íbamos los católicos a creer y aceptar que Jesús nos acompaña cada vez que se inicia la eucaristía, sin ninguna otra implicación como no sea salvación para nosotros? Eso nos lleva a otro punto…

   ¿Cómo es eso que Jesús cargó con nuestros pecados conviviéndose en nuestro salvador al colgar en la cruz? Para comenzar, el peor pecado a los ojos del cielo parece ser el no arrepentirse de los pecados, al contrario, continuarlos y gozarse en ellos, esto garantiza que no se alcance “el Paraíso”, pero fuera de eso, el pecado cotidiano, los pequeños, también causan dolores, sufrimientos y pesares. Sufre quien los comete y los calla, padecen aquellos afectados por estos, desde quien miente en un juicio condenado a un inocente, pagando el inocente y el mentiroso si tiene conciencia (algo ya no tan visto), hasta el hombre lujurioso que fue regando hijos por ahí sin preocuparse, llegando a un instante en su vida que lo lamenta, o los necesita, y está solo, por no hablar de lo que puede estar pasando la prole desatendida. Mirado por encima, el pecado parece traernos siempre un pesar. También en gran escala, cuando no sólo un hombre o una mujer, sino toda una colectividad, enloquece de maldad. El orgullo, la envidia, los celos, el odio, la ira, la codicia… esto desata guerras, matanzas, holocaustos. Son los frutos del pecado.

   Como todos nacemos en pecado ya que descendemos de la pareja original, en la antigua Jerusalén se practicaban las ofrendas en el Templo para pedir perdón. Hablamos del sacrificio de palomas, corderos y ovejas. La sangre inocente lavaba, temporalmente, los pecados. Jesús, el hombre bueno e inocente condenado a muerte, azotado y crucificado, es la representación del cordero sin mácula que está siendo sacrificado. No entiendo por qué, para mí es imposible entender las razones de una entidad todopoderosa, eterna y omnipresente como Dios, no con mis limitados años de vida y el poco tiempo para aprender sobre las cosas. Jesús fue enviado a dar testimonio, primero con su vida, después con su muerte. Con esta, con su sangre derramada, se completó el tiempo de los sacrificios periódicos. No necesitábamos matar ovejas para lavar nuestros pecados, sólo aceptar a Jesús como salvador, cosa que nos pondría en el sendero a la verdad y la vida. Al morir, Jesús nos hizo un regalo inestimable, nos mostró un nuevo y más directo camino a la casa del Padre. Así, en la cruz, cargando frente al universo y la creación con nuestras culpas, nos dejó un saldo positivo. A partir de ahí cada quien haría el recorrido, hacía él, o alejándose de él. Es una decisión tan personal como hacer lo que es correcto o no, y todos conocemos esa diferencia, mediante la conciencia, como que eso nos separa de los animales.

   Finalmente, ¿adoramos a un Dios muerto, celebramos la muerte? Este punto es el más tonto de los que se plantean generalmente pero tiene su asidero en lo poco que a muchos les gusta pensar en las cosas preguntándose de dónde llegaron los polvos que ocasionaron estos lodos. Lo dije una vez de un joven que conocí en la oficina, para él la realidad comenzaba cada mañana y terminaba cada noche, le era imposible relacionar eventos por lo tanto era incapaz de ver el cuadro entero. ¿Cuál es la esencia del catolicismo, dónde pusimos todas nuestras esperanzas y fe? Dios creo al hombre y la mujer para que vivieran para siempre, sin enfermar o envejecer, rodeados de un jardín donde lo había todo menos problemas (y se los buscaron, también por esto soy enemigo del trabajo, Dios no nos hizo para eso sino para flojear sobre la grama a la orilla de un río cantarino bajo gratos rayos de sol y acunados por la brisa). Cuando nos echan de allá (y lo digo en plural aunque nada tuve que ver personalmente en la cosa y todavía me molesta), con el ambiente hostil llegó la necesidad de trabajar por comida y cobijo, luego se presentaron las enfermedades, la vejez y la muerte (ya no éramos una creación perfecta, no por falla de Dios sino por falta de criterio), y entre tanto, la codicia y la envidia introdujo el homicidio en la persona de Caín.

   Desde ese punto todo ha ido cuesta abajo en creciente espiral. La gente duda de la existencia de Dios o se enoja con él porque sufre demasiada gente agredida y hostigada dentro de sus hogares, colegios y comunidades; muchos languidecen en prisiones por el delito de no someterse; los hospitales están llenos de niños, jóvenes y ancianos, todas edades injustas para sufrir o morir; otros caen bajo manos asesinas, jefes guerreros o locos delirantes. Aún aquellos rodeados de gente que aman, con trabajo, techo y comida, ven pasar el tiempo y saben que la muerte llegará y tocará a sus afectos (en orden natural verán marchitarse y morir a sus padres), y hay que aceptarlo como parte de la vida… aunque ningún consuelo brinde. Todo esto altera a muchos que gritan “Dios no está ya”, pero a muy pocos les importa lo que les ocurre a otros (allí están llenas las cárceles cubanas, las niñas africanas sometidas a brutales practicas de castración, mujeres condenadas a muerte por ser mujeres en lugares donde eso es delito, ¿y quién pierde el sueño por ellos?), casi nadie se detiene a pensar en Él cuando hace lo malo.

   Pero en todo ese tiempo que ha trascurrido desde Adam y Eva, Dios mismos nos dio esperanza: un día llegaría la descendencia santa, y a través de él encontraríamos salvación. Cuando Jesús nace se cumple la promesa y se pronuncia la segunda y más importante de todas (para nosotros): un día regresará y terminará este sistema de cosas, el llanto, el dolor, el miedo y la muerte no serán ya, y moraremos en la casa del Padre para siempre. Pero no en un plano astral, un cielo o algo así, aquí, en la Tierra… será la resurrección de la carne. Los católicos no adoramos o festejamos la muerte en Semana Santa, acompañamos al sufrido Jesús, pero el domingo de resurrección celebramos la prueba viva del futuro cumplimiento de la segunda promesa: Él resucitó. Se le buscó entre los muertos y no estaba, se presentó a sus discípulos y ascendió a la casa del Padre. Es la promesa, regresaremos y viviremos en un paraíso restaurado; la prueba de que es posible fue Jesús, el hombre bueno que obedecía los mandatos de Dios. Si Él pudo, todos (en teoría y si lo merecemos) podremos. Allí están depositadas nuestras esperanzas, en llegar a un lugar hermoso donde estarán, gozando de vigor y salud, todos aquellos que ya nos precedieron y a quienes extrañamos tanto.

   Creo que todo se resume en la parte final de ese rezo que tanto me costó aprender para la Primera Comunión y que me gustaba tanto, aunque no lo recuerdo muy bien: Creo en el perdón de los pecados, en la resurrección de la carne y en la vida eterna, amen.

LA CARLOTA Y EL SENTIDO COMUN

Julio César.

NOTA: No piensen muy mal de mí, pero me voy para la playa. Hoy será a llevar sol, mañana no…

SAM, DEAN, MEG Y TODO UN EXTRAÑO…

marzo 26, 2013

…DESGARRADOS Y RAIDOS

MEGSTIEL

   Pero, ¿qué es esto?

   Me gustó que reapareciera Meg, no me gustó para nada el Megstiel y todavía no sé qué pensar que la mataran así.

   La semana pasada regresó Supernatural de uno de sus parones, con un episodio que retoma la trama central, demonios, ángeles y tablillas. Fue tan extraña esa entrada, Castiel matando a un Dean que le pedía no lo hiciera, sin vacilar, sin piedad, y Naomi felicitándole, abriéndose la toma para mostrar una escena de El Residente Maligno, la tres, donde a Alice la matan infinidad de veces. Y no creo que entienda nunca el por qué de esa necesidad de la mujer para que Castiel mate al mayor de los Winchester, ¿para qué llevar las cosas a esos extremos si se les puede usar de otras maneras? Imagino que tiene algo que ver con la obediencia perruna a su persona como jefa máxima. Claro, no creo que haya habido un solo fan de la serie, aún aquellos que no gustan del ángel, que creyera que lo haría, que llegado el momento mataría a su humano, ese por quien dio la espalda a los planes forjados desde la Creación.

CHARLA EN LA BATICUEVA

   Bien, todo comienza con los hermanos en la baticueva archivando cosas, por lo menos Sam; Dean curiosea y descubre que a los hombres de letras les atrae lo asiático. Como a él (no sólo el porno, encontrar realmente viejas publicaciones bien conservadas despierta siempre un interés genuino). Sam encuentra una noticia de gente que está siendo asesinada, terminando con los ojos quemados, cosa que les lleva a pensar en los ángeles; antes deja caer una servilleta con sangre nasal y Dean lo encuentra. Cuando investigan saben de una mujer que se comportaba extrañamente, cavando en varios lugares buscando algo, comunicándose con gente extraña y una noche sus ojos se pusieron negros. Siguiendo sus llamadas llegan a una alocada profesora con rulos en su cabeza y de porte extraño, quien les cuenta que la mujer buscaba un muy antiguo mapa de la ciudad, el cual terminó por fin y espera que vaya a buscarlo. Llegan unos demonios, luchan, uno atrapa a la profesora, otro toma el mapa elaborado por ella y huye; Castiel aparece, terrible, matando gente y capturando a la otra.

MUJER DE RARO PEINADO

   El ángel se portaba con Dean como en la cuarta temporada cuando le llevaron al Cielo para reeducarle, que por eso no respondió a su oración. Cuenta que es él quien ha estado matando demonios pues traman llegar a una especie de código que les permita traducir las tablas con la palabra de Dios sin necesidad del profeta. Castiel quiere contarles la verdad, pero Naomi, que le controla férreamente, no lo deja. A Sam le intriga que Dean le hubiera estado rezando, fue gracioso cuando quedan solos y Sam quiere saber y Castiel les dice que puede oírles. Los hermanos saben que hay algo malo en él. La escena del interrogatorio de la mujer con el extraño peinado fue una mezcla de comedia y horror. La demonio quiere contarles lo que la mujer pensaba de ellos, lo que deseaba hacerles, sobre todo a Sam, pero todo acaba cuando Castiel le atraviesa una mano, luego la otra. La mujer revela mucho, que buscan una de las criptas de Lucifer, la cual les está siendo señaladas por un rehén de Crowley, dándoles la dirección del fulano rehén, y cuando está a punto de contar más de la cuenta, Castiel la mata por instigación de Naomi. Sabrán que me molestó el detalle, ya lo comenté, ahora matan con demasiada facilidad a la gente poseída.

MEG RUBIA Y HERIDA

   Castiel desaparece, va en busca del rehén, ya Sam y Dean no necesitan nada más para saber que miente y tiene su propia agenda, por lo cual parten raudos a encontrarle. Llegan y ya mató a buena cantidad de demonios, el rehén está en el sanitario, allí Dean encuentra a Meg que hace la broma de La Guerra de las Galaxias, “¿no eres muy bajito para ser un soldado imperial?”. Me gusto verla, aunque estaba herida; aunque hilarante estuvo Dean, con todo un año sin verla, sabiendo todo lo que sufrió, le pregunta qué es lo que pasa con el cabello que lo tiene teñido. Sam estalla con un “¡Dean!”, pero fue gracioso. Ese detalle, según Meg, es otro motivo por el que quiere matar a Crowley. Ella les cuenta que este busca las criptas de Lucifer pues en una encerró la tablilla sobre los ángeles. Eso no le gustó a Castiel ni a Naomi. Curan a la demonio, Castiel lo hace, y recuerdan tolo lo que ha pasado entre ellos, fue un extraño momento de intimidad (o como lo llamó Dean, Megstiel), que no me gustó. Si hasta parecían citarse para reunirse después y tener una cita tipo el repartidor de pizzas de la sexta temporada.

CROWLEY, CASTIEL, MEG

   Fue tan bueno el episodio que Crowley en persona aparece, molestándose con el único demonio sobreviviente del lugar donde tenían a Meg, matándole al saber que ni tablilla ni rehén. Es un ser terrible, pero nunca podré mirarle con odio.

CASTIEL VS DEAN

   El grupo va en busca de la tablilla, Dean encara a Sam por su debilidad, sabe que sangró, que por eso llamaba a Castiel. Meg quiere saber de qué hablan, pero ellos no confían en ella, aunque ella, en justicia, tiene motivos de queja, durante todo un año no intentaron buscarla (Sam no lo intentó), a pesar de saber que Crowley la tenía. Dean y Castiel van por la tabla, la encuentran, Naomi quiere que la tome, Castiel intenta quitársela por las buenas, diciendo que la llevara al Cielo para tenerla segura, o trasportarla con el profeta, pero Dean no le deja. Habría sido fácil para el ángel quitársela e irse, pero Naomi comete el error de ordenarle matarle. Castiel le golpea feo, Dean intenta llegarle en base al antiguo cariño, como lo hizo con el Sam-Lucifer de la quinta temporada, pero no es hasta que toma la tablilla cuando parece romper su control del Cielo. ¿No fue linda esa escena cuando acerca la mano al ensangrentado Dean y este se encoge temiendo otro ataque y luego queda curado? ¿Por qué no puede haber más de eso? ¿Acaso no han dado en el pasado muestras del hasta dónde llegarían el uno por el otro? Cass no le mata, si, le cura, está bien, pero faltó en esa escena. En fin, Crowley aparece furioso, Meg le enfrenta para darle tiempo a Sam de buscar a los otros. Luchan y el Rey del Infierno le apuñala mientras los hermanos observan y se alejan sabiendo que ya es tarde.

NAOMI PIERDE

   No me gustó que Meg muriera así, hizo tanto esta diabla, malo, pero también les ayudó mucho. Pero si me encantó la escena donde Naomi desesperada entiende que ha perdido a Castiel y la tablilla. Es bueno cuando a los poderosos las cosas le salen mal y se les ve. Luego hay una escena extraña, Crowley y Naomi hablan, hay quienes temen una alianza, pero parecen odiarse realmente, Crowley hasta parecía temerle un poco. La escena de ella en su oficina y la asistente entrando para decirle que no saben nada de Cass, fue perfecta. Fue extraño ver a este alejándose en un autobús, ¿dónde puede ocultarse del Cielo y del Infierno? Aunque el paisaje era hermoso.

   Sacando lo de Meg, la manera en la que le mataron, el episodio todo fue muy bueno, nuevamente muere un personaje importante, en Supernatural nadie está a salvo; aunque no sé, no me pareció muy definitivo, no vimos el cadáver de la diablesa. Lo otro destacable es un Dean todo cabreado diciendo que ya está cansado de que le mientan y Sam le confiesa lo que ha estado pasando, prometiéndole no callar nada más. Esto también es interesante, ¿cambios a nivel molecular? ¿De qué estaría hablando Castiel? ¿No terminará Sam convirtiéndose en otra cosa?

   La misma tabla sobre los ángeles es extraña, si Lucifer la ocultaba, ¿por qué no la usó en el Apocalipsis? ¿Es algo que limita a todos los ángeles, incluido él? ¿Enfrentará Naomi a los Winchester de manera directa? ¿Qué trama y quién es en realidad? Ahora lo que viene… según el adelanto: los hermanos estarán buscando vampiros… ¿regresa Benny? Eso casi asusta, porque, repitiendo, en este programa nadie está a salvo.  

LA ESCUELITA DE CAZADORES Y TAXI AL INFIERNO

Julio César.

EXAGERACION

marzo 26, 2013

EXTREMO

CHICO MAMON

   ¿Un profe y su alumno…? Eso es abuso.

   Joder, piensa mientras se mantiene firme, está bien que los muchachos nunca se cansen, pero esto era demasiado, se dijo alarmado… Ese chico iba a derretírselo… a fuerza de lamidas y corridas.

LA GRAN SORPRESA

Julio César.

¿JUGANDO?… 25

marzo 26, 2013

¿JUGANDO?                         … 24

   El siguiente es un Padackles no muy intenso, con una trama medio rosa. La historia NO ES MÍA, pero me gusta, que no se moleste la autora. Es lo que llaman una historia en un universo alterno. Obviamente es ficción, ¿okay?

……

Titulo: The joke? That I love you

Autor: Damnlady62

PADACKLES

   ¡Era el colmo!, piensa Chad Michael Murray mientras regresa de la piscina, donde nadie parecía estar de humor para nada divertido (como tener sexo), especialmente Danni, Sandy y Jessica. Entendía a la primera, estaba por casarse y los mil detalles de última hora parecían estar enloqueciéndole, literalmente, si toma en cuenta que salió de su cuarto con los rulos en la cabeza al olvidar que los llevaba. Pero no las otras dos.

   Sandy y Jessica parecían culparle del mal entendido con Jensen, como si hubiera sido a él a quien se le ocurrió buscarle. ¿No decía todo el mundo que jamás se le ocurría una idea? Y ciertamente no fue el quien tuvo la genialidad de la “intervención” al rubio para exigirle que dejara de ser tan gilipollas con el gilipollas de Jared. Viéndolo bien, este tenía la culpa de todo; por estar asando dos conejos a la vez (cosa que sólo tíos muy duchos como él pueden hacer, y con todo le descubren). O un conejo y una coneja. La situación no iba a terminar bien. Sí lo sabía él (¡por Dios, él!), Jared debió notarlo mucho antes. Pero se había extraviado mirándole el culo a Jensen…

   Se estremece visiblemente mientras intenta por todos los medios alejar de su mente a Jared, Jensen y cualquier noción de culos velludos. Necesitaba un trago. Algo fuerte. Tal vez dos.

   -Chad.

    Oh, Dios, Genevieve. ¡Qué fueran tres!

   -Gen… -le sonríe temiendo lo peor al verla preocupada, tensa de hombros, una mano sobre su abultado vientre.

   -Necesito hablar contigo. –lo sabía, piensa el hombre joven.- De Jared… -claro, ¿de quién más?- Quiero que me digas qué le ocurre en verdad.

   Joder…

   -Él está bien, Gen… lo veo como siempre. –como el gilipollas que es, intenta una sonrisa, encogiéndose de hombros con inocencia.

   -Chad, está encerrado en su habitación desde ayer, sin querer ver o hablar con nadie, ni siquiera conmigo. ¡Y no ha comido!

   -Bueno… -diablos si, eso era casi imposible de justificar.

   -¡No ha comido! –repite más alarmada.- Si ese no es un signo de depresión… Dime, ¿ha ocurrido algo? ¿Alguien ha aparecido o…?

   -Nop. –balbucea poco convincente.

   -Esa depresión…

   -¿Alguien está deprimido? ¿Lo conozco? –Jared aparece tras ellos, sonriendo suave con las huellas del pesar afilando sus facciones pero luchando contra ellas.

   -¡Jared! –gimotea Genevieve, acercándosele.- ¿Qué te pasaba? ¿Estás bien? Estaba tan preocupada. –él le sonríe y toma su rostro entre las manos.

   -Estoy bien, Gen, o lo estaré. –intenta no ver a Chad, quien colocándose detrás de ella, con mala cara, le insulta sin voz. Eso casi le hace sonreír, y más cuando Genevieve algo sospecha, volviéndose con rapidez, para encontrar la sonrisa de gato de Chad compuesta en fracciones de segundo. Por eso el hijo de puta era tan bueno jugando póquer.

   -No, no me vengas con… -Genevieve, que ahora sospecha más, va acalorándose, cuando un gritito feliz la detiene.

   -Al fin sales de tu cuarto, hijo de perra. Ya le había dicho a Shemar que si no salías para esta tarde, te sacaría a rastras. Te duchaste, ¿verdad? –es Danni, algo brusca ella siempre tan glamorosa, evidencia de sus nervios a la hora de acercarse el matrimonio.

   -Dos veces.

   -Yo… -Genevieve mira de Danni y Jared, quiere hablar, aclarar puntos, pero la pelirroja le atrapa de una mano y a Jared con la otra.

   -Vamos, tenemos otro ensayo. Tú también, Chad, no te hagas el loco.

   -¡Ya ensayamos esta mañana! –se queja Genevieve.

   -Y dos veces ayer. –gruñe Chad.

   -Y las tres veces han quedado mal. Dios, creo que lo hacen a propósito para atormentarme. –se queja Danneel.

   Jared sonríe levemente a pesar de todo. Era bueno estar de vuelta con sus amigos. En eso, Jensen tenía razón. En lo otro no, pero ya él sabría como vencer ese obstáculo. Y bota aire, lleno de feliz optimismo.

……

   Jensen regresa a la recepción evadiendo la mirada curiosa de Megan, o las sonrisas de Paris Hilton quien viene a comer con unas amistades, subiéndole las bolas de corbata. Lo que faltaba. Ahora se toparía con Genevieve y, con su mala suerte, resultaban comadres o algo así…

   No, no quiere pensar en eso, en su amiga embarazada, o en la alocada hija de su jefe que puede convertirse en una formidable enemiga si sabe que se burló de ella. No quiere pensar en Jared, ni en sus promesas al viento de que no permitiría que todo acabara así. Duele, pero así era. Todo había terminado antes de comenzar, en Roma, cuando Gen y Jared se encontraron empujados por el destino. Él debía procurarse el suyo. Ya no le importa mucho que los Hilton se disgustaran, tal vez fuera bueno que le corrieran, darle el empujón (como años ha lo hizo Jared con sus bromas); era hora de avanzar, de seguir. Recorre con la verde mirada el hermoso salón, clase y buen gusto por todos los rincones, sabe que extrañaría todo eso, pero era hora de abandonar la cama mullida y las sábanas de seda, y acostarse sobre el suelo de sus duros sueños. Tenía sus planes, debía perseverar. Aunque ahora…

   Sonríe leve mientras se lleva la mano al saco, buscando su teléfono móvil, era extraño como aquello que tanto le emocionaba y que a veces le quitaba el aliento o hasta el sueño por las noches al recordarlo, su lugar en el mundo, el que labraba con sus manos, ahora no causaba mayor impacto. Le eriza la piel reconocer que lo poco que vivió con Jared, a su lado y junto a él, fue más grande que cualquier otra cosa. Frunce el ceño y traga. Chris le llamaba. No, no puede hablarle ahora, aunque en algún momento tendrá que hacerlo, igual con su madre.

   Pero no en ese momento. Se tensa por un segundo al ver a Danni cruzar hacia uno de los salones fiestas, llevando al remolque a Genevieve y Jared, así como Chad. Por un instante, terrible y maravilloso, su mirada encuentra la del castaño, y se quedan así, paralizados, sin aliento. El más alto tropieza sin dejar de mirarle, pero cuando Chad se vuelve, ceñudo, el rubio desvía la mirada. Traga en seco, justo en ese momento el estar lejos, muy lejos de allí, le parecía muy reconfortante.

……

   Jared se dedicó a hablar con todo el mundo durante la última reunión antes de la boda, el tema era el mismo en todos los grupos, Danni había estado realmente tiránica durante los ensayos, arrugando incluso el ceño, algo que ella misma consideraba un pecado. Cuando Chad insinuó que podía salir así en la foto de la boda, le aparecieron dos arruguitas más. Al castaño le divirtió aunque andaba entre planos movedizos, le parecía que la realidad se desplazaba demasiado. Era feliz, estar ahí se sentía bien, hablando con aquellas dos mujeres con quienes estudió alguna vez y a quienes les unió un encuentro causal, y que descubre ahora que una trabaja con niños especiales, la otra atendiendo a una madre con Alzheimer. Al hombre le parece verlas con una luz nueva, algo noble en ellas que antes no notó. Obviamente Danni si. Eso le inquieta, el poder haber sido tan frívolo durante tanto tiempo. Lo otro que le mantiene los nervios de puntas es la eterna expectativa, siente la piel erizada y la adrenalina corriendo a mares por sus venas, casi mareándole, desde que vio a Jensen entrar al salón fiesta.

   No puede evitarlo, seguirle con la mirada, viéndole seguro, sereno, atractivo y seductor, soportando las brillantes e interesadas miradas femeninas y una que otra masculina. Porque si, joder, todos parecían tener algo que contarle al rubio, hasta el gilipollas de Tom Welling que a cada rato le acerca un ponche. Pobre Tom, no puede recriminarle el portarse como una alocada colegiala; ser descuidado e imprudente al mirar a Jensen Ackles de manera directa podía ser fatal. Sin embargo, arruga también el ceño, no le gusta como Tom ríe bobamente, todo rojo, mirando de manera patética a Jensen…

   -Quién lo diría, Tom está radiante. –escucha a sus espaldas la voz de Danni, que le hace pegar un bote obligándola a reír.- Me alegra que hallas decidido dejar tu cueva, joven osezno, pero deberías mirar a Jensen con más disimulo. Estás que babeas.

   -¡Yo no…! –comienza indignado.- Lo estoy, ¿verdad? –ella ríe nuevamente, eso le alivia.- Todo es tan extraño Danni. Nunca pensé en Jensen de esa manera, en ningún tío, y no, no pasé por ninguna etapa gay, menos con Chad, como Jessica insinuó una vez… -y se estremece.- Pero Jensen… -se vuelve a mirarle y ella sonríe, sabía pero triste.

   -Le miras y sabes en tu corazón que no puede haber nada mejor en ninguna otra parte, que Dios le hizo y el molde se destruyó, que tuviste suerte de encontrarlo porque te da sentido, y te asusta porque puede ser más importante para ti que tu propia vida, y si le perdieras… –el joven se vuelve a mirla, erizado de piel.- Así me siento yo con Shemar… le amor con todas las fuerzas de mi corazón. Y aunque no se lo diga, porque una mujer debe conservar ciertas cosas para sí, él es toda mi vida.

   -Danni, ¿qué voy a hacer? –pone los ojos de cachorrito.

   -Te diría que sigas tu corazón pero… -posa una de sus manitas en su brazo.- Camina con cuidado, amigo, lo que decidas, sea lo que sea, después tendrás que vivir con ello.

   Por alguna razón eso le inquieta, va a preguntar algo más cuando Shemar, desde una mesa, le hace a la pelirroja señas de pánico, rodeado por sus padres y los de Danni, donde es evidente que las doñas han comenzando a discutir, civilizadamente eso si, por algo. Botando aire, preguntándose cuándo terminará todo eso, la mujer se disculpa y va a su lado. Jared toma aire alzando los hombros, las palabras de su amiga dando vueltas en su cabeza. La vida era tan corta, eso se lo escuchó una vez a su abuelo, que los años y la vida pasan rápido, que en la juventud no parece, luego los días se escurren como el agua entre los dedos, momento cuando se desea aferrarlos con desesperación, que por ello, cuando se encuentra algo que te hace feliz, había que aferrarse a ello con uñas y dientes, para que el paso por la vida halla valido la pena. Estaba de más aclarar que el abuelo era muy dado a la bebida. Pero el consejo era bueno, reconoce mirando nuevamente a Jensen.

   La vida a su lado sería intensa, apasionada, aunque no exenta de problemas, siempre les mirarían extrañados, los amigos, conocidos y familiares jamás entenderían del todo que se hubiera enamorado de otro hombre, y él nunca encontraría las palabras exactas para hacérselos comprender porque las cosas caras del corazón, eso que emociona y enternece, es difícil explicarlo con imágenes que signifiquen algo para otros. Nunca podría hacer entender, a nadie, que al lado de Jensen está completo, una sensación que era tan extraña como abrumadora. Y maravillosa. Si, Danni tiene razón, casi asustaba sentir algo así. Y no, no puede perderle, se dice, con determinación…

   Y tal vez algo se note, porque Jensen, quien reía de algo que le contaba Kathy, se congela cuando sus ojos se encuentran. Al rubio se le va el color de la cara mientras un agradable ardor se extiende por su abdomen. En la mirada de Jared encuentra una intensa determinación, un “no te dejaré ir”, y es difícil de soportar. Volviéndose para tomar otra copa, con mano temblorosa, Jensen lucha, perdiendo, contra las esperanzas.

   ¡Escapar! Si, esa sería la mejor solución. Se lo propondría. Lo dejarían todo atrás, kilómetros de por medio, le avisaría a Genevieve y…

   -Entonces, ¿es Jensen? –Jared siente que cae bruscamente cuando la voz suena a sus espaldas, volviéndose y encarando a Genevieve, quien sonríe de manera tensa, incierta.

   -Gen… -grazna, sintiéndose culpable.

   -Sabía que algo ocurría. Desde que llegué noté que no eres el mismo que vi partir de Nueva York, alegre, despreocupado, haciendo mil planes felices sobre su hijo. Tu encierro era por depresión, ¿verdad? Te sentías horriblemente infeliz, porque vine y alguien a quien empezabas a ver se dio cuenta, terminando contigo. Lo supe ayer, iba a preguntarle a Chad sin ambages pero tú llegaste y me evadiste. Sabía que había alguien, lo que no esperé fue… -mira a Jensen, quien en ese momento la observa, viéndose receloso.

   -Gen, no es… no sé qué es. No entiendo qué pasó, pero… -toma aire, dejándolo salir y cayendo sus hombros.- Es cierto, hay algo entre Jensen y yo. –casi le dice que le ama, porque le ama, una emoción tan fuerte que nada más imaginarla como concepto, le hace feliz por dentro. Pero no era cosa de restregárselo a la mujer en el rostro.- No quiero que pienses que soy un miserable que te traicioné a la primera salida de viaje…

   -Jay, te conozco. No eres un perro como Chad, eres un hombre bueno. Sé que nunca te irías con alguien, estando con otra persona… a menos que intervinieran los sentimientos- medio ríe, rota.- Dios, y eso es lo que más me sorprende. –y asusta, pero no lo dice.- Estoy muy conciente que entre nosotros no hubo amor, nos queremos, somos amigos, nos agradamos… tanto que podemos ir a la cama. Pero no había amor… -sus ojos se humedecen un poco, con dolor, y Jared sabe que recuerda a Matt.- Pero ahora… -traga y le mira suplicante, tocándose el vientre.- Tengo miedo, Jay. Mucho miedo. El tiempo se acorta. Ya viene. Me asusta no poder estar a la altura de las circunstancias cuando llegue el momento, que de alguna manera fracase y este bebé…

   -No, no, todo estará bien, Gen, lo harás increíblemente. –se apresura, alarmado por un segundo, tomándole las manos, mirándola a los ojos.- Estamos preparados.

   -Estábamos… ahora… -ella se muerde el labio inferior, quiere ser fuerte, no decir nada, no sonar patética, pero la verdad es que tiene mucho miedo de quedarse sola durante el trance. Mucha gente, comenzado por ella misma al principio, no estuvo muy convencida de la conveniencia de llegar a buen termino con el embarazo, pero contra toda duda se alzaba siempre la enorme presencia alegre y optimista de Jared Padalecki. Ahora…

   El joven lo entiende, sabe todo eso que ella se niega a decir para no sonar mezquina. Dios, aún en ese momento la mujer no deseaba presionarle.

   -No te voy a dejar sola, Gen. –sonríe leve, tocándole el vientre, con afecto y esperanzas.- Estamos juntos en esto. Era el plan.

   -El plan era tenerlo, casarnos, ver si… -vuelve a morderse los labios, buscando con los ojos a un atractivo hombre joven, rubio y de ojos verdes, quien con rostro pensativo se toma una copa con cierta brusquedad.- Pero todo ha cambiado.

   -No… mi convicción. –le cuesta decirlo, luchando por sonreír y por no volver la mirada, por no ver a Jensen en esos momentos. Necesita de toda su fuerza de voluntad para brindarle a Genevieve seguridades de las que ni él mismo está convencido.

   -Jared… -duda.

   -Estaremos bien. Ya lo verás… -sonríe más, pero no es una mueca alegre.

……

   Cómo podía una noche durar tanto, se pregunta Jensen Ackles cuando no han pasado ni treinta minutos desde que cruzó una mirada a través del salón con Jared Padalecki y creyó ver en ellos una decisión tomada: eres tú. Sonríe con acidez mientras toma otra copa, evitando la curiosa mirada de Megan Fox, la necesitaba para apartarse el mal sabor de boca. Todo se había ido al caño… donde siempre estuvo en primer lugar.

   Bastó que Genevieve llegara donde Jared para que este recordara sus planes, su deber. Quiere odiarles, sentir rabia, gritar a alguien que Jared Padalecki es una mierda y Genevieve una mujer frustrada que vive una farsa; pero sabe que es injusto. Ellos ya habían planificado una vida antes de llegar al hotel, no había sido culpa de nadie que todos coincidieran en ese lugar, ni siquiera de Danni por planear su boda allí. Tal vez así debía ser, se dice, encontrar al castaño que le hizo llorar tanto cuando muchacho, sintiéndose gordito y cegatón, pobre e inadecuado para ser su amigo. Discutiendo, peleando, gritándole, cuando muchas veces en sus sueños el más alto llegaba, le tocaba y todo eran calenturas de adolescente.

   Era una etapa que debía cerrarse, dejar de preguntarse cómo pudo ser, qué habría sentido si… Intenta convencerse con un nudo en la garganta. Muy bien sabe lo casi imposible que será ahora olvidarle, no después de probar sus besos, de temblar bajo el toque de sus manos, de tenerle para sí, de mirarse en sus risueñas pupilas multicolores. Costaría pero lo lograría, se dice, lo  haría así como ha conquistado otras cumbres en su vida. Por un segundo cierra los ojos y se imagina ya bajo otros cielos, en otro lugar, uno donde no pensaría jamás en Jared para no llenarlo con su presencia. sonríe burlón, como si fuera tan fácil…

   Abre los ojos y se topa con la mirada de Jared, parece preocupado, por él. ¡Hijo de puta!, grandísimo perro, dulce y cariñoso mentiroso. Allí estaba, diciéndole con su mirada y hombros tensos que hay problemas, que tiene que decirle algo, que debe escucharle y entenderle, que debe…

   Termina su trago. No, no tiene que hacer nada. No hará nada. Tan sólo ayudará, por última vez, a un amigo. A dos, si contaba a Genevieve. Era su deber. Mañana lo lamentará, con el tiempo olvidaría. O eso esperaba. Era lo mejor.

……

   Dios, qué tortura, se queja para sus adentros Jared, otra vez casi botando sobre sus pies. Es la quinta vez que le indica a Jensen que le espere en un punto determinado porque quiere hablar, y este le mira como si no entendiera, alejándose. Evitándole.

   -¡Quieres dejar esa maldita cara de probador de vinagres! -exclama Chad llegando a su lado.- Tienes a todo el mundo intrigado. Y ya casi le perforas dos orificios a Jensen en la nuca con la intensidad de tu mirada.

   -¡Me está evitando otra vez, Chad! Habíamos hablado, creí que… -suena amargo, alicaído.

   -Amigo, lo que voy a decirte es por tu bien y lo digo como tu casi hermano… ¡Deja de comportarte como un cabrón! –le desconcierta.- Te vi con Genevieve, para cualquiera que supiera lo que está pasando entre ella, tú y Jensen, bien puede imaginar lo que hablaban y el acuerdo al que llegaron, le diste seguridades, ¿no?, te quedas a su lado. JT, amigo, si yo, que no me importa nada que no tenga que ver con el Chad, lo deduje, imagina Jensen.

   -Es complicado.

   -Bien. Sigue adelante con tus planes originales.

   -¡No puedo dejar a Jensen! –se exaspera, desesperado, sabe que es irracional en su postura pero no puede evitarlo.

   -Díselo así a Genevieve.

   -No puedo dejarla sola en estos momentos o causarle más angustias.

   -Joder, ¿se puede saber que coño quieres? Ah, no, a mí no me digas nada más, entre Sandy, Jessica y tú están arruinándome estos días en este paraíso lleno de beldades hermosas y solas. ¿Sabes que no he echado un polvo en tres días? ¡Tres días! –enfatiza como sorprendido él mismo, y por ese camino se va, enfrascándose para alivio de un confundido Jared, en su tema preferido: Chad.

……

   No le buscará, no dejará que le hable, no quiere escuchar nada de lo que tenga que decirle ahora. Sabe que es irracional porque hasta hace media hora estaba dispuesto a ayudarle, a hacer algo grande por él, pero Jared…

   -Vaya cara para una fiesta. –la voz a sus espaldas, ronca y cadenciosa de Texas, le impacta, volviéndose inmediatamente.- ¿Cómo estás hijo de perra?, ¿tanto cuesta responder un teléfono?

   -¡Chris! –jadea, sintiéndose mareado y sobrepasado por las emociones.

   Allí frente a él estaba Chris Kane, recio y de mirada burlona, cabellos largos y aire indolente. Pero era tan sólo la coraza que ocultaba a un verdadero amigo. Alguien que le apreciaba y con quien podía abrirse, estaba allí. Y la idea le debilita, no quiere, pero su rostro se crispa al dejarse llevar por el dolor y la angustia, desconcertándole.

   -¡Ey, Ey!, ¿estás bien? –frunce mucho el ceño el otro hombre, y hace algo muy suyo, algo que no es costumbre sino en los grandes momentos, porque sabe que es necesario: atrapa a Jensen en un fuerte abrazo, sintiéndole temblar y tragar con esfuerzo, luchando contra sus emociones. Es un abrazo de cariño, uno que da alguien que quiere.

   -Pero, ¿qué diablos…? –grazna Jared Padalecki, mirando a la pareja, viéndolo todo rojo, cerrando los puños. ¿Quién era ese sujeto? ¿Y por qué aún no le reventaba la crisma?, se preguntan dando un paso al frente, ante la sorpresa de Chad.

CONTINÚA … 26

Julio César.

NOTA: ¡La pobre Meg!

CASUAL

marzo 26, 2013

ALGO POR ALGO

JOVEN Y SEXY EN BIKINI

   A pesar de lo informal cuando recibe visitas… eso se la pasa lleno de chicos.

POBRE CHICO DESDEÑADO

Julio César.

POR EL BONITO CONTRA LOS ARGENTINOS

marzo 22, 2013

EVO Y EL VENENO

VINOTINTO

   Suerte…

   La oncena de la selección nacional de futbol venezolano ya se encuentra en la Argentina para cumplir una de sus dos duras pruebas FIFA, una contra el equipo de casa en el Monumental, con su Lionel Messi, como si todo lo demás no pesara ya, y luego enfrentará a Colombia, ante la cual a veces no va bien, a veces nos va mal. Aparentemente ya no podemos fallar, perder es quedar fuera de toda posibilidad del Mundial en Brasil… o eso siempre nos dicen, después salen las cuatro mil cuentas raras y queda otra minúscula ventanilla abierta. Les deseo lo mejor, Juan Arango estará presente, eso siempre deja lugar a la esperanza. No quiero ser pesimista, pero después de la debacle de Venezuela en el Clásico Mundial de Béisbol cuesta no serlo. Tengo por el señor César Farias “la misma fe” que le tenía a Sojo, y eso que soy magallanero. Como Vinotinto, ¿Venezuela ha ganado algún sudamericano de básquet, algún torneo de béisbol, futbol o lo que sea más allá de infantil o preinfantil?

EL ENCANTO DE LA LISTA…

Julio César.

EL ENCANTO DE CIERTOS LUGARES

marzo 22, 2013

EXTREMO

CHUPADA EN COCHE

   Le habían dicho que ocurría, pero nunca creyó que…

   Cuando a Germán un amigo medio delicadón le invitó a un autocine para que comprobara que todo el que iba tenía sexo, no le creyó, pero fue para ver. Quién sabe, tal vez llevaría luego a su novia que no se dejaba. Una vez allí, rodeados de oscuridad, de luces en pantalla que estallaban de pronto iluminando a gente tirando, los jadeos provenientes de esos autos, el peligro que de quien pasara mirara carros adentro, y sin saber exactamente cómo, todo eran jadeos, gruñidos y empujadas garganta abajo con su amigo. Y ronroneando, saboreando cada segundo del momento, Germán tiene que tragarse… todas sus dudas guiando por la firme mano de su amigo.

EXAGERACION

Julio César.

LO CURIOSO DE LAS INJERENCIAS…

marzo 22, 2013

EVO Y EL VENENO

NICOLAS MADURO

   No son buenas ni son malas, sino todo lo contrario…

   No hay persona más necia, realmente necia, que aquella que pretende ir por la vida con dos códigos de conductas, condenando en otros lo que practica activamente. Lo tonto viene de lo visible, si la gente no sabe y lo hace, bien, ¿pero cuando todos lo notan? El presidente encargado de Venezuela, Nicolás Maduro, se queja de la injerencia de Estados Unidos en asuntos venezolanos porque no sé cuál Secretaría dijo que las elecciones deberían ser limpias. Eso le molesta. Pero antes, en un foro internacional, aplaudió hasta las lágrimas cuando un viejo asesino antillano, tirano de su país, insultó a los venezolanos, llegando incluso a pedir la pena de muerte para quienes no se sometieran. Si uno va a criticar y condenar las injerencias, debe condenar y criticar todas las injerencias, no sólo aquellas que le son contrarias. Lo otro es imbecilidad porque todo el mundo está viendo de qué pata se cojea. Señor Maduro, sea molusco o sea marisco, pero no las dos cosas.

POR EL BONITO CONTRA LOS ARGENTINOS

Julio César.

LEY SECA… HEMOS VENIDO A ESTE MUNDO A SUFRIR

marzo 22, 2013

YA NO ES COMO ANTES…

AY DE MI

   -Ay de mí…

   Este día viernes que viene, de Concilio, hay varias tradiciones que me gustan aunque no soy totalmente practicante. En los templos de nuestra Iglesia Católica hay misas con presentaciones de conciertos sacros, y hay confesiones. Este año al viernes se le sumará una obligación… comprar aguardiente porque este Gobierno imbécil va a decretar ley seca, otra vez.

   Hace tiempo, viendo a los Simpson, me reí bastante con un episodio donde se celebraba en día de San Patricio y lo único que hacía la gente era beber, discutir y vomitar. Por una razón u otra, Bart tomó algo de cerveza y se emborrachó. Una cámara de televisión lo captó y él, mal encarado, dijo una frase que todos reconocemos: “Y tú, ¿qué me ves?”. En la prensa le respondieron, veían una sociedad que naufragaba por el vicio del licor, así, en Springfield se habó de… prohibición. Fue tan gracioso, cuando se decretó, Homero en su cocina, Moe y Barney en la cantina, y la esposa del doctor Hibbert estaban desmayados con el periódico en la mano. Habían caído con la impresión. Parecía todo tan exagerado…

   Hasta que el gobierno de Venezuela decretó nada más conocerse la muerte del presidente Chávez, una ley seca estricta que duró casi dos semanas. Y fue un infierno. Agoté mis reservas y la de algunos amigos. Visitando a mis hermanos les pregunté a mis cuñados si era que no compraban y guardaban, uno me respondió que no podía, si reunía dos botellas aparecía alguien y se las tomaban. Todos decían que vendían aquí o allá, pero uno iba y no había nada. O no quedaba. ¡Casi dos semanas de ley seca! Claro, la gente que cree que puede pensar por otros dirá que eso era bueno, que tomar daña la salud, que así se evitaban muchos accidentes y actos de violencia, a lo que replico muy respetuosamente que yo con mis reales hago lo que me da mi regalada gana, y si quiero agarrar una buena rasca lo hago porque para eso trabajo, para pagarme las vainas que me gustan (qué atrevidos pueden ser algunos creyéndose el ombligo del mundo).

   ¿Qué hay menos accidentes viales? ¿Por qué una persona que bebe sale a conducir? ¿Por qué a los borrachos que conducen no se les detiene y al comprobarse su falta se les retira permanentemente la licencia y se acaba con eso? muerto el perro se acabó la rabia. Beber está bien, pero si después sales a manejar tienes que pagarlo de una manera dolorosa, una que no se olvide y asuste a posibles infractores (que nunca será totalmente, la pena de muerte en Estados Unidos no ha reducido a cero los asesinatos, pero es un buen sistema). A quien pillen conduciendo borracho que se le impida conducir en el futuro por el resto de su vida. ¿Qué suena extremoso? Qué no conduzca si bebe. O bebes o conduces. Ah, pero para que se cumpla la ley hay que trabajar, vigilar, detener, enviar a un tribunal y despojarle de la licencia asentándose su prohibición a perpetuidad; es cómo mucho, ¿verdad? Entonces es mejor castigar a todo el mundo que cumplir ordenanzas reguladoras.

   ¿Qué se evita la violencia al reducir el consumo de alcohol? Imagino que hablan de la domestica o local, esos borracho mugrosos que después de cuatro copas gritan todo lo que odian a la mujer y a los hijos, o a los hermanos o vecinos. Pero eso no es culpa de la sociedad como un todo, es responsabilidad de ellos, ¿quién se reúne con gente así? ¿Quién en su sano juicio invita a ninguna parte a un carajo o mujer que después de borrachos gritan, insultan o pelean? ¿Qué mujer con tres dedos de frente se casa y le pare a un monstruo de esos que un día puede matarles? Ah, no, pero es responsabilidad de todo el mundo menos de ellos. Ahora, que si están hablando de reducir los índices de criminalidad, prohibir la caña es una medida idiota, nadie se rasca a los límites de caerse de sus propios pies para tomar una pistola e ir a cobrar peaje, atracar bancos o robar carros. Lo único que pueden conseguir es que les golpeen, los encarcelen o salgan ellos mismos con los pies por delante.

   Dicen que al presidente encargado (aunque legalmente no le tocaba) Nicolás Maduro, es practicante de una de esas religiones curiosas que vienen de la India, y que no bebe. Cuesta creerlo de un venezolano, sobre todo de alguien con esa cara cultivada de charro mexicano de tascas en el Centro. Si esa es la razón, que como él no toma le importan un carajo los demás, bien egoísta que es. Imagino que la otra razón es más valedera, que como no se podía imponer una tristeza nacional como en Corea del Norte, donde te detenían si no te veías lo suficientemente triste al paso de la carroza fúnebre del “héroe de la patria” por allá, quisieron evitar que la gente hiciera fiestas por su cuenta. No celebrando el hecho de la muerte presidencial, ¿eh? (ni que el difunto hubiera robado el trabajo de otro, perseguido, encarcelado, exiliado o condenado a muerte a sus presos políticos mediante enfermedades en las cárceles); me refiero a bodas, cumpleaños, graduaciones y gente que se reúne y bebe sin una razón necesaria (mi caso). Tampoco me parece muy justo, aunque algo de recato había que mostrar. Creo que era difícil pensar que había muerto el Presidente, siendo que no se sabía nada de él desde hacía tanto tiempo, cuando se hablaba de “el secuestro de los Castro”, llegándose a la ilegalidad y cantinflada de enero a manos del Tribunal Supremo de Justicia (el hombre no está aquí ni allá pero no está ausente), que terminó de embarrarla.

   Con ese macabro sentido del humor del venezolano, el cual se quiere penalizar igual que el rumor, aunque la total falta de información oportuna y verás de parte del Gobierno debería justificarlo (ni lavan ni prestan la batea), un mensaje telefónico ya circulaba el día jueves de la semana pasada, un día antes del nuevo feriado (para quienes no querían al Presidente muerto hace tantos días a esas alturas, al señor Maduro se le pasó la mano usándolo para su campaña), que rezaba: “Pueblo, arréchate y sal a la calle a exigir la verdad, queremos saber qué está pasando, ¿acaso el Oso está muerto y no quieren decirlo? ¡Hablen ya!”, una clara referencia al símbolo de cervecería Polar.

   Como sea, fueron días largos, llegado el sábado pasado, la gente se volvió como loca, y en palabras de mi hermano (quien no está bebiendo por ahora porque toma antibióticos, ¿qué moral tiene?), “dio pena”, casi asaltan las licorerías con carritos de mercado. Debo confesar que… también yo. Ahora habrá que correr otra vez, los borrachos somos una raza sufrida, ¿cuándo terminará la persecución? Y como si las cosas no fueran ya lo suficientemente malas, la cerveza Brahma anuncia que se va del país, pues ya no pueden con esa mucura de agua que es el cerco de ilegalidades laborales de un régimen tramposo. Otra empresa que cierra, cientos de padres y madres, trabajadores todos que quedarán sin empleo.

   Bien, ya viene la Semana Mayor, pidamos todos al Cielo por una luz en medio de esta oscuridad que es el Gobierno: Señor, ilumínalos o elimínalos.

A VOTAR TODO EL QUE SE QUIERA EXPRESAR

Julio César.

NOTA: Esa frase, ilumínalo o eliminado, la utilizó el señor Pedro Picapiedra respecto a Pablo Mármol cuando allanaban una casa sospechando que el dueño era un asesino de nombre Malatesta o algo así, y Pablo dijo que no, ya que encontró un libro con su nombre, Arqueo Logia, y era Arqueología.

DEVOCIÓN

marzo 22, 2013

GENTE QUE SE PICA

UN TIO ESPERA

   Casi cae de rodillas…

   -Señor, aquí estoy ante ti, humilde y sumiso, haz conmigo lo que sea tu voluntad. –ofrece tembloroso de fervor.

   -Ya bajo. –gruñe el rudo vecino, barbudo y siempre como sucio.- ¿Te lavaste bien? –pregunta aunque él parece nunca bañarse.- Voy a darte hasta con la hostia. -promete y el chico casi llora de exaltación y felicidad.

LOS LUCHADORES EN LA LUCHA

Julio César.

PRUEBAS DEL DESTINO, SEGUNDA PARTE… 2

marzo 21, 2013

PRUEBAS DEL DESTINO, SEGUNDA PARTE

Título: Pruebas del Destino 2

Autor: Said Hernández

Esta vez los capítulos van acompañados de una canción.

http://www.youtube.com/watch?feature=playe…e&v=bRBCwATOM2o

DESTINO 2

Cancion: Jamas Abandone- Laura Pausini.

http://www.youtube.com/watch?feature=playe…e&v=uJ_ygRgQj9I

Capítulo 2: El Nuevo Trabajador.

   -¿De que quieres hablar, Jay? -la chica usó su mejor tono seductor y Jared hizo una mueca de desagrado, no entendía cómo es que podía haber llegado a salir con ella.

   -Primero, no me digas “Jay”.

   -De acuerdo. –sandy compuso un puchero, cosa que antes a Jared le causaba ternura, ahora no le provoca nada, solo una gran decepción de sí mismo.

   -Segundo, ¿desde cuándo trabajas aquí?

   La chica pensó rápido y contestó, de igual manera no quería que se enterara de la verdad.

   -Desde hace dos semanas, cuando te fuiste a Seattle busqué trabajo y me lo dieron aquí.

   -¿Y por qué te pusieron como mi secretaria?

   -No lo sé, Jay… Jared.

   -Sólo… no trates de hacer nada y no te despediré.

   Jared entró furioso a la oficina, preguntándose por qué le pasaba eso. Primero Jensen y él habían terminado por culpa del mendigo traslado, que le ayudaba a él pero no a su corazón. Luego Sandy, su ex novia, era su nueva secretaria y para colmo tenía pendiente lo del nuevo trabajador.

   Escuchó el teléfono y con un quejido contestó de mala gana, esperando escuchar esa voz masculina rasposa y hermosa que tanto le gustaba, pero no, era “la voz de Sandy” pensó con una mueca de disgusto.

   -Jared, el dibujante está aquí.

   -¿Qué? ¿Cuál dibujante?

   Preguntó pero era demasiado tarde, la secretaria ya había colgado el teléfono y un chico castaño y no muy alto había entrado.

   *No es tu día*, suspiró frustrado su subconsciente. Definitivamente no era su día pero… “qué es todo esto”.

   -Lo siento, debe haber un error… -comenzó a hablar Jared lo más tranquilo que podía.

   -¿Error? -la voz del chico era extraña y a Jared no le importó.

   Por supuesto que había un error, Jared ya tenía un dibujante, su amigo Chad que estaba con él y acomodaba su casa mientras él estaba ahorita en el trabajo. Jared tenía un departamento aquí en la ciudad, su ciudad natal, pero no quería quedarse solo porque seguro tendría pesadillas y no quería tenerlas, no estaba listo para ellas.

   -Si, un error, yo ya tengo dibujantes.

   El chico hizo una mueca y revisó uno de los folders que tenía.

   -El joven Chad, como usted lo llama, no trabaja en esta empresa, por lo tanto no puede ser su dibujante y ahora yo trabajaré con la señorita Harris.

   -¿Qué?
   -Bajo órdenes de su jefe, ahora yo trabajaré con la señorita Harris.

   Esto ya era demasiado.

   Jared tenía algunas dudas de que fuera el presidente quien dio esta orden, pero no duraron mucho al ver lo sombrío que era el chico.

   *¿Todos los que están cerca de él son así?*, Jared asintió para sí mismo por la pregunta de su subconsciente.

   “Claro, estas eran órdenes de Zabala”, miró con rabia al chico.

   -Debo hablar de esto con mi jefe, gracias por presentarse. -lo último lo dijo en tono autoritario, alzando los hombros y la barbilla para ser intimidante, cosa que funcionó porque el chico salió de la oficina, seguido por Jared que ahora ya estaba bastante molesto por toda la situación.

   -Jared, ¿pasa algo? -la voz de su secretaria hizo que se enfureciera más.

   -Si, y no te incumbe. -volvió a entrar a la oficina y se jaló los cabellos. Todo era mucho mejor en Seattle, más fácil y las personas eran más amables. Aquí le ponían cosas que a él ni le gustaban.

   *Eres el vicepresidente*, dijo su subconsciente y Jared sonrió para sí mismo. Claro era el vicepresidente, podían ponerle una secretaria que él odiaba, o más bien no soportaba y podían despedir a su dibujante, pero era lo único que le harían porque no se iba a dejar de nadie, desde ahora en adelante. Como en el primer día en Seattle aquí tampoco había mucho que hacer, se fue a su departamento y se tumbó en la cama. No dormía mucho porque siempre soñaba con Jensen, algunas veces eran fantasías otras pesadillas, no se quejaba cuando soñaba que estaban en la cama besándose, pero no le gustaba cuando soñaba con el día anterior. La separación fue muy dolorosa para Jared, que trataba de superarlo, pero no es tan fácil olvidar al amor de tu vida. Se volteó, abrazo la almohada del espacio vacío junto a él y miró la oscuridad.

……

   -¿Ya vamos a llegar? -preguntó Jensen, impaciente mirando por la ventanilla.

   -Sólo llevamos 20 minutos en el avión. -su amiga le sonrió y pidió algo de comer.
   -No tengo hambre. -reprochó Jensen.

   -No me importa, vas a comer.

   -No eres mi madre y no soy un niño.

   -Entonces, no te comportes como uno.

   Danneel sacó un blog de dibujo, un lápiz y se puso a dibujar, sonriendo como siempre. Por lo visto era su mejor pasatiempo.

   -Ya quiero llegar. -fue lo último que dijo Jensen.

   No sabía porqué estaba tan ansioso, nunca se había comportado de esa manera. Bueno, solo una vez, pero no valía la pena recordarlo. Ahora, tal vez se comportaba así porque vería nuevamente a Jared, tal vez el castaño correría a abrazarlo y besarlo, eso esperaba, poder estar de nuevo junto a su castaño de ojos almendrados. Sonrió mirando los pastizales por debajo de ellos.

   El vuelo se le había hecho eterno y tendría que estar en su nuevo trabajo en dos horas. Pensó que tal vez era un poco tarde, pero en realidad su amigo le había dicho que solo le iban a enseñar las instalaciones y le iban a decir lo que tenía que hacer con su nuevo personal.

   Nunca creyó que él tendría personal a sus órdenes y la verdad no pensaba ser un jefe mandón y malvado. Pensaba tratar a todos sus empleados como Jared lo trató a él, claro, solo que no los iba a besar, a follarlos en el ascensor o a decirles que los ama. Suspiró para sí mismo mientras pensaba en esos maravillosos momentos que vivió junto al castaño, momentos que ahora estaban destrozados y tal vez, todo era por su culpa.

   Tomaron un taxi, recorrieron Nueva York y se asombró cuando vio que el departamento de Danneel estaba frente al Central Park. Antes de bajar del taxi pudo ver a un chico muy parecido a Chad, el amigo de Jared, saliendo del edificio. Se encogió de hombros diciéndose que seguro estaba alucinando, salió del taxi y ayudó a Danneel a bajar todas las maletas.

   Él no tenía más que una maleta, pero Danneel, al parecer, necesitaba de mucha ropa para poder sobrevivir. Subieron juntos las maletas y la pelirroja lo miró ladeando la cabeza.

   -¿Estas muy ansioso?

   -Demasiado!!! Desempacamos, me doy una ducha y me voy.

   -Jensen, tómalo con calma, si el gorila en verdad te ama, créeme que te podrá esperar un poco mas.

   -Danneel, no dudes que me ama, yo lo sé y no quiero hacerlo esperar.
   -Como digas. -tomó sus maletas, se fue a una habitación y desde allí dijo.- Al fondo está tu habitación.

   Jensen abrió la puerta de la habitación del fondo. Estaba bastante bonita y tenía un balcón con vista al hermoso Parque Central, así que sonrió pensando que tal vez, él y Jared podrían visitar el parque como cuando él le compró un globo. Fue a su maleta y sacó el plástico rojo, lo puso bajo la almohada de la cama y se tiró en ella. Recorrió las sábanas con su mano, imaginando a Jared ahí tirado junto a él, jadeando y tratando de recuperar la respiración después de hacer el amor.

   -No estés fantaseando. -le interrumpió la chica haciendo que Jensen se sonrojara demasiado.

   -Lo siento. -respondió mordiendose el labio divertido.

   -Cuando lo traigas a casa, para hacer sus cosas, avisame para no estar. -esto consiguió que Jensen se sonrojara aun más.

   Claro que quería hacer “cosas” con Jared en esa cama, que le haga el amor en tantas posiciones como sean posibles, pero ese no era el momento para pensar en eso así que, sacudió la cabeza para dejar de lado esos pensamientos.

   Miró el baño, “la tina” pensó y sonrió, pues Jared tenía una tina en Seattle, pero esta era hermosa, grande y muy bien decorada.

   Todo en la habitación combinaba con el baño color café. Frente a la tina había una pequeña repisa, junto a una plantita y al lado de la tina había otra repisa con todos los jabones, champús y posiblemente las burbujas. Se metió a la regadera y se dio rápidamente una ducha, salió del baño solo con una toalla y vio a Danneel sentada en la orilla de la cama.

   -Jensen, no me provoques, que puedo violarte.

   -Danneel… -fue lo único que el rubio pudo exclamar, pues estaba sorprendido por lo que la chica acababa de decir.

   Danneel rió a carcajadas al escuchar como Jensen decía su nombre y verlo sonrojarse era muy cómico, se levantó y se acercó al rubio.

   Jensen se alejó de la chica que sonreía, esperaba que su amiga solo estuviera jugando y así era, porque ésta pasó junto a él y salió del cuarto. Se vistió rápido con un pantalón de mezclilla, una camisa y un saco negro que mostraba su juventud y como en esta ciudad todos eran fashion el no quería desentonar.

   “Fashion”, rió, solo por lo que acababa de pensar, “a la mierda lo que piensen los demás”, solo le importa lo que piense una persona.

   Salió del departamento y caminó por la manzana. De acuerdo, no conocía Nueva York y no quiso pedirle indicaciones a Danneel, miró hacia el cielo, pues de seguro las oficinas de Jeret Entertaiment eran tan altas como el edificio Empire State.

   Miró a todos lados, pero no pudo distinguir nada, sacó su billetera y solo tenía 100 dólares, lo demás lo había dejado en casa, no era bueno salir con todo el dinero. Llamó a un taxi pero todos estaban ocupados, bien, estaba en la jungla.

   Siempre pensó que lo que decían de la ciudad de Nueva York era pura farsa, ahora se dio cuenta que no, era cierto, trató de pedir indicaciones a la señora que vende el periódico, pero un señor le empujó, causando que casi tirara todos los periódicos y por eso la señora comenzó a gritarle, quien sabe que tantas malas palabras.

   “Solo tiré un periódico y lo compré, no entiendo por qué se queja”, pensó Jensen y siguió caminando perdido.

……
   Esa mañana Jared no quería levantarse, pero tenía que ir a trabajar. Además recibiría al nuevo jefe, cosa que no podía posponer porque tendría que ayudarle a conocer la ciudad, si este lo necesitaba.

   Suspiró y se dio un baño de burbujas, necesitaba estar muy relajado para lo que vendría, pues tener que lidiar con Sandy era todo un martirio. Salió vestido con un traje gris al estilo Zabala, *tétrico*, dijo su subconsciente y se comenzó a reír como un loco. Salió de su cuarto y se encontró con su amigo Chad.

   -Bien, ya te acompañé dos noches, debo irme a mi casa. -Chad se había quedado en la habitación vacía del departamento de Jared, aunque para Jared era como estar mortalmente solo, pues Chad siempre estaba dibujando o en la laptop, conociendo chicas nuevas en las redes sociales.

   -Gracias, Chad. -fue lo único que dijo.

   -No agradezcas, oye, las vecinas dicen que hoy llegará un nuevo inquilino.

   -¿Las vecinas? -Jared rió a carcajadas, la imagen de Chad hablando con las viejitas de su edificio podría ser algo digno de ver en vivo.

   -Si, esas señoras están locas. -Chad le miró de lado, no entendía porque se reía pero como no entendía muchas cosas, se encogió de hombros.

   -Chad, debo irme al trabajo, puedes empacar y yo en la noche mandaré tu equipaje.
   -Gracias amigo, entonces empacaré y me largaré.

   -Adiós, te veo luego.

   -Si, como digas.

   El castaño bajó al estacionamiento y se subió a su auto. La verdad nunca le habían gustado mucho los autos, pero este le llamó la atención desde la primera vez que lo vio, además era fácil de conducir y el color blanco le sentaba muy bien. Bueno, todos los colores le sentaban bien a su Porsche Panamera, sonrió para sí mismo y condujo hacia su trabajo.

   La mañana se había ido extremadamente lenta, se le hizo eterno tener que trabajara con Sandy, eterno y fastidioso.

   Solo faltaban diez minutos para que el nuevo jefe de vídeo se presentará y sentía unas extrañas cosquillas en el estómago que no podía explicar.

   -Jared. -entró la chica a su oficina.

   -Dime, Sandy.

   -Te ves muy tenso. -Sandy se puso detrás de él y comenzó a hacerle un masaje.

   -No, Sandy, no necesito esto. -Jared estaba en realidad bastante tenso y aflojó los hombros cediendo.

   *Déjate, solo es un masaje, pero que no se propase*, dijo su subconsciente que ya estaba disfrutando del masaje.

   -Dejame ayudarte…

   -De acuerdo. -Jared se recargó en la silla, disfrutando del masaje.

   Una silueta pasó por enfrente de la puerta de cristal, Jared pensó que era el nuevo empleado, pero no se apartó de las manos de la chica, pues seguro el nuevo entendería que solo era un masaje.

   El chico se paró frente a la entrada y a Jared casi se le cae la quijada, su subconsciente se apartó rápidamente de las manos de Sandy al igual que él.

   -Buenos días, señor Padalecki..

Continua … 3

RATON MORAL

marzo 21, 2013

GENTE QUE SE PICA

VELLUDO, SEXY Y MOJADO

   ¿Acaso habría estado caliente y mojado?

   El rudo macho toma una larga ducha, la cabeza le duele, nada recuerda de la noche anterior, que fue de copas, ni de cómo terminó en esa cama con aquel pana, acunado contra su panza; tan sólo sabe que al lavarse la algo adolorida retaguardia encontró algo untoso y oloroso que le resbalaba…

   -Coño, ¿cómo me pasó esto… otra vez?

DEVOCIÓN

Julio César.

CONOCIDO

marzo 21, 2013

…LAS GANAS

EXHIBICIONISMO GAY

   No podía explicar por qué le gustaba tanto…

   …Pero así era, intuyen los hombres en aquella oficina cuando captan al muchacho travieso dándole su mejor cara a la cámara. Nadie recuerda cómo llegaron a esa página web, pero les divirtió (dicen) y continuaron viendo como jugaba consigo mismo, como hacía desaparecer dedos, lapiceros y juguetes. Todas las tardes, a la misma hora, el chico regresaba. Y ellos le veían… Hasta que la toma se abre, mostrando el rincón y uno de los sujetos, ojos puyúos, boca seca y lo otro duro, grita para sus adentros: ¡Coño, ese es el cuarto de mi hijo!, se dice sorprendido y escandalizado… pero sin apagar el aparato.

NIEGALO…

Julio César.

DE MACHO A ESCLAVO… 20

marzo 21, 2013

…ESCLAVO                         … 19

   El siguiente es un relato que cae dentro del género que llamo maldito, un sujeto va a una casa buscando algo y sale con otra. No es mío, es una traducción adaptación, por lo que le pido al escritor original, John <seekingurdick@ yahoo.com, si llega a enterarse de lo que hago, que no se moleste. Su relato es corto, directo y bueno, por eso lo cito. Disfruten de…

……

Asunto: El despertar de Joe

Fecha: Jueves, 22 de diciembre 2005 18:22:04 -0800 (PST)

De: John <seekingurdick@yahoo.com

EL CHICO DEL HILO DENTAL CLARO

   Con placer asume su papel…

……

   No aguanta más, se tiende nuevamente hacia la mesita y se congela. Sus ojos oscurecen, sus mejillas enrojecen, sus labios carnosos y húmedos tiemblan. En esa bolsita que Richard le dio había algo más, de lo que nada le dijo. Con manos temblorosas saca una delgada y lustrosa correa de cuero. La mira intentando alejar esas ideas, resistir, ser un hombre y no ceder… pero ya la lleva a su cuello y cierra, un tanto ajustada, cuando traga la siente y su verga ahora si que moja la diminuta tanga. Toma el consolador y lo lame, ensalivándolo, cayendo otra vez de espaldas en la cama. Cierra los ojos y lame el delgado juguete, soñando con machos, sus vergas ahogándole, quemándole la lengua. Lo baja por su cuerpo, sus tetillas queman horriblemente cuando las frota con él. Pero basta de juegos, se dice alzando las rodillas, abriéndose, metiendo el juguete a lo largo bajo su pliegue y estremeciéndose por el paso del juguete bajo su culo, uno que sabe lo tiene pulsando de ganas.

   Aparta la tirita de la tanga, frota la lisa cabeza del juguete y lo hunde. Grita y se tensa, ojos terriblemente cerrados. Lo tiene bien metido y lo enciende, el suave zumbido y las oleadas del movimiento le vuelven gelatina. Grita ronco, sintiéndose alzado y excitado al máximo. Lo saca un poco, vibrando, y lo mete. Lo hunde y lo retira de manera lenta, rítmica, y ya no piensa. Imágenes confusas se suceden en su mente. Hombres grandes y velludos, güevos enormes y duros, todos rodeándole, todos tocándole, todos hundiendo sus buenos miembros en su culo, uno que se abre y cierra vergonzosamente hambriento. Y la unión del consolador y de sus fantasías le tienen gritando, subiendo y bajando su culo con vicio, la cama traqueteando en el cuarto, oyendo todos los sonidos a lo lejos, autos, voces, risas, incapaz de entenderlos o captarlos completamente. Está perdido en las regiones de la estimulación anal y nada como no fuera un poderoso, total y abundante clímax le regresaría al mundo de la gente funcional. Era un esclavo de su deseo, e inconcientemente lo sabe mientras echa la cabeza hacia atrás, su bíceps moviéndose mientras se encula con el juguete, sus tetillas imposiblemente duras y excitantes en su visión.

   Está perdido en un cuarto inmenso, oscuro, él de espaldas sobre un mesón, los hombres sucediéndose sobre él, llenando de güevos su boca golosa y su culo ávido con fuertes embestidas, todos llamándole perra viciosa. Otros frotándole con sus trancas calientes y babeantes, su cuerpo brillante de líquidos pre-eyaculares. Y mientras se deja llevar, imposibilitado de mentirse a sí mismo, lo que su cuerpo desea tan fervientemente aunque su mente aún se resista, su mano va y viene, su culo sube y baja sobre el colchón, siempre contra el consolador que era un pobre paliativo, reconoce con las mejillas rojas de vergüenza, de una verga verdadera. Una buena verga de macho, llena de sangre y leche, sería mucho mejor. Su redondo anillo cae, abriéndose y tragando el juguete cuando lo piensa y está delirando.

   Babeando de gusto grita otra vez, cae de panza y jadea, manos junto a su rostro, ojos cerrados, nalgas alzadas, el consolador clavado en su culo, vibrando rítmicamente, la tirita del hilo dental apoyada contra él. Se deja llevar, gime ronco y muerde la sábana, abre las piernas y comienza a bailar sus nalgas, su culo agitado, apretando y sobando el aparatito.

   -¿Qué será todo ese ruido? Seguro que Joe ve pornografía. –se oye la risueña voz de una mujer que abre la puerta y entra, rubia y menuda, el caballo en una coleta. Se le ve feliz de regresar a casa. Hasta que grita de la impresión.

   El hombre, mareado, ojos cubiertos de lujuria y vicio, la escucha, se vuelve hacia la puerta, la ve, allí de pie, ojos muy abierto, boca temblorosa. ¡Fiona! Fiona había llegado y le había descubierto en…

   -¡Dios mío! ¿Pero qué es esto, Joe? ¿Qué mierda es está? ¿Qué estas haciendo, y sobre nuestra cama, maldito vagabundo? –le grita, alterada, llevándose una mano a la boca.

   -Cariño, no es lo que crees… -grazna agudo, palideciendo entre su bronceado, medio alzándose en brazos y rodillas para ponerse de pie, subiendo más sus nalgas redondas, donde destacan la telita de la tanga y el consolador… Y es así como le ve Owen, el hermano de Fiona cuando se asoma alarmado por los gritos de ella.

   -¿Qué pasa? ¿Está con otra? ¡Santa mierda! –grazna el hombre, cerrando los puños con ira.- ¡Maldito hijo de puta!

   -Dios, ¡míralo! Es un sucio… -grita Fiona, incapaz de reaccionar, llorando y llenándose de ira frustrada.

   -Fiona…

   -Hijo de puta, ¡sácate eso del culo! ¡Y quítate esa  pantaleta! ¡Y el collar! Mierda, ¿qué tienes en las tetas? ¿Te las perforaste? –Owen parece tan horrorizado como su hermana.

   El hombre en la cama, temblando y avergonzado como nunca antes en su vida, se saca el vibrador del culo, el cual queda un momento abierto, titilante, antes de quedar oculto al tomar asiento.

   -Querida, no es lo que imaginas. –gimotea nuevamente, impotente, un hombre grande y fuerte, temblando ante una mujer delgada y bajita que no le llega al mentón, y de un muchacho de diecisiete años, casi tan flaco como ella y sólo un poco más alto, que le mira con total desprecio, las manos todavía en puños. ¿Cómo explicarles todo lo que le ocurrió, que fue sometido por una gente cruel y manipuladora que le han sugestionado a tal grado de usar esas vainas?

   -¿No es lo qué imagino? ¡¿No es lo que imagino?! –Fiona va alzando el tono mientras se le acerca.- ¡Eres un maricón! –le ruge al rostro al tiempo que le abofetea, le llega fácilmente al estar de pie frente a la cama, Owen más atrás. La sorpresa, y el miedo de Joe, da paso a la parálisis ante la cachetada, tan sólo puede mover los labios con el rostro ladeado. Desconcertándola.- Creí que me había casado con todo un hombre y ahora descubro que te meterse cosas por el culo para sentir placer. -le mira aterrada.- ¿Acaso tienes un marido?

   -¡No! –ruge Joe, saltando de la cama, quedando de pie, reparando tardíamente que así enseña más, y sabe que enseña por la mirada de desprecio de Owen y la de ira de Fiona.

   -Debes tenerlo, hijo de puta, por los aros en tus tetas, por ese que veo bajo tu pantaleta. Un marido que te exige y te controla. –acusa, dándole un manotón por el recio pecho.- Un hombre que te pone en cuatro patas a gritar mientras te la clava. A lo mejor aquí, ¡en mi cama! –grita otra vez, abofeteándole de nuevo, sintiendo la satisfacción de verle encogerse y oírle gemir.- ¿Es él quien te tiene tan mansito, a ti, el gran macho de bolas cuadradas a quien “su mujer debe obedecerle en todo”? –grita e insulta, dándole manotones por el pecho y uno que otro bofetón.

   Fiona no sabe qué se apodera de ella, quiere herirle, lastimarle, hacerle algo que lograra menguar ese extraño dolor que era más decepción y frustración que otra cosa; tal vez el que siente toda hembra de buen ver y apasionada cuando descubre que a su hombre le gustan más las atenciones rudas de otros señores. Como sea, le grita e insulta mientras le manotea, en un momento dado pierde pie y cae sentada de culo sobre la cama, y molesta le atrapa una de las tetillas, halando salvajemente hacia abajo. Joe grita de sorpresa y dolor, cayendo sobre su regazo, una pierna dentro de las de ella, la otra afuera, y de alguna manera queda semi acostado sobre los muslos de la mujer y la cama, mientras ella aún le atrapa el pezón.

   Nada más verle caer, el hilo dental dentro de sus redondas y lampiñas nalgas bronceadas (cosa que ella sabía no era así cuando salió de fin de semana largo) a Fiona parece aumentarle la rabia, el deseo de lastimarle y alza la mano que tiene libre y le azota un glúteo desnudo, musculoso, redondo y lisito. La mano le arde cuando choca de la cálida piel de su marido, quien se tensa entre sus piernas intentando detenerla a gritos, a tiempo que intenta ponerse de pie. Pero ella le tiene ahora… Retuerce un poco el pezón, haciéndole gritar y jadear, de una forma algo extraña no totalmente de sufrimiento, y sigue repartiendo bofetadas al bonito trasero del hombre, alternando sobre las dos buenas masas de carnes duras.

   Aunque ama a Joe, Fiona nunca ha sido totalmente feliz en esa casa; se casaron muy jóvenes, ella jamás pudo estudiar, hacer carrera o realizarle. A Joe no le atraía la idea, quería que cuidara del hogar mientras él salía, tenía amigos, practicaba deportes y la pesca. La vida de Joe era activa, físicamente, nunca hablaba de otra cosa que no fueran deportes; también sabía ella de una que otra mujercita de bares por ahí. Tampoco era una muy buena vida la íntima que se llevaba en aquel cuarto, pero Joe parecía un sujeto serio, atento, cumplidor y era su marido. Ahora todo eso había terminado, todo era una farsa ¿Cómo ocurrió eso?, no lo sabe, y realmente en esos momentos no puede importarle menos como no sea su ira de hembra engañada y desdeñada por un marido infiel que parece le iban los hombres.

   -Sucio maricón… -le grita mientras alza la manita y le azota las nalgas una y otra vez, fuerte, estremeciéndole la piel.- Haciéndote pasar por hombre cuando te gusta usar el culo… -nalguea sin detenerse, sintiéndose fuerte, poderosa, aún el picor en su palma era grato, oyéndole gemir asombrado, luego adolorido, que le suelte, pero le tiene controlado por la tetilla, sabe que corre el riesgo de rasgarle la piel, pero no le importa en esos momentos.- Dime, ¿con cuántos me has engañado durante todos estos años? ¿A cuantos se las has mamado en nuestra sala? ¿Vas a los sanitarios de carreteras a chupársela a los marineros ebrios y a darles el culo a los camioneros rudos? –quiere saber mientras le azota sin pausa, oyéndole lloriquear ahora.

   -No, Fiona, no, por favor… -le oye, lo siente estremeciéndose contra su cuerpo, pesado y poderoso físicamente pero sometido, y eso la emociona, tenerle así.

   La manita de rojas uñas recorren la carne canela, acariciándole, metiéndose en la raja y frotando, antes de azotarle otra vez. Ella misma no lo entiende, pero verle las nalgas abiertas por la manera que mueve sus pies, con la tirita del hilo dental cubriendo poco menos que lo justo, le parece perturbador. Como lo es sentirle tensarse a cada golpe y a veces antes, esperándolo.

   -Marica, eres un marica… -le acusa, azotándole más, casi disfrutándolo a esas alturas.- Dios, ¡la tienes dura y mojada! ¡Te gusta que te azoten! -le acusa, soltándole la tetilla, abriendo sus propias piernas, metiendo la mano dentro de la tanga y atrapándosela, apretándole duro mientras le azota,  y Joe se tensa y arquea la recia espalda, sus nalgas van y vienen aunque no quiere. Fascinada le mira así, tan caliente, excitado como no le recordaba otra vez.- Mierda, ¿qué te hizo ese hombre? ¡Te convirtió en una perra caliente…! -señala, nalgueándole otra vez, lento y fuerte, deliberada, con mucho de sensualidad en ello, sintiéndose extrañamente excitada también.

   Fiona no lo entiende, pero en verdad no era tan complicado si se detenía a pensar en ello, cosa que no hace. En ese momento tiene el control, es la que domina. Es la mujer. Pero como sea, no le importa mientras le azota, fascinada al verle transpirar, agitarse, arquearse, contraer y relajar esas nalgas redondas, la tirita del hilo mojado de sudor y seguramente de jugos. Aunque ya no le retiene, a pesar de los azotes y acariciarle la larga verga dura fuera de la tanga, Joe no escapa. Se somete, alza el rostro cuando le nalguea, mese sus caderas contra sus manos. Jamás sabría explicar la mujer qué le dominó que recorrió lentamente el muslo interno de una de sus piernas, disfrutando de su tensión y erizamiento, subiendo, rozando con sus uñas la bolsa del hilo donde estaban encerradas las bolas, rascándolas, notándolas contraerse bajo la tela. Y los dedos delgados subieron, dentro de la raja, tocando tan íntima y prohibidamente. Notando como Joe se tensaba conteniendo el aliento… esperando.

   Le molesta y maravilla, su marido, ese tipo grande y viril que sus amigas le envidiaban (aunque no era la gran cosa en la cama, más preocupado de alcanzar el clímax él y dejarla a ella colgando), esperaba que ella, alguien, cualquiera…

   No quiere pensar más, aparta un poco la delgada tela, enfila dos dedos hacia el titilante agujero que se abre y cierra, aguardando, y los mete. Hasta el puño. Y Joe grita larga y roncamente, arqueándose increíblemente. Esos dedos le queman, el filo de las uñas se siente extraño y a la vez excitante, pero lo que le tiene más caliente es eso, que Fiona, su mujer, le tenía sobre sus piernas, que le había azotado las nalgas poniéndole mal y que ahora le metía y sacaba dos dedos que lo tenían freático, el güevo babeante, el cuerpo erizado, el culo totalmente mojado.

   -Dios, tienes el culo tan caliente, y casi me arrancas los dedos. –le acusa tijereando con ellos, haciéndole gemir más.- Te gusta sentirlos, ¿verdad? ¡Estás perdido de marica! –se espanta.- ¿Qué te ocurrió?, cuéntamelo todo. –exige.

   Y Joe lo hace, inconciente, tal vez porque no puede pensar con claridad, sobre todo en lo que hace, o le hace su mujer que acaba de sorprenderle con un vibrador en el culo y ahora se lo penetra rítmicamente con sus dedos, forzando ahora un tercero y haciéndole gritar de gusto. Suda, se tensa, enrojece su cara y hombros, sus muslos se retraen, afinca las puntas de los pies, totalmente controlado por la lujuria. No calla nada, habla de lo que esa gente horrible le obligó a hacer, cómo le hicieron tragar semen, cómo su culo fue llenado una y otra vez de güevos ardientes y de leche hirviente. Los azotes, los anillos, los aparejos de control… Lo cuenta todo al tiempo que ella dobla sus dedos sobre sí y le da con fuerza.

   -¡Maldito hijo de puta! –le sorprende en medio de su goce culpable y humillante la voz de Fiona, quien le atrapa el cabello y le empuja hacia un lado, derribándole sobre la cama.- ¡Eres una gran pila de mierda! –acusa entre lágrimas de ira pero también de humillación.

   -Fiona… Fiona… -jadea, pero ella se aleja, saliendo del cuarto, y él cierra los ojos, apoyando el rostro contra el colchón.

   Dios, ¿qué había hecho? Jodió su matrimonio, Fiona le dejaría y… les contaría todo a sus padres. Una ola de autocompasión le recorre, de pesar por lo que sabe que vendrá, de vergüenza porque… a pesar de todo está caliente.

   Perdido como está en sus confusos pensamientos, casi grita cuando la mano delgada y áspera le toca, agarrándole una pierna y separándoselas, atrapando y apartando luego el hilo dental de su culo, eso antes de sentir el movimiento sobre la cama a sus espaldas. Intenta volverse, moverse, escapar como reflejo, pero mientras esa mano le mantiene la tanga separada, otra va a su espalda y le empuja contra la cama.

   -Quieto, puta, creo que necesitas esto, ¿verdad? -es la ronca, burlona y algo rota voz de su cuñado, ese muchacho odioso de quien se había olvidado.

   Cuando va a gritarle qué diablos hace, Joe siente como la lisa y ardiente cabecita de una verga se frota contra su raja, quemándole. No, eso no, Dios mío, era demasiado, grita su mente aterrorizada por las implicaciones de aquello. Se había olvidado de Owen, el hermanito menor de Fiona, un chico de diecisiete años (o dieciséis, no está seguro), de quien nunca se ha sentido muy cercano ya que no comparten ningún interés común. Ahora estaba allí, frotándole la cabeza caliente de la verga, mojándole con los jugos de su virilidad la entrada de su culo.

   -¡Owen, no! –grita.

   -Quieto, perra, es por tu bien. –gruñe el muchacho, voz joven, casi como si estuviera cambiando, pero también con las palabras exactas, unas que provocan escalofríos en el hombre más alto, fuerte y musculoso. Era la voz de mando del macho que habla con su sumiso esclavo sexual. Aún quiere discutir pero…

   -¡AHHH! –no puede evitar gritar contenido cuando la delgada verga, dura como una cabilla, se abre paso entre sus entrañas, enterrándosele duro y rudo, llegándole muy adentro. No quiere, pero se estremece a pesar de lo humillante y horrible, esa verga, su roce cuando va y viene porque Owen ya estaba cabalgándole, despertaba ecos en todo su cuerpo. Cada nervio de su recto era activado por la dura barra de carne joven y apasionada que lo llenaba. Y se muerde los labios para no gemir que si, que se la metiera toda, que le destrozara el culo; no quiere jadear de placer como puta barata. No quiere reconocer que si, que el vibrador en su culo, trabajando, era bueno, pero que una verga de verdad, llena de sangre y ganas, era todavía mejor.

   Era el sexo, el sexo rico y caliente que satisface, porque a esas alturas ya no es sólo Joe quien gime sin poder evitarlo, abriendo y cerrando su culo ávido salvajemente sobre la joven carne del muchacho, subiendo y bajando sus nalgas buscando más del machito; Owen también gime, sorprendido y muy, muy emocionado. Pegando su pubis de aquellas nalgas, saber que la tiene dentro de su cuñado, de otro hombre, del marido de Fiona, dispara cargas de adrenalina y endorfinas por todo su joven sistema.

   Nunca le ha gustado Joe, era un tipo muy creído y cretino, y sospechaba (aunque Fiona nada le contaba), que no era muy atento con ella; pero el sujeto era enorme y tenía un cuerpo del carajo que el muchacho delgado y no tan alto, envidiaba. Él habría matado por una pinta como la de Joe, y tenerle ahora así, sometido a su deseo cachondo de muchacho caliente a toda hora, era increíblemente gratificante. Ese carajote tan masculino y grande estaba atrapándole, amasándole y succionándole el güevo de una manera que jamás creyó posible en tal intensidad, ¡con su culo!, la entrada más secreta y prohibida para un hombre como les enseñan desde que nacen en ese buen estado de Dios.

   Entrar al cuarto atraído por los gritos de su hermana y encontrar a su cuñado así fue todo un shock repulsivo y desagradable; verle semi desnudo, con esa tanga metida en su culo junto al vibrador, uno de los más ruidosos que deben existir (supone porque nunca ha visto uno), con esos aros, depilado, transpirado. Ver cómo Fiona le enfrentaba, se lo tendía sobre las piernas y azotaba mientras le metía una mano bajo la cadera, dentro de la tanga y sobándole la verga para comprobar que estaba tiesa y babeante, fue un espectáculo horriblemente fascinante, pero nada le había preparado para escuchar a Joe gemir y estremecerse mientras Fiona le metía dos y luego tres dedos por el culo. Sólo aficionado al porno (hétero), y haber tenido sólo dos chicas que abrieron sus piernas para él, le faltaba experiencia para decirlo, pero la cara de Joe cuando los dedos se le metían todo, seguramente flexionándose adentro, era la de quien estaba en el quinto coño del gozo. Y él mismo la tenía dura, extrañándole, nunca había sentido interés por el sexo gay, o por ningún chico, pero la tenía dura, desde las nalgadas. Por ello cuando Fiona salió como salió y Joe cayó de panza sobre la cama, cruzado a lo ancho de esta, enseñándole el culo, invitándole…

   -Lo quieres, ¿verdad? La sientes llenándote y te gusta. –le ruge, cogiéndole con fuerza, nalgueándole, sintiendo como el culo le apretaba más al hacerlo. Fiona tenía razón, a Joe le habían trabajado bastante.

   -No, Owen, por favor… -gime Joe, de panza y pecho sobre la cama, sometido por el peso que quema su espalda, ojos cerrados, manos a los lados de su cabeza, boca abierta sabiendo que deja salir gemidos poco varoniles.

   -Te gusta, puta, tu culo aprieta sabroso. Esto es lo tuyo, ser una puta. –le acusa, sintiéndose extrañamente excitado de hacerlo, de humillarle, notando al mismo tiempo que sus palabras producen el mismo efecto que las nalgadas sobre el culo de Joe, las palabras le hacen más ávido.- Te estoy haciendo un favor, puta… estabas tan caliente que te ibas a morir si no te daba duro. Tu juguete de mierda, los dedos de mi hermana no te bastaron, por eso necesitas esto… -lentamente retira buena parte de su verga, casi hasta la cabecita (sintiéndola un poco triste al abandonar el maravilloso nido), dejándola así.- ¿La quieres, cuñado?: Ven por ella.

   ¡Era el colmo de la humillación!, Joe solloza contra la cama… subiendo sus nalgas, tragándose con el culo el joven tolete rojizo y duro, apretándolo. Va y viene, enculándose, disfrutándolo cada vez, sabiendo que no puede engañarse, sí, lo quiere. Quiere ser satisfecho sexualmente de una maldita vez para ver si la calentura de toda la semana pasa. Va y viene, vigoroso, rítmico, enérgico. La risita de Owen es como ácido en sus oídos.

   -¡Qué puta!

   -No… no… -solloza quedo, como intentando todavía mentirse, no aceptar que quiere ser el juguete sumiso de ese muchacho sátiro.

   -Eres una puta. ¡Mira! –los delgados dedos entran dentro del collar en su nuca, la otra mano atrapa sus cabellos transpirado y halan.

   Joe se queda sin aire, enrojeciendo, alzando el rostro, mirándose en el espejo del closet, quedando impactado. Esta acostado sobre la cama, sobre él, con las ropas puestas, Owen, ese muchacho flacucho y pecoso le tiene atrapado del collar y el cabello, sonriendo torvo, mientras él mismo se ve rojo lujuria, ojos nublados de ganas, labios húmedos de deseos, barbilla casi tan babeada como el colchón bajo su güevo.- ¿Qué ves? ¿Qué eres? ¿Qué quieres, cuñado? ¿Qué necesitas para sentirte realizado? -le reta, sus ojos se encuentran en el espejo, y Joe traga, casi ahogado con el collar, preguntándose si el muchacho no sería un asiduo de La Casa de las Perras Deseosas.

   -Quiero… -traga y gruesas lágrimas ruedan por sus mejillas.- Quiero que me cojas. Que me llenes con tu güevo, que… me satisfagas. –acepta, mareado, horrorizado e increíblemente liberado. Owen le observa fijamente, se miran por un rato y suelta el collar, no su cabello.

   -Dime lo que quieres, Joe, quiero darte gusto; indícame cómo lo quieres. –informa más suave, alzándose tras él, atrapándole las caderas y levantándolas un poco, quedando él de rodillas y quitándose la camisa.

   Joe sabe que está mal, que debe detener todo eso, que…

   -Métemela duro y rápido, azótame mientras lo haces… -traga y tiembla al decirlo en voz alta, reconociéndolo al fin.- Y llámame perra en todo momento, dime que soy tu perra caliente de coño mojado.

   Owen se congela un momento. Luego alza la flaca mano, mirándose en el espejo, y le azota una nalga mientras comienza el mete y saca con fuerza.

   -Perra, eres una perra de coño caliente… -le acusa gritado, nalgueándole más.

   Y Joe se deja ir con un grito de puro placer, no sabe en cuál embestida se corre al fin… Pero Owen continúa cepillándole la pepa del culo. Y todo era maravilloso.

……

   Joe de espaldas sobre la cama, culo alzado y ensartado por la no muy gruesa pero si caliente y nudosa verga de Owen, el cual está bien metido entre sus piernas, delira de gusto, babeando, negándose a pensar y concentrándose en sentir. Por sus indicaciones, el muchacho le pellizca las tetillas, le bombea duro, le llama puta sucia que sólo sirve para darle placer a los hombres. Cada acción le provoca poderosos calambres de puro placer. Owen no se cansaba, cosas de la edad, y le llenaba el culo de güevo y poca leche ahora, eso si, cada tanto tiempo.

   Boca abajo, cara y pecho sobre la cama, rodillas flexionadas sobre el colchón y culo alzado, le sostiene cuando se le arroja metiéndosela hasta el fondo, nalgueándole de tanto en tanto, llamándole puta en todo momento. Él mismo no se reconoce cuando, acostado sobre su costado derecho, mira su imagen al espejo, transpirado de lujuria, cara roja, la breve tanga reteniéndole a duras penas el güevo erecto donde destaca, igual que el aro, ya que lo tiene mojado de líquidos y de su propio semen (a Owen le gusta verle el bulto cubierto así, como una gran carpa alzándose), una pierna alzada, atrapada en la rodilla por la flaca mano del muchacho quien a sus espaldas le saca y mete el güevo rojizo de su culo ávido, dándole una y otra vez sobre la próstata, casi metiéndosele bajo la axila, obligándole a volver un poco el torso, mordiéndole de manera hambrienta el pezón hinchado, el cual dispara cada vez sus cargas de placer y anhelo cuando los dientes muerden y la lengua se mete dentro del aro, halando.

   Cuando está agotado, Owen le arroja de espaldas, se le monta encima como en un sesenta y nueve, y mientras Joe le come la joven verga, el muchacho, apartando la tirita de la tanga, le clavaba el vibrador de manera intensa, metiéndolo y removiéndolo, mientras le preguntaba cosas, cómo cuántos se la metieron en una noche, si se corría cada vez, que si pendía amor, que si suplicaba por más. Y Joe, entre mamadas, respondía como podía, mareado de placer, el consolador saliendo lentamente, casi hasta la punta, vibrando siempre, para luego volver a enterrársele.

   Si, aquel muchacho estaba dándole lo que tanto había necesitado desde que dejó días atrás La Casa de las Perras Deseosas. Le tomaba, le llenaba, le sometía a sus deseos, y de paso calmabas los suyos. Grita con los ojos cerrados cuando la temblorosa verga se pone dura al límite, otra vez en su culo, sabiendo que ya no queda leche, pero orgulloso de que el chico alcanza el clímax nuevamente. Le satisface saber que era por él. Si, eso le gusta, servirle así…

……

   Es de noche, no sabe qué hora, pero ya la habitación está en penumbras cuando Joe despierta sin saber en un primer momento dónde está o que pasó. Cuando los recuerdos regresan, toma asiento bruscamente, sintiendo la molestia en su culo usado y llenado. Está a solas en la cama. Desnudo. Le parece recordar que al ir durmiéndose de puro agotamiento mental, pero sobre todo físico al ser tan usado y saciado, unas manos le atraparon los elásticos del hilo dental y lentamente lo retiraron de su cuerpo. Imagina que Owen… el hermanito menor de su mujer, recuerda con un sonrojo de vergüenza que ya no es tanta.

   Si, el muchacho la tomó, caliente y mojada, al verle caer de panza, todo sudado y machado de leche, creyendo que no había visión más puta que esa. Inconsciente apretó el puño sobre la breve tanga, casi llevándola a su rostro. Tenía planes para ella.

   Claro, nada de eso sabe Joe en esos momentos, ni tiempo para pensarlo tiene, no preocupando como está por Fiona. Pasada la calentura que le puso a tiro de pichón de su cuñadito, ahora recuerda a su mujer. A su esposa. La que le dejó. Dios, la había cagado. Y en grande. Ahora todo se sabría y… El teléfono le hace pegar un bote en la cama. Lo toma no reconociendo el número.

   -¡Perra! –oye como saludo y el estómago sufre un vuelco. Richard.- Necesito esta noche de tus habilidades especiales, ese culo tan goloso que tienes. Un chico cumple años y sus hermanos de fraternidad, tres de ellos, quieren darle como regalo una buena puta caliente…

CONTINÚA … 21

Julio César.

ERNESTO VILLEGAS Y LAS SALIDAS DEL CLOSET

marzo 20, 2013

ELIAS JAUA CONTRA DIOSDADO CABELLO

CHICO GUAPO

   ¿Acaso viene un destape?

   ¿Qué tal?, el hombre invita a unos a salir mientras él se apertrecha en el fondo, bien metido, haciendo sus cositas oculto, tal vez avergonzado de sus tendencias, tal vez llorando deseando cambiar pero sin poder; es triste, nadie debe sentir vergüenza de ser lo que es. ¡Pobre ministro!

   Pero vamos por parte, Ernesto Villegas es ese hombre con cara de constreñido y sonrisita boba que antes desanimaba en VTV (Cubana de Televisión, mal escrito), y que ahora es ministro de Información (si, el del engaño del paquete y de la salud presidencial); y claro, no uno muy bueno, como que es ministro de este Gobierno; apenas lleva unos meses en el cargo y el país ya sabe que es un redomado mentiroso de siete suelas. Y lo malo en su cargo no es ser mentiroso (los nazis no mataban gente, la desplazaban y reubicaban), sino ser pillado mintiendo, ¡y qué pillada le dieron (no, no en el closet, para hablar como le gusta al presidente encargado Nicolás Maduro, aunque no le tocaba a él)!

   Hace poco, sumado a la campaña electoral, intentando sonar ingenioso y mordaz, el hombrecito (tiene algo que le hace ver pequeño), ironizaba sobre el candidato de la Oposición, Henrique Capriles Radonski (aunque tuvo el buen tino, cosa rara en gente de este Gobierno, de no insinuar nada erótico, no en su caso), dijo que este debía aceptar de una vez que es el candidato de Washington. Seguramente cría que se la comía. Por allí ya se ha dicho que el señor Capriles lo aceptará cuando él, Ernesto Villegas, acepte primero que es un agente cubano, puesto aquí por los Castro para rematar el país en beneficio de rusos y chinos. Cuando él se declare públicamente, el resto del país seguirá el ejemplo. Y eso que el hombre es todo guabinozo (perpetuando el seguramente falto estereotipo de promiscuidad de gente en el clóset), se dice socialista en su amapuches públicos con Fidel, y luego sale todo emocionado a darle las gracias al Fondo Monetario Internacional cuando le felicitan por el paquetazo neoliberal… que tampoco lo admite aunque todos le vieron entrar en ese bar de ambiente… capitalista-imperialista. Lo dicho, pobre hombre, tantos conflictos, tan reprimido; grítelo con rebeldía, con orgullo, libérese…

   La verdad es poco sincero y serio este ministro, el cual tiene problemas más serios que andar viendo quien se reúne con quién. Está la macabra broma e irrespeto de la foto aquella, por ejemplo. Tanto él, autor de la bromita que salió de los medios de comunicación controlados por Cuba, y la señora María Gabriela Chávez, todavía le deben una explicación al país por esa grotesca burla. Qué manera de irrespetar la memoria de un hombre que ya no podía decir nada y a todo un país. Y ahí están, tan campantes, dando “clases” de clase.

MARIO SILVA CAYÓ EN LA HOJILLA

Julio César.