Archive for 31 mayo 2013

PROTESTAS AL DESNUDO

mayo 31, 2013

ARRIBA LA SUB 17

UNA BUENA PROTESTA

   -Chama, ¿qué es lo que criticamos?

   Jamás diré nada contra todo aquel que sienta que debe denunciar algo y sale a hacerlo, problema es cuando eso se quiere coartar, a veces con violencia o criminalizándolo. Aunque un grupo determinado, o sus posturas, me molesten, creo de corazón que si quieren reclamar deben poder hacerlo. Y si es con desnudos… mejor todavía. Hay un grupo de féminas europeas que alzan banderas feministas de tintes retrógrados, pero lo compensan enseñando tetas, ¿quién puede molestarse? Sospecho que esos asuntos no se atendrán jamás para que sigan protestando. Parecen que van a ir con sus tetas al aire, digo, denuncias a un país musulmán, ojalá sepan lo que hacen. Aquí, el día de anteayer, hubo una concentración para criticar los viajes de Capriles Radonski y el que quiera gobernar por teléfono, (¿qué tal?, deben ser los chavistas que aprovechan que Chávez se murió para criticarle), pero yo no los condeno. Si quieren hablar pistoladas, y cobran por hora, que sigan en calzones en las calles.

HANNIBAL, MUCHO DE BUENO, UNA MALA

Julio César.

DE MACHO A ESCLAVO… 22

mayo 30, 2013

…ESCLAVO                         … 21

   El siguiente es un relato que cae dentro del género que llamo maldito, un sujeto va a una casa buscando algo y sale con otra. No es mío, es una traducción adaptación, por lo que le pido al escritor original, John <seekingurdick@ yahoo.com, si llega a enterarse de lo que hago, que no se moleste. Su relato es corto, directo y bueno, por eso lo cito. Disfruten de…

……

Asunto: El despertar de Joe

Fecha: Jueves, 22 de diciembre 2005 18:22:04 -0800 (PST)

De: John <seekingurdick@yahoo.com

AZOTANDO AL CHICO TRAVIESO

   El placer de educar…

……

   -¿Quieres que te abramos ese culo con nuestras vergas, perra? -pregunta y azota, sonriendo, y Joe gime, sin importarle nada ya, que si, escuchando sus risas.- Lo tienes tan mojado, imaginártelo te moja todo el coño, ¿verdad? -y le mete un dedo ante las miradas fascinadas de sus amigos. El largo y grueso dedo rojizo del pecoso chico entra y entra, suave, como si penetrara mantequilla caliente. Joe lo siente abriéndole al fin, sobándole, al fin. Algo rozaba sus entrañas al fin, y cuando la punta choca de su próstata, tal vez por pura suerte, se abre obscenamente de piernas mientras cierra salvajemente el culo sobre el dedo.- Mierda, ¡cómo aprieta y se estremece por dentro! -es la maravillada respuesta del muchacho.

   Tal vez sea por edad o calentura, pero Kevin ya no aguanta más. Aunque excitados, ninguno de los otros ha hecho ningún movimiento. Él si, es el jugador estrella del equipo de futbol y debe dar el ejemplo, sobre todo si planea desarrollar su otro plan. Se pone de pie obligando a Joe a quedar de rodillas sobre el sofá, sus nalgas enrojecidas a la vista, con las ritas del suspensorio y lo claro del bronceado, el short un poco más abajo. Todos, incluido Joe, notan su verga abultando escandalosamente bajo su jeans, casi alzando la tela. Todos, excepto Joe y posiblemente el chico negro, Johnny, dejan de mirarle rápidamente. Pero habían visto también.

   -¿Quieres güevo, puta caliente? Aquí tienes una… -se jacta el enorme atleta universitario.

   Y ocurre algo significativo, Joe, tragando en seco, abre mucho los ojos cuando la ve salir del pantalón abierto y del boxer, rojiza, larga, gruesa y nervuda, la cabecita amoratada y manando agua. Llamativa y hermosa, y él tan caliente y necesitado. Se vuelve hacia ella e intenta atraparla con su boca. Todos ríen escandalizados por la verga afuera y por el comportamiento de la perra, pero el pelirrojo, riendo algo cruel, la aparta de su alcance.

   -Quieta, puta. Quiero tu coño. Voy a llenar tu coño con mi verga y te haré gritar de placer, a lo mejor hasta lloras de gusto; me vas a pedir que te lo reviente. Te lo cogeré una y otra vez y luego te lo llenaré con mi leche, millones de mis espermatozoides nadando dentro de ti, y te dejaré bien preñada. -anuncia, sucio y erótico, aunque no mira a Joe en ese momento, algo que a todos escapa, menos el receptor de la misma.- ¿No crees que una buena verga como esta es lo que toda perra necesita, Johnny? -le pregunta al chico negro, agitándola un poco con su mano. Como ofreciéndosela.

   Y el joven le mira agitado, algo temeroso. Joe no lo sabe, pero más de una perra iba a manifestarse esa noche a manos de unos muchachos bastante malditos… Tres chicos blancos, protestantes y de buenas cunas han decidido que necesitan en los dormitorios del campus universitario una dulce y sumisa putita negra.

   Kevin, sonriendo, le mete duro la verga, toda, de un golpe, abriéndole sin piedad. Joe grita, se tensa y arquea la espalda, un rictus imposible de saber si es dolor o gozo cruza su rostro. Por su parte, el pelirrojo si sabe que está gozando viendo sus pelos púbicos chocar de ese sujeto cuyo culo sedoso y caliente le estaba quemando y halando la verga de una manera impresionante, cada palmo de esta era atendida. Tanto que tiene que gritar de sorprendido placer, aferrándole las caderas como para sostenerse. ¡Mierda, el culo de ese hombre era un jodido y sabroso horno!

   Joe toma aire por la boca, la frente fruncida. Ese muchacho del demonio tenía una verga grande y dura, no tanto como la del chico negro pero si bastante. Y el hijito de perra se la había clavado de un golpe, lastimándole. Pero una vez adentro, tiesa y caliente, pulsante y soltando jugos, su recto se llenó de calambres placenteros de lujuria y la rodeó con hambre. Sabe que se la está chupando sin moverse, y que eso estaba trastornando de gusto al muchacho; casi sonríe mirándole sobre un hombro, sabiendo que le sorprendió y le está dando el placer de la vida con su culo. Y saberlo, aceptar que podía hacerlo, que lo tenía casi delirando mientras su redondo anillo le atrapa con fuerza, le llena de un orgullo extraño.

   -Mírale la cara, es toda una puta. -exclama Alan, con su ojos verdes chispeando.

   -Ahhh… este coño es… -grita ronco el chico pelirrojo mientras la retira casi toda, sintiéndola halada, y vuelve a clavarla duro, estremeciéndose ante la vista de sus pelos púbicos medio recortados pegando de las nalgas de ese otro sujeto de nalgas redondas y con la liga del suspensorio más arriba. Mierda, ver como la tranca desaparecía así, dentro del culo de otro sujeto, era la cosa más caliente del mundo. Él esta acostumbrado a coger tías tontas desde la más tierna juventud, por grande, guapo y deportista, pero ningún coño o culo de porrista podía compararse a este. Aprieta los dientes y empuja todavía más, y ese culo responde apretándoselo también más. Y le nalguea para oírle gritar, sorprendido, abriendo mucho los ojos. El azote hizo que su culo temblara de gozo.

   Los otros chicos, ojos brillantes de lujurias, güevos goteantes afuera, miran como su amigo le coge, como se la clava duro, como le hala el cabello con una mano y lo nalguea con la otra, cabalgándolo, controlándolo, dominándole, rugiéndole “tómala toda, puta”, “¿te gusta, puta?, ¿te hace feliz mi verga en tu culo, perra?”. Y ven y oyen a Joe gemir, gruñir, arquearse, como su culo va y vienen por más, como su suspensorio apenas le contiene el güevo que babea abundantemente, gozando el ser tratado como la puta que era.

   Marc, el rubio fornido, se acerca más, su verga temblando, una espesa gota rezumando casi paralizada en el aire. Y Joe se la mira como hipnotizado, le mira a él, y gime cuando Kevin le alza el rostro halándole más el cabello, guiándole, porque quiere verlo, ver como se traga la verga dura de su mejor amigo. Y Joe la atrapa con la boca, tiene que hacerlo porque lo necesita, quiere más, ser cabalgado así, azotado, oírse llamar “puta, toma puta”, todo eso le tiene delirando de placer, de gusto, pero quiere más, una verga mojándole la lengua. Quiere enloquecer a todos con su putez y traga esa tranca caliente y joven, imposiblemente dura que le quema la lengua, y casi se corre al saborearla, al sentir como su lengua se llena con su sabor a macho cabrio joven. Marc grita de gusto cuando labios, mejillas y lengua le atrapan, los ojos desenfocados. Nada como una mamada, pero dada por un hombre, en frente de sus amigos, parecía todavía mejor.

   Es el punto de partida, los tres muchachos le rodean el rostro, le azotan con sus vergas, con fuerza porque están muy duras, y goteantes, y al joven en suspensorio le encanta aunque no lo dice; se las metan en la boca, le gruñen traga perra, date gusto y Joe no puede disimular ya, hace rato que Kevin no le coge, es él quien va y viene desesperado contra su pubis, subiendo y bajando su redondo anillo sobre el cilíndrico tolete de carne joven que le roza y frota de manera increíble sus urgidas entrañas. Es extraño verle así, piensa Johnny, el chico negro, mirándole maravillado, tan masculino y viril, bronceado, pero con los ojos desenfocados de lujuria, los labios rojos de ganas, la cara mojada y manchada de saliva y jugos espesos que manan de las tres vergas que compiten, muy cerca unas de otras, por tocarle, su boca desesperada por una de ellas, saltando de esta a la otra mientras el resto le azota y moja la frente, las mejillas y nariz. Parecía gozarlo tanto…

   Y lo goza, Joe no quiere pensar en ello, en el que ya no siente reparos ni vergüenzas al hacerlo, o admitirlo, que le gusta. Mama cuantas vergas puede, las gordas y ardientes barras le enloquecen tanto como el olor fuerte de los chicos cuando entierra la nariz en sus pubis, resollándoles. Mientras le rodean y azotan, bañándole, se estremece ante lo mucho que le encanta eso, sentirlos, aspirar sus aromas, oírse llamar puta una y otra vez. Si, era una puta golosa de machos, admite aunque eso debería horrorizarle, cosa que no hace, sino que calienta a extremos insospechados su culo, ganándose otro “ahhh”, de sorpresa y placer de su joven macho, quien le azota otra vez las nalgas, brioso, dominante, disfrutando de someterle como lo hace, o sospechado que en verdad Joe lo necesita, que ese tío grande necesita ser usado así para que sea feliz.

   Grita cuando Kevin se tiende sobre él, pesado y caliente, metiendo las manos dentro de su camisetica y atrapándole las tetillas entre sus índices y pulgares, apretando de manera feroz, cosa que envía calambrazos de gusto a su verga. Su boca abierta es aprovechada por Alan y Marc, que entierran sus güevos como pueden, jadeando, mirándole como es forzado a abrir las mandíbulas, tragándolas, sintiendo el aleteo de su lengua sobre sus cabezotas. ¿La verdad?, mientras se lo hacen, ninguno de esos chicos piensa en lo extraño o inconveniente que es tener la verga pegando de la del otro, sus cuerpos muy juntos, sus alientos casi mezclados, tan sólo gozan de la puta que les mama.

   -Míralo, Johnny, mira cómo lo goza esta perra. -gruñe Kevin, echado sobre la fuerte espalda de Joe, cogiéndole con tan sólo subir y bajar un poco su culo, retorciéndole los pezones.- Mira como su piel brilla, como sus ojos reflejan placer… Toda perra necesita de esto, ser saciada por los hombres de verdad. -se alaza y grita, furruqueándole ferozmente, sacándosela y metiéndosela de golpe, y todos, absolutamente todos pensaban que eso debía doler, pero Joe tan sólo se tensa y gime babeando agónicamente entre las dos vergas que ocupan su boca, alcanzando nuevos niveles de goce. Su culo estaba que echaba candela.- Te toca, Johnny. Siéntate ahí para que le llenes el coño. -se detiene, jadeando, señalando al chico negro.- Bájate los pantalones o los mancharás.

   -Oye… no. No sé si… -se le ve morderse los labios, atrapado entre dos fuertes sentimientos, la calentura del vívido cuadro sexual que ha estimulado hasta la última célula nerviosa de su cuerpo, y el rechazo. Después de todo aquello era una aventura loca, o algo que pensara probar y olvidar, sin consecuencias ya que él no era para nada gay ni le gustaban esas cosas. Aunque el ver a ese sujeto guapo, masculino y fornido siendo penetrado por los otros tres era algo increíblemente sucio y rico.

   -Si, claro… -se burla.- ¡Siéntate de una vez! -usa un tono claramente autoritario, sonriendo para sus adentros cuando el chico baja sus pantalones y su holgado boxer de cuadros, mostrando sus muslos gruesos de deportista, así como totalmente fuera esa verga enorme de la que tanto se hablaba entre las porristas.- ¡De culo en esa silla! -ordena otra vez, cruzando una mirada con los otros dos chicos blancos cuando le ven obedecer.- Vamos, perros, la perra necesita amor.

   Las tres vergas se retiran del confuso Joe, el cual es obligado a ponerse de pie, zapatos, suspensorio manchado y chico, la camisetica casi fuera; el joven es atrapado por la cintura y sus rodillas, alzado como si jugaran a la sillita y cargado rumbo al chico de enrome, amoratada, dura y goteante verga negra.

   -Agárratela. -rudo, Kevin le indica a Johnny, volviéndose a los otros.- En posición… -y sonriendo, él mismo se agacha un poco. Quiere ver.

   Tanto Johnny como Joe contienen la respiración. Al más alto le alzan un poco más, abriéndole otro poco las piernas y nalgas, su rojo culo usado queda titilante como una boca, casi rozando la lisa cabeza negra. Y a una señal de Kevin, los otros dos le sueltan, riendo. Y Joe cae de golpe, gritando, con todo su peso, sobre la mole negra y dura que le atraviesa como si estuviera rasgándole. Duele horriblemente y su culo arde, por lo que deja escapar una lágrima. También Johnny gritó, el peso y la apretada, vencer la resistencia y abrirse paso en ese culo le dolió, pero en cuanto Joe cae, las musculosas nalgas redondas sobre su pelvis denuda, su culo ardiendo y palpitando de manera frenética, atrapando y empujando como si quisiera sacárselo, le hace lanzar un alarido de placer. ¡Nunca antes había sentido eso!

   -Rico, ¿verdad? Una perra puede dar tanto gusto… -concede Kevin.- ¡Vamos, chicos!

   Alan y Marc atrapan nuevamente a Joe por sus axilas y comienzan a subirle y bajarle sobre la brillante y gruesa mole negra, y Joe echa la cabeza hacia atrás, gritando ronco y largo, el dolor quemante, el placer intenso. Su culo se abre y cierra desesperado y Kevin, todavía agachado, mira como el redondo anillo se hunde cuando la traga o sale y es halada cuando la deja salir. Temblando, Johnny le mira, tan caliente y excitado, la mueca de dolor inicial dándole paso a una de sumo deleite. ¡Mierda, a ese tipo le gustaba eso! La idea es tan sucia que… le atrapa las redondas y firmes nalgas con sus manos de dedos negros, dejándole allí, bien clavado, y meneándole las caderas de adelante atrás, gruñendo ronco mientras el otro gime, esa verga moviéndose por todas sus entrañas.

   Todos se sorprenden, y entiende lo muy puta que ese hombre alto, joven y fornido es, cuando este tensa sus muslos y medio mete sus piernas debajo de las de Johnny, buscando un punto de apoyo y comenzando a subir y bajar por sí mismo su culo goloso sobre el joven y grueso güevo de ébano. Entienden, todos, que ese hombre necesitaba sentirse sodomizado. Joe gime con la boca muy abierta, ojos nublados y desorbitados, bañado en transpiración, atrapando al chico por los hombros, subiendo y bajando con más fuerza, empalándose a fondo, gritando quedo cuando la siente abrirse paso en sus entrañas, rozándole, saciándole, pero también despertándole otras hambres. El placer que le brindaba el roce en las paredes de su recto al paso de la rígida barra era casi tan intenso como cuando esta le golpeaba la próstata.

   -Dios, se nota que le encanta. -gruñe uno, admirado.

   -Es una puta total. Una verdadera perra deseosa. -medio ríe, agudo, otro.

   Y cada palabra degradante, humillante, que le rebaja a la condición de cosa, le estimula más y más, su nuca roja, sus anchos hombros rígidos y traspirados, sus nalgas abiertas se ven increíbles cuando va y viene, el redondo agujero sobre la enorme barra negra y fibrosa. Abrir sus ojos empañados de placer y deseos mientras ese güevote le llena de calor la pepa del culo, frotándoselo, encontrando sus rostros maravillados, es como un nuevo aliciente para el joven soldador, el chico rudo, casado y conquistador que ahora no sólo adoraba las vergas, sentirlas llenándole, sino que disfruta, casi tanto como los güevos, el ver a sus hombres excitados con lo que hace, con la idea de satisfacerles. Era una puta puesta en el mundo para darles placer, entiende que ese es su lugar.

   A Kevin le parece que esa perra estaba demasiado contenta, además…

   -¡Ahhh! -estallan de sorpresa tanto Joe como Johnny.

   El forzudo atleta pelirrojo, colocándose a sus espadas, casi sentado sobre las negras piernas del compañero de equipo, enfila la cabeza de su buena verga, sonriendo torvo cuando la lisa superficie mojada toca, recorre, soba y empapa la de Johnny, el rojo glande de arriba abajo sobre lo que sobresale del culo canela de Joe. Johnny le mira con ojos nublados y boca abierta se sorpresa. Pero Kevin no aguanta más, quiere que la perra grite, así que como puede va abriéndose paso y le mete la cabeza dentro del ya ocupado anillo del recto, haciéndole, en efecto, gritar, para luego empujar su gruesa, roja y caliente verga todo lo que puede, frenándose únicamente con sus nalgas, dejándosela bien adentro. Al lado de la de Johnny.

   Y Joe alza el rostro, gritando agónicamente, bañado en transpiración, su verga temblando dentro del blanco suspensorio, su culo muy abierto con esas dos vergas jóvenes, calientes y llenas de ganas, una blanco rojiza, la otra negra amoratada, las dos muy bien clavadas, tanto que las bolas de Kevin reposan sobre las de Johnny, quien no puede evitar notar la tersura y calor de estas. El chico blanco la retira un poco, rozándola de sus entrañas y de la verga negra, y nuevamente la mete, empujando, mirando a Johnny, quien responde como asombrado, confuso y maravillado, estremeciéndose al no querer, pero estar muy conciente, del roce de la otra verga, palpitante y dura, contra la suya. Joe se retuerce con algo de incomodidad y dolor cuando los dos chicos embisten, uno va y el otro viene, sus vergas entrando y saliendo de su redondo anillo abierto al máximo, y cada roce le hace sudar más, mojar más su suspensorio… y arderle más el culo.

   Bien sabe el hombre empalado con las dos vergas que sus entrañas son un ardiente caldo de jugos que chupan y aprietan ambas vergas, cada una dándole sobre el punto, erizando toda su piel, logrando que sus tetillas ardan, que su güevo babee, que su mente pida más y más. Se está quemando literalmente de lujuria, las dos en su culo están llevándole al delirio, y más ahora que las vergas van y vienen juntas, los dos gruesos y nervudos troncos penetrándole al unísono con esa fuerza y rudeza tan propia de la juventud que primero piensa en autosatisfacerse. Mientras le culean, ninguno de los dos piensa en Joe o muy bien en lo que hacen, tan sólo en lo bueno que es sentir la propia verga tratada así por ese culo mojado y vicioso. Tal vez Johnny si inquietándose por lo bien que se siente tener su verga así, pegada de la de Kevin, las dos rozándose y frotándose, y lo extrañamente grato que es sentir al pelirrojo sentado en sus piernas, pesado y sólido

   Kevin, sonriendo torvo, mete sus manos nuevamente dentro de la camisetilla y atrapa los pezones perforados de Joe, tan erguidos y duros, y aprieta. Fuerte. Joe grita otra vez, voz ronca y varonil de hombre que está siendo salvajemente usado por jóvenes cabrios. Está mareado de gusto, los güevos que lo cogen, las manos que le pellizcan, las voces que le llaman puta, que le aclaran que es toda una puta caliente, le tienen delirando. Sentirse atrapado entre dos jóvenes musculosos, deseosos de su culo, el cual llenan con furia, era una sensación tan nueva como caliente.

   -Mira como lo goza, negro. -le ruge Kevin a Johnny, casi al rostro tendiéndose sobre Joe.- Lo necesitaba. Toda perra necesita esto, ser atendida así para saber que vive. -se le acerca más, casi salpicándole de saliva cuando habla con esfuerzo, costaba concentrarse en nada como no fuera ese ardiente agujero donde mete su verga, la cual se frota de otra.- ¿Qué te parece, negro?

   Y mientras le cogen así, le pellizcan las tetillas, recreándose el chico por momentos en halárselas y retorcérselas, y le llaman puta, todo en un coctel que dura y dura, Joe duda que el momento pueda ser superado por nada; es cuando una verga le azota con fuerza el rostro. Abre los ojos y mira una tranca blanca e inmensa casi sobre él, goteando.

   El rubio fornido ríe mientras, casi encimado sobre los otros, goza de frotar su verga de esa cara viril. Joder, hacer eso, golpearle la frente, nariz, labios abiertos y pómulos a otro carajo con la verga era una sensación maravillosa, y más cuando ve como otros dos están destrozándole el culo de puta que tiene. Y, aunque muy joven, sabe que buena parte de eso que le pasa, esa gran excitación que le recorre, como a los otros, es por la maravillosa sorpresa de encontrarse así con ese tipo. Era comprobar la belleza salvaje y sin límites de un macho joven sometido a otros, de saber que existe el machito que se muere por satisfacer a sus hombres. Porque Joe estaba entregado a ellos, lo único que deseaba era satisfacerles, encontrando un terrible placer en ello. Tal y como Richard, su dueño, le dijo un día que sería.

   Su torso sube y baja avisándole a Kevin que quiere más, y este lo entiende y le hala con más fuerza las tetillas, su culo va y viene ahora, subiendo y bajando goloso y hambriento sobre los dos jóvenes güevos. Quiere encularse, aumentar el ritmo, metérselos más adentro. Boquea una y otra vez intentando atrapar la verga del rubio, el cual, riendo, le evade para torturarle. Cada toque que este le da con su glande le llena de calor y lujuria, cuando le azota los labios abiertos, casi grita de frustración por la urgencia de mamarla y chuparla. Necesita más, lo sabe y, aunque debería aterrorizarle comprobarlo, entender cabalmente que si, que era una perra deseosa de machos, un juguete sexual de los hombres, un tío que pasó de macho a esclavo de su deseo por los hombres, le sabe a liberación. Quiere que esos cuatro chicos universitarios le revienten a fuerza de güevazos. ¡Quiere vivir!

   Johnny, por su parte, mira fascinado como sus rojos labios, su deseosa boca, busca atrapar una y otra vez ese glande hinchado del cual manan grandes cantidades de jugos, jugos que esa perra lame con gula cuando mojan sus labios, como si fuera la cosa más sabrosa que hubiera probado jamás, y todo eso marea y enloquece al chico negro.

   -No seas malo, Marc, dásela. Que la perra se sacie. -se burla Kevin, metiéndosela de un golpe por el culo, tensándole sobre las piernas de Johnny, haciéndole gemir de gusto.

   Pero como Marc todavía juega y se burla, es Alan quien se la mete en la boca, llenándosela toda, riendo ronco, travieso y excitado. La empuja contra su mejilla, y verla hincharse por ella, era increíblemente erótico, pero la lleva más allá de los dientes y la lengua, casi metiéndosela en la garganta, y Joe se ahoga, cerrando los labios, cuidando no morder, tan sólo lamiendo con su lengua y succionando, casi enterrando sus dedos en los hombros de Johnny cuando el tolete se retira un poco bañando su lengua con los jugos de hombre que tanto codiciaba probar otra vez. En la mente de Joe estallan luces brillantes de lujuria, más cuando el otro chico, el rubio burlón, le azota el rostro también, ocupando el lugar del otro cuando este se la retira. Joe, sin pudor pero si con muchas ganas, recorre el nuevo tronco que se le ofrece, degustándolo con ansiedad. ¡Otro güevo sólo para él! ¡Cuatro vergas dándole placer!

   Johnny está horrorizado y maravillado. Esos dos carajos, Joe sobre su verga, apretándosela duro, y Kevin tras él, apoyado en sus muslos y metiéndola junto a él, las dos muy unidas, duras, calientes y palpitantes, pesaban, y ahora esto. Alan y Marc le metían a intervalos los güevos babeantes en la boca mientras la perra deseosa no parecía decidirse por cuál le gustaba más, chupando de una a la otra, dejando regueros de espesa saliva y jugos. El problema era que para clavárselas en la boca, sus dos compañeros de estudios y del equipo de futbol se le encimaban demasiado, de ambos costados, su propio rostro está atrapado entre sus caderas, calientes y firmes, al bajar más sus pantalones y poder gozar de esa boca ávida de tragar machos. Era horriblemente excitante ver a ese sujeto ir de una a la otra, mejillas rojas y ojos idos, totalmente bañado de saliva y jugos, jugos y saliva que también le salpicaban a él. El olor a güevos, bolas, a braguetas de chicos es intenso, algo casi mareante. Diría que embriagador… si la palabra no le asustara.

   Kevin intercambia una mirada con el moreno de ojos verdes, quien estaba cogiéndole la boca a Joe en ese momento, metiéndosela lentamente, hasta los pelos, retirándola con enloquecedora lentitud, dejando que se note como cada palmo va saliendo brillante de saliva, sacándola toda, dejándola no muy lejos a pesar de que el otro ya ocupa la viciosa cavidad, como haría cualquiera que tuviera la oportunidad de recibir una mamada semejante. Pero el chico de piel muy blanca algo bronceada, cabellos negros y ojos verdes no se retira mucho, su verga larga y dura, rojiza y pecosa mana saliva y jugos que caen sobre el torso del chico negro, que le mira al rostro horrorizado y fascinado… antes de mirarle el tolete nuevamente.

   Ignora que esos tres chicos son unos malditos que le odian y quieren joderle. Kevin y sus amigos pertenecían a familias antiguas dentro del estado, gente racista, con dinero, creencias y prejuicios. Una de las primeras cosas que chocó a Johnny, llegando a los dormitorios, había sido aquella bandera confederada tendida sobre la cabecera de la cama del pelirrojo. De alguna manera, a cierto nivel, supuso que no les agradaba tenerle allí, pero era un estudiante norteamericano y tenía plenos derechos a pesar de su color. Era inteligente en clases, hábil y poderoso en la cancha, atractivo para las chicas, algunas de las cuales querían experimentar con el chico de color para ver si lo que decían del tamaño era cierto, como resultaba ser, para disgusto de Kevin y los otros dos. Por eso cuando el pelirrojo tropezó con aquel video del marica ese, mostrándoselos escandalizando a sus amigos, ninguno queriendo admitir que se las puso duras ver como le ataban, azotaban, humillaban y cogían, pensó en cómo atrapar y joder al chico negro de aquella manera. Se los expuso a sus dos mejores amigos y decidieron hacerlo, un proyecto para un viernes en la tarde cuando no había nada mejor que hacer.

   No eran homosexuales ni nada de eso, se decían, intentando obviar que el ver al tal Joe siendo atendido por cuatro vergas les había puesto mal. Pero querían eso, humillar al chico negro convirtiéndole en la puta de los dormitorios. Y mientras más lo pensaban, incluso ahora mientras entierran sus vergas en Joe, saben que sería bueno por muchos otros motivos, no para ponerle en su sitio, sino para tener a una perra sumisa que quisiera tragarse sus leches y repartir el “coño”, uno que estaría a disposición de todos.

   Y Kevin intuye que pueden hacerlo, justo en ese momento; entraron los cuatro como amigos ociosos que deseaban experimentar con el culo de una perra deseosa, de allí saldrían tres amigos ociosos llevando de una correa al cuello a una sumisa y dócil perra negra que amaría sus vergas blancas, que se moriría por tragarlas y lamerlas, por sentirlas en su coño caliente, el cual se mojaría sólo de imaginar la pálida carne dura de esos atletas universitarios.

   Quieren un juguete sexual sólo para ellos, como querría todo chico con sangre en las venas. Y Johnny estaba a punto de caramelo…

CONTINÚA … 23

Julio César.

¿GUERRA INTERNA EN VENEZUELA?

mayo 29, 2013

DESTITUIDO FERNANDO LUGO

MASACRE EN CATIA

   Ni encerrados en sus casas…

   Hace tiempo Domingo Alberto Rangel (qué en paz descanse), uno de nuestros intelectuales de izquierda, uno real y no un simple habla idioteces, esos que cuadran cuartadas para cualquier vagabundería de la cual están viviendo, dijo que en Venezuela se libraba una guerra interna feroz, el hampa desbordada contra la ciudadanía, y que esta estaba perdiendo ante monstruos tales que asesinaban niños para ajustar mirillas de armas, algo tan depravado que el Estado prefería hablar de “balas perdidas”. En Caracas la gente tiene miedo de reunirse, yo no es solamente ir a fiestas (a donde se vaya hay que amanecer), sino a que le agarre la noche sin llegar a su hogares. En la casa del hombre y la mujer que trabajan y se sudan esos rabos para tener a sus familias viviendo como la gente, no se puede celebrar un bautizo, una comunión, un matrimonio o una graduación, o pasa como en esa fiesta en Catia este fin de semana, donde tres malandros arrechos se metieron y llegaron a la platabanda donde se realizaba una reunión (del tipo que fuera), y comenzaron a disparar a diestra y siniestra, sin importarles a quien tocaban. Hubo cuatro muertos y más de diez heridos. Y, en esa mentalidad de prisioneros que vamos creándonos, la culpa es del que organiza la fiesta, porque, “¿cómo se le ocurre?”, porque debe entenderse que “no tenemos derechos, eso es potestad únicamente del delincuente”. Así es y hay que aceptarlo. Repito, mentalidad de prisioneros.

   Hasta el día domingo 26 de mayo ya se contabilizaban en la morgue de Bello Monte, a donde, en teoría, no llegan todos los que caen muertos en este país, 410 cadáveres. Sólo en este mes de mayo, que todavía no termina. ¿Dónde está la señora Fiscal General de la República mientras ocurre todo este desastre? Viendo cómo mete preso a Leopoldo López, político de oposición, por un caso que se han cansado de esgrimir y todavía no encuentran como darle la vuelta para ver si lo meten preso. ¿Y el Presidente de la República, nombrado por el CNE, Nicolás Maduro? ¿Da ruedas de prensa, monta cadenas anunciando que rodarán las cabezas de los inútiles e incompetentes en esta lucha contra el hampa? No, aparece dando pena ajena acusando a CNN de tramar un golpe de estado, como si eso tuviera algo que ver con el problema de la inseguridad. ¿Acaso no ven lo que está ocurriendo? ¿Cuántos más, y quiénes, deben caer muertos a manos del hampa para que se haga algo? ¿Hasta cuándo se sostendrá en un cargo tan vital a una señora tan increíblemente incompetente para su trabajo como lo es la señora Luisa Ortega Díaz, la Fiscal de los 410 muertes en el mes de mayo, la señora del 92 por ciento de los delitos que quedan impunes?

   Al país se le agota la paciencia, se le acaban los miembros de la familia que pueden ser asesinados, se cansa de llorar individualmente a sus muertos. No todos somos chóferes de transporte público que se contentan con aumentar pasajes, hay gente a la que esta situación de inseguridad si preocupa, como se vio en el paro de la sociedad civil en Cumaná este fin de semana (exceptuando a los transportistas). Después hablan de golpismo, de conspiraciones, a no ser que se refieran a quienes no quieren, no pueden o no saber qué hacer para enfrentar este problema, comenzando por asumir que son los responsables de este problema.

EDWARD SNOWDEN… ¿EL ESPIA?

Julio César.

PELANDO LA BANANA

mayo 29, 2013

TORTURA

EL CHICO PELA LA BANANA

   Le daba escalofríos cuando lo veía…

   Al hombre le preocupa el marido de su hija, esa manera de mirarle a él mientras pela las bananas, lentamente y con tantos mimos, lamiéndolas de abajo arriba, azotándolas un poco en la punta antes de tragarlas; todo eso le parecía extraño… y le hacía hormiguear las pelotas.

PIZZA CALIENTE

Julio César.

PRUEBAS DEL DESTINO, SEGUNDA PARTE… 8

mayo 29, 2013

PRUEBAS DEL DESTINO, SEGUNDA PARTE                         … 7

Título: Pruebas del Destino 2.

Autor: Said Hernández

Esta vez los capítulos van acompañados de una canción.

http://www.youtube.com/watch?feature=playe…e&v=bRBCwATOM2o

……

http://www.youtube.com/watch?feature=playe…e&v=uYkQbTwrt3I

Canción: Love Game- Lady Gaga

CAPÍTULO 5: RECORDANDO ESOS LABIOS.

DESTINO 2

   -Buenos días, señor. -Jared escuchó la voz del presidente romper el silencio, dirigiéndose al dueño de la compañía, Zabala, quien no dejaba de mirar a Jensen.

   *¿Por qué lo mira?* Gritó el subconsciente de Jared que estaba a punto de levantarse, pero estaba muy cerca de Jensen y si se movía revelaría su cercanía. Sabía muy bien que Jensen era inseguro y le preocupaba el qué dirán, por eso prefirió quedarse quieto y saludar.

   -Buenos días. -se relajó lo más que pudo y sonrió al hombre vestido de gris, el cual dejó de mirar a Jensen para corresponder a los saludos con una falsa sonrisa.

   -Buenos días a todos, veo que mi novia se encuentra en la sala, al igual que nuestro nuevo jefe de vídeo. -su sombría voz confundió un poco a Jared, que no procesó muy bien las palabras de Zabala. Miró a todos los presentes, *novia*, todos eran hombres en esa junta o eso era lo que Jared pensaba hasta que encontró esa gorrita morada.

   *Mierda* Maldijo su subconsciente, Danneel Harris era la novia de Zabala, se movió en su silla empujando un poco a Jensen sin querer y el rubio solo se sonrojó y saludó tímido.

   -Buenas días, señor. -Jared pensó que el chico tartamudearía, pero eso lo habría hecho el antiguo Jensen, ese que no confiaba ni en su sombra.

   -Buenos días, señor Ackles. -el dueño se cruzó entre Danneel y el presidente para ofrecerle una mano a Jensen, quien un poco nervioso la tomó, estrechándola.- Es un gusto que trabaje en estas instalaciones.

   -El gusto es mío. -Jensen ya un poco más relajado respiró contestando con una sonrisa.

   *Lo estás imitando* le advirtió su subconsciente, pues estaba haciendo casi los mismos gestos de Jared.

   “Tal vez, pero él es relajado y yo quiero parecerlo”, se contestó a sí mismo.

   -Espero que sea el indicado para el trabajo. -Zabala agregó esto último, sentándose en su silla a la cabecera de la mesa.

   -Lo es. -Jared contestó rápidamente, al mismo tiempo que Danneel.

   -Perfecto, si Danneel lo dice y el vicepresidente lo confirma es porque es el mejor. -Zabala se acomodó sobre su silla y miró al frente.- Primer punto a tratar. -sus palabras iban dirigidas al presidente, quien sacó de una carpeta negra un listado.

   -¿Ya sabemos algo de Steve Carson? -Jared pudo ver un leve moviendo en el rostro de Zabala, como si le inquietara el tema del antiguo vicepresidente.

   -Aún no se sabe nada de él, esperemos vuelva pronto.

   Eso no respondía las dudas de Jared. “¿Por qué no lo buscan? y ¿Por qué lo reemplazaron tan rápido?”. Miró al frente un poco distraído hasta que la voz del presidente le regresó a la realidad.

   -La celebración de este año. -todos los presentes, a excepción de Danneel y Jensen, miraron al castaño.

   -De eso ya me estoy encargando, el comercial deberá estar listo para dentro de dos días.

   -¿De qué tratará la celebración, Padalecki? -Preguntó Zabala.

   -Un desfile. -contestó orgulloso de sí mismo.

   -Genial, amo los desfiles. -aplaudió Danneel emocionada por la idea de Jared.

   -Buena idea, Padalecki, nunca hemos hecho un desfile. -Zabala esbozó una fría sonrisa y miró a Jensen.- Ackles, debe tener terminado el comercial lo más pronto posible.

   -Si, señor. -Jared escuchó la voz de su ex novio y su columna vertebral le mandó descargas eléctricas.

   *Por favor, solo es su voz*, su subconsciente le reprendió por lo que acaba de sentir al escuchar esa voz.

……

   El resto de la junta trató de finanzas, finanzas y más finanzas, algo verdaderamente horrible para Jensen, pero completamente normal para Jared. El castaño salió de la sala de juntas seguido por el presidente, que no paraba de hablar del desfile y de la fiesta que se realizaría la siguiente noche para el personal.

   *Jensen no sabe*, su subconsciente hizo que Jared saliera disparado tras Jensen, quien iba platicando con Danneel.

   -Jensen. -el castaño le llamó, no tan fuerte para que nadie volteara a verlos, claro que debía jugar un poco, pero con mucha discreción.

   -Los dejo, solos. -se anticipó Danneel y antes de que alguno de los dos pudiera decir algo, se alejó entrando al elevador.

   -Dime, Jared, ¿qué necesitas?

   -Mañana en la noche es la fiesta del personal, tienes que asistir.

   – Pero…

   -No protestes, tienes que participar, y el tema de este año son los disfraces. -Jensen quería inventarse algún pretexto para no asistir, pero también podía aprovechar la oportunidad para pedirle un consejo a Danneel y jugar un poco con Jared, aunque ese no era su estilo.

   -¿Debo llevar acompañante?

   -Si no quieres, no. -Jared pensó en pedirle que fuera su acompañante, pero eso debían tomárselo con un poco de calma.- Yo no tengo acompañante.

   -Yo menos, entonces te veré allá, adiós, Jared. -Jensen quería besarlo, nuevamente sentir eso dulces labios, pero no era el lugar ni el momento. Ahora tenía que concentrarse en acomodar su oficina, el escritorio no sería la única cosa que movería. Dejó a Jared atrás y bajó por las escaleras directo a su oficina, sin mirar a nadie al cruzar por los pasillos. Miró el escritorio junto a la ventana y el mueble en la pared.- Ese mueble no va ahí. – habló en voz alta para sí mismo y con todas sus fuerzas lo arrastró, acomodándolo junto a la puerta. Ni siquiera se dio cuenta de que había empezado a sudar.

   Debió haber pedido ayuda, pero no quería hacerlo, si lo habían nombrado jefe era por algo, además Jared tampoco había pedido ayuda para pintar su oficina de Seattle. Se paró en la puerta y miró su oficina. “Así me gusta” pensó y se sentó en su escritorio, encendió la PC e ingreso su nombre, su departamento y *Mierda*

   “Mi asistente” no sabía nada de su asistente. De mala gana salió de su oficina y subió por las escaleras hacia la oficina de Jared.

……

   -Bien, eso está perfecto. -le habló Jared a la bocina de su celular y colgó, anotando en la computadora, “listo carro alegórico”. De nuevo tomó su celular y marcó el número del bar que se rentaría para la celebración del personal.- Soy Jared Padalecki, si, soy el vicepresidente, solo quiero confirmar que el lugar está disponible para nosotros.

   -Por supuesto que sí, señor. -la dulce voz femenina, y un poco chillona, contestó un poco nerviosa.

   -Perfecto, hoy en la tarde realizaremos el pago, gracias. -Jared colgó su teléfono celular y tomó un respiro, escuchando el <<ring>> del teléfono en su escritorio.

   -Dime, Sandra. -contestó de mala gana.

   -Jared, el señor Ackles quiere hablar con usted.

   -Hazlo pasar. -contestó rápidamente al escuchar el apellido de quien lo solicitaba. Nunca le negaría una cita a este chico, así que corrió a su silla y se sentó en ella tratando de parecer un ejecutivo serio y ocupado, mirando ese perfecto hombre entrar en su oficina, mirándolo de arriba abajo y observando como el traje resaltaba cada parte de su cuerpo, cada músculo, cada bulto.- ¿Qué necesitas, Jensen? -le preguntó informalmente.

   -Un asistente. -la respuesta hizo que Jared casi se cayera de la silla.

   *Un asistente, ¡tiene que ser feo!* agregó rápidamente su subconsciente, cosa con lo que Jared estuvo de acuerdo.

   -Creo que podría ayudarte a escoger a alguien. -por primera vez Jared habló con nervios, esperando la respuesta del rubio.

   -Ya lo elegí. -esta vez Jared echó demasiado atrás su silla, volcándola con él encima.- ¡JAY! -seguro el grito del rubio se escuchó en todo Nueva York, corrió a ayudarlo, aunque la verdad le había parecido muy chistoso ver la cara de Jared al momento de caer.

   El castaño miró al chico que le ayudaba a ponerse de pie, hermoso como siempre, enredó las manos en el cuello del rubio y se alzó, pero no le soltó, el juego ya había comenzado en la sala de juntas y a Jared le gustaban los juegos.

   -No se me olvida que me prometiste algo en esa sala. -habló seductoramente, mirando como Jensen tragaba saliva realmente nervioso.

   -A mí no se me olvida que estuviste toqueteándome. –acotó saliendo del agarre de Jared y se alejó un poco, casi obligando a su cuerpo a hacerlo.- Le diré a Peter que se instale como mi asistente, gracias, Jared.

   -¿Peter? -al escuchar el nombre del chico, Jared olvidó por completo lo que estaba pensando.

   -Si, él me cae muy bien y ya le conozco. -Jensen contesto rápidamente y salió de la oficina sin mirar atrás.

   -Peter… -repitió Jared casi con odio, ese chico se había entrometido demasiado y ahora Jared tendría que actuar más rápido de lo que había pensado.

   Al salir de la oficina, Jensen se encontró con la mirada de la secretaría de Jared. *La chica masajes*.

   -Buenas tardes. -Jensen se despidió cortésmente, casi corriendo a las escaleras, pues si se quedaba más tiempo seguro comenzaría a reclamarle lo del masaje. No bajó el ritmo hasta que llegó a su piso.

   -Necesito a Peter en mi oficina. -gritó al entrar al pasillo.

   Todos los presentes miraron a un rincón donde estaba el joven junto a Lucian; el chico miró a todos lados y caminó directamente a la oficina, pensando que lo regañarían. Jensen abrió la puerta para Peter que tenía la mirada baja y estaba sudando.

   -Peter, te tengo una noticia. -comenzó a decir Jensen, pero fue interrumpido por el chico.

   -Lo siento, en verdad lo siento, no volverá a pasar.

   -¿De qué hablas? -Jensen miró, ladeando la cabeza, al chico que tenía enfrente.

   -¿De qué habla usted?

   -De que serás mi asistente personal.

   El joven esbozó una enorme sonrisa, mirando a su jefe.

   -¿En serio?

   -Si, Peter, en serio, ahora instálate en tu nuevo lugar de trabajo, y por cierto, cuando estés instalado me dirás que es lo que hiciste. -el chico salió de la oficina verdaderamente feliz, pero entró dos minutos después con una hoja en las manos.

   -Señor, debe sacar copias de esto. -Peter le extendió un pequeño cartel.

   -Gracias, Peter, lo haré inmediatamente.

   -Señor, mi disculpa anterior… lo que hice fue que no le di crédito por su comercial, lo siento. -Jensen había pensado que era algo más grave lo que inquietaba tanto al chico, pero solo era eso, entonces no había porqué preocuparse.

   -No importa, te veo en unos minutos, sacaré las copias.

   -Si, señor, el departamento de copiado está en el piso de abajo.

   -Gracias. -fue lo último que dijo Jensen antes de salir al pasillo, donde todos lo miraban, algunos sonriendo y otros simplemente le ignoraban.

   Bajó por las escaleras al siguiente piso, donde había pequeños cubículos donde las personas imprimían sus documentos, alrededor estaban las copiadoras y Jensen decidió ir a la última, la que estaba al fondo, escondida de todas las demás. Miró el artefacto y se jaló los cabellos.

   *¿Cómo funcionan estas cosas?*, estaba a punto de pedir ayuda a alguien cuando sintió el cuerpo de otra persona detrás del suyo. Estuvo a punto de dar un grito de sorpresa, pero volteó y se encontró con esos ojos almendrados que tanto le gustan.

   -Es fácil usar estas cosas. -dijo Jared con una sonrisa, adivinándole.

   -Para mí, no lo es. -Jensen trató de salir de su encierro, pero se encontró con una provocativa erección tocando sus glúteos. Solo pudo suspirar al sentir tremendo bulto tocándole.

   -Sólo pones el papel boca abajo, aquí… -Jared abrió la tapa de la fotocopiadora y se acercó más a Jensen, quien le tenía extremadamente caliente.

   *Como siempre*.

CONTINÚA … 9

EN BUSCA DE DROGAS

mayo 29, 2013

HASTA DONDE LLEGA LA COBIJA

SUEGRO LE METE MANO AL YERNO

   El sujeto cansado de los novios poco convenientes de sus hijas…

BIG ASS MAN

   El entrenador que nota que su pupilo vende algo en los vestuarios.

LA MANO EN EL ANO

   El que se empeña en encontrar algo como sea…

MARINE ABIERTO

   Los reclutas que regresan de permiso y duran contentos toda la semana.

LENGUA TRAVIESA

   El no invasivo que jura que hay cierto sabor a goma…

CHICOS PÍCAROS

Julio César.

LUCHAS INTERNAS… 107

mayo 28, 2013

LUCHAS INTERNAS                         … 106

ES0PERANDO

   Gente con encanto…

……  

   -Ustedes son unos sucios de mierda… ¡Hummm…! -grazna cerrando los ojos y sintiendo como ese culo le halaba y sobaba el güevo, y como la lengua del otro lo medio lamía.

   Desde su sillón, Liborio los mira y jadea, con su traje caro y sus piernas muy abiertas, con su güevo muy erecto afuera, un instrumento de respetable grosor. Arrodillado frente a él se encuentra su hijastro, también de saco y corbata, viril con su bigotote, mamándole lento y a conciencia el güevo de arriba abajo, mientras sus manos lo aferraban por los muslos como para inmovilizarlo y no dejarlo cerrarlos. El joven, un carajo casado y con dos niñas, sube hasta la rojiza cabezota, lengüeteado traviesamente allí, besando la suave piel, lamiéndole el ojete, haciéndole cosquillas con el borde de su bigote, ensalivándola, dándole salvajes lengüeteadas sobre la barra, antes de volver a tragársela, mamándola con boca y garganta, sintiéndose morir de gusto con esa vaina adentro.

   Eso le encantaba, desde muy joven se había dedicado a levantarse a uno que otro compañero de estudios en los baños de la universidad, mamándolos y bebiéndose litros de semen. Mamaba a soldaditos, marineros, policías, bomberos, que las tenían bien calientes, y hasta a los enfermeros de una clínica cercana a la casa donde vivían. Todo iba bien hasta que un rumor llegó a oídos de sus padres y amenazaron con quitarle todo tipo de ayuda financiera.

   -No, muchacho, esto está mal… -gruñe excitado y avergonzado Liborio, intentando alejarle el rostro, pero sin muchas fuerzas, físicas o morales.

   Y menos cuando el otro se la traga todo, resollándole en los pelos dentro del pantalón. Sabía hacerlo. Y le encantaba hasta que le pusieron en tres y dos. Por eso se casó, para acallar esos rumores y progresar dentro del mundo empresarial; pero de tarde en tarde escapaba a La Guaira, hacia esos botiquines a pata de playa y vigilaba a los soldaditos y marineros borrachos, a quienes seguía hasta los baños y terminaba trabajándolos con su boca. De vez en cuando encontraba a uno que, bajándose el uniforme y la tanga, que dejaba que le comiera el culo mientras él se masturbaba su duro manduco con fuerza, para luego clavárselo cuando estuviera bien perdido de placer, sorprendiéndolo con su güevote en el culo. ¡Ah, cuantos hombres borrachos habían sido desvirgados así!… Para luego volver por más.

   Como lo haría su padrastro…

   Liborio se siente atrapado, asqueado y fascinado. No debería permitir eso, pero las chupadas que esa boca varonil (del hijo de su segunda mujer), le daba lo dejaban atontado. Esa boca mamaba a conciencia, tragándoselo todo hasta la base, ¡y mira que su tranca era grande!, pero la cubría con esa cálida y húmeda prisión de lujuria. La dejaba allí y con la lengua y los músculos de la garganta seguía ordeñándola, mientras meneaba la cabeza de un lado a otro, atragantado con un ‘aggg’, dejando escapar mucha saliva que corría por su pubis. ¡Mierda, que bien sabía mamar! Abre más las piernas y cerrando los ojos (ojos que no ven corazón que no siente), le atrapa la nuca al hijastro, obligándolo a ir y venir con fuerza sobre su güevote. Su cabello era tan fino y suave, o tan extraño al tacto por ser de otro hombre, que le encanta y excita más. La idea no le abandona, ese chico estaba mamándosela, su hijastro estaba chupándosela como un becerro. Ya deseaba llenarle la boca de esperma. Quería verlo tragársela toda, como ha deseado todo carajo a quien se la succiona otro. Abre los ojos y mira por la ventana, donde la escena ha cambiado otra vez. Vaya tipos para juguetones… ¡Y putos!

   Pedro, boca abajo, con el pecho apoyado sobre las almohadas y varios cojines, con las piernas muy abiertas, mira sobre su hombro como el joven catire, musculoso y con el arpón tieso, se tiende sobre él. Los muslos y piernas del otro atenazan las suyas, abriéndole más, inmovilizándole; el carajo sabía lo que hacía. El güevo erecto choca y se frota sobre sus nalgas mientras éste se posiciona tras él. Se mete en la raja, rígida y caliente, y Pedro casi ruge, levantando las nalgas contra ese tolete. Lo tiene semi atrapado a lo largo y lo frota, pero lo que le tiene mal es sentirlo tan caliente y pulsante… ya lo quiere enterrado en sus entrañas, llenándole. El catire sonríe, vaya calentorro. Se agarra la barra y frota la cabezota hinchada contra el titilante culo, que se veía sabroso y hambriento.

   -¿Lo quieres, maricón? ¿Quieres a un hombre llenándote?

   -Hummm, sí. Métemelo, papi. Cógeme duro…

   El tolete va clavándose poco a poco mientras Pedro chilla, tensándose sobre la cama, aferrando fieramente las almohadas; la sensación es poderosa, angustiante, estimulante y benefactora. Siente que su cuerpo vibra y vive en esos momentos como nunca antes. El güevo va entrando, clavándose, largo y grueso, empujándose contra el pequeño anillo redondeado que se abre, tragándolo, amasándolo y apretándolo en sus cálidas interioridades. El catire siente que ese culo lo chupa con ganas de dejarlo seco. Su pubis pega de esas nalgas redondas, acostándose sobre su espaldota, sintiendo como toda su barra era acariciada y apretada, y nada lo hacía mejor que un apretado culo de hombre.

   Arrodillado tras ellos, Renzo mira esa espalda ronceada, esas nalgas plenas y jóvenes, abiertas, con una raja cubierta por una pelambre no muy larga rodeando el ojito titilante de ese culo, con sus dos bolas más abajo, y unos dos centímetros de güevo afuera cuando esas caderas se aplastan contras las nalgas del otro. Los oye gemir y chillar, estremecerse, ir uno contra el otro. Las nalgas del catire van y vienen, abriéndose, cuando su tranca sale y entra, muy hondo, en las entrañas cálidas de Pedro. Un culito que…

   Las manos de Renzo atrapan esas nalgas, apretándolas, pellizcándolas y sobándolas, sentirlas era muy caliente, los glúteos de un chico a quien no conocía. Dos dedos entran en la raja y la recorren, sobándola, notando como el catire se tensa aguardando, para caer sobre el ojete del culo, dejándolos allí y meneándolo rudamente, provocándole oleadas excitantes que hacen chillar al muchacho que vuelve el rostro, con el flequillo en la frente, mirándolo con ansiedad. ¡Eso se sentía tan bien!, eso lo lee en sus ojos nublados de vicio. Las nalgas cobrizas y abiertas de Pedro enmarcan su culito penetrado, de donde sale y entra el rígido tolete muy blanco, que se ve enorme para semejante hueco, y Renzo lo mira gozándolo mientras sigue acariciándole el culo al catire, empujando; lo oye gemir y estremecerse todo, mirándolo mórbidamente otra vez, y es todo lo que necesita.

   Un dedo entra lentamente, sintiéndose extraño y excitante por prohibido, y el catire se cimbra sobre Pedro, subiendo un poco sus nalgas, sintiendo la presión e invasión en su lugar secreto de hombre de ese dedote. Se muerde los labios para no gemir cuando se lo clava todo, no era de hombrecitos, ¿verdad? Pero lo olvida cuando el dedo va y viene, cogiéndole, abriéndole, estimulándole. Renzo le empuja por la espalda lanzándolo sobre Pedro, quien gime al sentirse aprisionado, el calor y peso de los hombres era maravilloso, algo que lo enloquecía. Abriéndole las piernas a ambos, Renzo se arrodilla tras el catire, con sus pulgares le abre más las nalgas y su güevo totalmente horizontalizado apunta hacia su culito, que sospecha virgen. El catire lo mira mórbido. La roja cabezota se aprieta contra su culo y empuja más, forzándole el anillo del esfínter, obligándolo a chillar de dolor; eso quemaba y rasgaba. El otro no se detiene, le mete la cabezota y empuja más, oyéndolo chillar y revolverse contra Pedro.

   -¡Coño, duele!

   -Sólo un ratito. -ríe Pedro, meneando como puede las nalgas para seguir enculándose.

   -Relájate… y lo gozarás. -le gruñe Renzo, sobándole la espalda, mirándole las nalgotas, gozando de ver como su güevo entraba en el rojo y chico agujero.

   -Nunca me lo habían metido… Ahhh…

   -¿Nunca nadie ha querido metértelo?

   -Muchos; pero esta es la primera vez que… hummm… -se interrumpe gimiendo sobre Pedro.

   Renzo lo mete todo, dejándolo allí, sintiendo como ese culo lo apretaba feroz, ardiendo como si el infierno estuviera atacando allí. El catire chilla, eso quemaba y dolía, pero lo hacía conciente de sí, sentía todo su cuerpo atravesado por poderosas oleadas de placer. Arrodillado tras él, Renzo saca y mete lentamente su barra, cogiéndolo, atrapándolo por las caderas, halándolo y empujándole sobre Pedro. Ahora los tres jadean. El güevo del catire va y viene contra Pedro; y mientras siente que su güevo es mamado por ese culo estrecho, sedoso y mojado, nota la barra que lo penetra, frotando algo dentro de él que lo calienta y le hace gritar, despertando deseos que no conocía.

   El catire mira mórbido a Renzo, con la boca abierta, jadeando con esfuerzo. Renzo le sonríe, sobándole ferozmente la espalda y las nalgas, que aprieta con ganas, mientras uno va contra el otro. Ese culo busca ese güevo, frotándose de ese pubis y vientres, queriéndola más y más adentro. El catire casi babea, gozando una bola, sintiendo su güevo a punto de estallar muy clavado en ese culo caliente, mientras su propio culo era cabalgado ferozmente por el otro carajo.

   Con un bramido, Renzo se tira sobre él y Pedro chilla sintiendo que esos dos van a sacarle el aire como a un caucho, pero es algo que goza, que lo enloquece. Sus piernas están abiertas al máximo y su culo está totalmente atravesado por esa barra. Renzo se revuelve y empala con furia el culo del catire, mientras le atrapa los amarillentos cabellos, halándolos, forzándolo a mirarle, mordiéndole un hombro y lamiéndole la mejilla, empalándolo hondo con su manduco. Las embestidas de los otros dos hacen que el güevo de Pedro se frote con fuerza de la cama, unido a la inclemente cogida del catire, siente que su tranca tiembla y se corre sobre ese colchón. El catire se tensa todo y clava muy hondo el güevo mientras ruge que se corre, inundándole el culo al chofer con sus disparos de esperma caliente y abundante, la cual escapa un poco de su culo, a pesar del güevo clavado. Con un alarido, tal vez estimulado por los otros dos, Renzo se corre muy hondo dentro de ese ano ya más dilatado y abierto al amor de hombres, que alberga su tranca y recibe de buenas ganas su rociada de leche caliente. Los tres jadean, cansinos, unos sobre los otros.

   Mientras los otros se corrían, Liborio chilló, tensando las piernas, sintiendo los muslos casi acalambrados; atrapándole la nuca al hijastro, empuja sus caderas hacia arriba, clavándole el tolete en la garganta. El tipo casi tose y se ahoga, por la tranca, y por los disparos de semen que se suceden contra sus amígdalas, bebiéndola con desesperación, con urgencia. Le encantaba beberse el néctar de los machos, y no dejó escapar ni una sola gota. El hombre mayor le mira extrañamente fascinado, lo ve sacárselo de la boca, dejándolo enrojecido y trabajado, lamiéndole aún la cabezota como para sacarle aún algunas gotas de leche. Era algo…

   Dejándose llevar por el morbo, Liborio le mete las manos bajo las axilas, alzándolo fieramente, metiéndolo entre sus piernas, abrazándolo. Su boca busca con urgencia la del joven, atrapándola, metiendo su lengua allí, lamiéndole los labios, la lengua y los dientes, buscando el olor y el recuerdo de su esperma en el otro. Se besan lengüeteados, mordelones, sin recato. Una mano firme y grande de Liborio baja por la espalda del hijastro y cae sobre una de sus nalgas, apretándola, clavándole los dedos allí.

   Quiere culo… ¡quiere ese culo…!

   Al tiempo que Renzo y el catire repartido de pizzas siguen en el cuarto, discutiendo (al parecer el pedido de pizza no era para ese apartamento y ahora el joven estaba metido en un peo); desnudo, con un cigarrillo en la mano, Pedro sale al balcón, hacia la oscura ciudad, fumando con calma. Debía irse, debía ir a trabajar. Fue buena esa sesión de sexo, pero ya estaba bien. Mira hacia la noche y cree ver a dos carajos abrazados ante un escritorio en el edificio de en frente; Dios, ¡el mundo estaba perdido! Sabe que es La Fiscalía. Mira hacia abajo, hacia la salida de los estacionamientos y ve como va saliendo un carro, y como otro que parecía detenido allí, enciende el motor, y al parecer (eso le parece claramente a él), va a lanzarse contra el que viene subiendo la rampa, intencionalmente…

……

   La amplia sala del apartamento se encuentra en una suave penumbra que Frank consiguió al bajar la intensidad de las lámparas. Está arrellanadote en el cómodo sofá mirando fijamente la gran pantalla del televisor. Nicolás está sentado en un ángulo lateral a él, en un sillón que parece hecho para amoldarse al cuerpo (era increíblemente cómodo, tanto que estaba preguntándose cómo hacer para llevárselo cuando tuviera que partir), mirando el aparato también, donde en esos momentos transmiten un particularmente violento juego de hockey. Esa gente se daba con todo, y Nicolás nota como Frank asiente y sonríe levemente. Entendía por qué le gustaba; él era así, rudo y violento. El joven, personalmente, preferiría ver Global y las noticias, pero esa era la casa de Frank.

   Mientras sigue las incidencias del juego, Frank lo interroga, queriendo saber, entre otras muchas cosas, qué pasó con Mary Coello. Nicolás le dice que ella le cortó las patas.

   -Por pesimista y depresivo. -gruñe, evitando mirarle los fuertes y fornidos muslos abiertos al otro hombre.

   Frank piensa que esa muchacha era una tonta, pero saber que ya no está con el joven lo llena con una poderosa oleada de felicidad, que disimula, sin embargo. Habla como al pasar, pero quiere saber cosas. Así que le pregunta al joven cuándo, cómo y con quién fue su primera vez. Entre hombres, aún cuando se mienta o exagere descaradamente, eso es normal. El sexo, y lo que tiene que ver con él, siempre interesa.

   Nicolás sonríe, evocativo, recostado del respaldo y Frank nota, algo molesto, que el recuerdo le parece grato. ¡Maldita golfa!, piensa de esa mujer, celoso. El muchacho cuenta que fue a los dieciséis, lo que al otro le parece muy tarde, con una vecinita. Que le encantaba, pero ella tenía muchos pretendientes y ni le paraba. Que una tarde en el liceo, él y su mejor amigo la invitaron a ella y a una amiga a ver una película que ese amigo dijo era buenísima. A él le costó invitarla, pero lo hizo. Salieron y el amigo los hizo ir desde La Silsa, donde vivían hasta el Centro para ver la película en un cine que los lunes cobraba menos. Que la famosa película era una española, Las Edades de Naná, una bandida que se acostaba con todo el mundo. Que como era lunes eso estaba full, y como era medio porno estaba lleno de tipos que gritaban y aullaban. Mortificado todavía, el joven cuenta que fue uno de los peores momentos de su vida ya que la vecina y la amiga estaba arrechísimas con ellos.

   -Cuando la mujer, Naná, salía con las tetas al aire ¡gritaban unas vainas!, y ellas estaban de a toque. Y si te parabas para ir al baño todos preguntaban gritando que sí era que te ibas a hacer la paja. Ellas se pararon y les gritaron cachaperas… -sonríe ante el desagradable recuerdo.

   Que eso fue fatal. Para colmo el amigo no llevó plata y no pudieron brindarles sino una caja de chicle para los cuatros. Que ellas salieron molestas y él también. Lo cumbre fue cuando se montaron en el autobús para volver a La Silsa, y nadie tenía plata. Al llegar todos bajaron corriendo y lo dejaron a él para que diera la cara ante el chofer.

   -Fue horrible. -mira algo mortificado como Frank medio ríe y como su corpachón se estremece. Su mirada audaz, y actuando por su cuenta, volaba sobre su tórax ancho, caderas y piernas.

   El joven cuenta que la muchacha lo esquivaba como si fuera una plaga, y por meses lo evitó. Pero una tarde, dizque estudiando se quedó en su casa y en una salida de su mamá, lo hicieron en la cama de ella, asustados de que la vieja volviera. Que fue rápido, y malo.

   -Créeme, siempre espero no encontrármela por ahí. Debe odiarme todavía.

   Recostándose en el sofá, montando un pie sobre la fina mesita, abriendo más las piernas, viéndose aún más atractivo para alguien que quisiera bucearlo, como hacia Nicolás aunque lo odiaba y trataba de evitarlo, Frank cuenta que para él no fue malo. Fue a los trece, pero que ya de antes adoraba la pornografía, las revistas a color de mujeres que eran cogidas hasta por las orejas, y que sus hermanos mayores comparaban, atesoraban, y él les robaba. Cuenta que siempre fue grande, y que a los trece parecía algo mayor, y que su hermano tenía una bonita novia que se la pasaba en la piscina. En bikini, y que él vivía obsesionado con ella. Que a veces traía a una amiga, como de dieciséis o diecisiete. Que un mediodía, él en traje de baño y la amiga en tanga, jugaban, nadaban, luchaban. Se hundían bajo el agua.

   -No sé si ella creía que era algo inocente, pero yo estaba caliente y con el güevo tieso…

   Cuenta como la asediaba en el agua, como la abrazaba y se frotaba hasta que ella lo sintió, excitado y duro. Que ella lo tocó bajo el agua, que subieron a uno de los cuartos y lo hicieron en una cama grande, toda la tarde. Que lo hicieron, una y otra vez, y les gustó. Él quiso que ella se lo mamara, y metérsela por el culo y la cuca, como veía en las revistas. Que ella le frenó algunas cosas, pero que lo gozaron un puyero, sobre todo cuando él le metió la lengua hondo en la cuca, casi despegándole el clítoris de un mordisco involuntario.

   Para Nicolás no es ninguna sorpresa que el hombre consiguiera fácilmente lo que quería; fuera de la plata, era guapo. Guapísimo. Podía imaginárselo muy bien a los trece, catire y bonito, grande, en traje de baño y con el güevo abultándole. Siente que enrojece y nota que Frank lo mira.

   -¿Estás bien?

   -Estoy… algo cansado.

   -Oh, claro, por las pastillas, el incendio y todo eso. Siento distraerte tanto.

   -No, le he pasado bien. Pero creo que mejor me retiro, a dormir. -replica ronco, parándose, medio inclinado, intentado ocultar algo en su entrepierna, esa imagen de un Frank cachorro y calentorro le había dejado mal.- Buenas noches. -y espera que Frank diga algo; pero éste sólo lo mira fijamente. Con una intensidad que lo asusta, mientras su pecho sube y baja con fuerza. Que pectorales, se dice con debilidad…

   -Duerme bien, ratita. Y no te preocupes por nada. Aquí estarás bien. A salvo de todo. Yo me ocuparé de eso. -lo dice ronco y cálido, sin moverse, sólo mirándole.

   -Yo… gracias.

   Sintiéndose increíblemente torpe y confuso, Nicolás sonríe, traga y escapa. Frank se vuelve a mirarle. Al joven lo atolondraron esas palabras y esa mirada. Fue casi como una promesa, no de algo carnal o vulgar. Era más bien como una promesa… de amor.

……

   Al tomar la rampa para subir y salir de los estacionamientos, Eric Roche se maldice por dejarse agarrar con la noche. Salir de La Fiscalía a esa hora era un problema. Y en ese desgraciado edificio sólo había oído malas noticias. Sube en el momento en que otro carro, más viejo, baja rápidamente, casi con un chirriar de cauchos. Eric chilla sorprendido; la colisión ocurre de frente, segundos después. El joven se ve impulsado hacia atrás y su cuello se resiente con el latigazo. ¿Qué coño’e la madre pasó? ¿Acaso eran ciegos o locos? ¿Cómo bajaban así?

   Lleno de una justa y explicable cólera, abre la portezuela, sosteniéndose el cuello con una mano, para ver qué le pasó a su carro y quiénes eran esos retrasados mentales. Le duele, mucho, el cuello… y el carro. Mira el capote algo arrugado, y como del otro vehiculo, casi a la salida misma de la rampa para alcanzar la calle, salen dos tipos bien vestidos, de piel morena, quienes miran en todas direcciones, como comprobando que están solos, como en realidad lo están.

   -¿Está bien, amigo? -pregunta uno, con un tono cantarino, antillano.

   -¿Cómo bajan así la rampa de un estacionamiento? ¿No leyeron que era salida solamente? -grazna el joven, molesto.

   Desde el edificio que está al frente, gracias a la luz de las farolas, un desnudo y despreocupado Pedro lo vio todo, con cierta sorpresa. El carro que bajó parecía estar detenido y de pronto aceleró mientras descendía, chocando al que venía. Que raro. Ahora ve como el sujeto chocado baja y le parece vagamente familiar aunque no puede verle claramente. Lo que sí nota es a uno de los otros dos que bajan del auto que lo impactó. El tipo mueve sus manos a sus espaldas buscando algo en la cintura del pantalón. Un arma que va sacando. Dios, ¡no era un choque! Era un robo, o un secuestro, o un asesinato, ya en este país no se sabía qué podía pasar, pero pasaba. Para el joven, lo que vio, fue suficiente.

   -¡Cuidado, pana, están armados! –grita a todo pulmón desde ese balcón en mezzanine ahuecando las palmas de las manos contra su boca para ganar en potencia.- ¡Están armados! –repite con fuerza.

   En cuento el potente grito se deja oír, un tipo joven y alto, de corte militar y ojos cubierto por lentes oscuros, detenido en la acera opuesta a la salida de los estacionamientos, medio corre hacia la calle y mira hacia el edificio donde está Pedro. Se trata de Alex, alguien a quien Eric, después de mirar fugazmente hacia la calle, de donde vino en grito de alarma, cree reconocer. Los dos secuaces de Alex se medio vuelven también, alarmados por el grito, con el tipo mostrando ya en su mano la automática. Eric sólo necesita eso y rápidamente se oculta tras el carro, agachándose, entendiendo la inutilidad de intentar correr hacia el interior del estacionamiento, o encerrarse en el vehículo. O, más fantasioso aún, enfrentar a los maleantes.

   El joven, con el corazón queriéndosele salir del pecho y un dolor terrible en su cuello, se oculta tras el culo del carro mientras nota que los dos sujetos se recuperan y miran hacia donde debería estar él. Hay un disparo que destroza su ventanilla trasera. Eric chilla, alarmado. Sabe que el disparo es para detenerlo, para que olvide correr. El dolor del cuello, que se pone rígido, lo mata. Aún así chilla, llamando a alguien, y grita que lo están atracando, que alguien lo ayude.

   Desde su puesto de observación, Pedro los ve moverse, armas en mano y también grita, llamando a la policía, mirando hacia la calle, generalmente llena de gente, donde ahora todo el mundo corre y se vuelve ojo de hormiga. Caracas era un territorio entregado al hampa, y la gente sabía que debía defenderse como pudiera y que cada quien cuidara de sí. No había Gobierno.

   Mientras va hacia el estacionamiento, Alex mira hacia el balcón y apunta con su arma, haciendo que Pedro chille y se arroje al piso. Alex, tranquilo pero molesto ante la interferencia de la ejecución planificada (un hombre es chocado por otro, discuten y uno termina asesinado. Tontería. Necedad. Pero mortal), sabe que eso fracasó, pero tenían unos segundos que bastaban para matar a un hombre…

   Sólo pasan fracciones de segundo, pero Eric mira a los dos carajos acercarse, increíblemente lentos, y entiende que van a matarlo. ¿Qué hacer? ¿Correr? Era tonto, le darían fácilmente por la espalda; pero quedarse ahí, sin hacer nada, lo molestaba. Se parapetea mejor tras el carro. Ve como los tipos cubren el vehículo por ambos costados, como cazándolo, temiendo acercarse. Pronto estarían con él. Sintiendo miedo, un dolor feo en el cuello y una terrible furia, Eric decide que se ocultará lo que pueda e intentará saltar sobre el que llegue primero. Sabe que le disparará antes de que pueda tocarle, pero debía intentar algo. No iba a morirse lloriqueando, o sin hacer nada.

   Los sujetos van no muy confiados. Eran dos, armados, contra un carajo al que suponían desarmado. Indefenso. Sería fácil; pero lo mismo pensaron de un sujeto en un cuarto de hospital.

   La mirada de Eric recorre todo como un animalito ajustado, ¿dónde estaba la gente de Vigilancia? ¿Dónde estaba La Guardia Nacional que custodia ese edificio público? Jadea pesadamente, agachado y asomándose sobre uno de los costados del carro, esperando. Dios, esto era una maldita pesadilla. Le parece que alguien más va llegando, pero no sueña con que sea ayuda, debe ser ese tipo que le pareció vagamente familiar. ¿De dónde lo conocía?

   Alex quiere terminar pronto, le molesta notar que su llegada distrae un momento a los otros dos que ya deberían haber rodeado el puto carro y acribillado a Roche. El fracaso con William Bandre aún le pesaba, y ni haber matado a Tirzo Ramos lo disculpaba. Él sabía bien por qué no había nadie por allí, ni guardias ni vigilantes. Los engranajes del poder habían decidido triturar y machucar a un joven abogado, y todo se había puesto en marcha para que eso saliera bien.

   Eric cae sentado en el suelo, con la espalda pegada al vehículo. Van a matarlo, y mira con añoranza el oscuro estacionamiento con todos sus carros estacionados, lugares donde una cucaracha como él podría esconderse. Lo iban matar, así que lo intentaría. Haría como en las películas, correría como diablo ante cruz, en zigzag, eludiendo balas y se ocultaría. ¡No joda, ni que fuera Bruce Willis en Duro de Matar! Estaba convencido de que en cuanto se pusiera de pie para correr, tropezaría con el otro pie cayendo de boca y allí lo matarían, y tal vez también perdiera un diente. No importa ya, se agacha y echa el cuerpo hacia adelante, listo para correr. La pareja de maleantes detenida, parece esperar eso. Uno mira al otro sonriendo y con un dedo en los labios le indica que guarde silencio. Esperan a que la zorra salga y corra.

   Cuando está a punto de hacerlo oye un grito que viene del interior de los estacionamientos.

   -Al suelo, Eric. No te levantes.

CONTINUARÁ … 108

Julio César.

RAZONES

mayo 27, 2013

CUIDANDO LO QUE SE TIENE

ASS HOT

   ¿O invitación?

   -¿Lo ven? Por eso pasan las cosas que ocurren en las fraternidades universitarias. Se lo buscan, nos los buscan y alborotan dentro de los pantalones, y luego todo el mundo termina manchado y pegajoso. Pero, ¿quién se aguanta?

……

   Hace tiempo, en el programa ese de SONY, Saturday Night Live, Tina Fey parodiaba unas noticias y leía que en las universidades se crearían fraternidades gay, y acomodando las hojas con los datos comentó algo del tipo: “para que halla más sexo gay del que ya hay en los dormitorios”. Debemos estar claros, gente joven y caliente a toda hora, un trasero al aire, el diablo sopla, al menos una vez, y…

¿ASTILLA DEL MISMO PALO?… ¡OJALÁ!

Julio César.

¿ACABARON CON GLOBOVISION?

mayo 27, 2013

DESTITUIDO FERNANDO LUGO

GLOBOVISION-CHAVEZ

   Lo deseaban hace tanto…

   La noticia corrió como reguero de pólvora este día domingo, los mensajes se enviaron con furia, el Gobierno le habría ordenado a la nueva directiva del canal de noticias, GLBOVISION, que purgara de la planta a todo aquel que molestara y contradijera la propaganda oficial. Buscando al respecto encontré un portal que jamás había visto, Mujeres de Negro, el cual traía detalles, tal vez algo especulativos, del horrible hecho. Por cierto, una página muy buena e interesante, aunque intenté dejar un comentario y no aceptó mi identidad.

……

domingo, 26 de mayo de 2013

NOTICIERO DIGITAL – GLOBOVISION TOMADA POR LOS ROJOS

Los nuevos dueños de Globovision que son rojos rojitos, comenzaron a mostrar el rostro Dictatorial y luego de Sacar del Aire al Dip Ismael Garcia y negarse a reseñar el acto de ayer de @hcapriles en Barquisimeto, ahora SACAN DEL AIRE A BUENAS NOCHES y a sus Anclas Kico Bautista, Carla angola y Roland Carreño por haber colocado la noche del viernes el acto en Barquisimeto de @hcapriles.

Tambien saldrian, Chuo Torrealba, nitu Perez Osuna, Maria Elena Lavaud, Roberto Giusti y Norberto Mazza

ACABAMOS DE ENTERARNOS QUE LOS PERIODISTAS DIGNOS DE GLOBOVISION RENUNCIARAN MASIVAMENTE EN LAS PROXIMAS HORAS EN SOLIDARIDAD

QUÉ OPINARAN LOS CHAVISTAS DE LA JUGADA MADURISTA DE TOMAR POR ASALTO GLOBOVISION A PUNTA DE BILLETE?

QUÉ DIRAN LOS DAMNIFICADOS QUE SOLO GLOBOVISION LES CUBRIA SUS PROTESTAS?

POR DÓNDE SALDRA AHORA EL PROXIMO AUDIO SOBRE LA CORRUPCION ROJA?

REACCIONARA LA SOCIEDAD CIVIL?

Publicado por Mujeres de Negro en 13:38 http://www.blogger.com/post-edit.g?blogID=58844833037934975&postID=8311934096496935958&from=pencilFPRIVATE “TYPE=PICT;ALT=”http://www.blogger.com/post-edit.g?blogID=58844833037934975&postID=8311934096496935958&from=pencil

……

   Encendí el televisor esta tarde y no estuvo presente en el programa dominical que lleva en GLOBOVISION, el diputado Ismael García, el gran denunciante de la grabación donde Mario Silva acusa a Diosdado Cabello de terribles actos de corrupción, denunciando su inmensa fortuna (según Mario Silva). El programa Buenas Noches, avisado por sus anclas, efectivamente está fuera del aire. Mañana sabremos si Jesús “Chuo” Torrealba, en Del Dicho al Hecho, también lo está.

   Se sostiene que esta fue la idea cuando el Canal fue comprado por personas señaladas de ser testaferros del poderoso hombre del Gobierno, el diputado Cabello, pero suena difícil de creer que para acallar la voz de un pequeño Canal que sólo se ve en señal abierta en el Centro del país, cercado por más de 700 medios informativos en manos del régimen, se halla llegado a los extremos de pagar esa pequeña fortuna en dólares que se dice se canceló, fuera de la promesa de cejar en la ilegal persecución parajudicial contra los antiguos dueños… Eso hasta que se recuerda la denuncia de Mario Silva sobre los montos de lo robado por el poderoso diputado y su clan. Esa pequeña fortuna gastada no les costó nada, pero le brinda el consuelo de silenciar una molesta voz que era escuchada aún por simpatizantes del chavismo. Y de paso hiere a Nicolás Maduro, quien queda de vista al mundo como otro de esos presidentes sudamericanos empeñados en acabar con las críticas y las denuncias contra su gestión.

   En fin, mañana sabremos la verdad…

¿GUERRA INTERNA EN VENEZUELA?

Julio César.

EN EL VELORIO LES TOCA SER EL MUERTO

mayo 27, 2013

BROCHA GORDA

PARTY GAY

   Y la fila era larrrga…

   ¿Han escuchado del tipo que cumple años y debe comprar la caña para que brinden sus amigos, ¡por él!? Hay a quienes les toca. Todos se ponen de acuerdo para recoger trastos en un gimnasio y sólo va uno; un caucho estalla y todos desaparecen. A este amigo, para su despedida de soltero, ¡su despedida!, le acontece. La desnudista-puta no va y los pasados de sus amigos dicen que ellos no se van con las ganas porque eso era muy duro y desesperaba y ardía. Y le toca a él, como festejado, recibir todas y cada una de las quejas duras, calientes y llenas. Y lo hace estoicamente, sólo dejando oír uno que otro gemido ronco y bajo… ¿tal vez ante tanta injusticia? Complacientes, que le dicen a esta gente.

CARGANDO CON LO QUE SE ES

Julio César.

CORAZON DE PLATA… 2

mayo 25, 2013

CORAZON DE PLATA

   Este relato, QUE NO ES MIO, es un Padackles sobre una realidad alterna. Un chico rubio y pecoso va al fin del mundo arrastrado por su abuela, y encuentra más de lo que parece a simple vista en la persona de un arrogante chico grande y sonriente, el cual le regala, al final, su propia vida para que el pecoso decida.

……

Title: Gray Moon

Author: River_sun

JARED AND JENSEN

   Espera por su verdad…

……

   -¡Aléjate de Sandy! -exige una voz.

   -Ella me busca. Sabes lo puta que es… ¡AGGG!

   La hiedra casi crea una pared y el rubio, después de entender que la vaina no es con él, se asoma un poco. Allí, contra la cerca paralela a esa donde fumaba, estaba el tío moreno con quien chocó, el cual está rojo tomate por la mano que se cierra sobre su garganta y, cree o teme estar engañándose, que casi parece alzarle un poco del suelo.

   -Si dices una palabra más, Tom, te arrancaré el corazón y se lo arrojaré a mis perros. -gruñe el otro entre dientes.

   Y Jensen le mira impresionado, para mal, porque por absurdo que suena la amenaza… le cree. Ese sujeto alto, delgado y algo desgarbado, cabello castaño largo que cae sobre sus ojos, unos que se ven extrañamente amarillentos de furia estaba allí irradiando toda la mala leche del mundo. Era alguien de cuidado. Peligroso.

   -Padalecki… suéltame… -jadea ronco Tom, cayendo un poco contra la tela metálica cuando el agarre se afloja, tosiendo.

   El otro joven, también con gruesa chaqueta con el nombre de la secundaría, no le libera por algo que Tom hiciera o dijera. Fue porque pareció congelarse por un segundo, arrugando levemente su frente de muchacho, moviendo luego la cabeza de un lado a otro, buscando con ojos más entrecerrados, volviéndose decididamente hacia donde estaba Jensen espiando, el cual se aparta bruscamente, abre mucho más los ojos tras las gafas y se queda muy quieto. Totalmente acojonado.

   -¿Hay alguien allí? -oye la voz demandante y autoritaria. Aguardando.- Mejor déjate ver, amigo… no me hagas ir por ti.

   El corazón de Jensen se dispara por esas palabras y por el tono demandante; medio boqueando, dándose el fenómeno de que el cigarrillo cuelga de su labio inferior sin caer, se pregunta qué hacer. Pada… Pada… Pada lo que fuera parecía encarnar a todos los abusadores que había tenido que enfrentar a lo largo de su corta vida. Le siente acercarse más que le oírle y echa a correr lo más sigilosamente que puede, alejándose de las canchas, sin preocuparse mucho por lo helado de terreno.

   Por su parte, Jared, ceñudo, mira hacia esa reja, soltando a Tom con cierta mala leche, y con una velocidad de movimientos desconcertantes llega a la entrada, sale de la cancha y se dirige al lugar. Desde que le exigiera salir y el momento de llegar ahí difícilmente transcurrieron cuarenta segundos, pero ya no había nadie. No entiende el disgusto que le recorre. Mira el caído cigarrillo y lo alza. Alguien que fuma, qué tonto, pensó. Observa con cuidado el filtro y lo olfatea, parpadeando. Con la punta de la lengua lo tantea, suavizándose sus rasgos inmediatamente, dejándolo caer finalmente. ¿Quién eres?, le pregunta a la nada, siguiendo con la mirada el camino que recorrió Jensen cuando se alejaba a toda velocidad.

……

   El resto del día del rubio pecoso no mejora, casi cae al entrar nuevamente al colegio, subió a la carrera las escaleras y fue recibido por un salón de clases lleno de personas a quienes no conocía y que le miraban con fijeza, algunos curiosos, otros divertidos (seguramente le recordaban del pasillo).

   -¿El señor Ackles? -pregunta el profesor Lehne, alto y de mirada severa, boca cruel.- Llega tarde, no sé cómo era en su anterior colegio, pero aquí… -y le riñe sobre la puntualidad.

   Disculpándose por lo bajo, sin mirar a nadie pero sabiendo que algunos parecen aún más divertidos, toma asiento en la última fila, dejándose caer pesadamente. Ofuscado por todo. Por la nueva escuela, por los altercados en el pasillo, por ese chico que le intimidó tanto, por el profesor y la clase. Levanta la mirada, bien, debía poner buena cara y continuar. Sobrevivir, como decía su abuela.

   -Profesor… -Tom Welling entra sonriendo. Tarde.

   -Tom. -le sonríe con aprecio el otro, sin decirle más.

   Y Jensen rueda los ojos, tal vez habría dicho algo, si estuviera realmente loco, pero toda idea escapa de su mente cuando el apuesto y alto chico moreno le mira, le reconoce y le promete unos buenos tortazos para más tarde. En los ojos azules podía leerse claramente “ya te jodiste conmigo”. Echándose hacia atrás en su pupitre, Jensen se permite una sonrisa torcida a la nada; ahora si, ya se sentía como en casa, como en cada escuela a la que ha asistido desde que comenzó su vida nómada con la abuela. Mira por el ventanal y se sorprende, el cielo está nublado, algo gris, sin embargo un árbol prácticamente desnudo de follaje, se alza frente a sus ojos. Y la combinación era extrañamente hermosa y pacífica. Se pierde en ello y…

   -Señor Ackles, por qué no se pone de pie y nos ilustra sobre lo que sabe de la Constante de Kepler… -interroga el profesor, haciéndole tragar y parpadear, ¿la qué de quién?

……

   Después de ese inicio en clases, lo que le faltaba a Jensen, quien compra un cargado y caliente café en la cafetería a media mañana, fue que aquel chico alto y calvo, de sonrisa sarcástica, le metiera un pie haciéndole tropezar y derramarlo todo. La carcajada general que estalló fue proporcional a la mala leche de la señora de limpieza, quien pareció creer que lo hizo a propósito por el único placer de molestarla. Al terminar de salir de la cafetería, enrojecido, burló la vigilancia y corrió escaleras arriba para refugiarse en su aliada habitual, la soledad, en este caso la de los pasillos. Recargándose de la baranda, cercano a una de las columnas de medio pasillo, mira hacia abajo, la gente cruzando el espacio abierto, los pasillos inferiores. Todos se veían homogéneamente jóvenes, sonrientes, satisfechos. Pero el rubio ha aprendido a ver con más cuidado.

   Nota a la chica delgada y sin maquillaje que camina sola, hombros bajos y a la defensiva, a los chicos algo obesos fijándose en Tom Welling que viene de los sanitarios, montándose su chaqueta, tal vez deseando exhibir su cuerpo flexible y esbelto. Le ve reunirse con el chico calvo que le metió el pie (¡temía que ser!), se palmean las espaldas y estallan en risas por algo, y al pecoso le parece que en los ojos del chico calvo brilla una luz decididamente diabólica. Mentalmente lo coloca en su lista de gente que debe ser evitada a toda costa. No le extraña verles, con otros dos, rodear a chicos que palidecían, les entregaban sus jugos o refrescos y salían huyendo, ayudados con un empujón.

   Es cuando le ve…

   Del otro lado del pasillo, haciendo una entrada triunfal, viene ese chico alto y melenudo, de rostro infantil y hasta bonito, el tal Pada… Pada… Pada lo que fuera. Va al centro de un grupo de cinco, con un chico rubio a su derecha y Sandy al lado de este, una joven morena y muy menuda a su izquierda y al lado de esta va un chico alto y negro. Parece una banda de gángsters, gente poderosa. El chico parecía Lord Wader, con gente de confianza, supervisando la nueva Estrella de la Muerte. Se le hacía muy fácil imaginarle con una capa ondeando a sus espaldas. No escapa a sus ojos que este grupo también es evitado por el resto del alumnado. Sin embargo el joven le fascina, esa cara de niño travieso era difícil de compaginar con la violencia exhibida en las canchas, y menos con su fea amenaza a la integridad del otro. Frunce el ceño porque algo estaba ocurriendo, el grupo se frena un poco cuando el chico alto se detiene, buscando algo con la mirada, alzándola luego, de manera imprevista. ¡En su dirección!

   Jadeando, al rubio apenas le da tiempo de ocultarse tras la columna, sorprendiéndole a él mismo la intensidad de los latidos de su corazón. ¡Joder! Con rapidez se aleja de la columna, marcando distancia de la baranda y de la vista del otro.

   -¡Ay! ¡Cuidado! -el grito le hace pegar un bote y mirar en esa dirección.

   Oh, Dios, ¿otra vez? ¿Otro tropezón-altercado-enemigo mortal? Ahora tendrá que arrojarse baranda abajo, intentando caer de cabeza y…

   -Lo siento, yo… -mortalmente rojo de cara mira a una joven menuda, rubia pelirroja, de aire sereno y hermoso, aunque en sus ojos brilla cierta picardía.

   -No te preocupes, no sufrí ninguna lesión grave o invalidante; y no vayas a saltar… -le sorprende cuando le adivina, así como su risa leve, que en verdad le tranquiliza.- Créeme, hay cosas peores que tropezar con un chico mono. -entrecierra los ojos y le señala con un dedo.- ¿Eres el mismo que tropezó con Tom Welling y Sandy McCoy? Amigo, si quieres conocer gente debes buscar otro método, ese no te hará popular. -con una mueca alza un pie y lo baila.

   -¡No fue a propósito! Ni esto ni con ellos. -siente que se quema de vergüenza otra vez. Ella ríe.

   -Estoy bromeando.

   -No todos parecen tan comprensivos. -se le escapa, sin notar que mientras ella se acerca a la baranda, también lo hace él.

   -Entiendo. -ella le sonríe con afecto, mirando luego hacia abajo.- Tom no es fácil. Nunca lo ha sido. Demasiado mimado, rico y bonito para su propio bien.

   -Muchos aquí tienen ese aire de… -no puede continuar y arruga la frente, mirándolos a todos. Al chico alto con cabello sobre el rostro, sentado en una banca rodeado de Sandy y la otra chica, mientras el rubio y el chico negro cuentan algo.

   -Tienen ese aire de herederos. Oh, no te engañes, aunque estamos en el culo del mundo, Nome cuenta con su aristocracia. Tom, Mike, el calvo ese, Sandy, Alexis, Aldis, Chad y Jared son gente de la “realeza local”. Sus familias llevan años aquí, los primeros mineros a finales del siglo XIX. Eso les hace un poco difíciles, tanto a Tom como a Jared. -Jared, se repite mentalmente el rubio, sabiendo que habla del chico mechudo.- Sin embargo, Tom es un verdadero idiota. Aunque lindo, ¿verdad? -le desconcierta.

   -Supongo. -ella ríe.

   -Lo siento, suelo asumir cosas… -le tiende la mano.- Mucho gusto, soy Alyson Hannigan, bienvenido a Alaska.

   -Gracias. Soy Jensen, Jensen Ackles. -corresponde, todavía confuso por toda la información recibida. “¿Asume cosas?”.

      -Ya nos veremos por aquí, Jensen Ackles. Debo prepararme para una clase de arte. Que no te sorprendan vagando a solas por los pasillos. -advierte con una sonrisa, pero de alguna manera suena más grave.

   La mira alejarse, más confundido. Vuelve la vista hacia abajo y casi pega un salto, el chico alto, Pada… Pada… (Jared, repite una voz en su cabeza), mira en su dirección. ¡Oh, Dios…!

   Alejarse, entrar a un salón vacío y dejarse caer sobre un pupitre es lo mismo. Ocultándose. Allí se siente a salvo. Por un instante piensa en encender un cigarrillo, pero no se decide. Si le encuentran sentado allí sería malo, fumando imagina que sería mil veces peor. Mira por la ventana, hacia el cielo gris algo más brillante, así como las casi desnudas ramas de algunos pinos y se siente bien en ese cuarto solitario y silencioso, admirando una belleza que estaba más allá de sus acciones y deseos.

……

   Joder, ahora se le había hecho tarde y le agarraba la noche regreso a casa. O a la covacha esa a la que su abuela llamaba tal. Algo ceñudo se dice que esa mañana no cruzó por ese parque para llegar al colegio, pero no le importa mucho, aunque frío y algo solitario, era hermoso a la fantasmal luz de una enorme luna grisácea. Por un instante se siente bien, en paz… y, por supuesto, es cuando lo oye. Un leve llanto, algo quedo y suave. Al joven se le eriza totalmente la piel. Es un llanto de miedo y dolor, uno que parece sabe nunca recibirá atención. De desconsuelo. Cada célula de su cuerpo le grita que se aleje, que finja no escuchar y corra a refugiarse al lado de la abuela, pero se detiene y mira hacia unos árboles más allá, casi cubiertos de nieve, al final de una leve pendiente.

   Sube, los rodea y pierde el aliento, ha dado tan sólo unos pasos y cree estar en un mundo totalmente diferente. Ahora parece estar en una montaña, en lo más profundo y frondoso de la misma. Quiere volverse, regresar al camino de luz de luna. Eleva la mirada y las oscuras y altas romas lo cubren todo. Aún así ve la pequeña declive, una entrada labrada en las rocas, al final algo que podría ser tomado por una cueva de no ser por su forma cuadrada que indica fue labrada por manos humanas. De allí, de esa boca oscura, parte el llanto.

   -¿Hay alguien ahí? -pregunta sintiéndose tonto, ¿qué haría nadie en semejante lugar, llorando? Debía ser el viento filtrándose en las rocas, o su imaginación siempre tan…

   -Ayúdame, por favor… -pide una voz muy joven, ¿una niña, un niño? No lo sabe, pero la piel se le eriza aún más, mientras se estremece por el escalofrío que recorre su columna.- Ayúdame, me quiero ir a casa… –y, sea lo que sea, se arrastra un poco rumbo a la entrada y a Jensen ese sonido le parece conocido.

   -¿Por qué no sales entonces? ¿Por qué no te vas a tu casa si quieres? -inquiere, preguntándose a sí mismo si no ha enloquecido por continuar allí.

   -Por los monstruos. -es la dolida respuesta.- ¡Cuidado, está detrás de ti! -le grita de repente.

   Jensen va a responder, a girarse, a gritar o correr, cuando una zarpa grande cae sobre su hombro, uñas como garras que parecen cerrarse sobre su hombro penetrando la carne. Y grita…

   ¡Le tiene atrapado!, grita mentalmente abriendo los ojos, cayendo del pupitre, jadeando totalmente atrapado por el sueño. Se había quedado dormido en el salón, cosa no tan rara después de la noche vivida, y había tenido esa pesadilla tan…

   -¿Estás bien? ¿Te lastimaste al caer? -la pregunta, preocupada, le regresa al presente, alguien le zarandeaba por el hombro y… eleva la mirada y se congela, boca abierta. El chico alto y melenudo, Pada… Pada… el tal Jared estaba allí. El joven le mira con atención.- ¿Te asusté? Lo siento. Entré y te vi ahí, como desmayado, o muerto, y me alarmé. -le sonríe, todo hoyuelos, hermosos hoyuelos (un momento, ¿hermosos?). Sonrisa que se tambalea cuando no recibe respuesta.- Eres nuevo en la escuela, ¿verdad? -lo intenta otra vez, sonreír, y nada del otro.- Claro que lo eres, nunca nos habíamos visto. -su tono es afable, un poco… si, un poco presionante, como si deseara hacerse notar, pero Jensen sólo puede recordar sus palabras en la cancha, lleno de pánico y con ganas de escapar.- Me llamo Jared, Jared Padalecki. Lo sé, suena extraño, pero pronto te acostumbrarás. -asegura sonriendo intenso, como si diera por sentado que ambos terminarían siendo los mejores amigos del mundo.- ¿Te ayudo? Ese piso no parece cómodo y no creo que lo ablandes. -comenta locuaz, algo nervioso ahora, inseguro de cómo proseguir con el chico mudo que sólo mira en todas direcciones. Le tiende la mano.- Vamos, levántate o se te helarán las bolas. -se le acerca más, persistiendo en su sonrisa y buenas intensiones.

   -¡No me toques! -ruge Jensen sin pensar, arrastrándose un poco de culo hacia atrás, poniéndose de pie, notando como el otro se tensa.- Estoy bien. Me dormí y… creo que soñaba y me sorprendiste.

   -Lo siento. Bien… -aplaude con sus manos intentando recuperar su buen humor.- Bienvenido a Nome, y como parte del estudiantado es mi deber, y creo que placer, mostrarte el colegio y presentarte con la gente que vale la pena.

   -No, gracias; no tienes que molestarte por mí. -vuelve a replicar, por reflejo, notando su desconcierto y… si, cree que algo de confusión y dolor, cosa totalmente absurda. Tal vez fuera hora de cambiar los anteojos.- Yo debo ir a… a… -toma sus cosas casi de un zarpazo, como si no quisiera acercársele, disponiéndose a salir, sin volverse, pero jadea sorprendido. Jared está al frente, entre la salida y él, aunque no vio en qué momento se movió.

   -¿Ocurre algo malo? Conmigo, quiero decir…

   -No, nada, si ni te conozco. -grazna nervioso el rubio, empujando con un dedo las gafas sobre el puente de su nariz.

   -Pensé que tal vez verme discutir con Tom Welling en las cachas te había predispuesto contra mí. Sé que eras tú quien escuchabas.

   -¡No espiaba, yo…! ¿Cómo sabes que era yo? -casi jadea cuando Jared se le acerca, mucho, sin violencia, tan sólo muy caliente y vital, invadiendo su espacio personal, olfateándole.

   -El cigarrillo… un feo habito. No me gusta que lo tengas. -suena crítico y Jensen le mira ofuscado, boca abierta, dando un paso atrás.

   -¡No es asunto tuyo! -su genio, aunque siempre controlado, escapa por un segundo, elevando el mentón cuando nota el endurecer de boca del otro, nada contento con la réplica, pero relajándose a continuación.

   -Bien, bien… -alza las manos.- No quiero discutir, no por Tom; tan sólo quería presentarme, darte la bienvenida y saber quién eres.

   -No soy nadie. -es la réplica rápida, la de siempre.- Mira, te agradezco tu amabilidad pero debo irme…

   -¿Ocurre alguna otra cosa? ¿Algo más que lo que viste? Créeme, pude sonar algo… gilipollas, ¡pero Tom es un idiota!, se lo merecía.

   -Alguien siempre merece algo, ¿no es así? -gruñe opaco, cansado de ese argumento de abusador que se justifica. Jared le mira irritado al fin.

   -Vaya, estoy intentado ser amable y recibirte bien, pero estás tan lleno de ti mismo que resultas intratable e insoportable.

   -Bien, eso puede arreglarse. -cruza a su lado, alejándose rápidamente, aún así notando todo el enojo que emana de Jared Pada… Pada…

……

   -¿Qué tienes? ¿Sandy sigue dándote calabazas con Tom? Sabes que intenta darte celos. -Chad Murray, el rubio amigo de Jared Padalecki, le alcanza al borde de la baranda donde este mira hacia abajo, como rato antes hacía Jensen Ackles.

   -El chico nuevo es un idiota. -gruñe el castaño con un deje de ira y frustración, volviéndose hacia un estudiante que pasaba por allí con una manzana en la mano a punto remorderla, quitándosela y alejándole de un empujón. Este parece que quiere decir algo, pero cuando los otros dos le miran, baja los ojos y se aleja con prisa.

   -El mundo está lleno de idiotas. -responde Chad, luego frunce el ceño.- Pero es alguien nuevo… Creo que sería bueno saber quién es en realidad. -se miran a los ojos y Jared asiente, entendiendo.

   Ausente, el castaño mira la manzana y le da un buen mordisco, está jugosa y dulce, la saborea con placer… y es cuando ve al chico nuevo, el idiota, tomando agua de un filtro. A pesar de la distancia le distingue muy bien, el chorrito sobre y entre sus labios rojizos y carnosos. Jared se atraganta con la manzana y sonríe de manera predadora, muerde otra vez y parece estar imaginándose haciendo algo más. Chad le mira extrañado.

   -¿Qué coño te pasa?

……

   Dándose prisa en regresar a la casa, aún bajo el recuerdo del sueño, Jensen intenta no pensar en Jared Pada… Pada… Pero este insiste en volver, así como el desasosiego que sintió en su presencia.

   Frustrado abre la puerta de la calle rumbo a la cocina. Tiene hambre, después de lo del café no se arriesgó a volver por la cafetería. Cruza frente a la puerta del nuevo despacho de su abuela y la encuentra absorta en la lectura. Casi ni repara en ello, aunque lo hace, que ella cierra rápidamente el libro y lo mete en una gaveta.

   -¿Cómo te fue en la escuela?

   -Divinamente. -y sigue hacia la cocina.

……

   Ahí vivía el chico rubio y pecoso, se dijo Jared al volante de su camioneta. Y sonríe tomando aire a borbotones, alzando los hombros y apretando el volante con las dos manos. Tan cerca. Tan a su alcance.

……

ALYSON HANNIGAN

   Alyson Hannigan es una actriz querida, ha sido increíblemente afortunada porque el éxito ha acompañado los programas donde aparece, desde Buffy, la caza vampiros (yo la amaba, a las tres, también a Cordelia), a la serie de películas horribles de American Pie, aunque les fue muy bien. Ahora, más madura, está en otra serie que gusta una barbaridad, que traducido a la española de España sería algo como “Cómo conocí a vuestra madre”. Aquí es la amiga de Jensen, pero no quiere a Jared.

CONTINÚA … 3

Julio César.

SAZÓN

mayo 25, 2013

CUIDANDO LO QUE SE TIENE

MACHOS TOCONES

   Sabía que le gustaba la carne así…

   -¿Qué está saladita? Más abajo está mejor, te va a encantar. –le responde al ronroneante amigo que jugando le pasó la lengua para ver si era cierto que quien lo prueba se lo come… Y parece que va a pasar.

RAZONES

Julio César.

ADICTO A LA LECHE FRESCA… 2

mayo 24, 2013

ADICTO A LA LECHE FRESCA

   La presente es otra historia “maldita”, aunque no tanto. Un chico descubre, porque le llevan a eso, que le gusta mucho el sabor del semen. La historia NO ES MÍA, que no se moleste el autor si llega a saber que la estoy reproduciendo aquí.

……

Swallows milk

by Lexicode

SEMEN EN LA CARA

   En la cara, su verdad…

……

   -¿Te gusta esto, marica? ¿Qué juegue con tu culo hasta dejártelo bien abierto? -le preguntaría el rubio a su colega, viéndole luego a él.- Y a ti, muchacho, ¿se te moja el coño que tienes por culo sólo de ver esto o únicamente amas mamar los güevos de los hombres? ¿Sólo mamas güevos o también repartes culo?

   Y en este punto Alex no se atreve a pensar más, digamos que cuando el sujeto se tiende sobre él, luchando por meterla la mano dentro de su jeans, en su fantasía, ese tolete bien clavado en su garganta endurece más, quema como fuego, tiembla y le ahoga con sus copiosos disparos de semen, chorrerones que él tragaría con deleite, antes de que otros crucen su cara, casi luchando con el otro, el marinero de la barba, que también quiere y lame de sus mejillas. Dios, la imagen es tan poderosa e intensa que el muchacho teme mojar su pantalón y…

   -¿Estás bien, amigo? –le sobresalta el marinero rubio, mirándole con ojos brillantes algo burlones.

   -Yo… yo… -balbucea totalmente rojo, casi notando la sensación táctil del semen caliente y pegajoso secándose sobre su rostro. El subterráneo se detiene y prácticamente salta del vagón, sabiendo que ese sujeto le sigue con la mirada, adivinándole, sabiéndole un caliente mamagüevo.

   Alex no respira en paz hasta emerger a la superficie, donde jadea un poco, cerrándose mejor la chaqueta, ardiendo. Sabe que tiene la verga erecta, que necesita tocársela o frotársela levemente, al menos, sobre el jeans. Le excitó todo lo del tren… aunque la verdad fue ese olor. Traga mirando hacia la entrada del subterráneo, cavilando si marcharse o no, regresar a la quietud y seguridad de su casa. Pero ese chico alto y esbelto, de cabellos muy negros y finos, ojos azules y pómulos altos, bonita boca masculina y mentón hendido, sabe que no lo hará. No puede. Tiene que ir… cumplir con aquel hombre. El señor Milo. Necesita, de una manera casi agónica, eso que ese sujeto puede brindarle sin preguntas, sin disimulos, sin tener que intentar un incómodo acercamiento. El señor Milo simplemente se la sacaría de los pantalones y él podría cubrirla con su boca, gimiendo mientras lo hace. No quiere aceptarlo o ir, sabe que es inconveniente, pero… ¡NECESITA MAMAR UN GÜEVO! Es mamarlo o morir de calenturas.

   Decidido esto, alza los hombros y cruza la avenida hacia el imponente edificio… Ni imagina lo mucho que tendrá que rogar para que le dejen mamar.

……

   Todavía tomando aire, cruza la entrada del edificio, soportando sobre sí la mirada del conserje, hombre puesto allí para cuidar instalaciones y servir de vigilante. Enrojece un poco al notar su sonrisa algo burlona, preguntándose si… No quiere pensar más o se acobardará. Entra en el ascensor y mientras este sube, también así aumenta el ritmo de su corazón. Sale del cubículo en el piso doce, congelándose.

   -Señor Milo… -se detiene, humilde, mejillas rojas, manos en sus bolsillos, intentando controlar el bailotear de su cuerpo.

   -Llegas tarde, Lowell. –sentencia el hombre frente a él, pasado de los cuarenta, ancho de hombros que destacan como sus bíceps y tórax, a través de la camiseta sin mangas mientras se pone una chaqueta, cubriendo también el largo tatuaje que arranca de su hombro derecho hasta el dorso de la mano. Su cabello cobrizo oscuro es corto y tachonado de gris, casi al rape por los lados, ojos azules y fríos, rostro duro y boca cruel, sombreado todo por una barba fina que baja por sus mejillas, cubriendo los labios y rayando un poco el mentón.

   -Yo… me retracé en…

   -Voy saliendo. –informa terminando de calarse la chaqueta.- Vete, te llamo luego. Si tengo tiempo.

   ¿Qué? ¿Estaba saliendo? Pero, pero… el muchacho siente que se ahoga, rostro más rojo y ojillos asustados.

   -Pero señor Milo, me llamó para…

   -Eso era hace quince minutos. No puedo esperar todo el día para satisfacer tus necesidades, Lowell, si querías mamar güevo debiste llegar antes. –es indiferente, mientras revisa su móvil, llaves y billetera.

   -No vine… -traga.- Lamento haber llegado tarde, señor. No fue mi culpa. Necesitaba decirle algo, todo esto es… -quiere explicarse, decirle que no viene a mamarle el tolete, le urge aclararle el punto, porque era verdad, como también era cierto que no puede dejar de bajar la mirada hacia ese viejo jeans que cuelga bajo. Había algo dominante, de sadomado en aquel hombre, que le perturbaba.

   -¿Qué? ¿Hablar? ¿Venías a decirme algo? ¿No venías por esto? –como intrigado, el hombre atrapa con la mano derecha el paquete que se dibuja claramente bajo su jeans, y ver esa mano grande y tatuada atrapándolo le provoca escalofríos al muchacho.- ¿No quieres güevo, muchacho? ¿Es eso? –pregunta en aquel pasillo como si nada.- Si no vienes a mamar como el becerrito que eres, ¿qué haces aquí? Mejor vete.

   -Yo… yo…

   -¿Qué quieres, Lowell? No tengo tiempo para esto. –se vuelve y cierra la puerta, decidido a marcharse.

   -Si, señor… -gime admitiéndolo, temiendo que se vaya y le deje así. Se sobresalta cuando el otro se vuelve, sonriendo indiferente. Frío. Esperando. Así que traga y se lanza.- Por favor, señor Milo… déjeme mamárselo, señor. –pide, bajito.

   -No te escucho, muchacho. -se lleva una mano a la oreja.

   -¡Quiero mamárselo, señor! –gimotea, estremeciéndose porque escucha algunos sonidos y movimientos tras las puertas que le separan del hombre. Seguramente muchos escuchaban su confesión.

   -Mira… es tarde y ya tengo otro compromiso… -el señor Milo se las ingenia para parecer mortificado, por “fallarle” al chico necesitado.

   -Por favor, señor… -suplica, ojos húmedos, sabiendo lo que el otro espera.- …Déjeme mamárselo, lo necesito, señor. –repite, más humilde.

   El hombre se rasca el mentón, pesándolo, o fingiéndolo, sabiendo que atormenta al chiquillo.

   -Pasa. -gruñe abriendo, entrando sin ver hacia atrás.- Te estoy malcriando.

   Sordo por la sangre en oídos, Alex obedece con prisa, siguiéndole dentro del espartano salón de muebles fuertes, colores oscuros, con pocos adornos. Entra preguntándose qué sería de la esposa del señor Milo, y de su familia, y se detiene frente a un sillón ancho y cómodo, ubicado delante de una enorme televisión de plasma y lanza una fugaz mirada al sofá de tres puestos, en negro lustroso, donde todo comenzó. Así se la dio a probar por primera vez. No lo piensa más y cae de rodillas, manos a la espalda, mirada baja y a la espera, paciente y sumiso. El señor Milo le mira aprobándolo; quitándose la chaqueta, sonríe complacido, le gustaban así, obedientes. Toma una cerveza de la nevera, sólo una, y vuelve a la sala, cayendo de culo sobre su sillón, el jeans ajustándose imposiblemente a sus muslos y su entrepierna abultando.

   Bebe de la cerveza mientras enciende el aparato de video, casi enseguida comienza un tipo de anime japonés, de esos donde una chiquilla con ropas escolares es atrapada en una calle por un sujeto mayor y enorme, que le mete los dedos debajo de la falda y dentro de una delicada pantalelita transparente donde se nota que casi ni vello púbico tiene, y comienza a jugar con su coño aunque ella grita aterrada y se resiste. El señor Milo lo observa y toma aire, excitándose con sus propias ideas, mirando de reojo a Alex, el cual está rojo de cara, esperando por lo suyo, también estimulado por el anime donde ahora dos dedos del sujeto juegan con los labios vaginales de la chica, acariciándolos y apretándolos, abriéndoselos y cerrándolos, y de ella mana una gran cantidad de jugos aunque roja de cara. La chica sigue llorando por el abuso sexual al que es sometida.

   Sin embargo, Alex ya no lo ve ni oye lo que viene del televisor, pendiente del enorme bulto erecto bajo ese jeans a pocos pasos, la tela fuerte que le separa de lo que quiere, una buena verga para mamar. Respira pesadamente, la boca muy seca y el corazón palpitándole, ¿por qué tenía que ser tan cruel y negársela así? Se muere de ganas, quiere meterse entre sus piernas y recorrer con sus manos los fuertes muslos del hombre, sentir su firmeza, llegar a su entrepierna y ahuecando la mano atrapar su verga, duro, sobándola, sabiendo que eso le gusta al otro. Se estremece por las ganas que tiene de llegar hasta él y frotar sus mejillas y labios de esa tranca bajo la tela, acariciándola así, trabajándola con frotes hasta verla manchar la tela. Traga, el señor Milo le había enseñado el placer que podía encontrar lamiéndola sobre las ropas, apretándola con labios y dientes, chupándola y lograr que se corriera así, derramándose sobre la tela. La vista de una corrida sobre un jeans era algo tan caliente que le ahogaba. Era enloquecedor ver la leche mojando y emergiendo, para luego pegar la lengua, recogiéndola y tragándola. Pero se desperdiciaba mucho, reconoce con algo de vergüenza.

   -Ven acá. -el señor Milo abre más las piernas mientras toma de su cerveza, ojos fijos en el anime donde el hombre mayor, con cara de sádico, clava los dos dedos en la goteante vagina de la chica de escuela que grita y se estremece toda, tal vez de vergüenza pero también de placer. Casi gimiendo, Alex gatea hacia él, metiéndose entre sus muslos, mirándole suplicante y agradecido. Tal vez en otro momento se resistiría un poco a ese trato denigrante, pero ahora no puede. No con las ganas que tiene de mamársela. Baja el rostro y olfatea con fuerza, su propia verga sufriendo un espasmo. Huele agrio. Como si el señor Milo se hubiera corrido y no se lavara bien después. Y ese olor le enloquece, tanto que gime mientras muerde sobre la tela, chupando de la visible cabeza de la verga. El señor Milo aparta los ojos del televisor donde a la chiquilla se le suman los probemos, un policía obeso les ha sorprendido y ahora él mete dos dedos por su culo mientras el otro sátiro la masturba con tres dedos, y le sonríe a Alex.

   -Mira, una chiquilla como lo eres tú, muchacho, aprendiendo sobre el amor… Me gusta como te ves cuando adoptas la posición. -Alex ni oye, mordiendo como puede la cabeza sobre la tela, arrancándole calambrazos al hombre al arañarle con los dientes.- Aparta, pequeño, te daré lo que quieres… -le empuja por la frente, con esfuerzo maniobra y abre su pantalón, no usa ropa interior y una verga rojiza oscura emerge, grande y gruesa, venosa, con un aro plateado brillante en la punta de donde sale algo de jugo. Alex tiembla mirándola, fascinado. ¡Era tan grande, gruesa y dura!- Sácate la tuya, mama como el becerrito que eres, pero no me toques ni te toques. -le ordena.

   Y Alex obedece, frenético. Ante la visión de esa verga que se le ofrece, no puede ni coordinar ideas, como le ocurre a la mayoría de los chicos calentorros ante la perspectiva del sexo compartido, el más rico de todos. Su tranca, erecta, queda al aire cuando va cayendo sobre la otra con la boca abierta, gimiendo ya. Cierra los ojos y ronronea como siempre cuando sus labios chocan de la cabecita por primera vez, sorpresivamente suave y caliente, lo frío del aro, los acres jugos estimulan su lengua, como siempre. Recuerda que la primera vez le pareció horrible cuando eso le mojó, qué tonto era, se dice; ahora le sabe a gloria y lo demuestra gimiendo mientras succiona y lo traga, para que el otro entienda cuánto te gusta y qué tanto se lo agradece cuando abre sus ojos y le mira. Sus rojos y jóvenes labios besuquean y chupan por toda la cabeza, la lengua recorre cada pliegue, se mete dentro del aro y hala, y el señor Milo sonríe complacido.

   Sus labios bajan con esfuerzo sobre la gruesa barra de palpitante carne, aplastando la lengua contra ella y chupándola, llenándose con sus jugos. Cierra los ojos cuando se retira succionando más, tragando con ansiedad. Los labios rojos van y vienen, buscando más. La libera y ladeando el rostro pega la lengua transversalmente sobre la gran vena en la cara inferior, aleteando sobre ella, casi sintiendo el corrido de la sangre, sonriendo para sí cuando oye gruñir de gusto al señor Milo, y desde allí sube lentamente, lengua muy afuera, sonriendo cuando nota como la dura carne del hombre se estremece. La lengua rosa llega a la punta y vuelve a tragar el caro licor.

   El señor Milo sonríe, fingiendo que disfruta del anime donde la chiquilla, tetas afueras y tan sólo la faldita escolar como prenda inferior, es penetrada duramente por culo y vagina por dos enormes güevos que la hacen gritar, sudar y sollozar. Lo que en verdad goza es de la joven lengua que lo recorre, cada toque de esta produce corrientes placenteras que suben y bajan. Era increíble el pensar en cuán bueno era sentirla sobre su carne, todo hombre merecía una buena mamada, muchas mamadas. Cuando Alex la traga, cubriendo cada palmo con su cálida y húmeda boca, se estremece más. No había nada mejor que eso, tener a ese muchacho allí, a uno de sus guapos alumnos de rodillas entre sus piernas devorándole con ansiedad la verga. Oh si, una buena mamada era maravillosa, que te la diera otro hombre, en este casi el guapo gañán, era la puta locura.

   -Cada vez lo haces mejor. -le dice reforzando su confianza como un buen maestro, sonriendo ante el brillo de orgullo y gratitud en sus ojos azules mientras va y viene sobre su verga.- Muchas nenas me han chupado, pero nadie como tú, Lowell; eres el perfecto mamagüevo, el chiquillo siempre hambriento de vergas con el que todo hombre sueña en secreto. -comenta, vigilándole fijamente.- Tu gusto por las vergas sólo palidece ante el placer de tragarte la leche, ¿verdad? -interroga, atrapándole el fino y algo transpirado cabello sobre la frente cuando este cierra los ojos.- ¿Te gusta más la leche? -pregunta de nuevo, y quieto, la boca deformada en una gran o, con buena parte del tolete adentro, Alex asiente.- Me lo imaginaba, hay maricas que aman mamar, otros que adoran sentir sus culos destrozados por una buena verga, pero no todos aman el sabor de la esperma. Tú si eres de ese tipo… -Alex nada dice, no deja de mirarle pero continúa mamando frunciendo el ceño cuando le ve sonreír.- Lo sé, muchacho, lo dudas. Te dices a ti mismo que no eres un marica… -le atrapa las orejas, fijándole.- …Pero ¿cómo te llamas a ti mismo cuando sabes que amas tanto mamar y que te mueres por una poca de esperma caliente? -le reta.

   Le inmoviliza totalmente con las manos, empujándole algo hacia abajo, cerrando sus muslos prácticamente sobre su cuello, asfixiándole, y la presión, saberse atrapado, excita a Alex de maneras imposible. Teniéndole así, el señor Milo, con una mueca comienza su vaivén, metiéndosela duro por la boca, cogiéndole cada vez más profundo.

   -¿Te gusta así, Lowell, sintiéndola toda adentro? -le embiste simplemente alzando y bajando el culo del sillón, mientras en la pantalla la chiquilla es puesta en cuatro patas y los sátiros cambian de posición, uno le destroza el culo haciéndola gritar hasta que la otra verga la silencia.

   Alex siente que se ahoga, esa vaina le produce arcadas y le quita el aire, pero todo él zumba y arde de ganas, sentir su boca como un simple agujero donde el otro mete su verga, le excitaba de una manera que no debía ser. Pero era muy grande y gruesa, los ojos se le llenan de lágrimas y tose ahogado, botando saliva, cuando se la mete toda. La nariz queda contra su pubis y el señor Milo le retiene allí, sofocándolo, la verga ardiéndole en la boca, la lisa cabeza siendo atacada por su esófago. Cuando la retira, su cara enrojece más, tosiendo, tomando aire, antes de tener que mamarla de nuevo. El señor Milo se la mete toda, bebiéndose su cerveza mirándole, el muchachón joven que comenzaba a vivir, y lo hacía allí, atrapado entre sus muslos, medio ahogado, tragándose su verga. Abre las piernas, dejándole elegir… y Alex se queda como está, recibiendo sus embestidas, aceptando su lugar, mirándole con adorada rendición.

   El señor Milo le sonríe, retirando media verga y limpiándole las lágrimas con sus pulgares.

   -Dime, muchacho, ¿has probado otras vergas ya? -le sorprende y niega.- Ya veo, ¿pero has comenzado a fantasear con otros hombres? -se la calva y espera, le ve sorprendido y avergonzado.- No me engañes, llegaste caliente de la calle, ¿viste a alguien a quien te provocó mamársela con tantas ganas que tuviste que rogarme? Ah, ya veo… has comenzado a conocerte. Ves a los chicos guapos como tú en la escuela, sin camisa en las canchas o envueltos en toallas en los vestuarios, a los tipos en la calle, a bomberos, ejecutivos, policías, y sueñas con mamarlos. Los ves y esa hambre de sexo se te despierta, ¿te imaginas cayendo de rodillas y llenando tu boca con sus trancas, verdad? ¿Te imaginas succionándolos hasta sacarles la última gota de leche? -le acaricia el cabello como quien lo hace con una mascota.- Nunca te avergüences de ser quién eres, muchacho, eres un mamagüevo. Es lo que te gusta y urge. El mundo está lleno de lo que necesitas y quieres, Lowell; de machos y vergas dispuestas a derramarse a litros en tu boca golosa de muchacho insaciable. No te sientas mal por temblar ante un tío con buena pinta, ante la perspectiva de que uno de ellos se la saque y te permita mamársela. Encontrarás que el mundo está lleno de sujetos que quieren que se las coman, y un chico bonito como tú, y hambriento de ellas no será nunca rechazado, y no hablo sólo los gay. El mundo es grande, muchacho, y hay otras vergas muy buenas. -ahora Alex le mira, con ojos febriles y el hombre ríe, casi enternecido, atrapándole por la nuca y sacándosela de la boca, dejándole jadeante, labios rojos y la barbilla mojada.- Eres dulce al pensar que no es así, que no hay nada mejor que mi verga y mi leche caliente… -agarrándose el tolete le azota suavemente la frente, nariz y mejillas, mojándole de saliva y jugos.- Eres tan joven e ingenuo. Te falta mucho por vivir, ver y conocer… Encontrarás que aún en el más inmundo de los sanitarios públicos, en el peor baño de secundaria o universidad, puede encontrar y degustar un semen que te sepa mejor… -finge relamerse los dedos.- Uno que pruebes, que llene tu lengua y lo tragues en un orgasmo continuo de placer.

   -No lo creo. -casi suspira ronco, el rostro bañado de sudor y jugos. Y el señor Milo ríe.

   -Eres tan joven, todavía no te conoces bien.

   Sonríe cruel, como tiene que ser para alguien que siente contra sus muslos el cuerpo de un chico que le mama el güevo. Sospechaba algo de Alex Lowell desde el último viaje a la piscina con el resto de los salones de último año de la secundaria. Los chicos paseaban y lucían su juventud y belleza, chicos y chicas que sabiéndose atractivos se exhibían. Era una pena, pensó en ese momento, que las modas hubieran cambiado tanto y las chicas usaran trajes de baño enterizos y los chicos aquellos bañadores que llegaban a sus rodillas. Él no, se lució semi desnudo con su speedos rojo y una toalla sobre lo recios hombros, sabiendo que las profesoras le miraban, también una que otra chica. Y Alex Lowell, a quien pareció sorprenderle en un momento dado emergiendo de la piscina, chorreando agua, el speedos casi traslucido y la silueta de su verga destacándose. El muchacho pareció no poder apartar la mirada. Vaya, se dijo, secándose lentamente, no muy lejos de él, que llevaba sol y recibía las atenciones de sus amiguitas. No era extraño que tantas estuvieran pendientes del joven, con apenas diecisiete años Alex era esbeltamente musculoso, alto y fuerte, el capitán del equipo de futbol. También un chico totalmente irreverente, detalle que siempre molestó en clases al maestro. Tal vez sólo estuviera admirando el cuerpo fibroso, fuerte y trabajado de un hombre grande, pensó en un primer momento, pero cuando se estiró como desperezándose, el speedos bajando un poco sobre sus vellos púbicos dejando ver el nacimiento de un tatuaje, y Alex quedó ensimismado, supo que podía trabajarlo.

   -¿Te gusta, muchacho, te gusta así? -le pregunta rugiendo, caliente, embistiéndole otra vez la boca.

   Alex no era el primero al que iniciaba, había descubierto que el mundo estaba lleno de gente insatisfecha sexualmente, acomplejada y enferma por negarse a experimentar lo que deseaban; y que su cuerpo, y su verga, parecían curar muchos de esos males. Nunca lo había intentado con un alumno, pero la mierda era increíble. Atrapándole la nuca, obligándole a recorrer todo el camino sobre su verga, ahogándole, dejándole sofocado, el señor Milo se pone de pie, encimándosele más, cayendo el chico de culo, la espalda y el cuello contra el sofá, lugar donde continuó embistiéndole la boca. Sonríe totalmente caliente al verle rojo, sudado y lloroso mientras la gruesa verga va y viene contra su boca dilatada, de donde escapan obscenos sonidos de chupadas. ¡Le gustaba tanto mamar!

   -Ah, sucio chico mamagüevo, eres tan bueno haciéndolo. -le dice ronco, atrapándole la nuca ahora con las dos manos, cogiéndole más y más rápido.- Eres tan bueno con una verga en tu boca que si no supiera como comenzó todo creería que llevas años mamando; naciste para esto, Lowell, para mamar güevos. Mírate, tan caliente, tan entregado, tu piel brilla, te ves hermoso todo sumiso ante el hombre que te da a probar su verga. -el chico está como catatónico, sus ojos muy brillantes, él mismo muy caliente.- Sóbatela… -le ordena, metiéndosela y sintiendo su resuello en los pelos. Casi ríe cuando ve los desesperados manoteos del muchacho hacia su propia verga, masturbándose frenético.- ¿Te gusta, muchacho, te gusta tenerle clavada en tu garganta? ¿Imaginas cómo sería si todos lo supieran, el cómo te gusta mamar güevos? -sus palabras son roncas y bajas.- Creo que estás listo para mamar a alguien más, para comenzar tu vida pública como un orgulloso mamagüevo. Que el mundo lo sepa y se prepare…

   Eso es más que suficiente para Alex, imaginándose de rodillas ante una interminable hilera de vergas duras que se le ofrecían, grita y medio muerde, muy poco, corriéndose. Su verga dispara una y otra vez, manchándole las manos, el pantalón y la franela a través de la chaqueta abierta. Queda tembloroso, ojos cerrados, en éxtasis, hasta que los tiene que abrir. Lo siente, la verga imposiblemente dura del señor Milo, la cual calienta por segundo, teniéndola muy clavada; mirándole suplicante, casi al punto del llanto, nota contra su lengua cómo el ardiente néctar recorre el tolete bañándole la garganta sin saborearla, pero el señor Milo, dando muestras de ser un hombre tolerante y generoso con el muchacho, la retira un poco, justo lo suficiente para llenarle la lengua y la boca con dios trallazos. El primer disparo hace gemir a Alex, los siguientes, inflándole las mejillas, degustándolos, le hace ronronear. Pero el señor Milo también tiene sus necesidades y la saca, el muchacho jadea frenético, boca abierta, el semen deslizándose dentro de su lengua mientras va tragándola, recibiendo un último disparo que le moja un tanto el rostro. A Alex le duele que se desperdicie así, la verdad sea dicha, pero entiende que como todo macho dominante, el señor Milo necesita verle el rostro manchado con su esperma como un tributo a su masculinidad… aunque a decir verdad, al hombre también le encantaba ver las mejillas infladas de otros tíos cuando les llena con sus espermatozoides.

   -¡Hummm…..! -casi llora de placer mientras mezcla lo que queda de la ardiente leche en su boca, saboreándola y tragándola finalmente, sacando la lengua y tomando la que está sobre sus labios, cayendo sobre el glande del otro y chupando otro poco con mirada vidriosa. Todavía con la punta de la verga en su boca, mira al señor Milo.

   -Bien, bien… ¿a quién se la mamarás ahora? ¿Qué opinas si les decimos a tus compañeros, el resto del equipo de futbol? Tendrías vergas jóvenes y duras para mamar hasta el día de tu muerte, ¿eso te gustaría, muchacho?

CONTINÚA … 3

Julio César.

PRUEBAS DEL DESTINO, SEGUNDA PARTE… 7

mayo 23, 2013

PRUEBAS DEL DESTINO, SEGUNDA PARTE                         … 6

Título: Pruebas del Destino 2.

Autor: Said Hernández

Esta vez los capítulos van acompañados de una canción.

http://www.youtube.com/watch?feature=playe…e&v=bRBCwATOM2o

Capítulo 4- Parte 3.

DESTINO 2

   -¡Primer día de trabajo! -le despertó Danneel, abriendo las cortinas de la ventana, dejando entrar los primeros rayos de sol.

   -¿Qué hora es? -balbuceó Jensen tallándose los ojos.

   -Las 6 de la mañana, ya levántate, flojo.

   -¿LAS SEIS? -gritó Jensen, mirando el reloj junto a su cama.

   -Si, las seis y contando; ya es tarde, apúrate.

   -Nunca me había despertado a las seis, es horrible. -el rubio hizo un intento por dormir un poco más de tiempo tapándose hasta la cabeza, pero Danneel le quitó las cobijas tirándolas al suelo.

   -Toma una ducha y luego arréglate, tienes mucha ropa nueva de donde elegir. -la pelirroja salió del cuarto, ella llevaba un pantalón morado con una camisa rosa y un sombrero de lana morado.

   Jensen se levantó maldiciendo todo objeto que se encontraba…

   -Maldita ducha. -dijo quitándose por completo la ropa, abrió la llave del agua caliente y entró en la ducha aun somnoliento, recorrió con la esponja lentamente su cuerpo pecoso, mirándose recordando el suave y delicado recorrido que su novio solía hacer, repitiéndolo lentamente recorrió con la esponja su cuello recordando los dulces besos del otro chico, para ir bajando por su pecho lentamente, escuchando en su mente como el castaño contaba su pecas hasta llegar a su abdomen, donde el chico posaba sus manos y comenzaba a recorrer nuevamente su cuerpo hasta que llegaba a su miembro que ahora estaba erecto y sin saber cómo ya estaba tocándose el mismo, haciendo un masaje lento que comenzó a cambiar de intensidad como lo hacían sus pensamientos.

   Salió de la ducha y escogió el bendito traje color gris, se vistió rápidamente mirándose al espejo.

   *Cielos* No podía creer lo que veía en el espejo, había un chico rubio metido en un traje color gris, la camisa negra y corbata plateada, le gustaba lo que veía. Tocó su chaleco gris y sonrió para sí mismo saliendo del cuarto.

   -Wow!!! Ya quiero ver la cara del gorila.

   -Entonces, ¿me veo bien? -a pesar de todo parecía inseguro, la verdad no sabía cómo verse hermoso o por lo menos guapo.

   -Te ves perfecto, Jen.

   -¿Estas segura? Porque puedo ir a cambiarme.

   -Te ves increíblemente violable; anda, ya vámonos.

   Jensen siguió a su amiga fuera del edificio. Eran las 7:00 pm y no tenía que llegar tarde. *Rayos *, no recordaba a qué hora tenía que llegar.

   *8:00*, cierto tenía que llegar a las 8:00 de la mañana y con Danneel seguro harían como 30 minutos en llegar a su oficina.

   -¿Por qué salimos tan temprano? -preguntó después de un rato, bastante confundido, pues no entendía el porqué del apuro.

   -Porque iremos a desayunar. -contestó su amiga, caminando por las calles relajada sin hacer caso a los tantos chicos que volteaban a verla.

……

   -Cuando llegue Jensen, mándalo a la sala de juntas, le presentaré a todos los demás jefes de la compañía.

   -De acuerdo, ¿alguna otra cosa, señor? -preguntó Peter sin evitar sonrojarse. Nunca le había llamado el vicepresidente, sólo una vez y fue para decirle en que se había atrasado, lo cual era casi un regaño, pero no era éste vicepresidente, de hecho Jared le caía bien, incluso le gustaba.

   -Eso es todo, gracias, puedes irte. -Jared habló con seriedad, mirando la pantalla de su computador, ordenando todo para que la celebración este lista. JE cumplía 20 años y tenía que hacer una enorme celebración tanto para el personal como para el público en general.

   Jared se recargó en su silla mirando el techo donde el logo de la empresa estaba marcado. Mientras hacía girar la silla, como un niño pequeño, la hizo deslizarse por el suelo y riendo a carcajadas llegó hasta la ventana donde se recargó en el vidrio, mirando hacia abajo, una enorme distancia hasta el suelo. Se perdió en sus pensamientos hasta que esa figura plateada bajó del taxi, acompañado de una chica hermosa, era Jensen junto a Danneel.

   -¿Porque está con ella? -preguntó en voz alta, poniéndose de pie y saliendo de su oficina. Evadiendo las preguntas de su secretaria, bajó por las escaleras hasta el piso de vídeos donde se encontró con Peter y Lucian, que hablaban del nuevo jefe. Lo que a Jared no le gustó fue escuchar un *Es muy guapo*, por supuesto que Jensen era guapo, pero era suyo o por lo menos lo sería de nuevo, de eso estaba muy seguro.

   Se abrieron las puertas del elevador y un Jensen vestido de traje salió de él, mirando a Jared que estaba parado fuera de la oficina y se veía impaciente.

   -Buenos días, Jen.

   *Jen*. Te dijo “Jen”. Ese hermoso sobrenombre con el que solo lo llamaban Danneel y él.

   -Buenos días, Jared. -el rubio notó que Jared se puso un poco triste al escuchar su nombre, eso se le notaba a distancia, y Jensen lo que más quería era lanzarse a sus brazos y decirle que todo estaría bien, pero primero lo primero.

   -Te necesito en la sala de juntas en 5 minutos. -fue lo último que dijo el castaño y salió rápidamente hacia las escaleras.

   -Buenos días, jefe. -antes de que Jensen entrara a su oficina escuchó la voz de Peter, que se dirigía rápidamente hacia él, con un vaso de café en la mano.

   -Buenos días, Peter. -le respondió de manera amable aunque bastante incómodo.

   -Le traje café, es capuchino, espero le guste. -el subconsciente de Jensen se tiró al suelo riendo a carcajadas.

   -Perfecto, Peter, muchas gracias. -tomó el vaso de café y se metió rápidamente a su oficina, huyendo del bombardeo de preguntas que suponía le esperaban.

   Miró su oficina con una mueca, el negro no le gustaba, bueno si le gustaba, pero no en exceso como aquí que todo era de ese tétrico color. Puso el café sobre el escritorio y miró a su alrededor.

   -Bien, tengo 5 minutos para arreglar esta oficina.

   Tomó el café y dio un gran sorbo, reprimiendo una mueca, definitivamente prefería el café negro, con poca azúcar. Colocó el vaso en el mueble para libros, con un gran respiro y con todas sus fuerzas jaló el escritorio para llevarlo junto a la ventana, así sí tenía que trabajar en algo creativo usaría la vista para inspirarse.

   Miró los dibujos que había en la pared y los acomodó de una forma que a él le gustaba, miró todo el papeleo que estaba en una esquina de su oficina y tomó su café, saliendo directo a la sala de juntas.

   -Peter, ¿en dónde está la sala de juntas de los jefes? -era el único empleado que conocía allí, bueno también a Lucian, pero Peter le caía bien, por eso confiaba más en el chico.

   -Es fácil llegar, verá, suba al último piso y junto a la oficina del dueño está la gran sala de juntas, no podrás perderte.

   -Gracias, te veo al salir. -Jensen le sonrió, cosa que hizo que el chico se sonrojara intensamente y saliera casi corriendo hacia Lucian, que estaba mirándolos desde el otro extremo del pasillo.

   El rubio salió a las escaleras y subió rápidamente pues no sabía cuánto tiempo tenía y no quería llegar tarde a su primera junta. Salió de las escaleras en el último piso y miró a todos lados, caminó por el pasillo hasta que se encontró con su amiga.

   -Jen, corazón, debemos esperar a que nos llamen para la junta.

   -¿Nos llamen?

   -Si, yo también estaré en ella.

   “¿Danneel en la junta de los jefes?” Esto era una gran sorpresa. Ahora entendía el por qué tanto dinero, seguro era jefa de los dibujantes o algo por el estilo, por eso la lujosa suite en el edificio y por eso tantas compras, ahora todo se le aclaraba.

   -¿Quien está adentro? -preguntó el rubio mirando a un chico que iba vestido de ropa casual, él cual los miraba a él y a Danneel como si les hubiera descubierto en algo malo.

   -Está el presidente, del cual no me acuerdo del nombre, y el gorila. -Danneel lo tomó de la mano hasta que estuvieron casi junto al otro chico, desde donde se podía ver a Jared hablando tranquilo con el presidente de la compañía.

   El presidente no era muy diferente a los demás hombres, estatura normal o por lo menos así se veía. Su cabello café oscuro y vestido de un traje totalmente negro, nada comparado con Jared, quien en su traje color negro resaltaba y humillaba a todos. Incluso Jensen podía ver sus intensos y hermosos ojos que tanto le hipnotizaban.

   -Deja de comerte con la mirada al vicepresidente. -le susurró Danneel al oído.

   -Pasen. -les llamó Jared, sonriéndole especialmente al chico rubio que estaba con Danneel, de la cual no entendía por qué estaba en esa junta, ya que ella no era jefa de nada.

   Jensen se sentó junto al vicepresidente, quien se acercó un poco a él causándole que se sonrojara.

   La sala de juntas iba llenándose poco a poco, mientras que los jefes se sentaban saludando a los que tenían alrededor. Jensen por primera vez se sintió perdido, pero no podía pensar en eso porque Jared le estaba tocando la pierna con un dedo, recorriéndola lentamente acercándose hacia su miembro. Miró a su amiga que estaba frente a él, hablando con el chico que tenía a su lado.

   *¿Pero qué es lo que hace?* Se preguntó a sí mismo, mirando a Jared que miraba al frente como si nada.

   *Claro, él es el maloso* Habló en su interior Jensen, sonrojándose mientras trataba de relajarse un poco, cosa que era imposible porque Jared movía sus dedos justo en el lugar exacto, causándole al rubio intensas cosquillas en todos lados de su cuerpo, se acercó un poco a Jared y le susurró.

   -¿Qué haces?

   -Jensen, te necesito. -Jared fue sincero, como la última vez, viendo la reacción de Jensen.

   -Aquí no. -contestó el rubio alejándose nuevamente del vicepresidente, que no se rendía, seguía tocando la pierna del rubio con un dedo, recorriendo de la rodilla al muslo, llegando a su pelvis viajando un poco más al centro.

   Jensen se petrificó al sentir un dedo de Jared sobre su miembro que comenzaba a palpitar poniéndose duro, le miró sin poder decir ni hacer nada, trago saliva, esto iba a ser complicado, pero se resistiría y saldría victorioso.

   Su cabeza lo traicionó cuando sin querer miro la entrepierna del castaño, donde se le formaba un exquisito bulto en los pantalones, incluso en el interior del pantalón se veía enorme su erección.

   *Dios mío*

   Jensen tendría que comenzar a rezar para poder salir de ese lugar si ser follado, frente a todo el mundo, mordió su labio con fuerza sintiendo una gota de sudor bajar por su sien.

   Jared estaba a punto de acercarse nuevamente a Jensen, pero el dueño de la compañía entró.

   -Buenos días a todos. -le sonrió a todos, menos al rubio de ojos verdes, de hecho lo miraba extrañamente como si debiera morir.

   *¿Por qué mira así a Jensen?*

Continúa … 8

……

NOTA: Creo que voy a copiar la manera de escribir del amigo Damián, unas pocas páginas por vez. Pierde uno el interés si debe traducir mucho en cada entrada.

Julio César.

EL COMODIN

mayo 23, 2013

COMUNICACION

AGUA QUE SE QUEMA

   ¡Dios, quemaba tanto!, piensa agitándolo dentro del agua. Si eso no funcionaba tendría que llamar a un amigo.

¿QUÉ LE PASA A MI AMIGO?

Julio César.