Archive for 30 junio 2013

MARK… ¿QUÉ PACHÓ, MIJO?

junio 30, 2013

…GENTE QUE SE MOLESTA

MARK HAMILL

   Bueno, al menos tiene su cabello…

   Recuerdo haber tenido ocho o nueve años de edad cuando vi La Guerra de las Galaxias (luego llamada Una Nueva Esperanza), a las tres de la tarde de un día domingo en una función de matinée, y desde el momento de las letras que subían, a la nave siendo atacada y tragada por otra, quedé atrapado en su magia. Todos querían ser Han Solo, el capitán pícaro, yo soñaba con ser Luke Skywalker, el joven y frustrado campesino de un mundo distante que soñaba con aventuras. Y qué carita tenía en la toma de las dunas, frente a las dos lunas, Mark Hamill. Yo quería ser él. El lunes pasado lo vi en el final de temporada de Criminal Minds, y fue doloroso. Por su papel de tipo horrible y su facha. Oí una vez que había sufrido un accidente grave, pero la verdad es que los años no tuvieron piedad. Harrison Ford y Mel Gibson han envejecido muy bien. Él no. Y su papel le hizo más detestable. Repito, fue triste. Es mejor para mí, que idolatro a Luke, recordarle luchando en la galaxia, o con el resto del pelotón Rojo Uno.

LA GENERALA EN JEFE

Julio César.

LUCHAS INTERNAS… 108

junio 30, 2013

LUCHAS INTERNAS                        … 107

SEXY EN BIKINI

   Un chico, una cama…

……

   Sólo pasan fracciones de segundo, pero Eric mira a los dos carajos acercarse, increíblemente lentos, y entiende que van a matarlo. ¿Qué hacer? ¿Correr? Era tonto, le darían fácilmente por la espalda; pero quedarse ahí, sin hacer nada, lo molestaba. Se parapetea mejor tras el carro. Ve como los tipos cubren el vehículo por ambos costados, como cazándolo, temiendo acercarse. Pronto estarían con él. Sintiendo miedo, un dolor feo en el cuello y una terrible furia, Eric decide que se ocultará lo que pueda e intentará saltar sobre el que llegue primero. Sabe que le disparará antes de que pueda tocarle, pero debía intentar algo. No iba a morirse lloriqueando, o sin hacer nada.

   Los sujetos van no muy confiados. Eran dos, armados, contra un carajo al que suponían desarmado. Indefenso. Sería fácil; pero lo mismo pensaron de un sujeto en un cuarto de hospital.

   La mirada de Eric recorre todo como un animalito ajustado, ¿dónde estaba la gente de Vigilancia? ¿Dónde estaba La Guardia Nacional que custodia ese edificio público? Jadea pesadamente, agachado y asomándose sobre uno de los costados del carro, esperando. Dios, esto era una maldita pesadilla. Le parece que alguien más va llegando, pero no sueña con que sea ayuda, debe ser ese tipo que le pareció vagamente familiar. ¿De dónde lo conocía?

   Alex quiere terminar pronto, le molesta notar que su llegada distrae un momento a los otros dos que ya deberían haber rodeado el puto carro y acribillado a Roche. El fracaso con William Bandre aún le pesaba, y ni haber matado a Tirzo Ramos lo disculpaba. Él sabía bien por qué no había nadie por allí, ni guardias ni vigilantes. Los engranajes del poder habían decidido triturar y machucar a un joven abogado, y todo se había puesto en marcha para que eso saliera bien.

   Eric cae sentado en el suelo, con la espalda pegada al vehículo. Van a matarlo, y mira con añoranza el oscuro estacionamiento con todos sus carros estacionados, lugares donde una cucaracha como él podría esconderse. Lo iban matar, así que lo intentaría. Haría como en las películas, correría como diablo ante cruz, en zigzag, eludiendo balas y se ocultaría. ¡No joda, ni que fuera Bruce Willis en Duro de Matar! Estaba convencido de que en cuanto se pusiera de pie para correr, tropezaría con el otro pie cayendo de boca y allí lo matarían, y tal vez también perdiera un diente. No importa ya, se agacha y echa el cuerpo hacia adelante, listo para correr. La pareja de maleantes detenida, parece esperar eso. Uno mira al otro sonriendo y con un dedo en los labios le indica que guarde silencio. Esperan a que la zorra salga y corra.

   Cuando Eric está a punto de hacerlo oye un grito que viene de los estacionamientos.

   -Al suelo, Eric. No te pares.

   Es un rugido autoritario. Y Eric, con la boca abierta, ve como Alirio Fuentes, con un arma en las manos, corre hacia él disparando sobre su cabeza. Oye un chillido y al volverse mira como uno de sus atacantes, el que iba en el puesto del conductor, se cubre con una mano el abdomen mientras ahoga un gemido con una cara de dolorosa sorpresa. ¡No era justo que le dieran a él!, piensa. Alirio vuelve a disparar, contra el otro, pero éste ya está fuera de su línea de visión, ocultándose junto al parachoques de Eric.

   Con la boca aún más abierta el abogado le mira llegar junto a él, hincar una rodilla en el suelo y extender la otra pierna, en actitud de alerta. Por un momento los dos hombres, los dos conocidos y amigos, se miran fijamente.

   -¡¿Alirios?!

   -Luego, Roche…

   -¡No! ¿Qué significa…? -jadea Eric. Alirio niega con a cabeza, apuntando hacia adelante. Esperando.

   -Vamos. –llama algien a gritos y los dos amigos se asoman. Una camioneta se detiene en la entrada misma y el conductor es Alex, un hombre de reflejos rápidos. Por un momento se miran Alirio y él; y Eric comprende que ya se conocen.

   -Hola, Alex. Así te haces llamar ahora, ¿no? -le ruge, con odio, apuntándole.

   Pero ya el chofer del primer auto corre hacia la camioneta arrastrando a un carajo, el socio que agoniza, pero que no debe ser encontrado allí. Se trata de un hombre que no está en Venezuela y que nunca ha estado. Alex, en forma maquinal, con odio, saca un arma fuera de la ventanilla y dispara en rápida sucesión tres veces, contra Eric, pero principalmente contra Alirio. Ambos caen al piso, de rodillas y se vuelven asomar, los mira subir y alejarse.

   Ahora eric, quien sus orejas zumbas y su corazón corre desaforado, por el miedo, la adrenalina y la sorpresa (¡iban a matarle!), cae sentado de culo y se vuelve desidido hacia Alirio, quien también cae, apoyando la espalda del carro, a su lado.

   -¿Qué fue todo esto? -grazna Eric, mirándolo impresionado, mirando su arma, recordando al herido.

   -Eric, yo… -Alirio le observa de reojos, viéndose apurado y nervioso. Mira a la rampa de subida.- Soy Alirio Fuentes, un comisario del Dasnap. Trabajo para la seguridad del Estado.

   -¡¿Qué?!

   -Mira, es algo que no le digo a todos. Todo el mundo nos odia, como si fuéramos basura o mierda, por eso cuando conozco gente nueva, gente que me agrada o puede llegar a agradarme, no les digo lo que hago. Todos se cortan, como si estuviera sonsacandoles secretos o interrogandoles. Además… mi trabajo me obliga a cierta confidencialidad. -lo mira como pidiéndole comprensión.- Sé que… no he sido sincero con ustedes, con todo el grupo; pero créeme, no lo hice con fines oscuros y malignos. Sigo siendo tu amigo y…

   -No. tú no eres el alirio de siempre. Yo no sé quién coño eres tú. -susurra Eric, ronco, mirándolo intensamente, como desconfiando, sospechando de él.- No sé qué eres, pana. Ni qué tramas, ni qué buscas.

   -Soy tu amigo. Y… -lo calla con un bramido.

   -¿Quieres dejar de decir eso? -hace una mueca de dolor y se agarra el cuello.- ¿Qué haces aquí? ¿Por qué estabas aquí hoy, precisamente hoy? ¿Todo esto fue una comedia montada por ti? -Alirio lo mira furioso.

   -¿De qué hablas? No digas maricadas. -ruge.- Dentro del Dasnap uno oye cosas. Sé que había algo montado contra ti, por esas vainas en las que ahora te metes, como la muerte del tal Roger Santos. Supe que había un punto muerto hoy aquí. Sin policías, sin guardias, sin Dasnap. Sabía que algo intentarían y por eso viene.

   -¿Y qué vamos a decir? ¿Qué fue un atentado político? ¿Qué el Gobierno me quiere muerto?

   -Yo no voy a decir nada. Habla tú. Di que fue un atraco. Sólo eso. Y describe bien a Alex, el que estaba en la camioneta. Es el jefe. La denuncia pondrá sobre él la lupa y las lámparas, y eso puede ser fatal para alguien como él. Ya tú lo conoces, era ese tipo que te abordó esa tarde en el gimnasio.

   -¿Cómo sabes eso? -lo mira profundamente sorprendido, desconfiado, con rabia. Y con alarma, ¿qué tanto sabía alirio, este alirio, sobre su vida proivada?

   -Se lo dije yo. -dice Edward Sanabria apareciendo ante ellos, acicalado, serio. Eric sonríe mal.

   -Claro, tú, -y una terrible acusación parece ir tras esas frases, algo que cala y molesta al otro.

   -Tu amigo fue quien me contó de Alex, y quien me decía dónde estabas, qué hacías y a quién veías. Lo hacía para protegerte. Como yo. –acota Alirio, Eric, con un gran dolor de cuello se pone de pie trabajosamente y rechaza la mano de Edward que se tiende para ayudarlo, hiriéndole por alguna cusa que el otro no entiende.

   -¡Qué afortunado soy! Todo el mundo me quiere ayudar y proteger. Me siento tan amado…

   -Que necio e infantil eres. -acusa molesto Edward, alzando la trompa.

   -Te lastimaste el cuello. Te va a dolor bastante mañana. Déjame llevarte a tu casa. -se ofrece Alirio, tenso, como buscando su disculpa. Eric lo mira feroz.

   -No es necesario. Seguro que hay bastante gente a la que tienes que vigilar. -eso lastima realmente a Alirio, que aprieta los labios y se aleja. Eric siente un momentáneo remordimiento, pero lo acalla, viéndolo irse.

   -¡Idiota! -le escupe Edward.

   -Ve a joder al coño’e tu madre. -le ruge, agarrándose el cuello y alejándose envarado.

   -Ese carajo es un amigo valioso.

   -No sé si es un amigo.

   -Bien, pero recuerda que le debes la vida. Lo que valga, lo que eres, se lo debes.

   -Hijo de puta… -ruge apretando los dientes y presionandose el cuello, sus palabras le daban donde era.

   -En cuento llegue la policía técnica y declares, te llevo a tu casa. -se ofrece, llegando a su lado.

   -No te molestes.

   -Te llevo, coño. -ruge autoritario, dando por terminado el asunto.

                                          ………………..

   Como si de una gallina se tratara, esa noche Frank Caracciolo se retiró muy temprano a su cama, apagando la luz y recreándose en sus pensamientos, vistiendo únicamente su short blanco, cómodo, hecho para dormir, y envuelto en una ligera sábana. No era un hombre que sufriera de fríos. Aunque no tenía realmente sueño, quería pensar, en todo lo que ocurría y lo que había hecho. Pensar especialmente… en Nicolás, en que lo tenía ahí, muy cerca de sí.

   Eso le llenaba de conflictivos, cálidos y extraños deseos y sensaciones. Las suaves notas de un jazz ligero se dejan oír como única compañía y le parece insuficiente. Mira fijamente hacia el techo. Está contento, y mucho. La ratita estaba ahora bajo su techo, a unos pasos de distancia. Y se veía bien. A él, Frank, le alegraba saberlo ahí, protegido, riendo a veces, comiendo con apetito, durmiendo en una cama cómoda, limpia, en un cuarto amplio y aséptico, no es la pocilga donde vivía. Le tranquilizaba saber que aunque no se acostaran (una parte oscura de su mente le decía que sí lo harían, cosa que le hizo hormiguear el güevo dentro del short), le gustaba saberlo a salvo de todo. En esos instante ni un pensamiento a las cosas que hizo para llegar a ese punto. Así era Frank Caracciolo.

   Cierra los ojos sonriendo beatíficamente, deslizándose hacia el sueño, con vividas y poderosas imágenes ocupando su mente mientras va hacia el reino del reposo. Se imagina con Nicolás nuevamente en la sala, mirando la televisión, pero ahora el joven estaba en el sofá junto a él quien estaba acostado de espaldas, sintiendo el peso y calor del joven sobre sí, frotándose de él, mientras se besaban lentamente. La imagen era tan poderosa que el tolete del hombre crecía dentro del short, aprisionándose, torturándose con la tela suabe que le frotaba. En sus sueños, la lengua de Nicolás era atrapada por su boca, mordida, lamida y saboreada, mientras sus mano le recorrían la cálida espalda, muy lentamente, disfrutando del momento, anticipandose con lujuria, sabiendo que pronto acariciaría sus nalgas jóvenes y firmes, tan firmes como el tolete que estaba frotándose, erecto y palpitante, del suyo propio.

   Ignorando todos esos sueños que de seguir así terminarían en húmedos, de Frank con él, Nicolás da vueltas en la cómoda cama. No logra dormirse, ni con el ruido bajito del televisor encendido, cosa que siempre le daba sueño. Se siente inquieto, por todo. Por estar en ese cuarto extraño y esa cama desconocida. Y por Frank, por tenerlo tan cerca, por estar en su casa. Y por la forma en que ahora era. No la bestia horrible y maligna a la que sólo podrían matar con una estaca en el corazón, cortandole la cabeza y las bolas, sino alguien jovial, que podía sonreír no con burla, hablar suave, no con gritos e insultos. Y con esa mirada intensa que le dedicó antes de salir de la sala.

   Una mirada donde reconocía que lo encontraba atractivo, que quería algo de él, algo que él debía entregarle de mutuo acuerdo. Pero lo que esa mirada exigía era demasiado. Frank no quería su amistad, su camaradería o su sumisión mediante el trabajo. Quería sexo, quería su cuerpo, y quería algo que él jamás, ni en sus momentos más horrible de miseria, o en sus pesadillas más extrañas o dantescas habría soñado con dar… el culo. Nada más pensarlo, el corazón le palpitaba con fuerza, con desesperación. No podía cerrar los ojos sin ver a Frank, en camiseta y short, grande y fuerte; e imaginar su abrazo fuerte y sus besos que parecían de fuego.

   ¿Y sí se tomaba otra pastilla? Botando aire se sienta en la cama. Siente miedo y expectación. Quiere acostarse, pero también salir y llamar a Frank y hablar con él, verle. Era una pesadilla. Una maldita pesadilla que lo hacía arder todo. Porque si, quiere sentir el abrazo de Frank, quiere sus besos…

……

   Mientras el carrito abandona San José de Mamporal, faltando aún un buen trecho para llegar a Tacarigua de la Laguna, Edward mira a Eric quien con los ojos cerrados lleva el cuello muy rígido sobre el apoya cabeza, instalado en el asiento del pasajero. Sabe que no duerme, que sólo cierra los ojos para que él no le hable. ¡Que idiota era!, igual que en el colegio.

   Para Eric, las últimas revelaciones eran una locura. Alguien había querido matarle (otra vez), y resulta que es Alirio Fuentes quien lo ayuda, disparándole a otro carajo, seguramente matándolo por donde le dio, piensa estremeciendose. Y resulta que es un Dasnap. Su amigo, un policía político, haciendo quién sabe qué. ¿Era su amigo realmente? Y eso le duele, pensar que Alirio pudo haberlo estado utilizando, siendo un traidor, alguien que le fingía amistad para vigilarlo o algo por el estilo. De verdad duele.

   -¿Estás bien? -se interesa Edward. Eric no abre los ojos ni se mueve.

   -No me siento bien.

   -No te alarmes. Debe ser una debilidad producto del susto. El miedo pasa y…

   -No digas idioteces. -brama Eric molesto, abriendo los ojos y doblando el cuello con esfuerzo.- No soy una blanda damisela que va a desmayarse. No me siento bien porque… no sé qué está pasando aquí.

   -La violencia es así, Roche.

   -A mí me parece algo más. Primero te presentas y me dices que me cuide porque algo se trama contra mí, y al rato intentan matarme dos… no, tres carajos. Y aparece Alirio Fuentes, mi amigo, del que nada se sabe de su vida privada, y se cae a tiro con esa gente. Para luego reaparecer tú y decirme que se conocen y trabajan juntos para cuidarme. ¿Todo eso que paso fue casualidad? A mí no me lo parece. -lo mira feroz.- Creo que… sí, había un atentado en marcha, que pudiste advertírmelo de forma directa, pero diste todos esos rodeos, dejando que me atacaran y que me salvaran por algo. ¿Por qué? ¿En qué andan Alirio y tú, Edward? -demanda intenso.

   -Estás fantaseando. Creas un cuento de realismo mágico. -suena duro, mirando al frente.

   -Si tú lo dices… -suena rencoroso, con furia.

   Edward está molesto, molesto por el atentado, por lo qué pudo pasar, pasarle a Eric, y de cómo resultó la cosa. Ahora Eric estaría prevenido y en guardia contra ellos. No, Eric no era tan idiota como cabría esperar por su linda cara. Ese pensamiento lo hace arrugar la frente, mortificado. ¡Que linda cara ni que coño! Se vuelve a mirarle, el joven tiene los ojos cerrados y sus cejas negras algo enjutas. Si, carajo, era una linda cara.

   Para ser hombre…

……

   En medio de las penumbras del dormitorio, abre la puerta con sigilo. El corazón le palpita con expectación, y con miedo. Lo que hacía era una locura que podía echarlo todo a perder. Lo mira dormir confiadamente en la cama. No lo espera. Su respiración es serena, todo él se ve en paz con el mundo. A pesar de las sombras casi cree adivinar una ligera sonrisa de bienestar en su cara, de quien comió bien, vio un buen programa de televisión y se acostó en paz. El aire es frío por el acondicionador de ambiente, pero él esta casi desarropado, con una pierna cubierta nada más. Y en medio de las sombras también es visible una erección en su entrepierna. ¡Vaya, también tenía esa clase de sueños! Eso lo llena de escalofríos.

   -¿Duermes…? -le jadea ronco, con el corazón martilleándole en los oídos. El otro se agita en la cama y abre los ojos, confuso, como sí no entendiera que él estaba realmente allí.

   -¿Nicolás… te pasa algo? -lo mira confuso sentándose en la enorme cama, alarmado.- ¿Te sientes mal? -se inquieta cuando nota que el joven tarda en responder, respirando agitadamente.

   -Yo nunca… -siente la tentación de escapar, y más cuando Frank enciende la luz del cuarto con un toque de sus palmas en un aplauso. La blanca y dura luz lo ciega, pero en medio de ella, Frank se ve más atractivo.- Yo nunca lo he hecho así. Se… bueno, ¿sí? -termina, jadeando, con la boca abierta, asustado de su entrega.

   Frank abre muchos los ojos, totalmente sorprendido, y salta al mismo tiempo de la cama. De pie parece aún más alto que Nicolás, mucho más fuerte y musculoso. También su pecho sube y baja ahora con fuerza, como el del flaco y vendado joven. Frank sólo puede mirarle y va hacia él, decidido. Iba a preguntarle sí realmente estaba listo, sí en verdad quería eso. Iba a preguntarle sí estaba seguro, totalmente seguro de lo que hacía. Iba a proponerle que esperaran un poco más, hasta que le quitaran definitivamente el vendaje. Todo eso iba a hacerlo, él juraría por su madre que sí; pero al llegar frente a él, viéndolo tan pálido que las tetillas, el cabello, los ojos y las pecas casi resaltaban a gritos, le atrapó los hombros con sus manotas y lo atrajo hacia sí. Lo pego de él, sintiéndolo temblar y jadear; tan asustado como excitado, también eso lo entendió.

   -Nicolas… -susurró contra su cabello, haciendole estremecer.

   Las manotas del carajo bajaron por su espalda, acariciándole suavemente pero reteniéndolo contra él. Lo que deseaba era estrecharlo, estrujarlo, frotarse contra él, pero sus palmas reaccionaron cuando le sobó; su boca buscó la del otro con necesidad, con la desesperación de las tantas veces que había querido eso, y la cubrió, metiendo su lengua móvil, húmeda y cálida como un ejercito invasor dentro del muchacho que gimió ahogadamente al toque de su lengua.

   Esa lengua buceó en su interior, lamiendo, palpando, atando la de Nicolás, halándola y saboreándola frenético. Imaginar su saliva, beberla, le provocó una contracción en las bolas. Con un gemido de deseo angustioso, Nicolás respondió y sus lenguas se enlazaron en una lucha de lamidas. La boca de Frank, sus dientes y lenguas terminaron por atrapar la suya, halándola, chupándola ruidosamente, bebiéndose su saliva, que sentía casi dulce. Beberla lo mareaba, obligándolo a abrazarse más a él; sentía que el güevo iba a partírsele de lo duro que estaba, de lo mucho que lo deseaba.

   Las manos de Nicolás, quietas hasta ese momento, subieron a los recios hombros, apretándolo, comprobando y disfrutando su calor, su dureza y virilidad. Se sentía débil, sabía que ya nada podía hacer para detener eso. Y no sabía si lo quería detener. Los besos, las lamidas y chupas de la boca de Frank le robaban la razón, la serenidad para pensar, la claridad de las ideas. Cuando las manotas del otro bajaron por sus caderas, palpando y acariciando en forma ruda sus nalgas, sintió un repentino ramalazo de miedo.

   Esas manos se aplastaron contra sus nalgas, con deseo. A Frank le costó hacerlo, lo quería pero todavía una parte de su mente se resistía, en un fondo que él mismo no conocía, que no veía con buenos ojos hacerle eso a otro carajo. O hacerlo con otro tipo. Pero al sentirlas firmes y musculosas, calientes y vitales, enloqueció. Se tensa, porque mientras le besa, siente el temor que va ganando terreno en el otro. Maldita sea, no iba a detenerlo ahora, se dice con violencia. Si Nicolás intentaba huir en ese instante, tendría que violarlo.

   Caminando hacia atrás, abrazándolo y besándolo aún, Frank lo lleva a la cama, sentándose él al borde y arrastrando al joven entre sus brazos y piernas, cerrándolas alrededor de sus caderas. Nicolás jadea, sintiéndose atrapado por el viril hombre. Esos labios, esa lengua no lo dejan pensar. Frank se deja caer de espaldas, arrastrándolo en su caída, y siguen besándose. A Frank lo estremece todo el sentir el joven cuerpo de Nicolás sobre el suyo. Siente la terrible erección del joven, de su güevo palpitante latiendo casi sobre el suyo. A Nicolás lo enloquece sentirlo bajo él, todo fuerza y calor. Frank rueda sobre un costado y Nicolás termina de espaldas en la cama, mientras acostado a su lado, el abogado continúa besándolo una y otra vez.

   La boca chupa su saliva, su aliento, casi le muerde los labios. Son besos exigentes, de alguien que llevaba mucho tiempo deseando hacer eso. Frank deja su boca y lo mira, lujurioso y excitado, su lengua en forma elocuente y mórbida le lame los labios al más joven, de abajo hacia arriba, lamiendo también su nariz en el trayecto. Su rostro se hunde a un lado de su cuello y su boca le muerde una oreja. Nicolás jadea, sintiendo el leve raspar de la barba en la mejilla de Frank contra la suya, sus dientes aprisionando, su lengua caliente medio apuntalando hacia su conducto auditivo. Ginme, el muchacho lo hace porque ese carajo sabía usar la lengua muy bien.

   Frank no parece poder contenerse, mientras su mano soba el flaco abdomen del joven, su boca hambrienta va y viene sobre su barbilla mordiendo y lamiendo, saboreándolo; cae sobre su nariz que atrapa y muerde, mientras su manota sube y atrapa la tetilla libre del chico, sintiendo la fina y suave textura de sus vellitos, la cosa le calienta más.

   -Nicolás… Nicolás… ratita tonta. -le gruñe el hombre, ronco, casi sobre los labios.- He esperado tanto por ti… -su boca le besa exigente, su lengua baja sobre la suya, buscando su garganta, cosa que hace gemir al otro que se tensa contra él, deseándolo también.- ¿También tú lo quieres…? ¿También tú me deseas…? -casi le urge a contestar, bañandole con su pesada respiración, pero Nicolás pasa saliva y cierra los ojos. A Frank, eso no le gustó, pero…

   Mientras lo besa, degustando su aliento, su lengua, su saliva, la manota de Frank sigue acariciando lentamente ese pectoral, pellizcándolo suavemente el duro pezón. Siente que el güevo le duele de lo duro que está, erguido al máximo dentro del short. Moviendo su musculosa pierna algo sobre Nicolás, para que éste sienta la dureza de su entrepierna, encuentra la erección similar del otro. Sentir ese tolete duro y caliente contra su muslo, lo hace gruñir dentro de la boca de Nicolás, a quien tiene casi asfixiado con sus latazos.

   La manota de Frank abandona la tetilla y baja ruda, acariciante por su tórax y abdomen, hasta caer sobre el mono, que comienza a bajar, cosa que asusta al otro, que intenta revolverse; pero la boca de Frank, quien se encima sobre él, no lo deja. Los besos humedos y mordelones le tienen indefenso y mareado. Hábil, el abogado le baja el pantalón suave y su mano ruda vive un momento de dulce tortura y angustia cuando cae sobre la cadera del joven, atrapando el borde del calzoncillo, gozando y temiendo lo que haría. Comienza a bajarlo y por un momento la cabeza lisa de la tranca de Nicolás, que parece una estaca bajo la tela, le detiene. ¡Un hombre! ¡Era otro hombre! ¿Quería hacerselo a otro tío?

   Sin dejar la boca del joven, Frank mira el entrepierna del chico, de donde quita finalmente el calzoncillo, descubriendo un tolete totalmente erecto. A su vista, su corazón palpita con violencia, con ganas, con urgencias que nunca creyó posible. Mientras lo besa, su mano baja la suave tela, acariciándolo, por los muslos y piernas del joven, dejándolo sólo con las medias de paño. El güevo se agita, palpitante, rojizo y llamativo. Cuando deja libre la boca de Nicolás, éste lo mira asustado, jadeando algo que parece un ‘no’, e intenta como pararse, pero nuevamente el rostro del rudo catire cae sobre el suyo, cubriéndolo.

   Su boca abierta cayendo sobre la suya, invadiéndola, lengüeteando hábilmente allí, lo debilita otra vez. Y el hombre lo entiende, sabe que Nicolás tiene miedo, quiere escapar, al menos una parte de él, pero sus besos lo dejan sin fuerzas para hacerlo.

   ¡Lo tenía!

CONTINUARÁ … 109

Julio César.

MI PARRANDA DE SAN PEDRO

junio 28, 2013

LOS REYES MAGOS…

LA PARRANDA DE SAN PEDRO

Dos cosas tiene Guatire que no las tiene otro pueblo…

la rica conserva’e sidra y la parranda de San Pedro.

   Aunque nací en Guarenas, me crié y eduqué en la cercana población de Guatire, en donde tengo familia todavía. Siempre me gustaron las tradiciones y costumbres de ese terruño, no tan hermoso ni pacífico hoy como en otros tiempos (ha faltado sensatez a la hora de elegir autoridades, aunque parecen no notarlo), pero también yo soy de otros tiempos. De las festividades “religiosas”, una de las que mejor recuerdo es la Parranda de San Pedro. Era yo muchacho cuando mi papá salía a la parranda y le regresaban en carretilla, viéndose que realmente había estado en una parranda. En el pueblo mucha gente se queja de que se toma la fecha como una excusa para que la gente beba aguardiente como loca, pero de alguna manera, como la retreta de Los Antaños del Studium, el 3 de mayo, se espera que eso ocurra eso. La gente sale en procesión de la imagen que es bailada en casi todas las calles del poblado, y mientras lo hacen, toman.

   La historia recogida por cronistas cuenta que entre las poblaciones de Guatire y Guarenas se sembraba caña de azúcar, y cada 29 de julio los esclavos celebraban el día del Santo, como patrón que les protegía y hacía abundantes las cosechas (idea tan extendida desde los inicios del mundo), festejos que comenzaron a tomar cuerpo en la hacienda “San Pedro”; la tradición cuenta que los esclavos se pintaban con betún los rostros y vestían con trajes de levitas y sombreros de copa que sus amos les regalaban (¿por qué una cosa y la otra?, vale la pena buscarlo). La otra costumbre, el hombre que viste de mujer viene del relato de María Ignacia, cuya hija enferma y ella le pide a San Pedro que la cure y cada año bailará y cantará en su día. Al morir la mujer, su marido toma su lugar, vistiéndose como ella y continuando la alabanza. La tradición nos llega con esa figura, el hombre vestido de fémina cargando un muñeco en sus manos, simbolizando eternamente a la niña salvada por la intervención de San Pedro.

PARRANDITA

   Por ser Guatire reconocida especialmente por tal festividad, se le toma como algo cultural, y hay charlas, velorios y actos con niños que bailan en honor de la imagen. Pero, personalmente, me gusta más la versión que mi difunta abuela nos relataba (con gran maestría, incluso bailando un poco, dejándonos con las bocas abiertas) cuando pasábamos, mis hermanos, primos y yo, largas temporadas en su casa. Contaba ella que estando la negra María Ignacia angustiada porque su hija había caído gravemente enferma, le rogó por un milagro al santo, y le ofreció como promesa que si se la curaba ella le bailaría y le cantaría en su día, todo el día, durante toda su vida. Y la niña se curó. Desde ese momento la negra María Ignacia salía quebrando sus caderas al son de los tambores, siendo retada por los hombres y venciéndolos con la fuerza de su danza cada 29 de julio, pero… cae enferma María Ignacia, y temiendo (como temía la gente de antes) que el santo creyera que no cumplía su parte del trato, su marido ocupó su lugar, tiznándose la cara y usando una de sus faldas floridas más conocidas, y bailó como nunca, todo para que San Pedro supiera que todavía se honraba el pacto. Y la tradición quedó, los niños tiznados, unos dicen que para simular negros, y el hombre que viste y baila acompañando la imagen.

   La estrofa expuesta más arriba es un pálido señalamiento de lo hermoso, auténtico y mágico que suena cuando se le canta, las mujeres meneando sus caderas, los hombres coreándolas (una dupla de danza impresionante), los tambores a toda mecha, la pequeña imagen casi tocando el suelo cuando es bailada de un lado a otro, acompañado con ese “Dos cosas tiene Guatire que no tiene otro pueblo…”, su conserva de sidra de la que no soy muy fanático, “y la parranda de San Pedro”. Me gusta pensar que es como nos contaba mi abuela, el recordatorio de un trato hecho por los hombres con los santos, una madre por la salud de su hija, pedido que fue escuchado y que todavía hoy, mi padre incluido y ahora mis hermanos, honran la palabra dada, hace mucho, por la negra María Ignacia.

Julio César.

NOTA: Lo sé, el nombre de esta entrada, cuentos y eso, lo ubico aquí por el relato de mi señora abuela, un bonito cuento que nos hacía sonreír y emocionar. Este año, me cuenta mi hermano Eduardo, se espera mucho sentimiento al recordar la partida física del Maestro Pepe.

NOTA 2: Es posible que no sea este el mejor espacio para hablar de estas cosas, pero no pienso abrir otro blog.

PASA

junio 28, 2013

EL SUPER HEROE QUE HACIA FALTA

CHICO EN CALZONCILLO TRANSPARENTADO

   Lo que es no sentir complejos…

   Mientras va pasando el autobús de la fábrica por fuera del área de las piscinas de ese club, totalmente lleno de carajos heterosexuales, casados, machistas y atacones de cuanta mujer se les cruza por el camino, y ven a ese sujeto que se dispone a salir del agua, todos le miran y se congelan, extrañamente fascinados, esperando comprobar cómo se ve con la tela transparentada una vez de pie y el armonioso cuerpo cubierto con gotitas de aguas. La verdad es que, conciente o no, nueve de diez siempre mirarán.

¿COSTUMBRE O CARIÑO?

Julio César.

CONSIDERACIONES

junio 28, 2013

COMUNICACION

TRAGANDO LECHE

   Cada tarde el jefe le brinda un palo de whisky a todos en la obra, como sabe que él no toma caña, le deja, calentito, otra clase de palitos…

POR LLEGAR TARDE…

Julio César.

INVITACIÓN

junio 28, 2013

TETOTAS

MUSCULOSO EN TRUSA CALIENTE

   Con señas le indica que vaya para allá que hay poca gente y se lo come…

TIO EN SEXY BOXER BLANCO

   Volviéndose, confundido, le encara y le pregunta: ¿El culo?

FORRADOS

Julio César.

JAMES GANDOLFINI… MURIO TONY SOPRANO

junio 28, 2013

JAMES GANDOLFINI - TONY SOPRANO

   De causas naturales… más o menos.

   Debo confesar que me sorprendí, grande y desagradablemente, cuando supe de la muerte del actor norteamericano James Gandolfini. Primeramente por eso, porque se murió, pero lo otro fue la edad y la causa del deceso. Problemas cardiacos, a los cincuenta y un años. Cuando era muchacho me parecía que alguien de treinta años era un anciano, ahora que pasé los cuarenta y sé de alguien que muere súbitamente a los sesenta y pico, y de algo así, pienso, Dios, tan joven. Pero en este caso si, el actor, quien estaba sobradamente pasado de peso, con el consiguiente problema de tensión arterial, colesterol y demás, sufrió un infarto fulminante. Se sentía bien, abusó de un buen momento a la mesa como podría haber hecho cualquiera y cayó muerto.

   El hombre andaba de vacaciones por Italia, seguramente recorriendo el terruño de su familia, cenó y dejó el mundo. Hablan de un exceso casi pecaminoso en su última comida (muchas cosas fritas), langostinos fritos untados con mucha mayonesa y chile, fuera de otros platos, y ocho copas de licor. Tres horas más tarde su hijo le encontró infartado. Pobre muchacho, qué impresión tan terrible debió recibir. Y a eso me refiero, el corazón, aunque graves y delicadas todas sus afectaciones, no debería en estos tiempos ser causa de muerte, para eso hay especialistas, regímenes y control. Cuesta entender esto, saberse con problemas y excederse así. Tal vez la edad le dio una falsa sensación de invulnerabilidad, algo muy humano. Jamás creemos que las cosas malas nos ocurrirán a nosotros.

   Le recuerdo de haberle visto fugazmente en alguna película, pero en especial por Los Sopranos, esa familia de mafiosos cuyas aventuras y desventuras vi por primera vez en TELEVEN. Era una serie de televisión poderosa, y él, Tony Soprano, agradaba a pesar de ser un ser humano miserable. El gran jefe de la mafia con problemas para equilibrar su vida familiar con la idea de ser un delincuente, cosa que le llevó a buscar ayuda siquiátrica, como en la película Analízame. Para ser totalmente sinceros, no era yo fan de este programa. No me gustaba. Hay algo en las series de HBO que me desconcierta. Hay como falta de lógica en las actuaciones y motivaciones de los personajes, y para mí en lo personal eso es inaceptable. Sin embargo me agradaban esos villanos (cosa que no me ocurría con los sucios aquellos que raptaban y prostituían mujeres en otra de sus series, una mafia rusa, algo espantoso), e intuí que eso traería problemas; que la gente se identificara y quisiera a los mafiosos, aceptándoles y justificando sus actuaciones, finalmente admirándoles e imitándoles (ficticia, pero delictivas; en sí, esta es mi única objeción a la serie Hannibal, se deleita demasiado cocinando a sus víctimas y eso podría atraer a la gente equivocada). Sobre todo a unos como estos que eran adictos, sanguinarios y medio sádicos. Pero era difícil no ponerse de parte de ellos.

   Pasaba como en aquella vieja serie de televisión, Columbo, uno se identificaba con el asesino que se mostraba a los dos minutos de comenzado el episodio, y casi sufríamos cuando el genial policía les iba cercando. Supe que la serie ganó muchos premios, y a James Gandolfini se le reconoció justamente sus dotes actorales (él, en especial, era atractivo en su rudeza y violencia); pero me pareció curiosa aquella noticia de los muchos adeptos y más afectos conseguidos cuando, después del atetado del 11 de septiembre, en una página Web aparecía la peligrosa familia, armas en manos, gestos terribles, diciendo: “Dígannos donde están y nosotros iremos y haremos el trabajo”, en clara referencia a cobrarles las cuentas a los terroristas. Pero después de eso vino el juicio de dos muchachos que mataron a alguien e intentaron deshacerse del cadáver como Tony lo hizo en un episodio.

  Al finalizar el programa hubo problemas también, hablan del joven que hacía de hijo de Tony, ebrio, violando la ley y amenazando a las autoridades como si realmente fuera un príncipe mafioso. El que hacía de sobrino de Tony parece que fue detenido por un asunto de drogas. Tal vez eran demasiados jóvenes cuando todo ese éxito les estalló en las caras, deslumbrándoles y no pudiendo asimilarlo. Pasa. Un día lo tienen todo, mimos y seguidores, fotógrafos tras ellos, la gente reconociéndoles y halagándoles, luego ya no son recordados y se niegan o no pueden volver a una vida normal. A veces es difícil ver la diferencia entre la realidad y lo que se desea o cree que ocurre. Pasa a todos los niveles. Es triste, como lo es la muerte de James Gandolfini.

TONY SOPRANO

   Adiós, Tony Soprano, James Gandolfini se fue, pero ese nombre vivirá por siempre en la televisión… Me pregunto si el personaje de Tony, el Gordo, jefe de la mafia en Springfield, no fue inspirado en él.

Julio César.

ESPERAMOS POR EL SEÑOR MANDELA

junio 27, 2013

DESTITUIDO FERNANDO LUGO

MENSON MANDELA, PRESIDENTE DE SUDAFRICA

   En su rostro, la victoria.

   Pocas veces una persona  ha significa tanto para quienes no le han conocido como no sea por la luz que irradia su valor o convicciones. Una de esas personas especiales es Nelson Mandela, todo un señor que pasó treinta años de su vida encarcelado por ser un hombre honrado que defendía una causa justa, su batalla pacífica y llena de sin sabores contra el Apartheid sudafricano. En una tierra bárbara donde un negro nada valía, emergió como el amado padre de toda una nación que le hizo presidente, seguramente apoyado por inmensas multitudes de hombres y mujeres blancos que sintieron sobre si algo de vergüenza por todo lo que fue, como se avergonzaron los hijos de los nazis en su momento. O tal vez era la gente nueva, sin los odios y complejos que lastimaron su tierra, gente que nació al crisol de la era inaugurada por este señor.

   Está enfermo, mucho, y debemos ir haciéndonos a la idea de que se irá y nos abandonará, aún a quienes jamás soñamos con verle o escucharle en persona. Es un hombre muy mayor, su dolencia, pulmonar, a cierta edad, es de las que atrapan y no dejan ir. Todas las oraciones están con él, pero sabemos que en cualquier momento querrá o necesitará cerrar los ojos y, espero que pacifica y satisfechamente, partirá sabiendo lo que otros intuimos, que detrás de sí queda un mundo un poquito mejor, que como resultado de su lucha de resistencia desarmada a muchos se les reconoció como seres humanos y se les permitió ejercer, libremente, su dignidad como tales. Hace poco vi una cinta donde uno de sus carceleros, un hombre blanco joven, termina siendo tocado. Hay naturalezas así, carismáticas, apasionadas y convencidas. Unos llevan a otros a senderos de locuras e innoblezas, otros se elevan con una sonrisa beatifica mirando un cielo mejor y con ellos arrastran de buena fe a otros que también desean y terminan conociendo ese camino. Esperemos que el África toda encuentre finalmente su lugar, que la raza negra no desaparezca allí donde el hambre causada por la violencia de los dementes se ha enseñoreado, levantando monumentos de miseria extrema.

   La familia Mandela desea que les permitan pasar estos momentos en paz, sin agobiarles o cercarles periodísticamente. Imagino que quieren acompañar en estos sus posiblemente últimos momentos a ese padre o abuelo al que nunca tuvieron al estar tanto tiempo preso. Desean estar con él lo más posible, y se entiende, pero también hay que comprender el fervor de los miles que se acercarán, con verdadero amor y dolor ante su gravedad, agobiados de corazón por la posibilidad de su muerte. Aquellos que le ven como un símbolo de lo grande que puede ser el alma humana, los que le agradecen todo lo hecho… los que temen que a su partida algo ocurra y todo vuelve a ser lo de antes, como tal vez temieron los apóstoles a la caída de la primera noche después de la muerte de Jesús.

NELSON MANDELA

   Ahora que está tan malito salen a relucir muchas de sus ideas y pensamientos, recojo unas que leí en el diario EL NUEVO PAIS: “Nada resulta tan deshumanizador como la ausencia de contacto humano”, lo expresó el 18 de julio de 1918. Casi en otra era, en un tiempo casi imposible de captar en toda su extensión para nosotros. Hablaba seguramente del horror de ser encerrado y apartado de todos en una prisión injusta, la máxima tortura como podría atestiguarlo cualquiera que por el delito de no parecerle justo lo que un régimen hace, y expresarlo, es encerrado en un lugar donde le despojan de toda dignidad (China, Cuba). Pero en un rango mayor, parece hablar del mismísimo sistema que durante décadas vivió Sudáfrica, el Apartheid. Y viendo más allá, parece definir la verdadera soledad, aquella que se padece cuando se carece de todo afecto humano verdadero, de un toque de ternura y amistad así se esté rodeado de muchas personas.

   Ojalá se recuperara, pero debemos ir preparándonos para su partida, por mucho que duela la sola idea. Gracias por todo lo que hizo en nombre de la humanidad, señor Mandela.

CAYÓ MURSI, EGIPTO SIGUE BUSCANDO SU CAMINO

Julio César.

CORAZON DE PLATA… 4

junio 26, 2013

CORAZON DE PLATA                         … 3

   Este relato, QUE NO ES MIO, es un Padackles sobre una realidad alterna. Un chico rubio y pecoso va al fin del mundo arrastrado por su abuela, y encuentra más de lo que parece a simple vista en la persona de un arrogante chico grande y sonriente, el cual le regala, al final, su propia vida para que el pecoso decida.

……

Title: Gray Moon

Author: River_sun

JARED AND JENSEN

   Espera por su verdad…

……

   -Jared… -comienza y calla al verle iluminarse totalmente de felicidad.

   -Sabes mi nombre… también tú preguntaste.

   -¡No! –se agita.- Me lo dijo… -traga y toma aire.- Mira, pareces una buena persona y…

   -Lo soy, Jensen. Soy genial. La gente genial y feliz está conmigo, y tú tienes que estarlo también. –finge pomposidad.

   -¿Cómo Sandy? Es Sandy su nombre, ¿verdad?, la chica que no es tan feliz porque no te interesa como no sea… -acusa, no sabe por qué pero lo hace. Ni de donde saca el valor.- Fuiste cruel.

   -¿Estabas espiándome, otra vez? –se ve menos feliz y más confuso.- Es raro, no te sentí… -y aspira.- ¿Llegaste corriendo a la escuela?

   -¿Qué? ¡No es asunto tuyo! –no puede evitar ser cortante.

   -Oye, eres grosero ahora.

   -Lo siento, yo… -se siente atrapado, como si no pudiera quitarse al chico de encima; con toda su alma desea mandarle a la porra, pero por otra parte, joder, se veía tan lindo y agradable, tan deseoso de agradar, debía ser un amigo genial y… en la puerta se asoma Sandy, todavía viéndose deprimida, buscando a Jared con la mirada, encontrándole, viéndole luego a él y alejándose.- Tu novia llegó y se fue. Parece triste. –acusa otra vez, con algo de dureza; Jared vuelve la cabeza hacia la puerta, luego le mira fijamente a los ojos.

   -No es mi novia, Jensen. No hay nadie importante en mi vida en estos momentos. –informa sereno, llenándose de paciencia.

   -¡Suerte con eso! De la manera que tratas a la gente, a Sandy, al chico ese, Tom, en las canchas… -calla bruscamente, alarmado cuando Jared se pone de pie, apoyando las manos en la mesa y tendiéndose hacía él, acortando la distancia, mirándole a los ojos con mayor fijeza.

   -¿Me estás llevando una cuenta de agravios, pecoso? –demanda como si no lo entendiera, endureciendo el tono aunque la voz es sedosa y rica en resonancias, y el rubio siente un escalofrío en su columna que no entiende al tenerle tan cerca, casi sobre él que continúa sentado, boca ligeramente abierta.- ¿Qué pasa? -pregunta suavemente, voz más baja, más cercano a él.- ¿Por qué intentas tan desesperadamente alejarme de ti, Jensen? –exige saber.

   Y por una vez en su vida, él tan acostumbrado a contestarles a los abusadores (un segundo antes del golpe) y a su abuela, no encuentra palabras. Claro, debería reírse con burla, decir que no le aleja, ni desesperadamente ni de buenas maneras, que no tiene por qué, que no le interesa para nada. Pero la mente está en blanco, parece cubierta de nieve, efecto que aumenta por las motas más amarillentas y brillantes que se destacan en esos ojos multicolores que parece estudiarle y, se estremece, grabar cada línea de su rostro.

   -¡No te estoy alejando! –croa, algo enrojecido, confuso cuando le ve un brillo astuto en los ojos.

   -¿Entonces tomarás un café conmigo? La señora Ferris me da del bueno, del que ella y los profesores toman.

   -¡No! –jadea.

   -¿No te gusta el café?

   -No… Digo, si, pero…

   -Pero no quieres tomarlo conmigo, porque me evitas desesperadamente por razones que no quieres o no puedes explicarme. ¿Al menos las conoces tú? –arruga la frente, entre exasperado y divertido.

   -¡No es eso! –Jensen ya jadea, su pecho subiendo y bajando pesadamente, sintiéndose atrapado.

   -¿Entonces…? –reta tendiéndose más sobre la mesa, dejando al rubio en blanco nuevamente. Y, posiblemente, aceptando su ofrecimiento. Lo que tendría que hacer, coño, le estaba invitando cordialmente a ser su amigo, no tenía por qué rechazarle.

   -Hola, Jensen, hola, Padalecki… Me pareció ver a Sandy algo llorosa frente al estante de los trofeos. ¿No es un lugar irónicamente delicioso para que se deprima la capitana de las porristas?

   Esa voz suave, casi soñadora, logra apartar a Jensen de la extraña fascinación que el agradable y hermoso rostro masculino, todo sonrisa y hoyuelos, todo voz segura de sí, le había producido. Ahora nota una sutil transformación en Jared, quien arquea un poco la espalda, su sonrisa vuelta una mueca, los puños cerrándose mientras se endereza. Todo desapareciendo al instante siguiente, cuando vuelve a ser el chico agradable.

   -Hola, Alyson, ¿le serviste de apoyo o te burlaste de ella? –mira a la joven pelirroja.

   -¿Acaso no me conoces?

   -Entonces habrá que ir a ver que no se halla colgado del techo, ¿verdad?

   -Si, ya veo que me conoces. –le sonríe más, tomando asiento frente a Jensen, casi desplazando al chico alto, dejando de mirarle para concentrarse en el rubio.- Cariño, no has comido nada y tenemos clase en diez minutos. Compartimos algebra… -medita.- …No recuerdo que número ya. –Jensen, desconcertado, no puede evitar notar el gesto de disgusto del más alto, que se retira luego de mirarle intensamente.

   -¿Qué ocurre? –frunciendo el ceño, sin entender esa tirantez que pareció batalla, encara a la joven.

   -Eso dímelo tú. ¿Jared Padalecki en tu mesa y mirándote con tantas “simpatías”?

   -Parece… Parece un sujeto agradable.

   -Oh, claro, y el Ébola es igualita a otra gripe cualquiera, pero con mala fama. –le mira, ceñuda.- Esto puede ser interesante.

   -¿Interesante? ¿El qué? –se ve más confuso, cosa que aumenta cuando ella abre los ojos y la boca con un gesto de “¿no es obvio?”, pero sin decirlo, notando que en verdad él no lo capta.

   -Nada. ¿Qué harás más tarde?

   -¿No tenemos algebra?

 

   -No, por Dios, eso lo dejé para mitad de semestre. No quiero sufrir desde ya. Lo dije para apurar a Padalecki. ¿Ya elegiste tus materias adicionales? De ese infierno no puedes escapar. Debes buscar lo que quede. ¿Teatro, tal vez?

   -No, odio la actuación. –arruga la frente.- La verdad es que me gustaría algo… que me hiciera encajar mejor… Ya sabes, con el resto de la secundaria. Hacer lo que todos hacen.

   -¿Demarcar tu territorio meando frente a tu casa para espantar mapaches?

   -¡Alyson! –previene pero sonríe.

   -Aquí, para no desentonar, tendrías que aprender mecánica de camionetas con tracción en las cuatro ruedas; es una necesidad para estos caminos. O saber de caza. Aunque estos bosques están llenos de animales muy peligrosos. –comenta de pasada, mirando la mesa. Luego sonríe.- ¡Deportes!

   -¿Qué? ¿Competir con otros? No soy bueno en deportes… ni me gustan mucho. Mirar el básquet, o el futbol, pasa, pero ¿jugar?

   -No tienes que ser bueno, ni tiene que gustarte para formar parte de un equipo. ¿Crees que me agrada el voleibol? ¡Lo odio! No me veo tan bien como otras, mis senos no saltan tanto. Pero lo practico y así los profesores de deporte me dejan en paz, y “mi empeño a pesar del poco progreso”… -recita y sonríe.- …Ya eso está escrito en mi boleta antes del comienzo de cada año, “la hace destacar y ser merecedora de créditos y puntos extras”. Incluso las chicas del equipo me toleran, amablemente con simpatías, por lo patética que soy, aunque sigo intentándolo.

   -Suena bien, ¿qué hay en estos momentos…? -la interrumpe al verla sonreír pícara.- Nada de gimnasia o algo que tenga que ver con piscinas.

   -Bien, está el deporte fetiche de la región, aunque no le dicen así, el que todos aman, el hockey… Pero no creo que tú…

   -Oye, sé patinar bien. Y lo practiqué… un poco.

   -Creí que venías del desierto, de Texas o algún otro polvoriento lugar perdido en el tiempo.

   -¿Lo dice alguien de Nome, Alaska? Y allí también hay civilización, ¿no has oídos de las pistas de hielo?

   -Okay, sería un gran triunfo que fueras, probaras y te aceptaran, pero… Jensen, ¡se trata de hockey! Si yo deseara matar a alguien y hacerlo ver como un accidente, la invitaría a jugar a esa mierda. –advierte, pero ya Jensen está sonriendo, imaginándose sorprendiendo a todos un poco con su forma de patinar.

   Le han dicho que tiene buena técnica… Su abuela, claro, pero ella nunca era muy amable con nada.

……

   Si, Alyson tenía razón, el hockey había sido una mala idea. Una muy muy mala. Sobre los patines logró mantenerse de pie a pesar de las ganas de correr y ocultarse cuando entró a la helada pista y todos los chicos le siguieron con las miradas, calibrándole, con leves gestos de: “¿De dónde saldrán estos perdedores?”. Logró desplazarse un poco, y con cierta gracia a decir verdad, pero en cuando el chico calvo, Mike Rosenbaum, salió de Dios sabe qué pozo, se supo perdido. Aunque no fue al verle llegar, porque eso fue echarle el ojo encima, viéndole sonriente, desplazándose a una velocidad increíble sobre sus patines de hielo, riendo abiertamente cuando se ladea, embistiéndole y estrellándole rudamente contra el cristal, casi alzándole y dejándole sin aire, apartándose luego con elegantes ademanes mientras él caía de culo sobre el frío y duro piso. Eso fue entrar a la pista y derribarlo.

   Todavía debió cubrirse el rostro cuando Mike giró y volvió a toca carrera, temiendo otro ataque, tan sólo para ser salpicado con hielo cuando este frena bruscamente. Cosa que por fin logra una condena del coach, quien hasta ese momento parecía dormido…

   -Rosenbaum, ¡cuidado con la pista! Ackles, saca el culo del hielo, ahora vas a tacklear a… Hey, Padalecki, ¿quieres probar suerte?

   -Paso. –jadeó ahogado el chico rubio, sacudiéndose el frapé de pista y acomodándose los anteojos sobre el punte de la nariz, deslizándose lentamente fuera de la pista sin mirar al otro.

……

   Si alguien le preguntara, algún día, por qué pensó que en la lucha olímpica le iría mejor, Jensen jamás sabría dar una explicación razonable; como no fuera que todavía estaba conmocionado por el ataque de Mike en la pista de hielo. Lo que bien podría ser cierto.

   Vistiendo su cómodo y holgado mono deportivo, Jensen escuchó junto a los otros aspirantes las indicaciones básicas, posicionamiento, llaves y proyecciones. Todos reían un poco nerviosos por las posturas. Y llegó la temida hora de practicar. Los más veteranos no se fueron por las ramas e hicieron volar a más de uno, aunque era algo más vistoso que doloroso.

   -¡Ackles! –llama el entrenador, y tragando, acomodándose los anteojos que sabe pronto volaran por los aires, llega al centro, para encarar a su contrincante, quedando sin aliento, del miedo.

   Tom Welling, alto y poderoso dentro de la reglamentaria aunque algo ajustada butargas color rojo está allí. El sujeto se veía poderoso… y ruin, con su sonrisa estudiada, alzando los brazos y flexionándolos medio girando el torso de adelante atrás, recibiendo miradas de admiración por el físico del poco público presente.

   -Hace rato que quería verte, cuatro ojos. –es el saludo, que más amenaza de muerte no puede parecer. Todo creído da un paso al frente pero se detiene bruscamente cuando una mano grande cae sobre su hombro, desde atrás, deteniéndole en seco.

   -Déjame a mí. –es Jared, quien mira con terrible severidad a Jensen, sin importarle las llamaradas azules que Tom le arroja por los ojos.

   -Padalecki… -comienza, pero se congela y contrae un tanto el hombro cuando los dedos de Jared presionan. Con una mueca refunfuña algo por lo bajo y se aleja todo mala leche, empujando de paso a otro novato.

   Jensen no entiende nada, ni procesa muy bien lo que ocurre. ¿Qué hace Jared ahí? Aún vestía como cuando apareció en la cancha de hielo, ¿le estaría asechando, acosando, haciéndole saber que no tendría paz en ningún lugar? No comprende cómo el castaño puede hacer eso, desplazar a otro participante del equipo, pasando aún sobre una indicación del coach, este guardando silencio y Tom alejándose a pesar de que se notaba que no quería hacerlo (se veía que quería quitarle lo pecoso a fuerza de golpes). Pero, por encima de todo, lo que no entiende es a Jared…

   -En posición. –este le saca de sus cavilaciones con un sobre salto, mientras le ve medio flexionar su cintura, echando hacia delante la parte superior del cuerpo, brazos semi flexionado, manos abiertas.

   Sabiendo, en teoría, qué se espera de él, Jensen le imita e intenta atrapar sus manos, mientras con leves manotones Jared le rechaza. Y le mira, le mira de manera intensa y muy seria. Las manos grandes (unas que, lo nota el pecoso, hacen juego con los hombros anchos, los brazos largos, el torso esbelto y las piernas musculosas), atrapan las de Jensen, produciéndole un extraño estremecimiento, ¡estaban tan calientes! Pero no tiene tiempo para pensar o analizar más. Con un bramido corto, Jared se echa hacia delante, alzándole los brazos y el torso, rompiendo su defensa, atrapándole por la cintura luego, envolviéndole, estrechándole contra su cuerpo, dejándole sin aliento, sus rostros muy cercanos, sus miradas atrapadas. Jared estaba tan… durito y firme de cuerpo, tan cálido que…

   Grita de sorpresa cuando el más alto le alza otro poco, echándole hacia atrás y derribándole de espaldas contra la colchoneta. Bruscamente. Jensen cierra los ojos y suelta un bufido y el aire, los anteojos casi cayendo. Jared cae cuan largo a su lado, semi cubriéndole con su cuerpo; ¿era acaso necesario eso?, se pregunta, pero no le da tiempo de más. Jared se medio levanta, rodillas sobre la colchoneta, y atrapándole un brazo y una rodilla le medio alza de lado, obligándole a rodar y caer de panza, para soltar otro bufido de sorpresa (y más falta de aire), cuando el castaño cae sobre él, prácticamente sentado a hojarascas sobre su culo, pesado y tibio como lo es todo joven, reteniéndole allí, atrapándole un brazo y doblándolo a sus espaldas, reteniéndole, inmovilizándole. Y duele, Jensen siente que su codo y su hombro ladran levemente.

   -Está bien, Jared, déjalo. –se oye al entrenador, pero Jared no se mueve, jadeando, mirada vidriosa, sintiendo bajo sus caderas y entre sus muslos el cuerpo palpitando con vida del otro.

   -Esto no es para ti, pecoso. ¿Hockey? ¿En serio? ¿Lucha? ¿Con Tom? Debes abandonar esas ideas. –le susurra, ronco y grave, tendiéndose un poco sobre él, tragando en seco. Jensen transpiraba un poco, y ya venía así; el olor que exhala de su cabello húmedo era…

   -¡No! ¡Déjame, maldito idiota! –ladra Jensen entre dientes, resistiendo, pero gimiendo cuando Jared presiona más sobre su brazo.

   -¡Debes dejarlo! –repite, bajito y con dureza contra su oído, esa oreja pecosa que sostiene heroicamente los anteojos.- Nada de esto es para ti. Tampoco el boxeo o las artes marciales, ¿okay?

   -Tú no me dices qué… ¡Aaaggg! –aprieta los dientes, bañado totalmente en sudor; joder, ¿acaso se había vuelto loco ese chico?

   -¡Jared! –ladra el entrenador.

   -Renuncia. –es categórico, ignorando al adulto y concentrándose en el rubio. Y presiona otro tanto, ya exasperado, pero disfrutando del reto.

   -Ahhh… -intenta no mostrar dolor pero no puede; intenta arrojarlo fuera de su cuerpo pero el chico alto presiona más con sus rodillas.- ¡Está bien, esta bien! ¡Renuncio! –gime, la mirada nublada casi de llanto, por el dolor y en especial la ira. Una rabia sorda le domina y sabe que estaba en lo cierto, que no se había equivocado con el chico castaño y acosador. Jared Pada… Pada lo que fuera era una pila de mierda no mucho mejor que todos los abusadores que ha conocido hasta ahora. Deja salir el aire cuando el otro se retira.

   Jared lo hace muy lentamente, sonriendo y algo enrojecido de mejillas, respiración inquieta… ajustándose a toda carrera el shorts sobre el uniforme.

   -Eres sensato, mi amigo. –sonríe más abiertamente complacido, un problema menos del cual debía preocuparse y… Se congela cuando Jensen se vuelve y queda sentado sobre la colchoneta.- ¿Estás bien? –suena levemente alarmado.- Vamos, ponte de pie… -le tiende una mano que no es aceptada, Jensen sólo le fulmina con la mirada, doblando el brazo atacado y sobándose el codo.

   -¡Vete a la mierda! –le sale bajito y roto, cargado de resentimiento, uno que parece llegarle por primera vez a Jared.

   -Ese lenguaje, Ackles… -reprende el entrenador, que se ve cabreado.

   -¿Estás molesto? –el castaño se ve genuinamente confuso.- Claro, lo estás; mira, no quise ser tan rudo, pero…

   -¡Ve.te.a.la.mi.er.da! –es la réplica, ahora si abiertamente furiosa. Desconcertante por lo que parece para Jared.- Y aléjate de mí, maldito abusador.

CONTINÚA … 5

Julio César.

¿MADUREZ?

junio 26, 2013

COMUNICACION 

MUSCLE BOY

   Jacinto antes parrandeaba como loco, ahora se queda en el cuarto frente a la cama donde su compañero estudia toda la noche.

CONSIDERACIONES

Julio César.

JUSTIFICACIÓN DE AMIGO

junio 26, 2013

…METABOLISMO

TATUAJES GAY

GENTE QUE HABLA Y SE ENTIENDE

Julio César.

ROYCITO CHADERTON NO ENTIENDE Y A ELIITAS JAUA LE DA PENA AJENA

junio 25, 2013

ELIAS JAUA CONTRA DIOSDADO CABELLO

VELLUDO Y SEXY

   A veces es mejor quedarse sentado y callado…

   Explicando el por qué a Venezuela le va tan mal en política internacional (la zona en reclamación casi la perdimos, el la ONU y en la OEA toda propuesta nuestra queda sola y ahora los chinos quieren cogerse el petróleo), Roy Chaderton, que uno no sabe exactamente qué es dentro del Gobierno (dicen que embajador ante la OEA, ¿pero para eso no necesita saber sobre los países de la OEA?), exclamó en unas declaraciones que él, personalmente, “No veía ningún motivo racional para que Santos recibiera a Capriles”, refiriéndose al encuentro del presidente colombiano con el líder de la Oposición venezolana. Eso todavía les duele, debe llevar el frasquito de árnica en el bolsillo. ¿Y este señor, que no ve motivos, es un canciller que gana una boloña de reales, y yo que sólo soy un empleado público, y a quien la cosa le parece obvia, gano cien bolos por encima del sueldo mínimo? ¡No me parece justo! ¿Por qué no cobra él, con sus evidentes nulas capacidades, el sueldo de miseria que gano yo?

  Señor Roy Chaderton, Colombia en boca del señor Santos, en UNASUR, fue una de las naciones que deseaba poner bajo protesta los oscuros resultados electorales donde el CNE le dio la corona a Nicolás Maduro, negándose a un reconteo de las boletas (igualito que en el Mister no sé que vaina que hubo hace poco en República Dominicana); allí, Nicolás Maduro se comprometió a que si no le recibían con cacerolas y rechiflas en esa reunión haría el reconteo, luego no lo hizo como debía (cómo Jorge Rodríguez decía que debía hacerse). Nicolás Maduro engañó a Santos, ¿tenía o no algo que consultar entonces el gobierno colombiano con aquel que exigió el reconteo? Por Dios, señor Chaderton, eso está de anteojito, no es mecánica quántica ni los principios físicos básicos para crear una lluvia de adrones en un súper colisionador. Intente concentrar una o dos neuronas y verá que había un motivo válido para que Santos se reuniera con Capriles, aunque ese motivo no le guste a usted. Que es un punto totalmente distinto. Tal vez, el irracional en sus posturas, sea usted, ¿no se le ha ocurrido?

……

   Pero si las declaraciones de Roy Chaderton fueron tristes, son entendibles (es un hombre viejo, la mente ya no está tan activa en gente fondona que no lee ni hace nada), las del Canciller de la República, Elías Jaua, si que no tienen excusas. Que después del viaje a Roma ese señor dijera: “Hay unos que hicieron el ridículo pero feo en el Vaticano”, fue terrible. Es cierto, pero no tiene perdón que lo exprese en voz alta; por mucho que odie al señor Maduro en esa guerra de herederos (ah, ya imagino al difunto diciéndole a cada uno “tú eres el mío, a ti te nombraré jefe”; ¡tan malvado!), fue este quien violó la ley y falsificó la firma del presidente Chávez para nombrarle en ese alto cargo, uno designado, porque por elección de la gente, Elías Jaua no gana nada. Y está bien, fue una ridiculez, sabemos que el señor Maduro considera que las vacas son sagradas, es parte de su religión, así que eso de besar mano y llamar Padre y pedir oraciones a Su Santidad, sonó a hipocresía, pero al señor Nicolás Maduro no le quedaba otro remedio.

   Arruinada Venezuela como está, tiene que pedirle a los que cortan el bacalao que le ayuden a conseguir préstamos, no con los chinos que ya exigen hasta la mesa de planchar, sino con Occidente, donde cobran pero más disimuladamente. Hay que entender que el pobre señor Maduro está como Pedro Picapiedra cuando se hacía pasar por un rey de la Europa Oriental llegado a Piedradura a pedir ayuda financiera, lo que le falta es que se ponga de pie en la ONU, con su gran saco, el bigotote, la voz engolada, las hojas mecanografiadas en grande para que no se confunda, y diga: El pueblinski misnki, está murinski de hambrisnki; necesitamos platinski.

   Tenga piedad, señor Jaua… Bueno, si no la tuvieron con el difunto…

OSCAR SCHEMEL Y LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Julio César.

EL SUPER HEROE QUE HACIA FALTA

junio 25, 2013

GENTE QUE SE PICA

SUPER GAY

   Azotaine era candela pura…

   Ciudad Morbo contaba con el súper héroe perfecto, al fin; no sólo la acción del hampa había descendido en las calles sino que muchos delincuentes habían sido detenidos. El valiente y sexy putito, allí donde el mal atacara, caía por igual sobre uno que sobre varios delincuentes, sin importar lo enormes y rudos que pudieran ser. Llegaba frente a ellos, fusta en manos, y les ordenaba quedarse donde estaban. Y se quedaban, porque ese tío en cuestión, o los varios sujetos a la vez, le detenían y comenzaban a azotarle las nalgas para verle estremecerse, para oírle gemir agudo y ronco mientras se excitaba meneándolo, para verle las marcas sobre las redondas nalgas. Fusta y manos iban y venían mientras Azotaine se tensaba y babeaba abundantemente por boca y tranca. Extasiados, rotándoselo sobre las rodillas para darle más, los pillos perdían la noción del tiempo, efecto causado por el poder del súper héroe, y eran detenidos cuando la policía llegaba atraída por los gritos, gemidos y pedidas de más que lanzaba el valiente súper héroe. Así les atrapaban, aunque… Bien, a veces exhalaba tanto su poder, que también la policía se quedaba y le daba.

PASA

Julio César.

TRABAJO RELEGADO

junio 25, 2013

TORTURA

COMICS GAY

   Eran agotadores…

   Cada vez que alcanzaban la altura de crucero, el capitán tenía que probar, a fondo, a los asistentes de vuelo. La compañía se lo exigía. Y le gustaba su trabajo, se les metía con todo, pero… el tiempo pasa y el hombre se cansa de probar a esos jovencitos, por triste que suene. Este era el tercero, aún faltaban dos nuevos y otros dos que deseaban les repitieran sus pruebas. Por eso, como buen jefe, ha aprendido a relegar funciones. Dentro de poco sería el ingeniero de vuelo quien les examinara; y, a veces, uno o dos pasajeros de confianza ayudaban también. El trabajo se hacía y los muchachos quedaban bien examinados, casi agotados… Pero sólo por un rato.

PENA

Julio César.

EDWARD SNOWDEN… ¿EL ESPIA QUE VIENE DEL FRÍO?

junio 24, 2013

DESTITUIDO FERNANDO LUGO

EDWARD SNOWDEN

   Y nunca mejor expresado. Estando en Rusia se corrió el rumor que estaba volando rumbo a Venezuela… cosa que dudo. Pero ojalá pudiera, para que se ponga a salvo, así sea relativamente; viendo viejas películas de espías uno se maravilla con los sutiles venenos y las explosiones dirigidas, por lo tanto, seguridad seguridad, no hay. El tipo tiene un aire a lo James Bond, ¿verdad? Claro, es difícil saberlo por una imagen, pero sus acciones hablan de cierto idealismo en su proceder (esté bien o mal encausado); algo no le pareció correcto y lo denunció. Además, parece tener carisma, ¿será seductor como el agente inglés de tantas y tantas películas?

   Pero en serio, debo comenzar aclarando que me solidarizo totalmente con Edward Snowden, el ex agente de la CIA que acaba de echar al pajón a sus jefes, individuos que en nombre de la “seguridad” espían a todo el mundo, escuchando conversaciones, interceptando correos y mensajes. Está bien, en la lucha contra el terrorismo todo vale, y se entiende, no se le puede dar descanso o tiempo de reacción a los que sueñan con llegar y matar a decenas de inocentes “exigiendo un mundo mejor y más justo” (rara vez, armas en manos atacan un puesto militar, a gente que les puede responder; no, van solapadamente a matar mujeres y niños, y eso en todas partes del mundo); pero de ahí a vigilar a toda la población hay un paso diferente, que a menudo lo dan los regímenes o aquellos sujetos que controlan tal o cual institución y desean no sólo eternizarse sino imponer su manera de mirar el mundo. Ahí está John Edgar Hoover y la era de terror que inició con los datos que manejó con el antiguo FBI. Ese tipo de amenazas y chantajes, de cacerías de brujas, es inaceptable parea cualquiera con algo de sangre en las venas.

   Aquí en Venezuela era práctica corriente, el extinto presidente Hugo Chávez alentaba el espionaje, los teléfonos pinchados, exponiendo luego los vigilados al vilipendio cuando hacían públicas las escuchar ilegales a través de los medios de comunicación en manos del G-2 cubano (nunca jerarcas mafiosos, delincuentes tramando secuestros o jefes de las drogas; no, siempre políticos y periodistas de Oposición), hasta que se les dio una notoria probada de su propia medicina. Fue brutal la exposición en toda su magnitud de lo basura que era, de Mario Silva, el gran inquisidor y acusador del régimen, expuesto para comenzar como agente de un país extranjero, y las cosas que denunció de Diosdado Cabello, el siniestro destructor del modelo democrático venezolano, fueron lapidarias.

   Pero volviendo al tema de inicio, si el gobierno de Estados Unidos espiaba a sus conciudadanos, estos están en el derecho de saberlo, después de todo se votó por Obama en contra de lo que representaba Bush y su república cercada de pretorianos en aras de “la seguridad”. Si Obama se vio obligado a ello debe explicárselo al pueblo norteamericano y que este comience el gran debate sobre si es ético o admisible, o no. Porque, como ya señalé, de “escuchar” para prevenir es muy fácil pasar a llamar a tal o cual personaje para obligarle a cambiar su línea editorial o sus posturas públicas cuando molestan o incomodan al Gobierno, o si así lo considera el jefezuelo de un cuerpo de inteligencia. ¿Quién le da el derecho a un oscuro personaje a decidir por sí mismo qué es libertad o no? Semejante facultad no puede estar en manos de una sola persona, o un pequeño grupito tipo logia, menos si se mueven en las sombras y no se sabe si usan ese poder para meter presa, por ejemplo, a una juez que les molesta; tal potestad debe recaer sobre la opinión pública, la colectividad que lo discutirá en foros y universidades. La tenebrosa era de Joseph McCarthy es prueba de la locura llevaba a la paranoia nacional (al menos no levantaron campos de concentración). ¿Qué el Estado vigila grupos irregulares que amenazan con violencia y muerte? Perfecto, ¿pero que se escuche a todo el mundo para controlar la opinión y lo que piensa cada quién? ¿Que es esto? ¿Cuba? ¿China?

A FAVOR DE SNOWDEN

   Por ello aplaudo y apoyo a este señor de apellido tan complejo, Snowden, por arrancar el infame manto con el cual se cubrían tales operaciones ilegales, porque si un gobierno conspira contra su gente, ¿qué se puede esperar como no sea el imperio de la ilegalidad y la injusticia? Sin embargo, y volviendo al título, dudo que sea cierta la versión de que venga para acá, a menos que sea como lugar de tránsito… O que se le esté tendiendo una trampa para detenerle.

   El régimen venezolano no es ahora el de hace pocos años, la locura a todos los niveles, así como la incompetencia y corrupción del gobierno de Hugo Chávez nos ha sumado en una horrible crisis que cuesta entender a los que aquí vivimos, fuera de Venezuela debe ser casi imposible de asimilar. Durante doce años entraron en la caja del Gobierno, por un lado, cuantiosas cantidades en dólares, cifras jamás vistas desde la fundación de la patria, todo a una sola cajita en manos de Hugo Chávez primero, no se sabe de quién ahora, y del otro lado no salió nada, ni obras, ni hechos, nada que no se sostenga por sí mismo sino despilfarrando más y más dinero. Nicolás Maduro, presidente proclamado por el CNE, necesita desesperadamente quién les preste dinero para comprar comida en lo inmediato y pagarle a los empleados públicos, no queda para más allá de tres o cuatro meses, pero nadie nos quiere prestar porque por una parte se les sabe ladrones, y ahora se duda de su legitimidad, de que cualquier compromiso que firmen se sostenga más allá de unos pocos días y luego sea desconocido.

   Los chinos y rusos ya no quieren tierras o compañías eléctricas. Exigen PDVSA. Tal y como lo predijo Rafael Poleo hace catorce años, ganándose insultos de todo el mundo, de Gobierno y Oposición, hoy demostrándose que sólo él sabía de lo que hablaba y los demás harían bien metiéndose las lenguas donde no les dé el sol. Pero como el gesto en sí, entregar la petrolera, sería una confesión abierta de fracaso y traición, Nicolás Maduro tiende lazos con el Departamento de Estado norteamericano, cosa que los atorrantes muestran como un éxito revolucionario y no como la humillante claudicación que los demás sabemos que es (qué Obama diga que es el legitimo), al tener que bajar la cabeza ante quienes se acusó de todo en el pasado; todo en busca de cierto “aval” para ver si llegan nuevos préstamos que impidan que el hambre estalle en toda su magnitud y no como ahora que se medio disimula. Transitando el mismo camino, reconocimiento y apoyo, se fue al Vaticano a besarle la mano al Papa y jurarle que él era un buen muchacho, acto que al mismísimo Elías Jaua le pareció que fue hacer el ridículo bien feo; y lo fue, pero era necesario someterse, humildemente, para poder pedir ayuda.

   No creo que si ese señor, Edward Snowden, viene en busca de asilo, y aunque se lo ofrezcan, sea una proposición sincera o posible (sería más prudente mirar hacia el Ecuador, como hizo mister Wikileaks). Ahora el régimen no puede contravenir al Imperio si les exige entregarle, le necesita para traer las malas marcas de comidas que llevamos a la mesa, y eso pesará más que quedar mal delante de todo el mundo (¿no reculó y entregó a un peligroso narcoinsurgente de las FARC el mismo Hugo Chávez cuando Uribe Vélez le amenazó con hacer públicas las transcripciones de los papeles de un jerarca de las guerrillas?). Lo otro es más preocupante. Qué todo no sea más que un ardid para detenerle al bajar del avión y entregárselo a los norteamericanos sin mayores rollos. Hay que preguntarse por qué otros (chinos y rusos, por ejemplo) no ofrecieron el asilo. Ya algo así se vio cuando El Salvador detuvo y entregó a los comisarios Vivas y Forero a quienes Hugo Chávez deseaba condenar.

   Por dinero, y necesidad, baila el perro.

ESPERAMOS POR EL SEÑOR MANDELA

Julio César.