Archive for 27 noviembre 2013

DEAN, UN CHICO MALO

noviembre 27, 2013

LA TARDE DE PERROS DE DEAN

LOS MUCHOS BESOS DE DEAN

   Todo un Dean…

   La verdad es que este capítulo, 9×07 – Bad Boys, fue, fuera de muy bueno, increíblemente oportuno. Casi como si lo hubiera pedido a propósito. No aparecen Castiel ni Crowley, sabemos que Kevin anda por ahí y los hermanos salen a investigar. Son tan sólo ellos dos contra un ente sobrenatural al que ya han enfrentado en el pasado… pero encontramos chispazos de la vida de un joven Dean Winchester. ¿Cómo podía ser malo?

   Bien, unos niños juegan en un granero, un hombre tosco les llama para que vuelvan a sus camas, hace frío, la luz de la linterna parpadea y sabemos que hay un fantasma; un tractor se enciende, el hombre cae tontamente, se levanta y le atraviesan. En la baticueva los hermanos reciben una llamada, Sam al principio no entiende porque usan un apodo extraño para comunicarse con alguien y resulta que se trata de Dean. Es un sujeto llamado Sonny, un viejo amigo que hace años le tendió la mano. Sabemos por Dean que cuando tenía dieciséis años se metió en problemas, se gastó el dinero que John le había dado para alimentarse él y Sam, y le atraparon robando comida.

SONNY

   Hay un primer vistazo a ese antiguo Dean, el policía con el ojo negro, un Dean muchacho esposado y todo chulo, Dylan Everett, un chico que por primera vez se parece a un Jensen Ackles de joven. El que aparece cuando un Sam niño le regala el collar que debía ser para John, y el mocetón que aparece en aquella secundaria donde pasaron dos semanas y a la que vuelven precisamente por un fantasma, no se parecían en nada a él. Este sí, fuera de, y hay que decirlo, bonitico, el muchacho tenía la chulería de un joven Dean, que se cree duro pero que el hombre que le ayudará, Sonny, adivina que tiene hambre. Por cierto, que me agrada este actor, Blake Gibbsons, siempre de duro.

EL APRETON DE MANO

   Los hermanos llegan, una vieja cuidadora pregunta si son amigos de prisión de Sonny, y comienza la investigación. Mientras Sam revisa en los cuartos, encontrándose nuevamente con la mujer que le habla de los trágicos antecedentes en la propiedad, encaminándoles hacia un fantasma, Dean revisa el granero y conoce a un chico pequeño, timmy, delgado y de anteojos, que oculta sus miedos, inseguridades y terrible abandono tras el juguete valiente que le regalara su madre. Era un niño adorable. Me agradó ese Dean interactuando con él, enseñándole cómo se da un apretón de manos confiable. Más tarde le asistirá cuando otros dos chicos del lugar intentan meterse con el huérfano pequeño, la eterna parodia de la ley natural donde los depredadores olfatean y cazan al más débil para atacarle. Y digo parodia porque en la naturaleza es para alimentarse, entre los humanos es una condición sádica que, por suerte, en la mayoría se cura con la edad. Aunque no en todos, algunos pasan la vida siendo maridos abusadores y padres maltratadores. Aunque también las hay mujeres, preferir a un marido sobre los hijos de quien ese sujeto abusa, es clara muestra.

   Antes de ir al cementerio y creer que acabaron con el problema, Sam descubre cosas en esa casa refugio, en el muro del orgullo descubre un diploma de Dean, por ganar unas competencias de lucha, algo nunca hablado (y no es raro, hasta el episodio Hogar, en la primera temporada, Sam ignoraba que un Dean niño le había sacado de una casa en llamas). Y aquí llega un punto importante que tiene que ver con ese pasado, cuando Sam habla con él, haciendo notar lo extraño que fue que John no hubiera podido encontrarle, Dean le aclara que si lo hizo, le encontró y le dejó ahí para que aprendiera su lección. Y aquí comienza en parte lo que quiero decir sobre que parece haber sido un capítulo hecho a mi medida. Nunca, y quienes hayan leído mis primeras entradas en esta sección Supernatural lo sabrán, pero nunca, me gustó el personaje de John Winchester. Por alguna razón se le ama dentro de la comunidad fan, jamás entendí por qué. Era un mal padre, así de sencillo. Para los muchachos, en especial para Dean, su principal víctima, mejor padre resultó Bobby Singer.

   Ya lo he mencionado (EL SEÑOR DEAN WINCHESTER), cuando John coloca a Sam en brazos de Dean, le roba su infancia, su inocencia, no en ese momento exactamente, sino cuando se lanza a la cacería olvidando atrás a esos niños y transformando a Dean en el guardián de su hermano. De niño pasó a ser el soldadito de papá, y siendo un niño tal vez lo creyó su único deber, proteger a Sam, la meta de su vida, pero también obedecer ciegamente a John, tal vez esperando que volviera a ser con él, el que fue en los primero diez minutos del Piloto hace ya nueve temporadas. Era un niño esperando que su padre le llamara con afecto otra vez a su presencia. ¿Qué John no tuvo más remedio que hacer lo que hizo, su mujer, el amor de su vida le había sido arrebatado y debía vengarla? Puede ser, y tal vez por eso muchas damitas parecen encontrarle justificaciones, pero yo no lo veo así. Ese hombre esa noche perdía la mitad de su familia por un desastre y apartó deliberadamente a la otra; por razones distintas, Dean perdió a su madre y a su padre también en la misma jornada y Sam jamás conoció a su familia, como no fuera únicamente Dean, la pequeña figura de guardia a los pies de su cuna.

   Lo otro es que John criara a un chico autosuficiente, seguramente tramposo, como lo fue el enseñarle a falsificar tarjetas de crédito, y luego se molestara tanto con el error de un muchacho altanero al que dejó que se convenciera de su propia invulnerabilidad y sagacidad para salirse siempre con la suya, que sólo podía contar con él mismo y enfrentar lo que llegara, incluso ponerle un ojo negro a un ayudante de comisario; apostar y perder el dinero de la comida y suponer que puede robarla, cae naturalmente en la manera de ser de semejante joven, lo curioso es que John le castigara así. John le crió mal, por razones mayores no pudo enseñarle la diferencia entre lo bueno o lo malo (tal vez lo aprendió luego con el pastor Jim y con el mismo Bobby, y porque estaba destinado a ser bueno), y luego se molesta y le castiga por el resultado. A menos que fuera un castigo por dejarse sorprender y atrapar, una falla tan grande que debe pagarla para que no la cometa de nuevo. Tal vez soy injusto con John, pero de verdad nunca me gustó mucho, lo único bueno que hizo fue dar su alma por Dean, y aún eso estaba condicionado a la promesa de que salvara a Sam o le matara si se trasformaba en algo maligno.

DEAN ROCK

   Bien, los hermanos creen destruido el fantasma, se paran en un merendero en su camino a la baticueva y Dean mira a una bella joven que atiende el lugar. La mira como bobo y le sonríe, pero ella no le recuerda y eso parece lastimarle mucho (ah, Dean y sus ex novias, nos hacen falta ahora que no liga y que hasta Castiel anda lejos). Parece dolerle tanto que ella no le reconozca que se van sin comer. Hecho no suficientemente señalado por Sam, ¡se van sin que haya comido! Oyen de la nueva muerte, la mujer pía que ayudaba a Sonny con los niños (las bañeras, parece que todo el mundo muere en ellas).

DEAN SALVA EL MOMENTO

   Es cuando Dean ayuda al chico que molestaban; uno de ellos, más tarde, está trabajando con una cortadora de césped y ocurre lo de la mano. Y aquí un punto importante, aunque ha habido niños fantasmas, el del lago, los de la convención de Supernatural, los niños-monstruos que se alimentaban de sus padres, rara vez muestran a infantes siendo asesinados o recibiendo daño, como le ocurre a este. Aunque ni era tan niño… ni molestó tanto cuando le ocurre. Y esto de los niños pasa en casi todas las series, recuerdo cuando en Los Expedientes X un militar proyectaba su aura para castigar a quiénes consideraba responsables de su tragedia, y un niño queda sepultado bajo tierra, asfixiándose. Me sorprendió la crudeza. Claro, ha habido niños asesinos como en Criminal Minds y Millenium, y la verdad es que fueron aterradores.

EL PRIMER BESO DE DEAN

   Y debemos volver al Dean muchacho, quien no quiere hablar de los negocios de su padre, ni juzgarle aunque él mismo resiente su injusticia; Sonny preocupado por esos arañazos en su brazo fue atento y preocupado, como debería, en teoría, serlo todo adulto sobre la suerte y destino de gente menuda a la que se ve sufrir. Como sea, le va bien en esa casa, en los estudios y los deportes. Y conoce a una bella chica, hija de la señora que enseña a tocar la guitarra. Se cuentan sus cosas, ella no quiere quedarse en la fonda como quiere su padre, quiere fotografiar el mundo, a Dean le cuesta decir lo que desea, porque sabe que debe seguir en el negocio familiar, pero de poder sería estrella de rock (y cómo me reí de nuestro Dean amante del rock clásico), o reparar autos. De Sam había visto algo como esto, cuando visita a aquel siquiatra para saber del manicomio horrible aquel en la primera temporada, cuando habla de lo que resiente seguir en el negocio familiar. También cuando era muchacho en aquella secundaria y un profesor le dice que puede ser lo que quiera, incluso escritor, secundaria a donde vuelven luego por el fantasma del chico que conoció en esas dos semanas. De Dean nunca supe que en un momento dado coqueteara con la idea de abandonar. ¿El primer beso de Dean? Fue… perfecto. Y le gustó tanto como a ella, la chica con quien se compromete a ir al baile de graduación. Los nervios del pobre mientras pelea con esa corbata. Pero algo ocurre, no puede cumplir la cita y por eso ella fingía no reconocerle.

FANTASMA DE MAMA

   Por su parte Sam descubre lo que puede estar pasando, ve unos dibujos hechos por Timmy, el niño a quien Dean ayuda, un accidente de autos, fuego, una mujer lanzándole lejos, el auto estallando, el niño oculto en una casa vieja en un bosque y algo acompañándole, su mamá otra vez. Un ente sobrenatural que cree que todo es peligro y lo destruye. La verdad es que no cuidaron muchos los detalles para que no se pareciera a la película MAMÁ. Me gusta el detalle de la serie, aunque enfrentan a otro fantasma no siempre son los mismos; está el que se quiere vengar de quienes le dañaron en un lago, la que no sabe que está muerta y repite su tragedia una y otra vez en una carretera, la que castiga a un grupo determinado de personas como novios o maridos infieles. Este tiene sus particularidades, protege a quien ama.

LA FANTASMA

   Viene el enfrentamiento, el fantasma es poderoso y Dean entiende que solo el niño puede terminar con eso, pidiéndole que se vaya, a la luz, prometiéndole que estará bien aunque le deje solo.

DEAN AND TOMMY

   La chica ha sido testigo de todo, ahora sabe a qué se dedica Dean, pero lo mejor de ese final fue el abrazo que timmy pide y demanda de Dean, porque lo necesita, y este responde.

SONNY AND DEAN

   Bien, se alejan, Sam quiere saber qué siente por ese refugio, Dean dice que fue simplemente otro lugar, uno del que ya se quería ir, pero Dean mentía, como lo hace siempre para cubrir sus sentimientos. O tal vez pensando que eso es mejor para otros, ¿de qué le habría servido a Sam escuchar que quería quedarse pero no lo hizo por seguir a su lado protegiéndole? Porque de eso nos enteramos. Ese Dean muchacho está supe nervioso por la cita, por ir al baile, y el hombre le dice que su padre está abajo y quiere que se vayan, que tiene un trabajo y que él, Dean, entendería. ¿No fue notable ver como ese chico expresó toda esa batalla interna en su joven rostro? Casi era posible verle gritar el no, que no se iba, que quería quedarse, casi suplicándolo, pero… también estaba su deber (ese muchacho tiene futuro). Y el hombre lo entiende, y ofrece ayudarle, que decida lo que decida ni siquiera John podrá cambiarlo. Quedarse ahí, estudiar, trabajar, su chica, otra vida. Pero se oye el claxon del Impala y basta asomarse a la ventana para que vea a Sam jugando con un avión para decidirse. No hacía falta que sonriera para saber que ese capítulo se había cerrado, su posible deserción de la batalla, que el Dean soldadito había ganado. El abrazo de despedida con Sonny, antes cuando muchacho y ahora como hombre, también fue muy Dean, muy a lo Sam, a Bobby, a Castiel, a Kevin y a Benny. Un abrazo de hermandad, uno por el cual se sabe, de entrada, quienes no son malos. La serie ha sido así desde el inicio.

SAM

   Y ahora seré chocante y odioso, porque sin querer entraremos en el terreno de “te lo dije”. Ver ese segmento final fue algo que comenté por mensajes de textos con amigos (tardo mucho en publicar estas tonterías porque nos gusta verlo al mismo tiempo y a veces cuesta coordinarse), algo que ya sabía. Verán, hace tiempo leí un análisis ingenioso sobre por qué los videos juegos nunca resultan en buenas películas para sus fans, y una de las razones es que cuando se está jugando, cada quien aporta una historia, muy personal y secreta, con argumentos y contextos, y cuando va al cine espera, inconscientemente, que parte de sus ideas, de lo que imaginó, esté ahí plasmado. Al no encontrarlo se desencanta. Este Dean abandonando ese refugio, aún no queriéndolo de corazón, porque Sam estaba afuera, correspondía exactamente a la imagen que me hice del hermano mayor de los Winchester, ese que vimos en aquel episodio donde el monstro que devoraba el hálito vital de los niños en sus camas ataca a Sam, o cuando John no va para Navidad y Dean trae un feo regalo diciéndole que John lo trajo y Sam sabe que miente y le regala el colgante (que esperaba lo recuperaran otra vez, ¿no habrá un episodio sobre eso?). Para Dean, que de niño conoció una familia, la idea de tenerla de regreso era y es muy importante, así como el bienestar de Sam, su seguridad, ese “salva a Sam, cuida a Sam, protege a Sam” con el que creció. Siendo así era totalmente natural que le reviviera con un pacto en la segunda temporada, o que buscara a Muerte para recuperar su alma en la sexta, o que desesperado llamara a todo el mundo por ayuda al quedar Sam recluido en aquel sanatorio cuando su mente rota es torturada por Lucifer en la séptima. Todo eso era lógico dada la sicología de un sujeto llamado Dean Winchester… cosa que me lleva a lo desagradable.

   Es por esto que me molesté tanto con Sam a principio de la octava temporada, ¿dejaba a Dean en el Purgatorio (o donde fuera que creyera que estuviera) y pensaba continuar su vida? El personaje de Dean jamás habría cometido tal traición. Mucha gente me replicó que cuando Sam fue al Infierno, Dean continuó su vida, pero no, en la propia sexta temporada hay una conversación entre ambos cuando Sam le reclama “¿buscabas una salida aunque te dije que no y que continuaras con tu vida?”, y Dean responde que claro que la buscaba, que lo demandara si no le parecía. Y con ello, caemos en esta temporada, este Sam roto después de tomar unas pruebas que creo él mismo sabía debía tomar para purgar sus culpas de la temporada pasada (para que todo quedara hablado y sanado entre los hermanos), cuyo cuerpo va muriendo, no sorprende cuando Dean permite que un ángel entre en él con la esperanza de sanarle. Ah, las cosas qué dijeron mis amigas, que si era una maldad que engañara así al menor, que si Ezequiel les engañaba, que si les usaba, que Dean hacía mal… Joder, es lo mismo que ha hecho desde la primera temporada, en el llamado Piloto cuando saca a Sam en brazos, protegerle. Para Dean, y ya lo he señalado, la muerte de Sam es más que la pérdida de su hermano, es el fin de su propósito, para él que creció escuchando que debía proteger a ese bebé, lo único que quedó de su amada familia (a John le perdió mucho antes), contemplar el cadáver de Sam es como para un terminator reprogramado ver la muerte de John Connor, es quedarse sin propósito para existir.

   ¿Qué es insano?, lo creo, pero ese es el personaje, uno que permite a ese ente entrar en su hermano para que le cure, ¿es tan ingenuo que no ve que Ezequiel puede estar usándole?, no lo creo, además, cuando lo permite es para usarle para curar a Sam. Imagino que cuenta con eso, además, Ezequiel mismo se lo dijo, que sería un acto de ayuda mutua. ¿Se solucionará todo fácilmente después?, no lo sabemos, Dean jamás abrazó a Ezequiel, así que no sabemos si es bueno o no, y es Supernatural, siempre pasan cosas locas.

   ¿Castiel aparece esta semana?

SAM, DEAN Y LOS LARGOS VERANOS

Julio César.

QUIÉN MIRA

noviembre 26, 2013

CUIDANDO LO QUE SE TIENE

UN CHICO Y SU HILO DENTAL

   Estos chicos y sus juegos…

   “Anda, vamos, hazlo…”, lee en la consola y casi le parece que de tono urgente, mientras ríe nerviosillo, caliente y asustado. Para estrenar su cámara web se había comunicado con un amigo Esteban, quien andaba de vacaciones por Oriente, aunque este tenía visión pero no transmitía, y no sabe cómo terminó mostrándose en calzoncillos, posando para la pantalla. Era un chico normal que salía con nenas, pero había algo tan oscuro y prohibido en eso de posar en ropa interior sabiendo que su amigo veía, y quién sabe qué más hacía, que le ponía cachondo y tremendo, pícaramente travieso, y siempre terminaba mostrándole un buen bulto. Pero de día en días, Esteban iba siendo más osado en sus peticiones, invitándole a usar cosas más pequeñas, suaves y sexy, que presionaban sabroso y que sabe le hacen ver putón. Y aunque no es gay, como se aclara a sí mismo siempre, acusando de ello al otro por mensajes, le encanta usarlas y mostrárselas. Pero ahora, esto… Esteban quiere que se ponga de colita a la cámara, piernas abiertas, subiéndolo y bajándolo, y que con un dedo lo recorriera de arriba abajo…

   -Papa, ¿qué haces con mi laptop? –en otra casa, Esteban se sorprende al encontrar a su padre frente a su monito, evidentemente viendo porno por la manera en la que mueve la mano.

LECCIONES

Julio César.

CORAZON DE PLATA… 7

noviembre 26, 2013

CORAZON DE PLATA                         … 6

   Este relato, QUE NO ES MIO, es un Padackles sobre una realidad alterna. Un chico rubio y pecoso va al fin del mundo arrastrado por su abuela, y encuentra más de lo que parece a simple vista en la persona de un arrogante chico grande y sonriente, el cual le regala, al final, su propia vida para que el pecoso decida.

……

Title: Gray Moon

Author: River_sun

JARED AND JENSEN

   Espera por su verdad…

……

   -Jared, ¡es un chico!

   -Lo sé, ¿no es una locura? –sonríe Jared, esponjándose y feliz, como si esa fuera la mejor parte de todas, dejándose caer contra la pared y horrorizando a Chad, quien entiende.

   -¡Te has entregado! ¿Acaso te volviste loco? No puedes atar tu corazón y tu destino a alguien que no conoces, del cual nada sabes. –le recita la vieja lección.

   -¿Crees que fue algo que planeé? Yo… espera. –se endereza a toda velocidad.- Hola, Jensen… -casi canturrea, todo mil y buenas vibraciones.

   El rubio pasaba por ahí rumbo al laboratorio de química. Cuando les vio se disgustó, pensó en dar un largo rodeo y entrar por las canchas, pero notando a Allison, quien desde el otro lado del pasillo comenzó a hacerle señas bastante elocuentes de que se acercara (quién sabe, tal vez sufría un infarto dada la urgencia que mostraba), se decidió por la distancia menor. Después de todo no tenía por qué esconderse del enorme y delgado cretino… ni era de esperar que le atacara allí. Intentó cruzar rápido frente a ellos, mirada baja, deseando… joder, esperaba que después de lo que ayer, ese chico grande e idiota le ignorara, pero no, ahí estaba, sonriéndole de manera amistosa, anhelante, guapo en su suéter de cuello alto (¿un momento?, ¿guapo?)

   Por un segundo no sabe cómo responder a su saludo, finalmente hace una leve mueca con la cabeza, rostro pétreos, ojos muertos tras sus cristales, su cara de póker para los busca líos, como solía pensar. Y sigue.

   -Oye, espera, debemos hablar. De lo de ayer. Creo que me juzgaste mal. Pero no importa. Voy a explicártelo y verás que fue un malentendido, no debiste ponerte así. Yo…

   Esas palabras rápidas congelan a Jensen, quien volviéndose le mira con furia, cachetes rojos y ojos llameantes, olvidando su estrategia de la cara de póker.

   -No sé cuál sea tu problema, ¡pero mantenerte lejos de mí! –ladra, voz aguda, ganándose miradas sorprendidas de los chicos alrededor, sin importarle, continuando su camino. Sin volver la cabeza, sin querer pensar en sus actos y posibles consecuencias.

   Sin detenerse a preguntarse por qué, de repente, Jared se vio tan herido y dolido.

   -Jensen… -todavía le oye suspirar, derrotado, mientras Chad se golpea la frente con una mano ante tanta bobería sentimental.

   -¿Ocurre algo, Jared?

   El joven apenas oye, desconcertado todavía por el frío encuentro con el rubio con quien soñó toda la noche que luchaban en el gimnasio, juguetones y retozones, derribándole de espaldas, sentándosele sobre las caderas, cuerpos jóvenes, caliente y jadeantes, reteniéndole los brazos por encima de la cabeza, mirándose desde cerca, los ojos verdes brillantes a pesar de las gafas, la boca entreabierta y roja, ¿invitándole?, mientras le gruñía “ríndete ante mí, Jensen, te derroté”; pero este, sin quitarle los ojos de encima, elevaba las manos y con una, metiéndola bajo su mono, recorría su abdomen lentamente, un dedo jugando con su ombligo, la otra iba a su costado, y su roce, sus caricias eran… Pero no puede perderse en ese largo e ininterrumpido sueño que esa mañana le había obligado a autosatisfacerse, pareciéndole que no fue suficiente para “calmarse”; ahora se vuelve y encara a la menuda pero temible amiga.

   -Alexis…

   -¿Por qué mirabas así al chico nuevo?

   -¿Que de qué…? ¡No miraba a nadie de ninguna manera! –aclara, enrojeciendo de la manera más tonta, piensa Chad. Vaya, Jared siempre ha sido un mentiroso de mierda. Y eso le preocupa. Tampoco le engaña a él.

   -¿De veras? –reta ella, estirándose bastante para mirar sobre su hombro.- He oído que has tenido tus encontronazos con el nuevo. -su tono es totalmente displicente, como si se refiriera a un perro callejero.

   -¡Jensen!, se llama Jensen, ¿okay? –se altera Jared, cayendo en una trampa que hasta Chad había notado.

   -Oh, por Dios, ¿te interesa? –se alarma la joven y castaño siente ganas de salir corriendo.

   -Me agrada, ¿por qué? ¿Algún problema? –reta.

   -Estás… lanzando efluvios… -acusa, más alarmada todavía.- ¿Cuándo dices que te agrada estás hablando de…?

   -¡No es asunto tuyo! –ruge y se aleja. Chad rueda los ojos y va a seguirle pero Alexis le atrapa por un brazo, frenándole, con una fuerza extraña para una jovencita tan menuda.

   -Chad, ¿qué está pasando? ¿Jared se está interesando en ese chico? ¡Él no puede!

   -Le agrada, es lo que dice y es todo lo que sé. –se defiende, intentando soltarse.- No estoy seguro qué tan grave sea. Pero, vamos, Jared es tan sólo un chico, como tú y como yo, deben ser cosas de hormonas, si es que le gusta más de la cuenta; pero no creo que vaya…

   -Lo conoces, es apasionado e irreflexivo, siente algo y se lanza de cabeza. Si se aparea… -comienza entre dientes, impactándole feamente.

   -¡Estás loca! Jared no es un imbécil. –se libra al fin, alejándose molesto, tal vez porque ella puso en palabras un vago temor que sentía. Porque, vamos, ¡Jared sí podía ser así de idiota!

……

   La buena disposición anímica con la que Jared Padalecki llegó al colegio, murió al poco después. Y no por su encuentro con Alexis, o que ella notara algunos signos (estaba seguro de estar enviando más señales que un semáforo viejo), o porque sabía que había actuado como un idiota, temiendo haber puesto en alerta total los agudos instintos de la chica sobre temores que él mismo estaba enfrentando cada vez que pensaba en el rubio y pecoso chico de los anteojos gruesos. Su buen humor fue aniquilado justamente por este. Dos veces vio a Jensen en el pasillo, notando que en una de esas ocasiones este fingía no verle cuando le sonrió abiertamente, y en otra se escabulló por un pasillo. En el cafetín dos veces le hizo señas y el rubio le ignoró olímpicamente (joder, era imposible que no le hubiera visto cuando prácticamente botaba sobre sus pies para que mirara hacia su mesa), abandonando poco después el lugar. Frustrado, el castaño entendió que lo único que había logrado hasta ese momento era acentuar la arruga que Alexis estaba cultivando sobre su frente, y que por edad no debería ser fácil ni estar allí.

   No, debía aceptarlo: Jensen le estaba evitando.

   Después de medio día le vio camino a las canchas deportivas. Y por un segundo fue a su encuentro, decidido a encararle, explicarle y obligarle a escucharle y entenderle, pero, contrario a su naturaleza voluntariosa, se detuvo a reconsiderar el parecer del otro; seguramente no le haría gracia verse abordado o avasallado así. Miró al techo y jadeó, debía contenerse. Si volvía a interrumpir su búsqueda de actividades extracurriculares dentro del colegio, el rubio se enfurecería más. Aunque no puede evitar inquietarse. Debía pedirle a alguien que le vigilara por sí…

   Él mismo debía ir a las prácticas de hockey, sin poder evadirse, el profesor estaba molesto con él desde el día anterior, por lo de Jensen y la colchoneta. Pero no está en la pista en espíritu, quiere buscar al otro chico y explicarse, y le altera que este le evada sin dignarse a escucharle. Juega algo rudamente, porque, bueno, ya había perdido su buena disposición, pero se controló un poco cuando entre Chad y Aldis, le aplastaron contra el cristal de manera ruda, dándole a entender en el idioma de los jugadores que estaba actuando como un capullo. Terminadas las practica, se despoja de sus patines y sale raudo, incapaz de soportar por más tiempo a esos sujetos; son sus amigos, sus camaradas, chicos con quienes se sentía generalmente feliz, pero no ahora, le parece que… sudan demasiado, gritan mucho, son demasiado intensos. Sale de la pista de hielo y…

   Traga en seco, Jensen está cruzando frente a él, respirando pesadamente, también transpirado, rumbo a los vestuarios. Y el castaño no sabe si es real, está loco o engañándose, pero le parece olfatearle desde donde está. Aspira, tiene que hacerlo, llenándose las fosas nasales con su olor. Uno que es sencillamente embriagador. Y no sería un adolecente cualquiera si tal impulso no le hiciera arder la sangre en cuestión de segundos. Quiere, no, necesita llegar junto a él, y así como el chico alegre y feliz que siente que el mundo es un maravilloso bufete de donde se puede tomar lo que se desea, va tras el rubio.

……

   Jensen todavía jadea, totalmente empapado de sudor dentro de su medio uniforme deportivo, el entrenador, que se dividía entre varias canchas, parecía estar todavía molesto por su salida dramática y espectacular del día anterior y le sacó el jugo en las prácticas de voleibol, actividad que no estuvo tan mal. Ninguno de los gilipollas habituales del colegio parecía desear estar en semejante equipo. Bien, era agradable, no eran
muy bueno ninguno de esos chicos, por lo tanto no destacaba tanto. La medianía, eso era bueno para él.

   El día ha sido largo, o se lo pareció, tal vez por pasarse buena parte de ese tiempo evitando a Jared, también a Tom Welling, y ahora a esa extraña y menuda chica, Alexis (cree que se llama), que le mira de una manera curiosa cuando se cruzan. Si fuera posible entrar en la mente de otros, y leerlas, sospecha que ella podría. Pero al fin terminaba la jornada, y entre todo lo malo, que las prácticas fueran en las últimas horas de la tarde, era conveniente. Quedaban pocos chicos por ahí. Se frota el hombro lastimado por Jared, rotándolo… molestándose otra vez con él.

   Esperó por ahí un buen rato para cambiarse, pero valió la pena. Los amplios vestuarios, asépticos, acerados, aunque con un leve olor a pies y orina, le reciben a solas. No hay nadie. La mayoría ya se fue. Con movimientos rápidos se desviste, toma una toalla, una pastilla de jabón y va a una de las duchas, mojándose sin perder el tiempo. Está acalorado, pero bien sabe que dentro de muy poco estará tiritando de frío. El agua, cayendo en fina llovizna, está caliente, seguramente demasiado para su cuerpo acalorado, pero lo agradece con un suspiro. Suspiro que Jared Padalecki escucha y que le provocan los mismos escalofríos que le recorren cuando le ve allí, dándole la espalda, delgado y esbelto, desnudo, piel cremosa, el agua mojando sus cabellos, lloviendo sobre sus hombros que se contraen y distienden mientras se frota con las manos. Jared sigue esa agua que corre por su espalda, perdiéndose entre sus nalgas rojizas que cree lampiñas hasta que detalla los dorados pelillos que cubren también sus muslos (escasamente) y sus piernas.

   Con respiración pesada, Jared traga, quitándose el casco protector, no el reglamentario, dejándolo sobre un largo banco cercano. Jensen no le siente, no le escuchó llegar. El joven, a pesar de lo alto y patoso, se movía como el viento. Y allí está, mirándole intensamente. No sabe lo que espera, ni es seguro que esté pensando en nada mientras se quita el mono manga largas y la franela, exponiendo su largo torso que sube y baja, también brillante de transpiración. No puede ocultárselo, algo pasa dentro de sus pantalones mientras mira al rubio tomar una pastilla de jabón y refregar vigorosamente su cuerpo, de manera intensa y cuidadosa (ignora que la abuela del chico insiste en borrar todo rastro de aroma corporal, cosa que ya es parte de su naturaleza). Dios, y cuando Jensen medio abre las piernas, llevando una mano a sus espaldas, metiéndola entre sus jóvenes nalgas, subiéndola y bajándola para…

   La mente le queda en blanco, tan sólo quiere. Quiere y mucho. Jared, como en trance, se quita las zapatillas deportivas, olfateando con fuerza, sus ojos oscurecidos, con un propósito que ni siquiera es una idea, un pensamiento que ni lo es, nada racional, que le controla totalmente: entrar bajo esa fina llovizna, quitarle esa patilla de jabón al rubio y comenzar a mover sus manos sobre el dorado y pecoso cuerpo del otro muchacho. Una imagen, sus manos perdiéndose entre esas nalgas, le quema con fuerza… Está excitado, su miembro duramente presionado contra el pantalón del mono cuando lleva sus manos a la cintura para bajarlo…

   Jensen se enjuaga, ojos cerrados, el agua entrando en su boca, escupiéndola, sintiéndose bien por primera vez en todo el día. Tanto que deja de pensar y se deja llevar únicamente por la grata sensación. Su mente queda en blanco, realmente ninguna idea consiente le ocupa en ese momento. Es cuando una certeza o un presentimiento, tal vez una intuición, le llega en pleno… Ya no está solo en esos vestuarios. Y la otra persona, la que también está allí aunque no se ha dado a conocer, es Jared… Lo sabe y se tensa, abriendo mucho los ojos, volviéndose. Casi pillándole en el acto de bajarse los pantalones, aunque ahora, tomado por sorpresa, una enorme, que le trastorna, Jared se congela.

   No sabe qué iba a hacer (arrancarse las ropas y meterse bajo la ducha con él, empujándole contra las baldosas de la pared y tocarle; eso, pero no llega a confesárselo a sí mismo todavía, no con tal crudeza, aunque es lo que más desea en la vida), aunque sí que pensaba ser algo duro y tajante para obligarle a escucharle, pero al verle así… El rubio está totalmente empapado, con gotitas de agua en su frente y cabellos que recoge con una mano, en un gesto que al castaño le parece sencillamente seductor. Sin los anteojos… Y los ojos de Jensen son… grandes, verdes, de una tonalidad clara y dorada, alegres en su brillo, rodeado de largas y sexy pestañas. Ojos que le hipnotizan, que le atrapan (Jesús, podría quedarse para siempre mirándolos)… aunque el muy ladino se las ingenia para abarcar con su mirada todo lo que el rubio tiene para mostrar.

   -Jensen… -grazna al fin.

   Joder, ¿por qué me mira así?, se pregunta el rubio, reconociendo la peligrosidad del otro. De pronto, muy consciente de su desnudez, toma la toalla y cubre sus caderas, sin secarse el resto del cuerpo ni nada. Tiene que salir de allí, corría peligro, aunque no sabía cuál, pero lo sabe, tiene experiencia con chicos con ese aire. Tenía apenas ocho años cuando fue al inodoro de aquella escuela que ni recuerda cuando encontró a esos dos chicos algo mayores, fumando, quienes para divertirse un poco más, en enterraron su rostro en un inodoro, casi ahogándole, todavía riendo cuando tuvo que meter una mano por sus anteojos. O aquel en aquella otra escuela, alto para su edad, rodeado siempre de chicos tan gamberros como él, que vivía dándole collejas cada vez que pasaba, tan sólo para divertirse frente a los demás. Y Jared tiene, en ese momento, ese aire.

   -Jared… -grazna como respuesta, preguntándose cómo coño se dieron las circunstancias como para que se encontraran allí. Y estar desnudo y que el otro se viera tan bien en… Oh, Dios, ¡deja de pensar así!- Debo… -pretende rodearle e irse.

   -Debemos hablar. –se apresura, mirándole fijamente, respiración algo agitada, preguntándose cómo es posible que verle cubierto de gotas de agua, desnudo a excepción de la tolla, envuelto precisamente en esa corta toalla, pudiera verse tan excitante.

   -Mira, Jared, no creo… -traga con temor, pero luego toma aire y alza la barbilla.- No tenemos nada de qué hablar. Por favor, tan sólo… déjame en paz. No me cruzaré en tu camino, nunca, sólo… ignórame, ¿si? No sé qué hice para molestarte, tan sólo quiero estar solo. –e intenta salir, algo en su mirada, salvajemente brillante ahora, le asusta nuevamente y no sabe bien por qué.

   -¡No! –ladra, cortándole el paso.

   Ah, bien, esto es demasiado, piensa Jensen apretando los dientes. Aparentemente tendría que luchar, es decir, caer revolviéndose con dolor, o humillación, para salir de allí. El inicio de las pesadillas de siempre.

   -¡Déjame en paz! –ladra, y su ira, así como angustia, le dan el valor para empujarle. O intentarlo, porque cuando su mano abierta cae sobre el torso del joven, sobre su pectoral izquierdo, se congela.

   Los dos lo hacen, viendo a la nada, no uno al otro, parecen mirar dentro de sus propias cabezas, confusos, extrañados, abrumados por la intensa y cálida corriente de algo eléctrico que los recorre de pies a cabeza, que parte de allí, del lugar donde sus pieles se unen. Es algo tan intenso como estimulante, y cada uno es consciente del otro. Jensen siente la boca seca, el jadeo ronco y bajo que lanza Jared le cala hasta los huesos (es un reconocimiento de que también él lo siente, padece y disfruta); no puede dejar de mirar ese torso que enrojece, que sube y baja más, luchando contra el poderoso deseo de mover su pulgar y recorrer la suave y firme piel transpirada del otro muchacho. Una necesidad que crece como marea, y traga aire, abriendo mucho los ojos cuando el calor se intensifica de manera alarmante y a un tiempo tan atrayente; le parece que la piel del otro se abre, acogedora, que su mano entra y le penetra, un poderoso impulso que corre directamente a su entrepierna, a sus bolas que se contraen, a su miembro que se acalora. Y la sensación es maravillosa. Por un momento le abruma una idea que puede sonar absurda, que puede llegar hasta el alma del otro.

   -Jeeenseeen… -le parece oír a lo lejos una voz femenina, ¿un eco de su mente?, no lo sabe, aunque no era su voz. Ni la de su abuela. Pero es suficiente para traerle de vuelta a la realidad, a lo que está haciendo, hincar un poco la punta de sus dedos sobre esa piel, y lo que le está ocurriendo, se estaba excitando sexualmente, así que apartar la mano, casi temblando con dolor por las ganas de continuar tocándole, recorrerle con ella, rasgar con sus uñas. Con piernas de goma da un paso atrás, azorado cuando la toalla casi cae, sabiendo que su miembro se erecta bajo la poca tela.

   -Tengo que… -grazna y casi corre, tiene que escapar de esas duchas o algo ocurrirá.

   Pero Jared, quien parecía petrificado, que miraba a la nada mientras llevaba una mano temblorosa al lugar donde Jensen le tocara poco antes, donde la piel le arde todavía, extiende rápidamente un brazo y le atrapa por una muñeca.

   -Espera… -grazna, halándole suavemente, atrayéndole con desconcertante facilidad. Y cuando le toca, Jensen siente que su cuerpo parece flotar de manera grata, cosa que se vuelve salvajemente estimulantes cuando Jared, quien sí no se contiene, con el pulgar recorre la cara interna de su mañeca, donde su pulso acelerado de por sí se dispara todavía más.

   -Suéltame. –quiere gritar, revolverse, escapar, pero no puede. Su boca, su tono, sus ojos más bien parecen suplicar.- Déjame ir, Jared. –y traga cuando el castaño se acerca todavía más, encarándole, agarrándole aún.

   -No puedo, pecoso. Te escucho, sé que lo pides, lo que dices, sé que no debo obligarte a nada, pero… sencillamente no puedo dejarte ir.

   -Jared…

  -Lo sientes, ¿verdad? Tú también lo sientes. Esta corriente que cruza de ti a mí, y viceversa.

   -No, yo no siento nada… -comienza, pero calla después de un flojo jadeo cuando Jared le medio empuja hacia atrás, chocándole suavemente la espalda de una columna, acercándosele más, cubriéndole con su presencia y calor, alzando la mano que no le aferra y con el pulgar recorriéndole el cuello, despertando salvajes pulsaciones en su yugular.

   -Mentiroso. –le sonríe bajito, suave, casi afectuoso, ojos oscuros, expresión feroz, labios rojos, unos que abre sutilmente mientras se acerca al dulce, tembloroso y todos ojos chico que es Jensen Acales en ese momento.

……

JARED Y JENSEN... TAL VEZ

   ¿Acaso son quiénes creo que son?

CONTINÚA … 8

Julio César.

REPAROS MORALES… ¿JUSTO AHORA?

noviembre 26, 2013

EJEMPLO

UN TIO Y SU CHICO

   -Déjate de vainas; está bien, podría ser tu hijo… -gruñe empujando hacia abajo.- ¡Ahhh….! Pero no lo soy, padrino.

¿QUÉ HACER EN CASOS ASÍ?

Julio César.

¡TRANQUILO!

noviembre 26, 2013

EJERCICIOS CONJUNTOS

MOJADO Y SEXY

   Del balcón se le cae en pantalón a usar, baja corriendo, llueve, se moja, le ven los vecinos y se angustia… Qué tonto, ¿verdad?

Y ERA COMÚN

Julio César.

JAKE GYLLENHAAL DEMACRADO, ¿SÓLO UN EXCESO DE AMOR AL MÉTODO?

noviembre 26, 2013

HEATH LEDGER… EL GUASÓN

EL ANTES Y EL FEO DESPUES DE JAKE GYLLENHAAL

   -Todo está bien… se los juro.

   Había intentado pasar por alto esta noticia, el nuevo e inquietante aspecto del ex vaquero en la montaña, porque me molesta. Me agrada Jake Gyllenhaal, como saben todos los que hayan seguido por un tiempo este blog. Le quiero desde los días de Brokeback Mountain, aunque ya había demostrado ser un gran actor, un hombre que transmitía fuerza de una manera vulnerable, ganándonos para su causa como aparecía en Highway (Dios, esa película) o Cielo de Octubre (sencillamente hermosa). Por eso me molesto, con él, por someterse a esos excesos, si es que realmente está haciéndolo a propósito. Y espero que, entre lo malo, ese sea el caso. No quería decir nada porque comentarlo era aceptarlo, que se ve mal, y que pueda estar mal.

JAKE GYLLENHAAL ES NOTICIA

   Este muchachón, que todos le sabemos un reconocido icono dentro del cine (y no diré más, lo es, y es guapo y es amado por mucha gente), apareció en unas premiaciones mostrando no sólo una figura patéticamente delgada (enfermizamente delgada), sino que todavía se deja fotografiar con una mueca de tonto (seguramente hacía un chiste en esos momentos, pero el resultado fue terrible como muestra la grafica), que le hace parecer enfermo terminal de algo muy malo. Según él, aclarando eso, que no tiene nada sexualmente contagioso o tumoral, o un desorden alimenticio (que creo que los hombres como que no sufrimos de eso, tal vez de lo contrario), lo hizo para meterse en la piel (y es lo que iba quedando) del personaje que interpreta en una cinta, donde da vida a un reportero que se infiltra en los bajos fondos de Los Ángeles, filme llamado “Nightcrawler”, un Thriller donde investiga un asesinato. Sin embargo, me parece que es llevar demasiado lejos el amor al arte, pero si lo vale, imagino que un verdadero actor corre el riesgo. Y él lo es.

JAKE GYLLENHAAL SEXY

   Ojalá valga la pena, todos sabemos lo serio que es en su trabajo, uno nunca suficientemente apreciado por el gran público, en mi opinión, pero esperemos que no vaya a provocarse un problema, o una lesión, que más tarde ocasione males mayores. Y que pronto vuelva a ser el de siempre.

   Me dicen que, para colmo, se accidentó durante la filmación, cortándose una mano con un espejo. No te digo.

Julio César.

NOTA: Por otra parte, su ex novia, aquella cantante country, joven y muy hermosa con quien terminó por teléfono, no deja de acumular premios y éxitos; me preguntó qué habrá dicho ella de su aspecto.

DE CHICOS Y DE TONTOS SENTIMIENTOS

noviembre 26, 2013

PATRIOTICO

JOVEN ACALORADO

   Un estimulo poderoso…

   Nunca olvidaría la primera vez que ganó una carrera. Respiración ansiosa, el sudor cubriéndole el tembloroso cuerpo desnudo, su medalla de campeón colgando y el rudo entrenador, al fin, lamiéndole con gula el culo sobre un mesón parecido a ese. La lengua caliente del enorme hombre cincuentón y algo barrigón, sobre su botoncito cerrado, era enloquecedora, cosa que le hizo estremecer y gemir. Cómo chupaba, cómo metía lengua, cómo succionaba cerrando sus gruesos labios sobre los de su joven y depilado esfínter. Y se lo metió después, duro y al fondo, cuando más caliente lo tenía por esas lamidas. Nunca olvidaría cuando ganó las estatales, nominándosele para el Mundial de Campo y Pista, cuando el rudo hombretón se la metió sin condón, haciéndole gritar al sentirle esas venas palpitantes en vivo contra su recto, el vaivén sobre su pepa, dejándoselo luego lleno de leche caliente. Cree que fue en ese momento cuando lo supo, que se había enamorado.

   -Ahhh… toma, tómala toda, pequeña perra de papi… -gruñe su galán mientras va llenándoselo de esperma.- Eres la pequeña perra de papi, ¿verdad?

PENALIZACIONES DEPORTIVAS

Julio César.

QUIÉN SOY… QUÉ PENA

noviembre 23, 2013

LOS CUARENTA DE JUSTIN BIEBER

   Y eso que faltan el policía, el bombero y el médico…

   La verdad es que es divertido comprobar cuánta gente amaba esa sección dentro del programa Aprieta y Gana, por RCTV, cuando a Winston Vallenilla le quería toda Venezuela y no sólo una parte (resultado que por alguna razón, se empeñó en buscar). Esos sujetos sí que sabían moverse. La verdad no me queda mucho por decir que no comentara en ¿LA GUERRA DE LOS SEXOS SIN SU CAPITAN?, tan sólo queda ver una muestra. Lamentablemente no es la mejor, algo le pasa a la transmisión, y estos videos de YouTube desaparecen pronto. Noten qué era lo que tanto llamaba la atención de este concurso, e igual ocurría cuando salían las damitas, pero curiosamente no encontré muestras de esos. De hecho, confieso, fue el primero y único que encontré. ¿Por qué no hay más concursos así? Uno no se da cuenta de lo mala, sosa y poco interesante que está la programación nacional hasta que se daña el cable.

PELOTEROS EN PELOTAS

Julio César.

NOTA: Ya nos leemos, fui a una marcha, es sábado en la noche y estoy invitado a tomar algo. Me gané un buen rato. Y lo merezco.

NOS VEMOS MAÑANA EN LA MARCHA

noviembre 23, 2013

YO SERÍA FELIZ

CARACAS

   Carajo, esto debí escribirlo antes…

   Para mañana sábado, en todos y cada uno de los municipios de este país, se convocó a la gente para que saliera a marchar, a expresar nuestra molestia con los últimos acontecimientos que transformaron al país en una horda, y contra la confiscación de los poderes de la Asamblea Nacional en manos de un señor que se sospecha manejado por Cuba y hasta de nacionalidad en entre dicho. Es importante no sólo que se sepa nuestro disgusto de cara al régimen oprobioso, sino para con nosotros mismos, para constatar que aquí continuamos, que Venezuela no se la entregaremos tan fácilmente a los desórdenes callejeros mientras Nicolás Maduro pacta la venta del país a los chinos.  Y no es tanto por el modelo a defender, a este o aquel político en general, se marcha, y protesta, contra el tipo de personas que quieren convertirnos, en lastimosos e indignos mendigos o ladrones gozosos que con una sonrisa caen sobre lo ajeno y lo roban, con seudo excusas baratas para dedicarse al pillaje. Porque si la cosa fuera la usura y la especulación, culpable es el Gobierno que durante catorce años nada hizo por corregirlo. Son catorce años con todo el poder en las manos, con la guardia nacional y un organismo de defensa del usuario a disposición, ¿entonces?

   Iré a la marcha, por supuesto; será un cómodo ejercicio de democracia, además uno siempre uno encuentra a gente conocida. ¿Qué serán concentraciones efectivas por efectistas?, no se sabe. Una pesada losa de desánimo y resentimiento se ha levantado. Por un lado se siente que nada sirve de nada, que el país rueda indeteniblemente a la africanización entre un Gobierno brutal que roba y luego culpa a otros, y una población que no sólo lo permite, que colabora en la barbarie, sino que ni siquiera parece notar que lo hace (ahí está la marcha de los estudiantes chavistas, un inútil y grotesco gesto de insensatez; y eso que se supone que son estudiantes); amén de la resistencia dentro del pueblo opositor que están levantando sus “lideres”. Personalmente pienso votar, aunque crea, de corazón, que son gente tan sectaria y necia como el chavismo, pero por lo menos no buscan obligarnos a vivir en un modelo de miseria, colas interminables y “comiendo esto porque no hay aquello y hay que calársela o no se come nada”; de la llamada Mesa de la Unidad Democrática, que comenzó con representación de todo el mundo, sólo quedan los políticos de oficio (y no todos), y sus financiadores. Todo lo demás fue irradiado fuera de la dirigencia, y quienes quedan es por tenaces y pareciera que estorban…

   Los casos de los políticos que se lanzaron fuera de la Unidad, después de embarcarnos en unas primarias que luego no quisieron reconocer (fuera el caso que fuera), hizo mucho daño. Pero hay gente a la que respeto, como el actual alcalde de Baruta. Si yo fuera Geraldo Blyde, quien ahora debe cargar otra vez con la candidatura después de que Primero Justicia hizo punto de honor salir de él, los mandaría a todos al… viento. Pero es un caballero, es un hombre responsable, por ello asistirá a esas elecciones este diciembre, y porque, de no ser así, el municipio podría caer en manos de chavistas, esos energúmenos que ya llevan catorce años mandando, destruyéndolo todo y culpando a los demás de sus locuras, latrocinios e incompetencias. Baruta no merece semejante castigo, ¿asistirán los baruteños a la cita?, no se sabe, es el país de los derechos, las obligaciones dan flojera, nadie quiere hacer mucho, ni siquiera sudar.

   Por Geraldo Blyde, marcharé mañana, como lo hare por el señor, Cocchiola, candidato en Valencia, estado Carabobo, sobre quien el Gobierno ha volcado su artillería de basura, engaños, falsos testimonios y su aparato para judicial amañado, exponiéndole al escarnio público, una gente que durante doce años le ha robado a cada venezolano la mitad de lo que debió llegar por ingresos petroleros, cosa que la Fiscalía General de la República, participante activa del festín, no ve. Por el señor Cocchiola también marcharé; ¿responderá Carabobo?, no me hago muchas ilusiones. Para mí que esas mujeres arrechas a quienes el despreciable general Acosta Carles debió atacar por la espalda para derrotarlas y detenerlas en abril de 2002, ya no viven ahí.

   ¿Por los comerciantes que han pactado con el Gobierno durante todo este tiempo? No, por ellos no, esos árabes de DAKA sabían dónde se metían cuando cuadraban esos dólares preferenciales con los únicos que tenían dólares para negociar en este país, el Gobierno; por cuatro lochas sirvieron al Diablo, ahora recogen lo sembrado. Pero, por los trabajadores, si marcharé. El irresponsable puede vivir sin trabajar, haciendo cola por una bolsa de comida, esperando un operativo tras un camión, una ayudita, una beca para parir sin preocuparse de los muchachos, una misión; un hombre de verdad no puede hacer eso. Ni una mujer responsable para con su familia. Eso queda para quien nunca quiso trabajar, aprender un oficio ni procuró que los suyos aprendieran, el que únicamente se queja de su “suerte”, quejándose del desprecio de los “ricos” cuando lo miran (todo el que compra algo con el fruto de su trabajo), cuando en verdad un sujeto que en cuanto reúne cuatro lochas sale a comprarse una moto y no hacerle baño al rancho, es eso, un ser despreciable.

   Por cierto, a mis amigas que siempre llevan ingeniosas pancartas, acuérdense del comisario Simonovis y de los otros policías detenidos para impedir que se investigara al verdadero responsable por la masacre a las puertas de Miraflores. Todavía falta ese acto de justicia. Que Dios haya dado su veredicto y su castigo, merecido y definitivo, no debe bastarnos. Aún los inocentes sufren.

   ¿Saldrán estas personas mañana a acompañar a la Venezuela que fue cuando éramos pobres pero decentes? ¿Valencia estará levantada en vilo? ¿Baruta de primero? Lo veremos… hace mucho que somos sometidos a la cubanización, a la destrucción del valor personal, de la vergüenza y la dignidad; son catorce años y eso tiene que hacer mella. Sin embargo, los que vayamos, tendremos que bastar. Vamos a marchar mañana por todos ellos, por nosotros como país que se avergüenza frente al mundo de la situación grotesca en la que hemos caído, a punto de ser totalmente despojados de todos nuestros recursos y riquezas; marcharemos al grito de “yo no soy ladrón como tú”. Y “ladrón es quien roba, asúmelo y ya”. La verdad es que uno se detiene a pensar en ello y es increíble… mira que robarse la mitad de todos los recursos que debieron llegar por conceptos petroleros en doce años mientras el país es una ruina física y moralmente, ¿dónde o cuándo se había robado tanto en toda nuestra historia?

AY DE MÍ… OTRA VEZ

Julio César.

CASTIEL PIENSA QUE EL CIELO PUEDE ESPERAR

noviembre 20, 2013

LA TARDE DE PERROS DE DEAN

CASTIEL SE RELAME

   ¿Acaso piensa y espera por el cazador mayor?

   Oh, Castiel, no, ¿por qué tenías que ser tan fácil? Es un tío fácil y la verdad es que eso juega contra él. En todos los frentes, sea la jefa, sea Dean. Me gustó mucho este episodio, 9×06 – Heaven Can’t Wait, pero ya es un lugar común decirlo. Por la intro sabíamos que se trataría de los ángeles caídos, por lo del Predicador llamando a decirle que si a los ángeles, también que estaría toda la pandilla, incluida Abaddon, en una aparición que no fue nada del otro mundo, ni se entendía bien para qué la introdujeron en la trama, como no fuera para retratar al nuevo Crowley. Pero vamos por partes… y sí, me extenderé como siempre, aunque intentaré que no sea mucho.

   Un hombre que evidentemente está sufriendo, toma un arma aunque por teléfono se oye la ansiosa voz de una de esas voluntarias de las líneas de suicidio (me pregunto quiénes hacen esas cosas en realidad, dedicarle su tiempo a otros seres humanos, a menos que sea un trabajo). Alguien llama a la puerta, y antes de que le tocara y todo se pusiera rojo, ya sabíamos que era un ángel. Antes del estallido color rosa, me pregunté si era un truco para reclutar gente, pero no. Le mató. Por otro lado encontramos a un Castiel patéticamente deseoso de encajar con el mundo que le rodea como dependiente de una tienda (con un feo uniforme azul). Imitando gestos y saludando a gente que ni le mira. Al menos su jefa, mujer bonita, parece valorar su manera de ser, su dedicación (cosa que no debe ser muy difícil cuando se tiene a un empleado que abre y arregla mientras ella tiene problemas con la niñera); luego sabremos que le paga, a todas sus gentilezas y atenciones, como suelen pagar las mujeres a los hombres responsables y medio serviles, deseoso de cumplir y quedar bien: le ven como amigos gay.

   Dentro de la baticueva encontramos al pobre Kevin acoquinad traduciendo las tablillas con la Palabra de Dios, donde encontró algo sobre “los ángeles caídos”, pero no lo entiende, sólo lo vio como diagramas y lo plasmó así, no sabe lo que dice porque es una lengua muerta que ni conoce. Por suerte él sabe de un lugar donde pueden investigar… y terminan en la biblioteca del refugio. Sam dice que hay que averiguar, no encuentran al profesor aquel que medio les ayudó con las amazonas, y fue gracioso ver la cara de Dean cuando Sam deja caer un libro frente a él, de una colección de lenguas muerta. Cuando pregunta cuántos libros son y Kevin, sonriente cuan Sam, dice que son veinticuatro y que por suerte los tienen todos, la cara del mayor fue todo un poema. Pero en eso llama Castiel, quien cree saber de un caso que merece atención, Dean lo duda, y el ex ángel habla de gente que estalla,  “¿no te parece un indicio?”. Me gustó que cuando Dean le pregunta dónde se encontrarán para el trabajo, Castiel le dice que no puede, está ocupado. Y cuelga. Por un segundo creí que Castiel se haría de rogar, exigiendo una explicación por su expulsión de la baticueva. En verdad.

   Dean, aunque cuentan con pocos datos sobre una entidad sobrenatural, sale a investigar, aunque Kevin le adivina, lo que quiere es escaparse de la lectura. Le cuesta más librarse de Sam, a quien no quiere esforzándose ni el peligro, y ahora sí creo que lo que desea es que el menor se termine de curar físicamente y luego enfrentar lo que tenga que llegar con Ezequiel. Investiga y conoce los dolorosos antecedentes de las cuatro víctimas que ha habido hasta ese momento, gente muy triste que la ha pasado mal y han pensado en renunciar a la vida. La cosa rosa dentro del cuartucho es la gente licuada, con ropas, dientes, pelo y todo. Es, definitivamente, algo sobrenatural.

DEAN VISITA A CASTIEL EN SU TRABAJO

   Pero dejando la zona, Dean va en busca de Castiel, no sin que antes pase el ex ángel por el sofoco de la mujer que le invita a ir esa tarde a su casa. Cuando Dean le pregunta qué hace ocultándose en ese lugar, Castiel le responde que eso, buscando su lugar. Y aquí me molesté un poco con Dean, parece creer que el ángel debe seguir en la carretera, en la cacería, pero fue incapaz de ofrecerle un lugar a alguien que no tiene nada, ni siquiera un propósito. La verdad es que Castiel andaba bastante roto, eso de agarrarse a ese empleo, al ser como todos, sonaba a vacío. Es allí cuando Dean sabe, por el comisario que investiga, de una nueva víctima, una chica muerta, un caso absurdo, una adolecente que cree que se va a morir porque el novio terminó con ella delante de toda la escuela, humillándola, en lugar de “dejarme por facebook, como hace todo el mundo”. ¿Es aceptable dejar gente así? ¿No es peor? Sabrán que quiero y admiro mucho al actor Jake Gyllenhaal, pero hasta a mí me pareció el colmo de lo horrible cuando este terminó con aquella cantante country con una llamada telefónica. Dean quiere arrastrar a Castiel a la cacería, este se resiste porque “quiere una vida”, es cuando la jefa aparece recordándole el compromiso, y Dean dice entender que el problema es una chica, y Castiel, con ese aire extraviado le responde que no cree que se trate de una parca que quiera matarle. Divierte como todavía no termina de entender los matices.

DEAN AND CASTIEL

   Como sea, le acompaña y reconoce en el hecho el trabajo de un ángel exterminador que en el Cielo ayudaba a curar o a terminar definitivamente con aquellos que irremediablemente sufrían sin posibilidad de remedio. Que en la Tierra sigue su trabajo aunque no diferencia dolor agonizante de simple sufrimiento por un mal momento. Uno que puede ser banal como el de una muchacha que sufre por una mala ruptura. Tienen que detenerle, expone Dean, pero Castiel le dice que no lo hará, tiene un trabajo y una cita. Me hizo gracia cuando Dean casi le exige que disida qué camino tomará, apartarse o luchar, y Castiel sube al Impala, pero para que le regrese al lugar de donde le trajo.

SAM, KEVIN AND CROWLEY

   Por otro lado, Sam y Kevin tienen una idea, tratar con Crowley para que les lea lo traducido. Este pude hacerlo pero quiere hacer una llamada. Sam se niega y le exige colaborar.

CROWLEY Y EL CARA DE PERRA

   Debo confesar que me gustó mucho la escena donde Crowley toma la hoja de papel, la enrolla y se la arroja a Sam. Pero este gana cuando amenaza otra vez, le mantienen vivo porque Dean cree que puede ser de utilidad si no lo es, se lo regresarán a Abaddon. Quedan en una especie de tabla, así que Sam y Kevin lo discuten, Sam no ve otra salida, además, le tienen atado, pueden interrumpir la llamada en el momento que quieran. Kevin no parecía muy convencido, tampoco yo. ¡Ha resultado Crowley ser tan terrible en el pasado! Lo hacen, después de que Crowley demuestra que puede leer esos símbolos, y usando la sangre del profeta llaman a Abaddon, quien habla de su tiempo ido, del fin de su reinado y el surgimiento de ella (y eso después de que pasamos por la llamada puesta en espera, ¡hasta en el Infierno ocurre eso!).

EL NUEVO CROWLEY

   La verdad es que las palabras de Crowley para buscar auxilio, o atemorizar a la mujer, carecían de sentido, no entendí qué buscaba; las mismas palabras de burla de la demonio también sonaron a lugar común. Crowley queda abatido y se pone a traducir… Toda la escena me pareció absurda y extraña, hasta que Sam le ve inyectarse sangre. ¿Qué busca el demonio? ¿Exorcizarse? ¿Volver a ser humano? Este punto me lo esperaba, desde el inicio de la temporada, sólo había que recordar lo roto que estaba el demonio después del casi exorcismo que Sam le practicó. ¿Siente que ya no tiene el poder para volver a ser el Rey del Infierno y romperá con ellos? Es posible, esa escena donde lo pierde todo y es tan patético en sus demandas, puede llevarnos a las simpatías con él, así, poco a poco veríamos con buenos ojos su abandono del lado oscuro. ¿O es tan sólo un truco para potenciarse, engañando a todo el mundo? Es Supernatural, no se sabe…

LA CITA DE CASTIEL

   Lo de Castiel accediendo a la cita, Dean dándole consejos y pareciendo que iba a quedarse allí afuera, fue tan gracioso como ver al ex ángel haciéndole señas para que se fuera. Una cosa, el detalle de robar una flor del propio jardín de ella, ¿realmente las mujeres encuentran eso romántico? Digo, deben darse cuenta que la cortó de allí, ¿verdad? Bien, después de tantos preparativos, Castiel encuentra que la mujer lo que necesita es una niñera para ir a una cita con otro; todo fue tan brutal. A veces creo que las mujeres no quieren sensibilidad, o no una como la demostrada por Castiel.

EL LLANTO DEL BEBE

 

   Verle angustiado cuando el bebé comienza a llorar, es algo por lo que todos los que no somos padres pero sí tíos y amigos de gente con niños hemos tenido que pasar, cargando a un pequeñín que no sabemos bien qué les duele, teniendo que cantar y bailándolos hasta que se calman. Dios, dígame si uno les siente temperatura o vomita, eso es para volverse locos. Por otro lado, por una fotografía que le muestra el comisario que lleva el caso, Dean asocia a un sospechoso con un auto que vio cerca del lugar donde estaba Castiel y corre en su auxilio. Como corre siempre.

ANGEL EXTERMINADOR

   Castiel enfrenta al ángel, por un momento temió fuera por el bebé quebrantado, pero no, va por él, el ángel caído, le dice que sabe de su dolor y abatimiento, que mientras los ángeles sufren, él se aparta (y todavía hay quienes creen que Castiel no volverá a la lucha, hay que no tener imaginación). Golpea feo a Castiel, Dean aparece y también le derriba, cuando se vuelve hacia el ángel, Dean le arroja la espada y este le mata. Un final pobre y hasta tonto para un poderoso enemigo. Y está pasando mucho, ¿qué cuesta una buena pelea, los dos sangrando tras una mesa y un real peligro de muerte para uno de ellos (la siempre imagen de un ser zarandeando a Dean por el pescuezo)? No están cuidando esos detalles. Creí que Castiel terminaría abandonando su empleo y siguiendo a Dean en batalla, pero no, regresa a su negocio, pero no creo que ni es más lerdo piensen que eso será todo.

   Por su parte, Crowley confirma algo horrible, que el hechizo de Metatron no tiene reversa. Detalle que Dean, al saberlo junto a Castiel en el Impala, se lo oculta al ex ángel, asegurándole que puede quedarse en su trabajo ya que ellos resolverán ese asunto. Y aquí vienen varios puntos interesantes…

   A una amiga mía le parece que las historias de Castiel cansan, eso pasa porque es un personaje protagónico del que no se quiere salir porque cuando interactúa con Dean saca chispas, aunque están desperdiciándole totalmente. Pero con su historia pasa algo parecido con lo que ocurre con Kevin, el concepto del programa deja poco margen para otros personajes, es por ello que mientras una Bruja Mala toma la baticueva, Kevin duerme una borrachera y al ángel le sacan de allí para no tener que inventarle diálogos cada vez más flojos. ¿Qué la serie está algo cansona? Yo me divierto viéndola, pero me pasa que aunque me gusta el fandom, no suelo engañarme esperando que ocurra lo que fantaseo que debe pasar (y miren que una relación de equívocos entre Dean y Castiel sería divertida). Y debo confesar que yo mismo caí en la trampa del fandom. Me molestó que Dean sacara a Castiel de la baticvueva, pero entiendo que es el Dean de siempre, entra Castiel al que quiere, y la seguridad y curación de Sam, elige a esta opción. Pero eso no quita que moleste su actuación. Esperaba que Castiel se resistiera a atenderle el teléfono, verle o seguirle, pero, repito, era la trampa del fandom. Yo vi el programa y sé lo que pasó, el chantaje de Ezequiel, quien puede tener razones muy valederas para cuidar de su salud, si no lo hace él, ¿quién?, pero Castiel no. Él nada sabe de eso, él piensa que Dean le saca para mantener el lugar seguro de otros ángeles y parcas. En lo tocante a Castiel, Dean es el sujeto que corre a salvarle cuando una parca le atrapa y que luego la obliga a regresarle a la vida después de que esta le mata. A sus ojos Dean debe ser aún más maravilloso y en consecuencia así le trata. En sí, el programa es el mismo desde la primera temporada, así como lo es el concepto de Los Simpson, somos nosotros quienes nos agotamos porque no sucede lo que esperamos (como si debiera ser así) y porque ya son nueve temporadas. Supernatural, igual que Los Simpson, es un programa que siempre lo espero, al igual que NCIS.

   ¿Qué Sam no estaba con Dean y eso no es Supernatural? No, Supernatural son Sam y Dean, aunque no estén en la misma toma. Estuvieron separados cuando el espantapájaros, la sirena, las llamadas de ultratumba, la familia que cazaba gente, el genio, el viaje de Dean al pasado, Dean con Eliot Ness, cuando enfrentaron por primera vez a Rafael, también cuando el médico inmortal que se iba reemplazando miembros, igualmente en ese soberbio episodio donde Dean enfrenta a Muerte y Sam destruye el virus infernal; han estado separados en muchos y muy buenos episodios, el comentario tan sólo evidencia que quienes se cansan son los espectadores. Un programa con nueve temporadas ya no es tan fresco ni sorprendente (me está pasando con Criminal Minds).

   Personalmente yo si espero que la serie dure todavía mucho más. Me agradan Jensen Ackles y Jared Padalecki, no me gustaría que les pasara como a la gente de Buffy, o de Los Expedientes X, o Seinfeld, o los de Casados con Hijos, y que simplemente desaparezcan para salir luego en horribles especiales como secundarios. Y, lamentablemente, el destino de muchos actores de series exitosas es ese, ahí están gente como Sasha Alexander y Tom Welling.

DEAN, UN CHICO MALO

Julio César.

ESCLAVO DE SU DESEO

noviembre 19, 2013

SECRETOS

BLANCO SOBRE NEGRO GAY

   -Amito… -jadea ronco y sumiso.

   Mientras le llama negro sucio y le refriega con fuerza, teniéndole a sus pies, Sebastián se siente feliz como nunca, casi llorando de lujuria y dicha cuando su dueño le permite tan sólo tocarle, frotarle o lamerle. Pegar sus labios en la pálida piel, sentir las manos rudas del otro en sus lugares secretos y recónditos, al tiempo que le dice que sólo sirve para puta de los hombres blancos, le tienen al borde desde hace horas. Ese hombre blanco siempre lograba eso, tenerle delirando, sufriendo y gozando, anhelando acabar por un lado, y que todo dure eternamente por el otro. Cuando esponja, jabón y dedo quieren entrarle, jadea desfallecido contra su muslo. Y pensar que tuvieron que pasar 33 años, se dice con vergüenza al haber sido tan tonto para creerse un hombre entre hombres, para que de la mano de un veinteañero blanco conociera su verdadero lugar… un juguete sexual.

PERFIL

Julio César.

DARÍO

noviembre 18, 2013

FIZGONEANDO SE SABE…

   Enviado por un amigo de la casa, Alex, disfrútenlo:

SEXY Y CALIENTE

   Apenas podía esperar…

……

   Ya no podía más. Desde que hable con él por teléfono no había dejado de pensar en él. Lo necesitaba, quería ser su hembra, quería ser su puta.
Marque nervioso su celular.

   -Hola. -me respondió con su linda y sensual voz.

   -Darío, papi, te deseo. Estoy desnudo en mi cama, deseándote, necesito que me cojas como me prometiste.

   Le di mi dirección y espere. La espera se hizo larga, pero llegó al final. Darío se presento con su figura escultural, su piel canela, sus labios tan besables y su cuerpo deseable.

   No pude contenerme una vez atravesó la puerta. Inmediatamente me abalancé sobre él chocando su espalda con la puerta. Comencé a besar su cuello lentamente y a desabotonar su camisa azul. Cuando su pecho estuvo al aire, inicie una sesión de lamidas y chupadas en sus tetillas que lo llevaron al cielo, mientras deslizaba mi mano izquierda, la menos diestra, hacia el centro de sus piernas.

   -Eres tan puto como me lo imagine. -me dijo con voz entrecortada, a la vez que me arrodillaba y comenzaba a quitarle la correa y desabrochar sus pantalones jeans. Una vez terminada esta operación, me encontré con un pequeño slip blanco, que apenas podía contener el tamaño y la bravura de un monstruoso güevo, tan grande como él me había dicho que era.- Te dije que tenía un buen güevo, putica. -me recordó Darío.

   Bajé de pronto sus slips y la punta de su inmensidad me rozo la barbilla en su viaje de abajo hacia arriba para empinarse como una torre.

   -Coño, que maldito güevo. -fue la única expresión que salió de mis labios al tener tan cerca un pene de tales dimensiones, tan duro, tan largo y tan parado.

   No perdí mi tiempo y comencé a darle besos desde la cabeza hasta los huevos, antes de pasar toda mi lengua por la gran extensión de carne que se gastaba.
Mientras usaba mi boca para los besos y mi lengua para las lamidas, mi mano no dejaba de subir y bajar por todo su paquete manteniendo la rigidez del palo.

   -Vamos cuerito, demuéstrame que lo que la playa lo deseas de verdad. –me lanzo, mientras sus ojos me observaban atentos desde su altura hasta los míos a sus pies.

   Tome su güevo por la base y tras abrir la boca desmesuradamente pude cubrir casi la mitad de la pieza carnal que estaba estrenando mis fauces. Todo mi ser, en cuerpo y alma, estaba postrado ante Darío con la sola finalidad de hacerlo disfrutar de la mamada que le daba. Una poderosa corriente como eléctrica pasó por su cuerpo al sentir el contacto del interior de mi boca en su sensible miembro y exclamó:

   -Ahhh, qué boquita de mamadora tienes Alex.

   Mi tarea apenas iniciaba. Mientras tomaba el tronco de su güevo con las dos manos, mi boca subía y bajaba por toda su extensión, tratando de abarcar todo lo que podía. Sacaba su pene de mi boca y lo masturbaba bien fuerte durante algunos segundos, le lamia la punta y luego volvía a meter lo que cabía de él dentro de mí.

   -Diablo, coño, qué perra eres. Nunca me habían mamado tan rico, me vengo, me vengo. -gritó extasiado mi amado.

   Para hacerlo más salvaje, coloque la punta de su tolete sobre mi lengua salida, mientras lo masturbaba y lamía. La corrida fue violenta, intensa y larga sobre mi cara.
   Inmediatamente lo tomé de la mano y lo llevé a mi habitación, donde lo tumbe en mi cama y comencé a repetir la exquisita mamada que le había hecho antes sin importar que su semen corría por mi rostro.

   Mientras le mamaba el güevo a Darío, tomé parte de su leche derramada en mi cara, mi saliva sobre su tolete y sus líquidos preseminales y comencé a lubricar mi culo y prepararlo para lo que venía.

   La polla de Darío, a pesar de su extraordinaria venida, rápidamente volvió a tomar un gran tamaño, a la vez que mis manos, boca, labios y lengua se combinaban para masturbar, besar, chupar y lamer toda la extensión de su carne palpitante.

   -Cuanto placer, cuanto gozo. Qué bien te tragas mi gran güevo, Alex. Eres fantástico, me encanta como me mamas la tranca, maldita perra, eres una puta vagabunda.

   Oír lo que me delia, como me llamaba perra, puta y vagabunda, me excitó mucho mas y pasé a hacer más rápida y profunda mi chupada a su mástil, mientras comenzaba a penetrar mi culo con mis dedos. De repente me detuve. Me levanté y paré a Darío a un lado de la cama. Me puse en cuatro patas, apuntando mis nalgas hacia él y mi cara hacia el espejo de mi cuarto y para que me devolvería toda la escena de mi cogida.

   -¿Con que eso es lo que quieres, mi cuerito mamador?, pues tus sueños se van a hacer realidad, perrita caliente, te voy a coger. -dijo mi amante.

   Enseguida se acercó a mí, me tomó con sus ardientes manos por mi estrecha cintura, colocó la ñema de su güevo en la entrada de mi culo y de un solo zarpazo tomó posesión del cuerpo ardiente que se le ofrecía. Sentí un gran dolor, como si me estuvieran partiendo en dos, pero Darío se quedó quieto, parecía que tenía experiencia en este tipo de cosas, mientras acariciaba mis nalgas y mi hoyo se acostumbraba a la presencia de su dueño.

   -Por fin eres mío, Alex. Todo mi güevo está dentro de ti. De ahora en adelante, él será tu dueño. Lo amarás como a ti mismo. Solo tendrás ojos y boca para él. Tu culo será su refugio cada vez que se pare.

   Lentamente inició un movimiento suave de vaivén, provocando la salida y entrada de su poderoso órgano sexual que se iba abriendo espacio entre mi virgen y estrecho hoyo trasero. Poco a poco la sensación de dolor e incomodidad que sentí al principio fue dando paso a un placer nunca antes conocido por mí, que siempre había deseado, pero al que temía. Al final, el deseo pudo más que el temor.

   -Oh, qué rico. Esto sí es bueno, Darío. Dame duro por el culo. Párteme ese agujero de puta que tengo. Destrózame el ano y toma a este cuero virgen que ofrece su cuerpo para tu placer. -le dije.

   Mis palabras, las más sucias que pude encontrar en ese placentero momento, fueron como un afrodisiaco para Darío, quien inmediatamente experimentó un reforzamiento en su erección la cual sentí en mis propias entrañas. Junto al respingo de su güevo, Darío intensificó la fuerza y velocidad con que me cogía. Su tronco salía todo, menos la punta y en un segundo ya estaba de nuevo dentro de mí.

   Levanté la cabeza y miré al espejo para asegurarme que lo que estaba pasando no era uno de mis sueños eróticos, sino la verdad de estar siendo singado y dando gozo a un hombre. La cara de Darío era un poema. Abría y cerraba los ojos de una forma sensual, su respiración se hacía entrecortada y de su boca salían pequeños gemidos. Azoto mis nalgas varias veces con sus manos, antes de venirse como un caballo dentro de mi ano estrenado.

Alex.

……

   La verdad es que nunca he entendido muy bien cómo alguien quiere contar algo y va al punto, yo me pierdo en detalles. El relato fue eso, directo e intenso. Personalmente me encantaron los diálogos, la ruda exigencia de un hombre a otro, a uno que se le entregaba con gozo y que tiembla cuando se oye llamar puta, y al ser felicitado por serlo. Felicidades, amigo, fue muy bueno. No es tan fácil, o no me lo parece a mí, escribir en primera persona, pero te quedó muy bien. Y no creo que sea el único que lo piensa, ¿verdad?

SORPRESIVA LUNA DE MIEL

Julio César.

LA ENTREVISTA

noviembre 16, 2013

EJERCICIOS CONJUNTOS

CHICO SEXY EN BAÑADOR AZUL

   No entiende, llegó de último en la competencia pero lleva horas declarando y no le dejan ir…

¡TRANQUILO!

Julio César.

NOTA: Caramba, quién tuviera esa pinta para unas fiestas en la playa. Sin embargo esa cara tiene algo, no parece modelo, tiene un aire como de persona real, un atleta o un actor, pero ni idea de quien sea.

MERECIDO HOMENAJE A CELIA CRUZ

noviembre 16, 2013

   Señoras y señores… ¡¡¡Celia Cruz!!!

   Voy a confesar algo, cuando supe la noticia, que Celia Cruz por fin había muerto, se me aguaron los ojos. ¿Quién no amaba a esa negra salerosa, alegre, de grandes pelucas y mayor sonrisa? Su voz era poderosa, sus canciones siempre bellas. Como miembro de una familia que bebe, muchas reuniones las terminamos de madrugada así, con la Billo’s, con salsa vieja, con rancheras, con Oscar D’León y con Celia Cruz. Sí, me dolió saber que había muerto… y me irritó un tanto, una pequeña espina que siempre he sentido como molestia, que Oscar D’León no la visitara ni estuviera presente en los homenajes que se le hizo previo a su partida. Cuando cayó enferma, leí por ahí que se le había ocultado lo del infarto de nuestro Salsero Mayor, porque tanto así parecía estimarle. Siempre sentí, sólo sentí, y lo sentí yo (es decir, algo muy personal que seguramente es erróneo), que no le correspondió como debía en esos momentos.

CELIA CRUZ, LA GUARACHERA DE SIEMPRE

   A las dos semanas de la muerte de la Guarachera de Cuba, la Guarachera del Mundo, mejor dicho, vi un video, un especial, los grandes latinos cantándole. Fue hermoso y emotivo, recuerdo bien el llanto que Marc Anthony, seguramente incapaz de apartar de su mente la idea de que estaban dándole el adiós, derramó aunque intentaba controlarlo. Recuerdo que los dos hermanos con quienes lo veía, Melissa y Eduardito, también tenían sus ojos enrojecidos. Dios, dolió cuando intentó cantar Yo Viviré y las fuerzas no le alcanzaban, aunque la voz era la de siempre. Hace poco leí, que de estar viva, el mes pasado, el 21 de octubre, habría cumplido ochenta y ocho años. Sé que los jóvenes lo creerán idiota, pero pensé, “¿apenas ahora iba a cumplir ochenta y ocho?, por Dios, era una muchacha todavía”. Y se le extraña tanto…

   Por ello me gustó saber que en los próximos American Music Awards, que este año tendrán sabor latino, o eso dicen (jamás veo esos programas, pero veré la grabación del especial si puedo), Jennifer López le brindará un homenaje. Con ella tengo un conflicto, me molestó tanto la película El Cantante, pero la puertorriqueña, fuera de hermosa, es talentosa, y promete un homenaje sentido a una artista que quiso y recuerda mucho, por supuesto, la gran Celia Cruz. Será un especial con más de treinta bailarines y los temas más famosos y populares de la inmortal Guarachera. Habrá que estar pendiente, dicen que es para el 24 de noviembre… Aunque, como señalé, no veo esos programas en vivo, me gusta que se le recuerde con amor.

CELIA CRUZ... AZUCAR!

   En mi casa también lo haremos, Dios mediante, el 25 de diciembre, el primero de enero, a eso de las tres o cuatro de la tarde, cuando estemos agotados, tomando más por inercia que por ganas, echados en sillones de patio, pensando en el nuevo año con todas sus posibilidades, promesas y amenazas, oyéndola cantar aquello de “Dile a tu nuevo querer, que no tiene nada que temer…”, recordaremos que todo pasa, que nada dura para siempre, ni lo bueno, mucho menos lo malo. Después de todo es cierto, la vida es un Carnaval.

Julio César.

NOTA: La verdad no sabía que era tan fácil subir estos videos. O lo es ahora. Disfrútenlo mientras no lo quieten. Amo esta versión de una canción de por sí hermosa en todas sus presentaciones, hasta en bachata y merengue.

TRES HOMBRES Y UN DESTINO… SERVIR… 11

noviembre 16, 2013

… SERVIR                         … 10

   Un hombre cruel e infernal está sentenciado a muerte en una cárcel y decide divertirse antes de que llegue el final… Tomará a tres sujetos y los convertirá en sus putas. Uno será su hembra, otro será usado por sus compañeros de trabajo, el tercero descubrirá un fetiche que le hará delirar. De Cierta manera, y aunque es un relato maldito, este no parece tan feo a la larga. Disfrútenlo.

……

the convicted’s whores

by Lexicode

OSO GAY

   -Vamos, pequeño, ven a gozar… -invita el oso.

……

   Read lo había hecho a propósito, las entrañas de Tiffany debían acostumbrarse, y enviciarse, con el semen mientras alcanzaba su propio orgasmo. Todavía agitado, la respiración pesada, saca su verga del rojizo culo ahora más dilatado. Sale de la cama, halándole y obligándole a caer de panza, sin que reaccione. Sonríe recorriéndole con la mirada. Le había domado. Ese hombre, aunque violado en las duchas, aún se mantenía como tal, pero esa noche había probado semen, le había cogido, tomó orina y probó a limpiarle, dos veces, la verga una vez se vació. Ese culo había recibido su leche y eso terminaría transformándole. Toma aire y se estira, frotándose la nuca. Vuelve a la bolsa que Lomis le entregó y saca dos ampollas que rompe, con una inyectadora toma los líquidos, uno translucido, el otro rojizo, sonriendo al ver la tonalidad rosa. Inca una rodilla en la cama, medio palmea un glúteo redondo y turgente, y clava la aguja sin muchas consideraciones. El joven se queja bajo, sin abrir los ojos, mientras el preparado va entrándole.

   Le mira y sonríe cruel, ni por un segundo piensa en la vida que fue para ese hombre, o que va a destruir todo eso para usarle, para satisfacer su poderoso apetito sexual. Al contrario, eso era más estimulante. Porque le gusta controlar y dominar, atrapar a esos carajos triunfadores y convertirlos en sus juguetes. Sabiendo lo que quiere, le separa un poco las piernas exponiéndole el culo. Y lo ve. Rojizo, hinchado, poco peludo (cosa que le disgusta), manando lentamente semen. Su semen. Y no había vista más excitante y satisfactoria para un hombre como no fuera ver su esperma chorreando del culo usado de otro hombre. Era algo casi… épico. Ese culo le pertenecía, era el dueño. Todo hombre lo pensaba. Saber que esa leche era suya y que salía del coño de su puta era algo glorioso. Se le pone dura, quiere cogerle otra vez, así, inconsciente, meterle más esperma, cuajársela a fuerza de batidas, pero era tarde…

   Suspirando satisfecho con lo hecho ese día, sube a su cama. Sabe que no dormirá solo durante mucho tiempo más. Le dará un tiempo a Tiffany y luego la reclamará en su lecho, y se estremece imaginándole, depilado, en tanga de encajes, medio montado sobre su torso, oliendo a colonia y talcos, a hembra, y él rodeándole con sus brazos grandes y velludos. Lleva las manos bajo la nuca, sonriendo. La pequeña Tiffany había resultado fogosa, su nena tenía alma de puta. Estaba de suerte. Aunque era una pena que estuviera tan… falta de afecto. Él corregiría eso, le haría olvidar que una vez se creyó un hombre de verdad y le guiaría hacia el goce total de ser una puta, un coño caliente en espera de machos. Educarle llevaría tiempo, pero lo tenía por ahora.

   Por ahora. Porque debía pensar en lo otro… y en su venganza.

   Bajando una mano rasca su torso velludo, cavilando sobre lo extraño que era el mundo, lleno de hombres insatisfechos que temblaban en secreto con el deseo de ser controlados, tomados y usados, gritando que no cuando en verdad lo único que querían era ser utilizados por los hombres. Sonríe cruel imaginando a dónde llevó Lomis a Nolan Curtis, el dulce guardia de prisión nacido para ser, literalmente, una perra. Cierra los ojos otra vez, sonriendo excitado, recreando en su mente el culo goteante de semen de Daniel, mientras imagina muy bien lo que está, o lo que estuvo haciendo el reprimido de su abogado. Otro que pronto descubriría su verdad, que estaba en este mundo para satisfacer los enormes güevos de los negros…

   Va durmiéndose, sonreído y satisfecho… imaginando ese dulce culo goteando…

……

   ¡No, no, no! Dios, ¿qué estaba haciendo?, se reprende, atormentado y con la verga imposiblemente dura, Jeffrey Spencer, el abogado de Robert Read…

   Quiere soltarse, pero no puede. Encerrado en el cuarto de baño, su mujer dormida ya, a unos cuantos pasos, el abogado, caliente como nunca, tal vez porque se siente suciamente culpable, se masturba. No es que no quiera hacerlo, pero…

   No quiere reconocerlo, pero llegó afectado de la visita a la prisión, aunque le parecía horrible. Toda la tarde se sintió desasosegado, urgido de… si, sexo. Necesitaba drenar en su mujer todas esas ganas. Y en cuanto llegó Anna, intentó ser cordial, atento, escucharla. Y amarla. Pero la mujer alegó estar agotada y se echó a dormir nada más tomar una ducha y cenar, dejándole colgando. A su lado en la cama, oyéndola respirar pesadamente, oliendo a hembra joven y sensual, se fue calentando. De haber sido otra clase de hombre le habría despertado, reclamándole lo suyo, pero era demasiado considerado para su propio bien, así que se encerró en el baño e intentó masturbarse y aliviarse.

   Imaginó a Anna en pantaletas, sin sostén, bailando agitadamente para él, su cuerpo brillante de transpiración, su sexo exhalando su grato aroma, pero no fue suficiente, así que se embarcó en su vieja fantasía de muchacho, la rubia mujer policía que detiene a un hombre y prácticamente abusa de él, agresiva y erótica, arrojándole al suelo contra un auto y obligándole a oler su entrepiernas… Y fue cuando se perdió.

   No supo cómo, pero pronto dos enromes toletes masculinos, erectos, luchaban contra la cara de ese sujeto caído de culo, uno blanco y amoratado, el otro negro y francamente grande. No pasó mucho antes de que ese sujeto en el suelo, fuera él mismo. Y la verga le tembló de emoción en la mano que subía y bajaba. Esas moles luchaban por frotarse de sus labios, calientes, salinas, olorosas a hombre, babeando, mojándoles la cara. En su mente (mientras se tensa sobre la tapa del inodoro), esos toletes van y vienen, azotándole de manera ruidosa la cara, casi como bofetadas, mientras oye una y otra vez las mismas preguntas hechas por dos voces, “¿te gusta?, ¿te gusta mucho esto, puta?”. Ojos cerrados, mortificado y excitado, Jeffrey echa la cabeza hacia atrás, su pecho subiendo y bajando con esfuerzo. Ahora se ve de rodillas, de traje y corbata, comiéndose la verga blanca, manos negras desatando su cinturón, bajando su pantalón, alzándole a cuatro patas, la negra verga dirigiéndose a su raja, la lisa cabeza frotándole la entrada, un rudo golpe de caderas y esa verga increíblemente larga, gruesa y dura va metiéndose sin resistencia…

   -¡AHHH! –grita aunque intentó controlarse para no hacer ruido, apretándose el tolete que tiembla mientras escupe su leche caliente, una que salta y le moja el torso a través de la abierta camisa del pijama, quemándole, sorprendiéndole porque nunca antes le había pasado, y sentir su semen allí era extraño y no repulsivo, inundándolo todo con el fuerte olor a la leche masculina recién ordeñada. El clímax fue tan intenso que casi se desmaya, quedando tan laxo que resbala y cae de culo en el piso, el corazón latiéndole feamente, tragando aire de manera anhelante para controlarse.

   ¡Dios, ¿qué hizo?! Él no era… no era… No era eso. Cierra los ojos ahora mortificado, casi lloroso, ¿qué estaba pasándole? Ese hombre, ese delincuente estaba metiéndose en su mente. No podía dejarle.

……

   La rutina de lo que sería su nueva vida como la hembra de un peligroso convicto, comenzó con un Daniel Pierce totalmente devastado por lo que le ocurriera la noche anterior con ese sujeto, sintiéndose todavía mareado y enfermo, sollozando en posición fetal en su camastro, por el dolor en su culo y en su orgullo. Lloró casi veinte minutos, su mente gritando que eso no podía estar pasándole; calmándose poco antes de que comenzara su vida fuera de la celda por la idea de que… debía matarle. No sabía cómo, todavía, pero tendría que hacerlo. Levantándose con piernas temblorosa casi gritó cuando Robert Read cayó de su litera junto a él.

   -Hola, amor, dormiste bastante. –sonrió fingiendo autocomplacencia.- Imagino que te dejé ahíta y agotada de tanto placer, ¿cómo te sientes? –le preguntó, rodeándole la cintura con sus brazos de oso, acercándole para besarle. El rubio intentó alejarle con sus manos y desviar el rostro, tan sólo para ver la torcida sonrisa del otro y recibir una feroz bofetada con la palma abierta que le hizo perder el equilibrio, cayendo de culo, ahogándose más de miedo que de dolor, todavía encarándole cuando el otro acercó su rostro.- Cuando quiera besarte, Tiffany, tú saltarás de alegría, dichosa de gustarle a tu hombre. –fue tajante, enderezándose.- Aprovecha que estás ahí… -y empujando sus caderas le metió la tranca morcillona en la boca, obligándole a mamar y chupar todo lo que salía de su verga maloliente por todo el sexo de la noche anterior, teniendo que tragarse la primera leche de esa mañana con el rostro bañado en lágrimas.

   Gruñendo de satisfacción, Read le retuvo contra su pubis, ahogándole, oyéndole farfullar en busca de oxígeno, revolviéndose pero temeroso de molestarle. Fue por un segundo, ya que luego se la sacó para mojarle la cara con restos de semen, saliva y jugos, y para verle estremecerse de humillación. Mierda, había algo tan excitante en eso, en ver a un tío masculino y guapo, de rodillas, con los restos de la esperma de su hombre cruzándole la cara, que a Read le costó contenerse. Cómo deseaba mearle la cara, llenar su boca y oírle toser tragándola, bañarlo con su orina caliente y abundante (joder, tenía tanta que estaba seguro de poder empaparle de cabeza a pies), verle estremecerse bajo su chorro… Pero no podía hacerlo… en la celda.

   Ese fue su despertar, eso y dos pastillas que debió tomar, “por precaución”, gruñó Read, asustándole, ¿acaso ese delincuente sufría de alguna enfermedad venérea? La idea del sida le hizo casi vomitar, pero no era como que fuera a preguntar o cuestionarle. Tomó una larga ducha más tarde, notando que algo le había picado en una nalga, siempre con los ojos al piso, notando miradas en su dirección, también sonrisitas. Todos sabían lo que le había pasado y, peor, algunos, tal vez, le habían oído gemir de lujuria mientras ese sujeto le robaba su hombría por el culo, reemplazándola con sus espermatozoides. Desayunó sin apetito, el estómago algo revuelto sin saber por qué, como no fuera por todo lo vivido.

   Esa noche, al regresar, agotado, vencido, no levantó la vista cuando Read se paró de la litera de abajo, la cual se veía que también le pertenecía.

   -Te he extrañado tanto, Tiffany… -le saludó, sonriendo perverso, abriendo los brazos.

   Y Daniel contuvo un jadeo, acercándose a él, atrapándole torpemente los hombros y elevando el bonito y sufrido rostro, entre abriendo los temblorosos labios. Y tuvo que cerrar sus ojos y su mente cuando Read bajó la cara, cubriendo su boca y metiéndole la lengua ancha, caliente y babosa, lamiéndole todo, atrapándole la lengua de una manera voraz y hambrienta, demandante, como si de verdad le hubiera extrañado mucho. Y del apoderarse de esos labios finos y suaves, a que sus manos corrieran por el joven cuerpo, fue una sola cosa.

   -Eres tan hermosa y sexy, Tiffany… -le susurró ronco y excitado a un oído.

   Separándose un poco, Read le haló con la brusquedad de quien se consume de deseos la braga naranja, admirando sus hombros y torso, frunciendo el ceño ante sus bóxer, pero metiendo ya las manos dentro de él, por detrás, atrapando sus nalgas redondas y firmes, gozándose en acariciarle así, en recorrerle de esa manera, una que gritaba a los cuatro vientos que era su dueño. Disfrutando el erizarle la piel, bien fuera por repulsa o deseo; no le importaba, no cuando con un brazo le atrapa la desnuda cintura y le besa con fuerza, tragándole la lengua, la saliva y el aliento, mientras la mano libre recorre las nalgas bajo el bóxer, metiéndose en su raja, recorriéndola, frotando con las yemas de sus dedos gruesos y velludos la deseada entrada, con la verga increíblemente dura palpitando contra la piel del rubio, quien no está excitado, pero que gime y se tensa, de miedo y asco cuando un dedo se abre paso en su esfínter, deteniéndose allí, marcando su terreno, finalmente entrando y recorriéndole, flexionándolo un poco y rascándole las paredes del recto.

   No pasó mucho antes de que estuviera de espaldas, desnudo, piernas alzada, con la dura y gruesa verga del peligroso convicto, entrándole y saliéndole de las entrañas, rudamente, con fuerza, abriéndole, rozándole las paredes del culo, golpeándole con extraña precisión una y otra vez sobre la próstata, excitándole; porque si, aunque lo odia, aunque le parece el colmo de los horrores, ese vaivén que lastima e irrita, que parecía a punto de romperle, también le excitaba, tanto como el roce de su verga contra el velludo vientre algo abultado del oso, quien le tenía las manos atrapadas en un agarre casi amoroso, mientras le besaba una y otra vez, susurrándole sin parar que es tan hermosa, tan caliente, que es el sueño de gloria de todo macho, que ningún hombre se podría contener ante tal magnificencia. Y lo decía mientras le cogía sin detenerse. Y Daniel lo sentía, estaba a punto de caramelo, y el otro se separó un poco, terminando con el roce, obligándole a gemir de protesta. Necesitaba correrse, alcanzar el clímax como sea, pero Read le negaba los frotes, aunque…

   La verga del sujeto estaba horriblemente dura ahora, palpitando con vida propia, y el rubio gimió cuando notó como algo que quemaba como aceite caliente recorrió ese güevo bien metido en sus entrañas, disparando su carga allí, una que sintió terriblemente excitante y maravillosa mientras le bañaba a la pata de su próstata. La sensación le hizo correrse involuntariamente, sin tocarse; se corrió cuando sintió toda esa leche llenar su culo y Read le apretó más las manos sobre su cabeza, dedos enlazados, mientras bajaba, respirando pesadamente, mirada perversa que le gritaba al rubio “si pudieras ver qué tan puta te ves en este momento”, y le besó. Y aunque todo fue humillante y horrible… Daniel respondió al beso.

   Esa noche sólo lo hicieron otra vez, echado Read de espaldas, sonriente, gozando como lo hace todo hombre cuando no sólo logra someter sexualmente a otro sujeto, sino que consigue que este grite de lujuria aunque no quiera. Porque Daniel está gritando tal, echado también de espaldas, pero sobre el torso, abdomen, caderas y muslos del oso, quien con un brazo fuerte le rodea el torso, acariciando sus tetillas, apretando y halando de una manera que le provocan calambrazos de placer, la otra manota bajando, recorriendo y acariciando su panza plana, mientras sube y baja la pelvis, metiéndole y sacándole el enorme güevo del redondo y casi lampiño culo al rubio, quien siente que no puede contenerse, estremecido como muñeco roto sobre él, gimiendo de gusto cuando en esa posición, esa barra le entraba casi hasta el estómago. Y no mediaron drogas ni nada, lo que para el hombre joven era peor, sobre todo recordando lo mucho que su culo apretó y succionó.

   Más tarde el rubio cayó desfallecido, Read le rueda de panza, agitado todavía, sonriendo, admirando el cuerpo de su magnifica hembra, e incapaz de contenerse le metió dos dedos por el agujero que chorreaba aún su esperma. El redondo anillo abrazó los dedos que iban y venían mientras el semen escapaba. Oh, sí, qué coño tan delicioso, pensó el hombre, hasta que oyó al otro gruñir en sueños, y sonriendo perverso le empujó esos dos dedos en la boca, siendo estos lamidos casi inconscientemente. Bien, era bueno que su Tiffany saboreara en todo momento su esperma, que se alimentara y nutriera con él. Finalmente abandonó el lecho, preparó su combinado y le inyectó como la noche anterior. Sonriendo maligno, subiendo luego a su litera, pensando en su abogado… y cabreándose mucho con ese hijo de puta.

   Después de ese “día siguiente”, la rutina era esa. Daniel despertaba algo atontado, el estómago inestable, para ser abrazado y besado de manera intensa por un desnudo Read, quien comía de su lengua mientras metía un dedo en su culo, rotándolo lentamente, de manera casi tierna, produciéndole toda clase de escalofríos, para terminar luego mamándole la verga, subiendo y bajando sus rojos y sedosos labios sobre la dura mole de carne gruesa que quemaba y mojaba su boca, hasta que se corría, llenándole la lengua con ese salino néctar que ahora tragaba sin mayores problemas, aunque sus mejillas enrojecían al caer en cuenta de ello. Luego tomaba dos pastillas y partía a la ducha. A veces Read le alcanzaba, no explicándose cómo lograba conseguir las duchas solo para ellos dos.

   Siempre parecía estar en celo, caliente y erecto, cosa que, de alguna manera, maravillaba al rubio, ¿nunca se cansaba? A veces le penetraba apoyándole la espalda contra una pared, alzándole en peso, guiándole y dejándole caer en peso clavándole de su verga; y cuando se lo hacía, teniéndole en peso, subiendo y bajando sus caderas para cogerle, Daniel, gimiendo levemente cuando la verga le daba duro adentro, llenándole de una manera que le excitaba las paredes del culo, le rodeaba el cuello con sus brazos, sus piernas alrededor de la cintura algo gruesa, sirviéndole de apoyo… facilitándole, aunque no quería pensar en ello, sus cogidas. Pero, generalmente, debía mamarle. A Read le encantaba verle de rodillas frente a él, sumiso, ojos brillantes, cachetes rojos, algo ofuscado y todavía molesto, con la verga clavada en su boca, llenándosela, deformándole una mejilla cuando golpeaba, cogiéndose hasta que se corría, a veces muy poco, para luego bañarle en orina, una que era caliente, espesa y amarillenta, de olor muy fuerte, que chocaba de su nuca, cubriendo su rostro azorado, entregado, poniéndosela dura nuevamente al enorme oso.

   -Esto es bueno para tu piel, Tiffany… -le decía mientras veía correr el acre líquido por su nuca, mejillas, entrándole en la boca cuando intentaba respirar, bajando por su pecho.

   Al tercer día, Read, en las duchas, debió abofetearle tres veces, con fuerza, porque, y como se lo señaló en el momento, se lo buscó por responder. El hombre le había enjabonado totalmente, de tobillos a cuello, y mostrándole varias afeitadoras desechables, le dijo que iba a depilarle todo. Daniel se revolvió contra eso, ya bastante duro había sido sentir sus manos por todo su cuerpo, incluidas pelotas, axilas y culo, pero aquello…

   Mareado, por los bofetones y por ese extraño malestar que le debilitaba un poco, no pudo defender, quedando sentado de culo, dejándose depilar por todos lados. El oso tardó su tiempo en sus tobillos y piernas. Cuando llegó a sus axilas, después de salir de torso y abdomen, igual que de los muslos, el hombretón ya mostraba una granítica erección que había comenzado cuando le atizó las tres bofetadas. Esos dedos jugando con su axila recién afeitada, era extraño, como lo fue cuando le ordenó ponerse de pie y peló sus bolas y su vello púbico, dejando un vergonzoso, corto y muy rebajado bigotillo triangular sobre la verga, algo decididamente obsceno.

   -Date la vuelta… -le ordenó rudo, y tragando en seco, a Daniel no le quedó otra que obedecer.- Abre tu coño, mami… -le gruñó burlón, excitado y contento de verle tan sumiso ahora.

   El rubio separó las piernas y se tendió hacia adelante, su culo quedando expuesto. La mano enjabonada regresó, recorriéndole lentamente allí, en su zona más secreta como hombre, y se tensó cuando un meñique medio entró, untándolo. Tembló todo temeroso cuando la afeitadora comenzó su labor, recorriendo sus nalgas redondas, entrando y dejándole rapado en la raja, concentrándose en afeitar totalmente su culo. El joven cerró los ojos cuando un chorro de agua chocó y limpió su raja, sabiendo que el hombre tomó un buche de agua de la ducha y le bañó, una y otra vez, acercando su rostro.

   -Está tan lisito, Tiffany… Así es como debe verse el coño de una tía sexy como tú. -comentó el hombretón.

   Y la yema de dos de sus dedos enormes fueron a la raja, recorriéndola, frotándola, ambos dedos sobre su culo cerrado, halando de aquí para allá, alisándole los pliegues, halando cada dedo de un lado y abriéndoselo un poco, para luego caer, empujar y lentamente meterse. Daniel apretó los dientes y contuvo un jadeo, sintiéndose muy abierto, expuesto y violado.

   Read sonrió, gozando al ver cómo desaparecían, centímetro a centímetro, sus dedos dentro del sedoso y apretado agujero del otro hombre, como le pasa a todo carajo cando encuentra al que le permite eso. Meterle los dedos a otro en su agujero era… Bien, los deja allí, bien clavados, sintiendo como son apretados y halados por esas entrañas, aunque Daniel nada tuviera que ver. Los flexiona, los mueve. Busca. Y cuando Daniel gime, ojos nublados y boca muy abierta, sabe que lo encontró.

   Sus dedos van y vienen, sin embargo moviéndose muy poco, bien metidos en ese agujero. La punta de sus dedos frotándole y acariciándole, estimulándole de manera intensa la llamada pepe del culo. Y sonríe cuando ve cómo enrojecen esas nalgas, como la membrana redonda sale y se mete cuando los dedos van y vienen, rodeando de manera casi demandante las dos falanges. La verga de Daniel creció, rojiza, dura, mientras jadeó y su culo ardió más, chupando más. Ahora sí que divertido, el hombretón se puso de pie, sin sacarle los dedos del ansioso culo, recorriéndole con la otra mano el torso, y Daniel gimiendo cuando los dedos cayeron sobre esta y aquella tetilla, que crecieron de manera intensa, que arden y producen una corriente cálida de placer como nunca antes había sentido. Esos dedos pellizcando sus pezones, esos otros en su culo, le tenían tan mal que su verga temblaba, totalmente dura, manando gran cantidad de líquidos, a punto de…

   -¡No! –rugió la orden mientras le sacaba las manos de encima, y de adentro.

   -¡No, yo…! –Daniel enrojeció violentamente cuando se volvió y enfrentó su mirada burlona, su sonrisa socarrona.

   -Lo sé, cariño, tu coño está que arde, pero no vas a correrte. Guárdalo para mí esta noche. Y ni se te ocurra engañarme. No quiero que te toques. Nunca más puedes hacerlo sin mi permiso. Y si lo haces… -sonrió curiel.- Sé cómo capar gatos, me pregunto sí con la gente es igual.

   Obedecerle le costó, a Daniel le costó mucho no gritar de frustración. Le costó un mundo, caliente como estaba, tan necesitado de correrse que le dolía de manera intensa. Pero… tenía miedo. Mucho. No sólo de lo que ese sujeto pudiera hacerle, sino de todo eso que sintió.

   Ese día, el cuerpo picándole por la depilada, Daniel trabajó medio caliente, como siempre en las sombras de la lavandería, Read no quería que llevara sol. Estaba molesto por todo lo que le había pasado, y excitado a un nivel oscuro. Moverse, sentir el holgado mono naranja rozándole la verga, se la tenía dura, o cuando le raspaba los pezones, que los tenía paraditos. No podía pensar en nada, mucho menos en lo que estaba ocurriéndole. El mundo de antes, sus padres, su esposa, sus colegas y amigos, su mundo como un macho guapo y seductor, todo se veía muy lejos en esos momentos, como si perteneciera a otra persona. Y no llevaba ni un mes encerrado en esa mierda de prisión. Era él, ese horrible y diabólico sujeto, Read. El hombre que le usaba y abusaba de él, con fuerza y vigor, sintiéndose con derechos sobre su cuerpo, voluntad y deseos.

   Esa noche, al volver a su celda, estaba temblando y él mismo no sabía por qué. Debía… resisarse. Rehacerse. No era un marica. Él…

   -Tiffany… -oye el susurro que viene de la parte superior de la litera y todo él se estremece, con olas cálidas y poderosas recorriendo sus entrañas; cuando el oso bajó, sólo vistiendo los flojos y holgados bóxer, tragó saliva. Y espera. No sabe qué, pero espera.- Cierra la cortina, amor. –le ordena, y sin levantar la vista, o decir nada, obedece, el corazón palpitándole, preguntándose qué le sucederá tras esa cortina esa noche.

   Read, por su parte, bien, también espera, mirándole fijamente, apoyándose de la pared, brazos cruzados. Y Daniel, tragando otra vez, va a su encuentro. Cuando este baja los brazos, cae contra él. Se dice que es lo que ese sujeto espera. Que tiene que hacerlo, ¿pero es cierto? ¿Es sólo eso?, no lo sabe ni quiere pensarlo mientras le rodea el cuello, tendiéndose hacia él al tiempo que Read le rodea la cintura, halándole, apoderándose de sus labios y besándole de manera procaz.

   Después de lanzar los dos colchones al piso, uno sobre el otro, Read tomó asiento sobre la almohada de Daniel, su verga enorme, gruesa y algo babeante fuera de la bragueta del bóxer, sonriendo, esperando, mirando fijamente al hombre rubio frente a él, mejillas rojas, depilado, esbelto, subiéndose de frente y a hojarasca sobre sus caderas, la lisa y amoratada cabeza de su tranca frotándose de la entrada de su culo, esta abriéndose, tragándola, apretándola palmo a palmo mientras baja y gime.

   Daniel no quiere pensar en nada, en que está prácticamente haciéndolo por su cuenta, montándose sobre esa verga, enculándose, y que jadea por ello. Pero aprieta los labios y toma aire, echando la cabeza hacia atrás cuando su culo cae totalmente sobre las caderas del otro, muy abierto y lleno por la barra ardiente que palpita de manera intensa y estimulante contra las paredes de su recto, pegándole bruscamente de la próstata, así, al primer golpe. Y no hace nada más, no salta sobre ella, Read no se la empuja, nada, sólo está sentado allí, imposiblemente duro, como lo estuvo casi todo el día, corriéndose ya, trallazos de semen bañando el abdomen velludo del otro. Era lo que parecía necesitar, estar sobre esa verga y correrse, la horrible idea ocupó por un instante su cabeza. El leve bofetón que recibió casi inmediatamente, tan solo le pareció más estimulante.

   -Siempre debes esperar a que te permita correrte, Tiffany, sé que tenías el coño caliente y que eres ardiente como una buena putita joven, pero debes esperar por mi consentimiento. –le advirtió atrapándole la barbilla y controlándole con la mirada.

   -Lo… Lo siento. –gimió, todavía temblando, corriéndose aún, su culo abriéndose y cerrándose ferozmente sobre la dura barra del otro que suelta sus jugos en sus entrañas. Curiosamente estremecidos más cuando Read le mira intenso, para que complete la frase.- Lo siento mucho, señor.

   Y allí le dejó, le cogió subiendo y bajando su nalgas de la almohada, y no pasó mucho antes de que Daniel estuviera caliente otra vez, momento cuando Read se detuvo y el apuesto hombre rubio comenzó a saltar sobre su barra, con energía, arriba y abajo, sus musculosas y sonrosadas nalgas muy abiertas mientras su redondo agujero la traga y la deja salir aunque parece demasiado grande para él. Read se echa un tanto hacia adelante, y mientras con una mano le atrapa una tetilla, pulgar e índice apretando el pezón erecto y curiosamente destacado, con la boca atrapa el otro. Y esas caricias casi hacen correrse a Daniel otra vez, aunque no entiende por qué. Sube y baja desesperado, gimiendo como una verdadera putita caliente (y él había conocido varias en su oficina), necesitado de la barra que le frota las entrañas y le llena de todo ese calor y temblores excitantes mientras echa el cuerpo hacia adelante, en busca de aquella boca que parece una ventosa sobre su pezón, y los dedos sobre el otro. Su culo joven de machito casi recién estrenado lo hace tan bien que Read se tensó, susurrándole en el oído que le permitía correrse, antes de chuparle la otra tetilla, y Daniel lo hizo, entre gritos de gozo y lujuria, casi sordo a las risas que se escuchan en las celdas de alrededor desde hace rato. Ya no podía mediarse. Se corre sin estar muy consciente de que en esos momentos su culo es una ardiente ventosa que arieta y potencia el propio clímax del oso bajo él, quien vuelve a correrse en sus entrañas, lechada tras lechada.

   En su rutina debe depilarse siempre, estar muy bien lavado y enjabonado, con unas gotas de una colonia que el otro le entregó, una que olía a talcos y a mujer bonita. Debía dejarse crecer el rubio cabello, que comenzaba a caer sobre su frente, también cerca de los hombros. Y cada mañana le mamaba, a veces con gula, como se había sorprendido a sí mismo más de una vez, para vergüenza suya. El sabor de ese semen caliente sobre la lengua le producía una extraña embriaguez. Por las noche el oso, insaciable, le penetraba dos o tres veces, aferrándole las nalgas con sus uñas mientras le pistoneaba con fuerza y rapidez el agujero qué él llamaba su coño dulce y caliente. Y le halaba las tetillas, siempre, y cuando pellizcaba o apretaba, o las chupaba (cosa que parecía encantarle, “mamar sus tetas”), el placer del rubio se incrementaba. Tampoco olvidaba tomar sus pastillas y ya no sentía nauseas ni malestares.

   Todavía notaba las miradas del resto de los reclusos e incluso vigilantes, de burla o desprecio, ¿pero qué podía hacer? Ese sujeto era grande y fuerte, muy macho en su olor que no se preocupaba de disimular o cambiar, barbudo, con manos grandes que le tocaban y hacían responder aunque no quería. Ese sujeto tan masculino, tan hombre, tan rudo y viril le controlaba en cuerpo y mente cuando estaban juntos, le hacía gemir y gritar como nunca, y alcanzar poderosos orgasmos que le dejaban debilitado y saciado. A solas podía odiarle, resistirse, incluso perseverar en sus intenciones de matarle, pero cuando estaban juntos…

   -Hoy no irás a la lavandería. Ve a la tienda de Ruth. –le ordena una mañana, extrañándole, pero nada pregunta. Ha aprendido a no hacerlo.

   Le costó cruzar los pasillos, soportar las miradas, los besos lanzados, dirigiéndose al patio interior donde algunos reclusos vendían revistas, dulces o algo menos inocente, como cigarrillos. Se dirige a una pequeña tienda de ropas, aunque toda la existencia parecía consistir en franelas para gordos.

   -Hola. –llama.

   -¡Ya voy! –grita una voz masculina afeminada, algo gruesa en tonos pero aguda en sus intenciones, y frente al hombre rubio aparece un exageradamente musculoso y alto chico negro, de cabellos en moños, con una ajustada camisa y un pantaloncillo corto.- Ay, pero qué bello eres, bebé. Soy Ruth… -le tendió la mano con coquetería, no siendo correspondido por el desconcertado rubio.- …Y tú debes ser Tiffany… -por un segundo, negándose a procesarlo todo, Daniel se congela. Y altera.

   -Daniel, me llamo Daniel. -es algo cortante.

   -Ay, amor, no te molestes conmigo. Tu hombre vino a verme, y casi me mata del susto, ¿cómo le dejan ir por ahí como si tal cosa? ¿Acaso no es una especie de monstruo caníbal? Bien, vino y ordenó cierto tratamiento para ti. Lo primero… -sonríe otra vez, como emocionada, o emocionado, se recuerda Daniel, inclinándose bajo un gabinete, sacando una caja de color rosa, abriéndola y tomando algo corto, una pequeña bata de cama, translucida y sexy que en una mujer dejaría ver sus tetas y apenas cubriría sus caderas y la pantaleta. Pantaleta que ahora Ruth, sonriendo con coquetería otra vez, alza, una cosa pequeña suave, de encajes, un pequeño triangulo casi transparente adelante, dos tiritas hacia las caderas y un triángulo más leve atrás, que difícilmente se sostendría sobre las nalgas de cualquiera.- Tu hombre quiere que lo uses esta noche… -y alza más la diminuta y putona pieza.- Va a saltar sobre ti como un tigre caliente cuando te la vea… Con esto, cariño, vas a tenerlo solo para ti.

CONTINUARÁ … 12

Julio César.