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EL CELAC EN LA HABANA, LA GRAN FARSA

enero 31, 2014

…EL SEÑOR MANDELA

RAUL CASTRO EN LA CELAC

   Se respira taaaaanta democracia….

   ¿Recuerdan cómo nació el CELAC, Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños? Supuestamente era una alternativa latinoamericana para el intercambio y la ayuda entre nuestros pueblos, la realidad era que deseábamos separarnos de Estados Unidos y Canadá, en parte porque exigen cosas absurdas como libertad de prensa o respeto a los derechos humanos, y en parte porque creo que se está abandonando esa guerra, la de tener naciones más o menos eficientes. Ya lo dimos por perdido. A esa gente le va, en su conjunto, bien, hacen cosas que resultan, como tener una democracia representativa y diferenciación de poderes públicos, y eso nos molesta. Si no podemos igualarlos, es mejor ignorarlos, volver la cara. Pretender que no están ahí.

MICHELLE BACHELET

   Recuerdo que en la creación del nuevo organismo se firmaron no sé cuantas cosas sobre la carta democrática y la defensa de la democracia (cómo debieron haberse reído mientras lo hacían), papel que a duras penas aguantaba tantos dislates, por un lado los regímenes autocráticos que, de corazón, creen que son dueños de vidas, haciendas y destinos, por lo tanto pueden hacer lo que les da la gana con países y ciudadanos y nadie debe meterse, y los gobiernos colaboracionistas, como el de Michelle Bachelet, hablo de la primera vez que mandó, cuando secundó toda violación democrática en aras de su admiración a regímenes militaristas. No hay que olvidar, en su disculpa, que Chile vivió una dura dictadura militar, condenada porque era de derecha, por lo que algunos, entre ellos la señora Bachelet, conservan esa admiración por el gorila uniformado que grita, vergajea y abusa, si se hace llamar de izquierda, como ese viejo sátrapa que lleva casi sesenta años como dictador en Cuba, o lo fue Hugo Chávez, un autócrata donde los hubiera. Era vergonzoso ver las actuaciones de la señora chilena en presencia de los uniformados; malas lenguas llegaron a asegurar que aconsejó al régimen montar disidentes en helicópteros y arrojarlos por allí, en su última visita oficial a Cuba (antes de esta, se entiende), hecha para trenzarle las barbas a un Fidel Castro enfermo, negándose a reunirse con aquellas mujeres que habían sido golpeadas y encarceladas en esos días. Nunca lo creí del todo, por mucha debilidad que sienta por los gorilas en uniforme, en Chile hay cultura democrática, algo de eso aún debe conservar, así sea un viejo recuerdo.

   Nuevamente se reúne el CELAC, nada más y nada menos que en La Habana, y hay el revuelo de siempre: comenzando por el pecho afuera de esos delincuentes que se hacen llamar cancilleres cubanos cuando andan por ahí paseando, dejando de torturar por un rato gente en pequeñas celdas (sus fortunas están cimentadas sobre los cadáveres y los encarcelados cubanos); los pedidos del fin del bloqueo a Cuba sin que esta deba abandonar su régimen tiránico y sanguinario (Fidel Castro tiene todos los derechos, los cubanos pueden morirse todos); y los grupos anticastristas gritando su enojo. Y la verdad es que todo esto no es más que un inmenso, inútil, costoso y hasta grotesco montaje. Es como si se estuviera asistiendo a la representación teatral de La Cantante Calva. De ello no escapa que el Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza, haya ido a Cuba, sombrero en mano, sumiso, para ver si le cumplen lo que le prometían mientras perseguía opositores a regímenes totalitarios; ni que el mismísimo Ban Ki-Moon, se presentara. Todos jugaban a dar una imagen llamativa, colorida, casi de fiesta, aunque también solemne, como si de verdad significara algo, y todo ello mientras callaban las realidades, las disimulaban, las hacían pasar por otra cosa.

   El problema es que en pocos medios de comunicación lo informan, no hay un análisis claro ni sensato sobre lo que ocurría realmente en el encuentro, lo que no se decía por los micrófonos; muchos de esos medios únicamente repiten las minutas de las reuniones o lo transmiten teñidos con sus propias simpatías (que también yo lo hago, pero aquí cualquiera puede escribir y decir que es falso esto o aquello, fuera de que no lo hago pasar por “noticia” ni yo por “periodista”). A veces la prensa olvida su trabajo, informar de lo que ocurre para aquellos que algo sospechan y los que nada saben; por ello es que todavía viene gente de España a hacer turismo por la frontera venezolana, o les toma de sorpresa cuando una mañana despiertan y se encuentran con que cayeron los sistemas financieros e inmobiliarios y tienen que hacer sacrificios (perderlo todo, comenzando por la casa, los ahorros y el trabajo). La prensa no cumple su función, preocupada como está, muchas veces, de ser “equilibrada” e “imparcial”, lo que se traduce generalmente en minimiza los gritos de los que se quejan y no molestar tanto al poder mientras se cuadra el negocito. Pero no es del triste papel de la prensa en Europa y Estados Unidos de que quiero comentar, aunque interesante, ¿por qué abandonaron su función y resultan incapaces de decirle a sus ciudadanos lo que ocurre, para prevenirles desde un secuestro a la pérdida de sus patrimonios?; de lo que deseo “hablar” es de la farsa montada en Cuba con el CELAC.

EL CELAC

   ¿Es un éxito del régimen cubano la reunión en la isla, llamando la atención de la gente sobre ellos? Si, y no. Y el no gana por mucho. La farsa del triunfo de la diplomacia cubana se mide por aquello de que en realidad no significa nada para nadie, y menos para los cubanos que la padecen; como no sea lograr que los que odian a Estados Unidos se den el gusto de sacarles las lenguas y cantar aquello de “lero, lero, candelero”; fuera de eso no presenta mayor logro. La verdad es que la revolución cubana es un doloroso y triste fracaso que lleva sesenta años montado, para escarnio de América y dolor de los cubanos.

LA REVOLUCION CUBANA

   Fidel Castro, un pichón de dictador, quería tumbar al que “reinaba” en ese momento para montarse él. Y así fue. Toda una “revolución” para que él fuera el dictador de Cuba. Una vez en el poder fue matando gente cuyas voces pudieran pedir derechos o libertades, el terror hizo que parte de la población callara, la otra se pasó al bando de los homicidas para sobrevivir. Para ello se buscó a un extranjero que gustaba de torturar personas, no confiándose que los cubanos del momento se atrevieran a hacerle eso a sus congéneres, eso llegó más tarde bajo dirección soviética. Una vez asentado, el tirano fue eliminando a todo el que le hiciera sombra, comenzando por el sádico torturador al que sacrificó en Bolivia; donde nadie lloró por él, comenzando por los bolivianos de ese momento que le conocieron y le padecieron, a diferencia de tanto insensato que años después, bien lejos del lugar y de los hechos reales más allá de sus imaginaciones, le cantaron loas.

   La revolución cubana, la tiranía unipersonal de Fidel Castro, fracasó porque llevaba plomo en el ala, una mentalidad brutal como esa necesitaba salir de todo ciudadano preparado (el conocimiento es peligroso, por ello las escuelas deben únicamente adoctrinar), rodeándose de adulante y bellacos, gente capaz de cualquier cosa para sostener sus ganancias (lo mismo hizo aquí Hugo Chávez Frías, la persecución contra técnicos y profesionales fue, y es, feroz, siguiendo la vieja receta). Al principio, el criminal cubano vino a Venezuela buscando le mantuvieran sus revolución, Rómulo Betancourt, el zorro guatireño, le reconoció en seguida por lo que era, un hombrecillo lleno de ambiciones mesiánicas, la peor clase de dictadores, esos que no se cansan después de un tiempo, al reunir sus dinerillo, soltando a su presa, sino que era de los que querían morir mandando, lamentando el no poder acabar con todos antes, como un Herodes el grande cualquiera. Despechado, el vil asesino les ofrece la isla a los soviéticos, de ellos aprendió la maña totalitaria y el abuso represivo. Pero eso de nada les sirvió, Cuba jamás se auto sustentó, en ningún momento de su historia “revolucionaria”, ni les sirve ahora, ya no se enseña en las universidades latinoamericanas sobre el heroico grupo guerrillero y su comandante, ahora se sabe que no era más que una vieja historia de ambición y crueldad, con algo de demencia. Otro tirano, este caribeño, uno que llevó decenas en el poder.

   La cancillería cubana se vanagloria del “éxito” de la reunión, pero ¿de qué vale? La isla está arruinada porque la revolución nació moribunda: cambia a un déspota por otro, más tarde se exilia, encarcela o fusila a la gente preparada, la isla queda en manos de sádicos y de habitantes prisioneros, pero sostenidos económicamente por la Unión Soviética. El mismo poder que destruyó lo que pudo ser el fabuloso imperio en dos continentes, el soviético, lo hizo con este; en sesenta años de dictadura Cuba no ha dejado de ser una isla sumida en la miseria y la carestía, incompetencia que los revolucionaros pretendían ocultar tras el boqueo, cosa que no impide que los chivos pesados del régimen, comenzando por los cancilleres, vivan a cuerpo de rey, dándose lujos y mimos. La farsa cubana parecía llegada a su final cuando cae la Unión Soviética, ya no había quien mantuviera a la jinetera, pero vino Venezuela, se posó de rodillas entregándole todo lo que tenía, y la incompetencia de la revolución cubana puede medirse ahora, cabalmente, en su logro más impresionante: en menos de quince años lograron destruir un país pequeño, lleno de problemas pero también de petróleo, con una empresa quinta entre las grandes petroleras del mundo, con cuantiosas reservas internacionales. Después de la regencia cubana no queda nada como no sea una industria paralizada y accidentada, esperando venderla, lo último que nos queda ahora que las reservas están en cero. Cuba pasaba de jinetera a proxeneta. Pero siguen igual de mal.

BRUNO RODRIGUEZ

   Los cancilleres cubanos, patéticos y fatuos, pueden pasearse por el mundo saludando y repartiendo besos, siendo recibidos por gente que no les pregunta por la sangre que llevan en las manos, por los desaparecidos, exiliados y encarcelados por órdenes directas de una cúpula podrida. Con necedad sonríen para las cámaras, el “gran éxito de la reunión” debe ser reseñado, aunque eso no coloca un solo plato de frijoles en la mesa de los cubanos, o una bujía o un saco de cemento en sus manos. Sesenta años y sólo pueden mostrar las ruinas de una esperanza que nunca existió como no lo fuera en la mente de periodistas e intelectuales que nunca pudieron verla como lo que era, el asalto al poder por un peligroso grupo armado, sino como la imaginaban (por supuesto, no eran realmente periodistas, tan sólo cuentistas, y como tal hicieron el daño). El viejo y sádico Fidel no era un tirano capaz de todo para mantenerse en el poder, no, era un dulce viejito intelectual y soñador. Suena conocido, ¿verdad?, son esos mismos corresponsales y medios de comunicación que son incapaces de mostrarle a la población el mal del que van a morir en sus propios países. El “triunfo” de Cuba en esta reunión es tan contundente como la solidez del régimen como tal sin entradas foráneas de dinero (antes los soviéticos, ahora el régimen chavista). Ahí radica el “éxito” de su cancillería, fotografías que avergüenzan, titulares que nada valen mientras pasean alegremente entre cabrones que silencian sus crímenes. Y mientras todo eso ocurre, nadie habla de la realidad cubana.

PEÑA NIETO

   ¿América uniéndose para pedir el fin del bloqueo? Este es otro de los mitos. Es el saludo a la bandera, el peaje obligatorio que pagan los presidentes frente a los dictadores para parecer actuales y desafiantes de cara al Norte. La triste verdad es que los presidentes que se encuentran en Cuba van por un único y mismo fin, consiente o subconsciente, aunque con matices de intereses. Todos acuden porque hay una pavorosa crisis financiera que recorre nuestros pueblos hispanoparlantes, desde México para abajo. Países que, a pesar de los índices que se empeñan en mostrar como éxitos y prueba de lo bien que se está (papeles y cifras, sólo páspeles y cifras, así como el éxito cubano es solo de fotografías y titulares de prensa), la verdad es que los habitantes de los distintos países nos sentimos abrumados, furiosos e intimidados con las terribles presiones financieras, impuestos, malos servicios públicos, regulaciones y controles, fuera del encarecimiento de la vida (todo el que trabaja y cobra un sueldo que debe distribuir en tal ramillete de penas, lo sabe). Aunque hablan de cumplir metas del milenio y las de las Naciones Unidas (otra vez en papeles y gráficos), la verdad es que la necesidad, que es hereje, impone este tipo de encuentros para ver si a alguien se le ocurre algo, para ver si alguien se resbala y se le quita lo que tiene, para ver si se puede cuadrar un negocito con algún régimen ignorante y necio como el venezolano donde perdemos y perdemos, ganando únicamente sonrisas y el título de “generosos amigos”. Pero eso se acabó, el Banco Central de Venezuela dijo que tenemos reservas para dos meses, nada más; estamos en la carraplana, la receta cubana repitió aquí el mismo éxito de allá, uno que heredaron de la Unión Soviética, es que socialismo es miseria y atraso.

   A esa reunión van los que quieren emular a Fidel Castro y al finado Hugo Chávez, concentrar todo el poder en sus manos y gobernar cuasi monárquicamente hasta que mueran; va también ese grupo de los que llamo los Bachelet, no tan necesitados de recursos externos, pero extraviados mentalmente, confundiendo lo que desean que ocurra con lo que está ocurriendo, dicotomía que siempre termina generando dolor (¿a cuántos más encarcelaron y torturaron en Cuba desde que la señora chilena llegó por primera vez al poder defendiendo al aberrante régimen?). Los países caribeños asisten porque Venezuela no termina de quitarles el petróleo barato; aunque ya no cumple como antes porque Rafael Ramírez acabó con PDVSA, algo manda, y no es cosa que los cubanos se molesten y le ordenen a Nicolás Maduro que deje la regaladera (hay mucho de oportunismo, pero también de pragmatismo en esto, realmente no tienen la culpa de las locuras y necedades de los gobernantes venezolanos). De todos ellos el más claro en lo fundamental, en lo acuciante del problema, fue el presidente de México, Enrique Peña Nieto, quien pide no perder el tiempo discutiendo tonterías y sí buscando la manera de producir. Mucho me temo que no le escucharán en este lado del continente, a diferencia de él, cuya popularidad cae vertiginosamente por los problemas económicos mexicanos, los de este lado se contentan con robar lo de otros y repartirlo, o con represión, que para taparearles después están las Bachelet (y ya es una generalización, ¿okay?, como decir los portugueses o los adivinos, es un adjetivo que describe una complicidad frívola e irresponsable pero peligrosa por las consecuencias).

   Aunque despreciable en su planteamiento, las maneras del señor Peña Nieto me parecen más lógicas y sinceras; no finge preocuparse por la pobreza o las libertades políticas o individuales, habla de voladas sobre “la paz” sin meterse con la narco guerrilla, las persecuciones, juicios sumarios o asesinatos en feas celdas le resbalan, para él que Cuba mate a quien tenga que matar, y si en Venezuela, Ecuador y Bolivia quieren hacerlo también, que lo hagan siempre y cuando se busque una manera de generar riquezas para silenciar protestas en un país como el suyo donde no puede sencillamente ordenar encarcelamientos por televisión. Claro, a la larga, semejante actitud demuestra que no era digno de ser llamado estadista, es tan sólo otro político vividor que quién sabe qué otras mañas ocultará (el holocausto fue horrible, pero los Peña Nietos del momento, fuera de Alemania, ganaron algo con ello).

JOSE MIGUEL INSULZA

   Curiosa fue la asistencia de José Miguel Insulza, el patético Secretario General de la OEA, hombrecillo falaz y ruin que llevó no solo a la destrucción de la organización que dirigía, sino al debilitamiento de las democracias en Centro y Sudamérica. Bastante culpa tiene en la suerte de los encarcelados y asesinados, pero dada su naturaleza irresponsable y negligente, seguramente ni asociará la idea, de lo contrario tendría que pegarse un tiro. Fue casi doloroso ver el desprecio con el que se la trató en La Habana, a él, que en tantos charcos se arrastró para complacerles y sostenerles en sus puestos. Aparentemente está recibiendo la recompensa del Diablo. ¿Qué buscaba en una reunión donde se hablaba de matar a la OEA?

RAUL CASTRO Y BAN KI-MOON

   Fue particularmente bochornoso que fuera el Secretario General de la ONU, Ban Ki-Moon, quien tuviera que hablar de los derechos humanos y políticos, de la libertad de expresión, de lo mucho que tenía que hacerse todavía en regímenes como el cubano. Fue certero en sus apreciaciones, ni por un segundo le engañaron las sonrisas y poses de la cancillería cubana, ni las carantoñas de Raúl Castro. Esto es curioso, cómo unos distinguen la paja del trigo y otros se confunden solos; hace más de sesenta años, Rómulo Betancourt rechazó a Fidel Castro, sabiéndole un asesino en potencia; Nicolás Maduro se felicita por reunirse con Ban Ki-Moon (adelantándosele a Henrique Capriles Radonski, imagino), y hablarle de los éxitos del llamado chavismo, como lo hizo cuando el papa Francisco le recibió. A mí me parece que él, de verdad, cree que esa gente no sabe nada de lo que aquí pasa y pueden ser engañados con gráficos o charlas, como si el Papa no contara con la curia venezolana que le reporta y el Secretario de la ONU no leyera los comunicados de las redactorías y secretarias sobre derechos humanos y defensa de la libertad de expresión de su propia organización. Es por esa frivolidad necia de quién no entiende dónde está parado, que nos va como nos va.

LAURA CHINCHILLA

   Les confieso que fue vergonzoso que tuviera que ser ese señor que ni español habló, quien se refiriera al peligro que asechaba aún a los derechos humanos en la isla mientras los otros callaban cabronamente. Lo que Insulza debió decir, y no dijo, tuvo que hacerlo ese señor asiático. Por suerte, la señora Laura Chinchilla, presidenta de Costa Rica, nación extraña donde civilidad es igual a democracia y libertad (por ello muchos la miran con recelo o frustración), tomó la batuta y puso los puntos sobre las íes. No aduló, no fingió creer las carantoñas cubanas, y colocándolo por encima de lo económico dijo que los hombres y mujeres de América tenían que vivir como la gente libre. Dicen que en las casas donde no hay hombres, las mujeres deben mear paradas; pero fue dantesco, no entiendo cómo muchos no salieron avergonzados de allí.

DISIDENCIA CUBANA

   Finalmente debo mencionar en este sainete de pretensiones basadas en farsas a los exiliados cubanos; amargados y resentidos (y con razón, el mundo pide con lágrimas en los ojos que al homicida le permitan hacer y deshacer, a ellos, fuera, se les ataca), caen en simplezas nacidas de su larga agonía, que sin embargo pueden retrasar aún más el acabose de esa miserable tiranía. La reunión en La Habana no es más que otro paso hacia el fin del funesto régimen, algo que el régimen mismo quiere pero les retiene la conciencia de sus miles de crímenes que hará presa de la justicia a muchos; que al viejo Pinochet le detuvieran y desearan enjuiciarle cuando ya mascaba el agua, les da miedo, casi tanto como perder las fabulosas fortunas que han amasado a la sombra de un pueblo al que condenaron al hambre. Pero la situación ya es insostenible para los cubanos, en la isla falta de todo y lo que hay es viejo y nada funcional, fuera de balnearios y hoteles, dicen las malas lenguas que remozados con todo el dinero que como colonia les hemos enviado al país imperial. Un régimen parasitario como el castrista necesita mucho dinero, y caída definitivamente la Unión Soviética por corrupta, represora e incompetente, y con la Venezuela chavista viviendo momentos dantescos (no tenemos reservas, el ministro de la Economía nos dice, después de trece años de fastuosos ingresos petroleros, que ya no queda nada, que los dólares son para comer, medicinas o viajar, para una sola cosa, dejando fuera las otras dos), por ello ven hacia Europa, aceptando visitas papales para que les tiendan la cama, “soltaremos a los cubanos si nos garantizan no perseguirnos”, y en esos pasos van. Es hasta inteligente.

   La Unión Europea quiere cuadrar negocios en la isla (negocios, no turistas viejos, intelectuales, que van en busca de niños para manosearlos, para “reconocer” luego lo bueno que es la revolución y Fidel), adelantándose a los norteamericanos, pero colocando la bandera de los derechos humanos como estandarte. Negociaremos, pero dejen la vaina (como esa caricatura sobre Gadafi, donde este, al pie de una pila de muertos, oye a un representante europeo que le dice “¿podría matar un poco menos”?); y ya se sueña con el destino de Cuba, turismo, resorts, restaurantes, casinos y piscinas… sesenta años para que regrese a lo mismo, pero, y lo creo de corazón, cualquier cosa para los cubanos en estos momentos, es preferible a esa dictadura geriátrica, a ciertas edades el cerebro sólo envía correos basura. Que la isla y el régimen andan en esos pasos, tanteando para ver si se pueden bajar del viejo y sanguinario tigre de la revolución, es tan evidente que cuesta entender cómo no se menciona en la prensa (pero bueno, ahí sólo hay cuenta cuentos), salvo el señor Rafael Poleo. Por ello, y que me perdone todo el mundo, me atrevería a aconsejar a los cubanos en el exilio…

   Hagan lo que haga falta, y más, para que ese cambio de régimen y estilo se dé; que los viejos hermanos asesinos aseguren una transición donde se sientan seguros, bien saben que eso no durará, tantos muertos deberán ser explicados, pero ellos dos, en particular, tan sólo esperan morir en sus camas, sin tener que andar escondiéndose (aunque no lo merezcan); que se vacíen las cárceles cubanas y quien quiera invertir en Cuba, que vaya; que termine el sistema dictatorial hereditario, que se debiliten los hombres fuertes por mil voces pidiendo cambios y aperturas, mil quejas frente cada oficina, por agua, gas o electricidad; que los moderados se traguen a los duros, que sean apartados esa recua de cabrones y parásitos (cancilleres, artistas y deportistas del régimen, la pequeña cúpula viciosa que vivió sabroso sobre el dolor de tantos); una vez establecidas las libertades democráticas e individuales, llegarán las elecciones… Después habrá tiempo de cazar, uno a uno, a quienes cometieron crímenes de sangre. No será fácil, porque Cuba, como tal, nunca ha sido un país libre. Les va a costar, pero deben intentarlo; si egipcios, libios y sirios luchan por ello porque creen tener derecho a decidir sus destinos, equivocados o no, ¿por qué no ellos?

   Por otra parte, mucho me temo que las aspiraciones del señor Peña Nieto, presidente mexicano, no se cumplirán. Producir, generar riquezas y beneficios, requiere de esfuerzo duro, de honestidad política y judicial, de orden, de sembrar y criar, de escarbar la tierra. Se necesita de trabajar, día a día, con constancia, buscando conseguir o fabricar algo real, no páginas de internet o más perolitos de telefonía (granos, vacas, oro, una silla, un carro, una casa), no graficas y ecuaciones para medir inflación y pobreza extrema, papeles que lo aguantan todo, aún las mentiras. Es obligatorio perseverar en el esfuerzo, llevando sol, doblando la espalda, sudando a mares… y eso da flojera. El delito puede ser más atractivo, esperar que te “regalen” lo es mucho más. Lamentablemente en Venezuela se hizo y el daño ha sido grande, a la gente se le quiso, y muchas veces se consiguió, envilecer, hay quienes no ven nada malo en robar o mendigar. Y esa gente no sirve para nada como no sea para pasivo social. La verdad es que perdimos algo, hace mucho, y ha sido la cruz de Latinoamérica. Y el señor Peña Nieto, por nombrar a alguien, es tan sólo la encarnación de toda esa enfermedad, se nos olvidó que éramos pobres pero honrados, que donde comían dos, comían tres, que mi casa es tu casa, que si pierdes lo que es tuyo, yo te ayudo. Buscar la mancomunidad de Latinoamérica para encontrar una salida a esta crisis queda muy cuesta arriba. Los Peña Nieto, los Tony Saca, las señoras Bachelet son parte del problema.

……

NICOLAS MADURO

   Por cierto, y para no perder la oportunidad, Nicolás Maduro, presidente de Venezuela nombrado por Tibisay Lucena, se botó hablando pestes de los venezolanos, poniéndonos por el piso y exponiéndonos al escarnio ante la sonrisa socarrona de Raúl Castro que veía al resto de la audiencia como diciendo “miren cómo lo tengo, amañaíto”, y estupor de los demás. ¿Cómo puede entender cualquiera de esos señores y señoras tanta indignidad? Nadie, ni lo peor de lo peor sale a hablar mal de su gentilicio, excepto Nicolás Maduro. Ni venezolano parecía. Y, volvemos al autoengaño, lo más triste es que no confunde a nadie. Todos, en ese salón, saben la clase de gobierno que han hecho, Hugo Chávez primero, él ahora; como que todos conocen las razones por las cuales Venezuela está hoy quebrada, endeudada y desabastecida hasta de papel higiénico.   

LEOPOLDO LÓPEZ SE ENTREGÓ

Julio César.

DANCER

enero 31, 2014

EJERCICIOS CONJUNTOS

SEXY BOY

   Lo aman en el vestuario del gimnasio, cuando baila se emociona y se sube sobre los tubos de todos los chicos presentes.

DOS POR UNO

Julio César.

COCINANDO AL CUÑADO

enero 31, 2014

COSAS QUE PASAN

UN CHICO SEXY EN LA COCINA

SI LO QUIERES… PIDELO

Julio César.

CORAZON DE PLATA… 9

enero 31, 2014

CORAZON DE PLATA                         … 8

   Este relato, QUE NO ES MIO, es un Padackles sobre una realidad alterna. Un chico rubio y pecoso va al fin del mundo arrastrado por su abuela, y encuentra más de lo que parece a simple vista en la persona de un arrogante chico grande y sonriente, el cual le regala, al final, su propia vida para que el pecoso decida.

……

Title: Gray Moon

Author: River_sun

JARED AND JENSEN

   Espera por su verdad…

……

   Finalmente la jornada escolar termina y en cuanto puede, Jensen Ackles sale a buen paso del recinto envuelto en su viejo saco con capucha, rodeándose el cuello con una bufanda raída y sintiendo todavía frío. Dios, ¡qué día tan extraño! Y estaba pensando en el muy raro Jared Pada… Padalecki, molestándose un tanto con él mismo por el súbito calorcillo que recorre sus entrañas al sólo recordarle, como una cosquilla no desagradable del todo. No lo entiende, todos sus instintos de supervivencia, ese don que ha cultivado para mantenerse bajo el radar, invisible de los acontecimientos, de los bravucones, le gritan que debe escapa. Alejarse de él. Y sin embargo tan sólo quiere…

   -¿Te llevo? –pregunta el joven y algo enrojecido rostro que se asoma a la ventanilla de la camioneta que se detiene frente a él.

   El corazón de Jensen da un violento vuelco dentro de su pecho, qué joven y a la vez que maduro parecía Jared al volante de la camioneta grande y nueva. Había en él una belleza de fascines que le hacían lucir increíble, pero también de armonía en su sonrisa, en la luz clara de su mirada multicolor. Dios, era tan guapo, pensó de manera desvalida.

   -No, yo… voy cerca y es bueno caminar. Me gusta caminar. Y el frío. Hace bien para el corazón. –es la respuesta casi mecánica de su labrado don de esconderse y escapar, pero una muy fría y audible ráfaga de viento se levanta, hiriéndole un tanto y obligándole a cubrirse aún más con la vieja chaqueta.

   -Sí, claro… -chasca la lengua casi burlón, sonriendo bonito, amistoso, y sin embargo inquietante por su mirada, allí había algo, como una muda promesa, un ofrecimiento no expresado; hay tanta intensidad que lastima a Jensen de una manera que no entiende, erizándole.- Vamos, pecoso… -la voz susurra.- Sube y atrévete a irte conmigo. –y la promesa de algo más grande, vuelve a dejarse escuchar, una que congela el corazón de Jensen Ackles y nubla su mirada.

   Ahora el corazón del muchacho pecoso late desbocadamente, erizado de pies a cabeza, con unas ganas terribles de echarse a correr, pero unas aún mayores de entrar, de acompañarle. De seguirle. Y la sola idea le deja la boca seca. En la mirada de Jared parece brillar un reto burlón, pero también la esperanza, el que “vamos, acepta, sube conmigo”. Una muda suplica.

   -No, yo creo que…

   -¿Me temes? ¿Es eso? ¿Tengo pinta de matón? ¿O es otra cosa? –reta con más fuerza, luego sonriendo y bajando el tono de voz, casi cariñoso.- Pecoso cobarde. –y es el reto mayor, no es que sea grosero al no aceptar su propuesta de acercarle a su casa, o ingrato. No subía por temor, por miedo a algo que ni él mismo entendía.

   -Idiota. –le gruñe Jensen, rodeando el capote y abriendo la portezuela del otro lado, mirando a Jared, retándole a que diga algo, pero este apenas puede contener una enorme sonrisa de triunfo y felicidad, porque Jared Padalecki es inmensamente feliz de tenerle allí. Algo de ello capta el rubio, que baja la mirada a su regazo una vez que toma asiento y cierra.- Gracias… -croa.

   La camioneta parte, con fuerza, poderosa bajo la capota, la delgada mano de Jared controlándola de manera que al rubio le parece algo inquietante e impresionante. La idea atrae y fascina al joven, quien mira con disimulo al otro, diciéndose que así era ese chico alto y desgarbado, delgado pero atractivo de rostro pícaro. Es un buen vehículo, caro, la chamarra de Jared es de las buenas, sus botas también. Era un reconocimiento, incómodo ahora, que le hace cobijarse aún más dentro de su vieja chaqueta, atrayendo la mirada del castaño.

   -¿Frío? –aumenta un tanto la calefacción, y eso incómoda más al rubio.

   Qué fácil podía Jared resolverlo, acabar con el frío, controlar su entrono. Resolver su vida. Mira por la ventana, sintiéndose tonto y hasta mala persona por sentir envidia. No era culpa de Jared ser Jared, seguramente un auto desconocido nunca se cruzó en su vida arrebatándole todo. Y bien por él, se dice decidido.

   -Así que… -Jared comienza lo que será una larga perorata, algo vehemente y nerviosa para atraer la atención de Jensen, aunque en buena parte será un monologo ya que el otro responderá con monosílabos, cuando no con un gesto o un gruñido.- …¿Te gusta el frío? A mí me encanta, se siente bien contra la piel, es… vigorizante… -y sigue y sigue mientras Jensen mira las casitas hermosa, rodeadas de cercas, jardincillos desnudos y algunos árboles, todo con esa colcha de nieve o hielo que les hacía parecer postales navideñas de esas que veía de niño en Texas.- …Es una costumbre que inició Chad, cada mañana de Navidad correr hacia el lago Canary y lanzarse de cabeza por un hueco… No habría sido tan horrible la primera vez si no hubiera corrido desnudo y su flaco culo… -y sigue, riendo porque evoca algo divertido, realmente divertido, aunque sólo le gana una mirada y una sonrisa de compromiso de Jensen, quien recuesta la nuca del asiento y sigue mirando por la ventanilla, sintiéndose muy cómodo en esos momentos.- …Alexis se hirió, fue un buen golpe, todo fue culpa de Tom Welling, pero eso no le impide bajar por el Espinazo Roto a toda velocidad en sus esquíes, es fantástica… ¿te gusta esquiar? –pregunta y Jensen niega con la cabeza, la verdad es que no lo ha hecho. Y vuelve la verdosa mirada a la ventanilla. Ese lugar, con sus pinos que suben las laderas y los picos escarpados brillantes como espejos, por el hielo, con la tenue neblina ocultando sus dentadas cimas de piedra, era hermoso; realmente hermoso, reconoce de pronto.- No te gusta nada de esto, ¿verdad? –hay una aseveración casi acusadora en el tono. Eso le regresa al presente, tal vez demasiado.

   -No vine porque quisiera… -se le escapa, en muchos sentidos, y se tensa cuando Jared toma aire ruidosamente, se orilla y detiene la camioneta, mirando al frente. Bien, están cerca de su casa, si algo ocurría podría… pero no puede pensar con claridad, no con Jared mirándole ahora, tan intensamente, imposible saber si molesto, exasperado o simplemente divertido.

   -Bien, me alegro que algo te haya obligado a venir. Tal vez fue el destino, sólo algo así de poderoso podría arrastrarte a un lugar tan apartando, ¿no? –se lanza, enrojeciendo hasta la raíz del cabello, aferrando el volante con las dos manos y mirando al frente otra vez.- Ahora estás aquí… y yo también.

   Eso basta para que el ambiente cambie totalmente dentro de esa camioneta, no pueden saber exactamente el qué, no totalmente porque tan sólo son unos chiquillos que comienzan a caminar por la vida, pero en ese momento se planteaba una cuestión que sería de vital importancia en sus vidas. La verdadera primera ilusión. Cada uno, en su mundo por separados, con sus cargas vividas hasta ese momento de alegrías y tristezas, de logros y fracasos, de esperanzas frente a un mundo que se abre para ellos a sus pocos años, con el convencimiento de que algo bueno debe estar esperando en un recodo del camino a recorrer, enfrentaban en ese momento un encuentro a niveles profundos, sospechado pero no comprendido. A los estudios, juegos con amigos, a la idea de masturbarse o tener con quien tener sexo, estaba presentándose ese otro poderoso sentimiento, un mundo de corazón loco tomando el teléfono y llamando porque se necesita escuchar una voz, soltar el dónde estás, te extraño, te quiero, y ser correspondido. Ir al encuentro de ese sueño sintiéndose contento, bien arreglado, aún así cepillándose el cabello con la mano porque es de importancia capital estar bien, encontrar en otros ojos ese reconocimiento. Sentirlo. Vivirlo. La sola idea suena tan tonta a sus propias cabezas que lo evitan, “salir esta tarde a visitar a mi novio, sabiendo que le haré casi tan feliz como yo lo seré”.

   Cada uno de ellos, sin decirlo, intentando no dejarlo notar, sabe que en el otro hay algo que le atrae, que le llama poderosamente la atención, y en esa cabina, por un segundo, ese entendimiento lo hace todo muy difícil e incómodo, pero por nada del mundo habrían abandonado ese espacio, no ahora cuando sienten que algo maravilloso, algo que puede dar sentido a todo, satisfacer los sentidos e ilusionar el corazón puede estarse produciendo. Jensen, personalmente, lucha contra las ganas de perderse en la multicolor mirada del otro, preguntándose si habría algo allí para él, algo bueno y excitante como el castaño le prometía. Para Jared era más básico, desde el momento que Jensen entró con su vieja chaqueta, todo su mundo quedó envuelto en su olor, uno suave y fuerte, dulce y amargo. Un olor casi cálido, uno que sospecha se encontraría en el cuello de la persona que se desea cuando se le apartan las solapas de un traje por primera vez, enterrando el rostro bajo su cuello, rosando con los labios la ardiente clavícula, susurrando un nombre amado que termina siendo más importante que la vida misma cuando apenas se está dejando de ser un chiquillo.

   -Yo debo… -grazna Jensen, ojos inmensos tras los cristales, hermoso y vulnerable, la boca tan seca que sus labios se pegan en las comisuras.- Estoy cerca de mi casa y…

   -¿Quién eres, Jensen Ackles? –la pregunta brota como súplica, su delgado pero esbelto torso sube y baja con esfuerzo.- No has venido de tan lejos para lastimarme, ¿verdad? –era tan importante saberlo.

   -¿Qué…? –no comprende, no sabe de qué habla el castaño, pero también su torso sube y baja. Casi jadea cuando la mano de dedos largos se alza y cae sobre su mejilla, el toque es eléctrico y se estremece, y no sólo porque esté un tanto fría. Comienza, lo siente, es como si le reconociera, como si siempre se hubieran tocado así, en esa extraña comunión de sentimientos.

   ¡Detente!, no es una buena idea. ¡No!, todo eso grita su mente, que debe retroceder, que este podía ser un grave error, el más grande que cometiera en su vida, que no estaba pensando con claridad y eso podría meterle en un problema… y como resultarían las cosas, tal vez debió escucharse a sí mismo, pero Jared Padalecki lo olvida todo, acabando la distancia entre los dos, su boca cubriendo los carnosos labios de Jensen Ackles…

   Encontrando su destino.

……

   -No lo entiendo… -Sandy se ve confusa, más bien molesta.- Jared nunca ha mostrado interés en los chicos, como no fuera amistad.

   -Jared nunca se había topado con este joven antes. –le corrige Alexis, paso rápido por los desiertos pasillos del colegio, en busca de la cita concertada.

   -Pero Jared… -traga, frustrada.

   -No, Sandy, no quiero ser ruda contigo, pero no significa nada que salieras con él y que se acostaran. Lo hizo porque te aprecia, le gustas y… -se encoge de hombros.- …Bien, es un chico, pero también un hombre. Y los orgasmos son buenos, sobre todo los acompañados. Estabas ahí, pasó, fue bueno… y luego te revolcaste con Tom. ¿Imaginas lo que debió sentir?

   -Fue un error. Él lo sabe.

   -¡Y qué error! Pero esto es distinto; no debes engañarte, amiga, Jared no te está evitando desde entonces porque te ame, y dolido por lo que hiciste, quiera castigarte, ni se está fijando… en otra persona, por despecho. Deberías haber visto su mirada cuando él cruzó los pasillos con Allison. –oprime los labios.- Y es ella quien me hace temer más.

   -¡Jared no es gay! –se detiene, furiosa y angustiada. Alexis la encara, fría.

   -¿Has olvidado nuestra esencia? –la deja impactada.

   -¿Apareamiento? –su pecho sube y baja, pálida de rostro.- No, Jared no…

   -¿Jared gay? –una sorprendida y burlona voz se deja escuchar, y de uno de los solitarios salones sale Tom Welling. La cita acordada. Alexis toma aire y cierra los ojos.

   -¡Eso lo inventa Alexis! –grita Sandy, también preocupada de haber metido la pata.

   -¡Lo sabía! –Tom jadea y ríe.

   -¡Basta! –Alexis corta toda charla, preguntándose si no cometió un error al contactar con Sandy y Tom, sobre todo con este último, pero le necesitaba. Tal vez debió hablar antes con Aldy o Chad.- No vamos a discutir sobre Jared. El asunto aquí es: quién es Jensen Ackles. –se vuelve hacia Tom.- Debernos averiguarlo.

   -¿A mí qué me importa que a Jared ahora le gusten las bolas? –ríe Tom.

   -Hay… algo en ese pecoso rubio que me asusta. –comienza Alexis.- Lo noté al verle al lado de Allison. Ella no pudo cubrirle con su aura, como suele hacer con todos. –la aseveración deja a los otros dos confusos, incapaces de asimilarlo todo.- Tom, habla con tu papá, es el comisario… tenemos que saber quién es ese muchacho. Todos necesitamos saberlo. –casi agrega algo más, pero no se atreve a ponerlo en palabras. No todavía. Ni lo hará, si no hace falta. Pero teme.

   Teme que el enemigo esté a las puertas de Nome, y que todavía no se hayan dado cuenta.

……

   Lo malo de vivir tan al norte era el oscurecer temprano, piensa Kathy Bates, con paso algo vacilante sobre el congelado suelo. Pero no es eso lo que provoca su gesto austero y algo seco. También ella tiene una cita, una de la que desconfía aún más que Alexis Biedel de la suya. Traga en seco, aferrándose a su ancho y viejo bolso como buscando equilibrio o convicción, la bilis subiendo por su garganta. Jensen no lo sabía (aunque temía que imaginara algo, ahora), pero el viaje a ese fin de mundo no fue buscando nuevos horizontes, un trabajo y una casa, recomenzar…

   La nota recibida en Dallas había sido escueta pero muy clara: “su hija y su marido fueron asesinados”. Era lo esencial, lo que la dejó sin aliento, hirviendo de furia. Lo otro era ese encuentro, citarse en ese fin de mundo para conocer la verdad. El “su vida peligra también, así como la de su nieto”, al final de la página fue casi innecesario, aunque la decidió a actuar y viajar. Que mencionaran a Jensen. ¡Sabían de él! Ellos. Fueran quienes fuesen los enemigos esta vez. Por ello no pudo dejarlo en casa de sus primos, temía que llegaran hasta él en su ausencia, y que lastimaran a todos los que se cruzaran en sus caminos. Ahora iba por la verdad, respondiendo a ese encuentro a solas en esos parajes helados.

   Endureciendo el rostro, metiéndose en el estrecho callejón entre dos casas aparentemente desiertas, la mujer espera encontrar esas respuestas. Ha buscado, mucho. La nota no le dijo nada nuevo. Ese punto estaba claro desde el principio. Su hija, y su familia, habían sido asesinadas. La cosa era saber de cierto quiénes eran ellos y por qué lo hicieron. Ahora lo sabría. No puede evitar una sonrisa leve, petulante y peligrosa. Pero acaba cuando frente a ella aparece un sujeto alto, realmente alto y fornido, enchaquetado, gorra sobre su cabeza casi hasta las gruesas cejas, rostro cuadrado, ojos oscuros y peligrosos, una sombra de barba casi cubriéndole todo el rostro.

   -¿El señor… Smith? –pregunta ella, confusa.

   -Desmerece su fama, señora Bates, nunca debió venir sola a este lugar; fue meterse en la boca… del lobo. –sonríe torvo mientras lo dice, con marcado acento francocanadiense, mirándola fijamente, abriendo sus largas y enormes manos en gesto amenazante, echando a andar hacia la mujer mayor.- Aunque el resultado habría sido el mismo, habría tenido que ir a buscarla. Es hora de que se reúna con su familia en el Infierno. No se preocupe… su nieto la seguirá esta misma tarde.

CONTINÚA … 10

Julio César.

NOTA: Dios, cómo odio cuando Dean Winchester da el primer paso para pedir perdón. Siempre es él.

PIQUÉ CONFIRMA CON EL EQUIPO

enero 31, 2014

ZAC VUELVE POR SUS FUEROS

GERALD PIQUE Y SUS AMIGOS

   -Dios, cómo amo esta oncena, chicos…

   Cada vez que está por terminarse el contrato de uno de los famosos dentro del equipo, este regatea y los dueños de la divisa las pasan canutas, sobre todo si existe el riesgo de perderle a favor de otro club. Siempre es un karma, excepto con Gerald, a quien sus compañeros le atraparon en los vestuarios decididos a saber qué hacía falta darle para que se quedar. Abriendo la boca, mucho, el jugador dejó muy en claro lo que deseaba de ahora en adelante después de las prácticas y juegos. Y fue convincente, porque a todos les agradó la idea y le bañaron copiosamente de incentivos, aunque todavía alcanzó para que se tomara unos cuantos.

OTRA DEL PIQUÉ

Julio César.

NOTA: Saben que es un montaje, ¿no? El chico parece ser el preferido de muchos, y de muchas fantasías.

LUCHAS INTERNAS… 120

enero 30, 2014

LUCHAS INTERNAS                         … 119

EL CHICO MEDITA

   ¿Ahora? Ahora no sé…

……

   Para el hombre de la calle, la mujer de a pie, viviendo día a día ese horror, las amenazas, las agresiones, los tribunales amparando crímenes y criminales, las policías persiguiendo al que denunciaba atropellos y dejando en paz al atropellador, le era difícil entender, por no decir imposible, el que las grandes cadenas, NCC, distorsionaran la verdad. Éstas ni se preocupaban por cubrir las apariencias enviando a alguien al lugar y que saliera a las calles, y no llegara solo al bar del hotel donde se alojaba y tomara la hoja de papel escrita por el Gobierno. Aparentemente la verdad no era lo que pasaba, sino lo que ellos suponían debía ser, lo demás podían dejárselo a Hollywood. ¿Quién sintonizaba o creía ya a NCC en el país?

   Ante la traición de todos, en un intento desesperado y supremo, bajo el temor de que los asesinos de puentes y azoteas volvieran a atacar, miles y miles de ciudadanos volvieron a salir a las calles a gritar, arriesgándolo todo, aún el final de la República al grito de ‘paro general’, en una marcha que superó en asistentes a la que fue emboscada y masacrada en El Silencio.

   Todo eso fue reseñado como una lucha de clases, de ricos contra pobre, de razas, de blancos contra negros por gente simplista y simplona que leía esos titulares con rostro de gravedad y seriedad a través de NCC, o desde las páginas del The New York Palangre. A personas como Rafael Poletto, el sagaz y desagradable periodista que había enfrentado a tantos y tantos gobiernos, amigos y enemigos, no le sorprendió el silencio de la capital del imperio ante los gritos en demanda de ayuda de un pequeño y desordenado país como Venezuela. Una lógica fría y aplastante se imponía: si en cuarenta años no había importado en verdad la suerte de miles y miles de cubanos, ¿por qué tenían que importar la de venezolanos que habían hecho Presidente a ese sujeto a todas luces desequilibrado, y más si al final de la tragedia podían ponerle las manos al petróleo?

   El país estaba sólo, la gente luchaba con uñas y dientes, con gritos y cacerolas; y el mundo, esa noche de diciembre, se retiraba a descansar cuando el terror y la muerte cayeron sobre la plaza de La Libertad, en el municipio Chacao. A más de un mes de iniciada la protesta y la desobediencia cívica y militar, balas y miedo llovieron sobre la plaza donde pernotaban unos militares que habían desconocido al Presidente. Una joven liceísta, a punto de graduarse y viajar y casarse, cae abatida. Una anciana que todas las noches iba a hablar con los presente, llevando ánimos y salero, gritando aquí seguiremos y no nos iremos, cayó de su asiento de cemento, muerta. Un anciano, presente por primera vez, a punto de irse del país y lamentándolo en el alma, también fue abatido.

   Los gritos y el horror llenaron la plaza. ¡Disparaban!, se habían atrevido a atacar con armas de fuego. Entre el miedo, la confusión y los gritos de los asistentes, un general del ejército, calvo de perinola, pistola en mano salta de una tarima, girando su rostro en todas direcciones, husmeando como un perro buscando de dónde vienen las balas. Grupos de asistentes en la tarima principal, puesta para que los alzados se pronunciaran, y para que todo el que tuviera algo que decir, lo dijera, cubren a los militares mayores. Uno de los contralmirantes, de blanco uniforme, el de cabellos canos y ojos claros, micrófono en manos, de pie, desafiante y valiente, gritaba una y otra vez, sin pensar en ocultarse: “Al piso. Al piso. Al piso”.

   Entre las sombras y los gritos, en medio de la histeria, un joven distingue a un hombre cerca de él descargar una automática, disparando contra la gente. Gritando con la rabia de la desesperación y el miedo, corre hacia el sujeto, golpeándole con la pancarta que lleva en sus manos. Otros se unen a él y someten entre todos al caballero don Goveira, un asesino enviado a la Plaza. Pero desde tierra, oyendo el trepidar de municiones contra el piso, algunos levantan las miradas hacia las azoteas. Los asesinos de abril, los pistoleros de puentes y azoteas, continuaban su labor…

   Y Nicolás Medina también lo padeció todo.

……

   El atentado causa espanto y consternación. La gente mira incrédula, con los ojos muy abiertos, las imágenes por los canales de televisión privados, el canal estatal callaba cómplice en una nueva bofetada al país. Las escenas transmitidas por Global, el canal veinticuatro horas de información, son reproducidas por el resto, que se encadenan para gritar lo que ocurre en la plaza; enlace que habla de la batalla que libraban todos, ya que en años anteriores eso hubiera sido impensado dado el grado terrible de rivalidad que existía entre los canales televisivos. Y mientras la gente sentía rabia, indignación y una profunda depresión y tristeza, el Gobierno callaba y los medios internacionales, NCC al instante y The New York Palangre más tarde, hablaban de un enfrentamiento entre grupos armados, insultando y vejando a los muertos, que caen otra vez sobre las aceras, esta vez difamados.

   Desde el primer instante la cólera estalla en todos. La Colombina, la Poletto, igual que el Napo y Orlando, cada uno en su espacio televisivo de información y opinión, serían terribles en sus denuncias, en la rabia incontenible que brillaría en sus ojos. Pero en esos primeros momentos todo era confusión, espanto de que algo así sucediera, como si no se tratara de personas sino de animales, como si alguien podía realmente sentir o pensar que él era mejor o valía más que esos que cayeron. La idea inconcebible era que venezolanos planificaron y ejecutaron un atentado homicida contra otro grupo de venezolanos.

   Eric Roche, sentado ya en su casa de Tacarigua de la Laguna, gritó maldiciones y mentadas de madre; Sam Mattos tomó grandes cantidades de whisky, sintiendo una rabia terrible devorándole las entrañas. Y Franklin Caracciolo, aún en su oficina, atendiendo detalles sobre la forma de acercarse a la gente de la Plaza, comprando conciencias y lealtades como quería Ricardo Gotta, miraba todo por su televisor, no sorprendiéndose ni por un segundo.

   Han pasado sólo minutos y ya Ania Vacará, una joven periodista de televisión se encuentra allí, entrevistando gente, oyéndolos, mostrando la sangre, los caídos, con una nota de furia en su voz. La mujer se ve sumamente afectada. Sintiéndose muy nervioso de pronto, Frank toma el teléfono y marca un número. Repica y repica durante un buen rato hasta que alguien lo toma, y por un momento siente alivio.

   -¿Buenas tardes? -responde una voz de mujer. Libia, la mujer que atiende su apartamento. Eso le alarma.

   -¿Libia? Soy yo, Caracciolo. -intenta controlar la voz.- ¿Qué hace allí todavía?

   -Aseaba. Ya me iba cuando oí los insistentes repiques. -gime impresionada, como todos.- ¿Supo la noticia, doctor? Hay muertos…

   -Lo sé. -corta el leve sollozo de la mujer.- ¿Dónde está Nicolás Medina, mi… amigo? -hay un silencio.

   -Ay, doctor, yo no sé. Pero él salió como a las cuatro de la tarde, después de regresar del… paseo con usted. Llevaba una bandera en las manos y una gorra con el tricolor.

   Frank palidece después de enrojecer. Siente un frío desagradable que le seca la boca y hace que su corazón palpite pesadamente, como demasiado lento, lo que le provoca un leve mareo, algo subconsciente. Cuelga sin oír más, sin pararle a lo que la mujer parlotea. Pero nada de lo que ella pudiera decirle le quitaría ese peso feo del estómago. Mira las escenas que repiten sin cesar, con el contralmirante gritando ‘al piso, al piso’ una y otra vez. ¡Nicolás estaba allí!, seguro que estaba allí. Claro que si, coño, ¡porque así era él! Le había pedido que no fuera, dijo que no lo haría, le buscó a la salida del médico para distraerle y llevarle al apartamento después, para que se quedara allá, pero en cuanto dio la espalda…

   Como en trance se pone de pie, con ganas de gritar, de patear algo. No quiere pensar, no quiere analizar lo que siente porque le asusta, le asusta tanto como pensar en la ratita en esa plaza. Dispararon a mansalva; no hubo otra orden que esa, que cayera quien cayera. Cualquiera. Bastaba un mal momento, un mal movimiento y… ¡Debe salir de allí!

   El hombre siente que toda Caracas está paralizada, los rumores, el miedo, la rabia se extendía de un lado a otro. Mientras cruza el pesado tránsito (todos parecían ir al Centro ahora), nota la gran cantidad de gente en las calles, en las aceras. Nota rostros indignados, coléricos, llorosos. Sabe que en otras partes habría quienes sonreirían ante esas muertes: J. V. Rojas, Dagoberto, Isaac Domínguez, el general Buñuel, los padres de la criatura. Había un límite muy pequeño que separaba a una persona de un simple animal que actuaba por instinto, y Frank sabía que habría quienes se alegrarían de esos caídos; gente común, ni siquiera gente del Gobierno que estuviera llenándose, como los generales, lo que al menos era una razón lógica para matar, no un justificativo pero al menos una razón válida. Sería gente que no tenía nada, a quien el Gobierno no le resolvía nada, pero que se alegraría inmensamente con lo que pasó. La gente ignorante instrumento ciega de su propia destrucción de la que hablaba Bolívar cuando le dio por decir pajuatadas.

   También estaban los que se frotaban las manos, felicitándose por lo bien que salió todo. No tan bien, al pistolero le habían atrapado. Pero habría jueces, fiscales y policías, y el uso impúdico del poder mediático del Presidente. Él lo arreglaría, con cinismo y demencia haría ver que los culpables eran los muertos, no el caballero pistolero. Pero Frank no quiere pensar en eso. Eso le importa una mierda. Lo único que le interesa es Nicolás, lo demás le valía un pito, incluidas La Torre y el país.

   Al llegar al distribuidor de Altamira ya no puede seguir. Todo está paralizado, bomberos y policías mandan a desviarse a todos. Frank se estaciona donde puede y baja, se une a la marea de personas que corren hacia la Plaza con algo de insensatez. ¿No sabían que estaban matando gente en las calles? Pero tal vez estaban como él, asustado por alguien, por un ser querido. Mientras camina decidido hacia la Plaza, sorteando gente y carros, oye que el sospechoso es un extranjero, que lo tiene PoliChacao. Oye que no deben entregarlo a la policía científica o al Dasnap, o le liberarían. Oye de gente que asegura haber visto sombras en las azoteas de edificios cercanos, que seguramente eran los pistoleros de puentes y azoteas que habían vuelto ya que en abril habían matado con total impunidad. Otros ocuparían sus lugares en las cárceles, resultado aberrante de una justicia prostituida a niveles de barbarie.

   Llegando a la Plaza ve a la gente que corre, que grita, hay un llanto lastimero. Al primer movimiento para abandonar el lugar, al sonido de los estampidos (saben que el régimen ya mató, con total impunidad, en abril y que nada les impediría continuar haciéndolo), la gente regresó y otros llegaron, aunque las autoridades los mantenían alejados para el levantamiento de los cuerpos y de la planimetría. Muchos agentes hablan con muchas personas, y en sus caras, Frank mira la confusión, el asombro y la incredulidad. Su mirada busca de aquí para allá, sólo ve confusión y oscuridad, por alguna razón la iluminación era terrible. El corazón se le detiene, la boca se le seca y los ojos le arden un poco. Ahí estaba…

   Lo encuentra recostado de un muro, sentado o caído, justo en la parte más oscura de la Plaza, con la cara vacía de toda expresión y los ojos extraviados, apoyando la nuca del muro, con algo que le manchaba la cara. Y mientras va hacia él, Frank se aterra, eso parecía sangre. Jadeando como un animal grande, llega a su lado, llamándole de manera ruda y agachándose junto a él.

   -¿Qué tienes?, ¿qué te pasó? -ruge Frank, con los ojos muy abiertos, él mismo sorprendiéndose de la inmensidad de su angustia. Nicolás lo mira, extrañado.- Háblame… Respóndeme, por favor…

   -Frank, ¿qué haces aquí? –parece confuso y el abogado no puede evitarlo, le toca la cara, necesitado de saber que estaba allí, montando la manota en su mejilla, mirando la sangre.

   -¿Qué te pasó? -le exige, lento y deliberado, mostrándole la yema de los dedos con sangre. Estaba aterrado por él.

   -No es mía. -dice mirando las manchas, y Frank entiende que está en shock. Nicolás no era un tipo duro. Le mira los ojos vidriosos.- No es mía… fue cuando ayudé a levantar a una mujer a la que hirieron en un muslo. -responde abatido, pero ahora su mirada se enfoca y se humedece.- Dispararon, Frank, dispararon contra la gente; en este país. Lo hicieron, Frank.

   Y algo parecido a un graznido parece escapársele. Frank lo mira intensamente y sin importarle un carajo, lo hala hacia sí, abrazándolo, apoyando las rodillas del piso, acunándolo contra su cuerpo, sintiéndole temblar, deseando sacarle de allí, de esa plaza de muerte, de ese país de mierda, llevárselo lejos, a un mundo bello y ordenado, elegante y educado. Lo siente moverse, ocultar el rostro contra su pecho; coño, iba a llorar, se dice alarmado y sólo puede abrazarle con más fuerza, con algo parecido todavía al temor y a la rabia, a susto por su ratita, percibiendo en su cabello el olor a sudor, a sangre, a miedo. Sin importarle nada más, sólo confortarlo, sólo sacarlo de allí y que estuviera bien y a salvo, sin saber cómo decirle todo lo que sentía o quería, Frank lo separa de su cuerpo, cosa que le cuesta horrores, tomándole el rostro con las dos manos y mirándole a los ojos, deseando que note su verdad.

   -Nos vamos de esta vaina. -y sin más, rozó con sus labios lo del joven que aturdido, responde suave, enrojeció, mirándolo casi maravillado ante la caricia publica, ante su mirada intensa, la del tigre que quiere protegerle, ante su interés real.

   Se pusieron de pie, sin imputarles las miradas ocasionales de quienes los vieron, y quitándose el saco, a pesar de lo tibio de la noche, Frank se lo colocó a Nicolás sobre los hombros. No podía evitarlo, se sentía protector y fuerte. Pero también débil, terriblemente débil ante él; la necesidad de protegerle, de mantenerle a salvo, era grande.

   Norma y Aníbal se habrían felicitado por la manera en que le jodieron la vida…

……

   Y mientras esa horrible noche continuaba, con un único y sólo comentario, ante el silencio oficial que sólo sería roto por un Presidente diciendo que “el que a un hombre se le viera disparar y confesara públicamente su crimen luego, eso no lo hacía culpable”; Frank y Nicolás regresaron al apartamento. Pero a Frank, a quien se le había pasado el terrible miedo que sintió por el otro, ahora sólo estaba molesto. Era como la madre cuyo hijo corrió un momentáneo peligro, que pasada la alegría de saberlo bien, lo nalguea por necio y desobediente.

   Desde el momento en que cruzaron la puerta, un ceñudo y mal encarado abogado comenzó a recriminarle al joven el que hubiera ido a ese lugar, después de prometerle que no lo haría. Nicolás lo mira, confuso y algo ofuscado, molestándose con él.

   -No tenías nada que hacer en ese lugar.

   -Si tenía, en esa Plaza había gente valiente que lo sacrificó todo, sus carreras y empleos, con lo que eso significa en un país como este donde un Presidente puede ordenar persecuciones, despidos y encarcelamientos sin que medien derechos de ningún tipo.

   -Ellos se lo buscaron, ¿no entiendes que es una jugada política? Un grupo quiere sacar a otro para ponerse ellos. –y el razonamiento, que no dejaba de sonar cierto, irrita más al joven. Si, podía ser válido, pero también sonaba a egoísmo total.

   -¿No ha sido siempre así? ¿No se mueven así los ricos? –casi acusa.- Fui porque sentí que les debía algo. Yo no arriesgo nada, porque nada tengo. Que yo grite e insulte, sirve, funciona, pero no arriesgo tanto como otros, quienes sí tienen mucho más que perder.

   -¡Pudiste perder tu vida! –recuerda furioso, idea que le hace chirriar los dientes.

   -Todos pudimos perderla en ese lugar, es lo horrible del asunto, ¿no lo ves? Siempre ha habido problemas y diferencias en este país, pero nunca un grupo en el poder había ordenado atacar a gente que no representa un peligro armado. Venezolanos ordenando matar a otros para conservar un poder con el cual no hacen nada de valor como no sea robarse lo que pueden.

   -¡Deja los discursos para la Plaza! –y cuando el otro va a replicar, airado, le interrumpe.- No, no puedes ir a ese lugar. No debes regresar jamás.

   -Déjame en paz, Franklin Caracciolo. No puedes ordenarme nada. Ni prohibirme cosas. No soy tu empleado… -lo mira con resentimiento.- ¿A menos que todo esto sea parte de un trato? -se hala la franela y señala el apartamento abriendo los brazos. El otro pasa saliva molesto, súbitamente herido.

   -No comiences con eso, ratita. Mira lo que pasó… Pudiste… -no halla palabras y enrojece todo, de vergüenza y de rabia.- ¿Es qué todavía no comprendes lo que pasó?

   -Si. Asesinaron gente a mansalva. No fue un accidente, no fue un atraco… desde el poder, por el poder, esa gente decidió matar. -la voz se vuelve aguda.- Yo estuve ahí, lo vi. ¿Podrías darme algo de tregua?

   -Está bien, está bien. Tú lo sabes todo. No te digo nada más. -ruge frustrado, con ganas de patear algo.

    -Frank… -por alguna razón esa salida del catire le desarma y afecta. Pero Frank no está como para pañitos de agua fría.

   -Mejor sube y toma un baño, un largo baño, hiedes a mierda. Estás apestándolo todo.

   Nicolás lo mira con increíble resentimiento y va hacia las escaleras. Frank se siente mal, arrepentido. Están como al inicio, lastimándose por nada, queriendo una cosa y marchando tras otra. Mira las escaleras y desea subir, gritarle que tan sólo siente miedo. Por él. Se estremece violentamente, lo que en verdad pasa, le paraliza y asusta un mundo es que… tiene miedo de perderle.

   Tan molesto está Nicolás, no sabe bien si contra Frank o contra… coño, el mundo que de bien poco servía, que no va al dormitorio del otro sino que se mete a la ducha del baño que inicialmente le dieron como suyo. Entra a la regadera y la abre, necesita esa lluvia potente de agua fría.

   Se moja la cabeza y el flaco torso. Deja la cabeza bajo la ducha y cierra los ojos. Recuerda los gritos, la confusión, el miedo. Pero sobre todo la impotencia. Los odiaban, los odiaban tantos que ordenaron sus muertes, así, como quien manda a matar una gallina. No les importó a quienes derribaban, sólo sentían el placer de hacerlo, seres enferma, perros rabiosos incapaz de contarse entre la gente, de vivir entre personas, sin ensuciarlo todo con sus patas, sin dañar.

   Nicolás no es una persona enérgica, no es el hombre alto, fuerte y silente que encara los avatares con desconcertante y varonil estoicismo. Mucho antes había estallado en gimoteos por mucho menos. Y sintiéndose una cucaracha cobarde y llorona, pega la espalda de los límpidos azulejos, resbalando, desnudo y mojado hacia el piso pulcro. Doblando las rodillas se las abraza, intentando controlarse, no ceder tan fácilmente a su llanto estúpido. Pero no puede. Los mataron, alguien dijo “mátenlos”, y así se hizo. ¿Pagaría alguien por esa maldad? ¡Tenía que ser! Traga lloroso, botando aire y pidiéndole al destino, el cielo o el universo que no olvidaran, que cobraran. Que el o los asesinos no salieran bien librados.

   La puerta corrediza se abre y un mal encarado Frank, envuelto en una toalla, lo mira. Iba con la sana intensión de formarle un peo por haberse ido al otro cuarto, por no estar ahí cuando él lo buscó para disculparse. ¡Las cosas que pensaba decirle!, y ahora lo encontraba así, derrumbado, quieto, intentando controlarse.

   -Nicolás… -jadea, sin que el otro le mire.

   -Me estoy bañando, necesito algo de intimidad, coño; me quiero lavar el culo en paz. Déjame solo. -intenta sonar molesto o animado, pero Frank no deja de verlo, quitándose la toalla y metiéndose con él, cerrando la puerta.

   Sencillamente no podía irse, por fácil que fuera o atractivo que sonara la idea; eso sería permitir que algo se levantara entre ellos, y no lo quería. Se deja caer junto a él en el suelo. Coño, estaba frío, y más si se monta el culo así de pronto. Lo mira, y como encogiéndose más dentro de si, Nicolás lanza un rebuzno y el otro no tiene más remedio que rodearle los hombros con un brazo, atrayéndolo hacía sí. No puede hacer nada más, ni resistirse ni irse, porque era lo único que deseaba hacer en todo el mundo. Nicolás estaba tenso, pero finalmente se ablanda. Era agradable estar así, sabiendo que otro, alguien más fuerte, más práctico y más frío se encargaría de todo, hasta de uno, pensamiento que le produjo un extraña desazón que no quería analizar ahora.

   -¿Cómo pudieron hacerlo, Frank? ¿Cómo pudo Tannis Saib que decía defender los derechos de la gente, cómo Isaac Domínguez, un hombre civilizado, cómo pudo Juan V. Rojas, el defensor de la decencia desde la televisión y los periódicos? ¿Cómo pudo ese hombre que viene de una casa humilde, con sus padres maestros, gente de pueblo, de campo, cometer semejante monstruosidad? -suena atropellado, apoyando la frente del pecho de Frank, encontrándole fuerte y hermoso.- ¿Construirán el mundo nuevo sobre los muertos del viejo? ¿Levantarán palacios y jardines sobre pilas de huesos y carne pudriéndose? ¿Están locos? -levanta el rostro de ojos cuajados, lleno de odio.- ¿Dónde quedará la dignidad de todos nosotros si pasa esto y nada se hace? ¿Qué será de Venezuela si los militares siguen callando y sólo La Metro da la cara por la gente? ¿Qué pasa si mañana los transportistas, el subterráneo y las panaderías abren y laboran?

   -No te engañes. Lo van a hacer. Y habrá quienes como ellos, se alegren secretamente de los muertos. ¿Sabes?, en Roma es posible ver las ruinas antiguas del Coliseo, donde tanta gente fue martirizada y murió para divertir a la poblada. Es mentira que el pueblo censuraba los crímenes y excesos de Calígula o Nerón. Lo disfrutaban. Porque cuando el poder, las cabezas visibles son canallas, rapaces  e indecentes, satisfaciéndose en licores, drogas y crímenes, el pueblo los imita. Es más fácil y divertido ser disoluto y destructivo, ruin y canalla, que probo y creador en tiempos de excesos y vicios.

   -¿Tú crees? -lo mira con espanto, para luego apoyar la cabeza otra vez en él, buscando consuelo. Y a Frank le gusta, que lo sienta allí para él, fuerte, protector.- Yo estaba cerca de la señora. Era tan hermosa, una viejita alegre, vivaz, ¡como tocaba cacerolas y como cantaba el himno! La vi varias veces allí. Decían que iba todas las tardes desde que lo militares se declararon en desobediencia legítima. -se ahoga un momento, ante una idea terrible y dramática que lo hace llorar otra vez, pero que no puede controlar.- Ay, Dios mío, ojalá no haya sufrido. Ojalá haya caído ya muerta sin saber lo que pasaba. ¡Esos malditos coño’e madres! ¡Ojalá se mueran como unos perros! -mira terrible a Frank.- No te imaginas cuanto los odios, no joda. Pero van a caer. Un día van a caer, Tannis, Juan V. Rojas, Isaac, Buñuel, Alison y el Presidente. Caerán y pagarán por todos sus crímenes, con todos sus cómplices.

   Y calla, intentando controlar el llanto, o los estremecimientos. No quiere mostrarse débil, o mujercita ante el otro. Era un hombre, coño, y aunque mantuvieran relaciones, debía comportarse. Y Frank lo entendía, su lucha interna, sintiendo ternura por él. Y miedo. Mucho miedo de lo que Nicolás pueda llegar a ser: su peor verdugo.

   La relación entre los dos hombres pasó a una fase extraña cuando momentos después, Frank obliga a Nicolás a ponerse de pie y los dos caen bajo la regadera, y por alguna conexión cósmica, Frank se acuerda de pronto, sin saber por qué, de Eric Roche. Bajo el agua, los dos se turnan para mojarse y enjabonarse cada quien a sí mismo. En un momento de intimidad, Frank hace que el otro de la vuelta y le enjabona la espalda, sobándole los hombros, comentando con voz ronca (tocarle, aún en esos momentos, le tiene medio duro), que es bueno que le hayan quitado el vendaje. Nicolás cierra los ojos, sintiendo una extraña dicotomía. Sentir las manos del otro sobándolo y enjabonándolo, se sentía bien, casi excitante; pero no debía. No ahora; no después de donde venía y de lo que pasó.

   Más tarde Frank devoró varios sánguches de pavo asado, algo que le encantaba. Sentado en el sofá, martirizándose con la televisión, Nicolás no quiso probar nada, rechazándolo con un gesto ausente. Eso no le gustó al otro, quien le llevó un vaso de jugo, de pie frente a él.

   -Yo… -Nicolás mira la televisión.

   -Tómalo. Y deja esa mierda ya. -apaga el televisor, cayendo a su lado con un sánguche en la mano y devorándolo, ofreciéndoselo, casi montado sobre él. Nicolás niega, pero bebe el jugo, con cara de grima.

   -Dios, ¿qué es esto?

   -No es mierda, si es lo que quieres preguntar. Es jugo de mora.

   -Lo tacharé de las cosas que quiero probar.

   -Eres tan adorablemente pueblerino. –le sonríe socarrón, rodeándole los hombros con un brazo, atrayéndole, quedando muy unidos.- No sabes apreciar nada bueno de la vida.

   -Es evidente, ¿no? Digo, estoy contigo… -no sabe de dónde sale eso, pero medio ríe cuando Frank medio vuelve el rostro, ojos semi cerrados y boca muy abierta.

   En la cama también hubo una diferencia. Nicolás no quería nada esa noche y mortificado le dijo que prefería dormir solo, pero Frank se negó, encendiendo el aparato de televisión del cuarto, justo para arrepentirse al oír a la cadena NCC hablar de un enfrentamiento entre grupos armados en la plaza. Sintonizó un canal del cable donde sólo había deportes y los dos se quedaron quietos en la enorme y muy cómoda cama de ese cuarto en agradables penumbras, usando entre ambos cuatro almohadas. Frank lo miró y rodó sobre un costado hacia él, acariciándole la panza, confortador, mirándolo intenso.

   -No, Frank… -pide, incómodo.

   El otro lo mira, se tiende un poco y lo besa en la boca, atrapándole el labio inferior y lamiéndolo en forma suave, y Nicolás sintió una oleada de rebeldía ante la vida, y de deseo, por lo que abriendo su boca, respondió con intensidad. Eso se sentía bien. Estaba bien, coño. Pasó algo terrible, pero él estaba allí, vivo; aunque en esos momentos otros estarían llorando como animales heridos, gritando y retando al Cielo por sus muertos, él continuaba para ver se cumpliera lo que tenía que llegar. Eso le produce un nudo en el estómago, que cede poco a poco mientras acaricia la recia espalda de Frank, que ahora bucea en su boca, suavemente.

   Esa noche, Frank y Nicolás no tuvieron sexo rico, duro y caliente. Frank le hizo el amor. Lo hizo de una forma extraña, exigente y tierna, demandante, pero dándose también. Y Nicolás, asustado, sintió la diferencia. Esa noche todos sus sentidos estallaron, y con los últimos besos que daban paso al sueño agradable y reparado, se permitió pensar que podría acostumbrarse a eso, a estar junto a Frank… para siempre.

                         ………………..

   Muy pocas personas no se enteraron esa noche de lo que pasó en Venezuela. Y uno de esos pocos fue Cecilio Linares, quien esa misma tarde, al regresar a su casa, encontró a Ricardo Gotta sodomizando a su mujer, quien gritaba como una puta, pidiéndole que le destrozara el culo. La revelación fue terrible para el hombre, quien sintió que se moría. Y huyó. No se quedó a encararlos, a coñacear o matar. No se quedó a pelear, sino que escapó, sintiéndose traicionado, llenándose de lástima por sí mismo. Horas más tarde volvió y la encontró pulcra y hermosa, esperándolo para ir a cenar donde unos árabes que no se plegaron al paro; unos coño’e madres como ella, pensó. Cecilio sólo podía verla, con rabia. Le gritó que era una puta, una puta sucia, qué desde cuando se entendía con Ricardo Gotta. Ella lo miró, divertida.

   -¿Nos viste?  ¿Te fuiste o te masturbaste viéndole el culo a Ricardo? Ay, Cecilio, no me hagas hablar, aunque si tú quieres, podemos hacerlo, de tus maridos, de todos los hombres que te han llenado el culo de leche, aún en nuestra cama. ¿Creías que lo ignoraba, querido? ¿Quieres hablar de eso?

CONTINUARÁ … 121

Julio César.

SER O NO SER SU PERRA, HE AHÍ EL DILEMA… 4

enero 28, 2014

SER SU PERRA, HE AHÍ EL DILEMA…                         … 3

   La siguiente es una historia que NO ES MÍA. Pertenece totalmente al señor capricornio1967. Tan sólo la reproduzco, tal vez cambiando una que otra coma, aunque la historia ya está por ahí, completa. Es un relato maldito en toda la regla, un hombre maduro decide tomar, controlar y dominar a su joven pupilo, transformándole en algo que no quiere, ni soñaba, aunque se resiste. Lo repito, es un cuento muy maldito. Disfrútenlo:

……

EL DILEMA

Autor: capricornio1967

Capítulo II “LA DECISION DE DANIEL”

SPEEDOS, CHICOS SEXY Y MUCHAS MANOS

   ¿Ponerse en sus manos?

……

   Sin poder escapar de sus pensamientos Daniel tarda aun más de media hora manejando para poder llegar a su casa. Su madre escucha el ruido del motor del carro con alivio, estaba ya algo preocupada por la tardanza de su hijo, y por haberle estado llamando al celular y no recibir respuesta. Daniel, sin darse cuenta, lo había dejado apagado así que ni siquiera supo que su madre le había estado llamando. Antes de bajarse del carro, el joven ve que la puerta principal de su casa se abre y es su madre la que sale presurosa a recibirle. En su cara se nota el alivio de ver sano y sano a su hijo, después de la muerte de Juan, su otro hijo mayor, ya jamás ha dejado de preocuparse cuando no tiene noticias de Daniel. Siempre le pide que le llame para decirle en donde está. Daniel tiene la libertad de salir, viajar pasear, etc., pero siempre pensando en sus padres y en lo que han vivido, ha tratado de no darles más preocupaciones ni tristezas, no hasta ahora que está a punto de darles la peor noticia. De romperles las ilusiones que se habían hecho de verlo en Grecia.

   -¡Gracias a Dios que llegas! Estaba preocupada. -dice su madre mientras camina hacia el auto, para darle la bienvenida y comprobar que su hijo está bien, cualquier tardanza le hace suponer, como a la mayoría de las madres, que algún problema le sucedió a su hijo.- ¿Por qué apagaste el celular? -le pregunta aun nerviosa.

   -Perdóname, mamá, no me di cuenta que se apagó. -responde mientras se baja del auto lentamente, abrazando a Adriana y reconfortándola al sentirla ligeramente temblorosa.- Ya, mamá, deja de preocuparte, estoy bien. No pasó nada. -le da un beso en la frente, la abraza fuertemente dándole protección y buscando apoyo en ella al mismo tiempo. Así que abrazados caminan hacia la casa, el susto para Adriana ha pasado a pesar de ver que su hijo está sano.- Ya, ya deje de preocuparse, señora. -le repite Daniel mientras le da otro beso en la frente y abrazados entran en la casa.

   Daniel trata de disimular su estado emocional frente a su madre, sabe que ella ha estado enferma de los nervios desde de la accidental muerte de Juan, así que es comprensible la preocupación de la buena mujer cuando su único hijo vivo no se comunica con ella.

   -¿Cómo te fue hoy, mi vida? -le pregunta Adriana, mientras lo ayuda a quitarse la chamarra, para que este más cómodo.

   -Pues… Bien, mamá, solo unas horas de práctica en la mañana y ya. -le responde casi volteando la mirada hacia otra parte, para que su mamá no pueda adivinar en su mirada la verdad, que algo anda mal.

   -¿Cómo estuvo la fiesta de anoche? ¿Te divertiste? -le pregunta al tiempo que guarda la chamarra de Daniel

   La pregunta de su mamá, hace que Daniel reviva en su mente lo sucedido el día anterior en la fiesta y lo que pasó en la mañana con Nora y después con el entrenador, así que su mente queda ausente por unos minutos. Sabe que su problema aun no ha terminado, está latente y no sabe aun qué decisión tomar, por ahora no quiere preocupar más a su mamá contándole lo que ha pasado.

   -Daniel, ¿cómo te fue en la fiesta de anoche, hijo? -le vuelve a preguntar Adriana a su hijo. Sacándolo de sus cavilaciones.

   -¿Eh? -sacude la cabeza como si despertara de un sueño.- Perdóname, mamá. Me distraje un momento, ¿qué me preguntaste?

   -¿Cómo estuvo la fiesta anoche? Te lo he preguntado tres veces pero te quedaste como ausente. Nora quedó en llamarme y contarme todo. Estoy esperando que llame…

   -¡¿Nora?! ¿Nora te llamó? –un frío temor recorre su columna.

   -¿Te desvelaste?

   -Estoy bien.

   -Parece como si no hubieras dormido bien, hijo.

   -Algo mamá, pero no mucho, además sabes que el entrenador no suspendió la práctica de hoy por la mañana en la alberca. Pero ¿qué decías de Nora…?

   -Me dijo que ella también iba a ir a la fiesta. ¿Lo hizo?

   -¿Te dijo? ¿Cuándo? -pregunta inquieto y extrañado.

   -Anoche llamó por teléfono, para decírmelo. ¿No fue? –le informa mientras se sienta al lado de Daniel para disfrutar la compañía de su hijo.

   -Si… Si fue, perdón es que no sabía que había llamado.

   -Creí que ya habías terminado con ella, ¿volvieron?

   -Si, terminamos, pero ayer estuvo en la fiesta. Ahí nos vimos

   -¿Tienes algún problema con ella?, te veo como preocupado, Daniel, ¿sucede algo?

   -No, nada mamá, solo estoy algo cansado, ¿te molesta si me voy a dormir? Estoy muerto de cansancio.

   -¿No vas a cenar, hijo? ¿No esperarás a tu padre? -le pregunta tratando de mantenerlo despierto y seguir hablando con él.

   -Tengo más sueño que hambre, mamá. Dile a papá que desayunaremos juntos mañana, por favor. -respondiendo le da un beso en la mejilla.

   -Está bien. Que descanses, hijo. -suspira en un tono de resignación.

   -Gracias, mamá, te quiero mucho. Buenas noches. Hasta mañana.

   -Hasta mañana, querido. -la mirada de Adriana sigue a su hijo por toda la casa, mientras camina por la sala y sube las escaleras, hasta que abre la puerta de su recamara.

   Algo le pasa, piensa, conoce a la perfección a su hijo y sabe que ese comportamiento de Daniel es extraño, jamás se había comportado así. En otras ocasiones, aunque estuviera cayéndose de sueño, siempre espera a su padre a que llegue para conversar con él y compartir sus anécdotas, lo que le ha pasado, etc. Y nunca antes se había acostado sin cenar, menos el primer día que llega a casa después de alguna competencia o de fin de semana. Su corazón de madre no puede engañarla. Algo le sucede a su hijo, pero ¿por qué no le contó nada? Entre ellos siempre ha existido mucha confianza. ¿Qué puede ser tan grave que no tenga la confianza de decírselo? La preocupación se apodera de Adriana, algo le sucede a su hijo, ella lo presiente, y es algo grave. ¿Qué será?

……

   Daniel cierra con llave la puerta de su recamara, no tiene el valor de mirar de frente a su madre o a su padre, más bien quisiera evitar verlo al menos por esa noche. Ese día ha sido de emociones fuertes. Algo que puede cambiar su vida e incluso hasta la de sus padres. Se desviste quitándose la camiseta que lleva, quedando desnudo de la cintura hacia arriba, su musculoso pecho se expande una y otra vez, rítmicamente cada vez que respira, sus pezones cafés se remarcan mas entre esas montañas de músculos pectorales. Se pone frente al espejo para ver el reflejo, la agradable imagen de su bien formado cuerpo, de su musculoso pecho, de su varonil y juvenil rostro, no son iguales que en otras ocasiones, cuando todo es felicidad. Ahora todo es incertidumbre y zozobra. El joven recarga sus manos en el borde del tocador, frente al espejo, bajando la mirada para quedarse fija en sus manos, sin poder mirarse él mismo a los ojos, ¿cómo podrá hacerlo con sus padres, Luis y Adriana? Faltar a las olimpiadas.

   -Ahhh… -un suspiro y algunas lágrimas escurren por sus mejillas, cayendo en su musculoso pecho mojando la piel sobre sus pezones. Son lágrimas de impotencia, de rabia por haber sido tan estúpido de caer en esa situación. De estar con un pie fuera de las olimpiadas y del equipo, a un paso de defraudar a sus padres, a toda la dedicación que ellos han puesto en él, al dinero que han invertido, a las ilusiones que se han formado que parecían estar cristalizándose. Ahora todo eso se viene a tierra, ¿cómo es posible?- ¡Dios!, ¿por qué? -se pregunta, sintiendo que es injusto lo que vive, él no ha sido alguien malo que merezca ser tratado así por la vida. Es cierto que la vida le ha dado muchas satisfacciones pero, de repente es como si quisiera cobrárselas todas juntas.

   Las manos del joven cubren su rostro cuando se sienta al borde de la cama, atormentado por no poder resolver su situación. Sus manos presionan sus mejillas y suben hasta sus ojos, presionándolos para mantenerlos cerrados. Como si al cerrar los ojos no existiera nada de lo que sucede a su alrededor. Pero desafortunadamente no es así, la musculosa espalda de Daniel formando una perfecta “v” desnuda solo usando los jeans que se puso al salir de la escuela. Sus dedos se entierran entre sus cabellos mientras baja la mirada para ver sus rodillas, permaneciendo sentado, cabizbajo vencido, impotente de resolver su situación. Atrapado en el dilema.

   Se deja caer hacia atrás, recostándose en la cama dejando su brazos sobre su cabeza, manteniendo los ojos cerrados, su atormentado cuerpo respira profundo tratando de relajarse, de no pensar más, necesita un descanso, todo el día ha estado bajo una fuerte tensión, una gran presión que no lo deja descansar y que casi le hace estallar la cabeza. No ha podido pensar con claridad. Daniel aprieta los parpados fuertemente para tratar de forzar su mente a descansar, olvidar, al menos momentáneamente, olvidar, olvidar, olvidar…

   Los minutos transcurren uno tras otro, son varias horas antes de que el sueño logre vencer al musculoso Daniel, quien ni siquiera se desviste para dormir, se queda así recostado sobre la cama con los pies apoyados en el piso, sin quitarse el jeans, desnudo de la cintura para abajo, aun entre esos parpados perfectamente cerrados por la presión que les imprime, logran escapar algunas lagrimas que resbalan por sus mejillas y caen en la cama, humedeciéndola.

   El sueño que se apodera de Daniel no es uno reparador, sino uno lleno de angustia y sobresalto que no permite que su cerebro descanse ni un segundo, ya que aunque está dormido, su sueño es superficial. Su mente permanece ansiosa con la angustia de tener un problema sin resolver, sin poder darle solución. Aun entre sueños, su cuerpo se estremece entre sollozos y lagrimas escurren de sus ojos, aunque este dormido. Su mente está más atormentada que su cuerpo, una tortura, que de él depende cambiarla, de la mente al culo.

   Cuando Luis llega a casa, de madrugada, por haber tenido algunos inconvenientes en el trabajo que no le permitieron regresar más temprano, sabe que Daniel ya llego a la casa, Adriana le llamó por teléfono. Pero ni aun tratando de terminar sus asuntos laborales, pudo finalizar a tiempo de ir a cenar. Cuando llega, Adriana le dice que notó extraño a Daniel, pero no quiso decirle nada, quizá sería bueno que hablara con él, si es algún asunto entre hombres, quizá le dio pena hablarlo con ella. Luis le dice que hablará con Daniel, pero cuando trata de entrar a la habitación de su hijo para ver si aun está despierto, se encuentra que Daniel cerro su recamara con llave y al no escuchar ruido dentro de la habitación suponen que está ya dormido, será mejor dejarlo descansar.

   Es de las pocas veces que Daniel duerme con la puerta de la habitación cerrada, es extraño para sus padres, que el excelente deportista mantenga la puerta de su habitación cerrada, pero, bueno en fin hay que respetar la intimidad del joven así que Luis le promete a Adriana que por la mañana hablaré con él, para ver si puede sacar algo en claro respecto a que le sucede.

……

   A pesar de dormir durante varias horas en la noche, cuando Daniel despierta, al asomarse los primeros rayos de sol, su cuerpo está sumamente agotado como si no hubiera reposado ni un minuto. Leves toques en la puerta de su recamara lo despiertan.

   -Daniel, hijo, es hora de desayunar, ¿estás despierto? -es la voz de su madre que trata de levantarlo, para que desayune con ellos antes de que Luis tenga que salir a resolver algunos pendientes.

   -Mhhhhhhm… -Daniel sacude la cabeza tratando de recobrar la conciencia.- Si, mamá. -le responde aun adormilado.– Me daré una ducha y bajaré enseguida.

   Daniel se quita los jeans y los bóxers, quedando desnudo, su largo y grueso miembro queda colgando hacia un lado, rozando de una de las piernas del joven nadador. El agua fría cae sobre su musculoso cuerpo, resbalando por las curvaturas de su espalda, de su pecho y sus nalgas, el cuerpo de Daniel es lampiño, bronceado y solo tiene vello abundante alrededor de su miembro y en sus grandes bolas.

   En un momento dado se pone de cara frente a la regadera para que el agua fría caiga directamente sobre su rostro juvenil y atractivo. El agua fría relajará sus músculos de la tensión acumulada por tantas horas, hace ya casi 24 horas de continua tensión en la mente del atlético nadador.

   Deja que el agua choque contra su rostro por varios minutos, para que después recorra toda la bronceada piel que cubre ese cuerpo de dureza muscular. Sin conseguir realmente relajarse, da por terminado el baño cubriéndose con una toalla alrededor de la cintura, para salir de la ducha. Se sienta sobre la cama, pensando en que ropa usar. Como ese día no tiene ánimos de salir de casa, después de secarse solo se pone un short que apenas cubre el ajustado bóxer de algodón y una camiseta, que marca perfectamente su musculoso pecho, y en el que sobresalen sus definidos pezones, marcándose perfectamente en esa delgada camiseta.

   Peina su cabello hacia atrás, su mirada aun es triste, pero al verse al espejo decide que debe disimular si no quiere que su padres se de cuanta de lo que algo le pasa.

   Unos tenis terminan con el vestuario casual que Daniel ha seleccionada, baja apresuradamente al desayunador, sus padres mantienen un nivel de vida desahogado; sin ser ricos, se dan algunos lujos, pero no pueden darse otros.

   -¡Buenos días! -saluda Daniel a sus padres, primero le da un beso en la mejilla a su madre y después uno a su padre, el cariño que siente por sus “viejos” como cariñosamente les llama, es grande, puro, es por eso que le cuesta tanto trabajo desilusionarlos con lo de la expulsión.

   -¡Buenos días!, hijo. ¿Qué quieres desayunar? -pregunta Adriana, después de contestar al saludo.

   -Solo algo de cereal, mamá. Por favor. -Daniel se sienta a la diestra de su padre.

   -Ayer, no puede hablar contigo, tuve un imprevisto, espero que comprendas, hijo.

   -No te preocupes, papá; estaba algo cansado y me dormí, casi inmediatamente que subí.

   -Lo sé, cuando llegué quise darte las buenas noches, pero tu habitación estaba cerrada. Supongo que te sentías cansado y cerraste para no ser molestado.

   -No digas eso papá, ustedes jamás me molestan, solo que necesitaba descansar. Perdóname.

   -Está bien, ¿cómo te fue ayer? ¿Qué tal la fiesta? -le pregunta dejando a un lado el periódico que estaba leyendo, para poner atención a su hijo.

   -Bien, bien, papá; fue una fiesta tranquila, terminó temprano.

   -¿Vas a volver el lunes al entrenamiento? ¿O les darán algunos días de descanso? -le hace una pregunta muy común, ya que algunas veces después de una competencia les dan algunos días de descanso, aunque no siempre.

   Daniel se queda mudo, no sabe qué responder, quizá sea un buen momento para decirles que ya no volverá al entrenamiento, que está fuera del equipo. Pero no tiene el suficiente valor para hacerlo.

   -El lunes, papá, no habrá días de descanso esta vez.

   -Debe ser por lo cercano de las olimpiadas, ¿no crees?

   -Si, eso debe ser, papá. -responde mirando hacia el plato de cereal que Adriana le pone en la mesa.

   -Ya te he comparado todo el menú que debes comer para no perder la condición mientras estés en la casa, así que no subirás ni un gramo, mi amor.

   -Por mi parte… – interrumpe Luis- …Quiero decirte, hijo, que tu madre y yo nos sentimos muy orgullosos de que ya estés seleccionado para estar en las olimpiadas, siempre pareció un sueño, pero ahora es una realidad.

   -Papá, aún no es oficial…

   -Esta semana lo será, lo sabes. Nadie puede quitarte ese derecho, Daniel. –le dice su madre.- Eres el mejor de todo el equipo.

   -Gracias, mamá, pero…

   -No hay pero que valga, tú eres quien por fin va a hacer que nuestro sueño se haga realidad; siempre, como deportistas, hemos deseado estar en una olimpiada, y así será, porque tú estás ya en ella.

   -Así parece. -responde Daniel sintiéndose acorralado. La ilusión de sus padres por verlo en las olimpiadas es excesiva, ¿cómo podría decirles que ya no irá? No, no podría, pero ¿cómo podrá dejarse penetrar por Franco? Es muy difícil tomar la decisión correcta, el poder actuar libremente. No es solo lo que Daniel sienta, sino lo que sientan sus padres al saberlo fuera del equipo y más aun, expulsado de las competencias.

   -Te compré los trajes de baño que llevarás, chamarras y ropa, debemos estar preparados. Grecia espera por ti, estoy seguro que ganaras una de las 3 medallas, hijo.

   En el rostro de Daniel se marca más la preocupación de saber que está en una situación bastante difícil, su ida a las olimpiadas depende de poder satisfacer sexualmente a su entrenador.

   -Hijo, ¿qué te pasa? Te veo preocupado. –se inquieta Adriana mientras abraza a Daniel que aún permanece sentado a la mesa.

   -No es nada, mamá, es solo que me preocupa, que suceda algo que me impida estar en las olimpiadas y desilusionarlos.

   -Hijo, ¡por Dios! Tú jamás vas a desilusionarnos. Eres el mejor de los hijos. Además no hay ningún motivo por el cual no puedas resultar seleccionado para estar en el equipo de natación. Ya verás que así es. Y si no es así, apelaremos al consejo deportivo, sería un fraude que quedaras fuera del equipo, eres el mejor y no has cometido ninguna falta.

   -Ya hemos reservado los boletos de vuelo, para estar contigo algunos días, los más importantes durante la competencia. Mira estos son. ¿No te alegra?

   -Sssssi, pero me parece que es demasiado prematuro, lo de los boletos de avión.

   -Si esperamos mas, no habrá lugar para viajar; además ya es un hecho que irás, tu madre tiene razón, si no eres seleccionado, con tu desempeño y tu buena conducta, tendremos que apelar la decisión de los jueces ante el consejo deportivo.

   La cara de Daniel no puede dejar de mostrar su preocupación, sus padres lo presionan (¡y de qué manera!), por la ilusión que tienen de los juegos olímpicos, él es su única esperanza de realizar ese sueño.

   Al ver la expresión en la cara de Daniel, tanto Luis como Adriana se preocupan, pues su hijo siempre ha sido el más seguro en ser seleccionado, les ha comentado a ellos de la antipatía que siente por el él entrenador Franco, pero ese señor, no tiene ningún motivo para dejar a Daniel fuera del equipo. Al menos ningún motivo que ellos sepan.

   -Daniel… -se levanta Luis y pone sus manos en los fuertes hombros de Daniel- ¿Ha pasado algo que debamos saber? Siento como si quisieras decirnos algo, hazlo ten confianza en tu madre y en mí. Este es el momento de sincerarte, si algo ocurre, y lo solucionaremos. Por difícil que sea.

   Una puerta de escape, es lo que le parece ver a Daniel…

CONTINÚA (el relato no es mío) … 5

Julio César.

NOTA: Por suerte no hay presión, ¿verdad? ¿No son horribles este tipo de padres? Son de los que obligan a los muchachos, muchas veces, a recurrir a la trampa, a venderse o usar fármacos para destacar y estar a la altura de sus exigencias cuando se adelantan aún a los resultados reales. Por absurdo que sea. Ningún hijo debe verse obligado a vivir los sueños de sus padres, ni estos tienen derecho a obligarle, fuera de que nunca quedarán satisfechos con lo conseguido. Pobre Daniel.

TRES HOMBRES, UN DESTINO… SERVIR… 13

enero 27, 2014

… SERVIR                         … 12

   Un hombre cruel e infernal está sentenciado a muerte en una cárcel y decide divertirse antes de que llegue el final… Tomará a tres sujetos y los convertirá en sus putas. Uno será su hembra, otro será usado por sus compañeros de trabajo, el tercero descubrirá un fetiche que le hará delirar. De Cierta manera, y aunque es un relato maldito, este no parece tan feo a la larga. Disfrútenlo.

……

the convicted’s whores

by Lexicode

CHICO ATADO Y EXCITADO

   Atrapado en la pesadilla de sus machos.

……

   El joven vigilantge no puede ni pensar, pero aún así intenta atraparle las manos.

   -¡Quieta, perra! –y le hala más fuerte del cabello, haciéndole gritar contenido, momento cuando le mete la verga en la boca, casi ahogándole.- ¡Ahhh! –grazna, mierda, se sentía tan bien metérselas en las bocas a todos esos dizque hombres cuando no la esperan, cuando tiemblan de miedo, llorosos, humillados. La lengua pegada a la vena de su cara inferior le parece lo mejor del mundo, pero no basta. La saca y mete, rudo, ahogándolo, provocándole arcadas. Cogiéndole la boca cuando el otro no puede ni reaccionar.- Eso es, puta, chúpala así, sácale el jugo y la leche. Así es como te gusta, ¿verdad?, comértelas en un sucio baño de hombres, siempre soñando con la otra que puede llegar. Vaya, se ve que le encontraste el gusto. –miente para atormentarle, pero guiándole rudamente por el puño en su cabello mientras le coge la boca.

   El delgado custodio no puede creer que eso le esté pasando. Otra vez. El olor de ese sujeto, en sus pelos y la dureza y grosor de su verga le ahogan. Ese sabor a piel, a sal, ese olor acre, todo eso había intentado olvidarlo, pero ahora estaba allí, de vuelta. No podía hacer nada para defenderse, no contra ese hombre que lo usaba y lo humillaba, que lo trataba de puta cuando no era más que un pobre hombre que fue atrapado por él. Era su víctima, es lo que piensa cuando sus mejillas enrojecidas por los bofetones, surcadas de lagrimas, se ahuecan atrapando el tolete, una rica prisión como lo es siempre para un sujeto la boca de otro carajo que estuviera mamándole el güevo.

   -Te gusta, puta; te haces la estrecha, la que no quieres, dices que no, pero tu boca… -le informe, teniéndose sobre él, reteniéndole contra su regazo abultado, la verga hasta la garganta, la nariz dentro de esos pelos abundantes, crespos y olorosos, mientras le desabrocha el cinturón  y el pantalón, para su miedo.

   Aún así, Nolan, ojos muy abiertos, casi asfixiado, su boca muy abierta por la rojiza tranca, la espesa saliva colgando de su mentón, intenta alejarse. Pero el puño se cierra terrible sobre su cabello, la halada hacia arriba es insoportable y el muchacho tiene que concentrarse en soportar el dolor sin morder por reflejo, sospechando y temiendo que el precio a pagar sería todavía mayor.

   Read le baja el pantalón y el largo y holgado bóxer, exponiendo sus nalgas púberes, redonditas y rojizas, con marcas de palmadas, poco velludas. Y mientras medio mece sus caderas, metiéndole y sacándole el güevo babeante de la garganta, una gruesa y pesada mano cae sobre los glúteos enrojecidos, acariciándolos, halando de ellos, los dedos en la raja, recorriéndola de manera expertas, para erizar y angustiar, y Nolan gimiendo lloroso, sorbiendo de la verga para no ahogarse, chupándola.

   -¡Perra! Eres una perra que nació para esto. –le comenta como si tal cosa.- No entiendo cómo nunca antes lo habías descubierto, cómo tus hermanos o tus amigos en el colegio no te mostraron lo que eres… -se la clava en la garganta, gozando esa legua, esas mejillas, las succionadas, el resuello caliente y vehemente en sus pelos.- Debieron enseñarte tu lugar, habrías sido tan feliz… basta con verte para saberlo. Mierda, si hasta Nerón se dio cuenta… que eres una perra necesitada de macho.

   El convicto sonríe, cruel y diabólico cuando la punta de uno de sus dedos gruesos y velludos frota la trémula entrada del muchacho, un culo casi virgen donde lo único que ha entrado, por ahora, era el miembro de un perro. Sonríe cuando siente las mejillas y lengua trabajar con más ahínco. Como el culo titila…

   Sonríe porque entiende lo que el muchacho todavía no comprende cabalmente, que estando allí, dizque obligado, en cuatro patas, con una mano reteniéndole posesivamente por el cabello, una palpitante, gruesa y babeante verga atorada en su garganta, los pantalones en sus rodillas, su culo tiembla, titila, se abre… Su culo parecía pedir a gritos una verga que entrara, un güevo que lo reclamara y dominara.

   Ese culo estaba listo para ser usado por los hombres. Y ese muchacho, Nolan Curtis, entendería, finalmente, que había nacido para satisfacer las enormes vergas de los hombres de verdad.

   El chico gime, agudo, tensándose, cuando el largo dedo se abre paso, centímetro a centímetro, dentro de su agujero…

   Nolan cierra ojos, embargado de una horrible vergüenza cuando ese dedo que le quema se abre paso en sus entrañas, puede sentirlo, grueso y atravesando su esfínter. ¡Un hombre estaba metiéndole el dedo en el culo!, y la idea era devastadora, ¿pero qué podía hacer? Nada. Una nueva lágrima baña su rostro cuando ese dedo largo y velludo se mete totalmente y le oye gruñir de gusto, de contento, conquistador, el gozo del hombre que le mete el dedo en el culo a otro, a uno que no lo deseaba, pero que tenía que calársela y sentir el dedo metido allí; pero es apenas el principio, flexionándolo en sus entrañas, lo recorre, rasgando un tanto con su uña, y las sensaciones que se producen de ello son mezclas que le marean.

   Read le hace tragar más y más de su verga babeante, lo tiene casi clavado en sus pelos, el dedo dentro de su culo sale y entra rítmicamente, como un juego, como una caricia, cuando la verdad es que es mucho más que eso, es un sujeto metiendo el dedo en su culo…

   -¿Lo sientes? ¿Notas como mi dedo entra con facilidad y derecho, y como tu culo se cierra a su alrededor, amándolo? A los putitos como tú les encanta; creo nunca entenderé ese placer que sienten al dejar que los hombres jueguen así con sus coños mojados, pero no me quejo. –le dice, para humillarle, pero también para controlarle.

   Y un segundo dedo se frota, el chico se tensa, suda totalmente, ojos muy abiertos, pero esos dos se frotan y empujan, lo abren un tanto sin meterse del todo, juega con los pliegues de “su coño”; aunque son dedos gruesos y Nolan se tensa feamente sintiéndolos entrarle al fin, dos dedos largos y calientes de un tío en su culo. Las dos falanges entran completamente, y traga su saliva y los jugos de esa verga, temeroso de morder, estremeciéndole al oírle gemir pesadamente, de gusto. El puño enredado en su transpirado cabello que hala y empuja, obligándole a tragar ese güevo amoratado y totalmente ensalivado, mientras los dos dedos van y vienen, abriéndole, cogiéndole, tijereando en sus entrañas. Se los mete y continua empujando dentro del redondeado agujero que se los rodea con su membrana. Sus dos entradas eran atendidas abusivamente por ese oso que resollaba de gusto teniendo al joven, delgado y lampiño chico a su disposición, sabiendo que puede usar y abusar de él, siendo el macho grande que era.

   Joder, metérselos así, piensa sintiéndolos aprisionados, clavándoselos, era la locura. Todo hombre debía desear hacer eso en algún momento, o muchas veces, piensa en su mente ruin, atrapar a un chiquillo como ese en una calle y someterle, abrirle el culo con sus dedos, metérselos, cogerlo con ellos, oyéndole gritar, sollozar y finalmente corriéndose mientras se le llama puta. Un hombre, cualquiera, que fuera tomado así ya nunca volvería a ser el mismo, porque sabía que había sido un juguete para otro.

   -Oh, señor vigilante… -le gruñe inclinándose más.- Me tiene mal, señor, el güevo se me quiere reventar por usted… -se burla, haciéndole gritar cuando le hala más el cabello, alejándole de su verga amoratada que brilla de saliva espesa y jugos, unas gruesas gotas cayendo, sus dedos bien metidos en el casi virginal culo.- Mira como me tienes, muchacho, mira lo que haces. Eres un vulgar calienta braguetas. Seguro que dejas una estela de hombres, de verdaderos hombres, excitados a tu paso con tu olor a coño mojado… Todo esto es tu culpa… -le asegura a los llorosos y asustados ojos, sacándole los dedos del culo, llevándolos a su boca.- Ensalívalos. –le ordena, y más allá del temor, temblando horriblemente humillado y abusado, el joven abre la boca, pero todavía tiene que atraparlos y lamerlos, ¡tres dedos!, untándolos, cerrando sus párpados de donde escapan dos lágrimas.- ¡Abre los ojos! –le ruge, casi haciéndole saltar y obedecer.- Siempre debes mirar a tu hombre cuando este te ordene hacer algo… Y en tus ojos siempre debe brillar la gratitud por las atenciones del macho. Y la excitada anticipación, esperando lo que éste quiera hacerte.

   Y los tres dedos van contra su culo, presionándose, obligándole a gemir con los labios apretados. Aunque los entrelaza, cuesta que entren. Y le duele al muchacho, que se tensa más, enrojece al límite y transpira de manera copiosa. Está tan concentrado en su predicamento que casi no repara cuando el convicto suelta su cabello, aunque el alivio es bastante, para ser sustituido enseguida por la dura bofetada que ladea su rostro y le hace gemir. Los dedos entran más en su culo, hiriéndole, ya que el bofetón sorpresivo le hizo cerrarlo.

   -Cuando la verga de un hombre esté frente a ti, la de cualquier hombre, tienes que comértela. –le alecciona, mirándole de manera terrible. Probándole.

   Y perdida toda noción de su personalidad o voluntad, Nolan la traga nuevamente, cerrando sus delgados y sensuales labios rojizos sobre la gruesa barra, aprisionándola, masajeándola, estimulándola con sus mejillas y lengua, con la leve succión que tiene que dar para pasar la saliva y poder respirar, el estuche rico y estimulante que toda verga necesita.

   El presidiario le embiste la boca, lengua afuera, mueca feroz, sintiéndose poderoso, no había nada mejor que tenerle allí en cuatro patas, cogiéndole la boca, obligándole a tragar y succionar de su verga, babeándole las bolas, mientras le metía rudo, con fuerza, los tres dedos por el culo ahora más dilatado. Si, no había nada mejor como no fuera…

   -¡No! –grita aterrado el muchacho, pataleando, sabiendo, sin embargo, que no habría diferencia, pero necesitando decirse que resistió, que no lo aceptó sin luchar.

   Read abandona su boca, el tolete babeando saliva, rojizo y totalmente estimulado como lo está el de todo hombre a quien otro se lo acaba de mamar. Metiéndole un grueso brazo bajo el flaco abdomen le obliga a despegar las rodillas del piso, teniéndole aún doblado de cintura y va tras sus nalgas, con la evidente intensión de cogerle. Es cuando el chico se revuelve, se niega e intenta escapar, pero el otro lo esperaba. Con un rudo “quieto, puta”, le atrapó nuevamente del cabello, golpeándole la frente con cierta rudeza de la pared de baldosas grises. Le suelta y algo mareado, quejándose, Nolan cae nuevamente de rodillas.

   -Cuando un hombre quiera algo de ti, tú no sólo obedeces, sino que contento sales a brindárselo. –le alecciona, de pie, alto e imponente, mirada terrible, su pecho ancho y velludo subiendo y bajado, excitado por someterle. No hace falta, pero le abofetea dos veces más, primero una mejilla, luego la otra, haciéndole gemir, aterrorizándole más. Y su verga sufre espasmos de puro placer cada vez.- Pronto lo aprenderás, putito.

   Aquello no podía estarle pasando, piensa aterrorizado y mareado el muchacho, él era un hombre adulto, joven pero adulto, nadie podía tratarle así, usarle, nadie podía… Gime ahogado, desesperado por su futuro, cuando ese sujeto le atrapa un hombro arrojándole hacia delante, cayendo sobre sus manos, de rodillas, el culo alzado, el bóxer atrapado en sus muslos. Siente las manotas recorrer sus nalgas turgentes, jóvenes y rojizas, le nalguea duro, pero más como juego sexual, como caricia, que castigo.

   Read está en la gloria, desde muy joven supo que había algo torcido en él, le gustaba golpear y lastimar, eso le daba placer, pero no lo asoció con el sexo hasta mucho después. Tomar a un chico como ese, tímido, guapo, feliz en su vida de reglas y normas que le mantenían a salvo de sujetos como él, y usarle, convertirle en otra cosa, era lo que más le gustaba en la vida. Bien, tanto como esas nalgas casi lampiñas, ese culito redondo, rojizo e hinchado por sus dedos, puesto ahí para que lo tomara y usara. Lo escupe, una, dos veces, regando la espesa saliva con las puntas de sus dedos, lento para atormentarle con el toque, metiéndole luego dos dedos, lubricándole, gozando su tensión, sus sollozos ante lo que venía; su güevote babeando de gusto sabiendo que está a punto de tomar su virginidad, al menos a manos, o verga, de un hombre (Nerón, el perro, fue el primero, algo que el chico nunca olvidaría).

   -Mira como me tienes… -repite, ruin, intencionadamente, debía sembrar en la mente del muchacho la idea de que todo aquello ocurría porque él lo provocaba de alguna manera.

   Bueno, casi era cierto, piensa mientras frota, quemándole, la entrada del rojo culo con su glande, empujando y empujando sin meterse, mirándole tensarse y arquearse, torturándole con una penetración que no termina de ser. De un bolsillo saca un pequeño envase plástico tipo gotero para los ojos, deja caer unas pocas gotas sobre su verga, untándola, apretando los dientes con el súbito frio. Ahora sí, empuja su gruesa, amoratada y palpitante tranca con fuerza de violador…

   Nolan chilla al sentirlo, la roma y ardiente cabezota contra su culo, presionando y presionando, metiéndosele lentamente, lastimándole. Grita sin poder contenerse, olvidando que eso puede atraer a otros, y Read sin recordárselo, disfrutando de su miedo e impotencia… casi tanto como de sus alaridos y dolor. Grita y aprieta los dientes, cerrando los ojos en su rostro congestionado de agonía cuando la cabezota se abre paso dentro de su redondo anillo, quedándose allí, quieta pero presente, grande y palpitante. Casi se incorpora y huye cuando el tolete comienza a penetrarle, pero una manota de Read atrapa una de sus caderas, fuerte y posesivo, la otra cayendo abierta sobre su espalda, casi en su nuca, obligándole a caer, reteniéndole el rostro contra el frío piso de cemento.

   La verga va metiéndosele pedazo a pedazo, lentamente, y Read lo goza con una mueca, sintiendo cada tirón desesperado de ese culo joven luchando contra él. Se la clava toda, de un golpe, provocando nuevos gritos y sollozos. Nolan se siente roto, rasgado, esa cosa le provoca un dolor sordo y terrible.

   -Quieto… quieto… -le sisea Read, no tanto preocupado por su comodidad sino porque el tiempo se le venía encima y debía ocuparse de otras cosas, pero antes debía poner en el camino de la perdición total al muchacho.- Relájate, perra, y lo disfrutarás tanto como yo…

   Sollozando, roto y humillado, Nolan le escucha y aspira profundamente, intentando hacerlo, no por complacerle sino para aliviar tanto dolor. Su rostro se ve hermoso y sexy, cabello revuelto y transpirado, como su cara, toda brillante, con lagrimas surcándola, mejillas rojas, labios entre abiertos de donde escapan patéticos lloriqueos de autocompasión… con su trasero alzado y un macho clavándosela totalmente por el culo. Y lo siente, es tan repentino e inesperado que deja de lloriquear y alza un poco el rostro cuando Read afloja su agarre. ¡Deja de sentir dolor en el culo!, no es un alivio progresivo de costumbre, es más como una anestesiada. Súbitamente llega el frio, todo el tolete parece helarle las entrañas y es una sensación tan extraña como incómoda. Pero luego…

   -Ahhh… -se le escapa un jadeo de sorpresa y algo de miedo. Siente calor, era como si esa verga clavada hasta los pelos en su culo estuviera hirviendo, quemándole de manera cierta. Y era alarmante.

   -Quieta, perra… -le repite, atenazándole más por la cadera, volviendo a empujarle por la nuca contra el piso. Y, sonriendo más maligno, retira lentamente su tolete, casi todo, mirando con gusto la membrana halada de ese culito casi virgen alrededor de su tranca. Sabe lo que viene…

   Mientras la retira, Nolan aprieta los dientes otra vez, por el roce y el dolor, seguido del alivio cuando eso tan grande, duro, grueso y sobre todo caliente desaloja buena parte de su recto… pero casi en seguida gime angustiado. Las paredes de su culo parecen arder y picar ahora, de una manera intensa y desesperante. Y grita otra vez, frente arrugada, casi de alivio, cuando el grueso tolete regresa, llenándole, palpitando violentamente contra su recto. No lo entiende, pero casi puede sentirlo, como las paredes de sus entrañas se pegan ávidamente al tronco que sale y regresa, frotándole, rascándole, aliviándole ese escosar pero despertando otros. Grita porque no puede evitarlo, ese ardor que siente parece incrementarse y calmarse a cada ida y venida, excitando su cuerpo de manera violenta independientemente de lo que gritara, en terrible agonía, su cabeza. Cinco o seis golpes de verga le tienen al borde, todo su cuerpo arde y se eriza, sus tetillas, que ese sujeto acaricia soltándole la cadera y metiéndola dentro de las ropas, le producen placer como no recuerda antes. Las tetillas erectas son atrapadas, haladas, pellizcadas, algo que nunca nadie le había hecho, y su verga joven, totalmente erecta ahora, chorrea cataratas de claros líquidos pre-eyaculares. La otra mano le recorre la espalda caliente, joven y firme.

   El joven vigilante cierra los ojos y se deja llevar, gimiendo y babeando mientras el güevo va y viene, grande para su redondo anillo que se abre y lo deja pasar mientras esa velluda pelvis choca de sus nalgas turgentes, estremeciéndolas. La tranca no se cansa, no se detiene, no decrece en velocidad, sale y entra, victoriosa, gozosa, abriéndole. Conquistando la plaza que era su hombría minutos antes. Y traga en seco, tiene que hacerlo, cerrando sus puños cuando siente su culo aflojarse y tensarse sobre la barra, estimulado como nunca antes en su joven existencia, pero, por encima de todo, necesitado de aplacar ese ardor en las paredes de su recto, que se apaga y enciende al vaivén del grueso tubo de carne de macho que lo posee.

   La tranca sale lentamente, toda, el redondo culito queda abierto y rojo, titilante, como pidiéndole regresar, el grueso tolete le golpea las nalgas, para luego enterrárselo otra vez, de golpe, duro, a fondo, apretando los dientes, disfrutando ver como el chico se tensa, como su espalda se arquea, como echa la cabeza hacia atrás, ojos cerrados, brillante de lujuria mientras de su boca abierta escapa un largo gemido de placer puramente físico. Se lo deja allí, reteniéndole con una mano en sus tetillas, con la otra baja y con los dedos le frota entre las colgantes bolas y la cara inferior de la verga, haciéndole gemir otra vez, la nuca casi sobre el hombro del sujeto ruin.

   A Read le encanta cómo responde, Nolan Curtis estaba a punto de caramelo…

……

   Todavía temblando como un flan, Jeffrey Spencer entró a su oficina, dejándose caer sin fuerza sobre su silla. Su suegro le había aterrorizado a muerte con su severo recibimiento y con aquello de que Read le había contado algo. Quitándose los antojos casi los arrojó sobre el escritorio y ocultó el rostro entre las palmas sudorosas. Temió… Bien, todo. Que le hubiera contado de su comportamiento en la prisión. Y lo de la pantaleta de Anna, claro.

   -Ese sucio convicto me ha informado que no te has dignado a continuar con su caso, ¿acaso eres idiota? –le gritó, bañándole el rostro levemente de saliva.- Ya te dije lo importante que este asunto es para la firma, me aseguraste que te encargarías ¡y ahora la cagas! –acusó, no le dejó hablar o explicarse, silenciándole con un delgado y largo dedo agitándolo frente a su rostro.- Si tengo que ir a esa prisión, como quiere Read si tú no apareces, y debo escuchar sus quejas y sus… ¿cómo fue que dijo?, “sorprendentes revelaciones”, te arrepentirás el resto de tu vida. Vas a salir de aquí despedido y no vas a encontrar otro trabajo legal ni sellando planillas para el Censo.

   Por supuesto, eso fue lo aterrorizante. No la amenaza del suegro sino la posibilidad de que el padre de Anna se encontrara con ese sujeto y este le contara. Sintiéndose atrapado, ahogado (la cabeza comenzó a dolerle), estuvo dándole vueltas al asunto, buscando una salida. Pero no la había, claro, de existir ese sujeto jamás habría comenzado ese juego sádico. Rindiéndose al fin, había telefoneado a la prisión, pero una voz metálica e impaciente le dijo que el reo no quería hablar con él. Ni las dos veces siguientes, aunque ya insistía de manera intensa. ¡Ese criminal se le negaba!, se dijo lleno de furia e impotencia, frustrado, entendiendo que aún ahora ese sujeto le torturaba con uno de sus extraños juegos mentales. Que funcionaban, dos veces debió evadir al suegro ese día, otra tuvo que soportar su mirada cargada de odio cuando con gestos silentes le preguntó sí ya había llamado al presidiario.

   Y ahora…

   Sin el saco, sintiéndose apesadumbrado, atrapado sin salida, mira por la ventana. Se vuelve y traga. Sobre su escritorio descansa un sobre amarillo venido desde la prisión. Cierra los ojos, no necesita leerlo una vez más. Sabe qué contiene la hoja de papel sacada de un blog de notas. Un mensaje escrito de puño, letra y mala fe de parte de Robert Read: “Has sido un chico malo. Si quieres verme, tráeme unas pantaletas bien sexys de tu mujer. Puestas”. Recordarlo le hace subir algo ardiente y amargo por la garganta. Ese sujeto le condicionaba la entrevista, le exigía someterse, humillarse. O lo contaría todo. Y lo contará, claro que lo hará. No lo duda ni por un segundo. Lo peor, como si todo eso ya no lo fuera bastante de por sí, es que sabe que ningún mensaje de parte de los reos sale sin ser leído. Y ese lo fue. Y la firma del censor era la de Slater James. El jefe Slater, ese hombre negro grande y fuerte. El jefe Slater que sabría al verle llegar a la prisión para la entrevista, si se sometía, lo que llevaría puesto bajo su traje. Sí iba.

   ¿Sí regresaba a la prisión? ¿A quién engañaba? Sabe que esa decisión ya no estaba en sus manos. Traga y parpadea con fuerza, sus hombros caen, vencido…

   Irá. Deberá llevar puestas las pantaletas de su mujer. Y el jefe Slater lo sabría…

……

   Oh Dios, piensa Nolan Curtis aterrorizado, terriblemente avergonzado, sabiendo que está mal, pero incapaz de controlar las respuestas físicas de su cuerpo, de gemir de gusto, mordiéndose los labios, cuando la gruesa verga caliente sale y entra, llenándole, abriéndole el recto, frotándole las paredes, aliviando ese picor que excita y enloquece. No quiere, pero no puede evitar esperar la otra embestida, y la otra, y la otra, como no puede evitar jadear, todo erizado, cuando ese sujeto le soba y toca todo, metiendo sus manos bajo la camisa de su uniforme. Cierra los ojos y le parece verlo, el grueso tolete amoratado de sangre y ganas, demasiado grande, aparentemente para su blanco y redondo culito, abriéndose paso, meciéndose todo, los gruesos pelos púbicos contra sus nalgas, las bolas golpeándole, la pelvis cacheteándole, la barra palpitando.

   A Read le encanta eso, verle así, escucharle ronronear aunque no lo deseaba. Pero ya era hora… Lentamente saca su enorme tranca, casi toda, hasta la cabeza, y se queda quieto. No se mueve, no le coge. Y Nolan jadea contenido, confuso, ¿por qué no seguía? Su culo se calienta de nuevo, siente ese picor horrible, no puede evitar tensarlo, abrirlo y cerrarlo en busca de alivio, vuelve el rostro sobre un hombro y le mira, mostrándose vulnerable, aguardando. Dios, ¡eso es lo que quiere!, piensa horrorizado el joven. ¡No, no lo hará! Ese sujeto quiere… Pero, mierda, su culo estaba…

   -Por… por favor… -croa, roto, un lamento que le cuesta. Y más cuando el otro sonríe.

   -¿Qué? ¿Qué quieres, pequeña perra? ¿Esto? –sin moverse tensa su miembro y el glande se frota dentro del esfínter y Nolan tiembla violentamente.- Tendrás que pedirlo… -informa, sonriendo, sabiendo su lucha, que quiere resistir, pero sabiendo que su culo era una masa caliente y picante de excitación.

   -Por favor… Por favor, sigue… -la voz es un sollozo.

   -Tendrás que venir por él, si tanto lo quieres.

   No, Dios, ¡no!, grita mentalmente, odiándole, odiándose. ¿Cómo pretendía ese sujeto que él…? El glande se agita otra vez, y grita porque su culo responde. No puede negárselo, mordiéndose los labios para no sollozar, echa su culo hacia atrás, tragándolo, haciendo desaparecer centímetros y centímetros de nervuda y fibrosa carne caliente. Y mientras le entra, deslizándose de manera maravillosa en sus entrañas, la siente palpitar y frotar las paredes de su recto, aliviándole y estimulándole. Incapaz de controlarse o pensar, golpea hacia atrás, gimiendo cuando se la clava toda, con tanta suerte (mala, por lo que luego resultaría), que la cabezota choca y frota de su próstata, haciéndole ver estrellas. Retira su culo y vuelve a empujarlo, metiéndose y sacándose la rojiza verga de Read, cogiéndose él mismo, gimiendo y sollozando por turnos, mareado, transpirado, cerrando los ojos, perdido en esas poderosas sensaciones, sus nalgas agitándose de adelante atrás…

   Read nada hace, tan sólo lo mira ir y venir, subir y bajar el redondo y joven culo de machito sobre su gruesa tranca que atrapa, amasa y succiona de una manera que le hace temblar todo.

   -Ahhh… eso es, perra, date gusto. Naciste para esto, para ser la puta de los hombres; por eso Dios te dio un coño hambriento de vergas por culo, para que lo disfrutes, para que te realices. ¿Te gusta, perra? ¿Te gusta sentir mi verga grande en tu pequeño coño mojado y hambriento de machos? –pregunta, ronco y bajito, burlándose por una parte, aleccionándole por la otra, torturándole al enfrentarle a esa idea.

   El chico no responde, no con palabras al menos, pero cuando el convicto le da una fuerte nalgada, el picor y la sorpresa le hace estremecer, su culo se cierra más sobre la verga y el frote es más intenso y estimulante, por lo que grita agudamente de placer y lujuria, odiándose cuando lo desea… otro azote de ese macho grande y fuerte que le domina.

   -Pero… pero… ¿qué mierda es está, Curtis? ¿Te estás dejando coger por un convicto, marica pervertido? –estalla una escandalizada y escandalosa voz, y cuando Nolan abre los ojos, sobresaltado, su culo apretando de manera maravillosa la verga clavada en él, se topa con su compañero de trabajo, Lomis, quien lleva de las manos, sosteniéndoles por las esposas, a dos sujetos vestidos de naranja, altos e igualmente sólidamente constituidos, que le miran con burla y desprecio.- ¡Pedazo de marica! ¡Eres un sucio marica! –le grita indignado, con desprecio, aterrándole, despedrándole, colocándole al borde del llanto.

CONTINUARÁ … 14

Julio César.

PROPUESTAS

enero 27, 2014

SU OTRA DEBILIDAD

CHICO SEXY ESPERA

   El chico busca a un tío maduro que le enseñe una lección que le hace falta y a mano sólo está el suegro. ¿Le dirá que sí o no?

RECOMPENSA

Julio César.

JUEGO

enero 24, 2014

MOSTRÁNDOLO

TIO EN TANGA

   Antes de ir para el trabajo, el señor Jorge les envía a los chicos de la fábrica fotografías como esta, para tenerlos pendientes y calientes todo el día. Le gustaba como fingían no saber nada ni haberlas recibido (él mismo fingía un enlace “equivocado” con una chica), que no vivían pendientes de mirarle la pelvis o el trasero imaginándose la prenda, o como era que “casualmente” tantos de ellos entraban a los vestuarios cuando llegaba y se marchaba, cambiándose de ropas, a veces paseándose en bikinis, encimándosele mucho a uno sentado a un banco mientras “buscaba algo” sobre uno de los lockers, oyéndoles, bajito, aspirar y tragar en seco.

MUSCULOSO EN HILO DENTAL

   Siempre atravesaba esa avenida a toda marcha, casi provocando accidentes fatales. Los choferes de otros vehículos, si iban solos, le miraban con las bocas abiertas, más de uno aceleraba y le seguía; si iban con otro carajo, se burlaban, duros bajo los pantalones, de lo “marica” que se veía, que seguro lo esperaba un marido, que eso lo hacía buscando desesperado lo que seguro ya se le había perdido varias veces entre las nalgas… Y la verdad es que no se equivocaban, el tío va a desafiar al oficial Vergatti en el cruce de la intercepción, que siempre le detiene y le revisa bastante, con dos dedos bien encrasados aún dentro de sus guantes.

TIO EN TANGA Y CON AROS

   -Así que son gimnastas, chico…Vamos, con los dientes cuélguense de mis aros… Tengo tres…

NO TAN MACHOS MEN

Julio César.

¡OTRA DEVALUACION DE LA MONEDA!, EL PAQUETE NEOLIBERAL DE NICOLAS MADURO A TODA MARCHA

enero 24, 2014

LIBEREN A IVAN SIMONOVIS

RAFAEL RAMIREZ

   -Aquí estoy para aclarar, pero no daré explicaciones…

   Mal, muy mal tiene que ser la situación del régimen cuando el Presidente de la República nombrado por la señora Tibisay Lucena, Nicolás Maduro, dice que durante todo el año 2014 no habría devaluación y a los pocos días aparece el gran zar de las finanzas (el que tiene el bacalao que cortan pedazo a pedazo), Rafael Ramírez, anunciando una devaluación de casi el ochenta por ciento. ¡Casi ochenta por ciento! De seis bolívares con treinta centavos (fuertes), el dólar pasa a doce bolívares. Lo curioso no es el desmentido, ya una ministro había anunciado que el periodo de clases duraría en diciembre hasta no se sabe cuándo y a los días fue desautorizada públicamente, incluso removida; también una diputado se quejaba de que un líder de la Oposición no fuera a una reunión convocada por el Gobierno y nadie le dijo que era que no le querían allí y no se le notificó.

   Sin embargo, esto es más grave, hablamos del Presidente de la República que es desautorizado, desmentido públicamente y quedando como un reverendo mentiroso. La devaluación en sí tampoco es sorpresa, Venezuela fue saqueada, el grotesco pillaje de las cúpulas podridas gobernantes la dejó sin dinero y ahora el Gobierno, el gran atracador, necesita conseguir más bolívares por dólares para nóminas y coimas, y fingir que todo sigue bien mientras se busca a quién culpar de esto, y esos bolívares los fabrica devaluando. Eso a lo interno, de vista al exterior nada significa porque el rumor que corre en los centros de poder real, no esos que se dicen potencia y ni papel de baño pueden garantizarle a la población, es que necesitamos ir, sombrero en mano y cabeza gacha, frente al FMI para ver si nos prestan plata, y allí siempre exigen “sincerar la economía”, por lo que el régimen ya comienza. Es lógico, pero caramba, ¿hasta cuándo piensa Nicolás Maduro exprimir a un país que previamente saquearon las bandas armadas en el poder? ¿No es mejor perseguir a la cúpula podrida del PSUV, con ayuda de los gobiernos extranjeros y obligarles a regresar lo robado?

   Me parece que fue un error garrafal enviar a Rafael Ramírez para que “explicara” la devaluación, que no es devaluación sino otra cosa, según él, donde el precio del bolívar pasa a valer menos frente al dólar (se parece, ¿verdad?), y que ahora sí saldríamos de abajo con sus nuevas ideas, cuando no es otro que el sujeto que llevó a PDVSA de estar entre las cinco primeras compañías petroleras del mundo, a una industria paralizada, accidentada, quebrada y endeudada. Fuera de ello, Rafael Ramírez hace mucho tiempo que perdió el contacto con la realidad, su fastuosa fortuna, su incalculable capital le ha separado de la gente normal que necesita su pobre quincena para pagar alimentación, vestido, escuela y pasaje. Su colosal patrimonio, reunidos desde que dirige la petrolera (imagino que ahorrando algunos centavos en cada quincena), le ha llevado a ser arrogante y prepotente para con los demás, atributos que sólo se aceptan en gente inteligente o exitosa cuando discute con necios, el cual no es su caso.

   Este poderoso oligarca, uno de los nuevos amos del valle, no está capacitado para hablare con franqueza a un país menesteroso y lleno de un proletariado más arruinado sobre sus problemas, llamar a la unidad para encararlos y dedicarse a la tarea de resolverlos. Él no puede entender a quienes pasan hambre, los que temen perder el carro, o la angustia de no poder cubrir la cuota del colegio de los muchachos, o, terror terrorífico, enfermarse y tener que ir a una clínica ahora que él y el resto del Gobierno, que no van a tratarse sus males donde si tienen que ir a “morir” los pobres, han destruido el sistema público de salud. Esa incapacidad para entender a la gente de este país, sumado a su ya reconocida y confirmada incompetencia personal, no le hizo el hombre idóneo para la tarea. Decir que no habrá devaluación, que no se puede hablar de devaluación, cuadro el dólar pasa de seis con treinta, a doce, sólo cabe en su escaso intelecto. Se le van los tapones cuando la gente le cuestiona, cayendo en el exabrupto de decir que el precio estable del dólar es a seis treinta aunque se tendrá que pagar a doce. Argüir que él no va a discutir si es devaluación o no, es otro rasgo de soberbia impropia, de arrogancia sin sustentos (ha demostrado no estar capacitado para nada), de quien por rico y poderoso cree que no debe justificar sus actos frente a los pobres muertos de hambre (es la misma casta maldita que gobierna Cuba).

   Fue especialmente infeliz su frase de que se gastaba en viajes o en comida, en viajar o en medicina, trasladando la responsabilidad a la gente que no pudo meter las manos en el erario nacional como si hacía él y su gente. No explica cómo un país que recibió en doce años cinco veces más de lo que reunió desde la Colonia para acá, no tenga dinero con qué comprar comida o medicinas, repuestos o pagar a proveedores del mismo Gobierno. ¡Le deben a todo el mundo! Casi parece decirnos que los culpables somos los venezolanos, que debemos andar desnudo y muertos de hambre porque, bueno, ellos se robaron esos dólares con que se debió enfrentar y afrontar estos tiempos, pero que no podemos quejarnos porque ahora ellos también tienen que hacer sacrificios. Uno entiende que se tenga que hacer sacrificios, que uno pierda todo derecho económico porque se necesita dinero para comprar la comida que ahora no producimos desde que el Gobierno destruyó la producción nacional (entre los aplausos de los idiotas), si gente como Rafael Ramírez, Jorge Giordani y Diosdado Cabello, las grandes fortunas hechas a la sombra del gran robo nacional, fuera destituidos de sus cargos inmerecidos e investigados judicialmente. La pasaremos mal, pero los responsables de este desastre de casi quince años lo pagarán. Pero no, quien causó todo este lío, Rafael Ramírez, nos dice que tenemos que jodernos porque todavía no han terminado de llenar sus botijas y necesitan tiempo. Y eso hay que aceptarlo porque él es el hombre puesto por los Castro, desde La Habana, capital del imperio, para dirigir nuestra economía.

   Es que causa asombro tanto desparpajo. Escucharle denunciar que es una barbaridad que en doce años de control cambiario se hallan otorgado 8.600 millones de dólares para que los venezolanos viajaran, fue grotesco,  como si tuviera algún aval intelectual, ético o moral, o que al menos no se hubiera equivocado una y otra y otra y otra vez en la manera de dirigir la economía, él, que en doce años ha capitaneado la operación de desviación de la mitad de los ingresos petroleros netos. De cada cien dólares por barril desaparecían cincuenta dólares; ah, pero la gente no tiene derecho a usar, al año, ni tres mil dólares porque eso es “horrible capitalismo consumista”. ¿Es o no es insólito que ahora nos salga con estas cuentas? Pero claro, eso no lo dicen los rufianes domingueros de ULTIMAS NOTICIAS que se hacen llamar intelectuales, ni se discute en sus foros y portales, por ello no se resuelve nada jamás; aunque tampoco les importa mientras defiendan al que corta el bacalao y les entregue sus migajas. Por cierto, en este grupo no meto a los chavistas fanáticos de base, lo suyo es muy humano y por lo tanto más doloroso, casi digno de compasión; un grupo de vividores y aventureros con ganas de hacer fortunas les dijeron que harían una revolución por los pobres (esos mismos que ahora les desprecian tanto que ni explicaciones quieren darles), y se creyeron esas pendejadas durante catorce años; ¡catorce años comiendo paja! Ahora no les queda más que gritar que así es que se gobierna, lo otro es reconocer que fueron engañados como bolsas. El hombre siempre defiende sus errores con más fuerza que sus aciertos, porque estos le reflejan como lo que es, como un imbécil, y nadie quiere pasar por tal. Por ello ya esa gente sufre su propio infierno.

   Lo terriblemente preocupante, lo que no dirán los dizque intelectuales de izquierda, comenzando por esos vividores de ULTIMAS NOTICIAS, es que traer a Rafael Ramírez para dirigir esta política de “raspado de la olla”, puede tener muy serias connotaciones. No que devalúen el bolívar, todavía más, aumenten la gasolina, o acaben con la representación sindical, todos son pasos previos necesarios (la receta neoliberal) para mendigar la ayuda del Fondo Monetario Internacional, esos viejos buitres que aguantan y aguardan tranquilos escuchando insultos, esperando a los necios en la bajadita para sacar luego su tajada. Lo preocupante de Rafael Ramírez dando la cara, con todas sus limitaciones e ineptitudes como profesional, es que se puede estar manoseando ya la idea de vender PDVSA, él es el hombre de PDVSA y la está mostrando en la vidriera como parte de la oferta,  dándole el hombre que sea a tal acto de entrega (para que lo repitan los necios domingueros de ULTIMAS NOTICIAS y el chavista de base pueda creer que no la están entregando de verdad). Vender PDVSA, fin original de la Ley Habilitante que Nicolás Maduro necesitaba ahora que los chinos no sueltan plata, los rusos se volvieron pura bulla y desde el imperio del Norte nos venden hasta lo poco con lo que hacemos las arepas. Es el destino de los países donde la gente cree en pajaritos preñados y en cuentos de caminos, que de verdad piensa que hablar mucho es hacer y que el desear algo, de todo corazón, puede levantar a los muertos.

VIELMA MORA CONTRA LOS ESTUDIANTES

Julio César.

INSENTIVO CORPORATIVO

enero 24, 2014

PRUEBA

SEXY MAN

  El jefe sabía lo que querían…

   Los tres jóvenes carajos del Departamento de Ventas habían trabajado bastante, muchas horas por poco sobretiempo, pero lo habían hecho ansiosos y a gusto. El jefe sabía repartir entre los tres unos muy grandes incentivos. Casi tiemblan cuando le ven entrar después de enviar los últimos correos y asegurarle a su mujer que pronto llegaría a casa para la cena:

   -Bien, perras, ¿quién quiere un poco de esto? Vamos, la más guarra come más… -anuncia y sonríe; conoce la dinámica del mundo corporativo, así que no le sorprende ver a los tres hombres jóvenes caer de rodillas y frotarle con sus rostros, cada uno compitiendo con los otros por el pedazo más grande, caliente y sabroso.

QUIÉN LO TIENE, LOS TIENE A TIRO…

Julio César.

MÁS QUE ABUSO

enero 24, 2014

VAYA DÚO

GOZANDO AL MAMON

   Era caliente, por sucio y malo…

   -Vamos, vamos, perra, sabes lo que tienes que hacer. –le ruge, dominante y duro, metiéndola y sacándola, disfrutando de verle en ese predicamento, ojos muy abiertos, unos donde brilla la vergüenza y el reproche por lo que le hace, pero cuya boca deja escuchar jadeos de gusto y su lengua no se cansa de adorarle. Desde que le pilló mirando aquellas fotos de tíos en tangas supo que lo tenía en sus manos, que terminarían así. Era tan excitante hacerlo a media tarde en el taller mecánico de su propio padre.- Eso es, aprieta y succiona; rápido, mamón, porque si papá llega y vea su hijito intelectual comiéndola con tantas ganas, seguro se antoja también. –oh si, su hermano menor estaba perdido. Ahora sería la tragona del taller.- Dime, hermanito, ¿alguna otra te ha sabido más rico o esta no es la mejor que has tenido?

UN GASTO JUSTIFICADO

Julio César.

ESAS PREGUNTAS DE CUENTOS…

enero 24, 2014

LA PORCINA

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    …Que te hacen pensar mientras sonríes.

   No es técnicamente una foto graciosa, no está la Cenicienta perdiendo una delicada zapatilla y mostrando un pie feo, por ejemplo, pero me hizo reír. Porque es verdad… ¿cómo pierde la zapatilla si era perfecta? ¿Sería cosa del Hada Madrina?, se sabe lo mañosas que pueden ser esas doñitas de cierta edad cuando quieren arreglar matrimonios, ¿quién no las ha padecido? Aunque no debo ser cruel, mi hermano es feliz y fue presentado a su señora mediante una amiga de la mamá de esta. Aunque están esos otros casos, como una colega del trabajo diciéndome que saludara de su parte a mi cardiólogo, que eran amigos y que ella le presentó a la que es su esposa. ¡Y él dice cada cosa de ella! De su señora. Por mi parte, nada le dije, mejor no me arriesgo. Es un buen cardiólogo.

LA CARA DEL CHASCO

Julio César.

FIESTA SORPRESIVA

enero 24, 2014

…COMPAÑERO DE CUARTO?

CHICOS TIRANDO

   Cuando hay amistad de por medio…

   Nunca imaginó que una noche antes de su boda, en su despedida de soltero, ocurriera eso. Que de tragos y ver películas sucias, de ser engañado por la bailarina que no llegó, de perseguirse unos a otros con juguetitos raros que como bromas los amigos le dieron, como gruesos consoladores de goma por si su mujer no quedaba satisfecha, o pantaleticas para ella, que insisten que él use, se pasara a esto fue algo natural. La pantaletica era realmente sexy, los tragos fueron muchos y el sentimentalismo estuvo a flor de piel. Se estimaban, se querían y él se casaría al otro día abandonándoles como pana de parrandas; no era raro que terminara gimiendo, gritando, estremeciéndose y pidiendo más entre las atenciones del padrino, su mejor amigo, y el hermano de su novia, un tío buena nota a quien llevaba años tratando… quien era el que más le cabalgaba y más lo gozaba en esos momentos.

LA DUDA

Julio César.