Archive for 31 mayo 2014

OFRECIMIENTO

mayo 31, 2014

ORGULLOSO

CHICO EN HILO DENTAL

   Y era todos los días.

   Cuando Vergatti y Malone, dentro de la patrulla policial, enfundados en sus ajustados uniformes azules dado lo musculosos que eran, bíceps como melones y mucho pelo en sus pechos, pasaban por la entrada de la urbanización siempre se encontraban con Vicentico, quien les miraba, enrojecía, sonreía y les mostraba todo lo bonito, tierno y fresco que tenía para ofrecerles si se detenían y le llevaban entre los dos a un lugar íntimo y apartado. La oferta era así de caliente siempre, aunque a veces roja, azul o amarilla. A los uniformados se les achicaban más los pantalones cuando veían al muchacho, casi deteniendo la patrulla para disfrutar el público espectáculo, miradas ardientes sobre él, antes de alejarse y verle la carita de pesar. Joder, si no fuera el hijo del Capitán, ya le habrían dado macana de la dura y de la buena… bien metido entre los dos.

RUTINA

Julio César.

SERIES DE MIS TORMENTOS: NCIS SIN ZIVA, ¿EL FIN?

mayo 31, 2014

TONY AND ZIVA

   La encontró una vez, ¿volverá a hacerlo?

NCIS

   Una vez, buscando en la red los ratings de la serie SUPERNATURAL, me encontré con que no eran, numéricamente hablando, muy altos, aunque contaba con una fiel fanaticada que la sostenía (ahí me cuento). Mi sorpresa fue ver que NCIS, la serie del férreo agente Leroy Jethro Gibbs (Mark Harmon), era uno de los programas más vistos de Norteamérica.

NCIS ELENCO

   Y se entiende, desde el episodio piloto de la primera temporada no ha hecho más que madurar y mejorar, sorprendiéndonos siempre con tramas bien hiladas, llenas de suspenso, acción, pero también hilaridad, drama y sentimientos; aunque la larga puesta en escena haya agotado muchos de sus fuertes, como era lógico esperar. Sin embargo, aún hoy, la audicioncita les sonríe. Por ello me ha extrañado la promoción que hay en estos momentos en el canal por cable AXN, donde hablan del paso del tiempo, mostrando a varios de los personajes, Gibbs, Ducky, Fornell y DiNozzo algo cambiados (el almanaque), “invitándonos” a disfrutar los capítulos finales. ¿Se acaba la serie? ¿Es la última temporada? Algo así pasó con CSI: Miami, y no lo noté hasta que fue tarde.

   Si, es cierto que la trama se ha estancado un poco, son once temporadas, ya no pueden ofrecer temas más frescos, los han presentado todos (esta temporada se inicia con un agente terrorista que mata entre otros al papá de Ziva, y luego otro que marca la aparición de la nueva agente, Ellie Bishop), no menos cierto es que el programa se mantiene. Nos sentamos a ver qué ocurrirá esta semana. Es un espacio ganador, entonces ¿por qué acaba? ¿Están agotados los actores, ven el modelo estancado, quieren probar algo más mientras tienen tiempo? ¿Desean sus personajes marcharse mientras todavía gustan? Puede ser, SMALLVILLE se arriesgó a eso y no le fue muy bien, tampoco a CSI: Miami, aunque me gustaba (SMALLVILLE no, desde la cuarta temporada me cansó). En líneas generales, las tramas se han mantenido interesante, aunque lo del terrorismo cansa un poco a veces, deseándose volver a los temas más sencillos en barcos, submarinos y cosas así, que los ha habido, pero recordando otros episodios.

TONY Y ZIVA, AMOR ETERNO

   Sin embargo, de esta onceava temporada, lo que ha destacado ha sido la partida de Ziva David. La bella Cote de Pablo dejó el programa, para probar cosas nuevas y ojalá le vaya bien, muy bien, porque nos mancó el programa. La amamos, la entendemos, pero nos embromó. Y eso que ya cansaba su indecisión sentimental con Tony. Jamás entendí por qué no terminaban de formar pareja, siempre hubo esa gran química entre ellos, ese antagonismo sexual, todos esos celos cuando un tercero, o tercera, aparecía; y hay que recordar toda la intensidad amor odio que presenciamos cuando Tony mata a su novio del Mossad, apartándose del grupo, o siendo dejada atrás a pesar de todo el dolor de Gibbs y la frustración de Tony. ¿No fue increíble la escena de Tony atado a una silla, prisionero en un punto apartado del desierto, buscándola, deseando encontrarla viva pero temiendo lo peor? Esa relación debió evolucionar, y aunque generalmente eso no termina bien, hay quienes si lo logran como Temperance y Booth, en BONES. Allí son pareja, discuten y se aman mientras combaten el crimen. Eso pudo hacerse con Tony y Ziva, nos lo merecíamos, ellos lo merecían; es que no era normal que pasaran los años, y años, y no ocurriera nada entre ellos.

DUCKY MALLARD

   Como me parece que falta generosidad para con Ducky, el doctor Mallard (David McCallum, el recordado agente de Cipol, así como el seco Acero, uno de los dos mutantes justicieros), ¿por qué no un romance otoñal, una compañera que le ayudara a celebrar cenas con sus colegas?

LEROY JETHRO GIBBS

   ¿Y Gibbs? Es el hombre duro, claro, ¿pero costaba mucho una relación no tan complicada como la que tenía con la siquiatra, tal vez una que le soportara y brindara la oportunidad de una familia? ¿Qué, lo terminarán como un anciano solitario?

ABBY AND MCGEE

   Lo de McGee (Sean Murray) y Abby (Pauley Perrette), no tuvo nombre; toda esa química, esas vueltas de uno alrededor de la otra y no ocurre nada. McGee casi se casa, y ella nada. No es normal que pasaran tantos años y una mujer como Abby, bella, inteligente, simpática y excéntrica no encontrara a nadie.

JIMMY PALMER

   Algo que ya venía rodando, y es tan típico de los americanos, como el adoptar muchachos ajenos (Jimmy Palmer, Brian Dietzen), o comprometerse con una mujer que sufre un accidente y se acepta fácilmente ese cambio de vida, como quedar en una silla de ruedas (como casi pasa con McGee), no fue realmente muy interesante. Humano si, pero distante a otras culturas.

JENNY

   La muerte de Jenny (Lauren Holly), fue tan dura como la de Paula Casiddy (Jessica Steen), por no hablar de la esposa del nuevo director, Leon Vance (Rocky Carroll).

LEON VANCE

   Fuera de esos detalles, la mezquindad con esta gente que llevamos viendo once temporadas, aún ahora la serie tiene puntos muy buenos.

FBI FORNELL

   Por nombrar sólo algunos, está la mujer agredida con narcóticos, con el director, Leon, exigiendo que se investigue porque su hija le dijo que quería entrar a la Naval y no puede acepta que eso siga ocurriendo cuando ella llegue (un acomodo de aquello de “que toda guerra se libre en mi generación para que mi hijo viva la paz”). Cuando reaparece el papá de Gibbs, más anciano, que parece confundido deseando tercamente que le acompañe a conocer a un viejo ex camarada de la Segunda Guerra Mundial, y Gibbs teme esté muy viejo y algo senil ya que el nombre de ese amigo no aparece en ningún registro, para saberse luego que era un piloto alemán que le salvó cuando se quedó sin aparatos de navegación y volaba a ciegas y ese chico le guió hacia la costa inglesa; ese hombre agoniza y teme no haber hecho nada bueno con su vida, y las caras de sus enemigos caídos están rodeándole, pero el viejo le presenta a Gibbs, un hombre bueno que salva vidas, algo que ocurre porque antes él le salvó en la guerra. Nada más la semana pasada, el caso del joven marine asesinado cuando cubría la vida de veteranos de guerra en condición de mendigos, a quienes todavía, después de muerto, se les robaban los órganos. Las tomas de la gente en las calles tan cerca de los centros comerciales y las oficinas, pareció una sorpresa para muchos, como ocurre en todas partes del mundo. También, la serie, cuenta con esos personajes tan originales y notables, como la ex esposa que compartían Gibbs y Fornell (Joe Spano); esa mujer estuvo maravillosa en cada una de sus apariciones. Me molestó el caso de la agente Lee, la quería; me gustó la agente maniática de los gérmenes y la chica del polígrafo que perseguía a McGee.

TONY Y ZIVA EN EL NARANJAL

   Ahora vamos con Ziva alejándose. Como he comentado antes, adoraba yo a Kate (Sasha Alexander), y cuando la asesinas KATE - SASHA ALEXANDERcasi renegué del programa, y resentí a Cote, pero ella supo ganarse su propio lugar de una manera intensa, su Ziva era una mujer atormentada, demasiados demonios y casi todos venían de su casa. El asesinato a su padre la temporada pasada, que se desconfiara de ella cuando lucha y mata al terrorista que lo hizo (un antiguo camarada del Mossad), así como el agente que viene a acabar con la manera alegre con la cual Gibbs y su grupo se toman la ley en las manos, estuvo muy bien. Como el escape de Ziva a Israel, desapareciendo del mapa mientras Tony va tras ella. Ese encuentro en la antigua casa familiar donde Tony la alcanza cuando se da cuenta que ella viaja para atrás en el tiempo a los lugares que significaron algo en su vida, fue emotivo. Se veía bien ese Tony de barba, fue bonito el encuentro bajo los naranjales, pero la separación cuando casi, casi, se dicen que se aman, fue insatisfactoria. Esperamos demasiado por ese momento que se nos fue en un segundo. Y Ziva David, Cote de Pablo, desaparecía de nuestras vidas, ¿sobreviviría el programa?

ELLIE BISHOP

   La nueva agente, Ellie Bishop (Emily Wickersham), es un personaje interesante, pero parte del atractivo de ese miembro del equipo, la mujer, era su mecánica con DiNozzo. Con Bishop se pierde la química de la bonita y carismática soltera que antagoniza sexualmente a galante agente (casos de Kate y Ziva). Bishop se ve demasiado joven para él, y está casada, lo que en sí es llamativo, ¿quién interpretará a su marido? ¿Y si todos le odian? ¿Y sí todos le quieren? ¿Y sí es un sujeto tipo Tom, el marido de la agente Kane en LA LISTA NEGRA? Sin embargo, se echa eso de menos, la mujer que encara a Tony con lo machista que es; y ahora sería más forzado, que de la noche a la mañana amara a otra cuando Ziva todavía está por ahí y hubo una promesa tacita de “más adelante ya veremos”. ¿Es esto suficiente para pensar que la serie acaba? Hace poco transmitieron un episodio doble, sobre un asesino en serie que renace del pasado, reencontrando a Gibbs y Fornell con un viejo colega de NCIS, a quien deben unirse, y su grupo, para investigar. Me agradaron los nuevos, primero, Scott Bakula, desde su Salto Cuántico, y Lucas Black, de su personaje en la película Legión. ¿Será que nace otra secuela? NCIS: LOS ANGELES, es bastante buena.

ALEC AND LOGAN -DARK ANGEL

   Cuesta imaginar que se despida este programa que vemos cada miércoles, a las ocho y media de la noche, hora de Venezuela, por AXN. Ha LOGAN - TONYpasado el tiempo, algunas tramas, como la de la marine sedada y violada por un colega, se parecen a otros temas ALEC - JENSEN ACKLESpresentado anteriormente, los personajes han envejecido a ojo vista (especialmente DiNozzo, y eso que según tengo entendido que Michael Weatherly es contemporáneo de Jensen Ackles, los dos eran unos chicuelos apuestos en Dark Angel, pero el cazador de demonios a diferencia del agente especial, parece mejorar con los años), pero si la quitan, si se despiden, quedará ese desagradable vacío. Y no me gusta. Sin embargo, ¿imaginan un final donde Ziva planta algo, levanta la vista y ve acercarse a Tony, con su barba, una mochila al hombro y ella sonriéndole? ¿No sería genial?

   ¿Alguien sabe algo al respecto?

Julio César.

ACONTECE

mayo 31, 2014

…COMPAÑERO DE CUARTO?

TOMANDO DURO

   A cada rato.

   ¿No te ha pasado? Subes a la azotea de tu edificio a llevar sol porque las nenas aman tu bronceado, te aceitas lentamente ese cuerpo que tanto te gusta ver al espejo con ajustadas ropas interior, te tiendes en bañador y llega ese sujeto, un vecino al que siempre ves en los estacionamientos con su mujer, que tiene cara de odiosa. Y ese tipo te cae encima, reteniéndote contra la toalla, pero te alzas, te refriegas y luchas, pero va controlándote, reteniéndote, sometiéndote, bajándote el bañador y bajándose el suyo, tocándote con eso que ya está caliente. Y tú gritando que no, con voz aguda, gimiente… meneándolo contra eso, guiándolo tú mismo a la entrada… de tu alma. Puede ser cosa del sol en la cabeza.

ALCANZANDO EL SUEÑO

Julio César.

LA NOTICIA BUENA

mayo 28, 2014

…AGUAFIESTAS

AMIGOS

   A veces se dan…

   Cuando Matías le dijo a Roberto, su mejor amigo de años, también compañero de alberca al pertenecer ambos al equipo de natación de la escuela, que había terminado con su novia, Nelly, porque no se sentía feliz con ella, se sorprendió pero también se le calentó el corazón, cuando a este le brillaron los ojos, riente, gritando que “qué bien; ¡la odiaba!”. Le agradó que le gustara, ya que no había dicho nada cuando comenzó a salir con ella, esperando alguna objeción de ese amigo que a veces le celaba y a quien ninguna de sus novias le parecía bien. Lo que no esperó es que se le fuera encima, dichoso, y le besara aliviado, feliz, entregándose… Y si, sorprendido, mirándole impactado cuando se separan y Roberto enrojece de preocupación, se pasó la lengua por los labios, recogiendo el sabor de su mejor y más querido amigo, y volvió a juntar sus bocas mientras sus compañeros reían y pitaban. A veces, a los muchachos, todo les salía bien.

LA CITA TARDIA

Julio César.

LIBEREN A MERIAM YEHYA IBRAHIM

mayo 28, 2014

DESNUDOS FRENTE AL PAÍS

AYUDA A MERIAM

   Hay días cuando el mundo parece haber enloquecido.

   Amnistía Internacional está haciendo el llamado, exigiendo no sólo la libertad de esta mujer, sino que se detenga su ejecución que es el peligro más inmediato. Meriam Yehya Ibrahim, una joven médico de 27 años de edad, fue condenada a muerte, en Sudán, por el “delito” de haberse convertido del Islam al Cristianismo. Tan terrible “afrenta” merece la pena de muerte… previos cien latigazos; escarmiento que seguramente no sería tan mala si no fuera mujer en un cultura donde a las féminas se les trata como a seres de segunda, pero donde todavía se habla del “honor” de estas, y de defenderlo. Claro, desde el punto de vista de esos hombres que las acosan, sujetos que las adversan y temen (por eso los países islámicos jamás podrán con los israelitas).

   Está detenida, Meriam, esperando por el cumplimiento de su sentencia, postergada porque estaba embarazada. Su hija, también detenida, nació ayer, 27 de mayo, seguramente compartirá “guardería” con el primer hijo de la mujer, de veinte meses de edad, retenido al lado de la prisión. Un tribunal “religioso” la condenó por apostasía, por convertirse en cristiana (la espera la horca), y de adultera por casarse con un cristiano (recibirá cien latigazos). Siendo sus hijos nacidos de un cristiano, se le detiene también.

   La verdad es que en un mundo lleno de injusticia, horrores, de monstruos públicos y de los privados, aquellos de quienes nada se sabe, donde tantos sufren de hambre, falta de atención médica, justicia o libertad, cuesta creer que una mujer sea sentenciada a muerte, separada de su familia y estos sometidos a un destino incierto por “convertirse en cristiana”. Cuesta creer que exista un lugar en la Tierra donde esto, al lado de ese mundo incierto, ocurra y sea “normal”. Aparentemente, frente al fulano tribunal religioso, la mujer se negó a renegar de su fe. Pues, no me parece justo, carajo. Sé que en otros casos, cuando se aplica la pena de muerte, no he objetado; pero esta se refería a gente que sabiendo que si mataban a otros, por motivos futiles, serán detenidos y ejecutados, no veo el problema. Si matas, no en defensa propia o de otros, porque codicias algo ajeno, necesitas plata para drogarte, por violación y asesinato, o asesinato simplemente, debes morir. Y si la ley de tu país dice que a tal delito tal castigo, ni siquiera puedes patalear, lo sabías y decidiste jugártela, ahora paga.

   Pero eso no aplica a este caso. Meriam no mató a nadie para acostarse con un sujeto en la parte posterior de un carro, no sacrificó niños y pidió “comprensión para ello”, no abogaba por la pederastia, la trata de blanca, de órganos humanos o el tráfico de niños esclavos, no pertenecía a un grupo que perseguía gente y la mataba por cuestiones raciales, de credo o sexo; simplemente cambió de fe. Algo tan privado, tan íntimo (cuando realmente se cree en una deidad, hay quienes no lo necesitan y no entienden esa pasión que lleva a otros a morir en las fauces de un tigre o a negarse a recibir sangre), es una creencia que sólo significa algo para cada quien; y cuando ella sintió que su verdad ya no estaba en la tradición de sus padres, fue al encuentro de otra. ¿Qué conocía el precio y debía pagarlo, o que debió retractarse? Cristo pudo alegar que bromeaba cuando decía que era el Hijo de Dios y no terminar en la cruz; Nelson Mandela pudo alegar que lo había pensado mejor y que se comportaría como chico bueno si le dejaban en libertad; tantos y tantos que han sido martirizados por la imposibilidad de renegar de su dios (y lo escribo en minúscula porque hablo de una generalización, no es un error), por proteger gente cuando las leyes decían que debían entregarles, o que ayudaban a escapar a otros, poniéndose en riesgo ellos mismos, son respuesta suficiente.

   ¿Qué Sudán tiene sus leyes y puede hacer lo que quiera con ellas? Perfecto, pero que escuche el clamor de todo un mundo y tengan algo de piedad; si no en nombre de su dios, uno incapaz de ello, al menos en el de otros. Que les permitan a esa mujer y su familia irse, sacudiéndose el polvo de sus sandalias para no cargar con nada de esa pobre tierra y que el mundo les cerque y les aísle. Todo, cualquier cosa pero… ¡Qué no la asesinen!

   Amnistía Internacional tiene una página que puede ayudar, no sólo para dar fuerza a las peticiones frente a ese gobierno, sino para obligar a otros organismos a intervenir (saben lo irresponsables e inútiles que son generalmente organismos internacionales como la ONU, la OEA o la OTAN), y brinda algo de consuelo a las víctimas y sus familiares. El mensaje es claro: no están solos, otros piensan, se angustian y ruegan por ustedes. Ya di mi firma, instaré a familiares y amigos a hacerlo también. Que cada quien actúe según su conciencia. Espero que ayude: http://www.alzatuvoz.org/meriam/

¿INTERPRETAN BIEN AL PUEBLO COLOMBIANO?

Julio César.

EL SUEGRO LO ENVICIA… 33

mayo 27, 2014

…LO ENVICIA                          … 32

   Este relato me lo envía por correo un conocido de la casa, LeRoy, y es bueno, aunque es una mala traducción que me tomará tiempo medio hilar. Este relato que NO ES MÍO, lo llevo más bien como una pequeña adaptación. Que el autor no se moleste, por favor. Bien, la trama: un chico muy joven sueña con ser físico culturista y se casa con la hija de un ex culturista, el cual termina convirtiéndole en el juguete sexual de todos los hombres. Disfrútenlo.

……

Título: Muscle Pussy

De: hgenyc9261@gmail.com

EL HILO DENTAL BLANCO

   Hay tíos con encanto…

……

   -Métesela, cabrón… -grazna Bill, su verga titánica increíblemente llena.    -Calma, perro, necesito algo para ayudarle, algo de lubricación. –informa Mark, mirando a Bobby a los ojos con una mueca libidinosa y burlona, golpeándole la entrada del culo, una y otra vez, con la roja cabeza de su gruesa tranca, quemándole y untándole de sus claros líquidos pre eyaculares..

   -¡¿Papa?! –es cuando Kyle exclama.

   Bobby no sabe por qué lo hace, perdido como está por las ganas que despiertan en sus entrañas ese glande liso y caliente, levemente mojado de líquidos pre eyaculares que se frota de su entrada. Pero lo averigua pronto. En medio de cierta sorpresa, Tom se agacha tras ellos, y su lengua ávida va hacia el rojo culito del culturista, luego de apartar el hilo dental, y comienza a metérsela, azotándole y lengüeteándole, con la verga de Mark casi apoyada contra su mejilla. Cuando Bobby gime por la caricia, su agujero se abre invitador y esa lengua le penetra, dejándoselo bañado en saliva. Cerrando aún más sus dedos sobre los pectorales de Mark, el rubio musculoso se deja llevar por la estimulante caricia, recordando lo mucho que a Tom le gusta comer de los coños… Los coños que su otro hijo, Frank, dejaba llenos de esperma caliente. Imagina que el maduro semental debía estar disfrutándolo mucho en esos momentos.

   -Maldita sea, Kyle, a tu viejo le encanta comer coños, ¿eh?

   -Ya lo había escuchado. –comenta este, fascinado por el cuadro de su padre, desnudo, fuerte y fibroso, inclinado entre las piernas de su amigo, con la gruesa verga de este rozándole la cara y metiéndole la lengua a otro joven tío por el culo. Y se notaba que le gustaba y sabía comerlo, se dice, viéndole meterle la lengua con sapiencia, haciendo gemir y estremecerse al chico culturista. Frank, su hermano mayor, sonriendo, siempre le decía que a su papá le gustaba meter la lengua en los coños de sus amigas, ahora se pregunta…

   -Joder, haces un buen trabajo, Tom. –concede Mark, metiéndole fácilmente dos dedos a Bobby en el culo, siendo lamidos también por la lengua del papá de su mejor amigo.- Así ayudas a tus compañeros a que puedan meter sus vergas en el coño de esta putita, aunque podrías ayudarme más. –el tono provoca escalofríos en todos, sobre todo en Kyle, que observa con interés como su padre abandona el agujero tembloroso y mira al tío tatuado, que se agarra la gruesa tranca con la mano libre, agitándola.- ¿Por qué no te aseguras de ensalivar también mi verga? –y este, respirando algo agitado, mira la enrome mole que se levanta frente a él, gruesa, nervuda, palpitante. Caliente. Rápidamente mira a Kyle.

   -Vamos, papá. Ayúdalo.

   Antes de volver la lengua a culo de Bobby, Tom escupe sobre el glande de Mark, la saliva brilla, espesa, bajando muy poco. Y cerrando los labios sobre el tembloroso agujero depilado del chico rubio, succionando, mira el tolete a centímetros.

   -No basta, Tom. –señala Bill, ronco, ojos oscuros de lujuria, sobándose su enorme instrumento.

   Y lo hace, Tom, allí, frente a su hijo y los amigos de este, lleva su lengua a ese glande grueso, recorriéndolo, untándole la saliva. Escupiendo más y regándola, provocándole un estremecimiento en las bolas al más joven (joder, estaba bien caliente, y una lengua le recorría la cabecita, y era el papá de su amigo ahí presente, ¿qué se podía esperar?). Kyle, fascinado, siente que gotea también porque cree adivinar algo de su padre. No, lo sabe de cierto; aunque lo hace rápido, aunque parece que sólo unta la saliva para lubricar esa verga, sabe que su padre está saboreando los líquidos pre eyaculares de Mark, llenándose la lengua con ellos, degustándolos y tragándolos. Gustándole.

   ¿Mamaría güevos su padre? ¿Se atrevería a mamar el…?

   Y tal vez es que Tom se deja llevar un poco demás en su deseo de mostrar ayuda a sus compinches de parranda, o quiere probar, eso se sabría luego, pero ahora, muy cerca, bañando culo y glande, deja car otro espeso salivazo sobre la cabeza de la verga de Mark, sus labios rozándola suavemente de nuevo, untándola bien, luego agarrándole y untándole el palpitante y grueso tronco, con una decisión de hacerlo que hace que a todos les fascine, y guía la cabezota lisa y mojada hacia el agujero de Bobby, presionando contra sus labios gordos, lampiños y lisos. Iba a penetrarle, y tomando aire, el rubio culturista se prepara para ser llenado con aquella gruesa barra. La roja cabezota se frota y presiona, separando el esfínter, empujando, abriéndose camino.

   Muy erguido y rojo de cara, tan musculoso pero con las caderas apenas cubiertas escasamente con aquella pantaletica de mujer, Bobby muy quieto, ojos cerrados, espera ser penetrado. Su agujero sufre espasmos mientras la siente abriéndose, llenándole el recto lentamente, deslizándose dentro de sus suaves pero a la vez apretadas interioridades, cosa que parece encantarles siempre a los hombres cuando se lo meten por primera vez. La mano de Tom se aparta, Mark tensa sus muslos y empuja la barra al tiempo que Bobby se deja caer, gimiendo contenido entre sus labios cerrados, rojos y sensuales, sintiéndola totalmente metida en su interior. Era condenadamente gruesa, y dolía un poco arroparla, pero sus rugosidades, sus venas llenas, su palpitar intenso le parecían maravilloso. Ese güevo en su culo se sentía tan…

   -Oh, sí, eso es, Bobby… Cae y atrápala toda, nene. Ahora tienes la verga de un hombre de verdad toda enterrada en tu coño dulce y caliente. Dime, ¿te gusta? ¿Te gusta cómo se siente mi verga dentro de tu coño putón? –le pregunta Mark, riente, soberbio, quieto, sintiendo rico su tranca tan apretada y succionada ahora.

   -Si… -fue todo lo que pudo gemir el culturista, su pecho subiendo y bajando, totalmente emocionado. Ese tolete estaba calentándole de maneras que no puede ni procesar.

   -Dime… Dinos a todos, ¿qué es lo que te gusta?

   -Tu… tu verga. –susurra apenas consiente, su redondo anillo abierto exageradamente para rodearla.

   -¿Dónde? –sigue con las preguntas del macho que domina a sus perras.- ¿Dónde te gusta tener mi verga gorda y dura?

   -En mi culo… -reconoce con un jadeo, abriendo los ojos nublados por la intensa emoción que está viviendo.- Me gusta sentirla llenándome el culo…

   -No, ¿en dónde te gusta sentir mi verga, llenándote? –insiste.

   -En… en mi coño. –le mira a los ojos, sometido y entregado, gozándolo como nunca, reconociendo la superioridad sexual del otro.- Me encanta tu verga gorda y dura en mi coño mojado y caliente… papi.

   Al parecer esto era lo que el tatuado y poderoso chico deseaba escuchar. Sonriendo, mirándole a los ojos, colocó las manos fuertes sobre sus caderas y comenzó a subir y bajar su miembro gordo, metiéndoselo todo y sacándolo de igual forma de su redondo culo, cerrando sus muslos algo velludos de las turgentes, redondas y lampiñas nalgas del chico rubio, quien gemía y se estremecía totalmente emocionado. El cilíndrico tolete iba y venía, sin detenerse, penetrándole, poseyéndole duro. Notar la gruesa barra deslizándose dentro y fuera de su recto, se sentía tan bien que Bobby no puede imaginar por qué pensó que podía dolerle o ser molesto. Nada de eso, así era como le gustaban, reconoce echando la cabeza hacia atrás cuando Mark intensifica sus arremetidas, adentro y afuera, macheteándole una y otra vez el culo de una manera que tiene a los otros tres espectadores, erectos, goteantes y completamente excitados.

   Totalmente perdido por todo el goce que estaba llegándole desde ese tolete caliente y duro, Bobby se bambolea sobre su regazo, sus muslos gruesos arriba y abajo, sus nalgas redondas abriéndose y cerrándose, la pantaletica cubriéndole apenas el tolete. Y mientras lo hace, mientras responde con intensidad y pasión al placer que le recorre siendo llenado por aquel macho, se refriega de él, de su torso y panza plana, sus manos recorren esos hombros recios, esos brazos poderosos que aún le retienen por las caderas. Bobby quiere rendirle pleitesía a ese hombre poderoso que le controla mientras goza las idas y venidas de ese tolete dentro de su culo, dándole en la próstata en todo momento.

   -Joder, si que eres una perra… Este coño es… -gruñe Mark, sonriéndole lujurioso, caliente y burlón.- Es bueno que tengas esas bragas puestas, ocultando tu pequeño clítoris, así la ilusión es perfecta. –las manos se cierran más sobre las caderas, reteniéndole sobre su pubis, medio alzándose de la silla y clavándosela más, haciendo que Bobby grite de puro placer.- Ahora eres mu puta, Bobby. Mi musculosa puta de coño goloso. Lo que tienes sobre mi verga, rodeándola, apretándola, succionándola, es todo un coño de hembra, tan afeitado como hambriento, ¿entiendes? No es un culo, es un coño maravilloso y enloquecedor que necesita ser saciado por los verdaderos hombres. –se medio alza más, demostrando su gran vigor físico.- Vamos, nena, muéstranos cómo una chica cachonda como tú, monta sobre los güevos duros. –y cae sentado de culo.

   Echando las manos tras su cabeza, Mark se recostó de la silla, disponiéndose a verle dar un buen espectáculo. Y echándose también hacia atrás, Bobby comenzó a saltar sobre sus piernas, de arriba abajo de manera intensa, apretándoselo duro mientras subía y bajaba su cálido agujero de amor. Ese ir y venir, ese roce intenso con las sensibles paredes de su recto, la sensación de llenura y pulsadas que partían del ardiente miembro le tenían delirando de puro placer, olvidado totalmente que una vez creyó ser un heterosexual como todos, que incluso llegó a casarse y que todavía tenía una esposa en sabía Dios dónde. Pero nada de eso le inquieta ahora, no cuando sus blanco rojizas nalgas redondas, lampiñas y musculosas van y vienen, enmarcando el redondo agujero de su culo que era atravesado una y otra vez por la gruesa mole de carne de joder, que parecía demasiado grande para él, pero lo dominaba y cabalgaba. Eso era caer, gemir duro, cerrar su anillo y refregarse de ese pubis para darse mayor placer.

   Tom, arrodillándose otra vez, llevó una mano y frotó el punto exacto donde el güevo de Mark y el culo de Bobby se unían.

   -Hombre, esto es jodidamente increíble. –graznó ronco de lujuria, todo él tenso al ver al enorme y rubio culturista subir y bajar su culo del tolete de aquel muchacho al que conocía bien.- Miren como los pliegues de ese coño, esos labios hinchados, salen y entran empujados por el grosor del tolete cuando la vulva sube y baja.

   Bill se acercó y se paró junto al papá de su amigo, ojos fijos en el increíble espectáculo, uno de sus mejores amigos dándole duro por el culo a otro tío; su propia verga todavía más larga y dura. Y Mark bizquea cuando el culo de Bobby sufre violentos espasmos, apretándosela intensamente. Ignora que al chico rubio le enloquece ver esa titánica pieza negra tan cerca y que ya soñaba con ordeñarla con su agujero ávido de amor, aunque tampoco quería bajarse de la de Mark. Bobby era joven, saludable, sensual y totalmente goloso, lo quería experimentar y vivir todo. Cuando las manos grandes de Mark caen sobre sus pezones, el rubio se tensa. Ese apretar le hace gemir, su culo totalmente mojado parece ganar vida propia, subiendo y bajando más.

   Estaba atrapado, lo sabía y reconocía de una manera íntima que le erizaba la piel y le cerraba la garganta. Esos cuatro viriles hombres estaban totalmente borrachos, calientes y cachondos, forrados de músculos y con vergas enormes, y él, Bobby, era su juguete de esa noche de juerga. Y la verdad es que el muchacho no cambiaría ese momento de su vida por nada, tan sólo lamentaba… la ausencia de su suegro. Estando él allí, sería sencillamente perfecto. Grita, sorprendido, cuando Mark comienza a embestirle, a cepillarle con fuerza el culo otra vez, cogiéndole duro, a fondo, haciéndole gemir nuevamente, de una manera abandonada, entregada, el de la de la putilla que es feliz mientras los machos la sacian.

   -Si, perra, así. Hazlo así. –gruñó Mark.- Gime como una verdadera putita para mí. Tu coño está bien lleno con un buen pedazo de carne de hombre y debes mostrar gratitud. Y debo decirte que lo amo. Ahora sé cómo eres, puta. –le aprieta las tetillas, oyéndole gemir, sus miradas atrapadas.- A veces noto a chicos así, en el gimnasio, actuando como si fueran hombres de verdad, obsesionados con los músculos; pero son como tú, nena. Y tú no eres más que una putita de los gimnasios, un hambriento coño buscando machos poderosos y transpirados. Dime, nena, ¿estás lista para recibir un poco de esperma espesa y caliente de tu hombre? ¿Estás lista para quedar embarazada de mí?

   Esas palabras hacían hervir a Bobby, quien con las mejillas rojas y sus hombros cubiertos de gotitas de sudor, asiente y cierra los ojos, gimiendo cuando Mark intensifica sus embestidas, metiéndosela bien adentro, dejándola allí y casi empujando más. La respiración del musculoso chico tatuado se hace más espesa y el rubio culturista, con un nuevo espasmo de culo, sabe que pronto se correrá, llenándoselo, dejándoselo todo inundado de esperma caliente. Y la sola idea le estimulaba aún más.

   -¡JODER, SI! –grita Mark.- Tómala toda, pequeña puta. ¡TOMA TODA MI LECHE CALIENTE! –atrapándole nuevamente por la cintura le retiene con fuerza sobre su regazo mientras se corre una y otra vez.

   Bobby casi desfallece, la siente, como esa gruesa verga se pone imposiblemente dura, toda palpitante, cómo el semen hirviente va recorriéndola, saliendo, estallando en poderosas oleadas que golpean su interior, bañando prácticamente su próstata. Y cada pulsada de la tranca, cada leve roce cuando se dilata, cada disparo de esa maravillosa leche, estimula más y más las paredes del recto del rubio que gime, ¡y ocurre otra vez! Su culo sufres nuevos y poderosos espasmos mientras alcanza otro de esos clímax extraños, cómo sí realmente tuviera un clítoris allí.

   Esos estremecimientos del rubio culturista, que se traducen en haladas impresionantes de su culo sobre la verga todavía enterrada, que ha terminado de correrse, son tan sorprendentes que cuando Bobby abre finalmente sus ojos, nublados, mareado de tanto placer sexual, encuentra la desconcertada, pero agradada sonrisa de Mark, quien le guiña un ojo.

   -Mierda, ¡qué coño tan impresionante! Gracias, Bobby, lo necesitaba. Ha sido una de las corridas más intensas de mi vida; qué manera de succionar tienes, bebé. –ahora mira a los otros.- Okay, ¿quién sigue? ¿Tu, Bill? ¿Deseas llenarle el coño con tu verga de caballo?

   -Claro que sí, me tiene todo caliente. –responde el chico negro, de pie y mirándoles mientras tiraba de su verga inmensa.- Vamos, quiere ver tu bonita cara cuando te haga mía, nena.

   Atrapándole de un hombro le insta a ponerse de pie y Bobby lo hace, su culo redondo y rojo deja salir la todavía dura verga de Mark, permitiendo que algo de semen escape de él, siendo guiado hacia los muebles de la sala, donde el chico negro le hizo volverse, mirándose uno al otro, empujándole sobre el sofá, donde cae de espaldas, sus caderas sobre el apoya brazos del cómodo sofá, sus piernas muy abiertas sobre la alfombra, la tanga femenina más encogida, cubriendo aún la babeante tranca.

   -Abre tu coño para mí, bebé. –le ordena Bill, atrapando sus tobillos y alzándolos, juntos, llevándolos casi sobre la cara del culturista, medio ladeándole, alzándole las nalgas, su agujero apenas cubierto, dejándole oculto entre los muslos el saco con las bolas.- Maldita sea, mira esa raja lisita, y ese culo grande y abierto. Tu coño todavía tiene hambre, ¿verdad, nena? Bueno, Bill se hará cargo de eso; pero anda, preciosa, ábretelo, muéstrale tu coño color rosa a Bill. –le pide galantemente.

   Las palabras, el trato y la calentura tienen a Bobby totalmente entregado. Y llevando las manos a sus nalgas, acerca los dedos a su raja interglútea, atrapando con uno de ellos la tirita de la tanga, apartándola, y con el resto hala de sus pliegues lisos y lampiños, abriéndose. Casi traga en seco cuando nota el tensar de Bill ante la visión de su culo abierto, titilante, manando todavía semen de uno de sus mejores amigos, cuyo olor fuerte llena la sala, intoxicándoles a los dos que lo perciben totalmente. Y tal vez era la visión de ese abierto coño de chico que esperaba con ansiedad su verga, o por la idea de que Mark la tuvo metida allí poco antes, abriéndolo, llenándolo, corriéndose y su esperma goteando aún, lenta y espesa, y él estaba a punto de metérsela también, introduciéndola donde la tuvo Mark poco antes, deslizándola fácil usando su semen, pero como sea la verga de Bill parece crecer todavía más.

   Y Bobby ronronea sobre el mueble, esperándole, muriéndose de calor y ganas, con el enorme deseo de satisfacer a ese hombre grande y poderoso, pero buscando también sentir el placer indescriptible de tenerla adentro, cabalgándole. Quería esa impresionante pieza abriéndole, penetrándole. Sentirla. Todo él exuda lujuria, una que afectaría a cualquier hombre, aún a su padre si estuviera allí, o a sus hermanos si los tuviera. Bobby era la viva imagen del deseo carnal.

   ¡Su suegro habría estado tan contento y orgulloso de verlo así!

CONTINÚA … 34

Julio César.

NOTA: Un buen amigo de la casa, Apolo, siempre bien dateado, logró encontrar la página original de donde viene esta historia, que notarán fue versionada. Me parece que la inédita es aún más maldita que la mía. Gracias, Apolo; y a todos, pueden ir a: http://www.nifty.org/nifty/gay/incest/muscle-pussy/

TRABAJOS DUROS

mayo 27, 2014

TETOTAS

MUSCLE HOT

   Quitar, con las manos, el sudor de los socios del gimnasio.

MUSCULOSO Y CALIENTE

   Agregar las gotitas que ponen a tu compañero de piso bien cachondo…

DETALLES QUE DESTACAN

Julio César.

EL POBRE CORREO DEL ORINOCO DE AHORA

mayo 27, 2014

NO AL PIZZO

CORREO DEL ORINOCO

   Y ni así, la realidad cambia.

   Este fin de semana no pudo ser más agitado electoralmente hablando. En dos municipios venezolanos donde el Gobierno defenestró a los alcaldes de manera aberrante, el pueblo eligió a sus esposas con una votación mayor a los que estos obtuvieron previamente; en Colombia Manuel Santos pagaba caro su política de veleta blandengue, sonriéndole a quien encontrara ese día, bien a los políticos chavistas o a la guerrilla; en Ucrania gana un capitalista disidido a acercar a su país a la comunidad europea, sacudiéndose la “protección rusa”; y en el parlamento europeo se meten los nacionalistas de derecha (verdaderos ultrosos), por los desastres económicos causado por los socialistas en España, Irlanda, Portugal y Grecia. Con todo, el principal diario del chavismo-madurismo, El Correo del Orinoco, pasa sobre todo ello como si no hubiera ocurrido y tituló que Maduro juramentará a patrullas anti delitos… Ojalá no sean más delincuentes armados. Qué manera de enterrar la cabeza en la arena.

ADIOS, DON JUAN CARLOS, REY DE ESPAÑA

Julio César.

NOTA: Qué lamentable, menos de veinticuatro horas después, en Ucrania, sigue la violencia. Se habla de casi cien muertos en enfrentamiento en las zonas pro rusas… ¡en un solo día!

RAZONES

mayo 26, 2014

MIEDOSITO

MUSCULOSO EN BIKINI AMARILLO

   Al entrenador no le gusta que los chicos del equipo le miren mucho, menos en la playa, pero…

COMPLACIENDO

Julio César.

DE AMOS Y ESCLAVOS… 3

mayo 24, 2014

DE AMOS Y ESCLAVOS                         … 2

QUIERE USARLA

  Luchará a culo partido contra sus palabras.

……

   Y mientras las escenas se suceden, y Roberto prueba una que otra cerveza más, hablan más, totalmente afiebrado por la bebida y el porno, por las ganas de masturbarse, así como por el chico que cómodo se abre mucho de piernas, pegando y apoyando indolente una rodilla sobre la suya, empujando, apoyándose claramente, pesada y firme. Al tiempo que se soba sobre el bermudas la silueta de la tranca erecta, Hank le saca cosas de su vida, de su familia, de las razones por las que terminó con su novia.

   -Te digo que fue ella, estaba… cansada. Quería algo que… -Roberto no encuentra las palabras, tal vez porque tendría que usar conceptos como que la mujer notaba que el tiempo pasaba y no llegaban a nada, que perdía su tiempo con un sujeto que ni se preocupaba por trabajar en serio, para mantener, un día, una familia, hijos y…

   -Se cansó de estar con un perdedor y decidió buscar a un verdadero hombre que satisficiera sus necesidades. Las mujeres las tienen, como todos, pero para ellas es cuestión de… permanencia y existencialismo.

   -¿De qué coño hablas? –Roberto se vuelve a mirarle, amoscado, no comprendiendo todo los conceptos pero si el de la falta de un hombre de verdad.- Conmigo lo tenía… Satisfacción, quiero decir… -¡ese maldito carajito!, había llegado la hora de que pagara.- Con este puedo dejar satisfecho a cualquiera. –le informa, atrapando con un puño la mole de su verga erecta bajo el pantalón.- Cuando lo saco, todos los miran, hasta los mariquitas… -calla el “como tú”, sonriendo al ver la mirada del muchacho sobre su erección.- La saco y  todos caen de rodillas… para verla mejor, para olerla. Para tragarla.

   -¿Todos? –sonríe medio burló, pero Roberto nota el tono bajo y ronco de su voz, mientras “siente” la mirada sobre su entrepiernas.

   -¡Todos!

   -Okay, hombre grande… -sonríe Hank, retador, volviendo la mirada a la silueta de la verga.- ¡Sácatela y enséñamela! Vamos a ver si me vuelvo loco, pasmado, y me la quiero tragar…

   ¡Hijo de puta!, pensó Roberto, molesto, manipulando el botón del pantalón y la bragueta. Lo tenía decidido, la sacaría, le vería jugar con ella en sus manos, luego llenando su boca insolente y bonita… Y luego su culo. Le haría llorar cuando se la metiera. ¡Iba a sacarle la mierda a fuerza de güevazos en ese mismo instante!

   Con el corazón latiéndole con fuerza, de arrechera, o por la ganas de enseñársela y verle enloquecer, Roberto abre su pantalón sacando una pieza grande de carne dura, amoratada y nervuda. Y sonríe al notar la mirada nublada del joven catire, perdida en ella, casi la siente como una caricia. Quiere eso, que ese muchacho bonito e insolente termine de rodillas y él llenándole la boca, metiéndole el güevo hasta el estómago, embistiéndole, teniéndole becerreando y llorando de gusto. Ha pasado antes, con uno que otro mariquito que estuvo cerca cuando él, caliente, no tenía a una putilla a quien metérsela. Claro, sólo mamadas. Pero a este carajito de nalgas redondas y firmes, paraditas, quiere llenarle también el culo, abriéndoselo con rudeza haciéndole gritar con fuerza.

   -¿Qué te parece? –sonríe soberbio, tocándosela, su puño de arriba abajo, cubriendo y descubriendo su amoratado glande.

   -No está mal. Nada mal… para un negro. –es la respuesta insolente, una que le deja todo cortado.

   -¿De qué coño hablas? ¡Es un güevo de hombre! –ladra, molesto. No era la reacción que esperaba del otro.

   -No está mal, negro, ya te lo dije, pero creo que la mía es más grande. –informa el muchacho, poniéndose de pie, con una verdadera tienda de campaña bajo su shorts a media pierna. Corre el botón y el velcro, abriéndose un poco la bragueta de donde sale una tranca blanca rojiza, desconcertantemente blanca, casi enfermizamente pálida. Era un grueso y largo, bastante, instrumento de joder.- Fíjate, negro, esta es la verga de un verdadero hombre. Y no la tengo totalmente tiesa todavía. Esto es lo que le gusta a las putas.

   Allí, de pie, frente a él, Roberto ve colgar esa vaina… muy cerca de su rostro. Y con la boca ligeramente abierta, de verdadero asombro, el apuesto tipo negro no puede apartar la mirada, ¿cómo era posible que un carajito blanco tuviera una pieza así? ¿De dónde coño le salía a un simple muchacho tener una cosa tan grande y gruesa? ¡Y se le estaba levantando!, poco a poco, poniéndose dura y más rojiza; tragando en seco, lleno de calorones, entiende que la pieza del joven estaba respondiendo a su interés, a su abandonada admiración, como suele pasar cuando un tipo cualquiera nota que gusta y le desnudan con la vista. La verga siempre hormiguea.

   -Una vez, en el colegio, dos chicos negros quisieron tocármela, y los dos, cada uno con una mano, la rodearon y sobraba. –informa y sonríe, burlón, lleno de desprecio.- Cómo gozaron esos negritos. Casi peleaban entre ellos por el honor de tragarla. –y mientras habla, la pieza va ganando aún más en grosor y largo, las venas llenándose, el calor aumentando. Y también un cierto olor fuerte que golpea a Roberto en el sofá.- Anda, tócala para que veas lo que se siente tener una así en la mano; pero te advierto, en cuanto lo hagas te va a pasar como a esos negritos mamagüevos. Tócala y vas a descubrir mucho de ti mismo.

   -No, yo no… -grazna, negando con la cabeza, pero los ojos fijos en esa pieza que crece y crece, alzándose insolente, desafiándole y él luchando contra el impulso de tocarla. Respira pesadamente luchando contra sí mismo, deseando controlarse, acabar con esas ganas de alargar la mano y sentirla contra su palma, seguramente dura pero suavecita. Mierda, ¡quería tocar el güevo de otro carajo!

   -¿Seguro? –reta, burló, de pie, brazos cruzados sobre su atractivo cuerpo joven y armonioso, totalmente perfecto, el güevo más abajo estremeciéndose visiblemente, la cabeza quedando expuesta, el ojete parecía, y Roberto tembló otra vez, una boquita buscando un besito.

   -Yo no puedo… Yo… tengo que irme… -grazna indefenso, casi bizqueando al seguir el leve vaivén de ese glande rojizo pálido.

   -¿Seguro, negro? –repite, burlón.- ¿Estás seguro de que quieres volver a tu apartamento solitario un viernes en la noche, sin nada qué hacer o a quién llamar y pasarte la velada haciéndote la paja pensando en mi güevo, o prefieres tocarlo ahora y ver cómo es? Vamos, tócala, que se ve que quieres. Aunque sea por curiosidad, tocarla no te convertirá en maricón… A menos que sea lo que quieres… y entonces sí te la doy con todo. Me gusta hacerles de todo a mis putas.

   ¿Pero de qué coño hablaba ese…?, tal vez pensando que esa mierda de trato había durado mucho, Roberto traga, ojos brillantes de furia, disponiéndose a marcharse… aunque la mirada sigue fija en aquella verga llamativa, poderosa, dura como lo es siempre en los muy jóvenes. Y tal vez Hank lo entiende, sus dudas de última hora por defender su hombría, por lo que se tiende sobre él, que aparta por un segundo la mirada nublada y maravillada de la blanca pieza, encontrándose con sus ojos, viéndose indefenso.

   -No es difícil, nada significa si no te gusta… -informa el joven catire, burlón, sabiendo el resultado final, pero callándolo. Le atrapa una mano y la dirige a su verga.

   El hombre negro sabe que debe resistirse, pero la mano del muchacho, firme pero suave, cálida y fuerte, le hizo estremecer de debilidad y se dejó llevar. O tal vez porque si quería tocarla. No lo sabe. El muchacho guía su mano y la cierra sobre su verga gruesa y ardiente, y Robert casi jadea. Si, era tan suave y caliente, tan vital y palpitante. Tenerla contra su palma era tan extraño como excitante, por ello no se resistió mucho (nada) cuando el muchacho comenzó a llevarle de adelante atrás sobre su barra, mano blanca sobre mano negra, masturbándose. Y él, que nunca lo había hecho, a menos que no fuera de tremenduras de estudiantes, cuando viendo porno tal vez un compañero te tocaba y tú a él, se estremeció más.

   Ese blanco güevo quemaba y pulsaba bajo sus dedos, de una manera intensa. Volvieron a mirarse, Hank se veía burlón, casi como si dijera “sabía que te gustaría, negro maricón, sigue acariciando este güevo blanco”. Y la idea que debería ser insultante e intolerable, le hizo jadear e intensificar las masturbadas, como si el que le tratara de esa forma denigrante fuera una estimulante caricia. Cuando el muchacho alejó su mano, casi sin darse cuenta, como hipnotizado, continuó haciéndolo, su mano grande y negra iba y venía sobre la pálida pieza, codiciosa, con ganas, muy consciente de sí para sentirla totalmente; quería hacerlo bien, deseaba que el muchacho lo gozara, que Hank…

   -Lo haces bien, negro; seguro que tus amigos adoran que les hagas las pajas cuando se reúnen a tomar algo y ver un juego.

   -No, yo nunca… -se defiende, intentando mostrarse colérico. Pero eso muere cuando el chico cae de culo a su lado en el sofá, y él continúa masturbándole sin soltarle, esperando que se acomode mejor, muy echado hacia atrás, recostado del respaldo, muy abierto de piernas y brazos sobre el borde del mueble, y allí estaba él, masturbándole en todo momento. De haber podido, se habría sonrojado, pero la verdad es que no quiso soltarle. De pronto temió que si rompía el lazo, el muchacho le dijera luego que ya estaba bien, que lo dejara así. Y, mirando fijamente esa verga blanco rojiza, nervuda de venas totalmente llenas de sangre, dura, sabe que no quiere soltarle.

   -Hummm… eso es, negro. Apriétala así, un poco más, cierra los dedos. A los hombres nos gusta así, que las putas lo sostengan con fuerza, indicándonos que les encanta tenerlo en las manos. –apunta el muchacho, tomando aire y expandiendo su torso esbelto y musculoso, hermoso.- Con la punta del pulgar aprieta el ojete mientras le das… Ahhh, así, eso es, juega con ese juguito regándolo; atrapa un poco con la palma y úntamelo por la barra, así se desliza mejor. Ohhh, si, negro, aprendes rápido, muy rápido o has estado mojoneándome y eres el paja locas de Caracas. ¿Cómo sabes si lo estás haciendo bien y tu hombre lo disfruta? –es deliberadamente ofensivo, mirándole a los ojos.- Cuando su güevo crece así, como está el mío, quemándote la mano por las ganas que despiertas, pulsando a cada paso de tu palma, mojándotela con sus jugos. –cruza los brazos tras su nuca, la imagen total de la juvenil belleza masculina.- ¿Sabes qué me gustaría en estos momentos? Estar en un cine, a oscuras, rodeado de otras personas y tú haciéndomelo, echado en tu asiento, mirando al frente, pero con tu mano sobre mi güevo, subiéndola y bajándola, temblando de calor y frio, temiendo ser visto pero feliz por tocármela, alegre porque te dejo; yo abierto de piernas, así, ahhh… gimiendo un poco y tú en lo tuyo, dichoso y realizado tocándole el güevo a un chico blanco.

   Roberto siente que la presión le sube, casi ensordeciéndole. Quiere gritarle que cierre su maldita boca de una vez, que deje de tratarle así, pero… la idea le hace temblar efectivamente. No puede evitar imaginarse allí, en ese cine, haciéndose el loco, subiendo y bajando su mano sobre ese tolete, mucha gente consciente de lo que hace. Oh, Dios, la idea era…

   -Vamos, negro… -le gruñe separándose un poco del asiento, tendiéndose hacia él, atrapándole un hombro, halándole hacia sí y empujándole hacia abajo. Y el sorprendido Roberto cae de rodillas, güevo afuera, la mano sobre la tranca del muchacho.- Sigue así, a mis pies.

   ¡Era tan insultante!, pero la verdad es que no pudo negarse. Verle recostado otra vez, las manos tras la nuca, bello y displicente, los muslos muy abiertos, le enloquecía. Mira la blanca verga hinchada y vuelve a masturbarle, arriba y abajo, cubriendo y descubriendo el glande, del ojete manando más de esos jugos que recoge con el pulgar, sabiendo que eso le gustaba al muchacho; con un escalofrió en la columna se pregunta ¿por qué coño hacía eso? Pero otra parte de sí, casi le hace sonreír cuando le ve entrecerrar los ojos y ronronear suave, lo estaba haciendo bien, lo notaba en sus hermosas facciones. Y si, el chico lo disfruta, de verdad, como lo hace cualquiera que tiene a otro sujeto bien agarrado a su güevo, sobándolo, apretándolo, casi respirándole encima. Las pajas eran buenas, pero una masturbada así…

   -¿Qué te parece, negro? ¿Un güevo como el mío no te parece lo suficientemente bueno como para satisfacer a cualquier puta? –le mira a los ojos, porque al oírle, Roberto logra separar por unos segundo la vista de la increíble pieza masculina que tiene al alcance de sus manso, literalmente, y asiente como única respuesta.- Cualquier puta negra se sentiría en la gloria con ella, ¿verdad? A las putas negras les encantan estos güevos… -hay un silencio que obliga a Roberto a mirarle otra vez.- A ti también te gustará, negrito. Lo supe desde que te vi en el ascensor, no podías despegar los ojos de mi entrepiernas. No tengas miedo de descubrirlo tú también, ve por ella, acerca tu boca, saca esa lengua de mamagüevo que sé que tienes… y pruébala. –le indica.

   -¿Qué? –grazna alarmado por primera vez desde que toda esa locura comenzara, soltándole, sin querer reparar en la desagradable sensación que le produjo el hecho, el hormigueo de su palma desocupada.- Yo no hago eso, ¡no soy ningún marica!

   -Tal vez no… o tal vez sólo necesitabas encontrarte con el hombre indicado que te mostrara tus carencias y satisficiera tus necesidades. Un verdadero hombre, como decía tu novia que también le urgía. ¿No lo crees? Tal vez, durante toda tu vida de fracasos, infeliz e insatisfecho, tan sólo has esperado por el glorioso momento cósmico de llenarte la bocota que tienes con una buena verga blanca…

CONTINÚA … 4

Julio César.

CUENTOS

mayo 24, 2014

MIEDOSITO

EL CUENTA CUENTOS XXX

   -Okay, yerno… -sonríe burlón.- Venga, siéntese aquí y le echo el cuento del gallo pelón… otra vez.

RAZONES

Julio César.

CRONICAS DEL DIALOGO: EL GOBIERNO Y LA MUD ENTRAMPADOS, EL PAIS PALO ABAJO Y EL ÉXITO CASTRISTA

mayo 24, 2014

LA NOCHE DE LOS CRISTALES ROTOS….

LA MUD NEGOCIA

   Ocurre algo que rara vez acontece… estoy en total desacuerdo, no en el fondo sino en las formas, con dos periodistas a quienes respeto mucho; uno de ellos es el señor Jesús Torrealba (Chuo Torrealba), y el otro es mi admirado y apreciado señor Rafael Poleo, un hombre que lleva décadas diciéndole a Venezuela de qué va a morir al año siguiente (y ni así se le escucha). Pero la vida es así. Y que conste, son opiniones muy personales, en modo alguno imagino que tenga que ser la verdad; que quien lo sienta así, que expreso disparates, que se sirva de hacérmelo ver. Con razones, claro.

……

   Parece que terminó la ronda de reuniones de dialogo entre parte de la Oposición, conformada por políticos profesionales, y el Gobierno; o van a terminar, o se amenaza con terminarlas por incumplimiento de no se sabe qué promesas a lo largo del tiempo transcurrido. Aparentemente les engañaron, poechitos. Después de semanas reuniéndose, y de quince años enfrentándoles de manera política (dicen ellos), a la Mesa de la Unidad Democrática le tomó de sorpresa la trapacería y el engaño del régimen. Lo sé, suenan a idiotas, y lamentablemente creo que por eso pasaron, aunque supusieran estársela comiendo y logrando “éxitos”, personales o para bien del país. Como sea, se engañaron solitos.

   Al señor Ramón Guillermo Aveledo, un hombre sobrio e inteligente, serio, algo poco frecuente en estas latitudes, le he escuchado comentarios bastante deprimentes e infelices últimamente, “remendándole” la capota al periodista Roberto Giusti cuando este le entrevistaba para saber en qué andaba, justo después del cierre de algunos programas de Radio Caracas Radio, y comentar malintencionadamente sobre uno de los programas cancelado que nunca fue “tolerante” para con la Mesa, que de paso sea dicho, no consultó con ningún sector del país para sentarse a hablar en nombre de la Oposición sin haber asegurado antes al menos la liberación de uno o dos presos, digo, como muestra de que iban a sentarse para conseguir cosas y no a retratarse con el madurismo. Con un cierto tonito de perdona vidas que no se compagina con los resultados de su gestión, que pueden resumirse en oxígeno a nivel de imagen para el régimen, y de nada del otro lado, al señor Aveledo le quedó grande la prepotencia ese día. A menos, claro, que él pueda señalar algún logro concreto que se nos escape a los espectadores desde afuera, la liberación previa (o después) de los estudiantes detenidos, o Leopoldo López, o la destitución de los funcionarios públicos implicados en las torturas y asesinatos, el desarme de algún colectivo o la constitución de comités independientes para la elección de otros directivos de dichos poderes. Tal vez eso lo consiguió antes de sentarse (o al salir de la primera reunión) y nada sabemos y les estamos calumniando.

   La realidad, la triste realidad, es que con todo lo honesto y trabajador que es el señor Aveledo (aunque soberbio sin muchos fundamentos al menos en este caso), el hombre está muy por debajo de la “calidad política” de los castristas que nos gobiernan, que sí supieron ver dónde estaba el peligro real para el régimen títere, y le llamaron a él y a los políticos de la MUD para conjurarlo, logrando un éxito total en su cometido.

   Hace poco más de tres meses, el Gobierno, el madurismo, se tambaleaba por claras heridas abiertas, se dieron las condiciones que todo dictador o grupo fascista teme: la gente protestaba como una sola voz, aunque las causas de disgusto fueran distintas (inseguridad en una universidad, desabastecimiento en la barriada), todos agrupándose, todas las voces alzándolas en un momento dado; las calles tomadas por gente que desafiaba abiertamente los ataques desmedidos de una clase corrupta e incompetente, pero violenta y fascista, aún las amenazas de la más brutal represión para someter a los protestantes y a la nación, que se traduce para estas alturas en más de cuarenta asesinados; y una clara dirigencia, aunque con varias caras, que podían imponerles condiciones para sentarse a dialogar o la pantomima del “gobierno democrático y socialista” terminaba. Y todo ese peligro fue remontado por el siniestro grupo castrista enviado para sostener al madurismo, con sus voceros más arteros al frente, Diosdado Cabello y Jorge Rodríguez. Al grupo castrista les bastó mostrar la zanahoria del protagonismo a los políticos de siempre, “ustedes son la solución, vengan para que se retraten y salgan en la prensa”, y estos corrieron a acordar, soñando que ya todo estaba resuelto y que sus nombres serían los únicos citados y recordados. Se jugó cruelmente con la avaricia de un grupito y con ello se logró dividir la protesta, desacreditar a los que continuaban en las calles, se legitimó al régimen como un gobierno constitucional que debía enfrentar protestas de agitadores, y este no estaba obligado a cumplir con nada, ni siquiera con medidas de buena fe antes de las conversaciones (cuando en realidad estaba débil y podía forzársele). Es el gran balance que hoy puede mostrar la MUD, y si estoy equivocado, que cualquiera se sienta en la libertad de señalármelo con hechos no deseos.

   Para nadie es un secreto que el Gobierno se vio obligado a sentarse a dialogar, porque el daño que los estudiantes les habían infringido en las calles, con sus caras descubiertas, pidiendo seguridad en las universidades y que se liberara a la gente que protestaba contra un gobernador incompetente pero represivo en el Táchira (Vielma Mora), fue terrible. Mandar a arremeter y más tarde matar estudiantes fue fatal para el madurismo, por mucho que Diosdado Cabello, enviado por Nicolás Maduro, intentó mostrar fortaleza. Aún dentro de ese nido de parásitos que es UNASUR, algunas voces se atrevieron a hablar de represión y asesinatos, por lo que los cubanos, demostrando zamarría, les obligaron a sentarse antes de que todo se fuera al carajo. Había tres cosas que debían impedir, tres condiciones malas para los déspotas. Lo primero era la unidad, que políticos, asociaciones  civiles, clero, estudiantes y amas de casa gritaran un único slogan debía impedirse como fuera, y se usó al grupo más débil dentro de la Oposición, los políticos de oficio, para fracturar dicha unidad, separando definitivamente de ellos a los estudiantes y a buena parte de la sociedad civil. Un costo que no les pareció tan alto cuando les creyeron el cuento a los cubanos de que lograrían mucho.

   Lo segundo era sacar a la gente de las calles, para ellos se les acusó de todo desde todos los frentes, a estudiantes inicialmente, luego a la gente que se pertrechaba para resistir tanquetas y motorizados enviados a hostigar aún disparando contra todos. Se les tachó de agitadores, de golpistas, que si terroristas, guarimberos, asesinos (los medios controlados por los cubanos no dejaban de repetirlo), a cada rato aparecía alguien del madurismo felicitándose de que ya casi no quedaba nadie en las calles o que todo terminaría en vacaciones. Y hay que reconocer que los cubanos tuvieron cierto éxito en esta campaña, satanizar a los manifestantes, desganando las protestas. Así, una de las cosas más temidas por los sátrapas, los ciudadanos echados a las calles exigiendo lo que deseaban, en este caso amas de casas o grupos cercados por delincuentes que salieron por sus propios intereses al tiempo que los estudiantes, fue quedando desierto porque el Gobierno les llamaba criminales y desde la Oposición política se les dejaba solos, aún a líderes que llamaban a tales concentraciones que ya habían demostrado su utilidad en Polonia, Lituania y Túnez.

   Lo tercero era debilitar el poder de las masas. Hace dos meses el régimen habría podido aceptar condiciones, la unidad y la gente en las calles, que no se iban a pesar de la brutal represión, los encarcelamientos y asesinatos, indicaba que no tendrían éxito en la idea inicial indicada por Vielma Mora en el Táchira de aterrorizar y someter por miedo a la población, no podían encarcelar o matar a todos; esta fortaleza de la gente se destruyó con la fractura de la unidad y la criminalización de los jóvenes que a cara descubierta, lanzando piedras, enfrentan aún hoy el carretón del autoritarismo y la brutalidad. Porque todavía lo hacen, con sus madres y hermanos, sus profesores y vecinos. El Táchira y Mérida siguen en lucha, en Valencia y Margarita también, en Baruta la gente no se retira por mucho veneno y odio que personas como Mariadela Linares les lancen desde ese pasquín barato en el que convirtió ella y los cubanos a ULTIMAS NOTICIAS.

   Es público y notario el profundo desprecio que siento por el régimen castrista que hundió sus garras hace más de cincuenta años sobre la pobre isla cubana.  A sus líderes, militares, artistas y deportistas, los he considerado basura desde que descubrí el fraude del socialismo. Gente ruin que viaja por el mundo dándose la gran vida, juntando dinero, gozando de todo lo bueno mientras echan cuentos heroicos sobre la lucha socialista que únicamente creen los tontos. O quienes quieren creerles, o fingen creerles. Lo de Cuba es una vulgar dictadura, Fidel Castro tumbó mediante un golpe militar a un tirano para imponerse como tal. Tan simple como eso, como muestra que nadie puede irse, prisioneros, rehenes como son, del monstruoso régimen armado. Pero hay que reconocerles la maldad sibilina para subsistir. Como comenté ya, la reunión del CARICON, efectuada recientemente en Cuba, fue una farsa grotesca; el régimen se felicitaba por el éxito propagandístico cuando ello no liberó a un solo preso o llevó un solo plato de frijoles a una población hambrienta. El suyo era y es un éxito de vitrinas, de aparentar. De sobrevivir un día al otro, como ocurre ahora con el gobierno venezolano.

   Y la sobrevivencia del régimen cubano depende, desesperadamente como pocas veces en su historia, de cuánto aguante el régimen que controlan en tierra venezolana. Sin la feroz vacuna que Venezuela paga a la metrópoli en La Habana, hace tiempo que la gerontocracia de la isla habría caído, porque el hambre tiene una cara tan fea que en las ratoneras, cuando las ratas crecen en número, se matan entre ellas por comida. Tal vez una gente armada, acostumbrada a agredir y reprimir, habría sobrevivido a las protestas, pero no a un real bloqueo a la egipcia o a la libia, comenzando por la congelación de fortunas en el extranjero y el apilar de pruebas para eventuales juicios contra crímenes de lesa humanidad. No han gobernado los Castro todos estos años para que en la ancianidad les roben lo pillado, o les amarguen los achaques metiéndoles en una celda. Cuba no es Rusia, no habrían soportado tal presión si de verdad la comunidad internacional hubiera dicho “ya basta de los viejos déspota, matar a gente hambrienta en las calles es demasiado”. Fue allí cuando Venezuela les llegó como caída del cielo, con un pobre hombre enfermo como Hugo Chávez Frías que nos entregó.

   Sin embargo la botija se agotó, la corrupción del chavismo y del madurismo se robó todo, y ahora necesitamos quien nos lance algo, así que los viejos cubanos miran hacia Europa, negociando, por más de un motivo. Pero hasta que las negociaciones que llevan con la comunidad europea para salvaguardar sus fortunas y libertades individuales a la caída del vetusto régimen, se concrete, Venezuela todavía cuenta, porque alguien tiene que poner la plata por poca que sea; aunque arruinada y destruida, el país todavía puede enviarles algo. Y ni por un momento dudo que viejos tan viles estén usando la ficha de Venezuela, “nosotros podemos apaciguarla, adecentarla y tranquilizarla, aunque arruinada todavía le quedan recursos bajo la tierra y podemos repartirlo entre todos”. Repito, no me extrañaría, Cuba bien puede ceder su colonia en el continente, la tierra de Simón Bolívar, como parte de los acuerdos. Los imperios son así.

   Ahora todos estamos entrampados, porque aunque los cubanos han comprado tiempo para subsistir hasta que se logren los acuerdos de inmunidad total al tiempo de abrir la isla al capitalismo (tienen muy poco que ofrecer, como no sea liberar a todos sus rehenes), lo han hecho a expensas de Nicolás Maduro y el resto del madurismo, Diosdado Cabello y Jorge Rodríguez, dos de los más delirantes al frente. A estos, los cubanos les dicen que repriman a sangre y fuego que así se sostendrán, aunque saben que no es posible, no cuando el madurismo no puede garantizar ni siquiera jabón de olor, papel higiénico o el menor de los antigripales, por no hablar de los alimentos. Y ni esperanzas. El llamado madurismo (la fase terminal del chavismo), ya nada puede hacer para solucionar algo, porque no tienen la capacidad mental ni el dinero para intentar costosos experimentos, sobornando gente si las cosas salen mal. La criminalidad era cosa de la televisión, se cambió la programación y luego la cosa era porque la prensa lo señalaba y daban malas ideas; controlada la prensa, la cosa era el cine, aunque se implementaría un plan seguro, que este no mostrara resultados aceptables es porque no se entiende lo de las zonas de seguridad… y así van, inventando necedades tras locuras, y así le va al país.

   Aunque todo parece estar en tabla y el Gobierno reprime, abusa, tortura y asesina con la complicidad de la ministro de la Defensa, la Fiscal General, la Defensora del Pueblo y el Tribunal Supremo, eso no logra borrar la sensación de que el Gobierno se cae a pedazos, y el país con él. Con sus cadenas, denuncias, amenazas, todos sus “planes y misiones”, el Gobierno no puede producir un sólo kilo de café ni tiene dólares para comprarlo afuera, no hablemos ya de dotar hospitales, traer medicinas o combatir la brutal inseguridad (lo dicho, lo bueno que iban a hacer ya lleva quince años haciéndolo y es este desastre). El régimen no puede hacer nada para impedir la caída que su torpeza, corrupción y violencia logró sembrar en todo este tiempo. Tan sólo compran un día tras otro, arrastrándose en la esperanza de robar cuanto puedan y luego sumarse al plan de inmunidad total que intentan conseguir los delincuentes del estamento cubano. Eso, que nada lograrán, los cubanos no se lo dicen al madurismo, aunque voces sumisas a las órdenes de Miraflores, aunque insultantes a lo externo como Diosdado Cabello, da todas las señas de que sabe que las ruinas están por caerles encima.

   Como en Cuba, los castristas pueden lograr éxitos únicamente de fotografía, de corrillos diplomáticos, pero que no sirven un coño para los pobres cubanos sometidos, igual pasa con Venezuela. Sin embargo, y he ahí el drama de una Mesa que negoció sin que nadie le dijera hágalo de esa forma, las maniobras logran que en Estados Unidos no se tomen medidas contra el régimen porque “Ramón Guillermo Aveledo está conversando con ellos, entonces la cosa no es tan grave”. Y si es grave, porque de ahí no sale nada. Es tan sólo un éxito de papel, Maduro y Aveledo fingen normalizar y normalidad, pero el país se hunde, y para unos es peor que para otros, comenzando por los encarcelados y los sometidos a torturas.

   Cuando sostengo estos puntos, mucha gente, a veces molesta, siempre me pregunta, ¿entonces qué?, como para echarle en la cara a uno que no nos ilusionismos con esta danza de vanidades.

   Señores, las pautas ya estaban ahí. La primera es la unidad y la tenacidad para que se sostenga. En Egipto la gente salió a protestar por libertades, todos, estudiantes, mujeres, trabajadores, y resistieron abusos, los alejaron a tiros pero regresaron, y el régimen criminal cayó, como más tarde cayeron, por igual presión, en Libia y Ucrania. Todas las voces como una, “queremos esto”, que podía ser seguridad en las barriadas o en las universidades. Y aquí faltó el gran líder que lo hiciera, y cuando algunas voces llamaron a resistir en las calles, se corrió a dejarles solos cando el régimen cayó sobre ellos, por el temor siempre real de una gente en las calles que les derrotara finalmente. En este país hay valor, después de La Masacre de Miraflores, el 11 de abril de 2002, a las dos semanas salió otra mega marcha desde Parque del Este, que llegó hasta El Silencio, donde esperábamos que Carlos Ortega decretara el paro cívico (qué rabia cuando no lo hizo); que marchó, marchamos (fui con un hermano, dos hermanas y una amiga), a pesar de que sabíamos que los asesinos de puentes y azoteas estaban libres y podían intentarlo otra vez. Y en el Táchira, Mérida y Baruta, donde la represión ha sido sencillamente brutal, digna de los nazis, la gente vuelve a salir a levantar sus parapetos para resistir la nueva oleada. Valor, gente que lo arriesgue todo, hay, lo que faltan son esos “líderes” que nos representan en conversaciones.

   La segunda pauta era esa, después de decidir que todos saliéramos a gritar descontento, lo otro era tomar las calles y quedarse ahí, así algunos se molestaran. Cuando el Papa polaco, Juan Pablo II, que no era Papa para ese entonces, se reunía con los polacos en las calles para ofrendar misas, el brutal régimen comunista les detenía, los ahuyentaban pero volvían. En Lituania, Kiev, El Cairo, se hizo. La gente tomó las calles con exigencias concretas y dijo que no la abandonarían hasta lograr los resaltaos, y así hicieron. Aquí era simple, el 12 de febrero se pedía la libertad de los jóvenes detenidos arbitrariamente por protestar contra la inseguridad, nadie pedía la Luna ni la cabeza de Maduro, aunque él y sus adulantes, el madurismo, luego intentaron decir que era un golpe de estado. Aquí faltó el grupo político que llamara a las amas de casa, del barrio y el cerro, de la urbanización y del campo, que no encontraban los productos de primera necesidad, cansadas de las colas y la violencia de la rapiña en los centros donde llegaban; se debió llamar especialmente a las mujeres de los cerros y barriadas preguntándole hasta cuándo soportarán las muertes de sus hijos y sus nietos, la imposibilidad de celebrar un cumpleaños, un bautizo o una graduación por culpa de una violencia estimulada y sostenida desde el régimen, preguntarles a cuántos más enterrarán antes de hacer algo para volver a vivir en paz, sin que sea una locura que un muchacho de quince años quiera salir a visitar a la novia y que eso termine en desgracia. Debieron llamar a los hijos de choferes de transporte, de dueños de areperas y tiendas, para que “defiendan a unos padres embrutecidos por la codicia de un aumento de pasaje, cosa que no alivia el dolor por un padre asesinado”.

PADRE E HIJO

   ¿Qué este punto suena esotérico, los hijos combatiendo por unos padres demasiado extraviados? No, de todos es el más evidentemente humano y más fácil de explicar; un hizo de Rodríguez Chacín fue detenido protestando, porque no siempre los hijos heredan la vileza y maldad de sus padres, a veces estos sienten que deben expirar por ellos, como hicieron tantos hijos de ex nazis (ni los padres tienen la culpa de los hijos, lo digo por las cosas horribles que ahora se sostienen del padre de Jorge y Delcy Rodríguez). Ese era el trabajo de los políticos de la MUD, pero era demasiado cansón, sería darle protagonismo a los que ellos mismos tachaban de cabezas calientes para, junto al Gobierno, cerrarles el paso; más fácil era sentarse bajo los reflectores de televisión y fingir la pantomima de un dialogo (qué sabían que lo estaban haciendo mal se notó cuando ninguno se atrevió aparecer en las concentraciones del Primero de Mayo).

   Por último, era necesario ir a la mesa de negociación con la mano cargada. Eso de que hay que dialogar porque hay que dialogar, porque todos somos partidarios del dialogo y la democracia es dialogar y entenderse, es una reverenda estupidez cuando enfrentas un régimen que no es democrático. Y que ya te lo ha hecho notar. No saberlo, o no entenderlo, debe ser suficiente como para que cualquier político se aparte y le ceda el paso a otro. El antiguo Papa polaco jamás se reunió con el régimen comunista, no hasta que le permitieron levantar su iglesia, se dejara en libertad a otros sacerdotes y se les permitiera reunirse en los templos; Nelson Mandela, preso durante casi treinta años, no se reunió con sus carceleros hasta que estos no dejaron en libertad a sus compañeros y garantizaron el desmontaje del antiguo régimen racista. Ellos, para ir a un dialogo, exigieron muestras de “buena fe”, o no iban para un carajo. Ah, no, pero como nuestros políticos son más mejores, pensaron que esas nimiedades podían obviarse.

   La realidad es que cuando la gente salió a las calles, el mundo a ver como criminales al madurismo y los socios de estos fruncir el ceño, nuestros políticos pensaron que ya el mandado estaba hecho, el Gobierno estaba caído, y lo mejor era apurarse antes de que otro les robara el premio. Es doloroso, pero es la realidad que tenemos. Los cubanos supieron explotar la necedad del madurismo para continuar viviéndoles un poco más, hasta que se concreten sus negocios con Europa, sabiendo que luego estos deberán, la mayoría, responder por sus crímenes contra la humanidad, y jugaron con la avaricia de un grupo de políticos envejecidos y cansadnos mentalmente, que nunca entendieron la gravedad del momento que vivían pero que, como la lavandera aquella, ni lavaron ni prestaron la batea. Leopoldo López sigue preso, Iván Simonovis también, casi tres mil personas enfrentan problemas legales para silenciarles y someterles, y hoy lo único que puede decir el ala política de la Oposición es que no se pueden reunir porque esos tipos son unos tramposos… Aparentemente, en quince años no han terminado de conocerles.

ALI PRIMERA, UNA DISCULPA A SU MEMORIA

Julio César.

COMPARTIENDO EL HELADO DE MANTECADO

mayo 24, 2014

UNA ESPOSA DEVOTA

USO Y GOCE

   Era cada fin de semana.

   Marta sabe que esa noche llorará hasta el amanecer. De hecho está a punto de comenzar. La mataba la vergüenza mientras ese joven semental se la metía hasta las metras, dándole duro una y otra vez sobre el clítoris, con esa puntería que tenían los muchachos a veces. Cada viernes en la noche su marido la llevaba a uno de esos bares de carretera, cerca de alguna universidad. Temblando le veía hablar con algún chico guapo, señalándola, luego conversando con el dueño del lugar que les facilitaba un cuarto como ese. Y ella terminaba, cada semana, sobre una cama o mesa anónima, siendo ensartada una y otra vez por una joven verga dura que se le metía por todos lados. Allí lloriqueaba por primera vez, lo dicho, por vergüenza; por gritar como una zorra, gimiendo ronco, chillidos de gozo, pidiendo más y más mientras el chico de turno la llamaba puta.

   Sabe que fuera de esas paredes, la escuchan. Todos. El primero su marido, sonriendo, fumando y tomándose una copa, mientras ella solloza de vergüenza y placer al ser usada así por el chico de turno, que le daba duro hasta que se corría dejándola llena de esperma, lo que no le impedía al segundo, ni al tercero, que también se la metieran. Luego, cuando estuviera agotada, despedida y sudada, toda llena de semen por todos lados, derrotada pero saciada sexualmente, entraría su marido, quien tomaría su pantaleta y se la pondría, mojándola pronto de esperma, como la ropa toda al tenerla regada por todo el cuerpo. Y así, manchada y olorosa, mirada baja, saldría de ese cuarto, llorosa al escuchar las risitas y burlas, momentos cuando su marido la alzaría en peso, amoroso  protector, llevándola a casa y dándole un buen baño… aunque antes la haría gemir y correrse otra vez al meterle dos dedos por su coño todo lleno de leche. Y en los estertores del último y agotador clímax de la noche, ella y su marido comerían de esos dedos.

UNA CASADA COMPLICADA

Julio César.

TRES HOMBRES, UN DESTINO… SERVIR… 18

mayo 21, 2014

… SERVIR                         … 17

   Un hombre cruel e infernal está sentenciado a muerte en una cárcel y decide divertirse antes de que llegue el final… Tomará a tres sujetos y los convertirá en sus putas. Uno será su hembra, otro será usado por sus compañeros de trabajo, el tercero descubrirá un fetiche que le hará delirar. De Cierta manera, y aunque es un relato maldito, este no parece tan feo a la larga. Disfrútenlo.

……

the convicted’s whores

by Lexicode

TIO SEXY

   Cuando era un hombre hacía cosas de hombre, ahora que es puta…

……

   Con el pantalón al fin arriba, después de debatir o no sobre si quitarse la pantaleta de su mujer, una que está manchada por los jugos de la verga del convicto, pero aún más con los botados de su propia tranca caliente, Jeffrey espera. Está todavía sentado al lado del mesón y tan sólo se estremece un poco cuando la puerta se abre. Sabe que se trata del jefe Slater. Y los colores escapan de su rostro, mortalmente avergonzado, olvidando, temporalmente, que el hombre negro también se vio atrapado en toda aquella locura. Pero quien mamaba verga era él, quien llevaba la pantaleta mojada no era el otro, a quien le abrieron el culo con violencia y fuerza, lastimándole, pero también…

   No quiere pensar, no quiere hablar o respirar. No se mueve, no dice nada ni siquiera cuando el otro llega a su lado. Tan sólo desea alejarse, perderse, olvidar todo ese día. Si, lo olvidaría. Todo. Renunciaría al bufete y escaparía de ese convicto diabólico.

   -Señor… Quisiera… quisiera irme y… -comienza, sin verle, totalmente ronco.

   -Creo que todavía tiene un asunto pendiente, doctor Spencer. –es la ruda respuesta, baja y ronca.

   Cuando va a replicar, sin muchas fuerzas, Jeffrey se vuelve, eleva la mirada y se congela. Allí está ese tipo alto y fornido, mirada severa, casi terrible… con la palpitante, inmensa, muy negra y nervuda verga afuera, temblando en la nada. A centímetros de su rostro, uno que pierde toda expresión, reparando ahora en el fuerte olor a macho, la mirada atrapada en la pieza, mejillas algo enrojecidas, labios temblando…

   Y abriéndose.

   -Señor… -grazna, sin embargo, ojos muy abiertos tras los cristales, mejillas rojas, tono suplicante.

   Ruega, ¿qué? ¿Qué le deje ir? ¿Qué le someta? ¿Qué no sabe pero espera que haga lo mejor? James Slater no está seguro. De nada. Pero una certeza tiene, y su verga, sostenida en la nada, contrayéndose y dejando salir un delgado hilo claro y espeso que parece tela de araña, es toda la indicación que necesita.

   -Vamos, abogado, sabe que lo quiere… -gruñe, acercándose y casi dándole en la cara con su glande, a centímetros de distancia, odiándose un poco por usar las palabras, y hasta el tono, de Robert Read, el vil sujeto que, eso si había que reconocérselo, sabía cómo tratar a los hombres sumisos que andaban por esos mundos de Dios.

   La imagen de la verga negra le llena, el calor le golpea, el aroma le marea, esa tranca inmensa, sencillamente enorme, a centímetros de su cara, le tiene mal. Pero no debe ceder, él no era ningún marica, se dice Jeffrey. Ese hombre horrible le había atrapado en su juego mental, obligándole a cosas terribles, incluso sodomizándole, tomando su virginidad de manera terrible, pero no podía… Y sin embargo no puede apartar la mirada del ojete manando sus jugos, unos que había… saboreado antes, la lisa y amoratada cabeza, las venas llenándola toda. Y estaba así, tan dura, se dice con un estremecimiento poderoso y debilitante que le recorre, esperando por él.

   El jefe Slater tiene la suficiente experiencia para saber que ese hombre cederá, que la tomará, por todos lados, con voracidad y entusiasmo. Puede leérselo en los ojos, en la respiración agitada y las mejillas rojas. Sólo tendría que esperar… pero no puede. Está caliente ahora, y mucho, y quiere, no, necesita desahogarse. Mientras alarga una mano atrapándole la mojada y suave cabellera al leguleyo, la otra sosteniendo su verga titánica, reconoce que le provoca, de manera muy perversa, obligarle a tragarla, verle debatirse, negarse pero chupándola. Y esa idea, lo reconoce, le estimula de una manera increíble.

   -No, jefe, no puedo… -jadea Jeffrey al verse atrapado por la ancha y fuerte mano, viendo que le acercan a ese tolete. Y mete las manos para apartarle, tocándole la pelvis, los muslos, y ante la presión que sigue, la tranca. Sus manos muy blancas contrastan con la poderosa pieza de ébano, que se estremece, caliente y vital, entre sus palmas.

   Sí, eso le gusta al jefe, verle luchar, sentir sus manos tocándole. Cierra los dedos sobre el sedoso cabello castaño del chico blanco y le retiene en su sitio, sus miradas chocan, y comienza a azotarle la pálida cara con su grueso tolete duro, son bofetadas que llenan el aire, y Dios, se sentía tan bien hacerlo, darle, pegársela, frotársela de las mejillas, nariz y frente, casi derribándole los anteojos, que de su ojete mana más líquidos. Ahora le lleva de aquí para allá, meneándole atrapado como lo tiene por el cabello, su verga quieta, frotándole la cara de ella. El abogado gimotea algo pero no entiende qué, son sonidos roncos, posiblemente de lujuria mientras su cara se adhiere a la caliente barra de carne, la cual le moja un poco con sus jugos.

   Nuevamente se miran, uno inclinado, mirándole hacia arriba, rojo y suplicante, el otro alto y poderoso, la verga en su mano. Un dominador y su sumiso. La idea, no pensada cabalmente pero si intuida, llena a Slater de calambres. Ahora enfila la punta de su tranca y golpea suavemente los cerrados y rojos labios del joven, una y otra vez, untándoselos con sus jugos. Y sonríe terrible, avergonzándole más, cuando este entreabre la boca, su labio inferior siendo estirado por la cabeza amoratada, que lo unta de más líquidos. Jeffrey cierra los ojos, temblando de humillación y… No lo entiende, él no era así, pero el olor de aquella verga, esos líquidos que mojaban sus labios y entran en su lengua le…

   -Ahhh, si. –jadea Slater cuando los rojos labios se abre todo lo que pueden y medio intentan atrapar el glande, grueso, chupando de sus jugos.

   Se miran, uno entregado, el otro controlador, gozoso, sabiendo que ese chico blanco estaba, en esos momentos, mezclando sobre su lengua jugos de macho y saliva propia, antes de saborearlo y tragarlo. La boca, de donde sale un ronco quejido, se abre más e intenta cubrírsela, estirando los labios sobre la cabezota, succionando, ignorando que los frenéticos toques de su legua sobre el ojete, buscando más jugos, enloquecían al negro uniformado.

   -Vamos, muéstrame qué quieres hacer… -le ordena.

   Y Jeffrey Spencer pierde toda cordura. Forza su boca y traga un poco más, las comisuras muy estiradas, succionando intensamente como un bebé de su mamila, dándole con la lengua en todo momento, antes de librarla, jadeando, buscando aire, mirándola agitarse de arriba abajo en la nada. Baja el rostro, ladeándolo, y pega la rojiza lengua de la cara posterior de la pieza, de la gran vena que parece transportar lava en esos momentos, sintiéndolo extraño al tacto, pero maravillándose más de la manera que eso afecta al jefe. Su lengua va y viene, de arriba abajo, pegada totalmente, degustándola, llenándose con su sabor, azotando la lisa cabeza, no queriendo pensar, como también lo intenta el jefe, en lo muy prohibido que era para un hombre hacer eso. Lo sucio… lo excitantemente sucio que era recorrerla, mirándole, llegando arriba recogiendo su recompensa, esos jugos, enderezando en cuello y tragándose el glande, buscando otro poco.

   Pero Slater quería más. Sacándosela de la boca, le obligó a ponerse de pie, casi desvistiéndole, lo quería todo pelado, excepto por los zapatos… y la pantaletica. Quiere metérsela, duro. Siempre ha sentido ese deseo, metérsela por el culo a alguien. Lógicamente a una mujer. Pero la suya, muchos años atrás, le aclaró que esas vainas no las hacía, y no acostumbrado a visitar putas, y con sólo dos indiscreciones que ha tenido, nunca supo cómo abordar el tema con otras féminas, así que nunca se le había dado probar la posición. Ahora tenía a ese tío blanco allí, a tiro de pichón, y la idea de hacerlo, de metérsela habiéndole mucho ese culito blanco, recordando los gritos, gemidos y cara del abogado cuando el delincuente ese se lo hacía, le tienen bien caliente.

   -No, jefe… -jadea realmente alarmado, Jeffrey, siendo doblado de panza sobre el metálico mesón, las piernas abiertas, tembloroso, las nalgas enrojecidas por los azotes recibidos anteriormente, la pantaleta casi toda entre ellas (y la visión hace que al hombre negro le gotee salvajemente la verga).- ¡No, por favor! –medio grita, pero jadea ahogado cuando una fuerte mano cae sobre su espalda tibia, casi reteniéndole contra el metal.

   -Necesitas acabar con esto. Lo necesitas para liberarte de Read. –le recuerda, y a un nivel bajo y animal, ambos sabían que mucho de cierto había.

   Una mano grande, ruda y callosa, muy negra, se acerca a esas nalgas redondas, algo flojas, muy blancas y un tanto pecosas. Los dedos negros se clavan en la carne, electrizándole a ambos. Va a la raja y aparta por un lado la pantaleta, exponiendo el agujero de amor poco velludo, muy enrojecido e hinchado, resultado de las embestidas que Robert Read le dio poco antes. Ese culo tiembla, como el abogado mismo, ¿temor, excitación? La enorme cabezota del tolete negro se acerca, el calor le llega al otro que se tensa y parpadea salvajemente. El liso glande, totalmente mojado, de jugos y saliva, choca de una nalga y Slater abre mucho la boca, tomando aire, siendo recorrido de lujuria. De alguna manera que no entiende, la verga se le pone más dura… y jugosa.

   No puede evitarlo, acercándosele un poco, la dura y ardiente verga se desliza sobre la nalga, y Jeffrey cierra los ojos, sitiándola tiesa y palpitante contra su piel, que le hormiguea bajo su roce. A Slater sencillamente le paraliza el cerebro; frotarla, de arriba abajo contra la piel algo velluda del otro hombre, era sencillamente enloquecedor. Lo sabe. Sabe que podría correrse nada más haciendo eso, meciendo sus caderas, su verga subiendo y bajando, refregándose duramente de la nalga masculina, pero…

   Va hacia adelante, la lisa cabezota pega de la entrada, empujando y empujando sin penetrar, maravillándose de la poderosa oleada de lujuria por anticipación que le recorre. Por su parte, muy quieto, las manos fieramente cerradas sobre los bordes de la mesa, Jeffrey aguarda y teme. El negro glande se frota y frota, para retirarse. El hombre, tradicionalista, escupe su mano y se unta el miembro, antes de abrir la boca y dejar caer un espeso escupitajo sobre la raja interglútea del otro. La saliva hace gemir al abogado, la siente caliente y viscosa, resbalándole. Cuando llega sobre su culo, esos dedos negros frotan y lubrican. Y caliente como pocas veces recuerda haber estado, Slater mete un dedo largo, sintiéndolo atrapado por algo caliente y sedoso que lo envuelve. La intrusión hace que Jeffrey se tense, muy consciente de la sensación del dedo de otro carajo en su culo; el vaivén de ese dedo en sus entrañas era extrañamente desesperante.

   El dedo sale, la cabezota negra vuelve, brillante de saliva, y empuja y empuja.

   ¡No cabe!, Jeffrey lo sabe cuando la siente presionar, gimiendo, asustándose y gruñendo que no puede, pero Slater no estaba para miramientos en esos momentos. Sólo empuja y empuja, forzando el esfínter, echando atrás los labios, abriéndose paso con esfuerzo; el anillo se resistía a pesar de que Read le había penetrado hace poco. Pero claro, esa verga… Empuja más, soltando la pantaletica que quiere volver a su lugar sin poder porque ahora su tranca se interpone, le atrapa la cintura con sus dos manos grandes, reteniéndole y halándole hacia atrás. Empuja su verga y hala de ese culo que se ve forzado a abrirse a pasar de los reclamos y griticos del abogado, que tiene la cara roja, los dientes apretados, intentando resistirse.

   Pero no puede, el glande logra abrirse paso y el vigilante siente como el esfínter le aprieta de manera salvaje, empujándole, rechazándole. Va metiéndola aunque cuesta, y Jeffrey se agita más, temblando todo. Empuja y medio tolete está adentro, palpitante, duro y grueso, y Jeffrey cae sobre la mesa sollozando. ¡Dolía tanto! El jefe, transpirado, escupe sobre el punto donde verga y culo se confunden, y se la mete, lenta pero inexorablemente, casi cayéndole encima, teniéndole totalmente clavado con su gigantesca pieza de ébano. Jeffrey gimotea, dientes apretados, ojos cerrados, sintiéndose morir, esa verga ardía feamente, abriéndole al máximo.

   El hombre, enderezándose un tanto, espera unos segundos, siseándole, acariciándole la espalda con una de sus manos, la mirada clavada y fascinada en las nalgas blancas de ese hombre joven, medio cubiertas con una sexy pantaleta de mujer, apartada en un lado por donde su verga negra estaba enterrada casi hasta los pelos. La retira unos centímetros, le oye gemir, y vuelve a clavársela. Lo repite, una y otra vez, lento, para acostumbrarle, viéndole tensarse, arquease, gemir derrotado… y todo le parecía excitante. Allí tenía a un sujeto adulto, con el culo atravesado con su verga, gimoteando por ello pero sin poder hacer nada por evítalo. La idea era enferma, sucia, malvada… y excitante.

   Quiere… verle estremecerse y debatirse. Ansía controlarle. Desea… cogerle. Poseerle totalmente. Someterle a su hombría, a su verga, a sus ganas. Pero también quiere que grite de lujuria como una puta. No lo sabe, pero quiere ser, en esos momentos, como Robert Read.

   La verga sale casi a la mitad y vuelve a entrar, entre gruñidos de gustos del hombre negro. Ese culo era tan apretado y sedoso que estimulaba cada centímetro cubico de su tranca. Era como forrarse la verga con un muy ajustado preservativo y luego masturbarse sobre él, pero mil veces mejor. Ese cerrado culo estaba exprimiéndole, las paredes de ese recto parecían pegársele como ventosas y succionar. Su tranca estaba siento tratada como nunca, y sin darse cuenta fue sacándola y metiéndola más rápido, casi toda para irse de golpe, sin importarle los gemidos y súplicas del otro, a quien retiene contra la mesa con una mano; su verga va y viene, rápida, dura, gozando como nunca de ese mojado e hirviente pozo que le succionaba hasta el alma. Era increíble ver como el rojizo agüero podía permitir la entrada, la salida y los deslizamientos de esa pieza enorme y muy negra, mientras las bolas del hombre, fuera del uniforme, le golpean una y otra vez.

   Lloriqueando roncos “no, no, por favor, ya basta”, Jeffrey Spencer es cogido a fondo sobre ese mesón, por segunda vez en su vida, el mismo día. Una nueva verga titánica abría y rompía su culo sin que pudiera evitarlo. Estaba siendo usado por ese hombre que satisfacía sus necesidades con él, dándole gusto a su verga larga, gruesa, tiesa y caliente, que le llenaba de líquidos ardientes las entrañas. Dolía, es lo que se dice mientras es consciente de que está muy abierto, muy lleno con la hombría de ese sujeto que le usaba como a su puta, que le abría las paredes del recto, rozándoselas, dándole en la pepa misma del culo. Le quema. Le arde. Y su culo aprieta y hala con violentos y evidentes espasmos; confuso ya no sabe si cerrándose o abriéndose para dejar entrar al sujeto, empujándola o buscándola. No sabe qué ocurre, pero sus entrañas son una masa viciosa que busca aquella verga ahora.

   No hay equívocos, las blancas nalgas se agitan y contraen, cerrándose sobre el pubis del vigilante, la pieza negra totalmente enterrada; el jefe Slater casi no puede pensar mientras está recibiendo todo ese goce, no sólo el estar usando su tolete, un buen amigo que siempre brindaba placer, sino porque estaba sometiendo a su voluntad, a su gusto y capricho a ese otro sujeto. A un chico blanco que gemía, se estremecía y cuyas nalgas blancas y redondas iban y venían, cogiéndose, refregándose en su pubis, mientras su culo estaba ordeñándole. Si, ahora también lo tenía controlado sexualmente; era cierto, en el mundo había hombres que buscaban y necesitaban ser llenados por otros, aún sin saberlo.

   La idea era increíblemente buena y ya quería probar otra cosa…

……

   Pero si al abogado le iba “mal”, sometido físicamente por el enorme sujeto negro, a Daniel Pierce no le va mejor porque su “humillación” es pública y notoria. Dentro de aquella pequeña celda, la cortina recogida, Robert Read, de alguna manera, le controla física, mental y sexualmente frente a los otros reclusos. Las rudas manos del sujeto sobre su cuerpo lo erizan, le calientan, le hacen gemir aunque casi no es consciente de ello, mientras los delincuentes de las celdas al frente, y uno que otro que intenta forzar la vista a los lados de la que ocupan, usando espejos, le observan con miradas lujuriosas, viciosas, totalmente excitados. Todos deseando tenerle así, haciéndole aquello, tomando su cuerpo joven y atractivo. Cuando Read le obliga a alzarse, inclinándose y atrapándole una tetilla, labios calientes, lengua húmeda, succionando hambrientamente de su pezón, su gemido hizo que todas las vergas de aquel pabellón se agitaran y mojaran un poco. Dios, ese hombre estaba exponiéndole, se decía Daniel, pero incapaz de controlarse o de ponerle fin, cabeza hacia atrás, facilitando, inconscientemente, las mamadas a sus tetas.

   Y en todo ese momento, mientras succiona de una tetilla a la otra, mordiendo un poco, provocándole estallidos de placer en el cerebro a su Tiffany, Read saca de debajo de la almohada un pequeño frasco, con el cual impregna un poco sus muy negros y encrespados pelos púbicos. Dejando la tetilla, bañada en cálida saliva espesa, todavía azotándola un poco con la lengua mientras se retira, Read se alza y le mira.

   -Vamos, Tiffany… -le atrapa la nuca y empuja.- No te arrodilles, inclínate… -le aclara, y casi no tiene que luchar contra ninguna resistencia, sonriendo del aliento que va bañando su torso velludo y su panza igual, ligeramente abultada.- Come, pequeña Tiffany, sacia tu hambre…

   Las palabras, roncas y bajas, totalmente audibles en aquellas soledades y silencios tensos, hicieron contener la respiración de todos los que miraban, manos crispadas sobre los barrotes, excepto aquellas que sobaban sus propias erecciones. Y las sonrisas de lascivia y maldad no se hicieron esperar cuando Daniel Pierce, como sin darse totalmente cuenta de lo que hace, abre sus rojos labios y cubre el grueso glande, ahuecando sus mejillas, succionando como un lactante. Casi sin ser obligado. Pero si esa escena, el hermoso tipo rubio mamando al rudo y varonil delincuente, era excitante, no menos lo era la ancha espalda del joven, medio ladeado, así como sus nalgas abiertas, increíblemente redondas, lisas, lampiñas y suaves, con la delgada tirita del hilo dental entre ellas; eso era aún mejor.

   Read sonríe socarrón, sus labios fruncidos cuando la boca del chico rubio cubre palmo a palmo su tranca, con dificultad, aún resistiéndose, puede sentirlo, pero haciéndolo a pesar de todo; y sin embargo, para el peligroso criminal hay más, como el disfrutar de los torturados rostros de los delincuentes que le miran. También el exponer a Tiffany a eso, a que todos sepan que es toda una hembra, su ardiente y hermosa hembra de coño caliente. Y aún eso no es todo; desea que todos sepan que es una puta caliente y viciosa, para que le envidien. Así que atrapándole la rubia cabeza le empuja, metiéndosela toda en la boca, ahogándole, dejándole la fina nariz enterrada en sus pelos púbicos, donde el tío resuella sus aromas fuertes de macho, pero también las gotas ácidas. Gotas que le marean, que aspira y aspira como si lo necesitara, retirándose y regresando, chupando por aquellos jugos que salen del tolete y que ahora le saben tan ricos y estimulantes, pero también olfateando más esas gotas de los Poppers.

   Atenazados a las rejas, todos miran y oyen como succiona ruidosamente, hambriento, una y otra vez, pero lo que les enloquece de verdad es la manera en la que el hermoso sujeto menea sus nalgas, casi pareciera que, si, que bajo la tirita de la pantaleta, su culo se abriera y cerrara incontrolablemente. Atolondrados, quemándose de enferma lujuria, todos ven como Read se lleva tres dedos a la boca, los lames y unta de saliva, inclinándose luego sobre el hombre, metiéndosela de paso hasta los pelos en la garganta, pelos donde Daniel aspira con frenesí, temblando, su propia verga casi fuera de la pantaletica que se estira conteniéndola todavía. Esos dedos van a su raja, el pulgar, expertamente aparta el hilo, y todos sienten que los ojos se le salen de las órbitas cuando lo comprueban, ese rojizo y lampiño culo titila salvajemente.

   Cuando los dedos untados se unen formando un trípode, no sorprende que entren. Ese culo, o coño, los pedía. Ni que el rubio se agite y tense, arrugando la frente, siendo forzado por los gruesos dedos, pero aceptándolos, ¡tres dedos de hombre metidos en su culo!, frente a todos. Esos dedos, por el simple movimiento de la muñeca de Read, entran y salen, sin salir de un todo jamás. Y Daniel lo agita, no puede contenerse, no sabe de dónde sale eso, pero su culo va y viene también, deseoso, perdido por los estímulos químicos y por el control mental y sexual de ese sujeto.

   -Míralos, Tiffany… mira lo que les haces, pequeña y adorable puta mía. –oye sus palabras.

   Retirándose de la verga, hinchada y mojada, la saliva goteando, Daniel, ojos brillantes y dilatados se vuelve sobre un hombro, meciendo su culo aún sobre esos dedos que lo exploran, y repara en esos sujetos jadeando, uno con la verga afuera, todos alargando sus manos como si intentaran alcanzarle, tocarle, meterle sus propios dedos y poseerle. Estaban locos de lujuria… por él.

   -Vamos, nena, deja que todos vean como se abre tu dulce coño mojado para mi verga…

CONTINUARÁ … 19

Julio César.

NOTA: Hola, amigos; miren, sé que a veces suelo ser categórico en mis afirmaciones, o por las palabras que uso, algo tajante; me agrada saber que leen lo que escribo, o lo que subo, pero la verdad es que esto es diversión. Lo hago porque me divierte, no porque sienta que debo hacerlo. Como ya he señalado, no es negocio, no es trabajo. Y así como no es obligación de nadie leerme, tampoco las tengo yo más allá de sentir agrado por un buen comentario. De verdad no quiero ser odioso, pero este blog, y el cómo lo llevo, es asunto mío. Lo fue al principio, lo es ahora y lo será en el futuro. De verdad, si molesta algo, sencillamente no sigan. Nadie tiene por qué sufrir inútilmente. Es mi filosofía; cuando cumplí los treinta y uno años, y llevaba diez en mi trabajo, les dije a todos que ya no me molestaría fingiendo que me agrada todo, ni haría, de ser posible, nada que me disgustara o incomodara. Y así hago con todo. No es por molestar o joder, es lo que pienso. Gracias.

¿SON O SÓLO PARECEN?

mayo 20, 2014

CHICOS Y FUTBOL AMERICANO

   No, no invitan chicas o se fastidian.

   No sabiendo inglés, y de escuchadas mucho menos (fuera de los gritos desesperados cuando los zombis están por atrapar a alguien de “open the door!”, y “are you okay?”, preguntado a un sujeto que cae por un barranco, estallando el auto y todavía recibiendo un derrumbe de rocas), no puedo juzgar este video por su letra. Tan sólo por los chicos. Un grupo de jóvenes atractivos, llevando sol, insolentes en eso, su juventud y atractivo, demostrando talento artístico, encarnando el llamado Sueño de California, que abarca mucho más que al estado de las olas. Chicos en una piscina, sólo ellos, cantando en bañadores. Una idea, un video, una imagen que vivirá para siempre, congelada en ese momento perfecto de sus vidas.

   Sin mayores datos, incluso se podría alegar que es una banda cualquiera, sin nada que ver con “lo gay”. Cuando Los Chamos y Unicornio (agrupaciones nacionales tipo Menudos, pero más adultos), causaban furor en Venezuela, sus integrantes a veces posaban con trajes de baño realmente escasos, para exhibieres como siempre quiere la llamada juventud perfecta, sin que por ello se les cuestionara la sexualidad. O no mucho. Bien, si, pero a lo mejor no había base, sólo mala fe de los menos agraciados. Lo mismo pasa con este grupo, podrían ser el terror de las hijas de sus vecinos y conocidos, pero la escenografía deja mucho a la imaginación.

   La música, como la tonada, son buenas; si alguien sabe de qué hablan, me agradaría un comentario.

HAY ALGO EN LA LUCHA QUE…

Julio César.