Archive for 30 septiembre 2014

ALCANZANDO EL SUEÑO

septiembre 30, 2014

…COMPAÑERO DE CUARTO?

UN DIA DE MI VIDA

   Vivir… vivir lo nuestro.

   Mientras le da, duro, oyéndole gemir de gusto, sonríe, alzando el rostro, sintiendo la perfumada brisa cálida del atardecer de aquel verano cuando está cerca de los treinta, mirando ese cielo inmenso que les cubre, azul claro. Está viviendo el sueño americano. Tiene un buen trabajo cuando otros viven días azarosos, una buena casa, un magnifico matrimonio,  dos lindos niños que aman el beisbol… era, si, prácticamente feliz. Casi. No totalmente. Algo faltaba… Hasta que lo encuentra en el joven vecino recién mudado con su nueva esposa. Ahora, teniéndole a mano cuando lo deseaba (y se le antojaba mucho, a cada rato), es totalmente feliz. Si, es muy afortunado este carajo.

LAS FIESTAS QUE NO ACABAN

Julio César.

VAYA HACHAS DE GUERRA

septiembre 30, 2014

PLAYA SUCIA

INGLESES CALIENTES

   No tomaban rehenes.

   Donde fueran, sobre la arena, presentaban pelea.

   -Bien, señores, allí llega la fragata. Creo que es australiana, y saben cómo son de grandes, sexy y masculinos esos carajos… -jadea el primero, estremeciéndose.

   -No, creo que es norteamericana; tal vez sea esa que dicen que lleva un buen contingente de negros marines enormes… -se ilusiona con los tamaños el segundo.

   -Como sea, perras, sin piedad. Nada de prisioneros, hay que acabar con todos… En nuestras caras o en… -ríe el tercero.

JOVENES, TRABAJO Y DEDICACION…

Julio César.

JESÚS TORREALBA EN LA HORA NONA

septiembre 30, 2014

MARIA CORINA MACHADO Y LA HISTORIA

JESUS -CHUO- TORREALBA

  La cosa va tan en serio que salió del bigote.

   Ya lo expresé, Dios aprieta pero no ahoga. Aunque también dicen que la dicha nunca es completa en la casa del pobre. Recordarán que hace poco escribí sobre estar deprimido, profundamente alicaído, y nada más comenzar la semana pasada, en lo tocante a Venezuela, ocurrieron tres cosas que me gustaron. Lo primero, por supuesto, la ida a su casa del comisario Iván Simonovis; condicionada y todo, se repara en parte la injusticia cometida por el presidente Hugo Rafael Chávez Frías para ocultar a los causantes de la Masacre de Miraflores. Faltan todavía algunos metropolitanos presos, víctimas aún de la maldad de ese señor que muchas cuentas debe estar dando esté donde esté. Lo segundo fue la atrapa de la banda de los Pica Gente (hasta nombre les pusieron a esos monstruos), unos delincuentes que se dedicaban a matar y descuartizar personas, como parte de los crímenes horribles que sacuden el territorio nacional. En países donde la gente se entrega de corazón y con calor a todo lo que está mal, robar, mentir, levantar falsos testimonios y la apostasía (¡en estos tiempos!), no puede ocurrir otra cosa. Los curas satánicos del 23 de Enero mucha culpa tienen en ello, tan convencidos como están que Dios no existe. Tercero, y lo que más sorpresivo fue (para mí, que tengo de ellos un pobre opinión), la Mesa de la Unidad Democrática, en los estertores agónicos donde sus propias imbecilidades les condujo, llaman a un hombre claro y combativo a tomar la Secretaria Ejecutiva, el periodista Jesús Torrealba, Chuo Torrealba.

   La verdad es inocultable y ningún bien le hace a nadie; la Mesa de la Unidad Democrática para lo único que funcionó, moleste quien se moleste, fue para alejar de la sala a todo el que se oponía al régimen, así como a prestarle algo de oxígeno al Gobierno cuando se vio en su hora más amarga, cercado por protestas en las calles, como ocurriera en Polonia, Lituania y Ucrania, por la sorpresa y desagrado que afuera causaron los arrestos sumarios, los desaparecidos, los torturados y asesinados, que cercaron en la opinión publica al régimen en el exterior. En esa hora difícil, chiquita, donde otros lucharon hasta prevalecer, o lograr cambios (lo he señalado antes, Nelson Mandela, que en paz descanse, no se reunió con sus carceleros que le tuvieron detenido casi treinta años si no le garantizaban previamente la libertad de sus compañeros), esa Mesa de la Unidad fue a apuntalarles sin esperar nada en cambio. Desvirtuando, de paso, las protesta a las que les faltó un líder, alguien con visión y valor. En ese fracaso amargo un hombre como Henrique Capriles Radonsky vio menguar su prestigio y Primero Justicia, que parecía arrasaría como primer gran partido, terminó como uno más del montón. Por supuesto, no vieron lo que ocurría, no entendieron lo que pasaba, que la gente les abandonara, ni intentaron remediar la situación dentro del estamento político; no es hasta que las encuestan les dan hasta con el tobo que se deciden por intentar un cambio. Y ante el descredito de la fauna política que se auto abrogó la potestad de hablar por todos, de actuar en nuestro nombre sin consultarnos, y todavía exigirnos que les obedeciéramos o “rompíamos la Unidad”, no quedaba otra sino buscar un bateador designado.

   Y para esta hora tan extraña no se puede pensar en una ficha mejor que el periodista Jesús Torrealba, un hombre de hablar directo y claro, pero sobre todo capaz de unir verbo con predicado, de entender que estos lodos no llegaron de la nada, que hubo polvos que todos vieron levantarse y no quisieron atender, que terminaron creando el desastre. Algo nada fácil, hay personas que hacen lo imposible por no pensar porque eso termina responsabilizándoles por lo que ocurre, por acciones u omisiones; la gran culpa de la clase media irresponsable de su destino y de una clase profesional que no supo cuidar sus fuentes de trabajo y prosperidad, entregando unos y otros sus vidas a “los políticos” que no vigilaban ni fiscalizaban; ahora es más fácil odiar y culpar a los cubanos por atraparnos como bagres en un tobo, pero es inútil como correctivo. En este clima, el nombramiento del señor Torrealba me alegra, aunque no entro a ojos cerrados. Hay detallitos que me molestaron en el pasado, aunque le admiro y sigo su programa DEL DICHO AL HECHO, como antes seguí a mi adorada Marta Colomina.

   Por un tiempo, en su programa, el señor Torrealba censuró al diario El Nuevo País, cuando Rafael Poleo advertía que no se hacía lo correcto, de manos de Henrique Capriles Radonsky, para enfrentar y detener al régimen con sus trácalas electoreras, y ciertamente no se hizo bien. Fuera de que Primero Justicia parecía dispuesto a pasar una aplanadora sobre el resto de los partidos políticos de la Oposición al ganar las Primarias, poco efectiva se vio conectando con el país entero o enfrentando gallardamente las vagabunderías de un régimen vagabundo. Lo otro que podría discutírsele es esa idea de que por la Unidad únicamente pueden pronunciarse los políticos colocados allí, y que toda otra voz disidente deber ser dejada sola. No estoy en contra de los partidos políticos, pero el MAS se disolvió, y los dos grandes partidos históricos, AD y COPEI, parecen desdibujados e incapaces de refundarse; en uno existe una dirigencia eterna que cierra todo acceso generacional, el otro sigue sin encontrar su rumbo, pero desde hace rato es que va dando tumbos, desde aquel ataque suicida que les llevó a lanzarse sobre el cuello de un Rafael Caldera que les derrotó electoralmente cuando todo el mundo sabía que ganaría una segunda presidencia. Todo el mundo lo vio, menos ellos. ¿Fue bueno para Venezuela?, eso se discutirá toda la vida, pero nada bien quedó COPEI en su oposición a ultranza cuando obstaculizaba acciones que debieron beneficiar al país, todo por atacar al padre. No, los políticos, cuando echan de la mesa de discusión al resto de la Oposición, o cuando salen corriendo a hacer cosas a modus propio, no son la única representación del país que se opone al régimen, ni deben ser seguidos ciegamente. Mucho menos pensar que “bueno, se equivocaron, pero hay que calársela porque son los líderes y no queda otra o hago el trabajo del diablo”.

   Lo tercero que a veces incomoda un poco del señor Torrealba, y no quiero que suene feo, es su ingenua aceptación de que las personas no saben lo que hacen muchas veces, tal vez porque son engañados o muy inocentones. Comparte con nuestro extinto y admirado Alí Primera la creencia de que hay cierta grandeza dentro de algo a lo que llaman “el pueblo”, cerrando los ojos a que esa gente antes vivía de los adecos y ahora lo hacen del chavismo, ejerciéndolo de la manera más ruin y despreciable, hablando mal de quienes antes les mantenían. Ni siquiera tienen lealtad. Ya antes seguían primero a Boves y luego a Páez. Que en La Guaira cierren puestos de trabajo, comenzando por aduanas y puertos, que en Ciudad Bolívar la situación laboral sea tan terrible como la inseguridad, o que los taxistas y conductores se quejen desesperados por la delincuencia que les mata a diestra y siniestra es claro ejemplo de que algo no les funciona bien dentro de las cabezas. No quieren cambios ni rectificación, como demuestran vez tras vez votando por un régimen agotado al nacer, que habla y habla mientras roba a dos manos sin hacer absolutamente nada para resolver problemas, pero luego (de poner la torta electoral), van y se quejan de esos problemas. ¿Choferes protestando por inseguridad?, denles un aumento del pasaje y gritarán viva el régimen así tenga que sepultar al hijo asesinado en un atraco. Igual con los trabajadores de Guayana.

   El señor Torrealba muchas veces, de modo algo severo, se ha quejado de que una mitad del país no escucha las quejas de los sectores populares que llevan años saliendo a protestar por la inseguridad, la suciedad o la falta de servicios públicos, pero ¿cómo escucharles o tomarles en serio cuando salen y votan por Jorge Rodríguez? ¿Quieren o no su Infierno en la Tierra? Y si lo quieren, ¿de qué se quejan entonces? El saber popular, ¡saber!, asegura que sarna con gusto no debe picar. No se puede tomar en serio a una señora que llora por dos hijos asesinados por la inseguridad, por tres o cuatro, cuando ella le entrega las armas al asesino en sus manos, garantizándole que nunca le pasará nada, que siga así (dándole el poder a quienes nos llevaron a este desastre). En algún punto cada quien debe asumir su culpa, como señalé más arriba con la clase media. Se puede decir que se les llevó a eso, por ignorancia, por el fraude del sistema educativo, pero eso sólo funciona hasta cierto nivel, cada quien tiene ojos para ver lo que ocurre, y cabeza para relacionarlo. Y si no, sería mejor lanzarse de cabeza al Guaire.

   El problema es la marginalidad del alma. Hace sesenta años, en la Venezuela rural se tapaba el agua de beber para que no se ensuciara, tomaran los animales o se criaran mosquitos, ahora cuando hay televisión y cualquiera pasa por un liceo, no lo saben. Sé de una comunidad mirandina que con dinero de la gobernación, para ese entonces en manos de Enrique Mendoza, construyó una escuela rural, y Hugo Rafael Chávez Frías, todavía no totalmente extraviado en su demencia que fue manipulada y usada para convertirle en escudo de ladrones y delincuentes apátridas, dijo que no se debía pagar inscripción ni exigir los libros o uniformes para que los niños entraran a clases… y con todo había gente cerca de esa escuela que no mandaban a los muchachos a clases, ni les inscribían, porque era mucho trabajo mandarlos y vigilar que fueran. No es pobreza, es dejación, marginalidad. En la Venezuela que sufrió una severa crisis económica dejada por la dictadura de Pérez Jiménez, Rómulo Betancourt le habló a los venezolanos explicándoles el problema, diciéndoles que no había con qué pagar los aumentos ese año y que se tendría que trabajar mucho para recuperarse; a las fábricas fueron luego fichas de los partidos socialistas, llamando a las protestas y huelgas y en muchos lugares fueron enfrentados por gente que les dijo que si no había de dónde sacar la plata qué se iba a hacer, parar el país para qué, qué resolvería eso. Que ahora la clase media, los jóvenes profesionales y técnicos, y sus jóvenes estudiantes con celulares y tabletas, se desentendieran de sus obligaciones para con el país, quién lo dirigía, cómo y haciendo qué, teniendo menos sentido común que gente humilde de fábricas en los sesenta es evidencia de esa marginalidad que llegó a todas partes. No, la voz del pueblo no es la voz de Dios. Cuentan que Nelson Mandela lo dijo, el pueblo puede querer algo pero si se equivoca un líder tiene que decírselos y hacérselos entender. Y es lo que nos ha faltado, sentido común y valor cívico.

   Sin embargo aplaudo y sonrío sabiendo que el señor Torrealba se pondrá al frente de la dirección de la Unidad; queda espacio a la esperanza del cambio. Como señalé, parece estar lúcido y no dice que será un líder sideral, entiende que el problema es la horrible mala hora que vive el país, este, no Colombia, Estados Unidos o Marte, por un modelo político fracasado desde hace casi cien años y una dirigencia corrupta, incompetente, fascista y violenta al estilo nazi que nos ha llevado a la miseria. Que no busca ser llamado “eminente señor fulano”, ni aparecer en televisión sonriendo con superioridad cuando rebate algo a lo que el régimen no puede replicar (cómo si eso valiera de algo mientras los políticos y estudiantes presos siguen presos), no disertando sobre lo humano y lo divino… de la cantidad de ángeles que caben en la cabeza de un alfiler y cuántos deberían estar allí para que no sea indecente.

   Será un trabajo arduo el que le espera, comenzando por retomar una verdadera Unidad como frente amplio; después del desastre de las “conversaciones”, la Mesa de la Unidad Democrática perdió a buena parte de la población (el diálogo es bueno y aceptable, como que Nelson Mandela logró no sólo su libertad sino la de sus compañeros antes de sentarse a una mesa de negociaciones en Sudáfrica). El señor Torrealba deberá convocar, otra vez, a todos los sectores, amas de casa, madres por la libertad de esto y aquello, militares retirados, comerciantes, industriales, ganaderos, trabajadores y centros de estudiantes, sobre todo a estos estudiantes a quienes se satanizó desde el Gobierno y la rama política de la Oposición (qué bueno que esta gente no estaba cuando en Polonia y Lituania la gente salió a las calles). Le tocará lanzar llamados de “la tarea es demasiado grande y nos toca a todos; si no nos duele Venezuela a nosotros, ¿a quién? ¿Al régimen cubano que no les duele ni Cuba?”. Lo otro será reunirse con cada sector, con el barrio, en la calle, con un “¿quieren seguir viviendo con miedo dentro de sus casas, encerrados y ahora asesinados aún en ellas? ¿Permitirás que tus hijos o tus nietos crezcan en una jungla donde o se te convierte en asesino o es asesinado? ¿Prefieres tu trabajo que te permita ir a un mercado y conseguir lo que quieras, cuanto quieras, como ocurría antes, o vivir corriendo como gallina en patio esperando a ver qué lanzan hoy, si maíz o yuca, como si de animalitos del monte nos tratáramos?”. En una palabra, el regreso de Aleida Josefina y su: “¿Es esto correcto? ¿Es esto lo que tú quieres que continúe?”.

   El señor Torrealba deberá convencer a una mayoría, algo envilecida (Hugo Rafael Chávez Frías hizo un buen trabajo robándonos la dignidad, justificando el robo, el pillaje, la mendicidad, la espera de la coima), de que este desastre no puede continuar, que no hay país que se sostenga así sin que ocurre algo realmente terrible como una gran hambruna con desabastecimiento total que provoque pandemias o guerras; y que si las cosas están más mal que hace dos años, el próximo puede ser peor porque nada se hace por rectificar o cambiar, entonces, ¿qué quedará para cada hombre, mujer y niño dentro de dos o cinco años? Y todo ello sazonado con un “¿acaso no ven lo que está pasando?”. Pero, en fin, el señor Torrealba es un hombre inteligente, se rodea de un buen grupo de activistas comunitarios, de gente curtida en el trabajo social, que lo hacen para ayudar, para buscarle solución a sus problemas y los de sus vecinos, no disfraces o paracaidista como Ernesto Villegas, el aberrado degenerado aquel que sacaba fotos de Hugo Rafael Chávez Frías sonriendo con las hijas por la prensa cuando ya estaba muerto, siendo ministro de Información, atacando ahora la elección del señor Jesús Torrealba como vocero de la Oposición.

   El cambio que necesita Venezuela no es de caras ni de políticos, es de modelo de patria, uno que exige el auto análisis y la aceptación de nuestras limitantes actuales, pero levantándonos por encima de ellas (dejar la flojera, dejar de creer en el negocito mágico que dará mucho dinero sin tener que trabajar, dejar de creer que merecemos todo simplemente por nacer, que nada es culpa de nosotros, incluso que la política es asunto de otros y no mío porque eso da pereza); en el subcontinente hay países que con menos recursos han avanzado de manera admirable, Chile es uno, Costa Rica otro, Panamá emerge con fuerza, y sin petróleo. El asunto es pisar tierra, ver la realidad, esperar lo mejor, aspirando a un futuro brillante, pero dando pasos concretos para que ello ocurra. Dejar de creer pendejadas, que decir es hacer, y desconfiar de hombres que hablan demasiado, generalmente sólo son un fraude.

   Suerte, señor Torrealba.

   Por cierto, lo de la casa del pobre y la dicha… Hoy lunes, el señor Jesús Torrealba nos anunció que era el último programa en Radio Caracas Radio, y no parecía muy contento. ¿Qué se mueve tras todo ello? ¿Temor a que su figuración afecte intereses secretos? No creo que el Gobierno tenga algún interés en ello, así que sólo queda… Mejor lo dejamos así. Pero fue una noticia mala, malísima. Y ahora queda ese vacío, espero que recuerden que Marta Colomina anda por ahí. De la gente que habla en radio y televisión, es una de las que mejor dicción tiene.

EL CASO SERRA, LOS CUENTOS DE MADURO

Julio César.

DESESPERACIÓN

septiembre 27, 2014

ANSIEDAD

SEXY MAN

   Era una tortura.

   El señor Cabrera, profesor de Matemáticas, solía llegar trotando desde su casa al colegio cada mañana, transpirado, agitado, el pequeño shorts totalmente transparentado, exhalando calor y sensualidad Allí tomaba una ducha e iba a sus clases. Sin ropa interior, eso se sabía. Y era cada mañana. Los chicos, ojos muy abiertos, mejillas ardiéndoles, bocas secas, se preguntaban cómo coño no se le caía esa vainita cuando llegaba.

NOCHE DE HALLOWEEN

Julio César.

MAÑA

septiembre 27, 2014

SEDÍA

MUSCLE HOT

   La competencia estaba pareja, pero en cuando bajara sus dedos y metiera la tela entre sus nalgas, no quedaría para nadie más.

OTRO DIOS DEL RAYO

Julio César.

RESIGNACION

septiembre 27, 2014

DEBILIDADES DE UN DURO

MUSCULOSO EN HILO DENTAL

   A todo se acostumbra uno.

   Al culón Chacón, todos dentro del gimnasio le buscan chanza, ¡era grande ese trasero! Y él no hacía nada por desviar la atención, como era su mañana de usar hilos dentales. Saberlo le expuso a que montado sobre los equipos, quien pasara le bajara el shorts. ¡Cómo gritaba!, pero ya no. Cansado de discutir, finge que no le importa y sigue su rutina sin reparar en las miradas fijas ni las respiraciones pesadas. Cada quien imaginándoselo montado en su “aparato”.

¿LES CAE EN GRACIA?

Julio César.

LUCHAS INTERNAS… 135

septiembre 25, 2014

LUCHAS INTERNAS                         … 134

UN CHICO SEXY

Algo acaba y algo comienza para el hombre que quiere.

……

   Salvatierra se vio en aprietos cuando el Gobierno quiso apretarle las clavijas sobre el robo del documento, pero él juró y rejuró que nada sabía. Esa noticia precipitó una reunión entre Eric y el alicaído Sam, en su apartamento. A Eric le sabía mal molestarle en esos momentos, pero tenía que hablar con él.

   Comenzaron discutiendo sobre la ubicación de Linda, mujer a la que parecía habérsela tragado la tierra.

   -Imagino que ya aparecerá. -dice el catire, dejándose caer en un sillón, en mangas de camisa. Callándose un lúgubre “viva o muerta”.- ¿Y tu visita?

   -¿No puedo estar preocupado por ti? –le imita, sentándose al frente. Notando el vibrar del celular, tomándolo y leyendo un mensaje de un número reciente: “Hola, quiero hablar”, y el corazón la late feo. Jorge. Al fin se comunicaba.

   -No me hagas reír que  no estoy de ánimos.

   -Mamá quiere que vuelva a la firma. –dice suavemente, mirándolo con afecto a pesar de sus palabras.

   -Creo que es lo mejor. Caído Ricardo, si es que termina de caer, Frank sería el siguiente al turno, y no conviene dejarlo actuar a sus anchas; no ahora que los tribunales están intentando quitarles todo a ustedes para dárselo a los Caracciolo. -se recuesta del sofá.- Aunque últimamente lo veo como… despreocupado. Creo que Frank anda con alguna putilla nueva que le tiene sorbido los sesos. No para en La Torre, y cuando le veo, silba de una manera asquerosamente feliz. ¡Hasta me saluda!

   -Mamá dijo algo parecido, pero con otras palabras -se inquieta por algo. Sam lo estudia y sonríe leve.- ¿Podrías avigorar en qué anda el hijo de perra ese? Me pregunto a quién podría querer una bestia como esa…

   El teléfono vibra, algo amoscado lo toma y el número de reciente data le desconcierta. Edward. El mensaje es escueto pero inquietante: “Debemos hablar”. Ay, coño…

   -¿Pasa algo? –se interesa Sam, temiendo más malas noticias. Pero sonríe leve, sólo un poco porque no está de ánimos, viéndole enrojecer.

   -No… nada. –apaga el aparato y se miran.- ¡No es nada!

   -Dios, andas desatado; reprimido veinti picos de años y ahora eres el terror de los sanitarios en el Centro de Caracas.

   -Sam… -finge dureza pero le alegra un poco verle relajarse y sonreír más.- Entonces, fíjate en qué anda franklin. Es raro que esté descuidado ahora que Ricardo cae, sobre todo sabiendo que eso nos permitiría regresar a la firma.

   -¿Qué? ¿Ya ves a tu madre hilando telarañas alrededor de él, de ti y de mí, moviendo a la gente como títeres otra vez? Tu madre no es omnipotente, Eric. Es sólo una taimada y astuta mujer a la que es mejor tener de amiga. -se endereza.- El problema ahora es la dichosa carta perdida, porque ese grupo comando que entró así a la casa Salvatierra… -Eric le interrumpe.

   -¿Cómo pudo ese hombre ser tan imbécil? ¿Cómo la dejó allí?

   -¿Dónde la hubieras escondido tú? Tarde o temprano alguien iba a cargar contra él. Ese papel era muy peligroso. –defiende Sam. Eric bota aire desalentado.

   -Y lo perdimos. Debimos hacerlo público desde el principio. Que todo cayera de una vez.

   Cuando Eric y Sam se reunieron para tratar el asunto de Ricardo Gotta y la fulana carta de renuncia, optaron por ir tras Amelia Salvatierra para que ella le destruyera. La proposición de Sam fue tomar esa carta y usarla como un arma de negociación para obligarlos a pactar la libertad de La Torre y de los Roche. Eric, por el contrario, era partidario de darla a conocer, de salir corriendo papel en mano para el canal de noticias Global, gritando que tenían la carta, que el Presidente sí renunció, que ahí estaba la prueba, que el Cardenal no mentía. Y que luego saltara sapo o saltara rana. Que se armara el peo, y que sí había que agarrar los fusiles, que se agarraran. Eric sentía que todo era preferible a los que vivían en ese momento. Pero ahora la dichosa carta había desaparecido, y con ella todo su poder de disuasión o de transformación.

   -Me pregunto… -Sam arruga la frente, hace días que una idea la importuna. Aunque lo deja de lado, es un hombre inteligente con mente de abogado analítico, pero también tiene a su mujer enferma perdida en las calles. No puede dedicarle ni un segundo al asunto del atetando a la vida de Norma Cabrera de Roche, ni a lo de la carta…

   Más tarde lo recordaría. Los titiriteros no descansaban jamás.

……

   Para el observador casual, aquel que se deja engañar por lo vistoso, por el ropaje sin detenerse a cavilar realmente sobre lo que oculta, el poder residía en el que gritaba más o blandía un garrote más grande. Venezuela era uno de esos países donde, desgraciadamente, se confundía gritos y amenazas, con poder y machismo. Y la región en sí era machista. El abusador tenía, de entrada, ganada cierta admiración. También habían caído en la necedad de suponer que la palabrería inútil de voy a hacer, vamos a hacer, eran hechos reales y actos realizados. Parecían no diferenciar entre lo que querían que sucediera de lo que pasaba en serio, y esa minusvalía mental era explotada por los vividores de oficio. Para el hombre y la mujer pocos dados al análisis, escapaba el hecho de la esencia misma del poder real; esa que convertía las piedras en pan o el plomo en oro.

   Esa tarde, cuando Ricardo Gotta salió del piso quince de La Torre, cargando algunas carpetas con datos que sólo a él interesaban, ignoraba que las fuerzas de los poderes reales se habían puesto en movimiento, que la maquinaria giraba y todo lo que quedara atrapado entre su engranajes sería triturado; y que se había puesto en movimiento para ir tras él de una buena vez.

   Algo presintió cuando al salir de su oficina, no encontró a nadie ya en el piso. Cierto que ya había pasado la hora de salida, pero siempre había gente por allí, algún empleado rezagado, una fregona de pisos o un vigilante. Al llegar a los estacionamientos, tampoco vio a nadie, ni cuando lo cruzo en medio de un silencio inquietante hasta su carro, donde tampoco se encontraba su chofer. Eso hizo que su corazón latiera dolorosamente, pensando, por alguna razón que sólo él podía explicar, en Alex, su peligroso agente en el campo.

   El poder real, ese que mandaba chinitos presos como únicos corruptos de un país corrupto, que pactaba con aventureros para asustar a sus enemigos económicos, que trazaba negocios con países que eran serios en su proceder en todas partes del mundo pero que al llegar aquí y ver como era el ñemeo se trenzaban en chanchullos (desde fragatas misilísticas a máquinas electorales o radares) podía, sin remordimientos, sin penas, tomar a una persona más o menos normal y destruirla sí con eso era capaz de derribar el techo sobre la cabeza de un enemigo tan peligroso como Ricardo Gotta.

   La Torre era un lugar cuidado y resguardado, no era un colegio público o un parque, de difícil acceso, pero una persona logró entrar sin ser vista, sin ser detenida. Nadie pareció reparar en ella, hasta que cruzó los estacionamientos, llegando junto a Ricardo, a quien se le erizaron los vellos de la nuca, se vuelve, asombrándose.

   -¡Linda! ¿Qué hace aquí? -está realmente sorprendido. Sólo sorprendido ahora.

   -Sam es bueno. -gime la mujer llorosa, con su cabello sucio y grasiento, lacio, con su cara pálida de ojos nublados, con un tinte de sufrimiento, vistiendo una camisa grande, un jeans viejo y unos sucios zapatos.- Sam es un hombre bello, no como tú, Ricardo. Sam es mucho mejor de lo que tú serás nunca… y no debiste lastimarlo. -Ricardo va inquietándose ante esa mujer evidentemente demente.

   -No sé de que hablas. Busca al inútil de tu marido y… -chilla cuando ella, con un gesto rápido lleva las manos a los faldones de su camisota, la sube y saca un arma automática, grande y brillantemente oscura que lleva allí.

   -No debiste tocarlo. -repite con voz aguda.

   Ricardo entiende y lanza un chillido agudo, un ‘no’, de miedo, retrocediendo un poco, chocando con el carro, sin pensar ni un momento en saltar ágilmente sobre ella, tomarle la muñeca y torcérsela hasta que soltara el arma. Le gritó una y otra vez que no, que por favor lo dejara en paz, que él nada le había hecho a Sam. Chilló, él, un hombre cruel que lastimó a tantos, a veces por el simple placer de oírlos gritar, como cuentan que le gustaba oír al Che en la Cuba al inicio de la pesadilla. Lloriqueó cuando ella disparó dos veces, rápidamente.

   Grita al sentir los feos impactos en su abdomen, y por un momento recordó a Tirzo Ramos. No, coño, eso no. Él no podía caer así. El dolor era terrible, desgarrante. Gritó ahogadamente sintiendo algo caliente subiéndole por la garganta y con las manos intentó lo mismo que intentó en un callejón, semanas atrás, William Bandre, tapar el chorro de sangre, detener la vida que se le escapaba por allí. ¡Iba a matarlo! Linda había ido a matarle, y él tenía que hacer algo. Sintiendo un desgarro horrible, da media vuelta, hacia un costado del carro y da unos pasos apresurados e inseguros, quiere escapar, necesita hacerlo, pero algo dolía feo en sus entrañas, era como si un cuchillo se hubiera clavado y rasgara una y otra vez, con saña. No puede impedir los muchos gritos llorosos que salen de su boca.

   ¿Dónde estaba todo el mundo? Él gritaba, los disparos fueron horriblemente ruidosos y la mujer le gritaba maldito, una y otra vez. ¿Dónde estaba todo el mundo?, se pregunta otra vez. ¡Era una trampa! Su muerte, su ejecución había sido ordenada, planificada, cada detalle machacado y ahora allí estaba la ejecutora. Una mujer demente, una maldita puta que… Grita feamente, al oír otro estampido. Siente como si alguien lo empujara violentamente golpeándolo a la altura del riñón derecho, por atrás.

   Con un alarido cae de frente, su boca y nariz golpeando feo contra el cemento, sintiendo astilleros y como clavitos enterrándosele en la cara, lo que aviva también los dolores en su panza. Duele, duele mucho, y era horrible. Boquea sollozando, ¿por qué no llegaba nadie a ayudarlo? Pero, ¿quién? ¿Tirzo? ¿Alex? ¿William? ¿Amelia? Siente ganas de llorar como un niño, ¡no se quiere morir! No quiere morir allí. La muerte estaba bien para otros, pero no para él. Él era Ricardo Gotta. Todo iba nublándose a su alrededor, perdiendo consistencia, asustándole, pero el dolor, ese dolor lacerante, no se iba. Tosió, casi ahogándose con la sangre, tirado de panza en el suelo, con los brazos abierto, y sintió un doloroso calambre que lo recorrió todo. Moría, lo sabe, la idea le hace gritar internamente, ¡no quiere morir!, pero ante vio acercarse a Linda, la vio soltar el arma casi a su lado, sentándose en el piso, apoyando la espalda de una columna. Ayuda, busca ayuda… le gemía mentalmente; pero sólo vivió unos segundos más, para oírla sollozar horriblemente, para colmo.

   -Sam, ¿dónde estás? ¿Dónde está Sam? -ese lamento fue lo último que lo acompañó en su viaje al infierno.

                                   ………………..

   El asesinato fue un suceso totalmente sorpresivo que no tardó en producir un circo informativo.

   Nada más dejar salir Ricardo su último suspiro, Víctor Moreno y Nelson Barrios entraron en los estacionamientos, con el chofer del abogado, cada uno fumando. Allí vieron el cuerpo caído, el charco de sangre, la pistola y a la mujer llorando a gritos, algo realmente lastimero. Los tres corrieron hacia ella, alarmados, pálidos y… Nelson nunca lo diría, Víctor tampoco, pero aliviados en un fondo casi subconsciente. El peligroso sujeto ya no estaría nunca más. Lo tocaron y supieron más allá de toda duda que… ¡Ricardo Gotta estaba muerto! Ahora venía lo difícil. Con el pie, Víctor alejó el arma aún más de Linda y Nelson salió a llamar a la policía y a los jefes de La Torre.

   Sam y Eric, quienes cenaban juntos esa noche, salieron corriendo hacia la firma, llegando casi al momento en que la policía detenía a una ida Linda, que sólo preguntaba por Sam, que si alguien había visto a Sam. La prensa se materializó casi en seguida. La muerte de ese hombre tenía tantas implicaciones, tanta gente sabía ya de qué lado estaba y qué armas usaba, que la cosa era más que amarillista, ¡sensacional! La prensa se pegó a los comisarios y a Sam, que por qué lo hizo, que sí él sabía que lo haría, que dónde estaba él, que sí la mujer era amiga del difunto. Eran como sabuesos olfateando una olla particularmente mal oliente.

   Cuando Linda apareció, esposada, sostenida por dos altos funcionarios de la Policía Científica, todos corrieron hacia ella, aturdiéndola a gritos. Todos querían saber. Ella los miró aterrada, preguntando por Sam, que dónde estaba Sam. El hombre, con Eric a su lado, fue junto a ella y prácticamente tuvieron que cubrirla con sus cuerpos para poder atravesar a la carrera el mar de periodistas, cámaras y curiosos. Pero ese apenas fue el principio. En algunos resúmenes de prensa se hablaba de las relaciones de Ricardo Gotta con el régimen, de su participación en la persecución de gente de la oposición; los Roche y Sam tomaron estatura de valerosos antagonistas del poder, y hablaban de que el asesinato del conocido abogado se debía a documentos muy comprometedores que el hombre guardaba. O a que los opositores querían salir de un peligroso enemigo. Se dejó tendida la idea de que tal vez Sam, Eric y los Roche habían utilizado a Linda. O que la mujer y Ricardo habían sido amantes y él usaba algo contra ella, cosa que la obligó a matarle.

   Como fuera, en la sede de la Policía Científica, un angustiado Sam la acunaba, sintiéndola fría e ida. El hombre vivía un verdadero infierno. Ni Eric Roche, sentado frente a él, podía imaginar la profundidad de su dolor, su angustia, su pena por ella, y qué tanto se culpaba por todo aquello. Sam, un tipo apuesto y llano, alegre e inteligente, era incapaz de explicarle a nadie que sentía que Linda, con sus ojos mortecinos, indiferente a todo, incluso a él, se estaba hundiendo en una tumba de tierra negra en una noche sin luna, y que él debía sepultarse con ella, quedándose allí para siempre, con ella. Con la mujer a la que le había fallado hacía muchos años, cuando se cocieron y a la que volvió a fallarle ahora. Linda estaba metida en un peo, un peo grande y feo. Y él debía caer con ella.

   Eric le mira preocupado. Repara en los ojos muertos de la mujer y siente el temor de que Linda se estuviera perdiendo irremediablemente en su enfermedad, porque era una enferma mental, algo que todos habían intentado ignorar; ahora se sumergía en demencia más profunda. Siempre fue una mujer desequilibrada, pero todo esto… Imaginar el escándalo, lo que se dirá, especulará y señalará le eriza la piel, sabiendo que para la pareja ahora es que comenzaba el calvario. Sin embargo, lo que le asusta más, es ver la cara lavada de Sam, sin expresión, como si estuviera bajando por un callejón, llamándola, decidido a irse tras ella. Y era muy capaz. Le conocía mejor de lo que el otro suponía.

……

   -Dios mío, ¡pero qué horror! -chilla Carolina, hermosa aún dentro de su espanto, en medio de su espaciosa sala, sentada junto a Aníbal, mirando la televisión.- Pobre mujer. Pobre Sam. -mira a su marido y le ve lejano, grisáceo, como afectado por la noticia.

   La mujer lo medio abraza, dándole el consuelo de su calor y su amor. Pero Aníbal está en un lugar lejano, pensando en Linda Santana de Mattos; y le parece verla asustada y perdida, rodeada de gente, y una de ellas es Norma Cabrera de Roche, severa, lejana, empujándola hacia un callejón oscuro. Él sabía cosas…

   En esos momentos, la mujer está sentada en su jardincillo, con una copa de un vino oscuro, rojo como sangre, en su mano mientras piensa con un leve estremecimiento, mirando hacia la noche. Se siente… mal; pero no tan mal como Lesbia de Bandre, en la sala de su casa, caminando de un lado a otro, al borde de una crisis nerviosa, con un vaso enorme de whisky en la mano.

   Los pensamientos de la joven y mortificada mujer se suceden en círculos y siempre caían en lo mismo. Norma Cabrera de Roche… ¡la vieja hija de puta! Linda lo mató. Salió del sanatorio y fue a matarle. Y salió de allí a perseguirlo porque ella, Lesbia, le dijo lo que le dijo, que Ricardo estaba tratando de hacerle daño a su hombre. Pero fue lo que Norma le dijo que… Y siente miedo, un feo estremecimiento la recorre toda, aguándole los ojos con lágrimas caliente. Bebe con ansiedad de su vaso. El miedo se intensifica. Miedo a esa mujer implacable y calculadora. Siente un miedo visceral de esa mujer altiva, serena y de apariencia amable y educada. De esa mujer taimada y cruel. Porque era cruel; ahora entendía tantas cosas… Y veía la trampa, la trampa hacia la que fue conducida, llevando consigo a Linda de Mattos. La trampa tendida por Norma, la madre de Eric Roche contra Ricardo Gotta, el infame abogado que puso en peligro su fortuna y buen nombre. ¡Maldita bruja! Pero callaría. Mientras hiciera falta. Porque no es tonta, sabe que la perra no pudo hacerlo sola.

                                  ………………..

   La muerte de Ricardo Gotta, su cruento asesinato a manos de una mujer demente, no fue un gran dolor para mucha gente. El abogado sabía demasiado, y en el caso de dos hombres en específico, fue un alivio total. Ellos eran Danny Álvarez, su ficha más conspicua y criminal dentro de La Fiscalía, con la que también contaba Isaac Domínguez, el indigno Fiscal General; el otro era Arcadio Bittar, el general eructo. Lo que Ricardo tenía contra ellos, al menos la amenaza chantajeante de mostrarlo, quedaba olvidado. Ahora había que encontrar al tipo ese, el tal Alex, y silenciarlo. Atar el último cabo. Al menos eso se dice Bittar, Danny no contaba con tanto poder, sólo podía esperar en Dios que nunca nada se supiera de la enculada que ese carajo le dio en la cama que compartía con su mujer.

   Por su lado, Bittar estaba contento, era un ser amoral y brutal, y el final violento de Ricardo, le alegró. Se lo merecía por mamón. Sabía que los archivos rojos del otro serían revisados, y que el tal Alex sería buscado y detenido; pero contaba con la determinación y brutalidad que había desplegado a la hora de ejecutar cuanta marramuncia hiciera falta, para ser salvado por Dagoberto Cermeño, el siniestro Papá Dogo de ojitos claros que tanto gustaba al Líder. Estaba en Caracas para terminar algunos negocios pendientes, iniciados por Ricardo, pero que él continuaría. Traficar con gas licuado, gasolina y víveres, sobre todo con bebidas, se estaba convirtiendo en un negocio milmillonario con el paro cívico. Y él, piensa cínico, en respeto a la memoria del abogado asesinado, terminaría de ir contra la gente de Aníbal López en Caucagua y todo Barlovento. ¡Ningún centavo estaba de más!

   Se siente caliente de contento mientras recorre El Centro Simón Bolívar, desierto a medias por el acatamiento al paro. Viste de civil, una gorra deportiva cubre su cabeza, una camisota por fuera del pantalón y unos viejos jeans le hacen irreconocible. Ya no se atreve a mostrarse como Arcadio Bittar, general de la república. Todo el mundo le odiaba y despreciaba, al igual a su mujer y hasta a sus hijos. Ser una basura total tenía sus problemas, piensa con burla, sabiendo que con lo que hace manchaba de mierda y descrédito a todo el mundo militar, cosa que compensaba tantas malas caras a su presencia. Que se jodieran todos esos que lo despreciaban porque sabían la verdad sobre él, que era un pobre impotente, siempre sediento de güevos jóvenes.

   A su mente elemental y simplona escapaba el alcance del mal que había hecho, como a tantos líderes latinoamericanos que cavaban la tumba de las democracias representativas y civilizadas. La institución castrense, que hasta pocos años atrás era admirada y contaba con altos índices de credibilidad dentro de una sociedad que no los amaba en forma especial, pero los respetaba, había caído. Se creía que los militares eran la reserva moral y de orden para tiempos convulsos; grande fue la sorpresa de la gente común cuando sólo resultaron nidos de ratas peores que los partidos políticos, en especial de aquellos que se llamaban de “gente de la izquierda”.

   El hombre recorre con los ojos el solitario pasillo del centro comercial y mira con un brillo febril y enfermizo en sus pupilas hacia uno de los baños públicos. Con prisa, como quien desea no ser visto, abre la puerta y entra al amplio pero destartalado lugar, con sus orinales de pared y sus privados. Las baldosas se notaban sucias y amarillentas, así como se veían charquitos cerca de lo orinales, con un acre y desagradable olor a rancio. Algunos papeles higiénicos parecían lanzados por aquí y por allá. Y algo en todo eso lo excita más. Sentir ese olor a sucio lo estimula, haciendo titilar salvajemente su culo bajo el jeans, sintiendo la suave textura del hilo de seda que cruza la raja de sus nalgas. Le encantaba usar esos hilos dentales que lo hacían verse más obsceno, más puto, cuando salía de cacería. Por carne joven y firme.

   Su mirada vidriosa cae sobre la espalda de un joven de afro algo revuelto, moreno, delgado y alto, que mea. La boca se le hace agua al general. Sentir ese acre olor a orina en la boca, empapándole la lengua, también lo enloquecía. Con paso resuelto va hacia el orinal y se pone al lado del joven, viéndole con ojos vidriosos el güevo oscuro que suelta el potente chorro de orina amarillenta. El joven, usando un feúcho bigote y una barbita descuidada, le devuelve la mirada, curioso.

   -¿Si? –le pregunta.

   -Hola. -le sonríe como respuesta el general, mirándole el güevo y luego la cara mientras se relame los labios de manera lasciva.

   -Hola. -corresponde algo cortado, ¡vaya tipo!

   -¿Eres de por aquí? -pregunta Bittar sacándose el tolete del jeans y de la suave tela del hilo dental azul eléctrico, meando.

   -Si. -se encoge de hombros, algo incómodo ya. Bittar le mira el güevo.

   -Buena pieza, muchacho. –le impacta.

   -Eh, si… gracias…

   -¿Te gusta que te lo mamen? A mí me encanta mamar güevos. –le sonríe y medio aletea su lengua.- Déjame darte una chupadita. -ofrece, simple, vulgar, como es él.

   -¿Te gusta mamar güevos en baños públicos? -casi chilla.

   -Bastante. –rueda los ojos añorante.- Me encanta rodearlas con mi boca, sentirlas crecer y palpitar sobre mi lengua. Chuparlas es… -suspira.- Me gusta tragarme todo lo que sale de ahí. Una mamada dada por un hombre es rico, muchacho. Anda, déjame dártela… -jadea ronco.

   Al chico, eso lo impacta y no sabe qué responder. Deja de mear, pero aún mantenía el blando güevo afuera. Sin esperar más, allí, en pleno centro del baño, Bittar, con el flácido güevo afuera, se inclina en el sucio piso y su boca, con un gruñido de ansiedad, rodea el corto tolete. Ojalá le crezca grande, piensa mientras le da una poderosa chupada con su boca caliente y aguada, succionadora, sintiendo el sabor acre del resto de la orina sobre su lengua, mezclándola con saliva y tragándola con voracidad y glotonería, impresionando al joven con pinta de lacrita.

   -¡Oye, ¿qué coño…?! –parecía tomado por sorpresa, pero ya esa boca glotona va y viene, succionando, la lengua estimulando, las mejillas apretando y masajeando.- Mierda, viejo, vaya mamón que eres. Seguro que eres casado, ¿verdad? ¿Tu mujer sabe que esto te gusta? -ruge el chico, algo violento ahora, burlón. El otro responde mirándole, tragándola toda, los labios en su pubis, los pelos crespos entrándole por la nariz, así como los olores a macho, y succiona con su garganta- ¡Ah, sí! Mama, maricón… Mámalo bien. -le grita atrapándole la nuca.- ¿Lo oyes, puto? Alguien viene… ¿no quieres que te vean como el puto que eres? –exclama, ya perdida toda timidez o desconcierto, alarmando a Bittar que si, oye pasos y voces acercándose.

CONTINUARÁ … 136

Julio César.

ENVENENADA

septiembre 24, 2014

SEDÍA

TIO EN TANGA ROJA

   Se la regalaron los panas, pero cuando se mete en la suave, chica y acariciante tanga se pone totalmente ruin y caliente. ¿Acaso como quieren verle?

MAÑA

Julio César.

YO NACI EN ESTA RIBERA…

septiembre 24, 2014

QUERIDA VIRGEN DEL VALLE

   …Del Arauca vibrador.

   El viernes pasado, 19 de septiembre, se cumplieron cien años desde que fue presentada en el Teatro de Caracas la tonada que se convertiría popularmente en el segundo himno nacional de Venezuela, El Alma Llanera, compuesta por Pedro Elías Gutiérrez y con letra de Rafael Bolívar Coronel. Y la noticia hizo sonreír al país. ¿Quién no recuerda sus días de escuela, vestido de llanerito, con alpargatas y todo, acompañando a una niña con falda florida en todos los actos culturales? En casa siempre hubo la controversia, ¿soy hermano de “la espuma” o de “los pumas”? Aparentemente es de la espuma, por extraño que suene, aunque la otra parte insistía en que José Luis Rodríguez se hizo famoso cantando en una vieja telenovela, y era el Alma Llanera lo que mejor interpretaba, siendo que se le llamaba el Puma, por ello. No lo sé, eso pasó antes de mi época. Como sea, qué bonita es esa tonada tan nuestra. Es como aquello de “Digo con mi canto lo que yo aprendí en la escuela”. Eran tiempos de libertad.

MARIA RODRIGUEZ, “LA ORACION DEL TABACO”

Julio César.

FRAGANCIAS…

septiembre 24, 2014

AGUAAA

MUSCLE BOY

   -Cuando juego, no me ducho. Me visto, regreso… y ese putito que comparte conmigo el cuarto se me entierra aquí, oliendo y oliendo, babeando feo…

CHICO HOT

   -Sudo como un perro, brillo todo, las gotas calientes y saladas me resbalan, pero como mi panita adora recogerlo con su lengua, sin bañarme le llego.

DESAFIOS

Julio César.

COLETAZOS SENTIMENTALES DEL MUNDIAL

septiembre 24, 2014

ZAC VUELVE POR SUS FUEROS

DICEN QUE CESC Y PIQUE

   Todavía andaban caliente…

   Cesc gime y se estremece sobre la cama, delirando de gusto, casi ahogándose, ¡la movía tan bien el hijo de puta ese!… Pero viéndole el brillo en los ojos, la sonrisa boba, el aire soñador, se molesta.

   -¿Todavía estás soñando con Neuer, el portero alemán ese? –reclama.- ¡Él dijo que no lo era! Asúmelo ya.

……

   Lo he señalado y lo repito, cómo le gusta a la gente fantasear con Piqué…

LA G DEL CLUB ERA POR GAY

Julio César.

CONCEPTOS Y ACEPTACIÓN

septiembre 24, 2014

LA PUERTA SIN LLAVE

CONOCIENDOSE A FONDO

UN COWBOY ATENTO

Julio César.

INGLATERRA Y JAPON, UN MOMENTO EN LA HISTORIA, DOS VISIONES DE LA VIDA

septiembre 24, 2014

LA VIDA, EL ORIGEN DE LAS ESPECIES, CIENCIA Y RELIGION…

SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

   Qué mundo.

   Como ya he señalado por allí, me gusta la Historia. Es tan apasionante e interesante que no entiendo cómo puede haber gente a la que deje indiferente. Y uno de los periodos más interesantes para mí fue el de la Segunda Guerra Mundial, cuando, con sus matices, se luchó abiertamente entre la luz y la oscuridad. De ese mundo que fue, destacará para siempre el enorme valor y coraje que Inglaterra presentó cuando toda Europa cayó bajo los tanques alemanes, convirtiéndose en el fuerte apache del viejo continente. Allí fueron a parar franceses, polacos, yugoslavos, holandeses y escandinavos, todos quienes no se resignaban a la caída de sus países y esperaban la hora de regresar. Y estaba Japón, el Japón de la gente educada, amable y trabajadora, que lo era así antes como lo es ahora, pero quienes llevaron a Tailandia y a la Manchuria tal caudal de violencia insensata que les valió su salida de la Liga de Naciones, y de las naciones civilizadas, agregaría yo. Las cosas que hicieron parecen increíbles.

   Ambas naciones lucharon en bandos contrarios, y creo que estrictamente hablando, jamás chocaron entre sí en el campo de batalla, y sin embargo les tocó duro. Y en esos momentos se reflejó la forma de ver la vida de un pueblo y el otro.

WINSTON CHURCHILL

   Cuando caen Holanda, Bélgica y finalmente Francia, en Inglaterra se esperaba la gran invasión alemana por el Canal, y fue cuando Winston Churchill le habló a los ingleses, llamando a la guerra en todos los frentes, en playas, colinas, calles, a darlo todo, porque si Inglaterra caía con ella lo haría la civilización europea (y conociéndose lo que fue conociéndose después de la olla de locura tras los grandes cacaos del proyecto fascista nazi, no suena ni exagerado). Eran palabras y una determinación inspiradora que encontró eco en el pueblo que dirigía, y que hablaba de una firme y heroica decisión de resistir, de aguantar, de afincar los pies y extendiendo las manos detener el avance del ejército invasor; sin embargo, como hombre consiente, el señor Churchill agregó que si la isla caía (demostrando que era capaz de esperar la peor deseado lo mejor), de las colonias llegaría la ayuda, que los antiguos hijos de la corona irían a liberarla. Y acudieron. En el momento exacto cuando la Europa continental es derrotada, en Inglaterra, de su lado, sólo algunos batallones canadienses le acompañaban, pero luego llegarían australianos, neozelandeses, de la India y otras regiones, hasta la aparición de los hijos rebeldes, los norteamericanos.

   Me gustó ese Churchill, quien llamaba a resistir y pelear, a vender caro la posibilidad de perder la libertad, aunque convencido de que si eran invadidos, la ayuda llegaría de ultramar. Ni aun siendo derrotados en la isla renunciaban al sueño del triunfo final. E Inglaterra resistió, un año batalló sola contra Alemania y sus aliados en el continente, siendo refugio de los desplazados y de todo el que deseaba luchar (cuentan que los escandinavos, cuando se vieron cercados por los ejércitos nazis, echaron todos sus barcos al mar, rumbo a Inglaterra, para que no fueran tomados ni usados por los alemanes). No poder derrotarles, desgastarse con ellos, fue lo primero que le salió mal a Hitler y a los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, ya que la obligó a luchar en dos frentes.

EMPERADOR HIROHITO

   Del otro lado del espectro, resistir dentro de la adversidad esperando el nuevo mañana si se caía, estaba el Japón de la guerra, uno que no parece del que hemos escuchado. Llevados por el deseo de expansión de los jóvenes militaristas, el país nipón se arrojó sobre el subcontinente asiático, y su manera de tratar a otros, en la Manchuria y en los campos de concentración, darán de qué hablar toda la vida (tuvieron el “honor” de cometer los primeros crímenes contra la humanidad –de manera oficial, los primeros ocurrieron el la Primera Guerra contra los armenios-, ganándole a los nazis, quienes incluso les llamaron a la cordura). Su concepción del honor personal totalmente unida a la creencia de que es mil veces preferible caer muerto antes que vencido, por no hablar de rendirse, y que no había nada más allá del honor, que vivir en el deshonor no es vivir, les llevó a una campaña feroz en unas islas donde no tenían opción contra un ejército mayor y mejor armado, Okinawa no fue la única; también les llevó a mirar y tratar con desprecio, como a subhumanos a quienes se rendían, retirándoles toda consideración humana. Todo derecho. Y cuando se deshumaniza a alguien, como ocurrió con los judíos, pasa cualquier cosa porque no se cree estar actuando mal (locura). Por eso a sus prisioneros les fue horrible.

HIDEKI TOJO

   Cuando la guerra se les voltea en cada montículo de rocas, la orden fue resistir hasta el último hombre, aunque fuera inútil y que otras voces alertaran que lo mejor era una retira estratégica y reagruparse en la siguiente isla, voces que fueron desdeñadas (tesis por la que Hideki Tojo, héroe de la Primera Guerra, sería enjuiciado y ejecutado como uno de los siete criminales de guerra japonés, qué lo fue). La masacre, la pérdida de vidas de un bando y otro, fue de tal magnitud que en Norteamérica, patria de la mayoría de los fallecidos del lado aliado, cundió la sorpresa y la alarma; pero la campaña no se detuvo, la cosa era entrar al Japón mismo. El general MacArthur era partidario de lanzarse sobre la isla mayor por mar, subiendo sobre los millares de muertos que sabía la resistencia produciría, pero lograrlo, que al final lo conseguirían, llevaría meses, la posible entrada de la Unión Soviética en la batalla y a un número temido de bajas americanas o aliadas. Se supone que esto pesó en la elección de las bombas atómicas como arma final de disuasión, y se podría entender (parece lógico, era una guerra no un juego de futbol), pero la tesis no convence del todo y la manera de utilizarla fue claramente criminal. Pero eso también se discutirá hasta el final de los tiempos.

   Ni cuando ya tienen el santo de espaldas y ni siquiera los pilotos kamikazes pueden posponer o evitar la realidad, que están totalmente perdidos y la invasión es inminente, la cúpula militarista japonesa consideró una rendición. Ni así. A pesar de haber iniciado el ataque por el sudeste asiático (y la Segunda Guerra por ese lado), y haber perdido, aspiraban a un armisticio que les permitiera continuar con lo ganado, que continuara su Emperador al frente del gobierno y sin tropas aliadas en suelo nipón. Deliraban. Por ello la tesis que se imponía era luchar hasta el último hombre, mujer y niño, y con esa idea se movilizó a media población hacia las costas, a esperar los barcos y marines y empujarlos al mar usando viejas armas a pesar de las voces moderadas que hablaban de una locura colectiva que acabaría con la raza del sol; incluso el hasta ese momento pusilánime Emperador consideró que no se debía llegar a eso. La idea era un Masada total de toda una raza. Sólo eso parecía honorable a los hombres de la guerra. Las bombas atómicas, el aumento del número de los que pedían cordura frente a los dementes, y que estos fueran quedando solos, lograron lo que parecía imposible, que el Japón se rindiera ante lo inevitable.

   Y he aquí que hablo de la voluntad de unos y otros, ingleses y japoneses. Todos lucharon para defender sus posiciones, sus verdades, pero mientras unos esperan vencer, considerando la derrota, resistiendo dentro de ella si ocurría, reagrupándose y luchando otra vez, en el Japón, el Emperador en persona debió lanzar un edito o decreto divino-real donde quedaba totalmente prohibido el cometer suicidio. Quién sabe cuántos no se abrieron las venas o cayeron sobre sus dagas antes de eso. Porque era la mentalidad que se les fomentó: obedecer lo que sea, resistir, no sentir piedad (no esperándola para ellos) y no detenerse hasta vencer o morir (el código samurái). El sueño de los autócratas y tiranos que no ven nada malo en enviar a otros a matar o a la muerte para gloria propia. No extraña que fueran guerreros tan terribles y que luego la nación nueva se volviera tan respetuosa de la ley y la dignidad humana, a la vez que laboriosa.

   Debió ser terrible para el pueblo llano japonés cuando de pronto oyen por la radio la voz del dios viviente, el Emperador, diciéndoles que tendrían que tolerar lo intolerable, rendirse, no sólo para proteger a la raza nipona, sino la vida misma del planeta ahora que el enemigo usaba un arma terrible que ponía en peligro a todos en él, las bombas atómicas. A esa gente se les decía cada día que iban ganando, que nada les derrotaría, que el cielo y el suelo nipón eran sagrados, ahora escuchaban que estaban perdidos, y se los decía el dios al que nunca han visto o escuchado antes. Debió ser como el fin del mundo para ellos. Y sin embargo, Japón se levantó de sus cenizas, ¿por qué a otras naciones, que no han pasado por tanto, les cuesta más o no llegan jamás a salir del conuco, el vale y el trueque? ¿Será algo cultural o en la genética?

BARACK OBAMA EN MANOS DE LA SUERTE

Julio César.

SI LE GUSTA, QUE SE LA CALE… TODA

septiembre 24, 2014

LEY NATURAL

FOTOGRAFIADO TRAGANDO

   …Pero parecía abuso.

   Está bien que su mejor amigo se burlara porque después de tantos años conociéndose, parrandeando juntos y hablando de mujeres descubriera que le encanta tragar machos; pero de allí a…

-Quita esa cara. –ríe, enfocándole con la cámara.- Si te gusta todos deben saberlo. Sonríe para tu nuevo avatar de Facebook, puto. Ah, ¡ya imagino la cara de tu mujer!

   ¿Te imaginas que te pase?

AFLICION Y GOZO

Julio César.

EL AMIGO QUE TRAGA

septiembre 24, 2014

PRIMITO PUTITO

TRAGON HAMBRIENTO

   …En el fondo gana.

   La primera vez que escuché que Gregorio gustaba de mamar güevos, creí que era un cuento, un juego cruel de Lisandro que siempre se la pasa con esas vainas sobre cualquiera que le mire. Pero, reunidos viendo un juego, el catire de mierda ese se bajó los pantalones, con ese tolete tieso bajo la holgada tela del bóxer. No se crean, me escandalicé. La cosa tampoco era ponerse con mariqueras, ¿no? Pero lo que tramaba el hijo de puta era calentar a Gregorio, quien ardió literalmente. El tipo miraba y miraba, y cuando Lisandro se sacó la tranca rojiza, dura y mojada, agitándola, el pobre mamón no aguantó más y cayó de rodillas entre sus piernas, lamiéndola, tragándosela y bebiéndosela. Chupó duro, con fuerza, subiendo y bajando goloso esa boca de mamagüevo sobre la dura mole, soltando ahogados gemidos de placer. Lisandro gruñía, le decía “maricón, cométela, maricón”, pero acariciándole la nuca, guiándole… gozándolo también. Era una escena de locura, porque a Gregorio se veía que le gustaba tener una buena pieza en su boca, sobre su lengua, llegándole a la garganta.

   Pero fue cuando Lisandro, rojo de cara, chilló un “trágatela toda, putón”, corriéndosele en la boca, llenándosela de leche, que olía y algo salió, que todos enloquecimos y también nos las sacamos. ¿Se asustó Gregorio por cuatro nuevos güevos afuera? No, decidido como cuando practica boxeo luchó con todas, y las venció. Luego parecía apenado, pero Lisandro riendo, rodeándole los hombros, le dijo que tranquilo, que no pasaba nada, “¿no quieres otra probada?”, ya se le levantaba de nuevo. Y el puto fue por más. Claro, todos entendimos la tolerancia del catire hijo de perra, ahora teníamos a un putito que nos las chuparía cada vez que nos reuniéramos… Y eso que Vicente ya andaba mirándole el culo.

EL VECINO Y SUS CONSOLADORES

Julio César.