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LUCHAS INTERNAS… 139

noviembre 30, 2014

LUCHAS INTERNAS                         … 138

SOL, MACHOS Y TANGAS

   ¿Ver tíos en tangas? ¡Qué manera de perder el tiempo!

……

   Venezuela era, es y muy seguramente continuará siendo un país donde sus ciudadanos, altos, bajos y medios, ignoran todo sobre política, economía e historia, por lo que no podían relacionar lo que pasaría con lo ocurrido con esa gente que vivía en la feliz ignorancia del bobo en que vivía el alemán promedio de la era nazi. No sabían los de ahora, como no supieron los de antes, que uno de las primeros pasos para ascender al poder total sería elaborarse una Constitución nueva, acomodaticia a los deseos del loco homicida que regaría de muertos, miseria y atraso al mundo, pero que le daba una fachada de legalidad que liberaba la conciencia de los necios que se negaban a ver lo que se les venía encima, dentro y fuera de Berlín. El demente genocida reunía masivas concentraciones humanas, sazonándolas con discursos violentos e intimidatorios, donde retaba y amenazaba a los factores de poder de la época; alternándolo además con referéndum a sus medidas y necesidades.

   Cuando aquel enfermo mental quería algo, llamaba a elecciones, ¡tan democrático era! Toda oposición fue eliminada, muchas veces con brutalidad, con palizas y agresiones personales, y con asesinatos en las calles, a la vista de todos, gritándolo en las plazas para aterrar a toda una clase con sus gritos de: sí, matamos ¿y qué? Los sindicatos fueron sometidos por la violencia. Empresarios y medios de comunicación, así como aquellos que se llamaban a sí mismos intelectuales, temblorosos, creyendo que aún podían salvarse de algo que ellos mismo ayudaron a crear, pensaron que podían controlar con halagos y adulancia al amo, quien ante el mundo mostraba una faceta jocosa y jovial, de líder popular, mientras perseguía, sometía y aplastaba toda forma de individualidad y de pensamiento propio. Fue le pesadilla que se derramó sobre Alemania y de ella a todo el mundo conocido. Fue la brutal fórmula soviética para aplastar a las naciones del Báltico y los Balcanes, la usada por el viejo y cruel dictador antillano. Ejemplos de donde sólo salió miseria, dolor y atraso. La misma que se comenzaba en Venezuela en años tan tempranos como el noventa y nueve.

   El mundo cambiaba, pero la gente no lo hacía tan rápido. De lo que fue antes, y de lo que resultara ahora, sólo dependería de la voluntad de un pueblo que luchaba por cambiar la historia y no dejar que, como siempre, se repitiera. Y luchaban a pesar de los generales eruptantes, de los choferes del transporte público y de la gente del transporte Subterráneo, a pesar de los árabes y de los portugueses. Luchaban contra la fuerza del pasado, de la barbarie y de la locura homicida siempre oculta entre los más bajos y ruines, los incapaces de crear algo.

   Y sin embargo en la Venezuela del dosmil dos era posible mirar nuevamente a las figuras siniestras del la galería del terror que bañaron al mundo de sangre y muerte en los treinta y cuarenta del siglo pasado. En sus maratónicos programas, huecos e inútiles “aló”, hechos sólo para halagar la vanidad de ese pobre enfermo, era posible ver, rodeando al Presidente, riéndole las gracias, gritando y gesticulando como simios, a ministros, militares, a dizque empresarios, artistas, sindicalistas, a adulantes y aventureros. Era posible entrever entre ellos, nuevamente, a Göring, a Heydrich, a Himmler, al patético Goebbels, a Röhm, a Bormann; a von Papen, a Rosenberg, a Hess, sonriendo, aplaudiendo, felices de esta segunda oportunidad para destruir y hacer daño. Más tarde perseguirían, encarcelarían, torturarían y asesinarían.

   ¿Qué quienes eran esos de nombres tan extraños? Pocos en Venezuela podrían decirlo, así de fraudulenta había sido y era la educación en el país, y espantosa la falta de cultura de toda una nación que se arrojaba a los brazos de una hiena que les gritaba lo que querían oír. Samuel Mattos sí sabía quiénes eran porque le encantaban las películas sobre la Segunda Guerra Mundial. Eric también, porque le encantaba leer sobre Historia Universal. Y sin embargo, ninguno de los dos creyó lo que advertía, públicamente, a veces gritado desde un canal de televisión, Rafael Poletto. Nadie le creyó que se llegaría al militarismo, que vendrían las persecuciones, que se crearían los escuadrones pagados por el Estado para apalear y matar, para que agredieran e intimidaran. Y todo eso ocurrió.

   Ahora sólo quedaba la batalla sorda y desesperada de un país para volver a ser gente y contarse entre los pueblos civilizados del mundo. Pero estaban solos, horriblemente solos, como lo estuvieron los kurdos en Irak, los bosnios en Serbia o los cubanos en Latinoamérica. La gente seguía en las calles, en pie de lucha, pero ese muy adelantado diciembre del dosmil dos presagiaba que sería una Navidad sin juguetes y sin estrenos, sin hallaca o pan de jamón y, coño, sin cerveza. Pero lo peor era la horrible sensación de que tal vez no se librarían de esos delincuentes. Que el Paro fracasaría.

   Eso comenzaba a atormentar a la gente en todas partes.

   El paro general continuaba, pero ese aire de agotamiento, de frustración, de miedo a que todo fuera inútil, comenzaba a florecer en los corazones. Los delincuentes habían decidido que el país podía destruirse, ¡qué importaba Venezuela!, pero no soltarían las prebendas del poder. En cualquier parte del mundo, enfrentados a un cuestionamiento tal, un gobierno democrático intentaba saber qué ocurría, sacrificando funcionarios de tercera, quienes renunciaban. Los socialistas, la gente de izquierda, veían eso como un fracaso; que así no se sirviera para un coño, o sólo para robar, el éxito para estos parásitos consistía en no entregar el poder. Y no lo soltarían así todo se fuera a la mierda, así tuvieran que caminar sobre cenizas de gente incineradas en hornos. Así se lo juraban cada mañana Juan V. Rojas, el virrey, su avarienta mujer y el inútil de su hijo, papi viejo. También Aristófanes Iguarán, ministro soberbio y lleno de vanidad, prefería verlo todo ardiendo antes que dejar de ser llamado señor ministro; María Chepina, cínica y rapaz como el marido y los hijos, también defendía con garras y colmillos lo que sacaba del erario público desde el ministerio del Desempleo. Tampoco lo haría el general eructante, Arcadio Bittar en Valencia, ni la cosa que tenía por mujer; ni Buñuel, la alimaña mayor en Maracay, mientras contaba sus centavos, sin que importara nada más.

   Era la danza de las vanidades y estupideces. De locuras e insensateces. Que se terminara matando gente en lugares así, no extrañaba a nadie.

……

   El sol de las ocho de la mañana comienza a calentar sobre Tacarigua de la Laguna. Eric, en short largo y franela, sale al porche de la casita mirando hacia el mar, agitado, poderoso y vital. Lleva una taza de café en las manos, y el amargo bebedizo, así como el cielo azul, el mar bravío y la arena, lo serenan un poco. El hombre, que aún ignora los periplos de soledad vividos por Sam, pero que debió prever como amigo que es, piensa en sus cosas. En la carta perdida que habría igualado las cosas con el régimen. En el juicio que amenazaba con quitarles todos, al menos a sus padres, él podría seguir con lo que tenía, pero estaba convencido de que ellos no. Piensa en la caída de Ricardo Gotta y en su muerte, donde tantas y tantas cosas parecían… extrañas. Pensar en la reorganización que llegaría a La Torre, le atenaza el corazón. ¡Él debía volver! No podía continuar evadiendo su responsabilidad. Con su familia y con esa gente que dio años de labor a los Roche.

   Sam y Linda, pensar en ellos le duele. A ella, porque él la quería. En él, porque de una forma no sexual, Eric lo amaba con una fuerza tal de la que nunca estaría seguro si podría haber igualado en afecto a un hermano real. También estaban Edward y Jorge. Eso lo martirizaba también. Lo único casi bueno de todo lo que pasaba en su vida era Irene Guerra y el hijo que iban a tener. Eso lo hace sonreír estúpidamente, mientras toma del delicioso café, reparando en la figura que se acerca por la orilla.

   -Épale, Eric. -le grita la figura.

   -Hola, Roberto. -lo saluda con una mano, sonriéndole y entrando. Ya era hora de ducharse y volver a Caracas. Sam iba a necesitarle.

   Roberto, con un short jeans a medio muslo, sin camisa, con un ancho sombrero de paja, una cava, una radio y un carrete de nailon del que pendía un anzuelo, se disponía a pescar un rato aprovechando que nadie andaba por ahí. Se ve tetón y sus piernas, velludas, eran musculosas. Y sonríe maloso. Lástima que Eric tenga prisa, con lo que leyó en la prensa de la mujer de Sam, no era para menos, se dice. Saber del problema de Sam, le impactó y le parecía normal que su amigo partiera temprano para verle y apoyarle; pero también piensa que era una lástima, sería agradable tener a Eric por allí, asoleándose en una de sus tanguitas que tan ricas le quedaban. Sonríe más al reconocer que no pierde la esperanza de untarle bronceador por todo, todito, el cuerpo al otro, algún día. Cuando el apuesto abogado usaba una de las blancas, o amarillas, la cosa era…

   Siempre que podía evadirse, el carajo soñaba con las nuevas cosas que hacía. Pero no era el único. Acercándose fuera de la zona de mareas, viene Asdrúbal Pestana, el colombiano empleado de Lucas Rondón, contratado por Eric para ayudar en algunas reparaciones de la casa. El joven andaba caliente desde hacía tiempo. Alirio nunca más lo había buscado después de cabalgarlo y hacerle ver las estrellas en los baños de la construcción; y otro que le gustaba, Eric, ni bolas le paraba. El joven, de jeans y franela por dentro del pantalón, pavito él, mira hacia Roberto. Le ve el entrepierna bajo el short jeans y siente un estremecimiento de suave calor; tener una verga para él, le había cambiado. Roberto, pesando en Eric en bikini sobre una toalla, a merced de sus manos aceitadas, mostraba algo de erección.

   Sabe que va retrasado, pero ¿qué importa?, se dice Asdrúbal. Ya el patrón, Eric, debía estar en Caracas; lo cree porque el abogado, la noche anterior, había dejado la camioneta en el poblado para que unos chiquillos la lavaran y aspiraran. Botando aire, Asdrúbal que quita los zapatos y medias, así como la franela, mostrando su torso esbelto. Sus movimientos captan la atención marginal de Roberto, quien se vuelve, reconociéndolo e intrigándose de lo que hace. La mirada de los dos hombres se cruzan, y Asdrúbal se abre el pantalón, como desafiándolo a dejar de verlo. Roberto, con un “vaya, vaya”, mental, se vuelve a mirarle con interés e intensión. Asdrúbal enrojece a la distancia, estremeciéndose al saber que ese hombre quiere verle mostrar más, se baja el pantalón mostrando un pequeño bikini de tela amarillenta, suave, que no se paga a su piel sino que cuelga un poco.

   Con paso indeciso, va hacia el mar, el bojote se le balancea dentro del bikini y sus nalgas atrapan buena parte de la misma. Evita mirar a Roberto, consciente de que el otro recorre, altanero y hasta burlón, todo su cuerpo. Pasa a su lado y sigue hacia el agua. La mirada de Roberto se clava en sus nalgas con un estremecimiento de lujuria. Ese carajito lo estaba invitando. Lo mira lanzarse al agua, sumergirse y nadar por unos dos o tres minutos, para luego pararse, saliendo, caminando con las olas. El joven brilla con el agua, el cabello se lo echa hacia atrás, la tanga se vuelve casi transparente y el bojote se adivina apoyándose contra la tela. Roberto lo mira con fijeza. Cuando llega a su lado, el joven mira hacia el mar, con las manos en las caderas. Roberto mira como la tela esta casi toda dentro de las nalgas, mostrando las firmes y redondas carnes con la franja del bronceado.

   -Épale. -gruñe Roberto.

   -Hola. -responde el joven, agitando la cabeza.

-¿Cuándo van a terminar con esa casa? -le pregunta ronco, mirándole el trasero.

   -Pronto. Ya estoy cansado de este pueblo. -dice hosco, sintiendo la mirada del otro en su culo.

   -Imagino que tu novia está molesta por tenerte lejos, ¿no? ¿O tienes novio? Un carajito culoncito como tú debe tener muchos amiguitos soñando con tocárselo y comérselo. -le dice parándose a su lado.

   -No digas maricadas.

   -¿Maricadas? –ríe.- Apuesto a que lo tienes mojado desde que me viste, y no es de agua de mar, sino por ganas de leche. -gruñe ronco.

   La mano derecha de Roberto se mueve y el canto de sus dedos entra en la mojada raja, empujando y recorriendo, encontrando esas nalgas musculosas, paraditas y duras. Esa mano frota duramente de abajo arriba, mientras Asdrúbal, mirando hacia la playa le grita un ‘epa’ y que se pare; pero el otro ya tiene la cabeza caliente, como el güevo bajo el short, y tomándolo de una mano lo mira, lujurioso.

   -Ven, quiero enseñarte una vaina.

   Eric sale de la cocina, tomándose otro café, preguntándose vagamente dónde estaría Asdrúbal que no ha terminado de encamisar las vigas del baño. No ve a nadie, pero oye unos roncos y frenéticos jadeos, que no dejan lugar a dudas. Alguien estaba teniendo sexo y lo estaba gozando. Sorprendido, e intrigado, como todos los hombres con ese tema caliente y sabroso, se asoma al patio y ve hacia los matorrales que cada vez estaban más altos y cercanos a la vivienda, y que un día tendría que recortar, pero no hoy. Da unos cinco pasos y en un claro encuentra a Roberto, totalmente desnudo, con sus tetotas al aire, musculoso, con sus nalgas que van y vienen contra Asdrúbal Pestana, que está de espaldas sobre una toalla, con el culo levantado y las piernas unidas, montadas las dos sobre el hombro derecho del otro, con la tanguita enrollada en sus rodillas. De su entrepierna, de muslos pegados, sólo se ve el anillo redondo del culo y las bolas.

   Eric nota que Roberto encula con arte y con ganas a Asdrúbal, quien sólo gemía con los ojos muy cerrados, viéndose mortificado y feliz, al fin alguien le atendía el culo. Mientras chilla, su culo chupaba y atrapaba con ganas ese güevote, queriéndolo muy adentro. El tolete, casi triangular de lo grueso que es, sale casi todo del redondo agujero, que titila sobre la cabezota de la barra, para luego enterrársele otra vez, calmando las entrañas ávidas del joven macho deseoso de vivir y experimentar.

   Sonriendo, Roberto toma aire al tiempo que mira al bello colombianito al que empala, le encantaba eso. Para sus adentro se maldecía haber pasado tantos años sin catar esos ricos culitos de chicos, todos parecían cachondos y deseosos. Recuerda que cuando muchacho decían que Leonardo, un españolito pálido que estudiaba con ellos, era pato y que daba culo a orillas del mar, y que Fernando, un negrito de Birongo, mamaba en los baños del terminal, y que Mesutti, un italiano joven que vivía cerca de la plaza, era cogido por todos los chicos de la cuadra cuando su mujer salía. Todo eso lo supo y no lo aprovechó. ¡Maldita sea!

   Sacándole la tanga mojada y tomándole los tobillos, Roberto le abre a todo lo que le dan las piernas, embistiéndole feo, su güevo adentro y afuera; Asdrúbal, quien levanta la cabeza para verle, gime puta y agónicamente, como todo tío que vive la magia; al sentir que la barra se le metía hasta los pelos, todavía embistiéndole, casi se desmaya de gusto.

   -¿Te gusta, colombiano? ¿Te gusta sentir una buena verga criolla?

   Las piernotas del colombiano le rodean las caderas al chofer del autobús como toda respuesta, para que este lo cabalgue rudamente, atrapándole las nalgas con sus manos, estremeciéndolo todo con sus cogidas, consiguiendo que Asdrúbal chille más, saltando prácticamente sobre la toalla. El joven brilla de transpiración bajo ese sol mañanero. Roberto se tiende sobre él, forzándolo a subir aún más las caderas, atrapándole el rostro con sus manos y, sacando la lengua, le lame la cara, saboreándole, algo que nunca soñó hacer, disfrutando no sólo la experiencia nueva sino el oírle gemir y sentirle revolverse bajo él.

   Asdrúbal abre la boca y Roberto la invade, sin pensarlo, sin reparos, sin ascos, metiendo gozoso su lengua, atrapando la suya, mordiéndola y halándola con morbo. Enroscando sus piernas alrededor de Roberto, Asdrúbal, con su lengua atrapada, consigue el punto de apoyo y agita sus caderas de adelante atrás, buscando el tolete que se le mete hondo en las entrañas. Entrañas que parecían vivir extrañando aquello desde que aquel sujeto le usó.

   Sorbiendo su café, sonriendo divertido, y algo excitado, Eric los mira un momento más, lleva un largo rato en eso, y finalmente decide que merecen privacidad. ¡Qué escena tan caliente, coño!, se dice mientras regresa a su casa, alegrándose de que hubiera gente bella, carajos jóvenes y saludables que gozaban rico del sexo, sin complicaciones, sin traumas ni tabúes. Qué gozaran de joder. Y lo pensaba realmente, aunque era un joven bien criado y educado, perteneciente a una buena clase social, que se supone más preparada. El que alguien tirara así, sin apenas conocerse con otro, no le parecía realmente irresponsable. Tal vez lo dijera de la boca para afuera de vez en cuando, pero realmente no lo consideraba, no cuando le tocaba. Pensar en el SIDA o lo malo de la promiscuidad, no tenía tanta cabida en la mente de los hombres; no les parecía algo muy… real o posible. El “yo nunca me enfermaré”, era el credo nacional de un país donde la educación, aún la privada, se había quedado atrás ante la dinámica de los tiempos.

   El chico, muchacho, joven y hombre promedio no tenía una real conciencia sobre los peligros de ciertas enfermedades, el sistema no los preparaba para la realidad: drogas, SIDA, recogelatas, huelepegas, indigencia, alcoholismo, demencia… Hacía falta más inversión de tiempo en educación, y sobre lo qué se enseñaba, para ver si un buen día se terminaba con maldiciones recurrentes y de tan fácil prevención como las drogas, el VIH, los embarazos precoces o los no deseados. Era tan fácil prevenirlo… ¡pero no se hacía! Cuando una chica tocaba sobre el pantalón, o un chico guapo ofrecía cosas increíbles con sus ojos, no había libido que se detuviera en consideraciones lejanas a la masajeada de la verga en una boca, un coño o un culo. Los padres, la sociedad, tendía a engañarse al respecto, por ello no se hablaba de enfermedades infecto contagiosas con sus hijos, no se les llevaba a hospitales (qué si lograría algo), ni se hablaba de condones. La realidad es que ellos mismos han olvidado su pasado, el propio y el de los que estaban cerca mientras crecían. Olvidaron y caen en el “esas cosas no le pasarán a mis hijos”, terminando compartiendo la irresponsabilidad de los muchachos, pero sin la excusa de la falta de experiencia o sentido común acumulado con los años. Y un país donde nadie quiere pensar en lo malo, que la fiesta sólo está en la sala de la casa, no en el baño o la alcoba, así les va.

   Aún mientras se aleja, Eric los oye gemir, oye a Asdrúbal decirle que lo coja más, que se la meta duro, y sonríe, con cierta torcida expresión. Ojalá su vida fuera tan sencilla. Bueno, antes lo era, antes de sincerarse con Jorge y que este huyera, o reapareciera Edward. Maldita sea, cuando se metían los sentimientos las vainas se echaban a perder.

   Bien, debía ir a Caracas, ya era hora.

   Por su parte, Asdrúbal, joven, viril y atractivo, deja caer su cabeza hacia atrás con un largo gemido mientras todo su cuerpo se estremecía con la fuerza de las embestidas que Roberto le daba con el corpachón y el güevo en su culito rojito, caliente y vicioso, ya abierto totalmente a los machos. Rato después el chofer lo tendría en cuatro patas sobre la toalla, con él montado encima, cayéndole en la espalda y el culo con su cuerpo y su barra, cogiéndolo al estilo perrito, mientras le mordisqueaba la oreja y le gruñía que dijera que le gustaba eso. Y Asdrúbal lo diría, de corazón, sintiendo rico el peso de ese machote sobre él, clavándole el güevo en su culo, algo que su padre decía que ningún hombre debía permitir que le pasara. Ay, Dios, pero era tan rico.

……

   Esa mañana, algo después de que Eric descubriera a Roberto y Asdrúbal tan ocupados, Sam Mattos despertó en su cama con un terrible dolor de cabeza y una fea sensación de mareo. Abrir los ojos le costaba y le dolía. Se sienta en la cama, apartando la sabana y de forma oblicua se da cuenta de que está en calzoncillo, y él no se desnudó anoche. Eso lo sabía. Mira en la mesita el Gatorade y las aspirinas. ¡Renato Mijares! Baja las piernas de la cama y el mundo se mueve feamente a su alrededor, por lo que se agarra la sien derecha con una mano, sobándosela y cerrando los ojos hasta que todo vuelve a estabilizarse. Casi tanteando agarra el frasco de aspirina, toma dos de ellas y abre el Gatorade, bebiéndolo casi todo de un golpe, rogándole al cielo que lo retuviera en el estómago el tiempo suficiente para que actuara el analgésico.

   Mientras se ducha, con agua bien fría, tiene una extraña sensación que le mantiene incómodo, que algo, no sabe qué, pasó entre Renato y él; algo que no recuerda para nada. Eso va alterándole y asustándole un poco. No puede quitarse de la cabeza la idea de que Renato es gay y esta encaprichado con él. En toalla, macilento, pero alto, musculoso y guapo, va a la cocina, sonriendo ante la cafetera armada ya. Renato pensaba en todo. La enciende y vuelve al dormitorio principal, donde se viste rápidamente. Mira el teléfono y marca el número de Eric, quiere hablar con alguien, pero no cae. Al parecer el otro estaba fuera de cobertura. ¡Ese idiota!

   Piensa en llamar a Renato, para saludar, pero tomándose el primer café, amargo y revitalizador, entiende que esa no es la manera. Tiene que subir y hablar con el otro, verlo y… bueno, saber qué pasó la noche anterior. La perspectiva, lo que pudiera decirle, le inquieta más, mucho, aunque no sabe muy bien por qué, ya que una cosa sí tiene clara, Renato es un amigo en regla, leal y cabal. Con la segunda taza del negro brebaje, se decide. Afeitado, peinado, de traje y corbata sube por el ascensor y sale al pasillo que lleva al apartamento del otro, donde se detiene sorprendido vivamente. Unas risas salen del apartamento. Una de las voces es de Renato, y es una risa divertida, feliz, realmente alegre. Sam no recuerda haberlo oído nunca así, sonreír sí, tal vez una risa, pero jamás una carcajada como esa. Pero lo que realmente le sorprende es la otra carcajada. Es la cantarina y aguda voz de una mujer que le grita ‘mentiroso’, y ríen a dúo.

   No sabe por qué eso lo sorprende tanto. Será porque estaba convencido de que Renato era marica y que gustaba de él. Enrojece un poco, de vergüenza ante su vanidad. Sorprendido, y algo… desasosegado, sin saber por qué, toca el timbre. La puerta se abre y aparece Renato encarándole, pero un Renato irreconocible, sonriente, rojo, de ojos lagrimeantes, con el cabello cayéndole en la frente, en bermuda y franelota, descalzo. No le esperaba, lo entiende. Y tomado por sorpresa, Renato le mira radiante, por lo que Sam siente un vago cosquilleo en la panza. Y más al notar como una repentina y cautela, una vaga inquietud, domina de pronto al otro.

   -Sam, ¿cómo estas hoy? -y se queda allí, como si no fuera dejarlo entrar.

   -Estoy mejor. Quise venir a agradecerte tu ayuda ayer. -le responde, atisbando sobre su hombro, ¿quién estaría allí con Renato? La curiosidad es poderosa, y no lo entiende, pero en verdad quiere saber. Hay un momento de silencio, de miradas, finalmente Renato se hace a un lado. Pero no parece nada feliz ahora.

   Sam entra y encuentra sentada sobre el sofá, sobre sus talones, a una mujer joven, delgada, de caballo castaño algo largo, de ojos algo pequeños, también castaños, luminosos. Hay un aire angelical en ella, que viste una ancha camisota, tal vez del otro hombre, y muestra sus rodillas desnudas. Renato repara, sonriendo con cierta tristeza, en la forma fascinada con la cual Sam la mira. Siempre pasaba, se dice.

   -Buenas… -saluda el abogado catire, encontrándola fascinante por alguna razón, pero también incómodo, ¿quién era y qué hacía allí con el otro?

   -Renny, ¿quién es esta belleza? -jadea ella, jovial y desinhibida, parándose, mirándose más grácil y bonita, algo alta pero muy femenina.- ¿No vas a presentarnos? -Sam la mira cautivado.

   -Por supuesto. -mira al hombre.- Sam, ella es Rhona. Mi hermanita gemela.

   -¿Qué? -Sam lo mira impactado. Ella medio ríe, tendiéndole la mano.

   -Todos ponen la misma cara, ante la bella y la bestia. Yo soy la bella, debo aclarar. Debo aclararlo muchas veces, me duele admitir. Soy Rhona Mijares. -él le toma la mano y siente el suave y firme apretón de ella.

   -Soy Sam. Samuel Mattos.

   -¿Estás enratonado? -lo sorprende.

   -Un poco. -gime. Renato sonríe levemente.

   -Eres casado, ¿verdad? -lo estudia ella.

   -¡Rhona! -gruñe Renato; ¡Sam había pasado por tanto ya! Este la mira, confuso.

   -Si. Lo soy. -ella se encoge de hombros.

   -Era lógico, semejante belleza no podía ser libre. ¿Quieres café? Renato y yo lo tomamos por litros. Y apenas llevamos tres tazas cada uno. Creo que te caerá bien -se disculpa al verlo hacer una mueca de nausea, y sale. Sam mira a Renato.

   -¿Tu hermana?

   -¿Nunca te hablé de ella? -le sonríe, con un dejo melancólico.

   -No. No lo hiciste. -puntualiza.

   -Como ya dije, somos gemelos. No idénticos, claro está. -pero sí se parecían bastante, piensa Sam, eso fue lo que lo desconcertó al principio, el ver a esa bella mujer con un cierto parecido a Renato.- Es una loquita que debió vivir en los tiempos hippie. Vive su vida alegremente como le da la gana. Es historiadora y antropólogo.

   -¡Vaya!

   -¿De veras te sientes mejor?

   -Si, yo… bien, gracias, amigo, por todo lo de anoche. No recuerdo nada… -algo sí, pero no quiere pensar en ello, aunque nota que Renato eleva las cejas, más melancólico.- Estuviste ahí para mí, en un muy mal momento. Soy un hombre afortunado. Yo… me porté bien, ¿verdad? Quiero decir, no fui grosero ni hice algo que…

   -Nada, no pasó nada. Todo está bien, amigo.

   -Aquí estoy. -sonríe ella, reapareciendo con una bandeja, mirando a Sam.- Siéntense… -cuando él lo hace, va hacia él.- Tienes una cara fatal. Toma, aspirina, un vaso de jugo y una taza de café. Ese es el orden en que hay que tomarlo. -él ríe, tomando todas las cosas, sonrojándose.- Toma Renny… -gruñe ella, falsamente odiosa, tendiéndole la bandeja. Sentándose frente a él, en un sillón, lo mira fijamente.- Ahora, Sam, cuéntamelo todo sobre ti. -este enrojece más y Renato sonríe tristón. Ella estaba mostrando todo ese encanto que atraía a la gente. Ese con el que todos caían.

CONTINUARÁ … 140

Julio César.

SER O NO SER SU PERRA, HE AHÍ EL DILEMA… 23

noviembre 27, 2014

SER SU PERRA, HE AHÍ EL DILEMA…                         … 22

   La siguiente es una historia que NO ES MÍA. Pertenece totalmente al señor capricornio1967. Tan sólo la reproduzco, tal vez cambiando una que otra coma, aunque la historia ya está por ahí, completa. Es un relato maldito en toda la regla, un hombre maduro decide tomar, controlar y dominar a su joven pupilo, transformándole en algo que no quiere, ni soñaba, aunque se resiste. Lo repito, es un cuento muy maldito. Disfrútenlo:

……

EL DILEMA

Autor: capricornio1967

Capítulo VI “CASTIGO”

SEXY SPEEDOS BOY

   -No se lo cuentes a nadie y haré lo que quieras conmigo…

……

   -No podrá aguantar más tiempo, Saldívar. Tragará. -le dice sin dejar de mirarle a los ojos. Sabiendo que la falta de aire vence cualquier resistencia, acaba con cualquier rebeldía. La sonrisa cínica se dibuja en su rostro.- Tragará.

   -¡Ghmghmg! -Daniel sabe que Franco, como siempre, tiene la razón, que tiene todos los ases bajo la manga y las oportunidades de ganarle por el momento son nulas, la desventaja es evidente y el tiempo no perdona. Está ahogándose y la agonía que ello produce es terrible.- Mghm… -los últimos gemidos de rebeldía se deja oír antes de que sienta la imperiosa necesidad de respirar. Sin dejar de mirar a Franco, multiplicando por mil su humillación, no le queda más opción que tragar el semen, pasarlo haciéndolo lo más rápidamente posible y bajando la mirada en señal de sumisión y derrota.

   -Todo, Saldívar, hasta la última gota.

   Aun viendo que Daniel ha cumplido, Franco no lo libera para que pueda respirar; temiendo que sea solo un truco, deja pasar unos segundo mas, que para Daniel parecen eternos, la mirada vuelve a nublársele, mientras el otro disfruta de ver cómo ha reducido a ese musculoso y joven macho a un perfecto juguete sexual. Solo libera la nariz cuando siente que el musculoso cuerpo se afloja por la falta de aire.

   -¡Ahhhhhhhhh! -una inspiración profunda por parte de Daniel, es seguida de tomas más superficiales y más frecuentes para tratar de reponer el oxígeno perdido.

   -Jejejejeje, así, Saldívar, repóngase, termine de pasar el sabor de mi semen en su boca. Y ahora, ¿me va a decir que sigue siendo hombre?, jejejejejejeje… – le dice sarcásticamente viéndolo mientras se repone de la asfixia.

   La rabia se apodera de Daniel por la burla a su “hombría”, y se lanza contra Franco sin lograr hacerle nada, el hombre estaba preparado para eso.

   -Jejejeje, quieto, Saldívar. -Franco detiene el ataque y aprovechando el impulso carga a Daniel en uno de sus hombros.- Aun no terminamos, no se desespere, jejejeje… -camina con el musculoso nadador en hombros mientras aprovecha para tocarle las duras y grandes nalgas.

   -Suélteme, bájeme. -se revuelve sin éxito, sus brazos siguen aun entumecidos, ignorando que ese roce excita aún más a su torturador.

   -No, quiero más.

   Sin detenerse y sin dejar de manosearle las nalgas, Franco lo lleva hasta la recamara, haciendo caso omiso del forcejeo del joven. Entra en la alcoba y avienta sobre la cama el costal de músculos que lleva al hombro.

   -Aun no termino con usted, Saldívar, jejejejeje…

   El joven cuerpo cae pesadamente en la cama y antes que se pueda levantarse, Franco lo empuja del pecho manteniéndole acostado. La cara de Daniel queda al borde de la cama mientras el entrenador se siente sobre su musculoso pecho, que se expande con lo agitado de la respiración. El miembro del hombre queda justo frente a su cara y este teme que Franco pretenda que le vuelva a realizar sexo oral. El peso del otro sobre su pecho es enorme y le impide levantarse, sus brazos aun atados a su espalda lo dificultan más.

   -Le dije que aun no termino con usted, Saldívar. –le repite mientras Daniel trata de alejar aún la cara de esa verga.- Todavía no estoy satisfecho, Saldívar, ¿sabe lo que le falta?

   Daniel voltea a ver al oso macho que permanece sentado en su pecho.

   -No, señor…

   -Quiero saborear su culo, Saldívar; deje de poner esa cara, o esta vez no habrá otra oportunidad. USTED, aceptó obedecer en todo. ¿Cierto?

   Daniel siente como sus propias palabras, aceptando someterse, se repiten una y otra vez en su cerebro. Esta atrapado en toda esa pesadilla; debe ser el juguete sexual de Franco. Aunque no por aceptarlo signifique que le resulte fácil.

   -Si, señor. -responde aun con furia.

   -Bien, Saldívar, voy a liberarle los brazos. -se levanta de su pecho, le da media vuelta sobre la cama y le desata los brazos.

   Daniel los mueve, los siente adormecidos por la falta de circulación; solo un segundo después, Franco vuelve a la carga.

   -Quédese acostado así, boca arriba, Saldívar. -le ordena y Daniel lo hace, ¿ya qué más le puede suceder?, el recordar cómo tragó su semen le sigue causando asco.

   Franco, totalmente desnudo, sube a la cama sentándose sobre el pecho de Daniel, pero esta vez dándole la espalda a la cara del musculoso nadador que tiene ahora frente a él las grandes y peludas nalgas del entrenador, así como la espalda también bastante velluda.

   -No se mueva, Saldívar. Solo déjese guiar. -Franco tiene las piernas flexionadas, como si estuviera arrodillado, y aprovecha para pasar sus piernas sobre los musculosos y recién liberados brazos de Daniel, así los mantendrá inmóviles sin necesidad de mantenerlos atados. El joven queda con los brazos extendidos a los lados, formando un ángulo de 90 grado con cada uno de ellos en relación con su cuerpo, y sobre los bíceps tiene parte de las piernas y los pies del velludos del entrenador, el peso del agarre es suficiente para mantenerle inmóviles los brazos.- Ahora quiero saborear su culo, Saldívar, estoy ansioso.

   Al menos eso ya lo ha hecho anteriormente, piensa Daniel, preguntándose cómo podía gustarle hacerlo, pasar su lengua sobre…

   Franco le levanta las piernas hacia delante, para acercar el culo del atlético nadador a su boca, arqueándole el cuerpo, tal parece que le estuviera haciendo una llave de lucha libre. El cuerpo del joven forma una media circunferencia grotesca, elevado así el culo se acerca a la boca del hombre sin tener que dejar su asiento sobre el pecho del atleta, casi a la altura de la clavícula, y con sus gruesas piernas flexionadas sobre sus brazos logra la perfecta inmovilidad del otro.

   -Hmhm… -se relame grotesco, el lampiño culo de Daniel queda ahora justo frente a su boca y donde mete su cara barbuda, entre las perfectas nalgas del inmovilizado joven, y con su lengua empieza a saborear los pliegues anales del joven deportista.

   Daniel siente que su columna está siendo forzada al máximo, además de eso, el peso de Franco sobre su pecho también es excesivo, sus piernas sujetas por los brazos del otro, sus manos inmovilizadas por las piernas de este, le tienen indefenso, dejando a su suerte su culo, que experimenta una vez más las sensaciones de que una larga y áspera lengua lo recorra y humedezca.

   -Mghj… -Daniel gime por todo lo molesto del momento, el sentir que la lengua de Franco presiona su culo para introducirse en él, el sentir los vellos de la barba de Franco entre sus nalgas que raspan, la incómoda posición y la situación además de estar viendo solo las nalgas del otro ya que el entrenador permanece sentado sobre él.

   -Jejejejejeje… -Franco separa un poco su lengua de ese culo joven y delicioso.- ¿Le gusta? Pues, aun no es todo, Saldívar. -le informa con una sonrisa. Sin dejar de apoyar las espinillas de sus piernas en los bíceps del joven para mantenerle inmóvil los brazos, levanta su trasero para quedar hincado, sin soltar las piernas del chico, manteniéndolo en la misma posición.

   -¡Aha! -Daniel respira libremente sin el enorme peso que oprimía su pecho, aunque como su cuerpo está prácticamente doblado, no es tan cómodo.

   -Hoy aprenderá algo más, Saldívar. -le dice con una sonrisa cínica sin verlo a la cara ya que está dándole la espalda, más bien viéndole directamente el depilado culo del clavadista, quien sigue respirando libremente para reponerse.- Jejejejejeje, disfrútelo, Saldívar, después me lo agradecerá, jejejejejeje. –caza el momento justo para su movida, el más inesperado para el joven, lo mismo que cuando le metió la verga hasta el fondo de su garganta. Era ahora, así que flexiona sus rodillas para sentarse de nuevo sobre Daniel solo que en esta ocasión dirige sus nalgas hacia la cara del musculoso y joven macho inmovilizado.

   Daniel esperaba que Franco se sentara de nuevo en su pecho, pero de pronto ve venir hacia sí ese par de nalgas peludas, enormes, que en un movimiento preciso y rápido caen sobre su varonil rostro sin darle tiempo a hacer algo, ni siquiera girar la cara. Su nariz se mete entre esas nalgas y el peludo culo del entrenador queda justo sobre la boca del nadador. Solo queda exhalar un grito de pánico, terror, asco y desesperación.

   -¡NOOOOOOOGhhhhhhhh! -el alarido de desesperación es ahogado por el espeso vello que cubre el culo de Franco que se posa sobre la varonil boca del joven.

   -Jejejejejeje, le advertí, Saldívar, que hoy aprendería más cosas, jejejejejeje. –le recuerda burlón

   Daniel trata de liberar sus brazos pero todo el peso de Franco esta ahora concentrado en sus piernas, de las rodillas a los tobillos, y debajo de cada una de esas piernas están sobre los bíceps del muchacho, que tampoco están en muy buenas condiciones por lo pronto; el joven atleta hace esfuerzos por liberarse pero Franco aumente la presión en ellos; fuera de eso, las musculosas piernas del joven nadador se mueven como forcejando con los brazos de Franco que las mantiene sujetas, y parece una parodia de pedaleo en bicicleta.

   -¡Gmhm! -los gemidos de Daniel son ahogados por el culo de Franco.

   -Jejejejeje, no se podrá liberar, Saldívar, mejor empiece a disfrutar de mi culo, jejejejejeje, así como yo disfruto el suyo, “hombrecito”. -después de decir esto vuelve a meter su cara entre las nalgas de Daniel, su lengua enrollada azotándole el ojete tierno y lampiño, pegando los gruesos labios y chupando; mientras el joven que sigue en un intenso forcejeo de piernas y brazos tratando de liberarse, sin lograrlo, siente además como esa lengua caliente traspasa su culo, de nuevo, al tiempo que el culo del otro espera ser saboreado por él.

   -¡HGHgh!

   -Hmhmhmhm… Qué delicia…

   Mientras Daniel gime de impotencia y rabia, Franco lo hace de dominio, satisfacción y placer.

……

Capítulo VII “EXTRAÑOS SABORES”

   Daniel sin poder evitarlo ve venir sobre su rostro, justo sobre su boca, ese culo de espeso vello oscuro que cubre perfectamente el ano de Franco. Los movimientos de Franco al sentarse sobre el rostro de Daniel al que mantiene sujeto apoyando sus piernas sobre los fuertes brazos del aterrado nadador y sujetándole con sus brazos las fuertes piernas de musculoso deportista, inmovilizándolo, le han dejado a su merced. Nunca antes imaginó el joven que sentiría tanto pánico y terror de lo que le pasaría. Es como sentir que esa inmensa mole de redondeles, peluda y enorme, fuera a aplastarle la cabeza. Usando sus tobillos, el entrenador evita que pueda voltear la cara para eludir el anal y velludo encuentro.

   Las nalgas de Franco se entreabren lentamente a medida que el culo se acerca a la cara de Daniel, quien abre los ojos desorbitadamente. Ni el haber sido obligado a mamarle la verga apenas hace unos minutos fue tan desagradable como lo que le espera; la situación de indefensión y los gritos de rebeldía y asco, de heterosexualidad altiva que intenta mantenerse como tal, que Daniel lanza son placenteros para Franco; el sentir como entre sus brazos y piernas de debate un virilidad musculosa que se rebela y lucha, sin poder lograr nada, es tan eróticamente placentero que su verga, como firme mástil permanece de esa manera, pero goteante de ganas, mientras tortura a Daniel haciendo lenta la agonía sexual y vergonzosa de no dejarse caer de golpe sino de paulatinamente acercar su culo a la boca del joven.

   -¡NOOOOOOOGhhhhhhhh! -el grito de desesperación de Daniel es ahogado por el espeso vello que cubre el culo de Franco que se posa sobre la varonil boca del joven.

   -Jejejejejeje, le advertí, Saldívar, que hoy aprendería más cosas. -repite burlón

   Las fuertes nalgas de Franco están siendo abiertas por la cara de Daniel, quien cierra los ojos para no seguir viendo ese anal espectáculo, sin embargo el sentir como los vellos del culo y nalgas de su entrenador están cada vez más cerca, tocando ya sus labios, hasta puede captar el olor del hombre; las bolas del otro también hacen su trabajo, unas bolas grandes escondidas prácticamente en esa espesa mata de vello púbicamente rizado que las protege no del todo, así que esas bolas caen libremente sobre su mentón, siente el calor de esas gónadas sexuales que son una maquinaria interminable de producción Láctea, de leche viril.

   Los segundo que pasan entre el contacto de las nalgas de Franco con el rostro de Daniel, de sus labios con los pliegues anales del hombre, le parecen eternos. Sus músculos se hinchan una y otra vez, pero Franco, por la posición que tiene y su peso corporal de carne magra, puede fácilmente sujetarle; y cómo disfruta en entrenador de ese forcejeo, cómo disfruta Franco su victoria, el dominio, la humillación, el imponerse y salir sexualmente victorioso contra un joven macho como Daniel; el disfrutar su puesto para poder mantener chantajeado al joven atleta, el saber manejar perfectamente bien sus cartas para abastecerse de alimentos sexual, de primera, como el culo, boca y cuerpo de Daniel. El mejor elemento del equipo de natación es ahora el mejor elemento de su equipo sexual, el esclavo perfecto que Franco entrena y mantiene bajo sus órdenes sin permitirle que se libere. Pero tampoco sometiéndole al cien por ciento, es mas erótico para Franco la tortura psicología y sexual, más que el dominio total, el poder, la victoria el erguirse como el macho “jefe”, el que determina la vida de los machos jóvenes quienes los considera como de su propiedad y los usa a su antojo. Disfruta saber que el otro todavía resiste pero que es derrotado sexualmente una y otra vez.

   -¡MHGGM! -un gemido de asco y repulsión en Daniel al sentir como sus labios tocan el vello que esta alrededor del culo de Franco, es lo único que puede hacer; es inútil la lucha, la pelea, la resistencia. Sus labios saborean el extraño sabor de esos peludos pliegues anales del entrenador que lo somete y doblega de manera eficiente sin permitirle que se libere, que se oponga.- ¡Nghgggg! -trata de abrir la boca para gritar, para rebelarse, pero es inútil, lo único que consigue es que ese culo se apodere de su boca en un perfecto acoplamiento de labios y pliegues anales.- ¡GHHHHHHHHHHH! -es un nuevo gemido de rebelión destinado también al fracaso.

   -Así, Saldívar, así; use su lengua de esa manera, Saldívar. Jejejejejejeje. -la risa y satisfacción de Franco al sentir como los labios de Daniel tocan su culo, no tienen comparación; sabe que mientras más se resista, mas trate de hablar, más se lo estará estimulando; es como si le dirá un leve masaje a su culo, y eso hace que lo disfrute mas. Sin embargo no es suficiente.

   Sabiendo que Daniel no le comerá el culo de buena manera, tendrá que forzarlo, pero sabe cómo hacerlo. Tiene frente a sí el culo de muchacho, uno que se niega a ser abierto y penetrado fácilmente, permaneciendo deliciosamente hermético y firme, por lo que hunde su cara en ese par de globos de dura carne y su lengua se apodera del rosado y perfecto culo del atleta, estimulándolo de nuevo a que sienta, a que abra la boca.

   -¡Ghghhgh! -el sentir como la cara de Franco se hunde entre sus nalgas y como la lengua de este, larga y áspera, se interna entre su esfínter, metiéndose en su culo, ¡puede sentirla adentro!, le obliga a resistir, a defenderse, a que trate de gritar, pero con un trasero peludo pegado a su boca lo único que consigue es lamer ese enorme culo que lo sofoca.

   Fuera de eso, es que Daniel la siente, en verdad, el como la lengua de Franco se interna velozmente entre sus entrañas. La siente deslizarse, recorrer su camino sensible. La práctica del entrenador en la exploración anal es de doctorado, por lo acertada y eficaz que es. Fácilmente su lengua ubica la próstata de Daniel dándole leve masaje con ella, que le sirve como un órgano sexual más.

   -Mhmh… -no tardan en oírse los gemidos placentero de Franco mientras su lengua entra y explora la cálida cavidad anal de Daniel, colocando al chico en desventaja, torturándolo más, humillándolo más; los forcejeos del joven se vuelven más intensos, pero el hombre está preparado para todo eso, sabe que la desesperación de Daniel permanecerá, pero su dominio físico sobre el joven nadador, también.

   -¡NGHHGGGGG! -los gemido de Daniel son intensos, de rabia, de furia de odio hacia su entrenador cada vez que siente su culo siendo abierto por esa experta lengua.

   Cuando siente que su próstata es tocada por la punta de ese apéndice sus gemidos de impotencia se incrementan, sus músculos se tensan y se hinchan dando batalla, tratando de liberarse, de no permitir que su hombría sea denigrada más de lo que ha sido, de dejarle bien claro a Franco que podrá poseerlo sexualmente, quebrantarlo físicamente, pero que no doblegara su virilidad, su hombría, aunque el entrenador esté empeñado en hacerlo. El reto de tener a Daniel bajo una fina y erótica tortura sexual, en donde la humillación, vergüenza y dolor estén como base de sus técnicas, es lo que a Franco da más placer.

   Cada vez que Franco siente que Daniel aumenta la lucha por liberarse, oponiéndose a su destino, embiste más fuertemente el delicioso culo del joven, los labios rodeando la entrada, la lengua reptándole entrañas adentro, arremete con fuertes penetraciones y masajes sobre la sensible próstata del deportista para crearle cierto condicionamiento. A mas forcejeo, mas tortura; a mas desesperación de Daniel, más empeño por no sentir, la próstata es una de las zonas erógenas más sensibles y en Daniel no es la excepción, el trabajo del hombre convierte su próstata en su peor enemiga ante la desventajosa lucha que libra con ese enorme oso macho, que disfruta tomando posesión de una víctima más, marcando su territorio sexual y físico. Se la saca y todo queda quieto por un segundo.

   -¿Lo siente, Saldívar, cómo va aflojándose y excitándose? –le pregunta, para dañarle. Cuando siente que el muchacho va a replicar una negativa, contra su culo peludo, vuelve al ataque; la larga y raposa lengua abriéndose camino en sus tiernas y sensibles entrañas… unas que sabe cómo trabajar para transformarle en lo que quiere: un esclavo sexual total y para siempre.

CONTINÚA (el relato no es mío) … 24

Julio César.

NOTA: El relato comienza algo lento, y como no tengo intensiones de apurarme más, quien lo desee puede buscarlo en esta dirección: http://www.todorelatos.com/relato/16991/

ADICTO A LA LECHE FRESCA… 11

noviembre 25, 2014

ADICTO A LA LECHE FRESCA                         … 10

   La presente es otra historia “maldita”, aunque no tanto. Un chico descubre, porque le llevan a eso, que le gusta mucho el sabor del semen. La historia NO ES MÍA, que no se moleste el autor si llega a saber que la estoy reproduciendo aquí.

……

Swallows milk

by Lexicode

UN CHICO CON SEMEN EN LA CARA

   Sus sueños húmedos… y pegajosos.

……

   Baja un poco el bóxer, exponiendo la pieza visible a pesar de las penumbras, la levanta, la recorre con su puño, una y otra vez, caliente y dura, pulsante contra su palma, poderosa pero agradeciendo la atención, tan sólo para disfrutar los gruñidos bajos del señor Milo. Cerrando los ojos con adoración lleva su rostro a la pieza que le quema antes de tocarla, y su lengua la recorre, lentamente, saboreándola, llenándose cada papila gustativa con su esencia, dejando una hilera de saliva de la base, casi entre las bolas, a la punta, siguiendo el camino de la gran vena que parece atravesada de fuego. La punta de su lengua recorre el ojete, así como cada rugosidad, la cabecita toda, y tiene que tragarla. No se sabe quien jadea más, ahogado, cuando los jóvenes labios cubren el glande que desaparece. Cerrando otra vez los ojos, un alerta suena en la cabeza de Alex, oye claramente una lejana tos que proviene del cuarto de sus padres. Los conoce, también sus sonidos, pero no puede detenerse. No ahora.

   Con el glande sobre su lengua, pulsando, manando su calor y un juguito salino, Alex está totalmente perdido. Ahueca sus labios y va cubriéndola, lentamente cada pedazo de la verga rugosa y nervuda, surcada de azulados y rojizos vasos, desaparece dentro de su boca. Las mejillas la rodean, la lengua se le pega, caliente, a la cara inferior, y traga más, casi la mitad, y succiona ruidosa y hambrientamente. Sus sonidos llenan el cuarto y es imposible determinar quién de los dos se agita más. Con los ojos cerrados lo siente, saborea cada pulsada, chupa un poco más y es recompensado por jugos totalmente deliciosos y calorones. Baja otro poco sobre la pieza, tragándola casi toda en una escena que enloquecería a quien entrara y encendiera la luz (como a su padre, por ejemplo), el apuesto chico en bóxer, su tolete totalmente duro y babeante, con las mejillas enrojecidas al tener el güevo de un hombre adulto y grande en su garganta, con la cual continúa mamándosela.

   Sube lentamente, sorbiendo más, y baja otra vez. Va y viene, agitando la dura carne, halándola y chupándola con sus mejillas, cada centímetro de su boca trabajándola, estimulándola, haciéndola gozar como lo hace siempre una boca sobre ella, cosa que explica totalmente por qué a los hombres les gustan las mamadas. Recibirlas, y en el caso de Alex, darlas. Gruñe y babea mientras sube y baja, sorbiéndola toda, consciente de que en ningún otro momento es tan feliz como cuando mama un güevo, dejándolo brillante de saliva espesa y jugos, maravillándose oyéndole gruñir, sintiéndole estremecerse. Esas caderas se agitan ahora, van y vienen, cogiéndole la boca, y al muchacho casi se le sale la leche de puro gusto. Mete la mano y le atrapa las bolas, mientras la deja fuera de su boca, chocando, caliente, contra sus labios, lamiéndola otra vez, estimulándola, sabiendo ya por experiencia que los hombres aman que les hagan eso, que se enrolle la lengua y se les azote levemente con ella, especialmente sobre el glande, que se pegue los labios del ojete y se chupe de él, que se intente meter la lengua por allí.

   La traga otra vez, gruñendo de gusto hace rato, siendo acompañado por el bello durmiente que también jadea de puro cachondeo, aún en brazos de Morfeo, aunque ya no tanto. Siente sus manos grandes y masculinas atraparle la nuca, los dedos entre sus cabellos, reteniéndole en su lugar mientras le embiste la boca, obviamente disfrutando como nada en el mundo el poder hacer aquello, el tener para sí la dulce boca de ese muchacho ávido de las vergas, que ama chuparlas y que ama aún más el sabor del semen caliente sobre su lengua. El tolete entra, choca de sus mejillas, baja por su garganta y ese hombre lo siente.

   -¿Qué coño…? –se oye de pronto el brusco gruñido y el joven abre mucho los ojos, totalmente impactado cuando una mano se mueve a tientas y de una lámpara parte un chorro de luz que le baña.- ¡¿Alex?!

   ¡¡¡Oh, por Dios!!!, grita su mente, dejando salir la verga de su boca y volviéndose hacia la voz.

   -¡¿Papa?! –grazna, cara roja, mentón bañado de saliva, la mano sobre el tolete.

   ¡¡¡Se la había estado mamando a su papá!!!

   Por un segundo toda la fuerza de lo ocurrido, todas las implicaciones, les deja estupefactos. Padre e hijo se miran, Alex a un lado de la cama, inclinado todavía, Alan, su padre, apoyándose en los codos sobre el colchón.

   -¿Qué hacías? –le grita.

   -Yo… yo…

   -Imagino que no viniste por mí. Pensaste que era alguien más, ¿verdad? ¿Quién? –abre mucho los ojos.- Mierda, ¡entraste a mamársela a Milo! –acusa el golpe. Le ve enrojecer, compungirse, cayendo en otro asunto.- ¿Eres gay, hijo?

   -No, yo… No lo sé. Creo que sí. –jadea, sentándose, abatido, a un lado de su padre, tragando en seco y con ello el sabor de su verga, uno delicioso que le hace sentir culpable. Se la mira entre las piernas, enrojecida, erecta, brillante con su saliva mezclada con los jugos que manaron de ese ojete.

   -Milo… ¿te obligó?

   -No, yo… -duda y piensa en todo lo ocurrido hasta ahora; toma aire y recuerda cuán feliz, satisfecho, excitado y realizado se siente cuando tiene una buena verga en su boca, llenándola de ganas, como la de su padre; todo ese semen caliente, espeso y delicioso resbalando por su lengua.- Me gusta mamar güevos, papá… Y la suya me provocó. No sé si eso me hace gay o…

   -¿Lo dudas? –parece ligeramente exasperado, totalmente sorprendido por las revelaciones, muy consciente, por otro lado, de lo dura que la tiene. Hace tanto que no le daban una buena mamada que se sintió en la gloria, hasta saber que era Alex, su hijo, quien se la había estado dando. Uno que parecía caer en cuenta ahora en el tema, ¿era gay? Y sí lo era, ¿qué cambiaba entre ellos, su familia? Tal vez por eso le miraba de esa manera- Bien, muchacho, es tu vida. Si te gusta ser… -luego alza la voz.- ¡Joder, ¿estás deseando chupármela todavía?! –no puede evitar el tono de alarma. Le ve enrojecer hasta la raíz del cabello. Si, su atractivo y fornido hijito, su orgullo, deseaba tragársela aún, por eso no apartaba la vista.

   -Me gusta mamar, papá… -repite su confesión con una trémula sonrisa, disipándose el miedo a la reacción del hombre, el posible rechazo a ese hijo marica. Pero, un hijo que se la estaba comiendo. Su padre respondía mejor de lo esperado.- Lo siento. –concede finalmente, malditas cervezas, intentando ponerse de pie.

   -Ah, no, señorito, nada de eso. Si calentaste la leche, te la bebes. –no puede evitar las palabras, ni el atraparle la sedosa nuca con una mano y guiarle nuevamente hacia su tranca rojiza. Después de todo era un momento de locura, y la vida lo perdonaba, ¿no?

   -¡Papa! –jadea, sorprendido pero excitado, su rostro choca de esa dura y palpitante barra, estremeciéndole, y la recorre con los labios disfrutando de verla latir.

   El muchacho la atrapa por la base, qué dura y gruesa la tenía su papá, y pega los rojos y dulces labios del glande, besando, pero también bebiendo del ojete. Y Alan se tensa y estremece, sintiéndolo tan bien, tan caliente, tan sucio y prohibido que no aguanta y le hala de la nuca obligándole a abrir los labios, cubriéndosela, rodeándosela, aprisionándola mientras baja, la lengua pegada a ella. Su muchacho la traga toda, con gorgojeos ahogados, de manera notable, pegando los labios de su pubis y todavía ordeñándosela con la garganta, y se siete tan bien que teme morirse de puro gusto. La boca sube, succionando, dejándosela más dura todavía. Y necesitada de más.

   Alan Lowell cierra los ojos, su cuerpo grande, sólido, masculino, velludo y algo madurón echado sobre la cama, muy abierto de piernas, una mano sobre la cabeza de su muchacho, medio guiándole de arriba abajo sobre su verga, o siguiéndole, porque Alex estaba mamándosela con ganas y por cuenta propia. El hombre respira pesado, estaba gozando como nunca con aquella mamada, aquella increíble boca que apretaba, halaba y succionaba de manera intensa su verga, estimulándola, masajeándola, teniéndole al borde. Una buena mamada que le estaba dando su adorado muchacho. La sola idea le hace tensarse y de su pulsante tranca mana una gran cantidad de jugos, unos que eran sorbidos hambrientamente de manera ruidosa por el muchacho.

   No pensaba en nada, realmente en nada. Pero su otra mano, la que no tiene sobre el suave cabello de su hijo, le atrapa un hombro recio y musculoso a pesar de la poca edad; el correr de sus dedos le demuestra lo joven y suave que es su piel, puede sentir sus convulsiones, su tensar y relajar cuando va y viene sobre la tranca, al tiempo que baja y baja. Los dos se estremecen con una lujuria nueva cuando los dedos llegan al borde del bóxer, metiéndose levemente. Abriendo los ojos, Alan mira a su hijo, quien también le observa, mejillas rojas, ojos nublados de gozo, labios y mentón mojados de saliva y jugos. Espera y la respuesta llega, medio ladeando las caderas, Alex acerca más su trasero a aquella mano, que entra con todo, recorriendo la aun más tersa piel del glúteo duro y firme, los dedos marcándose bajo la tela del bóxer. Esa mano grande recorre de una nalga a la otra, los dedos se clavan en la carne, va y viene, un dedo se medio mete en la hendidura y la recorre un poco.

   Alex siente que la cabeza va a estallarle de pura presión erótica. Dios, estaba mamándosela a su papá, de quien siempre se ha sentido tan unido, a quien quería tanto, y con quien compartía tantas cosas, incluso aficiones deportivas y hasta chicas cuando no conocía esa parte de sí. Deja salir la enorme verga de su boca y gime cuando los dedos de su padre se meten aún más dentro de la raja entre sus nalgas, pasando una y otra vez, de arriba abajo, sobre la entrada de su culo, uno que sabe que está titilando de manera intensa.

   -Sigue trabajando por tu leche caliente, gatito. –ríe Alan, sintiéndose sucio al atraparle suavemente, otra vez, el sedoso cabello negro, obligándole a refregar los labios entreabiertos del manduco que reposa camino a su estómago.

   Las lengua de Alex sale y recorre la tranca de su papá de bolas a punta, disfrutándolo, gozando el verle tensarse; un hilillo de jugos pre eyaculares sale y cerrando los labios rosas sobre él, los bebe con ansiedad, sediento como parece que siempre está del néctar de los hombres. Le había gustado mucho mamar el tolete de Jason, el hijo del señor Milo, pero la de los hombres hechos y derechos… Casi grita, ojitos torturados, frente fruncida, cuando su papá comienza a frotar de manera circular la entrada de su culo, como si pensara penetrar en cualquier momento.

   El cerebro del hombre arde con fiebres intensas, la imagen de echarle sobre la cama, de panza, y abrirle el culo con su verga, llenándoselo duro, a fondo, con todo, metiéndose hondo dentro de su hijo, le pone mal. Mucho. Pero…

   -No… no, basta. –desconcertado primero, aterrado después, Alex se siente apartado del delicioso tolete.

   -¡Papá! –se asusta, ¿acaso había ido demasiado lejos?

   -Sube. –le ordena, con señalas.- Quítate el bóxer. –Alex lo hace.- Así, ponte así…

   El cerebro de Alex casi se licúa cuando ve tal lujuria en los ojos de su padre. Se monta sobre él, cruzado, y mientras su rostro queda mirando hacia abajo, bañando con su aliento la traca de su papá, puede sentir el de este rodeándole la tranca que le quedó sobre la cara.

   Alan sabía que había iniciado algo muy serio, muy delicado, por lo tanto lo haría bien. Si su hijo le mamaba el güevo, él bien podía corresponderle. Además… la cara que el chico ponía cuando lo hacía le puso cachondo, curioso y ocioso. Tal vez duda por un segundo de más, hasta que con un leve gemidito de anticipación mientras abría los labios y comenzaba a tragar su tolete, Alex le convenció. Sube el rostro y pega los labios de la rojiza cabeza, la siente estremecerse, con la punta de la lengua recorre desde el ojete toda la cabecita, sintiéndolo extraño, cubriéndola con la boca, el salino sabor sobre su lengua no gustándole, pero atrapándola con labios, mejillas y lenguas, succionando. La pieza dura y ardiente se estremece, y su chico gime de gusto mientras se empeña en pegar los jóvenes labios de su pubis, así que Alan decide lanzarse. Sube y baja rítmicamente, atrapándola y chupándola, dejándola salir apretándola, reteniéndole en todo momento por la cintura con sus manos grandes de velludos nudillos.

   Como sin darse cuenta, padre e hijo caen de lado en un sesenta y nueve obsceno, incestuoso, caliente y erótico. Tragan todo, lo sorben con fuerza y los dejan salir mientras se miran a los ojos. Dos machos atractivos y saludables dándose gusto. Un hombre maduro y un muchacho entusiasta. Un padre y su hijo comiéndose los güevos. Y mientras Alex deja la pieza, lengüeteándole entre la bolas, Alan se la traga toda, pero con su índice y pulgar acaricia y abre el ojete de su culo, hasta que lleva la punta del índice hacia él y lo frota sin entrar, con mil cosas en su mente. ¿Cabría su enorme tolete en tan redondo y chico anillo de su hijo? ¿Apretaría el culo de su muchacho mejor que su boca? La imagen de Alex abierto y llenado con su verga, gimiendo de gozo, casi le enferma.

   Para Alex, todo eso es más de lo que puede aguantar; se tensa, se estremece todo y se corre. Con alarma, Alan desvía el rostro, siendo su perfil bañado con la abundante e hirviente carga de esperma de su hijo. La leche de su hijo mojándole la cara. Y la sola idea le enferma tanto de lujuria que se corre una y otra y otra vez, lo siente, disparos enormes de semen que su muchacho, con gorgojeos de gusto y succiones desesperadas de hambre, traga todas. El clímax alcanzado, mientras ve las chupadas del joven, así como su manzana de Adán subiendo y bajando frenéticamente al beber, le ponen mal de pura calentura.

   Todavía temblorosos, respiraciones pesadas, caen de espaldas en la cama, uno junto al otro, aunque en sentido contrario, con Alan alargando la mano y tomando el bóxer del muchacho y limpiándose la cara. ¡Cómo olía la esperma de Alex!

   -Papá… -comienza este, necesitado de explicarse, de romper ese silencio que se va prolongando y que le asusta.

   -Está bien, hijo. Estuvo muy bien, a decir verdad. Dios, todo fue tan caliente y erótico. –medio sonríe al mirar a los ojos de su muchacho, que alza el rostro al ladearse, apoyándose sobre una mano.- Pero esto es todo, ¿0kay? –e interpreta la mirada nublada del otro.- No te estoy rechazando, ni estoy molesto. ¡Estuve aquí! –enfatiza y sonríe.- Lo gocé tanto como tú, ¿bien? Pero soy tu padre, mi mujer es tu mamá. Y en verdad no me parece tan atractiva la idea de estar con otro tío. Contigo, porque el momento se dio; y porque te quiero mucho. Pero será todo, es lo mejor. No quiero que hayan tensiones cuando estemos en la misma habitación, ni la expectativa de que puede repetirse ni nada por el estilo. Dicho eso, me parece… bien si te gustan los hombres. Sólo cuídate, Alex, no quiero verte metido en problemas, ni en situaciones comprometedoras. Ten cuidado con enfermedades, también con gente con vicios. Vive tu vida como quieras hacerlo, como creas que lo necesitas para sentirte vivo, como te haga más feliz. Como te guste. Para mí estará bien lo que decidas. Siempre. Y siempre estaré para ayudarte en lo que sea que puedas llegar a necesitar, ¿entendido?

   -Bien. –le cuesta responder al joven, cayendo de espaldas otra vez, mirando al techo, secretamente desalentado; hacerlo con su padre había sido increíble. Pero entendía el punto. No debían. Habían líneas que podían cruzarse una vez, pero hasta ahí, del otro lado, de seguir, podrían haber consecuencias terribles, comenzando con el sufrimiento. Y ahora sabía. Su padre sabía de esa nueva faceta de su vida y no le condenaba. ¿Era gay?, no lo sabe, no está totalmente seguro. La vida lo diría. Ya tendrá tiempo para encontrarse o conocer otras facetas del mundo, de la gente y las relaciones. Sonríe quedo, adormilándose, sintiéndose ligero y satisfecho por fin.- ¿Puedo quedarme y dormir aquí?

   -Claro… Ven.

   Sonriendo aún más, Alex se moviliza, se descruzan y cae de panza, medio ladeado, sobre su padre, acurrucándose sobre su torso ancho y velludo, musculoso, como esperaba tenerlo él mismo un día.

   -Buenas noche, papá.

   -Buenas noches, hijo. –y el beso en la nuca le hace sonreír más, ojos cerrados. Ya prácticamente dormido.

……

   Aceptadas ciertas cosas, la vida para Alex Lowell resultó aún más interesante de lo que había sido hasta ese entonces, y mucho más de que debería ser para sus pocos años de vida, su comenzar en el mundo, su grácil fachada, su talento para los deportes y hasta su condición social. Lo tenía todo para triunfar y ser feliz, y lo era en esos momentos. Cada mañana, sobre su cama, recordaba algo y sonreía con expectativas. Joven al fin, pudiendo perderse en masturbaciones interminables, o perseguir chicas a las que tendría que trabajar para que aflojaran su vagina, tragaba semen por cantidad. Porque anda medio obsesionado con el sexo como es siempre a esa edad.

   Con su padre, todo parece como antes, aunque de tarde en tarde cruzan una mirada intencionada; “¿has mamado a alguien hoy?”, parecía leer la pregunta hecha con picardía, y eso le hacía sonrojar y reír. Por otro lado, un leve bajón en sus notas que hizo gritar a su madre con alarma, había sido superado; el señor Milo le hacía estudiar, pero en serio, Matemáticas, física y química orgánica, y había descubierto que era bueno para eso también. Las prácticas de futbol continuaban igual de buenas, una energía vibrante que partía de su interior le hacía destacar. El entrenador Lewis lo reconocía así. Y el hombre seguía dejándose mamar de tarde en tarde, en los vestuarios, rodeados de los sudados suspensorios de sus compañeros (nuevos y sucios juegos eróticos), ambos gimiendo. Ya Alex había aprendido a amar esa lengua hábil y reptante que trabajaba, chupaba y abría su culo, metiéndosele tanto que a veces…

   Esa lengua le dejaba tan mal que agradecía, como siempre agradecía a la vida por la llegada de ese hombre, las clases privadas que el señor Milo le daba en su apartamento. Siempre mirando un juego con una cerveza en la mano, y él entre sus piernas, comiéndosela. En momentos dados, saliendo del lugar, sonriendo satisfecho, todavía saboreando el delicioso semen del poderoso macho, se preguntaba si su maestro no querría algo más. La idea de ser derribado de panza en una cama y ser tomado por un hombre así, le erizaba la piel.

   Sin embargo, todo estaba bien. Educativa, familiar y deportivamente su existencia era una fiesta. Jason, el señor Milo y el entrenador Lewis llenaban lo demás. Era el resumen de una buena vida. ¿O no era todo lo que podía esperar?

   Dicen que los chicos buenos merecen sexo… Mucho sexo.

……

   -Buenos días, señor Martin… -saluda, joven y guapo, llevando un bermudas a media piernas, una franela ancha y zapatos tenis sin calcetines.

   -Hey, Alex… -sonrió el hombre, atractivo y elegante dentro de su traje de gerente bancario, su espalda se veía recia, poderosa.- Pasa y sube, está en su recámara; creo que está estudiando para un examen. –le sonríe sin reparar en la mirada que el chico le lanza al entrepiernas.

   Sonriendo mientras sube las escaleras mil veces recorridas, Alex se pregunta cómo haría cualquier chico normal para iniciar un acercamiento con el señor Martin, que terminara con la verga de este en su mano y llevándola a su boca.

   -Hey, ¿estudiando para un examen? ¿Tú? Seguro estás drogándote… -medio grita, tomando el picaporte, abriendo y quedándose desconcertado.

   -Joder, al fin llegas. –gruñe Martin, su compañero y amigo del colegio y del equipo de futbol, también en bermudas y franela, echado de culo sobre su cama, la espalda en el respaldo; del otro lado del colchón, también en bermudas pero en camiseta, está Beck, recostado exactamente igual.

   -¿Y qué hacen aquí? –se intriga, más cuando los otros dos intercambian una mirada.

   -Vamos a ver algo de porno, pero queríamos hacerlo contigo… ¿te nos unes? –invita Beck, sonrisa algo torva, guapo con su aire de pilluelo.

   Y Alex Lowell, que no es tan tonto como la gente suele creer por su fantástica facha de chico deportista, pela todos los dientes en una mueca. Sus instintos arácnidos se activaron.

   -¡Claro! –ruge, sonriendo con cálida expectación, saltando en la cama, entre los dos, mirando de uno a otro.- ¿Comenzamos, señoritas?

CONTINÚA … 12

Julio César.

NOTA: Lo siento, esta es una de las que no tengo la dirección. Está el nombre original y el autor, sírvanse buscarlo a ver si hay suerte.

NOTA 2: A la historia le queda una sola entrada más. Voy a salir de ella. Prometo no iniciar otra, ¿okay?

DESAFIO

noviembre 25, 2014

OTRO DIOS DEL RAYO

MACHO EN SUSPENSORIO CALIENTE

   -¿Qué me ves? Si te gusta agárralo y comételo.

REGALO ADELANTADO

Julio César.

VENEZUELA, ORO Y PETROLEO

noviembre 25, 2014

MARIA CORINA MACHADO Y LA HISTORIA

LA GUERRA DEL PETROLEO

   Oro y petróleo, así se llaman unas novelas muy buenas de Jonathan Black.

   Y es que el país se nos ha vuelto una telenovela. Una mala. Por un lado, por haber caído en manos de un hombre carismático y voluntarioso, pero ignorante e insano mentalmente, que convirtió su “problema” de sentirse “negro latinoamericano” en una batalla contra la razón. Sus complejos y traumas nos encadenaron a una locura que no supimos medir, mucho menos detener y ahora que ya no está, cuesta hasta corregir. Por otro lado, una gente inepta que jamás sirvió para nada, la izquierda, llega al poder. Y fuera de la exactitud de aquello de “quien nada tiene, cuando llega loco se quiere volver”, en realidad la base intelectual y hasta filosófica de este rastacuerismo que se llamó chavismo y ahora madurismo (me refiero a la nomenclatura de los que mandan), no sabían ni siquiera donde estaban parados. Gritaban de un lado y de otro, sin entender lo que hacían o decían. Instrumentos ciegos de su propia destrucción, y de la ajena. Sin gente capaz ni medio racional, el fracaso estaba cantado.

   Así Hugo Chávez iba a China a elogiar a Mao, mientras los chinos en el poder querían olvidar ese desastre; y aquí gritan y lloran por el régimen sirio cuando ya antes se habían declarados amigos de Irán, sin saber, sin tener puta idea de que ambos regímenes son enemigos a muerte, que cada uno condena lo que es y defiende el otro. Que ni iraníes ni sirios les paren bolas, es normal, ya todos saben que no sirven para nada, tal vez sólo para avergonzar al país. Dentro del llamado chavismo, ahora madurismo, ni periodista, palangristas, analistas, ni siquiera los autoproclamados intelectuales, saben o notan las diferencias entre gimnasia y magnesia, y así nos va. Es como en aquella novela, el gran Burundún Burundá ha muerto, ¿que quien era Burundún? Averígüenlo, no sean tan intelectuales de izquierda. Lo más triste es que pudo evitarse todo este calvario que vivimos, toda esta caída, ser los menesterosos de la región, gente capaz de robar o mendigar si necesita algo, viéndolo como normal o aceptable. Bastaba ser medianamente decentes, o no ladrones totalmente, y poseer un poquito de sentido común, ese que hace que la doñita más pobre, menos letrada y que toda su vida ha vivido en penurias, no apueste el rancho donde duerme.

   En su columna de esta semana en el otrora gran diario EL UNIVERSAL (dicen que los hijos dejaron perder lo que los padres les legaron con esfuerzo y trabajo, es el resumen de “nuestras clases oligárquicas”, irresponsabilidad e ineptitud), el periodista Nelson Bocaranda trata dos temas muy a propósito. Voy con el primero:

NELSON BOCARANDA SARDI

¿ORO DE CHÁVEZ, ORO DE MADURO? Más allá de las incompetencias que muestra el desarticulado equipo del presidente Maduro en materia financiera, nos resulta pertinente la consideración que nos hace un destacado hacendista venezolano: “…Maduro también tiene que cargar con las desastrosas medidas que en materia financiera protagonizaron Chávez y su carnal Giordani. Verás cómo con toda opacidad y con carácter de urgencia, Maduro dará la orden de devolver a los bancos de Inglaterra las reservas en oro de Venezuela. Allá siempre debieron quedarse, pero que irresponsablemente el Comandante Galáctico se las trajo para las bóvedas del BCV en una puntada de absurdo populismo tercermundista. El precio del oro a nivel internacional sigue bajando y ante la caída del petróleo, de las ineficiencias en la producción y el incremento de las deudas externas e internas, Maduro va a necesitar ese oro afuera del país para poderlo utilizar como garantía para préstamos. Ustedes como periodistas -nos recalca-, así como el mes pasado retrataron el primer barco cargado de petróleo importado en la historia del país y la semana pasada el segundo, prepárense para fotografiar los primeros contenedores cargados de oro venezolano regresando a la City…” Siembra vientos y cosecharás tempestades, dicen.

   El temor siempre fue que se robaran ese oro también, como se embolsillaron la más colosal fortuna que ha ingresado en este país por conceptos petroleros. Insólitamente se llevaron en las bolsas hasta lo que hacía falta para que medio funcionáramos como país. En el magno asalto a dos manos del régimen revolucionario (nunca vi lo revolucionario, ladones ha habido siempre, a menos que hablemos de los montos de lo robado), dejaron al país sin siquiera para comida, ropas, repuestos de vehículos, medicinas. Pero ahora uno cae en estos problemas más “comerciales”, un país quebrado que necesita endeudarse más y más para mantener la simple nómina de gente a la que tiene que pagarles coimas (los gobiernos amigos, los peligrosos colectivos armados y la gente que necesitan sigan diciendo que son chavistas o maduristas), ¿quién les presta si saben que rasparon la olla más allá de toda prudencia? Se necesita un respaldo, como lo era esas reservas de oro en bóvedas comprobadas.

   China nos presta, para que le compremos y paguemos a ellos, porque tienen en la mira el petróleo bajo la tierra, lo que finalmente ocurrirá; con un nombre pomposo e idiota, el Gobierno entregará en una acción final de traición, que será aplaudida por estas cosas de ahora que se dicen militares, la Faja del Orinoco y todo lo demás. Pero no basta, hace falta más dinero y si uno no tiene un bien que lo respalde, no te prestan (una verdad simple que la sabe hasta un vendedor de perros calientes, estos imbéciles lo ignoraban, y es que ya no les caben adjetivos menos duros). Ahora hay que regresar las reservas en oro, o lo que quede si escuchamos a los malintencionados. Otra medida idiota e insana (caprichosa que le dicen) del difunto presidente Chávez Frías, que ahora se nos regresa, como lo del cambio de hora.

   Hay otro punto que trata el señor Bocaranda, que merece atención:

NELSON BOCARANDA SARDI

ARGELIA. Pudimos conocer algunos aspectos que recogió la minuta argelina de la reunión entre el presidente Abdelaziz Bouteflika con Rafael Ramírez, canciller de Maduro, en medio del periplo buscando consenso para disminuir la producción del cartel y aumentar el precio del barril. El diálogo, fluido y amable, tuvo parlamentos así: “Venezuela no es la misma hoy en día. No tienen el liderazgo que tuvo Chávez. No es el mismo momento de aquella única e irrepetible reunión de jefes de Estado convocada en Caracas. No pueden influir como antes cuando producían más. Nos están importando gasolina a nosotros, ¿qué les ha pasado? Los mercados están afectados por la crisis económica global. China se desinfló en su crecimiento y gasto. Japón va por el mismo camino. Rusia es nuestra competencia y siempre la hemos considerado así. Algunos miembros se han molestado por el contubernio venezolano con ellos. Los aliados árabes tienen el chorro abierto pues 2015 augura ser peor. Los mercados emergentes de petróleo no OPEP avanzan. Estados Unidos y Canadá buscan no tener que importar, aunque hoy, con estos precios tan bajos, no les resulte el costo de extracción”…

   Es tan deprimente que a un país, a tu país, se le lea la cartilla de esa manera que no provoca ni comentarlo. ¿De verdad nadie se dio cuenta en la orgia de robo milmillonario y de incompetencia, cuando refinerías y pozos fueron cerrando por falta de mantenimiento y desconocimiento de la gente puesta al frente, que esto ocurriría? La falaz Mari Pili Hernández, que usa sus espacios para difamar y exponer gente al odio público sin la menor prueba, sin ser amonestada por CONATEL por sus delitos, ha sostenido a lo largo del aún más largo gobierno, que todos los problemas de Venezuela, todos, se debe a un Paro Cívico que ocurrió hace doce años. ¿Doce años y todavía no pueden hacer nada? ¿Cómo hay países donde los períodos duran cuatro años donde sí hay cambios? Recuerdo bien a la embaucadora mujer, todos los días durante el Paro, reír y asegurar que este había fracasado, que la Petrolera producía con normalidad, que producía más… pero ahora todo es culpa del Paro. ¿Mentía Mari Pili Hernández antes? ¿Miente ahora? ¿O miente siempre? Es la misma Mari Pili Hernández que pide que a Antonio Ledezma y María Corina Machado, la gente les agreda en las calles por lo que ella dice que le hicieron a Robert Serra (así de irresponsable y criminal era su intensión), cuando todavía no se conocía lo que ahora se sabe, el pozo de vicios donde el joven diputado se revolcaba como reflejo de este llamado “proceso revolucionario”.

   Repito, es vergonzoso, mucho, que esta gente inepta que fue a Argelia, ni siquiera supiera que los rivales reales de la OPEP son Rusia por un lado (que utiliza el petróleo como arma política), y naciones como Noruega por el otro, aunque estos no tienen esos vicios mesiánicos que embarcan a todos en crisis globales. Que Venezuela se identifique con Rusia y sus políticas, donde el combustible es un arma, era ir contra la OPEP, eso lo veía todo el mundo, ¿no lo sabían ellos? Es que no hay sentido de identidad. Hace años al ministerio vino una gente del exterior, una comisión que venía a revisar unos equipos de radiaciones, de braquiterapia, pasaron por Colombia y luego nos tocó a nosotros. Recuerdo que por ese entonces, en la oficina, las mujeres estaban embarcadas en una de naturalismo y en lugar de café les ofrecieron un guarapo de monte. Tuve que llamarles la atención, esa gente viene de afuera, de Colombia, y en lugar de prepararles un buen café, que exportábamos antes de la Gran Crisis de Izquierda, dejábamos que los vecinos se promocionaran al respecto. Los colombianos son nuestros vecinos (antes eran “hermanos”, ya no), hay que llevarse bien, pero compartimos fronteras, suelos y climas, ellos son nuestros competidores inmediatos en economías agrícolas y pecuarias; destruir la producción nacional para apuntalar la oligarquía productora colombiana fue una locura, ¡una LO-CU-RA!, algo que sólo haría un loco; pero en manos de sujetos así estábamos. Y estamos. Gente incapaz de ver dónde están los intereses de Venezuela, no los suyos o los de sus delirios.

LA SINFONICA JUVENIL DE CARACAS… A PESAR DE TODO

Julio César.

EL JOVEN LO TIENE DE MARAVILLA

noviembre 25, 2014

LA VENGANZA DEL MAL PADRINO

ROBIN ESPERA CALIENTE POR BATMAN

   Decidido a confesarle su secreto a Batman, no esperaba que este llegara con otros súper amigos… Aunque todos quedaron satisfechos.

EL QUE USA LO AJENO

Julio César.

EL INSOLENTE NOVIO DE LA HIJA…. 2

noviembre 25, 2014

EL NOVIO DE LA HIJA

UN HOMBRE Y SU YERNO 3

   Le gritaría mientras lo clavaba, “¿esto es lo que pensabas hacerle, verdad? Usarla así, así, tómala, tómala toda, pequeño bicho”, castigándole sin piedad; deteniéndose un momento teniéndola casi fuera, preguntaría, “¿era esto lo que pretendías, chico?, ¿usarla así?”. “Oh, sí, así, señor… pero yo no me detendría. ¡Ahhh!”, chillaría al ser atacado otra vez. “¿No le darías descanso, bichito?”. “Hummm, no, señor; se lo habría hecho más y más rápido y más fuerte, señor, llevándosela a lo más profundo del coño”, y gemiría otra vez cuando le respondiera en desquite. Por su niña.

UN HOMBRE Y SU YERNO 4

   “Eres perezoso”, le acusaría, “seguro que te echarías de espalda para que ella se montara e hiciera el trabajo”. “Ahhh”, gemiría montándose, “sí, señor, así mismo se lo haría, la haría ir y venir así, así, sin detenerse, con fuerza”. “Ya veo, y seguro que cayendo sobre ti, quedándose ahí, con tu pieza metida, la harías frotar las caderas de manera circular, ¿verdad?”, le preguntaría molesto. “¡Oh, sí!”, gritaría haciéndolo, “Así, justo así se lo haría, señor”, chillaría como un poseso. “¿Que pretendías con esto, chico?”, y se mirarían, el joven jadeante, rostro contraído pero no de dolor precisamente, montado totalmente. “Preñarla, señor, buscaría preñarla”, confesaría. Y la ira del hombre reaparecería. “Muchacho, malo, muchacho malo”, dos o tres nalgadas se oirían, “creo que debo castigarte con más energía”. “Oh, sí, señor; deme duro”.

CONTINÚA …. 3

Julio César.

UN TIPO QUE SABE…

noviembre 25, 2014

ANSIEDAD

UN TIO SEXY CON TATUAJE

   Ah, un tío grande y un chico que comienza…

   Pidiéndole el favor al hijo de un amigo que le ha dado por tatuar, además de ser vegetariano y abstemio, el tipo quiere cambiar un tanto. Sonreído en su silla, o boca abajo cuando le trabajaba la espalda, notaba sus temblores y toquidos raros, totalmente innecesarios, cuando le trabajaba las imágenes. Hoy es el último día y ha decidido regalarle al muchacho, el hijo de su mejor amigo, un enorme bono extra:

   -Lo has hecho muy bien, muchacho, pero calentaste la carne. Sé que eres vegetariano pero ahora te la comes… y me gustaría ver si puedes de un solo bocado.

   El joven, claro, cae. Era bueno que los adultos se ocuparan de los sentimientos y necesidades de los debutantes, locos como estaban siempre por hacerlo.

DURO Y MACHO, ¿QUIÉN NO SE ENVICIARÍA?

Julio César.

MI NIDO, MI ANTRO… MI CASA

noviembre 25, 2014

PROTECCIÓN

ESPERANDO EN CASA

   -Tenía que lavar el baño… lo dejo para mañana.

   ¿No amaron más a sus padres cuando se mudaron? Personalmente sí. Los adoro, ellos lo saben, pero en cuanto me paré sobre mis propios pies y pude decidir mi vida, para bien o para mal según el criterio de cada quien, me sentí increíble. No les niego, fue duro al principio, me sentía extraño en medio del silencio después de vivir toda mi vida en una casa llena de gente (familia, familia, somos nueve, todos bajo un solo techo, ahora hay más, pero cada quien por su lado), pero aún eso me gustó. Era un reto, mío, y había que aceptarlo. En casa (la de los padres siempre es “la casa”), a pesar de la paciencia de mamá y el profundo sentimentalismo de papá, quien todavía me pregunta si todo va bien y sí no necesito nada (me ofrecía dinero hasta mucho después de que comencé a trabajar), siempre existió la tácita política de que en un momento dado cada quien debía emprender el vuelo y encontrar su rumbo. Especialmente si había un compromiso de pareja. Aquello de “casado, casa quiere”, lo complementaban con quien buscaba marido o mujer, que también lo hiciera con la casa. Me parece una manera sana de vivir, a la americana, donde a los dieciocho salen del ala; jamás entenderé a quienes terminan anidando bajo el techo de todos y luego todavía se atreven a reclamar algo. Terminan creyéndose con derechos en lo ajeno.

   Comenzando a trabajar, cara todavía aniñada, una señora que ya estaba allí me dijo que ahorrara lo que pudiera y que comprara casa. Que podía alquilar, pero debía buscar algo mío, a mi nombre, algo que nadie pudiera quitarme o hacer reclamamos sobre ello. Le hice caso, toda la vida se lo he agradecido y la cito cuando llega gente nueva a la oficina. Aunque ahora es mucho más difícil. Hace años en Venezuela se construía, alquilaba y se revendía; con un trabajo fijo, un sueldo estable y un crédito sobre propiedades horizontales, al cabo de un tiempo tenías tu “hogar”. Ahora es una lotería. Y en un país con una espantosa inflación como la que padecemos, cada dólar paralelo, los únicos que aparecen, a más de cien bolívares ya previamente devaluados (al viejo cambio sería algo así como cien mil bolívares viejos, por cada dólar), a la juventud le ha tocado o quedarse en el nido o construir al lado. Y eso es complicado. La gente es muy variada entre sí, aún bajo un mismo techo, si metes nueva siempre hay conflictos. A ellos se le entiende, y hasta comprende. Ahora, que una gente llegue a vieja reclamando casa, provoca echarles agua fría. Pero eso siempre ha sido así, para quienes nunca han querido trabajar, ni se preocuparon de sus vidas, la vida siempre es dura. Y creen ellos que injusta.

   Amo mi apartamento, no es muy grande pero tampoco parece una caja de fósforo; dos cuartos, dos baños, una cocina comedor y su salita con un chico balcón. Todo enrejado como debe ser en esta Venezuela revolucionaria. Pero mío. Allí he sido feliz. Nunca me asustó la soledad, quedarse a solas de noche en una casa vacía (hay quienes no pueden), me agrada; a veces el silencio y la quietud son un lujo increíble. Aunque sociable, mucho, como a veces me han reclamado, suelo decir que amo regresar a mi casa después de una fiesta, salida o pachanga, tomar una ducha y caer sobre mi cama y dormir y dormir. Me gusta como está todo, dónde guardo cada cosa. Me gustaría pintar más, o comprar una mecedora, o la bendita rocola que no he conseguido porque siempre se presenta algo, o cambiar las puertas de las duchas, pero es mío. Es mi reino. Allí hago, digo, decido o dejo pasar lo que me da la gana. Tengo muchos hermanos y a veces se quedan una noche, o dos, y luego se van. Tengo muchas más amistades, gente que jamás he pretendido quedarse viviendo allí o pedir dinero (amigos reales). Y así me gusta.

   Hay que tener un lugar a donde regresar después de las parrandas o escarceos amorosos, hay que tener donde llegar con alguien cuando se quiere (ya no tanto, antes, cuando no me conocían en el edificio me sentía más libre, ahora los vecinos saben quién soy). Toda persona debe tener su techo, su casa, su reino, no alquilado (sirve por un tiempo), no arrimado, no robado. Un ladrón es un ladrón, punto. Un hombre que no puede ofrecerle un techo a la mujer que le gusta y se lleva, no es un hombre un carajo; aunque ella sirve menos que él. Esa gente que lleva años en refugios, viviendo como animalitos de exhibición para quienes pasan, compartiéndolo todo con otros, quejándose cuando no les dan más (como si fuera trabajo de otros el mantenerles), pero paren y paren muchachos, ¡en un refugio!, son simplemente una carga social. Un pesado pasivo humano. A uno puede caérsele la casa, o quemársele, o estallar, y terminar en un refugio; pero eso sería durante dos o tres meses, mientras uno se despabila y ve qué hace. ¿Cómo una mujer que vive así tiene un marido únicamente para parirle?

   Claro, la vida no es fácil, pero tú no dejas un techo para ir a ver dónde te metes, ni pares si no tienes cómo alimentar a un muchacho y protegerlo de los elementos. El sentido común no se tiene que comprar con dólares ni euros. Hijos no amarran hombre, mi señora madre siempre lo decía, y algo de cierto debe haber cuando tantos muchachos andan sin padres por ahí. Y pasando trabajo.

   Por eso, quienes comienzan en la vida laboral, deben trazar sus prioridades. No hay como despertar sobre tu propia cama, bajo tu techo, sabiendo que todo, absolutamente todo lo que hay ahí te pertenece… a o la persona que comparte las almohadas. Eso también resulta. Que cada quien luche por conseguir su pedazo de cielo, o inferno. ¿No sería terriblemente vergonzoso que alguien caliente y sexy te sonriera, que besuqueándote en la oreja te dijera que quiere, y mucho, pero que en su casa hay visitas y tú tengas que responderle que vives arrimado, en un refugio o con tus padres? Y la cosa no es hacerlo en el monte, no después de cierta edad. Cosa que ahora es sumamente peligroso. Una de las metas debe ser esa, tener su techo, asegurar su casa, la suya, donde edificará el resto de su vida. Preguntar entre amigos y familiares, leer la prensa, buscar inmobiliarias que te hallan recomendado. Ahorrar y planificar para un futuro que terminará llegando. Como llegan los cuarenta, los cincuenta, los sesenta; viejo, sino tiene real, estorba en lo ajeno.

   ¿Qué las cosas pueden ser duras? Indudablemente, cosa que quedó graciosamente dibujada en un segmento de un programa de comedias del canal SONY, Saturday Night Live, que vi el sábado pasado; llevan a un ex adolecente a comentar sobre algo, un carrizo joven de boca extraña, quien hablaba de los sacrificios a hacer para mantenerse por su cuenta. Que cuando se reúne con sus amigos y hablan tonterías y alguien pregunta, “¿le darían una mamada a otro hombre por un millón de dólares (palabras usadas en el programa)?”, el muchacho aseguraba que todos mentían y decían que no, pero que él si daría una mamada por un millón de dólares, que lo haría hasta por trescientos mil dólares. El entrevistador no parecía conforme y le preguntó si era gay o algo, a lo que el muchacho respondió que es un hombre de negocios sobreviviendo, que cuando vivía con su mamá tenía casa, comida, ropas, la red, todo cubierto, pero que ahora que vive solo está pasándola mal. “Antes estaba bien, era feliz, las mamadas las daba mi mamá, ahora me toca a mí”, dijo.

   Me hizo reír, pero mucho de cierto hay. Comenzando en un trabajo, hasta que se consiga de cierto algo mejor, a veces hay que soportar cosas que en otras circunstancias uno no consideraría. Para esos momentos que se presentarán, porque siempre llegan, piensen siempre en la meta mayor: tener casa. Cada persona, en este mundo, debe tener lo suyo, así sea la sombra bajo una mata si no se quieren posesiones. Algo propio donde nunca se sienta un intruso, un estorbo. Un lugar donde puedan hacer lo que les dé la gana, vivir como quieran.

COCINANDO UNA CITA

Julio César.

¿QUIÉN NECESITA AMIGOS…?

noviembre 25, 2014

JAKE, ¿DE VUELTA AL RUEDO?

TRABAJANDOSELA CON LA BOCA A UN NEGRO

   ¿…Pudiendo tener perras?

   Un buen habano y alguien tragándote el tolete, ¿se necesita más para un buen rato? Gregorio cree que no puede haber nada mejor que descubrir que tu pana del alma, tu amigote de parrandas, gusta de mamar güevos, que ve uno tieso y se vuelve mantequilla. Bueno, sí, que se enamore y se envicie con el tuyo, que no pueda ni quiera sacárselo de la boca. Sonríe fumándose su habano con deleite, casi tanto como el que siente mientras el otro lo atrapa todo con labios, mejillas y lengua, y succiona de manera escandalosa y hambrienta, como una buena perra. La idea daba escalofríos de lujuria. Tu amigo, la perra que mama güevos. Okay, un pana estaba bien para pasar el rato… pero cogerle la boca con fuerza, metiéndosela y sacándosela hasta la garganta, oírle ahogarse, gemir bajito, como si le costara pero sabiendo que en verdad está en la gloria de los mamagüevos, no tenía precio. Le insulta, le llama cosas feas, horribles, le da manotones por la nuca, todo muy degradante por someterse así a su güevo, y siente excitación en todo momento, como también lo nota en él. Sonriendo, dándole una buena calada al puro, se dice que sería magnífico que todos los conocidos quisieran mamar también. Qué grata sería la vida.

   Y, sin embargo, Gregorio es un ser humano como todos, con inquietudes y anhelos; eso por lo que la humanidad siempre espera más y se eleva por encima del ahora, así que se medio levanta sobre los codos y le mira.

   -Ve a depilarte y lavarte bien ese culo… Quiero probar a ver si cabe. Y no lloriquees que es muy grande, pórtate como un hombre y te lo aguantas hasta los pelos.

FÁBULA ANCESTRAL

Julio César.

GENTE, CHICOS Y MUNDO

noviembre 25, 2014

AGUAAA

UN CHICO SEXY DEL MEDIO OESTE AMERICANO

   -¿La verdad? A mi déjenme con los chicos, es todo lo que necesito; con mis amigos, rodeado de ellos, soy feliz.

SEXY MAN

   Cuando el chico llegó, caminando como un rey por ahí, la idea de la casa de cristal ya no parecía tan mala.

EJERCITADOS

Julio César.

MIEDO TOTAL

noviembre 25, 2014

DE TURISMO AL HOSTAL

ATADO Y SOMETIDO POR SU NUEVO AMO

   Se revuelve, totalmente aterrado.

   -¿Despertaste? –ríe el enorme sujeto viéndole forcejear por soltarse.- No lo lograrás, chico. Ese es ahora tu lugar. Conócelo, amalo. Cuando un hombre no te esté usando, estarás allí. –sonríe al verle el odio brillarle en los ojos.- Todavía no lo sabes, pero naciste para ser un juguete, para brindar placer a tus superiores. Pronto lo entenderás y serás dichoso sobre las piernas de un hombre que azote tu blanco trasero. Mira…

   El joven neonazi grita aterrorizado viéndole sentarse y atraer hacia así a su amigo Otto, quien había desaparecido hace una semana y todos les buscaban sin encontrarle, quien viene gateando en cuatro patas, olfateándole en el entrepiernas, siendo elevado en brazos por el enorme sujeto, sentándole en sus piernas donde la rasca cariñosamente la barriga y Otto ríe y jadea bobamente como si fuera un perrito. El joven neonazi ruge y babea contra la mordaza porque su amigo era aun más racista que él y ahora miraba con adoración a ese enorme negro que le trata como juguete. ¿Terminaría él así? No lo sabe, pero grita y grita, porque Otto no llevaba ni siete días raptado.

EL CHICO EN EL CLOSET

Julio César.

REGRESO A CLASES… 4

noviembre 24, 2014

REGRESO A CLASES                         … 3

PADACKLES KISS

   Cuánto lo soñó…

……

   Con manos temblorosas por el profundo enojo que siente, Chad Murray enciende un cigarrillo en ese pasillo solitario.

   -Es un delito federal fumar bajo techo en un colegio. –oye la voz a sus espaldas.

   -Vete a la mierda. –es la seca réplica, sin volverse. No es obedecido.- Que te vayas, no quiero verte ni hablarte, Paul. –el otro hombre se apoya contra la baranda, de espalda, mirando al rubio enojado.

   -¿No quieres verme? –hay cierta sorna en sus palabras, y luego de mirar hacia la puerta al salón, y en ambos sentidos del pasillo, baja un poco el rostro y la voz.- No era eso lo que decías cuando me buscabas para chupármela… Chad. –dice con aire ligero, como un comentario cualquiera de algo que pasó hace años, pero sabiendo que ya el elefante estaba en el pasillo.

   Ahora tendrían que hablar.

……

   -Señor Ackles… -Jeffrey Dean Morgan, rostro grave, saluda al ya algo tomado profesor.

   -Director… -es la réplica, algo estrangulada. Lleva dos días evadiéndole.

   -Tenemos que hablar.

   -¿Aquí? ¿Ahora?

   -No puedo seguir esperando a que responda mis llamadas… Vamos a cerrar el programa de voleibol femenino… Lo siento, pero la escuela prescindirá de sus servicios.

   ¡Le estaba echando!

   A Jensen todo le da vueltas y siente nauseas, unas contra las que tiene que luchar.

   -¿Me está echando de la escuela?

   -Oh, vamos, Ackles, no finja que le sorprende. Me estuvo evitando durante días por ello. Sabía que en cuanto le viera…

   -¡No puede hacerlo! No puede despedirme porque no le agrade. ¡El colegio no le pertenece! Pero, claro, muere el señor Beaver y… –grazna, alzando algo la voz, indiferente a uno que otro rostro que se vuelve con una mueca de “¡oh, Dios, Jensen otra vez!”. El director Morgan si se tensa.

   -Baje la voz y no de un espectáculo, no le conviene. –es seco, tono que le sirve a todo director de escuela.- No le estoy despidiendo yo. La junta no le quiere aquí. Algo que supongo ya sospechaba. Y si, le contratamos por el entrenador Beaver, pero eso también lo sabía ya, ¿verdad? –suena molesto. Fue una disputa con el viejo profesor, un hombre duro y seco que tomaba sus decisiones sin importarle nadie más. Demasiado institucionalizado para intentarse algo en su contra.

   -¿Qué tienen contra mí? –se ve abatido, casi con un puchero, y el profesor Morgan intuye que ese hombre podía ser peligroso para la estabilidad emocional de cualquiera… que padeciera de complejos maternales, categoría donde caían mujeres y muchos hombres también.

   -Todo esto se lo buscó usted, profesor Ackles. Y no sé si llamarle así. Nunca se sintió parte del cuerpo docente. Para nadie es un secreto que hace esto obligado por las circunstancia. Nunca le ha gustado. Y a la junta no le agrada que usted tome tanto. Sí, todos lo sabíamos. Ni… -toma aire y baja más la voz.- Sé que no es su culpa, pero a algunos padres les preocupan las fantasías que muchas de las alumnas se han hecho con usted, y que su aire de patético perdedor no hacen sino incrementar. Es como con los cachorros a los cuales les falta una pata, siempre logran…

   -¡Patético perdedor! –la ira va dominándole, pero se contiene. Estaba perdiéndolo todo. Otra vez. No, no podía permitirse el lujo de ser echado.- Profesor Morgan, por favor, si pudiera…

   -Lo siento, Jensen… -ahora es menos duro.- La decisión no ha sido mía, aunque no la veté. –le aclara.

   -¡No pueden hacerme esto! No les dejaré hacerme esto.

   -Puede hacer la lucha. Apele la decisión, si quiere. Está en su derecho. –da un paso atrás, deseando alejarse cuanto antes del guapo y fracasado hombre.- Y un consejo, cuando enfrente al consejo… intente no oler a whisky. Esas interpelaciones son delicadas. –y se aleja.

   Jensen Ackles siente que se muere. Estaba desempleado. El entrenador apenas moría y ya…

   -¿Y esa cara, Ackles, se acabó el licor? –pregunta un sujeto, medio tomado y bromista, acercándose en el peor momento. El rubio se vuelve con rostro pétreo, le atrapa las solapas del saco abierto y lo agita.- ¡Hey! –parece alarmado.

   -Mira, hijo de puta… -comienza, necesitando dejar salir toda su rabia, pero justo en esos momentos su mirada es atrapada por la de Danneel, estremeciéndose.- ¡Idiota! –le ruge al tipo, soltándole y volviéndose hacia una mesa.

   -¡Hey, no! –chilla alguien, pero el rubio toma una botella de tequila y se dirige a la salida.- ¡Esa la pagué con mi dinero!

   Desde el centro del salón, Danneel Harris lo vio todo y da pasos en su dirección. Obviamente no sabe qué ocurrió, pero conoce la cara de la derrota en aquel hombre a quien tanto quiso una vez.

   -¡Danni! –una voz aguda, falsamente jovial, estalla cerca. Y la pelirroja cierra los ojos elocuentemente, y así se ve atrapada por Genoveva Cortese, su guapo y sonriente marido, y sus amigos.

   Otro que mira salir a Jensen, es Jared, el cual no presenció lo primero. Sólo le ve botella en mano, decirle algo a una chica camino a la salida del salón y abandonarlo siendo seguido por ella. El castaño traga. Maldito idiota.

……

   Todo era tan gay, lo pensó antes y ahora aún más, al reunirse, como en chiché, en aquellos vestuarios después de la ducha de la mayoría de los chicos. Cuando todos salían era que se animaba a entrar, dejar sus gruesas gafas y tomar un rápido baño, apartado de los que tanto le molestaban. Realmente fue allí donde todo comenzó también. En ese lugar, mientras afuera se escuchaban risas, gente corriendo, compañeros de estudios que iban y venían, de rodillas, delgado y rojizo, un totalmente desnudo Chad Michael Murray buceaba con su boca entre las piernas de aquel chico un año mayor, pero que parecía aún más, por sus muslos musculosos y piernas velludas. La lluvia de la ducha les bañaba, y Paul Telfer gemía contra la pared de baldosa, gozando increíblemente de aquella mamada que el compañerito de clases le daba en la soledad de los baños. A veces una voz se escuchaba más cerca y Chad, temeroso de ser pillado en aquellas circunstancias, deseaba detenerse.

   -Alguien viene. –graznaba, mirándole desde su posición.

   -No es nadie. –siempre le respondía el otro, la verga temblándole de pura emoción y ansiedad, alto, joven y bello como todo atleta escolar, atrapándole la amarillenta nuca de cabellos aplastados contra el cráneo, obligándole a regresar, a cubrir con su boca el palpitante instrumento, e ir y venir otra vez sobre la imposiblemente dura y rojiza lanza de carne, llena de ganas.

   Y Paul cerraba los ojos, nuca contra las baldosas, el agua bañándole, entrando en su boca cuando temblaba todo de emoción erótica, los labios de Chad sobre su pubis, ordeñándole con la garganta. Era cuando enloquecía y le embestía la boca, una y otra vez, intentando llevársela más y más hondo en el esófago; no podía contenerse. Parecía nunca agotarse de aquello, nunca saciarse de las mamadas de aquel chico cegatón y torpe, que sin lentes,  sin ropas, se veía mucho mejor. O tal vez era porque se la mamaba. Casi, si, casi sentía afecto por aquel jovenzuelo que adoraba chupársela. Porque a Chad Murray le gustaba tenerla sobre su lengua. Mucho.

   -Cuando me la chupabas parecías… -continúa ahora Paul, sonriendo amistosamente, deseando derribar un muro, congelándosele la mueca cuando Chad Murray vuelve la mirada, dejando de ver hacia el estacionamiento desierto, y hacia el pasado. La apagada música de la reunión tras ellos.

   -¿De verdad quieres hablar de eso, hijo de puta? –le desconcierta. Volviéndose, Paul mira también a la noche.

   -Entonces, ¿de qué hablamos? –suena exasperado.

   -¿Quién dice que quiero hablar contigo? Del pasado. De algo. De lo que sea. –se deja sentir la rabia. Paul traga, mirándole otra vez.

   -No lo entiendo, respondiste a la invitación que te envié, ¿no era para… hablar? Creí que deseabas que… -enrojece.- …Arregláramos el pasado.

   -¿Qué coño quieres, Telfer? En verdad, dímelo. No voy a reír contigo recordando… -se atraganta, enrojece y mira en todas direcciones; no, coño, no lo dirá, no hablaran de toda la leche suya que tragó. La idea le hace arder la cara con rabia.- Lo que pasó, pasó. -se le medio vuelve.- Las mamadas repartidas en noches de verano, terminaron, como la secundaría. Punto. Vine a eso, a decírtelo. No quiero recibir otra invitación tuya para… nada.

   Paul va a responder, pero tras ellos alguien sale del salón y se aleja a paso rápido, llevando una botella en la mano.

   -Me siento mal. Siempre me sentí así, mal, por como terminó todo.

   -¿Te sentiste mal? No entiendo por qué. ¿Acaso por tratarme como basura?

   -Chad, no podía hacer otra cosa; mi papá te vio…

   -¡Lo sé! Sé lo que pasó, yo estaba ahí, ¿lo recuerdas? –y por un segundo la vergüenza del momento les alcanza otra vez.- Entiendo esa parte, pero no que luego me hicieras sentir como un sucio enfermo. ¡No era un sucio y ocioso marica degenerado persiguiendo al niñito bueno del señor Telfer! ¿Acaso no estábamos enredados en esa mierda los dos? Bien, pasó. Teníamos quince y dieciséis años, las hormonas estaban a millón, ver unas tetas o unas pantaletas a una chica mal sentada nos volvía loco. Queríamos tocarnos, y si otro nos tocaba… Curiosidad, experimentar… Todo eso ocurre y lo entiendo. Pero tú me hiciste sentir de lo peor.

   -No supe manejarlo, ¿okay? –se defiende.- Me… alterabas y… -calla bruscamente, y algo alarmado, cuando Chad se vuelve y le encara con rápidos movimientos, hundiéndole un dedo en el pecho.

   -Ah, no, amiguito, eso no. Fuiste tú quien me buscó siempre. Recuerdo bien esa tarde tras la cafetería cuando llegaste y tomándome por sorpresa…

   -Lo recuerdo. –replica rápido, para silenciarle.- Chad, lamento si te herí. Quiero que me perdones, arreglarlo todo, que seamos amigos y…

   -No me interesa qué quieras, hijo de puta. Y no es solamente por la manera de tratarme, o que tu papá llamara al mío y… -otro recuerdo que aleja, ocasión salvada por su certera y descarada forma de mentir y negar todo.- Lo que realmente me molesta, Telfer, es que nunca cumpliste con tu parte. Me estafaste, así que metete tus disculpas por el culo. –y con violencia regresa al salón de fiestas.

   -Chad… -llama pero el otro no se detiene.

   Paul siente ira, pero también desaliento. No, no se portó bien, pero ¿cómo reparas algo, resarces una ofensa, si ni siquiera te quieren oír?

   No cumplió con su parte.

……

   Jared vio regresar a Chad al salón, y notó que parecía descompuesto, como dominado por una gran furia; aunque intentó disimularla y dejarlo ir. Sophi también reparó en ello. Por otra parte, a Sandy parecían no cansarse de hacerle bromas por el gafete; lo veían, tocaban y reían. La joven componía una gran sonrisa, pero no parecía real. No la pasaba bien, aunque intentaba disimularlo. Y eso que Mark Salling, ese hombre que se decía su novio, estaba allí, a su lado, apoyándola y soltando uno que otro comentario contra los “bromistas”. La verdad es que para el castaño, la fiesta había decaído totalmente. Y eso no tenía nada que ver con la salida del necio de Jensen Ackles, se dice con terquedad. Después de todo, aunque quiso ser educado y amistoso con el pecoso rubio, no vino buscando un acercamiento.

   ¡Joder!

   Se vuelve de espaldas rápidamente, mirando por un ventanal, cuando se acerca Genevieve Cortese, una de las bellas y exóticas de la escuela. Una joven a la que detestaba de manera particular. Repara, de paso, que por alguna razón la menuda pero curvilínea morena perseguía a Danneel Harris.

   -No puedes estar molesta todavía. –apunta, exasperada, Genevieve. Oh, Dios, esa frase debía ser el estribillo de la noche, pensó el castaño sin volverse.

   -Estoy bien, ¿okay? –es la seca respuesta. La pelirroja estaba hartándose de ser paciente con la otra.

   -Lo que hice fue… sin querer.

   -Es cierto, Danni, me consta. Estuvo muy mortificada por todo ese asunto. –intercala con voz profunda, Tom Welling, el enorme y muy guapo esposo de la menuda morena. Intrigado a pesar de sí, Jared les escucha.

   -¿Te consta? Ay, Thomas, por favor. –es la réplica de la pelirroja.- Cuando tu mujercita le dijo a Jensen que ese trabajo para modelar ropa se lo consiguió “el hombre con quien se acuesta ahora Danni”, como le dijo, no fue un error. No hablaba sin querer cuando le dijo que debía agradecerme el tenerle pena. O la oportunidad que le brindaba mi “nuevo amante”. –se oye severa.

   -No fue con mala intención, ¡te lo juro! Sólo se presentó en la conversación. –Genevieve abre mucho los ojos.- Y todo lo que dije era cierto. Pero no te juzgo por liarte con ese hermoso hombre; después del accidente, Jensen se comportaba como un idiota; Eric Bana era tan encantador que no podías dejar de… Y él le ofreció el trabajo por petición tuya, ¿no? A Jensen no le gustó, pero, oye, no era yo quien salía con otro y le pedía que ayudara a mi amante anterior. –Jared se medio vuelve, sorprendido y molesto. ¿Cómo esa pequeña duende maligna podía…?

   -Eres tan… -comienza Danneel, pero un gemido feliz de Tom la silencia.

   -¡Mike, hijo de perra, al fin llegas! –el castaño se vuelve justo para presenciar el acercamiento de Michael Rosenbaum, otro del grupito de los populares, siendo rodeado de hombros por Tom, el cual le palmea con fuerza la espalda también.

   -Lo bueno se hace esperar, perras.

   -Y tú. –apunta Danneel, con ese tono de cariño sereno que reaparece, abrazándole suave.

  -Mike. –es el seco saludo de Genevieve, quien siempre ha culpado a Mike de arrastrar a escandalosas parrandas a su marido.

   -Genevieve. –este corresponde igual, y todos adivinan que siempre ha creído un error de su amigo el casarse con ella.

   -Supe la noticia. –sonríe Danneel, y como Jared lleva rato mirando con disimulo, ve el enrojecer de cara de Mike.

   -¿Cómo lo haces?

   -Tengo mis informantes… -sonríe la pelirroja.

   -¿Ocurre algo? –Tom se ve confuso, todavía rodeándole los hombros. Mike le mira un segundo.

   -Voy a casarme. –anuncia.- Este fin de semana, aprovechando que todos están aquí. Con kristin.

   -¿Con Kristin Kreuk? Creí que era lesbiana. –apunta Genevieve.

   -Tú debes saberlo. –ríe Mike, venenoso.- Ella me contó de ese juego con la botella. –hay risitas cuando la morena enrojece, visiblemente molesta.

   Pero pronto es olvidado, la noticia causa sensación en el grupo, aún a Genevieve, debe reconocer, quien espera que una vez casado, la mujer le impedirá al hombrecito venenoso parrandear tanto. Todos felicitan a Mike y preguntan mil cosas. Todos excepto Tom, quien le soltó, dio un paso atrás y le mira con la boca abierta.

   -¿Te casas? –no le había dicho nada.- ¿Este fin de semana? ¿Por qué?

   -Llevo prisa, ¿la has visto últimamente? –intenta una broma, que no cuaja por la cara desconcertada de Tom, así que se encoge de hombros.- No lo sé, venir cada dos años y verles emparejados, contando lo felices que son, y yo yendo de un lado a otro, solo, me hizo sentir… vacío. –anuncia, y Jared lo entiende, de pronto sintiéndose igual. Tampoco él tenía a alguien.

   -¿Pero así? Cuando te dije que Genevieve y yo…

   -Oh, por Dios, Tom, deja de molestar. Seguro eres el padrino. –le corta su mujer.

   -Así es… tienes cuatro días para resolverlo todo. Dentro de cuatro días tendrás que entregarme en el altar. –le dice Mike, abriendo mucho los ojos con una mueca libidinosa y sátira.- Quiero una épica despedida de solteros. Como cuando se casó Adler, que terminó desnudo con una estrella tatuada en una nalga en el loving del hotel en Las Vegas. Bueno, no quiero una estrella en el culo; aunque me han dicho que el mío vale al menos tres, o tres y media, pero, ¿la verdad?… siempre me he sentido subvalorado.

   Jared no quiere escuchar más y se aleja. No quiere saber de planes matrimoniales. Ni de gente que mira hacia el futuro. Joder, ese viajecito estaba resultando de lo más pesado.

……

   Nunca entenderá por qué Chad y Sandy insistieron en quedarse un poco más. O venir, en primer lugar. Ya estaba cansado de todo, y de todos. Incluido Jensen Ackles. Aunque el último dato, saber que cuando todo hacía agua en su relación con Danneel, esta intentó ayudarle después del accidente, siendo bloqueada la iniciativa por Genevieve Cortese de una manera que debió ser humillante y devastadora para el rubio, le enfermó. ¡Qué gente! Se sintió totalmente desconectado otra vez de ese mundo. Y no sentía deseos de conectar. No valía la pena.

   Llega a los estacionamientos vacios donde dejó el auto alquilado y se estremece. Era una rara noche fría de lloviznas en Texas, ¿cómo podía bajar así la temperatura en ese desierto olvidado de Dios? Se medio arropa más en la chaqueta y abre la portezuela, enciende el motor y escucha una vieja melodía de los años treinta, había dejado la radio encendida. De manera automática casi cambia la señal pero escuchar esa tonada con trompetas y voces ronca cantando que mañana puede intentarlo otra vez, el ser feliz, le hizo quedarse allí un rato. Qué coño, no es infeliz. Tal vez su paso por la secundaria no fue la grata experiencia que debió ser, ni fueron gratificantes las miradas de su padre al saberle gay (no pareció feliz aunque no le despreció por ello); pero todo lo demás ha estado bien. Ha tenido éxito en su trabajo, es reconocido, quiso decir algo y el mensaje llegó. Tal vez le faltaran más aventuras románticas (o sexo, como decía Chad), tal vez le habría gustado ser un amigo real y cercano de Jensen Ackles, pero su vida no carecía de grandes momentos. Joder, era feliz. Tal vez no totalmente pero…

   ¡Mierda!, se dice cambiando la estación donde una nueva tonada hablaba de la fiesta del sábado por la noche en el granero del tío Ed, momento cuando el chico, casi un adolecente, le dirá a ella cuánto la ama. Debía ser grato, piensa dejándose atrapar por la insatisfacción, llegar y encontrar a alguien en casa, gritar que ya estás ahí y te respondan “estoy en la cocina, ¡hay café!”, donde olería una buena chuleta de cerdo (si, es gay, pero también un carnívoro texano). O caer sentado en la cama y ser abrazado desde atrás, con cariño y ternura, una voz en tu oído diciendo “te extrañé mucho”. ¡Dios!

   La llovizna parece una tenue cortina, menuda pero persistente, por ello no podría culpársele si no le hubiera visto. Pero lo hizo y se detuvo en seco con la boca abierta una vez entendió lo que era. Bajo esa lluvia fina, visible a la luz de dos potentes reflectores que cubren toda el área, alguien corre como un quarterback zigzagueante sobre la cancha de futbol solitaria… Una botella en una mano, cayendo de lado la figura, rodando sobre sí y quedando de espaldas sobre el concreto, quieto, la mano todavía sobre el cuello corto de la botella, hasta que finalmente los dedos sueltan y esta cae. Quedando allí, tendido bajo la lluvia y ese cielo oscuro. Tan solo.

   ¡Jensen!

CONTINÚA … 5

Julio César.

RECOMPENSA

noviembre 23, 2014

EXPRESION

SABOREANDOLA

   Se le notaba lo satisfecho.

   El entrenador era exigente con todos esos chicos a quienes reñía para que rindieran más en la cancha, en las prácticas y ejercicios. Luego del juego, cuando lo ganaban, agradecidos como estaban por todo lo que les aportaba, los muchachos lo cercaban en los vestuarios, empujándole de culo sobre el montón de sucios suspensorios, lo rodeaban en círculo y le ofrecían, cada uno a su manera, una modesta muestra de gratitud. Aunque no eran nada modestas como es siempre a esa edad. Muestras que el hombre, conmovido por todo el afecto, se encarga de recolectar y tomarlas, una a una, yendo y viniendo sin detenerse hasta que estallaban en su boca y cara en forma de ardientes y espesas compensaciones. Era lindo saber que esos jóvenes gañanes, saludables y voluntariosos apreciaban lo que hacía por ellos. Eran recueros que saboreaba, acostado junto a su esposa, aún en la cama.

CUANDO UN HOMBRE QUIERE DEMASIADO

Julio César.

CUANDO LOS CHICO VAN AL CAMPO

noviembre 23, 2014

LA TIERNA CARNE DEBIL

UN CHICO Y SU GRUESA MAZORCA

   A la comunión con la naturaleza.

   ¿Han escuchado aquello de que las plantas sienten, hablan, temen y ríen? Pues el chico podría jurar, nada más llegar en el autobús escolar para un encuentro con los del colegio campirano, que al pasear por allí ese maíz le había hablado. Le contó cositas sucias, tanto que, casi en transe, peló la mazorca y su trasero. Era tierna, gruesa, larga y totalmente granulada, pero lo insólito era que la rama iba y venía por su cuenta, haciéndole chillar. Podría tratarse del viento meciendo el maizal, pero… Ojos nublados nota, a la distancia, que tres amigos más también están tragándose sus vegetales.

HARTA RAYA

Julio César.