Archive for 30 diciembre 2014

OJALÁ

diciembre 30, 2014

ESTRATEGIA

TIO MUSCULOSO EN TANGA DIMINUTA

   Para sacarse la pava piensa irse el primero a la playa pero duda si llevar o no la tanga que le regaló su amigo secreto en el trabajo.

CALIENTE

Julio César.

LA NAVIDAD… PARA TANTOS

diciembre 30, 2014

DE PERROS Y OTRAS MASCOTAS

CARA NAVIDEÑA

   Hay algo sagrado en las fechas…

   Personalmente me gusta la idea de la Navidad, lo que significa, también brindar con amigos, regalar y recibir regalos, pero para los adultos puede terminar siendo un calvario. No he tenido tiempo para nada, dos amigos se casaron (una de ellas fue la chica que sólo tomaba el dinero y apartaba las tarjetas), un bautizo, he visitado a un enfermo, fui a un funeral y a una misa de difuntos (debería prohibirse, por la vida, morir en Diciembre, porque es aún más doloroso para su gente). Por ello, estas fiestas terminan siendo días de ajetreo, de prisa, de muchos compromisos sociales y familiares, y se espera que uno cumpla con todos, que tomes mucho, que rías bastante y que al otro día estés como una uva para otra faena.

   Eso era antes que podía con ese tren de vida, ahora necesito dormir cada cuántas botellas. Pero cada quién toma las fiestas a su manera, tengo una amiga que salía con su madre al antiguo Hotel Hilton, pagaban su cena y recibían la Navidad y el Año Nuevo con gente extraña. Y les gustaba. Otros salen con amigos, terminando en Mérida o en una playa. No son pocos los que se quedan a solas en sus casas, en batas, mirando televisión, tomando algo (y hay algo patéticamente atractivo en ello, ¿pueden imaginarlo?, ¿pasar una Navidad a solas viendo un especial de televisión?). De un blog cercano, amigo, encontré una de esas formas de celebrar, y me gustó porque fue ameno, divertido y bien articulado. Muchas personas pueden identificarse con él, y lo hicieron, obstinados con los días que corren como estamos muchas veces. Disfrútenlo (y vayan a su página, es buena):

……

La navidad (no) mola

No todos somos buenos, es cierto. Vale, sí, nos comportamos bien, yo, por ejemplo, nunca he matado a nadie. Pero no será por falta de ganas. Todos llevamos un lobo interior, que de vez en cuando quiere salir y matar.

¿Nunca echasteis de menos la sensación de desgarrar carne con vuestros dientes y notar la sangre escurriendo por vuestra barbilla? Vale, quizá soy algo radical, pero sabéis a lo que me refiero. Todos tenéis esa necesidad. Algunos se desahogan saliendo a correr, otros juegan al futbol, hay quien le da por cantar o por escribir. Pero la sensación de encierro, de enclaustramiento en unas redes de conducta está ahí.

No sé a vosotros, pero mi lobo se vuelve especialmente inquieto en las navidades.

Es un cliché, pero ¿Quién no odia las comidas familiares? Dos horas de alimentos grasientos y pesados. De decir: No tía, no quiero más, los langostinos te salieron genial pero es que ya llevo treinta y cinco y no puedo más.

Tiene sus momentos cómicos cuando alguien se levanta de la mesa sin decir nada y diez minutos más tarde vuelve con cara de relajación máxima y hueco para comerse otra tanda de langostinos. Pero no te ríes. Nunca te ríes porque sabes que lo peor está por llegar: Las sobremesas.

Reírte con los mismos chistes de todos los años, ver como tu padre y tu tío se van poniendo rojos a medida que hablan de política y por dios, espero que seas tan afortunado de no tener a esa tía cantora, porque si no, te espera una larga velada de villancicos desafinados. Al fino oído de mi lobo interior le disgusta especialmente esta parte.

El tema de los regalos es otro asunto. Yo creo que alguno de mis familiares es ojeador de actores noveles. De esa manera todo tendría sentido. Saben qué esperas, que se yo, un móvil nuevo, quizá ese videojuego que llevas meses esperando, lo saben, pero en cambio te regalan un jersey de lana. Entonces te miran como diciendo: Te ha gustado, lo sé, tengo tan buen gusto, sabía exactamente lo que regalarte. Y tú te las tienes que ingeniar para, pieza a pieza, ir colocando una sonrisa en tu cara y decir: “Oh, es justo lo que estaba esperando“.

Estoy seguro de que fue así como se forjó el talento de los mejores actores.

Luego está fin de año. Hace un par de meses algún amigo te pilló con un par de cervezas de más y te convenció para ir con él a la mejor fiesta de fin de año de todos los tiempos. Te resignas y desempolvas tu mejor (y único) traje. Sales con todo bien colocado y repeinado por la mano de tu abuela. Llegas a la discoteca y resulta que no, que la fiesta tiene pinta de no estar ni entre las 100 mejores de fin de año, pero no importa mucho porque al cabo de media hora has abusado tanto de la barra libre que no te acuerdas de nada.

Al día siguiente, cuando consigues levantarte, ves las fotos subidas a Facebook y sabes que algún día cuando pidas trabajo tu jefe las verá, y no estará por la labor de contratar a una especie de orangután con la camisa manchada de vino, la corbata colgando de una oreja y en pose de perreus ridículus extremus. Tu vida nunca volverá a ser igual.

Por suerte todo acaba en quince largos días. Pesas tres o cuatro quilos más, tienes un nuevo y flamante jersey de lana que casi, casi ni te pica y puedes decir con orgullo, que un año más, has conseguido no arrancarle la yugular a nadie.

Feliz navidad.

Orson López

38 comentarios

……

   Bueno, ¿verdad? Lo leí y me reí. No pude dejar un comentario o avisar que iba a copiarlo aquí, porque el grupo no me deja opinar con mi nombre, debo iniciar la sesión, y así, cualquiera que por curiosidad diera en mi nombre llegaría aquí, y tal vez eso no gustaría a algunos. Pero de que me gustó la entrada, me gustó. ¿Pasar las fiestas en una discoteca con amigos? No les digo, es otra forma de celebrar, pero lo de la mayoría es ir a casa, que es donde están papá y mamá. Ver los terminales de pasajeros en Diciembre recuerda la vieja historia del censo y Jerusalén, cuando la gente debía partir al lugar donde nacieron. Una vez, por estar en un velorio, no estuve un 31 de Diciembre y me lo reclamaron medio año.

   Somos de reunirnos en casa, todos. Casi una obligación, una que disfrutamos y de la que luego queremos escapar y bendecimos cuando lleguemos a nuestro propio techo. A descansar en medio de la paz, la quietud, el silencio. La soledad. Pero no siempre fue así, como en la entrada de Orson, hubo un tiempo de fiestas y de locuras, de borrachos meterse en una camioneta y arrancar para la playa, para parpadear viendo el amanecer, echarse de cabezas en el agua y seguir tomando. Otros tiempos. Ahora me gusta esta imagen sobria.

COSITAS DE NAVIDAD

   Espero que todos hallan pasado una buena velada, que la Navidad les fuera gratas y que el Niño Jesús les haya traído lo que tanto querían, comenzando por paz y salud.

UNA MIEL DE TRATAMIENTO

Julio César.

EL INSPECTOR

diciembre 30, 2014

RESIGNACION

TIO MUSCULOSO EN TANGA METIDA EN CULO

  ¿No te agradaría estar cuando pasara?

   En medio de gritos, silbidos y rabiosos aplausos de excitada aprobación del casi exclusivamente público masculino, sonriendo de oreja a oreja todo confiado, el musculoso tío juega con su tanga, una que ya despertaba sospechas dentro de la competencia, metiéndola y paseándose todo alzado. No contaba con que habían contratado a un nuevo empleado en el circuito, a mí: el saca tangas del trasero. Aunque somos pocos y se necesitan más por mucho que insistimos en que podemos con todos, ¿por qué no presentas tus papeles?

TRUCOS PARA COMENZAR

Julio César.

CUANDO UN HOMBRE QUIERE DEMASIADO

diciembre 30, 2014

EXPRESION

JUSTO COMO LE GUSTA, EN LA CARA

   Cuelga y el tío se agita…

   Traga en seco con la boca abierta, todavía el saborcito de la otra en la lengua, espera que termine de caer, espeso, viscoso, caliente y oloroso. Siempre temblando un poco, boqueando y buscando, temiendo que caiga al piso. Todos lo sabían y se reían de él, avergonzándole un poco, pero no tanto como para que no haga lo que sea por saborearlo otra vez. Trabajó duro por ello, con mejillas y garganta, oliendo bolas, así que no le importa que se rían, se burlen o lo insulten… ¡quiere su leche fresca! ¿Acaso ningún otro podía entenderle?

RAROS MOMENTOS

Julio César.

LUCHAS INTERNAS… 142

diciembre 28, 2014

LUCHAS INTERNAS                         … 141

   Saludos otra vez, amigos. ¡Qué vergüenza! Escribí esto hace tanto tiempo que realmente me confundí (lo había olvidado), y la escena con la que comienza no es la que prometí. Una que sí aparece en esta parte final del relato que comienza hoy, y que protagonizan dos personajes de armas tomar, Jerry Arteaga y Cecilio Linares. Se los debo por ahora.

SEXY EN SPEEDOS AMARILLO

   Las aventuras en la playa apenas comienzan…

……

   La mujer, gris y abatida, se dirige hacia La Torre en medio del caótico tráfico caraqueño, donde largas colas frente a las bombas de gasolina lo enredan todo un poco más. Va a entrevistarse con Aníbal López, quien al fin dio señales de vida, levantándose de entre los muertos. El edificio se ve algo abandonado. La muerte de Ricardo parecía haber alejado a mucha gente, a los perros y zamuros que medraban junto a él. Con paso cansado, sintiéndose muy vieja, Norma toma el ascensor y llega al piso quince, donde saluda a una que otra persona. La tarde ya va cayendo, el telón del día, la idea le produce escalofríos. Toca a la puerta del abogado y entra en su oficina. El hombre, en manga de camisas, se ve tan cansado y gris como ella. Se saludan con agotamiento y toman asiento.

   -Ah, qué día… -Aníbal se frota los ojos, hombros caídos.

   -Lo imagino.

   -No lo creo, señora. Esto… todo esto…

   -¿Qué pasa, Aníbal? -pregunta al fin. El hombre levanta la mirada, observándola, notándola cansada y atormentada. ¿Qué tendría? ¿Remordimientos?

   -Hubo una junta de emergencia citada por Franklin Caracciolo. -dice opaco.

   -¿Qué? -parece aturdida, momento cuando se abre la puerta y entra un sonriente Frank, elegante, atractivo y joven. Parece una hiena contenta, y cae tan bien como ese bicho.

   -Norma, veo que Aníbal te llamó. Es un buen negrito, ¿eh? -lanza cruel, sabe que cuando ofende desequilibra a sus enemigos. Pero también lo hace porque le gusta hacerlo. Es un hijo de perra.

   -¿De qué junta habla Aníbal? -lo encara ella, parándose.

   -Si. Hubo una junta. -aclara en pasado.- Ya se reunió, había que contener el pánico tras la muerte de Ricardo. Ahora soy el presidente de la junta y de la firma toda. -la impacta feamente.- Sólo Aníbal se opuso. Samuel, no sé por qué, votó conmigo. Y a través de él, obtuve los votos de la gente a la que representa, incluido, quien lo diría, de Eric, tu hijito amado.

   -¡Mentira! -chilla aguda. ¿Sam y Eric votando contra la familia?

   -Así fue. -la mira fijamente.- Eso hace que uno se pregunte qué hay tras todo esto, por que actuaron así contra ti, y sí la muerte de Ricardo Gotta… Bien, lo que todos comentan por lo bajo, ¿no es así, Aníbal? -mira al otro.- En fin, son tus muertos, Norma, a mí no me interesan.

   -¡No son mis muertos! -estalla.- Y no voy a dejarte hacer y deshacer en la firma.

   -Pronto no tendrás que hacer nada.

   -¿A qué te refieres?

   -Sé de buenas tinas que muy pronto saldrá una sentencia judicial definitiva y favorable a los Caracciolo en nuestro pleito contra ustedes. -se ve siniestro.- Y para ese entonces quiero que desocupes la mansión Roche. Voy a venderla. -es cruel.

   -¿Qué…? No, hijo… -croa.

   -Ay, por favor, ni lo intentes. –la calla. Luego mira al otro.- Y tú, ve pensando en vender tu parte. La Torre, y todo lo demás será liquidado y dividido, cada quien sacará lo suyo. Quiero que se venda todo, convertirlo en dólares y sacarlo de esta mierda de país. Que se hunda de una vez, como todos quieren. -sonriendo va hacia la puerta.- ¿No es bella la vida? -y sale, mientras ríe feliz.

   El hombre y la mujer se ven abatidos, como quienes han corrido largamente por sus vidas, y a punto de coronar el éxito, caen y mueren. Norma siente una rabia sorda y caliente que quema sus ojos, pero parpadea, grácil, elegante. No es de las que lloran. Mira al hombre.

   -Señora, no sé qué podemos hacer para…

-Ricardo Gotta está liquidado. -suena implacable y Aníbal se estremece.- Ahora le toca a Franklin Caracciolo. Es hora de destruir su burbuja de felicidad. Vamos por él, y su amiguito, de una vez por todas…

                                        ………………..

                                               – 9 –

   Mientras se toma un horrible jugo de moras en pote de cartón (¿quién coño comercializaba esas vainas?, se pregunta de pasada), William Bandre mira la tarde desde el balcón del pequeño apartamento que ocupaba por unos días. No había comprado ni muebles para ese cuarto, como tampoco para el resto de la vivienda. Estaba decidido a salir de Caracas. Tenía que hacerlo. ¿Escapar? No lo sabe, ni lo pondría en esos términos, pero sí alejarse. En esa ciudad todo le traía malos recuerdos. Sonríe con ironía (sonrisa que muere ante otro buche de jugo), era todo lo contrario a Tacarigua de la Laguna. Su frente, lisa, se arruga ahora con pesar. Sí, fue feliz durante ese tiempo, no sólo porque bebía como si no hubiera mañana, sino porque encontró gente que llegó a apreciarlo. No fue sólo sexo, carne contra carne y lujuria. Sentía que Eric Roche era su amigo, que Andrés Burgos lo estimaba (al menos antes), y estaba Cheo. No profundiza más, no quiere pensar en lo que siente, porque le sonaba estúpido a él mismo. Está bien, había descubierto ciertas facetas de su carácter, pero eso no quería decir que se echaría a llorar por los rincones por un chico.

   Le molestó mucho encontrarlo enculando a Andrés, aunque debió admitir que hacían una bonita pareja. Los dos se veían tan calientes, tan jóvenes y llenos de ganas. Más tarde tuvo que reconocer que si… que se puso celoso. Le molestó porque sentía algo fuerte por Cheo. Pero no se engañaba, no lo amaba, esas eran mariqueras idiota para hombres como Cheo, jóvenes e impresionables. Y Andrés. Él sólo lo necesitaba por ratos, necesitaba de su calor, su entrega, su ternura. Necesitaba a Cheo porque era alguien que se preocupaba por él, era alguien para quien él, William Bandre, era importante. No sólo otra cara, otra figura en la calle. Un sujeto sin nombre, sin pasado o presente. Sin vida.

   A nivel subconsciente entiende lo de Andrés; Cheo le contó que el jovencito se había encaprichado con él. William comprendió. Andrés estaba tan ilusionado con Cheo (pensando que lo amaba, ¡por Dios!), como Cheo lo estaba de él, de William Bandre. Tenía que irse de Caracas, era imprescindible, pero no quería partir solo a un destino incierto. Y haría lo que fuera para no perderlo todo. No ahora. Necesitaba quien lo sostuviera y lo calmara de noche, tanto agotándolo en el sexo, como sosteniéndolo sí despertaba de ese sueño donde Roger Santos caía una y otra vez sobre la acera, con su sangre tiñendo el pavimento. Necesitaba a Cheo para que detuviera su mano si buscaba una copa. Pero, mayormente, para que espantara a los fantasmas; porque ahora Roger, su gran amigo, era un espectro triste que, a veces, se le aparecía, negándose a partir, ¿extrañando su vida o dolido porque no hizo más por él?

   El problema era Andrés. Cheo se sentía responsable del otro, y tal vez también sintiera algo por el fortachón ese. El chico era todo un papito, tiene que reconocer William, sonriendo con ironía. Se veía increíblemente bien en pantalón, en bermudas y en tanga, y sin nada. Llaman a la puerta y se tensa. Seguramente era él, se dice mirando su reloj mientras va hacia la puerta, abriendo con resolución.

   -Andrés… -hace una leve mueca amistosa a modo de saludo. Temió que no asistiera a su llamado.

   -Hola, William. -jadeó el joven, mirándole algo inquieto, con una luz de rebeldía en los ojos. Estaba allí para presentar batalla.

   El joven viste una camiseta azul y un largo bermudas, unos botines rojos con medias de paño blanco, su cabello negro se ve brillante, parado en forma de cepillo gracias a la gelatina. Se ve atractivo y musculoso, era una imagen de la perfecta, insolente y sensual juventud. Bello. Y hostil. Está convencido de que William va a reclamarle su relación con Cheo, quien le contó que el abogado los vio mientras tiraban en la mesa de la cocina de la casa de sus padres, casi una semana antes. Estaba bien, lo encararía; por Cheo, lo haría.

   Pasa a la sala cuando el delgado y alto hombre le invita a entrar, sintiendo que parte de su altanería cede. Le agradaba William, se veía tan lindo y pálido como esa noche en la que él y Eric Roche lo introdujeron, de forma tan experta, rica y lujuriosa en el mundo del sexo entre machos, algo que había deseado durante mucho tiempo sin atreverse a dar el paso. Esa noche los dos abogados lo hicieron jadear, sollozar, palpitar y vivir. En medio de ellos dos, que con sus lenguas, manos y güevos lo frotaron y penetraron, se sintió real. Esa noche lo enloquecieron.

   -¿Te has visto con Cheo últimamente? -le pregunta William. Andrés lo mira altivo otra vez.

   -No. No está conmigo, si eso piensas.

   -¿Qué hay entre ustedes? -lo estudia fijamente, de pie, frente a él. Andrés cruza los brazos.

   -Tampoco sé la respuesta a eso. No sé qué siente él. Yo lo amo. -responde cálido, vehemente. Tonto y pueril, como todos los jóvenes. William siente algo de pena por él, por ese atolondramiento de pasión que el chico confunde con algo real, con amor. Pero él, realmente, lo creía…

   -¿Qué sabes tú del amor a tu edad? No seas tonto. -sonríe. Andrés bota aire.

   -No te burles de mí, William; Cheo te ama a ti. ¿No lo sabes? ¿Crees que es algo tonto también?

   -Son necedades de muchachos. -casi chilla a la defensiva, sintiéndose azorado. Andrés le mira fijamente.

   -No lo entiendes, ni yo puedo explicártelo bien. Es algo que siento, que vive en mí. Pensar en él me hace feliz; y me llena de rabia porque recuerdo que él piensa en ti. Me duele esperarlo, desear verlo y que no esté. Bueno, no puedo explicarme y esto es inútil. Adiós. -saluda alzando una mano que mece de un lado a otro, mirando hacia la puerta, decidido a irse.

   -Espera, quiero intentar algo… -lo frena.

   Cuando Andrés lo mira, a punto de preguntarle de qué habla, William a su lado, moviéndose rápido, le rodea el fornido cuello con sus brazos, atrayéndolo hacia sí. Andrés impactado da un paso. Choca de él y siente como su boca, algo entreabierta, es cubierta por la boca de William. La lengua del hombre entra, experta, dándole lamidas y lengüetazos que excitan y hacen gemir al joven, quien aunque no quiere (siente que traiciona a su amor, Cheo), le rodea fuertemente las caderas, abrazándolo y atrapándole, mientras se dan sendos latazos lamidos, chupados y ruidosos. El muchacho siente como le atrapan la lengua y se la halan y chupan sabroso, sintiéndose aún algo culpable; pero no puede dejar de sentir eso, ni puede evitar como su güevo endurece, frotándose caliente contra el de William.

   El abogado lo besa, encontrándolo estimulante y delicioso. Ni por un instante piensa en Cheo en esos momentos, y la verdad es que William es un carajo algo mayor a los otros, no es un jovencito que se ilusiona con el primer ‘amor’; y él, realmente no amaba a Cheo, o como fuera que llamaran a esa mariconería sentimental de chicos. Más tarde, pasado algunos mese, Cheo lo notaría al fin, y lo entendería, aunque le dolería mucho.

   William besa y bucea en la boca de Andrés, bebiéndose su saliva, que le sabe exquisita. Sus manos bajan raudas y atrevidas hacia esas masas firmes, musculosas y paradas que son las nalgas del joven, sobándolas sobre el bermudas, enterrándole los dedos en la trémula carne de macho que se estremecía todo, jadeando en su boca. La mano del hombre se lateraliza y entra en la raja caliente a pesar de estar sobre la tela, ávida, sabiendo que el otro tenía unas preciosas nalgas, y un culito apretado y delicioso, hambriento y siempre ansioso de más. Esos dedos hundidos sobre el agujero a pesar de la ropa, se agitan, empujando más y más. Andrés lanza un chillido, elevando el rostro hacia atrás, tiempo cuando los labios del hombre caen sobre él, lamiéndole del esternón a la barbilla.

   -Dios, se siente tan bien… -gime Andrés.

   El abogado, sonriendo, lo arroja de culo sobre el sofá, inclinándose sobre él, que lo mira con ojos brillantes y labios rojos y ensalivados. Su boca nuevamente lo atrapa, dándole un jamón ruidoso, de succión, mientras su mano derecha baja acariciándole el recio cuello, luego el musculoso hombro, donde los dedos aprietan la rica carne. Esa mano baja por el poderoso torso, cayendo sobre el pectoral izquierdo, sintiéndolo duro, musculoso, y sus dedos atrapan la erecta tetilla que queda fuera de la camiseta, retorciéndola, apretándola, sobándola entre sus dedos traviesos, logrando que emitas gemidos de excitación, unos que traga con su saliva. Sus güevos están muy erectos, abultando escandalosamente contra sus ropas.

   Enderezándose frente al chico recostado, William monta una rodilla en el mueble y la otra pierna queda extendida, entre las piernas abiertas del mocetón. La mirada ardiente y lujuriosa del atractivo chico queda atrapa en la granítica erección que se dibuja contra la tela del pantalón, llamativa. Sonriendo amistoso, y bello, William le atrapa la nuca atrayéndolo, y mirándolo fijamente. Andrés cede, sus labios cerrados se frotan del güevo cubierto bajo la tela y jadea ahogado, abriéndolos, recorriéndolo a todo lo largo, enmarcándolo con ellos, apretándolo un poco, encontrándolo duro, largo y prometiéndole cositas muy sabrosas y sensuales.

   William sonríe y gime quedamente ante la caricia de esos labios sobre su güevo, ¡como les gustaba a los sensibles toletes de los hombres cositas así! Andrés, mirándolo como apenado por ceder así a sus deseos de mocetón hormonal, le abre el botón del pantalón y baja el cierre, mirando hacia ese triángulo invertido que dejaba ver una prenda azulada. Baja un poco el pantalón y William queda en un chico calzoncillo azul que casi no puede contener su tolete erecto, que lo empuja.

   Gimiendo de expectación, de anticipación, Andrés le baja la parte delantera del calzón y el güevote erecto sale disparado, dándole en la barbilla, haciendo que los dos gruñan. William mira su tolete bambolearse, sintiéndolo como recorrido de corrienticas de emoción. Incapaz de aguantar más, caliente como es, y como debe ser por la edad, una manota de Andrés aferra la base del tronco, del que sobresale una buena parte, rojizo, duro y surcado de venitas. Su lengua lame con avidez esa lisa y brillante punta, el ojete, el rugoso cuello. Son lamidas duras, lengüetazos que hacen chillar bajito a los dos, recorridos como están por las sensaciones. William siente que el tolete se le pone más duro y le palpita como si quisiera correrse ya. La boca de Andrés se seca y luego se llena de saliva, la textura de la punta del tolete sobre su lengua le hace agua la boca y siente el delicioso sabor que de ella mana estimulándosela. El rico gusto de esos líquidos de hombre.

   Esa lengua rojiza recorre el tolete de arriba abajo, lamiéndole la cara posterior, donde la gran vena casi la deforma. Baja agitándola sobre ella y ladeando la cabeza intenta morder el tronco que es grande, y desde allí, bajo el güevo, con las bolas aplastadas contra su mejilla, Andrés lo mira y William le sonríe, acariciándole con afecto la negra y brillante cabellera que se levanta un poco en puntas.

   -Te gusta, ¿verdad? Un hombre, una verga para ti. –le gruñe el abogado.- Está bien. Es tu vida y tienes derecho a vivirla.

   Qué lindo eran los jóvenes, por eso, por jóvenes, indistintamente de sus caras o contexturas, piensa el abogado. Esos rojos labios caen sobre la cabezota, lamiéndola, besándola ruidosamente; y abriéndolos al máximo cubre con ansiedad el glande, chupándolo como un chivito, metiéndosela un poco más y moviéndola de un lado a otro en la mojada boca, como quien chupa mamón, ensalivándose la barbilla.

   Esa lengua, dientes y músculos hacen rugir de placer a William, quien eleva el rostro, luego vuelve a mirar al joven, quien cierra los ojos, de frente a la tranca, tragándosela lentamente, centímetro a centímetro, apretando y mamando cada uno de ellos, atrapándola con su voraz lengua. Esos labios se curvan, se detienen y luego los agita sobre la dura y cilíndrica barra que le deforma la boca e hincha los cachetes. Se miran, y a William verlo así, joven y lindo, con la mitad de su güevo en la boca, le parece una visión maravillosa.

   -Nunca conocí a un chico al que le gustara tanto tener un güevo en la boca como a ti…

   Con locura, Andrés baja más sobre el tolete, sintiendo que se ahoga, que le cuesta respirar, que le desencaja las mandíbulas y que al pegarle de las amígdalas le produce algo de nauseas. Pero lo traga todo, metiéndoselo a profundidad, pegando sus labios del pubis de William, dejándola allí, sobándola, mamándola y apretándola con su garganta ávida que quiere más de esa barra dulce, caliente, que deja correr unas gotas quemantes de algo agrio y dulce. Está mareado, gruñendo ahogado, sintiendo el olor a macho llenar sus fosas nasales y el cosquilleo de los pelos púbicos en su nariz. Se retira, con un jadeo de gusto, dejándola brillante de jugos y saliva, más dura y gruesa, saboreándola con avidez, para volver a tragársela.

   William chilla tendiéndose un poco sobre él, mirándolo tragarse su tranca, mamarla y apretarla, para luego dejarla salir casi toda y volver a comérsela con ahogados glu cuando le bajaba, quemándole, por la garganta, donde la apretaba todavía más, chupándola. Chillando, sintiendo que esa mamada lo mata, la mano de William le soba otra vez la tetilla izquierda que parece más dura, cálida y erecta, pellizcándosela, apretándola, para oírlo jadear más, excitado y estimulado por todos lados. Y Andrés gime.

   La mano de William le soba la tetilla con el pulgar y el índice, atrapándolo entre ellos y frotándolo, para luego sobarle el bíceps derecho, musculoso y duro. Esa mano le soba la panza sobre la camiseta, para bajar y atraparle la silueta erecta del güevote dentro del short, apretándoselo, sintiéndolo durísimo. Los dos se miran y jadean excitados. Mientras Andrés lo becerrea, sintiendo que ese güevo sabía a gloria, la mano del abogado le abre el short y se mete allí. Hurgando, sacándole el trozo de carne dura, blanca y nervuda. Es un bonito güevo joven que atrapa y soba, masturbándolo de arriba abajo.

   -Oh, sí. Mama. Mámalo así. Sé que te encanta mamar güevos. Hummm, sigue, carajito. Cómetelo todo. Cómetelo así…

   Andrés se lo traga todo, pegando la nariz y la mejilla del vientre de William, teniéndolo muy guardado en su ávida boca. Menea la cabeza de un lado a otro, como un cachorrito jugando con una bolsa. Siente como esa barra se calienta más y oye los gemidos de William, gozando eso. Dios, qué rico era llenarse la boca con la masculinidad de un tío y mamar un güevo así, se dice el joven, recordando todo el tiempo que perdió deseando eso pero no atreviéndose a hacerlo. La roja boquita sube, dejándolo libre, brillante de saliva, para tragárselo otra vez. Mostrando esos labios y barbilla mojados de espesos jugos de macho que salen a pesar de lo cerrado a cal y canto que está sobre la tranca. Andrés siente la boca llena de esas babas y su nuez sube y baja con ansiedad, tragándolo todo, con sus mejillas chupadas y la garganta deformada por el tolete que baja.

   El güevo se retira casi todo nuevamente, inmenso, demasiado como para esa boca, pero vuelve a entrar. El chico se aplicaba y era bueno mamando un güevo. O le gustaba mucho y era un mamagüevo natural. William se ve el tolete nervudo e hinchado, con las venas al tope sabiendo que si lo dejaba, el chico le iba a sacar toda la leche para tragársela, y la imagen del guapo chico, con la boca abierta siendo llenada con su esperma, era increíblemente sucio. Andrés siente que la lengua le quema, que su garganta está rota o algo así, pero por nada del mundo quiere sacárselo de la boca mientras lo traga con un ronco jadeo.

   -Que puto eres, Andrés Burgos…

   Mirándolo desde arriba, un musculoso chico recostado, bonito, comiéndose su güevo, con la tranca saliéndole joven y desafiante del short, William le embiste la boca con su tolete, cogiéndolo por allí. Entre sus muslos aún dentro del pantalón, se nota como el güevote va y viene rudamente contra la boquita de Andrés que traga todo lo rápido que puede, siendo cogido por ese macho. William sonríe más, cogiéndole la boca con más rapidez, oyéndolo gemir y cerrar los ojos, viéndose más lindo, para inclinarse sobre él y atraparle la tranca, masturbándolo otra vez mientras lo coge. Sus caderas van y vienen cuando…

   -¡Andrés…! ¡William! -chilla, feamente impresionado, Cheo, desde el marco de la puerta que abre segundos antes, quedándose de piedra al ver a la pareja jadeando sobre el sofá. Se ve atractivo de franela y jeans. Los mira con asombro y con furia.- ¿Qué hacen…? -enfoca a William, acusándolo.- ¿Qué estás haciendo? ¿Es está tu idea de un desquite? -le pregunta a gritos.

   Andrés, con los ojos muy abiertos, recostado en el sofá, con el güevo erecto fuera del bermudas y los labios y la barbilla mojados de saliva, mira avergonzado a su dorado amigo. Cheo les observa resentido, como si hubiera sufrido una doble traición. Y encara a William con dolor y rabia. ¡Así que esa era su venganza! Este, con el güevo bamboleándose entre las piernas, lo mira, sereno. Cheo le mira el tolete, fugazmente, brillante, tieso y bonito, recordando todo el placer que antes le había dado al encularlo con furia.

   -Llegas tarde. -replica simple, William.

   -¿Para qué viera esto me citaste? -pregunta ronco, pensando en lo tonto que fue al no presentirlo, pensando que podía simplemente hablar civilizadamente con él, y regresarle la copia de su llave, explicándole que ni él mismo entendía por qué quería también a Andrés. Porque esa era la vaina, sentía algo por ambos, pero ahora…

   -No seas tonto, Cheo. Esta no es una tonta película juvenil de Disney donde te cito para que veas al traidor de tu novio y lo dejes. Ven… -le aclara, sonriendo ofreciéndose, llamándolo con los dedos.- Vamos, ven. Ven a gozar. Te queremos con nosotros. Andrés y yo estamos aquí para ti. Los dos te queremos junto a nosotros; los dos somos para ti.

   Andrés contiene una sonrisa mirando a William. Cheo se estremece de lujuria, presintiendo algo grande, terrible y maravilloso en lo que William le ofrecía. No creía que se tratara de sólo un rato, de algo pasajero. Era una propuesta para él y para Andrés. Les proponía que terminaran los celos y las disputas, las inseguridades. El término de la infelicidad de todos. Les decía que no habría que decidir, sólo tener sexo rico y caliente…

……

   El terminal aéreo de Maiquetía se encontraba desacostumbradamente solitario. En tiempos normales, sobre todo con la cercanía de las festividades navideñas y de fin de año, eso estaría a reventar de gente, casi todos malhumorados por los problemitas de última hora, aunque fueran para algo tan agradable como viajar y visitar. Siempre alguien olvidaba un boleto, un pasaporte, una cartera con dinero o si había apagado una hornilla, o cerrado el estacionamiento. Pero estos no eran tiempos normales y el terminal mostraba una cara algo vacía. En cierta forma era inquietante para el que llegaba de afuera encontrarlo así. Se sentía que algo muy extraño, y malo, pasaba en ese país detenido. Muchos vuelos habían sido suspendidos por falta de pasajeros, gente que por una causa u otra, esperando algo, algo que no sabían qué era, habían cancelado sus vacaciones.

   Otros vuelos fueron desviados a otros destinos menos problemáticos. Y finalmente muchos sindicatos y agrupaciones de pilotos, ingenieros de vuelo, sobrecargos y afines, se habían pronunciado por el paro general. El país se deslizaba en medio de dos corrientes, en una el país gritaba que se detendría hasta que el Presidente se fuera (ya no querían rectificación, dialogo, un cambio de actitud; no, querían que se fuera), y otro grupo sostenía que el paro era un fracaso, que el país no se había paralizado en nada básico o vital, aunque meses más tarde todos los entes y voceros del régimen, para enmascarar sus nuevos y estruendosos fracasos en lo económico, acusaran a un paro que según ellos, nunca se dio. Hasta para justificarse eran ineptos Aristófanes, María Chepina y J.V. Rojas.

   Con paso lento y cansado, abandonó el área de desembarco, con sus corredores, los agentes de aduana y de bienvenida, con el consabido matraqueo disimulado. Era una lata, pero se pagaba por ello para quitarse a los lambucios de encima y que no hicieran la cosa más engorrosa de lo que era. Nada más pisar el área común del aeropuerto, sintió el sofocante y húmedo calor. Qué extraño, por la época (faltaba poco para el día de Navidad), ya debía estar más fresco, pero no era así. El cambio entre el clima controlado y ése, fue duro. Había charlas variadas, encuentros y despedidas. La gente se veía ilusionada, recibían o despedían a los suyos con una frase que se desliza con frecuencia: “hasta que ésto termine”.

   Sonríe con cierta nostalgia tramposa, algo que nunca creyó que sentiría o extrañaría: viajar por Vianca, la línea bandera de Venezuela, destruida por la corrupción y avidez malsana de grupitos rapiñeros. Era agradable viajar con esa gente, el tiempo realmente pasaba volando. Recuerda una vez que traía unas botellas de vino en una maletica que había olvidado declarar, y uno de los pilotos sencillamente se lo montó al hombro y lo llevó, cordial, amistoso, sonriente y sin mayores compromisos. Había cierta… hermandad cálida y directa que era parecida a ese clima: caluroso y algo sofocante. Como era en el fondo, lejos de la horda salvaje y gritona, el país.

   A pesar de eso, de esa nostalgia que aparta decididamente, odiaba volver al país. Sobre todo de la forma precipitada en que lo hizo. No le quedó más remedio; Norma, la vieja loba, había dicho que la situación era delicada. Y lo era, aunque no por lo que ella imaginaba. Sonríe en forma dura al imaginarse la sorpresa que se llevarían todos con su regreso a Venezuela. Fuera lo que fuera el problema en Caracas, no podía ser tan malo como mal estaba el país. Lo que logró ver desde la ventanilla del avión, de La Guaira, fue deprimente. Miseria, ruinas y destrozos, pero allí, en el avión, oyó que en esa zona desbastada por la naturaleza y el Gobierno, la gente amaba e idolatraba al verdugo que los condenaba a vivir así. Cuanta imbecilidad, medio ríe con sorna; realmente había personas que necesitaban existir de esa manera, arreados como ganado. Como animales. Eso los excitaba, evidentemente.

   Por eso tuvo que irse. Ya no podía seguir viviendo en un país así, con tanta necedad, mediocridad y estupidez. Un país que era regido por el hígado de la gente, donde algo tan serio como elegir un Presidente de la República se hacía con rabia, no pensando en la solución de los problemas, sino en joder a otros. De allí no podía salir nada mejor que esto que ahora llamaban El Proceso. El aire de ruina, de abandono, de desgaste que se notaba en todo, era deprimente. Había hasta un tufo a basura en todas partes.

   Cruza una última puerta y se topa con la mujer, con Norma Cabrera de Roche. Serena. Altiva. Con rostro imperturbable, pero en el fondo cree adivinar una secreta y reprimida felicidad por algo. Seguramente la vieja iba a contarle alguna cosa muy fea. Algo realmente feo, y eso la divertía. Bien, que gozara su momento. No confiaba en esa mujer, pero por ahora le era de utilidad. Todo lo que había pasado en Caracas, lo que pasaba y pasaría, había sido cuidadosamente monitoreando desde Niza. Sabían que algo malo pasaba en cuanto perdieron contacto con Frank. Fue cuando la vieja loba llamó para alertarlos de un serio problema en el que podría verse involucrado el joven abogado. Lógicamente no le creyeron, pero Frank seguía sin llamar. Debían investigar y por eso hizo el horrible viaje desde Europa hasta allí.

   -Me alegro de que estés aquí, por fin. Te ves tan bien… -le sonríe Norma, afable, pero con ojos alertas.

   -¿Realmente? Me parece que salgo de un feo accidente de tránsito. El viaje fue largo. –responde, el leve acento italiano dejándose colar.- ¿Era tan necesario este viaje, Norma?

   -Oh, sí. Ocurren cosas muy serias. No te imaginas, no podrías ni en un millón de años suponer las insensateces que anda cometiendo Franklin… Se enamoró de un jovencito que antes fue su secretario. Y por él, creo que piensa mandarlo todo al infierno. Comenzando por ustedes, los Caracciolo.

CONTINUARÁ … 143

Julio César.

SOBREVIVIENDO A LAS NAVIDADES

diciembre 27, 2014

FELIZ DÍA, PAPÁ

TORTA BORRACHA DE NAVIDAD

   Y no se acaba…

   ¿Por qué será que cada vez que nos sentamos a tomar caña olvidamos lo mal que podemos llegar a sentirnos después? Ya no soy ese jovencito que tomaba los viernes, empataba los sábados y en la madrugada de los domingos partía a la playa a seguir parrandeando. A veces lo extraño. Y todavía queda la llegada del Año Nuevo. Espero que todos la hayan pasado bien, a pesar de todo, entre todas las cosas. Iba a intentar subir algo, pero qué va; por suerte la Warner, ese canal de porquería, va a transmitir un mal maratón con los últimos episodios de la pasada temporada de Supernatural. Chao.

FELIZ AÑO 2015, AMIGOS

Julio Cesar.

EL CALVARIO NAVIDEÑO DE NICOLASITO

diciembre 23, 2014

LA DEFENSORA Y LA TARJETA DE RACIONAMIENTO

SUDAO

   Realmente, ¡qué tipo!

   No hay derecho a tratar a la gente así por más que se lo busque y se lo merezca. Lo que al pobre presidente de Venezuela, Nicolás Maduro (según Tibisay Lucena en sus inauditables elecciones), se le hizo en Cuba no tiene nombre. Va un día sábado a la no recuerdo ni le importa a nadie qué reunión del ALBA, a La Habana, ¡a La Habana!, siendo recibido por Raúl Castro que ese día sonreía como si le diera gusto verlo (y ahí debimos sospechar la horrible traición, ¿quién se alegraría de verle?), y no le dijo ni pio. Iba Nicolás Maduro a celebrar que con el ALBA Venezuela perdió todos sus mercados y capacidad de exportar, siendo usurpados sus mercados por los socios de la región, a quienes también subvencionamos con petróleo barato (y todavía no veo, exactamente, qué celebrábamos los venezolanos en tan raro negocio), saliendo de allí con 67 acuerdos más, donde Cuba nos clavaba otra barandilla por el lomo, ¡y ni una palabra del harto pana Obama!

   Fueron tan crueles que cuentan que en La Habana, una cerveza en una mano, un puro en el otro, con un monitor mostrando la cara de Obama, en video conferencia, viendo lo mismo, ambos se reían a mandíbulas batientes cuando el siguiente lunes, en una caminata-mitin en la avenida Bolívar, Nicolás Maduro se iba en insultos contra el imperio del norte y su gobierno de porquería porque pretendían sancionar, allá, en Norteamérica, a funcionarios venezolanos corruptos implicados en los casos de violación de derechos humanos durante las manifestaciones de Febrero (¿y acaso esos retrasados mentales, dando órdenes por televisión, no imaginaron que eso terminaría tarde o temprano en un tribunal de La Haya?, ¿qué tan idiota pueden ser?, definitivamente el poder corrompe y estupidiza). Bueno, en esa avenida Bolívar, ¡qué no dijo Nicolás Maduro!, que si los gringos eran esto y aquello, que se metieran sus sanciones por donde no les daba el sol, que enrollaran barriles de petróleo en plásticos y los usaran de supositorios (realmente nadie tuvo estómago para calarse el “evento”). Parecía loco. O que el sol le había afectado. Porque eso era lo único que había en esa avenida. Gastaron un realero del erario público los muy corruptos (ahorita se los suman al expediente), contrataron un poco de autobuses para arrear gente y en esa avenida sólo había sol y calor. Más nada.

   Y todo ese tiempo el pana Raúl entendiéndose con el Barack, a quien ya tutea, seguramente ya le dice “oye, mi negro” (imaginen el acento, algo le falla al teclado y no apareció), dejando claros y sin vista a los necios que se quedaron en los sesenta como víctimas de un mal viaje ácido. ¿Costaba mucho contarle algo antes de que hiciera tanto el ridículo? ¿No merecía la “izquierda venezolana” (y me río mientras pienso en esa cueva de bandidos y charlatanes) un poco más de consideraciones? ¿Ni siquiera a Raúl Castro se lo pareció así? Triste, muy triste. Por suerte, Raúl hablara con Barack para que no sancione las leyes esas contra los violadores de derechos humanos en Venezuela… ¿qué? ¿Qué ya las sancionó y Raúl como muerto? ¿Qué no dijo ni hizo nada? Habrá que recurrir a la única medida posible, echarse árnica.

TIO TIGRE CON SU TIRRIA, JORGITO Y LA GUARIMBA

Julio César.

NOTA: Mañana, como mujer maltratada, vejada, humillada y golpeada por el marido, el régimen dirá que Raúl no es malo. Que él los quiere… a su manera.

NOTA 2: Con lo raro que está el asunto, a lo mejor los invitan a celebrar una fiesta navideña en La Habana y de amigo secreto les toca el senador Marco Rubio.

AUXILIANDO

diciembre 23, 2014

ESTRATEGIA

TATUADO Y SEXY

   -Mierda, los tatuajes son nuevos y me arden, ¿no quieres aliviármelos con la lengua? Y tengo más, ven a ver…

OJALÁ

Julio César.

COMO QUIEN DICE, LO MÁS MEJOR

diciembre 23, 2014

JAKE, ¿DE VUELTA AL RUEDO?

UN HOMNBRE CON LA CARA LLENA DE LECHE

   Hay quienes no ingieran nada más.

   Todo hombre que se ha atrevido lo ha verificado, que no hay nada más excitante, rico, sucio y caliente que atrapar a un tío mirándote el güevo mientras meas en un baño público, enrojeciendo y disimulando este cuando nota que lo pillaste. ¿No eriza la piel cuando te vuelves, mostrándosela y preguntándole si le gusta? Enrojece más, intenta escapar, pero cortándole el paso, preguntándole si se va sin darle una chupadita, sabes que le tienes si boquea, perplejo, atrapado entre la calentura y el peligro de verse sorprendido mamando un güevo en un baño. Es cuando se debe cortar por lo sano, por él y especialmente por ti. Silenciándole cualquier escusas, evasiva o intento de mostrar ofensa con un “cierra la boca, mamagüevo, y ponte a hacerlo”, empujándole hacia abajo. Casi siempre caen, porque quieren chuparla. Ven un güevo que les gusta, o les gustan todos, y desean comérselo hasta los pelos, y más si una mano recia los urge a asumirlo. Se entregan a mamar como chivitos hambrientos diciéndose que no es su culpa, que los obligan.

   ¿Puede haber un cuadro mejor que verles de rodillas, ojos muy abiertos, mirándote indefensos y excitados, con las bocas deformada con tu verga, que va y viene, brillante de saliva entre sus labios que la abrazan, sus mejillas que la halan, sus gargantas que la chupan? Parece casi imposible, verles las bocas llenas de güevo, con tu güevo, es bueno, pero no más que gruñir, estremecerte, rugirle “tomate cada gota, puta”, y llenarles las lenguas con tu semen caliente, espeso y abundante, que llena con su olor el sanitario, y verlos degustar, gemir un poco, todo emocionados devorándolo, tal vez una gota escapando por una comisura, una que al final también atrapará con sus lenguas golosas.

   Si, verles chupar tu verga era bueno, correrse una y otra vez sobre sus lenguas y verles tragar, también, así como sacarla y bañarles un poco las caras con tu esperma. Tu semen cubriendo un rostro masculino, chorreando, quemándole, era igualmente bueno, casi tanto como esto cuando al terminar le gruñes:

   -Ahhhh, qué buena chupada, compadre. Límpiate, que la comadre va a preguntarse qué tanto hacemos en el cuarto de aseo. –oh, sí, eso, tu pana, tu mejor amigo, con tu leche en su cara es todavía mejor.

SENSACIONES

Julio César.

CUBA, ¿NORTEAMERICA HILANDO FINO?

diciembre 19, 2014

SIMON DIAZ… CABALLO VIEJO

OBAMA CASTRO

   Bien, no sería la primera vez.

   Por inconsecuentes y superficiales, estoy por perder totalmente la confianza en los políticos, analistas y periodistas venezolanos, y en buena parte del exterior también. Nunca parecen saber qué está pasando. La noticia de que Cuba y Estados Unidos abren las puertas a un entendimiento pareció sorprender a todos… Aunque, y como ya lo he señalado, Rafael Poleo, periodista venezolano, lleva más de un año anunciándolo, que el régimen vetusto ya no puede más y que los salitrosos jerarcas requieren asegurar vejeces seguras (no terminar en una celda por crímenes contra los derechos humanos como le pasó a Pinochet, aunque fuera por poco tiempo), y disfrutar de sus cuantiosas fortunas amasadas a la sombra del sufrimiento del pueblo cubano. Hace más de un año que Poleo lo dijo, y ahora sale el propio Raúl Castro hablando de conversaciones que llevan dieciocho meses manteniéndose entre el régimen comunista y “Occidente”, con la mediación del Vaticano (aunque ahora lo reducen al Papa Francisco, quien su gran mérito tiene, todo hay que decirlo). ¿De verdad fue tan sorpresivo?

ORIANA FALLACI

   Imagino que como ocurre aquí, en España, Italia (ah, Oriana Fallaci, las cosas que dirías hoy en día), Francia, Ecuador, Argentina o Bolivia hay un sujeto, alguna señora, que mirando por encima del conjunto, de las apariencias, de lo que quiere o no que ocurre, les advierte sobre el futuro. Tal vez sea como aquí, donde al señor Poleo sólo le siguen quienes leen sus publicaciones, sin ser mencionado por otros medios celosos de sus análisis. ¿Alguien alertó hace casi dos años que los cubanos intentaban un acercamiento con el Vaticano para que estos les ayudaran a desmontar el régimen y hoy todos aparecen sorprendidos? Pierde uno la fe en esta prensa y opinadores. Por cierto, que fueron las publicaciones del señor Poleo, en el año 2007, quienes sostuvieron que la ruina venezolana, el colapso económico, ocurriría para el 2015… ¿y todavía no se reúne una chusma ignorante (intelectuales de izquierda que aseguraban que eso no pasaría jamás y ahora no encuentran a quien culpar de sus necedades), teas en manos, para llevarle a la hoguera por brujo?

MARCO RUBIO

   Barack Obama en un acto valiente, pero detestable (posiblemente otro clavo en el ataúd demócrata para la próxima contienda electoral), tiende una hoja de ruta para la apertura de relaciones del continente con la isla caribeña, y Raúl Castro se apresura a aceptarla si viene de buena fe, llegando al colmo del descaro de sostener que todos deberán aprender a tolerarse y convivir (en Cuba, castristas y anticastristas, cuando aquí le ordenaron a Hugo Rafael Chávez Frías que sembrara el odio y la separación entre venezolanos). Aunque un anuncio sensacionalista, esperado por millones a quienes jamás les importó el sufrimiento de los cubanos bajo el brutal régimen (querían ver en el dictador a un viejito bueno), la verdad es que a estas horas aún no se ha resuelto nada. Lamentablemente para algunos, la norteamericana es una sociedad democrática donde el Presidente no puede hacer con el país lo que le salga del forro del paltó (cosa que muchos no entienden), y el Congreso controla y regula, a veces vetándole, como ya le sale al paso el senador Marco Rubio, por La Florida. Pero, a decir verdad, no deberían hacerlo en este caso, por mucho que me cueste decirlo. Es una medida que me desagrada pero es necesaria para Estados Unidos (el capital), para Cuba (mitigar tanto sufrimiento) e igualmente para una pequeña nación insensata como la mía, entregada por una casta apátrida, controlada y sometida desde La Habana (que dejen de ordenar represión, encarcelamientos y torturas).

rafael-poleo

   Que se diga que las conversaciones llevan dieciocho meses desarrollándose, le da la razón a Rafael Poleo cuando sostenía que Cuba, exhausta de una vida parasitaria, viendo agonizar al último huésped (el gobierno chavo-madurista), sabe que no puede esperar por milagros económicos. Saben que ya no damos para más. Nos han vivido, nos usaron de la manera más atroz, se nos jineteó y buena parte de nuestros recursos se fueron en los albañales de la decrepita “revolución”, que ya está vieja, que sospecha de los jóvenes uniformados que se levantan y les miran fijamente, preguntándose qué harán con una Cuba que decae, con gente hambrienta, arruinada, donde ni la prostitución de menores a manos del turismo europeo puede sostenerles si cae el régimen en Caracas; así que temiendo un estallido interno buscan oxígeno (no bolsas de comida, no becas, sino inversiones de cosas que produzcan empleos, ganancias, consumo y deseos por más), pero especialmente la garantía de que no serán perseguidos por sus crímenes y robos, que se les dejará en paz, terminar sus años de vida mudando a Cuba lo que traerán disfrazado de inversiones externas.

NICOLAS MADURO Y TIBISAY LUCENA

   Es curioso que las conversaciones entre el régimen y el mundo capitalista se iniciaran con la llegada de Nicolás Maduro al poder, aquí en Caracas; tal vez sabiendo por viejos que si el sujeto ganó únicamente porque la señora Tibisay Lucena le contó los votos e impidió auditorias, no se sostendría en el tiempo. Se nota que son sagaces, porque fuera de la pérdida de legitimidad en ese entonces, no se imaginaba que caeríamos en esta pavorosa crisis económica por el robo sistemático de doce años de las reservas monetarias (no queríamos creer en las Profecías de Poleo). Son hábiles esos viejos, ya sabían, cuando Nicolás Maduro era proclamado en medio de la sospecha de fraude, que todo había acabado.

BENEDICTO XVI Y RAUL CASTRO

   La prensa habla de la participación del Papa Francisco en todo esto, pero la verdad es que la cosa viene de más atrás, de cuando el Papa Benedicto XVI fue a La Habana, llamado por el clero cubano a solicitud de los Castro para iniciar un lobby que permitiera la claudicación del régimen no frente a los norteamericanos sino a los europeos; eso consta en la prensa de esos días (EL NUEVO PAÍS y la revista ZETA). Por la necesidad de sustento que calme a los hambrientos en la isla, y la seguridad de que no serán perseguidos, los Castro y el vetusto régimen de viejos homicidas debieron tragar duro cuando en Europa se les exigió el fin de la represión, el respeto a los derechos humanos y que se comenzaran a dejar en libertad a los presos políticos. Con esas palabras se los dijeron, comprobándose que mientras los jóvenes franceses y españoles creían pendejadas sobre el viejito bueno al que persiguen por revolucionario, sus gobiernos sí saben de la calaña de los indiciados.

GARCIA MARGALLO

   Todo iba más o menos bien hasta que un agregado diplomático español, el señor García Margallo se reunió con la juventud comunista para hablarles de la apertura a la democracia en la España post Franco, lo que molestó a los viejos carcamales, congelándose las conversaciones. Todavía había un margen de maniobra, se decían; aunque arruinado, el pozo petrolero en la colonia venezolana algo producía. Margen que termina cuando cae en crisis un eterno aliado, Rusia, Venezuela se queda sin dinero hasta para dar propinas en un estacionamiento, Irán tiene que aceptar un control sobre su programa nuclear y la misma China se ve atada de manos por el momento, todo por un único fenómeno socioeconómico: la brutal caída de los precios petroleros. Es en este momento cuando Estados Unidos, o mejor dicho, Barack Obama, hace su jugada…

   No se puede negar que los odiosos primos del Norte saben lo que hacen, aunque noruegos, árabes y otros dentro de la OPEP supieron ver el juego, algo tarde, y se prepararon para dar la batalla. Que Rusia tuviera pretensiones hegemónicas sobre Europa del Este, queriendo “cogerse para sí” a Ucrania, casi que amenazando con un guerra, queda ahora tan fuera de lugar como las pretensiones iraníes de un poderoso programa nuclear en la zona y las balandronas en Venezuela. Todo queda en nada cuando los precios del petrolero se desploman y con ello se acaba el mundo para los necios. Rusia, Irán y Venezuela no utilizaban ese recurso natural como un producto para obtener ganancias, asegurar y mejorar las condiciones de vida en sus territorios, brindando beneficios a todos; no, eran armas políticas sobre las cuales desearon montar un expansionismo ruso, una supremacía iraní y un gran frente comunista sudamericano con Chávez a la cabeza (así se lo hizo creer Fidel Castro en su eterna maldad para extraviarle más de lo que ya estaba cuando comenzó). Cuando dejaron de contar con ese dinero se vieron reducidos a sus verdaderas dimensiones, regímenes de opereta, ligeramente ridículos en sus pretensiones y llevando a sus naciones al desastre, muchos de ellos llenos de “disidentes y políticos presos que carecen de derechos”. Lo de China es más puntual, caídos los precios, con la sombra de la recesión sobre la economía global (deben estar halándose los pelos ante lo adeudado por Venezuela; que Cuba nos negocie debe tenerles nervioso), su mercado se detiene, y el tamaño del coloso lo hace algo terrible en una posible debacle.

   Ese mundo de precios altos, donde orates amenazaban a todos con el Apocalipsis, fue enfrentado hace años por una silente política norteamericana de copar mercados internos con sus propias reservas y abrir nuevas fuentes de suministro. Los precios estaban tan altos que sacar petróleo en las tundras de Alaska se hizo rentable. Todos a producir, sumándose las variantes energéticas. Así caen los precios, así termina la borrachera de los orates. Fue lo que la OPEP supo ver, igual que Noruega; que en lugar de reducir la producción para “encarecer los precios”, había que coparlo con sus productos para hacer inviables las nuevas fuentes y alternativas, asegurando el mercado como proveedores seguros. Claro, Venezuela no podía aceptarlo (ni supieron ver qué pasaba, muchos menos entender a los socios en la OPEP, hace tiempo que ya no piensan, sólo rumian). Es en medio de este pavoroso panorama para la pequeña nación venezolana, que Cuba se ve alcanzada por lo feo de la crisis total. Después de desairar a los europeos, creyendo poder aguantar un poco más con lo esquilmado a Venezuela, con los dientes que mostraba Rusia o el peligro que siempre representaba para Occidente un Irán nuclear, se vieron con los culos al aire. Porque si en Venezuela se está pasando hambre, ¿qué quedaría para Cuba?

   Es cuando Estados Unidos les ofrece la hoja de ruta, un “hey, you”, qué cosa tan bad, ven, vamos a recomenzar, abajo el bloqueo, que toda América comercie con ustedes… eso sí, habrá que hablar de los derechos humanos, la libertad de los presos políticos, la reunificación de las dos Cuba (es curioso como la Guerra Fría dividió en dos a tantas naciones) y más tarde hablaremos de democracia. Y a Raúl Castro, siempre que se haga con respeto, le pareció very good. ¿Por qué hace esto Estados Unidos en estos momentos? Porque Cuba es terriblemente vulnerable, por la buena propaganda contra el bloqueo malo y que todos quieren su fin, y porque hay que darle un acabose a esa zona de conflicto (el cual será otro fracaso norteamericano de la Guerra Fría, como lo fue Corea y Vietnam, pero sin los muertos en combate). Y, díganme, ¿pensaron que lo hacía únicamente por esas razones? Qué ingenuidad. Estados Unidos es un país capitalista, ahora que las cosas están frías entre Cuba y Europa, ve su oportunidad de ocupar los mejores lugares en el reparto en la isla; quién sabe qué no les han ofrecido ya (incluida PDVSA aunque no queda allá). Así son los negocios, digo, la gran política. La “derrota” norteamericana abrirá frentes en esas playas antillanas; el “éxito” cubano casi hace morir de un infarto a Raúl Castro, quien no se podía creer tanta buena leche.

   Con esto termina, en lo que América se refiere, la Guerra Fría. Por estos lados las modas siempre llegan tarde, comenzando por el comunismo. Cuando ya Rumania, Polonia y Checoslovaquia sufrían lo indecible bajo el régimen totalitarista, aquí se veía como la romántica y justa batalla del obrero contra el patrón (también yo lo creí así, cuando tenía dieciséis años y no sabía de los gulag); que nos engañáramos niños y jóvenes se entiende, que lo creyeran o fingiera creerlo gente vieja, aún hoy, no tiene excusa. Pensaba agregar algo más al respecto, sobre el cómo la gente olvida (Cuba no sale de la OEA por maniobras norteamericanas), y el cómo a Nicolás Maduro y a su régimen de vende patria se les usó horriblemente desde La Habana, de la manera más humillante e injusta, desechándoseles luego como condones usados (palabras de Hugo Rafael Chávez Frías para referirse a la gente que usaba y luego sacrificaba, siguiendo la tesis cubana, que venía de Alemania del Este, aprendida en la ex Unión Soviética), pero esto me quedó muy largo. Sin embargo no voy a olvidarlo, es interesante porque demuestra como si no se aprende de los errores, si no que quiere ver lo que ya sucedió, los horrores se repiten una y otra y otra y otra vez.

   Por ahora, en Cuba sus habitantes deben sentirse extraños, confundidos, temerosos de abrigar muchas ilusiones, deseando soñar con libertad. Una que les costará mucho todavía. Pero sea lo que llegue, será mejor que lo que ahora tienen. Y la Cuba en el exilio tendrá que ir acostumbrándose. Al pueblo antillano no se le está vendiendo ahora, se le traicionó y se le abandonó a su suerte hace más de sesenta años, con silencios cómplices, con “realidades” creadas en reportes, con gente repitiendo tonterías, cuando a nadie, desde Alaska a la Patagonia, les importó lo que el brutal tirano les hacía para sostenerse en el poder. Para ellos llegará una transición no sé si al estilo español, pero ojalá; y que no sea a la rusa, donde los antiguos carceleros y torturadores amasaron fortuna y ahora gobiernan en peligrosas mafias, siendo Putin el peor de todos.

AL ESPIRITU DEL 23 DE ENERO

Julio César.

SANTA MAÑOSO

diciembre 18, 2014

UN CHICO DESOBEDIENTE MERECE NALGADAS

SANTA CACHONDO

   Reía porque en cuanto les tenía con los pantalones bajos, tomaba su obsequio.

DULCE PUPILO

Julio César.

¿Y MIS TARJETAS NAVIDEÑAS?

diciembre 18, 2014

LA VIDA, EL ORIGEN DE LAS ESPECIES, CIENCIA Y RELIGION…

   Tiempo para pensar en los demás.

EL NACIMIENTO DE JESUS

   Siempre he visto en programas como Los Simpson, por decir lo menos, que la gente envía tarjetas por las fiestas, siendo una de las más importantes las navideñas. La idea en sí es hermosa; fuera del fin de año y los regalos que alegran la vida de todo el mundo, la fecha tiene un significado más profundo, algo que llena o ilusiona con ocupar cierto vacío espiritual. Vacio que existe, si la ciencia, la historia y la vida misma que desarrollamos cada día pudieran darle sentido al todo, no sería la familia humana una tan infeliz y sufrida, generalmente a manos de ella misma. Así, la idea de sentarse pensando en alguien especial, a quien se aprecia, y resumir en unas pocas líneas todo lo que significa para ti, lo que le deseas de corazón, suena bonito. Aunque también hay quienes lo hacen por obligación, porque en esta vida todo es así, incluso tenemos que fingir civilidad a veces. No suelo yo escribir tarjetas de esas. Tampoco escribía cartas, ¿las recuerdan?, ¿esas que entregaba el Correo? Sufro de aquello que decía un vago en una novela, dolor de nalgas cuando me siento para esas cosas. Por eso es que no recibo ninguna.

   La verdad es que las únicas tarjetas que me llegan son porque vienen con un obsequio, lo que parecería mejor, pero, repito, la idea de alguien sentado, sonrisa en labios al pensar en uno, plasmando en sílabas lo que les inspiramos, suena grato. Claro, si no envío tarjetas no puedo esperar recibirlas. Es una ley de la vida (si no se visita a nadie, ¿quién te visitará?). Por ello me sorprendió saber de tantos conocidos que lo hacen, comenzando por mis hermanos Miguel, Melisa y Leyda, o gente querida como Fátima, Alicia y Mario (tenía que ser), quienes se toman su tiempo para recordar amistades… pero no estoy en sus listas. Aparentemente si uno no escribe es porque no le importa, y como a cada rato nos vemos, no es necesario cumplir conmigo. Y hay gente que no siente esos llamados sentimentales, tengo una amiga recientemente casada, que pidió sus regalos en efectivo y cuando abría los sobres tomaba el dinero y dejaba lo demás, llegando a regañar al marido porque este se tomaba su tiempo leyendo las tarjetas, ¿no es horrible? Me hizo gracia, recordé parte del video Lady Marmalade; abre el sobre, ve la tarjeta que comienza con un “ahora que comienzas una nueva etapa de tu vida…”, y la arroja a un lado quedándose con el efectivo. Sonó gracioso, aunque le aconsejé no repetirlo en voz alta.

TARJETA DE NAVIDAD PERSONALIZADA

   Pero debe ser extraño, de una manera linda, abrir el buzón de correo en la entrada del edificio, donde por lo general sólo hay propagandas o basura, y recoger varios sobres con hermosas tarjetas deseándote todo lo mejor del mundo, dándote a saber que esa gente, tu gente, en sus vidas ocupadas se tomaron un segundo para pensar en ti y expresar sus buenos deseos por escrito (seguramente la idea viene de alguna creencia pagana para conjurar se cumplan los buenos deseos). Incluso hay quienes se toman el trabajo de elaborar imágenes y recados. Las personalizadas son complicadas; niños, imágenes de la familia alrededor del arbolito o el nacimiento quedan bien, pero hay que cuidar detalles como iluminación y armonía. Aunque, me parece, deben ser como más valiosas.

VAYA TARJETA

   Hay otras que no deberían intentarse, porque o son grotescas o preocupantes. Aún una donde la idea sea ambigua entre el mal gusto o la originalidad (el ex presidente español Aznar, en una tina con su familia, vaya que ha dado de qué hablar), a veces levantan ronchas. No lo sé, creo que si una imagen es sugerente, y que efectivamente puede resultárselo así a un grupo de íntimos o a la pareja, no debería exponerse. Por uno mismo, para no quedar mal.

   La idea resulta atractiva, ¿verdad? Sentarse tomándose un vaso grande de ponche crema, y lapicero en manos hacer una lista de la gente a la que se quiere, familia, amigos y conocidos, recordando a cada nombre un momento grato, idear tres o cuatro mensajes que expresen lo que se piensa de todos ellos, llenar una bonita tarjeta y enviarla. Hace sonreír pensar lo que dirán al recibirla: “Oh, Dios, Julio me envió una tarjeta, ¡debe haber comenzado el Apocalipsis!”; ó “qué raro, a lo mejor necesita un riñón”. ¿Cómo hacerlo?, si fuera a enviar tarjetas, al escribir pensaría en cada una de esas personas y el cómo me sentí cuando los conocí y entendí que había algo que encajaba, los buenos tiempos vividos, deseándoles que obtengan y reciban todo aquello que quiero para mí y para mis padres, hermanos, sobrinos y amigos. Lo mejor.

   ¿Envían tarjetas?

VIVIR EL CARNAVAL

Julio César.

REGALOS NAVIDEÑOS

diciembre 18, 2014

DEMANDANTES

SEXY MAN

   -¿Qué le dejaste un sobre a mi esposa para el aguinaldo navideño aunque nunca recogen la basura? Pasa, tengo algo que creo te gustará más…

CHICOS ATADOS Y CONTROLADOS

   -Entre, compadre, le tengo sus regalitos en el cuarto para que haga lo que dé la gana con ellos. Son mal portados en la zona y nadie los extrañará.

ENTRENADOR HOT

   -Okay, entrenador, voy por las galletas y usted pone la leche caliente.

PROBANDO

   -Eso es, bastardo; bastante que has esperado, pero si lo desenvuelve saborearás al fin lo que tanto quieres.

ERECTO EN TANGA

   -Jefe, usted me tocó como amigo secreto y aquí le tengo su obsequio…

FLOJERA DE ESCRIBIR

Julio César.

LUCHAS INTERNAS… 141

diciembre 16, 2014

LUCHAS INTERNAS                         … 140

   Saludos, amigos. Con esta entrada termina el largo episodio octavo, en la próxima comienza el noveno, que es el último. Ya era hora, ¿verdad? Me ha llevado tiempo subirlo; irónicamente lo escribí en tres meses, y eso porque me faltaba tiempo pendiente de las noticias como estaba ese final del 2002 e inicio del 2003 (¿creerán que había olvidado que mencioné al Sindicato del Crimen?). Curiosamente los dos primeros capítulos fueron cortos, luego la cosa se salió de control. Tal vez eso explique en parte por qué no encontré quién se interesara en publicar la “novela”, por lo extensa y por lo curiosamente largo de las escenas picantes. Pero llegamos a la última parte, una donde Franklin Caracciolo paga todas las que ha hecho, entre otras cosas. Como habrán notado, o tal vez no por lo sutil que soy, todo episodio comienza con una larga escena sexual. La que viene no será la excepción, aunque no estoy muy seguro de qué opinarán de la misma, fue todo un reto. Ya nos leemos.

SEXY MAN

   Aún quedan salvajes aventuras de luchas y pasiones.

……

   Muchas personas viven sus vidas, desde que nacen hasta que mueren, jurando que se mueven por libre albedrío. No había creencia más extendidas, y más falsa, que esa en muchas ocasiones. Y no sólo era en aquellos que repetían lo que otros decían, aún las razones que esgrimían para creer algo, como si fuera un argumento que se les ocurrió y que salió de sus cabezas. El mundo era así desde que se enfrió, como podía testificar el ya casi legendario, por su longevidad, Rafael Calderón, el dos veces presidente de Venezuela, y de quien decían, se preparaba para la tercera. En los jóvenes la cosa era siempre tierna. Y patética. Cada nueva generación juraba que ella era la real y que debían enfrentar al mundo y cambiarlo, cuando eran ellos los que eran amoldados, controlados y convertidos en fichas de un juego más grande. Los viejos errores, los sonados fracasos jamás se superaban porque cada nueva camada ignoraba eso, u oían de ello pero no querían creerlo, y era lanzados por otros a cometer los mismo errores, pero haciéndoles creer que eran novedosos y que ellos sí alcanzarían las metas.

   Era casi gracioso ver a tantos jóvenes vistiendo como estrellas de rock, tatuándose cada centímetro de piel, perforándose con aros e incluso creyendo que servían al Diablo por rebeldía, buscando sus caminos, cuando todo eso no eran más que modas inventadas y patentadas por la gente que les vendían desde las Biblias Negras a los piercing. El Mercado era así, y así se movía el mundo.

   En todas partes era igual. Gente como Ricardo Gotta, Aníbal López y Norma Cabrera de Roche vivían pendientes únicamente de cómo manipular la vida de otros para conseguir ventajas y ganancias; y sin embargo no podían imaginar que tal vez sus acciones estaban siendo dirigidas o cambiadas por otros, por agentes externos, que los movían sutilmente los hilos para variar sus logros. Mientras La Torre, y Venezuela misma, se debatía en sus luchas internas, había gente conspirando contra otros en silencio, solapadamente, no buscando la verdad o la luz, como cuando Samuel Mattos intentó utilizar la carta de renuncia, no para exponerla a la luz pública y salir del cobarde aquel, sino para forzar alianzas, desdeñando a millones y millones que habrían bailado de felicidad en las calles al salir de la pesadilla.

   Variados grupos, aún no presentes, miraban todo eso y pensaban que ya era hora de actuar. Uno de esos grupos venía contra Frank Caracciolo y Nicolás Medina; otros, que sabían lo peligroso que llegaría a ser Frank en un futuro, también pensaban utilizar al joven. Y lo harían, unos y otros, sin escrúpulos, sin penas, sin dolor. Eran seres implacables. Unos atacarían pronto, y ya venían desde Europa. Otros esperarían a que las cosas maduraran más, como era el caso del Sindicato del Crimen, el cual no había hecho acto de presencia aún. Y sin embargo ya algunas personas cercanas al drama de La Torre habían tenido contacto con el peligroso y secreto grupo.

   Fue uno de ellos, atendido por Hernán y Raúl, los socios de Jorge Ávalos en el taller, quien les indicó cómo hacer para asegurase, de una manera placentera y sabrosa, la lealtad de algunos clientes: culeando con ellos. Obviamente no funcionaría con todos, y muchos sufrirían después un horrible ratón moral, sintiendo que habían hecho algo muy malo, desapareciendo del taller; pero los mecánicos eran jóvenes, ardientes, de güevos largos y estaban dispuestos siempre al sexo; cuando a la mayoría se les pasara el arrepentimiento, volverían por más atenciones. Cuando dejaran de sentirse mal y culpables, irían por aún más. De cierta forma eso les había dado resultado a los chicos, quienes no veían en todo eso nada sucio o problemático, como si fuera prostitución. Era algo delicado, pero no malo, como se aceptaba la falta de moral, tan propia de estas latitudes.

   Hacía poco el taller había tenido como cliente a un carajo joven y bajito, vestido de traje y corbata, que un día fue a que le revisaran el motor y terminó visitándolos a mediodía, cuando el taller debía estar cerrado. Cuando el joven llegó, con el corazón palpitándole, no podía engañarse en lo tocante a esa cita, esos carajos le habían dado a entender que les gustaba y querían hacerle cosas con sus bocas y güevos, y aunque él jamás había intentado algo así, lo excitaron, lo llenaron de curiosidad y de cierta… angustia. Tuvo que ir y no pasó mucho tiempo antes de que el más flaco, el tal Raúl, en botas, totalmente desnudo, y él, con zapatos y corbata, desnudo también, estuvieran de rodillas en el sucio piso, mientras el Hernán, desnudo y con botines marrones, sentado en un mueble viejo, tipo trono, los tuviera atrapados por las nucas, cada uno de ellos con la cabeza ladeada y las bocas abiertas, rodeándole el titánico tolete al hombre que subía y bajaba sus caderas, meciendo su tranca grande, nervuda, monstruosamente dura y caliente entre sus labios, que subían y bajaban ansiosas y golosas contra la barra.

   El tipo les gruñía que sí, que mamaran su gran güevo, que les iba a dar gusto a los dos por esos culos, y atrapándoles con más fuerzas las nucas los obligo a acercar sus bocas y a darse un beso lengüeteado, mordelón, salivoso y desesperado, que al joven hizo gemir desde lo más hondo, totalmente excitado y dominado por una lujuria terrible y nueva.

   Llevado por su pasión, pensando en la rica suerte de tener a esos dos bellos chicos culoncitos que debían estar apretaditos, deseándolo, queriendo sexo, Hernán los monto en cuatro patas sobre el capote de un Ford viejo, pero bien cuidado, cuyo dueño ignoraba la sesión de sexo salvaje, duro, rudo y rico que tendría lugar sobre él. Cada uno de los chicos jadeaba, extrañamente excitado, mirándose entre ellos, con el de la corbata algo cortado, pero ya incapaz de ponerle freno a nada de todo eso, cuando gritó sorprendido; Hernán tras él, le agarró las nalgas con sus manos, abriéndoselas y metiendo su lengua caliente y babosa allí, lamiéndole lenta y firmemente la raja, como si fuera un raro y esquisto caramelo. Esa lengua babosa y ardiente le enloquecía…

   Lo lamió, lo besó y le chupó el culito, mientras le pellizcaba con una mano la nalga, y con la otra sobaba la raja de Raúl que chillaba, rendido ante él. El joven miró como Hernán pasaba a comerse el culito de su colega, dejando el suyo solitario y triste, cimbrándose el otro en el capote y gruñendo, meciendo su culo de adelante atrás. Se veía que lo goza mucho, que estaba tan caliente, que loco de pasión, el joven ejecutivo no pudo controlarse y se tendió hacia él, atrapándole la boca con la suya y besándolo, metiéndole la lengua, encontrándola cálida y babosa, besándolo como nunca antes hubiera imaginado besar a otro carajo.

   La boca de Hernán se perdió entre las nalgas abiertas de Raúl, encontrando la raja saladita y dulce al mismo tiempo, mientras su lengua lo lamía lentamente de abajo arriba por toda ella. Tensando la lengua y enrollándola un poco comenzó a golpear con su punta sobre el orificio, buscando de abrirla, metiéndole la lengua dentro del culo. Raúl chilló, sudando, afianzando sus manos sobre el capote, sintiéndose temblar todo. Y mientras hacía eso con su boca, la mano derecha del gorilón no se apartaba de la nalga izquierda del cliente, cuyo dedo índice frota con avaricia el pequeño capullo del culo cerradito y brillante de saliva, pero que ya titilaba.

   Teniéndolos allí, aún agitándose de adelante atrás, abiertos los dos, Hernán tomó una bombita de aceite de esas de manivela y metió el pico en el culo titilante del ejecutivo, disparando una poca de aceite que lo hizo gemir al sentir eso tan frío. Y mientras repetía la operación en el culo del camarada, una mano de Hernán le sobaba el culo al otro, untándolo de aceite, lubricándolo para lo que venía. Hernán, con el güevo tieso como un arpón ballenero, se lo cubrió con un condón que mojó abundantemente de ese aceite y subió al capote también, semiagachándose tras el joven ejecutivo, quien lo miraba asustado.

   -Es muy grande…

   -Y todo para ti. ¿No lo quieres? ¿No te arde de ganas al pensar que esta mole de carne dura y palpitante quiere y puede llenar tus entrañas, latiendo allí y haciéndote gemir? ¿No quieres eso, aquí y ahora?

   Temblando, aquel hombre joven asiente. El otro sonríe complacido, sabiendo que esa sería la respuesta. Cubre su tolete con aquel condón, no por protección para el tipo, sino porque jamás metería su güevo desnudo en otro agujero si después pensaba penetrar a su adorado Raúl. Aunque jamás lo expresaría de esa manera en voz alta. Fue enterrándolo lentamente en el culito prieto, cerrado y virgen del tipo, que estaba bien caliente, pero a quien eso lastimaba. A su lado Raúl lo sobaba, le susurraba relájate y lo lamía en la cara y el hombro, y le mordía la espalda. El tolete largo y grueso entró todo, creciendo más en el ardiente canal anal, palpitando y enloqueciendo al chico que jadeaba con la cara arrugada, sintiendo a ese tipo aplastado contra sus nalgas, con ese tizón caliente y duro en sus entrañas. Era algo tan nuevo y tan delicioso que perdió toda noción de sí mismo.

   El joven ejecutivo nunca sabría decir qué le pasó, pero su culo iba y venía entusiasta, enculándose de la dura barra, queriéndola adentro, la quería sentir palpitando en su interior, frotándolo, cogiéndolo, sintiendo como eso despertaba sensaciones que no conocía le sorprendieron y le encantaron; y como su próstata era sobada, frotada, manejada, llenándolo de ricas oleadas de excitación sexual, no podía contenerse. Sus nalgas blancas y lampiñas, musculosas y redondas iban y venían sobre la pelvis del otro, metiéndose el cilíndrico y enorme tolete en el agujerito que iba abriéndose, aceptándolo, atrapándole y chupándole el güevo. Hernán gritaba, atrapándole las caderas, cabalgándolo, embistiéndolo con sus caderas, cogiéndolo a fondo y bien. Raúl miraba al chico, sonriéndole, mórbido, besándolo lengüeteado en la boca, y el otro, perdido en su lujuria, respondiéndole.

   Rato después, el ejecutivo estaba de espaldas sobre el capote, con el culo aplastado con el cristal del parabrisas delantero del Ford y las piernas sobre el techo del vehículo, mamándole el güevo a Raúl que estaba cruzado sobre él, quien a su vez se lo chupaba a él, tragándose con ganas su güevo, arrodillado en un llamativo sesenta y nueve, mientras tras él, sin condón, Hernán lo enculaba con rudeza, meciéndolos a los dos con las fuerzas de sus golpes. Y era horriblemente lujurioso, piensa el joven desconocido, su tolete casi acalambrado por esas mejillas y lengua que le trabajan su barra, comiéndose esa dura y palpitante mole que le moja la lengua, viendo el grueso güevo blanco rojizo canela que entraba y salía con fuerza del redondo culo que lo aceptaba. Raúl chillaba ahogado con la boca ocupada, sintiendo como su culo era atendido a fondo por esa tranca que lo elevaba por los cielos, meciéndolo, cogiéndolo con vehemencia, mientras ese otro carajo le mamaba el güevo como si fuera un chupón, dándole casi calambres de lo fuerte y rico que lo succionaba, mientras él le tragaba el suyo, que sabía sabrosito.

   A Hernán le gustaba eso, cogerse a Raúl, metérsela hondo mientras otros carajos también lo atendían, comiéndose su güevo. Sentía que… Raúl se lo merecía. Era tan buena gente, tan buen amigo, tan simpático… En momentos como ese, mientras le aferraba las caderas, estremeciéndolo con sus embestidas, cogiéndolo con todo, sintiendo como ese culito le halaba el güevo, apretándoselo hasta que soltara su semen allí, creía que tal vez era posible que amara a Raúl. Un pensamiento tan terrible y poderoso que nunca se repetía fuera de esos momentos, cuando temía, en medio de la pasión, decirlo en voz alta porque se le escapara.

   Raúl y él llevaban ya algunos meses, pocos a decir verdad, haciendo eso, tiraban y se divertían con otros carajos. Se divertían mucho, a mares, y algunos como el joven ejecutivo volvían por más atenciones al carro… y a sus culos. Eso les enseñó El Sindicato del Crimen, y fue una buena lección.

……

   El corazón de Sam latía ferozmente, casi al borde del infarto, ¿cómo se podía estar tan furioso y afectado después de pasar un rato tan agradable con Renato y su hermana? No lo sabe, pero está que trina de la ira, aunque no le falla el sentido común para imaginar que Norma debía estar igual o peor. ¿Qué clase de mujer era esa?, no puede compaginar todavía lo que ahora sabe con la figura altiva y majestuosa, de la reina de Inglaterra, pues, con todas esas triquiñuelas. Siempre creyó que Eric exageraba muchas veces cuando hablaba de ella, la sabía terrible e implacable pero… Pobre Eric, se veía muy serio, abatido y avergonzado cuanto le contó toda la supuesta conspiración de Norma contra Linda. ¡Sencillamente no podía creerlo!

   Después de caer sentado sobre el sofá, con la mente nublada y calenturienta, todavía se cuestiona la intensión, la utilidad de todo aquello, ¿cómo pudieron hacer todo eso? Seguirlo a él, tomarle fotografías, llamar a Linda y atormentándola hasta provocar su crisis y aún así ir hasta ella y continuar atormentándola. Sabía de las drogas encontradas en su mujer que la mantenían en un estado de histeria frenética, ¿era cosa de ella? ¿Norma y Lesbia? No, todo debía ser cosa de Norma, ella era la mujer de la voluntad y de la falta de escrúpulos. ¡Lesbia!, tenía que buscarla después. Ella tenía muchas cosas que explicarle, y lo haría antes de enfrentar a la despiadada mujer, madre de Eric Roche, y titiritera de todo el tinglado.

   En Sam, la voluntad se une al deseo la acción, una vez de asegurarle a Eric que estaba bien y de casi confortarle ya que el otro se sentía terriblemente culpable por lo que hizo su madre, se tomó un whisky, bajó a los estacionamientos y salió en su carro, rumbo a la casa de la mujer de William Bandre. No piensa, nada cruza por su mente en esos momentos. Sólo un rostro se fija en su cerebro, Linda, ida del mundo, acurrucándose en él después de ser detenida por la muerte de Ricardo Gotta. Se detiene frente a la vivienda y no toca el timbre. No se siente de ánimos para eso. Golpea la puerta con el puño. Lesbia, de jeans y camisa, con un vaso en la mano, algo que ya es normal en ella, sobre todo ahora, aparece, esbozando una cálida sonrisa, tras la cual sin embargo hay una sombra de culpa, de cautela.

   -¡Sam!, que sorpresa. -se inclina un poco como para besarlo en la mejilla.

   -¿Por qué coño fuiste a ver a Linda a la clínica? ¿Qué le dijiste? -ruge con fría cólera, sintiendo ganas de agarrarla por los cabellos y arrastrar de ella. La mujer palidece, tosiendo.

   -Sam, yo no…

   -No me salgas con la mierda de que no sabes nada o que no fuiste tú. Norma ya habló. -grita.

   -No quería hacerle daño a Linda. Ni a ti. Créeme. Te quiero mucho. Eres mi amigo.

   -Habla. -le grita, incapaz de soportar el oír que lo quiere o aprecia. ¡La muy perra!

   -Lo que buscaba, lo que Norma me dijo que pasaría, era que Linda te contara todo a ti y que tú enfrentarías a Ricardo Gotta, de hombre a hombre, de una buena vez. Yo sólo quería que alguien lo detuviera, que le diera su merecido, aún caído en desgracia podía hacer mucho daño. A mí, a William. A mi familia. No puedes ni imaginar exactamente cuánto daño me hizo, y a Norma; pero éramos incapaces de hacer más. Era tan poderoso y tan malo que…

   -Y usaron a Linda para resolver sus problemas; para que se jodiera ella, ¿verdad? -la atrapa por los hombros, casi alzándola del suelo.- ¿Cómo pudiste hacer eso, Lesbia? Yo confiaba en ti. Te creí mi amiga. -la acusa con ojos iracundos y la cara roja.- Eres una maldita sucia. Espero que estés contenta, Ricardo ya no existe. Lo lograste.

   -¡No! No quise…

   La empuja con violencia, alejándose, incapaz de continuar mirándola o escuchándola, sintiendo unas rabia tan feroz que necesitaba descargarla en alguien y no sería en esa mujercita falaz. De ella obtuvo lo que quería, una certeza, una confirmación. Sintiéndose muy mal, la mujer lo llama, quiere explicarse, que él la entienda, que la perdone para ver si puede perdonarse ella misma. Pero el hombre no está para escucharla o pensar en sus problemas y necesidades, que el Diablo cargara con ella. Su carro avanza casi con vida propia, saltándose baches, esquivando otros carros y no matando gente por inteligencia propia del vehículo, ya que la mente de Sam bulle como una caldera de aceite caliente.

   Se detiene frente al pequeño edificio en Prado de María y entra, parece un gorila con dolor de barriga que buscara en quien desquitarse. Algunas personas lo miran, pero de cierta forma subconsciente entienden que es mejor no meterse con ese gigantón dorado. El hombre espera el ascensor, pero tarda. No llega. Con una finísima capa de sudor cubriéndolo, toma las escaleras. La rabia no disminuye, al contrario, aumenta. Sube a la carrera y se detiene finalmente frente a la puerta número treinta y dos. Llama a golpes.

   -¿Quién coño es? -ruge la voz de Alirio Fuentes abriendo la puerta, molesto. Al ver a Sam se impacta.

   -Hola, amigo. -ruge Sam, sintiendo una rabia tremebunda. Fue Néstor quien le dio la dirección.

   Lanzándose hacia adelante, atrapa a otro por las solapas de la camisa, alzándolo y empujándolo hacia adentro. Lo zarandea con ganas de joderlo, y el otro se preocupa, lo siente, y sabe que Sam está furioso y que es más fuerte que él. Sus manos le rodean rápidamente la nuca a Sam, halándolo, mientras proyecta su propia frente. Los dos hombres chocan de coquis. Alirio sabe cómo hacerlo y Sam siente que luces blancas estallan feamente dentro de su cabeza. Soltándole retrocede dos pasos, levemente mareado.

   -¿Qué te pasa, carajo? -le grita, pero lo intuye. Eric le contó algo.

   -¿Por qué, Alirio? ¿Por qué nunca fuiste un buen amigo con nosotros? Todos esos encuentros, todas esas tardes de hablar paja, de tomar cervezas, de no pretender más que disfrutar un momento de compañía. De… -bota aire.- Eres una basura, una maldita basura. Bueno, eres el perfecto agente del Dasnap, ¿no? Si alguien me pregunta que si eres bueno en eso, les diré que sí. Si necesitas referencias de que eres una mierda que trama contra la gente sin sentir culpas, sin importar a quién jodas, mándamelos a mí. -le grita señalándolo con un dedo.- Por tu culpa Linda está como está. Puedes decirte a ti mismo que no, que nada tuviste que ver. Pero tú sabes que si, grandísima pila de mierda.

   -Ella era tu responsabilidad, no mía. -le grita, sintiéndose molesto y azorado. Algo culpable.- No quise que pasara todo esto. No así. Lo siento, y sí, soy tu amigo, tal vez no uno como Eric, pero… -se ve confuso, abrazándose a sí mismo.

   -Apártate de mi camino, Alirio Fuentes. No quiero tener que tratar contigo nunca más. -da media vuelta, como un oso furioso y sale, con su manchón doloroso en la frente.

   Alirio queda solo, sintiéndose mal. Le dolió que Eric lo mirara feamente el día en que supo que era agente del Dasnap. Pero ahora había sido peor. En los ojos de Eric había rabia, pero en los de Sam había decepción y un profundo desprecio. Le dolía más, porque estimaba más a Sam. Mucho. Sabía que todo terminaría así, las Operaciones Negras nunca eran felices, pero…

   Sam ni siquiera piensa en él en esos momentos, mientras se dirige a enfrentar a La Gorgona, el terrible y mítico ser que destruía a todos con su mirada, la perfecta descripción de Norma Cabrera de Roche.

   La mujer, altiva y seria, descendió las escaleras nuevamente, para recibir a aquel hombre que venía a reclamarle. Debía calmarlo, explicarse y ponerlo de su lado. Con el fracaso ante Eric para que volviera a La Torre como jefe de la firma y cabeza de los Roche, a Norma no le quedaba más remedio que recurrir a Samuel Mattos. Pero le inquietaba la furia, la rabia, el odio que brillaba en esos ojos claros, atractivos y reilones normalmente, presagiando cosas terribles. Se detiene frente a él, severa, aparentando fuerza.

   -Imagino que Eric fue a contarte toda serie de fantasías y estupideces propias de él, ¿verdad? –lanza, desconcertándole, ¡¿cómo podía ser tan descarada?!

   -¿Fantasías? No me vengas con cuentos, Norma. Te conozco. Mucho mejor que tu hijo. Nunca te creí involucrada con el régimen para matar a aquellas personas en abril, pero si te creo muy capaz de todo esto. -dice entre dientes.- Eres una mujer sin moral, sin escrúpulos, sin decencia. Pudiste contarme lo que quisieras, lo que supieras de Ricardo Gotta; pero no, no fuiste a decirme que la estaba enloqueciendo, siguiéndome y fotografiándome para enfermarla… ¡Sí es que fue Ricardo y no tú misma! Actuaste callada y traidoramente para lastimar al hijo de puta ese a través de mi mujer. Utilizaste a Lesbia para que fuera a echarle cuentos a Linda, enloqueciéndola, gritándole que Ricardo Gotta quería hacerme daño. Querías un escándalo, ¿verdad? Que algo pasara. Tal vez que Ricardo y yo nos matáramos; caídos los dos, para ti hubiera sido más fácil imponer a Eric, tu hijo, en La Torre. -la mira feroz, creyendo en esa versión mientras la expresa.- Que hábil, dos pájaros con una sola pedrada.

   -¡Samuel! -jadea enrojeciendo, ¿acaso por qué hay algo de verdad en lo que dice?- Nunca quise hacerte daño. ¿Cómo puedes…?

   -¡Me usaste!, y a Linda, para ir contra Ricardo. La usaste a ella para destruir a tu enemigo sin tener que dar la cara tú. -se le acerca, fiero.- Yo creo que… tú, sí planeaste ese asesinato. Querías muerto a Ricardo y a ello te dedicaste. Tú lo asesinaste utilizando a Linda. Ella empuñó el arma que pusiste en sus manos. Pero fuiste tú quien lo asesinó. Eres su asesina. Y te lo juro por Dios y por mi madre, Norma, que aunque me lleve toda la vida voy a probar que tú eres la asesina de Ricardo Gotta. Y vas a pagar por esa muerte. No voy a descansar hasta que todos en Caracas sepan el monstruo que eres. –amenaza y la altera.- De mí no esperes piedad, como esperas de Eric. Para mí no eres sino una sucia y fea víbora a la que hay que aplastar. Y voy a perseguirte para siempre, para que nada de lo que busques, se te dé; comenzando por Eric en La Torre, haré lo que sea para que nunca regrese a ese lugar donde ha sido tan infeliz. Lo vas a perder todo, comenzando por eso. -da media vuelta.

   -Sam, no; hijo… -grazna ella, realmente alarmada ante la fuerza de ese odio, y le atrapa por la manga del saco, deteniéndolo. Pero lo suelta con un gemido cuando nota la mirada salvaje del hombre, que la hace retroceder. Alarmada.

   -Jamás vuelvas a tocarme, maldita loba…

                        ………………..

   La mujer, gris y abatida, se dirige hacia La Torre en medio del caótico tráfico caraqueño, donde largas colas frente a las bombas de gasolina lo enredan todo un poco más. Va a entrevistarse con Aníbal López, quien al fin dio señales de vida, levantándose de entre los muertos. El edificio se ve algo abandonado. La muerte de Ricardo parecía haber alejado a mucha gente, a los perros y zamuros que medraban junto a él. Con paso cansado, sintiéndose muy vieja, Norma toma el ascensor y llega al piso quince, donde saluda a una que otra persona. La tarde ya va cayendo, el telón del día, la idea le produce escalofríos. Toca a la puerta del abogado y entra en su oficina. El hombre, en manga de camisas, se ve tan cansado y gris como ella. Se saludan con agotamiento y toman asiento.

   -Ah, qué día… -Aníbal se frota los ojos, hombros caídos.

   -Lo imagino.

   -No lo creo, señora. Esto… todo esto…

   -¿Qué pasa, Aníbal? -pregunta al fin. El hombre levanta la mirada, observándola, notándola cansada y atormentada. ¿Qué tendría? ¿Remordimientos?

   -Hubo una junta de emergencia citada por Franklin Caracciolo. -dice opaco.

   -¿Qué? -parece aturdida, momento cuando se abre la puerta y entra un sonriente Frank, elegante, atractivo y joven. Parece una hiena contenta, y cae tan bien como ese bicho.

   -Norma, veo que Aníbal te llamó. Es un buen negrito, ¿eh? -lanza cruel, sabe que cuando ofende desequilibra a sus enemigos. Pero también lo hace porque le gusta hacerlo. Es un hijo de perra.

   -¿De qué junta habla Aníbal? -lo encara ella, parándose.

   -Si. Hubo una junta. -aclara en pasado.- Ya se reunió, había que contener el pánico tras la muerte de Ricardo. Ahora soy el presidente de la junta y de la firma toda. -la impacta feamente.- Sólo Aníbal se opuso. Samuel, no sé por qué, votó conmigo. Y a través de él, obtuve los votos de la gente a la que representa, incluido, quien lo diría, de Eric, tu hijito amado.

   -¡Mentira! -chilla aguda. ¿Sam y Eric votando contra la familia?

   -Así fue. -la mira fijamente.- Eso hace que uno se pregunte qué hay tras todo esto, por que actuaron así contra ti, y sí la muerte de Ricardo Gotta… Bien, lo que todos comentan por lo bajo, ¿no es así, Aníbal? -mira al otro.- En fin, son tus muertos, Norma, a mí no me interesan.

   -¡No son mis muertos! -estalla.- Y no voy a dejarte hacer y deshacer en la firma.

   -Pronto no tendrás que hacer nada.

   -¿A qué te refieres?

   -Sé de buenas tinas que muy pronto saldrá una sentencia judicial definitiva y favorable a los Caracciolo en nuestro pleito contra ustedes. -se ve siniestro.- Y para ese entonces quiero que desocupes la mansión Roche. Voy a venderla. -es cruel.

   -¿Qué…? No, hijo… -croa.

   -Ay, por favor, ni lo intentes. –la calla. Luego mira al otro.- Y tú, ve pensando en vender tu parte. La Torre, y todo lo demás será liquidado y dividido, cada quien sacará lo suyo. Quiero que se venda todo, convertirlo en dólares y sacarlo de esta mierda de país. Que se hunda de una vez, como todos quieren. -sonriendo va hacia la puerta.- ¿No es bella la vida? -y sale, mientras ríe feliz.

   El hombre y la mujer se ven abatidos, como quienes han corrido largamente por sus vidas, y a punto de coronar el éxito, caen y mueren. Norma siente una rabia sorda y caliente que quema sus ojos, pero parpadea, grácil, elegante. No es de las que lloran. Mira al hombre.

   -Señora, no sé qué podemos hacer para…

   -Ricardo Gotta está liquidado. -suena implacable y Aníbal se estremece.- Ahora le toca a Franklin Caracciolo. Es hora de destruir su burbuja de felicidad. Vamos por él, y su amiguito, de una vez por todas…

CONTINUARÁ … 142

Julio César.

A NUEVE DIAS PARA LA VISPERA

diciembre 15, 2014

EL ULTIMO DE NOVIEMBRE…

   Qué voz.

   Qué extraña es la gente, ¿verdad? Generalmente me incomoda la llegada del fin del año, y sin embargo me gusta y emociona el aire que lo rodea. De la Navidad siempre recuerdo, por VTV cuando no era esa vergüenza que ahora es (no siempre lo fue), la película de un niño que quiere que Santa le traiga un rifle y todos dicen que se sacará un ojo, cosa que le molesta, finalmente lo obtiene y disparando el culatazo le da en la cara y gritaba el narrador (su voz era adulta) “¡me saqué un ojo!, ¡me saqué un ojo!”. Hace años que no veo esa película, del mismo modo hacía tiempo que no escuchaba esta hermosa melodía, Luna Decembrina, interpretada por nuestra Morella Muñoz, gloria venezolana. Y mientras más avance el mes, más evocaremos y aguardaremos por el futuro. En esa esperanza que expresaba Frank Sinatra en su canción: lo mejor aún está por llegar.

OTRO INICIO CON UN ACCIDENTE AEREO

Julio César.