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LA NENA DE PAPA… 2

noviembre 30, 2015

LA NENA DE PAPA

De Arthur, no el seductor.

SEXY DADDY

   Un papi está para el trabajo que se nena requiera.

……

   Entra en el aséptico cuarto, con el corazón latiéndole con fuerza, ¿exactamente qué coño está ocurriendo? No lo sabe, pero siente, no, sabe que algo pasa. El suegro era dominante, eso siempre estuvo claro, ¿pero por qué le obedecía así? Lo peor era que quería. Lo admite, rojo de mejillas. Se quita las ropas, evitando mirarse en el espejo. Toma la tanguita y con pulso menos seguro, mete sus pies. La breve tela se enrolla en sus piernas, acariciante. Pero la sube. Con manos inquietas la acomoda, el pequeño triangulo anterior, muy bajo de talle (y ni así se ven sus pelos púbicos claros, recortados), apenas abulta con su pequeña verga. Algo que le extraña. No la tiene tan chica. Con Nelly lograba alzarse, y debe reconocer que el papá de esta le había provocado cierto calor, ¿por qué no se reflejaba en su miembro?

   Como sea, se acomoda la tanga por detrás, mirándose ahora si al espejo con los cachetes muy rojos. El triangulo, un poco más ancho que el anterior, no cubre totalmente la circunferencia de sus nalgas. Tan redondas y turgentes. Tan duras. Lo sabe. Y tan lampiñas. Traga en seco, mirándose, ojos brillantes, labios húmedos, pómulos rojos. Se acomoda las tiritas, porque eso es lo que son, sobre las caderas. Abre un gabinete y toma una larga toalla gris clara. Va a salir pero se regresa y toma su camiseta, que baja bastante, cubriéndole la tanga.

   Con pasos inseguros se dirige al patio, donde escucha por una radio un juego de futbol americano y ve al macho que cocina. El hombre toma una cerveza mientras voltea las carnes en la parrillera. Sonríe mientras escucha qué pasa en esa cancha… totalmente expuesto a su vista a excepción del bañador rojo sobre su cuerpo recio, musculoso y totalmente velludo. La corta pieza es ajustada y se ve caliente sobre su piel, donde abulta un buen tolete. Le cuesta apartar los ojos de ese vientre recio, algo redondo por la dura panza casi inexistente, los muslos recios, llenos, peludos. La pieza roja… eleva la mirada y se encuentra con la del hombre.

   -Como tardaste, ¿problemas femeninos? –se burla, tendiéndose hacia una cava y sacando una cerveza, ofreciéndosela.

   -No, no bebo cuando…

   -Deja de decir tonterías, tienes dieciocho, ya puedes beber. –le ordena. Brandon duda, pero se acerca. Era más fácil ceder.

   -Gracias. –grazna, rodeándola con sus dedos, pero el otro alza una ceja y no suelta.- Gracias, señor. –este asiente y libera la botella.

   -¿No llevas mucha ropa? Hace calor. –le pregunta, casi haciéndole toser cuando bebía el amargo y frío licor.

   -Estoy bien, gracias… señor.

   Por un rato hablan nimiedades, y beben. El chico toma dos botellas y media antes de que la carne llegue a sus piernas, sentado como está en una de las sillas largas de jardín. Come y le gusta, aunque se siente algo mareado, cosa que le hace sonreír mucho. Traga con apetito hasta que el hombre cae a su lado, grande, sólido, caliente. Al chico le parece que tiene un olor fuerte, algo que estimula calores que no entiende. El musculoso muslo velludo choca del suyo, también musculoso pero lampiño. Lo peor era… pasa con esfuerzo esa carne, deseando tener a mano su cerveza que dejó en la mesa de jardín, no podía dejar de lanzar miradas al entrepiernas del macho, sentado muy abierto, chocando de su pierna, casi haciéndole cerrar un poco las suyas.

   -¿No tienes calor? –le oye preguntar otra vez, cuando terminan. Si, terminaron y se quedaron donde estaban, uno junto al otro, las pieles desnudas chocando, calentándose.- Quítate esa camiseta.

   -No, yo…

   -Joder, cómo eres de necio. –le gruñe exasperado, las grandes manos tomando la camiseta, apartándola con movimientos bruscos, haciéndole sentirse pequeño y vulnerable ante su fuerza y masculinidad, su torso enrojecido queda expuesto.- Bonito traje de baño. –le oye, voz ronca y profunda, el chico erizándose bajo su mirada.- Se te ve bien.

   -Es muy chico… -jadea, sintiéndose más y más débil por momentos ante su mirada, endureciéndose un poco bajo la tanga.

   -Ponte de pie. –le ordena.

   -Señor Cole…

   -¡De pie! –es firme, pero no grosero. El chico obedece rápidamente ahora, más rojo, notando su bultito bajo la tanga, así como los ojos del hombre recorriéndole.- Date la vuelta.

   Nuevamente obedece, casi deseando cerrar los ojos ante la ola de escalofríos que lo recorren. Sabe que la mirada del hombre está clavada sobre sus nalgas. Y es cierto, el hombre, cuyos ojos brillan, mira la pequeña tela que, para colmo, desaparece un poco entre las nalgas del joven, reparando en lo paradito que es.

   -Eres pequeño, lampiño y sin embargo tienes unas buenas piernas y un culo increíble. –le oye decir.

   -¿Qué? –desconcertado se vuelve a mirarle sobre un hombro.

   -Que tienes un gran culo. Redondito, parado. Parece el de una chica.

   -Pero soy un hombre.

   -Si, claro. –oye la burla.

   El joven se estremece cuando las manos fuertes del hombre, de dedos largos y velludos, se cierran sobre su estrecha cintura, con propiedad, halándole hacia atrás, obligándole a caer sentado sobre el regazo del suegro. Gime, por ser tomado así, halado y caído. Pero más que nada por chocar contra el sólido y masculino cuerpo, por estar sentado sobre el breve bañador… sobre la silueta inequívoca de la verga de este.

   -¿Qué hace? –patalea alarmado, ojos muy abiertos, intentando verle al tiempo que procura ponerse de pie, agitando sus brazos y piernas, frotando más y más su culo de aquel regazo masculino, ¿acaso ese tolete estaba moviéndose debajo?

   -Tranquilo, sólo quiero ver si se siente como el de una mujer. –le oye, tono autoritario, no viendo su sonrisa cuando le obedece, quedándose quieto, joven y de piel caliente sobre su entrepiernas.

   -¿De qué habla, señor? –suena confundido.

   -Me oíste. Tienes culo de nena, quería ver si se siente igual sobre mi regazo. El de mi Grace es algo más grande que el tuyo, pero menos firme. –le dice, se miran sobre un hombro del chico.- ¿Te gustan los culos en tangas, pequeño hombrecito?

   -¿Qué? –se agita, su respiración se espesa, totalmente consciente de que no se mueve, de que no hace nada para apartarse de ese hombre, como no sea quedarse sobre su regazo.

   -A mí me gustan. Grace, en tanga, se ve fantástica. También todas esas mujeres que se ven en las piscinas o la playa. ¿Te gustan las tangas como esta, pequeña y putona? A mí me pone a mil.

   -No sé de qué habla, señor. Déjeme bajar, por favor…

   -Dime, pequeño gilipollas, ¿te gusta follarte a mi hija? –por un segundo si hay ira en su tono, pero pasa.- Anoche estaba contigo, ¿verdad? Y seguro que no era la primera vez. La jodías…

   -Señor… -gimotea porque ese hombre prensa sus muslos, comenzado un leve y rítmico empujar contra su culo. Y si, esa verga estaba ganando en grosor, calor y dureza, justo contra la raja de su culo.

   -Seguro que gemía así, como lo haces tú en este momento, cuando jugabas con sus tetas, ¿verdad? –a Brandon le sorprende oírle, y más cuando unos dedos rozan su tetilla derecha, arriba y abajo, cepillando el pezón que crece.- Hiciste que sus aureolas endurecieran, ¿no?, apretando y apretando… -se lo atrapa con el índice y el pulgar, apretando y halando, haciéndole gemir, enrojecer de cara incapaz de controlarse, abriendo sus piernas.- Si, veo que sabes que las nenas abren las piernas cuando los hombres les hacemos esto. Y esto. –ahora le atrapa el otro pezón, frotando, pellizcando en una caricia tan extraña, inesperada y estimulante para el chico, que este gime y gime aún más. Hasta que estas terminan bruscamente.- ¿No es así?

   -Si, señor, así se lo hice. ¡Ohhh! –se oye responder gimiendo, sus tetillas siendo frotadas otra vez, circularmente por índices y pulgares, arqueando la espalda y empujando su culo hacia abajo, sobre esa dura pieza que pulsa contra su culo.- Pero yo se lo hacía más fuerte, señor. –Cole sonríe, sorprendido y maravillado, apretando duro, oyéndole gruñir, viéndole arrugar el rostro en una mueca de lujuria, su culo totalmente proyectado hacia abajo.

   -Eres un perro, ¿verdad? ¿Le haces esto y esto para mojarle el coño y llenárselo con tu güevo? –le ruge contra un oído, mordiéndole el lóbulo, provocándole estremecimientos intensos. Con la punta de la lengua intenta metérsele por el conducto auditivo, sabiendo que la hace temblar.- Dime, pequeño, ¿funciona? ¿Se te está mojando el coño para mí?

CONTINÚA … 3

Julio César (no es mía).

EQUIPADO PARA EL TRABAJO

noviembre 28, 2015

ALCANZANDO EL SUEÑO

SEXY TIO EN TANGA Y CON POPPERS

   Ya no recuerda como era antes.

   Todavía ronroneando, chasqueando la lengua para bajar los restos de lo que Néstor y Alberto le dejaron en la boca, se adormila. Ya no piensa en cómo ha cambiado su vida. Medio cuarentón que trabaja en su casa, recién divorciado, con un hijo comenzando la universidad, con planes de conocer miles de nenas, ahora esperaba por los chicos, los amiguitos de su hijo. Le habían cebado. El primero de ellos que conoció, Jacinto, le pilló mirándole más de una vez, claro, nunca creyó que alguien tan joven pudiera tener tantos músculos. Luego quedó casi petrificado mirándole el entrepiernas cuando le encontró viendo una porno en la sala, donde pasaba la noche, tanto que el chico le preguntó si quería ver y tocar. Se negó y resistió, pero no dejó el sofá hasta que el otro le hizo tragarse sus… negativas. Y se le metió por el camino culebrero. La noticia se corrió y todos los chicos del cercano campus vienen cuando están estresados, desatendidos por sus novias o con ganas de darle palo a la mata, y le usan. Entre porros, cervezas y afrodisiacos vive flotando. El chico, o chicos de turno llegan, se desahogan, le obligan a colocarse algunas de esas tangas masculinas que le llevan y le dejan allí, con los Poppers a la mano, listo para que el que llegue se sirva.

   -¿Papá? –le parece escuchar, y abre los ojos, sonriendo confuso, pero el chico acerca el frasco abierto a sus fosas nasales.- ¿Qué tal uno rapidito?

NATURALEZAS QUE CHOCAN

Julio César.

EL CEBO

noviembre 28, 2015

EL PAGO

CARA RARA

   Bien colocado, atrapaba para siempre.

   -¡Ahhh!, ¡me engañaste, hijo de perra! –acusa, boca muy abierta.

   -Nada de engaños, te dije que te mostraría cómo alcanzar el mejor orgasmo de tu vida con una masturbación… estimulándolo todo, claro. –le aclara el otro a su mejor amigo.- ¿No estás experimentando la mayor sensación? Y no mientas tú, mírate al espejo.

FESTEJOS DE HOMBRES

Julio César.

¡ALO!, ¡ALO!, ¡ALO, PRESIDENTE, ALÓ!

noviembre 28, 2015

SALUDOS A LA CHINITA

   Así es la gasita de protesta…

   Definitivamente algo está pasando en el país que sorprende a pesimistas como yo: hay un renacer de la rebeldía. La siembra de odios, dividirnos para gobernarnos, hizo que la gente temiera comentar con otra persona cualquier cosa, incluso un pensamiento, algo que antes era de lo más cotidiano. El odio generaba desconfianza y temor, por ello todo el mundo se medía. Pero ha terminado, en las colas la gente habla de aquel tiempo cuando había comida y el dinero valía algo, cuando se tachaba a tal político de ladrón pero presentaba obras concretas. Pero el asombro total fue hace unas horas, me llegué al Oncológico Luis Razetti a pedir un favor y de regreso, en la camioneta, el chofer llevaba un disco de música protesta, esa que toda la vida atormentó a los malos gobiernos pero que con esta gente se convirtió en un delito. Me extrañó que el chofer colocara esa música, y lo más irreal fue que nadie dijo nada. ¡Y veníamos de Cotiza! Esta tortura china ha durado demasiado.

¿MANDATARIOS EN LA MIRA?

Julio César.

LUCHAS INTERNAS… 163

noviembre 27, 2015

LUCHAS INTERNAS                        … 162

EL MACHO DE PODER

   -Estos chicos necesitan una mano dura oficial.

……

   Cuando, bajo la tarima donde una orquesta desbarata una salsa, Prato se arroja sobre la espalda del guaro, casi tumbándole con su peso y despachurrando a Jerry, clavándole bien hondo el cálido tolete, poderosas oleadas de lujuria lo recorrieron. Todo su cuerpo se calentó y vibró. El pelirrojo no pudo más, el culo le ardía.

   -Cógeme… cógeme más. -le balbuceó, enrojeciendo de vergüenza por ceder así, dándole el culo a otro carajo frente a los panas; pero lo deseaba demasiado. Su culo iba y venía ahora. Cogiendo y siendo cogido.

   -Ven, te voy a dar lo tuyo… –poniéndose de pie, Prato se la sacó dejándole el culo adolorido pero también necesitado.

   Soltándose de Jerry y parándose, el guaro siente cierto frío en su culo liberado, y se aleja con su gochito. Le había gustado tanto ese güevo en su culo que sólo quería disfrutar plenamente esa sensación nueva y poderosa. ¡Quería que Prato volviera a encularlo! La pareja, mirándose a los ojos, con los güevos mojados y erectos, van hacia un viejo sillón, ¡tomados de la mano! Prato se sienta y el pelirrojo ahora duda, avergonzado otra vez; pero sonriéndole, el gocho lo atrapa por una mano halándolo, obligándolo a caer entre sus brazos. Se abrazan, se frotan uno contra el otro, sintiendo eso caliente y excitante. Ninguno de los dos había hecho algo así antes, con otro hombre, claro está, pero ahora no pueden contenerse.

   -¿Lo quieres? ¿En tu culo? –le pregunta Prato ronco, sus mejillas rozándose.

   -Si. –confiesa avergonzado, mirándole a los ojos.- Esta vaina nunca me había pasado, pero quiero sentir otra vez tu güevo en mi culo, llenándolo. –confiesa, ganándose risitas de quienes oyen. Sabiendo que estaba decretando su destino próximo.

   -Súbete, pues; voy a darte lo que tanto quieres. Te haré feliz. -le gruñe ronco, parándole.

   El guaro duda por un segundo, pero lanzando un pesado jadeo se le sienta en las piernas, dándole la espalda, bajando su culito ya cogido hacia la roja cabezota del güevo, que se le va metiendo, enculándolo duramente. Los dos, mirados por todos, quienes gritan, todos conocen a uno o al otro y nunca esperaron ver aquello. Había un no sé que de fascinante, se decían, al ver a dos carajos conocidos haciendo eso. Las nalgas del chico pegan de sus caderas, sintiendo la durísima barra taladrándolo. Prato, chillando, eleva el rostro, sintiendo el rico peso de ese joven musculoso y viril que le estaba dando su culo, la frutica más sagrada y secreta de todo hombre. Sudando y chillando a su vez, el guaro siente que ese güevo palpita y crece, frotándole por dentro, despertando candela en las sensibles paredes de su recto, llenándole aún más con su presencia. Se aferra a los respaldos para brazos del sillón, y sube y baja su cuerpo, lentamente, sacándoselo y metiéndoselo, con subidas lentas y bajadas profundas sobre la barra, sentándose sobre el pubis del muchacho y rotando su agujero para experimentar totalmente la nueva sensación. Siente que arde tanto, que su culo quiere más, que ahora sube y baja vigorosamente contra ese güevote, cogiéndose a sí mismo con abandono y entusiasmo.

   -Verga, pero qué puto. –reía uno, aplaudiendo, burlón.

   -Puto no, marico’e bola. –corregía potro.

   -Cógelo, gocho, llénale el culo de leche y préñalo. –rugía un tercero.

   Todos les miraban, fuera de divertidos, burlones, totalmente sorprendidos, excepto Jerry que sabía de eso, del encanto que una buena verga puede representar para un chico voluntarioso con ganas de experimentar. Con su culo lleno ahora por la tranca del maracucho, quien mira a los camaradas jodiendo, con tal excitación que casi le derribaba con sus embestidas, no podía estar más contento, más caliente. Sentado en el suelo, junto a Joel que aún enculaba a Cecilio, Martínez mira al guaro, que jadea y grita de manera incitante, parecía agónico pero se veía que era totalmente de gozo, saltando sobre el güevo del gocho, totalmente rojizo su joven y delgado cuerpo pecoso, con su propio tolete rígido saltando entre sus piernas al encularse. Los labios de Martínez estaban entreabiertos y su mirada era de lujuria, sin embargo casi da un salto cuando la amoratada cabezota del güevo de Roa se frota contra sus labios. Con un “épale”, erizado, intenta alejarlo.

   -Anda, prueba algo nuevo. Dale una mamadita. Chúpame sólo la cabecita. -le sonríe Roa, meciendo la tranca junto a su boca.

   Y aunque Martínez jadeaba que dejara la vaina, e intentaba alejarlo, miraba ese güevote que se frotaba una y otra vez de sus labios, salino y duro, sedoso y caliente, oloroso fuertemente, que le mojaba los labios, hasta que los abre un poco más, ambos mirándose el tolete, de frente, pegando de ellos y… besa, rozante la cabezota. Los dos estremeciéndose y ardiendo con una lujuria sucia que les domina en segundos. Uno piensa estoy besando un güevo, el otro, me lo besa. Cuando Roa lo echa otra vez hacia adelante, la boca se abre a todo lo que da y mete un buen pedazo en la boca cálida. Martínez arruga la cara, con asco y repulsa. Pero ese tolete palpitante y caliente, que temblaba sobre su lengua en su boca, lentamente se la iba llenando de saliva.

   -Chúpalo. -era un pedido hasta gentil. Tragó esa saliva y el sabor que encontró, agridulce, lo enloqueció. Se miraron nuevamente.- Te gustó, maricón, lo vi. Ahora comételo todo. Mámame el güevo. –el tono era totalmente distinto.

   Y obedeció, porque la orden era de un macho alfa, porque le supo bien, porque sentirlo contra su lengua le parecía sucio terrible y maravillosamente caliente. Ahora mamaba y chupaba esa cabezota, jadeando y becerreándola, con sonidos desmañados. Roa, sonriendo con una mueca machista, se la va metiendo más y más. Todo un mundo nuevo iba a estallar frente a sus ojos. Esos carajos iban a probar algo nuevo, que tal vez rechazaran en el futuro, pero ahora, en ese momento, lo querían. Y a esa edad, ¿qué más daba una noche de copas, una noche loca…?

……

   Tan cabizbajo que casi golpea la frente del pomo de la puerta, Franklin Caracciolo entra en su apartamento en Bello Monte, uno lejos de su habitual penthouse. Necesita aislarse. Silencio y soledad. Cierra con cuidado la puerta a sus espaldas mirándolo todo con frustración y creciente disgusto, un mobiliario oscuro, de buen gusto le recibe. Todo muy frío e impersonal. Pero así había sido también el otro… hasta la llegada de Nicolás. Junto a él se había transformado en un lugar que amaba. Con molestia arroja las llaves que lleva en sus manos, así como cosas que saca de sus bolsillos, sobre una mesita de cristal que suena bastante feo. Con pasos envarados va a la cocina y abre una botellita de agua que saca de la nevera. Bebe y mira al frente. Bebe y cierra los ojos. Bebe y los abre, la ira brilla intensamente en sus claras pupilas.

   Con un alarido casi animal arroja la botella plástica, que baña y golpea todo. Con ademanes bruscos se vuelve hacia el mesón de un gabinete cercano y arroja todo lo que hay sobre su superficie con furia. Se dedica a tomar aparatos de cocina y batirlos contra el suelo, soltando una impresionante cantidad de groserías mientras lo hace, muy ofensivo todo, contra Violeta, su mujer, y contra Nicolás, el amante que le abandonó. Va hacia unos vasos de fino cristal y los arroja también, estos estallando contra el gabinete que empotra la nevera, y al tiempo que maldice con toda su alma, rabia y desesperación contra Norma Cabrera de Roche, y contra Nicolás, pasa nuevamente la mano para derribar lo que quedaba. Gimiendo contenido. Paralizado, boca abierta, pecho jadeante, frente fruncida se mira la mano. Sangra. Apretando los dientes toma un pequeño pedazo del fino cristal del canto de su mano. Sangra aún más.

   No puede apartar los ojos del puño cerrando, de la sangre que mana. Arde como el infierno, y sin embargo le parece leve comparado con eso que le corroe salvajemente por dentro, una agonía que no puede ni siquiera ponderar. Llevándose el puño al pecho, ensuciando su camisa, aprieta otra vez los dientes y va resbalando lentamente, cayendo de culo sobre las baldosas del piso, siendo afortunado de no caer sobre más cristales. Pega la espalda de la nevera de color oscura, lustrosa, enorme.

   Cierra los ojos, tenso, controlándose, respirando agitadamente y con la nuca golpea la nevera, lentamente, con fuerza, una y otra vez. La ola sube, le cubre, le sobrepasa. Abre la boca y lanza un grito herido, furioso. Es un sonido animal, intimidante, el de un león herido o atacando. Así queda, boca abierta, jadeando, los parpados temblándole feo y ahora lanza un berrido crispando la cara. Es un llanto duro, amargo; aprieta los dientes, no quiere ceder, no llorar, pero duele, duele demasiado, y separa los dientes gritando otra vez, pero es de llanto. Tiembla mientras lo hace, se siente patético mientras se estremece por el dolor y las lágrimas le queman la cara, se siente estúpido… pero no le importa. Oprime aún más el puño contra su pecho.

   -Ratita… me duele. Ven, por favor. –pega nuevamente la nuca del frío metal y solloza, con fuerza, estremeciéndose todavía más.

   El hombre siente que se abre una compuerta grande que lo arrastra todo. Sabe que es absurdo, que es una tontería, pero sigue llamándole, sangrando, llorando, esperando contra toda lógica y sentido común, que el otro escuche y se presente librándosele de tanta miseria. Su respiración se espesa, casi doliéndole en el pecho al recordarle de panza en su cama, mirando la televisión, con un pantalón pijama como única vestimenta. Y se sentaba a su lado, apretando con sus manos esos hombros, como dando un masaje juguetón, pero en verdad necesitado de tocarle. Sintiéndole levemente tenso, ablandándose luego, tibio bajo su toque. E incñlinar el rostro y besar sus pecas, sentirle nuevamente tensarse bajo sus labios, oírle contener el aire mientras repartía esos besos en su columna, bajando. Era… mágico tenerle así, en sus manos, a su merced, para al segundo siguiente este, volviéndose, ojos brillantes, atrapaba su rostro y le besaba despojándole de su poder, su control, haciéndole sentirse deliciosamente débil.

   Tiembla extrañándole todavía más, deseando otra oportunidad de volver a vivir todo aquello. Y vuelve a llamarle porque le necesita como nunca antes creyó que podría ansiar algo, él que creció rodeado de todo aquello que quiso. Porque le extraña de una manera que duele en sus carnes, como heridas de navajas. Le quiere como nunca imaginó que se pudiera amar algo, o a alguien. Era algo que iba más allá del deseo carnal, del sexo. Recuerda a su abuela paterna, doña Clementina, seca, pequeña, cabellos blancos, dura de expresión, que le reprendía siempre, por tremendo, grosero y voluntarioso. Por irrespetuoso. Nunca le hizo caso hasta que teniendo trece años le oyó decirle a su padre que era malo, que terminaría ardiendo en el infierno y sufriendo si no le ayudaban a cambiar. Tal vez por eso le llevó a Roma ese septiembre, al Vaticano, para salvarle. La cosa es que le asustó escuchar aquello, que terminaría pagando, de alguna manera, en un tribunal que no podría controlar o enfrentar. Un jurado terrible, una condena sin apelaciones.

   Y en la hermosa ciudad, en sus callejas de aceras anchas y gente florida deseó ser bueno; recuerda que en la plaza de San Pedro, mientras su abuela oraba, vio una blanca paloma, que caminaba patosamente por la calzada, y la persiguió. De alguna manera, recordando otros cuentos de su abuela, sobre el Espíritu Santo, imaginó que si la agarraba de alguna manera sería salvado de ese infierno que la anciana decía. No lo logró, creció y lo olvidó. La abuela falleció y casi se sintió libre. Ahora, con Nicolás, sentía exactamente igual. El muchacho le hacía una mejor persona, a su lado podía ser otro, debió darse cuenta e intentarlo. Nicolás podía salvarle de toda esa agonía que ahora le atormentaba. Porque teme que nunca más será feliz como lo fue a su lado, cuando las horas o lo que se hacía no importaba para nada, no deseando otra cosa que mirarle, escucharle, tocarle, olerle o lamerle como juego. Porque le duele demasiado y sabe que no podrá sobrevivir así por mucho tiempo.

   -Nicolás… -gime otra vez, ojos cerrados, rostro bañado en llanto.

   Lo llama porque sabe que hirió al joven, que Nicolás también salió lastimado, y si estaba sintiendo aunque fuera una quinta parte de lo que padecía, debía ser horrible para su ratita, aunque fuera él quien se marchó. Lo llama porque quiere borrarle todo ese dolor, hacerle olvidar. Necesita que sea feliz otra vez.

   Abre los ojos y busca el teléfono en su pantalón, recordando que lo dejó en la sala. Necesita llamarle… aunque no sabe qué le diría para hacer que le escuche otra vez. Porque no puede ser cierto que se fuera definitivamente, ¿verdad? Lo vivido entre ambos fue demasiado significativo, eso debía entenderlo a pesar de su rabia y decepción. No podían echarlo todo por la borda sin intentarlo nuevamente, ¿quién se desentiende así de lo que puede hacerle feliz para siempre? No, le buscará. Donde sea.

   Aunque, tal vez, primero debía ocuparse de Violeta.

……

   Mientras la gente canta y baila, enloquecida, intentando mostrar que realmente la estaban gozando en la retreta del Gobierno, en el escondrijo bajo la tarima, un gimiente Martínez, con su gorra y casaca, está en cuatro patas sobre una manta, con el titánico Roa tras él, sonriendo con felicidad, como quien goza una bola y parte de la otra, reteniéndolo con sus manos morenas por las caderas mientras le mete su dura tranca en el culito ya penetrado una y otra vez, que se resistió un ratico, corto, para luego abrirse a la nueva experiencia; porque Martínez, caliente como el infierno después de mamarle la tranca, había echado hacia atrás sus nalgas enculándose, gritando y abriendo mucho los ojos cuando se la enterró en las entrañas. Ahora el marinero rugía ruidosamente, meciéndose ante las embestidas de Roa tras él, cuyo güevote salía casi todo del pequeño anillo redondo forzándolo, triangular y nervudo, enorme, para luego volverse a clavar con ganas.

   -Ahhh, si, güevón, menea ese culo así. Muévelo. -le gritaba Roa, nalgueándolo feamente, excitado, macheteándole duramente ese chiquito.

   -Hummm, es tan grande…

   -Tú eres un carajo grande. Aguanta…

   Mientras lo coge, sintiendo que se muere dentro de ese culo caliente y mojado que parecía derretirle la barra, Roa echa la cabeza hacia atrás, y desenfocado vuelve la cabeza a un lado y ve al guaro saltar aún sobre las caderas de Prato, enculándose; musculoso, bello y joven, gozando de esa tranca tiesa que lo empala. Saltaba tanto que a pesar de sus bolas y güevo erecto como una lanza, era posible ver el redondo tolete de gocho clavándosele en el anillito. Roa mira ese güevote y alargando la cabeza se mete entre las piernas del guaro, atrapándole el tolete con la boca, encontrándolo caliente y duro, salino y agrio. Eso los enloquece. Se miran y jadean, incapaces de creer ellos mismos que están haciendo lo que hacen, y de que lo estuvieran gozaran tanto.

   Coger al guaro era una experiencia totalmente reveladora para Prato, y muy sucia, ya que su hermano Joel y él conocían al pelirrojo desde hacía tiempo. Incluso había salido con una hermana del tipo cuando ésta lo visitaba en Los Próceres, y ahora estaba allí, cogiéndolo, metiéndole el güevote bien hondo por ese culo ya abierto, pero apretadito que lo atrapaba tan sabroso, sintiendo su peso sobre las caderas, y la firmeza y calor de sus nalgas contra el pubis. Lo oye gemir y revolverse, cubierto de sudor sobre él, y sus manotas le soban la panza, los pectorales y le aprieta las tetillas para oírlo jadear más. Y el negro Roa le estaba mamando.

   Martínez está gozando también, sintiendo que todo el cuerpo le arde mientras el güevo a sus espaldas se le clava con dureza en el culo. Su tolete está muy duro y caliente y se lo soba mientras baja el rostro sudado y dulcemente torturado al frío piso, gimiendo quedamente con los ojos cerrados y la boca muy abierta, flotando en esa extraña nube de lujuria que le tiene casi delirando, mientras el moreno lo cabalga con su machete de burro, pegándole con sus caderas en las nalgas enrojecidas. Ese güevo en sus entrañas lo excitaban de una forma que jamás podría explicar a nadie. ¡Le gustaba ser cogido!, la idea era aterradora y maravillosa a un tiempo. Sentía que nunca como en ese momento había vivido tanto.

   De espaldas sobre el suelo, Jerry mira a Martínez, el machote que los recibió esa tarde todo varonil, ofensivo, tachándoles de reinitas, siendo cogido ahora, gimiendo con el rostro en el suelo, meneando ansiosamente su culo contra ese güevo. Aunque no lo culpa, era una verga que tenía que ser montada y domada. Mira a Roa jadeando mientras lo cabalga, llevando su güevo contra ese culo, gozándolo, si, pero casi tanto como goza del rojizo y pecoso güevo del guaro que mama, con una expresión de total felicidad y deseo en su rostro cuando la pálida pieza desaparece entre sus labios gruesos. Y mira al guaro, cogido y mamado, echando la cabeza hacia atrás, saltando sobre Prato, cuyo güevo aparecía y desaparecía dentro de sus entrañas calientes, mientras sus manotas le sobaban el pecho al guaro y le mordisqueaba el cuello cálido y sudado. Le parecía… que había algo más que calenturas entre esos dos.

   -Si, mi amor. Menea ese culo. -oyen que dice un ronco, ebrio y enloquecido Prato, que soba y lame el cuerpo del guaro.- Aprieta ese culito y sácame la leche. Coño, lo tienes más rico que el de tu hermana…

   Jerry ya no puede ver más, de espaldas en el suelo es enculado duramente por el maracucho, quien lo embiste manteniéndole atrapado por los tobillos. Su güevote sale y entra con rudeza, con mucha dureza y ganas, rozando con fuerza las sensibles paredes de su culo. Sobre su rostro, tapándole toda visión, montado a hojarasca, está Gutiérrez, sonriendo con su atractivo bigotillo, metiéndole el güevote rojizo en su boca caliente. El catire grita agónico sintiendo como esas mejillas y lengua le mamaban el tolete, apretándoselo. Estaba gozando, igual el maracucho, pero ninguno de los dos tanto como el afeminado empleado de La Torre.

   Lo enculan duramente, y con alaridos roncos, Jerry mueve su boca, lamiéndole las bolas al catire, bajando más y lengüeteándole ansioso el culito, azotándoselo y mamándoselo ruidosamente. El catire se alarma, y con un ‘epa’, parece querer alejarlo, pero notar esa lengua viciosa, cálida y babosa azotándole el agujero, lamiéndoselo, para luego sentir que esa boca se cierra allí, mamándolo, lo hace estremecerse todo. Grande y viril, chilla agónico cuando esa lengua intenta penetrarlo, cogiéndolo. ¡Quería esa lengua dentro del culo!, no se lo dice así, pero sus caderas suben y bajan sobre la boca de Jerry.

   -Ay, catire maricón, gritas como una putica. -le reclama riente el maracucho.

   -Hummm, se siente rico, güevón. -jadea el otro, subiendo y bajando su cuerpote aún más vigorosamente sobre esa lengua ávida, con una mueca mórbida en su cara.- Joder, nunca antes había sentido esto…

   -¿Algo rozándote el culo? –el maracucho es burlón, o lo intenta, cogiendo duramente a Jerry, pero los ojos clavados en la espaldota del otro, en sus nalgas redondas, sudadas, que suben y bajan.

   -Tiene un culo calentito y rico… ¿no quieres mamárselo? -le pregunta, vicioso Jerry a Montiel.

   -¡Bolas! -grita alarmado, casi con pánico en sus ojos.

   -¿Seguro? –Jerry le tenta, sonriendo mórbido, barbilla y mejillas brillantes de saliva, enrollando su lengua, el otro, mirando al pana sobre un hombro, bajando el culo sobre ella.

   -Anda, maricón… mámamelo… -gruñe el catire, sonriendo putón y acercando sus nalgas abiertas al estar doblado por la cintura, al maracucho, casi meciéndolas frente a su rostro.- Méteme la lengua por el culo, panita…

CONTINUARÁ … 164

Julio César.

TIOS DE ACCION

noviembre 27, 2015

FLOJERA DE ESCRIBIR…

EL CAMPESINO Y EL COBRADOR DEL BANCO

   En Iowa, el agricultor siembra su semilla… arando duro.

BUSCADO EL OLOR A MACHO

   Mi compañero de equipo, mi pana… mi franela.

PROFUNDIDADES DEL FUTBOL

   Se enteraron, ahora saben cómo descontrolar a sus rivales.

TIO SEXY EN HILO DENTAL DE PERRA

   ¿En serio hace algo que obliga a su cuñado a meterle mano?

CHUPANDOLE EL DEDO A UN AMIGO

   -¿No y qué no, puto? Hazlo bien y te doy a comer lomito fino.

LO QUE DEJO LA NAVIDAD

Julio César.

LA CAMPAÑA, UN MUERTO, ¿GANAR COMO SEA?

noviembre 27, 2015

EL GOBIERNO, MUCHO RUIDO Y NADA DE NUECES

LUIS MANUEL DIAZ, RIP

   Cuando falla la ley, reina el delito.

   Ya está, ya ocurrió. Un muerto. El Secretario General del partido Acción Democrática en Guárico (la tierra donde El Picure hace y deshace con su banda intocable de delincuentes), Luis Manuel Díaz, cae asesinado a manos de uno de los esos grupos paramilitares con los cuales se intenta controlar no sólo a los partidos de Oposición en Venezuela, sino a la gente que pueda estar acariciando la idea de salir de un régimen corrupto e incompetente, ladrón hasta los extremos de la inoperancia, pero armado y peligroso por la manera de utilizar las instituciones, por la forma en que delinque en público sin que les ocurra nada, y la cabronería de gobiernos regionales como el saliente en la Argentina, la macolla de malandros en Brasil o la señora en Chile.

   Aunque parezca paradójico, grupos violentos y organizados actúan en el Centro de Venezuela con total libertad, y eso después del circo que el régimen gobiernero montara al arremeter contra los colombianos en la zona fronteriza, esgrimiendo la lucha contra esos grupos delictivos. Los paramilitares, estos grupos armados e identificados, totalmente ubicados, la gente saben quiénes son, dónde están y qué hacen (excepto la Fiscal General y el Defensor de su Puesto), atacaron hace dos semanas a unos universitarios en Mérida, porque apoyaban una protesta del profesorado que pedía sueldos justos (una gente que se robó absolutamente todo de las reservas acusa a otros de codicioso, ¿no son increíbles?), y no pasó absolutamente nada. La Fiscal no vio, el Defensor no se enteró, los diosdadocabellos del régimen hablaron paja de los agredidos, las maripilihernandez callaron toda información en la prensa. Luego le cayeron a tiros a Henrique Capriles Randonski, gobernador del estado Miranda en Yare, saliendo Jorge Rodríguez apresuradamente en defensa de los grupos paramilitares delictivos (ah, ¡sí los hubieran detenido esa vez!), más tarde también agredirían a Capriles Radonski en el estado Bolívar, pero la gente fue a verlo, a recibirlo como si fuera una estrella del futbol internacional, para despecho de los cobardes grupos que actúan al amparo de una estado sin ley.

   También agredieron los “valientes” círculos de la revolución (los paramilitares armados) a golpes a unas mujeres que acompañaban a Lilian Tintori, en el estado Cojedes, porque después de que la convirtieron en una superestrella más grande incluso que el marido, por momentos (Leopoldo López), ahora no hallan cómo callarla porque la gente la escucha y sigue porque se siente cierta vergüenza ante la valiente mujer contra la cual todo un estado forajido utilizó malamente su poder para meterle preso al marido e intentar acabar con su familia. Estos grupos de delincuentes, mal llamados colectivos (paramilitares), que jamás han hecho nada por resolverle un problema a la gente en Petare, como arrastrar de las mechas a unos concejales chavistas vagabundos que impedían la recolección de basura en el municipio, quieren obligar a la gente a inhibirse y atacan a tiros a un señor Miguel Pizarro, para asustarle, para aterrorizar a los petareños porque en ese infantilismo idiota de la izquierda creen que la gente correrá a hacerles carantoñas y que una persona impresentable, despreciada por toda Venezuela como lo es William Ojeda, puede salir electo en algo, lo que sea, en unas elecciones libres.

   Si la Fiscal, los jefes policiales y los jerarcas del régimen hubieran puesto coto a todos estos delincuentes armados en su momento, hoy no se estaría llorando a ese señor en Guárico. La sangre de ese hombre está en sus manos, por cómplices necesarios. A estos grupos delincuenciales nadie los toca ni los menciona. Ese muerto, Luis Manuel Díaz, de su sangre derramada, es responsable Nicolás Maduro Moros quien nos amenazó con mantenerse en el poder, así la gente no lo quisiera, como fuera; del señor Diosdado Cabello que utiliza las instituciones únicamente para agredir gente que le disgusta, y tal delito lo comete frente a las cámaras de televisión; de la Fiscal General de la República, principal responsable por complicidad, por protegerles policial y judicialmente; como es responsable la señora Tibisay Lucena misma cuando desde la directiva del CNE da su bendición a este tipo de proselitismo político, sin condenarlo, sin sacar a los infractores de la carrera electoral; es responsable una delegación penosa de UNASUR que se negó a saber de esas aberraciones mientras se empeñan en que la Oposición firme un acuerdo donde se somete a lo que Nicolás Maduro Moros les diga la noche de las elecciones.

   ¿Atacar a la gente para que se sienta asustada y se paralice? Esta jugada me parece un poco idiota, cuando los talibanes atacaron el Metro en Londres, Inglaterra se les molestó aún más; cuidado y esto no termina pasándoles factura. De entrada, por esa muerte, hay que estar claros independientemente de los resultados electorales: los responsables deben ser detenidos (aunque hayan sido intoxicados de odio por la vieja receta soviética), nadie tiene porqué dispararle a otro para imponer su punto de vista, o darle golpes para que entienda que tiene razón, pero también deben ser detenido los cómplices que silenciaron las agresiones pasadas de estos grupos delictivos (si esos malandros hubieran sido detenidos después del ataque a Capriles Radonski en Yare, esta muerte no habría ocurrido, pretender creer algo distinto es querer engañarse), deberán pagar con cárcel, porque matar a un ser humano tiene que pagarse. Que cueste llegar a Ernesto Samper, no debe importar. Ese delincuente también terminará respondiendo por su parte en toda esta tragedia.

EL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI, CUANDO TODO SE DEVUELVE

Julio César.

¿ABRIENDO LA PUERTA A DESCONOCIDOS?

noviembre 27, 2015

OJO PARA EL NEGOCIO

SEXY, MUSCULOSO Y MOJADO

   -Señor, me perdí, me robaron, me mojé, tengo frío, necesito quitarme esto y recibir una buena fregada… ¿me ayuda?

FORZUDOS

Julio César.

VIAJE A LO PROFUNDO

noviembre 27, 2015

LA AGARRADA

SEXY MUSCULOSO EN HILO DENTAL

   A todos eran elegidos cuidadosamente…

   El safari de aventuras, internacional y para hombres que gustan de lo extremo, vive lleno. Los guías les muestran todo lo bello, cositas tentadoras, y esa gente se les mete hondo…

EL TRABAJO NO ACABA

Julio César.

DE ATLETAS SEXYS

noviembre 27, 2015

LOS CUARENTA DE JUSTIN BIEBER

CAMILLE LACOURT 0

   No este nadador, es francés y esos ya tienen fama de por sí. Igual que los italianos.

   Cuando en un portal de noticias por donde pasé puramente por casualidad, leí sobre una lista de atletas sexys, pensé, “ah, otra vez esa paja loca con las misma gente”. Que si David Beckham, de quien nunca he entendido esa fascinación por su figura, y Cristiano Ronaldo. Beckham era, o es, un gran futbolista; la manera en que lograba alcanzar con un balón desde media cancha, empalmándola con la cabeza de alguien que anotaba frente a la portería, era soberbia. Como su menara de cobrar faltas. Creo que nunca le vi fallar un tiro al arco. Pero eso era todo. De Cristiano Ronaldo uno comienza a cansarse un poco y es totalmente por su culpa. Era un chico adorable y habilidoso cuando jugaba con su Portugal natal, llorando de sentimiento cuando les eliminaban. Gustó que brillara. Que se notara su genialidad en la cancha, pero tal vez la fama le pegó demasiado fuerte. Ahora, cualquier cosa que hace, desde quitarse la franela en la cancha, a alguna excentricidad para con sus amigos (a lo que tiene derecho todo el mundo), fastidia. Se sobre expuso. Y eso por no hablar del desastre del Real Madrid este fin de semana, cuando enfrentaron al Barcelona. Cuatro a cero. Ya deben haber intervenido a un gentío. Veía el juego con mi sobrino, el mayor de los varones, y sin ponernos de acuerdo dejamos eso así.

   Pero no, esta entrada trataba de otros atletas menos conocidos, que podrían considerarse sexys. Y hay que reconocer, con mucha de verde envidia, que lo son. Uno no los conoces porque fuera del beisbol, el futbol con los pies, y tal vez el básquetbol, lo demás son adornos, oficios extraños para llenar los cupos olímpicos. Ni deportes nos parecen. Exceptuando el boxeo, la brutal y directa confrontación entre hombres (siempre siento dentera con el boxeo femenino).

   Aquel portal considera que estos tipos son sexys, ¿también les parece?:

WILL GRANT SEXY, BICI

WILL GRANT

WILL GRANT HOT

WILL GRANT GUAPO

Will Grant, lo suyo es la bicicletas.

STUART REARDON

STUART REARDON SIN CAMISA

STUART REARDON HOT

STUART REARDON SEXY

Stuart Reardon, practica ese deporte extraño, el rugby.

ERICK DECKER

ERICK DECKER HOT

ERICK DECKER SEXY

Erick Decker, una de las estrellas del fútbol americano.

THOM EVANS

THOM EVANS GUAPO

THOM EVANS HOT

THOM EVANS SEXY

Thom Evans, otra fantasía del rugby.

DAVID WRIGHT

DAVID WRIGHT BEISBOL

DAVID WRIGHT JOVEN ATLETA

David Wright, un beisbolista.

OLIVER GIROUD

OLIVER GIROUD HOT

OLIVER GIROUD SEXY

OLIVER GIROUD BEACH

Olivier Giroud, futbolista, seguro con muchos fans.

KAYNE LAWTON SEXY YOUNG

KAYNE LAWTON VERY HOT

KAYNE LAWTON

KAYNE LAWTON SEXY BUTT

Kayne Lawton, más rugby… y el tipo tiene encanto, ¿no?

   ¿Qué hace “guapo” a un atleta? ¿Únicamente la facha? Si uno lee las necedades que escribieron algunos sobre un video de ropa interior donde aparecen Neymar y Lionel Messi (el primero un genio en formación todavía, imaginen a dónde llegará, el otro un consumado astro de ese firmamento). Desde enanos y feos, hasta que eran ofensivos, nunca entendí bien la razón, para la comunidad gay. Dicen que les protestaron, y si lo hicieron es que esos movimientos comienzan a caer en la banalización idiota. Que Messi aparezca en una lista de atletas sexys no tendría nada de raro, porque tal denominación abarca a cualquiera que logre que las mujeres, y aun los hombres, pierdan el control ante su presencia. Y en este caso, como en el de Ronaldo, hablando de futbol, hay tipos que se ponen intensos ante ellos, sin ser homosexuales… estrictamente hablando. La genialidad sobre la cancha de Lionel Messi, la manera como controla y domina a otros, el cómo hace ver fácil algo increíblemente complicado y difícil, le hace atractivo. Ser un ganador, también. El éxito, más que la fama misma, que también ayuda, es su credencial. No imagino a un Lionel Messi, soltero, en un bar y una mujer negándose a tomar una copa, o evitando gritar como tonta si este la invita a salir de allí juntos.

   Por otro lado, si, hay quienes únicamente necesitan la referencia de la postura, no se puede negar.

JUSTIN BIEBER, OTRA VEZ UN CHIQUILLO

Julio César.

EL BUEN AMIGO

noviembre 27, 2015

EN LA DEFENSA DE SU MARIDO

UNA MUJER SOMETIDA

   Nunca entendió por qué no le denunció.

   Sarah sufre el calvario de la mujer decente, la esposa honesta que es sodomizada, con fuerza, por la enorme virilidad del mejor amigo de su marido, uno quien una tarde llegó y la encontró algo ebria, obligándola a tocarle el tolete, sobárselo, luego comérselo. Está bien, debía ser más prudente, más laboriosa en casa y menos beoda, pero él era un ser horrible y detestable que la besaba con lujuria, que apretaba sus tetas con experiencia, que pellizcaba sus pezones hasta llenarlos de sangre, calor y ganas, que le llegaba casi al estómago cuando le metía la lengua por el coño, haciéndola correrse a veces únicamente con ella. Nunca se la metía por la vagina.

   -No le haría eso a mi amigo. –le explicó, con burla, mientras se la hacía tragar hasta los pelos, casi ahogándola, para luego clavársela, toda, por la retaguardia.

   Era grande nervuda, dura y caliente. Pulsaba de una manera intensa, mientras abusaba de ella y de la amistad de su marido. Sarah lloriqueaba mientras se estremecía toda, entre chillidos, totalmente controlada, mojada y deseosa. Sintiéndose horriblemente culpable por sufrir orgasmo tras orgasmo, apretando con fuerza con su agujero sobre la buena pieza.

   -Eres horrible… -le lloriqueaba siempre en esos momentos, culpable, cuando estallaba en el placer de la gloria.

   -Y tú no te pareces en nada a tu marido. –le dijo justo en ese momento.- Cuando se la meto, grita y se moja como tú, pero ríe y me agradece cuando se corre. Como él, aprende a gozar lo puta que eres.

GERENCIA

Julio César.

CAMBUR PINTON

noviembre 25, 2015

TODOS GANAN

DE CHICOS Y BANANAS LARGAS

   Ver al cuñado, cada vez que visita a su novia, disfrutando de un banano, le llevó a preguntar: ¿No prefieres un gordo plátano?

JUEGO CON TRUCO

Julio César.

24 DE NOVIEMBRE

noviembre 25, 2015

SALUDOS A LA CHINITA

   Amo esta gaita, ya llegan las fiestas.

   Un amigo cumplió años y creyó que eso merece mención. No. Hoy, 24 de Noviembre, llegamos a un número clave, estamos a doce días de las elecciones parlamentarias que esperemos corrija las persecuciones políticas y judiciales, los exilios y encarcelamientos arbitrarios, aplaudidos por gobiernos de la región de cuando había plata para sobornar menesterosos; todavía por aquí anda TRISTESUR viendo cómo remienda el capote del disfraz democrático que ya le queda chico al régimen de Caracas. Pero también estamos a un mes de la Noche Buena, del día de Navidad. Un mes para comprar cohetones para la media noche, la caña, los estrenos de los muchachos, las hallacas, el pan de jamón, la ensalada de gallina, el pernil, la torta negra. O lo que se pueda en un país arruinado cuando más dinero le entró por conceptos petroleros. Un mes para decidir qué tanto celebraremos en lo material, pero sin abandonar la alegría de los recuerdos y de lo que queremos que los más chicos atesoren para el futuro.

¡ALO!, ¡ALO!, ¡ALO, PRESIDENTE, ALÓ!

Julio César.

DE AMOS Y ESCLAVOS… 25

noviembre 24, 2015

DE AMOS Y ESCLAVOS                         … 24

SEXY BLACK BOY

   Lo imagina y arde.

……

   Después de una ducha larga, con mucha agua tibia y luego fría, Hank Rommer sale de la regadera; su joven y esbelto cuerpo, muy atractivo, está algo enrojecido y cubierto de miles de gotitas de agua. Se seca pensando. Se disponía a descansar, pero antes, colocándose un holgado bermudas, sin calzoncillos, se sentó frente a su laptop, enviando un correo. Uno que le hizo sonreír:

   “Negro inmundo, para mañana en la noche báñate bien y depílate el culo, vamos para una fiesta. La vas a disfrutar mucho”.

   Lo envió y sonrió torvamente, divertido. Siempre se sentía así cuando tomaba a un tío cualquiera, de los que se decían, creían o eran heterosexuales, machos, conquistadores, y los convertía en sus esclavos. Sus juguetes. Y mañana mostraría a sus amigos su nuevo obsequio. Abre una gaveta y saca un aro grueso, con el diámetro de dos dedos. Lo alza y estudia.

   Si, el negro de mierda se verá genial con él perforándole la nariz, con una cadena colgando de ella.

……

   La luz que se desparrama en ese amanecer sobre Caracas, no despeja del todo las sombras en las vidas de tres sujetos. Les parece, mientras retozan en sus camas (a uno de ellos la mujercita reparándole algo en la cocina), que todo fue una locura. Pero era el mismo razonamiento que llevaban días haciéndose. Y lo saben. Tal vez por eso no quieren analizar en profundidad el calor que sienten, el fuego que les abraza mientras recuerdan ciertas acciones, así como ese algo de vergüenza que, sin embargo, no logra minimizar la ansiedad de las expectativas. Ante un hecho como, por decir algo, mamarle el güevo a otro carajo, alguien podría sentirse después cohibido, arrepentido, embargado de culpas y auto criticas… pero no puede continuar con ello cuando recae una y otra vez. No si cerrar los ojos era perderse en fantasías y remembranzas de lo bien que se sintió.

   ¡A la mierda!, piensa uno de ellos en la soledad de su cama, en la tranquilidad de su mente cerrada a otras miradas. Sus parpados caen y sus manos grandes recorren su torso liso, depilado, los dedos frotando sus tetillas que crecen, echadote de espaldas sobre su cama, vistiendo un muy corto y ajustado bóxer blanco. Traga en seco, viéndose sobre una cama más chica, estrecha, en un cuarto en penumbras, totalmente desnudo, de rodillas, cinco o seis güevos blancos, casi brillantes, erectos, calientes y babeantes frotándose de su cara, sus hombros, cuello y cabellos.

   Toletes poderosos a los cuales atrapa por turnos mientras los mama, chupándolos con una entrega y un abandono que sorprende. Porque hay hambre, urgencia. Sumisión a los machos. Chupa mientras le azotan las otras piezas; las succiones se oyen, así como las palmadas dadas por las turgentes piezas sobre su rostro. Oye risitas de burla de “eso es, negro puto, chupa los güevos blancos de tus dueños”. Era una fantasía sucia, de sometimiento sexual pero también mental. Temblando y deleitándose sobre su cama, las manos agitándose dentro del corto bóxer que a duras penas contiene su erección. Y sin embargo, algo frustrado. Sabe que no puede tocarse ni correrse si su amito no se lo permitía. Y pensarlo, reconocerlo en la soledad de su cuarto, le hace gemir, despegar la espalda de la cama, tenso de ganas: necesitaba un güevo… uno blanco.

   ¡A la mierda!, gruñe un hombre guapo y más delgado, fibroso, rotando sobre su cama, sus enormes nalgas alzándose, notándose que tragan la tirita del hilo dental atigrado con el cual ha dormido a pesar de tenerlo machado con su semen. Cierra los ojos y frota su entrepiernas del colchón, jadeando ahogado, recordando toda la escena de exhibición erótica que ofreció, las miradas, las palabras. Sus nalgas suben y bajan, separándose un tanto, la tirita del hilo le prensa la raja. No sabe qué tiene pero no le importa, no en esos momentos; lleva una mano a una de sus nalgas y clava los dedos en la dura carne casi gimiendo. La punta de estos ruedan hacia su raja, se frotan de la entrada de su agujero sobre la delgada tirita de tela putona. Traga en seco, ojos cerrados, no deseando pensar en lo extraño que era para un heterosexual como él estar así, casi corriéndose ya contra la cama y su panza mientras se acaricia la entrada más secreta y sagrada de todo macho que se respete.

   Pero no aguanta, empuja y penetra con poco, casi la mitad de su uña. Se tensa y tiembla luego, un calor lo baña todo, y lo hunde. Sin querer pensar en ello. Su dedo va entrando centímetro a centímetro en su agujero caliente. Un hombre joven metiéndose un dedo por el culo sobre su cama. Y allí, en la privacidad de su cuarto, saca y mete ese dedo de sus entrañas, gritando contra la almohada, mordiéndola cuando el dedo, metido, lo medio flexiona y rasca su recto cuando lo saca. Ojalá estuvieran viéndome, pensó, corriéndose ya.

   ¡A la mierda!, piensa el tercero, de espaldas sobre su cama, medio cubierto, ocultando la erección mañanera que le parecía una traición cuando su mujer, una bonita tía de piel cobriza y bonitas tetas entra con una taza de café.

   -¿No ibas a salir temprano? –le recuerda ella, dejando la taza en la mesita.- Voy a prepararte el desayuno.

   -Okay, mi amor. –responde con voz ronca, clavándole los ojos en las nalgas, muy cubiertas con una pantaleta cachetera.

   No le gusta así. Quiere los culos en tangas. Eso le hace estremecerse. Aunque se resiste un poco. Toma café y se sienta, eran casi las ocho de la mañana, ya debería estar en la calle. La verga le late dentro del holgado bóxer. Bufando con rabia toma su teléfono y marca.

   -Bartolomé Santoro, por favor. –pide. Espera. Oye y gruñe pesadamente.- Te espero esta tarde en el motel. Ponte la pantaletica de encajes. La chiquitica.

……

   Comiendo algo a toda prisa, muy consciente de haber perdido casi toda la mañana en tonterías, pero sintiendo en todo momento sobre sí la presencia de Hank Rommer, Roberto Garantón, con manos temblorosas, responde a su correo. Dudó, pero al final tuvo que reconocer que necesitaba ir. Obedecerle. Porque estaba caliente y el otro le había prohibido tocarse. Algo afiebrado y frenético comenzó su trabajo con el taxi, la línea tenía algunos clientes fijos muy especiales, gente que iba una conocida clínica en el Centro. Por lo general estaban en la sede, pero en otros momentos, cuando terminaban una carrera, se permitían unas vueltas para ver qué ocurría, o…

   -¡Taxi! –bramó un hombre joven desde la acera, con tal timbre que le escuchó a pesar de los cristales elevados y la música que escuchaba.

   A Roberto se le agitó algo por dentro. El cliente, porque sabía que le llevaría donde fuera, era un sujeto joven, en la veintena, de cabellos castaños oscuros, por el sudor, vistiendo una pantaloneta de básquetbol y una camiseta a juego, que permitía notar mucho de su cuerpo atlético y trabajado. Un morral al hombro y unos botines de goma completan su atuendo. Hay dos cosas claras para el taxista, elevando la mirada ve el nombre de un gym y sabe que de allí viene; lo otro, al detallar al chico… es que era tan musculoso como blanco. No claro, no cobrizo tenue. Blanco. Tragó en seco y la verga le dio un tirón bajo las ropas. Abrió la ventanilla.

   -Hey, amigo, necesito llegarme a la entrada este de la Mohedano. De prisa, me distraje y voy algo retrasado a una junta. –le informa el tipo, jovial, sonriente, seguro de sí. Un macho alfa.

   -Claro. –le responde ronco, frunciendo el ceño defensivamente. Mierda, se veía aún más guapo visto de cerca, a pesar del sudor que le cubría.

   -Genial. –y para angustia suya, Roberto le vio abrir la portezuela a su lado, arrojando el morral atrás, entrando como si tal cosa, piernas muy abiertas, cerrando.- Disculpa el sudor y el olor… ya sabes, el gimnasio y la prisa por el retraso.

   -Tranquilo, no hay problema. –croó. Pero si había un problema.

   En cuanto el hombre cerró la portezuela le llegó el vaho corporal, húmedo, caliente, en oleadas. Así como el olor. Brutalmente masculino. Apestaba levemente a pies bajo los tenis, había un olor dulzón a frutas que salía de sus axilas, seguramente por el desodorante. Y el almizclado que viene de su entrepiernas, donde la pantaloneta se cierra y abraza sus bolas, los muslos recios dejándose ver. La camiseta había dejado, por alguna razón al sentarse, medio pectoral afuera, con una tetilla al aire. La imagen, el olor, el calor a macho cabrío, todo eso golpea a Roberto, desconcertándole. Había llevado tipos antes, igual de sudados. O de guapos, pero nunca…

   -¿Te gustan mucho mis piernas? –la pregunta le desconcierta.

   -¿Qué? –le mira, el joven sonríe algo burlón.

   -No te fijas por dónde vas por tener la mirada clavada en mi entrepiernas, panita. –le aclara.- No tienes el tipo, pero me imagino que eso no importa, ¿verdad?

   -¿De qué hablas? –confuso y avergonzado desvía la mirada. El corazón latiéndole de prisa, sintiendo más que viendo que el otro se medio vuelve hacia él.

   -Que eres uno de esos… En tu caso un negro que ama los güevos blancos. –le aclara.

   -¿Cómo? –grazna, casi cenizo, mirándole.

   -Si, me los he topado. Los negros que se le vuelan los tapones por un tolete blanco rojizo duro. En el gym. Se supone que como las tienen más grandes, andan enseñándola, esperando que les vean. Pero he conocido a unos cuantos, como tú, que no pueden apartar los ojos de un güevo blanco tieso. Y hasta salivan.

   -¡No! –estalla, dedos cerrándose sobre el volante. Alterándose más.- ¿De qué coño te ríes ahora? –le mira feo, el otro sigue riendo suavemente.

   -Nada. De nada. Disculpa. –hay un breve silencio.- Pero, ya sabes, a uno le divierte y… halaga saber que un tipo grande como tú, se imagina como sería enterrar la cara en mi entrepiernas y olfatear como perro buscando drogas, llenándose con mis aromas. Y sé que no huelo precisamente a éxito. –ríe otra vez. La imagen estremece a Roberto.

   -Olvídalo, ¿okay? –granza.

   -¿Sabes? –comienza después de un segundo, realmente divertido al atormentar a ese carajo grande que le parecía más marica por segundo.- Una vez pillé a un amigo oliéndome el bóxer en el gym, el pobre bastardo lo tenía sobre la cara, aspirando como quien sale del fondo del mar y necesitara oxígeno para vivir. Lo tenía duro bajo la ropa. –y calla, sonriendo, jugando.

   -¿Y qué… qué hiciste? –no puede evitar preguntar.

   -Me fui sin que lo notara. –se encoge de hombros.- Es mi amigo, soy panita de su mujer, soy el padrino del hijo de ambos. Eso no cambia porque le guste oler calzoncillos usados de hombres. Aún el mío. De vez en cuando los dejo por allí, facilitándoselos, porque es mi amigo y sé cuánto le gusta el olor a macho. A veces se los lleva, uno o dos días, luego los regresa. Imagino la de pajas que se hace mientras entierra la cara en ellos, metiéndose algo por el culo. –lo mira, le ve lívido, casi temblar.- Me pregunto si así es como se hacen la paja ustedes, metiéndose cosas por el culo.

   -Amigo… -granza otra vez, como advertencia, pero casi se lleva a un motorizado por el camino. Porque el tipo ha llevado una mano a su entrepiernas y se lo aprieta.

   -Imagino que si le digo que huela aquí, directo, le da un ataque. –le mira, casi como si deseara escuchar su opinión.- ¿Crees que si me lo saco, duro y lleno de sangre caliente, no lo mamaría? Creo que sí. –mira al frente, sobándose.- Coño, cómo quiero una mamada ahora. Se me está poniendo duro.

   -¡Deja eso! –grazna, furioso porque sabe que se burla, que seguramente el amigo no existía, pero también caliente. Imagina una bella y gorda verga blanca alzándose, nervuda, caliente y pulsante. La boca se le hace agua. ¡Quiere mamarle el güevo!

   -Mierda, me gustaría que unos labios como los tuyos me atraparan las tetillas, cuando las putas me las chupan se me ponen duras y me da mucho placer, todo se me va para las bolas y el güevo. Una lengua lamiéndome los sobacos, con los sudados que están, se agradecería. Por el calor. Pero es sobre el güevo, subiendo y bajando como si lamieran un helado, que la quiero.

   -¡Amigo, en serio, basta! –estalla, tembloroso.- Aquí estamos. –el otro ríe, tomando su morral.

   -Te salvas de que tenga prisa. No soy gay, pero una boca como la tuya, con esos labios gruesos rodeándome el güevo, haría que valiera la pena dejarme tocar por otro tipo. –le tiende dinero.- Dos propinas, el cambio, y el cuento. –sale, se le nota un bojote y Roberto no puede apartar los ojos. Eso le hace reír.- Siempre voy a ese gym, búscame cuando quieras una buena verga llena de leche. –golpea el techo y se aleja, seguro, confiado. Un hombre.

   Roberto tan sólo tiembla, caliente. Nota las ganas nublándole la mente, el deseo de semen casi llenándole el cerebro. Lleva apenas unas horas desde sus corridas, siendo usado por Hank y sus amigos, pero ya arde como si llevara semanas sin acción. Oh, sí, su amito la tendría fácil esa tarde para hacerle rogar que le mamara el güevo, que le llenara la boca y el culo con su enroma pieza masculina. La sola idea le hace hervir.

……

   Bajar esa mañana y encontrar el paquete en su buzón de correo, así como abrirlo y tomar entre sus dedos el butt plug, trastornó toda la mañana de Gregory Landaeta. Lo miraba con ojos muy abiertos. Ese tipo, el que le regaló el hilo dental, se lo había mandado. Eso era innegable. Un nuevo temor le domina y alza la vista. ¿Cuántos de quienes le vieron la noche anterior le reconocerían ahora? Pero vuelve al butt plug. La pieza en su mano llama su atención de manera total. Un juguetito para llevar en el culo, metido. ¿Qué diablos estaba imaginando ese sujeto?, un conato de ira le dominó, pero luego… la pieza de plástico le controlaba.

   Deja la caja a un lado y algo resbala bajo el papel que sostenía el juguete. Lo toma. Es una fotografía. El primer plano de un culo decididamente masculino, velludo, con un hilo dental cruzando la raja, enmarcándole las bolas, con la base de un butt plug allí, clavado y sostenido en su lugar por el hilo dental. Y abajo se leía: “Ejercitándolo para papi”.

   Las manos le temblaron con fuerza mientras metía todo en la guantera, caja, nota, juguete y fotografía. Respira pesadamente, cierra los ojos y echa la cabeza hacia atrás contra el respaldo. No quiere, pero se imagina caminando por la calle, pantalón muy ajustado, su trasero redondo y levantado llamando la atención. La tanga hilo dental conteniéndole apenas por delante. El butt plug enterrando en sus entrañas, sintiéndolo al caminar. El calor le recorre de arriba abajo nada más de imaginarlo.

   Enderezándose, un tanto molesto, manda todo al coño y sale pirado en su taxi. No podía seguir con esos juegos. Era un hombre heterosexual que no iba a meterse juguetes eróticos por el culo. Punto.

   Y, sin embargo, no se deshizo de nada de aquello, cosa que recordaría más tarde. Tuvo que regresar a la sede para preguntar por unas gestiones que se hacían para conseguir baterías y cauchos, encontrándose con socios y amigos accidentados, que se quejaban amargamente de los duros momentos que se vivían. Por alguna razón parecían caer en cuenta, de pronto, que algo extraño ocurría y que ahora no se podía llegar, como antes, a la venta de auto partes y conseguir lo que se necesitaba. Estos tiempos de escasez y desabastecimiento parecían haber llegado de la noche a la mañana, si se les escuchaba hablar de ello.

   -¡Qué mierda! –brama Gregory.- Pensé que ya se habría resuelto lo de las baterías. –Yamal Cova, frente a él, sirviendo dos cafés, sonríe.

   -¿Porque lo escuchaste en la televisión? ¿Cinco mil baterías para un país con casi ocho millones de vehículos? –le tiende un café.- Te engañan como a un negrito. –y ríe bajito de su propia broma, no siendo acompañado por el otro.

   -¿Y si no conseguimos nada? Ya van veinte socios parados por falta de repuestos. Caímos al fondo, pana.

   -Oh, no, todavía pueden llegar cosas peores, como tener que trabajar y reunir las ganancias de un día para auxiliar a los que están parados. Créeme, eso será peor. –gruñe por lo bajo, notando con fastidio que varios de quienes escuchan parecían ni habérselo imaginado. Vivian en Babylandia, evidentemente.

   -¿Alguien tiene el vernier? –pregunta uno de los que revisa un motor.

   -Lo tomé. Está en mi guantera. –Gregory responde en automático. Congelándose en el acto. ¡El butt plug! ¡La foto!- ¡No, espera! –brama con un grito alarmado, volviéndose hacia el socio que ya mete medio cuerpo por la ventanilla, abriendo la guantera y revisando.

CONTINÚA … 26

Julio César.

LA NENA DE PAPA

noviembre 24, 2015

DE LECHE

   La siguiente historia me la envía un conocido de trabajo que tengo en Sabaneta. ¡Cómo hay conocidos en Sabaneta de Barinas! Está orgulloso, y es buena, aunque me pidió escribirla juntos, para que le diera forma, ya que, según, la basó en El insolente novio de la hija. En realidad sólo acomodé una que otra coma, aunque a él no le parezca que fue tan simple como eso. Ya notarán algunos de mis fetiches. Trata de un chico que conoce al papá de su novia, quien le toma de sus manos hasta convertirle en otra cosa. La subo porque no debo pensarla yo, y porque andan un poco de capa caída estos relatos. Disfrútenla:

……

LA NENA DE PAPA

De Arthur, no el seductor.

UN CHICO Y SU MINI TANGA

   -No, no es muy chica, muchacho, es perfecta para ti.

……

   Brandon Moses apenas había cumplido los dieciocho años, aún en la secundaria y a punto de terminarla, cuando el papá de su novia, Nelly Hanson, exigió conocerle. Cosa que le inquietó un poco. Como joven atleta, corredor de pista, tenía asegurada una beca fuera del estado, viéndose impedido de sentirse realmente contento porque tendría que dejar a la chica, quien estaba un año por detrás en la escuela. Pero habían quedado en escribirse, llamarse y visitarse. Eventualmente ella partiría con él. Cosa que no les hizo gracia a sus padres, que la deseaban cerca. Pero Nelly le seguiría porque le amaba. Así le decía siempre que se encontraban y se tocaban y besaban. Ella le tenía el seso sorbido porque le dejaba llegar al final, y era atenta. Había estado con dos chicas antes, y a pesar de ser del tipo deportista, nunca fue muy alto o fornido, para correr lo que se necesitaba eran buenas piernas y enormes pulmones, y los tenía. No así una buena verga, y esas chicas se lo hicieron saber. Cosa que le acomplejó. Hasta que ella llegó. Nelly parecía no fijarse en eso. Siempre se le colgaba del cuello diciéndole lo lindo que era con su copioso cabello rubio, ojos azules claros, pómulos pecosos y fino perfil griego.

   -Dios, envidio tus pestañas. Y tu trasero. –reía ella, tocándole y besándole.

   Si, la amaba, no quería perderla. Y si para ello debía conocer a sus suegros…

   Estos eran muy distintos a lo que había imaginado, la señora, Grace, era agradable, algo cómplice de su hija. Bonita como esta. El señor, Cole Hanson, era un hombre fornido, sólido, de casi dos metros de altura, mirada dura, cabello negro y una eterna sombra de barba en su rostro. Parecía severo, tanto que en cuanto fueron presentados, insistió cuidadosamente en lo de “señor Hanson”, o sólo “señor”, casi aplastándole la mano con el apretón. Era intimidante, y Brandon imaginaba que intentaba que así fuera, lográndolo al tener que verle hacia arriba. El hombre la sacaba un poco más de una cabeza. Y eran jóvenes. Mucho. Ella contaba cuarenta pero parecía hermana de Nelly, Cole no debía sobrepasarla por mucho aunque donde una era menuda y grácil, como su hija, el otro llenaba la camisa de manera alarmante cuando se tendía a tomar algo, esperándose que la tela se rasgara por la espalda.

   El encuentro fue afable, aunque no totalmente cómodo, no con ese hombre de manos grandes y poderosas desmenuzando cosas, mirándole ceñudo a veces, dirigiéndole preguntas sobre su familia, sus planes atléticos y estudiantiles. El joven, algo tartajeante, respondía como podía. El hombre le asustaba, más tarde Nelly le diría que era así con todos. Aunque le asombraba ver cómo cambiaba su rostro cuando sonreía y hablaba afablemente a su mujer e hija, quienes le adoraban. Imagina que su mujer debía ser muy feliz si lo que tenía entre la piernas, cosa que medio miró cuando el otro se puso de pie, iba de acuerdo al cuerpo. La idea le atormentó. Le hacía sentirse menos capacitado todavía. ¿Y si Nelly les comparaba?

   Sin embargo, sobrevivió al encuentro. Su amada parecía feliz, y le hacía cosas con su joven boca que Brandon sabía que Cole le mataría si lo supiera. Y pensar en eso, en el recio macho a cuya hija usaba, lo hacía todo más placentero. Aunque eso también le dio obligaciones. Debió ir a cenas con sus suegros más frecuentemente, con Cole corrigiéndole postura, forma de comer y hasta por los utensilios a utilizar. Lo hacía con firmeza paterna, esperado el “sí, señor”. Siempre le provocaba esa respuesta, le reducía al estado de un chiquillo en presencia de su propio padre o su abuelo, un viejo de mal genio.

   -¿Por qué no almorzamos mañana en casa? Si, una barbacoa. –propone, sonriente, Grace. Y todos aceptan. Brando incómodo, Cole como un tanto exasperado.

   -No le agrado a tu papá. –le comentó, esa noche, a Nelly, agotados por el sexo. Lo habían hecho dos veces.

   -Le agradas. Siempre me pregunta cosas de ti. –comentó ella, soñolienta. Alarmándole.- No me dejes dormir, debo volver a casa. Sólo voy a descansar la vista un rato, ¿okay?

   Pero se quedó dormida y le tocó llamar, tarde, a su mamá. Se fue, algo inquieta, pero recordándole el almuerzo.

……

   Como a las diez de la mañana del día siguiente, todavía dudando un poco, en cómodas y holgadas ropas que le hacían verse más joven, menudo y delgado, llamó a la puerta de la propiedad. Lo primero que sintió fue el olor a carnes asadas, que le despertó algo de hambre. Lo otro fue la sorpresa. Después de una cierta espera, Cole en persona abrió la puerta… prácticamente desnudo. Llevaba una corta bata cubriendo su cuerpo grande y musculoso, velludo, el cual tan sólo llevaba unos apretados speedos como taje de baño, a medio muslos, donde se dibujaba, en la elástica tela mojada (debió dar unas brazadas), la silueta de una verga de buenas proporciones, en reposo. Un paquete llamativo.

   -¿No te avisaron? –la voz del hombre le aparta la mirada del entrepiernas, enrojeciéndole el rostro, de vergüenza y apuro.- Nelly y su madre fueron al centro comercial, creo que a depilarse la zona del bikini. Justo hoy. –informó exasperado.

   -¿Qué? ¿El bikini?

   -Para la parrillada en la piscina. –le aclara.- Y llegas temprano. Ellas no han vuelto.

   -No sabía… nada de la piscina o que no estarían. –tartamudea cuando el hombre le da la espalda, permitiéndole pasar y cerrar la puerta. Le cuesta dejar de notar el aire felino y majestuoso del tipo, de su espalda recia agitándose bajo la bata, el trasero alzándose dentro del bañador ajustado y mojado. Sus piernas velludas de oscuro se ven fornidas, como de atleta.

   -Bien, como sea. Estoy asando algo. Tengo hambre ya. –le informa, saliendo al patio, junto a una parrillera y la piscina, quitándose la bata.

   Esos hombros anchos, ese cuello recio, toda esa desnudez dentro del apretado bañador rojo tienen al chico sin aliento. Dios, ¿se vería él alguna vez así? Tal vez con mucho trabajo, pesas, suplementos alimenticios… Pero nunca lograría que su verga llenara un bañador de esa manera.

   -¿Ocurre algo? –se sobresalta cuando Cole le pregunta, mirándole directamente.

   -No, no…

   -No, no… ¿qué? –se le acerca, altivo, haciéndole tragar.

   -No, señor. Nada, señor. –se siente reducido a la nada.

   -Bien, así debes responderme siempre. Quédate en traje de baño y…

   -No traje… señor. No sabía lo de la piscina.

   -¡Dios! –rueda los ojos, señalando algo sobre la mesa de jardín.- Debe ser por ello que Nelly dejó eso para ti. ¡Cámbiate ya, que debemos hablar! –es tajante.

   Casi sin saber qué hace, Brandon obedece. Llega a la mesa y toma la prenda elástica… mínima. No es un speedos, ni un bañador ordinario. Es una pequeña tanga blanca, como dos tallas menores a la suya. Y el modelo era vagamente de…

   -Señor, es muy cica. Y parece para mujeres. –se vuelve, tragando ante la burlona mirada del otro, su sonrisa dura… ¿y la protuberancia entre sus piernas más voluminosa?

   -Entra, cámbiate y vuelve antes de que te suba a mis pierna y te de la tunda que mereces, chico. Unas buenas nalgadas te harán menos contestón. Y ya vas debiéndomelas desde lo de anoche con Nelly. –le sorprende, ¿juega o no?- ¡Vamos, cámbiate! –ruge señalando hacia la casa.

   Y totalmente en shock, Brandon se encamina hacia uno de los baños con la pequeña tanga en su mano.

CONTINÚA … 2

Julio César (no es mía).