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LA NENA DE PAPA… 4

diciembre 30, 2015

LA NENA DE PAPA                         … 3

De Arthur, no el seductor.

UN CHICO EN SU SEXY HILO DENTAL

   Esperando, ansioso, a su papi…

……

   -Oh, señor Cole… -gimotea, meciendo sus caderas con fuerza, ¿para alejarse de ese dedo grueso que penetra su cerrado culo? ¿Buscándolo? Su mente nublada no procesa bien en esos momentos.

   -Lo haces así, ¿verdad? Jugar con su clítoris, abusando de mi inocente nena, calentándola como a una perra en celo… -le dice ronco, sonriendo torvo, mirando su mano dentro de la tanga, apoyando un segundo dedo y metiéndolo lentamente en el agujero prieto del muchacho.

   -¡Ahhh! ¡Hummm! –gime este.

   -¿Lo haces así? ¿Hundiendo profundamente tus dedos morbosos, frotándole su sensible clítoris, haciéndola gemir y transpirar, cociéndose la pobre en sus jugos? ¡Responde! –le ruge autoritario; los dos dedos, enroscado uno sobre el otro, entran y salen, pero no del todo, rascándole por dentro, buscando hacia arriba.

   -¡Ohhh! –el fuerte gemido sale de su boca muy abierta, de donde escapa algo de saliva, su cuerpo muy tenso sobre la silla, apretando su culo sobre esos dedos, la mirada, implorante, atrapada en la del hombre.- Se los meto más rápido, señor. –se oye confesar.- Oh, Dios… -chilla echando la nuca hacia atrás, ojos cerrados, cuando el masculino y vigoroso sujeto, sonriendo, incrementa la velocidad de las metidas de sus dedos en ese ojete que los atrapa y oprime.

   -Sé lo que piensas. –le informa gruñendo bajo, acercando la punta de su verga pulsante a ese joven rostro sonrosado.- Que los coños de las nenas existen para ser tocados, penetrados, calentados, siempre listos para ser usados por los hombres. Todas son putas que gimen de placer con unos dedos clavados, ¿no? Es lo que piensas de mi nena, ¿verdad? –los dedos, con la palma abierta sobre el pequeño tolete y bolas, entran profundamente, agitándose en su interior, tijereando, y el chico sólo puede gemir.

   -Señor Cole, no, por favor… ¡Ahhh! –y se estremece cuando la punta de la lisa, caliente y babeante verga del otro se frota sutilmente de su sien. Sabe que es la verga del otro, no necesita mirarla.- Señor cole… -repite cuando un sonriente macho, retirando sus dedos y ahora intentando meterle un tercero, enroscados, le frota decididamente el glande de su tranca de la sien, donde las venas palpitan.

   -¿Se la pegas así cuando la manipulas? ¿Disfrutas de rozarla sobre su piel? –le pregunta ronco, metiendo los tres dedos, haciéndole gritar contenido, tensarse, arquearse, gemir, ¿tal vez adolorido?, sacándolos lentamente a medio camino y regresándolos, el pequeño agujero cerrándose con fuerza sobre ellos.

   -Yo… yo… se la restriego de toda la cara –Brandon jadea, casi lloriqueando. La risa del otro le estremece.

   -Si, imagino que sí. –se burla metiéndole los dedos, dejándolo en las suaves, apretadas y ardientes entrañas, mientras se agarra el güevo tieso con la otra mano y recorre la frente del muchacho, quema y se siente bien bajo su glande, le recorre los pómulos, el puente de la nariz, roza sus labios entre abiertos mientras gime, y el tacto con los delgados, rosados y húmedos labios es delicioso. La cara del muchacho queda ligeramente mojada, y cuando el glande sube y baja contra sus labios, dejando escapar gotas de líquidos, los dos gruñen.

   -No haga eso, señor…

   -Abre la boca. –le ordena.

   -No, señor Cole, no debemos hacerlo, un hombre… ¡Uggg! –suena ahogado cuando el macho empuja y mete el glande entre sus jóvenes labios, las miradas encontrándose.

   -Sabes que una putita no debe hablar tanto, sólo obedecer. Caer de rodillas frente a los machos y mamarles las vergas, de base a punta, con hambre de perra famélica. –le dice.- Tú sabes, como haces con mi hija. –le empuja medio tolete, el cual va desapareciendo centímetro a centímetro dentro de aquella boquita juvenil.

   Agitado, abriendo mucho los ojos, muy rojo de mejillas, Brandon le lanza una mirada alarmada, casi suplicante, pidiéndole que no le haga eso, mientras sus labios tienen que abrazar la pulsante pieza, la lengua quemando ante su tacto, quedando mojada con los jugos del poderoso macho.

   -Seguramente mi inocente hija no sabía hacer esto. Muéstrame cómo la convertirte en una tragona. –le dice, sonriendo, sacándole los dedos del culo. Basta de estimular a la perra, ahora debía ganárselo.- ¡Siéntate derecho! –ordena marcial, o paternal, y el joven, sin sacarse la pieza de la boca, se endereza, quedando sentado con las piernas afuera, mirándole.- ¡Muéstrame qué le obligaste a hacer!

   Y exigiéndoselo, saca el glande de su boca, frotándolo nuevamente sobre su cara, mojándole más, permitiéndole respirar, mirarle aunque debía cerrar alternativamente los ojos cuando la punta del grueso tolete pasaba sobre ellos.

   -Señor Cole…

   -Vamos, muéstrame qué le indicaste que hiciera… -le urge, mirándole con control, alto al estar de pie ahora que dejó de jugar a meterle los dedos por el culo.

   -Señor Cole, no, por favor… esto está mal.

   -Claro que está mal, ¡aún no estás mamándome la verga! –le aclara, manos en la cintura, su barra fuera del apretado  speedos rojo.- Muéstrame qué hiciste para convertir su boca en un coño hambriento de güevo. Sé que quieres… enseñarme qué le hiciste. –se burla y ordena.

   Dudando, queriendo resistirse pero sintiéndose atrapado en una locura de la que, tal vez, era mejor salir lo más pronto posible, Brandon saca su lengua, teniendo que acercar su rostro a la verga quieta, debía buscarla, claro, quemándose abiertamente cuando la toca, notando que el otro sonríe pero también se estremece. No le extraña, aunque no muy activo sexualmente, le gusta que también se la mamen, aunque Nelly no era especialmente amante de aquello.

   -Si, seguro le decías que recorriera cada pedacito, cada resquicio, ¿verdad? –le gruñe, Brandon obedeciendo, ladeando su rostro, la rojiza lengua aleteando aquí y allá, recogiendo una saliva espesa y salobre. Tarda. Duda.- Pobre de mi hija, no eres bueno como maestro. Así no se hace. –le gruñe, atrapándole la nuca con una mano abierta y atrayéndole, metiéndosela, obligándole a abrir la boca, ahogándose, los ojos muy abiertos cuando la titánica pieza masculina le obliga a separar las mandíbulas en su tránsito, los labios quemándosele sobre la barra, su lengua sintiendo ese calor y pulsar.- No es una tragona completa, le falta formación por tu culpa. Es así… así… -le retiene con la mano mientras le obliga a ir y venir sobre su barra, medio ladeándole la cara, las mejillas ahuecadas sobre su barra que adora esa presión, esa lengua agitada bajo ella.- Sus mejillas deben atrapártelo, frotarlo, de adelante atrás; es como masturbarte, mientras sorbe, buscando tu leche caliente. ¿No quieres que salga ya toda la leche caliente… cuando estás con una perra tragona? –se burla. Le ve enrojecer, sorber, algo de saliva escapando por las comisuras de sus labios, tragando, notándole parpadear, chupado y tragando otra vez.- ¿Lo ves? Te gusta el sabor, no lo entiendes, te parece extraño, pero todo tu ser responde a la esencia de un hombre. Esa es la recompensa de una sumisa tragona, ese delicioso sabor de los jugos del hombre sobre su lengua alimentándola como la puta perdida que es. –y lanza un gruñido atrapándole la nuca con la dos manos, cogiéndole la boca, obligándole a tragar más y más. Metiéndosela casi hasta la base, reteniéndole allí, viéndole los ojos llenos de lágrimas y ahogo.- Gózalo, puta, goza del güevo de tu hombre… es lo que debes decirle a tus nenas. –sigue burlándose del joven.

   Totalmente indefenso, dejándose llevar por el hombre, Brandon permite que le guie sobre la barra, chupando e intentando respirar al mismo tiempo, tragando más y más de esa saliva aliñada con jugos de hombre. Va y viene lamiendo y mamando, sintiéndola latir contra sus mejillas, el olor del pubis mareándole. Se atraganta un par de veces, pero debe continuar porque ese hombre no le dejaría escapar. Pero sí…

   -Debes dejar respirar a mi hija, semental. –ríe Cole, sacando su verga totalmente roja y cubierta de saliva, viendo gemir y respirar agitadamente al muchacho.- ¿Te gusta cómo sabe? Es una pregunta retorica. A una perrita caliente nunca se le hace. Un hombre sabe que sus putas siempre quieren. Y para una putita joven y vital, saborearla es la gloria.

   -No diga esas cosas, señor Cole… -jadea ahogado.- Por favor, no… -el hombre, apretando los dientes, agarrándose el mojado tolete vuelve a golpearle la cara, sobre mejillas y labios, para luego obligarle a tragar.

   -Silencio, una putita sólo utiliza su boca para traga cuando está en presencia del güevo de un hombre… mientras el coño se le va mojando bajo sus pantaletitas. ¿Se te moja mientras me lo tragas, saboreándolo, nena? ¿Te arde, te pica, necesitas urgentemente algo que lo llene y lo calme? –se la saca para que responda, viéndole relamerse y tragando, pero con ojitos asustados.

   -¿De qué habla, señor Cole? No quiero que me coja… -chilla, estremeciéndose cuando el otro, inclinándose y tomándole casi amoroso la barbilla, le sonríe.

   -No, pequeña mía, a una nena dulce de coño virgen no se le coge, se le hace el amor para que florezca como la princesa que es. –le deja boqueando, totalmente desconcertado. ¿Qué tramaba ese hombre? ¿Por qué le trataba así? Pero no tiene tiempo para pensar.- Vamos, vuelve a tu rica chupeta de carne dura, prepárala para tu dulce coño…

   Y tan confundido está Brandon que echa el rostro hacia adelante, tragándose el grueso y nervudo tolete, atrapándolo casi la mitad, sin pensar en la concesión que hace. Sorbe, aprieta, chupa mientras va y vienen, ladeando su rostro.

   -Si mi hija te viera en estos momentos, mamándole el güevo a su papá… -las palabras, soltadas con burla, veneno y control le hacen estremecerse.

   Y quiere creer que sólo lo imagina pero… su culo se agita con un calor abrasador.

CONTINÚA … 5

Julio César (no es mía).

¿ROBARÁ EL PSUV EL RESULTADO DEL 6 DE DICIEMBRE?

diciembre 30, 2015

EL GOBIERNO, MUCHO RUIDO Y NADA DE NUECES

IRRITA ELECCION DE MAGISTRADOS DEL TSJ

   El aquelarre…

   Las bolas corren con velocidad, el intento del régimen por desconocer el resultado electoral de las Parlamentarias. Y no resultaría ni extraño que intentaran semejante tracalería, la desesperación es enemiga de la elegancia, y en muchos casos hasta de la inteligencia. Ante el apuro de un régimen que se quedó sin plata y sin gente que les crea los cuentos y habladeras de paja de que se robaron los reales condenado al pueblo al hambre, y que todo fue por amor, sólo quedan estos mamotretos que el agonizante gobierno de Nicolás Maduro Moros y Diosdado Cabello intentan no sólo para atornillarse en el poder sino para salvarse de los juicios que obligatoriamente recaerán sobre ellos por corrupción administrativa, para comenzar, porque también necesita cubrirse de las iras de lo que queda del movimiento revolucionario que el difunto Hugo Rafael Chávez Frías inició y ellos destruyeron. Ahora se entiende la prisa por nombrar a los nuevos magistrados del Tribunal Supremo de Justicia a troche y moche contraviniendo la propia ley. Los necesitan para un mega fraude electoral postergado.

   Para tal fin no sólo se saltaron las postulaciones de la sociedad civil, todos salen de la cuna del PSUV, sino que eliminan de cuajo los tiempos procesales, ante cada postulación se abriría un espacio de tiempo para impugnaciones, para investigar o que expliquen estos sus posibles prontuarios delictivos y que se revisen credenciales. Todo eso dejó de hacerse por las prisas en cubrirse los culos al aire. Contando con una mayoría simple en el agónico Parlamento, lo que de entrega ilegaliza la elección de los fulanos magistrados, se les elige porque, según los rumores, necesitan que estos corran a impugnar los resultados electorales del 6 de Diciembre, donde Venezuela les dijo que ya estaba harta de ellos, e intentar así un fraude seudo legal, como lo fue, por ejemplo, la sentencia contra Leopoldo López, donde a sus fiscales, y a la juez, “les parecía que si había cometido un delito”, y como les parecía “debían condenarle”, siendo el funesto señor Monedero, en España, uno de los pocos que vio la legalidad y la justicia en tan aberrante hecho.

   Esto da credibilidad a la denuncia que poco antes hiciera el Secretario General de la Mesa de la Unidad Democrática, el periodista Jesús Torrealba, sobre el intento que se hizo hace semana y media, donde se quiso obligar a magistrados de la Sala Electoral a ilegalizar unas proclamaciones ya hechas por las juntas electorales. Según los rumores hasta a uno de esos magistrados, de vacaciones en España, se le ordenó regresar inmediatamente para intentar la maniobra para desconocer la voluntad popular. Negándose estos a tal barbaridad, recurren a montar ese aquelarre que aborta un Parlamento tan señalado y desacreditado que le costó la mayor derrota electoral hasta la fecha al régimen.

   Eso es lo que buscan con la elección de estos nuevos magistrados, esa triste comparsa de una gente jurando ante el partido y aplaudiéndose ellos mismos, figuras grises y patéticas sin sentido del ridículo o el honor. Si no ganan porque el país les desprecia y dice que no quieren que continúen llevándonos por ese camino, entonces se robará el resultado, se desconocerá el resultado con una sentencia fraudulenta. Para eso quedaron después de hablar tanta paja de adecos y copeyanos. Es que no hay defecto de la Cuarta República, o la  Era Democrática como se le conoce, que no repitan a la décima potencia, lamentablemente obviándose la parte constructiva: levantar autopista, universidades, crear fuentes de trabajo, ofrecer oportunidades de compra de viviendas no rifadas; para eso si no sirvieron.

   Mientras el país se hunde, los problemas se multiplican, esta pila de delincuentes (delincuente, dícese del que comete delitos) intentan otro fraude seudo legal para violentar la decisión popular. Y a eso le llaman revolución, no autoritarismo, no fascismo. No dictadura. Imagino que fuera de Ernesto Samper, los regímenes cómplices de Ecuador y Bolivia (el resto se aparta), y PODEMOS en España, pocos aplaudirán el nuevo intento para hacerse con el poder.

   Obviamente esto obligará a un replanteo general de los poderes, no ya para este agonizante régimen, salen por la puerta de atrás, sin logros (eso si, con las valijas llenas de dólares), sino de vista al futuro. El país debe vacunarse contra males como estos que hemos padecidos, esta Fiscal que deja a los delincuentes hacer y deshacer, y este Defensor de su Puesto que justifica todo abuso contra los derechos humanos. En el futuro, la gente que dirija la Fiscalía General, la Procuraduría General, la Contraloría General, la Defensoría del Pueblo y aún el Tribunal Supremo de Justicia tendrán que ser postulados, con nombres y apellidos, sus trayectorias conocidas, y elegidos en votaciones abiertas, secretas y universales, todos el mismo día, para que nunca jamás se repita el horror de estos señores que han costado al país miles de muertes, la miseria rampante, el hambre atormentando a la gente, la decadencia moral y fisca de la nación, y hasta el ridículo internacional.

   Es la hora de la democracia participativa y protagónica.

2016 Y EL PSUV, EL AÑO DE LA DESOLACIÓN

Julio César.

SE PASÓ DE INOCENTE

diciembre 29, 2015

TODOS GANAN

UN CHICO Y SU HOMBRE

   Cuando el suegro, el rudo padre de su novia, le dijo que le enseñaría algunos trucos amatorios debió sospechar.

MALO COMO TUTOR

Julio César.

LUCHAS INTERNAS… 166

diciembre 29, 2015

LUCHAS INTERNAS                         … 165

SEXY MAN

   -¿Te gustaría compartir mi cama… mi vida?

……

   -¿Qué quieres hacer? –le pregunta Eric, intuyendo que la iniciativa debía quedar en manos del otro.- ¿Qué deseas?

   -Ni yo mismo lo sé. –es la desvalida y ronca respuesta.

   Pero no dejaría que eso le detuviera, no en esos momentos, se dice el joven, desabrochando la correa y el pantalón, bajando lentamente el cierre, apartando la tela, los ojos atrapados en el tenue camino de negros pelillos que bajaban hasta el borde del calzoncillo chico del abogado, uno tipo bikini azul claro, no tan atrevido como sus tangas en la playa, pero que de alguna manera al mecánico le parece aún más insinuante. En esa pelvis hay pelillos arriba del bikini, debajo también, pero su mirada no captaba nada de eso; deformando totalmente la tela, una escandalosa erección roba los sesos del muchacho. Ahora no es que no quiere pensar en lo que hace, es que no puede, no cuando acerca su rostro, quemándose con el calor de ese entrepiernas, con el casi fuego que parecía escapar de detrás de la suave tela, una que, traga en seco, va humedeciéndose un poco justo allí donde se forma el hongo del glande. A Eric le babeaba ya.

   Mirándole a los ojos, resuelto desde sus rodillas, Jorge separa los labios que caen sobre ese hongo oculto, aprisionando, soplando, y la sensación sobre el güevo, oculto aún, es inmediato e increíble. Y si a Eric le tenía jadeando, algo dentro de Jorge le llevaba a besar una y otra vez esa punta, a recorrer la dura mole tras la tela con sus labios, mordisqueando y chupando, gozando sus gemidos, pero también el calor, dureza y pulsadas de esa pieza masculina. Traga en seco nuevamente, de expectación, mirándole otra vez cuando aparta y baja el bikini, el güevo tieso casi salta, horizontalizado en la nada de lo duro y lleno de sangre que está. Ojos contra ojos, Jorge acerca la lengua algo temblorosa a la punta de ese tolete y la pega de la esponjosa y lisa masa. Casi se le adhiere por un segundo, luego la recorre, cada resquicio y arruga, oyéndole gruñir. Recoge sus sabores acres macho, los de su jugo, y la lengua le arde en respuesta.

   Cierra los ojos y lentamente va tragándose el tolete, palmo a palmo, sintiéndolo pulsar contra sus labios, lengua y mejillas cuando va aprisionándolo. Baja sobre él, traga lo que puede, dejándolo así, quemándole la lengua, sintiéndose de pronto pequeño, indefenso y vulnerable. Lo había hecho otra vez; él, que se juró nunca más ocurriría, tenía el güevo de un hombre en la boca. No, no el “de un hombre”, el de Eric, ese chico guapo y sensible, apasionado y algo putón, alegre, valiente, galante y buen amante. El hombre joven que le miraba intensamente desde arriba, boca abierta, frente fruncida de placer y gratitud mientras le acariciaba la cara posterior de medio tolete en la boca con la lengua. Retira sus labios, el güevo salivoso queda en su mano, apretándolo, sabiendo cómo debe estarlo sintiendo el otro, mientras se miran.

   -¿Qué quiero? Esto. –responde al fin.

   Y todavía mirándole, baja el rostro, los labios rojos y húmedos chocan del tronco caliente y pulsante, ensalivado, besándolo lenta y suavemente. De base a punta. Eric jadea contenido con la boca abierta. Nuevamente Jorge, lleva su boca a ese glande de donde cuelga un hilillo de algo, uno que atrapa con la punta de su lengua, sintiéndose sucio, sensual, caliente. Lo saborea y le gusta. Reparte besitos y lametones ruidosos sobre el ojete, chupando un poquito. El sabor vuelve a encantarle. La verdad es que el joven mecánico lleva días extrañando esa sensación, la de tener el güevo de Eric en sus manos, tocarlo y apretarlo. Y saborearlo, reconoce mientras traga la mitad del tolete erecto. Se ha estado quemando pensando en eso; aunque lo ha intentado, aliviarse con otra persona, no ha resultado. Cuando tiene a una chica lista para meterle mano, se siente fatal porque sabe que se está probando, porque es perfectamente consciente de que busca sustitutos a toda la locura de pasión que experimentó en brazos de Eric Roche… montado sobre su güevo. Y esa idea, no poder apartarla jamás de su mente, no le dejaba actuar. La verdad es que tiene las bolas llenas de esperma. De mucha, mucha esperma. Y le arde, le quema por cualquier cosa. Lo más horrible era que ver a sus socios en el taller teniendo uno de sus “momentos”, le hacía pensar en el abogado y quería verle.

   Cierra los ojos y chupa, con fuerza, agitando su lengua de adelante atrás contra la pulsante pieza, sintiéndose extrañamente feliz cuando oye a Eric gemir de placer. El abogado, con ojos vidriosos, mira la suave cabellera castaña ir y venir, comiéndole el güevo, chupándoselo con ganas de sacarle todo. A su alrededor, el mundo gira, le parece que caer vertiginosamente hacía alguna parte, pero no le importa. No cuando la boca de Jorge se retira, centímetro a centímetro, apretando con las mejillas, de su tolete, dejándolo libre, dándole lengüetazos sobre el glande que brilla enrojecido y mojado. Tiene que cerrar los ojos, el abogado debe hacerlo cuando los delgados y hermosos labios de Jorge rodean nuevamente su muy duro güevo, tragándolo, succionándolo otra vez. No puede evitar mover sus caderas de adelante atrás, mirándole sátiro. Oh, sí, Jorge le estaba dando una muy buena mamada de güevo, pero verle cuando ladea el rostro, su pieza masculina entrando y saliéndole de los labios, era igual de intenso.

   Echando la cabeza hacia atrás, meciendo con mayor ímpetu sus caderas, cogiéndole la boca, Eric se deja arropar en una nube de lujuria. Esa boca que sorbe, esa lengua que quema su güevo, le tiene mal. Chilla un poco cuando su tolete es tomado totalmente, sintiendo el resuello del otro contra su pubis, y así, de alguna manera el joven mecánico se las ingenia para continuar ordeñándole con la garganta. Los sonidos son obscenos, abre los ojos y verle algo rojo de cara, con la nariz entre sus pelos recortados, es más de lo que puede aguantar. Necesita más.

   -Vamos. –le gruñe con ojos oscuros de lujuria, sacándole el tolete de la boca, quedándole bamboleándose y chorreando saliva y jugos.

   Le atrapa por las axilas y le hala. Dos machos jóvenes y vigorosos que comparten un momento de pasión; Eric siente el peso y fuerza física del mecánico en leve resistencia inicial ante lo sorpresivo del movimiento, luego se deja hacer y casi sonríe cuando es arrojado de espaldas sobre la estrecha cama. Se miran.

   Eric, con el güevo afuera, uno que Jorge mira y siente deseos de tener otra vez en su boca, con unas ganas que casi le avergüenzan, cae arrodillado a su lado. Y así, uno de rodillas, el otro de espaldas, levantado sobre sus codos, se miran. El abogado baja el rostro y su boca cubre la del mecánico, lamiendo y chupando de los delgados labios mojados de saliva y sus propios jugos. Se funden en un beso intenso y apasionado, las lenguas van y vienen con fuerza. Y mientras le besa, de manera automática, una mano del mecánico se las ingenia para atrapar el tolete del otro, apretando, dando frotadas arriba y abajo, bebiéndose el gemido del abogado, quien baja una mano por todo su cuerpo, atrapándole el suyo sobre el jeans, clavando los dedos a pesar de lo ajustado de la fuerte tela, atrapándoselo. Y cuando le aprieta, así, duro sobre las ropas, mientras se comen a lengüetazos, Jorge siente que se morirá.

   El abogado le besa y le saca la franela del pantalón, sobándole la barriga plana. Le muerde el labio inferior, sus respiraciones mezclándose, mientras le abre la correa y el pantalón, metiendo la mano con ansiedad, encontrando una breve tela licra barata, y bajo ella la pieza más dura, caliente y pulsante que haya palpado en su vida. Y la atrapa, la aprieta, la soba porque necesita sentirla.

   -Quiero comerte. –le ruega, acabando los besos, las dos barbillas algo bañadas de salivas, mientras le quita la franela casi rudamente.

   Jorge cierra los ojos y no se mueve mientras se estremece y gime largamente al sentir la lengua caliente y húmeda de Eric lamiéndole el mentón, seguramente raspándose con su afeitada barba, los dientes mordiéndole suavemente la mandíbula, recorriéndole la yugular en el cuello, mordiendo una de sus escapulas, bajando, dejando un rastro de saliva mientras lame y azota con la lengua sus tetillas. Cuando la boca se cierra sobre una, teniéndola bien atrapada, succionando de manera escandalosa, el joven mecánico casi siente que se corre, sabiendo que su güevo está mojando el bikini de licra barata que usa (por alguna razón le parecía apropiada para la cita). A la vista de la prenda levantada y que apenas contenía el duro tolete, Eric gime. Su boca cayó justo donde se dibujaba el glande en el mojado bikini, y procedió a chupar con fuerza. Jorge tan sólo podía gemir. Si, había extrañado eso. Lo había deseado en una parte profunda de su mente, la increíble sensación que la boca del otro carajo sobre su tolete era capaz de provocar. Le ve salir de la cama, mirándole erótico, despojándose de sus ropas, y admira el esbelto cuerpo masculino. De pie, Eric le toma los faldones del ruedo y le hala el pantalón, dejándole en bikini. Uno que retira con ojos embelesados sobre el rojizo blanco güevo del mecánico.

   Completamente desnudos se miran, Eric sube a gatas y cae sobre él, se abrazan, las manos tocan, acarician y recorren mientras sus bocas se encuentran una y otra vez. Necesitados de sus lenguas encontrándose, de sus cuerpos frotándose. Pero Jorge arde, mucho, y le coloca de espaldas, quedando arriba, y comienza a besar su cuello, la lengua recorre el corto vello de su torso y las duras tetillas ya saboreadas, donde muerde y chupa como un lactante. Y todo le da vueltas. Baja y baja, avergonzado pero indetenible. ¡Quiere mamar otra vez ese güevo! Desea tenerlo en su boca, quemándole, latiéndole, llenándole de jugos. Ignora que lanza un gemido cuando lo atrapa con una mano, levantándolo y tragándolo. Eric cierra los ojos, y si, disfruta de esa boca comiéndole el tolete, dándole la masajeada y apretada de su vida, pero quiere más. Entiende perfectamente al mecánico, también quiere saborear la dura masculinidad de un hombre. De ese hombre. Ese delicioso majar de los dioses del sexo.

   -Ven, sube… -le pide, atrapándole la cintura con las manos.

   Y temblando aún más de lujuria, si fuera posible, Jorge sube sobre él, con el rostro en dirección a la pelvis del abogado, en un sesenta y nueve, cada cara contra un güevo babeante. Mientras el mecánico, ojos cerrados, sube y baja su golosa boca sobre el duro tolete, sintiéndose en el cielo mamando a un hombre, es perfectamente consiente de cómo la lengua de Eric azota y lame sus bolas, sintiendo calambres, de cómo la punta de su tolete es recorrido, lamido, besado y chupado en busca de esos jugos que los hombres producen y otros hombres codician. Cuando a Jorge se le marcan las venas en las sienes, bajando totalmente sobre el güevo de Eric, atrapándolo todo otra vez, ordeñándolo con muy leves movimientos de nuca y garganta, este gime y alzando la perezosa cabeza de la almohada, se traga así mismo su tolete, todo, alojándolo en la garganta, sobándolo con los labios, mejillas y lengua. Chupan, sorben, se agitan y gimen de manera intensa mientras tragan güevos. Esos güevos. Es tanta la emoción que en más de un momento cada uno sintió que se corría, pero el otro, presintiéndolo, se detenía. Era frustrante, excitante y maravilloso. Poco a poco las testosteronas inundaron el ambiente.

   Esperando que “se calme”, Jorge, ojos cerrados y boca abierta, frota su rostro de la dura verga de Eric, mientras este le mama. El joven mecánico se siente transportado a otro mundo, uno de sensaciones, todas poderosas y dignas de ser vividas. Frotar su mejillas de ese tolete caliente y duro, sentir la mamada que Eric le daba, algo tan rico que ningún hombre en toda la historia ha podido negarse cuando otro se ofrece a dársela, así como compartir el calor corporal con Eric al estar sobre él, le tiene sobre estimulado. La boca le deja el tolete, y la extraña ya. Pero esa lengua lo recorre, de punta a base, subiendo, azotando sus bolas. Subiendo más. Casi se tensa sabiendo lo que viene, temiéndolo. Los pulgares de Eric se clavan en sus nalgas, abriéndole todavía más, el calor de su aliento calleándole ahí cuando acerca el rostro. Y gime, Jorge lo hace, arqueando la espalda, cuando la lengua del abogado azota lentamente, una y otra vez, la entrada de su culo. El redondo agujero, fruncido, se estremece. Sufre espasmos mientras esa lengua que lo ensaliva va y viene, arriba y abajo, atacándole, queriendo obligarle a rendirse, a bajar las murallas y dejar que penetra el bárbaro conquistador a tomar su fabuloso botín. No sabe sí por pensarlo así, o por sentirlo sobre su culo, se agita, frotando intensamente su cuerpo del de Eric, sintiéndose todavía más caliente que un segundo antes.

   -Eric, no sé… -todavía intenta una queja, temblando más.- ¡Ahhh!

   Eso muere cuando esa boca se cierra sobre su culo, en un beso negro chupado, pero también lengüeteándole la entrada. Jorge se agita y gime, rojo de cara, ojos llenos de agonía, de mendicidad cuando su culo se abre en flor y permite la entrada de esa lengua, reptando y metiéndosele. Los ruidos de chupadas y sopladas, la baba chorreando por la barbilla de Eric, todo enloquece al mecánico, quien frota su cuerpo ardiendo contra el de Eric. Lo sabe. Está agitando sus nalgas, busca con su culo esa boca que se apodera de todo, de esa lengua que lo penetra. No sabe que gime, que se estremece, que lloriquea, que su culo arde y quiere, quiere eso. Quiere más. Y cuando la boca se aparta y un dedo se acerca, rozándole, no se sorprende.

   -Por favor… por favor, métemelo. –se oye decir, tensándose al máximo cuando el dedo se hunde fácilmente, como cuchillo caliente en una barra de mantequilla, en su culo tembloroso, ensalivado y ardiente.

   Se agita más, ruge, tiembla sobre Eric mientras el dedo de este entra y sale, penetrándole. Cuando lo va sacando, el abogado ve como la membrana parece retenerlo, cuando lo hunde, se lo aprieta, lo hala. Lo coge así unos instantes, con rapidez, dedo adentro y afuera, oyéndole gemir, viéndole estremecerse, el esfínter agitándose, luego lo saca y le calva dos, con lentitud, haciéndole gemir y estremecerse todavía más. Mareado de tanta lujuria, Jorge boquea, atrapa el tolete del abogado y se lo come. Gime, y chupa, su culo se agita contra esos dedos. Sabe lo que sigue y no puede evitarlo, aunque no era lo que tenía en mente al citar al otro. Bien, nada de todo aquello a decir verdad.

……

   Mientras gime y se estremece, a cuatro patas sobre la estrecha cama, Jorge, con el cerebro lleno de endorfinas y testosterona, se pregunta por qué coño se había negado tanto eso. La sensación que despertaba dentro de sí el roce de la rugosa y ardiente pieza contra las paredes de su recto le tenía muy mal. Casi cae de sus codos cuando Eric vuelve a embestirle, sosteniéndole con propiedad por la cintura, metiéndole a fondo, con dureza y expertamente ese güevo caliente en sus entrañas. Cerrando los ojos, arqueando la espalda y echando la cabeza hacia atrás, puede decirse que si, que la siente toda, desde que entra, llenándole, frotándole y produciéndole chispazos de placer, hasta que golpea su próstata, casi haciéndole desmayarse de pura lujuria. ¿Por qué se había negado aquello?, porque no era de hombres, de machos como suponía era él, dejarse hacer esas cosas. Hasta la llegada de Eric. Si su hermano Gabriel no hubiera dicho aquello…

   Pero no puede ni quiere pensar en eso, no sintiendo la dura y gruesa mole de carne dura de macho cogiéndole, abriéndole, penetrándole, estimulándole, haciéndole gemir y echar su culo de adelante atrás, buscándola. Podía sentirla, si, deslizándose dentro de su culo y sus entrañas, reviviéndole. Cuando Eric se tiende sobre él, casi derribándole con su peso, mordiéndole un hombro, lamiéndole el cuello, admite que en su cama, en su cuarto, había soñado muchas veces con aquello, con tener al abogado así, golpeándole con su güevo tieso las nalgas, duro, rozando con el glande mojado la entrada de su orificio y luego metiéndoselo, poco a poco.

   -Ahhh… Ahhh… -era todo lo que podía expresar, ojos nublados, boca babeante, endureciendo sus nalgas.

   -¿Te gusta, Jorge? ¿Te gusta sentirte lleno de mí? –le pregunta Eric al oído, lamiéndoselo.- Te he extrañado tanto.

   -También yo… -confiesa, ladeando el rostro, mirándole con mendicidad.

   Cada centímetro de la gruesa verga sale y entra del agujero caliente, que lo abraza, lo hala, lo masajea y chupa, las membranas de su esfínter arropan al salir la nervuda barra. Dos cuerpos jóvenes y viriles estremeciéndose en un ballet de sexo duro y excitante.

   -Quédate conmigo, por favor… -pide Eric, ojos nublados, voz ronca. Necesitándole.

   -Claro. –le mira, forzado sobre un hombro, medio lloriqueando. Siendo sincero… en esos momentos.

CONTINUARÁ … 167

Julio César.

NOTA: Releyendo esto, recuero a un sujeto que revisó mi trabajo en una editorial, le extrañaba que pudiera escribir páginas y páginas de un solo encuentro sexual. Lo otro que noto es que, después de que Eric “consiguiera” a Jorge en la escena del jacuzzi, esto me pareció casi aburrido de releer.

LA NAVIDAD

diciembre 29, 2015

27 DE FEBRERO,  RETAZOS DE COLCHAS

   No sólo de pan…

   Finalmente ha pasado una de las dos celebraciones de las que es imposible escapar, prácticamente, familiarmente hablando, la Navidad. Queda la despedida del Año Viejo, pero ya vamos saliendo. Me gusta reunirme con mi gente, beber, comer, celebrar, pero hay algo en esa obligatoriedad que incomoda un tanto. Son, especialmente la llegada del Año Nuevo, días algo desordenados, escandalosos, caóticos. No imaginan cómo amo regresar al final del día Primero, o al otro, a mi apartamento, a la paz y tranquilidad de mi hogar. Eso es entrar, encender la televisión, ir al baño, tomar café y caer sobre mi cama. Sólo ahí se descansa. Es la recompensa prometida.

ABRAZO NAVIDEÑO

   Estuvo bien esta Navidad, hablando en lo general, todos estábamos en casa, aún con la pena de ciertas personas idas que nos tocaron. Se comió, se bebió, reímos, hablamos mucho a la hora de la cena, por un lado de la locura terminal que pareció darle al Gobierno con la derrota electoral de 6 de Diciembre. Ya suenan como dementes incapaces de controlarse o controlar lo que sea. Lo otro fue el horrible chasco del Miss Universo, del cual no sabía nada hasta ese momento. ¡Qué barbaridad! Nos dimos el abrazo a la media noche… y poco más. No hubo grandes fiestas a nuestro alrededor, poca gente salió a festejar algo, los niños tuvieron que conformarse con las cositas que pudo regalárseles. Y los fuegos artificiales brillaron por su casi total ausencia. Venezuela es un país brutalmente empobrecido por la receta neoliberal implementada en Enero, que nos hace mostrar la inflación más alta del mundo. Fue algo triste y deprimente. Gastar, en Navidad, en cosas para la familia, lo que se desea obsequiar, es una tradición muy venezolana, como imagino que es en todo el mundo, y se nos imposibilitó.

ADORNOS Y REGALOS NAVIDEÑOS

   La casa de mis padres estaba bonita, los arreglos navideños, incluido el Nacimiento con su quebrada, se veían especialmente luminosos, fue cuando noté que habían cambiado los bombillos del porche, quitaron la fría y opaca luz blanca por la amarilla. A falta de grandes vidrieras, tiendas y arreglos en los balcones, bueno fue ver esto. La lucha por no dejar las paredes sin pintar, las cortinas nuevas colgando, los bombillitos de colores dibujando sus luces en las paredes y la gente al pasar.

COMIDA NAVIDEÑA

   La comida estuvo bien, la gente se las arregla para no dejar de hacer sus hallacas, y eso que el “este Diciembre va a ser malo”, venimos repitiéndolo desde el año 99.

   ¿Era eso vivir el espíritu navideño? Recordé a una amiga quien me contó una vez que a media noche, ya el 25 de Diciembre, en su casa, rezan un rosario. Y como ella, mucha gente me ha referido la misma historia. Y viéndolo bien, la Navidad es eso, una festividad religiosa, nace el Hijo de Dios, nuestro Dios, y el significado trasciende la pachanga y la parranda. Pero, creo, que en mi casa no lo vemos totalmente así, aunque tengo una hermana que hace una oración y es acompañada por otros. Dentro del mundo católico, estas fiestas tienen esa connotación en el fondo, del nuevo pacto entre el Creador y los hombres, pero, personalmente me parece que el espíritu de los días también es de compartir. Cuando compartimos no sólo el pan o la botella, entramos en comunión con algo más grande.

   De muchacho, el hermano que me sigue y yo, acompañábamos a papá de pesca en ríos, o la playa, y amanecíamos. Más de una vez, sentados en la arena, miramos el cielo clarear y encenderse con los colores del amanecer. Y viéndolo en retrospectiva, era un momento mágico que compartía con mi papá y Miguel, un hermoso recuerdo que forjó lazos. Años más tarde amanecía con mis amigos, tomando caña como locos en una casa ajena, tocándonos ver el amanecer en una acera. En Diciembre, después de las doce, el 24 0 el 31, salía con ellos a recorrer cuanto sitio encontráramos donde nos recibieran con aguardiente, comida, bailes y risas, agarrándonos el día en las calles. También fueron, salvando las distancias, momentos de comunión. De ellos conmigo, cuando entrecerrábamos los ojos a la salida del nuevo sol.

AMANECER NAVIDEÑO EN HONOLULU

   Esta imagen de dos personas, en medio o después de los gritos y jolgorios, detenidos, mirando el nacimiento del día en la playa Waikiki, en Honolulu, puedo entenderla. No sería extraño que se sintieran conmovidos por una emoción que a veces es difícil de entender, aún cuando la vivimos; el reconocer, no sin asombro o sorpresa, la belleza a nuestro alrededor y sentirse feliz de que esté ahí, así, para nosotros y todos. Porque entendemos que el mundo es muy grande y maravilloso, y que se nos permite formar parte de él.

CRISTIANOS IRAQUIES CELEBRAN LA NAVIDAD

   Y felices nosotros que, en medio de nuestros problemas, casi todos creados por falta de sentido común y un mínimo de inteligencia para actuar, podemos celebrar abiertamente nuestras creencias, nuestro parecer. Hay lugares del mundo donde la gente intenta ejercer su fe y eso les acarrea peligros, a veces la muerte. La intolerancia religiosa es tan terrible como todas las otras, pero con el agravante de que se usa el nombre de Dios en lo más vano de lo vano, para encubrir corazones asesinos, el odio hacia los demás, justificando muertes. Los hombres violentos necesitan fabricarse dioses violentos. Pero otros, la mayoría, sienten en lo profundo de sus almas la necesidad de manifestar y mostrar esa fe. Cuando llegaron las doce de la noche, de la Noche Buena, en un campamento de refugiados en Irak, cristianos iraquíes, desplazados hace casi dos años del norte de su país, alojados en campamentos, encendieron una gran hoguera como parte de la celebración de la misa de Navidad. Son personas que debieron abandonar sus casas, la tierra donde nacieron, porque son cristianos y a unos señores de un fulano Estado Islámico no les parece que tengan derecho a ser o vivir. Y, sin embargo, se reúnen y conmemoran. Y me parece que ellos, quienes han sido probados, entienden mucho mejor que yo, en mi casa, con mi familia, en medio de la comilona y las fiestas, lo que cuesta e implica celebrar la noche del nacimiento de el Salvador. La fe que depositan en tal certeza, en el cumplimiento de la promesa, que un día acabará la tristeza, el dolor y el llanto.

   Como decía el Espíritu de las Navidades Presentes, en todo lugar, bajo cualquier vicisitud, la gente celebra la Navidad. Y la Navidad puede ser algo que vive, realmente, en el corazón en cada ser humano que se aferra a la esperanza.

   ¿Y ahora?, lo que falta, el fin de año con uno de los grandes clásicos…

LLEVANDO LA FIESTA EN PAZ

Julio César.

CITAS EN NINGUNA PARTE… 8

diciembre 29, 2015

CITAS EN NINGUNA PARTE                         … 7

PADACKLES ES AMOR

   -¿Le damos un poco más?

……

   Era lo que tenía que hacer, dejarlo todo atrás, por ello le pareció horriblemente injusto que la idea fuera tan dolorosa. Pero tendría que aprender a vivir así.

   Pasó un buen rato antes de que desapareciera el fruncir de su frente, pero entre copas, cervezas y bailes, fue pasándosele. A sus amigas les incomodaba un poco ese bailar con él, parecía esforzarse demasiado en verse animado. También el que observara descaradamente a un joven que parecía babear devolviéndole la mirada. En un momento cuando baila con Alexis, esta es desplazada por una ceñuda Megan.

   -¿Quieres calmarte? –aconseja ella. El castaño deja de bailar.

   -Ah, no, Meg, no voy a bailar con mi hermana. Ya la noche ha sido suficientemente extraña, molesta y horrible para que haga esto. –se queja. Ella intenta no sonreír.

   -Sé que te molesta que Jensen…

   -Sí, porque es un idiota. –se suelta, molesto.- ¿Por qué tiene que hacerlo todo tan difícil?

   -Lo que hace te parece idiota, su comportamiento es incomprensible para ti porque… ay, Jared, es obvio que lo quieres mucho. Tanto que te duele de maneras que, aunque creas que no, entiendo bien. Pero tal vez para él no sea igual de… intenso. -le ve tragar.

   -Lo sé, no me quiere de esa manera. Tan sólo busca… -se encoge de hombros como restándole importancia.- …Pasar el rato.

   -O todavía no sabe lo que siente, ¿lo has pensado?

   -Lo creas o no, si, una gran cantidad de tiempo cuando no estamos juntos. La idea vuelve a mí una y otra vez aunque no acepta ninguna otra cosa de mi vida. ¿Por qué? ¿Acaso soy tan bueno en la cama que no encuentra en otro lo que tiene conmigo? Eso suena genial, y me haría condenadamente feliz creerlo, pero ni yo soy tan tonto. Debe haber algo pero… -se ve dolido. Frustrado. Decidido.- No se puede seguir así. Imagino que contándoselo a otro, este pensará cuál es el problema si quiere sexo y me gusta hacerlo con él; lo sé, pero…

   -Quieres más. –termina ella, sonriéndole confortándole, frotándole un antebrazo.- Es por eso que nunca resulta el sexo entre amigos. Eso de amistad con beneficios siempre termina en una cosa u otra. Y la otra es la perdida de alguien a quien se ama.

   -¿Tú y Milo Ventimiglia? –la mira interesado, lamentándolo por su hermanita, entendiendo al fin aquello de que amar a veces duele. Decían también que era preferible amar y perder que nunca haber amado, pero en esos momentos le parece la mayor idiotez del mundo, producto de un desocupado.

   -Si, la jodimos. Pero no pierdas las esperanzas con tu increíblemente bello rubio. Espéralo un poco más.

   -No, Meg, tal vez todo este teatro de reina del drama es una señal para continuar. Partir.

   -¿De veras? ¿No es por eso que continuamos en esta disco de mierda, para ver si regresa por su chamarra, sus llaves o por ti?

   -Te crees tan lista. –casi le saca la lengua, frustrado. ¿Hacía eso?, ¿esperarle inconscientemente? No lo sabe. Pero no lo extrañaría.

   -Anímate, la vida no se acaba por algo así.

   El joven sonríe y asiente, aunque sospecha que no será fácil seguir un consejo así. Por un momento experimenta un ramalazo de desaliento y rencor, deseando no sentir en esos momentos lo que siente. Desea poder regresar en el tiempo y no entrar a esa disco y conocerle… O no fallar, como lo hizo, volver y hacerlo todo de manera distinta, logrando que esta vez si le amara.

……

   Jensen no aparece y parten a casa de Sophia, donde bebe y ríe pero no engaña a nadie. Deprimido, y molesto, regresa a avanzadas horas de la madrugada a su apartamento. ¿Por qué no se quedó donde estaba? Porque habría tenido que soportar las miradas preocupadas de sus amigos, también su insistencia en que se divirtiera. No, en esos momento lo que anhelaba era regresar a la paz de su piso. O, tal vez, porque esperaba, contra toda lógica, toparse con Jensen por ahí, cabizbajo, ojos arrepentidos, hombros caídos, las manos en los bolsillos, esperándole para hablar. Se habría hecho el duro, el molesto y mortificado, luego le invitaría una copa y…

   Dios, ¿se podía ser más patético?, se recriminó subiendo a su piso, dejándolo todo sobre la mesita del recibidor, deteniéndose frente al balcón. Va a su cuarto y después de una rápida ducha que no despejó su mente del alcohol ni su espíritu del malestar sentimental, cayó sobre su cama. Le costó conciliar el sueño; de espaldas, las manos sobre su cabeza, reposándolas en las almohadas, recordaba una y otra vez la discusión, su decisión de apartarse. Lo que le parecía más horrible en esos momentos era que estaba prácticamente decretando que nunca más le diría hola al rubio, ni ahora, o mañana, o dentro de una semana. le estaba sacando de su vida. O este le había sacado. No sabe cuál es su situación, y sin embargo las dos posibilidades lastiman.

   Finalmente se quedó dormido, cosa curiosa, con una sonrisa en los labios.

   Soñando con Jensen, un Jensen totalmente desnudo dándole la mamada de su vida sobre esa misma cama, acostado y metido entre sus piernas, con él echado de espaldas, tenso, ronroneando, agitando los dedos de sus pies, abriendo y cerrando los puños, enloquecido por la presión de esos labios de pecado, esas mejillas ahuecadas y la lengua que quema. No, más bien le cogía la boca, porque mecía sus caderas de arriba abajo. Metiendo su verga entre los carnosos labios que presionaban una y otra vez. Y en todo momento sus miradas estaban entrecruzadas. Comunicándose sin palabras como ocurría siempre en esos instantes.

   Dormido regresó a ese momento mágico. Al otro día lo lamentaría al extrañarle aún más.

……

   -Tienes mejor cara hoy. –le comenta Chad, tres días más tarde, ambos subiendo hacia la oficina en el ascensor.

   -No, Chad, no quiero ningún escarceo sentimental por ahora, te lo agradezco. –se burla, pero sin alegría.

   -Joder, tu humor de mierda no mejora ni con las penas, ¿eh? –el otro sonríe.- Pero en serio, te ves más… Bien, menos vuelto un culo.

   -Dios, eres tan buenos para las palabras. –le mira algo agitado. Eso se volvía una costumbre molesta. Alexis, Chad, Sandy, incluso Megan le llamaban para “ver cómo seguía”. Era grato charlar, le gustaba charlar, charlaba con todo el mundo, no podía evitar charlar, joder, Jensen le gritaba a veces que callara, pero no cuando el tema era únicamente el cómo se sentía.- Y estoy mejor, no me voy a morir, Megan tenía razón.

   -Sería la primera vez. –dicen al unísono, sonriendo al recordar a la chica. Chad piensa que tal vez debería dejarlo así. Pero pensar no era su problema, lo era su gran boca.

   -¿Han hablado? –y se maldice notándole tensarse.

   -Nop. No me ha llamado ni yo lo he hecho. –responde ronco. Y poca gente podría imaginar todo lo que le ha costado.

   -Vaya, me sorprendes, no sé porqué imaginé que estarías dándole vueltas al bar donde trabaja ese sujeto, oculto en las sombras del callejón, cubierto con una batola negra, entre los gatos tras unos botes de basura. –Jared le mira ceñudo.

   -Pareces saber mucho de asechanzas.

   -Yo no lo llamaría así. –suena a la defensiva.

   -¿Verdad? Lástima que los jueces no compartan tu visión sobre el acoso. ¿Cuántas cauciones de restricción cursan en tu contra? Amigo, sigue así y terminarás con un expediente en el FBI. Si no lo tienes ya.

   -Eres un imbécil. –se burla el rubio, alegrándole notarle de mejor humor.- Amigo, sé que no quieres oírlo, pero esto es mejor. ¿Salir con un Ackles? ¿En serio? ¿Por qué no vas y escupes directamente sobre la tumba de tu abuelo?

   -No ha muerto. –le recuerda, de mal humor. No le gusta analizar esa parte del asunto. ¿Qué coño le importaba quién fuera Jensen? El problema era que este no le quería.

   -Jared, Chad… -Adrianne Palicki, su asistente, bonita y sonriente como siempre, les recibe. Ve al castaño con intensión.- Te esperan. –a este le extraña, no tenía citas planificadas, ni lo deseaba. Va a decir algo para evadirse cuando esta agrega.- Un señor Jensen Ross… -al castaño se le seca la boca.- Sé que no acostumbras recibir a nadie sin cita previa, ¡pero es tan guapo que no pude correrle! –se sonroja la joven.

   -Mierda, ¿tú también? –se queja Chad, mirando sobre un hombro de la joven, hacia la amplia sala de estar, un poco más allá. No le gusta para nada esa visita. Si debía ser totalmente honesto, le había aliviado la separación.

   Jared, por su lado, no piensa en nada de eso. Está en shock. ¿Jensen estaba ahí? ¿Le había buscado? ¿Dio el primer paso? Y recuerda a su hermana preguntándole si podía estar seguro de que no había algo más, tal vez sentimientos, en esa no relación. Lo que era muy probable. ¿Acaso no cuestionó él mismos las razones del rubio para volver una y otra vez a su apartamento?

   -Hiciste mal. –oye que Chad reprende a Adrianne, quien parpadea, preocupada por un segundo.

   -Hiciste bien. –le corrige, sonriéndole y bordeándola, entrando en la sala, enfocando todos los sofás. ¡Jensen!

   El joven, llevando una simple camisa negra manga largas, un jeans oscuro y sus botas parecía un modelo de Marlboro. Tan guapo. Dios, más de lo que recordaba. Pero aún así notó las líneas de tensión cerca de su sensual boca, las de reocupación alrededor de sus hermosos ojos verdes. En cuanto le ve, este se pone de pie de prisa. Tenso, como no sabiendo si saludar, sonreír o simplemente inclinar la cabeza.

   A Jared le ocurre exactamente lo mismo. Tan sólo puede mirarle, llenarse los ojos con su atractivo, disfrutar y padecer los ramalazos de alegría, rabia e incertidumbres que lo recorren sucesivamente. Ninguno parecía capaz de decir algo.

   -Joder, dejan la puerta abierta y entra cualquier… -comienza Chad como saludo, cortando la tensión, pero no termina por el manotazo que va a su abdomen.- Hey.

   -Cállate y déjame solo. –gruñe el castaño.

   Aunque dudando de la salud mental de su amigo y sus acciones, Chad va hacia su oficina, seguido de la bonita y muy curiosa asistente, que mira de Jared al rubio. Estos quedan solos y la tensión vuelve en cierta medida.

   -Jared…

   -Jensen… -replica, con un jadeo, luego se recupera.- Pensé que no te vería más. –mierda, era lo último que quería decir como abre boca a la conversación. Le ve tensarse.

   -Lo imagino. Pero creo que… te debo alguna especie de explicación por…

   -¿Por comportarte como lo haces? si, me debes una explicación. –no puede evitar la amargura y dureza del tono.- Dime, Jensen, ¿todo este condenarme a ser miserable es porque soy un Padalecki? –al fin lo pone en palabras mientras se cruza de brazos. Esperando.

   -Si, Jared, sabes que es el maldito problema. ¡Eres un Padalecki! Un miembro de la familia que jodió a la mía. –la réplica, dura, le sorprende a pesar de todo. Y le hiere.

CONTINÚA … 9

Julio César.

SEWENDE

diciembre 29, 2015

EERSTE

TIO EN TANGA ATIGRADA

   No lo anuncia pero le gustan suaves y chicas bajo sus ropas…

MUSCULOSO EN TANGA AZUL

   Siempre lucha para que no se le levante entre los presentes.

MUSCULOSO CULO MASCULINO EN HILO DENTAL

   En ese vestuario todos aman que no sienta inhibiciones.

FORZUDO EN TANGA

   Aunque forrado de músculos, la chica tanga es la que atrapa las miradas.

EIGHTH

Julio César.

POR EL AROMA LOS RECONOCE

diciembre 29, 2015

LA LLAVE DEL FONTANERO

OLIENDO SUSPENSORIOS DE AMIGOS

   ¡Qué emoción!, otro que cae en sus manos.

   Cuando se desean tanto hay que trabajar duro para conseguirlos, se dice el apuesto hombre mientras, temblando, sostiene en sus manos el tibio y húmedo suspensorio. Sabía de quien era, de Roger Martínez, un carajote que practicaba la lucha, cosa que, había notado, le ponía duro y más de una vez se había corrido. Excitado lo lleva a su cara y aspira. Oh, Dios, si, también le había pasado esta vez, descubre con ardores de lujuria. Siempre, que podía, robaba algún bóxer, algún bikini masculino o un suspensorio, para nada malo, sólo para olfatearlo, para perderse en sus aromas acres y almizclados. Intentando no llamar la atención veía los rudos machos cuando se cambiaban, escandalosos y rientes, dejándolo todo así, donde cayera, y él, con la mirada vidriosa enfocada en algún oloroso trofeo. Pero, hay que aclararlo, no es este hombre un degenerado pervertido, no roba ni huele los calzoncillos, tangas o suspensorios de sus amigos, sino los de esos carajos a los que sólo saluda, o los desconocidos. Y cree que algo saben, porque ha notado que muchos los dejan sobre sus bolsos, como esperando por el tío ansioso, que los limpia en seco aspirando furiosamente todo aroma.

EL OFICIAL DEL CAMPUS

Julio César.

LOCOS ECOS DEL MISS UNIVERSO 2015

diciembre 29, 2015

ADRIANA GUTIERREZ SIN CORONA

   Pasan cada cosa…

   Creo que ya lo he señalado por ahí, no soy de los que ve el Miss Venezuela, el Miss Mundo o el Miss Universo, ni siquiera la entrega de los Oscar o los Grammy, de la nacionalidad que sea. Ni siquiera el Míster Venezuela, como podría imaginar algún mal pensado. Esos programas me parecen largos y aburridos, aunque, como buen venezolano, me alegra y celebro cuando ganan nuestras damitas. Por eso no sabía nada del vaporón que se armó en la última edición del Miss Universo. Todo el mundo me hablaba del desastre, del bochorno y el escándalo, pero la verdad es que no sabía a qué se referían, ¡como de todo se hace una tormenta en un vaso de agua! Pero fue buscando cuando encontré la noticia…

   Después del largo concurso, cuando llega la hora de la verdad, el presentador, quien sólo tenía que leer un papel, tomar aire, leerlo bien y luego anunciarlo, se confunde y mete la pata hasta el fondo. El señor Steve Harvey se enredó solito y produjo uno de los momentos más desagradables del mundo, de esos de los cuales se hablan cada año, en cada antología que se haga de la televisión sobre los cincuenta momentos más bochornosos y tal y cual (el Canal E! debe estar montando el aquelarre), quedando el nombre de una joven colombiana unido a ese desastre.

STEVE HARVEY

   Cuando sólo quedaban la primera finalista y la ganadora del Miss Universo 2015, el analfabeta ese anuncia como ganadora a la colombiana, Adriana Gutiérrez, una muchacha realmente bella, quien gritó, lloró, fue felicitada, saludó, le pusieron una corona, el cetro, las flores, la fanfarria del programa, se desvivió enviando besos y saludando con la mano… para que después de laaaaargos minutos de verla haciendo eso, Steve Harvey anunciara que se había equivocado y la ganadora era la filipina Pía Alonzo, también muy bonita, con ese aire oriental que es tan exótico. Eso fue bochornoso. El hombre parecía que quería que se lo tragara la tierra, y no era para menos, ¡qué papelón!

PIA ALONZO NO LO CREE

   La carita de la filipina también era un poema, parecía dudar, como si temiera que estuvieran bromeando con ella. Pero la reina sentimental fue Adriana Gutiérrez, con su paseo triunfal truncado, su dicha efímera, su interno “lo logré, todos estarán contentos en casa y me resolví”. ¿La verdad?, después de que paseó por el escenario, se volviera hacia atrás y saludara, de que la filipina la felicitara, debieron dejarle esa corona y cargar con esa raya. Habría sido más noble.

   Lo sentí por Adriana Gutiérrez, pero aún esto abrirá muchas puertas. Creo que la mitad del mundo (al menos quienes vieron esa vaina), estuvo con ella. Sus posibilidades son infinitas, aunque sea por ese bochorno. Y la de rumores que inició el desliz del presentador, que si la robaron, que si la castigaron, que si Donald Trump (ahora un esquizofrénico y grotesco villano de Ciudad Gótica). Aquí, en Venezuela, el moderador de un programa escatológico, La Hojilla, que transmiten por la televisora estatal, VTV (Cubana de Televisión, mal escrito), Mario Silva, se fue en insultos contra los productores del certamen. Cosa en la que uno puede estar de acuerdo, aunque el resto fuera puro disparate. Eso de decir que la colombiana fue víctima del imperialismo, que prefirieron a la filipina porque en su respuesta dijo estar encantada con las bases militares norteamericanas en Filipinas, es una imbecilidad imposible de tragar, únicamente digna de esta gente que cree que todavía vivimos bajo el esquema de la Guerra Fría, así que a cualquier cuestión de religión, economía, arreglo social o político pasa por el estrecho tamiz de lo que “ellos” quieren hacernos a “nosotros”, imposibilitándoles para ver el mundo como es, cosa que los hace extraviarse y distanciarse de lo que la gente piensa. Por lo tanto ni resuelven ni avanzan.

   Cualquiera comete un error leyendo, por emoción, nervios, no era cierto que en el papel únicamente estuviera el nombre de la Miss Universo, la regla dicta que aparece también el de la primera finalista, pero que semejante error lo cometa un hombre de medios que lleva programas televisivos, resulta muy difícil de entender o disculpar a la ligera. Pero, repito, no lo creo una “maniobra imperialista”.

   ¿Qué eso era todo? Claro que no, ahora se dice que la hermosa señorita Pía Alonzo va a renunciar a su corona por amor. Según, la damita cuenta en Filipinas con un maduro galán que la dejó participar para que se divirtiera, pero que ahora quiere casarse y la puso a elegir entre ser reina de feria (y que me perdonen la gente del Miss Universo), o su señora. Aparentemente dejará la corona, con lo cual recaería en la señorita Adriana Gutiérrez… pero esta, según, había comenzado una demanda contra el concurso. Cosa un tanto traída por los pelos, el presentador se enredó, ¿va a quitarle lo que tenga? ¿En qué quedará todo? Si son inteligentes, y realmente la filipina renuncia, todo se resolvería por su cuenta y aquí no ha pasado nada… Pero era una broma por el Día de los Inocentes.

   Y como no falta gente de talento, casi en seguida sacaron un video sobre el hecho. Es algo cruel.

EL RETORNO DE MULDER Y SCULLY

Julio César.

UN TIPO QUE SE HACE QUERER

diciembre 29, 2015

RECHUPETE

SEXY MACHO ES MASTURBADO

   Se morían por complacerle…

   Sonríe Manuel al sentir el nada relajante masaje, la adoración que hace el otro a su magnífico cuerpo, el cómo toca y aprieta, con entrega y adoración total.

   -Eso es, así… sóbemelo así, esa mano más duro sobre mi güevo, como tienes que agarrárselo a los hombres. –le indica sereno, tranquilo, tan sólo con la autoridad del macho alfa.- Si eres un maricón ahora, no debes sentir vergüenza en acariciarme y complacerme. –se le nota satisfecho.

   -Pero… -oye al otro, la incertidumbre en su voz.

   -Tranquilo, no piense, un maricón sólo debe sentir, dejarse llevar por su deseo, que es la necesidad de hacer feliz a un macho. –le dice Manuel, quien desde los catorce años ha estado usando su verga en cuanta mujer se le resbala.

   Sabe cuánto les gusta. Y al ir madurando, pillando las miradas de otros tíos, entendió que al alfa todo quieren servirle. Encontrar a su compadre mirándole, una tarde, el torso mientras se cambiaba a toda prisa para salir en busca de chicas, había sellado el nuevo trato. Sonriéndole, sin camisa, se le fue encima preguntándole si le gustaba lo que veía, si quería tocarlo y con la lengua lamerlo por todos lados, que si no le gustaría comerle el güevo. El otro, como despertando de un sueño intentó disimular, pero estaba vencido, él mismo lo sabía, erizado de sólo imaginarse rozando con sus labios ese pecho de coloso.

   -No debería hacerlo, está Diana y… -aún agrega, antes de gemir cuando un puño se cierra sobre su cabello, halándole, haciéndole ir de rodillas, desde la parte posterior de esa silla a posarse al frente, entre las fuertes piernas. Ante el impresionante macho, encara su mirada.

   -La verdad, compadre, es que estafó a la comadre. Ella creía casarse con un macho y… bueno, ya sabe cómo resultó. Pero no se angustie, no es el fin del mundo ni debe echarse a morir por eso… -agrega, sonriendo, su güevo pulsando contra su abdomen, atrapando inmediatamente la hambrienta mirada del otrora compañero de parrandas, ahora un simple traga semen.- Entienda que los maricones mamagüevos hacen falta; los machos vivimos llenos de leche y de ganas, y eso nos pone agresivos y competitivos, con suficientes maricones ordeñándonos regularmente, todo se soluciona. Vamos. –abre mas las piernas y sonríe cuando el otro, con un jadeo se echa hacia adelante y lo medio traga todo de un bocado.- ¿No es esto mejor que hacerse la paja soñando conmigo, que me roba un bóxer o lame una corrida que dejara en un baño del gimnasio? Usted es importante en el orden natural, compadre; que su propósito sea satisfacer la necesidad de los hombres debe hacerle feliz. Cuando lo ahogó así… -le atrapa la nuca dejándole preso contra su pubis, resollándole en los cortos pelos, haciéndole enrojecer y los ojos lagrimear, soltándole luego.- O lo hago gritar mientras se la clavo por el culo como tanto le gusta, está cumpliendo con su trabajo. Ahora, ¿quiere la leche en la boca o en lo más profundo de su coño caliente? Vamos, responda que la tengo a tiro.

DE LA CURIOSIDAD POR EL TAMAÑO

Julio César.

LO QUE DEJO LA NAVIDAD

diciembre 27, 2015

TIOS DE ACCION

EL CALIENTE PAQUETE NAVIDEÑO

   Visitó a cada uno de sus amigos y les dejó desenvolver el paquete para que disfrutaran de su regalo.

RODOLFO, EL RENO PUTO

   Rodolfo, varado en el monte, necesita que varios chicos buenos le monten y llenen el taque para regresar al Polo…

MARINES ASALTADOS Y ABUSADOS

   Marines compartiendo piso, se reían tocando los consoladores que Santa llevó por “error” y este los redujo y robó. Ah, ¿y esos consoladores?, los usó.

COSAS DE TÍOS

Julio César.

LOS CONTROLADORES… 20

diciembre 24, 2015

LOS CONTROLADORES                         … 19

SEXY BOY

   Guapo, casi infecciosamente…

……

   Sonríe al notar como ambos le miran, de soslayo, esperando que mengue el número de personas presentes, y en un momento cuando prácticamente no hay nadie, cada uno se acerca, resintiendo la presencia del otro. Parecía cohibirles lo que hacían y no querían testigos. Es el cuarentón quien habla primero, saludando.

   -¿Si, caballero? –le pregunta solícito, le ve enrojecer un poco, como vigilando con el rabillo del ojo al chico ambiguo. Nunca era fácil hablar ciertos temas con un vendedor, menos si había un tercero.

   -Tengo un amigo que… -comienza, se atraganta, baja el tono de su recia voz.- Me habló de unos videos nuevos que están saliendo, del país, de sexo duro de tíos con jovencitos donde… -se corta todo, el chico ambiguo ahora mira con interés.

   -¿Fingen forzarles o violarles pero un superhéroe les salva? –termina, intrigado, el vendedor. La voz se corría y le pedían mucho ver eso, se dice no poco extrañado.

   -Ese mismo. –interviene con voz afectada, algo melosa, el joven. Sin mirar al hombre.

   -Tenemos algo pero… no he podido copiarlo, así que sólo está para exhibición. Tengo dos cabinas. Tal vez puedan verla y decidir si quieren adquirirlas. Compradas. Todo es muy discreto. –ofrece, notándoles luchar con la idea. Pero sonríe viéndoles asentir.- Vamos.

   Le siguen… y vaya que les gustaría, el encargado vería algo insólito, que le decidiría a meterse de lleno en el negocio de la distribución. Cada ficha en el juego del controlador jefe iba cayendo en su sitio.

……

   Matías, el chico ambiguo, con la boca seca se pregunta qué hace entrando en esa cabina. Debió comprar porno gay como siempre e irse, a toda prisa, con el corazón alegremente enloquecido, ansioso de llegar a su casa, cruzar la sala sin mirar a su madre y encerrarse en su cuarto a verla. Tragando en seco y todo su cuerpo caliente ante la visión de todos esos hombres hermosos de güevos grandes que se los metían por todas partes a otros hombres guapos. Lo de siempre. Pero cuando leyó en la red sobre aquellas películas, la curiosidad pudo más. La cabina es un minúsculo espacio de metro y medio por dos metros, un monitor de buen tamaño ocupa la pared que sirve de división con la otra cabina, donde seguramente el monitor correspondiente estaría en el mismo lugar para aprovechar el cableado. Una silla giratoria, con rueditas, se encuentra frente al aparato de video.

   Toma asiento y toca la pantalla, donde dice inicio, todavía dudando. Hay una grandilocuente música de introducción, con fanfarrias preciadas a las de la Twenty Century Fox, sobre el nombre de la casa productora, Coños de PerrasBoys. Eso le hace sonreír pero también le provoca un escalofrío por la columna. La filmación no es nada del otro mundo en calidad o iluminación, un menudo joven catire, delgado, con un chalequito escolar y un pantaloneta parece recrear la imagen de un chico que regresa de la escuela. Viene canturreando, saltando, con una rama recorre una tela metálica que cruza y se detiene en seco, algo alarmado, cuando queda frente a un bote de basura en llamas donde dos hombres corpulentos, con apariencias de mendigos, beben de una botella. Son dos hombres altos, treintones o cuarentones, con cuerpos forrados de músculos bajo sus ropas sucias, con manchas oscuras en sus caras y manos, donde lucen descuidadas barbas. Uno es negro, con crinejas largas, el otro tiene la piel cetrina y es calvo. Y son grandes, intimidantes, masculinos y predadores, mirando un poco hacia abajo, al chico catire, dulce e inocente como un escolar. Matías tiene la mirada fija en la escena, la boca seca, el corazón cabalgándole en el pecho, lleno de expectativas.

   Algo le dicen los sujetos al chico, con miradas predadoras, de burla y deseo, asegurando que un lindo chico como él seguro tenía un dulce coño escondido esperando ser tocado por los machos. Este se asusta, intenta retroceder y grita cuando dos pares de manos le atrapan. Se agita y se resiste, grita (¡era tan vivido!), pero esos hombres, uno al frente, el calvo, otro a sus espaldas, el negro, le pasan las manos por todos lados. El hombre negro, desde atrás, le cubre la boca haciéndole gemir ahogadamente, al tiempo que mete una manota dentro del chaleco y la camisa, bajándolos bastante, mostrando como manosea sus pequeños y virginales pezones. El otro le mete la mano bajo el borde del chaleco, alzándolo, frotándole la flaca panza blanca. Le desnudan, a zarpazos, el chico se agita y grita, pero sin palabras. Inmediatamente lo dejan totalmente desnudo, en cuatro patas, un enorme güevo negro rozándole la cara, azotándole con él, metiéndosele en la boca. Los ojos llorosos y desenfocados del chico, sus mejillas rojas denotan el esfuerzo que hace cuando sus delgados labios color rosa tienen que cubrir la impresionante masculinidad que emerge de la sucia ropa, con dos manotas reteniéndole por el amarillento cabello. Sus púberes nalgas son azotadas por una mano grande, feas y sonoras nalgadas se suceden, y gime, se tensa con cada una. Matías se siente trastornado oyendo a ese tipo decir que ese chico aún no estrenaba su dulce coño. Eso estaba mal, muy mal, pero todo su ser arde.

   Las nalgas enrojecidas con marcas de dedos muestran dentro de ellas un redondo, lampiño y muy cerrado culo, la rojiza cabeza del güevo cetrino se frota sobre la raja, arriba abajo, con el grosero tipo riendo preguntándole si el coño no se le mojaba ya de anticipación. El chico deja de mamar y se nota que pide que no le haga eso, el negro güevo ensalivado, que chorrea espesa baba y jugos, le azota feo la carita y vuelve a meterse en su boca. Hay una toma cercana del tembloroso culo y del frotar de la cabeza de ese miembro, arriba y abajo, que babea también. Y el tipo, atrapándole las caderas, apretando los dientes con maldad, se la clava toda, a fondo, con un “oh, sí, este coño virgen se siente tan bien”. El chico deja de mamar y grita, elevando la cabeza. Pero pronto tiene que regresar a chupar ese güevo pulsante. Llora pero su boca va y viene mientras aquel grueso instrumento de joder, la carne dura de un hombre hecho y derecho, se clava en sus entrañas, robando su inocencia y virginidad. Los dos machos lo cogen con violencia, sus güevos entran y salen de sus orificios sin piedad.

   Le tienden de espalda, nota Matías, frunciendo el ceño, parpadeando un poco, hay una luz intermitente en la imagen, algo que se refleja en un cristal. Era una luz molesta, continua. Y teniéndole de espaldas, el tipo cetrino, a su lado, le toma el bello e inocente rostro, obligándole a ir y venir sobre su güevo, comiéndolo. Los labios del chico lo cubren, sus mejillas muestran la figura del tolete. El sujeto le dice que sí, que siga así, que se nota que le encontró el sabor, que a todos los chicos como él les encantan las chupetas que los hombres guardan para ellos y tan sólo deben pelarlas. Eso hace reír a los dos violadores. El hombre negro, con su monstruosa verga todavía mojada de saliva y jugos, frota el amoratado glande de la raja, presionando en una toma cercana. Y es sencillamente increíble por lo mórbido, piensa un agitado Matías, todavía notando la luz parpadeante, también un cierto sonido de pitido que le hace arrugar la frente, ver como la titánica pieza se forza, abre y va penetrando, pedazo a pedazo del inmenso tolete, dentro del pequeño culo del chico, quien se agita, arruga la frente y arquea la espalda. Lo cogen así, el hombre negro rugiéndole que tomara, que le sacara la leche con su coño caliente y hambriento. Matías siente la boca seca, su cuerpo ardiente, su verga dura, sus tetillas sensibles… y su culo algo picoso. No lo entiende, pero se imagina en ese predicamento, dos machos cabríos, abusadores, dos sádicos tomándole así en plena calle, sometiéndole a pesar de sus gritos y llanto.

   Esa luz parpadeante, coño, ese pitido…

   La escena, los sonidos, tan claramente vívidos, sin embargo parecen llegarle con cierto retraso. Se sobresalta cuando una mano grande, firme, ruda y muy masculina cae en su hombro. Agitado vuelve la mirada, hacia arriba, y encuentra a ese tipo que entró con él a la tienda, el cuarentón. Su mirada era oscura, lujuriosa, su determinación era la del macho dominador.

   -De pie. –le ruge, halándole hacia arriba, apartando con un pie la silla. Dejándole parado frente al monitor, él detrás.- Mira eso…

   La mirada de Matías, quien no puede procesar exactamente qué ocurre, qué hace allí ese sujeto al que no conoce, tratándole de esa manera y hablándole en semejante tono, vuelve a la pantalla y casi jadea contenido. El chico, catire y bonito, muy joven, totalmente desnudo, está entre esos dos hombres, que están de pie, uno adelante, el otro atrás, sosteniéndole, sus piernas cuelgan en los brazos del sujeto negro, alzado en peso, su culo recibiendo en esos momentos el ataque, penetrada e invasión agresiva de dos moles de carnes duras. Estaban cogiéndole entre los dos, a un tiempo, mientras el chico gemía entre sus cuerpos, carita de dolor, pero tono ronco, totalmente tomado por aquellos machos dominantes.

   Boca abierta, Matías lo mira, esa luz parpadeando en la toma, desde otro punto, mientras ese sujeto a sus espalda mete las manos bajo su franela, las callosas palmas recorriéndole la suave y lisa piel, erizándole. ¿Qué demonios hacía?, le grita una voz en su cabeza, alarmada. Pero la escena, los dos güevos, uno negro, el otro cetrino, ambos frotándose uno contra el otro mientras cogen el pequeño culo blanco de un chico que se estremecía, arqueaba, gemía y flexionaba los dedos de sus pies, esa luz parpadeante, ese pitido que era algo desequilibrante, ese sujeto tocándole…

   No nota que mese su culo hacia atrás, contrala bragueta llena del tipo, frotándole la dura barra que quema a pesar de los dos juegos de pantalones. Gruñendo animal, ronco y predador, el sujeto le muele también. Verga contra culo. Y Matías traga, nunca ha hecho eso, no se ha atrevido, lo piensa todo demasiado, pero en esos momentos… esas manos lo tocan con propiedad, el resuello del sujeto, su deseo por él, le trastorna, tanto como estar tan consciente de la dura sexualidad contra sus nalgas.

   -Voy a llenar tu coño… -le oye rugir contra su oído, asustándole, perdiéndole.

……

   Jóvito Malavé silba con desgana mientras pasa un trapo húmedo, inmundo, sobre los surtidores de gasolina. Su papá no le dejó irse con su primo, Benito, a jugar básquet en la cancha de Los Araguaneyes. Aunque le gritó que no fuera a Benito, su sobrino, porque terminaría metiéndose en problemas por tratar con esos malandros, no podía, técnicamente, detenerle. Pero a él sí. Y le había echado esa vaina. Mientras Benito seguramente estaba jugando básquet, echando vaina, enséñanosle el pecho a las chamas de la zona, fumando y tomando algo de guarapita, perdiendo el tiempo de manera gloriosa, el tenía que hacer aquello. Y lo peor era que no había pasado casi nadie a llenar el tanque. No es un trabajo muy exigente a realiza para ese cuerpo joven, esbelto, transpirado dentro del viejo bermudas y la camiseta blanca que se adhiere a su cuerpo de una manera que le gusta porque hacía que las nenas, y una que otra vieja le mirara (así pensaba de toda mayor de treinta y ocho años). El sonido de un motor le llama la atención y arruga la frente. Lo que faltaba, el marica ese.

   Viendo la grúa llegar y estacionarse, cae en cuenta que llevaba días sin verle. Desde que subió la otra camioneta, la buena. Una idea le hace sonreír, seguramente el que le dio güevo le dejó el culo muy adolorido. ¡Malditos maricos!, se dijo. Sin embargo, muchacho al fin, lo miró, arrojando el sucio trapo, manos en las caderas. Insolente en su juventud. Benito tenía razón, el pato ese no podía pasar por allí sin mirarle, sin comerle con los ojos. Eso le molestaba pero también le divertía. Le ve salir, algo barbudo, con ojos turbios, el paso fue algo inseguro.

   -Buenas. –saludó este, recorriéndolo todo con la mirada.- ¿Y tu papá? –el macho alfa, debía llegar a él primero.

   -No está. –sonríe desdeñoso.- Sólo estoy yo para cuidar de las mangueras. –agrega con burla provocativa, tocándose el entrepiernas. Casi riendo del patético marica cuya mirada cae ahí, algo confusa, mientras separa los labios.

   -Tienes una lengua afilada. –le gruñe el sujeto, sintiéndose más tranquilo, sabiendo que le sorprende. Siempre les mira, intercambia saludos y no pasaba de allí. No quería problemas en la zona, menos con esos muchachos que eran, prácticamente, sus únicos vecinos.- Pero no sabes usarla. Sé respetuoso. –nota que eso le molesta.

   -Imagino que tú si usas la lengua bien, cuando lames lo que te gusta. –suena retador, abierto, casi agresivo en su desprecio. Se miran.

   -Respeta. –repite con un gruñido, sintiéndose nuevamente mareado, con ese calor que lo embargaba y que no tenía nada que ver con el deseo sexual, lo sabe. Era otra cosa. Como fiebre.

   -¿Respetar a un mamagüevo?, muy difícil. –dejándose llevar por la ira, replica, a pesar de saber que su padre se molestará mucho si se entera.

   -Eres un… -ruge con disgusto; maldita sea, toda su vida ha tenido que escuchar insultos homófobos, pero que provinieran de un muchacho era demasiado. Endereza los hombros y nota que el chico se tensa, apretando los puños, algo pálido y preocupado, pero listo a responder. Todo un gallito. Un alfa.- Mira, necesito ayuda… -dice mientras las palabras se le ocurren.

   -¿Qué quiere? –Jóvito cruza los brazos sobre el pecho, hostil pero interesado. Le conviene. Sabe que se pasó.

   -Ayuda. –repite, como si le costara hilvanar sus pensamientos. El calor estaba quemándole. Se abre la correa, saca la camisa del pantalón y lo abre también.

   -¿Qué coño haces? Déjate de mariqueras, mamagüevo o… -el chico se alarma, ahora realmente asustado. No esperaba aquello.

   -Necesito ayuda. –repite el sujeto, bajándose con dificultad el jeans por sus muslos, volviéndose, apoyándose de la capota de la grúa y levantándose la camisa, los ojos de Jóvito muestran toda su sorpresa, escándalo y repudio.- Necesito que me ayudes. –corea, mirándole sobre un hombro, mostrándole su trasero redondo, musculoso, velludo, masculino, apenas cubierto por una tanguita hilo dental color blanca, que se pierde en la raja entre los glúteos.

   -Maricón de mierda, súbete su vaina y lárgate de aquí o llamo a la policía y mi papá… -el chico ruge, de furor y rabia. Ese sujeto le ofendía, ¿acaso le creía marica también? Eso era lo que le parecía entender, que le buscaba porque le notaba algo. Siente furia pero no puede apartar los ojos de las nalgas, morbosamente curioso, cuando el tío se inclina más, ese redondo culo expuesto en toda su majestad, la tirita obscena apenas cubriéndole.

   -Ayúdame. –oye que le dice otra vez, mirándole sobre un hombro, pero no notándolo ya que sólo mira una de las manos del tipo que va a su trasero, metiendo el pulgar debajo de la telita, apartándola de su culo peludo, rugoso, el orificio más secreto y sagrado de un hombre heterosexual, y que con la otra mano, con dos dedos, separa un poco los pliegues de ese agujero en botón.- Mi coño necesita ayuda. Ayúdame. Llena mi coño caliente… -suplica.

CONTINÚA … 21

Julio César.

CORRERÍAS EN BOSTON… 16

diciembre 24, 2015

CORRERÍAS EN BOSTON                         … 15

   La siguiente historia, QUE NO ES MÍA, es un Wincests enviado por una amiga. Que me perdone la autora, pero era una mala traducción del inglés y tuve que llenar algunos espacios. Me agradó mucho. Me gusta cuando Dean sorprende a Sam, y cuando Sam anda perdido de celoso (¡ha hecho sufrir tanto a Dean!). Disfrútenlo.

……

Titulo: Una noche en Boston

Autor: yeya-wc

Resumen: Dean sorprende a Sam con una vida secreta, una donde pensó dejarlo todo, incluso las cacerías.

WINCESTS HOT

……

   -Oh, Dios, Sam… -oye la advertencia, así que sube y baja sus labios, apretando más, con gula y abandono.- Mierda, sí.

   Ese tono ronco, entregado, encendió un fuego intenso dentro del menor, cuya lengua se llenaba con esos líquidos que le sabían totalmente deliciosos, bajando más y más, decidido y necesitado de atrapar toda la pulsante barra del pecoso convaleciente sobre la cama. Y así, cerrando los ojos, dejándose llevar por la estimulación de sus sentidos, siempre a flor de piel cerca de Dean, y más cuando le tocaba, estos afloran estimulados. Tiene la dura tranca atrapada, deformando sus labios, mientras mueve su lengua de un lado a otro, de arriba debajo de la cara inferior. Caricia que tensa al otro sobre la cama, haciéndole arquear algo la espalda, soltando un graznido de dolor por la herida, pero también de placer.

   El castaño y liso cabello cubre el rostro del menor mientras mece su boca con más rapidez, dando unas chupadas intensas y ruidosas, los delgados labios subiendo y bajando, tragando y dejando expuesto el brillante y húmedo tolete venoso. Tragando en seco, Dean no puede verle el rostro, tan sólo sentir la fuerza de sus succiones, la estimulación a su barra, el calor de su cuerpo, de su aliento bañándole el bajo vientre, el leve aroma a colonia y sudor por la lucha en el depósito, y es todo lo que necesita. Cierra los ojos, labios abiertos, jadeando pesadamente.

   Sam no se detiene, centra sus esfuerzos en el tercio superior mientras masturba el resto, sus labios delgados y brillantes de saliva suben con fuerza de succión sobre la blanco rojiza carne, sacándosela y repartiendo besitos sobre el glande, abriendo otra vez la boca, sacando la lengua y azotándosela con el tolete. Vuelve a tragar, todo, dándole al rubio la mamada de su vida con la garganta, mientras le atrapa en un puño las bolas, apretando suavemente. Y Dean gime, casi ronronea y lloriquea de puro placer. Se siente duro, caliente, nota como sus pelotas se llenan de semen, como está casi corre afuera. Va a llenarle la boca con toda su leche. Oh, sí, Sam con la boca y el rostro cubierto con su esperma, la idea era sencillamente enloquecedora.

   -¿Dean? –escucha…

   Y sabe que hay un problema. Abre los ojos, ¡soñaba!, o deliraba por los analgésicos, todo había sido una fantasía. Pero mira a Sam y le nota la mueca de sorpresa en la cara. Oh, mierda, la erección. Esa parte, vergonzosamente, si era real.

   -¿Un sueño divertido? –Sam repite lo dicho en su delirio y el rubio parpadea, mirando en todas direcciones.

   -¿Y Nick? –un frío grande se instala en el cuarto. El rostro de Sam se descompone, viéndose abatido.

   -Se fue. Le llamaron de su oficina. –se oye derrotado y Dean entiende. Piensa que está así, duro, por el abogado.

   -Sam… -no soporta verle sufrir por tonterías, pero el otro no quiere escuchar.

   -Dejaré que te… relajes un poco y luego nos movemos. Es verdad lo que dijo ese hombre, fue imprudente quedarnos aquí. –sus ojos se llenan de fría resolución, Dean entiende que no quiere escuchar más, lo que estaba bien para él.- Trataré de hablar con Bobby, hace años que no le llamo. Seguro me grita. –toma la laptop y algunas bolsas de viaje y sale de la habitación.

   Dean se deja caer totalmente en la cama, aunque sólo había alzado la nuca. Joder, todo era tan complicado. ¿Por qué tenía que sentir eso por Sam? Esas ganas de tocarlo, besarle y meterle manos, pero también pensar que era un sentimiento totalmente equivocado. Le había lastimado al hacerle pensar que estaba duro pensando en Nick, pero tal vez así fuera mejor.

……

   -¿Se puede saber dónde has pasado prácticamente todo el día? ¿Justo un día como hoy? –reclama la hermosa Leslie Stanton entrando en la oficina de su marido como una tromba. Este, sentado tras su escritorio, la mira ceñudo.

   -¿No te anuncias?

   -Mataron a tu asistente, la dejaron hecha pedazos en un estacionamiento cutre, ¿lo olvidas? –se ve realmente contrariada aunque no alza la voz.- Todo el mundo te ha estado buscando, desde el gobernador al procurador. Y tu jefe en la Fiscalía. Y en lugar de ir para allá te vienes a tus oficinas. ¿Qué ocurre?

   -He estado ocupado. –se siente exasperado. Molesto. No con ella, claro, pero… el silencio hace que la mire, y no le gusta. La mujer, brazos cruzados sobre el pecho, le estudia.

   -¿Por los brutales crímenes? ¿Por el asesinato de tu asistente? ¿O… es algo más? –le desconcierta, y un brillo peligroso reluce en sus pupilas mientras se pone de pie, encarándola.

   -¿Preguntas por…? –la ve dudar un segundo.

   -En casa de tu abuela conocí a un Dean. –le impacta.- ¿Era “ese” Dean? –la pregunta si que le toma totalmente por sorpresa, ¿qué tanto sabía Leslie?

   -Si, era mi amigo Dean, ese con quien discutí hace años, lo que dañó una gran amistad. –su tono duro no funciona con la mujer.

   -Claro. Muy guapo, por cierto. Un joven muy peligroso para la virtud de cualquiera.

   -Mucho, ¿verdad? –contesta y se sienta sobre su escritorio.

   Hay un silencio donde se miran y retan. “Pregúntame de qué hablo”, parecía decir Leslie. “¿Quieres saber?, pregunta”, denotaba la mirada del hombre. Tomando aire, ella desvía la mirada, sonriendo tensa.

   -Increíble. “Ese” Dean. –y es lo más cerca que estará de preguntarle por el chico de quien tanto sospecha.- ¿Qué hace aquí, justo en estos momentos tan problemáticos?

   -Le llamé para que me ayudara a investigar estas muertes. Tiene experiencia en estos casos. –miente y la sorprende.

   -¿Experiencia? ¿De qué hablas?

   -Ay, Leslie, es posible que estemos enfrentando algo más que unos posibles animales salvajes o pandilleros intoxicados aún más salvajes. La cuestión es que ya hay quienes me miran, señalando cierta conexión entre los crímenes y mis intereses en la Fiscalía.

   -¡Eso es absurdo! –se indigna.

   -Lo sé, y sin embargo cierto. Hablan de mí. Dean puede hacer algo, sabe de estas cosas. Es un cazador… -la interrumpe.- No, no te diré más. Sólo que está aquí para ayudarme. –la mujer se le acerca, mirándole intensa.

   -¿Y lo hace porque fue un gran amigo? –reta. Y Nicholas arde por dentro, bajando la mirada.

   -Quisiera creer que sí. Que vino no por trabajo sino por mí. -se contiene y enrojece.- Por nuestra amistad.

   -Claro. –la mujer hace una mueca como si tragara algo amargo. Luego toma aire.- Si hay comentarios debes ponerte por encima de ellos. Declara que haces lo posible y lo imposible por aclarar todo esto. No dejes que se pierda todo tu trabajo. –iba a besarle, pero le toca un brazo y sale.

   Nicholas quiso decirle algo, calmar esos temores que ahora padecía. Pero no pudo. ¿Estaría ya Dean en el apartamento?

……

   ¡Había estado pensando en él!, se dice Sam con amargura y rabia, una que le molesta porque sabe que en buena medida que va dirigida contra sí mismo. ¡Qué idiota fue! Hubo un tiempo cuando Dean era suyo, únicamente suyo, no hubo palabras, nada sucedía entre ellos pero lo sabía. Y le había rechazado, apartado. Le había abandonado. Y Dean, en lugar de sufrir como esperaba, extrañarle, llamarle suplicándole volver (si, así lo pensó mientras partía, molesto con el silencio del pecoso), había caído en los brazos de aquel abogado grande, guapo, rico e hijo de puta… uno que parecía adorarle. Que se preocupaba por él, tiene que reconocer con la bilis casi provocándole nauseas. Ese sujeto se preocupaba por Dean. No sabía qué había ocurrido en el pasado pero una conexión fuerte existió entre ellos, se cuestiona mientras guarda las bolsas de viaje en el impala, vigilando los contornos, mirando el cielo de aquel avanzado atardecer. Ese sujeto aún idolatraba a Dean… pero, ¿podía culparle? El idiota del rubio era sencillamente irresistible con su adorable cara llena de pecas y grandes ojos verdes, pero más por su mirar pícaro y la traviesa sonrisa chula. Su aire de soy demasiado para ti pero te dejaré tenerme por un rato. ¿Quién se resistiría?

   Si, no era extraño que el tal Nicholas se obsesionara con Dean, o que le amara, tiene que decirse arrojando la capota, pareciéndole escuchar un bramido de ira a lo lejos. Seguramente Dean lo había escuchado. ¡Amaba tanto al dichoso auto! Se encamina hacía el cuarto. ¿Acaso ese sujeto era mejor para Dean que él? ¿No estaría siendo demasiado egoísta? ¿Qué le había dado a Dean como no fuera dolor? Si le amara de verdad debería… Traga, deteniéndose. No, no puede. La sola idea de renunciar al otro era sencillamente intolerable. No le perdería, nunca de manera definitiva, porque son hermanos se dice enrojeciendo, pero le estaría arrojando nuevamente en brazos del otro. Y eso no lo haría ni siquiera porque pensara, creyera o tuviera la firme convicción de que con Nicholas Stanton le iría mucho mejor.

   Abre la puerta y…

   -¡Deja de golpear a mi nena! –Dean, desde la cama, le ruge arrojándole una almohada, su rostro crispándose de dolor.

   -Deja de agitarte. –le gruñe, sonriendo levemente, Dean se veía graciosamente lindo todo enfurruñado.- Tenemos que irnos. ¿Seguro recuerdas la dirección del fulano apartamento?

   -Nunca la olvidaría. Pasé… mis ratos allí. –informa, cortándose un poco, no mirándole. Y aunque quiere paz, Sam no aguanta.

   -Un momento, no habrás tenido sexo con ese tipo en todas partes, ¿verdad? Desde el picaporte de entrada a las lámparas. –se enfurruña.

   -¡No! –enrojece violentamente.

   -Oh, mierda, si lo hicieron. Ahora no podre comer en la mesa que encuentre o echarme en un sofá sin pensar que tú y él… -se agita más, entre celoso y cruelmente divertido al ver los boqueos de Dean.- Usaron condones, ¿no? No quiero imaginar que chorrearon cada superficie utilizable de…

   -¡Sam! –brama. Se miran, y el menor siente unos deseos locos de reír. Aunque no encontraba nada de aquello para nada divertido.

   -Dios, esto será increíble. –concede.- Hay que salir. –se vuelve a mirar sobre su cama y mesita de noche, buscando cualquier cosa que se quedara. Un seco jadeo le hace volverse bruscamente. Dean, rojo de cara, apretando los dientes, intenta levantarse. Tiene los codos apoyados en el colchón y lo intenta, procurando no quejarse.

   -¡Joder! –brama, al tiempo que Sam, alarmado y dolido por verle así, salta a su lado.

   -¿Qué coño haces? ¡Espera! –dispara los brazos pero el otro se deja caer en la cama.

   -Mierda, Sam, duele. Pero lo peor es que… -enrojece más, odiando sentirse vulnerable.- Es que no puedo levantarme.

   -Déjame ayudarte.

   -Sabes que…

   -Deja tus mierdas de macho con bolas de acero y que caga concreto, sé que le ponías el culo al tal Nicholas. –ruge, colérico entre los celos y su terquedad a dejarse ayudar. Le divierte el brillo feo en los verdes ojos del otro. Mete una de sus manos bajo el cuello del pecoso, estremeciéndose. Joder, qué caliente estaba. Traga sintiéndose un degenerado por sentir cosquillas en las pelotas cuando sólo debería estar pensando en ayudarle, y en que sufre.- Vamos, apóyate.

   Es una técnica conocida por ambos, sintiendo el sostén en su espalda, evitando mirarle, cachetes muy rojos, algo brillante de transpiración (viéndose realmente sexy a los ojos de Sam), Dean cierra las manos alrededor del brazo que le sostiene, alzándose él mismo. Por su lado, el castaño clava los dedos de la otra mano en su muslo, deslizándole fuera de la cama. Dean gira sobre su eje, como utilizando una polea, sin tener que utilizar tanto la parte baja de la espalda. Lo hace a su ritmo y queda sentado, jadeante. Tomando aire.

   -Falta poco. –la suave voz de Sam, cargada de preocupación, le hace alzar los ojos. Y si, hay preocupación y pena en los ojos del castaño, por su sufrimiento, pero también algo más, oscuro, caliente y vital entre ambos.

   Asiente, desviando la mirada, aferrando con las manos los antebrazos del menor y, utilizándole, se pone de pie. Cuesta y Sam debe halar un poco. Finalmente, con un jadeo, Dean queda de pie, y le duele, siente un pedazo de vidrio clavándosele en los músculos y huesos, se tensa conteniendo el jadeo, totalmente bañado ahora en sudor, sintiendo las piernas débiles. No dice nada, cierra los ojos esperando que la ola de dolor y debilidad pase, pero no ocurre, se siente cada vez más enfermo, pero ya Sam, soltándose del agarre de una de sus manos, le rodea la cintura baja, por detrás, sosteniendo y halándole un tanto, estrechándole. Quedan totalmente abrazados, los brazos de Sam rodeándole los costados, las palmas en su baja espalda. Cargando literalmente con su peso. Se quedan quietos, Dean con los ojos cerrados, ocultando el rostro en un hombro del castaño, temblando todavía de debilidad, pero ahora había algo más. El cuerpo de Sam era firme, una roca de la que podía sostenerse confiando con no caer. Y era tan familiar, tan cómodo…

   El castaño lucha para que su corazón no se descontrole, ni su respiración se espese, y mucho menos que su verga responda a la cercanía de Dean. No era el momento. ¡Pero era tan difícil! Cierra un poco más el abrazo, los dedos se abren sobre la franela delgada, casi sintiendo la piel del rubio.

   -Sam, debemos… irnos. –le oye, bajito, algo vulnerable. Una voz nada Dean, una que le eriza la piel aunque no quiere.

   Dios, costaba tanto separarse, dejarle. Pero en cuanto afloja el agarre, le ve temblar otra vez, así que colocándose a su lado, rodeándole la cintura, carga con la mayor parte de su peso mientras abandonan la habitación. Y es cuando Dean gruñe algo, inconsciente como es, pero que le hace martillar el corazón.

   -Joder, huelo a basura. Necesito un baño así sea de esponjas. –así, tan pancho, pensando en que realmente está sucio y lo necesita, pero a Sam todo le da vueltas.

……

   Bajar las escaleras del motel, meter a Dean en el impala y sacarle fue un trabajo lento, laborioso, que desesperó a Sam. Por el evidente esfuerzo que el pecoso hacía para moverse, por controlar el dolor. y porque se hacía tarde. La generalidad de lo sobrenatural atacaba de noche. Entrar al moderno y cómodo edificio de residencias fue fácil. El portero parecía esperarles y, con toda discreción y diligencia, les condujo más allá de la recepción, rumbo a los ascensores. Una vez en la sala del inmueble, Sam debió controlar un silbido, sosteniendo todavía a Dean. Era un apartamento amplio, moderno, decorado con tino, funcional, de buen gusto, masculino y hogareño. Una pareja enamorada bien podría vivir allí.

   -Vaya nido te montó.

   -Tardaron bastante. –la voz les toma por sorpresa y se vuelven hacia la salita.

   Dean enrojece violentamente al reconocer en la bonita mujer sentada en uno de los cómodos sillones a Leslie Stanton. Su rival de antaño.

CONTINÚA … 17

Julio César.

EL PESEBRE

diciembre 23, 2015

27 DE FEBRERO,  RETAZOS DE COLCHAS

PESEBRE

   Niño Lindo.

   Generalmente le decimos el Nacimiento, “voy a poner el Nacimiento”, tradición representativa de los días navideños por estos lados, tanto como los arbolitos que todos desean sean de pino canadiense, el San Nicolás que molesta en la Cota Mil, el encendido de la Cruz del Ávila, los palmeros de Chacao bajando y muchas otras según cada región de Venezuela. Fuera de pintar la casa, comprar algún perol nuevo como una nevera o cocina, un cambio de ropas (los estrenos), o la comilona que debe incluir hallacas, pan de jamón, torta negra, ensalada de gallina, el pernil, el dulce de lechosa, las almendras, la botella de vino y el ponche crema. Pero, lo especial, es el Nacimiento o Pesebre, como también se le conoce en recuerdo del Gran Rey nacido en un establo. Tengo hermanos y amistades que levantan bellezas, con colinas, ríos fluyendo, pequeños floreros de cuellos altos con ramas vivas de tal o cual planta de sombras; meritorios porque ponen su dinero, esfuerzo y ganas.

   Quienes saben de esto, entienden qué presentan sus detalles. Aparentemente el Nacimiento no debe colocarse en cualquier sitio, como hago yo, que lo ubico en el balcón. Debe ir en la sala, de preferencia de cara a la entrada de la casa o apartamento, como dándole la bienvenida a quien llegue (o que lo vean cuando uno abra la puerta). Y que mientras se hace, pidiendo paz y salud, hay que estar consciente de que brindamos un pequeño y agradecido tributo al evento, la natividad del Dios hecho Hombre. Independientemente de la configuración que se le dé, debe haber una pequeña elevación y sobre ella un pesebre, una chocita o cueva humilde, con heno como cuna del Niño, representando que un Gran Rey en gloria y poder nace en medio de la mayor humildad, porque llamará a todos por igual, ricos y pobres, y porque ha venido a servir de puente en el regreso a la casa del Padre. No pueden faltar las ovejas ya que habían pastores en los campos, quienes fueron testigos del portento, no el nacimiento sino lo que significaba, anunciado por un ángel, igualmente en la escena, que da la buenas nuevas con su inmortal frase, paz en la tierra a los hombres de buena voluntad. Igualmente están presente la mula y el buey, animales que han servido al hombre durante siglos, ellos mismos humildes comparados con otras especies. Una bombillita representará la estrella errante, un prodigio en los Cielos que señala el camino de otro igual en la Tierra. Aparecerán, eventualmente, los tres reyes magos que vienen de Oriente, portando y ofreciendo regalos, oro, incienso y mirra, postrándose ante el nuevo Rey, notándose que realmente son sabios, reconociéndole y adorándole.

   Tiene que estar, por supuesto, la Sagrada Familia, Jesús, María y José. Ella la gran madre, tan virtuosa que encontró gracia en los Cielos; generalmente la muestran sonriendo dulcemente cargando al niño, pero para mí su verdadera naturaleza se encuentra en la Dolorosa, cuando sostiene el cuerpo de Jesús al ser bajado de la cruz, o donde aparece con su corazón atravesado. Ella, que con su parto veía cumplirse la promesa hecha a la descendencia de Abraham, debió conocer la otra, el martirio que le esperaba a su progenie. José, ¿qué se puede decir de él?, si el Día del Padre necesitara un santo, en esta nuestra cultura católica donde el sincretismo ha opacado un poco la regla de no tener otras deidades, tiene que ser José, el carpintero, encontrado tan justo entre los hombres que se le endilgó la responsabilidad de cuidar de la madre y el niño, de llevarla a donde se cumpliría la promesa, Belén, que caminaría al lado del burro que les llevaría a Egipto para salvar al bebé. Él, el “padre no biológico”.

   ¿Y el niño? Para cada quién representará muchas cosas. Para los católicos, y cristianos varios, fue el cumplimiento que dio sentido a todo el Antiguo Testamento, que por una parte hablaba de la conformación de un pueblo, Israel, pero por encima de ello, de los postulados de nuestra religión más allá de las iglesias, desde allá nos viene que mentir, levantar falsos testimonios, robar y matar es malo a los ojos de Dios. Como fue, es y será. Pero, en lo tocante a cada uno de nosotros, el nacimiento fue el cumplimiento de la promesa mesiánica, que se puede regresar, un día, a la casa de Dios, terminando con el viejo conflicto que nos ha provocado tanto dolor.

   Todo es importante y representativo en el Nacimiento. Todos deben estar.

LA NAVIDAD

Julio César.

ESTRATEGIA

diciembre 23, 2015

OJO PARA EL NEGOCIO

MUSCULOSO EN MINI TANGA AZUL

   Algunos podrían cuestionar su diminuto hilo dental como táctica para ganar la exhibición… aunque nadie ha dicho algo.

¿MALA SUERTE?

Julio César.