Archive for 28 enero 2016

TIOS CALIENTES

enero 28, 2016

TIOS DE ACCION

UN MACHO LO CONSIGUE

   Es natural, un macho aparece y se les alborota…

POR EL AROMA LO SABE

   Lo sabe, olida a olida lo convierte, lo domina.

DULCE MUCHACHO

   Al pobre chico el nuevo marido de su mami no le deja salir a jugar con otros niños.

DISCIPLINA EN LA OFICINA

   El jefe no le dejaba pasar una al office boy.

INTERRACIALGAY

   Agradecido, y gozoso, de su lugar bajo el macho y el sol.

MOMENTOS…

Julio César.

LUCHAS INTERNAS… 168

enero 28, 2016

LUCHAS INTERNAS                         … 167

UN DIA PERFECTO EN UNA VIDA IGUAL

   Postales de amores probables.

……

   Las voces autorizadas, que han advertido una y otra vez de los peligros presidenciales, le aseguraron que esa reforma podía ser cuchillo para su garganta, por la forma en que era manejada. Le dijeron que poner énfasis en lo político era un error, que esa manía por permanecer en el poder, mediante reelecciones, era una tontería frente al problema financiero que mantenía al país paralizado, que aunque se cambiara la Constitución para que se reeligiera cinco veces, sí no resolvía los problemas de la comida, el trabajo, salarios, educación y salud, jamás votarían por él otra vez, ni lo seguirían.

   Pero no oyó, y le dio importancia a lo político sobre lo social, idiotez de ignorante sobre la que nadie más lo alertó desde su bando. Fue criminal que nadie le dijera que sí intentaba declararse dictador, un país como Venezuela que necesitaba dólares para traer de afuera hasta la leche para los teteros o para fabricar aspirinas, no encontraría créditos baratos y fáciles de los organismos financieros internacionales. Pensó que podía pelearse con ellos, porque no los necesitaba, para luego tener que ir, arruinado, ofreciendo condiciones onerosas para la nación, implementando las medidas de mercado más salvajes y neoliberales que gobierno algunos hubiera implantado; y que tampoco sirvió de nada, ya que la corrupción, torpeza y rapiña del entorno íntimo y de la cúpula podrida de la revolución, se lo robó todo. Por fortuna, gente como Toribio Bregón, Ministro del Dinero, no perdieron nada suyo mientras remataba y entregaba a la nación.

   De su gente, nadie le advirtió que antes de ser el emperador del continente, debía lograr la prosperidad de su propio pueblo y la conciliación de sus gobernados; que nadie con dos dedos de frente iba a seguir a un carajo que tenía a su propia gente comiendo mierda. No le dijeron que antes de disfrazarse de Fidelio, hubiera ganado más creando y apoyando Poderes Públicos independientes que se ocuparan de lo suyo, ayudándolo a resolver problemas reales, no los creados por ellos mismos. En lugar de conseguir gerentes que manejaran los ministerios, gente seria y más o menos inteligente que pudiera responder y razonar con la oposición con ideas, perdió el tiempo rodeándose de tipos a los que llamaba monito, o enviaba a buscar arepas, o que simplemente sirviera para gritarle maricas a los opositores. En lugar de parlamentarios que pudieran hilvanar más de dos ideas, se rodeó de gente que sólo sabía gritar, mostrar los dientes y arañar. Ese fue su error.

   El régimen amenazaba y acusaba a la oposición de no dejar trabajar al Gobierno, de entorpecerlo, de obstaculizarlo; cuando no eran más que el Presidente, Isaac, Isis Valderrama, la procuradora Mirasol Balza, Fermín Chacón, Pablo Cermeño, Barroeta, Félix Bermúdez, Eliseo Ortega, Tannis Saib, Garcés Camacho, Arcadio Bittar, Dagoberto Cermeño, quienes como ningunos, conspiraban y hacían todo lo posible para que el Gobierno fracasara, acorralándolo y destruyéndolo para siempre. Después de La Masacre de El Silencio era imposible que el proceso pudiera encontrar la manera de engañar sobre su naturaleza a la mitad del país, los muertos estaban ahí, Tiburón Uno se había dejado grabar, la otra necesitaba creer que en verdad eso funcionaba. Pero el grupo que les adversaba, que les odiaba, se volvió irreconciliable con ellos desde ese punto, La Masacre de El Silencio, lo que quedaba esperar era que el grupo que les seguía fuera erosionándose entre amarguras, desencantos y desengaños. Llegaba el declive.

   El Paro Cívico podría fracasar, había demasiadas manos trabajando para eso, aún dentro de la organización opositora; pero el Gobierno ya no podía hacer nada más para ganar simpatías. Ya no gobernarían como no fuera para sobrevivir un año tras otro, no habría tiempo ni con qué crear algo alternativo, fabricar, hacer cosas. Vivir el momento y arrastrando a todo el país y su gente en la caída. El movimiento había fracasado desde el momento mismo cuando el hombre, con la mano sobre la Constitución Nacional, frente al viejo demócrata, Rafael Calderón, dijo que juraba sobre la bicha muerta. En ese instante muchos lo catalogaron como un inútil hablador de paja. Fue allí donde se plantó la semilla del caos, en él, en todos ellos. Eran los fracasados, los resentidos sociales que jamás lograron hacer nada, que simple y llanamente intentaron halar a todo un país hacia atrás, con ellos. Y lo que eran no podía cambiarlo nadie. Ni siquiera ellos.

……

   Ligeramente frustrado, en mangas de camisa y jeans, Eric Roche recorre la casa pensando que los albañiles dejados allí por su amigo Lucas, para repararla, eran unos idiotas alarmistas. Le habían casi obligado a bajar, corriendo, hasta Tacarigua de la Laguna, al gemido de que el agua se había metido para la casa después de una tormenta. La llamada se cortó, y por más que lo intentó no pudo comunicarse nuevamente con ellos, así que salió raudo y veloz. El mar, seguramente el océano había reclamado lo que antes le pertenecía y…

   La realidad es que había llovido, si, copiosamente, y el agua entró desde el patio y por parte del techado caído. Nada más. Fue un alivio, pero también una molestia. Había pensado en llamar a Jorge para que almorzaran, y hablaran de lo ocurrido la noche anterior; de todas las noches que podían compartir si lograban ponerse de acuerdo. Y debió posponerlo. Por culpa  de los albañiles idiotas. Manos en la barandilla que levantaban frente a la casa, y que le encantaba, mira el revuelto océano, aguas marrones, olas agitadas. Pensando en el joven mecánico.

   Había sido un reencuentro tenso, pero cuando al final cedieron a lo que deseaban y sentían, todo tomó su cauce. Ahítos de sexo, de satisfacción habían caído sobre la estrecha cama, de rústicas sábanas, con olor a polvo. Pero no le importó, no cuando sentía detrás de sí a Jorge, su aliento bañándole la nuca al tener el rostro entre sus cabellos… el güevo medio morcillón contra sus nalgas. Recordarlo, aún ahora, le altera. Aquello… aquella parte específicamente no había sido sexo. Era la búsqueda de cercanía, calor. De cuerpos que parecían desear encontrarse. Claro, luego despertaron, bastante tarde esa noche, y se sintieron algo incómodos, especialmente Jorge.

   Tomando aire, sintiendo la tibia y salina brisa en la cara, Eric sonríe. Era lógico el malestar de Jorge… le había penetrado tres veces, tres veces se había corrido en sus entrañas. También fue incómodo salir con el bar lleno, mucha gente siguiéndoles con la mirada, sabiendo lo que habían hecho en aquel cuarto. Jorge, con la cara enterrada en el piso, casi se llevó una mesa por el medio cuando intentó salir a toda prisa sin fijarse por donde iba. Le faltó sangre fría en ese momento. Una vez afuera, cerca del estacionamiento, le propuso que fueran a su apartamento. Lo hizo de buena fe, sólo a dormir. Le dolió un tanto verle encogerse, bajando otra vez la mirada.

   -No, la verdad es que no vivo muy lejos. Necesito… dormir un rato. –le miró, algo turbado. Necesitaba pensar en lo ocurrido. No lo decía, pero era eso. Eso le dolió al abogado.- ¿Hablamos mañana? –cuando Jorge lo propone, mirada esperanzada en algo, todo malestar desapareció del ánimo del abogado.

   -Claro. Almorzaremos. –y sonrió suave.

   Sonrisa que le duró hasta llegar a su solitario apartamento, casi doliéndole en la piel que el otro no le acompañara. Tomó una larga ducha, enjabonándose lentamente, pensando. Podían lograrlo. Lo sintió esa noche. Se intuía que les unía algo más profundo que el deseo carnal, al menos a Jorge, ya que él no albergaba ninguna duda. Y si Jorge lo entendía así podían quedarse juntos sin importar lo que nadie creyera. Eran adultos, y si lo deseaban, y como eran sus vidas, podían hacerlo. Así, pensando en eso, se acostó y durmió soñando con él, con una vida que luego no recordaría pero a la que intentó aferrarse, sin desear abandonar ese mundo, cuando el teléfono martilló una y otra vez hasta hacerle regresar a la realidad. El problema de Tacarigua de la Laguna. Mira la hora en su reloj, las tripas le chillaban. O se acercaba donde Alicia para comer, o se llegaba al Bar de Poletto. La idea del pescado frito y los tostones crujientes y saladitos se le hacía muy tentadora.

   A Jorge le llamaría después.

……

   Samuel Mattos, cansado, maniobra entre el siempre complejo y pesado tránsito caraqueño. Aunque había un paro cívico, la gente todavía se movilizaba para encontrar aquello con lo cual disfrutar de las atípicas navidades. Marca un número y espera.

   -Épale… -oye.

   -Épale, ¿dónde estás?

   -En Tacarigua, comiendo pescado frito. –oye la leve provocación en el tono, el “la estoy pasando bien y tú no”. El abogado sonríe, aunque se siente tenso.

   -Ah, la buena vida de los vagos. Coño, pato, ¿de verdad no piensas trabajar nunca más?

   -Después de Año Nuevo busco algo. –oye la risita de Eric.- Eso si no me agarra el Carnaval…

   -O la Semana Santa, después. –completa el hombre, sonriendo, sintiéndose bien por llamar al amigo, recordando con este La Flor del Trabajo.- Visité a Linda. –puede sentir la tensión del otro lado.

   -¿Estás bien? –la preocupación es catártica, le alivia. Lo primero que piensa su amigo es en su bienestar, en él, sabiendo que la visita debió dolerle.

   -Más o menos. Está como ida del mundo, Eric. No habla, no responde. Tiene la mirada perdida en la nada. –la culpa, el dolor, todo vibra en el tono grave, parco. No quiere hablarle de lo duro que fue verla así, sobre esa cama de la clínica, esposada a esta. Aunque sabe que Eric lo supone.

   -Debí acompañarte. –la culpa también se oye del otro lado. Y sonríe torvo.

   -¿Para qué te sacara los ojos? Linda siempre te odió.

   -Menos mal que no fue tras mí cuando… -comenzó con la ligereza de siempre, notándose el espanto en el tono al segundo siguiente.- Por Dios, Sam, no quise… -pero la risa del otro, casi nerviosa, le silencia.

   -Eres una mierda. –hay mucho de afecto y disculpa en la frase.- Tranquilo, sé que no es tu culpa actuar como un papanatas, seguro Norma te dejó caer de cabeza cuando bebé. Muchas veces. –calla y se ve confuso.- Está pasando algo, pato. –hay un nuevo silencio tenso del otro lado.

   -¿La acusarán de homicidio?

   -Es lo que… -medio frena cuando una motocicleta se le atraviesa, se hacen gestos.- No, no se le ha acusado de nada. –su sorpresa parece coreada por el silencio del otro.

   -No lo entiendo. Mató a un hombre importante cercano al régimen. Lo lógico era que se le investigara… y a ti y a mí. –era lo que llevaban días esperando. Que se les señalara como parte de una conspiración para matar al hombre que amenazaba al bufete de abogados de alto vuelo llamado La Torre. Un sórdido crimen que respondía a una lucha interna de poderes.

   -Es lo que cabría imaginar. Cada vez que llaman a mi puerta o a mi teléfono espero que digan que es la policía. O la fiscalía. Pero nada. –hay otro silencio.

   -Alguien no quiere que nos toquen. –es la conclusión evidente.- Nos protegen.

   -Pero quién. ¿Quién querría protegernos, a ti o a mí? –Sam se inquieta, le disgusta no saber las cosas. No pueden saber de una exigencia hecha por Lucas a Violeta, y de esta al viejo a quien entregó cierta carta de renuncia.

   -¡Mierda!

   -Debemos hablar, ¿cuándo regresas a Caracas?

   -Pronto. Te llamo. ¿Qué… piensas de Linda?

   -La vi mal. Te llamo luego. –termina la conversación.

   Si, la vio demasiado alejada de la realidad, como atrapada en otro mundo. Besar su frente, fría, fue doloroso. Así como darle la espalda. Claro, como le daba la espalda al marcharse, no notó los ojos de la mujer rodar, rápidos, siguiéndole en su paso. Las pupilas brillando con resentimiento. Ella le culpaba.

……

   Regresando de su almuerzo, todavía cavilando en las dimensiones de lo comentado por Sam, Eric no puede evitar sentir un alivio infinito. Todos ellos, La Torre, su familia, todos habrían podido terminar implicados en un escándalo fenomenal, una conspiración para matar a un peligroso sujeto que les amenazaba. Porque el hijo de puta de Ricardo realmente les había amenazado con quitarles todo. Pero, de alguna manera, ese hombre peligroso había sido neutralizado y la amenaza contra la familia desaparecía. Casi mágicamente. Al menos por ahora. Sin embargo, lo que realmente le alegra el ánimo es sabe r que Sam estaba a salvo. Sería sobre él, su cuello era lo primero expuesto si todo aquello comenzaba a rodar como debió hacerlo. Quién intervino y por qué, no lo sabe. Ni siquiera puede suponérselo. ¿Habría sido Alirio? Por alguna razón no lo creía, no tenía el esquivo hombre la fortaleza para comenzar semejante maniobra y ser escuchado. Porque la razón de fondo era esa, ¿por qué no ir tras ellos para cerrar el caso del peligroso sujeto al que casi nombran Procurador General de la República para que dejara de extorsionar al Gobierno con una carta de renuncia? No, debía ser alguien por encima del “amigo”. Bien, como sea, tenía que llamar a…

   Su teléfono timbra, lo toma y por un segundo parpadea. Sincronía cósmica.

   -Epa… -contesta, voz suave, cautelosa.

   -¿Resolviste? ¿El océano se llevó tu casa? –Jorge se interesa.

   -Falsa alarma. Oye, lamento haber suspendido el almuerzo, todavía estoy en Tacarigua y…

   -¿Y si nos vemos allá? –pregunta el otro, deteniéndole en seco, con el corazón latiéndole locamente en el pecho.

   -¿Quieres venir?

   -Seguro. Esa casa me gusta, la playa, la arena. Todo. –baja la voz.- Hay historia. ¿Puedo?

   -Claro, te espero. –no hay otra despedida. Todavía mira la pantalla al alejar el teléfono de su oreja. Su rostro es una mezcla de confusión, su pecho sube y baja, algo sibilante el aire escapa de sus labios entreabiertos.

   La auto invitación a visitarle, las palabras…

   ¿Y si Jorge apareciera diciéndole que quería quedarse?

CONTINUARÁ … 169

Julio César.

LA PARLAMENTARIA Y EL GENERAL, CUANTA PAJA

enero 28, 2016

TE PARECES TANTO A MÍ…

EL LEGADO CHAVEZ

   Por fin alguien sintetizó El Legado.

   La gente en la red, los llamados twitteros, son una vaina seria. Qué chispas tienen. Y como ponen los dedos en las llagas. Esta imagen la encontré, y personalmente pienso que refleja al personaje de cuerpo entero, a pesar de lo polémicamente jocoso del texto. Así se comportó. Ese desprecio hacia el país que se le sometía, especialmente a su propia gente, no podía disimularlo. Bueno, la gente que se arrastra siempre da un poco de grima. Hay quienes sostienen que esto es una falta de respeto, usar de esta manera la imagen del Difunto… lo dicen los que antes nada señalaron cuando el Difunto aparecía, hablaba, cantaba y hacía chistes en las dos últimas consultar electorales. Nunca se le vio más activo que como Difunto. Es como siempre digo de los tracaleros: bueno si lo hago yo, malo si lo haces tú.

……

   Cuando sacaron del Parlamento las fotos chimbas del Difunto y la de ese Bolívar que ninguna sociedad bolivariana reconoce como tal, y que nadie exhibe en Colombia, Panamá, Perú, Ecuador o Bolivia, el ministro de la Defensa, general Padrino López, perdiendo una increíble oportunidad de quedarse callado y pasar por prudente, habló de un irrespeto a la Doctrina Bolivariana, que, según él, las FANb (la b en minúscula es de “bolas jaladas”), bajo su control si defiende en memoria del Libertador:

MALDITO EL SOLDADO...

   Ah, quien no recuerda cómo se reía y gozaba esa mujer uniformada, digna hija del Bolívar que se inventaron agrediendo salvajemente en el suelo a una señora que presentaba un problema motor, que salió a reclamarle por golpear a unos muchachos desarmados. Creo que la iban a condecorar con no sé qué “orden me inventé del libertador”, mientras a la señora en el piso querían encarcelarla. Y el general Padrino seguramente aplaudiendo tanto bolivarianismo. Es tanto que ya da dentera.

MUEVELO, MUEVELO QUE TU LO TIENES...

   Sin embargo, nada como las lecciones de dignidad, seriedad, sobriedad y señorío de los altos cargos del mundo militar. Cómo deben reírse los generales colombianos y guyaneses de estos sujetos (esperemos que crean que era fiesta de disfraces). Pero bueno, si están instituyendo la doctrina, como dice el general en jefe de las FANb (¿aclaré que significaba la b minúscula?), bien se vale. Vi el video y el carajo se mueve bien, hay que reconocérselo, tal vez por eso se soltó el moño, me recordó al gordo rapero aquel de la canción del Pescado. Si la FANb sigue devaluándose, este uniformado al menos podrá ganarse la vida dando chos.

……

TANIA DIAZ, CACHAZA SIN LOGROS

   Pero nadie, lo que se dice nadie, le gana en locura e insensatez a la diputado Tania Díaz, una de las damas que más trabajó para el catastrófico desastre del chavismo en las elecciones parlamentarias de diciembre; dicen que no dormía pensando qué nueva tontería cometer que molestara más a los electores. Si no hizo ningún bien a Venezuela, al menos hay que reconocerle la dedicación a lo poco de lo que se ocupa. La dama, ahora en minoría dentro del Parlamento, ha tenido la cachaza de denunciar que dentro de la Asamblea Nacional hay personas violentas y que eso no se puede tolerar.

MARIA CORINA MACHADO Y JULIO BORGES

   Uno la recuerda riendo y azuzando a los grupos paramilitares pagados del erario nacional cuando agredían diputados opositores dentro de la Asamblea bajo la desdirección del general de las mil derrotas, Diosdado Cabello, y ahora no la reconoce.

WILLIAM DAVILA ATACADO EN EL PARLAMENTO

   Era tan grotesca cuando chillaba en aquel entonces “a ese, denle a ese, que no se pare más nunca”, riendo de manera demencial, que cuesta entender lo que pretende ahora. O está loca de perinola, lo que no es descartable (Henry Ramos Allup los tiene locos), o fuman nuevamente lumpias en el Alto Gobierno. Hay que tener riñones para cometer tantos delitos y todavía salir a hablar paja. Sobre todo cuando esa paja lo único que logra es molestar más a la gente.

AVANCE… PA’ TRAS

Julio César.

OSCURO AMOR… 7

enero 28, 2016

OSCURO AMOR                         … 6

Por Leroy G

SEXY CHICO EN BAÑADOR AZUL

   -Lo quieres, ¿verdad?

……

   -¿Qué? –le mira asombrado, con el corazón latiéndole con miedo, sobrepasando el escándalo o la irritación, y no sabe por qué.

   -Oh, vamos, lo necesito. Me duele la planta del pie. Sabes que yo si puedo trotar un buen trecho, desde esta tarde tengo una molestia. –le dice con una mueca, sonriendo, poniendo todo su peso en su talón, clavándolo en el muslo del otro.

   Mauricio lo mira, luego ese pie, para alejarlo, pero esos dedos que se agitan parecen hipnotizarlo. Marcos quería un masaje. Tal vez le dolía. La idea era insensata, y la resistía, pero ese enorme pie masculino, de chico joven que se ejercita mucho, ejercía una extraña e innegable atracción.

   -Vamos, soy tu amigo del alma, ¿verdad? Y un amigo quiere que sus amigos se sientan bien, ¿no? Son cosas que los amigos hacen. Dos chicos jóvenes y alegres que viven bajo un techo, sólo ellos, sin que nada de lo que hagan les importe a otros. Sé que quieres que me sienta bien, ayudarme, complacerme. –hay una pausa.- Servirme. –el tono es untuoso, pero firme, mientras ese talón pisa, esos dedos se agitan lentamente.- Y así lo haces… –medio baila el talón, frotándolo del muslo, recorriéndolo.- …A lo mejor te gusta. Y seré bueno contigo también.

   -Estás mal, muy mal. –le gruñe, pero tragando.

   -Una vez… -comienza el otro, atrapando la mirada de Mauricio.- Un tipo me los chupó. Los dedos del pie. Especialmente el pulgar… -y lo agita, logrando que el otro lo mire, extrañamente ido.- Quería montarse sobre él. Metérselo por el culo, ¿puedes creerlo?

   -¡Mentiroso! –jadea.

   -Lo juro por mi madre. –le sonríe, bajando el pie, pellizcándole el muslo con los dedos, costó porque era firme, ambos se estremecieron.- Mi pies gustas, por eso los cuido. Por eso necesito ese masaje. Vamos, hazlo.

   Era imposible saber qué cruzaba por la mente de Mauricio en esos momentos, parecía algo molesto, pero dejando la botella sobre la mesita, lleva las manos a ese pie, clavándole los dedos sobre palma y empeine.

   -Ahhh, Dios, se siente tan bien; sigue así, perra. –le oye ronronear con los ojos cerrados, con una sonrisita. La palabra es un baldazo de agua fría. Y quiere corregirle, o soltarle, pero sigue masajeándole, frotando con los pulgares la palma toda de ese pie grande y firme.- Mierda, amigo, si, lo haces como si hubieras nacido para esto. –dice a modo de elogio mientras agita sus dedos y el talón. Y el otro chico parece concentrarse en tocarlo, amásalo, frotarlo todavía más, sintiéndose extrañamente muy consciente de sí mientras lo hace, mientras acaricia el pie de compañero de piso, quien, por alguna razón, deja de agitar sus dedos. Intrigado por el cambio, Mauricio vuelve el rostro hacia él. Sus miradas se encuentran.

   -¿Qué?

   -¿Nunca has hecho algo raro como…? –sorpresivamente, Marcos eleva su pie, frotando el pulgar de los labios del otro.- ¿…Chupar un dedo gordo del pie? –y ríe de la cara de Mauricio, quien salta del sofá como si hubiera estallado en llamas.

   -Déjate de vainas, ¿okay? Sólo te lo… Creía que te molestaba y quise ayudar. ¡No quiero tocarte! –enfatiza, tembloroso, sintiendo todavía el roce de ese pulgar en sus labios.

   -Tranquilo, era una broma. Lo sé, me extralimité; ahora digo y hago cosas que antes no hacía. ¿Sabes?, hace unos días le di una nalgada a uno de mis profesores, como cosa de chicos, pero nunca antes lo había hecho. No me habría atrevido. Debe ser todos esos ejercicios que han aumentado mi vigor, mi fuerza y mi masculinidad. Ya sabes, cómo eras tú, antes de… bueno, volverte algo débil.

   -¡No soy débil! –ladra. Silenciado automáticamente por la mirada del otro.

   -Quiero otra cerveza. –le ordena.

   -¡Ve a buscar tu mierda! –ruge, el corazón latiéndole en los oídos, todo su cuerpo ardiendo; deseaba… esquivar la mirada de Marcos.

   -Búscame la maldita cerveza o ya no seré tan paciente contigo, nene. –el tono es frío, en sus ojos, esos que parecían menos certeros cuando no llevaba sus anteojos de nerd, se notaban llenos de resolución en esos instantes.

   Mauricio quiso mandarlo al quinto coño, en verdad; sin embargo fue por ella. Sin entender qué estaba pasando. Tal vez para salir de esa mierda sin importancia lo más pronto posible. Cuando se la llevó, tragó con humillación e hizo lo que pudo para no mirar la sonrisa torva de Marcos, ni el brillo predador de sus pupilas.

   -¿Costaba tanto traerla, perra?

   Sin contestar, no podía o comenzarían los gritos, se retiró a su cuarto. Su refugio. Esa noche marcó un cambio. Marcos seguí preparando los alimentos pero de todo lo demás debía ocuparse Mauricio, desde lavar las ropas a asear la casa. A Marcos le gustaba todo limpio, ordenado y en su sitio. Al principio le había indicado que esas cosas debían hacerse, y terminó haciéndolas. Era la doméstica, ahora.

   Entrar al cuarto del nerd provocaba calorones en el joven hombre. Tendía la cama, recogía ropas sucias, frecuentemente bóxers manchados de esperma, o sábanas completas. A veces, sobre el colchón, la mesita o a un lado de la cama encontraba dildos, correas para azotes y collares. Lo arreglaba también, cada cosa en su lugar. Una mañana Marcos le criticó el que sacara unos calzoncillos limpios dejándole sin nada, que tuviera más cuidado… así que ahora, cuando los encontraba en la cama o el piso, los olía para saber si habían sido usados. El fuerte aroma le había resultado perturbador, almizclado y poderoso, pero no particularmente repulsivo. Olía como él mismo. Ahora entraba, metía cosas en una canasta y olfateaba los calzoncillos, como si tal cosa. También fueron espaciándose las visitas de otros tíos, pero a estos, Marcos lo cogía con la puerta abierta, y los gemidos y gritos eran increíblemente perturbadores.

   Una noche, mientras iba por agua, por la puerta entreabierta miró a Marcos en toda su gloriosa desnudez, su cuerpo más musculado, sentado de culo sobre sus almohadas, las piernas abiertas y separadas, gimiendo de puro placer mientras el chico de turno, en cuatro patas sobre la cama, subía y bajaba golosamente su boca sobre la gruesa verga del ex nerd, llevándola a su garganta, una y otra vez. La atrapaba toda y seguía ordeñándola, con hambre, su expresión era la del adicto a quien le entregan en la mano la dosis que necesita, así estaba ese tío comiéndole el güevo. Y sus nalgas, cobrizas oscuras, hacían destacar una prenda putona, parecía un calzoncillo tipo suspensorio, abierto atrás, y de su culo emergía un vibrador que trabajaba a baja intensidad, el cual le estaba trabajado el culo. Ahogándose, Mauricio escapó a la carrera, oyendo los:

   -Trágatelo, Mauricio, aliméntate como necesitas, niño tonto.

   Ocurría a menudo, pasaba por ahí y escuchaba. Y tal vez era que pasaba demasiadas veces, pero encerrado en su cuarto, una inquietud le dominaba y debía asomarse. Mirar el grueso tolete de Marcos estrellarse como una barra contra una nalga, mientras ría, o desapareciendo en una boca ansiosa o dentro del culo de algún chico que gemía de manera viciosa, le obsesionaba. Otras veces algunas de esos sujetos, usando alguna prenda diminuta perdida entre sus nalgas, se cruzaba con él, buscándole algo de comer o de beber “al macho”. Todos grandes, musculosos, atléticos… todos sus putos. Todos felices de serlo, de entregársele.

   Una tarde, regresando del trabajo, con todo en silencio, encontró sobre su cama una pequeña prenda que no podría decidir si era masculina fetichista, o femenina. Era una tanga hilo dental rosa, semi transparente. ¡Marcos la había dejado allí! Una de las prendas que usaban sus perras. Una cosa resistente cuando la halaba pero diminuta… que bien podría contener el cuerpo de un joven y musculosos machito, aprisionando sabroso sobre las bolas y el tolete. La tirita de la parte posterior le hace arder la cara, le eriza la piel y le levanta las tetillas. La imagina bien clavada en un joven culo masculino, presionando, rozándole ante el menor movimiento. ¿Qué hacía allí, en su cuarto?, se pregunta temblando, tomándola, tan suave y chica. Tan sensual por sucia. Tan… de los putos a quienes Marcos hacía gemir y gritar pidiendo más, lloriquear de gozo. No puede dejar de mirarla, de tocarla. La piel le hormiguea. Mira en todas direcciones, como temiendo encontrarle allí. Se asoma a su puerta y le llama. Nada. Estaba a solas. Se quita la franela y los zapatos, frotando los dedos de la alfombra, y sale del dormitorio tanga en mano.

   Con el corazón latiéndole con furia va al cuarto de baño y termina de desviste evitando mirar la diminuta prenda que cuelga de un lado del espejo. Se ducha. Y mientras hace todo eso, evade pensar en cualquier otra cosa. En su vida, quién es, lo que antes hacía o pensaba. Se siente excitado, aunque no está duro. Está así desde que la vio sobre la cama. Se seca, joven, guapo, musculoso, porque era cierto lo que decía Marcos, se dice mirándose al espejo, con el pequeño hilo dental a un lado. Se veía mejor que nunca a pesar de sus ganas de no hacer nada. Enrojecido por la ducha y la refregada con la toalla, algo húmedo de agua, toma la tanga y entra en ella. Se le enrolla en las piernas cuando sube, se extiende bastante cuando la forza sobre sus muslos. Le cuesta acomodar su güevo y bolas en la bolsa delantera, chica, y desenrolla las tiritas sobre sus caderas. La siente atrás, presionando decididamente contra su culo; aunque algo avergonzado a cierto nivel, no puede dejar de mirarse al espejo con ella puesta, maravillado de sentirse tan caliente sin estar duro.

   Su cuerpo es alto, desarrollado, recio, duro, sus pectorales son bolas, sus tetillas parecen mamilas de biberón… y la prendita le hace sentirse caliente. Muy caliente. Se vuelve y mira su espalda ancha, su cintura estrecha, su trasero redondo, firme, musculoso… con la tirita rosa del hilo dental perdiendo entre sus nalgas. La visión le deja extasiado. Se medio agacha y siente la presión y caricia intensificarse sobre su raja y le encanta de una manera que debía estar mal. Un toque a la puerta le sobresalta. El pomo gira.

   -Hey, amigo, ¿estás ahí? –era Marcos- Llevo rato llamándote. ¿Acaso te haces la paja?

CONTINÚA … 8

Julio César.

FUENTE MILAGROSA

enero 28, 2016

¿SACRIFICIO?

UN HOMBRE SABE...

   Creía estar en el cielo…

   Le habían hablando mucho de aquella fuente, todos los chicos del colegio la conocían. Fue y pidió, desnudo y en cuatro patas frente a la fuente, orándole con mucha fe a Cogetis, el poderoso dios antiguo, y se le cumplió. Más de lo que imaginaba cuando el señor González, su profesor, le pilló en semejante posición. Y le dio lo que había pedido, duro y a fondo, con leves nalgadas y sonreídos y autoritarios: “muévelo así, carajito”.

LA NUEVA DE DRAGON BALL… XXX

Julio César.

LA HIJA DE NADIE

enero 28, 2016

   En Venezuela hubo una novela con ese nombre…

   ¿Qué título, eh?, suena a telenovela mexicana, o a melodrama de los cincuenta en el cine latino del siglo pasado; y efectivamente es un tema musical mexicano, de mi adorada e inolvidable Yolanda Del Río. Qué voz tiene esa mujer. Nada más que por esto ya es una de las inmortales para mí. Pero fue esa canción la que me la dio a conocer en toda su dimensión: La hija de Nadie.

   Siempre tuve mucha imaginación, cuando contaba con unos siete años de edad, un tío me regaló unos suplementos de Kalimán, el hombre increíble, en el valle de los vampiros, luchando contra el conde Bartock, nombre que ando utilizando actualmente en una historia que llevo por aquí, y no cabía en mí cuando descubrí el mundo de las historietas, que iniciaban con un gran peligro y terminaban con otro igual o mejor. Era leer uno y tener que imaginar más tramas, diálogos, peligros; podía bosquejar un final lleno de riesgos y suspenso, hasta me decía continuará y lo retomaba luego. Ya visualizaba el relato. Por eso me interesó escribir, pero mejor dejemos eso así. La cosa es que toda idea, imagen, sensación, podía convertírseme fácilmente en una película imaginaria; y fue cuando contaba esos siete, ocho y nueve años en adelante, acompañando a papá a su trabajo los sábados, que conocí un perol musical que me fascinó tanto como los suplementos: las rocolas. Con un mediecito podía colocar la canción que deseara y escucharla. La primera vez que escuché La Hija de Nadie, con toda su intensa carga argumental, su drama, su fascinación, quedé conmocionado. Me pasó parecido, poco después, con El Último Beso, y Amigo de Qué.

   ¡Qué trama! Una pareja que se ama y que bebe de copas envenenadas para no seguir pecando ya que eran hermanos; se encontraron, se enamoraron y no sabían del lazo de sangre que les unías, prefiriendo morir a continuar separados o vivir con lo que habían hecho. Repito, quedé en shock. Esa primera vez fue en un botiquín a la orilla de la playa, en Tacarigua de la Laguna, en el Bar de Poleo. Y la colocaba y colocaba, no podía dejar de escucharla, hasta que papá llegó y me dijo que dejara que los demás escucharan otra cosa, que también tenían derecho.

   De esos días siempre me juré que tendría una rocola, en mi sala, cuando fuera un hombre. Tengo una gran cantidad de carpetas con música, y Yolanda Del Rio está presente, pero nunca conseguí la rocola, no está en una esquina de mi sala, fue otra de esas cosas que se me fueron quedando por el camino. Escucharla, aún hoy, me deja silente, pensativo, también evocativo; algo dolido por el drama de los protagonistas, pero también recuerdo todas las chucherías que comía, todo el refresco que tomé, con papá, en esos viajes.

   ¿Qué será de la vida de esta señora? Buscando por ahí (me gustan los artistas, no siempre soy curiosos de sus vidas), me entero que vino al mundo en un lugar que suena exótico, Ixmiquilpan, en el estado de Hidalgo, mexico… hace un tiempito ya. Su nombre real es Yolanda Jaén López. Fue y es cantante y actriz. Ojalá se encuentre muy bien de salud y que la vida le sea agradable.

SOLO RODANDO POR EL MUNDO

Julio César.

FRUSTRACION

enero 28, 2016

MALO COMO TUTOR

EL ENTRENADOR ENSEÑA

   Era inútil, se dice el entrenador, los chicos nunca se concentraban en los vestuarios.

CÓMO GUSTA LA LUCHA

Julio César.

CITAS EN NINGUNA PARTE… 9

enero 28, 2016

CITAS EN NINGUNA PARTE                         … 8

NOTA: Okay, este iba a ser un relato corto con mucho de porno, la idea me la dio una amiga, un chico que sólo quiere estar con otro por sexo sin buscar nada más. Lo que sonaría genial termina no siéndolo. Pero viendo cómo iba quedando la trama, ocurrió algo que me pasa mucho, esta se acrecentó. Me parece que se le puede sacar más punta. Veremos.

PADACKLES ES AMOR

   -¿Le damos un poco más?

……

   Hay un pesado silencio entre los dos después de aquellas palabras, y Jared se siente desgarrado.

   -Pensé que eso no tendría que importar si tú y yo… -comienza una tibia defensa. Otro error. Le ve tensándose; suspira mentalmente.- Sé que no es una relación, que no estamos saliendo, que no somos novios ni nada que se les parezca, pero… creí que te gustaba lo suficiente como para que viejas rencillas familiares se interpusieran.

   -Sabes que no fue solo eso. Lo nuestro… -enrojece como si hubiera cometido una falla.- Nuestras escapadas juntos podían haber continuado, como habíamos acordado. Pero ahora tu familia y tus amigos saben quién soy y eso me molesta. Ya nada es igual.

   -¿Cuántas veces debo disculparme por eso, joder? No lo planeé. ¡Deja de ser tan gilipollas! –se altera al fin.- ¿Y qué tiene que sepan?

   -Que puede saberlo también mi familia y no quiero tener que explicar por qué salgo con un Padalecki. –es tajante, directo. Impactándole feamente.

   -Wow, es bueno saberlo. No sé si sentirme ofendido o halagado, ¿soy tan bueno en la cama que me buscas una y otra vez a pesar de ser quien soy?

   -Era lo acordado. –Jensen se avergüenza un poco, luego enumera con los dedos.- No charlas, no salidas. No amigos o familias. Sólo tú y yo.

   -Y jamás hablar de lo que sentimos o queremos. –tercia duramente.

   -¿Qué?, ¿acaso somos niñas? ¿Quieres que te pregunte qué te asusta por las noches? –Jensen se ve ceñudo.

   -Cierra tu maldita boca por un segundo y déjame aclararte un punto: jamás quise nada de lo que hablas para esto… sea lo que sea que tenemos. Todo ese secreteo y disimulos. Tú querías, tú dispusiste, fueron tus términos y yo acepté. No me quedó otra que aceptar. Pero no es lo que buscaba. –también va enumerando con un dedo, mordiéndose la lengua para no señalar que quería un novio.- ¿Qué carajo tiene que importarnos lo que pasó hace casi cien años entre tu abuelo y el mío?

   -Para ti es fácil decirlo, se quedaron con todo y la tuvieron de fábula. Nosotros no. –los verdes ojos se clavan en los del chico del cabello castaño. Y brillan con calor, con indignación.

   -¡No! ¡No! Para eso ahí, Ackles, nosotros no robamos nada, si es lo que quieres implicar. –defiende con calor.- Fue tu abuelo…

   -¿Qué?, ¿perdió todo en la mítica partida de póquer que nadie vio, sino uno de los empleados de tu abuelo? –sonríe torcido y la acusación enferma a Jared.

   -¡No somos unos ladrones! Había más gente presente en esa partida. Tu abuelo tenía un problema de apuestas y…

   -¡Y tu familiar se aprovechó de eso! –sentencia. Y toda la vieja historia, todas las rabias estaban presentes allí. El viejo yo te dije, yo te conté. Jared se congela.

   -¿Entonces qué coño haces aquí? Si tanto me desprecias, ¿a qué has venido? ¿A mostrar tu cara pecosa y hermosa para que sepa que no puedo acariciarla o besarla otra vez? Vaya que eres oficioso. –suena dolido y molesto. Le ve oprimir los carnosos labios, manos en las caderas, viéndose sencillamente arrebatador, para luego bajar los hombros, dándole la espalda, mirando por un ventanal. Una salida. Era lo que Jensen buscaba siempre.- ¿Por qué no te vas? –y nunca nadie sabría lo que le costó formular aquella pregunta. Todo su ser se revolvía contra ella. Y cuando Jensen se vuelve, como sorprendido, de un modo derrotado, la insatisfacción se vuelve dolor. Le había acertado un buen golpe con la pregunta, lo sabe, y eso no le hizo ni un poquito feliz.

   -Ojalá fuera tan fácil. –responde con voz tan baja que cuesta escucharla, tragando. Se le acerca y todo Jared responde a la cercanía, a su mirada torturada. Daría lo que fuera por borrarla- Ojalá fuera fácil dejar de pensar en ti. –las palabras le sorprenden, y casi gime cuando el rubio le echa los brazos al cuello, sus mejillas rozándose, quedándose así por un rato.- Pero tal vez sea mejor hacer lo que dices. –termina el rubio, desolado, voz bajita. El aliento bañando a Jared, quien cierra los ojos y separa sus caras, atrapándole el rostro con las manos.

   -No quiero que te vayas. Joder, te he extrañado tanto.

   Se miran, ojos brillantes, respiraciones pesadas, pómulos rojos, labios entre abiertos. Se acercan, tanteando, y sus bocas se encuentran. Jared gime contenido, dividido entre las ganas de reír de felicidad y las de llorar de desolación, ¿por qué no era siempre así? Le besa, le rodea la cintura con sus manos y hunde su lengua en aquella boca maravillosa, dulce. Se besan como si desearan morderse, comerse. Sus lenguas se atan y Jared retrocede unos pasos, halándole, cayendo sentado de culo sobre uno de los sofás, con Jensen subiéndosele a los muslos con facilidad, ninguno de los dos deseando terminar el beso.

   A Jared se le saltan los tapones, lo que ocurría era sencillamente increíble. Había temido, durante todos esos días separados, que nunca más vería o tocaría al rubio y ahora estaba prácticamente comiéndole mientras atrapaba con sus manos grandes las nalgas de este, sobre el pantalón, atrayéndole. Sentir el peso sobre sus piernas, el calor de ese cuerpo llegándole, los ronroneos que emite y él traga ávidamente, le tienen mal. Los dedos de Jensen entran en su cabello, febriles, y las mano de Jared suben desde atrás, metiéndolas bajo los faldones de la camisa, temblando ante la piel suave y tibia del rubio, quien también se eriza. Se besan, una y otra vez, se separan únicamente por segundos, labios rojos, saliva haciéndolos brillar,  y se tocan al otro, cada uno sintiendo el tolete bien duro bajo sus ropas.

   Por un instante, buscando oxígeno, sus bocas se separan por un rato, y a Jared le mataría de dolor, entre jadeos como está, si Jensen no apoyara la frente en la suya. Ambos tan agitados como excitados.

   -Te extrañé. –admite Jensen, casi molesto, como reclamándole. ¿Qué? ¿Haber permanecido lejos tanto tiempo o por hacerle desear más?

   Las frentes se separan, Jared, con un aire de cachorrito, ata los ojos a los suyos, antes de ir hacia esa boca. Una que se suaviza en una sonrisa. Y vuelven a besarse, de manera lenta, lenguas que lamen, se encuentran y chupan, mientras los cuerpos se frotan. Las manos de Jared, imposibilitado de contenerse, logran colarse entre ellos y suben lentamente por el torso del rubio, disfrutando sus estremecimientos, sus gemidos, el loco latir de su corazón. Le besa y le gusta demasiado, pero también sentir el latido de su corazón bajo la palma abierta. Finalmente recorre sus tetillas. Y Jensen comienza a agitarse de adelante atrás, sobre sus piernas, como desesperado.

   Pero como Jared quiere castigarle por todo el dolor que le ha causado en esos días de separación, dejando una mano sobre su tetilla izquierda, baja la otra, metiéndola entre sus caderas, y con los dedos, las uñas, rasca la enorme silueta de la verga erecta del rubio, quien sencillamente gime y se tensa como si fuera a correrse allí mismo. Se besan sin detenerse cuando la mano del castaño se cierra en puño sobre el tolete pulsante y caliente del pecoso, quien sigue agitándose, prácticamente masturbándose ahora.

   -¡Ay! –se oye un grito alegremente sorprendido, seguido de una risita algo nerviosa y divertida.

   -¡Jared, por Dios, ¿en la recepción?! –ladra Chad.

   Los rostros se separan, Jensen aleja su rostro volviéndose hacia los recién llegados y Jared casi gime cuando se ve privado de su boca. Y su mano del pulsante miembro duro y caliente. Finalmente enfoca a su socio y amigo y a su asistente, la bella Adrianne, con sus mejillas terriblemente rojas. La pareja se ponen de pie. Y Chad arruga otra vez la cara mientras la asistente ríe más, desviando la mirada.

   -Joder, cúbranse. –señala.

   Rojo de mejillas, Jensen se acomoda la camisa fuera del pantalón cubriendo su erección. Jared cierra su saco.

   -Discutía un asunto con un potencial cliente. –el castaño le dice a Adrianne.

   -Claro, claro. –resopla ella, bajando la mirada al piso y riendo más.

   -Creo que voy a… -algo avergonzado, Jensen mira a Jared, levantando un pulgar sobre su hombro, indicando la salida.- Debo ir a…

   -¡No! –el castaño es tajante cuando alarga una mano y le atrapa una muñeca por debajo de la manga de la camisa, sintiendo una dulce corriente cálida en su interior al notar la sonrisa de alivio del rubio.- Vamos a mi oficina. Hablemos.

   -Claro, hablar. -expresa ahora Chad, ceñudo.- Te recuerdo que tenemos una  cita dentro de una hora. Son clientes de tu padre.

   -Lo sé, Chad. –gruñe exasperado Jared, incapaz de contenerse, todavía aferrando a Jensen por una muñeca, prácticamente halándole. No quiere soltarle, Dios, se sentía tan bien aferrarle así, sentirle, pero lo que realmente quería era evitar que se marchara y que lejos, al rubio le diera por pensar en otras cosas.

   -Dios, ¿quién es ese chico que tiene a Jared así? –pregunta encantada, Adrianne.

   -Problemas, eso es lo que es. –tercia Chad, nada complacido, sacando el teléfono de su saco, marcando rápido.

   -¡Hey! –oye la respuesta.

   -¿Megan? Soy Chad. Hay problemas. El chico, Jensen, ha reaparecido. Está con Jared en estos momentos. –y su voz resuma todo su descontento.- Algo tienes que hacer. Tú y tu hermano, o esto se convertirá en un verdadero lío.

   -Entiendo. –se oye un largo suspiro.- Me ocuparé de eso, le avisaré a Jeff. Pero vamos a necesitar tu ayuda.

CONTINÚA … 10

Julio César.

LOS CONTROLADORES… 21

enero 26, 2016

LOS CONTROLADORES                        … 20

SEXY BOY

   Guapo, casi infecciosamente…

……

   ¡Qué asco, joder!, piensa el chico, estremeciéndose salvajemente ante la visión de ese arrugado agujero que deja entrar el grueso dedo del hombre, seguramente apretándoselo. La idea le hace estremecer.

   -Cógeme. -pide el sujeto sobre un hombro, casi suplicante, mirada perdida, metiéndose y sacándose el dedo del culo, el cual medio bailotea, llamativo.

   -Grandísimo marica. –Jóvito estalla, rojo de cara, ojos sobre esa raja peluda, sobre la tirita blanca que atrapa en saco más abajo las bolas del carajo, ese agujero vicioso cuyos labios parece atrapar el dedo. ¡Lo que harían sobre un güevo!, piensa, estremeciéndose más.

   No sabe en qué momento se mueve, acercándose, recibiendo contra su rostro, cuello y brazos el calor que exhala ese otro cuerpo que parece dominado por una gran fiebre.

   -Por favor, chico, lléname el coño con tu güevo que siento que me muero. –suplica de manera patética, rostro crispado… metiéndose ahora dos dedos, que se deslizan fácilmente dentro de un agujero que lleva años disfrutando del buen sexo.

   -¡Maricón! –le ruge, atrapado entre la rabia y la fascinación. Le oye respirar pesadamente, como exasperado, dejando su tono de mendicidad.

   -¿Qué? ¿No te gusta coger? –le impacta.

   -Sí, pero…

   -¿Te gusta sentir tu güevo atrapado, apretado, halado y chupado por un apretado agujero que lo ama y que da gracias a la vida de que existe el tuyo? ¿No te gusta que te lo ordeñen así? Una mano está bien, una boca es mejor todavía… pero coger…

   -Vete, maricón, mi papá está por llegar y… -tiembla viendo esos dos dedos entrar y salir de ese culo peludo, fascinante, que parecía atraparlos.

   -Eres tan niño. –parece quejarse, sacándose los dedos, pero todavía apartando la tirita blanca, y con la otra mano, haciéndole pegar un bote, le atrapa una mano al chico, llevándola a su trasero.

   En cuanto su mano entra en contacto con la redonda nalga masculina, peluda, caliente, Jóvito queda paralizado, sintiendo como bajo la yema de sus dedos esa piel arde literalmente. Cuando ese tipo le suelta, no se aparta, los dedos recorren la curva de ese trasero como animados por vida propia.

   -Esto… esto no está bien… -todavía grazna, pero sus dedos van hacia esa raja, cosquilleando sus contornos.

   -Míralo, ¿no se te antoja? Dime, hombrecito grande, machito alfa, ¿no deseas llenármelo con tu güevo y cogerme como la perra que soy? Un macho como tú puede hacer llorar de placer a una perra, ¿o no?

   Esas palabras le hacen arder también; si, es un macho, podría llenarle el culo al marica ese con su güevo, cogerlo duro, hacerlo llorar pidiendo por más, y seguiría siendo un hombre.

   -¡Puto! –le ruge, como molesto, voz ronca, dándole una nalgada, dura, ruidosa, sintiendo un cosquilleo rico cuando le ve estremecerse y le oye gemir.

   Pero lo que le trastorna es ver ese culo que se agitaba fieramente, abriéndose y cerrándose de manera hambrienta. Un culo parecía una boquita de labios fruncidos que luego se abrían, y Jóvito no puede dejar de mirarlo, acariciándole otra vez, ahora de manera abierta, sin pensar en la extraña sensación de estar sobar una piel más dura y también peluda, nada femenina.

   -Vamos, chico, mi coño necesita de tu güevo. –pide otra vez. Se miran.

   -¿Quieres mi güevo? –preguntarle era como retarle, como incitarle. Jugar.

   -Lo tengo tan caliente, mojado y palpitante, papi. –sonaba extraño a oídos del muchacho que un carajo hecho y derecho le llamar de esa forma a él, un jovencito.- Mi coño necesita de tu hombría.

   Claro, para eso eran los coños, se dice como en trance Jóvito. Para ser jodidos por los hombres, para albergar sus güevos, apretándolos y exprimiéndolos para quedar rebosantes de leche masculina. Ardía de ganas, sabía que lo tenía bien duro bajo el jeans, tanto que le dolía presionado por el bóxer y la áspera tela del pantalón. Pero era un carajo, hombre…

   -Vamos, chico, ¿acaso no eres un hombrecito? Tu papá no dudaría un segundo. Respondería como un macho y sabría que tiene la obligación de llenar el coño hambriento de una perra. Él sabría que necesito tenerlo lleno con una barra dura, caliente y palpitante, y lo haría.

   Sintiéndose recorrido por una energía rabiosa, el muchacho empuja por la espalda al hombre contra la capota, haciéndole caer de panza, sacándole un pujido y una sonrisa, logrando que alce más el culo; luego, con manos febriles, mirando esa raja y la tirita del hilo dental blanco apartado, saca no sin esfuerzo su endurecido güevo del jeans y el calzoncillo corto que lleva. El tolete, cobrizo claro, enrojecido, resuma algo de líquidos desde su ojete. Agarrándoselo para llevarlo a donde toca, Jóvito siente una llamarada como pocas veces en su joven vida. Se miran.

   -Vamos, hombrecito duro, hombrecito fuerte, coge a tu puto. –casi sonríe ese tipo.

   Esas palabras, que hicieron arder la piel del muchacho, llenaron su mente. Coger al puto, llenarle el coño, todo coño debía ser llenado. Esas ideas se repetían en su mente. Se acerca más, aprieta los dientes con decisión y frota su glande de la raja peluda, del agujero que se estremece, mojándolo. Y quemaba, ambos lo sienten.

   -Toma, maldito maricón. –ruge Jóvito, entre dientes, y aferrándose la base de la verga la echa hacia adelante, siente el roce contra el arrugado anillo, lo alisa empujándolo hacia adentro, hay una leve resistencia pero esta pronto cede, por la fuerza de la embestida. Se la clava de un carajazo, y eso que el tolete era de buen tamaño.

   Una vez se la clava, su pelvis chocando de aquellas nalgas de macho putón, Jóvito parpadea, transfigurado. Las entrañas de ese hombre apretaban de una manera reptante, masajeante, era casi sedoso y terriblemente caliente. Muy caliente. Y le gusta; una idea le llena la mente de testosteronas, haciéndole sentirse increíblemente bien, ¡le había enterrado su güevo caliente a otro hombre por el culo! Él lo había hecho. Era más macho que el otro, el cual, cuando le abrió las entrañas de golpe y porrazo, había tensado el cuerpo, las nalgas y el agujero, apretándole todavía más, al tiempo que arqueaba la espalda y dejaba escapar un grito agudo, intenso, que no era para nada de dolor. Le gustaba, piensa el muchacho, la mente ofuscada. Retira medio tolete y vuelve a clavárselo, sintiéndolo increíblemente bien mientras iba y venía, más apretado y ahora masajeándole abiertamente la verga en el vaivén. Lo saca y lo mete, duro, no puede hacerlo de otro forma.

   -¿Es lo que querías, maricón, que te cogiera como una puta? Pues bien, toma, toma, puta… -le ruge altivo, sonriendo, casi transformado en otro, atrapándole las caderas y macheteándole con fuerza el chiquito.

   El güevo iba y venía de ese agujero que se abría con hambre para permitirle el transito, rodeado de pelos, la tira blanca del hilo dental, soltado, rozando el tolete que lo trabaja. Son embestidas duras las que da el muy joven sátiro, el cilíndrico tolete salía casi hasta el glande, halándole los labios del culo y los pelos, para luego enterrárselos, desapareciendo en su interior la joven y dura pieza de joder surcada de venas, mientras las bolas le golpeaban.

   El otro, por toda respuesta, gemía y se estremecía sintiendo su culo lleno, atendido como el buen Dios manda, como despertando aún a nuevas sensaciones o niveles de gozo. Se siente bañado, todo él, con algo cálido y grato que lo envuelve… y que nace en su agujero.

   -Hummm… hummm… -era todo lo que podía expresar, mordiéndose los labios, pareciendo luchar contra tanta excitación y gozo, comenzando a mover sus nalgas de adelante atrás, buscando con su culo ese tolete, el cual, por un segundo se queda quieto y es su agujero el que va y viene sobre él, hambriento y desesperado por más, clavándose todo y meneándose de lado a lado.

   -¿Es lo que querías, puto? ¿Güevo? Bueno, toma güevo, toma güevo –le gritaba Jóvito, perdida toda cordura, cogiéndole feo, nalgueándole.

   Y ocurre, siente como las paredes de ese recto se adhieren totalmente a su pieza, estimulando cada centímetro cúbico de su dura mole joven, dándole las apretadas de su vida. Es como si lo chupara literalmente, con tal fuerza e intensidad que teme morirse. Tan sorpresivo es que saca su güevo, pulsante, mirando el agujero que ser abre como una pequeña boca, reclamándole por más. Los ojos del muchacho se fijan en su propio tolete, pareciéndole que está… no lo sabe, como más dilatado por los lados, como si las venas estuvieran más llenas. Como más grueso. Cosa que le gusta. Coger al maricón se lo ponía más grande, pensó. Y lo clava, ese culo se abre, lo cubre, halándoselo; entre las apretadas y el intenso calor de las lisas paredes, lo siente más estimulado que nunca antes en toda su corta vida. Y grita de placer, dejándose llevar, perdiéndose, diciéndose que sólo quiere eso, coger coños apretados así. Los apretados y dulces coños calientes de otros hombres.

   Los dados habían sido echados.

CONTINÚA … 22

Julio César.

OSCURO AMOR… 6

enero 26, 2016

OSCURO AMOR                         … 5

Por Leroy G

SEXY MAN ASS

   Sospechaba   que algo quería   de él…

……

   -No quiero seguir tomando esa mierda, Marcos. No funciona. Creo que debo ver a un médico. –le dice Mauricio en cuanto entra a la sala con los dos vasos de jugo.

   -Tonterías, debes darles tiempo. Te quejas de debilidad pero pareces más forrado de músculos. ¿Haces ejercicios cuando no estoy? –bromeó el otro, mirándole resuelto, firme.- Tómalo.

   -Sabes que no hago ejercicios aquí. Tomaré una cita con el médico escolar y…

   -¡No! –es tajante, mirándole serio.- Te va a enfermar con preocupaciones y pastillas. Estudio sobre farmacéutica, sé de lo que hablo. Toma tus jugos naturales y tus batidos vitamínicos y espera, seguramente tu rutina ha variado y el cuerpo necesita acostumbrase. Dirás lo que quieras pero te ves genial. –cuando el otro intenta replicar, le tiende el vaso, mirada fría.- Tómatelo y ya. Sé de lo que hablo y de lo que tienes que hacer.

   Imposibilitado de oponérsele cuando usaba ese tono, Mauricio bebió bajo su atenta mirada. Al terminar fue al baño y se miró al espejo, tocando sus brazos más marcados y fuertes. Si, se veía bien, pero se sentía sin fuerzas, ¿qué coño pasaba? ¿Sería algún cambio metabólico? Bien, si continuaba mareado iría con el médico sin decirle nada a Marcos, se dijo, entrando a la ducha. No se preguntó por qué tendría que hacer algo a escondidas del otro… Cómo no se pregunta el por qué ahora nunca tenía una cita con alguna de sus amigas. O por qué no se hacía la paja como antes.

   Y si, algo mejoró. Seguía tomando los batidos que Marcos preparaba para los dos y el mareo era cosa del pasado, pero continuaba algo aletargado. Como sin ganas de hacer nada. Ni siquiera de masturbarse cuando el otro llevaba a alguno de sus “putos”, y les cogía toda la noche. Si, había notado, espantado y sin querer pensar mucho en ello, que le excitaba escucharles. La voz de mando de Marcos, saber que coge, que controla, que hace delirar a sus putos. Y los gemidos de estos…

   -¿Te gusta el juguetito que compré para ti? ¿No es grueso y rugoso, como te gusta? –le oye una noche, voz preñada de morbosidad, así como el gemido del chico que llevó, un joven con aire asiático.- Te gustan grandes, ¿verdad? Imagino que así compensar esa vainita que tienes entre las piernas. –el tono era de burla, y ahora Mauricio sabía que lo hacía para controlar y excitar a sus chicos, quienes respondían a eso.

   -Es muy grande. –oye la llorosa voz del otro.

   -Sólo te enterré la cabecita… Mauricio. –es la respuesta, la que el joven esperaba, agitándose en su cama, desnudo, acariciándose, sintiendo los pezones muy duros, las bola sensibles, pero no erecto.- Relaja las paredes de tu coño.

   -Hummm… es muy grueso. –el lloriqueo del otro regresa.

   -Deja de quejarte, carajo. ¿Sabes cuánto me costó este consolador de goma blanca parecido a mi güevo? Un dineral. Y lo hice por ti. –el tono es más autoritario que nunca.- Así que relaja tu coño y acéptalo, así, centímetro a centímetro. –en respuesta a su voz se oyen jadeos contenidos.- Vamos, así. Así, cinco centímetros más… Mañana puedes llevártelo y usarlo en tu casa para que ejercites el coño.

   -No tan duro, papi. –es la respuesta sumisa, llorona.

   -Okay, entraron los cinco. Ahora diez centímetro más y lo dejo. Joder, me encanta ver tu coño afeitado extendiéndose tanto alrededor del falo de goma. Es tan sexy enterrártelo así, verle la cara roja, el coño tan dilatado. Sé que te molesta, pero eso será al principio, después de unas cuantas subidas de prácticas va a saltar y bailar sobre él, pegándolo a la mesita de la sala de la casa de tu novia. –ríe con burla.- Déjame retíratelo un poco.

   -Ahhh…

   -Ahora adentro. ¿Lo ves? Tu coño se abre con más facilidad. –y Mauricio traga, imaginando al chico asiático de piel cobriza en cuatro patas sobre esa cama, o de espaldas, con Marcos atrapando la base del consolador con su puño, metiéndoselo y sacándoselo.- Dime… -le oye, estando con ojos cerrados, acariciándose los muslos que abre.- Cuando estás con tu novia, ¿cómo es? ¿Cómo cachaperas? ¿Lesbianas compartiendo vibradores? –insulta y ríe.

   -Hummm… -a Mauricio le parece que los gemidos del otro ahora son mórbidos, entregados, excitados.

   -Eso es, compañerito. Déjame sacarte esto… -y en su cama, oye el pujido del otro.- Ahora me siento así sobre mis tobillos y tú te subes, de frente, enculándote a fondo. Quiero verte la cara cuando grites de gusto al enterrarte mi güevo en las entrañas, dándole la apretada que merece. Sintiéndolo tan a fondo como te gusta. Quiero verte la cara cuando estés cabalgando sobre mi tranca. –le oye, ronco y bajo, casi íntimo.- Quiero verte la cara cuando te haga el amor, Mauricio; deseo ver tus ojos empañados de lujuria mientras subes y bajas tu coño necesitado de atenciones, y yo haciéndotelo. Dándote lo que quieres.

   En su cama, el joven se paraliza bruscamente. No por aquellas palabras que erizan cada centímetro de su cuerpo, con repulsa y algo más. No, no había sido eso. De repente, mientras escuchaba todo lo que ocurría al lado, elevando sus caderas del colchón al tiempo que se acariciaba las caras internas de sus muslos (algo que le producía un placer increíble y que antes no había notado), sus dedos rozaban y acariciaban la raja entre sus nalgas. El botón de su culo…

   Asustado se suelta, se sienta en la cama y se cubre con su bóxer. Luego toma dos de esos palitos aromáticos que ayudan a aletargar (algo le decía que no debía), los enciende y casi aspira con ansiedad cuando el humo dulzón se deja sentir; así mismo toma el iPhone de Marcos, audífonos en sus oídos, y sube el volumen para no continuar escuchando lo que ocurre al otro lado. Pero cuesta concentrarse, o desconectarse cuando oye los…

   -Oh, sí, así, Mauricio, goza de mi verga en tu culo, sacias tus necesidades, pequeño. Voy a llenarte de tanto amor…

   En algún momento, afortunadamente, Mauricio se adormiló, aunque no parecía un reposo real, despertando tarde en la noche por el sonido alto de la televisión en la salita. Algo molesto salió y encontró a Marcos en el sofá, vistiendo un bóxer azul claro, manchado de algo que chorreó (esperma, lo sabía bien). A solas. Este volvió el rostro, recorriendo su cuerpo casi desnudo excepto también por el bóxer, uno holgado. Se saludaron con inclinaciones de cabeza.

   -¿Te desperté? No podía dormir. Discutí con mi puto. –le dice con indiferencia, sin apartar la vista ahora de sus ojos.- Aprovecha que estás de pie y trae dos cervezas. –ordena. No pide. No sugiere. Le dice que vaya por ellas.

   -Por favor, ¿no? –le reclama el otro, mortificado, ganándose una dura mirada, que siente en la espalda mientras va por las cervezas. Más específicamente sobre sus nalgas.

   Saca dos botellines y regresa a la sala. Le tiende una mientras el otro le señala el mueble a su lado. Se deja caer, al otro extremo del sofá, y beben, aunque está muy consciente de la casi total desnudez del otro, del olor fuerte a sexo que emana. De la silueta de su güevo bajo la suave y ajustada tela. No puede apartar los ojos de ese entrepiernas. Ni de las manchas.

   -¿Por qué…? ¿Por qué se fue tu amigo?

   -Lloriqueaba porque quería ser mi única perra. –dice con desdén, encogiéndose de hombros.- Salí varias veces con él, seguro se enamoró. Las perras son tan patéticas.

   -¿Las pe…? –se confunde.- Eres un gay algo raro. Te expresas excesivamente despectivo de otros. –sospecha que dice tonterías cuando el otro vuelve la vista y le mira a los ojos.

   -Hay gay y hay perras. –le asegura.- Somos muy distintos.

   -¿En qué sentido?

   -Es difícil de explicar. Un hombre, o un gay, siente placer jodiendo, incluso mamando o dando el culo, de tarde en tarde. Una perra sólo quiere ser jodida, siempre, verá un güevo y se le mojará el culo, y rogará por ello de manera necesitada. Le urge servir. –se encoge de hombros nuevamente.- Sólo lo entenderías como gay… o como perra. –le mira con un brillo travieso en sus pupilas.- ¿Te gustaría probar ser perra? Algo me dice que te desatarías.

   -Deja tu mierda. –se sofoca y casi pega un bote cuando el otro eleva una pierna y deja caer el talón en su muslo, pesado.- ¿Qué haces?

   -Marco mi territorio. –ríe burlón.- Dame un masaje en la planta ya que estás ahí, ¿no?

CONTINÚA … 7

Julio César.

EL DIABLO EN LOS DETALLES: 10×11

enero 26, 2016

LIZZIE, SAM, DEAN, AMARA Y LAS ALMAS… 5×11

DESTIEL

   Se moría por tomarle la temperatura…

   El regreso del apagón navideño de Supernatural, episodio 11X10 – El Diablo está en los Detalles, parecía un inicio de temporada, comenzando por esa llamativa tonada sobre el demonio. Y de los buenos inicios. No era para menos, el Gran Villano estaba de vuelta, Lucifer, o Satanás, como prefiero. Enfrentando a Sam, joven cazador con una laaaaarga trayectoria de malas dediciones, incluidas el liberarle la primera vez y también a la Oscuridad. ¿El mejor momento de todos?, el malestar físico de Dean, fue tan gracioso y Destiel. Y el momento madre e hijo de Crowley y Rowena. ¿Qué no me gustó?, la muerte de Rowena, personaje que terminó gustándome cuando se dejó de tonterías, como ser la Alexis Carrington del Infierno para manipular al hijo (aunque su pega tenía, salvar a su retoño de la mala influencia de los Winchester, que le hacía débil), pero que cuando comienza a brillar, mala, traicionera y peligrosa, la matan. El destino de las mujeres en una serie espartana. ¿Lo otro?, el Lucifer interpretado por Misha Collins. No estuvo bien. Ni que las tonterías de Castiel lo empeoren todo, otra vez.

LAS PESADILLAS DE ROWENA

   El inicio, Rowena con un gorro de renos, Crowley como un niño la noche de Navidad, la llegada de un Santa que le mata y luego le pregunta a ella, “¿en serio Rowena, con esto sueñas?”. “Es más como une pesadilla”, admite ella, y luego gime que no para y que no puede quitarse esa gorra. Lucifer está ante ella, el interpretado genialmente por Mark Pellegrino. Ya ahí se sospechaba que habíamos perdido a Rowena en la batalla contra el Diablo. Este, así como llegó a Sam, había llegado a la bruja también. Tenían un trato ante del conjuro.

   Dean regresando al lugar de la batalla de los ángeles contra Amara, sintiéndose mal, estuvo genial, a pesar del vomito. Pero nada a cuando Castiel llega y le atiende comprobándole los signos vitales, tocándole, viéndole el ojo, la lengua. Cosa que para cuando quiere tomarle la temperatura con un dedo (¿cómo pensaría usarlo?). Fue el antiguo, divertido y casi tierno Destiel del pasado, a pesar de las hosquedades del cazador. La zona de destrucción es mortal para los humanos, así que Castiel irá a ver qué sucedió, ¿murió Amara? Eso parecía preocupar a Dean, y uno no sabe si lo deseaba o no. Él irá por Sam. Le llama y cómo reí con el mensaje que le grabó en la contestadora del menor, que Sam no podía atender porque se depilaba las piernas. No le encuentra.

YOUNG SAM

   Bien, Sam y Lucifer, este quiere convencerle de que deben unirse para acabar con la Oscuridad, que es mil veces peor que él; cuestionándole con el qué pasó con el joven que tenía el valor para enfrentar cualquier situación, pero que luego pierde el camino y va chorreándola por ahí. Lucifer quiere demostrar un punto, que antes se arriesgaba e iba por lo que sentía que deseaba, como cuando besa a la chica en secundaria (y si ese muchacho es el mismo que le interpretó en la cuarta temporada, cómo ha crecido, bueno, que ya han pasado cinco o seis años). Luego la manera cómo le enfrentó y detuvo, todo el maldito Apocalipsis, pero que después de eso perdió las pelotas. Dejó a Dean en el Purgatorio (hasta a Lucifer le pareció algo despreciable), que antes no lo habría hecho; que no cerró las puertas del Infierno y dejó escapar la Oscuridad aunque estaba advertido de que era algo terrible. Que por no hacer lo que debe mucha gente ha sufrido. Y que ahora lo hace nuevamente, en lugar de luchar a su lado (dándole su cuerpo con un simple si), se hace a un lado. Había un punto en todo lo que decía, y uno imagina que la seducción para hacer lo que está mal es así, casi nos parecerá justo, algo justificado. Eso me hizo temer, pero Sam dice no, sorprendiendo a Lucifer. No lo hará porque le sabe igual de malo que Amara, que todavía tiene las bolas para decirle que no. Antes de eso, me gustó cuando Sam le preguntó qué pasará luego de que venzan la Oscuridad y Lucifer responde que se irá a Los Ángeles a resolver crímenes (es tan chusco). Bien, hasta allí llega la paciencia de Lucifer con Sam y se decide a convencerle a la antigua, a palos.

AMARA SOBREVIVE

   Mientras eso pasa, Castiel llega a la zona cero donde cayó el rayo del Cielo. Todo envuelto en la oscuridad, encontrándose con un ángel adorablemente insensata, una burócrata que sella certificados de nacimientos y defunciones en el Paraíso y a quien enviaron para ver si Amara está muerta. Se sobresalta porque conoce a Castiel por su fama y teme que la mate; este preguntándole si es lo que dicen de él en el Cielo y ella replicándole que entre otras muchas cosas, le deprime. Le deprime aún más que ella diga que se parecen, en sus nombres (algo tontillo pero divertido) y en el que son prescindibles. Que les envían porque sus muertes no afectarán nada. Que a pesar de todo lo que ha hecho desde el Apocalipsis, Castiel sólo ha sido un actor secundario en el drama, nunca el héroe. Eso descontrola al ángel, que se detiene, ella sigue, encuentra a Amara y esta roba su alma. Esa escena, los efectos especiales, quedaron increíbles, la oscuridad de los alrededores reuniéndose, casi dándole color a ella, la cual se vuelve contra Castiel, a quien considera nada, un alma rota y agotada que no vale la pena devorar. Que no comprende el interés de Dios en él (incluso hizo un comentario sobre el pésimo gusto de Dios en lo referente a hombres). Le desdeña, luego de golpearle, de una manera hiriente en el orgullo. Y no me pareció satisfactorio. No sé, esperaba algo más, que ella reconociera la conexión de Castiel con Dean, pero no. Fue odiosa y cruel, hasta dejándole ir como si no valiera la pena ni preocuparse por si el insignificante Castiel vive o muere. Imagino que eso selló el curso de los acontecimientos más adelante. Amara, en cuanto Castiel desaparece, parece herida, es bueno saberlo. Lo de la chica ángel fue doloroso, actuó unos minutos y fue encantadora en su candor crudo.

   No hay momento como el instante cuando Crowley comprende que Rowena ayuda a Lucifer, el enfrentamiento de siempre, verbal especialmente, no matándola porque teme lo que su nuevo amigo hará. Me pareció molesto, luego vemos que el Rey del Infierno siempre va dos pasos adelante. Dean le llama, todo les estalló en las caras, que vaya al Infierno.

DEAN CANTA LA CONTRASEÑA

   Allí tiene que cantar una tonadilla como contraseña, cosa que le irrita, y conoce a la parca Billie. Esa mujer es exótica y encantadora, no pude dejar de imaginar una pelea a puñetazos con Dean. O besos. Allí le ratifica su punto de vista, si los Winchester mueren, muertos se quedan. Bien, ahora cazadores, parcas y demonios tienen que trabajar juntos. ¿No sería genial que existiera esa conexión que hubo entre Dean y Tessa? Lo sé, siempre pienso en Dean con este o aquella, pero es que Jensen Ackles da para todo. Igual, ¿no sería sorprendente que resultara que Billie es realmente Muerte en otro cuerpo? Ella le entrega algo.

DEAN, ROWENA CON EL ATRAPABRUJAS Y CROWLEY

   En una escena donde toman te, Crowley deja por un momento a Rowena, se reúne con Dean y hablan del atrapa brujas. Cuando regresa, Rowena sabe lo que hizo, colocó una bolsa de hechizo para espiarle (muy lista), pero cuando Dean aparece con esa cosa como un collar de bondage, Crowley le dice a la mujer que nunca debe aceptarle te a su peor enemigo (él fue más listo). Ella cae y la obligaran, con ese collar, a regresar a Lucifer a su jaula. Castiel aparece y es cuando Lucifer comienza a darle a Sam

TODOS EN LA JAULA

   Aunque Crowley grita que no (y por eso es que siempre pasan las cosas, Sam oye a Dean gritar y ya no razona, igual el mayor respecto al menor), el cazador y el ángel corren hacia la jaula y Lucifer los atrapa a todos. Rowena aclara que si termina el hechizo, el Diablo quedará preso otra vez, pero si Sam se rompe y dice que sí, no podrán atarle. Y uno todavía sentía ese temor.

LUCIFER AND DEAN

   Los tres pelean contra Lucifer, en una buena batalla, y cuando este tiene a Dean por el cuello, exigiéndole a Sam que diga que si, Castiel salva el momento y ahora es él quien queda entre sus garras. Ocurre el hechizo, todos salen. Crowley los quiere fuera del Infierno. Se buscará otra manera de acabar con la Oscuridad. Dean preocupándose por Castiel fue lindo.

POR QUE ROWENA NO AMABA A CROWLEY

   Llega la gran escena entre Crowley y Rowena, cuando ella le confiesa, por el atrapa brujas, que le odiaba para no amarle porque el amor es debilidad y ella se juró nunca más sentirla por todo el sufrimiento que le acarreó en el pasado. Parecía una Scarlett O’Hara cualquiera, pero mala, cuando se jura hacer lo que sea para no volver a pasar hambre (bueno, aquella tampoco era muy buena). Aparece Castiel, es cuando sabemos que Lucifer mora en su cuerpo. En la jaula, en el último momento, llevado por su impotencia o rabia contra Amara, el insensato ángel de Dean le pregunta al otro si realmente puede vencerla, este se lo asegura y le da el sí en el último momento.

CASTIEL, EL DIABLO CAMBIA DE PIEL

   Cuando Castiel/Lucifer le pregunta a una embelesada Rowena si alguien más puede repetir el conjuro para enviarle a la jaula y ella responde que no, que sólo ella, ¿alguien dudaba que moriría? Fue una falla del programa, no su muerte, sino el no mostrar el rostro de Crowley un segundo antes, sabiendo que eso ocurriría. Rowena, la poderosa bruja que terminamos queriendo cae. Corwley está golpeado en el suelo, Lucifer está allí. Y todo eso me gustó. La idea de Lucifer dentro de Castiel, un ángel que posee verdaderos sentimientos por los humanos (coño, por Dean, hablemos claro), ¿terminará afectando eso al Gran Villano? ¿Podrá romperle el cuello a Dean o algo se lo impedirá? Me agrada la idea de un Castiel malvado. ¿Cómo será ahora, con el nuevo rol, la dinámica Misha Collins/Jensen Ackles? Lo que no quedó para nada bien, pero nada, es que Misha Collins tratara de imitar las poses de Mark Pellegrino; estas eran muy características de este actor, y se vio forzado y mal en él. Misha Collins puede recrear a su propio Lucifer, como terminaron haciendo Ruby y Meg al cambiar de cuerpos. Bien, dos terribles males están en el mundo, Rowena que podía ayudar bajo coacción ya no está, Crowley queda en estos instantes bajo la bota de Lucifer…

   ¡Qué carrizo pasará ahora! ¿Irán a salir con un episodio sin relación?

DEAN, ¿QUÉ LO HIZO VULNERABLE?: 11×11

Julio César.

DESAFIO

enero 26, 2016

ESTRATEGIA

SEXY BOY ASS

   -¿Qué? ¿Te crees muy macho? Ven y demuéstramelo.

UN DOMINGO POR LA TARDE…

Julio César.

AFORTUNADA EQUIVOCACION

enero 23, 2016

TRABAJOS FACILES

   Entró a la fiesta que no era…

   …Y no fue fiesta hasta que llegó. El dulce chico, a quien le encanta que lo miren, que los ojos rueden y acarician su cuerpo como manos ávidas, centra sus actividades en despedidas de solteras ebrias, cumpleaños de octogenarias de manos largas y de quinceañeras, contratado por amigas, que reían hasta las lágrimas con las caras rojas de vergüenza. Ahora iba tarde a otra despedida de soltera, entró apresurado tras la cortina de la tarima, escuchando aplausos algo exasperados, y comenzó a bailar… para encontrarse que había diez o doce carajos jóvenes, rudos y forzudos, trabajadores de la construcción, como público. Que esperaban otra cosa, pero entre lo tarde, que la chica no había llegado, las muchas cervezas que habían tomado, sus movimientos cadenciosos y el tamaño de su trasero, les hizo decidir continuar la parranda. O comenzarla porque, cerrando los ojos y sonriendo, estremeciéndose, el chico es alzado por muchas manos, que lo tocaban, lo soban, que le bajan y quitan el hilo, que le decían que sabían cómo tratara un tipo como él, lo acercaban, en peso, a una cama que ocupaba una esquina de la estancia. Si, comenzaba la fiesta.

TRABAJANDOLOS CON LA RUTINA

Julio César.

OSCURO AMOR… 5

enero 23, 2016

OSCURO AMOR                         … 4

Por Leroy G

SEXY BOY SPEEDOS ROJO

   -¡¿Qué quieres hacerme qué?!

……

   Aunque temblando por el contacto, por la mirada oscura y profunda que el otro le enviaba, un profundo rechazo al toque, a lo que pudiera significar, le dominó, alejando la cabeza en un inequívoco gesto de rechazo.

   -Estoy bien. –grazna con el corazón martillándole en el pecho. La mirada de Marcos se endurece, es fría. Por un instante cree que ve una rabia intensa en sus pupilas, pero todo pasa tan pronto que cree haberlo imaginarlo.

   -Me alegra saberlo. –dice el otro, poniéndose de pie, señalando la bandeja y el infaltable vaso de jugo de naranja, uno muy amarillo.- Termina. –va a salir.

   -Gracias. –croa sintiéndose de pronto mal, culpable, egoísta, malagradecido. La idea de que Marcos se molestara con él, era difícil de enfrentar. Por alguna razón. Le ve detenerse, hombros rígidos, volviéndose.

   -Dime, ¿estás así porque me viste en el baño con…? –comienza el otro joven.- No creas que abuso de tu hospitalidad. Es que, ya sabes, soy muy fogoso, te lo dije cuando me mudé aquí,  y mis putos siempre quieren más y más. Se montan una vez en mi güevo y ya no quieren bajar. –oyéndole, tan pancho, la garganta de Mauricio se cierra un poco más y se le dificulta pasar la cucharada de sopa.- No te molesta, ¿verdad? Si el que sea gay es un problema… –pregunta nuevamente, pero ahora con algo de imposición. Una que inhibe al otro.

   -No… no, está bien. –casi se sorprende al oírse responder, como si fuera otra persona.

   -Genial. –la brillante sonrisa del otro le hizo latir fuerte el corazón.- Termínate eso y si quieres más, llama.

   Sale y Mauricio bebe del jugo de naranja, está muy amarillo y sabe a vitaminas. No le importa. Lo termina todo para acabar con la resequedad en su lengua. Luego le hace los honores a la sopa. ¿Por qué no le dijo claramente que le molestaba esa hilera de hombres entrando, a los que cogía mientras pronunciaba su nombre? ¡Claro que le molestó verle en el baño! ¡Y cuando le tocó…! Si, su heterosexualidad se había revelado, porque presentía el interés de Marcos en él. La cabeza le duele, no siente ganas de lavarse la boca o llevar la bandeja a la cocina. Llaman a la puerta y se tensa, lo que era agotador.

   -Pasa. –autoriza, el otro asoma su cabeza.

   -¿Mejor?

   -Sí, pero… estoy agotado. Es como si no tuviera fuerzas.

   -Estás muy agitado. Necesitas crear un ambiente relajante para descansar. Comenzando por nada de televisión. –señala el aparato encendido a bajo volumen, que apaga.

   -Oye, el silencio total… -se queja en su cama.

   -Toma mi iPhone. –le ofrece, con los audífonos.- Esto te relajará. Hace dormir más que la narración de un partido de futbol aburrido. –le sonríe. Venciendo la resistencia, no deseando oponerse para no parecer un pendejo total ante las atenciones del otro, Mauricio accede.- y… -muestra uno de esos palitos aromáticos.

   -Eso no me gusta. Siento que me ahogo. –se queja plañideramente, como un niño.

   -Lo necesitas. –es la tajante respuesta mientras lo enciende, al humo elevándose, un olor dulzón llenándolo todo.- Enciende el iPhone y duerme.

   -Bien, coño. –brama, ceñudo, encendiendo el aparato, viéndole tomar la bandeja y todo lo demás. Y ese sonido de olas era realmente tranquilizante, así como ese olor algo mareante. Le ve salir, silente, pero no sin que antes le lance una mirada burlona.

   El olor, los sonidos, todo le relaja. Duerme. Mucho, pareciera que no puede despertar. Su pecho sube y baja rápidamente. Siente un dolorcillo de cabeza. Se imagina corriendo, desnudo, escapando de algo, alguna cosa contra la que grita y patalea, cada vez con menos fuerzas, cayendo, sintiéndose alcanzando, bañado, cubierto, acunado de manera intensa, total; la idea de regreso al útero le extrañó, ¿de dónde vino?, se preguntaba. Pero era… grato. Hasta que pataleaba, deseando abrirse paso de esa niebla, o manto, deseando escapar y pensar con claridad. Y esa lucha le hacía doler la cabeza más intensamente.

   -Oye, oye… -escucha un imperativo llamado mientras una mano le sacude.

   -¿Eh? ¿Qué? ¡¿Qué?! –alarmado por algo, abre los ojos, el dolorcito de cabeza sigue allí.

   -Amigo, ya cae la tarde. ¿No quieres que te traiga algo de cenar? O mejor, sal de esa cama, toma una ducha y nos acurrucamos en el sofá a ver televisión.

   -¿Dormí todo el día? –se alarma, sentándose, la sábana bajando, su torso y abdomen mostrándose, olvidando sus resquemores iniciales de esa mañana.- ¿Cómo puede ser? –se ve confuso, algo aturdido, ¿durmió todo el día? ¿Qué le pasaba?

   -Te dije que los sonidos relajaban y que el incienso ayudaba a dormir. A lo mejor tienen algo de marihuana. –se burla Marcos.- ¿Te levantas o no? Vamos a cenar.

   -Okay, yo… -le mira, sonriendo sin humor.- ¿Qué?, ¿hoy no hay novios?

   -¿Mis putos golosos por mi güevo? -le corrige, haciéndole estremecerse.- No, necesitas descansar y… bueno, la verdad es que, no sé si lo has notado, pero tiendo a ser un poco ruidoso cuando… -rueda los ojos, y Mauricio boquea ante esas palabras. ¿un poco ruidoso?- Así que será noche de compañeros de piso. –va hacia la puerta y todavía se vuelve y le guiña un ojo.- Habrá una competencia, y nada cómo los deportes para unir a los chicos, ¿verdad? ¡El Míster Bikini California! Será genial. –sonríe chulo y se marcha, dejándole con la boca abierta.

   Sí, claro, cómo que iba a salir de su cama para ver el Míster Bikini de lo que fuera. Piensa en echarse otra vez. Puede que haya dormido todo el día, pero sigue cansado. Pero también tiene la vejiga llena. Sale y se dice que meará y regresará, pero aprovecha y toma una larga ducha que hace milagros en su musculoso y joven cuerpo de machito; al salir se fija bien en el pispo y las paredes (¿buscando rastros de semen?). Una vez limpio regresa a su cuarto, se coloca ropas cómodas y mira la cama, pero se le hace insoportable la idea de regresar a ella. Sale nuevamente y mirando hacia la sala, ve a Marcos instalado frente al televisor, por el balcón nota que ya es de noche.

   Así que termina cenando frente al televisor, para luego tener la cara roja mirando el fulano Míster Bikini California, donde hombres altos, jóvenes, guapos, muchos de ellos catires, vistiendo diminutas, muy diminutas prendas, exhibían la mercancía al público presente. No todo femenino, no con esos sujetos mirándose unos a otros, tocándose, metiéndose manos en ese escenario. Más rojo de mejillas, mira el close up del trasero de un tipo en hilo dental, que lo baila frente a la cámara, ganándose los gritos del público. De reojo notaba los brillantes ojos de Marcos, el cómo algo abultaba bajo el cómodo bermudas que llevaba, tocándoselo como de pasada mientras hacía comentarios sobre el culo de este o aquel. Dos veces volvió el rostro para decirle algo, medio pillándole mirándole el entrepiernas, pero parecía no notarlo, o no daba señales de ello, mientras le explicaba por qué creía que ese o el otro ya andaba repartiendo culo de lo lindo en las playas de California, con tan sólo mirarlos decía saberlo.

   -Es fácil verle el gusto a muchos por las pollas, como dicen los españoles. –ríe ronco, algo cruel, provocándole escalofríos a Mauricio.- También hay muchos que andan extraviados y todavía no lo saben, muriéndose de sed cerca de cientos de vergas llenas de leche.

   -Oye… -graznó incómodo, mirando la pantalla, donde los “machos” en tangas jugaban dentro de las olas y salían escurriendo agua contra el cielo azul y sol brillante de California, con los bañadores casi traslucidos.

   No le sorprende escuchar el espesar de la respiración de Marcos. El sujeto se veía encantado, seguramente soñando con cuántos podría llevar a su cama y… (la imagen le eriza) montarlos en su güevo. Viéndolos encularse, cabalgarlo, gritando y pidiendo más. También ellos enviciados. Lo curioso de toda esa situación era que… sus pelotas cosquilleaban también a la vista de los muy atractivos y saludables cuerpos de tíos reilones en bikinis, tangas e hilos dentales fingiendo jugar volibol de playa. ¿Qué coño le ocurría?

   No durmió bien esa noche, un sonido le llegaba y sabía que era Marcos masturbándose, escuchaba sus pujidos y jadeos, podía imaginarle totalmente desnudo, pierna abiertas, alzando sus caderas, dándose puño sobre el güevo tieso que babeaba un poco.

   -Hummm… -le oye, cerrando los ojos en anticipación se prepara.- Oh, sí, tómatela toda, Mauricio. Esta leche es toda para ti. Trágate hasta la última gota. Lo necesitas tanto. –eso acabó con su paz mental.

   La vida continuaba su marcha, Marcos preparaba los alimentos y los jugos, le prestaba sus audífonos y música relajante. También encendía esos abominables palitos aromáticos que inducían letargo, pero no descanso. No quería ir tanto al gimnasio, pero el otro no le dejó abandonar, aunque si le aconsejaba dejar su trabajo en las dos secundarias si se sentía tan mal. Ahora le parecía que el sueño del físico culturismo era una locura, demasiados entrenamientos, rutinas y ejercicios. Ya había abandonado la idea de ganarle, trotando, a Marcos, incluso a seguirle el paso. Aunque seguía mostrando su buen cuerpo, de hecho se notaba un poco más abultado de bíceps y pectorales, sus muslos llenaban el pantalón y su trasero parecía más firme, resistía menos.

   -Llegué. –gruñe, medio sofocado, entrando a la sala esa tarde.

   -Siéntate, te llevo un jugo. –le grita Marcos desde la cocina.

   Varias naranjas exprimidas descansan sobre la mesa y cayendo dentro del vaso van las dos últimas gotas, de las treinta, del frasquito que el otro joven tapa presuroso, mirando hacia la puerta del pasillo, vigilando la presencia del otro, ocultándolo en un bolsillo.

   Revolviendo con un cuchillo de cocina el jugo… y las gotas. Su sonrisa es torva.

CONTINÚA … 6

Julio César.

NOTA: Cómo le escribí al amigo Leroy, esta vaina se está poniendo demasiado sentimental.

GRIPE, MARCHA DEL 23 DE ENERO Y BEISBOL

enero 23, 2016

MALA LECHE

MUSCULOS Y TANGUITAS

   Que vaina tan dura.

    ¿No odian enfermarse en fechas específicas? Parece que el universo conspirara contra uno. Hace añales, después de comprar y disfrutar su libro (Apuntes que apuntan), se me presentó la oportunidad de conocer a Isa Dobles, la querida y recordada periodista (descanse en paz). Se presentaba en la Casa de la Cultura en Guatire, para festejar un natalicio de Alí Primera, de cuando la gente no asociaba su nombre a este desastre. Yo culpo a la familia. Ah, pues, después de decirle a todo el mundo, citándonos allá, me enfermé. Me sentía fatal. Cuando mi hermana fue a visitarme luego, se había llevado el libro para que lo autografiara (uno de mis tesoros), le pregunté cómo había quedado todo; viéndome abatido dijo que más o menos, pero bastó presionar un poco para que pareciera que viviéramos ese episodio de Los Simpson cuando Homero castigó a Bart prohibiéndole ver la película del gato y el ratón y Lisa fue y no quería decirle nada para no deprimirle y luego grita que fue sensacional. Igual estalló Melissa. La muy bicha dijo que cantaron, rieron, contaron cosas, que lloraron por ratos (y no me quería regresar mi libro). Que gozó una y parte de la otra, aunque ella no tiene bolas. Que yo sepa. Ahora ocurre igual, cuando mañana nos disponemos a concentrarnos otra vez, para conmemorar otro 23 de Enero, este con mayor significado, todavía estoy todo temblereque por la gripe de porquería. No sólo la Oposición ganó grandes espacios, sino que por ser sábado no podían obligarme a ir a la oficina, pero como me canso de la nada y me falta el aliento, mejor no estorbo. No quiero aparecer en televisión porque me dio un yeyo. Qué raya. Ah, pero las cosas no terminan ahí, unos amigos piensan llegarse a Valencia para ver el primer juego de la final entre Navegantes del Magallanes y Tigres de Aragua. Según tienen cuadradas las entradas. Justo ahora que no me siento bien. Ojalá les vaya mal. A ellos, no al Magallanes.

¿Y QUIEN AYUDA A LA BRUJA?

Julio César.