Archive for 29 abril 2016

LOS CONTROLADORES… 26

abril 29, 2016

LOS CONTROLADORES                         … 25

BOY HOT

   La hora de los mininos.

……

   -Lo sé, le sentí.

   -Hay alguien más, ¿verdad? No un controlado. –le tantea el otro.

   -Si, maestro, un chico. Me sorprendió su potencial cuando le conocí, por pura casualidad, en el Metro. Tiene un gran poder, aunque él mismo lo ignora. Fue extraño, por su edad ya debería haberse encontrado con otros, pero aparentemente no ha sido así. –hay un silencio que le incomoda.

   -Si, curioso; seguramente es como dices, pero sé prudente. Aunque hay gente buscándonos ya, como imaginarás. Y son poderosos.

   -Anómalos. Conocí a una, a mi llegada al aeropuerto, hace poco.

   -Te vio. Eso es malo, es más fácil ubicarte conociendo tus facciones. –eso inquieta al atractivo catire.- He visto tu trabajo, debo reconocer que es sensacional. Te has superado, Liam. –la lisonja le hace sonreír.- Yo mismo he dado algunos pasos, como sabes, pero dos de tus chicos son estupendos para la tarea. –adivina fácilmente de quienes se trata.- Envíamelos.

   -Si, maestro.

……

   Moviéndose exactamente como si tuviera un palo metido por el culo, y con la misma cara de molestia, Tony Moncada sube a la segunda planta del instituto buscando un lugar solitario y tranquilo. Necesita calmarse. Sabe que de alguna manera todo ha cambiado. Si dejaba que la ira le dominara, si perdía el control, no sabe qué podría ocurrir. Y estaba furioso. No quiere pensar en nada como no sea que es un chico egoísta, que siempre lo ha sido, jamás le ha gustado compartir sus juguetes. Su madre podría atestiguarlo. Por ello, se dice, le molestaban las atenciones que la hermosa Vanesa le brindaba a Rubén. Eran novios, después de todo, se recuerda; pensamiento que le quema como ácido en la garganta. Ella creía que Rubén Santana era aún el mismo de siempre. Ignoraba que ahora le pertenecía. ¡Rubén era suyo!

   La idea, intensa, posesiva, dolorosamente obsesionante, le enferma. Y si a eso se sumaba la profunda sensación de frío que le dominaba justo en aquellos instantes, tanto que sus dedos le duelen ligeramente, la tormenta podría estallar. No sabe qué significa todo eso, pero una idea ajena, o eso le parecía, le indicaba que todo “estaba en moviendo”. Pero quién, haciendo qué. No lo sabe, pero esa era la razón de ese frío. Y de la sensación de poder que lo recorría en esos instantes. Sabe, o lo sospecha, que si dejaba que ese algo que a veces salía de él, alcanzando a otros, escapaba en esos momentos, justo en esos instantes cuando casi tirita de frío, podría controlar todo el liceo, desde la azotea a los sótanos, incluidas las canchas. Lo sabe. De alguna manera. Era una sensación embriagante, quería hacerlo, abrir los brazos y poseerlos a todos. Deteniéndose en uno de los solitarios pasillos, asomándose a la baranda, respira pesadamente y cierra los ojos. Imaginándolo. Lanzándose contra todos, dominando a cada persona dentro de esos límites. Controlándolos. Imagina una larga hilera de chicos en ropas de cuero, con las manos atadas a sus espaldas, de rodillas, mirándole con adoración.

   Si, podría. Sonríe… Pero abre los ojos asustado. No, no podía. ¡No debía hacerlo! Se asusta, y enfurece por ello, cuando esa idea da vueltas y vueltas en su cabeza; que si, que sí puede hacerlo, que lo haga y lo disfrute. Se aleja y es cuando repara en él…

   También asomado a la baranda, pero viendo hacia la entrada del instituto, Emilio Nóbregas sonríe totalmente malicioso, la mirada clavada sobre Rubén Santana (¡el marica ese!), quien tiene en esos momentos a Vanesa colgada a él. La hermosa Vanesa de tetas grandes que nunca ha querido salir con él porque no es el capitán del equipo. Allí estaba, sonreída, feliz, luciéndose al lado del mariconcito que tenía por novio. Porque así pensaba ahora de él, su hasta hace muy poco mejor amigo, capitán y colega. El mariconcito de Rubén. Sonríe de manera abierta, oh, sí, será maravilloso exponerlo, tachándole de lo mismo que él acusaba a otros hasta hace poco. Les contará a todos y el capi sería el hazmerreír del liceo. ¡Ya imagina la cara de Vanesa! Asiente, decidido, ya había un buen grupo de compañeros de clases, del equipo y de amigos junto a Rubén, era hora de echar el cuento. Le atormentaría un poco y, cuando estuviera retorciéndose como bagre en anzuelo, lanzaría el golpe.

   Se vuelve, maliciosamente feliz, y se sobresalta congelándose. Para luego sonreír de manera malvada otra vez.

   -¿Qué haces aquí, maricón?, ¿buscando a quien mamarle el güevo? –es cortante, soez.

   -¿Y tú? ¿Dejaste alguno? –contraataca, aparentemente sereno, Tony. El otro aprieta los gruesos labios.

   -¡Maricón! –e intenta pasar a su lado, pero Tony se mueve y le cierra el paso.- ¡Quítate!

   -¿Tienes prisa? –y mira hacia la entrada, hacia Rubén.- ¿Qué piensas hacer?

   -Ah, ¿es eso? ¿Estás preocupado por tu novio? Que ternura. Nunca imaginé que te interesara tanto un chico que siempre se ha burlado de lo raro que eres. ¿Entonces es cierto que en las escuelas los maricones se enamoran de los heterosexuales que los maltratan porque todas esas testosteronas son como un afrodisiaco? –se burla y Tony no puede evitar el parpadeo.

   -Guao, se nota que le has dedicado tiempo al tema. ¿Has visto mucho porno gay en tus investigaciones? ¿Se te pone duro? Puedo recomendarte…

   -¡Déjate de mariqueras! –estalla el muchacho, furioso de que se le cuestione en su identidad, pero logra recomponerse con una sonrisa.- Si es así como pretendes que no diga nada de ti y de tu amiguito, te equivocas de estrategia.

   -Creí que era tu amigo. Mío no lo es. Es tan sólo… un bonito cuerpo al cual meterle mano. –es crudo y sonríe al verle dar un respingo por no negar nada.- ¿Acaso he dado muestras de preocuparme de lo que tú, él o el resto de los hijos de putas piensen?

   -Me alegro por ti, que no te importe, porque pienso exponer al maricón ese. –vuelve por sus fueros.- Mierda, eres como una enfermedad infecciosa. Contagias, atacas el sistema y lo destruyes. Deberían matarlos a todos. –sonríe con desprecio, sabiendo que lastima.

   Tony se queda paralizado por un segundo, esa rabia que lleva rato padeciendo estalla de manera intensa, blanca y pura. En esos momentos odia a ese hijo de puta más de lo que en su momento detestó a Rubén. Y quiere lastimarle. Mucho. Tanto que las ganas casi le hacen desear gritar. Con un alarido de rabia le atrapa el rostro con las manos, desconcertándole, asombrándole. Cuando se le va encima con claras intensiones de besarle, horrorizado, erizado de repulsa, Emilio va a gritarle que no, al tiempo que empujarle, pero sus bocas se unen.

   Todo gira de manera vertiginosa alrededor del joven muchacho negro cuando siente esos labios sobre los suyos, cubriéndolos a pesar de tener la boca abierta. La lengua metiéndosele. La lengua de otro chico. ¡La lengua de ese marico! Quiere empujarle, pero parecen faltarle las fuerzas. El girar vertiginoso parece incrementarse, tanto que tiene que sostenerse del chemise del otro para no caer. Y es perfectamente consciente de todo, del olor corporal de Tony, de su aliento bañándole, de la lengua entrando, lamiendo y tanteando, chocando de la suya, chasqueando, salivosa, de su cuerpo presionándole, de tener contra un muslo la entrepierna del otro, con su miembro no duro pero si consistente. Por alguna razón era perfectamente consciente de ello. Esa lengua le eriza, la verga contra su muslo, quemándole a pesar de no estar dura, le obsesiona. La suya responde, horrorizándole, endureciéndose contra una pierna de Tony, mientras su lengua sale al encuentro de la del joven. No sabe cómo o por qué pero le enloquece sentirla, sobre la suya, agitándose, azotándole. La busca cuando sale y penetra ahora en la boca del otro. Y se estremece, gimiendo de manera ansiosa cuando los dientes de Tony se la rastrillan suavemente.

   Las boca se separan lentamente, y ambos jóvenes se miran, respiraciones pesadas. Algo de conciencia de lo que hacía regresa a Emilio, pero no puede apartarse, ni siquiera aflojar los puños sobre la chemise del otro, gesto con el cual parece más bien retenerle a su lado.

   -Respondiste demasiado bien. –Tony le habla casi sobre la boca, con burla y desdén.- O lo has hecho o has soñado mucho con la idea de besar a otro chico. ¿Sueñas con tener un novio, Nóbregas? Dime, ¿es Rubén quien llena tus fantasías homoeróticas de noche en tu cama mientras te masturbas con ansiedad y todo erizado? ¿Sueñas con lamer su cuerpo sólido en los vestuarios mientras sólo usa un suspensorio, recogiendo gotitas de su sudor? ¿Con caer de rodillas y adorarle? Besa bien, eso puedo decírtelo.

   -No, yo no… -se defiende, negando, pero deja escapar un gemido débil cuando los rojizos labios de Tony se acercan a los suyos; le asusta lo mucho que desea que le bese otra vez.

   -Me hiciste molestar, Nóbregas, con tus palabras venenosas. Ya venía arrecho, pero por Rubén no te habría hecho lo que ahora si te haré. Fueron esas palabras, tus “mariconcito”, dichos con tanto desprecio. Te convertiré en algo despreciable a la vista de otros. Vamos, sígueme a ese salón, estará vacío los próximos cuarenta minutos. –sigue diciéndole contra los labios, mirándole a los ojos, sonriendo.- Voy a cogerte. –le informa y le ve tensarse, asustarse mucho, y le da un rápido besito, atrapándole con los dientes el gordito labio inferior.- Voy a llenar tu apretado culo negro con mi güevo tieso y caliente…  Y cuando te lo llene con mi leche te va a pasar algo. Algo muy malo para ti… pero que será muy divertido para todo chico calentorro y deseoso de sexo que se encuentre contigo. –dice con seguridad, cruel.- Es algo que quiero probar. Vamos… -se aparta un poco, extendiendo una mano. Esperándole. Invitándole.

   Emilio, jadeando, le mira entre fascinado y horrorizado. Pero alza la mano y deja que el otro la cubra con la suya, siguiéndole a ese salón.

CONTINÚA … 27

Julio César.

OSCURO AMOR… 13

abril 28, 2016

OSCURO AMOR                              … 12

Por Leroy G

UN CHICO CULON

   ¿Deseando someterse, entregarse… servirle?

……

   Marcos cierra los ojos otra vez, soltando a Mauricio, dejándose mamar y a un tiempo cogiéndole la boca también, quiere que eso dure para siempre; había soñado tanto con el momento de tener a ese carajote joven y musculoso bajo su control que no quiere correrse todavía. Desea que siga mamándole, cubriendo y dejando salir de los labios carnosamente masculinos su pieza dura. pero no aguanta. Si, había soñado mucho con eso, así que le atrapa otra vez la nuca, halándole, aprisionándole contra su pelvis, metiéndosela toda en la boca, aplastándole la nariz contra su pubis mientras los trallazos de semen caliente comienzan a manar.

   -Ahhh… ahhh… si, tómatela toda, Mauricio. Tómate toda mi leche. –grita escandaloso, estremeciéndose con ese nuevo y poderoso orgasmo que le hace volcar una gran cantidad de esperma. Cosa totalmente necesaria, se dice retirándole un poco, para que los nuevos trallazos le cubran la lengua y llenen las mejillas,  porque era la primera en la boca del otro y debía saborearla quisiera o no. Este se ahoga y traga de manera frenética.

   -Uggg… -de manera mecánica, ojos nublados, Mauricio traga, buche tras buche, provocando la risa de Marcos.

   -Eso es, así; pronto amarás el sabor del semen… -parece prometerle.

   Dios, ¿qué había hecho?, se pregunta al otro día el fornido y joven hombre acostado boca abajo sobre su cama, parpadeando, confuso. Sabe que es su cama, su dormitorio, sin necesidad de recorrerlo todo con la vista, aunque lo hace. Todo era algo nebuloso. Sentía nauseas y le dolía un tanto la cabeza, tal vez era el olor del quemador de palitos aromáticos. Hay cosas de las que sí es plenamente consciente, como el sabor que siente en la boca, y la chasquea, tanteando, encontrándolo bien pero recordando, de pronto, que había tragado güevo y semen. Es muy consciente de su cuerpo sobre la cama, sin arroparse. Su piel contra el colchón se sentía bien, los pectorales contra la superficie le hizo notar sus tetillas erectas. Pegarlas contra la sábana se sentía extrañamente gratificante, sabía que si se agitaba un poco, rozando sus pezones, la sensación se incrementaría. También sabe que está desnudo, totalmente, con sus musculosas piernas algo separadas, sintiendo un airecito, algo frío pero no desagradable, entre sus nalgas… que siente pegostosas. El semen de Marcos. Lo otro eran los audífonos en sus oídos. Los de su compañero de piso, esos que les había prestado varias veces para que escuchara las tonadas relajantes. Ahora no lo eran. Podía escuchar en sus oídos la voz de Marcos, clara e inconfundible, a través de ellos:

   -Te gusta eso, tu cuerpo grande y fuerte desnudo, erizado, excitado. Tus pezones deseando ser tocados, tus nalgas esperando por manos de machos, tu culo por dedos o güevos… -es lo que escucha, impactándose. Y el mensaje se repite mientras se medio alza en la cama, deteniéndose con un leve jadeo tipo gemido. El movimiento, el roce, provoca que entre sus glúteos se desate un hormigueo extraño… ¿tal vez pidiendo manos?

   ¿Qué coño le había hecho Marcos?, se pregunta horrorizado.

   -Eres tan caliente… Eres tan caliente… Eres tan caliente… -oye la frase que se repite en bucle una y otra vez, y grita de sorpresa.

   Todo su cuerpo arde de repente, erizándose, y tiene que refregarse de la cama; de manera automática sus manos fueron a sus nalgas duras y redondas, clavando los dedos en ellas, abriéndoselas, perfectamente consciente de los espasmos de su culo, el cual parecía pedir, ansiar o desear algo. Sus pezones, totalmente erectos, le producen escalofríos contra la sábana de lo sensibles que están.

   -Eres tan caliente… Eres tan caliente… Eres tan caliente… -se repetía de manera lenta, deliberada, esa voz masculina y poderosa que le hacía gemir, anhelar.

   Ahora refriega su verga y tetillas de la cama, pero sus manos… bien sus manos halan y acarician sus nalgas, desesperado. Siente que se quema, que su culo arde y tiene que hacerlo, lo sabe, su cuerpo se lo pide: entierra un dedo. Se tensa, no quiere hacerlo, aquello era antinatural, pero se estremece de lujuria, su esfínter se abre y ciega golosamente contra su dedo. Lo agita y casi teme correrse, debe morderse los labios para no gemir largamente, con la frente fruncida y los ojos atormentados de excitación extraña.

   -Eres tan caliente… Eres tan caliente… Eres tan caliente…

   Esa voz, esa frase le hace perder el control sobre su cuerpo, deja caer su rostro de lado, agitando el cuerpo, refregándose de la cama, mientras mete y saca aquel dedo de su culo, cada vez más rápido y urgido, dejando escapar gemiditos a lo largo de su trayecto de ida y venida. Su mente gira, imagina a Marcos, sin camisa, con sus lentes y un bermudas a media pierna apareciendo en el marco de la puerta de su cuarto, abierta, sonriendo mirándole sobre la cama con el dedo dentro del culo, alzándolo en su dirección, suplicándole sin palabras. Se pierde en esa extraña imagen, no está en su cuarto, no, es en el gimnasio, está sobre una de las colchonetas, en medio de la sala de yoga, desnudo y boca abajo, sus nalgas abiertas, su culo alzado, pidiéndole a Marcos que se la meta mientras de su agujero escapan goterones de semen, un chorro de espeso y caliente esperma de los chicos que ya han hecho uso de él allí, sobre la colchoneta, rodeado por los otros. Machos forzudos que se morían de ganas por enterrársela, cogerlo duro, hacerle gritar como lo hace ese dedo que rota en sus entrañas, no deteniéndose hasta que se le corren adentro. Uno, y otro, y otro y otro. Todos gritando de gozo mientras lo nutren de esperma caliente.

   No, no, eso está al, todavía se resiste una parte de su mente, una decidida a retira el dedo de su culo, casi doliéndole la idea, luchando contra el impulso de agitarlo otra vez. ¿Qué coño le hizo Marcos?, se grita, arrancándose los audífonos, jadeando, dándose cuenta ahora de lo pesado de su respiración, del dedo clavado en su culo, el cual saca para notar en seguida que no tiene ni un pelo. Se lo recorre, así como sus nalgas. Nada. Temblando se toca el torso, no era velludo, pero tenía sus pelos, especialmente alrededor de las tetillas. Nada. Traga y alza un brazo, las yemas de los dedos de su otra mano recorren esa axila. Nada. Cierra los ojos. La mano baja, sus bolas están lisas, el vello sobre su pene también ha desaparecido. Estaba total y completamente rasurado.

   Hirviendo de rabia se para de la cama. Buscaría a ese hijo de puta y… Estaba desnudo. No podía salir así. Con disgusto abre la gaveta donde guarda su ropa interior, sólo están esas prendas, y ceñudo nota que faltan incluso las más conservadoras. Sólo hay tangas mínimas, e hilos dentales, de modelos y colores totalmente gay. Encuentra finalmente un pequeño suspensorio amarillo, de tela suave, con un lacito rosa al frente. Hirviendo de rabia entra en él. Le cuesta, le aprisiona la correa en la cintura, así como las tiras que caen bajo sus glúteos, casi alzándolos más. Su verga lampiña queda cubierta. Abre el closet y… toda su ropa ha desaparecido. Todo. Hay camisetas cortas que no cubrirían completamente su torso, muy abiertas por arriba, y las alta son estrechas, así que cubren entre sus pectorales pero dejan fuera sus tetillas, las cuales, por alguna razón, continúan endurecidas. Es la que toma, con rabia, metiéndose en ella con dificultad, por suerte no es ajustada, pero no cubre un carajo. No encuentra sus zapatos, calcetines o sandalias (de hombre), nada. Descalzo, y furioso, va hacia la puerta, ¿qué se creía ese hijo de puta? ¿Cómo se atrevía a tratarle así bajo su propio techo? Era hora de aclararlo todo. A la luz del día, con la cabeza más despejada.

   El apartamento está silencioso, pensó en llamarle a gritos pero… sencillamente no se atrevió. De la cocina proviene un olor delicioso que le hace consciente de su estómago vacío. Sus sentidos, levemente adormilados y no entiende por qué, se activan lo suficiente. Si, tiene hambre. Y era tarde, comprueba al mirar el reloj de pared, casi era mediodía. ¿Cómo pudo dormir tanto? ¿O por qué continuaba levemente soñoliento?

   Entra en la cocina y abre la boca al verle acomodando dos platos a la mesa, parece algún tipo de sopa espesa, llena de verduras y carne de res, que si, huele realmente bien, con los consabidos vasos de batidos proteicos a un lado… y en el vaso que sabe que le toca, porque los platos y cubiertos están sobre el porta platos que siempre usa, ve como Marcos agrega unas gotas de un frasco que saca de uno de sus bolsillos de su pantaloneta. Agrega más de veinte, pierde la cuenta, estremeciéndose. Concentrado en su tarea, revolviéndolo con un cuchillo y guardando el frasco nuevamente, el otro no repara en su presencia. Un frío intenso le domina, luego el calor de la ira.

   -¿Qué haces? –grazna, sobresaltándole por primera vez desde que se conocen.

   El otro le lanza una mirada desconcertada, con el cuchillo en la mano, goteando del batido.

   -Hey, al fin despiertas. Iba a llamarte para que almorzaras. –intenta una sonrisa. Una que flaquea cuando Mauricio mira y mira ese vaso.- Te ves bien. Esas ropas… –le sonríe socarrón.

   -¿Qué agregabas en mi vaso?

   -¿Qué? ¿Agregar? Nada, yo…

   -Te vi. Era algo de ese frasco que llevas en tu bolsillo. Unas gotas. Gotas que no agregaste a tu vaso.

   -No es nada, solamente… -se tensa y parece impacientarse.- Son vitaminas, ¿okay? Las necesitas, para esa debilidad de la que tanto te quejas y que parece cierta. Mira la hora que es y apenas despiertas. Eso no es normal. Soy tu amigo y me preocupo, por eso… –explica, diáfano, sosteniéndole la mirada. Mauricio sólo le mira.

   -¡Maldito mentiroso! –le sorprende con el estallido, el joven se siente furioso- ¿Qué era eso? ¿Qué me has estado haciendo? –exige saber, alzando poco a poco la voz.

   -Nada, son vitaminas, te lo dije. Hey, soy tu amigo y…

   -¡Deja de mentir! ¿Qué carajo era eso?

   -¡Deja de gritar! –contraataca, frío, duro, silenciándole automáticamente.- Estás viendo cosa que no son. Ven, siéntate aquí, toma tu almuerzo y tu jugo, eso te ayudará.

   -No… No vuelto a tomar nada que…

   -¡Siéntate y come! –le ordena con un grito tajante, autoritario y casi hostil que hace temblar las rodillas del otro… con el deseo de obedecerle y someterse.

CONTINÚA … 14

Julio César.

DE AMOS Y ESCLAVOS… 32

abril 27, 2016

DE AMOS Y ESCLAVOS                         … 31

SEXY Y MUSCULOSO EN BIKINI AMARILLO

   -¿Puedo sentarme en tus piernas, amo?

……

   Sobre una estrecha cama de motel barato, un joven hombre blanco, guapo, de buen cuerpo, gime de manera aguda, casi femenina, todo pintarrajeado como una putica, maquillaje que se ha corrido de sus ojos por sus lloriqueos y sollozos de placer al ser usado por el coloso negro que llena su culo una y otra vez con la amoratada, gruesa y dura verga que lo estremece. El hombre, en cuatro patas sobre la cama, llevando un sostén con relleno, una pantaleta que es apartada de entre sus nalgas mientras es follado rítmicamente, usa unas medias de seda, altas, y unos tacones. Mientras la gruesa y pulsante pieza masculina entra y sale de su culo, dándole donde es, haciéndole gritar, unas manos grandes y oscuras atrapan sus caderas.

   -¿Te gusta, putica? ¿Te gusta el güevo de tu macho? –le pregunta Yamal Cova a Bartolomé Santoro, sonriendo, sintiéndose increíblemente bien de coger así a ese otro hombre, algo que nunca había considerado. Tenerle para sí, tan entregado, totalmente caliente y deseoso de su tolete le hacía sentirse poderoso, y eso era placentero.

   -Hummm… hummm… -en respuesta gime escandalosamente Bartolomé; de sus labios pintarrajeados, y manchados cuando la pintura se corrió al mamar aquel mismo güevo, escapa la escandalosa aceptación con su falsa voz. En esos momentos es realmente la perra de ese hombre, su puta. Y quiere serlo.- Cógeme, papi, fóllale el coño a tu puta. –le grita, poseído por el alucinante placer de los juegos de roles.

   -Si, toma, tómalo todo. –repite Yamal, sintiéndose totalmente caliente y vivo, como lo está todo carajo que clava su güevo en el culo de otro, notando que este lo goza.- ¿Lo sientes? ¿Te gusta sentir la cabeza de mi güevo frotándose de la entrada de tu agujero, abriéndotelo, forzándote a aceptarlo? ¿Sientes cómo mi güevo grande y duro llena las paredes de tu coño caliente mojándotelo todavía más? –le pregunta, metiéndosela y sacándosela con rapidez y fuerza.- Es lo que querías, ¿verdad? Es lo único que siempre quieres, putita, experimentar la sensación que mi pulsante y ardiente tolete despierta en las paredes de tu coño, en tu pepa cuando te la golpeo así, así, así… -e incrementa el cepillar.

   -Ahhh… -lloriquea y se estremece el joven hombre blanco, la boca muy abierta, el rímel muy corrido por el sudor y una que otra lágrima. Se tensa, la pantaleta, que cubre nuevamente su erecto tolete, se humedece y gotea copiosamente.

   -Ah, mira lo mojada que estás. –se burla Yamal, acariciándole con las enormes y oscuras manos la baja espalda sin dejar de sacarle y meterle el tolete del apretado culo, golpeándole sin descanso con sus bolas.- Estás a punto de alcanzar tu orgasmo, uno intenso y poderoso, el que sólo consigues al ser cogido por un hombre de verdad que llena tu coño hambriento y te hace delirar de placer. Lo noto; cada vez que te lo meto siento como lo atrapas y halas más y más, sin poder saciar tus apetitos sexuales.

   -Hummm… -esas palabras le hacen delirar y gemir, arquear la espalda cruzada por la tirita del sostén y sonreír con los ojos cerrados mientras lleva y trae sus nalgas contra esa pelvis; su culo, o su coño, contra el güevo de su macho.

   No puede negar nada de lo que Yamal, su hombre, le dice mientras lo cabalga con nuevos bríos, acariciándole a veces, nalgueándole otras. Desde que fue suyo la primera vez, sólo pudo soñar con eso, con entregársele así, con pantaletas y pintarrajeado, con tocones y tangas de encajes, oyéndole llamarlo su puta. Escucharle decirlo, los “tómalo, tómalo todo, puta de mierda”, lograba que ardiera aún más, que su culo se sintiera sobreestimulado.

   -Si, perra, es tuyo, ordéñalo con tu concha caliente, sácame la leche. –ruge con voz estrangulada Yamal, tragando con dificultad, su cuerpo brillante de sudor, con una mueca de total dominio y fiereza mientras se lo empuja todo por el culo a Bartolomé, quien alza la cabeza de la cama, y grita, sus nalgas agitándose, su culo, los labios de su esfínter, abriéndose y cerrándose espasmódicamente sobre la tranca que vomita su carga de ardiente esperma en su interior, golpeándole, quemándole, nutriéndole.

   Y justo en esos momentos, mientras el negro se corre dentro del culo del catire, la puerta de la habitación se abre violentamente penetrando aquella mujer, Marjorie, seguida de otros tres sujetos, que sonreían socarrones, como lo hace todo el que va con una mujer que pillará al marido con otra en la cama. Pero se congelan frente al espectáculo, el bonito tipo blanco en cuatro patas, pintarrajeado, usando prendas de mujer, con un carajo negro, alto y guapo tras él, teniéndole bien clavado por el culo, con unos estremecimiento y una expresión de rostro que indicaba, claramente, que se estaba corriendo.

  -¡Dios mío! –grita ella, con voz muy aguda y horrorizada, llevándose las manos de uñas impecablemente pintadas, a la boca.

   -¡Marjorie! –ruge, aterrorizado, Bartolomé, en cuatro patas todavía, mareado por la sensación de esos disparos de semen en sus entrañas… temblando a su vez, corriéndose también, la pantaletica llenándose de esperma que moja, traspasa y gotea, aumento el olor a sexo en la habitación.

   -¿Ese es su marido, señora? ¿El marico? –ruge, todavía impactado, el notario que la mujer ha llevado.

……

   Aunque ha trabajado buena parte de la mañana, Gregory Landaeta no ha podido apartar de su mente todas sus vicisitudes. Una era lo ocurrido la noche anterior, que ahora, uniéndose al temor por haber sido pillado por uno de sus socios dentro de la línea, cargando… cositas raras, cobraba una nueva dimensión. Se había estado sobando, exhibiéndose en tanga, ante gente que no conocía pero que vivía en la zona donde también lo hacía él. Podrían verle, encontrarle en la calle… Bien, era difícil que todos le reconocieran, pero con el tipo que le envió el hilo dental, y más tarde el butt plug, no podía engañarse. Ese sí sabía quién era. Y las cosas que le gustaban. Y era ese punto el que más le molestaba a nivel mental y casi físico. Las cosas que había hecho eran algo… mariconas. Así lo pensaba, todavía negándose muchas cosas, como qué tan maricón ha sido tocándose el culo frente a extraños. O dejándose sobar en el Metro por otros hombres.

   Como sea, debe olvidarse de toda esa mierda, se dice tomando algo de su guantera, ocultándolo dentro de la camisa blanca, uniforme de la línea. Y vuelve al análisis que ha hecho desde que todo comenzó; si, le gusta ser visto, admirado, codiciado, desnudado con los ojos. Sólo pensarlo le afectaba. Pero no tenía por qué hacerlo únicamente con tíos, ¿verdad? A las mujeres les gustaba ver. A él le gustaban, ellas, y que le miraran. No tenía que ir con sujetos desconocidos para exhibirse. Debía volver con las féminas, a sus cuerpos perfumados y suaves, sus tetas firmes bajo sus manos. Si, iría a buscar a la Chata. Esa siempre hacía fiesta cuando lo veía por su merendero. Iría con su pantalón ajustado, una franela entallada y la puta ovularía siguiéndole con la mirada. Luego se exhibiría ante ella. Pero no con lo que lleva debajo del pantalón, se recuerda parpadeando.

   Tensamente sonríe y saluda a quienes encuentra en su camino a los baños de la sede de taxis. Entra, agradeciendo que todo se encuentra solitario y se encierra en uno de los dos privados. Sale de sus botas, abre el botón del pantalón, eso le eriza, y lo baja con dificultad en sus muslos, saliendo de él. La respiración se le espesa un poco. Sabe que lleva esa maldita tanga blanca, mínima y sensual, la de la tienda. Está plenamente consciente que se ve del carajo con ella. Lucha contra los pensamientos, las ideas, las imágenes de cambiarse fuera del privado y que alguien entrara y se quedara, mirándole con esa tanga, recorriendo con los ojos sus muslos, sus caderas, su bulto entre las piernas, sus nalgas redondas y paradas tragando casi toda la tela. ¡No!, no, maldita sea. Se dice casi arrancándose la tanga, que echa a un lado con un pie, metiéndose dentro de un bóxer corto y ajustado, pero más tradicional, que era lo que ocultaba en su camisa. Entra en él y se congela… Pasos.

   Hay alguien afuera, lo que no tendría nada de extraño, era el baño de la línea, habían carajos mayores que parecían vivir meando. Lo que si estuvo fuera de lugar fue que… Traga y contiene un jadeo cuando nota unos zapatos detenerse del otro lado de la puerta del privado que ocupa, y ve como una mano cae, la de un tipo agachándose, atrapando la tanga blanca caída en los límites de la puerta cerrada. ¡Oh, mierda!

   -Hey, ¿y quién usa esta putería? –oye una voz masculina, ronca, burlona, que no reconoce. Cierra los ojos, temblando al imaginar a un sujeto cualquiera sosteniendo su tanga en la mano, sabía que estaba caliente pues acababa de quitársela. Y algo transpirada.- ¿Estás ahí, amigo? ¿Quién eres? Esta tanga me dice muchas cosas. –hay burla en el tono. Silencioso como un muerto, Gregory cae sentado de culo sobre la tapa del inodoro al escuchar, del otro lado, una profunda inspiración.- Hummm, huele a cabrito. Lo siento, amigo, si no respondes me la llevo. Le daré buen uso; dime quién eres y te la regreso mañana… cubierta de esperma. –hay una risita y pasos que se alejan después de usar el lavamanos.

   Coño… ¿qué había sido eso?, se pregunta mareado Gregory, temblando, con el tolete alzándose con ganas entre sus piernas dentro del bóxer. Si, por un segundo quiso salir, ver quién era. Exhibirse.

   ¡Estaba tan jodido!

……

   -¿Eres o no eres un negro maricón? –Roberto Garantón escucha la pregunta del Ruso, todo girándole alrededor a pesar de los ojos cerrados, tragando en seco, sus labios abriéndose y cerrándose, acariciando el güevo que va y viene sobre ellos, de pasada, el de Jackson.- ¿Quieres o no quieres güevos blancos llenándote el hocico y alimentándote?

   Temblando de lujuria, vergüenza y humillación, Roberto le oye, como escucha los cuchicheos y risitas del pequeño grupo de hombres y mujeres que le miran desde la entrada de la habitación. Con el rabillo del ojo les mira, les ve sonreír divertidos, señalando. Sabe muy bien qué. Su rostro oscuro y brillante de transpiración es cruzado arriba y abajo, a los lados, azotado y mojado por tres güevos blancos que se deleitan del tacto sobre su piel. Todos observaban su humillación, su entrega. Lo peor era que si, quería mamarlos. No puede negárselo, quiere atrapar con su boca esos güevos y chuparlos, tragarlos hasta los pelos, sentirlos quemando su lengua, chuparlos con ganas, con fuerza, hasta sacarles las leches que también bebería.

   -Si, si, quiero mamárselos a todos. –chilla, voz fallosa, contra la barra palpitante de Jackson. Y escucha risas y aplausos, no abre los ojos pero sabe que mucha gente le mira. Una solitaria lágrima escapa de uno de sus ojos cuando, mandándolo todo al coño, separa sus gruesos labios y saca la lengua, lamiendo la cara inferior de ese güevo que sigue su vaivén, chupándolo como puede, recibiendo más aplausos, risas y pitas.

   Todos felices de ver al negro maricón derritiéndose por güevos blancos.

CONTINÚA … 33

Julio César.

VENEVISION… ¿CONSPIRANDO CONTRA VENEZUELA?

abril 27, 2016

FUTBOL Y CADENAS, SUPREMA ARRECHERA

CISNEROS CONTRA LA POLAR

   ¿Otra vez las viejas treinta monedas de plata?

   Los comentarios que ruedan son sencillamente horrorosos al exponer y expresarse de una gente que hasta ayer era ícono de éxito y respetabilidad, los Cisneros, dueños de VENEVISION. Dicen que así como ayer se aliaron con el Difunto para cerrar y destruir a RCTV y poder acabar con la competencia, plegándose al silencio complaciente y a la mentira oficial, hoy juegan de la mano para acabar con LA POLAR. El compromiso son dólares preferenciales para que produzcan más de su cerveza y la gente se quede tranquila, y así salir de otra familia empresarial. No extrañaría, el hecho, ocurrió durante la era nazi, en la Francia colaboracionista que entregó y mató gente para hacerse grata al régimen de ocupación, sobreviviendo sobre los cadáveres de los traicionados. Lo singular es que se ligue el nombre de los Cisneros, de VENEVISION (un querido canal de televisión), en tan macabra tarea, ocultar el hambre, la inseguridad y la falta de medicamentos para ganarle a la competencia. Malo, malo.

LA GENTE MAYOR SIEMPRE CUMPLE

Julio César.

LE GUSTABA ASI

abril 27, 2016

PILLO

TIO SEXY EN TANGA ROSA

   Ya le era difícil explicarle, y ocultarle, a su mujer los cambios sufridos, tatuajes y aros, incluso de vestimenta, en manos de su nuevo entrenador deportivo.

MODELO

Julio César.

LA DICHA

abril 27, 2016

VAYA GUASA

BLACK AND WHITE GAY

   Lo dijo el sabio, la verdadera felicidad depende de poco: como de un negro bien dotado y generoso, y un tío blanco necesitado.

BUCEANDO

Julio César.

CRIMINAL MINDS… ¿LLEGA EL FINAL?

abril 27, 2016

   Es que hasta la intro, la tonada, es buena.

   Uno de los mejores programas para quienes gustan del mundo de la investigación policial, la cacería de inteligentes y aterradores criminales, es Criminal Minds, la unidad de FBI que hace perfiles sobre asesinos seriales, el cual ya lleva once exitosas temporadas en el aire a pesar de las tonterías que opinan los expertos de la prensa, que aseguraban que el programa, por lo confuso y difícil de sus argumentos, y las personalidades dispares de sus personajes terminarían agotando a los espectadores. Y van once temporadas. ¡Once! Como Supernatural, otro querido programa que muchos juran debió acabar en la quinta temporada.

THOMAS GIBSON – AARON HOTCHNER

   Me gustan las tramas de este enlatado, aún aquellas que parecen sencillas o evidentes, o medio tontas (como la chica que creía en cuentos de hada y mataba falsos príncipes, era loca y patética); pero especialmente las otras, las profundas y siniestras. Tengo una amiga que una vez nos preguntó, a otra conocida y a mí, por qué veíamos tanto semejante programa tan feo, y esta otra conocida respondió que era emocionante, pero que además alertaba sobre conductas y hasta antecedentes que no eran normales. Y tiene razón. Personalmente me agradan los personajes, especialmente el frío y desapasionado jefe, Aaron Hotchner (Thomas Gibson), sobre todo cuando demuestra lo que sabe ante quienes dudan de qué es capaz un perfilador del FBI para conocer a las personas (el juicio del asesino amnésico cuando pone en evidencia al abogado que duda de su trabajo); hubo un tiempo cuando albergué la esperanza de que terminara de pareja con Emily Prentiss (Paget Brewster), había química y magia entre ellos.

AARON AND EMILY LOVE

   Siempre recuerdo ese episodio donde Hotchner ya no era el líder, sino Morgan, y va por su cuenta tras el taxidermista que sacaba ojos, deteniéndole; Morgan se molesta y le pregunta si no podía esperar por los refuerzos, y cuando Aaron le pregunta ¿habrías esperado tú?, Emily sonrió de manera maravillosa, casi orgullosa de él. Y los villanos, los casos, algunos eran sencillamente aterradores, como el loco caníbal que creía que Satanás le cuidaba, o el pirómano que encerraba gente para verlas arder usando un traje especial, o aquella granja entre Estados Unidos y Canadá donde un loco experimentaba con seres humanos, y así por el estilo. Tramas, personajes y villanos, todo estaba destinado al éxito.

SHEMAR MOORE - DEREK MORGAN

  Pues bien, después de once temporadas, el programa pierde uno de sus personajes icónico, el valiente, decidido y leal Derek Morgan (Shemar Moore); personaje sobre el cual descansaban muchos estereotipos, era el seductor, el físico a la hora de responder, y el negro dentro del grupo. Después de varios episodios personalistas, ahora que tenía pareja y esta esperaba un hijo, tanto él como ella son atacados por un enemigo que viene del pasado. Resuelto el asunto, cansado del trabajo, preocupado por los suyos, Morgan dice adiós a la unidad en medio de escenas realmente emotivas. Confieso que verle despedirse me dejó una sensación de pérdida extraña, sólo comparable a cuando Prentiss dejó el programa, temporadas antes. No fue como cuando mataron a la agente Caitlin Todd (Sasha Alexander), el final de la segunda temporada de NCIS, pero por ahí iba la cosa. Son muchos años de ver las aventuras del arrojado agente Morgan. Con esta ida, el actor sorprendió a la cadena CBS, donde era un contratado antiguo (sostiene que quiere probar otros proyectos), se le suman muchas pequeñas inconveniencias al programa, que, a pesar de eso, no terminan de alejarnos aunque ya no seamos tan fanáticos como para ver una y otra vez un mismo episodio como antes.

LOLA GLAUDINI – ELLE GREENAWAY

   Las tramas se han vuelto algo enrevesadas, no con ese gancho de los locos aterradores anteriores (con el tiempo se hace difícil encontrar argumentos nuevos y sorpresivos, eso pasa con todos los programas), pero ha sido la pérdida MANDY PATINKIN – JASON GIDEONde personajes lo que más se observa con preocupación. Cuando parten la agente Elle Greenaway (Lola Glaudini), en la segunda temporada, y luego Jason Gideon (Mandy JOE MANTEGNA – DAVID ROSSIPatinkin), a mediados de la tercera, siendo como era un pilar del programa, este pudo recuperarse por la llegada de actores fuertes con personalidades definidas, David Rossi         (Joe Mantegna), en la tercera, pero especialmente Emily Prentiss, todavía en la segunda temporada. Coincidiendo la llegada de ambos, hacia la tercera temporada, con el tiempo cumbre de las mejores tramas, como Rossi buscando al asesino de una pareja que dejó huérfanos a tres niños, o el loco serial que cae en coma y luego despierta, el caníbal que ya mencioné, o Nueva York bajo ataque en ese episodio donde Hotchner casi muere en una explosión, dígame los episodios con el loco que le cazaba y que mató a su ex.

PAGET BREWSTER – EMILY PRENTISS

   El programa, a punta de calidad argumental, se sostuvo, pero como cada vez es más difícil sorprendernos (y sin A.J. COOK – JENNIFER JAREAU JJembargo lo logran), la perdida de personajes es la principal fuente de pesares. Cuando dejan el programa la primera vez Jennifer Jareau, “JJ”, (A.J. Cook), y Emily Prentiss, en la sexta RACHEL NICHOLS – ASHLEY SEAVERtemporada por problemas de salario, llega una agente novel que lo hizo bien (y debieron usarla para nova de Reid), Ashley Seaver (Rachel Nichols), coincidiendo con los vibrantes episodios que mostraron para sacar a Prentiss del programa, el peligroso criminal que viene de su pasado para vengarse de su traición. Saliendo Paget Brewster del programa, y seguramente por presiones de audiencia (y dicen que de Thomas Gibson, quien amenazó con renunciare), traen de vuelta a la agente Jareau, y se deshacen de la novata, Seaver, aunque no lo hizo mal (y su historia personal daba para mucho, era hija de un asesino serial que fue detenido por Rossi y Hotchner).

JEANNE TRIPPLEHORN – ALEX BLAKE

   Emily Prentiss regresa a la serie en la séptima temporada, aparentemente no le había ido bien en el piloto del programa que grababa y los fans la queríamos de vuelta, pero sólo duró unos cuantos episodios antes de irse definitivamente, en medio de un trama y escenas realmente buenas y emotivas, con esa frase de no temer al cambio, a salir y cerrar una puerta porque es también un nuevo comienzo, que Morgan repetiría para nosotros mientras, caja en manos con sus pertenecías, dejó el programa hace poco. Ida Prentiss apareció la agente Alex Blake (Jeanne JENNIFER LOVE HEWITT – KATE CALLAHANTripplehorn), que no fue un personaje llamativo, sin embargo disfrutamos de buenos cápulos con ella, especialmente la de ese pueblo donde la policía era la criminal. Duró la mujer dos temporadas, la octava y novena, marchándose después de un tiroteo AISHA TYLER - TARA LEWISparticularmente violento, apareciendo luego, y sorprendiéndome, Kate Callahan (Jennifer Love Hewitt, ni más ni menos), la cual era más fresca y ágil. Sin embargo sólo estuvo una temporada, la décima. Y la serie quedó como fallosa, en esta onceava temporada había episodios donde sólo estaban Hotchner, Morgan, Rossi y Penélope García (Kirsten Vangsness), faltando a veces Spencer Reid (Matthew Gray Gubler) y JJ, fuera de que tampoco se llenó el hueco dentro del elenco dejado por Jennifer Love Hewitt. Recientemente aparece Tara Lewis (Aisha Tyler), una negra alta y hermosa, fuerte, con sentido del humor y que encaja bien con el grupo y la atmosfera del programa, pero aún no la colocan en los créditos protagónicos. Reid regresó, JJ también, pero ahora se va Morgan.

   La ida de Morgan es seguido de un episodio especial donde reaparece Emily, quien ya estuvo en otro, cuando JJ es secuestrada por enemigos que hizo en ese tiempo que estuvo fuera de la unidad. Y este fue realmente bueno, con un loco serial de esos que aterran pero entretienen. Verlos reunidos al final, tomando, hablando de Morgan, se sintió como una despedida (de hecho así fue la de CSI: Miami). Pero la serie no ha terminado aún… o eso espero, porque no aparece como cancelada.

SHEMAR MOORE HOT

   ¿Podrán sobreponerse a la marcha de Shemar Moore? Amanecerá y veremos. Esperemos que, por su parte, le vaya bien. Durante muchos años ha sido parte de la familia.

BIENVENIDOS AL LAGO DE JASON

Julio César.

PREDICADOR CON PALA

abril 27, 2016

LA NUEVA DE DRAGON BALL… XXX

COMICS GAY DE LOS CINCUENTA

   Los chicos siempre quieren aprender…

   ¿Han escuchado esos cuentos de la Norteamérica Central, agrícola, religiosa y apartada a mediados de los años cincuenta? Las familias, conservadoras de las costumbres y las normas, trabajaban con ardor la tierra; ir a la iglesia o un baile un sábado por la tarde era todo lo que le quedaba a un joven parea ver gente con la esperanza de contacto humano… aunque se le dificultaba si tenía que ocultar su naturaleza. A esas apartadas propiedades sólo llegaban los vendedores de aspiradoras o refrigeradores, que seducían a solitarias amas de casa, o predicadores, vendiendo sus biblias y la salvación, que se metían en las camas de todos. Como con este chico al abrir la puerta y encontrar al apuesto sujeto, vestido de blanco, recorriéndole con la mirada. “¿Vende biblias, señor?”, le pregunta para hacer conversación. “No únicamente, muchacho, pero dime ¿están tus padres?”, le pregunta mientras estudia el lugar. “No, señor”, parece confuso, más viéndole la sonrisa y el agacharse hacia la enorme maleta, con muchas biblias y folletos religiosos arriba, para sacar algunas cajas alargadas, que abre y le muestra, haciéndole enrojecer.

   “Señor, ¿qué es esto?”. “Juguetitos para ti, muchacho. Todo chico bueno merece un regalo, y este lo es, esta vez. Vamos, tócalos, apriétalos, comprueba la textura; mira el grosor de este, el negro, ¿has visto a un negro antes?”, le invitaba, burlón; en cuanto vio al lindo chico, de culo grande, supo que estaba hecho para ser follado, aunque no hubiera quién le hiciera el favor por ahí. El joven, como en trance toca, cara cada vez más roja. “Pruébalos esta noche en tu cuarto, ¿duermes solos?”. “Sí, señor”, jadea, ojos sobre los juguetes. “Bien, si quieres, vengo cuando todos estén durmiendo, entró por tu ventana y te enseño sobre la palabra… y a usarlos. Te va a encantar. Luego, si me ayudas a venderlos entre tus amigos, te saldrán gratis los otros que traiga”.

EN LAS GARRAS DE DESTRUCTOR

Julio César.

UNA DE PRIMERA VEZ CON LOS EXPLORADORES

abril 27, 2016

UN SIMPLE TIO EN MANOS DE UNO DE LOS AMOS

   Si los chicos son vírgenes y prefieren jugar a Calabozos y Dragones en lugar de practicar el futbol o salir con chicas, los padres los envían a campamentos para que aprendan. Las madres piensan que conocerán gente y dejaran de jugar únicamente con videos. Los padres esperan que aprendan de los grandes cómo buscar sexo con chicas. Y pasa… más o menos.

BOY SCOUTS GAY (1)

BOY SCOUTS GAY (2)

BOY SCOUTS GAY (3)

BOY SCOUTS GAY (4)

BOY SCOUTS GAY (5)

BOY SCOUTS GAY (6)

EL ACABA AMIGOS

Julio César.

EL TIEMPO DE LOS ADULTOS

abril 27, 2016

AYUDENME A AYUDAR

Brazil?s Marcio Araujo dives to return the ball to the US team in their men's final beach volleyball match at Beijing's Chaoyang Park Beach Volleyball Ground on August 22, 2008 during the 2008 Beijing Olympic Games. Todd Rogers and Philip Dalhausser of the US won 2-1 and took the gold medal. AFP PHOTO / THOMAS COEX

   Cuando había tiempo y energías para todo…

   Espero con ansiedad la llegada de los fines de semana, de los días de vacaciones, lo que atormenta porque entre las esperas me parece que las horas y días vuelan, que pasan demasiado rápido como para que se pueda hacer algo. Debe ser el tiempo de los adultos. Cuando muchacho recuerdo que si no tenía nada que hacer, en vacaciones, por ejemplo, podía dormir bastante, despertar tarde, comer, leer un libro o historietas, mirar televisión, reunirme con los amigos, llegarme al cine. Ir a la playa. Más adelante estaban las fiestas, las salidas y la caña. En esos días podía pintar la cocina, la sala, el balcón y el pasillo que daba a las habitaciones en casa de mis padres, poco después en mi apartamento, en una jornada. Ahora apenas puedo despertar, temprano, cuando ya es medio día.

   El tiempo de los adultos no alcanza para llamar a la familia o a las amistades, es ir de compras o quitar trastos de la sala de estar por si alguien llega de improviso y no crea que uno vive en una pocilga, y sin comida. Pintar una cocina lleva todo el día. O revisar un closet, cambiar una llave del baño. Las horas vuelan, aún cuando se está descansando. ¿Será sicológico? ¿Será una de esas verdades como aquella de que cuando se anda de novios y felices uno habla en susurros y cuando se está disgustado se grita por la separación abismal que existe entre las personas, no física sino emocional? ¿Será que antes nos parecía que teníamos todo el tiempo del mundo para hacer lo que nos diera la gana, aún recomenzar, y ahora notamos que los días se nos pasan sosteniendo y defendiendo los puntos de vistas que adoptamos en algún momento de la vida?

   No lo sé, pero despertar un domingo como el que pasó, lluvioso e invitador al descanso, solo o acompañado, únicamente me hace pensar en otro domingo de mi vida que ya se fue… ¿No sienten remordimientos a veces?

DESPERTANDO

Julio César.

TODAVIA MAS

abril 25, 2016

PILLO

MACHO VELLUDO EN TANGA AZUL CIELO

   Tembloroso y avergonzado frente al marido de su hija, y los amigos de este, confiesa: “Si, quiero mostrarles la otra, la más chica”.

LE GUSTABA ASI

Julio César.

RELATOS CONEXOS… 2

abril 25, 2016

RELATOS CONEXOS

ENCUENTRO EN LAS NUBES… 2

LAS GANAS POR LOS CIELOS

   Una aventura a saborear y vivir…

……

   El hombre tenía el güevo tan duro y urgido, que notó su babeo y temblor. Su mano lo atrapa por encima de la suave prenda interior, apretándolo, y tiene que contener un jadeo que quiere escapársele del alma ante los ramalazos de placer y necesidad que siente. Sonríe con una mueca totalmente libidinosa mirándose al espejo mientras baja la parte delantera de la prenda y el rojizo tolete salta, balanceándose en al aire. Al liberarlo y sentir el aire más frío, se contrae un poco, temblando de deseo. ¡Qué caliente y duro lo tenía! El amoratado glande brilla liso, suave, y del ojete parece emanar cierta humedad. Su mano derecha se cierra a su alrededor, y apretarlo así, lo enloquece. Suavemente lo acaricia de adelante atrás, amorosamente, agradecido con él por todo el placer que le brinda siempre. El hombre estaba ardiendo todo, a pesar del aire acondicionado que aún ahí se dejaba sentir. La tranca estaba tan dura, por estar allí, excitado y masturbándose en el baño de un avión, que al intentar bajarla un poco, le dolió.

   Perdida toda cordura, el joven y apuesto carajo hace lo que han hecho y hacen miles de millones de hombres antes que él (que también lo ha hecho): deja caer el pantalón a sus tobillos, baja la tapa del pequeño inodoro y monta su culo cubierto aún por el calzoncillo, allí, sin hacer ninguna otra consideración de tipo ética o higiénica, cosas muy lejanas a su mente en estos momentos (también compartía eso con miles de millones en esos instantes en especial). El hombretón se sube los faldones de la camisa con una mano, mostrando un abdomen donde no se forma la famosa panza redonda del venezolano promedio; abre mucho sus piernas musculosas, cubiertas por una sedosa pelambre castaña. Su entrepiernas está cubierta por la blanca tela del mínimo calzoncillo, donde abultan sus pelotas, y del que escapa el grueso y nervudo tolete rojizo. El hombre lo agarra con una mano y lo soba de arriba abajo, sintiéndose traspasado por oleadas de placer que lo recorren todo. Cerrando los ojos y mordiéndose el labio inferior para no dejar escapar un gemido de placer, apoya la nuca contra la pared sobre el inodoro, masturbándose con bruscos tirones, el puño subiendo y bajando, amasándolo y frotándolo mientras sus muslos se abrían más.

   Su mente estaba atrapada en mil y una fantasías, en cosas que había hecho con Marina, o con Felicia, o las que deseaba hacer con ambas. No es nada muy elaborado o estético; no es arte, simplemente se hace una paja, algo privado, secreto, rápido y placentero. Y mientras su mano, con los nudillos algo blanquecimos por lo fuerte que aprieta, sube y baja, su mente se afloja más, recreándose en las sensaciones. Y es en ese instante cuando percibe, lejano, un ruido metálico, un clic que no sabe relacionar de momento (¿se estaría desarmando el avión?). No lo identifica como una cerradura que se abre y cierra rápidamente, hasta después de unos cinco o seis segundos, tiempo durante el cual aún se masturbaba. ¡Alguien abrió la puerta!, estalla la horrible certeza en su cabeza, como una explosión. Y lo habían encontrado sentado en la tapa del inodoro, con los pantalones en los tobillos y el güevo afuera, masturbándose. Por un segundo recuerda el momento en que su madre, cuando él tenía catorce años, entró de repente a su cuarto buscando ropa sucia y… ¡Dios, que se estrelle el avión!, deseó, con el corazón palpitándole con dolorosa fuerza en el pecho, temiendo, contra toda lógica, oír la voz de su madre, censuradora (“¡Genaro, ¿otra vez?!”).

   -¿Quién…? -grazna ronco, abriendo por fin los ojos e intentando pararse al mismo tiempo, por lo que casi cae de culo otra vez sobre el inodoro sí no es porque se sostiene del lavamanos; para colmo el güevo se bambolea en el aire, como un péndulo horizontalizado, acusándolo de morboso. Y de estar bien excitado.

   -Disculpe la intromisión, caballero; pero pensé que tal vez necesitaba algo de ayuda. -le contesta el joven sobrecargo, a tan sólo medio paso de distancia, de pie frente a él, como si tal cosa. Y Genaro sintió la cálida mirada del muchacho enfocada en su entrepiernas, sobre su güevo pulsante.- Bonito instrumento, señor.

   La mente del traficante de sueños era un caos. La situación era irreal y ridícula, allí estaba él, con el güevo en la mano y los pantalones en los tobillos, encarando a otro carajo que le miraba con mucho interés el tolete, mientras sonreía amistosamente. Vaya que era alto ese muchacho, y los hombros eran bastante anchos, tenía pinta de atleta a pesar de lo joven que se adivinaba, se dice Genaro, sintiendo como su corazón iba calmándose poco a poco. El carajo no gritó llamándole degenerado, ni Salió por al capitán. Tal vez no tuviera que salir en los noticieros. O saltar del avión. Sin embargo, su tolete iba ablandándose lentamente, ¡después de todo había sido descubierto in fragantti!

   -Yo… yo estaba ocupado. -traga saliva intentando recuperar algo de control. El otro le sonríe, con una mirada profunda, húmeda y hasta soñadora en los ojos. ¡Ay, este tipo cómo que quería…!

   -Ya lo imaginaba, señor. No creerá la cantidad de caballeros que viajan solos que tienen fantasías sobre estas cosas en un vuelo largo. -sonríe más el joven, con las manos en las cinturas, como si la vaina no fuera extraña.- Realmente tiene una buena pieza ahí, entre las piernas, señor. Larga y gruesa. Dura. -era la segunda vez que lo mencionaba y Genaro sintió la cara roja y la garganta seca.

   -A ti como que te gustan los güevos, ¿verdad? -suelta con voz ronca y atragantada. El chico sonríe en forma atractiva (¡y vaya que lo era!, admite Genaro), con sus labios carnosos rodeados de una leve sombra de barba y bigote que lo hacía verse varonil y masculinamente apuesto.

   -Me encantan. Nada sabe tan rico como un güevo. Y el suyo se ve buenote.

   -Gracias. También se pone como una tabla. –se defiende de la flacidez que va ganándole.

   -¿De verdad? -interroga el otro con un leve respirar agitado y una mirada aún más intensa.

   El chico mueve su mano grande y atrapa el tolete que estaba colgando. Ese apretón es cálido y firme. Como el de su propia mano, piensa Genaro. ¡Otro hombre le estaba agarrando el güevo!, y en el inodoro de un avión, con muchas personas al otro lado de la puerta que lo vieron entrar hace unos minutos, y que luego debieron notar la entrada del otro. ¡Lo que estarían pensando de él! Pero esos pensamientos no duran mucho; el hombre sintió el apretón cálido y fuerte, recibió una sobada lenta y experta de  mano del chico, cuyo pulgar le frotaba el ojete del güevo, que ya babeaba otra vez, disfrutando esa caricia ruda y viril. Se le puso tan duro, caliente y rojo, que le dolía y quemaba. Estaba a sólo medio paso del otro y percibía su aroma, a colonia, a jabón, pero también a piel, el sudor de alguien aseado, joven y vital. Adivinaba un cuerpo fuerte, caliente y musculoso bajo el uniforme azul. Pero lo más sorprendente para el traficante, era descubrir que ¡le gustaba que ese muchacho le agarrara el güevo así!

   -Yo no sé sí… -jadeó sintiéndose atrapado entre la excitación y la repulsa que esa extraña experiencia despertaba en él.

   El joven nada responde, simplemente da otro medio paso atrás, cayendo ahí mismo sobre sus rodillas, mirándolo desde allí, con su bonito tono de piel canela, su cabello negro algo elevado en puntas, atildado y fornido bajo el uniforme. ¿Qué iba a hacer ese maricón?, gritaba una parte de la mente de Genaro. Realmente no sabía qué hacer, cómo actuar o qué esperar en semejante situación, por lo que casi dio un salto cuando vio al chico sonreír ávido. La mirada del joven estaba fija sobre la rojiza cabeza hinchada del tolete, mientras lo sobaba, y el otro intuyó lo que haría, con escándalo… e interés.

   Esos labios húmedos se abrieron y besaron suavemente el glande del otro, provocándole una terrible oleada de placer. Ese roce era eléctrico, cálido y vibrante. Los labios, pegados allí, mamaban levemente, chupando sólo un poco, para luego abrirse más y tragar con experiencia y pericia la lisa cabezota. Genaro, con la boca abierta, mira el vaivén de esa cabeza, suave, lento, mientras nota la ‘o’ que forman esos labios gruesos y húmedos rodeando su glande. Y siente estallidos de placer puro que lo recorren, estremeciéndole violentamente, obligándole a agarrarse nuevamente del minúsculo lavamanos para no caer. Esa boca quieta sobre él ahora, vive y palpita a pesar de todo, atrapándolo, chupándolo. Con un leve chasquido (Genaro juraría ante la Corte de los Milagros que lo oyó), esas mandíbulas se abrieron y la boca fue tragándose, centímetro a centímetro, el grueso tronco, con esfuerzo, pero con ganas. Con decisión fue cubriéndolo todo.

   -Uggg… -era todo lo que salía de la boca del joven asistente de vuelo, llenándosela con el tieso y palpitante instrumento del otro hombre, con una facilidad que hablaba de mil mamadas previas. Y la idea, de cuántos podía haber mamado en su joven vida, eriza a Genaro.

   -Ahhh… –el hombre no pudo evitar el jadeo de sorpresa y excitación, aunque quiere mantenerse imperturbable, como todo un macho atrapado en una mala situación, y no como si estuviera gozando mucho con eso. Pero esa cálida y húmeda boca que iba tragándolo, apretaba maravillosamente cada centímetro de su tranca palpitante, mientras la ávida lengua lamía con lentos movimientos frotantes la cara posterior del tronco. Dios, como mamaba…

   El chico, en honor a la verdad, no era ningún novato en el arte de tragar toletes de machos, llevaba tiempo haciéndolo, como deduce Genaro al ver como esos labios terminan de recorrer su tranca, casi pegándose del pubis, resollándole cálidamente en los pelos, con las mejillas ahuecadas pero demarcando el diámetro de instrumento contra ellas. Había algo horriblemente erótico en la visión del joven mamándole ansiosamente el güevo. Después de atraparlo todo, el muchacho se retira lentamente, meciendo un poco el rostro de un lado a otro, apretándolo; su lengua y dientes sobre el sensible tronco le provocaban oleadas de debilidad al otro carajo. Iba dejándolo salir mientras lo chupa fieramente. El tolete está tan hinchado y crecido, amén de tieso, que el joven casi jadea, con la boca abierta como buscando aire, al soltarlo. Y Genaro vio su tolete erecto como nunca, duro y caliente por todo ese extraño tratamiento de boca, bamboleándose en el aire, totalmente empapado por la saliva y jugos de ese carajo. Y miró, con un estremecimiento que le bajaba por la columna, la sonrisa del tipo, quien con un gesto lascivo se muerde el labio inferior mostrando los dientes en una sonrisa atractiva: ¡el chico estaba gozando una bola, casi literalmente!

   -Si, me gusta mamar… Probé un día, por curiosidad,  el del hermano de una noviecita que tenía en la escuela y desde entonces…

   Ladeando el rostro, la lengua enrojecida del asistente de vuelo, pega en toda su extensión de la cara inferior del tieso instrumento, que se agita y contrae al sentirla. La gran vena es recorrida lentamente por esa lengua que lame y saborea, saliendo de entre unos dientes blanquísimos y muy parejos. La lengua llega casi a la punta y vuelve a bajar. Esos labios y esa lengua besan y lamen la tranca, hasta que bajan llegando a las bolas, lanzándole rápidos latigazos con ella. Genaro lo mira, lamiéndole las bolas, con el güevo caliente apoyado sobre ese rostro joven y atractivo, cuya piel también arde. Y se estremece. No recuerda desde cuándo algo no lo excitaba tanto. Siente que el güevo le palpita queriendo correrse ya, al contacto de esa piel; del ojete manan unas transparentes gotas espesas que mojan la parte interna de la ceja izquierda del chico, babeándolo.

   Con un gruñido, el joven sorbe uno de los testículos, que parece aspirado y meterse en su boca, donde es mamado y mimado. Genaro chilla bajito, conteniéndose, al sentirlo. La mano derecha del joven le aferra con fuerza el tolete, mirándolo desde allí, mientras lo masturba enérgicamente, y termina metiéndose en la boca ¡las dos bolas! Soltándole el tolete, las manos del chico caen sobre la cintura del calzoncillito y lo hala lentamente, bajándolo, desnudándolo. Genaro se estremece, confuso, sin saber qué hacer. La suave y chica prenda baja por sus muslos y piernas en momentos en que el joven mamón vuelve a su tranca caliente, tragándose la mitad con ganas, pero parece haber crecido tanto, que no entra toda, ahogándolo, por lo que su rostro se contrae y la frente se le arruga un poquito por el esfuerzo. Y allí, con dos tercios del güevo atragantado en su boca, lanza una dura mamada, chupando ruidosamente. El traficante de sueños se estremece todo, sintiendo las piernas blanditas, como sí no pudieran sostenerlo, por lo que tiene que agarrarse de la pared y del lavamanos.

   El chico queda de frente, sonriendo, ante el tolete, dejándolo salir un momento de su boca ávida. Clavando la mirada en los ojos de Genaro, pega sus labios abierto de la amoratada cabezota, besándola, para luego tragarla otra vez, lentamente, cubriéndola y apretándola, con un excitado y ronco hummm. Esa boca, sentía el hombre, le comía el tolete, mojándoselo con su saliva, chupándolo. La boca iba y venía sobre el rígido instrumento produciéndole sensaciones nuevas y embriagantes, algo que sólo un hombre que es mamado por otro puede saber, mientras las manos fuertes del chico le atenazaron las nalgas, como para sostenerse. Sentir la boca mamándolo y esas manos cálidas y fuertes reteniéndolo, con los dedos abiertos, sobre sus nalgas musculosas, casi hizo gritar al traficante de ilusiones. ¡Era una locura!, una locura rica y sabrosa. La boca del joven cubre casi todo el tolete, dejando unos cinco centímetros afuera y Genaro siente como esa garganta lo hala más, apretándolo, ordeñándole el güevo sin que el otro se mueva ni un palmo.

   -¡Oh, Dios! –escapa der sus labios, como una plegaria.

   Con los ojos fieramente cerrados y la frente algo arrugada, el chico mantiene la tranca en su boca, ahogándose, sintiendo que le tapona la garganta; y aún así, con lujuria, sigue mamándola con sus mejillas, los músculos del gaznate y su lengua que es una masa ardiente. Quiere cada palpitación, cada oleada de calor que mana del rico tolete. Cada gota de néctar. Y teniéndole así retenido, mete su mano derecha entre los muslos del otro, acariciándole una nalga con exigencia. El dedo medio, cálido y grande, se proyecta un poco hacia adelante y Genaro siente como recorre y frota su raja interglútea, poco peluda. Ese dedo acaricia, soba, recorre y se empuja contra su raja, algo que nunca antes le habían hecho, ¡un hombre, claro está! La punta del dedo cae sobre el arrugado ojete de su culo y frota, sólo soba, empujando sin penetrar. Genaro tiene que morderse los labios para no gritar de lujuria, de deseos que lo recorrían como oleadas poderosas. El roce de ese dedo, ¡el dedo de otro tipo sobre su culito virgen!, le provocaba unas cosquillas y unas ganas de bailotear, de frotarse contra el mismo, de empujarse y… No sabía qué; pero era algo que lo enloquecía.

   La punta del dedo frotaba circularmente, lento, mientras la boca del chico le apretaba y exprimía el tolete, y Genaro sólo deseaba que siguiera y siguiera. Es tanta su excitación que nota como su tranca crece aún más, endureciéndose como una verdadera tabla, tan rígida que el muchacho no puede doblarla en su garganta y tiene que elevar un poco la nuca para enderezar el camino sobre su lengua hacia sus amígdalas, para alojarla y mamarla aún más. El güevo brilla de saliva y jugos, con las venitas totalmente demarcadas, nervudo, mientras esos labios abiertos totalmente, rodeaban como una gran ‘o’ su diámetro, tragándolo con rapidez, mamándolo con urgencia. La sombra de la barba oscurece y se demarca sobre el mentón y el labio superior del joven, mientras la boca continua mamando. Genaro, con la boca abierta, ve como ésta va y viene a lo largo del pilón; siente que el manduco suelta vainas, como jugos o baba, que ese muchacho se tragaba con una expresión de total felicidad y de hambre en los ojos, que le parecían aún más excitante. ¡Quería llenarle la boca de semen!

   El hombre miraba con mórbida fascinación (esa que sentían todos los hombres a la hora del sexo y que los hermanaba a la hora de usar el güevo), como la ansiosa boca de labios algo llenos, rojos y muy húmedos, iba y venía sobre la dura y nervuda tranca, soltando saliva y ahogados gemidos de lujuria y placer; tragándola con leves hummm, que al traficante le parecían muy estimulantes. Los labios lo tragan todo, con las mejillas algo ahuecadas mientras chupa, pero con la silueta del instrumento contra ellas. La boca retrocede nuevamente, dejando el tolete mojado y brillante, los labios se pegan del ojete y la lengua aletea sobre la lisa cabezota, provocándole mareos al otro. Otra vez va tragándolo, cubriendo la venosa tabla. El joven encuentra esa jugosa y rígida tranca caliente, la siente palpitar y crecer más, taponeándole la garganta, soltando gotas y gotas de líquidos pre-eyaculares, que lo enloquecían desde los trece añosa, cuando se inició casi con urgencia con un amiguito que se hacía la paja mientras veían una revista porno de su papá. Al joven mamón no había nada que le gustara más que sentir un güevo así, creciendo y latiendo dentro de su boca, y los amigos que lo sabían, siempre le sacaban provecho a la situación; siempre querían que los mamara. Siempre tenía acción en su vida joven, alocada y caliente, irresponsable en un mundo de locos, pestes y enfermedades.

   Lo deja salir, jadeando, atrapándolo otra vez con la mano, masturbándolo, la otra todavía tocándole el culo. Y le mira, sonriendo con los labios rojos e hinchados, la barbilla llena de saliva espesa.

   -¿Le gusta, señor? ¿Le gusta lo que este chico le hace? ¿Quiere que siga o me detengo?

   -Oh, si, mariconcito. Ahora no te vas a detener. No hasta tragarte la última gota de mi leche.

   El chico sonríe y obedece, sin detenerse a pensar en el riesgo de tragar lo que salga de un güevo desconocido (a decir verdad no piensa, sino que siente), lo cubre otra vez con su boca, moviendo el rostro de un lado a otro, como un cachorro luchando con una bolsa, mientras mama. Quedando hacia la derecha, con la boca llena con ese tolete, mira excitado a Genaro, y eso le provoca otro escalofrío al traficante, que nota como la mejilla derecha del joven, se abulta y deforma cuando su tranca pega allí, entre los dientes y la piel;  y eso le parece una visión enloquecedora. La boca está tan abierta, que las comisuras parecen forzadas al máximo, mostrando un pequeño y negro lunar en la comisura derecha. La boca masculina, rodeada con la leve sombra oscura de barba y bigote rasurados, traga nuevamente cada centímetro del ardiente tronco.

   -Eso es, maricón. Chúpalo, cómete todo mi güevo, sucio. Sácame la leche. -brama bajo, perdida ya toda cordura, meciendo casi sin darse cuenta sus caderas hacia adelante. Quiere clavársela hasta el estómago. Quiere que ese muchacho lo mame así, sabroso y con ganas, en momento que el joven pega los labios en su pubis y con su lengua y garganta, sigue ordeñándolo con fuerza.- Hummm… que rico mamas, maricote. -casi le grita, con los ojos totalmente nublado, olvidado ya de en dónde estaba.- Apriétalo… apriétalo con la garganta. -le gruñe, empujándolo en su boca.- Ahhh, que rico. Mamas como un campeón… te gusta mamar güevos, ¿verdad, muchacho? Se ve que sí… ¡Hummm! –goza, perdido, aunque no tanto como para no notar que el asistente de vuelo le clava media falange del dedo índice en su culo virgen.- ¡Ohhh! ¡Hummm!

CONTINÚA … 3

Julio César.

SÉ MI AMIGO, JEN

abril 25, 2016

   De mis días cuando padecía una fiebre total por los Padackles y el fandom de Supernatural, le envié muchas direcciones a mucha gente. Claro, no he leído todas las historias y ya no ando tan afanado. Pues, de ese tiempo una amiga encontró una historia que guardó en archivo, un relato de amor, tema del cual, según ella, carecen las historias del blog. Y siempre es incómodo cuando alguna comenta algo del blog. Este relato me sorprendió, argumentalmente hablando es muy bueno, es cuando noto que es de la autora de aquel que titulé Jared hace caer a Jensen. Me gusta. Y es domingo, vale la pena dejar el fin de semana con algo grato para comenzar la jornada. Comienza algo lento, hay malas palabras, pero no es sino hasta más adelante que va subiendo en intensidad. Disfrútenlo:

……

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

JARED PADALECKI HOT

   -Jugaré bien mis cartas y te ganaré…

   Aunque madrugador, por elección no por obligación, está algo avanzada la mañana cuando Jared Padalecki toma una taza de café, nada muy cargado, en el amplio balcón del dormitorio de su opulento apartamento. El sol tempranero es casi una grata caricia en una ciudad tan fría, piensa, despeinado, más de lo habitual, con el largo y esbeltamente musculoso torso desnudo, llevando únicamente un holgado bóxer a media pierna algo bajo en sus caderas, mostrando el nacimiento de las crestas iliacas. Se ve bien, lo sabe, y es parte de lo que le tiene de un humor ligeramente risueño. Oye un bostezo leve y los ronroneantes sonidos de una chica que se estira, despertando. Vuelve la mirada hacia la ancha cama, donde una hermosa mujer se despereza, la sábana rodando y descubriendo sus senos redondos de bonitas y grandes aureolas. Senos que tocó y apretó, pezones que mordió la noche anterior hasta hacerla gritar de lujuria. Ella le sonríe con un mohín.

   -Es muy temprano. –se queja palmeando la cama a su lado. Llamándole.

   -No tanto como crees. –contesta de manera neutra. La joven mujer le había brindado agradables horas de placer, pero…

   -Ya veo. Tienes prisa. Pensé que al menos desayunaríamos. –se queja con una sonrisa la joven, sentándose y buscando sus cosas. Le mira algo contemplativa.- Fue una buena noche.

   -Lo fue. –le sonríe por primera vez, recorriéndola con la mirada. Es realmente hermosa, sus senos eran apenas el abreboca hacia unos muslos llenos y unas nalgas redondas. La ve medio vestirse.- Siento lo del desayuno, debo ir a casa de mis padres. Deber es la palabra clave, créeme. –es cuando se oye el leve repicar de su teléfono sobre una mesita. Tomando café va hacia el mismo, preguntándose si habría ocurrido algo que le salvara del tardío desayuno en la casa Padalecki, mientras mira a la joven entrar en su ropa interior, preguntándose para qué usaría sostenes con unos senos tan perfectos. Toma el aparato, intrigándole ver un número desconocido. Tentado está a dejarlo así, tiene a gente que se ocupa de los extraños que llaman, pero…- ¿Aló? –hay un silencio que le parece incómodo, o tenso.

   -Con Jared Padalecki, por favor. –oye una voz masculina profunda, ronca y rica en tonos. Llamativa por alguna razón.

   -Con él habla, ¿quién es? –ligerísimamente intrigado olvida a la chica que conoció en el bar del hotel y con quien pasó un buen rato sin que significara nada más.

   -Tal vez no me recuerdes… -la voz parece más azorada.- Soy Jensen Ackles.

   -¿Quién? –la verdad no recuerda, aunque la voz seguía pareciéndole llamativa.

   -Jensen Ackles. –insiste.- Nos conocimos durante un semestre, en Harvard. –informa.

   -¿En Harvard? –intenta ubicarle, ponerle un rostro a la información, pero era si no muy temprano, si había sido una larga noche de copas y sexo sabroso pero agotador.- Mira, lo siento si fuimos amigos, pero no logro…

   -No éramos amigos. Estuve un semestre, en Administración. Te… -calla por un segundo.- Te ayudaba con algunos trabajos. –el castaño se congela, un recuerdo se abre paso en su mente y sonríe sarcástico.

   -¿El rubio pecoso que hacía los deberes de los chicos por dinero para helados? –es increíblemente burlón. Si, le recuerda. Muy bien. Pero como negociante, no lo deja entrever.- Lo siento, apenas te recuerdo…

   -Lo imagino. -¿se engaña o la réplica se oye exasperada?, eso le hace sonreír.- Necesito… pedirte algo. Un favor.

   -Wow, ¿un favor? ¿Éramos tan unidos? –es burlón, volviendo al balcón. El silencio que sigue le indica que el otro sabe lo vulnerable de su posición; no, no habían sido amigos.

   -No, por eso me cuesta llamarte, pero… -no tengo otra opción. La voz no lo dice, pero se entiende.

   -¿Cómo conseguiste mi número? –pregunta al fin; eso lleva segundos molestándole. El silencio le indica que habrá problemas.

   -Me lo facilitó un… amigo. Un conocido común. –es vago. Eso le endurece el gesto.

   -Mis amigos saben que odio eso. Dime quién fue. –exige sin derecho al pataleo.- Habla.

   -No creo que sea necesario…

   -Tú me llamaste, yo quiero saber quién anda dando mi número por ahí, de eso depende que siga la charla. –el silencio que sigue es ominoso de su parte, tenso desde el otro lado. Sabe que Jensen necesita algo, así que tiene los ases en la mano. El silencio se prolonga.

   -Sé que estás por casarte y que será un gran evento; Jared Padalecki, uno de los solteros más codiciados de la Gran Manzana fue atrapado al fin. Felicidades, Jared. Que te vaya muy bien. –le oye, voz tensa, luego el pitido de una conversación telefónica cancelada.

   Por un segundo el castaño no entiende qué ocurrió. Con la boca abierta y un leve asomo de sonrisa sardónica mira el aparato. Molesto y divertido. ¡Le colgó! ¿Qué se pensaba esa pequeña cucaracha? Remarca el último número. Timbra y timbra, e imagina a un tipo mirando su teléfono, consumido por dudas y aprensiones. Al quinto toque, cuando está pensando seriamente en dejar esa vaina así, llega la respuesta cautelosa.

   -¿Si?

   -Te veo después de medio día, hoy, en mi oficina en la ciudad. ¿Sabes llegar? –si tiene su número debía conocer esos detalles.

   -Si. –casi le parece escuchar que traga con dificultad.- Jared, gracias…

   -No llegues tarde. –y le corta, ceñudo, sonriendo torvo. ¿Por qué carajo lo hizo?

   -¿Te casas? –la joven, medio vestida ya, le mira a la entrada del balcón.

   -Dentro de un mes; es hora, ya llegué a la treintena. –le sonríe. Ella le corresponde.

   -Cretino. –y ríe.- Llámame si te aburres.

   Si, eso no pasará, se dice. Era divertida, pero había tantas chicas divertidas en el mundo…

……

   -Al fin llegas. –así le recibe su padre, Gerald (Gerri) Padalecki, sentado tras su escritorio, en su estudio, con Sherri, su mujer, leyendo un diario en uno de los sofás.

   -Buenos días, papá. –Jared es condescendiente, acercándose a la mujer y besándola formalmente en la frente.- Hola, mamá…

   -Te esperábamos para desayunar. –le recuerda ella.

   -Estuve ocupado. –le sonríe.

   -Se nota por el chupetón bajo tu barbilla, levanta bien el cuello de la camisa. –reprende maternal, haciéndole sonreír.

   -Hijo, por favor, estás por casarte con  la hija de un amigo. Y ella está en Paris. –le recuerda Gerri. Quien se tensa cuando Jared levanta la mirada, dura, encarándole.

   -¿En serio, papá? ¿Lecciones de…?

   -Basta, Jared. –le reprende su madre, poniéndose de pie, encarando su mirada, encontrando en ella algo de decepción. Jared podía ser terriblemente duro con todos, y no parecía notar que lastimaba.- Esto es muy serio. –le tiende el periódico. El joven lo toma, lee y crispa el rostro, tenso.

   -¿Cómo…? –deja la nota que habla de una negociación hostil de una compañía petrolera rival que deseaba apropiarse de unos pozos “secos” que la familia Padalecki deseaba obtener.

   -Ron Howard está metiendo las narices en los negocios de la familia, y según ha dicho él mismo, es sólo el principio. –Gerri le informa, molesto, poniéndose de pie.- Y no ha callado, tampoco, que lo hace para desquitarse de lo que le hiciste a su hija, a quien, según él, le ofreciste matrimonio. ¡Tus andanzas nos afectan! Ahora, metido en la puja, aunque lográramos concretar el negocio, el precio se elevará dos o tres veces más.

   -No es mi culpa, jamás le ofrecí matrimonio a Bryce Howard. Todo está en su mente desquiciada. –se altera por el regaño. No, está molesto. Mucho. Por la jugarreta de esa gente, por los regaños de su padre. Porque… sabe que su mejor amigo había tenido una o dos citas con Bryce, a pesar de haberle advertido al respecto. ¿Se habría ido Chad de la lengua sobre esos pozos?

   -¡Salías con ella! –acota Gerri, impaciente.- Y ahora mismo vuelves a hacerlo. Estás a punto de casarte… -reinicia ese asunto personal, viéndose afectado, pero decidido.- …Con una chica a la que conoces de siempre, amiga de la casa como su familia, ¿y la engañas justo cuando faltan días para la boda y mientras, por otro lado, pretendes una fusión con los hoteles Cortese? –el castaño, que ceñudo escuchaba el chaparrón, levanta la mirada del periódico al escuchar aquello.

   -Ah, ya Jeff te vino con el cuento. –siente ganas de gritar, aunque cierra los ojos y toma aire.- No se ha decidido nada al respecto, pero sería un buen negocio. Los Cortese tienen hoteles en Latinoamérica y…

   -Es arriesgado extenderse tanto, sobre todo si estás a punto de emparentar con ellos… teniendo esas andanzas escondidas.

   -Las mías están bajo control, papá.

   -¡Jared! –reprende, exasperada, Sherri. Gerri se ve furioso, conteniéndose a duras penas.

   -Okay, lo siento, mamá, pero me molesta que todavía me supervisen como si fuera un niño. Soy yo quien maneja los hoteles, Jeff se encarga de la petrolera, ¿por qué tiene que opinar sobre esto?

   -Él ama el negocio hotelero, ¿lo sabes? Seguro le preocupa que… –le recuerda Sherri.

   -Entonces no debió joderla cuando buscó financiamiento de los Carteles en México. Ese si fue un problema que pudo hundirnos, no mis andanzas de cama.

   -¡No lo digas así! Él tan sólo buscaba capitales para una expansión, no sabía que esas personas eran delincuentes. –se irrita Gerri.

   -Lo sé, y no tuve problemas en dejar Texas y venirme para acá, a encargarme de los hoteles. Saben que habría preferido quedarme por allá. –es seco, y el no tener que verlos tan seguido queda flotando en el ambiente, hiriente.- Sé lo que hago. Te retiraste, papá, bien; él se encarga de la Padalecki-Oíl, perfecto. Nada sé de las andanzas del viejo Howard, no le debo nada ni a él ni a la loca que tiene por hija, y no voy a joder los hoteles. ¡Déjeme en paz!

……

   No se sintió liberado, o moderadamente mejor, hasta dejar la casa de sus padres. Los amaba, pero a veces resultaban irritantes. Desde que tenía uso de memoria sabía que terminaría trabajando con petróleo o en la rama hotelera. De ser por él, se habría quedado en Texas; le gustaba el trabajo de campo, bajo el sol y el inmenso cielo, un casco en la cabeza, el trabajo de fregado para sacar las manchas negras debajo de las uñas, pero estar tras la barra de los hoteles también era grato. Le gustaba que todo fuera perfecto, no hermoso o elegante, aunque no discutía con los mimos o lo sublime, pero si funcional. Que sus hoteles fueran los preferidos, los buscados, los reseñados. Igualmente levantarlo todo con sus manos, por ello el Padackle’s Plaza, era su hechura, por muchas bromas que tuviera que aguantar por el nombre. Era un hotel de calidad, sobrio, caro. Y allí tenía sus oficinas. Todas esas cosas, generalmente, le distraían, pero no siempre.

   Sí, todo iba bien, el mes siguiente irían mejor. Ganaba dinero. Pero no era suficiente. Quería un desafío, y una fusión multimillonaria, que abriría puertas en mil lugares nuevos, le esperanzaba. Algo qué hacer. Un reto. Como su matrimonio mismo. Amaba a Genevieve como se quería a sí mismo. Ella era divertida, hermosa y buena en la cama. Con imaginación y humor. Pero aún eso era… predecible. Seguro. Bien, al menos la quería, se recuerda. Y no iba a hacerle nada de gracia cuando supiera lo del ataque de los Howard contra la petrolera. No era celosa, pero odiaba a Bryce. Algún día le preguntaría el por qué.

   Bufa cuando su auto se detiene en su lugar en el estacionamiento y toma el ascensor directo. No le gustaba discutir con su padre, o irritar a su madre, pero a veces… Visitar la casona se volvía una agotadora carrera de obstáculos. Debía evitar temas, palabras, miradas; evadir a Jeff, su hermano mayor, y su mujer, la reina de las nieves; y a Megan, su hermana menor, que a veces era francamente cargante. Si, en esos momentos, irritado por el cruce de palabras con Gerri y los regaños de su madre, preferiría estar en Dallas o en San Antonio. Sale al alfombrado y elegante pasillo que lleva a mil oficinas. Le gusta la iluminación, los retratos, los cuadros, los muebles que observa detrás de puertas abiertas, pero en esos momentos nada le alegra. Entra en la recepción de su asistente privada, Alexis Bledel, quien en esos momentos reía de algo que Chad Murray, su mejor amigo, le cuenta.

   -Hola, Jared. –saluda ella con una sonrisa cautelosa. Le adivina el temperamento.

   -Al fin llegas, la hora de llegada alegre es lo buenos de ser jefe.

   -Ahora no, Chad. –le corta frío, sacando del bolsillo del saco el periódico doblado y tendiéndoselo.

   -¿Quieres que lea mi horóscopo?

   -Sólo si anuncia tu inminente muerte. –es seco y por primera vez el rubio entiende que está en problemas, lee. El castaño mira a Alexis.- ¿Dónde está Franco? –pregunta tajante.

   -Fue por unas copias. –informa mirándole.- ¿Todo bien?

   -¡Jared! –Chad palidece mientras lee.- No entiendo… -le mira.- ¿Por qué hacen esto?

   -El viejo Howard cuenta que quiere vengar el honor de su hijita, la misma con la que te pedí no salieras, y saliste. ¿Recuerdas de qué hablaron después de embriagarte? –pregunta acusándole.

   -¿Crees que yo…? –parece dolido. Jared entrecierra los ojos.

   -¿En serio, Chad? ¿Quieres que repasemos tus indiscreciones pasadas?

   -¡No le dije nada de los planes de tu hermano! –casi grita, ofendido y herido.

   Antes de que Jared responda entra a paso rápido el otro asistente, Dave Franco, el lleva y trae, joven, bajito, con una eterna sonrisa de nervios en su cara de niño; sonrisa que tiembla un tanto al notar el tormentoso ceño de su jefe.

   -Buenos días, señor, fui por… -comienza.

   -¿Cómo coño se enteró mi hermano de las conversaciones de fusión con Thomas Corteses? –le ve palidecer, Chad alza las cejas y Alexis se echa hacia atrás en su silla.

   -Yo… yo… -se atraganta, mirando desvalidamente hacia Alexis.

   -Jeff vino hace dos días, buscándote. Entró a tu oficina y… -cuando Jared se vuelve y la mira feroz, gime.- ¡Yo no estaba! Había ido al baño. Había tomado mucho café y mi vejiga…

   -Alexis…

   -Entró, yo clasificaba su correo, es su hermano y no pude sacarle. Se puso a revisar los papeles sobre el escritorio y… -se disculpa el joven.

   Jared, sintiendo que todo se juntaba, estalló y le gritó que a su oficina nadie entraba si no lo ordenaba. Le tacha de inútil por tener esos archivos ahí y por ese camino se va. Rugiendo le envía a redactar un memo interno donde se prohíbe bajo amenaza de perder la cabeza que alguien entre en su despacho sin ser citado y que se asegure de que su hermano reciba una copia. Casi llorando el joven sale a la carrera. El castaño queda respirando pesadamente.

   -Fuiste muy duro. –acota Alexis, dolida por el chico.

   -¡No comiences! –la corta.- Si no tuvieras la vejiga del tamaño de una cereza no habría pasado nada. Tuve que soportar los regaños de mi padre por no comentarles de mis aproximaciones con los Cortese. Y fuiste tú quien recomendó a ese retrasado mental. No sé en qué estabas pensando cuando lo hiciste, o yo cuando le acepté después de de verle intentar salir de mi oficina por la puerta del baño.

   -Estás imposible. –le corta ella, alterada, poniéndose de pie con dos carpetas en las manos.- Dejaré esto sobre tu escritorio, ¿será que puedo pasar?

   -¡Deja de joder! –la corta. Ella le lanza una fea pero falsa mirada de ira, y va hacia la puerta de cristal de la oficina del jefe.

   -Joder, amigo, creí que te había ido a la cama con esa chica que estaba en la barra anoche, no esperaba que amanecieras hoy con las mismas malas pulgas de ayer.

   -Esa es otra, la muy tonta me dejó un chupetón. –gruñe, ladeando la cabeza.- Y no olvido lo de Bryce. Dios, hay días cuando lo malo en la vida de uno son todos los demás.

   -¡No revelé nada en los vapores post coito!

   -No quiero detalles, coño. Y necesito más café para lidiar con esto. –se dirige a su oficina, entra y detiene con un gesto a una altiva Alexis que va saliendo.- Va a venir alguien a verme… Jensen… -intenta recordar. No puede, y como siempre, eso le molesta. Lo ve como una falla.- Jensen algo. Avísame.

   -¿Verás a alguien sin previa cita? Vaya, ¿alguien especial? –se intriga, más al verle fruncir el ceño.

   -¿Puedes creerme si te digo que no le recuerdo de nada?

……

   Por un buen rato Jared continúa igual. Reprendiendo a Dave por todo, de quien sentía ya no podría olvidar o disculpar que dejara que Jeff se metiera en sus cosas, y rechazó, con menos veneno, la idea de tomar un café con Chad. Cosa que dolió un tanto al otro, y le molestó. Igual que a Alexis, quien recibía los comentarios sobre el jefe. Dos o tres personas más pasaron por ahí y una de ellas, una abogada del Departamento Legal, parecía sollozar un poco mientras se alejaba a la carrera.

   Al castaño poco le importa en esos momentos los sentimientos de alguien. No con tantas cosas de las cuales ocuparse. Concerta una cita con Thomas Cortese, quien seguramente ya había escuchado algo del ataque a la Padalecki-Oíl, y aunque fue cordial, su enojo le impedía ser del todo amable. Luego intentó comunicarse con Bryce, pero la muy perra le colgó. El padre de la perra ni siquiera le atendió el teléfono. Momentos más tarde, para adobar el asado, Jeff le llamó por teléfono para reclamarle el haber metido la pata en esos asuntos, especialmente en lo del ataque a la compañía petrolera.

   -Pensé que ya tenías el contrato por esos pozos firmado, llevas semanas hablando de eso. –le corta Jared, un dolorcito de cabeza le ataca tras un ojo.- Si no perdieras tanto tiempo espiando qué hago, o con quien me acuesto, esto no habría pasado. ¡Y no quiero que vuelvas a entrar nunca a mi oficina si no estoy!

   -Siempre son tus aventuras de cama las que nos meten en problemas. –contraataca el otro.- Si no hubieras engañado a esa mujer su padre no estaría cobrándonosla ahora.

   -Vete a la mierda, Jeff. Y si quieres llama a papá y dile que te mandé para allá. –le corta y le cuelga. Si, la cabeza le dolía.

……

   -¿Si, buenas? –Alexis mira con curiosidad al hombre frente a ella, parece incómodo. O nervioso.

   -Eh, sí, tengo una cita con el señor Padalecki. –responde este, tragando en seco e intentando una sonrisa. Y la mujer entiende su aflicción.- Soy Jensen. Jensen Ackles. De Vigilancia le llamaron por mí hace poco.

   -Hummm, si, lo recuerdo, pero… Mira, este no es un buen momento para hablar con él. -ceñuda, ella recuerda lo de la cita de Jared. ¡Pero con lo iracundo que andaba!

   -Parece la historia de mi vida. –sonríe y algo cambia en él; a ella le gusta.- Me arriesgaré.

   -Okay. –toma el teléfono interno. Timbra y timbra. Gira los ojos y grita sin volverse.- ¡Atiende! –le oyen gruñir en la otra oficina.

   -¿Qué quieres, Alexis? No estoy de humor para nada ni nadie, ¿okay? –trona de tal manera que es claramente audible.

   -Te busca el señor…

   -¿No oyes bien? ¡No estoy para nadie! –ruge.

   -Jared… -Alexis se corta viendo el parpadeo del hombre frente a ella.

   -¡Para nadie! –ruge.

   Alexis, molesta, va a responderle algo, seguramente con veneno, pero Jensen se adelanta, rojo de cara, inclinándose sobre el escritorio y gritando al teléfono.

   -¡Maldito idiota, ¿no pudiste decirme eso por teléfono?! ¿Para qué me hiciste venir hasta aquí? ¡Vete al diablo, Padalecki! –ruge al igual que Jared poco antes. Luego mira a la desconcertada Alexis.- Lo siento, y gracias. –da media vuelta y se aleja a pasos rígidos. Furioso.

……

DAVE FRANCO

Dave Franco, leyendo la descripción me dio curiosidad; pues es hermano de James franco, y creo haberle visto en la serie del hospital, pero nada más. Tiene cara de buena gente. Y es bien parecido, como el hermano. ¿Le irá bien?

CONTINÚA … 2

Julio César.

UNA MANO

abril 24, 2016

VAYA GUASA

ACOMODANDO LAS BOLAS

   Cuando el mejor amigo de su novia le dijo que le ayudaría en el juego, con las bolas, no imaginó que…

LA DICHA

Julio César.

LA NENA DE PAPA… 11

abril 24, 2016

LA NENA DE PAPA                         … 10

De Arthur, no el seductor.

SEXY BOY

   Pronto todo cambiaría…

……

   El joven abre los ojos cuan ciervo deslumbrado por los faros de un auto. Incluso, el muy tonto, traga, viéndose completamente culpable. No aligera el ambiente que Cole medio sonría, siniestro.

   -Lo siento, muchacho, tuve que decírselo. Siéntate. –le señala una de las sillas de jardín, donde casi cae sin fuerzas. Sentados, los cuatros a la orilla de la piscina, se daría una difícil conversación.

   -Cole… -Grace, su esposa, parece mortificada.

   -Basta, cariño, voy a hablar yo. –la interrumpe el hombre, volviéndose hacia el joven, el cual se estremece ante su actitud dominante, poderosa, avasallante. Masculina.- Como ya te dije, entiendo que son jóvenes, que quieren encontrarse, descubrir el mundo, pero hablamos de mi hija. Nelly, todavía te queda un año de bachillerato… -dice mirando ahora a la joven, con afecto severo.- Todavía eres menor de edad y no quiero que vivas metida en el cuarto de Brandon, en una pensión donde hay otros chicos. La gente habla y no quiero que lo haga de ti. Entiendo que… -y bota aire.- …Tengan… sentimientos y todo eso, pero eres muy joven y no quiero que otros te tache de cosas feas con las cuales debas cargar el resto de tu vida.

   -¡Papi! –se queja la joven.

   -No digo que no se vean, no voy a separarles, pero… no en ese lugar. No quiero que te vean entrar y salir de esa pieza y sepan que… -se atora, mira fijamente a Brandon.- Te lo dije, no quiero a mi hija en tu cuarto, encuéntrense en otros lados, donde la maledicencia no alcance a Nelly. –la ve a ella.- Sé que eres una buena chica, pero también debes parecerlo.

   -¡Papá! –ahora trona feo, mirando a su novio, pero Brandon únicamente entiende de la autoritaria mirada de Cole.- Es mi vida.

   -Cariño, te comportas caprichosamente; me alegró notar, cuando hablamos, que Brandon está de acuerdo con mi punto de vista. Él ve lo inconveniente de que vayas a su cuarto en esa residencia , ¿no es así, muchacho? –este duda, la boca ligeramente abierta, mirando del hombre a la irritada chica cuya vida “se discutió” sin ella presente.

   -Así es, señor Cole. Entendí su punto. –jadea rindiéndose, y la mira.- Creo que es lo mejor, Nell.

   -¿Lo mejor porque lo dice papá o porque discuten ustedes a mis espaldas?

   -Todavía eres menor de edad, Brandon apenas ha cumplido los dieciocho años, podría verse envuelto en un problema legal, ¿no puedes entenderlo en verdad? –Cole suena algo exasperado, dándole a entender claramente que la considera una niña malcriada.

   La joven, claramente mortificada, y rebelde, va a protestar por las imposiciones de su padre, y el que su novio acuerde cosas sin consultarla, cuando un joven aparece saludando alegremente con una mano y un alegre “hey”.  Rubio, alto, atractivamente atlético, franco y sonriente. Por un segundo todos le miran. Especialmente Brandon, quien frunce el ceño, eran sus reflejos de chico alertándose ante una presencia guapa que puede disputarle su lugar. De manera automática se vuelve hacia Nelly.

   -¿Bill McCane? –Grace sonríe, imitando al resto cuando se pone de pie.

   -Si, el buen hijo vuelve a casa… -informa el muchacho con un vozarrón, sonriendo de manera luminosa. Nelly, quien se había quedado con la boca abierta, finalmente gritó feliz y corrió a su encuentro.

   -¡Billy! –grita y le abraza con afecto sincero y abierto. Este la envuelve en sus brazos.

   Por un segundo a Brandon le falta el aliento. Había intimidad, afecto en aquel gesto, pero la manera como se abrazaban, luego se miraban y hablaban a un tiempo, ella queriendo saber cómo le iba en la universidad, cuando regresó, y él comentando lo bonita que estaba, denunciaba que, en algún momento, hubo chispas entre ambos. Se entera que es el vecino de al lado, el chico a quien Nelly siempre seguía en sus travesuras, ese con el cual todo lo hablaba.

   -Te ves bien, Bill. –comenta Cole, sacando a Brandon de sus funestos pensamientos.

   -El futbol. –anuncia con orgullo, enrojeciendo cuando Nelly, a quien todavía le rodea la cintura con un brazo, dice la misma palabra a un tiempo, como una burla amistosa.

   Sigue el intercambio de informaciones entre los dos jóvenes, de sonrisas, de apretadas repetidas. Es Grace quien carraspea.

   -Bill, querido, este es Brandon, el, momentáneamente, olvidado novio de Nelly. –la información parece congelar al guapo rubio, quien mira al chico menudo, tendiéndole una mano después de lanzar una mirada interrogante a la muchacha.

   -Hey, mucho gusto, Bill.

   -Brandon. –casi croa, y ahora Nelly se suelta del alto muchacho y le rodea la cintura a él. Comentándole al “viejo amigo”, lo felices que son y todo eso, pero al chico más menudo no se le pasa la sensación de vacío.

   De alguna manera el muchacho termina comiendo, aunque rechaza la cerveza por los entrenamientos, cosa que Cole respeta, aunque a él, Brandon, casi le había obligado a beber. Le invitan a la piscina y cuando ese chico sale de sus zapatos de goma y su franela, quedándose con el bermudas, a Brandon el corazón se le cae al piso. Es esbeltamente musculoso, de pectorales redondos, como sus bíceps, y ni aun siendo ciego habría dejado de notar las miradas que Nelly le lazó, comentando entre risas lo mucho que había crecido. En un momento dado el joven atrapa a Nelly de la cintura y la alza al tiempo que la arroja y se arroja a la piscina; ella, gritando en todo momento, le llama tonto y ríe. Grace, algo inquieta, le sugiere Brandon que se les una también.

   El chico quiere integrarse, pero le cuesta. Un vago sentimiento de inferioridad, un no puedo competir con ese joven gallito, le cohíbe. Nada un poco alrededor de ellos y sale, sentándose en la orilla. Siente una sombra cubriéndole, alza la vista y allí estaban las recias piernas de Cole, con su apretado speedos rojo, mirándole burlón.

   -Gracias por telefonearme e invitarme, señor. No tenía nada mejor que hacer. –informa Bill desde el agua.

   El hombre hace un gesto restándole importancia al asunto, pero sus ojos brillan malignos mientras sostiene la mirada de Brandon.

   El joven no se sintió aliviado hasta que se cambió nuevamente de ropas y se despidió de todo el mundo, incluso de Nelly, a quien no le parecía bien dejar así a su recién encontrado amigo. Agradeciendo las atenciones, rojo de cachetes y evitando ferozmente la mirada de Cole, Brandon correspondió a la promesa de repetir pronto la visita. La reunión y la comilona, claro. Una vez a solas en su pieza pudo respirar en paz, cayendo sentado sobre su cama, doliéndole el culo, abatido, ocultando la cabeza entre las piernas. ¿Qué había hecho? ¿Cómo dejó que todo eso pasara? ¿Cómo pudo responder así a las exigencias sexuales de ese hombre? Rojo de cara, casi lloroso de humillación y vergüenza, se prometió que nunca más ocurriría. Sin embargo, en las duchas (las residencias las tenían al final del pasillo), no pudo evitar ciertos estremecimientos mientras se bañaba, tocándose. O al recordar más tarde, en la cama, todo lo acontecido. Eso si, nunca volvería a esa casa y evitaría a ese hombre como diablo a la cruz. Sería sencillo ahora que Nelly no le visitaría allí. Ya verían qué hacer, y dónde. Mientras la tuviera a ella todo iría bien.

   Esa noche Nelly le llamó y hablaron de todo, como siempre, especialmente del buen momento vivido entre su gente querida y su amigo. Al día siguiente fueron al cine y ella quiso ir a la pieza, pero temiendo lo que Cole haría si se enterara, se opuso. Cosa que temió la molestara, pero, la verdad fue que la joven no insistió mucho tampoco. Sin embargo, todo parecía ir tomando su carril. Nuevamente. Antes de Nelly, los chicos con los cuales compartía la pensión, todos estudiantes, solían visitarle para pedir esto y aquello, conversaba y hacia algo de vida social cuando iba a otro cuarto a tomar una copita de algo (todos pertenecían a una especialidad deportiva y debían cuidarse), especialmente Mark Aston, quien comenzaba la universidad y parecía haber olvidado todo sobre Matemáticas y solía pedirle opinión sobre este o aquel problema (en realidad que le ayudara con las tareas). Fue este quien notó que la joven no frecuentaba el cuarto, preguntándole qué hizo para alejar a semejante bombón. A Brandon le agradó que pareciera realmente preocupado por su bienestar. Era bueno contar con amigos. Más de una vez, movido por un impulso que no entendía de todo, quiso contare lo ocurrido con Cole, tal vez para escuchar que no había sido su culpa. Mark era del tipo comprensivo. Pero no se atrevió. Le agradaba el chico pelirrojo, franco y alegre. No quería que supiera sobre “eso” y le apartara.

   -¡Ya voy! –ruge esa tarde cuando llaman insistentemente a su puerta. Abre y se congela.- ¡Señor Cole! –jadea, todo ojos, boca ligeramente abierta. La mente en blanco.

   -Es papi. –el hombre le recuerda, algo seco, recorriéndole con una mirada desaprobadora, tal vez por el viejo jeans y la holgada franela. Él, por su parte, va elegantemente vestido de saco y corbata, co un leve sombra de barba, alto fuerte, triunfador. Masculino. Carga una gran bolsa atrapada en su antebrazo y torso.

   -¿Qué hace aquí? –jadea otra vez, totalmente alarmado.

   -Te he llamado dos veces y no me has contestado. –reclama ceñudo.- Así que vine. Y traje algo de comer. –exhibe la bolsa. Y espera.- ¿Y bien? Déjame entrar, ¿no? –se miran a los ojos, retadores. El tipo grande y confiado, seguro de sí, el muchacho más bajito, sintiéndose de pronto muy asustado de las cosas que pueden suceder. De lo que otros pueden averiguar.

   -No. –croa bajito. Eso le hace fruncir el ceño aún más a Cole.- Quiero que se vaya de aquí. Ahora.

CONTINÚA … 12

Julio César (no es mía).