SÉ MI AMIGO, JEN

   De mis días cuando padecía una fiebre total por los Padackles y el fandom de Supernatural, le envié muchas direcciones a mucha gente. Claro, no he leído todas las historias y ya no ando tan afanado. Pues, de ese tiempo una amiga encontró una historia que guardó en archivo, un relato de amor, tema del cual, según ella, carecen las historias del blog. Y siempre es incómodo cuando alguna comenta algo del blog. Este relato me sorprendió, argumentalmente hablando es muy bueno, es cuando noto que es de la autora de aquel que titulé Jared hace caer a Jensen. Me gusta. Y es domingo, vale la pena dejar el fin de semana con algo grato para comenzar la jornada. Comienza algo lento, hay malas palabras, pero no es sino hasta más adelante que va subiendo en intensidad. Disfrútenlo:

……

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

JARED PADALECKI HOT

   -Jugaré bien mis cartas y te ganaré…

   Aunque madrugador, por elección no por obligación, está algo avanzada la mañana cuando Jared Padalecki toma una taza de café, nada muy cargado, en el amplio balcón del dormitorio de su opulento apartamento. El sol tempranero es casi una grata caricia en una ciudad tan fría, piensa, despeinado, más de lo habitual, con el largo y esbeltamente musculoso torso desnudo, llevando únicamente un holgado bóxer a media pierna algo bajo en sus caderas, mostrando el nacimiento de las crestas iliacas. Se ve bien, lo sabe, y es parte de lo que le tiene de un humor ligeramente risueño. Oye un bostezo leve y los ronroneantes sonidos de una chica que se estira, despertando. Vuelve la mirada hacia la ancha cama, donde una hermosa mujer se despereza, la sábana rodando y descubriendo sus senos redondos de bonitas y grandes aureolas. Senos que tocó y apretó, pezones que mordió la noche anterior hasta hacerla gritar de lujuria. Ella le sonríe con un mohín.

   -Es muy temprano. –se queja palmeando la cama a su lado. Llamándole.

   -No tanto como crees. –contesta de manera neutra. La joven mujer le había brindado agradables horas de placer, pero…

   -Ya veo. Tienes prisa. Pensé que al menos desayunaríamos. –se queja con una sonrisa la joven, sentándose y buscando sus cosas. Le mira algo contemplativa.- Fue una buena noche.

   -Lo fue. –le sonríe por primera vez, recorriéndola con la mirada. Es realmente hermosa, sus senos eran apenas el abreboca hacia unos muslos llenos y unas nalgas redondas. La ve medio vestirse.- Siento lo del desayuno, debo ir a casa de mis padres. Deber es la palabra clave, créeme. –es cuando se oye el leve repicar de su teléfono sobre una mesita. Tomando café va hacia el mismo, preguntándose si habría ocurrido algo que le salvara del tardío desayuno en la casa Padalecki, mientras mira a la joven entrar en su ropa interior, preguntándose para qué usaría sostenes con unos senos tan perfectos. Toma el aparato, intrigándole ver un número desconocido. Tentado está a dejarlo así, tiene a gente que se ocupa de los extraños que llaman, pero…- ¿Aló? –hay un silencio que le parece incómodo, o tenso.

   -Con Jared Padalecki, por favor. –oye una voz masculina profunda, ronca y rica en tonos. Llamativa por alguna razón.

   -Con él habla, ¿quién es? –ligerísimamente intrigado olvida a la chica que conoció en el bar del hotel y con quien pasó un buen rato sin que significara nada más.

   -Tal vez no me recuerdes… -la voz parece más azorada.- Soy Jensen Ackles.

   -¿Quién? –la verdad no recuerda, aunque la voz seguía pareciéndole llamativa.

   -Jensen Ackles. –insiste.- Nos conocimos durante un semestre, en Harvard. –informa.

   -¿En Harvard? –intenta ubicarle, ponerle un rostro a la información, pero era si no muy temprano, si había sido una larga noche de copas y sexo sabroso pero agotador.- Mira, lo siento si fuimos amigos, pero no logro…

   -No éramos amigos. Estuve un semestre, en Administración. Te… -calla por un segundo.- Te ayudaba con algunos trabajos. –el castaño se congela, un recuerdo se abre paso en su mente y sonríe sarcástico.

   -¿El rubio pecoso que hacía los deberes de los chicos por dinero para helados? –es increíblemente burlón. Si, le recuerda. Muy bien. Pero como negociante, no lo deja entrever.- Lo siento, apenas te recuerdo…

   -Lo imagino. -¿se engaña o la réplica se oye exasperada?, eso le hace sonreír.- Necesito… pedirte algo. Un favor.

   -Wow, ¿un favor? ¿Éramos tan unidos? –es burlón, volviendo al balcón. El silencio que sigue le indica que el otro sabe lo vulnerable de su posición; no, no habían sido amigos.

   -No, por eso me cuesta llamarte, pero… -no tengo otra opción. La voz no lo dice, pero se entiende.

   -¿Cómo conseguiste mi número? –pregunta al fin; eso lleva segundos molestándole. El silencio le indica que habrá problemas.

   -Me lo facilitó un… amigo. Un conocido común. –es vago. Eso le endurece el gesto.

   -Mis amigos saben que odio eso. Dime quién fue. –exige sin derecho al pataleo.- Habla.

   -No creo que sea necesario…

   -Tú me llamaste, yo quiero saber quién anda dando mi número por ahí, de eso depende que siga la charla. –el silencio que sigue es ominoso de su parte, tenso desde el otro lado. Sabe que Jensen necesita algo, así que tiene los ases en la mano. El silencio se prolonga.

   -Sé que estás por casarte y que será un gran evento; Jared Padalecki, uno de los solteros más codiciados de la Gran Manzana fue atrapado al fin. Felicidades, Jared. Que te vaya muy bien. –le oye, voz tensa, luego el pitido de una conversación telefónica cancelada.

   Por un segundo el castaño no entiende qué ocurrió. Con la boca abierta y un leve asomo de sonrisa sardónica mira el aparato. Molesto y divertido. ¡Le colgó! ¿Qué se pensaba esa pequeña cucaracha? Remarca el último número. Timbra y timbra, e imagina a un tipo mirando su teléfono, consumido por dudas y aprensiones. Al quinto toque, cuando está pensando seriamente en dejar esa vaina así, llega la respuesta cautelosa.

   -¿Si?

   -Te veo después de medio día, hoy, en mi oficina en la ciudad. ¿Sabes llegar? –si tiene su número debía conocer esos detalles.

   -Si. –casi le parece escuchar que traga con dificultad.- Jared, gracias…

   -No llegues tarde. –y le corta, ceñudo, sonriendo torvo. ¿Por qué carajo lo hizo?

   -¿Te casas? –la joven, medio vestida ya, le mira a la entrada del balcón.

   -Dentro de un mes; es hora, ya llegué a la treintena. –le sonríe. Ella le corresponde.

   -Cretino. –y ríe.- Llámame si te aburres.

   Si, eso no pasará, se dice. Era divertida, pero había tantas chicas divertidas en el mundo…

……

   -Al fin llegas. –así le recibe su padre, Gerald (Gerri) Padalecki, sentado tras su escritorio, en su estudio, con Sherri, su mujer, leyendo un diario en uno de los sofás.

   -Buenos días, papá. –Jared es condescendiente, acercándose a la mujer y besándola formalmente en la frente.- Hola, mamá…

   -Te esperábamos para desayunar. –le recuerda ella.

   -Estuve ocupado. –le sonríe.

   -Se nota por el chupetón bajo tu barbilla, levanta bien el cuello de la camisa. –reprende maternal, haciéndole sonreír.

   -Hijo, por favor, estás por casarte con  la hija de un amigo. Y ella está en Paris. –le recuerda Gerri. Quien se tensa cuando Jared levanta la mirada, dura, encarándole.

   -¿En serio, papá? ¿Lecciones de…?

   -Basta, Jared. –le reprende su madre, poniéndose de pie, encarando su mirada, encontrando en ella algo de decepción. Jared podía ser terriblemente duro con todos, y no parecía notar que lastimaba.- Esto es muy serio. –le tiende el periódico. El joven lo toma, lee y crispa el rostro, tenso.

   -¿Cómo…? –deja la nota que habla de una negociación hostil de una compañía petrolera rival que deseaba apropiarse de unos pozos “secos” que la familia Padalecki deseaba obtener.

   -Ron Howard está metiendo las narices en los negocios de la familia, y según ha dicho él mismo, es sólo el principio. –Gerri le informa, molesto, poniéndose de pie.- Y no ha callado, tampoco, que lo hace para desquitarse de lo que le hiciste a su hija, a quien, según él, le ofreciste matrimonio. ¡Tus andanzas nos afectan! Ahora, metido en la puja, aunque lográramos concretar el negocio, el precio se elevará dos o tres veces más.

   -No es mi culpa, jamás le ofrecí matrimonio a Bryce Howard. Todo está en su mente desquiciada. –se altera por el regaño. No, está molesto. Mucho. Por la jugarreta de esa gente, por los regaños de su padre. Porque… sabe que su mejor amigo había tenido una o dos citas con Bryce, a pesar de haberle advertido al respecto. ¿Se habría ido Chad de la lengua sobre esos pozos?

   -¡Salías con ella! –acota Gerri, impaciente.- Y ahora mismo vuelves a hacerlo. Estás a punto de casarte… -reinicia ese asunto personal, viéndose afectado, pero decidido.- …Con una chica a la que conoces de siempre, amiga de la casa como su familia, ¿y la engañas justo cuando faltan días para la boda y mientras, por otro lado, pretendes una fusión con los hoteles Cortese? –el castaño, que ceñudo escuchaba el chaparrón, levanta la mirada del periódico al escuchar aquello.

   -Ah, ya Jeff te vino con el cuento. –siente ganas de gritar, aunque cierra los ojos y toma aire.- No se ha decidido nada al respecto, pero sería un buen negocio. Los Cortese tienen hoteles en Latinoamérica y…

   -Es arriesgado extenderse tanto, sobre todo si estás a punto de emparentar con ellos… teniendo esas andanzas escondidas.

   -Las mías están bajo control, papá.

   -¡Jared! –reprende, exasperada, Sherri. Gerri se ve furioso, conteniéndose a duras penas.

   -Okay, lo siento, mamá, pero me molesta que todavía me supervisen como si fuera un niño. Soy yo quien maneja los hoteles, Jeff se encarga de la petrolera, ¿por qué tiene que opinar sobre esto?

   -Él ama el negocio hotelero, ¿lo sabes? Seguro le preocupa que… –le recuerda Sherri.

   -Entonces no debió joderla cuando buscó financiamiento de los Carteles en México. Ese si fue un problema que pudo hundirnos, no mis andanzas de cama.

   -¡No lo digas así! Él tan sólo buscaba capitales para una expansión, no sabía que esas personas eran delincuentes. –se irrita Gerri.

   -Lo sé, y no tuve problemas en dejar Texas y venirme para acá, a encargarme de los hoteles. Saben que habría preferido quedarme por allá. –es seco, y el no tener que verlos tan seguido queda flotando en el ambiente, hiriente.- Sé lo que hago. Te retiraste, papá, bien; él se encarga de la Padalecki-Oíl, perfecto. Nada sé de las andanzas del viejo Howard, no le debo nada ni a él ni a la loca que tiene por hija, y no voy a joder los hoteles. ¡Déjeme en paz!

……

   No se sintió liberado, o moderadamente mejor, hasta dejar la casa de sus padres. Los amaba, pero a veces resultaban irritantes. Desde que tenía uso de memoria sabía que terminaría trabajando con petróleo o en la rama hotelera. De ser por él, se habría quedado en Texas; le gustaba el trabajo de campo, bajo el sol y el inmenso cielo, un casco en la cabeza, el trabajo de fregado para sacar las manchas negras debajo de las uñas, pero estar tras la barra de los hoteles también era grato. Le gustaba que todo fuera perfecto, no hermoso o elegante, aunque no discutía con los mimos o lo sublime, pero si funcional. Que sus hoteles fueran los preferidos, los buscados, los reseñados. Igualmente levantarlo todo con sus manos, por ello el Padackle’s Plaza, era su hechura, por muchas bromas que tuviera que aguantar por el nombre. Era un hotel de calidad, sobrio, caro. Y allí tenía sus oficinas. Todas esas cosas, generalmente, le distraían, pero no siempre.

   Sí, todo iba bien, el mes siguiente irían mejor. Ganaba dinero. Pero no era suficiente. Quería un desafío, y una fusión multimillonaria, que abriría puertas en mil lugares nuevos, le esperanzaba. Algo qué hacer. Un reto. Como su matrimonio mismo. Amaba a Genevieve como se quería a sí mismo. Ella era divertida, hermosa y buena en la cama. Con imaginación y humor. Pero aún eso era… predecible. Seguro. Bien, al menos la quería, se recuerda. Y no iba a hacerle nada de gracia cuando supiera lo del ataque de los Howard contra la petrolera. No era celosa, pero odiaba a Bryce. Algún día le preguntaría el por qué.

   Bufa cuando su auto se detiene en su lugar en el estacionamiento y toma el ascensor directo. No le gustaba discutir con su padre, o irritar a su madre, pero a veces… Visitar la casona se volvía una agotadora carrera de obstáculos. Debía evitar temas, palabras, miradas; evadir a Jeff, su hermano mayor, y su mujer, la reina de las nieves; y a Megan, su hermana menor, que a veces era francamente cargante. Si, en esos momentos, irritado por el cruce de palabras con Gerri y los regaños de su madre, preferiría estar en Dallas o en San Antonio. Sale al alfombrado y elegante pasillo que lleva a mil oficinas. Le gusta la iluminación, los retratos, los cuadros, los muebles que observa detrás de puertas abiertas, pero en esos momentos nada le alegra. Entra en la recepción de su asistente privada, Alexis Bledel, quien en esos momentos reía de algo que Chad Murray, su mejor amigo, le cuenta.

   -Hola, Jared. –saluda ella con una sonrisa cautelosa. Le adivina el temperamento.

   -Al fin llegas, la hora de llegada alegre es lo buenos de ser jefe.

   -Ahora no, Chad. –le corta frío, sacando del bolsillo del saco el periódico doblado y tendiéndoselo.

   -¿Quieres que lea mi horóscopo?

   -Sólo si anuncia tu inminente muerte. –es seco y por primera vez el rubio entiende que está en problemas, lee. El castaño mira a Alexis.- ¿Dónde está Franco? –pregunta tajante.

   -Fue por unas copias. –informa mirándole.- ¿Todo bien?

   -¡Jared! –Chad palidece mientras lee.- No entiendo… -le mira.- ¿Por qué hacen esto?

   -El viejo Howard cuenta que quiere vengar el honor de su hijita, la misma con la que te pedí no salieras, y saliste. ¿Recuerdas de qué hablaron después de embriagarte? –pregunta acusándole.

   -¿Crees que yo…? –parece dolido. Jared entrecierra los ojos.

   -¿En serio, Chad? ¿Quieres que repasemos tus indiscreciones pasadas?

   -¡No le dije nada de los planes de tu hermano! –casi grita, ofendido y herido.

   Antes de que Jared responda entra a paso rápido el otro asistente, Dave Franco, el lleva y trae, joven, bajito, con una eterna sonrisa de nervios en su cara de niño; sonrisa que tiembla un tanto al notar el tormentoso ceño de su jefe.

   -Buenos días, señor, fui por… -comienza.

   -¿Cómo coño se enteró mi hermano de las conversaciones de fusión con Thomas Corteses? –le ve palidecer, Chad alza las cejas y Alexis se echa hacia atrás en su silla.

   -Yo… yo… -se atraganta, mirando desvalidamente hacia Alexis.

   -Jeff vino hace dos días, buscándote. Entró a tu oficina y… -cuando Jared se vuelve y la mira feroz, gime.- ¡Yo no estaba! Había ido al baño. Había tomado mucho café y mi vejiga…

   -Alexis…

   -Entró, yo clasificaba su correo, es su hermano y no pude sacarle. Se puso a revisar los papeles sobre el escritorio y… -se disculpa el joven.

   Jared, sintiendo que todo se juntaba, estalló y le gritó que a su oficina nadie entraba si no lo ordenaba. Le tacha de inútil por tener esos archivos ahí y por ese camino se va. Rugiendo le envía a redactar un memo interno donde se prohíbe bajo amenaza de perder la cabeza que alguien entre en su despacho sin ser citado y que se asegure de que su hermano reciba una copia. Casi llorando el joven sale a la carrera. El castaño queda respirando pesadamente.

   -Fuiste muy duro. –acota Alexis, dolida por el chico.

   -¡No comiences! –la corta.- Si no tuvieras la vejiga del tamaño de una cereza no habría pasado nada. Tuve que soportar los regaños de mi padre por no comentarles de mis aproximaciones con los Cortese. Y fuiste tú quien recomendó a ese retrasado mental. No sé en qué estabas pensando cuando lo hiciste, o yo cuando le acepté después de de verle intentar salir de mi oficina por la puerta del baño.

   -Estás imposible. –le corta ella, alterada, poniéndose de pie con dos carpetas en las manos.- Dejaré esto sobre tu escritorio, ¿será que puedo pasar?

   -¡Deja de joder! –la corta. Ella le lanza una fea pero falsa mirada de ira, y va hacia la puerta de cristal de la oficina del jefe.

   -Joder, amigo, creí que te había ido a la cama con esa chica que estaba en la barra anoche, no esperaba que amanecieras hoy con las mismas malas pulgas de ayer.

   -Esa es otra, la muy tonta me dejó un chupetón. –gruñe, ladeando la cabeza.- Y no olvido lo de Bryce. Dios, hay días cuando lo malo en la vida de uno son todos los demás.

   -¡No revelé nada en los vapores post coito!

   -No quiero detalles, coño. Y necesito más café para lidiar con esto. –se dirige a su oficina, entra y detiene con un gesto a una altiva Alexis que va saliendo.- Va a venir alguien a verme… Jensen… -intenta recordar. No puede, y como siempre, eso le molesta. Lo ve como una falla.- Jensen algo. Avísame.

   -¿Verás a alguien sin previa cita? Vaya, ¿alguien especial? –se intriga, más al verle fruncir el ceño.

   -¿Puedes creerme si te digo que no le recuerdo de nada?

……

   Por un buen rato Jared continúa igual. Reprendiendo a Dave por todo, de quien sentía ya no podría olvidar o disculpar que dejara que Jeff se metiera en sus cosas, y rechazó, con menos veneno, la idea de tomar un café con Chad. Cosa que dolió un tanto al otro, y le molestó. Igual que a Alexis, quien recibía los comentarios sobre el jefe. Dos o tres personas más pasaron por ahí y una de ellas, una abogada del Departamento Legal, parecía sollozar un poco mientras se alejaba a la carrera.

   Al castaño poco le importa en esos momentos los sentimientos de alguien. No con tantas cosas de las cuales ocuparse. Concerta una cita con Thomas Cortese, quien seguramente ya había escuchado algo del ataque a la Padalecki-Oíl, y aunque fue cordial, su enojo le impedía ser del todo amable. Luego intentó comunicarse con Bryce, pero la muy perra le colgó. El padre de la perra ni siquiera le atendió el teléfono. Momentos más tarde, para adobar el asado, Jeff le llamó por teléfono para reclamarle el haber metido la pata en esos asuntos, especialmente en lo del ataque a la compañía petrolera.

   -Pensé que ya tenías el contrato por esos pozos firmado, llevas semanas hablando de eso. –le corta Jared, un dolorcito de cabeza le ataca tras un ojo.- Si no perdieras tanto tiempo espiando qué hago, o con quien me acuesto, esto no habría pasado. ¡Y no quiero que vuelvas a entrar nunca a mi oficina si no estoy!

   -Siempre son tus aventuras de cama las que nos meten en problemas. –contraataca el otro.- Si no hubieras engañado a esa mujer su padre no estaría cobrándonosla ahora.

   -Vete a la mierda, Jeff. Y si quieres llama a papá y dile que te mandé para allá. –le corta y le cuelga. Si, la cabeza le dolía.

……

   -¿Si, buenas? –Alexis mira con curiosidad al hombre frente a ella, parece incómodo. O nervioso.

   -Eh, sí, tengo una cita con el señor Padalecki. –responde este, tragando en seco e intentando una sonrisa. Y la mujer entiende su aflicción.- Soy Jensen. Jensen Ackles. De Vigilancia le llamaron por mí hace poco.

   -Hummm, si, lo recuerdo, pero… Mira, este no es un buen momento para hablar con él. -ceñuda, ella recuerda lo de la cita de Jared. ¡Pero con lo iracundo que andaba!

   -Parece la historia de mi vida. –sonríe y algo cambia en él; a ella le gusta.- Me arriesgaré.

   -Okay. –toma el teléfono interno. Timbra y timbra. Gira los ojos y grita sin volverse.- ¡Atiende! –le oyen gruñir en la otra oficina.

   -¿Qué quieres, Alexis? No estoy de humor para nada ni nadie, ¿okay? –trona de tal manera que es claramente audible.

   -Te busca el señor…

   -¿No oyes bien? ¡No estoy para nadie! –ruge.

   -Jared… -Alexis se corta viendo el parpadeo del hombre frente a ella.

   -¡Para nadie! –ruge.

   Alexis, molesta, va a responderle algo, seguramente con veneno, pero Jensen se adelanta, rojo de cara, inclinándose sobre el escritorio y gritando al teléfono.

   -¡Maldito idiota, ¿no pudiste decirme eso por teléfono?! ¿Para qué me hiciste venir hasta aquí? ¡Vete al diablo, Padalecki! –ruge al igual que Jared poco antes. Luego mira a la desconcertada Alexis.- Lo siento, y gracias. –da media vuelta y se aleja a pasos rígidos. Furioso.

……

DAVE FRANCO

Dave Franco, leyendo la descripción me dio curiosidad; pues es hermano de James franco, y creo haberle visto en la serie del hospital, pero nada más. Tiene cara de buena gente. Y es bien parecido, como el hermano. ¿Le irá bien?

CONTINÚA … 2

Julio César.

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