MOMENTOS CALIENTES UN DOMINGO AL SOL

RATÓN… AL SOL

HOMBRES, BIKINIS Y TELEFONOS

   -Estoy angustiado, doctor, creo que fue mala idea probar con el bikini. Ya no son ideas mías, no estoy paranoico, ¡los hombres me miran con maldad! Especialmente los mocetones con pintas de deportistas universitarios llenos de testosteronas. Mientras iba del vestuario a la playa se detuvo a mi lado un jeep lleno de chicos así, con apenas veinte años cada uno. Me silbaron y dijeron “eso si está rico”. Querían que subiera con ellos, uno se palmeaba los muslos para que me sentara sobre su regazo, para llevarme a un lugarcito apartado donde me harían pasar un buen rato, gozando bastante. Los otros me miraban y se las sobaban sobre los bermudas, empalmados. Y… y… quería sentarme sobre ese chico e irme con ellos, doctor. ¿Eso no es como medio gay?

TIOS EN HILOS DENTALES BUSCANDO AMIGOS

   “Hey, bellezas”, dice la alegre y juvenil voz masculina de uno de los chicos, recorriéndolos, como los otros dos, con la mirada; “mis camaradas y yo nos preguntábamos si no querrían que les aplicáramos más bronceador. Tenemos las manos grandes”, informa y todos medio ríen. “De hecho lo tenemos todo muy grande, princesas”, interviene otro. Los dos tíos ríen, halagados de los piropos de los muy jóvenes y uniformados marineritos. “¿No creen más bien que ya tenemos demasiado aceite aplicado?”, responde uno todo amanerado. El otro los mira tras sus anteojos, “si, nos pusimos demasiado. Tenemos los culos lubricados… tanto que donde nos sentemos cualquier cosa se nos resbalaría dentro fácilmente”, termina y ríen a dúo. Los tres chicos se miran entre sí, el del centro se agarra una vaina dura y larga que le destaca en el pantalón, “me parece que sólo son palabras, nenas, vamos tras los vestuarios para ver qué pasa”.

BRONCEADO, SEXY Y CALIENTE

   El atractivo hombre, después de causar revuelo llegando con su tamaño, su pinta y su bronceado con una muy diminuta sunga, se dedicó a leer su libro, ignorando las miradas de un tipo gordito, de barba y bigote, con pinta de descuidado, que le miraba y miraba. Ignora nuestro apuesto chico que cuando iba a sentarse, un osado pillo de la playa, el ladrón de tangas, le había dejado sin nada. No lo notó, y cuando se sentaba, las nalgas abriéndose, casi mataron de un infarto al gordito feillo, que desde ese momento le clavó los ojos. Más tarde, cuando se puso de pie, atrayendo muchas miradas de sorpresa, con espanto notó que estaba desnudo. Gritó, agitado de vergüenza, tropezando y cayendo de frente sobre el gordito, quien le abrazó. “Qué vaina amigo, yo le ayudó”, dijo este, emocionado, sintiendo el miembro suave del tipo contra su pecho, y con una mano se lo cubrió, “así que le gustan los hilos dentales, veamos qué puedo hacer”, le dijo antes de llevar la otra mano a su firme trasero, hundiendo tres dedos en la raja. Empujando y empujando. Efectivamente ayudando.

CUALQUIER DÍA DE ASUETO

Julio César.

NOTA: Todas las imágenes han sido tomadas de portales gratuitos; me aseguran que estás también (no las encontré yo). Me dicen, y cuesta creer que la gente sea tan… osada, que muchas están en Facebook. Qué nadie se moleste, por favor. Aunque con esas pintas… seguro que esos carajos se divierten bastante, ¿no?

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