LENGUAS QUE CONVENCEN

EL INFIERNO DEL INDECISO

LA LENGUA ENTRE LAS MEJILLOTAS

   Mimando a una princesa…

   No debió ser sorpresa para el musculoso y masculino chico cuando le emboscó a la hora de las duchas en aquel privado, todos en esa fábrica sabían que gustaba de comer papaya. De saborear mientras lengüeteaba, clavándola. Sonríe oyéndole gemir, después de los gritos iniciales de que se alejara de él. Disgusto que muriera casi mágicamente cuando la sedosa, húmeda y cálida lengua comenzara a trabajar, de una manera intensa y experta. Por los estremecimientos del otro sabe que lo hace bien. Aunque ya lo sabía. Era ese un chico afortunado, aunque algo grosero y malandrón, también era culón, como siempre lo eran los hermanos de color… quienes jamás se resistían a una lengua traviesa. Chasquea, sorbe y entra, haciéndole gritar pero no ahora de disgusto; no se sentía mal haciendo aquello, le gustaba… y era el regalito que les daba antes de abrírselos con la tranca.

LA TRAMPA

Julio César.

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