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LOS CONTROLADORES… 31

julio 30, 2016

LOS CONTROLADORES                         … 30

SEXY

   -¿No me quieres servir?

……

   La hermosa y joven mujer negra (parecía de esas personas imposible de clasificar por edad), entra en la biblioteca silenciosamente; su paso es felino, elegante, haciéndola más vistosa si cupiera. Es alta y delgada pero de buenas curvas, aunque a decir verdad eran esos sus atributos menos llamativo. Gea es una mujer impresionante de por sí, pero infinitamente aún más por el conocimiento que parece ocultar tras sus ojos negros, totalmente oscuros, como si la luz no se reflejara jamás en ellos. El cabello grueso pero lacio, largo, le llega a media espalda, cubriendo también uno de sus hombros. Usa un vestido llamativo, mangas largas claro, que abraza su buena figura y se abre a los lados en sus muslos. Se veía exótica y misteriosa, indudablemente sensual. Cosa que no le importa. Pocas cosas lo hacían ahora.

   Mira al hombre joven y pálido, de anteojos y cabello negro, lacio también, muy fino que cae sobre su frente despejada, que mira por el ventanal hacia afuera, a ese día que ya comenzaba a declinar en tarde. Por un segundo la mujer tiene la idea de que el otro envidia a la gente que ve cruzar frente a la casona, apurados, rientes, conversadores. Libres. El sombrío joven parecía extrañar la vida.

   -No seas dramática. –le dice este, sin volverse.

   -Tu juego es peligroso. –responde ella con buena entonación y modulación, hasta su voz era perfecta.- Te metes en una pequeña jaula en llamas y llena de tigres. Tenemos enemigos y tú… Joanna y especialmente Sabrina terminarán descubriéndolo todo, lo sabes, ¿verdad? –espera, este toma aire y la mira, vacío de toda expresión.

   -Para entonces ya no importará. Todo se habrá consumado. –informa, y ella quisiera poder entrar en su mente, entender qué esperaba conseguir.- No te gustaría. –le sonríe, más pálido, golpeándose con un dedo la frente. La estudia.- ¿Joanna nos traicionará? –quiere saber.

   -Depende de si es traición enfrentarte. –se encoge de hombros, cerrando su mente.- Deja que vayamos por ellos, por los controladores, sabemos dónde encontrarles. Contengamos esto antes de que sea tarde. No lo dejes llegar a su meta, sabes lo horrible que será. La cantidad de gente que será destruida.

   -Gea…

   -No lo entiendo, ¿acaso no entiendes lo que te mostré? ¿Lo que ese sujeto hará de Caracas? Y ese será sólo el principio. ¡Hay que detenerlo ahora! –demanda airada, con el tono de una princesa, lo que es en realidad.

   -No es tiempo aún. Tranquilízate, todo saldrá bien. Te lo juro. –la mira  con curiosidad, ¿qué haría la poderosa mujer? Incluso él le temía.

   -Quisiera poder creerte. –es la fría replica y se aleja.

   Por un segundo, el joven siente el deseo de incorporarse, alcanzarla, explicarle, pedirle que esperara. Pero sabe que ya no la encontraría. Quién sabe dónde estaría ya.

……

   Emilio Nóbregas traga en seco, incapaz de controlarse, cuando el toque a la puerta de su casa se repite y abre casi bruscamente, exponiendo su esbelto cuerpo de adolecente atleta, fibroso, oscuro, cubierto con un bóxer blanco donde destaca un miembro algo alborotado.

   -¿Si? –pregunta como si tal cosa, como si no supiera de antemano que allí estaría el chico que llevaba los botellones de agua; una mirada húmeda se destaca en su rostro oscuro al notar la sorpresa del otro, que lo recorre de pies a cabeza.

   -El agua mineral. –anuncia. ¿Qué coño…?, piensa para sus adentros. ¿Quién abría una puerta así?

   -Entra. Ya sabes dónde está la cocina. –le permite la entrada con voz algo urgida, dándole la espalda y emprendiendo la marcha.

   Los ojos del mocetón caen como dardos sobre ese trasero joven, altanero, redondo y paradito dentro del bóxer blanco, uno no muy largo… que traga la tela como si se la hubiera metido con los dedos. ¿Para recibirle?, se pregunta algo intrigado. Conocía al joven y nunca le había notado nada raro.

   -¿Y la señora? –siempre trataba con la mamá, una mujer avinagrada que invariablemente parecía molesta.

   -Salió. Tengo lo tuyo. –le mira sobre un hombro, ¿con picardía? ¿Con dobles intensiones en sus palabras?, el joven se pregunta, sonriendo tenue. Sabía lo que su cuerpo causaba en algunos mariconcitos cuando les llevaba el agua. Y en uno que otro don, también. Las propinas eran buenas.

   -¿Y me lo vas a dar? –pregunta con intensión, jugando, ¿cierto? La risita del otro, sus ojos brillantes, le provocan un escalofrío nuevo, desconocido.

   -Si lo quieres… -y sigue su camino. Automáticamente los ojos del joven van a ese culo, experimentando cierto repeluzco, pero también curiosidad.- ¿No es cansado ese trabajo? ¿Cargar toda esa agua?

   -Algo, pero es trabajo.

   -Por lo menos te sirve, tienes un gran cuerpo. –comenta osadamente, ya no pensaba con claridad. El otro se queda paralizado por un segundo, luego sonríe.

   -Gracias. A mucha gente le gusta. –y nuevamente los ojos van a ese trasero que se agita, firme, moliendo la tela del bóxer entre ellas mientras Emilio camina. Un culote grande, como el de casi todos los negros, se dice.

   Sonriendo nota el tensar del chico que pega el culo de la cocina con seis quemadores, cuando se dobla dejando el botellón de agua en el piso. Casi podía sentir su mirada como una caricia sobre la espalda y los brazos. Y si, estaba como más duro dentro del ajustado bóxer blanco, el cual destacaba increíble sobre su joven piel oscura, se descubre pensando. Se alza, se miran, nadie dice nada.

   -¿Tienes sed? –voz algo temblorosa, Emilio le pregunta.

   -Mucha. Hace calor. –responde recorriéndose con el dorso la frente, bajando la mano y con la punta de los dedos tocándose un poco el torso. Le divierte notar que el negrito maricón casi jadea.

   -¿Jugo o refresco?

   -Lo que quieras darme.

   La respuesta parece estremecer al Emilio, quien se vuelve, abre la nevera y se extiende para tomar un vaso del alto gabinete sobre el electrodoméstico, casi alzándose en la punta de los pies descalzos, el culo algo contraído, mordiendo la tela del bóxer de una manera totalmente erótica. Y los ojos del muchacho del agua no pueden apartarse de allí.

   Mierda, si eso no era una invitación…

   Algo tenso, temblorosos de ganas pero también de temor, por lo que siente (aunque sabe que esa guerra está perdida, no puede contenerse), y el ser rechazado por el otro, Emilio alcanza uno de los vasos buenos de su mamá, cuando siente una mano delgada pero firme y fuerte que casi se mete entre sus nalgas, empujando más la tela contra la piel, tocándole allí, y que comienza a subir y bajar, refregándole la raja del culo sobre el calzoncillo.

   -¡Ahhh! –se le escapa y con ojos nublados le mira.- Pero, ¿qué haces? –el chico está a su lado, mirada oscura, tocarle pareció volarle los tapones.

   -¿No es lo que quieres, negrito maricón? –responde con la pregunta e intensifica las sobadas, sube y baja la mano entre las nalgas, pero sus dedos también se agitan y en un momento dado, un tanto por debajo del hueco del culo, sobre el bóxer, rasca y le provoca cosquillas y calambres.

   -Ahhh… -es todo lo que puede responder Emilio, alzando más su culo, de manera inconsciente, echándolo también hacia atrás y separando las piernas. Dejándole hacer lo que quiera. Que tocara lo que gustara. Que tomara lo que deseara. La idea le es natural, fácil. Automática.

   -¡Maricón! –casi le acusa entre dientes, moviendo más la mano y los dedos, sabiendo que tocaba el botoncito que enloquecía al culón. Personalmente nunca le había ido toda esa vaina de lo gay más allá de paja con los amigos viendo porno, pero como muchacho vivía caliente y todo mogote bien merecía ser tanteado por su palo. Y, tal veraz, podría sacarle una buena mamada de güevo a ese negrito maricón de culo caliente. Ya imaginaba su tolete separándole los gruesos labios, cogiéndole la boca, ahogándole con carne dura, baba de güevo, semen y la propia saliva del chico.

   -No, yo no… -Emilio intenta defenderse de la palabrita, una que ha usado antes para insultar a muchos, pero calla para gemir.- Hummm… -le gusta, le gusta sentir esa mano atrevida y osada tocándole, esos dedos sobre su culo… Y comienza a menearlo, de arriba abajo contra la mano del joven macho, provocando la risa del otro.

   -¡Ah, negrito maricón! –le repite despectivo, pero también caliente. Con una mueca casi predadora, mordiéndose la lengua, mueve un dedo en el firme trasero de otro chico, y tanteando encuentra la entrada y empuja como deseando entrar con todo y la tela del bóxer, siendo recompensado por profundos jadeos del otro.

   Loco de lujuria, por la edad y el platillo tan fácilmente ofrecido, y en el cual podía saciar la eterna hambre de sexo, el muchacho hace algo que generalmente creería sucio, cochino como nada, y así, osadamente, mete una mano dentro del ajustado bóxer, palma abierta, recorriendo la tersa y cálida piel del joven, que se eriza bajo su roce, y enfila un dedo hacia ese culo algo peludo, penetrándolo sin mayores miramientos. No estaba como para eso.

   -¡Ahhh! –ladra Emilio, tensándose sus nalgas, echando la cabeza un tanto hacia atrás. Era un gemido de placer. El dedo entrándole rudamente le había, por un segundo, calmado un tanto ese calorón, el cual regresó en seguida con mayor fuerza.

   -¡Maricón! –le gruñe casi al oído, ronco de lujuria, el joven carga botellones de agua, su dedo totalmente clavado en aquel culito apretado, sedoso y ardiente.

   En verdad andaba buscando tan sólo una mamada, una boca era una boca, pero en cuando siente la forma en la cual ese culo atrapa, hala y hasta masajea su dedo, totalmente adherido a él, el güevo, hace rato erecto contra la holgada tela del jeans, le pulsa y babea. ¡Su verga quería culo! Saca un poco el dedo y vuelve a clavarlo, una y otra vez, adentro y afuera del algo peludo agujero del nalgón chico negro, y los gemidos de este se incrementan, como el vaivén de sus caderas, buscando el dedo y ser penetrado.

   -Oh, Dios, oh Dios… -estremeciéndose presa de poderosas convulsiones de deseo, Emilio es incapaz de entender aquello, o creer qué le ocurre. Sólo es consciente del indescriptible placer que le brinda ese dedo que penetra y sale de su culo, rozándole, rascándole un tanto cuando, con ese conocimiento instintivo del hombre para con el sexo, el chico lo flexiona un poco.- Ahhh…

   -Eres tan marica. –le ruge entre dientes, gozando de tenerle así, el bóxer por debajo de sus nalgas, cogiéndole con un dedo. Había algo en los redondos glúteos oscuros y ese agujero en donde aparecía y desaparecía su propio dedo que lo tenía al borde- Te gusta esto, ¿verdad? Que otros chicos jurunguen tu culo, que te metan vainas por el hueco. ¿Qué otra cosas te metes? ¿Güevos? ¿Te gustan los güevos? –demanda saber, cogiéndole aún más rápido con el dedo.- Te voy a coger duro, a llenarte con mi güevo y dejarte el culo lleno de leche, lo sabes, ¿verdad, negrito maricón?

CONTINÚA … 32

Julio César.

EN MANOS DE LA LEY

julio 30, 2016

INDEMNIZADOS

SEX COP GAY

   El sargento Vergatti no es un policía egoísta, siempre deja que otros agentes toquen su arma… todo lo que quieran.

PEQUEÑA TENTACION

Julio César.

PARADOJA

julio 30, 2016

INTRUSION

MUSCULOSO EN TANGA MOJADA

   Cuando sale de la piscina chorreando agua, a los chicos presentes se les secan las bocas.

EL SOSPECHOSO

Julio César.

CONATEL RECULA CON EL AUMENTO DE LA TELEFONIA

julio 30, 2016

LA RAIZ DEL MIEDO REVOLUCIONARIO

CONATEL, CENSOR DE LA LIBERTAD DE EXPRESION

   Por eso estamos como estamos, no hay quien gobierne.

   Una de las comidillas de la semana, en medio de la habladera de paja del Gobierno contra la Asamblea Nacional porque no se le somete, la obsesión cuasi sexual con Henry Ramos Allup (contestatario presidente del Parlamento), y la total indiferencia del país para con el natalicio del Difunto (le hicieron demasiado daño a su memoria de diciembre para acá), fue el aumento de las tarifas telefónicas y del internet. Gente que pagaba planes peorros de setecientos bolívares (yo), pasaban a pagar mil ochocientos y hasta dos mil cien.

   El clamor y la rabia fue tal, todos hablando de abandonar los planes mensuales y entrar con las rentas más básicas (sacando a los ricos de cuna y a los revolucionarios groseramente enriquecidos en estos años, el grueso de lo que mantienen a las compañías son personas con sueldo casi mínimo), que el Gobierno reculó a través del órgano censor de los medios de comunicación, la siniestra CONATEL, y echa para atrás los aumentos. Y es cuando se le nota la piratería a esta gente, y que nadie manda en verdad en venezuela. Los aumentos de tarifa fueron aprobados por el Gobierno, no fue que Digitel hizo lo que le dio la gana, o Movistar, no, eso se consultó y decidieron que sí, que había que hacerlo. ¿Acaso dentro del régimen nadie leyó lo que hacían, o no sabían lo que hacían? Ante el disgusto general, esta gente recula y deja a los demás como únicos responsables.

   ¿Acaso no se sabía qué esto ocurriría? Ese aumento se esperaba desde la mega devaluación de enero, el aumento de las tarifas de los servicios es una de las iniciativas de los paquetes neoliberales, como este brutal que implementó Nicolás Maduro Moros a principios de año, aunque, con esa irresponsabilidad típica de izquierda, se niega aceptar su responsabilidad en las consecuencias. Nadie sabe, nadie fue. Todo va haciéndose sobre la marcha para ver qué tal sale. Siendo tal inútiles uno se pregunta ¿por qué carajo no terminan de irse y que otro se ocupe del trabajo?

EL TSJ Y LOS DIPUTADOS DE AMAZONAS

Julio César.

OSCURO AMOR… 18

julio 28, 2016

OSCURO AMOR                         … 17

Por Leroy G

   Dedicado al amigo Marcos, a quien tanto le gustó el relato…

MUSCULOSO EN HILO DENTAL ROJO

   Le encanta su vida.

……

   E inicia el acercamiento, besa al joven más bajo, labios entreabiertos para que este responda y meta su lengua, como el macho que es. Y se lamen y chupan ruidosamente, Marcos gozando de tenerle así, tan sexy y caliente, tan grande y guapo, en esas pequeñas prendas de vestir, pesado sobre su regazo, donde su tolete pulsa y babea.

   Miran el juego y siguen besándose, pero ahora las manos de Marcos acarician los pronunciados pectorales, pellizca los sensibles pezones (esa noche le colocaría nuevamente los chupones, estaban grandes pero los quería aún más, que todos los notaran bajo sus ropas las pocas veces que le permitiera usarlas para salir), haciéndole ronronear y estremecerse sobre su tolete. Con un ojo el chico mira el partido, enfocando al jugador luso, seguramente soñando con domarle y someterle a sus deseos, mientras empuja sus caderas hacia arriba.

   Sin despojarle de nada, teniéndole de panza sobre el sofá, excepto su alzado trasero redondo expuesto por el suspensorio, Marcos le penetra desde atrás, mirándole con una mueca lujuriosa de dominio y control mientras lo llena de güevo con certeros golpes de caderas. Lleva el bermudas un poco más abajo de su culo mientras le empuja la erecta tranca por el ávido agujero que lo atrapa, hala y chupa con su cálido beso. Sonríe al escucharle gemir, totalmente en el nirvana mientras las paredes de su recto son refregadas y abiertas por la ardiente mole de carne masculina. Pero también sonríe ante la posición adoptada por el otro. Mauricio, bonito y musculoso dentro de su camiseta, suspensorio y zapatos sin medias, gime de gozo mientras tiene el cabeza más baja que el plano de su trasero, mirándole sobre un hombro cuando no cierra los ojos por el placer que experimenta; trasero que no sólo se alza, sino que se tiende hacia atrás para facilitar el trabajo y los deseos del macho. Aunque su tolete no estuviera atrapado dentro de la pequeña jaula de castidad, no podría tocarse, acariciarse o masturbarse, eso había terminado para él. Su único placer vendría de la manipulación, del uso que otros hombres, ¡su hombre!, diera a su culo. Era la posición del sumiso, eso había sido grabado en su mente.

   Y mientras le coge así, tendiéndose un poco sobre él, Marcos le aplasta un lado de la cara contra el mueble, reteniéndole con una mano, ambos mirando hacia el televisor donde el juego se desarrolla. Sintiendo la barra abriéndole el esfínter, separando las paredes de su recto, llenándolas con la joven, dura, cálida y nervuda pieza que la refriega, Mauricio tan sólo puede gemir en éxtasis. Y al ritmo del tolete saliendo casi hasta el glande, para volver a enterrársele con un golpe certero, golpeándole con las bolas, el muchacho, confuso, controlado y dominado, sonríe de manera tonta, cara roja, gemidos de agónico placer llenando la estancia. Le parecía increíble haber vivido tanto tiempo sin sentir un güevo en sus entrañas, llenándole y haciéndole sentirse realizado. Nada se comparaba a lo que sentía en esos momentos cuando Marcos alzaba y bajaba sus caderas, rudo, rápido, empujándole el enorme tolete en las entrañas y provocándole una mueca de gozo.

   -Coño, no me canso de esto, de llenar tu agujerito de amor, tan estrecho, tan apretadito y caliente… -le gruñe Marcos al oído, bajando, colando una mano y acariciándole el pene sobre la jaula de castidad y el suspensorio, provocándole nuevos gemidos.- Nunca he cogido un culo como el tuyo antes, sabía que así sería, especial. – agrega al tiempo que incrementa sus embestidas, como deseando ir aún más adentro del objeto de su obsesión, de su amor.

   Mientras jadea y babea por la boca abierta sobre el mueble, Mauricio se dice que sería genial poder masturbarse, conseguir una buena corrida. Pero la idea la sabe mal a él mismo. No, así estaba mejor, como decía, y hacía Marcos. El placer indescriptible que experimentaba cuando su culo era cepillado de aquella manera no podía compararse a nada vivido antes, eso tenía que admitirlo.  Una gran sonrisa de felicidad cuerva sus labios al tiempo que aprieta y afloja su agujero, ávidamente, deseando atrapar ese tolete pulsante. Retenerlo para sentirlo siempre.

   -¡Tómalo todo, puto, tómalo así! –le ruge Marcos, y eso sonaba extrañamente a ayer, a casa, se dice Mauricio, casi ronroneando contra el mueble, recordando vagamente esas noches escuchando como el otro enculaba y hacía gritar y delirar a sus putos. Ahora él era su puto.  La dicha y el orgullo le inundan. O sería…

   -¡Ahhh…! –grita con voz aguda, abriendo mucho los ojos, sintiendo la corrida que el otro estaba depositando en sus entrañas en medio de espasmos.

   -Oh, mierda, contigo no duro nada. –casi parecía frustrado, mordiéndole en el cuello, todavía llenándole el culo de esperma, las bolas contrayéndosele.

   Un hilillo de líquido espeso escapa de la jaula de castidad y moja el suspensorio. Sin erección, Mauricio encontraba desahogo. Era su vida ahora. Y repitieron.

   Esa noche, agotado, su culo todavía algo enlechado, Mauricio cayó en su cama, desnudo, siendo repasado por la rasuradora, sobre todo sus genitales y culo. Debió sentir alivio sin la jaula pero… la extrañaba. Cuando Marcos, mirándole y sonriéndole, se la coloca, nota la molestia. Era una más pequeña. Eso le hizo ronronear por alguna razón. Aunque no tanto como cuando los pequeños chupones cubrieron sus pezones, presionando de una manera intensa, erectándolos más allá de sus límites naturales, o los que alcanzaban ahora. Su culo fue ocupado por un butt plug.

   -¿Estás bien? –le pregunta Marcos, inclinando el rostro hacia el suyo, a lo que asiente sumisamente, provocándole una sonrisa.- Pronto compartiremos nuestro lecho nupcial, y no vas a salir ya nunca más de mi cama. ¿Eso te gustaría?

   -Si, amor. –es la respuesta sonreída, mejillas rojas.

   El beso que comparten es lento, pero profundo. Marcos bucea en su boca, chupa y lame, es casi mordelón. Si, le costará bastante dejarle allí, pero eso terminaría pronto. Finalmente le coloca son los audífonos, eran los últimos cambios de personalidad, obediencia y desinhibición. Todo muy necesario.

……

   Si en cierto edificio, dos colegios privados y un gimnasio cercano se preguntaban dónde estaría cierto gocho bonito y caliente, una familia se inquietaba abiertamente pensando en él, recibiendo correos electrónicos de vez en cuando y transferencias con algo de dinero para la madre del mismo, siempre diciendo que estaba bien, sin dejar una dirección o un número telefónico. Nadie sabía nada de Mauricio Valdez. Aunque si era conocido en su nuevo condominio. Y nadie dudaba de su condición sexual, o de su “pertenencia” a otro chico que era increíblemente amoroso y atento con él, aunque algunos juraban haber escuchado que de cierta ventana partían gritos de “si, puta caliente, mueve ese culo así, tómalo como la puta que eres”, mientras alguien más, presumiblemente la joven y bonita montaña de músculos, gemía con entrega, pidiendo más y más. Eso tenía a algunas señoras inquietas, a muchos muchachos calientes, y a uno que otro carajo curioso.

   Marcos le quería fuerte, por eso se inscribieron en un nuevo gym, donde causaron sensación. Marcos era un tipo agradable, delgado pero fibroso, e iba con Mauricio, que era musculoso, alto y fuerte, vistiendo diminutos y ajustados shorts y camisetas casi entalladas en su cuerpo, todo de lo más coloridamente gay. Los ojos no podían dejar de seguirle cuando iba de aquí para allá, llevando debajo de los shorts algún suspensorio que permitía adivinar su trasero, el cual mordía la tela. Otras veces eran los hilos dentales, el fuerte chico desvistiéndose en los vestuarios usando aquellas cositas, notándose que llevaba una jaula de castidad, causaba furor. Marcos parecía exhibirle, divertido de verle actuar desenvuelto, olvidados sus primeros resquemores a llevar esas ropas que luego le encantaron, o enseñar sus hilos donde se adivinaba la jaula mientras mostraba un trasero redondo y maravilloso que captaba aún más miradas oscuras y lujuriosas de esos hombres. A veces, sintiéndose algo incómodo, Marcos le permitía ir sin la jaula, su pene, flácido y pequeño, totalmente lampiño, se adivinaba bajo los cortos shorts ajustados de licra, al no llevar nada más.

   No era raro que en los vestuarios, dentro de un privado, con el rostro contra la división, ojos cerrados y boca ligeramente abierta, Mauricio dejara escapar sus gemidos, totalmente desnudo, con Marcos detrás, cogiéndole, ardiendo al verle, caliente al poseerle en cuerpo y mente, excitado de toda una jornada de ver tíos comiéndoselo con los ojos. Mientras le cogía, apretando los dientes, sus manos lo recorrían, la ancha espalda, el musculoso torso, los pronunciados pectorales, el abdomen en cuadritos, la delgada cintura. Era increíble tenerle así, entregado, sumiso, meciendo sus nalgas plenas de adelante atrás, tragando y dejando salir de su culo caliente esa mole de carne dura, en un baño del gimnasio. Saben que hay quienes oyen afuera, duros y sobándose. Pero nadie reportándolo.

   A veces, entre alimentos sazonados y batidos proteicos, Mauricio andaba más caliente que de costumbre, su pene aplastado contra la cada vez más chica jaula de castidad, sus pezones erectos totalmente, increíblemente llamativos bajo sus franelas ajustadas, o cuando sus pectorales estaban libres en sus camisetas, atrayendo los ojos. En esos días, cuando estaba más caliente que nunca, Marcos le hacía ir al gimnasio llevando un butt plug, fijándolo en su lugar con la tira del hilo dental del momento. Y realizar sus rutinas llevándolo clavado, abriéndole, rozándole, le mareaba. Era cuando iba a los vestuarios, sabiendo lo que ocurriría, y encontraba a Marcos con dos tíos jóvenes y musculosos esperándole. El chico sonreía con coquetería y excitación al verles, estos sonriendo torvos se le acercaban y tocaban, lo acariciaban, apretaban sus tetillas cercándoles por delante y por detrás, su cuerpo siendo recorrido sobre y debajo de sus ropas. Mirarle así excitaba a Marcos, y a él le complacía complacerle. Además… en esos momentos necesitaba machos.

   No pasaba mucho tiempo antes de que, en las duchas, bajo los chorros de agua, estuviera en cuatro patas, gloriosamente desnudo, grande y musculoso, lampiño y rojizo, su jaula de castidad conteniéndole, siendo penetrado su culo por Marcos, y la boca que iba de una a otra verga tiesa. A su hombre le excitaba compartirle así, pero su culo, su coño, no. Ese era sólo suyo. No pasaba una semana sin que “trabaran conocimiento” con otros chicos así, chicos que… A Mauricio no le gusta pensarlo, le provocaba algo de celos e inquietud, pero algo le decía que Marcos le usaba como gancho para atraer chicos grandes, masculinos y groseros, para transformarles y cederlos, mediante ciertos pagos, a otros sujetos en el gimnasio, menos acuerpados o guapos. Como fuera, tenían dinero para cenas, cine y paseos. Le encantaba la playa, dorarse todo, con su enorme cuerpo en alguna chica tanga blanca que atraía miradas y excitaba a Marcos. Era la dicha…

   Pero la vida ordinaria tenía sus retos, a veces, mientras iba a sus clases, su trabajo en el laboratorio y otros asuntos (sospechaba que su negocio de cosechar putos), a veces nuestro cambiado chico tenía mucho tiempo a solas, y los solo consoladores no eran suficiente. Aseaba la casa usando tan sólo una tanga, o un suspensorio, ocupándose de todo, entonces, travieso, salía vistiendo un ajustado shorts a botar la basura, uno donde se adivinaba, y a veces se veía, los contornos de sus tangas hilos dentales, notando las miradas de los machos vecinos clavados en su trasero. Y le encantaba, pero Marcos, pillándole, fingía no entenderlo cuando se enteraba.

   -He oído que te has portado mal. –le dice, vistiendo sus ropas de trabajo, sentado en el sofá de la sala.

   -¿Que hice? –pregunta con una vocecita tímida.

   -Lo sabes muy bien. ¡Les mostrabas a los vecinos tus encantos! ¿Quieres tener problemas con las vecinas celosas? Mereces un castigo. -le responde con una mueca libidinosa.

   Le atrapa una mano mientras Mauricio sonríe, y le hala. El enorme y musculoso chico, cada vez más fibroso, cae de panza sobre su regazo y ambos ríen. E incapaz de contenerse como ocurre cada vez que le tiene así, Marcos se recrea recorriéndole las nalgas tersas y duras con las manos, expuestas por el suspensorio, metiendo los dedos en la raja depilada y dándole toquecitos al culo. Sonríe al ver como se esponja el otro, separando las piernas, permitiéndole el acceso a su lugarcito secreto. Al chico le gustaba que jugara con su botoncito cerrado. Mete un dedo y Mauricio deja de reír, aunque sonríe, ojos empañados y boca llena de agua, la expresión de la lujuria misma, mientras siente como ese dedo, que se flexiona un tanto, entra y sale de sus entrañas. Sabe, aunque ignora que es parte del programa, que su coño se estaba mojando otra vez. Gime abiertamente mientras sube y baja sus nalgas, buscando el dedo, que se ve acompañado de otro, y esos dos dedos hacen una enorme diferencia en su interior. Cierra los ojos para recrearse en aquella sensación.

   -Dios, tiene el coño tan húmedo y caliente, me chupa los dedos que da gusto. –oye las palabras de Marcos, que parecen las suyas propias.- ¿Recuerdas cuando creías que te gustaban las mujeres y que eras heterosexual? –la burla se nota en el tono mientras se ríe.- Ahora mírate, tu coño vive en llamas y necesitado de ser llenado. –esas frases hacen ronronear de anticipación al musculoso joven, que sin abrirlos los ojos separa más sus húmedos labios en una enorme sonrisa, sintiéndolo, la cabeza roma de uno de los consoladores.

   Es uno blanco translucido, muy grueso a decir verdad. Con una mueca de lujuria y decisión, mirando la punta del juguete y el ojete ahora sin dedos, Marcos lo empuja y aplasta hacia adentro los labios de ese orificio, lo penetra aunque parece demasiado grueso para ese calibre. Y Mauricio arruga la frente, gruñendo como si le doliera, todo tenso, aceptándolo. El juguete se clava lentamente y debería molestar, dolerle.

   -¿Muy grueso, puto? Pensé que querías acción. ¿No era para esto que incitabas a los machos de la cuadra? ¿Acaso quieres otro marido?

   -No. No… sólo tú. –le gime, mirándole suplicante, un tercio del enorme consolador clavado.

   Pronto está boca abajo sobre ese mueble, siendo penetrado por un Marcos que disfruta pero parece querer castigarle. Era un joven oscuro, perturbado y complejo. Le gustaba lucir a su Mauricio, que lo codiciaran otros hombres; pero era celoso… si el chico se ofrecía. Este, sonriendo nuevamente feliz, lo acepta. Cuando no lo sentía llenándole el culo la pasaba muy mal.

   -¿Quién eres? –oye que la pregunta sale ronca, casi rabiosa, entre jadeos. Y Mauricio vuelve el rostro sobre un hombro, mirándole fijamente, sonriendo dichoso.

   -Tu puto. Sólo tuyo.

AMA DE CASA

Julio César.

MUSCLE BOYS

julio 28, 2016

CORTITOS

SEXY MAN

   Para torturar a sus amigos mostraba una tanga al desvestirse, para luego salir con eso.

CHICO CULON

   Fijas: siempre le toca el lado de los sin camisas, y después de un rato de juego tendrá el shorts en las rodillas.

HOT BOYS

Julio César.

LA COSA ESTA DE ESPANTO

julio 28, 2016

¿OTRA DE HALLOWEEN?

LA LLORONA EN LA FERIA ESCOLAR

   Para septiembre será de terror invidente.

   Fue en el portal del Chigüire Bipolar donde encontré la imagen y nota sobre el famoso espanto que recorre los llanos de Venezuela aterrorizando a los hombres díscolos. En pleno día, en las plazas de Caracas donde se hacen las ferias de útiles escolares, la muerta aparece mientras padres, representantes, y los mismos vendedores lanzan gritos aterrorizados, seguidos de un llanto desconsolado, oyéndose los típicos “mis hijos, mis hijos, ¿cómo hago ahora con mis hijos?”; pero no era por la conocida Llorona, era por los precios. Precios que, como sostiene El Chigüire Bipolar, dejan catatónica a la aparición que en el acto deja de buscar a sus hijos.

El Chigüire Bipolar ‏@ChiguireBipolar  

SEXO DEBIL

Julio César.

FAVOR

julio 28, 2016

INDEMNIZADOS

NOCHES DE LOCURA Y PASION GAY

   Harto de ver al cuñado encerrado jugando con su mano viendo el empapelado de tíos en trusa, le ayuda… cada dos noches.

EN MANOS DE LA LEY

Julio César.

SI ERES MACHO…

julio 28, 2016

LA LLAVE DEL FONTANERO

LICRA, TATUAJES Y CALIENTE

   …Acepta su reto.

   -¡Maldito hijo de puta, voy a cerrarte esa sucia boca para que no puedas decir nada más de mi equipo de lucha! –ruge, disponiéndose a caerle encima, y a no manchar su uniforme en una pelea en el sucio y solitario sanitario de hombres. O tal vez pensaba silenciarle llenándole la boca de… duros argumentos.

LOS PLACERES DE LA RUTINA

Julio César.

EL BROMANCE

julio 28, 2016

PSICÓPATA AMERICANO

ENTRE AMIGOS

   ¿Qué nos gusta de los amigos?

   Una vez, hace tiempo, cuando comencé con todo esto al entrar en los foros donde se discutía sobre la película Brokeback Mountain, se hizo toda una reseña sobre las clases de amor, porque eso era lo que sabíamos que había entre Ennis del Mar y Jack Twist. Habló una persona sobre la pasión heterosexual, la homo, bis y otras muchas variedades. Fue cuando apareció una dama sosteniendo que había personas que no respondían a ninguna etiqueta, que simplemente se enamoraban, en toda su vida, de otra persona y ya, como le ocurrió a Ennis.

   Nuestro estoico y seco vaquero se había acostado una fría noche de borracheras con Jack Twist; nunca lo hablaron pero algo más ocurría, que le hacía regresar al otro cada noche, y cuando llegó la hora de la partida, de decirle adiós a la montaña, cae y vomita, alcanzado por un profundo dolor. Cuando vuelven a encontrarse, y aunque es el “más macho” de los dos, corre hacia él y comienza a besarlo, reiniciándolo todo. No podía sacárselo del sistema. Pero Jack, el alegre vaquero de cabellos negros, era definitivamente gay; amó a Ennis con todo, pero cuando este le dio la espalda (no literalmente, claro), despechado fue con otros, e incluso, para el final de la película, llegando a los cuarenta, se planteaba que pensaba asentarse en la vieja casa familiar, junto a ese padre desagradable que tenía, con “un amigo”. Ennis nunca miró ni tocó a otro hombre. Se casó con Alma, arruinándole la vida, y estuvo con otras mujeres, a quienes intentó querer, pero sin lograrlo. ¿Lo hacía sólo por miedo a las chapas de maricón?, ¿no quería admitirlo ni aún para sí mismo, a pesar de lo de Jack?, ¿o no podía sentir nada por otros? Esa era la cuestión.

   Aquella dama, algo románticamente como nos poníamos al comentar la cinta, sostenía que Ennis no era gay, que simplemente encontró y se enamoró de Jack Twist; aunque ya eso, por definición, le convertía en homosexual, ¿pero se aplicaba para el resto de su vida, una que quedó suspendida en la nada, viéndose al final que sólo soñaba con Jack? Creo entender que ella pensaba que Ennis bien pudo enamorarse de otro, de alguna chica que no fuera la novia, o incluso de un caballo. Que era unidireccional emocionalmente.

   Bien, en ese foro se planteó que uno de los primeros enamoramientos de los muchachos, generalmente en la cuadra donde vive o en la escuela, son esos afectos que se desarrollan por los amigos, especialmente aquellos de la primaria y a los cuales reencuentran en la secundaria, cuando al deseo de la individualidad, a expresar lo que se siente o quiere, aunque les resulte confuso, se complica porque todo va bañado por una fuerte carga de hormonas sexuales. Aunque nunca se plantea de una forma tan directa, chicos y chicas terminan atraídos por esa gente del mismo sexo con las cuales comparten un lazo de “amistad”; y es lógico, nos gustan porque inconscientemente buscamos en otros, se sepa o no, vernos reflejados en ellos dándole sentido a lo que somos, o algo de lo que carecemos y deseamos (cuerpos, inteligencia, simpatía, atractivo físico), pareciéndonos algo agradable.

   Todos pasamos por una fase parecida en la secundaria, chicas que vivían colgadas del brazo o del cuello, acercando sus rostros y riendo, o estar sentado y que un amigo cayera sobre tu muslo como si tal cosa, quedándose allí sin que alguien lanzara gritos de esto y aquello. No existe a esa edad el miedo a ser o parecer, eso se va aprendiendo poco a poco, generalmente señalado por otros. Y este sentimiento, precisamente, llevado ya a la actitud de tipos que juegan en una caimanera de futbol y viven tocándose los culos, chicos jóvenes de edades universitarias, y hasta más jóvenes, es la definición de bromance.

   Todo el mundo sabe que brother es hermano en inglés, la contracción bro es parecida pero abarca una gama de significados más amplia, abrigando a amigos y conocidos, como el “pana” dicho por aquí. Los muchachos que no pueden estar apartados de otros, que miran por sus ojos y cuyas opiniones, por insensatas que sean (dadas la poca edad), tienen mayor peso que la de los padres o maestros. Es un “enamoramiento”. Pero no es nuevo, en la Biblia, cuando se habla de la amistad de David con el hijo de Saúl, Jonathan, más indicios de amor semi gay no puede haber, aunque jamás se plantee en tales términos, se hablaba de una “gran amistad sincera”. De allí a que en la televisión y el mundo del espectáculo se explotara el filón argumental del bromance, sólo había un paso, y se ha demostrado que los programas donde esto se plantea, esa confusión suave entre amistad, o disgusto, con atracción física, vende productos.

   Todavía sonrío, así como me reí en su momento, al recordar al demonio Crowley, en Supernatural, amenazando a Dean con matarle para apoderarse de Amara cuando todavía era una bebé, diciéndole al cazador que a pesar de todo lo que han compartido (eso que Sam una vez llamó el romance de verano de su hermano con el Rey del Infierno), tenía que acabar con ese bromance. Por cierto, que al transmitir el episodio por el Canal Warner, lo tradujeron de otra manera. Siempre lo hacen, arruinando el sentido (en la red, Dean enfrentado a Uriel y preguntándole por Castiel, este le respondía que le apartaron porque “tú le gustas”; no fue así como lo presentaron luego por televisión).

   ¿Tensión sexual entre amigos?, ¿quién no sintió celos a los catorce cuando el mejor amigo se iba a jugar con otros, o cuando aquella chica alegre que nos hacía reír pasaba su tiempo con otros? Si eso existe, que dicho encanto comience a dar problemas porque el deseo pasa a ser algo más grande que un simple enamoramiento, hay un paso. Y de eso trata este corto argentino, “Entre Amigos”, (corto de temática gay), de donde tome algunas escenas y que seguramente muchos ya han visto. Y disfrutado, porque es muy bueno estética y sugestivamente hablando. La verdad sea dicha, carece de argumento y hasta de planteamiento más allá de los dos tíos atractivos que se juran amigos, que seguramente se ven así, pero que sienten algo más, una emoción subterránea, que condiciona todo acercamiento, los cuales casi forzosamente deben terminar en un toque y una huida. El juego de medirse, de enviar fotografías íntimas a las novias, de yacer en una cama hablando, se notaban las ganas que se tenían de caer uno sobre el otro y darse sendos besos, pero sin concretarlo. Las escenas reflejan ese sentimiento de confianza e intimidad que a veces puede resultar incómodo cuando nos descubrimos pensando más de la cuenta en ello. O asustar abiertamente. Los protagonistas, cada uno en su momento llegan a un punto donde del castaño se pasa a lo oscuro, bordeándolo, pero sin penetrar. Generalmente retroceden, ¿miedo por lo que sienten o lo que pueda significar?

   Claro, es un simple corto y uno se dice “idiotas, hagan algo más, den ese paso”, pero en un marco más amplio debe ser difícil para cualquiera, enfrentado a un extraño momento de debilidad, o calentura, definir el resto de una vida por ese instante, el cómo será el futuro, y no es extraño que se asusten. Repito esto que ya he citado antes, ocurrió entre los dos grandes amigos del alama en la película “Y tu mamá también”. Dos amigos que habían compartido tanto, incluso ex novias, en un instante se sienten arrastrados por todo ese afecto, cercanía y atracción (si, en los amigos vemos algo que nos gusta); se dejaron llevar y terminaron con aquellos latazos y el inicio, por los movimientos de uno, de una felación. Y eso para comenzar la noche. Con la luz del nuevo día les alcanzó la “gravedad” de lo ocurrido a los dos machitos latinos. Con la claridad vino la vergüenza y la repulsa, tal vez algo de rabia, porque lo que se cuestionaba era la propia sexualidad, lo que se temía era lo que el otro pensara y aún más las propias recriminaciones. Era lógico que se separaran, que se evitaran. Que la amistad acabara. Un temor subconsciente tal puede afectar a mucha gente.

   Bro, una contracción gramatical gringa con muchos significados, se utiliza también dentro del ámbito universitario norteamericano, los llamados hermanos de fraternidades. Tenemos bajo un mismo techo, sin padres o parientes a la vista, a muchos chicos en plena plenitud sexual, orgullosos de ser jóvenes (de por si atractivo), deportistas, gallitos alfas que desean exhibirse y ser vistos, al tiempo que viven bañados de hormonas sexuales, siempre calientes a esa edad, sumándose las fiestas y el alcohol, algo de drogas y chicas bonitas que los dejarían alborotados muchas veces; no sorprende, desde un punto de vista sicológico, que en tantas películas y literatura los personajes sostengan que durante los años de universidad “experimentaron” con eso. En momentos de urgencia cuando las ganas atormentaban, cualquier alivio era bueno. Lo curioso es su manera de abordarlo, como lo de las drogas: se usó, se disfrutó y ya. A otro asunto. Y todavía se atreven a comentarlo.

   Tal vez sentir culpa, y por lo tanto temor, deriva de la vena machista de la rama latina de la raza. Por cierto, si no han visto el video, búsquenlo, vale la pena.

LOS HORRIBLES ZOMBIS CASTORES

Julio César.

¿QUE POR QUÉ UN HILO?… 9

julio 26, 2016

¿QUE POR QUÉ UN HILO?                         … 8

MACHO EN TANGA

   Sonríe notando la reacción del hombre joven, estaba acostumbrado a ella. Muchos lo sabían, que bajo sus ropas de acuerpado hombre de la construcción, maduro pero activo, usaba aquellas pequeñas tangas que se perdían entre sus nalgas peludas, y que quienes las miraban mientras las llevaba puestas no podían apartar los ojos. Eso era lo público, con lo que todos fantaseaban al verlo llegar; lo que no promocionaba ni los otros contaban, era que al verle el tamaño impresionante del bulto todos caían rendidos. Porque todos querían comprobar si era tan grande como parecía, pidiendo tocar sobre la suave tela, luego sacándolo. Y en cuento este se alzaba, no importa que sólo medio duro, todos deseaban probarlo… para ver si sabía tan bien como se veía. Ahora, sonriendo, el hombre se lo enseña al novio de la hija, y el chico, enrojecido, tan sólo puede mirar. “Señor, ¿puedo…?”, comienza tímidamente. “Claro, ven, tócalo si quieres. O comételo entero”.

TIO EN HILO DENTAL

   Reía, saltaba y jugaba mientras el resto de los hombres del yate, todos acuerpados y masculinos machos alfas con bermudas por debajo de sus rodillas le sonreían, le siseaban y silbaban, todo eso al tiempo que sobaban con las manos sus entrepiernas, sabiendo que más pronto que tarde terminarían en fila haciéndole gritar de emoción en el camarote del capitán. Era el regalo de cumpleaños para el puto que su macho había acordado por ser tan buen sumiso y entregado. Claro que no le fue difícil al ladino sujeto llevarle a eso, sabía que los tipos como él, algo acomplejados por el tamaño o el físico, deseaban encajar, ser aceptados así fuera respondiendo a palabras como: “te ves bonito, amigo, con pinta de putico; ponte este hilo dental y todos te amarán”. Era todo lo que necesitaba, jugar con su inseguridad, con su deseo de agradar. Y el putito se entregaba, orgulloso de sí caminaba arqueando la espalda, echando su redondo culito hacia atrás mientras pasa entre sus calentorros y algo ebrios amigos de fraternidad, volviendo la mirada, alegre al comprobar que todos los ojos se clavaban, codiciosos, en su retaguardia que se tragaba la tirita de tela dorada. Sonriendo, su macho le dice a un pana, que está a su lado: “no es difícil ponerlos así, putos y frenéticos, sólo alimenta esa necesidad que tienen de gustarle a los machos de verdad”, luego, alzando la voz, grita: “oye, haz esa danza donde meneas las caderas como Shakira, pero dándonos la espalda”. Y hay pitas, risas y aplausos cuando el otro, sonriente y con el hilo dental bien clavado, lo baila.

CONTINÚA … 10

GENESIS

Julio César.

RELATOS CONEXOS… 6

julio 26, 2016

RELATOS CONEXOS                         … 5

JUVENTUD,  DULCE  Y  CRUEL… 3

VEN Y PONTE A OLER

   -Oye, sé lo que quieres. Ven y tómalo…

……

   Callando, las manos del joven saltaron a su ancho y musculosos tórax, recorriéndolo, jugando y sintiendo la textura de sus vellos que cosquilleaban en las palmas, nunca antes había experimentado algo así, esa sensación, pero era increíble, como lo era notar lo erizado del militar. Esas manos van a los pectorales, frotando duramente, hasta que cubre los pezones erectos, como Justino no recordaba haberlos tenido nunca. Sentía que le dolían y le ardían. Esas manos fuertes y cálidas sobre él, manoseándolo, lo excitaban a límites insospechables. Los pulgares e índices del chico atrapan los pezones, apretándolos, y Justino chilló, sintiendo eso enloquecedor.

   Lucas los pellizcaba dudo, para luego frotarlos con los dedos, como si amasara plastilina. Es tanto el deseo que lo recorre, como el placer, que el hombre del quepis cierra los ojos, jadeando, echando la nuca contra el respaldo del mueble. Su pecho grande sube y baja. El hombre tiene que abrir los ojos, sorprendido, cuando siente el cálido aliento del joven contra su tetilla izquierda. Lucas estaba allí, casi sobre él, sonriéndole.

   -Esto te va a gustar tanto que siempre querrás que te lo hagan. –le dice, pícaro.

   Esos labios suaves y cálidos caen sobre la tetilla, y Justino reprime un gemido, la lengua golpea sobre el pezón, quedándose allí, tibia y babosa, haciendo que el uniformado sienta ganas de saltar del sofá. Los dientes se cierran sobre el excitado pezón, mordisqueándolo, mientras la lengua lame y moja de saliva. La boca se cierra y el chico lo mama, como un lactante su biberón. Es algo tan intenso que el hombre grazna agónico, abriendo mucho los ojos, sintiéndose mareado y débil por la lujuria y el placer que lo embargan. La boca sigue succionando, ruidosamente, y ladeando un poco el rostro, mientras azota con la lengua y mordisquea la tetilla, el joven mira el tolete, atrapándolo con una mano, apretándolo duro, subiéndola y bajándola sobre él. Justino ya no sabía qué hacer o cómo actuar. Estaba totalmente fuera de sí, recorrido como estaba por esa ola poderosa de lujuria. Mientras chilla, atrapado por la boca y mano del joven, arquea el cuerpo en el mueble. Está totalmente caliente y suda como un loco. Sus alaridos son ruidosos, y cualquiera que estuviera por allí, le oiría.

   Mientras Justino gemía y se estremecía, revolviéndose sobre el sofá, Lucas le bañaba el pecho de saliva al tiempo que le mamaba la tetilla, hambriento. El muchacho siente ese pedazo duro de carne erecta y palpitante en su mano, y cerrando los ojos, chupa como un demente, mientras sigue masturbándolo. Gozaba oyendo al otro gimiendo y estremeciéndose. Gozaba con el calor y fuerza de ese pecho sobre el que estaba casi acostado. Y sus ojos se abren, mamando la tetilla, mirándolo perdido de deseo. Era obvio que Justino estaba descubriendo vainas sobre sí, sobre su cuerpo y el placer que otro carajo podría brindarle. Sonríe al imaginar que el uniformado seguramente nunca creyó estar así, a merced de otro carajo que lo sobaba y mamaba. Una luz maligna brillaba en su mirada, divertido ante lo que pasaba…

    La boca de Lucas abandona finalmente esa tetilla, cosa que entristece un poco al otro. Su boca baja, rozando, lamiendo y dando sonoros besos chupados por el tórax y la tensa panza, frotando labios, nariz y cachetes de la cálida piel. Sentir esa caricia, esa presión de los labios y el aliento del joven sobre él, enloquecen de ganas a Justino, que tiembla todo y espera más. Esos labios bajan por su bajo abdomen, y el güevo le sufre un espasmo, babeando un poco en el puño del muchacho. La boca y nariz del chico se entierran en sus pelos púbicos, rozándose de ellos con intensión, olisqueando entre los ásperos y largos pelos. No eran como los suyos, recortados y demarcados. Estos crecían más salvajemente. El olor a macho era poderoso y embriagador.

   Las manos del joven, ahora arrodillado frente a él, le abren los muslos, encontrándolos caliente, así como Justino encuentra sus manos. Lucas mira con ardor ese güevote palpitante, y luego a su amante ocasional, sonriéndole con picardía, viéndose hermoso, piensa el hombre. Acercando el rostro a la tranca, el joven saca la lengua y pega la rosada punta de la base del tolete, entre las dos bolas, en su cara posterior. Y ese toque sutil es eléctrico para el otro. Esa lengua sube lentamente, saboreándolo, sintiéndolo arder y temblar, siguiendo el curso de la gran vena, centímetro a centímetro de pulsante masa de carne de macho, hasta el capullo del ojete, que lame ahora con toda la exención de la lengua. Ladeando el rostro, el joven lame cada porción de esa tranca, mamando y apretando con los labios.

   Para Justino toda esa situación era increíble; lo que estaba permitiéndole a ese joven era algo sucio y prohibido. Es una vaina tan mala (estimulante), que el carajo sólo puede revolverse en el mueble, arqueando el cuerpo, casi levantándose. La roja boca sube a la cabezota, frotándola con los húmedos y tibios labios. La besa ruidosamente, dándole un leve chupón. Y mientras sus dedos se clavan en la firme carne tibia de los muslos, la boca va descendiendo con esfuerzo, curvando los labios y afilando las mejillas, tragándose de una, varios centímetros de grueso, duro y palpitante tolete, cubriéndolo con su boca. Esa presión tibia y chupona, sintiendo la lengua aleteando sobre él, provoca otro estremecimiento de lujuria, y otra tanda de jadeos, en Justino. El chico cierra los ojos y su boca baja un poco más, haciendo algo que, en verdad, le gusta, mamar güevo, tragando esa dura barra que palpita de emoción; la deja así, mamándola, pegando su lengua que quema, de ella, para luego subir, chupando, sabiendo lo que eso era capaz de provocar en alguien. Llega casi al glande, dándole una buena succionada, para bajar otra vez. Sube y baja, comiéndose el duro tolete, que suelta un calor horriblemente rico, así como gotas de algo salobre y dulce: el delicioso licor de los machos.

   Y mientras le becerrea el güevo, las manos del joven toman, uno a uno, los pies del carajo dentro de sus lustrosas botas, montando los talones y tacones sobre el mueble, lo que obliga a Justino a rodar un poco sobre sus nalgas, exponiendo sus bolas y raja, que se abren sobre un culo velludo. Subiendo y bajando ferozmente sobre el güevo, mamándolo con dureza y dejándolo cubierto y brillante de saliva, cruzando el bazo sobre la panza caliente del tipo, la mano izquierda del joven atrapa las bolas colgantes, amasándolas suavemente, para luego darle algunos tirones, cosa que provocan gruñidos de placer en el uniformado, cuyo quepis no ha caído de milagro. Pero es la mano derecha del chico la que el hombre debería estar vigilando con sus dos ojos, pero es que ya tenía uno sobre el gato (un cuadro en la pared de enfrente) y con el otro sólo sentía el garabato (mamado en esos momentos); con un dedo, el chico roza y frota los pliegues que van al culo. Y ese toque es una campanada para el hombre, que bruscamente vuelve en sí y baja la mirada hacia el joven, quien lo mira en ese momento con el güevo dentro de su boca, hinchando su mejilla derecha,  con una expresión de inocencia, como preguntándole: ¿qué?

   -¿Qué pretendes? –grazna. Lucas no responde.

   Ese dedo caliente y firme sigue frotando, ahora sobre el ojete del culo, que se estremece. El carajo siente temor, ¿qué hacía ese carajito? ¡Ah, no, eso sí que no!, se dice; pero entonces esa boca baja tragándole todo, ¡todo!, el ardiente tolete. Esa garganta era un cálido y exigente chupón, con sus mejillas afiladas pegadas al pulsante tronco, mientras el gaznate se cierra contra la barra. El muchacho sabía cómo hacerlo, y su dedo caliente seguía frotando el arrugado y peludo ojete, alisándolo, tirando de la entrada, frotando al montar la punta sobre él y agitándolo sin penetrarlo; sabía que eso producía unas cosquillas que eran enloquecedoras, que llenaban de ganas, de deseos, de desesperación. No había culo que no se calentara con eso, homos o héteros, piensa el chico que ya tiene algunas experiencias con amigos.

   El dedo se aleja del redondo anillo del culo, y Justino no sabe si sentirse aliviado o no; notaba el hueco caliente y esa vaina le gustaba. Mira al joven, que saca el tolete de su boca, y sus ojos se abren desmesuradamente. El chico, sonriendo como un bebito, chupa su dedo. El mismo sale, totalmente mojado, mientras se miran fijamente a los ojos. El dedo va hacia el culo, que ahora Justino lo siente feamente frío, y la boca regresa al tolete. La lengua titila sobre el ojete del pene, y el dedo cae sobre el ojito del culo, frotándolo circularmente en la entrada, metiéndole lentamente una sola falange, venciendo la férrea resistencia del virgen esfínter. El uniformado jadea ruidosamente, con la boca muy abierta, tensando todo su cuerpo sobre el asiento. Esa vaina molesta, es dura y caliente, y su culo se cierra sobre él. ¡Debe impedirle entrar!, se dice; pero es capaz de percibir que sus entrañas palpitan y halan. ¡Su culo parecía, de repente, ávido de ese dedo!

   Justino estaba al borde de un shock, sin saber cómo procesar todas esas emociones y sensaciones fuertes que lo recorren. Su güevo era chupado con un hambre enloquecedora, mientras olas y olas de tibio aliento caían sobre su pubis, entre sus pelos; y otra falange del dedo invasor iba metiéndose suavemente. Lo peor eran los espasmos en sus entrañas. Sentía que un calor lo iba envolviendo internamente, y que el culo se le estaba mojando copiosamente, casi temió botar algo por allí, un caldo que no era mierda. El dedo entra todo y al hombre, ese hombre adulto, fornido y viril, no le queda otro remedio que gritar agónicamente, arqueando nuevamente el corpachón, cerrando los ojos, casi cubiertos por el quepis. Ese dedo está allí, muy quieto, caliente, duro y largo. El joven no lo movía, pero su culo sí, apretándolo y soltándolo con sus músculos, amasándolo, halándolo… y amándolo.

   El joven estaba, ahora, cogiéndole con su dedo, rápida y frenéticamente. Entraba hondo, saliendo rápido y clavándose otra vez, mientras el uniformado chillaba, echando la cabeza hacia atrás, sintiéndose dominado por una urgencia y un deseo que no entendía. Sus caderas suben un poco, despegándose del mueble, y se agitan de arriba abajo, cogiendo esa boca, queriendo metérselo hondo, hasta la garganta, sabiendo que ese chico le mamaba y apretaba sabroso el tronco, estimulando cada centímetro del mismo; pero también su culo busca ese dedo que entra, se revuelve dentro de él, y sale, frotándole y masajeándole duramente la próstata. Hummm, piensa, queriendo eso. Quiere ese dedo en sus entrañas. Ahora es consciente de que su cuerpo arde todo, que cada músculo y nervio es acariciado, sobado y estimulado por las poderosas sensaciones que lo recorren de pies a cabeza. Nunca antes había sentido nada así, sintiéndose tan despierto, tan vivo… Y lo peor, o mejor, era el abrazante calor que sentía en las entrañas. Su culo quería algo más…

   Ese dedo sale de su agujero bruscamente, dejándolo mojado y ardiente, y esa boca abandona su güevo, que se bambolea, amoratado y ensalivado. Con jadeos que mecen su corpachón, y con la vista casi desenfocada, Justino lo mira, confuso. El joven está de pie frente a él, sonriéndole, con el tolete totalmente horizontalizado entre sus piernas. Totalmente desnudo en segundos.

   -Quiero tu culo. Quiero cogerte. -le dice con sencillez. Justino tiembla visiblemente.

   -¿Qué? -grazna temeroso. El joven se tiende sobre él, sonriéndole dulcemente, rozándole los labios con los suyos, rojos y ensalivados de mamar güevo.

   -Te va a gustar, papá. Seré bueno contigo. Seré suave y considerado porque eres un virgencito. Seré dulce y te gustará mucho. Cuando sientas mi tranca en tus entrañas te vas a correr como nunca antes en tu vida, de puro gusto. Ya lo verás… no podrás vivir después sin repetirlo de vez en cuando.

   El hombre jadea, con los ojos muy abiertos, asustado. Está confuso y mareado; cosa de la que, como han hecho los hombres durante miles de años, el chico se aprovecha, de su indecisión y temor (que las mujeres a veces sentían al no saber que iban a terminar tirando al salir con un tipo). De pie frente a él, le agarra los tobillos montándolos sobre sus hombros, alzándole más la raja interglútea y el ojete del culo. Inclinándose nuevamente contra él, con el güevote erecto como una lanza, frota la redonda, brillante y lisa cabezota contra el pequeño y cerrado culo rodeado de pelos, aplastados ahora por la saliva del joven hace un momento. Justino cierra los ojos, respirando pesadamente, preguntándose: ¿qué coño estaba haciendo?, ¿por qué no se paraba de allí, ya, corriendo y escapando de esa vaina? Él era un macho, que debería ser el que cogiera a un mariquita como ese. Un hombre podía pegarse a un marico que se descuidara, pero no al revés.

   -Abre los ojos, quiero verme en ellos cuando te clave con mi güevo. -le ordenó con sencillez. E incapaz de resistirse, Justino le miró. El chico le sonreía.- Quiero verte mientras te cojo. Voy a joderte como nadie ha jodido contigo antes.

   Y esas palabras despertaban tal desazón, tal excitación, que el carajo sentía ya como su culo se contraía y su entrada titilaba, como esperándolo de una vez. Sudando hasta por las pestañas, Justino chillo agudamente, con voz de falsete, cuando el enorme y rígido tolete comenzó a penetrarlo lentamente. Primero la redonda cabeza, lisa y caliente, forzando su esfínter, empujando, venciéndolo, metiéndose. El hombre se tensa y muerde los labios, con dolor y ardor, mientras esa tranca iba metiéndosele toda.

   Lucas no paró hasta que metió toda su gruesa porra dentro de la estrecha y ajustada funda, hasta dejarle los cortos pelos púbicos pegados al bajo bola del uniformado, cuyo rojizo güevo babeaba lentamente. Esa vaina quemaba y ardía terriblemente, pensaba este, aunque estaba metida allí, quieta, pero creciendo y copándole todo el ano, estirándoselo. Su culo no estaba quieto, y aunque le dolía, tironeaba de ese tolete, adaptándose a su tamaño y grosor. Lo sentía, que las paredes de su recto iban adaptándose… aceptando ser atravesadas por la masculinidad de otro hombre.

   -¿Te sientes bien?

   -Hummm… sí… -gimió Justino entre dientes, con el culo ardido.

   Su agujero estaba en agonía, por el roce y la forzada, pero también iba mojándosele otra vez, cerrándose fieramente sobre la dura y cálida tranca que lo quemaba muy hondo, despertándole esas sensaciones raras nuevamente; eran unos deseos y unas ganas que él atribuía únicamente (eso quería creer) a la presión de la pesada porra sobre su próstata. Su rostro está contorsionado, pero al mirar al atractivo joven, que le sonreía con calidez, se relaja un poco. Y baja la mirada, viendo su cuerpo tenso, su güevo duro y sus bolas contraídas, y más abajo está el pubis del chico, con pelos recortaditos y un centímetro del grueso tolete afuera, frenado por sus nalgas que no lo dejan entrar todo. Siente la barra allí, quieta, pero palpitante, viva y hambrienta.

   Llevando sus nalgas atrás, Lucas saca parte del güevo, para luego volver a meterlo, empujando, chocando de las nalgas del otro, estremeciéndolo en el mueble. Y Justino apretó los labios con fuerza. El tolete salió y entró nuevamente. La tranca estaba casi toda afuera, antes de volver a clavarse en sus entrañas con un movimiento de caderas. La cogida era lenta pero profunda. Y algo comenzaba a despertar dentro de Justino, quien sentía que esa porra soltaba calor y palpitaciones dentro de sus entrañas, así como unos jugos que eran como de fuego y que lo quemaban. Y chilló agudamente cuando la tranca se le clavo duro. El vaivén del cuerpo del joven, que ahora apretaba los dientes y le atrapaba los tobillos con sus manos, abriéndolo más, era rápido y poderoso, cogiéndolo en toda la regla, estremeciendo totalmente al hombre que sudaba y gemía sobre el mueble. El culo del uniformado respondía a esa urgencia y a ese machito que lo enculaba. Ahora le palpitaba salvajemente sobre el güevo, agarrándolo y soltándolo, con fuerza. Su culo lo buscaba, ¡lo quería adentro!

   ¡O, Dios…!, era todo lo que podía pensar, gozando como loco, el uniformado.

   -¿Te gusta, mi militarsote? –le pregunta el chico con una sonrisa hermosa, pícara y traviesa.- ¿Te gusta que llene tu culo con mi güevo?

   -Hummm… Hummm… si, cógeme, cógeme como a un puto… -ruge, indiscretamente.- Cógeme con tu güevote…

   Hay unos toques, urgidos, a la puerta y se congelan.

CONTINÚA … 7

Julio César.

SÉ MI AMIGO, JEN… 6

julio 26, 2016

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 5

JENSEN ACKLES BEAUTIFUL

   -¿Me quieres a mí?

   Casi se alarma por dejarse embargar así por la curiosa idea, una que aleja casi con disgusto, agitando la cabeza, como negándose todo. El movimiento parece atraer finalmente la atención del rubio, quien le mira y enrojece, ojos parpadeantes. Y una venita maligna de Jared se desata, por lo que sonríe de manera socarrona.

   -Buenos días, Jensen, tu maravilloso jefe ya está presente. –pasa y deja que la puerta se cierre, perdiéndose la curiosa mirada de Alexis al escucharle. No habría podido, no viendo al otro, notando el cómo enrojece más mientras rueda los ojos elocuentemente.

   -Sabía que saldrías con esa.

   -Oh, ¿no te gusta que recuerde tu tierno momento de sensibilidad, anoche, después de la cena y seguramente tomar un baño reparador, echado en tu cama, en bata y sin nada debajo, llamándome para decirme que soy increíble, lo mejor de la creación? –se burla abiertamente.

   -¡No dije eso!

   -¿Te cito textualmente?

   -Dios, deja de joder. –Jensen echa la cabeza hacia atrás, fingiendo cansancio.- Sólo quise ser amable. –la risita de Jared, divertida y burlona, no le ayuda.- No has dicho nada de mi cambio de imagen. –intenta desviar la atención, sonriendo y poniéndose de pie. Separando los brazos, teatral.- ¡ta taaaa!

   Joder, si, se veía muy bien. Aunque podría estar mejor, se dice el castaño, sonriendo leve. El traje era decididamente corto.

   -Curioso saco, ¿lo conseguiste en una funeraria? Parece lo que llevaría alguien en su último viaje.

   -Idiota… -ríe Jensen, demasiado, le parece al otro.- Me lo prestó un amigo… que trabaja en una funeraria. –se congela al decirlo; joder, ¿acaso Chris…?

   -Oh, Jensen, ¿un traje prestado? ¿No sabes que quien de ajeno se viste en la calle lo desvisten? –toma de su café y va hacia el escritorio.

   -Tranquilo, llevo un buen par de bóxers. –le resta intensidad al comentario del castaño, tomando la carpeta del sofá y dirigiéndose a la otra silla. O cree que le bajó, Jared debe luchar por un momento contra la idea de alguien desnudándole a zarpazos, dejándole sólo con una bonita ropa interior. Que podría, o no, ser suya.

   -Así que tu amigo trabaja en una funeraria y te prestó un traje. Negocio interesante.

   -No seas cretino, Chris no haría algo como robar a los muertos; es un artista, ¿sabes? Un cantante. –lo dice con abierta admiración y afecto por su amigo, alguien a quien Jared no conoce… y que le disgusta un poco. No sabe bien por qué.

   -¿Te reúnes con chicos de preescolar? ¿Tiene una banda en el garaje de su mamá?

   -Tiene mi edad.

   -Y en lugar de andar de giras promocionando sus discos trabaja en la funeraria. –comenta.- Estoy confundido, ¿es un exitoso artista de noche que de día arregla muertos por hobbie o…?

   -¡Deja de ser tan cretino! –le detiene.- Es un buen amigo y un gran tipo. –si, a Jared no le agrada Chris.- Y me prestó el traje, ¿bien? Y no has dicho nada de mi afeitada.

   -Oh, Jensen, la higiene personal no es para celebrarse; deberías, todos los días practicarla y…

   -Oh, Dios, realmente estás siendo un idiota de marca mayor hoy. –le corta, frunciendo un tanto el ceño.- Si no fuera por tu maravillosa actuación de ayer, te odiaría. –Jared no quiere alterarle, en verdad, pero no podía controlarse.

   -¿Te enteraste de eso? Si, estuve bien en la cama, Genevieve gritaba, ¿pero cómo supiste?

   -Voy por tus trajes a la tintorería. -le gruñe poniéndose de pie.

   -Hey, hey, calma, rubio. –le tranquiliza.- Estoy siendo horrible para evitarnos la incomodidad por la melcochosa escena de anoche. –le ve enrojecer mientras se sienta nuevamente.

   -Ay, qué alivio, saber que eres un cretino por buenas razones.

   -Dios, hoy no me tratas con la admiración y fascinación de anoche. Que mal. –le evalúa mientras termina su café.- Tu cabello se ve horrible, no te presta llevarlo tan largo. ¿No es inconveniente llevarlo así siendo cocinero?

   -Chef, soy un chef. –le aclara, pasándose inconscientemente una mano por la cabeza, los dedos dentro del cabello. Jared se pregunta si sería tan suave como parecía.- No tuve tiempo para todo lo que tenía que resolver, ¿okay? Para serte sincero, Chris no quería prestarme el traje. Debí rogarle mucho. Eso sí, no hubo mamadas involucradas en el intercambio.

   -Me alegro. Y resuelve lo de tu cabello. No me gusta. –se le escapa, rodando los ojos al ver una sonrisa bailar en los carnosos labios.

   -Es bueno saberlo.

   -Llegaste temprano, estabas en mi oficina y leías algo. Sin olvidar el traje, aunque no el corte de cabello. ¿Qué tramas? ¿Intentas quedar bien con el jefe? He oído que no le agradan los lamebotas y que…

   -Yo escuché que era un idiota. –le interrumpe Jensen con una sonrisa torcida, mirando la capeta sobre el escritorio.- Bien… -deja escapar una risita.- Tal vez esto si suene un tanto lamebotas pero… -desvía la mirada, cosa que apena a Jared, le fascina verle los verdes ojos.- Aparecí frente a tu puerta después de tanto tiempo buscando ayuda y correspondiste. Y a pesar de eso te cuestioné cuando ese chico la pasaba mal y tú explicabas tus razones para no echarte el peso del mundo encima. Y era cierto, y sin embargo… le ayudaste y… -se pone cada vez más rojo y tartajea. Jared sonríe.

   -¿Lo ves? Me encuentras maravilloso. –ríe al verle la mueca y el rodar de ojos.- Entiendo lo que quieres decir, y está bien, dejémoslo así. De manera que llegaste temprano a revisar el archivo Howard, ¿encontraste algo? –recuerda que el otro era contable.

   -Nada. –reconoce con desaliento.- Ese sujeto parece ser un empresario cabal y consiente. Aporta a muchas buenas obras sociales. También es amoroso con su familia. Se ha preocupado de proteger accionariamente a todos a quienes quiere. Muchos no piensan en esas cosas y luego tienen problemas cuando ocurren los imprevistos. En aniversarios y cumpleaños regala lotes accionarios a los suyos. Y algo más a la caridad. –dice casi con admiración.

   -He oído que es bastante putero e infiel a sus votos matrimoniales.

   -Muchos lo son, pero ha ido repartiendo su fortuna entre su mujer y sus dos hijos. Me parece bonito. –comenta con sorna, levantándose e inclinándose sobre el mesón, tocándole bajo la barbilla.- ¿No preguntó tu amada supermodelo por ese moretoncito curioso mientras la hacías gritar en la cama? ¿O gritó por eso?

   Por un segundo el castaño se congela, sintiendo un hormigueo en toda su cara, que parte del dedo del otro. Como espantando mosca, con elocuencia, le aleja. Necesita hacerlo.

   -Maquillaje. –responde, diciéndose que fue una suerte que Genevieve estuviera algo agotada y no se dedicara a sus usuales juegos de besar y lamer, o la lengua le habría cambiado de color.- Y no soy putero e infiel a mis votos. Bien, putero tal vez, pero Genevieve y yo aún no nos casamos. Estoy sacando todo esto de mi organismo antes de comenzar con la monogamia. –arruga la cara y finge estremecerse ante la palabra. Jensen ríe bajito.

   -Todo un príncipe encantador. ¿Estás bien? –se intriga, Jared tiene ahora el ceño fruncido.

   -Si, yo… -pensaba en lo dicho por el rubio, Ron repartía su herencia en pequeños trozos. ¿Y sí…?- Me cuesta concentrarme, me distrae tu mal corte de cabello.

   -Dios…

   -Si deseas salir y corregir este crimen estético…

   -Basta. Y no, no iré a ninguna parte. Vine a trabajar y no me apartaré de tu lado, esta vez sí, hasta que encontremos una solución a este problema.

   -Bien. –sonríe Jared, realmente divertido.

   El castaño se dedica durante casi cuarenta minutos a dictarle algunas notas que debe enviar, incluyendo flores para Genevieve, pero en todo momento parece ausente, pensativo. Se nota algo duro en la línea de su mandíbula. Y por una vez en toda la mañana ha dejado de mirar a Jensen, quien comenta mucho sobre muchas cosas.

   -Entonces estoy pensando en depilarme las piernas y el área del bikini. –el rubio, clavándole los ojos, comenta, haciéndole reaccionar.

   -¿Qué? ¿Usas bikinis? ¡Qué horror! –sonríe socarrón.

   -¡No estabas escuchando! –le reclama.- Después de lo de las flores y la bonita dedicatoria en forma de poseía que me exiges que invente y envíe a tu novia, te quedaste allí con la boca fruncida, mirándome y…

   -De pie. –se levanta, cerrando el saco.- No estoy de ánimos para estar aquí encerrado.- Vamos por helado.

   -¿Helado? ¿En horas de trabajo? ¿No estamos algo viejos para…? –Jensen se burla, pero le sigue, divertido. Salen a la oficina de Alexis, quien les mira extrañada.

   -Soy un muchacho en plenitud. –el castaño mira a su asistente, la otra.- Regreso pronto.

   -Pero Jared, Jeff espera… -se inquieta.

   -Llámale y dile que lo veo luego. Que no caiga en la histeria todavía. –informa mientras se aleja ya, volviéndose hacia Jensen, quien había tomado nuevamente la carpeta y la tenía en las manos.- Vamos.

   -No lo sé, tal vez debería comenzar con esos mensajes y llamadas.

   -Joder, ¿por qué nadie hace nunca lo que digo? ¿Acaso no les llegó el memo?, soy el jefe. –regresa, le quita la carpeta dejándola en el escritorio de Alexis, atrapa un codo del rubio y casi le hala.- ¡Regresamos pronto, Alex!

   La joven les ve caminar y hablar animadamente, Jared tardando un poco más de la cuenta en soltarle, el otro no apartándose mucho. Frunciendo el ceño antes de frotarse entre los ojos, la bonita joven se pregunta si no estará agotada por el trabajo e imagina cosas.

……

   -¿En verdad vas a ir por helados? –Jensen le pregunta mientras cruzan el pasillo rumbo a los ascensores.

   -Lo necesito, no el helado, salir de la oficina. Jeff, mi hermano, el encargado de la petrolera, me llamó para comunicarme que Howard comenzó su guerra. Debo contestarle, por desagradable que sea. Pero… -se muerde el labio inferior entrando al ascensor.- No quiero perder el buen humor con el que amanecí. Deseo pensar bien qué le diré para no discutir. Y es una gran concesión, tú no lo entenderías, pero los otros sí.

   -Evolución, así se le llama a eso, ir de maneras salvajes y primitivas a…

   -¡Ja ja ja! –finge, mirándole socarrón.- Si te va mal como cocinero siempre te quedará el circo. –salen en la planta baja.

   -Chef, soy chef. –le corrige algo exasperado, congelándose al enfocar la entrada del local comercial al que le dirigía Jared. Le mira con intensión.- ¿En serio?

   -Necesitas un corte.

   -¡Debemos trabajar! –le recuerda.- Si vamos a la práctica… si, no he hecho nada desde que me contrataste. Vas a pagarme, ¿verdad?

   -¿No te mueves si no te pagan antes?, muy listo. –se burla.

   -¡Jared!

   -Voy a encargarte de algo, en serio, pero antes debemos hacer algo con ese cabello. –le atrapa un hombro y casi le empuja para que entre, provocando cierto revuelo entre las chicas y chicos del salón de belleza. Saluda a todos con sonrisas, notando que todos miran a Jensen con curiosidad… tal vez porque aún le retenía con una mano. Le suelta, lentamente, no deseándolo del todo.

   -¿Un retoque, jefe? –le pregunta al castaño una pícara morena de aire latino, y Jensen imagina que el pillo ese algún movimiento ya ha hecho.

   -No, mi amigo necesita parecer moderno, decente y listo. Por ahora no lo consigue…

   -¡Hey! –se agita ante las miradas que recibe. Luego le dice bajito.- Íbamos a…

   -Déjame encargarme de algo. Tú ocúpate de ponerte bonito. –esas palabras hacen reír un poco a los presentes, pero no le importa; aunque si, de manera divertida, por el rubor que cubre los pecosos pómulos del rubio. Su móvil timbra y frunce el ceño al ver el nombre de su hermana, luego sonríe torvo, enviándole un mensaje.- Y ya te lo dije, te tengo un trabajo pesado… tendrá que lidiar con Megan, la cual necesita mi ayuda. Es decir, la tuya.

   -¿Tu hermana? –se confunde, parpadeando cuando la bonita morena le atrapa un brazo y le lleva a una de las sillas.

   -Si, tranquilo, te la mando. –y sale después de despedirse de todo el mundo con muchas sonrisas.

   Una que se vuelve una mueca predadora. Jensen le había dado una idea, e iba a hincarle garras y colmillos, por eso le sacaba del camino un rato. Por alguna razón que no alcanza a comprender, no desea que el rubio le vea en esa faceta.

   ¡Ni imagina el pobre, el problema que se le vendría encima!

CONTINÚA … 7

Julio César.

SOBRAO

julio 26, 2016

INTRUSION

TIO GRANDE, TANGA CHICA

   Un hombre que sabe lo que quiere y merece, el mundo le pertenece; ante él, y su pequeña tanga, el resto de los hombres se inclinan.

PARADOJA

Julio César.

APORREA Y LA GENTE ATRAPADA EN LOS CINCUENTA

julio 26, 2016

RICARDO SANCHEZ, EL DISFRAZ

APORREA APORREADA

   O tal vez esa doctrina siempre fue vieja y por eso fracasa.

   Es que uno imagina la fiesta brava, la merienda de negros que se armaría si en el portal gobiernero APORREA dejaran a la gente opinar lo que les diera la gana sobre las vagabunderías que declaran los personeros del régimen. Claro que no pueden permitirlo; así como deseos no preñan y palabras no son hechos, la paja loca, la retorica y los eslogan no responden ningunas inquietud verdadera, sólo sirven con disfraces de periodistas que los dejan pasar agachado, por ello el portal no puede exponerles a eso. Así, a unas declaraciones como las de este ministro, no le sigue una larga cola de comentarios. ¡Y miren que declaró cada barbaridad!

……

Ministro Faría: Venezuela busca superar las deficiencias del capitalismo

Por: TeleSUR | Martes, 19/07/2016 06:34 AM

JESUS FARIA

Caracas, julio 19 – El ministro de Comercio Exterior venezolano Jesús Faría indicó este lunes que en Venezuela hay un proceso de construcción de un Estado no burgués, donde se aplique el socialismo para superar las deficiencias del capitalismo instaurado en la nación en décadas pasadas con el modelo rentista.

   ¡Sólo en TELESUR un sujeto así dice algo como esto sin que el periodista le vuelva picadillo, noticiosamente hablando! ¿Superar las deficiencias del capitalismo el ministro de Comercio Exterior de un país completamente arruinado por las medidas políticas y económicas implementadas por su grupo y donde hace poco más de dos años hasta los propios chavista en el exterior hacían colecta en esquinas de ciudades sudamericanas para recoger y enviarnos papel de baño? ¿Dónde le estarían entrevistando, en lo más alto de Quito y la altura le afectó? Eso o que masticaba hojas de coca, de otra manera es imposible explicarse semejante tontería. Tamaño despropósito es casi imposible asimilarlo.

   ¿Corregir algo, lo que sea, el socialismo, este socialismo de pesadilla que nos tiene comiendo basura, y donde la basura ya no alcanza para todos? ¿Corregir él, y su gente, las deficiencias del capitalismo, por ejemplo el de Cúcuta, donde los venezolanos llegan desesperados y pueden conseguir lo que se desea, en las cantidades que les den la gana y de las marcas preferidas, mientras aquí el socialismo nos mata de hambre y miseria, según ellos “porque el destino nos alcanzó”? No lo sé, ministro, pero me parece que el gran equivocado en esta vida es usted. Y que alguien debería hacerle el favor de ayudarle para que supere tamaña tara mental. Sé que les aterra que el soberano pueda expresarse de la manera que sea, menos en un proceso comicial vinculante, pero yo creo que si usted y su banda, perdón, su gente, le pregunta al país “¿prefieren vivir como lo están haciendo ahora, o como la gente en Cúcuta?”, creo que se llevaría una enorme, fea y muy desagradable sorpresa. Esta vaina no la quiere nadie, excepto los que se enriquecieron a la sombra de la más brutal corrupción administrativa jamás vista.

   ¿No le quedó chusco al ministro lo de acabar con el rentismo ahora que no tienen plata para seguir sobornando gente, dentro y fuera de Venezuela? Si, muy gracioso. Le gante va a reír bastante en las inhumanas colas de horas y horas bajo un sol achicharrante para conseguir un kilo de azúcar, ¡un miserable kilo de azúcar!, a pesar de que el régimen controla catorce de las diecisiete centrales azucareras del país.

   Pero, claro, ¿cómo expresa uno eso en APORREA? Ni siquiera dan oportunidad de las contra réplicas de los alumbrados, con frases tan de hoy como CIA, pitiyanquis y otras memeces de los cincuenta. Lo único que saben esgrimir como escusa o explicación, paja.

APORREA, ELIAS JAUA Y LA MISERIA

Julio César.