UN GUSTO COMPARTIDO

DECISIONES

SABOREANDO EL MOMENTO

   Para ver quién lo saborea más.

   No había mayor placer para este amigo que llegar a una tasca donde jóvenes y fornidos tíos pasan el rato con novias, esposas o sus queridas, y notar la mirada de uno resbalando en contra de su voluntad sobre su bragueta. Le sonríe y sigue. Y cuando ese tipo va al sanitario se le pega atrás. Sabe que el otro, consumiéndose por algo desde que le viera, le espera. Una vez allí, tocándosela sobre el jeans, ya dura, le pediría una mamada. Había algo increíblemente sucio y erótico en verles casi luchar contra la petición, lo que son y lo que desean, para finalmente llenarles las bocas, jodiéndoselas hasta la garganta, mientras jadean de gusto. Meterla y sacarla mientras estos lengüetean sobre la punta, se ahogan y gorgorean, al tiempo que les dice que si su coño de arriba trabajaba así ya imaginaba lo que hacía con el de atrás. Invariablemente de lo que fueran, o se creyeran, sabe que una vez que una verga jugosa, dura y caliente penetraba sus bocas, esos tipos se convertían en ávidos tragones, siempre añorando el repetirlo, seguramente porque el tolete pasaba demasiado cerca de sus cerebros, transformándoles. Como fuera, le encantaba verles chupar con ojos encendidos, ordeñándosela con sus gargantas, tragar el semen y recibir una chorreada en sus caras masculinas, que luego lavarían antes de volver con sus novias, esposas o amigas.

PEAJE

Julio César.

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