CORRERÍAS EN BOSTON… 20

CORRERÍAS EN BOSTON                         … 19

Titulo: Una noche en Boston

Autor: yeya-wc

Resumen: Dean sorprende a Sam con una vida secreta, una donde pensó dejarlo todo, incluso las cacerías.

WINCESTS HOT

……

   -¡No! –ruge Dean, molesto.- Esta no es una novela de Danielle Steel, concéntrate. Sé, porque lo sé, que Nick nunca haría algo así, por muy ambicioso que sea. Y lo es, créeme, eso nos separó cuando estuve considerando, realmente, decirle adiós a las cacerías y… a ustedes. –le sobresalta por la brutalidad de la confesión.- Pero es un tipo legal. Su mujer… -mira al frente, ceñudo, como si le costara hilvanar las ideas.- Ella no debía saber quién era yo, Sam. Ni conocer de este lugar o para qué sirvió. Pero lo sabía, y continuó con él, sin decirle nada durante todos estos años. Su ambición es parecida o mayor a la suya. Nick ignora que su mujer sabe. Y ella sabe que soy un cazador. Fuera de Nick, el resto del mundo en esta historia ignora esa denominación. No la sabe su abuela, ni sus guardaespaldas. Cuando se habló de cazadores estábamos solos. Pero esa mujer lo sabe. Sabe a qué vine. Y no creo que su marido se lo haya contado. Por eso no creo que estemos a salvo aquí.

   -Tal vez te investigó mejor de lo que imaginas. –todavía se aferra a la idea original. Por celos.

   -Podría ser, y para comprobarlo tan sólo debemos quedarnos aquí y esperar. Pronto oscurecerá. –la idea atormenta a Sam, no quiere aceptarla, pero no hacerlo era exponerse a ser atacados allí.

   -¿Quieres rehuir la batalla? –se burla, y eso si que altera al otro.

   -Hey, todavía estoy convaleciente, y tú aún confundes los extremos de un machete.

   -No, no te evadas y responde, ¿el gran Dean Winchester está admitiendo que se siente tan débil e indefenso como un gatito recién nacido? –no puede evitarlo, porque necesitaba azuzarle, también cambiar de tema.

   -Fui arrojado por los aires, caí de espaldas sobre una capota, una vértebra se me desalineó, y con todo el sexo rudo que tuvimos antes de eso… -contando con los dedos iba exponiendo los puntos, congelándose bruscamente, labios balbuceantes, alarmantemente rojo de cara. Sam se tensa inmediatamente, volviéndose a mirarle, furioso.

   -¿Lo recuerdas? ¡Lo recuerdas todo, hijo de puta! –acusa.

   ¡Oh, mierda, mierda, mierda!, se dice Dean, boca abierta, intentando pensar en algo, cuando ya el castaño está saltando de la cama, mirándole iracundo.

   -Sam… -comienza.- No sé qué crees que quise de…

   -¡Ni lo intentes hijo de perra, sabes muy bien de lo que estoy hablando! –ruge colérico.- Me hiciste creer que no recordabas nada de lo que pasó anoche entre nosotros, haciéndome sentir mal por… pensar que abusé de ti estando ebrio y…

   -Técnicamente fue lo que…

   -¡Tú lo querías también! –ruge, no iba a permitirle escapar por esa tangente. Le fulmina con la mirada mientras camina de un lado a otro frente a la cama.- ¿Sabes la tortura que he padecido?, sintiendo que… me aproveché de ti, que… -se detiene, dolido.- ¿Sabes lo horrible que fue esperar que habláramos de lo ocurrido, de lo que había pasado finalmente entre tú y yo, que lo pusiéramos en palabras, y que no recordaras nada? Nada, cuando había puesto tantas esperanzas en…

   -Mira, entiendo que… Bien, la jodí, ¿okay? te mentí, pero este no es el momento para hablar de eso.

   -Este es el momento.

   -Sam, realmente creo que debemos irnos de aquí antes de que anochezca. No estoy jugando ni intentando evadir el momento…

   -Claro, porque nunca evitas hablar de lo que te incomoda. –casi ríe, con ira.

   -Joder, no es el momento. –ruge, perdiendo la paciencia.

   -No nos iremos hasta que…

   -Basta, no quise hacerte sentir mal, pero no quería hablar de ello porque todo fue un error. –estalla Dean, levantándose también, aunque menos ágil. Las palabras fulminan al otro, que se siente herido.

   -¿Un error? –¿eso era lo que Dean pensaba realmente? El hecho estaba presente otra vez, la realidad, eran hermanos y él se excitaba al verlo. Su sangre hervía cuando estaba tan cerca que podía percibir su calor o su aroma corporal, y que eso siempre había sido así. De muchacho fue creciendo bajo su sombra, intentando no mirarle, no adorarle con los ojos. Cuántas veces no sufrió calenturas al entrar al cuarto de baño y encontrar un calzoncillo del otro, preguntándose… ¡Un error!- Dean, ¿si sentías eso por qué dejaste que yo…? –comienza, no quiere reclamarle, ni discutir, le duele demasiado el rechazo, pero necesita saberlo.

   -Porque soy un imbécil, Sam, ¿cuál es la novedad? –abre los brazos exasperado.- No debí ceder a toda esta mierda que siempre he sentido. –confiesa costándole, no mirándole, no podía.- Por mi culpa pasó todo esto, dejé que todo se retorciera entre nosotros. Eras mi hermanito y debí protegerte, y sin embargo toda esa suciedad crecía dentro de mí. Dejé que mi deseo enfermo aumentara y se interpusiera. –alza los ojos, avergonzado.- Entendí que te fueras de la casa, Sam, que nos dejarás a papá y a mí. Que pusieras distancia entre nosotros. Me dolió pero comprendí que debías irte, buscar paz, tranquilidad. No supe controlarme, esa maldita vez que… -suena agitado, totalmente alcanzado por la culpa y la vergüenza.

   El otro le mira desconcertado, ¿de qué hablaba ese idiota? ¿Se culpaba de lo ocurrido? ¿Acaso pensaba que le había pervertido o algo por el estilo?

   -¿Quieres  callarte? –estalla al fin. Se miran, retadores. La ira del castaño aumenta otra vez frente al hombre guapo frente a él, el sujeto por quien ha suspirado tantas noches, que le hacía arder la sangre, de ganas y culpas, vistiendo en esos momentos tan sólo un bóxer holgado que le hacía todavía más atractivo.- Desde que tengo uso de razón te transformaste en mi mundo, Dean, todo comenzaba y terminaba contigo. Eras el guardián de mi cuna. Luego… “mamá”, y después “papá”. Pero cuando fui creciendo, notando las maneras de papá, de John, su despotismo, su autoritarismo, la manera de tratarnos, algo en mí se reveló contra eso. Su manera de controlarnos, de hacernos pelear su guerra.

   -Lo hacíamos por mamá. –interrumpe.

   -¡Jamás la conocí! –estalla, y decirlo en voz alta suena casi ofensivo, lo nota en el tensar de las mandíbulas del rubio.- Lo siento, Dean, pero no tengo los recuerdos que tú tienes de ella, no compartimos eso. Tú recuerdas una edad de oro, a su lado, con papá amándola, pero yo no. Sólo, y porque me lo contaron, que murió cuando algo entró a mi habitación, la misma cosa que mató a Jessica. Seguí junto a ustedes porque era un niño y estaba tú. Nunca lo habría hecho por papá. Y llegó el momento cuando me molesté contigo por no enfrentarle, por verte herido cuando te sentías rechazado al intentar que te mostrara afecto. Te odie por necesitar que él sintiera afecto por ti. Pero no fue por eso que yo sabía iba sintiendo por ti, y que a veces me parecía que me correspondías. Ese nunca fue el problema. Al menos para mí. Me despedí después de esa discusión con papá esperando que me detuvieras, ¿recuerdas que te habías apartado de mí? Quería que me pidieras que me quedara, o que vinieras conmigo. –deja salir el aire, agotado.- Lejos de papá, tú y yo seriamos Sam y Dean, tíos a los que nadie conocía y que parecían compartir sentimientos, un piso y una vida de maricas, sin que nadie se metiera. Esperaba…

   Los recuerdos llenan la habitación, el momento cuando no pudieron esconderse más. Dieciséis años de inconformidad, de protestas, de resentimientos hacia un padre que les arrastraba de aquí para allá cuando comenzaba a echar raíces en un lugar, a conocer chicos con quienes podía hablar de algo que no fueran cacerías y monstruos, algunos amantes del ajedrez o la lectura, o para compartir un tranquilo juego de básquet. Chicas que parecían mirar más allá de su apariencia y le encontraban “mono”. Profesores que notaban su inteligencia, no sólo su retraimiento. Y cuando algo le interesaba, John Winchester llenaba el impala con Dean y él, obligándole a decirle adiós a todo.

   Y, claro, Dean…

   Seguían compartiendo cuartos, y con los años, aunque se mortificaba y hasta se tachaba de enfermo, la obsesión por su hermano no había hecho más que aumentar. Verle crecer era una tortura eterna; aunque no tan alto como él mismo a pesar de los años de diferencia que les separaban, sí más guapo, más desafiante y osado. Orgulloso de su cuerpo, de su sonrisa, de sus ojos y pecas, de sus chulerías para enfrentar a una chica, un casero o un monstruo debajo de la cama. Odiaba eso, admirarlo y resentirle tanto; que le irritara su promiscuidad y al mismo tiempo deseando que le mirara o hablara como a veces escuchaba que hacía con alguna, al teléfono. Que le gruñera, sonriendo torvo, “¿es esto lo que quieres, tío?”, como sabe que ha hecho con uno o dos chicos con quienes le ha visto, empujándoles contra una pared, frotándoles la pelvis de sus jóvenes culos que se refregaban ansiosamente…

   Si, de los dieciséis en adelante, Dean Winchester pareció enloquecer por el sexo. Y aunque decía una que otra palabra tierna a una chica, le invitaba una hamburguesa, no le decía no a un joven que no pudiera apartar los ojos de su impresionante físico. Y de todo sacaba provecho. Eso le molestaba, ¿cómo podía ser tan puto, tan regalado, tan…? Sobre su estrecha cama en aquel caluroso cuarto de motel donde John les dejara, el joven suda vistiendo únicamente un bóxer largo y holgado, de cuadritos, oyendo al otro silbar alegremente en el cuarto de baño después de la ducha. El joven peli castaño sabe que odia a alguien o algo, la vida, el destino o Dean, porque a él no le tocan ninguna de aquellas atenciones. Y en ese punto siempre se sentía mal, por desearlo tanto. Es cuando le parece escuchar el tono del móvil del otro.

   -Oh, mierda. –oye a Dean, mientras la puerta se abre y este sale, envuelto en un vaho de vapor, con una toalla al cuello y un bóxer gris de los cortos y ajustados, de los que usaba cuando iba de cacería. De chicas. El cual mostraba la silueta de una verga morcillona, levemente consistente y emocionada, seguramente anticipándose a la noche. Y Sam se odia por no poder apartar los ojos del joven y tonificado cuerpo que brilla con algo de humedad, de aquel bóxer.- Bien, es una pena. –responde a alguien al teléfono.- No, no, entiendo, está bien. Nos vemos luego. –corta con cara de chasco.- Joder, se me arruinó la salida. Esta nena tiene que cuidar a su padre enfermo. ¿No es mala suerte?

   -¿Tuya o de ella? –no puede evitar el tono venenoso, a veces Dean podía ser tan egoísta.

   -¡Ja ja ja! –finge burlándose.- No usarla te tiene de mal humor, Samantha, ¿no quieres que te de una mano? –es la contesta de siempre, secándose tras la nuca el rubio cabello oscurecido por el agua… ¡en bóxer!

   -Déjame en paz. –es la réplica furiosa, hervía de indignación por todo lo que sentía. Y Dean no ayudaba para nada.

   -La frustración sexual hace de Sam un niño gruñón. –canturrea, divertido todavía, al menos tenía algo que hacer ahora que su cita, una que se la había medio levantado toda la noche, le había fallado.

    No se esperaba lo que ocurrió. Viéndolo todo rojo, Sam salta de su cama, empujándole, haciéndole caer de espaldas sobre su propia cama.

   -¡Cierra la boca! –estalla el menor.

   -¿Qué diablos…? –brama Dean, al verse caer de espaldas, con el menor sobre él, furioso, intentando fijarle con el cuerpo y las manos, como ha aprendido de la lucha. Ah, pero él es Dean Winchester. Casi sonríe cuando enlaza los dedos con los del otro, desconcertándole por un instante. Qué tonto, piensa por un segundo, girando con fuerza el cuerpo hacia la derecha, derribándole, intercambiando la situación, ahora está sobre Sam, fijándole contra la cama, riendo de su frustración.

   -¡Suéltame!

   -Creí que querías jugar a ser el más grande. –todavía se ríe, sentado sobre su regazo, en bóxer, aún húmedo de la ducha, el tolete presionando contra la tela, bajando y tocándole al estar echado hacia adelante para sostenerle las manos. ¡Joder, la verga de Dean le tocaba!

   -¡Bájate! –Sam enrojecía alarmantemente, su tono era de pánico.

   -No aguantas una broma pero te gusta moles… -comienza Dean, sorprendiéndose, parpadeando, mirando sobre su hombro, hacia abajo.- ¡Sam, niño travieso! Es evidente que estás muy, muy, contento de verme. Y ya no pareces tan chico…

   -Dean… -la ira, vergüenza y timidez luchan por dominarle. Quería morirse… y en todo ese tiempo su verga iba endureciéndose, llenándose de sangre, sus carnes hinchándose, alzándose contra la tela… contra la hendidura del culo del rubio como buscando su camino. Y la idea, su verga en aquel culo, casi le hizo jadear.

   -¿Caliente, Sam? ¿Hasta el aire te la para? –le pregunta, labios torcidos, ojos brillantes como los de un gato.- ¿Te habría pasado hasta con el tío Bobby encima? –le reta. Y Sam quiere morirse, y teme que ocurrirá, realmente, al estallar en llamas, cuando el hijo de perra comienza a mecerse sobre su pelvis, adelante y atrás, rozándose contra su miembro, arrancándole un gemido.

   -No, Dean, deja de… ¡Ahhh! –el hijo de perra, era un hijo de perra, soltándole las manos, como retándole a bajarle, había enderezado su cuerpo, las rodillas contra sus costados, totalmente sentado sobre su regazo, sobre la joven, dura, caliente y pulsante tranca.

   -¿Quiere que baje, Sam? –pregunta untuoso, retador, sonriendo chulo, meciendo nuevamente su culo de adelante atrás, frotándose de su tolete que respondía con espasmos.

   -¡Hijo de perra! –brama con voz rota, jadeando, su delgado torso subiendo y bajando con esfuerzo. Ahora no sólo se rozaba de su piel, quemándole, sino que su verga también había endurecido dentro del ajustado bóxer gris, alzando la tela visiblemente, y el hijo de perra, porque lo era, se las ingeniaba para que fuera muy consciente del roce de sus bolas y su tranca dentro del calzoncillo.

   Era más de lo que Sam podía procesar, su mente se apaga y el instinto toma el control. Sus manos se alzaron hacia las caderas del pecoso, encontrando la suave y lisa piel algo húmeda, cálida y vital. Le ve tensarse cuando le agarra, erizándose bajo el contacto. ¡A Dean también le afectaba!

   Las jóvenes manos van a la baja espalda del otro, los dedos apuntando hacia abajo, metiéndose dentro del bóxer; respirando con dificultad, tragando en seco, los multicolores ojos totalmente brillantes, clavados en los de Dean… quien nuevamente se echa hacia adelante, permitiéndole tocar sus nalgas con mayor facilidad. Glúteos duros y turgentes donde sus dedos se clavaron mientras deja escapar un prolongado gemido.

CONTINÚA … 21

Julio César.

2 comentarios to “CORRERÍAS EN BOSTON… 20”

  1. Josh Salvatore Says:

    JC…

    Holaaaa….!! Mi amigooo, tiempo sin saber d ti!! Bueno, como casi dos meses creo, disculpa q no alla comentado antes… Se me ah echo un poco dificil… Pero sabes q estoy aqui siempre fiel, aunque no comente, siempre estoy leyendote , esimposible q no lo haga😉 , oye no deberias dejar esto en la parte mas interesante, creo q eso es cruel… Pero bueno, me imagino q estas muy ocupado, y se lo forzado q se te hace a veces, a si q por lo menos agradesco q me complascas con esta historia🙂 ..

    Bueno no te quito mas tiempo amigo, espero con ancias como siempre, ya sabes, el proximo capitulo…
    Tu fiel seguidor

    Josh :*

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: