LOS CONTROLADORES… 32

LOS CONTROLADORES                         … 31

SEXY

   -¿No me quieres servir?

……

   -Ahhh… -Emilio parece un poseso; ojos cerrados, su cabeza va de adelante atrás, todo su joven cuerpo brillante de sudor y lujuria, abriendo y cerrando espasmódicamente el culo sobre ese dedo.

   -Dime qué quieres. –le ordena el joven, adoptando rápidamente el papel.

   -¡Cógeme! –le pide.

   -Pídemelo bien, negrito maricón. –se burla clavándole el dedo, dejándolo allí, agitándolo en su interior, escuchándole gemir putonamente otra vez.

   -Por favor… por favor… cógeme. –suplica.

……

   -¿Donde coño está ese muchacho marico? –pregunta, molesto, el chofer del camión de agua mineral al otro vendedor, un joven de cara aindiada, algo bajito.

   -Todavía está en la casa de la doctora Nóbregas.

   -Ve a buscarle, no joda. –le ruge el hombretón barbudo y algo obeso.

   El joven corre hacia la casa, maldiciendo al compañero por hacerle trabajar más de la cuenta. Coño, la puerta estaba abierta, ¿acaso esa gente vivía en la luna y no sabían de la inseguridad? Pasa y va a llamar cuando oye unos gruñidos.

   -Oh, si, negrito maricón, aprieta mi güevo, apriétalo así, sácame la leche con tu culo de puto. –era la voz de su compañero, y las embestidas ¡de una cogida! Pero, ¿qué diablos…?

……

   Dentro de la cocina no sólo se oyen gemidos y gruñidos de pasión entre machos; como está siendo cabalgado de pie, apoyándose contra la nevera, Emilio se aferra a esta y la fuerza de las embestidas la tienen traqueteando toda. El joven de rostro aindiado se asoma a la puerta y los mira con la boca abierta, el espanto reflejándose en sus facciones. ¿Qué carajo hacia ese hijo de puta cogiéndose a un negrito marico?, ¡y de tan machito que se la daba!, la idea le parece horrible. Pero están los dientes apretados de este, su gesto torvo de dominio y control, la camiseta alzada sobre su cuello mostrando el joven y delgado, pero fibroso torso, la bragueta abierta y su güevo saliendo de allí, grueso y tieso, clavándose una y otra vez entre aquellas nalgas redondas y negras, haciendo que aquel tipito joven, más que ellos dos, grite y se revuelva como un poseso, con gemidos y una sonrisa viciosa que le eriza la piel. ¡Aquel chico estaba en la gloria mientras le daban duro güevo por ese culo!, eso estaba claro.

……

   En su casa, caído sobre su cama, de medio lado, como si hubiera estado sentado y perdido el conocimiento, Tony Moncada tiembla, violentamente, alcanzado por una fría ola que le cubre, desagradable y dolorosa, mientras el calor abandonaba su cuerpo. Sus labios tiemblan aunque no emite sonidos. Cierra los ojos y algo de llanto escapa por la comisura de uno de ellos.

   -Nóbregas… -grazna con voz rota. Sabiendo lo que ocurre. Horrorizado de lo que hizo.

……

   -Tómalo todo, negro cabrón, apriétalo; esto es lo que te gusta, ¿verdad?, un güevo en tu culo. –le ruge el chico del agua a Emilio Nóbregas, cogiéndole con renovados bríos, con fuerza, casi estrellándole contra la nevera de donde caen imanes y algunas cosas suenan en su interior.

   -Ahhh… Ahhh… -es todo lo que el joven puede hacer, balbuceando, babeando, sonriendo y sintiéndose caliente y muy vivo mientras ese tolete pulsante y nervudo barre y refriega las paredes de su recto, uno hecho para brindarle todo ese placer. Entregar su culo, ordeñar vergas con él, era todo lo que deseaba en la vida. Servir a los hombres. Esas ideas extrañas daban vueltas en su cabeza, mientras dentro del bóxer se le agitaba y frotaba el negro tolete, duro y goteante, sintiéndose caliente, a punto de caramelo. Se lo aferra y gime con el puño, qué rico era; lo frota con amor, con ternura, pero también con ganas. ¡Quiere correrse!

   -Oh, sí, así. –ruge el muchacho con una expresión malvada, sintiendo su miembro bien apretado y chupado por ese culito vicioso. Había algo en sacarla y meterla dentro del redondo agujero masculino en medio de las dos turgentes nalgas que le tenía al borde. Coger culo era rico, coger a los maricones también. Quiere eso, quiere coger a todos los maricones del mundo. Y podría, se dice sintiéndose fuerte, poderoso.

   Incrementa sus embestidas y Emilio se retuerce, agitado, chillando como la propia puta, siendo alzado a cumbres de excitación imposibles de comprender. Con descaro y ganas comienza a echar su culo hacia adelante y atrás, deseando atrapar con su anillo el joven tolete de carne de macho, mientras se masturba deseando acabar. Grita y jadea, siente que está a punto de correrse, que le falta poco, muy poco…

   -Maikel, ¿qué haces? –llega la ronca voz, y la pareja que tira vuelve los rostros, sin detener las embestidas uno, sin dejar de mecer su culo de adelante atrás el otro.

   -Le lleno el culo de leche al maricón este. –ruge el tal Maikel entre dientes, clavándosela toda a Emilio y gritando, corriéndose abundantemente, rebosándole las entrañas de esperma con uno, dos y tres estallidos, mientras el muchacho gime, oyéndose y viéndose más maricón aún, apretando el culo, succionando con él. Todavía bombeándose hacia atrás… necesitado de su orgasmo. Uno que no alcanza.- ¿No quieres probar? –pregunta sacándole el tolete, el semen mojándoselo y chorreando de ese agujero negro, empegostando el bóxer.

……

   Liam Bartok se estremece echado sobre el sillón de su despacho, piernas separadas y lazas, apenas moviéndose cuando el teléfono fijo repica y lo toma. Sabe quién es.

   -¿Lo sientes? –pregunta su jefe.

   -Está… está… -ojos cerrados y boca muy abierta le cuesta contestar, por la sensación que le alcanzó, una energía ajena, dejándole frío y sin fuerzas… o tal vez por la golosa boca masculina que le traga la rojiblanca barra de carne que sale de su pantalón, ruidosa y entusiastamente como si de un muerto de hambre que encontrara un buen bistec se tratara.

   -¿Quién es ese chico, Liam? Cómo puede tener semejante poder? –demanda saber la voz.- Parece comparable al mío.

   -Es un… -traga en seco cuando aquella boca húmeda y caliente le traga todo el tolete, metiéndose en su bragueta, los labios pegándose de su pubis, bañándole con el aliento, succionándole con la garganta.- …Es tan sólo un chico poderoso, señor. Aunque no imaginé que lo fuera tanto. Es bueno que… hummm… esté de nuestra parte.

   -Nos buscan, amigo mío. Frente a la quinta, después de que se fueron tus muchachos… -oye y traga, la boca del director de escenas, ese tío de cuarenta y siete años que ha filmado toda su vida porno variado, aunque era totalmente heterosexual, hasta ahora, sube sorbiendo juguetona y golosamente por todo su tronco, dejándolo brillante de saliva, rojizo, besándole y lamiéndole la cabecita con una intuición y conocimiento nuevos, el bigote rozándole un tanto.- …Sentí la presencia de otros dos como nosotros. No controladores, pero si poderosas. Dos mujeres. Nuestros enemigos nos buscan y tu chico puede llevarlos hasta ti. –sentencia, y aunque Bartok sabe que es algo grave, cuando el director de escena vuelve a tragarle el güevo, quemándoselo con sus labios, mejillas y lengua, agitando el rostro de un lado a otro, no puede pensar con claridad.- Comencemos. Es hora de darnos a conocer. Que Caracas y el mundo se vayan a la mierda. ¡Y termina de correrte en ese tipo! –ordena fríamente, cortando la llamada.

   Bartok sonríe satisfecho, sin abrir los ojos; si, el mundo sabría al fin de ellos, la infección se extendería indetenible. No había nada que nadie pudiera hacer… Levanta la nuca y enfoca al sujeto que entró justo cuando sintió al chico. Lo que Tony hacía le afectó, despertó su esencia, sus habilidades, y el otro había ido a decirle algo quedando atrapado. Ahora, aunque nunca en su vida hubiera considerado tal cosa, estaba allí becerreándole el güevo en busca de leche.

   -Basta. –ruge imperativo, apartándole bruscamente por la frente, sorprendiéndole dejándole allí de rodillas, barrigón pero fuerte, la barba cubierta de espesa saliva, los labios rojos de tanto chupar, mirada confundida.- Párate, bájate los pantalones, monta la panza en mi escritorio y separa las piernas, voy a usar tu coño…

……

   ¿Puede creerse que cuando una verga fue acercada a sus gruesos labios de joven negro, Emilio Nóbregas lo resintió? No era lo que Tony Moncada había “programado” para él, pero de nada le valió cuando el muchacho del agua mineral, el tal Maikel, y su socio, decidieron gozarse a dúo al mariquito ese que habían encontrado. Claro, así como ignoraba lo de la programación, el trío no sabía que toda esa sobre estimulación sexual no era enteramente de ellos, habían pasado por ahí cuando una bomba sexual había estallado y quedaron afectados.

   Como sea, negándose en principio  a mamar güevo, allí estaba, en cuatro patas sobre el piso de linóleo de la cocina de su madre, con el bóxer todavía a medio culo, ocultándole los genitales pero no el orificio, el cual era macheteado con fuerza en esos momentos por el joven de rasgos aindiados, al tiempo que se tragaba el güevo de Maikel, chupándolo ruidosamente. Los chicos del agua estaban follando su boca y su culo como si de algo ensayado se tratara; con fuertes golpes de caderas, uno iba y el otro venía, llenaban sus agujeros ahora ávidos de sexo. Porque si, ese tolete deslizándose sobre su lengua le encantaba al chico de ojos cerrados que gemía de manera erótica, ahogado al tener el claro tolete llenándola. Y todavía se las ingeniaba para masturbarse metiendo una mano dentro del bóxer sin exponer su tranca. A esos machos no les gustaba verla.

   Maikel atrapaba su nuca, clavándosela por la garganta, donde la ordeñaba, al tiempo que el otro le aferraba las caderas con manos fuertes, sacándole el güevo casi hasta el glande, refregándole las paredes del recto en el trayecto, antes de clavárselo otra vez. En un momento dado, el chico que llenaba su agujero anal gritó, estremeciéndose, corriéndose en sus entrañas. Sintió esa pieza caliente, más dura, vomitado su carga de lava, una que su culo parecía succionar con vida propia. E intercambiaron. Dejándole en cuatro patas, el culo goteando semen, esos mocetones se pusieron de pie y cambiaron de lugares, llenándole otra vez.

   Los chicos parecían dominados por algo superior a ellos, que les obliga a usar sus jóvenes güevos sin descanso, gozando de sentirlos apisonados por esa boca y ese culo goloso que no se cansaba de ir y venir a su encuentro, apretándolo sedosa pero exigentemente, exprimiéndolo. Gruñían y sudaban cuando sacaban sus toletes y con ellos le azotaban la cara y las nalgas, con fuertes y muy sonoras bofetadas para luego clavárselos otra vez. Y mientras lo cogían, duro y a fondo, el par de mocetones le decían de todo, todos los insultos que Emilio había usado en el pasado, con sus amigos para herir a otros, le eran regresados ahora de manera degradante, humillante e insultante… poniéndole más y más caliente. Le excitaba ser insultado, abofeteado por un güevo mojado de saliva. Los “negrito maricón” eran como caricias para sus oídos. No dejaban de cogerle mientras le insultaban, con Maikel dándole duras palmadas a sus nalgas, el otro chico halándole el cabello mientras le obligaba air y venir con más rapidez sobre su tranca con la boca.

   -Trágatelo todo, maricón. –rugía el muchacho, mirando al socio y riendo.- Si, este marico sí que sabe mamar un güevo. Y se siente tan rico.

   -Pero este culo esta mejor todavía; cómo aprieta de sabroso. –respondía Maikel, aumentando sus embestida.- Escúchalo gemir y lloriquear, es toda una princesita marica, y una princesita necesita que los caballeros las coronen, ¿no? –y riendo de su broma, le azotaba aún más con la mano, metiéndosela hasta el fondo y todavía frotándose de sus nalgas.

   -Maikel, Saúl, ¿se puede saber qué tanto…? –una voz que viene de la entrada de la cocina, les sorprende. Y el trío ver al chofer del camión.- Pero ¿qué carajo…? –asombrado, en shock, les mira… mientras su tolete comienza a endurecer bajo el jeans y Emilio sospecha lo que viene.

……

   Cuando Jóvito Malavé ve llegar a su primo Benito, sabe que se meterá en problemas, pero no podía dejar de contarle y compartir lo vivido. Ignoraba que comenzaba un juego muy peligroso.

CONTINÚA … 33

Julio César.

2 comentarios to “LOS CONTROLADORES… 32”

  1. tumi Says:

    Esta serie esta muy pero muy buena, como siempre muero por la siguiente parte, están increíbles cada ves me deja mas clavado.

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