LA NENA DE PAPA… 18

LA NENA DE PAPA                         … 17

De Arthur, no el seductor.

BOY THONG HOT

   Sabe lo que le espera.

……

   -¿De mí? ¿Hablaban de mí? –grazna, el corazón palpitándole feamente en el pecho.

   -Si, me habló de ciertas competencias a las que tendrás que asistir, y que necesitas un nuevo uniforme para…

   -¡No! –es tajante, no iba a aceptarle cosas, pero al notar el fruncir de ceño se retracta un tanto- Gracias, se… papi, pero no quiero regalos. Ni que traiga paquetes cada vez que viene. Los chicos se darán cuenta y hablarán.

   -Lo siento, pero ya me he ocupado, encontrarás mañana todo en tu vestidor. Y la renta la tienes cubierta para el resto del año, o hasta la graduación. Tu patrona no vendrá a “revisar”. También… -se encoge de hombros.- Llegará una pequeña contribución en tu nombre para el equipo de pista y campo.

   -Señor Cole… -brama, abrumado y alarmado, un manotazo a la mesa le hace pegar un bote sobre el asiento… notando la presión del consolador, instintivamente cierra su culo y todas esas sensaciones se intensifican de manera confusamente estimulantes.

   -Joder, cómo te quejas. ¿Sabes qué?, está bien, tú ganas. –comienza brusco, asustándole y esperezándole, ¿acaso le dejaría en paz?- Si no me quieres aquí, si te molesta mi presencia, me iré. Dímelo y lo haré, ¿no me quieres en tu pieza? –pregunta retándole.- ¿Quieres que me largue y no vuelva?

   Por un segundo el muchacho boquea, vestido así, con aquella cosa metida en su culo, ¿acaso hablaba en serio? ¿Si le decía que se fuera lo haría?

   Como sea, el hombre no le da tiempo de pensar, muy molesto arroja una servilleta sobre la mesa y se pone de pie, la silla rueda hacia atrás, casi con violencia. Con los ojos muy abiertos, Brandon le ve acercarse, tomarle de una muñeca y alzarle, obligándole a caer de panza casi sobre la caja de pizza. Y una mano grande y velluda vuelve a su trasero, azotando lenta y suavemente, llenándole de grasa de pizza. Poderosa, dominante, así lo piensa el muchacho, así como nota las vibraciones que esas palmadas provocan en el juguete clavado en su culo.

   -Ahhh… -se le escapa.- Señor Cole… -gimotea, ¿acaso para recordarle que se iría?

   -Eres una malagradecida, Brenda, todo lo que hago por ti y… -con una mano sobre el cabello suave del muchacho le obliga a caer totalmente sobre la mesa, azotándole y acariciándole las nalgas rojizas, que se abren por la posición, notándose el hilo dental en la raja intreglútea con el consolador clavado.- Dime, ¿quieres que me vaya?, ¿quieres que me vaya? –le pregunta gritado, reteniéndole con fuerza, oyéndole gemir, viéndole estremecerse, imaginando cuánto afectaba aquella cosa las entrañas del chico. Y tomando la base lo rota, y Brandon casi bizquea, alzando el rostro, boca muy abierta.

   Un momento, ¿ese carajo no estaba diciendo que se iría, preguntándole si deseaba eso?, la idea llena la mente confusa del chico, pero le era imposible pensar con claridad porque… porque todas las manipulaciones anteriores de Cole le habían excitado de una manera extraña. Tan ajena a su manera de pensar que lo hacía todo más intenso. Y todo placer hasta ahora, toda liberación orgásmica le había parecido un tanto insatisfactoria, inconscientemente estaba medio frustrado. Por otro lado, el consolador estaba afectándole, no podía negárselo a sí mismo. Aunque rebelándose contra la idea imagina que se debe a la astuta manipulación de un hombre con experiencia que sabía cómo hacer reaccionar a cualquiera. ¿Acaso no habían sádicos que lograban que sus víctimas, hombres, se avergonzaran de haber sentido placer sexual al manipular sus próstatas?

   Todo eso lo piensa, febrilmente, mientras es perfectamente consciente del juguete retirándose de su culo, la cabecita, algo más ancha, refregándole las paredes del recto, uno que sabe, rojo de mejillas, que tiene apretado para sentirlo mejor. La mano sobre su nuca la retiene, el macho poderoso le domina, pero todavía se revuelve y estremece cuando la punta del juguete recorre su raja, donde el hilo de la pantaletica ocupa su lugar. Se tensa cuando la punta roma, sobre su ojete, aprieta, lenta pero inexorablemente, abriéndole, metiéndole la tirita que finalmente se aparta. Y le avergüenza el alarido ronco de placer que escapa de sus labios en esos momentos tan horribles, el dildo entrándole.

   -Mira todo lo que hago por ti, Brenda, ocupándome de tus necesidades sexuales, atendiendo tu ardiente crica, y sigues quejándote. –le oye, regañándole, pero sabe que se burla.- ¿No quieres esto? ¿No lo deseas? –se le medio tiende, retándole.

   Lentamente, centímetro a centímetro el cilíndrico juguete va clavándose en su culo, desapareciendo de la vista, forzando su entrada, tomándole, controlándole. Haciéndole consciente de su inferioridad frente al macho alfa… y la cosa no podría importarle menos en ese momento. Tan sólo la realidad del no muy grueso consolador (que nada aliviaba sino que incrementaba las ganas) que lo está penetrando, abriéndose camino lentamente en sus entrañas, despertando nuevas oleadas de lujuria, de placer y ganas que recorren su joven cuerpo de muchacho, inundando su cerebro de endorfinas y testosteronas, casi llevándole al delirio.

   -¿No te gusta que te toque? ¿Es eso, Brenda? –le pregunta, ronco y lujurioso, sabiendo que el chico no puede responder como no sea con cortos gemidos que intenta controlar y ese meneo de culo que inicia para acompañar las cogidas.

   Con el cabello cayéndole en los ojos, cachetes muy rojos y la boca abierta, Brandon sólo es consciente de la manera en la cual su recto se abre y cierra al paso del juguete que lo estimula. Lo aprieta, el anillo de su agujero se cierra ferozmente sobre el cilíndrico objeto, pero no para sacarlo, lo sabe. Y las ideas e imágenes que inundan su mente lo enferman… Su culo abriéndose y separándose, la sensación de ese recorrido… El recuerdo de la verga tiesa, gruesa, larga y nervuda de ese hombre haciéndole lo mismo. Traga en seco, con carita de angustia, recordando aquellas cogidas sobre la cama matrimonial del hombre. El recuerdo del tolete caliente, pulsante y vivo que…

   -¿En qué piensa, Brenda? –el hombre le pregunta, encimándosele, sacándole el consolador y posicionándose detrás. Movimiento que tensa al muchacho, quien aguarda con impaciencia. Y cierra los ojos cuando lo siente.- ¿Acaso con esto, pequeña zorra caliente? –es la pregunta burlona, excitada.

   Mientras aún le retiene contra la mesa con una mano, Cole saca de sus pantalones la verga erecta, dura y goteante de emoción, y con ella, aferrándola con la mano por la base, procede a azotar esas turgente nalga de muchacho, con fuerza, gozando el impacto contra la tierna carne, notando como el chico se tensa y espera, oyendo sus gemidos, notando el casi arquear de su espalda. La rojiza mole de carne golpea en una, luego en la otra, sabiendo que quema al chico, que lo moja de líquidos pre eyaculares. Pronto ese joven aprendería a reconocer ese aroma, enloqueciendo ante él. Sonriendo, el hombre lo posiciona detrás, como hizo con el juguete, y con la punta de su tolete frota y empuja un poco contra ese culo chico, casi metiéndole el hilo de la tanga.

   -Ahhh… -Brandon gime largamente, cerrando los ojos, boca algo babeante, apoyando una mejilla en la mesa. Esperando la cogida. La enculada. Su agujero sufre violentos espasmos tras el hilo de la tanga. Para ello separa sus piernas un poco más, de manera automática. La risa del otro es casi hiriente.

   -Eres una zorrita… -es el susurro ronco.

   -Hummm. –el muchacho se muerde los labios para no gemir cuando las manos del hombre, soltándole la nuca, van a sus nalgas, separándolas aún más, y coloca entre ellas, a lo largo, su pulsante y ardiente verga, soltándolas. Cierra los ojos otra vez. Sintiéndola poderosa y caliente pulsar contra su piel.

   -¿No querías que me fuera? –le recuerda burlón, y Brandon nota que baja un tanto su caderas y las alza, moviendo y frotando la gruesa pieza de carne tiesa contra sus glúteos, algo que le produjo un real placer por el gemido que soltó.- ¡Hummm!, maravilloso. Dime, Brenda, ¿me marcho? ¿No quieres esto? –le reta sonriendo con una mueca libidinosa mientras sube y baja su verga entre las turgentes y redondas masas duras de carne joven.

   Ese roce, ese pase contra su raja, sobre su culo aunque por encima del hilo de la tanga, tiene al muchacho mal. No abre los ojos en ningún momento, pero se agarra de la mesa, totalmente consciente de que tensa sus nalgas, concentrándose en ellas para disfrutar del roce de la nervuda pieza masculina, mientras lo sube y baja a su vez. De sus labios escapa un gemido cuando el hombre se acuesta sobre él, más alto, recio y pesado, sin detener el sube y baja de sus caderas, metiendo las manos bajo su cuerpo delgado y con una de ellas le atrapa un pezón erecto, pellizcándolo, halándolo, haciéndole chillar. Pero era la otra mano…

   Cole la lleva a su pelvis, acariciándole el pene erecto sobre la tanga, roce enloquecedor. Brandon grita incapaz de controlarse, su cuerpo es una masa de sensaciones. Desea que ese hombre lo masturbe. ¡Quiere que lo penetre! Nota el corazón de Cole, palpitando con fuerza contra su espalda, y ve los dedos del hombre acercándose a su rostro, a su boca, que abre y los deja entrar mientras los lame, saboreando en ellos lo que queda de la grasa de la pizza. El hombre sube y baja su verga, le acaricia ahora dentro de la tanga, así que él corresponde chupando ruidosamente de esos dedos, limpiándolos con su lengua. La risa del otro, y su retirada, le sorprenden.

   -Así que querías que me fuera. –le recuerda cuando se vuelve a mirarle, rojo de vergüenza y lujuria,  nuevamente con la tanga mojada.

   -Se… Papi, por favor… -no sabe qué pide.

   -No, Brenda, te has portado mal. Hago todo por ti y me tratas mal. ¿Crees que mereces algo, nena? Yo sí me lo he ganado. –le atrapa un hombro, clavándole suavemente los fuertes dedos, para que reconozca su tacto, su calor y fuerza, pero también para disfrutar de “su nena”. Del dominio sobre “ella”.

   Todavía confuso, y frustrado, el muchacho cae lentamente de rodillas, y pronto su rostro es azotado por la magnífica verga erecta, una que se enfila hacia sus labios color rosa, separándolos y penetrando. Cole lanza un gemido de gozo nada más sentírsela apretada por los sedosos labios del muchacho, así como sus mejillas que la atrapan y halan cuando comienza a cogerle la boca, por no hablar de la lengua que el chico pega de la cara posterior de su tranca, lamiéndola a cada pase. Con las dos manos le atrapa la nuca, los dedos enredándose del sedoso cabello castaño.

   -Oh, sí, Brenda, que bien mamas una verga. –le ruge, sus miradas encontrándose, la del macho grande y el chico sumiso en cuya boca aparece y desaparece un güevo tieso.- No quiero que te cortes el cabello. –le ordena.- Y no, no te toques… -Brandon enrojece, porque había comenzando a masturbarse mientras mamaba de aquel tolete de manera automática, sintiéndolo pulsar sobre su lengua cuando el glande amenazaba con bajar por su garganta. Retira la mano como pillado en falta.- No mereces ese desahogo, te has portado muy mal. Puedes hacerlo luego, para eso te regalé el consolador. –puntualiza, hablando cada vez más apurado, con esfuerzo, sus caderas meciéndose una y otra vez, más rápido, reteniéndole en un momento dado contra su pubis, alzando el rostro.- Ahhh… -ruge estallando en semen, uno que le quema el tolete mientras baja y baña las amígdalas del muchacho; no merecía saborearlo, por tonto, así que se corre disparando directamente hacia el esófago.

   Brandon, rojo de humillación, comprende eso, que se le castiga, aún así su lengua sigue lamiendo, su garganta succionando. Finalmente, con un suspiro, Cole retira su verga y algo babea sobre la lengua del chico, que lo saborea de manera instintiva.

   -Quédate así, estoy molesto, Brenda, mucho. Pensé que esta sería nuestra gran noche de amor. –puntualiza el hombre aseándose, metiendo su miembro en sus ropas, rumbo a la puerta.- Debes pensar en las cosas que haces, preciosa; un hombre tiene sus límites para con los caprichos de una nena por muy sexy que sea. –le advierte, saliendo con una enorme sonrisa en el rostro.

   De rodillas en el piso, profundamente humillado por la manera de ser tratado, pero también por la frustración del orgasmo no alcanzado, Brandon se siente miserable. Los golpes a la puerta le sobresaltan. ¿Acaso volvía por…?, se pregunta hasta que recuerda que Cole tiene llaves.

   -¿Si? –sigue donde está.

   -¿Moses? –enrojeciendo un poco, de vergüenza, oye la voz de Mark.- Amigo… -carraspea este como si hablara contenido y bajito, contra la madera.- Vi a ese tipo salir. ¿Qué pasa, Brandon? ¿Quién es Brenda? ¿Eres tú? ¿Eres la “zorrita” que dice ese tipo?

CONTINÚA … 19

Julio César (no es mía la historia).

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