SÉ MI AMIGO, JEN… 9

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 8

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

JARED PADALECKI HOT

   -Jugaré bien mis cartas y te ganaré…

   -Cuando decías que necesitabas salir a flote de tu mala hora financiera, parece que lo decías en serio. –exclama casi entre dientes, no puede evitar el tono corrosivo. Siente un placer malvado al verle parpadeare confuso, luego enrojecer indignado. ¿O pillado?

   -¿De qué diablos hablas? Sólo hacía lo que me ordenaste.

   -Hace horas. Y con evidente éxito. –hay un tonillo irritante en su voz, mientras elocuente mira a su hermana que habla con la otra chica.

   -Hijo de… -Jensen se siente furioso, no entendiendo para nada toda aquella ira de parte del castaño. Abre la boca pero el otro ya no quiere escuchar.

   -Termina con esta reunioncita de té y galletas y vuelve al trabajo, busca mis trajes y envíale más flores a Genevieve, ya que por estar ocupado de todo de verdad, cosa que yo si hago, la dejé embarcada otra vez. –ordena duro, volviéndose y marchándose, aunque el estómago le gruñe de hambre.

   El pecoso sólo puede mirarle alejarse, con la boca abierta y los ojos lanzando brillantes rayos verdes de ira. Se siente furioso, si, pero también herido. Jared no fue claro; no lo llamó perro pero le pisó la cola. Da un paso decidido a seguirle para aclara toda esa mierda pero Megan aparece frente a él, cortándole el paso.

   -¿A dónde vas? ¿Y Jared? Pensé que almorzaría con nosotros. Vamos y te presento a mi amiga. –sonríe todo dientes, emocionada. Su amiga se moriría de envidia al verle.

   -Yo… Jared debió subir, algo importante se presentó. Lo siento, Megan, no puedo quedarme. Discúlpame y almuerza con tu amiga. –intenta una sonrisa, pero le cuesta.

   -Ay, Jensen, Jared te pidió que me ayudaras. –la joven intenta un mohín.

   -También quiere que recoja sus trajes. Mira, te llamó y hablamos de la reunión, ¿si? Déjame ocuparme de esto.

   -No te metí en problemas, ¿verdad? Si es así déjame hablar con Jared y… -se ve mortificada.

   -¡No! –sonríe.- Yo lo resuelvo, ¿okay? –le tiende la mano, ahora si viéndose genuino.- Fue todo un placer y una experiencia, Megan Padalecki. –la joven estalla en una risa feliz y algo tonta, correspondiéndole.

   -Digo igual, Jensen Ackles.

……

   Jared, furioso pero no notándosele más allá del ceño fruncido, sale del ascensor. Pero basta para que todos sepan que el alegre millonario y jefe de la mañana ya no está ahí. Con grandes zancadas regresa a su oficina, tomando el móvil en la mano lo mira, el timbre de la llamada le indica que Jensen le telefoneaba. De nuevo. Y nuevamente le ignora. Está molesto con el rubio, mucho, y lo peor es que no entiende exactamente por qué. Mirando la pantalla no lo apaga, ve el nombre, “Jensen llamando, Jensen llamando”, y no se anima a cortarlo, deja que termine.

   -No estoy para nadie. –ruge entrando en la oficina de Alexis, la cual alza una ceja.

   -¿Ni para Jensen? Acaba de llamarme preguntándome si estabas aquí y…

   -Especialmente para él. No le digas que estoy aquí. –se le escapa con pasión, arrepintiéndose al ver la sonrisa de la joven.- ¿Sabes lo que hacía ese idiota…? -calla la explicación que iba a darle, ¿qué podía contarle?, ¿que el otro estaba con su hermana porque lo mandó con ella, y a ella le agradó demasiado?- Olvídalo, no estoy.

   -Ah, ¿la primera pelea entre ambos?, que mal. –se burla la joven.- Se veían tan felices juntos.

   -No comiences, Alex. –ruge, y no le gusta la mirada femenina.

   -¿Es por Megan? Nunca te ha gustado prestar tus juguetes.

   -Alex. –ladra.

   -Okay, si viene me arrojaré a sus piernas para detenerlo. Por cierto, tu madre llamó.

   -Gracias. –gruñe, más ceñido, no gustándole la imagen de la diminuta y hermosa joven arrojándose sobre Jensen. Va hacia su escritorio pero se desvía al refrigerador empotrado. Saca una botella de jugo, muy dulce, y bebe. Lo necesita. Y comer. Va y cae tras su escritorio. Hay dos llamadas más de Jensen. Y un mensaje.

   “¿Qué diablos hice para que te molestaras tanto?”, rezaba. Sintiéndose mortificado deja el aparato a un lado y toma el teléfono fijo. Espera.

   -¿Jared?

   -Hey, Ma. –saluda con su mejor acento texano. Hay un silencio que le extraña.- ¿Estás ahí?

   -Sí, pero… ¿está todo bien? Hay algo en tu tono. –la oye mientras gira los ojos. La mujer parecía saberlo todo sobre sus hijos.- Imaginé que andarías feliz, realizando aún la danza de la victoria. Jeff llamó a tu padre para comentarle que todo se había resuelto con Ron Howard. Están citados para negociar. Imagino que algo tuviste que ver.

   -¿En serio? ¿Lo viste en tu bola de cristal? –se burla. Era cierto, debería estar feliz por eso, ¿entonces por qué se sentía tan miserable? El móvil timbra. Otro mensaje de Jensen.

   -Me dijeron que almorzaron juntos. O no lo hicieron. Almorzar. Hablar sí.

   -Vaya, Ma, eres peor que la CIA. –algo de su buen humor regresa.

   -¿Seguro que todo está bien? Hay algo en tu voz…

   -Lo estoy, Ma. –hay otro silencio del otro lado de la línea.

   -¿No quieres venir a cenar? Sería bueno que hablara de todo lo ocurrido con tu padre. Y Jeff. –invita la mujer y a Jared el estómago le gruñe feo.- Megan me llamó hace rato hablando de su maravilloso hermanito que tanto la ayuda con su reunión. Parecía algo… alocada. ¿Estuvo tomando? –se preocupa, Jared ríe, algo amargo.

   -No, no es eso.

   -Ah, un chico guapo. –Sherri Padalecki suspira.- Esta niña. Pero en fin, gracias también por eso. ¿Vendrás, amor?

……

   Mientras Jensen sube y baja buscando los dichosos trajes de Jared, le envía mensajes. Mensajes que no reciben respuestas. En su oficina, el castaño mira el móvil, fascinado de manera absurda, desea ignorarle pero no puede. No deja de mirar la pantalla. Nuevas notas le llegan.

   “Necesitamos hablar”. Rezaba uno. No contestó.

   “Qué ocurre, por Dios!!!”, reclamaba en otro. Igual lo borró.

   “Hijo de puta”, llegó poco después, picándole en la piel. No aguanta y se pone de pie, saliendo de la oficina.

   -Me voy. –anuncia a Alex, sorprendiéndola.

   -¿A estas horas? ¿Vas para casa de tus padres? Tu asistente desea hablar contigo, me llamó, de nuevo, le dije que estabas ocupado aunque parecía que revisabas tu nariz. ¿Quieres esperarlo? –interroga, saltando de la silla al verle ir con paso vivo hacia la puerta y salir.- ¡Jared! –queda desconcertada. Le ve alejarse, ceñuda. Le sabía voluntarioso, decidido, a veces arrollador, pero siempre respondiendo a los cuestionamientos.

   La verdad es que no le sorprende cuando poco después aparece Jensen, viéndose increíble en su traje y con el nuevo corte de cabello, reconoce acomodándose coquetamente un rizo oscuro en su cabeza. El rubio carga en elegantes envoltorios, tres enormes trajes de Jared.

   -¿Está en su oficina? –pregunta, casi masticando las palabras, dirigiéndose a la entrada del otro despacho.

   -Se fue. –le sorprende. Jensen parpadea y recorre la vacía oficina del otro.

   -Necesitaba… -la mira, casi reclamándole.

   -Le dije que querías verle, pero… -se encoge de hombros, no gustándole el papel que Jared le hacía desempeñar, pero también curiosa, intrigada por la dinámica entre los dos hombres. Le fascina ver como al desconcierto, la ira se refleja en los ojos del pecoso y atractivo hombre, pero también algo más. Dolor. Parecía herido.

   -No lo entiendo, ¿actué mal? –Jensen parece hablar contra su voluntad, volviéndose y mirándola.- Hice lo que me pidió, que me encargara de ayudar a su hermana. Y esta tiene mil ideas, todas queriendo expresarlas al mismo tiempo y por separado. No pude silenciarla o apurarla. Megan es… -parece buscar las palabras.- Adorable, no es fácil resistir sus pucheros o sus hoyuelos cuando espera algo. Sé que demoré demasiado en el encargo, ¡pero es su hermana! –se defiende.

   -No sé qué decirte. Jared es confuso a veces. -¿así que efectivamente por eso el castaño estaba tan alterado?, tampoco ella lo entiende. No totalmente.

   -Es un… -comienza resentido, dolido, dedicándole una mueca antes de entrar a la solitaria oficina.

   Se dirige al largo closet y guarda los trajes, entre los otros, considerando, de paso, que en ese lugar el castaño tenía más ropa que él en su apartamento. Los acomoda con todo y fundas, deteniéndose un segundo. Aspira suavemente. Le gusta el olor de esa colonia. Era una fragancia fuerte, dinámica, poderosa, pero grata, seductora. Dedicándole una mirada a Alex, quien parece estar dando por terminado su día también, revisa en las gavetas y encuentra un frasco de Acqua di Gio, una Giorgio Armani. Huele desde más cerca. Es una gran fragancia, y tenía que serlo por lo que sospechaba que valía, pero… No, no era exactamente eso. Resopla y cierra, deteniéndose un segundo.

   ¿Sería eso todo?

……

   Estaba molesto. Y hambriento. Jared, despojándose del saco mira el teléfono, debía ordenar algo de comer. Tal vez eso le ayudaría a mejorar su carácter, o a pensar con más claridad. Si, seguro que tenía una baja de azúcar y por eso se había comportado como un verdadero cretino. Con Jensen. Pensar en el rubio le hace exhalar aire ruidosamente y caer sentado en un sillón, agotado totalmente por primera vez en su vida. ¿Por qué estaba tan enojado con él, y consigo mismo? Lo sabe aunque le cuesta entenderlo o procesarlo cabalmente. La idea era casi hiriente e intimidante: le había disgustado que Megan le mirara como una gatita a punto de lanzarse sobre un apetitoso platillo de leche tibia. Y esa comparación, por alguna razón, le eriza los pelos de la nuca. Celos, sintió celos. Unos celos intensos y terribles.

   Tenso, y molesto, se pone de pie. Conoce los celos, Alexis tenía razón, le gustaban sus cosas, defender sus logros. Amaba sus propiedades. Pero Jensen no lo era, no una cosa. Era una persona. Y ese tipo de celos si era verdad que nunca los había experimentado. Su padre, por ejemplo, quería a Jeff de una manera especial; lo aceptaba como un hecho, así como que el cielo era azul, eso nunca le llenó de ira o resentimientos. Sabía que Jeff, en el fondo, fuera de lo gilipollas, amaba complacerle, en ser el hijo perfecto para él. Estaba bien que entonces le quisiera en correspondencia. Su madre los amaba a todos por igual, aunque, secretamente, creía que él, Jared, era su preferido. Sonríe al pensarlo, saliendo al balcón. Era natural sentir algo de molestia cuando un amigo dejaba de prestar atención por la llegada de alguien nuevo, pero al final todo volvía a su cauce. Esto de ahora, sin embargo…

   Se reclina contra la baranda mirando la bella ciudad cubierta de sombras (el estómago le reclamaba que cenara), recordando a Megan tomar la mano de Jensen al tenderse hacia él para contarle algo que hizo estallar en carcajadas al pecoso rubio, enrojeciendo sus pómulos. Jared cierra las manos sobre la baranda. Celos. Ardió en la amarga hoguera de los celos porque Megan le hacía reír, le divertía. Lo tocaba. Casi asustado, parpadea, intentando luchar contra una idea enorme, terrible, y a la vez maravillosa porque llenaba su naturaleza voluntariosa y a veces egoísta: Jensen es suyo. La idea le provoca tal estremecimiento que teme el corazón se le detenga en el pecho, comenzando ya a explicarse, a disimularse. Le quería como amigo; era su amigo. Eso era todo.

   Lanzando un frustrado gruñido de “¿en qué mierda estoy metiéndome?”, baja el rostro y apoya la frente en la fría baranda, algo que le brinda cierto alivio. Cierta paz. Estaba divagando, evidentemente, el hambre le estaba afectando más de la cuenta. Era eso, se dice e intenta aferrarse a esa convicción. Ordenaría algo, se vuelve y entra a la sala, mucha carne, papa y pastas y… Mira el teléfono, recordando la llamada de la noche anterior. Enfureciéndose, ¡Jensen no tenía ningún derecho a hacerle eso! No, no podía quedarse. Necesitaba algo… y estaba solo, Genevieve había preferido sus compromisos a verlo, no era su culpa. No totalmente. Se quita la corbata casi a manotazos, sonriendo torvamente.

……

   El hermoso vehículo recorre la sórdida cuadra estrecha, con sus fachadas mal iluminadas, los muchos callejones donde mujeres jóvenes, y no tanto, así como algunos muchachos de rostros afilados y ademanes amanerados, le lanzan codiciosas miradas. Les mira con cierta fascinación, como el hombre de ciudad que va al campo y comprueba que la fauna del país es más extensa de lo imaginado. Se detiene y mira el ruinoso lugar, las damas de la noche, no muy agraciadas la verdad sea dicha, esperan junto a un sujeto que se acerca a los vehículos que se detienen y le dicen algo. Este saca algo de su sobretodo, lo entrega y la mano regresa con dinero. ¡Todo tan discreto!, sonríe para sí el castaño. Putas y traficantes, ese era el lado salvaje de la ciudad. Mira hacia el inmueble, justo lo que necesita, se dice con sarcasmo mientras sale, asegura el auto y cruza entre las ofrecidas damas, que aunque están allí por negocios, saben valorar a un hombre atractivo y resuelto con aires de tener dinero.

   El castaño no se detiene, entra y nota el ascensor dañado. Sube las escaleras. Sabe a dónde va. Hay un aire de abandono, de decadencia en esos escalones ennegrecidos, manchados (no quiere pensar de qué), y mal iluminados. Llegas al tercer piso, sin alteraciones respiratorias, mirando en todas direcciones se detiene furtivamente frente a una puerta y pega la oreja. Nada. Toma aire y llama a golpes.

   -¡Hijo de perra! –llega el bramido iracundo mientras la puerta se abre.

   Y se congela, aunque no tanto como Jensen al encontrarle en el marco de su puerta.

   -Jared, ¿qué diablos…? –el castaño eleva las manos.

   -Necesitaba verte, pecoso. Vengo en son de paz, a disculparme.

CONTINÚA … 10

Julio César.

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