BLASFEMIA

TIEMPO LIBRE… SIN INTERNET

homero-el-blasfemo

   ¿A quién escuchar?

   Como en la propaganda de la película aquella, parece que ahora el tiempo se me va en ir a funerales. Desde lo de papá, me ha tocado ir a otros tres. Un bebé de meses, un amigo de la casa y una doñita tía abuela de una amiga. Y enterarme, además, de otros que también andan mal de salud. Por ello ando limitado de tiempo y como ausente. Y fue en el velorio del amigo de la casa donde tuve un pensamiento impío. No se me mal interprete, creo en Dios, pero no como una necesidad personal (debería ser más religioso pero no lo soy); me gusta la idea de que esté ahí, no me parece improbable, por eso no le exijo que se manifieste; no lo responsabilizo de cada desgracia humana causada por nosotros. Creo por razones propias, aunque poco se manifieste en mi diario vivir. Lo otro es que soy católico, poco practicante, eso sí, pero de los que se molesta cuando atacan a la Iglesia, no por cuestiones puntuales, sino generalizaciones, casi siempre proveniente de gente que dice no creer.

   Bien, en ese funeral del que hablo, una hija del difunto, cristiana según ella, evangélica se les decía antes (en fea generalización), me recordaba algo que me dijo antes, que su papá no duraría mucho. Dios se lo había dicho, aseguraba. Y aunque el asunto fue cierto, no duró aunque no parecía estar tan mal, eso de que Dios se lo dijo da dentera. Aunque, ¿qué sé yo? Tal vez Dios si hable con este o con aquella, que no lo haga conmigo no significa nada, ni es una razón valedera para dudar de la palabra de mi amiga. Sencillamente no lo sé. El asunto es que también me aseguró, que aunque le pidió mucho por la salud de su papá, sabía que no ocurriría nada, pues sus hermanos habían llevado al señor con un brujo para que le ayudara, y “Dios no lo curaría, no para que el mérito se lo llevara un servidor del Malo, para que todos dijeran que el brujo lo curó”. Eso me hizo reír, poco cristianamente, debo reconocer, por el pensamiento que se me vino a la mente y expresé, ganándome un regaño de ella: Qué Dios tan caprichoso.

   Ah, no es fácil hablar de fe.

EL TERRIBLE RICARDITO, MI AMIGO

Julio César.

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