EL PEPAZO… 9

EL PEPAZO                         … 8

De K.

bronceado-y-sexy

   -¿Se te antoja?

……

   -Hummm… -se le escapa al mover el dedo adentro y afuera de su redondo anillo, la frente pegada a las baldosas. ¿Cómo le contaría a su cuñado, por muy urólogo que sea, que sintió eso tan raro en un gimnasio? Algo que le horrorizaba y asqueaba pero que lo excitó.- Ahhh… -deja salir, diciéndose que no podía contar esa parte. Pero si lo del supositorio, ¿verdad? Después de todo creyó que era algo medicinal. Con cara roja imagina lo que todos dirían si lo supieran.. Oh, Dios. –exclama casi ronroneando, el dedo, bien metido en su culo, lo flexiona rascando con él su interior.

   Pero debía buscar ayuda, una cosa era que algo se le fuera por el culo y otra no conseguir una erección delante de una mujer abierta que le decía métela aquí. Separa las piernas montando un pie sobre el murito de la cortina de baño, abriendo las nalgas redondas, sacándose el dedo y acompañándolo, acariciándose ese esfínter hinchado con la punta de dos, frotándolo, el capullo abriéndosele dejando entrar ambos, cerrándose hambrientamente sobre ellos, las paredes del recto atrapándolos, chupándolos, halándolos.

   -Hummm… -frente arrugada, mejillas rojas y boca muy abierta, comienza un saca y mete de su culo impresionante. Cada pasada, cada roce le robaba fuerzas. Pero se congela, parpadeando, la cara bañada con mil gotitas de agua.

   ¿Qué estaba haciendo? ¡Se estaba metiendo los dedos por el culo! Horrorizado intenta sacarlos, pero retirarlos le produce tal oleada salvaje de lujuria y excitación que no puede contener otro gemido, uno sorprendido pero también maravillado. No, detente, se gritaba, pero vuelve a clavarlos, agitando las puntas, sintiéndolo otra vez, tal carga de adrenalina que le parecía que su corazón estallaría. Alza el rostro y grita de lujuria, toda su piel erizada y excitada al sacar y meter sus dedos. El tolete le abulta, se le llena, se para en toda su grandeza, goteante.

   No quiere pensar, no puede cuestionarse, no ahora que su culo, que meterle los dedos estaba provocándole tal calentura y placer, algo nunca antes experimentado. Sin detenerse saca y mete sus dedos apoyando ahora media cara de la baldosa, ojos cerrados, sus nalgas alzadas y echándose muy atrás. Lo siente, con la punta de los dedos cree notar algo, una cosita, una pepa, e imagina que es el supositorio, y lo sigue, quiere atraparlo, y para hacerlo clava profundamente esos dedos, el puño contra sus nalgas, agitándolos de manera activa, lo que provoca nuevas oleadas de placer.

   Joder, no alcanza, para eso necesitaría los dedos de Linares, su socio de trabajo, el tipo grande de dedos enormes. Sus dedos si llegarían si se los metiera, si estuviera allí, a su lado, con su traje y corbata, con una sonrisa sardónica en los labios, sacándole y metiéndole dos de sus dedos largos y negros, de nudillos gruesos. Esos dedos irían y vendrían, adentro y afuera, mientras le decía que lo tenía rico, que su culo era capaz de secarle el güevos y…

   -Ohhh… -se corre abundantemente otra vez, el chorro pegando de las baldosas, quedando mareado y débil de tanto placer alcanzado. Sacándose los dedos, jadeando, cara contra la pared, deja que el agua lo bañe y le limpie. No quiere pensar en lo ocurrido, porque era terrible… y porque había sido un intenso y maravilloso orgasmo. Cosas que no podía compaginar.

   Sale, se seca, se coloca otro bóxer ajustado y sexy, llegando a la cocina. Tiene hambre, mucha. Fríe carne, calienta puré de papás, también pan y bebe mucho jugo. Todo le sabe delicioso, siente un hambre canina. Cae frente a la computadora, su culo dándole un aviso, busca y nada de Fuckuyama. Va al porno, tiene mucha… pero ni le interesa ni se excita. Y no se arriesga a buscar… otras cosas.

   Va a su cama e intenta escapar de sus ideas, de su vida. Algo no estaba bien, lo sabe. Se rasca las bolas, se soba el güevo y nada, aunque lo presentía. Todo giraba, al parecer, alrededor de su culo. La mirada cae casualmente, o eso quiere creer, sobre su mesita de noche. La respiración se le espesa, el pecho recio y joven sube y baja con esfuerzo. Traga en seco y desvía los ojos. No puede mantenerse, regresa la vista a la mesita. A su largo desodorante de bolita, con su forma cilíndrica y su punta de goma enroscada, roma. Lo mira y mira, fascinado, erizado, sintiendo una intensa, desesperante y demandante piquiña en su culo. Le pica de una manera intensa, bárbara. Cierra los ojos pero en su mente ve el desodorante y el picor se incrementa. Casi maldiciéndose mete una mano dentro del bóxer, pasando sobre su tolete y bolas, acariciándose la peluda raja y pliegues que van a su culo; lo rosa, protuberante, titilante. Siente como los labios del esfínter se estremecen, y aún más al roce, abriéndose en boquita.

   Temblando de miedo, de verdadero pavor, sabe lo que quiere. Que lo estimule, que le meta el dedo. No, no, intenta resistirse, pero el dedo se entierra, dos de las falanges, y un volcán erupciona en su cerebro. Grita ahogado y ronco cuando luces blancas estallan frente a sus ojos. Siente tal calambrazo de lujuria que arquea la espalda y la separa de la cama. Mete y saca el dedo, pero no es suficiente. Ya no, mete dos, dos de sus dedos se introducen en sus entrañas, y aunque es un poco mejor, tampoco era la respuesta. Casi pateando sale del bóxer y toma el bote de desodorante, rabioso por lo que hace, pero incapaz de contenerse. Apoya los pies en la cama, con una mano se hala bolas y güevo y pega la roma aunque biselada tapa blanca de su culo. Sabe que lo que haces es una locura, es entrar en otro terreno, uno del que nunca ha sentido ganas de saber. Ni quería. Roza la tapa contra la raja, de su esfínter, y este parece alargar los labios para atraparla.

   Tiembla al comprender… su culo quería ser consolado.

CONTINÚA … 10

Julio César.

Una respuesta to “EL PEPAZO… 9”

  1. marcos Says:

    Continuala por favor!!! Como lo dejas allí!!! u.u

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