SÉ MI AMIGO, JEN… 10

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 9

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

JENSEN ACKLES BEAUTIFUL

   -¿Me quieres a mí?

   Nada más terminar de decirlo se llena de incertidumbres. Porque no sabe si Jensen reaccionará como espera… Y porque de verdad lo siente, lo desea; vino a hacer las paces, a disculparse, algo que nunca expresa verbalmente aunque lo demuestra, con un abrazo generalmente. Pero con el rubio no quiere malos entendidos. No nuevos malos entendidos. Debía moverse con cuidado, sin embargo le cuesta concentrarse, todavía no recupera el aliento. Jensen se ve…

   El otro hombre lleva una franela azul oscura, no muy larga, un jeans desteñido y viejo, cómodo, que bajaba bastante en su cintura. Está descalzo, y el hermoso cabello en cepillo. El pecoso rostro, también mostrando sorpresa, presenta un leve rastrojo color castaño rojizo. Parecía molesto al abrir, ¿acaso con él? No lo cree, no cuando le ve sorprenderse al encontrarle.

   -¿Vienes a disculparte? ¿Qué, entonces si actuaste mal? –le ve agitarse un tanto, cruzando los brazos sobre el pecho, mirada petulante, y algo le duele al castaño, con aquel gesto le parecía que el rubio quería cubrirse, protegerse de una agresión particularmente dolorosa.

   -Jensen… -susurra suavemente, y en el nombre expresaba todo lo que deseaba ser disculpado y perdonado.

   El rubio se muerde el labio inferior, ignorando, piensa el otro, el efecto que tal cosa debía tener sobre mucha gente. Dios, era tan atractivo… para ser hombre. Le ve volver la mirada hacía dentro del piso. ¿Estaría con alguien? Una desagradable sensación lo recorre. ¿Y por qué, o con quién estaba tan molesto cuando abrió si no le esperaba?

   -Pasa, no quiero que discutamos en la puerta. –le dice, echándose a un lado.- Y voy a grietarte mucho.

   -¿Seguro que puedo pasar? –le cuesta contener la sonrisa, no quiere parecer muy contento o aliviado, Jensen podría no verlo bien. ¡Y claro que entraría!

   -Entra ya, no me fio de los vecinos. –casi mastica entre dientes.

   Aunque le invita, algo reacio, Jensen no sabía si quería que entrara. El día había sido largo, extraño e insatisfactorio, y buena parte de la culpa de ello la tenía ese hombre castaño, alto y guapo. Mierda, si, le había sorprendido Jared en su puerta, seguro como estaba de que este no volvería a hablarle. Y no sólo estaba allí para disculparse, lo que era una sorpresa, (¿cómo sabía de su dirección?), lo realmente extraño fue abrir la puerta y encontrarle. Con su jeans oscuro, una franela de las buenas, mangas largas, el cabello sin gel, la hermosa sonrisa de niño que pide le perdonen el haberse comido todo el tarro de galletas. Con razón salía con tantas mujeres, no puede dejar de pensar con malestar. Una vez que cierra la puerta, tenso por lo incómodo, se vuelve y no le sorprende encontrarle mirando todo. El apartamento es prácticamente una sola gran habitación, y lo de “gran” era una generosa y alegre exageración. Cuenta con un sofá y un viejo sillón, frente a una vieja televisión que sintonizaba un juego de los Dodge, una cocina con una mesa para cuatro, con sólo dos sillas y la cama en una esquina, todo dividido por muros empotrados levantados por algún inquilino anterior. El lugar está limpio pero algo desarreglado. Comenzando por la cama revuelta. Hay gran cantidad de cajas apiladas, muchas de ellas con imágenes de utensilios de cocina. Tragando en seco, sabe que el otro estudia, cataloga y seguramente reprueba. Bien, no todos podían alquilar un Penthouse, ¿no?

   -Pintoresco vecindario. –le oye mientras mira un cuadro feo, parece una acuarela de infante de escuela.

   -Es una manera de decirlo. –suelta el aire.- ¿Cómo sabes mi…? -¿quiere saberlo realmente? Todo era tan curioso. El otro eleva su móvil.

   -Hay aplicaciones para todo, aún para conseguir una ficha en Recursos Humanos. Interesante lugar. –es el comentario contenido del castaño, la sonrisa bailando en el tono y los labios cuando le mira.

   -Vete al carajo, Jared Padalecki. –es la respuesta automática, y frunce el ceño por mostrarse tan sensible a lo feo e inconveniente de la pieza. Lo que le descontrola es la sonrisa amplia del otro.

   -Por fin una respuesta honesta de Jensen Ackles. –se vuelve, encarándole, manos en los bolsillos del pantalón, tan incómodo como el rubio, pero con mejor disposición, el otro continua con los brazos cruzados y ahora entrecierra los ojos.

   -¿Honestidad, Padalecki? –reta.- ¿Quieres honestidad?

   -Me gustaría. –la réplica es suave, pero inflexible. Sabe que el pecoso tiene que hablar. Le ve tensarse y alzar la barbilla, desafiante (y magnifico).

   -¿Se puede saber qué coño te pasaba esta tarde? –ruge, no colérico, más bien parece frustrado y confuso.- Sé que… -une sus palmas como en oración y las lleva al rostro.- Lo sé, tardé demasiado tiempo en escuchar a tu hermana planear una fiesta, pero no podía interrumpirla, Jared; Megan no me dejaba hacerlo. Tenía mil ideas y… Bueno, tú la conoces mejor, ¡es tu hermana! –suena duro.- Una hermana a la que me ordenaste escuchar y ayudar. –le recuerda.- Y no… -desvía la mirada, tenso, rígido.

   -Honestidad, Jensen. –las palabras casi parecen una bofetada para el rubio, quien le mira con el rostro rojo, los ojos brillante de ira o dolor.

   -¿De verdad piensas que intentaba “seducir” a tu hermanita para ver si resolvía mi vida? –escupe, encomillando la palabrea, viéndose lastimado.- Entiendo que estuvieras celoso… -las palabras tensan al castaño.- …Es tu hermana, y siempre nos ponemos sobreprotectores con ellas, pero de allí a imaginar que soy un canalla capaz de metérmele por los ojos para llegar al dinero Padalecki… -va perdiendo empuje; Dios, todo sonaba tan idiota, ¿cómo podía Jared creer eso?, era la parte que le alteraba tanto.- ¿Es lo que piensas de mí? ¿Que soy una especie de vividor, material para gigoló? –le clava los ojos, desconcertado, herido.- ¿Piensas que le haría algo así precisamente a tu hermana? –reclama saber, pareciéndole muy importante.

   Por un segundo Jared parpadea. ¿Era eso lo que Jensen imaginaba, que estaba celoso de verle rondando a su hermana, que le creía prácticamente un delincuente? Casi sonríe por lo absurdo de la idea, una que le hace enrojecer ligeramente. El rubio no podía estar más equivocado, pero sólo esa idea, esa aceptación íntima, una de la que nunca hablaría, le asustaba… e intrigaba. Lo otro que entiende, y logra que la sonrisa aflore aunque Jensen entrecierre más sus hermosos ojos al notarlo, es saber que toda esa molestia en el otro procedía de lo que pudiera pensar de él.

   -Por Dios, Jensen, no es eso.

   -¡Lo es! –alza la voz señalándole con un dedo.- Te vi, Jared, te escuché. Sentí la intensidad de tu… desaprobación, de tu rabia. Me encontraste hablando con Megan y me condenaste; y casi lo entiendo, en serio. No nos conocemos en realidad, una vez, en un tiempo, por un periodo muy corto, nos tratamos, pero nunca fui tu amigo, nadie a quien realmente conocieras. Y aunque me tendiste la mano generosamente, supongo que el bienestar de tu hermana es primero, pero aún así, que me creas un aventurero desalmado que… -se atropella con las palabras, enrojeciendo, viéndose increíblemente herido.

   -¡No es eso! –enfatiza, temiendo que el resentimiento del otro sea mayor de lo que esperaba.

   -Si lo es. Me creíste… -ruge perdiendo el control. Había pasado horas increíblemente desagradables desde que le viera en el restorán, malhumorado, molesto, reclamándole. Jared había sido muy claro en sus ideas; desaprobándole, le había hecho sentir casi sucio.- Las cosas que dijiste las expresaste con toda la intensión de que te entendiera. Querías… -le cuesta, pero lo dirá.- …Querías ofender, lastimar, hacerme sentir mal y lo lograste. Eres muy bueno en eso, te lo reconozco. Lo que no entiendo es por qué. ¿Qué hice a tus ojos para merecer ese trato? ¿Coqueteaba en verdad con ella, deseaba imponérmele? ¿Acaso fui…?

   -No eres tú, ¿okay? no hiciste nada, el idiota fui yo. –le corta, no quiere escuchar nada más.- Lo siento, Jensen, de verdad. No quise hacerte sentir mal, yo… -pero era parte del problema. Oh, sí, claro que quiso herirle en esos momentos. Era su mecanismo de defensa. Algo le alteró, molestó y asustó cuando vio a Megan coqueteándole, y quiso que el otro experimentara también ese malestar. Era cruel, egoísta, lo sabía, pero era como era.

   -Jared, vi en tus ojos el enojo, y era conmigo. Por tu hermana. Te lo repito, lo entiendo, también soy sobreprotector a veces con la mía, y…

   -Oh, por Dios, tan sólo cállate y deja de decir tonterías, no estaba molesto contigo, lo estaba conmigo y cuando estoy así soy una perra, como dice Chad. –exclama exasperado, abriendo sus brazos.- Por cuestiones totalmente personales te hice víctima de mi enojo, ¿acaso no has notado eso de mí en dos días? –repara en cómo el otro se molesta, alzando la barbilla desafiante.

   -Oh, vaya, tú sí que tienes valor. Vienes a mi apartamento a gritarme que me calle cuando…

   No pensaba hacerlo, aunque en verdad lo deseaba a algún nivel primitivo donde no alcanzaba el análisis. El castaño da dos pasos, acaba con la distancia entre ambos y le abraza con fuerza, al estilo oso, un brazo alrededor de sus hombros y el otro por un costado. El rostro perplejo del rubio queda prácticamente encajado a su hombro. Y siente como este se congela, tomado por sorpresa, y aunque lo que deseaba era el contacto físico sorpresivo para silenciarle y hacerse escuchar, la verdad es que pierde el hilo. ¡Qué bien se sentía tener a Jensen así!, era cómodo, fácil, natural. Excitante de alguna manera. El cuerpo del pecoso parecía encajar con el suyo de una manera que tocaba puntos muy interesantes. Era como la primera vez que una chica le dejó tenerla así, desnudos ambos. La revelación le hace estremecerse.

   -No quiero discutir más, el día se me volvió un infierno sabiendo que estabas molesto conmigo, por mi culpa, no sabiendo cómo retractarme. –le dice, suave, ladeando un tanto el rostro, sin soltarle, buscando una de las orejas del pecoso. Luchando contra las ganas casi físicas de alzarle en peso para incrementar el contacto.

   -Jared… -le oye botar el aliento, relajándose, estremeciéndose también.- Está bien, ¿si? Yo…

   Jensen intenta alejarse, terminar el abrazo, pero Jared no quiere, o no puede. Y cree que morirá cuando los brazos del otro, finalmente, le rodean los costados. El rubio no sabe qué hacen, qué pasa, pero por un segundo todo pierde sentido. Jared estaba tan cerca, su cuerpo guardaba tal fuerza física, tal calor… Dios, ese aroma. A su pecoso rostro llega el calor del otro rostro, el aroma en su cuello. Si, era la colonia, pero también Jared. La idea, embriagante, le eriza de una manera que no quiere entender.

   -¿Me disculpas? –la suave pregunta parece llegarle de lejos.

   -¿Piensas que puedes tratarme como a un bicho que asecha a tu hermana y luego…? -todavía se resiste, luchando contra las ganas de apoyar el rostro sobre la otra piel, ¿para desconcertarle, sorprenderle, jugarle una broma, o…?

   -Jensen, no estaba celoso de ella, era de ti. –la revelación tensa al rubio, y sabiendo que nada en aguas peligrosas, el castaño patalea.- Soy egoísta, eres mi amigo, me diviertes, y siempre me pongo así cuando entiendo que en toda otra vida hay más personas. –repara la capota.

   -Okay… -esas palabras le brindan alivio al pecoso.- Pero, que conste, que jamás olvidaré que dijiste que a tu hermana le gustaban los hombres bonitos, y que estabas celoso de perderme. –hay burla e ironía. Y Jared, cerrando los ojos, la mejilla contra ese cabello tan suave, ríe, pero cascadamente, dominado por demasiadas emociones que no entiende cabalmente. Hasta qué…

   -¿Estás oliéndome, Ackles? –le pregunta. El rostro de Jensen se deslizó un poco, acercándose a su piel, olfateando sutilmente. Casi ríe, sabe que el pecoso debía estar rojo como un tomate. Y lucha cuando las manos de este van a sus costados, casi sobre los huesos iliacos (erizándole hasta el carnet de conducir), empujándole, terminando el abrazo.- No te avergüence, mucha gente lo hace. Y hasta me lamen. Si te provoca…

   -Idiota, esa colonia huele bien, ¿okay? Una Armani, ¿verdad? –se defiende algo nervioso, sonriendo con ojos brillantes y pómulos rojos.

   -Un conocedor, qué bien. –se miran y el silencio se impone otra vez.- ¿Me disculpas? –le ve desviar la mirada, nuevamente cruzando los brazos, esos brazos musculosos y cubiertos de amarillentos vellitos.

   -Jared… -toma aire, ceñudo.- No sé cómo explicártelo, pero…

   Oh, Dios, Jensen iba a mandarle para el carajo, piensa el castaño, con pánico, preparándose, pareciéndole, de pronto, que todo se hundía bajo sus pies.

CONTINÚA…

Julio César.

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