EL PEPAZO… 10

EL PEPAZO                         … 9

De K.

bronceado-y-sexy

   -¿Se te antoja?

……

   Sabiendo que no puede retrasar más el momento, empuja la tapa del desodorante contra su esfínter. Esperando el dolor de la invasión a su anillo, iba a “romperse” el culo, pero no llega. Este entra, frotando, pero sin molestar. La irregular superficie va rozando todo su camino mientras entra y el joven y guapo hombre lanza otro gemido, ojos cerrados, bañado en transpiración, su pecho subiendo y bajando. Lo siente, sus entrañas amasándolo, apretándolo.

   Lo retira unos centímetros y grita otra vez, se sentía tan bien a la salida como a la entrada; está ardiendo literalmente y con la mente nublada. Sólo hay algo que quiere. Comienza un saca y mete frenético, cogiéndose, y grita alzando la espalda de la cama. Las poderosas sensaciones que lo recorren son increíbles. Sabe que está mal, que no debería, pero no puede contenerse. Aferrando la base del desodorante (no quiere que nada más se le vaya por el culo en un momento de descuido), lo saca y mete, los pies sobre la cama, sus caderas alzadas, comenzando un movimiento natural de la especie al copular, lleva su pelvis, y en este caso su culo, de adelante atrás, cogiéndose profundamente.

   Y su mente divaga, ojos cerrados, boca abierta, los labios sonrosados y húmedos; lanza gemidos mientras empuja el objeto en su entrañas, rotándolo para sentirlo mejor en todas partes. Esa vaina con su figura extraña se sentía bien; era eso, el placer anal del que muchos hablaban, ¿verdad?, nada de mariconerías, intenta racionalizar. A pesar de que gime y grita de forma entregada, con el tolete muy erecto sobre su panza, goteando, y su culo agitándose, de adelante atrás en busca del pote. ¿Cómo se sentiría un güevo? La idea llega de pronto, paralizándole, haciéndole bajar la espalda y las caderas, asustado, pero su culo arde de manera intensa, pica y parece cerrarse sobre el objeto halándolo. Alarmado lo retira unos cinco centímetros, lo cual es su perdición, tiene que reiniciar el saca y mete, agitando el atractivo rostro contra las almohadas, una sonrisa boba en su rostro, algo de baba fuera de su boca.

   Una verga grande y gruesa, sin caras, agitándose entre unas musculosas piernas de chico, es en lo único en lo que puede pensar. El güevo tieso y nervudo de un hombre que pronto se enterraría en un redondo y casi virgen culo musculoso. A ese orificio blanco se acerca ese glande oscuro, goteante, lanzando oleadas de calor y olores. Rozándole, su culo, porque sabe que es su culo, se abre como una boquita formando una perfecta “o”, siendo acariciado. Penetrado. Una vaina gruesa y pulsante, nervuda y caliente, cada vena quemando contra las paredes de su recto. Y se asusta, porque cae casi desmayado, metiéndose y sacándose el desodorante ese, pero ya no lo era. Era alguien con él, era un güevo abriendo, llenando y cogiendo su culo. Uno güevo enorme que le hacía gritar más y más, más caliente y necesitado. Por un segundo se le cansa la mano y deja caer sus caderas sobre la cama, soltando el desodorante, las piernas flexionadas y abierta. Y grita, porque su culo casi amasa y muele ese pote. Por Dios, debía estar pasándole algo muy malo, se dice alarmado, casi alzando la cabeza para mirarse abajo, buscándose en el espejo. Si, el pote sale y entra unos dos centímetros, activado por sus entrañas. Quiere retirarlo, lo hace, esos dos centímetros, pero la sensación es tal que… lo empuja. Y comete otro error.

   -Ahhh… -grita a todo pulmón.

   La punta roma chocó de algo, y al hacerlo la reverberación que lo siguió, parecido a una campana, llenó cada centímetro de sus entrañas. Saca el pote y lo clava, repitiéndose aquello, desquiciándole más. Lo saca y lo mete buscándolo, imagina que el supositorio que quemaba, pulsaba. Cada roce era una caricia erótica imposiblemente caliente, satisfactoria y excitante. Lo saca y lo mete hasta que estalla en un orgasmo con menos leche, pero igual de poderoso que los anteriores. Jadea cansado, los ojos cerrándosele. La mano cae, el pote también. Sonríe mientras se duerme.

   Al otro día despierta nuevamente tarde, totalmente alerta y despejado, descansado. Ve hacia la ventana, está claro. Durmió de un tirón. Se sienta y mira el pote de desodorante, enrojeciendo feamente. Dios, ¿qué estaba pasando? Preocupado, aunque también muy hambriento, se pone de pie. Tal vez si deba hablar con un médico. Ir a… Se congela. Se mira frente al espejo y parpadea. No, no lo imagina. Sus hombros parecen más anchos, más separados de su cuello, la “v” de su torso es más pronunciada. Sus pectorales son globos de masculina carne dura. Se lleva una mano y siente el bulto del bíceps, enorme. ¡Parecía más musculoso! Sus muslos y piernas así se lo indicaban. Casi temiendo se vuelve, si, su trasero se ve más grande también, alzado; se da una palmada y la siente firme. Pero la nalgada le provoca ciertas… cosquillas en su raja. Temiendo lleva una mano y acaricia la entrada de su culo, frunciendo el ceño. Se vuelve como puede y se lo revisa al espejo. Si, los labios del culo se ven hinchados, menos arrugados, rosadito… y con menos pelos. Casi se lleva la mano para tocárselo, sintiendo un espasmo en este, de anticipación.

   Asustado la aleja. Se coloca el bóxer pero a duras penas le cubre el trasero, ¡algo le hizo ese supositorio de mierda! Va a la cocina y enciende la cafetera, saca algunas ollas de la nevera, siente un hambre feroz, una que ni la preocupación le quita. Mira la computadora. Iba a arrojarse sobre la silla pero finalmente lo hace con cuidado. Enciende, busca y el espacio se enciende frente a sus ojos, mil ofertas de ventas, artículos para hombres, desde pantalones y portafolios a cinturones. Y juguetes sexuales para incrementar la vida sexual, así rezaba un anuncio escandaloso, enfocando finalmente un largo y grueso consolador negro. Tragando en seco intenta no mirar.

   Al fin, piensa y lee: Bienvenido a Fuckuyama.

CONTINÚA … 11

Julio César.

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