EL PEPAZO… 11

EL PEPAZO                         … 10

De K.

sexy-man

   -Todo cambia… hasta los gustos.

……

   Por un segundo traga en seco, aprensivamente, entrando en los foros de Atención al Cliente, exponiendo el caso del supositorio calmante, comenzando por eso, que no tenía idea que se trataba de un supositorio, y cayendo en posibles efectos secundarios del producto. Cuesta, pero la joven y despejada frente se frunce un poco cuando le aclaran que el aviso venía en la caja, hay un acercamiento y se lee. Rabioso, ¡cómo timaban a la gente!, busca la caja… encontrando la microscópica advertencia. Frustrado regresa para saber de efectos adversos o secundarios. Hay páginas y páginas hablando maravillas del producto, de su naturaleza biodegradable que la hacía óptima al no generar riesgo, lo cual también era una trampa ya que la gente se veía obligada a comprar más de uno. Lee los comentarios de clientes agradecidos, casi llorosos en alabanzas. Bota aire ruidosamente. Siente la presión del bóxer contra sus caderas y trasero, sabe que se le ve la raja de la alcancía, tal vez por eso se detiene en un aviso de ropa interior, flexible, ajustable para cualquier talla. Eran prendas bóxers cortas, de colores claros elegantes. Uno de los modelos muestra su trasero en uno y se ve impresionante, reconoce con la garganta seca. ¡Qué tamaño de culo!

   Y el muy imbécil hace un pedido. Tres calzoncillos por una cantidad increíble de dinero que le deja prácticamente en la ruina. Bien, después de todo necesita ropa interior nueva, ¿verdad? Toma mucho café, se dedica unos segundos a sus ejercicios, come en abundancia, mucho, y va al cuarto de baño. Ocupado de todos sus asuntos, se aplica una rápida ducha, sin muchos toques. Se envuelve en una toalla, que ahora parecía cubrir menos. Desde su altura mira sus muslos llenos, musculosos, atléticos. En el dormitorio se despoja de ella, mientras busca uno de sus calzoncillos más grandes, pero su mirada queda atrapada en su cuerpo en el espejo. Se ve tan fuerte, tan lleno de músculos que siente un calorcito extraño. Flexiona los brazos y sonríe complacido. Se viste, el pantalón le ajusta en el trasero, la camisa en los hombros. Sale, con el saco al hombro, y saca pecho, sonriendo cuando nota las miradas de las vecinas, casi acaloradas a su paso. Se medio vuelve y pilla a uno de los vecinos, junto a su mujer, que le tiene la vista clavada en el culo. ¡Joder!

   En la moto se dirige a la quinta, y el trayecto sobre el asiento le provoca reverberancias en el culo, es tan consciente de eso como de que se ha endurecido un poco bajo la bragueta. Así llega a la vivienda, se cierra el saco pero cree que algunos han notado sus apuros.

   -Coño, Contreras, cada día parece más grande. –comenta Linares, recorriéndolo con la mirada.- Cuidado y se te encoge el güevo. –ríe, igual otros dos de los guardaespaldas presentes, que también le miraban como demasiado. Y al recordar las cosas que había pensado de él, se sonroja.

   -Vete a joder al coño de tu madre. -le responde como se responde a todo en este país.

   Fue un mal comienzo de jornada, porque era consciente de lo ajustado del pantalón, camisa y saco. Más tarde le llama Marina, su ex, quien aunque vive con otro carajo le exige quincenalmente la pensión para Jacintico… una que se retrasa de vez en cuando. Discuten por eso, habla de sus muchos gastos y ella le grita que no quiere saber qué máquina nueva compró para ejercitarse, que deposite o se verán en los tribunales. Frustrado, y rojo de cara, miró la pantalla del teléfono. Y justo ahora que había gastado más de la cuenta en los benditos bóxers.

   El día se le hizo largo porque no pudo, en ningún momento, ejercitarse un poco en el cuarto acondicionado que el señorito de la casa había instalado. No con la ropa a punto de rasgársele sobre el cuerpo. Aunque le gustaban los comentarios sobre su cuerpo que las chicas de la cocina le lanzaron entre risitas tontas, no le agradaron las chanzas a la hora del almuerzo.

   -Joder, Contreras, deja algo para los perros. –exclamó el Indio, un tipo que comía bastante.

   Eso casi le quitó el hambre. Casi. En horas de la tarde, en su moto, acalorado y con el trasero inquieto, vuelve a su apartamento. No siente ganas de nada como no sea regresar y quitarse todo. Sube en el ascensor, agradecido de que funciona, y nada más entrar a su piso se quita el saco, la corbata, la camisa y la camiseta, lanzando un suspiro de alivio. No puede evitar tocarse el duro y firme abdomen y subir, acariciándose aunque sólo intentaba evaluarse. Llaman a la puerta, desconcertándole. Sin pudor, con ese cuerpo no debía, abre.

   -¿Si? –frente a él se encuentra un carajo desagradable, treintón y alto, algo obeso, de ensortijado cabello grasiento bajo una gorra, la cara barbuda, unos anteojos gruesos completan la vaina; lleva una camisa manga larga ajada, fuera del pantalón en buena parte de la voluminosa cintura. Arruga la cara sin disimulo, aquel sujeto olía a sudor, no a violín, sino a transpiración, como si hubiera estado bañado en él, se hubiera secado y sudado otra vez.

   -Su pedido de Fuckuyama. –informa levantando un paquete realmente chico. Sorprendiéndole.

   -¿Tan pronto? Vaya. –sonríe y lo toma, desconcertándose al fin cuando el sujeto sigue allí, recorriéndole con la mirada, especialmente las tetillas. Casi se siente tocado… y ultrajado.- ¿Si? Si esperas propina… -el otro sonríe de forma desagradable.

   -No, esa la tomo yo. La compañía, por quejas resientes, desea que vea y pruebe el producto, y que me diga si lo acepta. –informa, pasando al apartamento como si tal cosa, con su fuerte olor. Dispuesto a cobrar su propina en especias de ese lindo carajo culón.

CONTINÚA … 12

Julio César.

4 comentarios to “EL PEPAZO… 11”

  1. Apolo Says:

    ¡Cada vez más retorcido! Parece uno de más de tus brillantes relatos. Jeje

  2. Alejandro Says:

    Como siempre sobervio, aunque son muy cortos ñaaaa!!

    • jcqt1213 Says:

      Lo sé, pero para mí es fácil, lo escribe otro y sólo debo cambiar una que otra coma en muy pocas páginas. Por cierto, entra en juego, a partir de la próxima entrega, algo que para mí es un fetiche y que todos parecen entenderlo así, lo referente a cierta ropa interior.

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