EL PEPAZO… 12

EL PEPAZO                         … 11

De K.

sexy-man

   -Todo cambia… hasta los gustos.

……

   -Oye, no puedes entrar así a mi apartamento. –se altera Jacinto. El otro se encoge de hombros.

   -Mientras más rápido pruebe el producto, señor cliente, más pronto Fuckuyama y yo dejaremos su casa. –recita algo aprendido.

   Es posible que Jacinto quisiera replicarle, molesto, pero entiende que lo mejor era darle prisa al mal paso. Tal vez la cláusula de mierda la habían añadido por su queja, pero la verdad es que ese tipo necesitaba una buena ducha y un cambio de ropa. No lo quería ahí. Había en él algo… desagradable. Tal vez el cabello y la barba descuidada, o lo obeso, como si llevara una vida sedentaria, o ese algo de rufianesco que  brilla en sus ojos tras los gruesos cristales de los lentes.

   -Okay, espera aquí y no toques nada. Sé exactamente donde tengo cada vaina. –abre los brazos y advierte con severidad. El otro bufa.

   -Ay, qué mal, no me podré llevar el Picasso ni los otros tesoros.

   Imbécil, piensa el forzudo joven mientras se apresura a su cuarto, terminando de salir de los zapatos y el pantalón. El bóxer se ve demasiado ajustado. Se lo quita, demostrando que era un tonto, antes de revisar la cajita. Que le parecía demasiado pequeña para contener tres calzoncillos. La abre y parpadea con la boca abierta, toma uno azul eléctrico, de un tono casi hiriente a la vista, vulgar, y deja caer el resto sobre la cama.

   -¿Qué mierda es esta? No es lo que pedí. –grita, colérico. ¡Fuckuyama quería hacérselo otra vez!

   -¿No? –oye desde la sala.

   -No, esto no es un bóxer, esta mariconería es… es… -se atraganta de indignación. Es una diminuta prenda, evidentemente masculina, pero no algo que él usaría. Es un hilo dental chico. Muy chico. Dios, ni siquiera cabría en esa mierda, se dice con el corazón palpitándole con fuerza, los ojos clavados en la delgada tira que conforma el “trasero” de la prenda.

   -¿No pidió eso? Muchos fortachones… -oye al sujeto en la sala.

   -No fue lo que pedí –trina de rabia.

   -Okay, okay, sin dramas. –todavía tiene las bolas de decirle.- Pruébeselo, dígame que no lo quiere y me los llevo. Es la regla de la compañía.

   -No necesito…

   -Por favor, señor, Fuckuyama respeta sus tradiciones, y una de ellas es el cumplimiento de las reglas. Pruébeselo.

   Dios mío, ¿acaso había cruzado una puerta dimensional cayendo en un universo paralelo donde la regla era el absurdo? A la mierda, se dice entrando en la prenda, sintiéndose mortificado, idiota y más molesto. Le cuesta subirlo por sus muslos, pero la vaina se estira. Era demasiado chica, se dice, pero aunque ajusta sobre sus caderas, no aprieta, cubre sus genitales y… En cuanto la suave tela entra en contacto con su raja, el culo presionado por ella, siente una pequeña corriente nada desagradable. Era como un suave cosquilleo en el lóbulo de la oreja, recibido de manos de otra persona. Se mira al espejo y el aire sale de sus pulmones. Joven, fortachón, alto y guapo, la diminuta tanga azul eléctrica se le ve del carajo. Eso le gusta; aunque no quiere, es vanidoso. Se pasa una mano sobre la tela y no sabe si es esta, pero siente un ligero cosquilleo sobre sus bolas y güevo. Algo agradable. La tela… bien, parece algo calentita, cómoda. Y en su trasero… Era como recibir caricias contra su raja, contra su culo. Traga en seco, mirándose al espejo, bajando los ojos a la tanga, tocándola, conteniendo un jadeo. Esa sensación eléctrica era aún más intensa y grata.

   -¡Ah! –se sobresalta medio volviéndose frente al espejo, mirando hacia su trasero.

   ¿Qué coño era aquello? Tiembla un poco, con una mano alzada presta a meterla en su raja interglútea. Lo siente, sobre su culo, la tela presiona suave, incitante, rozante, y era como si estuviera recibiendo las caricias y cosquillas de otros dedos sobre la tela, estimulándole. Era el sutil toque que una novia podía darle sobre la polla en medio de una reunión en un momento de descuido de los demás. De manera imperiosa medio mueve sus pies, menea el trasero y la sensación se intensifica, esas caricias de dedos fantasmas entre sus nalgas. Es plenamente consciente de que su culo titila bajo la tira y que su verga abulta dentro de la tanga.

   No piensa, tan sólo sale del cuarto, agitado, encontrando al tipo junto a su laptop, el cual se vuelve a mirarle, quedándose con la boca abierta, recorriéndole con morbo.

   -¿Qué tela es esta? –pregunta ronco, la tanga parecía recibir ahora mil toques fantasmas por todos lados.- Se siente extraña.

   -¿Si? –pregunta el otro, como dudando.- A ver. –y acercándosele baja una mano con la palma abierta, metiéndola entre sus piernas y atrapándole las bolas sobre la prenda, acariciando, rodando el pulgar… y haciéndole jadear.

CONTINÚA … 13

Julio César.

4 comentarios to “EL PEPAZO… 12”

  1. Alk1661 Says:

    Esta historia está muy interesante, esta relajada, un tanto graciosa y claro muy intensa también, lo único que no me gusta mucho es que con esta publicación, as redefinido el concepto de… Dar atole con el dedo… 😣 muy muy cortos los capítulos, apagas la lumbre justo cuando va a empezar a hervir el agua… 😞 pero la historia va genial.

  2. Alejandro Says:

    Uuuuhhh que emocionante y bueno se esta poniendo esto, espero que Jacinto se deje llevar y pierda con el gordis jejeje

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