Archive for 28 octubre 2016

EL METRO TRAVIESO

octubre 28, 2016

EL PRIMER TRABAJO DE LOLITO

   Parecía no darse cuenta de lo que hacía…

   -¿Qué?, ¿te “inquieta” verme haciendo esto? Pero siempre entras a mi cuarto cuando lo hago. Después del baño me gusta hidratar mi piel, ¿crees que no lo vale? –sonríe, luego abre mucho los ojos, como si se le ocurriera algo de repente.- ¿No quieres ayudarme?

   -¿Qué? –grazna el compadre, voz ronca.

   -Claro, si entras cada vez que lo hago, y te quedas mientras recorro todo mi cuerpo con las manos, pasándote la lengua por los labios, imagino que sería más provechoso que me ayudaras; así hidratarme la espalda, muslos y piernas sería más fácil. –ríe pícaro.- Y si lo haces bien, realmente bien, puede que te llene la cara con mi crema especial para que te la untes, esa que vuelve galleta a todo macho que le chorrea. Aunque luego se la beban, todavía caliente y espesa. ¿No te interesa?

ESOS BORRACHOS EN LAS TASCAS DE CARACAS

Julio César.

EL PEPAZO… 25

octubre 28, 2016

EL PEPAZO                         … 24

De K.

sexy-boy-thong

   -Sé lo que quieres hacerme…

……

   -¿Qué? –brama Jacinto, mirada confusa, frente fruncida, preguntándose si el otro se había vuelto loco.- ¡No! –es tajante. Casi hiriente.- No quiero tener nada que ver contigo después de… -enrojece feamente y va hacia la puerta, rígido, sintiendo el malestar al caminar por toda la esperma apelmazada.

   -¡No te hice nada que no quisieras! –Gabriel casi se siente obligado a gritar.- Por favor, espera… -pero el otro sale dando un portazo, dejándole desalentado. Estaba molesto por como terminaron las cosas, y quería sentirse culpable (era un paciente), pero, Dios, ¡ese culo había sido fantástico! Ahora rumia, le habría gustado saber más de él, salir, hablar, entablar una amistad y… Mierda, ¿a quien engañabas? Deseaba atraerle como amigo para buscar, por todos los medios, que aquello se repitiera; todo un fin de semana enculándole sobre una enorme y cómoda cama.

   La puerta se abre, y esperanzado, realmente deseando verle regresar a darle una oportunidad, eleva la mirada, pero allí está ese chico al que enculó una vez en un depósito, todo rojo de cara.

   -Hey… -saluda, algo incómodo.

   -Hey, doctor… -grazna este, mirándole el entrepiernas.- Escuché gritos, ¿hay algo en lo que pueda ayudarle? –pregunta, sintiéndose algo tonto al ofrecerse.

……

   Jacinto recorrió el pasillo de la vergüenza hasta su apartamento, a paso rígido, mirando al frente y temiendo ser observado, y olido por medio mundo. Se encerró y tomó una ducha, cayendo de culo contra el piso al evocar todo lo que hizo y dejó le pasara, casi llorando, una pierna extendida, la otra flexionada, espalda contra las baldosas, el agua cayendo, un enorme y triste puchero en su cara llena de gotitas de agua. ¿Qué le pasaba? Era un hombre, un macho, carajo; ¿cómo dejó que ese hombre le clavara el güevo de esa manera? Pero no, esa no era la pregunta, la exacta es… ¿por qué había respondido como lo hizo? La ducha es larga, se frota fuerte con la toalla después, se viste con un mono deportivo, que le queda ahora algo ajustado al crecer sus músculos, no quiere andar en bóxer. Come mucho, a pesar de la depresión y la angustia, y se va temprano a la cama, después de borrar un mensaje de un amigo, Francisco, uno de esos perros que formaba parrandas legendarias, llenas de mucha caña y de puticas reilonas. No estaba de ánimos… y le horrorizaba el recuerdo con aquella amiga, que llegado el momento ante una hembra abierta de piernas, no respondiera y que todos lo supieran, comenzado por su amigo del alma.

   Duerme, despierta, no se mira al espejo, come y no ejercita. Realiza su trabajo en silencio, tan callado que casi parece concentrado en lo que hace, lo que causa extrañeza en los otros. Aunque sigue atrayendo miradas a su paso. Dos veces sorprendió a Linares mirándole el trasero, viéndose algo avergonzado y disimulando cuando sus ojos se encontraban. Odia eso, el calorcito en su culo que la idea le produce, la del enorme macho negro y fibroso… Los viajes en la moto no ayudan tampoco, la vibración contra su culo casi le hacía querer apretar las piernas. Se encierra, no atiende llamadas. Gabriel le ha telefoneado cinco veces, dejando unos seis mensajes que ni lee. Duerme, solo, inquieto, soñando con esa verga caliente y pulsante abriéndole los labios del culo, forzándole sabroso, metiéndosele y latiéndole contra las paredes del recto, calentándole, haciéndole gritar mientras le cepillaba la pepa del culo. Pasa la noche soñando con eso, despertando manchado de esperma dentro del muy ajustado bóxer. Eso y…

   Su culo palpita, se agita, lo siente de repente. Parecía… necesitado. La idea era horrible pero cierta. Le pedía algo (algo clavado), y no podía alejarse de la idea ni de la necesidad. Ese otro día fue una tortura, porque, contra su costumbre, Rigoberto Linares sin camisa, en camiseta, mostrando un recio torso, ejercitaba en las barras simétricas, alzando su peso con los brazos, y eso parecía tenerle algo emocionado contra el pantalón. Seguramente tenía una verga como la de Gabriel, gruesa y larga, recubierta de venas que se llenaban de sangre caliente que…

   Anda mal, casi jadeante, como trastornado. La señora Irma, curiosa, le preguntó si estaba enfermo. Vivió otra jornada horrible, caliente, erecto por cada hombre con quien se topó, a quienes intentaba no mirar las entrepiernas e imaginar metiéndoselas por el culo, uno que parecía casi sufrir un dolor irritante. Esa noche, aunque lo dudó, usó el tapón anal; le ayudó (y excitó) un rato, luego no. Lo dejó. Después de muchos sueños calientes que lo dejaron agotado y sudoroso fue a su computadora, que tenía tiempo no miraba. Hablaría con panas, de tonterías y…

   Al encenderla, dejándole con la boca abierta, encuentra el video de un catire bonito, rostro atormentado, siendo penetrado por un güevo de campeonato, que se las arreglaba de alguna manera para caberle por el culo obligándole a gemir de aquella manera. Apaga la página, tembloroso; va  a otra y esta regresa, como un virus, y recuerda al sujeto sudoroso al lado de su laptop. ¿Qué coño le hizo?, se pregunta, mientras mira y mira a tipos que se montan, en todas las posiciones, sobre una buena verga caliente. Parecía que todo culo necesitaba, y tenía, una que lo llenara.

   -¿Inquieto pol la llegada de la plimavela? –pregunta un joven asiático vestido de ejecutivo, guapo, que aparece en pantalla.- No debe vivil ese tolmento, ni exponelse a que alguien comente algo, ¿pol qué no una ayuda casela? –y la imagen muestra un enorme didlo negro, cabezón, de muy rugoso tronco.

   Y Jacinto lanza un gemido, porque, contra la silla, mientras mira ese juguete sexual, su culo parece abrirse, pegarse de la tela y el asiento, y succionar. ¡Era lo que necesitaba!

CONTINÚA … 26

Julio César.

SOLEDAD BRAVO EN CONCIERTO ESTE FIN DE SEMANA

octubre 28, 2016

EL DOMINICAL DEL CHIGUIRE BIPOLAR

   Hasta “Solo rodando por el mundo”, le quedó bien.

   Este fin de semana la legendaria y maravillosa Soledad Bravo, con su melena leonina algo cana, sus batolas y soledad-bravo-en-conciertofigura imponente estará presentándose frente a su público, el cual lleva décadas amándola (como yo), el sábado 29 y el domingo 30 de octubre en el Centro Cultural BOD, a partir de las 5 de la tarde. Gran manera de comenzar la noche de un fin de semana. Mis primeros recuerdos de esa voz poderosa son sus interpretaciones de canciones de protesta, como cuando muchos otros, creíamos en esa tontería de la lucha del proletariado de la Madre Rusia. Amábamos la idea, la realidad resultó una pesadilla, como lo fue en la ex URSS y es en Cuba; y a diferencia de muchos, ella, una dama realmente de izquierda, supo distinguir la paja del traigo. Puede Soledad Bravo interpretar lo que sea, salsa, guaracha, joropo, mariachi, y su voz realza el tema aún más. Con suerte nos veremos allá, para recordar esos días en el Aula Magna de la UCV, cuando adorábamos la idea y ella nos hacía delirar. El sábado es la cita.

MORDIDA AL SENTIDO COMUN

Julio César.

NEGOCIACION

octubre 27, 2016

LADO SUAVE

sexy-y-velludos-tios-en-bikinis

   -Jefe, López y yo tenemos esposas y familia, ¿no habría…? ¿No habría algo que pudiéramos hacer por usted para no salir en este recorte de personal?

FORZA

Julio César.

COMPARTIENDO EL MOMENTO

octubre 27, 2016

SORPRESA DE CUMPLEAÑOS

   Aunque a las novias no las convencía…

   Sentados, entonados, encienden uno y lo comparten, disfrutando lenta y suavemente el momento, la cercanía amiga, el cariño masculino; aunque sus chicas miran con desaprobación, y algo de desconfianza, el que únicamente consigan un porro cada vez y que siempre tengan que compartirlo así. O tal vez eran las lenguas atadas y los sonidos de chupadas lo que las inquietaba.

FIESTAS DE GUARAPITAS

Julio César.

MAMÁ WINCHESTER; 02×12

octubre 27, 2016

COSAS DE FAMILIAS: 21×11

   Los insoportables ingleses…

   Como siempre les digo, Supernatural es un programa que no tiene malos episodios, tan sólo algunos no son tan increíbles como otros, y uno sólo los miraría una o dos veces de nuevo. No más. Y este segundo episodio de la doceava temporada, “Mamma Mía”, fue uno de los no tan geniales, cosa que se nota bastante después de un gran inicio de temporada. El primero fue intenso, este, en una frase, se quedó colgado. Quedó por debajo de las expectativas muchas veces.

mamma-winchester

   ¿Lo rescatable?, mamá Winchester pateándole el culo a la inglesa que torturaba a sus hijos. Se dividió la historia en dos puntos, Dean, Castiel y Mary buscando a Sam, el cual sigue siendo sondeado por la inglesa Toni, y Crowley persiguiendo a Lucifer, reclutando a Rowena para la pelea. Y realmente me gustó un poco más esta trama, ese par se las traen. Viéndolo bien, si, fue un episodio de mamás.

sam-and-toni

   ¿Sam y Toni en la cama?, no necesitábamos saber que era parte de algún hechizo, aunque hubo más picante y salero que cuando hacía escenas de cama con Amelia, llevando una franela. Esa trama sí que era insulsa.

   De verdad no tengo mucho que agregar, Dean se confía a Castiel que siente que no todo es normal con Mary, porque no se comunican, han estado separados mucho tiempo, para uno ha pasado toda una vida, la otra regresa después de tanto tiempo al punto donde estaba, cuando tenía un niño de cuatro años y un bebé a quien puso en peligro en un pacto con un demonio para recuperar al marido muerto. Y se entiende esa lejanía, así como la inquietud de la mujer a su encuentro con Sam. Logran ubicarlos, el lugar está protegido contra ángeles, Dean no permite que Mary le acompañe, y comienza lo bufo.

dean-y-la-trampa-boba

   Este cae en una trampa y es capturado. Toni, que se deja de hechizos y ahora tortura en serio a Sam, preguntándole por su relación con Ruby, le amenaza ahora con un Dean atado. Qué tontería, pensé. Aparentemente lo de ser los mejores cazadores se debe, como sostiene la mujer, a que tienen más suerte que habilidad. Ese detalle me molestó. Ella le tortura y le pregunta por Benny, punto este me agradó, las veces que se han unido a esos seres sobrenaturales, aunque fue raro que no le preguntara sobre su romance de verano con Crowley.

   Llega mamá Winchester y hay una pelea que si me gustó mucho, la mujer le patea el rabo a la otra, quien tiene que recurrir a un hechizo para pararla (y cómo molestó ese detalle), pero ya Dean se libera y la salva. Quieren acabar con Toni pero llega otro inglés, un jefe, quien les dice que si quieren interactuar con ellos para salvar a Estados Unidos como lo hicieron con Inglaterra, pero no como lo hizo Toni, y exige llevársela, aunque pueden terminar siendo aliados. Y aquí hago un alto. Dean dejándose atrapar así, tan fácil, fue insatisfactorio, el reencuentro con Sam quedó muy por debajo de las expectativas, le creía muerto, carajo, y el otro parece notablemente tranquilo al verle tan lastimado; que ella les increpara cosas y Dean callara, me molestó, él que es chulo y respondón aún con Lucifer, Muerte o Alastair. Toni hechiza a Mary, y Dean no le dispara para que no le pase nada a su madre, y luego la golpea para desconcentrarla, ¿no habría sido igual con un balazo en la frente?

   No me agradan estos personajes, especialmente Toni. Amé a Bela en cuanto apareció en la tercera temporada cuando cazaban la pata de conejo; amé a Ruby, las dos versiones, aunque con Genevieve Cortese me llevó más tiempo porque me había encantado la primera; me gustó Anna, y Gabriel, hasta el hijo de perra de Zacarías; me agradó Crowley desde el principio. Con Megan, cuando apareció en la primera temporada, en el episodio del espantapájaros, la odié, luego la amé intensamente. Pero con Toni me pasa como con Amelia, no me cae bien. Para nada. Bueno, por ahora.

dean-come-pastel

   Todos regresan a la baticueva, cada uno por su lado después de una escena tibia donde lo único bueno fue ver a Dean comer pastel.

sam-and-mary

   Me gustó el reencuentro de Sam con Mary, pero en líneas generales parecía que cada quien vivía una realidad distinta, que todavía no son familia. Para ellos, fuera de rescatar Sam, las aventuras fueron bastante sosas.

lucifer-crowley-and-rowena

   Rowena anda buscando un marido rico, pero Crowley la amenaza con sabotearla si no la ayuda a detener a Lucifer, quien ha encarnado en un viejo roquero, de los clichés, con todo y trauma provocado por su vida disipada que llevó al suicidio a su esposa. Cuya imagen usa para lograr que diga que sí. Me agradó ese personaje. Ver su enfrentamiento, ya como Lucifer, con Crowley, y este proponiéndole un trato para gobernar uno el Cielo, el otro el Infierno, fue rechazado pero interesante. Rowena y él le tienden una trampa para encerrarle en la jaula que casi funciona, la escena del ácido fue genial, pero Lucifer resulta muy fuerte y Crowley escapa dejando atrás a Rowena. La cara de esta fue un poema. El Diablo mayor se propone conservarla como prisionera, por ser una bruja poderosa, aunque antes quería romperle el cuello y que se quedara roto.

   Esta trama fue mejorcita. Aunque… ¿para qué coquetea Rowena con nadie, no le basta con hechizarlo? Y Lucifer dándole vueltas al roquero se pareció mucho a la del primer episodio de la quinta temporada. Es una apuesta grande dejarle libre. Fueron muchos de estos detalles los que me dejaron insatisfecho, lo confieso.

   El final nos muestra un nuevo enemigo que se acerca, traído por el sujeto que supuestamente pactaría con los Winchester, aunque parecen que tanto él, como lady Antonia consideran que deben acabarlos. Es interesante lo de este “sicópata”, como le llamara Toni el episodio pasado, desde Alastair el terrible, no hemos tenido a otro buen personaje de este tipo.

   Veremos qué ocurre. Nos deben algo fuera de serie…

ACABADO… EL ASUNTO DE LAS MAMAS; 03×12

Julio Cesar.

EL PEPAZO… 24

octubre 27, 2016

EL PEPAZO                         … 23

De K.

sexy-boy

   Volver a ser quien era…

……

   Y cerrando los ojos con una mueca viciosa de gozoso, sin tocarse, Jacinto Contreras tiene el primer gran orgasmo de su nueva vida. Siente que cada célula de su cuerpo tiembla y se eriza, que su culo aprieta fuerte y su propio tolete es una barra recorrida por mil sensaciones. Grita, tiene que hacerlo mientras los trallazos salen del ojete de su glande, bañando la tanga, carga que casi traspasa chorreándole el abdomen con el ardiente líquido espeso. Cada disparo le eleve a alturas de placer indescriptibles mientras cientos de luces blancas estallan frente a sus ojos, aunque los cierra. Se corrió con todo lo que tenía, arqueando la espalda y echando la cabeza hacia atrás, casi fuera de la camilla, su recio torso elevándose y bajando con la pesada respiración.

   Por su parte, mirándole fascinado, Gabriel siente la presión de ese esfínter y recto sobre su barra, apretándola salvajemente, succionándola de manera intensa. Es tanta que aunque pretendía aguantar, no lo consigue y…

   -¡Toma toda mi leche, puta! –le grita sintiéndose sucio, sacándosela casi toda, hasta el glande, y metiéndosela nuevamente, de golpe, con fuerza, y tensa su cuello, aprieta los dientes y tiembla de lujuria y placer mientras se corre. Lo hace abundantemente, su ojete vomita su buena carga de semen y aquel culo parece activarse para succionarlo de una manera desconcertante pero increíble, lo aferraba como si fuera prácticamente una mano que lo masturbaba y una garganta que lo ordeñara.

   La boca de Jacinto se abre nuevamente, un grito agudo escapa de ella cuando lo siente, el temblor del tieso güevo clavado, ese algo caliente como fuego líquido que lo recorre mientras late contra las sensibles y hambrientas paredes de su recto, y finalmente el disparo de aquello. Lo percibe perfectamente, el golpe de semen, que lo llena, que parece arrojar como una bolita de billar algo dentro de sí, que sube y baja golpeándole la próstata una y otra vez, y tiene que gritar más fuerte mientras alza su ombligo al doblarse tanto sobre esa mesa. El semen mana y mana porque sigue ordeñándolo, y cuando Gabriel se tiende sobre él, susurrándole puta, puta, puta, grita perdiendo el control, rodeándole el cuello con sus fuertes brazos, atrayéndolo y besándole.

   Su hambriento culo succiona lo que necesita, su esfínter se relaja y tensa sobre el cilíndrico tolete que lo penetra, ¡quiere más leche!, mientras perdida toda la cordura mete la lengua en la boca del galeno, encontrando la suya, atrapándola y chupando de ella, halándola, bebiéndose su saliva. Nunca había besado a un hombre, ni esperaba hacerlo jamás, pero en esos momentos todo gira a su alrededor de manera vertiginosa, nadando en endorfinas como está. Siguen y siguen, dándose lengua, chupadas y lamidas, el güevo todavía latiéndole en el culo tomado.

   Las bocas se separan, jadeantes. Gabriel totalmente erizado, llega a una conclusión: ¡necesitaba conocer a ese chico! Entablar una amistad, una…

   -Jacinto, yo…

   -¡Suéltame! –ruge el joven de repente, apartando sus brazos  y casi cayendo de culo de la mesa al echarse hacia atrás, estremeciéndose cuando el grueso y largo tolete abandona su agujero, el semen manando de él.- ¡Oh, Dios! –ruge saltando de la mesa, tomando sus pantalones.

   -Espera, yo… -el médico se siente ahora afectado; rechazado cuando intentaba otro acercamiento, y frustrado por sentir que tal vez si violó sus votos como galeno.

   -Yo… yo… debo irme. –no le mira mientras se viste, subiéndose el pantalón, arrugando la cara al sentir el semen chorreándole culo afuera por sus muslos.- No… No creo que… que vuelva porque…

   -Lamento que sientas que me extralimité, yo… -alza las manos después de cubrir su tolete todavía erecto. ¡Parecía querer más de ese increíble culo!

   -No, no… doctor, no quiero hablar… -rojo como un tomate, hirviendo de humillación y vergüenza, cierra sus ropas, sintiendo como el pantalón se le moja de esperma, por delante y por detrás. Traga en seco, casi con un puchero de llanto, ¿cómo iba a salir de ahí así?

   -Espera, puedo traerte algo… Tengo ropas en mi casillero. –insiste, acercándosele, solícito, comprendiendo que realmente aquel chico era virgen y que ahora atravesaba el pasillo de la vergüenza.- No debes sentirte mal por lo que pasó, fue…

   -¡No quiero hablar de eso! –estalla, parpadeando con fuerza, el puchero más pronunciado. Se coloca el saco, y tantea que la parte trasera cubra su redondo culo. Se veía tan patético que…

   -Por favor, espera, en serio. Nunca hago esto con un paciente, pero tú…

   -¿Fue mi culpa? ¿Es eso? –ladra, rojo ladrillo, tragando todavía más, mirándole.- No, no digas nada, no quiero saber. –se dirige hacia la puerta, notando su culo enlechado, su verga también, así como esta secándose sobre su abdomen.

   -Por favor, Jacinto… -brama el hombre, con el mismo tono aprensivo de cuando una chica no desea escuchar una disculpa, una explicación o un ruego.- No te vayas así, en serio. ¿Puedo… puedo invitarte a que vayamos a tomar un café? –pide, con frente fruncida y mirada de cachorro grande, mientras desea, en serio, que diga que sí.- ¿Por favor?

CONTINÚA … 25

Julio César.

NOTA: Lo siento, no he tenido tiempo ni cabeza para escribir, la cosa en el país está como para que mono no cargue a su hijo.

AH, EL METRO

octubre 27, 2016

DERECHO

un-chico-emocionado-en-el-metro

   “Carajo, me vio”, piensa el joven gerente de banco; “ahora vendrá y se colocará detrás de mí, frotándomelo durante todo el viaje. ¡Ya era hora, coño!”.

COMPETENCIA

Julio César.

EL DESACATO PARLAMENTARIO; PARA ENTENDER QUÉ PASA EN VENEZUELA

octubre 27, 2016

EL TSJ Y LOS DIPUTADOS DE AMAZONAS

unidad-uinidad-y-mas-unidad

   No encuentran qué hacer para acabar con la unidad…

   Debe ser confuso para la gente fuera de nuestras fronteras entender qué ocurre en el país al escuchar sobre desacatos, golpes a la Constitución o el “no al dialogo”, como en su momento lo fue que Colombia votara no” por un acuerdo de paz cocinado por el gobierno y las FARC sin tomar en cuenta al país, viéndose obligado una parte a remendarles el capote; y se entiende, que en otras latitudes no se comprenda lo que aquí ocurre cuando tantas personas adentro tampoco parecen comprenderlo. Hay una pugna entre la Asamblea Nacional electa por el voto popular el 6 de diciembre pasado, el Parlamento o como se llamaba antiguamente en la era democrática, el Congreso Nacional (donde cada estado tenía su representación proporcional, hecho que se respetaba), y el resto del Gobierno, incluida su rama legal, un ente que se hace llamar Tribunal Supremo de Justicia, designado a dedo por un jefe del Gobierno (y por televisión, para rematar) y su oficina comicial que controla el Consejo Nacional Electoral, en manos de actrices políticas gobierneras que representa papeles de independientes.

   Muchas palabras se cruzan, se dicen muchas cosas, desde fraude a desacato, de conspiración a ilegalidad, pero es sólo paja, oraciones vacías y sin sentidos que salen de bocas de mentirosos consumados que, para su desgracia, ya no logran engañar a la mayoría como se vio el diciembre pasado. Lo real, lo cierto, es que a pesar de todo el despliegue del Gobierno para continuar controlando el Parlamento, incluso sobornando y comprando votos por televisión con apartamentos, taxis y tabletas, la verdad es que la gente los tomó y luego salió a votar por la Oposición. Siete de cada diez personas que sufragaron el 6 de diciembre de 2015 le dijo al régimen que deseaba un Poder Legislativo independiente de su control.

   Siete de cada diez electores le entregaron el poder parlamentario a un grupo de venezolanos para que fiscalizaran y controlaran dentro de la medida a un régimen ladrón, incompetente y abusador, y que, si pudieran, detuvieran el camino al desastre total. Ese contundente resultado no pudo disimularlo ni siquiera la secretaría electoral del Gobierno, las actrices oficialistas que fungen de rectoras “independientes” del ente comicial. El problema comienza, el delito original ocurre cuando el gobierno de Nicolás Maduro Moros, despechado por el desprecio del país, desconoce ese resultado electoral, invalida la decisión popular que le entregó el control legislativo a la Oposición para que actuara de contra peso a un grupo fascista que se había acostumbrado a hacer lo que le daba la gana. Les gustara o no, era decisión del país, y por ley estaban obligados a acatarlo, pero se pasaron la letra de la ley por el paltó y todavía pretendieron criminalizar al país que se expresó y a la gente que este designó para la difícil tarea.

   Desobedeciendo la decisión popular, el Gobierno cayó en desacato, rompiendo el hilo constitucional, convirtiéndose en un poder de espalda a la ley, un régimen de facto, y de allá para acá, movidos por la urgencia que sienten de sacar y cubrir lo robado, incurren en nuevas y peores atrocidades desde el punto de vista democrático, siendo la última robarle a los venezolanos la posibilidad de dirimir sus problemas o decidir su rumbo mediante el acto comicial de votar. A un gobierno sin gente, que sabe que aunque regale esto y aquello, los electores les darán la espalda frente a las máquinas de votación, no le queda otro camino que declararse abiertamente forajidos. Lo demás es paja vacía para ver a quien engañan. Y, claro, están los que pretenden creer en esas argucias.

   Lo real es que una gente acorralada por sus errores y rapiña no se puede permitir, jamás, llegar a un punto en el cual la gente pueda decidir, abierta y democráticamente, lo que piensa, por lo tanto le roban su derecho a expresarse, otro paso para quitarle su libertad. Cuando vieron que para esta semana la recolecta de las cuatro millones de firma se ponía efectivamente en marcha, se le ordena al Consejo Nacional Electoral “suspender” el acto por “irregularidades de fraude”… cuando ya el Consejo Nacional Electoral las había revisado, echándose todo el tiempo del mundo violando los lapsos, y las había validado. Ese es todo el problema, la génesis de este desastre, actuar sin consultar haciendo lo que les salía del forro sin ningún tipo de fiscalización o control, y la negativa a reconocer la voluntad popular, cuando antes lloraban por “el derecho del soberano”.

……

   Mis respetos a la dirigencia de la Mesa de la Unidad Democrática, a diferencia del desastre del 2014, que todavía pagamos en un país sin instituciones ni leyes, han demostrado que pueden caminar y mascar chicle al mismo tiempo. La estrategia que liberó a la India y que logró que Sudáfrica no se hundiera en una guerra civil como otros pueblos africanos una vez que los amos coloniales tuvieron que irse (como tendrán que irse los castristas), son loables y han resultado, colocando a un régimen felón contra las cuerdas. No sólo enfrentan a una gente inescrupulosa y amoral, sino los gritos destemplados que creen que la realidad es, en verdad, un monitor o ciento cuarenta caracteres, sin tomar la calle del medio y salir y gritar convocando a todos para que hagan lo que piensa, para ver si realmente les siguen. Joden pero sin correr el riesgo de que quede en evidencia que el país, en su mayoría, ni les apoya ni les acompañaría.

CHUO TORREALBA Y EL PARO

Julio César.

EL ABUELO CALIENTE

octubre 27, 2016

LOS VIEJOS BUENOS TIEMPOS

el-abuelito-y-sus-amiguitos

   Dijo que se pasó ese verano en bañador…

   Tinito se inquieta el encontrar la fotografía del abuelo de Mario, posando con su buen amigo Max, en los años noventa, cuando con la abuela y la familia bajaba a la playa. Siempre había admirado a ese hombre de cabello cano, rostro serio y apuesto, que a veces se le quedaba mirando como intrigado cuando le pillaba admirándole. Siempre se estremecía cuando el papá de Mario, para burlarse del abuelo, contaba que en los ochenta usaba diminutas tangas, antes de casarse con la abuela. Ahora, viendo aquella fotografía que encuentra en un libro titulado Hermosos Recuerdos de Años Idos, se pregunta si el abuelo acariciaría el bonito cuerpo de su amigo, si este gemiría bajo sus manos, subiendo más, a su regazo, donde se refregaría. ¿Se pondría el abuelo duro si metía la mano dentro del ajeno bañador? Tiembla sólo de imaginarlo. Febril, lo revisa todo, buscando más de aquellas fotografías de años pasados, acalorado por pensar en las cosas que habría hecho d estar en el lugar de Max, en el regazo del abuelito de Mario en aquellos tiempos. Casi grita cuando…

   -¿Quieres algo, Tinito? –le pregunta con voz baja y ronca el recio hombre, llegando a sus espaldas, rodeándole la cintura con las grandes manos y pegándole el regazo de las nalgas.- Tal vez yo pueda dártelo. –ofrece empujando.

HISTORIAS DE LA HISTORIA

Julio César.

DARIO

octubre 27, 2016

EL PELIGRO DE LAS ORGIAS

bates-calientes-del-beisbol

   Ah, traviesos muchachos.

   Ante la joven y dura mole ofrecida, el chico tiembla de hambre y anticipación, aquel compañero del equipo, Darío, lo ponía a mil cada vez que aceptaba ir a su casa después de un juego o una práctica, dizque a jugar con videos, pero era para darle duro con su bate de carne. Todo comenzó una tarde en los vestuarios cuando algún bromista arrojó sus llaves sobre los lockers y sin nada más a las manos le pidió que le ayudara, alzándole por las piernas, a alcanzarlas. Tenerle así, atrapado contra su cuerpo, el impresionante bulto bajo el pantalón del uniforme frente a su cara, le robó el sentido común. Por ello, mirándoselo, se le escaparon las palabras:

   -Se nota que haces muchos ejercicios, para estar así de duro. -aún alzado, este le miró y sonrió.

   -No sólo eso, también buena genética, heredé grandes cosas de mi papá. –eso hizo enrojecer aún más la cara del otro chico.

   -Tienes ocho hermanos, debe ser todo un portento de genética.

   -Bájame. -ordenó, asustándole, ¿le habría molestado?

   Pero no, allí, en plenos vestuarios, Darío despejó de ropas un tolete que ibas enrojeciendo de sangre.

   -A ti, ¿qué te parece?

   ¿Qué podía responder el pobre chico a eso, siempre calentorro y pensando en sexo a esa edad? Todo emocionado se arrodilló y acarició esa tranca que creció impresionantemente. Y la probó, por primera vez en su vida saboreó una y supo que amaría para siempre esa sensación. Pero sospechando que había aún más maravillas, peló su culo sin bajarse del todo el pantalón del equipo o quitarse el sudado suspensorio, volviéndose, mirándole sobre un hombro, rojo de mejillas, ofreciéndoselo. Y ambos contuvieron el aliento cuando agarrándoselo con una mano, Darío lo frotó de las turgente y jóvenes nalgas, quemándolas, azotándolas suavemente, apuntalando hacia la entrada, para finalmente clavársela con todo, llenándole con fuerza.

   Aquella mole entró y salió bombeándole salvajemente, haciendo delirar y gemir al ex virgen muchacho, hasta llevarle a un orgasmo intenso dentro de su suspensorio. El otro, dominante, se corrió en sus interior. Les pareció luego, al acabar, que había sido un error, algo molesto e incómodo, pero a los quince minutos, bajo las regaderas, Darío le repitió la dosis, necesitado también. Y ya duraba un año de aquellos encuentros de sexo sin citas al cine o tomadas de las manos. Pero eso tendría que llegar en algún momento, ¿no?

PROVOCANDO OLAS

……

NOTA: Basado en un buen comentario recibido, que dentro del estilo propuesto también era muy bueno (LA LLAVE DEL FONTANERO). Lo adapté a la imagen… y sí, me extendí. Es un problema que no controlo. Gracias, Darío, fue caliente y ameno.

Julio César.

SÉ MI AMIGO, JEN… 11

octubre 22, 2016

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 10

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

JARED PADALECKI HOT

   -Jugaré bien mis cartas y te ganaré…

   -Mira, sé que fui un idiota, pero acabo de disculparme, no sólo como no suelo hacer, sino de corazón. De verdad no quiero que nos distanciemos o… nos separemos disgustados. –se le escapa, revelando demasiado, se dice acalorado. Por suerte Jensen parece tener sus propios problemas para hilvanar ideas. O hablar.

   -Lo sé, te escuché y… lo agradezco, que vengas a mi puerta y… -sonríe entre divertido y apesadumbrado. Le mira a los ojos y en las verdes pupilas el castaño encuentra una intensidad que le abruma por un segundo.- No quiero que me tomes por idiota o malagradecido, Jay… -lo dice con una sencillez y facilidad que provoca un parpadeo al otro, y un aceleramiento del ritmo cardiaco.- Pero no quiero otro día como este. Nunca más. He pasado por malos ratos, créeme. Y no sólo cuando todos mis planes saltaron hechos añicos por las cucarachas esas, o cuando debí enfrentar a mis padres, conocidos y… a la joven con la cual salía en esos momentos para decirles que había perdido todo. Fueron momentos horribles, duros, unos que no deseo volver a vivir ni en mil años. Me quedé sin nada, lo perdí todo, pero no quise sentirme expuesto a la lastima o las criticas; por eso… acepté un trabajo inmundo y vivir aquí, donde sé que ni las cucarachas vendrán… -intenta una broma.- Para no tener que encarar a ninguna de esas personas, no tener que responder un “¿todo bien de dinero?”, como con ganas de alargarme unos cuantos dólares. No quiero deber, no deseo depender, no busco comprensión… o piedad en los ojos de nadie, ni siquiera de mi familia.

   -Pero me buscaste a mí. –Jared escucha, sintiéndose mal por el rubio.

   -Porque tú no me conocías bien, no sabías de esa historia patética de fracasos. Vi que te vas a casar y pensé… debe ser muy feliz, tal vez recuerde a un tipo que conoció una vez y quiera darle una oportunidad, ¿por qué no tocar esa puerta? –encoge un hombro.- Llegarme y pedirte que me dieras un trabajo en alguna de las cocinas de tus hoteles. Fui y toqué, no sabiendo qué esperar. Y recibí más de lo que pude suponer. No imaginas el alivio, la paz que sentí desde que me contrataste. Pero hoy… -baja la mirada, sus hombros caen.- Por Dios, creo que prefiero volver a soportar la mirada de papá cuando le dije que perdí sus ahorros a tratar con tu desprecio. Sí que lo sabes hacer, Jay, lacerar. Herir.

   -Jensen… -casi brama dando un taconazo contra el piso alfombrado, exasperado y dolido, ¿no se había disculpado ya por haber actuado como un idiota?

   -No quiero vivir… -comienza alzando las manos. Enrojecido, parece no poder darse a entender, tal vez porque ni él mismo lo entiende cabalmente. El rechazo de Jared, su disgusto le había lastimado de una manera extrañamente punzante, superando la rabia. La desazón, el malestar, ese dolorcito latente había sido… insoportable.

   -Te juro que nunca más te haré sentir mal. No te gritaré ni… -comienza atropelladamente, no deseando escucharle decir que no volverá al trabajo. La risita del otro le silencia.

   -No creo que puedas, en verdad, controlar esa parte.

   -Por favor, créeme, quiero arreglar esto. –nuevamente siente que habla de más, agitando una mano entre los dos.- No quiero perderte, Jen. –el diminutivo sale fácilmente, casi ni repara en ello, aunque si en el parpadeo del rubio.- Tú… me ayudas.

   -¿En qué? –le reta, cruzando los brazos.

   -Hablando contigo esta mañana se me ocurrió algo que me sirvió para resolver el problema con el viejo Howard, te lo dije. –confiesa con una sonrisa, aunque no piensa contarle más. Le agrada verle sorprendido.

   -Si, ya lo habías mencionado, pero, ¿en serio? No recuerdo haber dicho nada…

   -Hablaste de un hombre que amaba a su familia, apelé a eso. –ya, eso será todo lo que aclarará sobre el chantaje, se jura.- Y no importa que entiendas, funcionó.

   -Guao, entonces merezco un aumento, ¿no? –se burla, sonriendo leve, notándose que quiere hacer las paces, quedarse. Y a eso se aferra Jared, con la adrenalina corriéndole por las venas.

   -Si demuestras ser capaz de mascar chicle y caminar al mismo tiempo, hablamos. Pero para eso… debes quedarte conmigo. –se oculta en bromas. Y espera.

   -Okay, Jared… -el corazón le late con fuerza cuando el rubio le tiende una mano, correspondiéndole, atrapándola y pensando que le habría agradado más si le hubiera dicho “Jay”.- Te debo mucho, y quiero el trabajo. Y… -rueda los ojos, algo rojo de mejillas.- …No eres un ser humano totalmente desagradable como te imagina uno por los reportajes. Me gustaría seguir trabajando para tu compañía, pero… debes prometerme, que en la medida de lo posible, harás todo lo que puedas para controlar tu genio; no tratarme, o tratar a otros frente a mí, con esa deliberada crueldad que mostraste hoy.

   -¡Hey! –se alarma. El rubio no temía llamar las cosas por su nombre.

   -¿Es un trato? –le estudia, sonriendo, sus manos unidas todavía, aunque tal vez el asunto ya estaba tardando demasiado. Se sobresalta un poco cuando Jared le hala acercándole a él y llevando las manos unidas a su pecho. Siente el latir de su corazón y eso le parece abrumadoramente íntimo.

   -Prometido. –concede, sonriendo bonito, como un niño. Había querido sorprenderle con el gesto, jugando, pero aún él nota como se incrementan los fulanos latidos, así que le suelta.

   Algo rojos de caras, se miran, no sabiendo qué otra cosa decir. Jared, metiendo las manos en los bolsillos, sonríe chulo.

   -Entonces, ¿terminó este momento de chicas? ¿Puedo olvidar que dijiste que soy tan importante en tu vida que mi opinión te trastorna mucho? –puya. Le encanta ver como Jensen alza los hombros desafiante, notando el brillo en sus hermosos ojos (mierda, si, eran hermosos), sonriendo igual.

   -Y yo olvidaré que estabas celoso de que otra persona me hablara, incluso tu hermana.

   -¡Touché! –estalla en una risa, rojo de orejas. Es cuando… Olfatea casi asombrado.- ¿Qué coño es ese aroma glorioso?

   -¡Oh, diablos! –exclama Jensen, bordado el muro y llegándose al rincón que ocupa, según él, la cocina. Jared le sigue y sobre una plancha grande, divisa dos enormes pedazos de carne para hamburguesas humeando. De allí partía ese olor enloquecedoramente bueno a comida.

   -¿Qué haces? –pregunta, prácticamente detrás del rubio, el espacio era estrecho y habían muchos trastos para cocinar. Este se vuelve, mirándole con ironía, haciéndole rodar los ojos… aunque le gustaba ese gesto del pecoso.

   -Hamburguesas, ¿no lo ves? Dios, debes ser realmente rico para no reconocer…

   -Córtala ya, rubio tonto, lo pregunto porque me parece extraño que un cocinero… -se burla, viéndole tomar una paleta metálica y volver la carne sobre la plancha.

   -Soy, chef, maldita sea, y aún yo amo las hamburguesas. –se defiende, y se miran.- Me muero de hambre, no he comida nada prácticamente desde el desayuno. Arruinaste mi almuerzo con tus reclamos.

   -Tampoco yo almorcé… o cené, y en mi caso es prácticamente un signo apocalíptico; ya debe haber gente en el Vaticano revisando alguna tabla, si esto se supo. –contesta. El olor era increíble, pero…- Deja eso, apaga y vamos a cenar. Yo invito.

   -Ya preparé la carne, bastante a decir verdad, cuando estoy… pensativo, eso me relaja; y casi terminé la ensalada, una de mis preferidas cuando… -le encara, mejillas algo rojas, y no termina lo que decía.- Si quieres quedarte y acompañarme… -invita, azorado, mas por la mirada fija de Jared, que por otras cosa.

   -Me encantaría, pero… ¿ensaladas? Soy texano y… -comienza con fingidos reparos, Jensen ríe.

   -Lo sé, Jared, he leído tu biografía, una historia de abigeato y desvergüenza, ¿recuerdas? –va a la estrecha nevera, abriendo y buscando algo, la corta franela se despega del borde del pantalón y los ojos del castaño se clavan en esa porción de piel expuesta, en el borde del bóxer azul pálido, sacudido por emociones y sensaciones que no entiende.

   -Eso asusta, suena a acoso. –dice algo, para disimular, apartando la mirada, caliente de cara, pero deseando echar otra ojeada.

   -Ya quisieras tú que te acosara. –se burla Jensen, más ligero, sacando dos botellines de cerveza, tendiéndole una.- Soy bueno en eso.

   -¿En serio? Fuera de mí, ¿a quién otro has asechado? -destapa la botella y bebe, con dificultad, porque Jensen, destapando la suya, eleva el cuello y toma también. ¿Por qué coño era tan difícil dejar de mirar su manzana de Adán moviéndose, ese largo y recio cuello? Seguro que, en el sexo, cuando usaba la lengua… Más acalorado, casi se termina la fría bebida. El hambre le tenía delirando, definitivamente, se dice como excusa.

   -Bueno, no es algo que cuente… -responde con una sonrisa divertida, dejando la botella en el mesón, volviendo a la nevera, inclinándose, mostrando piel, espalda recia, borde del bóxer… y el trasero redondo. Y el castaño no aparta la vista. Algo rebusca.- Pero Stan Lee pidió una orden en mi contra. –Jared no puede contener la risa.

   -¿Eres un nerd del comics? Dios, ahora me siento menos especial.

   -Oh, no, eso nunca, Jared; estoy seguro que eres una persona muy especial, el chiquitín especial de tu mamá. –se burla, sacando un tazón con algunos vegetales, frascos de cosas, y más carne lista para ser aplastada en la plancha.

   -Idiota. –es la réplica ligera, automática.

   -Cuando lo dices tú, no tiene el mismo impacto. –le mira y sonríe chulo. Destapa un frasco de mayonesa, vierte buena parte en el bol y revuelve, también sal, pimienta y lo que parece una infinidad de otros aderezos como aceites y vinagre, con esos rociadores de especias que Jared regala a la gente cuando se queda sin ideas. No sabía que se usaran en verdad, como no fuera en las cocinas de hoteles y restaurantes.- Prueba… -el rubio le ofrece, con la cuchara, aquella mezcla muy verde.

   -Si me intoxico…

   -Come o lárgate.

   Todavía no muy convencido, acercando la boca, atrapa pedazos de la ensalada, todo aderezado con la mayonesa. Y siente una explosión de sabor.

   -Hummm… -se ve sorprendido.

   -Te lo dije. –sonríe Jensen, satisfecho.- Mi ensalada de aguacate es muy buena. No como para comercializarla, pero si para las amistades. –deja el bol sobre un mesón estrecho y coloca más carne en la plancha.

   -¿Puedo ayudar? –se termina la cerveza, mirándole, por alguna razón le gustaba hacerlo, ver la nuca amarillenta oscura, los anchos hombros bajo la franela, espalda y brazos tensándose al aplastar carne con una mano mientras bebe con la otra.

   -¿Qué tal si sacas el pan de ese estante y otras dos botellas? Pero, te lo advierto, no quedan muchas. Michael… -comienza y se detienen, tensándose, Jared lo nota, incomodándose también. Por alguna razón le disgusta ese nombre y la idea de ese sujeto, el tal Michael.

   -¿Un amigo? –pregunta como de pasada, dándole la espalda, sacando los botellines y destapándolas después de sacar una bolsa de pan de hamburguesa del estante señalado. Se acerca para entregarle su cerveza.

   -Más o  menos. –es evasivo, a propósito.

   -¿Es la persona a quién pensabas gritarle cuando abriste la puerta y te encontraste conmigo? –interroga, con una precisión tal, lo entiende, que le sobresalta; se ubica muy de cerca del rubio. Estaba, lo sabe, en su espacio personal.

   -No quiero hablar de eso, no ahora… -Jensen, tomado por sorpresa por las palabras, se vuelve, agitado al verle de pie, tan cerca, más alto al estar descalzo, chocando de él, retrocediendo por impulso, el trasero contra la cocina y la plancha.

   -¡Cuidado! –alarmado, con un brazo le rodea la  cintura, halándole, separándole de la plancha caliente, estrellándole contra su cuerpo, las manos de Jensen, que suben, cayendo sobre su torso. Chocan, muy juntos, la enorme mano libre de Jared abierta, la palma contra su espalda sobre la franela, y se miran.

   Y el castaño sabe que está en problemas, en muchos problemas… no quiere soltarle.

CONTINÚA … 12

Julio César.

NOTA: Pensaba subirlo anoche y se me pasó. Por suerte no lo borré.

SANA COMPETENCIA

octubre 21, 2016

NECESIDADES

lucha-gay-1

   Deportes, edad y hormonas…

   Cualquiera tendría derecho a preguntarse cómo dos chicos que compiten por el mismo cupo para representar su colegio en las interestatales de lucha escolar, terminan de esto…

lucha-gay-2

   …En esto, y la explicación es sencilla. Compiten usando sus fortalezas y debilidades. Quien primero se rinda, el que primero se agote, pierde… Y por la cara del muchacho sobre quien el compañero se aplica con fuerza y poder, este puede no sólo resistir durante un buen rato, sino ganar al dejarle bien seco. Es poco ortodoxo, pero cuando los candidatos son buenos, y habilidosos como lo son estos, el entrenador deja que resuelvan el asunto sobre la colchoneta… Siempre y cuando luego la laven y no dejen ni una sola gota de esperma.

……

   El video, aunque no es nuevo, es un claro ejemplo de una buena producción; hay tema, los actores tienen caras de raticas y parecen disfrutar lo que hacen. La fantasía es clara, dos chicos compiten en una colchoneta, luchando cada uno por dominar al otro, y terminan enredándose. Siempre me ha agradado esta escena, si les interesa o quieren volver a verla pueden ir a: TARDES DE LUCHAS SOBRE LA COLCHONETA DE LA ESCUELA 

UN RATO NO TAN MACHO

Julio César.

RELATOS CONEXOS… 12

octubre 21, 2016

RELATOS CONEXOS                         … 11

UN  LARGO  VERANO… 5

COWBOY HOT

   Listo para montarte, ¿preparado para la doma?

……

   Sin embargo, de alguna manera, todo eso pierde importancia, sus miedos, sus ambiciones, sus sueños de poseerlo todo. La idea del amor… ¿Acaso no se sentía vivo como nunca en mucho tiempo, en ese momento? ¿Se había sentido así antes? ¿Cuál era la alternativa?

   Mientras la boca de Roberto sube y baja, tragando cada trozo del enorme tolete, Antonio, jadeando, se moviliza, llevando su rostro al las caderas del otro; y mientras tiene el tolete clavado en la garganta, Roberto lo mira y entiende, tendiendo su cuerpo al lado del amante. Y Antonio, cerrando los ojos, atrapa el güevo con su boca cálida y hambrienta, comiéndoselo, saboreándolo al llevarlo a su garganta, con ahogados gemidos de placer; ¡coño, le gustaba tanto mamar eso! Los dos se dejan llevar, aflojándose y tensándose sobre los duros sacos, cada uno becerreando en el tolete del otro, en un increíble y llamativo sesenta y nueve, uno al lado del otro, que hace que Sergio, quien los espía, abra mucho los ojos.

   La boca de Roberto, jadeante, roja y ensalivada, deja el tolete que atrapa con una mano, sobándolo, mientras hunde el rostro bajo las bolas del joven, lamiendo la suave piel que lleva al culo, provocándole gemidos y estremecimientos al otro. El joven lame lentamente, mirando siempre el rojo botón, que parecía temblar de anticipación. Su cálida lengua cae sobre él, lamiéndolo y azotándolo con rapidez. Y siente a Antonio cimbrarse sobre el colchón de sacos.

   La boca de este también deja su güevo, y enfila hacia su culo cuando flexiona la rodilla izquierda para ayudarle. Cada uno bucea bajo las bolas del otro, sus lenguas lamen, azotan y medio penetran esos agujeros que tiemblan y echan candela. Roberto cierra los ojos y pega su boca allí, chupándolo y mamándolo, oyéndolo gemir y sintiéndole estremecerse. Abre los ojos y le mete la lengua al ver el capullo titilar, y siente como el orificio se estremece, derritiéndose en su boca, abriéndose. Con un gruñido rodó sobre Antonio, con la cara metida entre las piernas flexionadas de este; y su boca, totalmente enchufada a ese orificio, mamó y chupó con urgencias, perdido de lujuria. Y sin embargo le alcanzó algo de razón para sentir y gemir ahogado cuando la boca de Antonio también comienza a trabajarle el chiquito, ¡un sesenta y nueve de culos! Y, Dios, piensa el señorito de la hacienda, una lengua en el culo era… Pero Antonio no mamaba con mucha fuerza, ya que le aplastaba, ricamente, con su peso, y la vaina que le hacía con la lengua lo tenía mareado y tonto, en un mundo de deseos que lo tenían todo lelo y el hueco hecho una sopa. Lo que era lo que el señorito buscaba.

   Mientras lo paladea y saborea, Roberto recuerda los horribles celos que sintió de Sergio, cuando andaba por ahí, tetón y culón. ¡Como temió que Antonio se fijara en él! Que el otro se interpusiera y se lo quitara. Vivía arrecho, molesto e inconforme desde que el joven regresó de Mérida. Lo sabía allí, casi al lado, solitario. El padre del muchacho había muerto hace dos años, y para lo que servía, debió ser un alivio; pero era su padre, y Roberto imaginaba que al otro, debió dolerle. Saberlo allí, cerca, lo enloquecía. No quería acercarse o ir, por su padre, y por no ceder a esa cosa grande y terrible que lo dominaba. Pero ahora están allí, acabando con toda esa larga, desesperante y horrible espera; y era como lo había imaginado. No, era más caliente, más excitante. Con un gruñido seco, se pone de pie, bajando de los sacos, frente a él, empujándole un poco, para que no se parara. Arrodillándose frente a él, Roberto le abrió mucho las piernas, apoyándole los zapatos en los sacos, exponiéndole el titilante culo. Lo miró fascinado, escupiéndolo con espesos goterones, que fue untando con sus dedos, metiéndolos un poco dentro del orificio, lubricándolo.

   -Roberto… -hay cierta alarma, las miradas se cruzan.

   -Nunca te haré daño. –es la respuesta, seria, una promesa.

   Lo ensaliva y lo lame, dejándolo más untado de baba, y Antonio chillaba agudo, revolviéndose en los sacos, incapaz ya de enfrentarlo o detenerlo, aunque tampoco quería. Y Roberto sonríe suave, sabiéndolo, obligándolo a darle la espalda, bajándole los pies en el piso, y abriéndole las piernas. Algo echado de panza sobre los sacos, Antonio se volvió a mirarlo, sin decir nada, con sus nalgas abiertas, el culo ensalivado titilando ya, las bolas colgando y su güevo igual. Esperando.

   Posicionando su tolete en la entrada, Roberto empuja venciendo la resistencia inicial, y va metiéndosela. Antonio chilla, tensándose todo, igual que las nalgas, así que lo soba y lo sisea, como calmándolo, mientras va clavando su rojiza tranca, que no encuentra mucho problemas porque la entrada estaba bien lubricada y adentro estaba totalmente caliente y mojado también, de las ganas. Lo mete todo, pegando fieramente el pubis de esas nalgotas, sintiendo el tolete aprisionado, apretado y chupado. ¡Coño, era virgen!, se dijo con sorpresa, calmándosele de repente los celos que durante años le atormentaron, imaginándoselo tirando con muchos guapos carajos en Mérida. Al clavárselo todo, grita agudamente, como adolorido, pero es de placer, esas entrañas estaban dándole la masajeada de su vida. Y en eso le acompañó Antonio, tensándose y retorciendo el cuerpo; eso le quemaba, aporreaba y rasgaba, pero también lo llenaba y le presionaba algo, un botón, que le provocaba deseos de más, más ganas de tirar así.

   El güevo sale un poco y vuelve a clavarse, con ganas. Sale y entra, cogiendo al otro sin miramientos, sin piedad, a pesar de la reciente promesa. Es que no puede controlarse. Roberto no puede pensar mientras le atrapa una cadera con una mano y con la otra le soba la recia espalda. Lo empala duramente, embistiéndolo feo, estremeciéndolo todo sobre los sacos con la fuerza de sus cogidas. Lo estaba cabalgando con meneos buenos de cintura y espalda, empalándolo a fondo; y Antonio sólo podía chillar, sintiéndose caliente, vivo y desesperado por algo que no entiende. Todo su cuerpo pica con ganas de ser tocado, sobado, pellizcado o lamido. Su espalda se arquea, igual que su rostro que se eleva, incapaz de estarse quieto con ese tizón en su culo, arándolo, cepillándolo, saciándolo, llenándolo, pero también dejándolo más hambriento.

   Los dos iban ahora uno contra el otro, el culo de Antonio lo buscaba, subiendo y bajando contra su pelvis, restregándose allí, mientras Roberto lo cabalgaba con dureza, como quien domina un caballo. En ese baile de macho contra macho, de hombre que se empalaba con el tolete de otro carajote, ambos sentían que algo se rompía, algo que no sabían qué era. Ahora estaban haciendo lo que querían, y en el caso de Roberto, cumpliendo lo que soñó muchas veces, en la soledad de su cama, en medio de un salón de clases o cuando salía con alguna chica: cabalgar a Antonio así, oyéndolo gemir y suplicar por un poco de su cariño. Ahora le enterraba duramente su tranca, y lo oía gemir, y sabía que sólo sería cuestión de tiempo para que el otro le suplicara por más, que se lo metiera más, que lo cogiera duro y a fondo. Y tan excitado está, que le atrapa un mechón de cabellos húmedos, halándoselos, gozando también de eso.

   Sergio tiene la boca horriblemente seca, y aunque no es gay, ni le atrae la idea, siente la terrible erección de su güevo. Mira a Antonio, joven y bello, de espalda ahora, sobre una pila de sacos de maíz, con el culo justo a la altura del güevo de Roberto, quien está de pie frente a él (que gente tan aplicada, piensa mórbido). La nuca de Antonio está apoyada en la vieja madera de la pared del gallinero, y con el rostro contraído de placer, y de adolorido deseo, mira a Roberto entre sus piernas, atrapándolo por debajo de las rodillas, metiéndole a fondo su güevote blanco rojizo en las entrañas. El tolete iba y venía, metiéndose en el orificio por debajo de las bolas, donde descansaban los pelos púbicos del otro, cuando lo embestía. Los dos hombres se miran, diciéndose, prometiéndose y jurándose cosas extrañas en silencio, y sudan copiosamente. Roberto siente como la cálida transpiración le baja por las sienes y la espalda, que brilla, musculosa y mojada, mientras va y viene. Los dos gimen, se agitan, gruñen, y de cuando en cuando tienen que espantar a las malditas moscas que querían probar el manjar. Las nalgotas redondas y musculosas de Antonio se apoyan al borde de los sacos, mientras el tolete cilíndrico triangular de Roberto, rojo y duro, surcado de venitas, entraba y salía, cogiéndolo a fondo, viéndose hermoso cuando abría esos pliegues calientes del culo, sodomizándolo, azotándole con las bolas. Cada golpe arrancándole un gemido al chico de aire medio indio.

   A Sergio le parece que ve algo particularmente notable. Esas cosas no le atraían, aunque el güevo le palpitaba dentro del short mientras va alejándose; pero le parece que esos dos cuerpos viriles y musculosos, de hombres jóvenes que jadeaban mientras el güevo de uno se metía con urgencia en el culo del otro, que parecía pedírselo con sus gemiditos agudos de doloroso placer, conformaban una escena digna de un cuadro al óleo. Se aleja para dejarlos terminar en paz, ya que él tiene otra reunión. Su misión en la zona estaba cumplida (y lo estuvo antes de la llegada de Roberto a esa propiedad, tomando, al fin, lo suyo; sólo que ahora se confirmaba). Sonríe con pesadumbre por Isabela, ¡tenía tan mal tino para los hombres…! Tal vez aceptara salir con él, que la mimaría y consolaría… por un tiempo.

   Dentro del gallinero, el clímax se acerca, mientras Roberto se monta las rodillas de Antonio en los hombros, tendiéndose un poco hacia él, subiéndole más el culo, que se agita recibiendo una y otra vez el duro manduco que lo penetra saciando sus ganas de güevo, pero despertando otras peores. La espalda de Roberto brilla y se contrae mientras las nalgas van y vienen empujando su tranca en esas ardientes entrañas, sacudiendo al otro sobre los sacos. Antonio cierra los ojos, bañado en sudor, gimiendo putonamente, arqueando el cuerpo, recorrido por oleadas intensas de placer. ¡Quiere ese güevo en su interior!, lo quiere hondo, cogiéndolo duro, y así se lo grita a Roberto, quien sonríe feliz, amándolo más en esos momentos.

   -¡Cógeme, cógeme así! –le grita, rojo y apasionado.

   -¿Lo quieres mucho, quiere mi güevo en tu culito caliente? –se burla, sonriendo al verle apretar los dientes.

   -Cógeme, maldito hijo de perra.

   -Si te pones tan cariñoso…

   Esa tranca enorme y caliente dentro de él, sobándolo y rozando todo, hace que Antonio chille, tensándose, cerrando violentamente su culo alrededor del tolete, mientras comienza a temblar todo. Roberto, fascinado, le oye gemir, le ve alzar el rostro, pegando la coronilla de la pared, mientras intenta agarrarse el güevo como para impedir la corrida, pero no pude, esta estalla en una erupción olorosa, bañándose el abdomen y el pecho. Se ve abundante y espeso, el fuerte aroma de la esperma fresca llena el lugar.

   Enloquecido de lujuria, Roberto se inclina hacia él, casi acostándosele encima, aplastando con la panza el güevo y el vientre enlechado del otro, encontrando eso rico, atrapándole la boca y lengüeteándolo. Antonio tiene que tragarse sus gemidos, cuando Roberto comienza a temblar, metiéndole el tolete hasta las entrañas, con las bolas pegadas totalmente a sus nalgas, y se corre, entre temblores y jadeos. Antonio lo besa lamiéndole la lengua, y chilla también al sentir el impacto de esos disparos calientes y enloquecedores, que cree que van a matarlo de gusto, gozando la corrida de leche de ese otro hombre, al que tanto había deseado, en su culo semivirgen.

   Jadean al mirarse, ojos turbios, rostros enrojecidos y bañados de sudor, rostros muy cercanos, y Roberto sonríe con afecto, embargado de algo que le eriza todo, ¡nunca le había visto tan hermoso! Antonio corresponde a la sonrisa, tal vez no sabiendo qué piensa, pero no importaba, no ahora ni por ahora, ya se enteraría, se dice bajando el rostro y besándole otra vez, entre respiraciones pesadas. Y era increíble. O se lo pareció hasta que los brazos del muchacho rodearon su cuello, atrapándole en ese beso. Entonces fue perfecto.

   La tarde comienza a cambiar ya, hacia las tres de la tarde, la hora en que mataron a Lola, como decía su abuela, cuando preparaba café con leche y les daba con pan andino; a Roberto le gusta pensar en ella (flaca, alta y seria, pero amorosa en el fondo de su corazón), recostado entre los sacos de maíz, junto a su amante, tirados de cualquier manera, recordando, marginalmente, que por ahí debían haber muchos alacranes y ciempiés. Se siente dulcemente agotado, con las manos cruzadas tras la nuca. Totalmente desnudo, sintiendo la tibia brisa, aunque también una persistente visita de las fastidiosas moscas. Coño, si se iba a quedar ahí con Antonio, debían poner mosquiteros. Y sonríe sintiéndose idiota al pensar en quedarse con el otro, que está a su lado, pero recostado de medio lado, respirando calmadamente, adormilado. Vaya, su amorcito era de los que tiraba y se quedaba dormido, ¡que poco considerado! ¡Vivir juntos!, y la idea lo llena de dulces temores. Cierra los ojos recordando lo contado por el joven hace poco, lo propuesto por Sergio. Arruga un poco la frente, quién iba a pensar que el otro iba por negocios, y no por placer. Como él, por ejemplo.

   Claro, ninguno de los dos sabe, exactamente, para quién trabajaba el chico culón.

CONTINÚA … 13

Julio César.

EL PEPAZO… 23

octubre 21, 2016

EL PEPAZO                         … 22

De K.

sexy-boy

   Volver a ser quien era…

……

   Jacinto nunca podría negar que al escuchar esa pregunta, y presintiendo la respuesta de Gabriel, que era a él a quien enculaba con esos fuertes y maravillosos golpes que le metían el güevo hasta el estómago, desde el culo, casi se corrió de pura calentura. Una idea poderosa, que le hacía jadear más, respirar más pesado, su piel brillar con un sudor sexy, le dominó: quería más güevo. Otro, al menos otro para comerlo. Desea ese enterrado en su culo y que con el glande le daba en esa cosita que subía y bajaba, haciéndole arder totalmente las paredes del recto, que le tenía sobre estimulada la próstata, despertándole esas curiosas ganas de tragar y saborear uno, rodearlo con su boca y chuparlo con fuerza. Dios, las ganas eran tantas que no puede evitar gemir más y más, meciendo su cabeza, ronroneando, mientras su agujero era una verdadera ventosa sobre ese tolete que ordeñaba despiadadamente.

   Y si, Gabriel va a decirle a Renato a quien se coge, al cuñadito, al hermano de Omaira, su mujer. Abre la boca, entre jadeos, su respiración también afectada, cuando escucha.

   -No, mejor no me digas, coñe’e madre. –suena alarmado y amistoso del otro lado, como si le avergonzara agregar.- Me la tienen  dura y eso no me gusta. –le cuelga, dejándole desazonados.

   Pero… ¡se le había puesto dura!, piensan ambos, como compartiendo un cerebro, o tal vez era esa profunda conexión güevo-en-un-culo que los dominaba en esos momentos.

   El joven de rostro picado como de sarampión, enrojecido también por un tardío acné, llevando la braga que le acreditaba como miembro del equipo de Mantenimiento del grupo clínico, entra en la recepción de la oficina del urólogo, congelándose en el acto. De la puerta cerrada que lleva al consultorio del galeno parten unos sonidos inconfundibles, una mesa agitándose violentamente, una voz masculina gimiendo, gritando y lloriqueando como si estuviera gozando una bola y parte de la otra, y la gruesa y ronca voz del médico.

   -Tómala, tómala toda, puto; es lo que querías, ¿verdad? Tu culo goloso estaba necesitado de esto. –casi grita.

   El joven queda con la boca muy abierta, parpadeando, acercándose y escuchando contra la puerta. ¿El doctor estaba  cogiéndose a un paciente en su consultorio?, qué vaina. Le conocía, era un sucio, pero nunca había hecho aquello. El galeno tenía cierta fama en las instalaciones… como que, reconoce enrojeciendo, se lo había follado a él en el depósito… y eso que ni gay era. Muy quieto, boca abierta en un gesto normal de toda su vida, se queda y escucha…

   -Ahhh… -grita totalmente entregado, sonriendo dichoso y caliente, Jacinto, de espaldas sobre la camilla, su cabeza colgando un poco, cerrando los ojos, agrandando su sonrisa, sus axilas muy visibles al tener los musculosos brazos hacia atrás, su increíble cuerpo desanudo, sólo sus genitales cubiertos por una rosa tanga masculina, la cual demarca como si fuera pintura su verga totalmente dura, que pulsa y gotea, así como sus bolas. Todo él agitándose por las embestidas que le da aquel hombre, desnudo totalmente, sólido, bronceado, con los tatuajes que suben de los antebrazos y cubren parte de sus hombros, y el costado derecho del torso, dientes apretados, atrapándole por las nalgas, teniéndole los tobillos en sus recios hombros mientras agita sus caderas, follándole con fuerza. Pero, de alguna manera, aquellas entrañas ardientes, adheridas a esa pulsante barra, la halan, masajean y succionan de una manera tal que tienen rugiendo al urólogo.

   -Oh, Dios, eres tan puto. –le grita, ya no pensando en si quedaba todavía alguien por ahí, la camilla quejándose más por los renovados bríos de las cogidas.- No, puta; eres una puta caliente. –parece acusarle, notando como eso le hace ronronear sobre el mesón. Le azota un glúteo duro, y se siente tan bien como escuchar el gemido del otro, que sonríe viciosito y abre los ojos, brillantes de lujuria, pero también como mareado, seguramente por todo el placer de sentir su culo incansablemente cepillado por la verga de un hombre. Si, esa puta necesitaba más…

   Una nueva nalgada, leve, obliga al fornido joven a caer otra vez, boca muy abierta de donde escapa un grito totalmente sexual; ese hombre le trataba con posesión, con autoridad sobre su cuerpo, casi reduciéndole a una sumisa posición de ordeñador de su verga, y la idea, saber que se la ordeña con el culo, le tiene delirando de placer. Y esa cara, esos gemidos, esa sonrisa excitan y ponen más mal a Gabriel, quién, sin embargo, nota algo, ceñudo de confusión. Cuando Jacinto se desnudó, le llamaron la atención los pezones del joven, pero ahora… eran como más visibles, largos y algo llenos. Con la mano libre pellizca uno, ¡estaba tan durito!, y nota como el joven arquea la espalda sobre la mesa, como si le hubiera tocado otro botón imposiblemente erógeno.

   Como médico eso le intriga, era un cambio notable en poco tiempo, ¿alimentado por la verga en su culo? ¿Y qué tenía ese culo que al metérselo parecía golpear una fuente de poder sexual? Como sea, se siente algo culpable, como médico debió ayudarle cuando se presentó con su “problema”… Pero, tal vez, estaba haciendo lo mejor por él. Aunque Jacinto decía una cosa, parecía anhelar otra. Tan joven y guapo, un cuerpo de infarto y un trasero de pecado, debía guiarle a encontrar lo que en verdad quería y para ello no había mejor método que aquel, que experimentara con un güevo clavado su culo y entendiera que todo ese placer que ahora le tenía delirando en la mesa podía tenerlo siempre, si aprendía a complacer a los hombres. No sólo con su buena figura o su cara bonita, sino con su culo; no, con su coño hambriento, mojado y caliente. Soltándole las nalgas, metiéndosela hasta el fondo, se tiende sobre él, apretándole las dos tetillas. Ambos mirándose.

   -¡Puta! –le grita casi al rostro.

   Y cerrando los ojos con una mueca viciosa de gozoso, sin tocarse, Jacinto Contreras tiene el primer gran orgasmo de su nueva vida.

CONTINÚA … 24

Julio César.

NOTA: K tiene una idea que a mí me sirve, aunque no sé si al público…