SIGUE EL DILEMA… 5

SIGUE EL DILEMA                         … 4

   Basado en caracteres creados por capricornio1967

velludo-y-sexy

   -Lo quieres, lo sé; ven y ríndete a ello.

……

   -Oh, sí, así. Disfrútalo, puto. Deja que el mundo vea y escuche cuánto te gusta jugar con tu culo vicioso, jejejejeje. –le gruñe Franco.

   Apretando los dientes, Luis quiere resistir, como hasta ahora, aunque sin mucho éxito, pero esto… su cuerpo es recorrido por extrañas oleadas de estimulación que no puede entender. Aunque se ha practicado las usuales pruebas de próstata, nunca había experimentado esto. Nadie le había “tocado”, conscientemente, de esa manera. No sabía que efectivamente pudiera ser tan estimulante. Aprieta más los ojos y dientes, farfullando, cuando nota que a la vergüenza que padece, y que era filmada, se sumaba un placer desconocido, extraño y ajeno a su voluntad. Esa cosa vibraba en su culo de manera constante, agitándose levemente contra sus entrañas, unas que mantenía, por principio, cerradas; y lo hacía, zumbaba, contra ese punto interno que despertaba aquellos calorones.

   -Jejejejeje, te gusta, puto. –oye, a lo lejos la voz de Franco, torturándole. No quiere responder, no dirá nada, pero este mete la mano entre sus piernas, bajo su cuerpo, y le atrapa la verga, la cual está suave.- La tienes blanda, pero pronto estará dura. Jugar con tu culo te la empalmará como ocurre con todos los putos.

   -No, déjame, ¡DEJAME! –grita casi llorando, roto, con voz profunda, su respiración agitada. Esa mano áspera y fuerte, bajo su cuerpo, atrapándole el tolete, no se mueve, tan sólo aprieta y aprieta, hasta que el pulgar comienza a recorrerle la punta.- ¡Ahhh! –se le escapa, no puede evitarlo. Y ocurre algo más.

   -¿Quieres más potencia en tu vibrador, Luis? ¿Qué sea el vigor de un camionero follándote cerca de sus amigos en una parada? -sonriendo cruel, Franco lleva su mano desocupada al juguete erótico clavado entre aquellas nalgas depiladas, dentro de ese culo rasurado, donde se sostiene por sí solo, y en la base del aparato toca algo, incrementando las vibraciones.

   -¡Ahhh! –el hombre no puede evitar tensar la espalda y alzar la cabeza cuando se ve sometido a una estimulación aún mayor, por mucho que le ofendiera o degradara como hombre heterosexual.

   -Jejejejeje… -Franco ríe trabajándole. Ahora atado, desnudo y con un vibrador haciendo su magia en su culo, Luis nota su verga blanco rojiza algo morcillona, llenándose lentamente aunque no quiere. Porque ese vibrador continuaba penetrándole, despertándole toda clase de sensaciones.

   -Franco, por favor… -angustiado, atrapado entre dos corrientes, le suplica. El otro ríe, la gruesa verga algo bronceada como si llevara sol desnudo, le tiembla y gotea.

   -No necesitas rogar, te lo voy a dar todo. –finge no entenderle, mirando hacia la cámara.- Quiero que le muestres al mundo cómo te excitas cuando juegan con tu coño. Mira cómo se te va poniendo dura, deslizándose mientras se llena y se pone roja de sangre y de ganas.

   El otro intenta desviar el rostro, muerto de vergüenza, sabiendo que era cierto, que aquella vaina enterrada en sus entrañas, que ahora hacía más contacto al cerrar las nalgas, despertaba su erección. No quiere, no ceder así, ante las manipulaciones de ese hombre que quiere controlarle, pero lo siente, como se le llena de calor mientras ese juguete sexual entra, sale, recorre y estimula sus entrañas, como la punta roza una y otra vez contra ese punto que despierta las extrañas cesaciones mientras Franco le penetra con él. Una mano sobre su nuca le obliga a volver el rostro hacia la cámara.

   -Saluda a todos los que vean cómo disfrutas de tu vibrador.

   Perdido en aquella batalla no espera que el otro le regrese de espaldas, sacándole el vibrador y girándole con fuerza. Con un pujido de dolor cuando cae sobre sus brazos y manos, Luis queda mirando a su torturador, quien sonriendo no le da tiempo a nada, ya que medio acuesta su velludo y recio torso de su pierna derecha, inmovilizándola, y con las manos le obliga a flexionar la rodilla de la pierna izquierda, empujándosela hacia afuera, la baja espalda quedando sobre las almohadas que mete, sosteniendo en la mano libre el vibrador.

   -Tranquilo, no voy a quitártelo, jejejejeje. –y lo lleva a su raja rasurada, presionando la pulsante punta de su esfínter.

   -¡No! ¡No! –ruge Luis, intentando agitar sus piernas, golpearle, pero el dolor en sus hombros casi de tiene paralizado.

   La punta se acerca a su entrada, lentamente, como para que “disfrute” el momento, la roma y vibrante cabeza recorre los pliegues, se abre paso en su esfínter; centímetro a centímetro va penetrándole con sus pulsadas extrañas, enterrándosele todo.

   -¡No, hijo de puta! –grita Luis, rojo de cara, de furor, arqueando la espalda buscando alivio, y cerrar su culo.- Ahhh… -tan sólo logrando que el contacto sea total contra las cilíndricas paredes del juguete.

   Y cierra ojos y labios, conteniendo un pujido, porque Franco buscaba nuevamente en sus entrañas, encontrando el punto exacto. Y notando haberlo encontrado (oye su risita), comienzan los saca y mete, golpeándole la próstata.

   -¡Lo sientes sobre tu punto G?, muchos coños son así de sensibles, jejejejeje.

   Luis odia intensamente a ese hombre, pero también, en esos momentos, a sí mismo. Esa cosa en su culo despierta ecos placenteros, nacidos de la violación y la humillación del insano deseo del otro de convertirle en su esclavo sexual, pero aún así su verga rojiza crece, endurece, se pone dura. Pero no imagina que es tan sólo el principio de una humillación aún peor. Mientras le saca y mete el consolador del culo, la lengua caliente y viciosa de Franco va a su verga, recorriéndola desde las depiladas bolas a la punta, lentamente. Y la caricia en su estimulado miembro provoca un estallido en la mente del hombre atrapado. Grita aunque no quiere. Esa lengua va y vienen, lamiendo, azotando, la roja cabecita queda al descubierto y recibe una dosis especial de lamidas y lengüetazos, siendo bañada de espesa y caliente saliva. Todo lo cual debería ser horrible, por no hablar de los ocasionales contactos de ese rostro velludo, pero su verga sabía de lamidas, no tanto como le gustarían, por no hablar de aquella cosa que el otro saca y mete de su culo, a veces unos centímetros, para golpearle una y otra vez sobre la próstata, otra retirándose casi toda, sintiendo la cabecita roma recorriéndole, para luego clavársele nuevamente.

   Soltándole la rodilla, pero ya incapaz de reaccionar, Luis siente y ve como Franco le atrapa el tolete, apretándolo en su puño de dedos largos y velludos, masturbándole al tiempo que le sonríe con malevolencia.

   -¡Ahhh…! –el grito agónico se deja escuchar, cuando prácticamente se arquea sobre la cama por las cosas que ese hombre le hace frente a la cámara.

   El entrenador le atormentaba de una manera extraña con su boca y manos; una le sacaba y metía el vibrador del culo, golpeándole una y otra vez la próstata, al tiempo que la otra lo masturba, arriba y abajo, arriba y abajo; y pega los labios de su glande, lengüeteándole. La víctima de aquel sujeto gime y se estremece totalmente excitado, rojo de cara, lanzando un momentáneo vistazo a la cámara. ¡Imaginando lo que debía parecer!

   -Nooooo, suéltameeeee… -intenta oponerse, jadeando, los labios cerrados sobre su glande, chupando vigorosamente. Luis siente rabia al no poder controlares y responder así.

   Riendo para sus adentros, Franco le entierra el vibrador en el culo, contra su próstata, soltándolo, le atrapa el pie que tiene sobre la cama y que le mantienen apartada las piernas, y soltándole el tolete alza un poco esa mano y la estrella con dureza contra el trasero del otro, cerca de su culo.

   -¡Arrrgggg! –grita Luis, el dolor le sorprende al llegar en ese momento, cuando el vibrador hace su magia contra su próstata y los labios de Franco bajan y reposan en su pubis, notándose que lo hace mucho, ordeñándole con la garganta.

   Franco sube y baja su boca golosa sobre el duro tolete, mientras agita por unos segundos el vibrador desde la base, meciéndolo en sus entrañas, provocándole otro estallido de placer al hombre. Repitiendo lo del vibrador, le nalguea otra vez, agarrándole firme por la rodilla para que no cierre las piernas. Luis grita, el dolor y el placer mezclándose de forma enferma y absurda le confunde.

   Y eso continúa y continúa, Franco le produce placer y dolor. Su culo es penetrado una y otra vez por el vibrador, esa boca sube y baja con ganas sobre su barra, succionándola y apretándola, sacándole jugos, mientras las nalgadas, secas, duras, se repiten también. Los músculos enrojecen, hay marcas de dedos, y Luis no puede pensar, concentrarse. De sus ojos escapan lágrimas de indignación, humillado por esas nalgadas, aún más por el placer que experimenta. A cada azote, duro, al que ya se anticipa esperándolo, sigue una sorbida especialmente buena a su tolete, un agitar del vibrador contra su próstata que resulta increíble. Sabe que mana un mar de jugos que el otro bebe succionando de manera sucia y ruidosa.

   Todo gira en su mente, sabe que lo graban, que queda una evidencia audiovisual de su suplicio, uno que cualquiera que lo viera pensaría que es sexo consensuado. Tensa sus muslos lampiños esperando otra nalgada, una que llega especialmente lenta, fuerte, quedándose la palma contra su piel. Acariciándole.

   -Hummm… -se le escapa, incapaz de controlarse.

   Y Franco sonríe diabólicamente. Ese era el camino. Luis sería su esclavo, su juguete, con el cual se divertiría azotándole y atándolo. En su mente comenzaba a confundirse, momentáneamente, placer y dolor. Con tiempo, y trabajo paciente, sería una condición, respondería a ambos estímulos, desarrollándosele otro tipo de sexualidad. Nota cómo esas bolas lampiñas se contraen, siente el gran temblor de esa carne gruesa que traga y succionan. Le da otra nalgada, más suave, agita el vibrador y tragándole todo el pene lo succiona con su garganta. Con pesar se retira, sus labios suben lentamente, apretando y chupando en todo momento del blanco rojizo güevo, al tiempo que le saca el vibrador del culo, dejándole desconcertado, mirada vidriosa, respiración agitada. Luis había estado muy cerca de…

   -Déjame ayudarte, jejejejeje. –le dice, separándole más la pierna y azotándole las nalgas, de una a la otra, suave, casi acariciante.

   -No, no, déjame… -grita Luis, su mente convulsa, todo girando al su alrededor. La mano grande y velluda va y viene, esquivando las bolas, dándole en las nalgas, casi entre la raja, sobre el culo dilatado.- Ahhh… -exclama arqueándose en la cama, todo tenso, corriéndose. Alcanzando un orgasmo poderoso, intenso, mientras su culo aún es azotado por la mano de su amo.

   -Jejejejeje, eso es, zorra, córrete con ganas. Te dije que terminaría gustándote. Sonríe para la cámara.

   Luis no puede responder, la humillación es tan grande que siente que se ahoga. Su abdomen bañado con su propia leche, esa que le fue ordeñada por un hombre que estimulaba su próstata, es la prueba de su derrota. Y le arden las nalgas por las palmadas.

   -Eres un enfermo. –le reprocha entre dientes, tratando de expresar todo su odio. Sus miradas se encuentran.

   -Hago todo esto por ti, puto, ¿y así me tratas?

   -Te juro que…

   -Creo que necesitas una lección de humildad, puto. Suplicarme te ayudará a entender. –suena ominoso, y aunque su corazón late con fuerza, Luis traga pero le mira con desafío.

   -Vete a la mierda. –reta. La sonrisa de Franco parece la de un tiburón.

   -¿Crees que no suplicarás? Nunca imaginaste tener un orgasmo tan intenso y completo mientras jugaba con tu culo, y mira lo que ocurrió. También me suplicarás, humilde, entregado. –promete.

   Antes de que el hombre pueda agregar algo más, es manipulado como un fardo, y nuevamente queda de panza sobre la cama, las manos atadas recibiendo cierto alivio, pero incrementándose a millón otros temores. Como una cogida.

   -Franco… -grazna alarmado, preparándose para un sádico asalto, para la verga del otro penetrándole.

   -No ruegues todavía, puto.

   El hombre atado siente como el otro le separa las piernas, un poco, y sus nalgas. Intenta oponer resistencia pero está agotado. Franco le monta su cuerpo sobre las piernas, prensándole, quedando de cara a su trasero. ¿Iría a comerle el culo otra vez?, la idea, repugnante, era preferible a la otra.

   -No, no… -se resiste, meciendo su trasero frente a la cara de Franco, cuando las manos de este caen sobre sus glúteos, separándolos. Se tensa y ruge de ira cuando siente el aire del entrenador de su hijo, que sopla sobre su ojete que tiembla.

   Pero no es nada a lo que le espera, siente como mientras le pega las palmas de los glúteos, separándolos, los pulgares de Franco van a su agujero, frotándole, sobándolo, ambos dedos rozándole y empujando sin penetrar. A sus pedidos de que le suelte, la respuesta es esa risita siniestra.

   -Aggghhh… -llega el primer grito cuando ambos pulgares penetran su esfínter, lentamente y con dificultad; primero las uñas, luego los primeros gruesos nudillos peludos.

   -Oh, sí, vas a suplicar tanto que será épico.

   Las uñas aparecen y desaparecen mientras obliga al anillo a separarse. Las falanges van enterrándose lentamente ahora, porque así lo hace Franco para incrementar la tortura. Son dedos gruesos y la doble invasión es dolorosa para el hombre que se tensa e intenta apartarse de eso, de la peor manera, meneando su culo. Los pulgares penetran totalmente. Sintiendo sobre ellos el esfínter y las paredes del recto cerrándose, Franco sonríe cruel. Tira en sentidos contrarios, abriéndole lentamente. El arrugado esfínter se alisa y abre en boquita.

   -No, no, ¡déjame, en paz!

   Esa boquita abierta es soplada suavemente y Luis arruga la cara mientras gruñe con disgusto, esperando una lengua en cualquier momento. Los pulgares ejercen más presión, abriendo más y más, ahora el agujero es una boquita alargada, una que deja ver las rosadas interioridades del otro.

   -¡No! ¡No! ¡No hales más! –grita con furia.

   -Jejejejeje…

   La presión se incrementa e incrementa, abriendo y separando; el anillo finalmente presenta resistencia, no puede más, media mano podría entrar por ahí, y para conseguir eso, el dolor que sentía el hombre sometido era intenso.

   -No, no, déjalo ya… -ruge a todo pulmón, chorreando saliva, sintiendo que se le rasgará la piel. La presión aumenta, abriéndole inmisericorde.- No, por favor, detente. ¡NO MÁS, POR FAVOR! ¡POR FAVOR! –suplica.

CONTINÚA … 6

Julio César.

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