COLOMBIA SORPRENDE AL MUNDO

ATENTADO, CLINTON, KEIKO, CARIACO Y FUTBOL

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   Las dos caras de una realidad.

   No pueden imaginar la sorpresa que recibí ayer cuando en horas de la noche la esposa de un amigo, colombiana silente que siempre cumple con su obligación para con su patria de nacimiento, me anuncia que el “no” había salido triunfador en el plebiscito colombiano con el cual Juan Manuel Santos quería darle la bendición al acuerdo que pactó con la guerrilla de las FARC.

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   Les juro que al principio no lo podía creer. Hasta no hace mucho escuchaba, por Caracol Radio, que según las encuestas, el “si” llevaba una ventaja sobrada de hasta veinte puntos, y va y ocurre lo de ayer. Esta conocida, como otros amigos colombianos, fue y dijo “no”. No le gustó lo que a espaldas de todos se pactó con la FARC. Su familia tuvo que desplazarse del pueblo donde nació, y un primo fallecido por culpa de estos grupos irregulares, y eso lo carga ella como parte de su equipaje, aunque este primo murió cuando era una niña y nunca lo conoció. Ella, colombiana de nacimiento, que allí los conoció y los padeció, tenía una opinión formada que ya nada pudo variar. Personalmente, aunque me disgustaba la idea de que esos zafios se salieran con la suya, pensaba que lo mejor para Colombia era un acuerdo de paz, cualquier acuerdo mientras la paz de garantizaba. Ella, hace días, me respondió que nunca olvidaba el llanto de su abuela y su tía cuando hablaban del primo muerto. Ahora, con humildad, aceptó el reproche. No, nada de paz como sea, los colombianos dijeron ayer que no querían una paz con chantajes, con amenazas, con condiciones de parte de quienes hasta ayer apuntaban a la sociedad neogranadina con armas.

   Pero mi sorpresa por ese triunfo, era por el triunfo en sí, pensé que más pesaría la idea de terminar con ese conflicto que los “detalles”, que muchos jóvenes a los que no les tocó el momento estelar de violencia de la guerrilla, sino ese desastre delictivo barato de secuestro, cobro de vacuna y servir de brazo armado al narcotráfico, jugaría a favor de Juan Manuel Santos. La sorpresa que se llevó medio mundo fuera de las fronteras colombianas, donde miraban con desconcierto, incluso con disgusto este resultado de “un pueblo diciéndole ‘no’ a la paz”, si que no lo entendí en el primer momento; comenzando por la rabieta del mismísimo Papa Francisco, quien al parecer estaba tan desinformado por su cancillería, como el resto del planeta. ¿Acaso esa gente es idiota?, me pregunté.

   Los colombianos no votaban por la guerra, o por sabotear la paz, lo hacían contra la impunidad, contra la inmunidad para con las atrocidades cometidas, contra las prebendas en efectivo y privilegios políticos que se le otorgaba a las FARC, contra la no confiscación e investigación de las fortunas personales de los jefes delictivos. Contra eso reaccionó, silenciosamente, el grueso del pueblo colombiano. Se dice que la victoria del “no” fue pírrica, pero era un “no” contra la paz en la versión maniquea que Juan Manuel Santos, su gobierno, buena parte de la prensa colombiana y mundial usó para amarrar el resultado de unos acuerdos que al colombiano mondo y lirondo no le consultaron sino que se los presentaron con un moñito y un “diga si o es usted un monstruo que no quiere la paz”. Se llegó a tales extremos de presión que un escritor acusó de cobarde al jugador James Rodríguez por no expresarse públicamente a favor del “si”. De ese tamaño fue la presión sobre los colombianos, que tuvieron que votar, y derrotar, esta gigantesca y descarada manipulación de los hechos. Escuchar Caracol Radio era impresionante, parecía la casa del partido de gobierno. Apenas el cincuenta por ciento y un poco más del puñado de personas que fueron a votar, le dio validez al “no”, lo que cuestionan muchos a todos los niveles para intentar contrarrestar el certero golpe a la idea propuesta por Santos y las FARC; cosa tonta porque si la idea era “conseguir la paz”, ¿entonces por qué se abstuvo el sesenta por ciento del electorado? ¿Tan poca cosa era conseguir la Paz de Santos?

   Imagino que la confusión del mundo, y de buena parte de sus gobiernos, se debe a la proverbial inutilidad de buena parte de las cancillerías mundiales, incapaces de transmitir a sus gobiernos, y ciudadanos, una idea concreta. El plebiscito no era para buscar la paz, era para amarrar una paz en unos términos que le servían de victoria política a Juan Manuel Santos (su legado), y a las FARC, el compromiso de que sus crímenes no serían investigados, sus bienes confiscados y que recibirían privilegios políticos (puntos que, es cierto, se dan en muchos de estos procesos, tal vez aquí lo que molestó fue el descaro de la izquierda y la soberbia de un señor Presidente que no quiso escuchar ninguna crítica a un plan a su medida). Porque esa, en últimas instancias, fue la maniobra, fue la paz que pactaron gobierno y guerrilla, presentándola como la única aceptable y, por lo tanto, los colombianos debían decir amén y luego dejar de joder. Pues, no, estos no lo aceptaron. Pero esa incapacidad de las cancillerías de transmitir una idea tan simple como lo era el franco abuso de un gobierno y sus socios en la trastada, hundió en la confusión a millones de personas que leían o escuchaban que los colombianos votaron “no a la paz”.

   Qué no se dijo al respecto aquí en Venezuela, desde que el narcotráficos conspiraba para ayudar a Álvaro Uribe Vélez (olvidando convenientemente que estos eran socios de las FARC), a que el pueblo había sido robado por un ente comicial fraudulento (aunque nadie en Colombia hubiera dicho tal cosa, comenzando por el señor Santos) controlado por el imperio, aunque Obama se paseaba de los más feliz con Santos, y los jerarcas de la ONU, pensando que al fin habían pegado una. Es la típica idiotez de pensar que desde aquí, por ejemplo, o desde Madrid o Buenos Aires, se sabe mejor que los colombianos lo que ocurre en Colombia, o que entendemos mejor lo que sienten o piensan, que ellos mismos. Y que si no ocurre como nos parece es que hay juego sucio. Si, es una tontería, pero hay quienes lo creen, es el complejo de creerse el ombligo del mundo.

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   El “no” derrotó al “sí”, ¿qué viene ahora? Que se tendrá que discutir un nuevo acuerdo, uno que satisfaga los deseos de los colombianos que irán nuevamente a sancionarlo en un evento comicial. Y se tendrá que ir y respetar, nuevamente, el resultado. De hecho, este plebiscito no era vinculante, pero uno no imagina hoy, después de esta ejecutivo-colombiano-derrotadoderrota, de este baño de agua fría del país, que Juan Manuel Santos sancione dicha ley. Calculó mal sus fuerzas, imaginó que tenía a todos amarrados con la falsa consigna de que o dicen lo que les digo o están a favor de la guerra, no quiso escuchar a nadie, por ello el primer gran derrotado fue él, que ahora llama al dialogo; los otros derrotados fueron las FARC, demostrándose hasta qué punto terminó odiando Colombia a un el-repudio-colombiano-a-las-farcmovimiento dizque social armado que se organizó para “darles felicidad”; Raúl Castro también sale con las tablas en la cabeza, así como ese grupo de países colaboradores, que de cara a Colombia quedaron como demasiado complacientes. Fortalecido, como sociedad, queda un país que se negó a ser nariceado, conducido ciegamente a una meta ya determinada en un arreglo donde nada tuvo que ver y que, como se demostró ayer, no estaban de acuerdo. A la gente, un electorado serio, informado, con criterio propio no se le puede manipular fácilmente.

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   Eso sí, para rabia de la gente que tanto le adversa (yo no, lo admiro, aunque también caí en la trampa de pensar que la paz bien debía alcanzarse al precio que fuera, sin entender que este no era el único camino a esa meta), fue el ex presidente Álvaro Uribe Vélez. Frente a él, buena parte del entramado ejecutivo, legislativo y judicial neogranadino salió con el culo en dos manos, derrotado. Mientras él supo interpretar lo que sentían los colombianos, el resto del Estado no supo verlo. O no quisieron. O no les importó. Nada más hoy, con la señora Patricia Janiot, de CNN, una representante de la izquierda acusaba a los que se oponían al acurdo de no presentar un plan alterno, ¿acaso escucharon a alguien mientras cocinaban su arreglo? Por el tono despechado, a la señora le sabía mal que el país no votara como a ella le parecía.

   Eso sí, hay que destacar lo maduro de un sistema político donde el Presidente se la juega todas, usando todos los recursos y que al ser derrotado electoralmente por el pueblo, encaja el golpe con elegancia y ecuanimidad. Juan Manuel Santos reconoció lo expresado en las urnas, comprometiéndose a luchar para alcanzar la paz por otro camino. Nada de desconocer la voluntad popular como los tiranillos de repúblicas bananeras, nada de poderes amañados que se atreven a suprimir la decisión del electorado. Y el ente comicial colombiano es una maravilla, no sólo es capaz de desplegar en un mes toda la red electoral a lo largo y ancho de Colombia, sino que con conteos manuales, a la vista del país, informa segundo a segundo de cada nueva actualización, da los resultados a las tres horas de cerrarse el proceso, cuatro de la tarde, con un primer informa oficial a las siete de la noche. Sin hablar paja, sin adornar la realidad con declaraciones idiotas para intentar justificar el negarle al electorado la información y los resultados reales como ocurre en las repúblicas de comiquitas.

   Mis saludos y respetos al país vecino y a sus instituciones, que aunque salen vapuleadas por no entender a su propio pueblo, responden apegados a la letra de la ley. Imagino que ya hoy, después del llamado de Juan Manuel Santos a todos, se comienza a buscar una nueva fórmula que garantice la paz.

JUAN MANUEL SANTOS Y EL NOBEL A LA PAZ

Julio César.

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