EL PEPAZO… 14

EL PEPAZO                         … 13

De K.

tanga-hot

   -No sé lo que siento.

……

   -¿Qué…? ¡No! ¡No voy a mamarte el güevo! –ladra asustado, rojo de cara, mirando el corto y gordo miembro del otro emergiendo de su bragueta, de donde sale también un fuerte olor a cuero, a bolas sudadas. Ese tipo era asqueroso.

   Pero, y aquí debe aclararse, el bonito y joven fortachón no estaba en posición de resistir mucho, ya que sentado a la cama, el sujeto le tenía atrapado a su lado, acostado boca abajo sobre el colchón, las piernas fuera de la cama, con los hombros, cuello y cabeza casi sobre su regazo. Le mantenía ahí con el recurso de tenerle metido un dedo bien clavado por el culo, flexionándolo lentamente, una y otra vez, haciéndole temblar y jadear, sin desear escapar.

   -Claro que no quiero que me mames el güevo. –le responde con voz ronca y agitada.- No soy un maricón… -aclara mientras rota su dedo dentro de esas entrañas, de derecha a izquierda y a la inversa, con la suave tira del hilo dental presionándose contra su puño.- Tú no lo eres, ¿verdad? Sólo quiero una paja. Hazme la paja y te doy ese regalo del que te hablé.

   La mente de Jacinto es un caos, sus ojos brillan, sus cachetes están muy rojos y su culo parece ir calcetándose más y más, y algo untuoso parece descenderle, bañándole, haciendo más sensibles las paredes de su recto. Está meciendo el culo contra ese dedo, lo sabe, pero…

   -¡Ahhh! –grita, casi ronroneando, cuando un segundo dedo, tan grueso como el otro, se introduce también en sus entrañas.- Hummm… -la poderosa sensación que lo recorre cuando esos dedos van y vienen, le hace tensarse y apretar su agujero para sentirlos mejor. Algo le pasaba, se dice, porque mientras los gruesos dedos recorren sus entrañas, le parece escuchar un plop plop plop húmedo. Nota como su verga palpita, se estremece y gotea copiosamente. Estaba cerca de un orgasmo.- ¡Oh, Dios! –grita, porque un tercer dedo, de alguna manera, se pierde en sus entrañas, en su redondo anillo que se abre para aceptarlos, en fila, abriéndole bastante.- Ohhh… -jadea mareado, alzando el rostro, tomando aire por boca y nariz, llenándose del olor a sudor del desagradable tipo, pero aún eso dejaba de tener importancia ahora. Le ocurría algo mas, le parecía que la punta de esos dedos golpeaban algo en sus entrañas, que salía disparado como bola de billar golpeándole la próstata, y bajando otra vez, siempre frotando y estimulándole a su paso. Y eso se repite y repite. Babea por boca y güevo, su culo es un caldo caliente que únicamente parecía necesitar un  buen pedazo de carne dura.

   -Dame una mano y te doy la mía. –oye a lo lejos la voz del gordo, que se burla… sacándole los dedos del culo.

   El frío que siente es desolador, la caída de esas cumbres de lujuria y pasión que experimentaba es tan terrible como si hubiera caído, de culo, de una escalera de una azotea. Se miran, el chico alto y obeso sonriendo, Jacinto rojo de vergüenza, rabia y necesidad.

   No lo piensa más, con la mano atrapa ese pito chico que queda cubierto con su palma, apretándolo, sintiendo asco cuando se agita bajo su toque. Al tomarlo, queda más cerca de su vientre, siendo totalmente consciente de su olor desagradable, de su piel transpirada y caliente. Y allí estaba, tocándole el güevo no sólo a otro hombre, sino a ese hombre. Pero la mano del otro, volviendo a sus nalgas, el dedo frotándole sobre el hilo de la tanga, estimulándole, le convence. Jadea mientras comienza a subir y bajar su puño, haciéndole la paja. Maúlla, tensando los hombros, cuando el dedo aparta la tirita y regresa a su culo, hundiéndose lentamente.

   Su mente es un caos, su cuerpo está tan tenso como cuerda de guitarra, y ese tipo, metiéndole ahora dos dedos, le sacaba música. Quiere más, e intuyendo qué necesita hacer para conseguirlo, se la agita con más fuerza y rapidez, conteniendo un jadeo cuando los dedos salen y regresan, tres de ellos unidos, frotándole, abriéndole, penetrándole. Esos dedos entrelazados van y vienen, cogiéndole profundamente, rozándole las paredes del recto, estimulándole, golpeando, otra vez, sea lo que fuera esa pepa que tiene ahí, lanzándola contra su próstata. Jadea, quiere eso, su esfínter se abre y se cierra, menea el trasero, pero la posición es forzada y cae sobre el transpirado sujeto, erizándose de asco, pero sin dejar de masturbarle, y menos cuando siente los tres dedos, muy clavados en su interior, agitarse.

   Oye la respiración pesada del tipo, que gruñe cerrando los ojos y tragando, transpirando todavía más, los pelos de su torso brillando con gotas calientes, mientras le masturba el corto pito. Pero es su culo… Los dedos van y vienen alzándole a cumbres de excitación que le parecían imposibles. Todo su cuerpo arde de ganas. Dentro de la tanga, su verga pulsa feamente, soltando espesos goterones de líquidos que mojan la cama, llenándolo todo con un olorcillo fuerte, masculino y excitante. Por otro lado, Dios, odia el olor de ese sujeto, quiere los dedos en su culo, le masturbará si hace falta, pero quiere separarse de él. Aunque el otro no le deja, así le atrapa el suave cabello, transpirado también (aunque el suyo huele a coco por el champú), y con lentitud pero firmeza parece empujarle contra su redonda panza que vibra y se agita cuando respira. Quiere luchar contra el agarre, pero teniéndole los dedos bien metidos en el culo, el sujeto empuja más y más, como si deseara enterrarle el grueso puño. Y las sensaciones producen ecos en todo su ser, mareándole.

   Tan mal está que repara, tardíamente, en que ese tipo sigue empujándole sobre su cuerpo, hacia abajo, teniéndole el bonito rostro muy cerca ya de la corta verga que masturba. ¡Pretendía que se la mamara!

CONTINÚA … 15

Julio César.

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