EL REY DEL ARROZ CON POLLO

PILLADO Y RECOMPENSADO POR OSADO

   Siempre creído, sus amigos pensaron joderlo, pero…

   De alguna manera los muchachos del instituto, del equipo de futbol y sus amigos de toda la vida se enteraron que trabajaba meneando el culo, ligero de ropas, para doñitas en un centro comercial de noche. Y puestos de acuerdo decidieron llegarse, pitarle y reírse para embromarle, ya que el chico era demasiado arrogante y vanidoso. Pero al verle salir, sonriendo pícaro, mostrándoles su otra cara, una de mejillas tersas y redondas, quedaron sin habla. Este miraba sobre un hombro, y cada uno de ellos creía que le enfocaba, agitándolo mientras les preguntaba con los ojos: “¿te gusta lo que ves, cabrón?, ¿quieres tocar este cuerpecito caliente y duro?, ¿no te mojas como un cachondo puto?”. Y, si, era su idea cuando dejó colar la noticia de que allí bailaba. Aunque le halagaban todas esas mujeres, su satisfacción venía de encontrar el deseo en los ojos de los chicos, de sus conocidos, en sus ruegos y los sonidos que hacían cuando lo atendían en la intimidad de una alcoba o en el privado de un baño del gimnasio. Esa noche pensaba llenar su cupo de citas para una o dos vidas.

OPINION DE PANAS

Julio César.

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