EL PEPAZO… 15

EL PEPAZO                         … 14

De K.

sexy-hombre-thong

   -¿Qué? Soy un macho, coño.

……

   Lucha por alejarse, meneando el rostro, frotándose del desagradable vientre ahora más mojado de sudor. El tipo ríe, ronco, agudo, y le empuja hacia su tolete, cosa a la que Jacinto se resiste por mucho que esos dedos en su culo lo tengan delirando en el séptimo cielo. Dios, ¡estaba tan cerca de correrse!, piensa jadeando, luchando contra el agarre del tío obeso. Este lanza otra carcajada y luego grita.

   -Ahhh, si, tómala toda, chico bonito, ¡toma mi leche! –ruge y se corre, de su corto pene salta un chorro de esperma… que impacta a Jacinto en una mejilla, muy cerca de su boca. Cuando siente el trallazo tibio, baboso y oloroso (algo que le resultaba peor que el aroma a sudor viejo), grita y casi traga algo de ese semen.

   -¡Hijo de puta! –le ruge, saltando de la cama, limpiándose con el dorso de la mano la mejilla, abriendo mucho los ojos al repararen lo que hizo, mirándose la mano, con asco y chasco. La risa del otro es tremebunda.

   -Casi te la tragas, ¿eh? ¿Tu papá no te enseñó que lo mejor era anda por la vida con la boca cerrada? –se burla ese sujeto, jadeando, el pene todavía goteando… en su piso alfombrado.

   -Eres un cerdo. –le reprocha con rabia, ¿qué otra cosa podía hacer? Se había dejado meter no uno o dos dedos por el culo, sino tres. Y casi había rogado por ello. Aunque todo finaliza así, con asco y unos deseos locos de lavarse con lejía, de la industrial, no puede dejar de pensar que no se corrió.- Bien, yo…

   -Si, si, hiciste lo acordado. –el tío obeso toma aire para recuperarse, dulcemente agotado y ahíto. Que le hiciera la paja ese tipo bonito y fortachón, que olía bien y llevaba aquella tanga putona fue una locura.- Te lo ganaste. Necesitas algo para calmar esos ardores en tu culo o puedes verte en verdaderos problemas en la calle, deseando pelarlo para que algún hombre… Bueno, te meta algo más que sus dedos.

   -¡Eso jamás! ¡Soy un macho! –ruge rojo de furor, abriendo los musculosos brazos, su verga goteando sus jugos fuera de la prenda azul eléctrica.

   -Y de los más machos. –se burla el otro, saliendo de la habitación.

   Después de dudarlo un segundo, Jacinto le sigue y le ve tomar su morral, sacando algo, una cajita sospechosamente cuadrada. Se la arroja, y al tomarla, el fortachón siente aprensión.

   -¿Qué diablos me pasa? Esto jamás… -le ve con rabia.- Es esa mierda de calmante, el supositorio.

   -Muchos lo usan y no ha pasado nada. Tal vez… ¿una reacción extraña de uno en cien millones? –parece intrigado.- Como sea, espero, igual que la empresa, que esté satisfecho con la atención. –sonriendo torvo finge un saludo orientan, juntando las manos y todo.- Fuckuyama le desea felicidades.

   Casi mordiéndose la lengua para no decir algo, conveniente o no, como que se lavara al menos las manos. Y las bolas (joder, a dónde llegara lo haría aún más apestoso). Jacinto asegura la puerta cuando sale y abre la caja, parpadeando.

   -¿Qué coño? –reconoce bien aquel aparato sexual, en forma de pera, con una punta corta, ensanchándose al bajar y reduciéndose nuevamente en un cuello delgado, terminando en una base en semi arco, anatómico. Era un tapón anal. La ira arde en sus entrañas cuando lo arroja lanzando una maldición pavorosa.

   Toma una ducha larga, muy larga, sin tocarse mucho la verga semi morcillona, la cual a la menor provocación se alzaba. Y de vaina tocó sus nalgas. Entra un muy ajustado bóxer y una camiseta que le encanta, apenas parches de tela blanca y gris que dejan al descubierto sus poderosos hombros y brazos, sus pectorales redondo, sus tetillas erguidas, cortándose muy por encima del borde del bóxer. Come copiosamente, mucho, comunicándose luego con la señora que le prepara los alimentos para la semana, ordenando más; en tres días había devorado todo. Asombrada, la mujer accede. Sabe que la madura doñita gusta de él. Intenta ver televisión, evitando como diablo a la cruz, la computadora. Va a su cuarto, saliendo de la camiseta, y cae en la cama.

   Da vueltas y vueltas, terriblemente incómodo, sintiéndose apretado y ahogado. Sale del bóxer, y dudando un mundo, toma otro de los hilos dentales, uno amarillo chillón, y entrar en él. Ajustar sus genitales y sentir la tira posterior presionando su raja interglútea, le causa algo de paz. Grande, musculoso y guapo cae sobre las sábanas, viéndose increíble con la diminuta tanga. Pero no puede dormir, un calor intenso le abraza. Su verga se pone dura. El culo le pica, más y más por segundos. Con un bramido, semi boca abajo, lleva una mano y se rasca la entrada con un dedo, deseando meterlo. No lo hace. La ansiedad aumenta. Lanzando un gemido ahogado, frustrado y algo asustado se sienta sobre el colchón, sintiéndolo bien contra su trasero, se llega a la sala y busca.

   Allí estaba el tapón anal.

CONTINÚA … 16

Julio César.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: