CORRERÍAS EN BOSTON… 21

CORRERÍAS EN BOSTON                         … 20

Titulo: Una noche en Boston

Autor: yeya-wc

Resumen: Dean sorprende a Sam con una vida secreta, una donde pensó dejarlo todo, incluso las cacerías.

WINCESTS HOT

……

   -Déjame en paz. –es la réplica furiosa, hervía de indignación por todo lo que sentía. Y Dean no ayudaba para nada.

   -La frustración sexual hace de Sam un niño gruñón. –canturrea, divertido todavía, al menos tenía algo que hacer ahora que su cita, una que se la había medio levantado toda la noche, le había fallado.

    No se esperaba lo que ocurrió. Viéndolo todo rojo, Sam salta de su cama, empujándole, haciéndole caer de espaldas sobre su propia cama.

   -¡Cierra la boca! –estalla el menor.

   -¿Qué diablos…? –brama Dean, al verse caer de espaldas, con el menor sobre él, furioso, intentando fijarle con el cuerpo y las manos, como ha aprendido de la lucha. Ah, pero él es Dean Winchester. Casi sonríe cuando enlaza los dedos con los del otro, desconcertándole por un instante. Qué tonto, piensa por un segundo, girando con fuerza el cuerpo hacia la derecha, derribándole, intercambiando la situación, ahora está sobre Sam, fijándole contra la cama, riendo de su frustración.

   -¡Suéltame!

   -Creí que querías jugar a ser el más grande. –todavía se ríe, sentado sobre su regazo, en bóxer, aún húmedo de la ducha, el tolete presionando contra la tela, bajando y tocándole al estar echado hacia adelante para sostenerle las manos. ¡Joder, la verga de Dean le tocaba!

   -¡Bájate! –Sam enrojecía alarmantemente, su tono era de pánico.

   -No aguantas una broma pero te gusta moles… -comienza Dean, sorprendiéndose, parpadeando, mirando sobre su hombro, hacia abajo.- ¡Sam, niño travieso! Es evidente que estás muy, muy, contento de verme. Y ya no pareces tan chico…

   -Dean… -la ira, vergüenza y timidez luchan por dominarle. Quería morirse… y en todo ese tiempo su verga iba endureciéndose, llenándose de sangre, sus carnes hinchándose, alzándose contra la tela… contra la hendidura del culo del rubio como buscando su camino. Y la idea, su verga en aquel culo, casi le hizo jadear.

   -¿Caliente, Sam? ¿Hasta el aire te la para? –le pregunta, labios torcidos, ojos brillantes como los de un gato.- ¿Te habría pasado hasta con el tío Bobby encima? –le reta. Y Sam quiere morirse, y teme que ocurrirá, realmente, al estallar en llamas, cuando el hijo de perra comienza a mecerse sobre su pelvis, adelante y atrás, rozándose contra su miembro, arrancándole un gemido.

   -No, Dean, deja de… ¡Ahhh! –el hijo de perra, era un hijo de perra, soltándole las manos, como retándole a bajarle, había enderezado su cuerpo, las rodillas contra sus costados, totalmente sentado sobre su regazo, sobre la joven, dura, caliente y pulsante tranca.

   -¿Quiere que baje, Sam? –pregunta untuoso, retador, sonriendo chulo, meciendo nuevamente su culo de adelante atrás, frotándose de su tolete que respondía con espasmos.

   -¡Hijo de perra! –brama con voz rota, jadeando, su delgado torso subiendo y bajando con esfuerzo. Ahora no sólo se rozaba de su piel, quemándole, sino que su verga también había endurecido dentro del ajustado bóxer gris, alzando la tela visiblemente, y el hijo de perra, porque lo era, se las ingeniaba para que fuera muy consciente del roce de sus bolas y su tranca dentro del calzoncillo.

   Era más de lo que Sam podía procesar, su mente se apaga y el instinto toma el control. Sus manos se alzaron hacia las caderas del pecoso, encontrando la suave y lisa piel algo húmeda, cálida y vital. Le ve tensarse cuando le agarra, erizándose bajo el contacto. ¡A Dean también le afectaba!

   Las jóvenes manos van a la baja espalda del otro, los dedos apuntando hacia abajo, metiéndose dentro del bóxer; respirando con dificultad, tragando en seco, los multicolores ojos totalmente brillantes, clavados en los de Dean… quien nuevamente se echa hacia adelante, permitiéndole tocar sus nalgas con mayor facilidad. Glúteos duros y turgentes donde sus dedos se clavaron mientras deja escapar un prolongado gemido.

   Samuel Winchester deja de pensar al sentir sobre sí el peso del joven, compacto y firme cuerpo de Dean, sobre su pelvis, sobre su miembro duro como una tabla, de donde el otro se frota en un ir y venir de caderas enloquecedor, aunque no tanto como le trastornaba tenerle atrapado así, con los dedos clavados en las duras nalgas.

   Dean tampoco piensa, tan sólo sonríe embriagado con esa sensualidad propia que iba descubriendo y que le hacía agresivo a veces. Sensualidad que repartía, o lo intentaba, generosamente entre las chicas que conocía, o los muchachos que no resistían sus chulerías, sus ojos verdes y pecas, que terminaban gritando contra una pared cualquiera cuando los enculaba en un apartado lugar. O las mamadas que se ha dejado dar por algún señor, una o dos veces (casi dos docenas), en los baños de alguna cafetería, gasolinera e incluso en la recepción de alguno de los mil hoteles por donde han pasado mientras su padre les arrastra en su venganza. Todas desde que cumplió los quince años y sus hormonas parecieron no sólo estallar, exigiéndole desenfreno, sino que exhalaban algo que afectaba a otros carajos. Sonriendo sobre Sam, experimentando la sensación de esa verga bajo su cuerpo, restregándose de ella, frotando la suya, lo sentía tan caliente como las delgadas manos del menor recorriéndole con ansiedad el trasero. Sonríe, ojos cerrados. Controlando la situación.

   Y Sam lo entiende así, resentido como siempre con el control que su padre y Dean tenían sobre su joven vida. Es eso lo que le lleva a actuar, ¿okay?, nada más, en ese momento, se dice aunque ni él mismo logra engañarse. Sin querer considerarlo más, que al sobrepasarse Dean le propine un tortazo desde su posición, o que se aparte (y no sabe cual opción de dolería más, en ese momento cuando siente que si no usa la polla le reventará de manera nada grata), lleva una de sus manos a la raja entre las dos turgentes nalgas, recorriéndola de arriba abajo y al contrario, con fuerza y desmaña de juventud, estremeciéndose cuando el rubio lanza uno de esos maullidos guturales de placer, sonido que toda su vida asociaría con el sexo especialmente satisfactorio en cuanto a excitación. Sus dedos, presionando contra la piel, suben y bajan, y Dean se agita sobre su cuerpo, echando la cabeza hacia atrás. Apoya uno de la entrada del poco peludo agujero y…

   -Sam, ¿qué haces? No creo que… ¡Ahhh! –la protesta del pecoso, al sentir el dedo del menor allí, se interrumpe cuando este penetra su esfínter, es un dedo delgado pero largo, tocándole de maneras que nunca imaginó se pudiera, o permitiera. Ese dedo palpa, roza y acaricia despertándole una desesperante lujuria, unas ganas enormes de exigirle que lo agitara más para quitarle la comezón que le comenzaba.- Hummm… -jadea largamente cuando ese dedo se medio retira y comienza a mete y saca desmañado.

   Y la visión de tenerle así, Dean cayendo decididamente sentado sobre su regazo y tolete, escucharle gemir de esa manera, la emoción de estarle metiendo y sacándole el dedo del culo a su chulo hermano mayor, y sentir cómo este se lo atrapaba y halaba, enloquece al muchacho. Quiere eso, tenerle así… Desea poseer el culo de Dean. Así que debe asegurarlo, piensa. Es un niño que gusta de leer, mucho, y el porno era parte de eso.

   -Sammmmm… -jadea agónicamente Dean cuando el chico agita su dedo, refregándolo de sus entrañas, empujándolo intencionadamente hacia la parte baja de su pelvis, buscando tras el pene de su hermano, tocando algo que espera esté ahí.- ¡Oh, mierda! –ruge el pecoso erguido, echando el rostro hacia atrás, dominado por el disparo de excitación que el toque del menor le produce.

   Pero este quiere más, mientras le ve estremecerse y le oye prácticamente maullar como un bonito gato, Sam no deja de babear bajo Dean mientras saca y mete su dedo de ese culo virgen de toda intrusión hasta ese instante, llevando la otra mano a la pelvis del rubio y atrapándole sobre el bóxer la silueta erecta del pene.

   -Ahhh… -el jadeo que lanza Dean eriza a Sam de pies a cabeza, pareciéndole en ese instante, y en el futuro, el sonido más erótico jamás escuchado.

   No, no, debía serenarse, piensa Dean, temblando, brillando de transpiración a pesar de la reciente ducha, rojo de cachetes y nalgas mientras Sam le saca y mete el dedo del culo, provocándole verdaderas oleadas de lujuria, sólo comparables a las producidas por esa mano delgada y algo huesuda que ahora le atrapa la verga dentro del bóxer, apretándole como si el menor lo necesitara, tenerla en las manos, palparla, sentirla, halarla. Y cada manipulación le robaba las fuerzas al mayor. ¿Acaso Sam lo preparaba para cogérselo?, la idea penetra con sorpresa, algo de alarma… y mucho de cachondeo. Vaya con el enano, pero era el mayor, no debía…

   Aprovechando que está nadando en hormonas, endorfinas y calenturas, Sam gira sobre un costado y derriba a Dean, quien cae de espaldas sobre la cama, cayéndole encima, necesitado de moverse de prisa.

   -Sam, espera, no creo que… -algo de lucidez intenta penetrar la mente del rubio, como sospecha que el otro quiere hacer con su culo, pero le costaba. Y es silenciado.

   La boca de Sam cae sobre la suya, aprovechando que la tenía algo abierta, metiéndole la lengua. Y cuando la siente contra sus labios, dientes, encías y sobre su propia lengua, de la boca ocupada del pecoso escapa un maullido der lujuria intensa, pura. Los dos jóvenes cuerpos, casi desnudos, muy erectos y calientes, erizados, se refriegan. Dean abajo, Sam arriba, besándole sin dejarle tiempo para pensar.

   Atrapar la lengua del rubio, halarla con sus dientes, rastrillando en ella cuando este responde, tiene a Sam al borde del orgasmo. Si, lo besaba, pero cuando Dean respondía era… joder, con razón ese hijo de perra, que lo era, podía enloquecer a tantas chicas, y chicos. Siente celos, imaginar otras manos ansiosas, otras bocas deseosas queriendo posarse en su hermano, le roban la calma. Lo besa demandante, enérgico, para que Dean entendiera que era suyo. Pero gime, se tensa y congela cuando las manos del rubio caen en su espalda, acariciándole, recorriéndole con habilidad, haciéndole gemir contra su boca.

   Ahora son las manos de Dean las que tocan sus glúteos sobre el holgado bóxer, las que entran recorriéndole un trasero que era la promesa de lo que luego llegaría a ser. Y ese roce, esas caricias provocan cortos circuitos en la mente del castaño, quien entiende, temblando de ganas, sabiendo que su verga babea contra la de Dean, la cual se notaba tan dura y caliente contra la suya, que el otro intentaban voltear el juego. Poseerle. Ilusión vana, piensa sonriendo, ronroneando y refregándose ávidamente contra su cuerpo mientras hacen todo aquello. Él conocía el punto exacto…

   -Ohhh, Sammmmm… -gimotea Dean cuando el menor se ladea, llevando nuevamente la delgada y larga mano a su trasero, clavando los dedos en la dura y rojiza piel, buscándole el culo, el cual hala desde afuera.- Sammmmm… -chilla nuevamente, pero el menor no piensa dejarle ninguna salida, y vuelve a besarle, metiéndole la lengua al tiempo que el dedo penetra su esfínter, respirando tan dificultosamente como el pecoso, sus jóvenes cuerpos ardiendo.

   Ese nuevo beso detona finalmente alarmas en la cabeza del rubio, estaba besándose con Sam. ¡Con su hermanito!, pero no puede controlarse, la sola idea es tan sucia como erótica y… Estaba mal, lo reconoce. Lo que siempre ha sentido por el menor era…

   -Dean, no, no me rechaces. –Sam le pide, voz sibilante, casi contra su boca, el ruego en los ojos de cachorrito, la mano entre sus nalgas. Sabe cuánto afecta eso al otro. Le ve dudar, no queriendo rechazarle, y eso debería avergonzarle, manipularle así. Pero no puede pensar, no en ese momento, no con ese chico que de alguna manera ha terminado influyendo en su vida, sueños y deseos.

   El rubio traga, encontrando en las pupilas del otro un deseo que le marea. Rueda y queda de espaldas, quieto, mirándole. Sam tiembla, ¿sería posible? Con manos febriles le toma la cintura del bóxer, deformado por la erección del pecoso, halándolo, descubriendo sus pelos castaños oscuros, su verga rojiza, dura y algo húmeda en la punta. Y la visión deja a Sam sin palabras. Su corazón late con demasiada fuerza. Sus manos delgadas de muchacho calentorro recorren ese torso, ese abdomen, esa cintura, ese tolete que aferra y aprieta.

   -Hummm… -se le escapa al pecoso, sus ojos brillando ahora de pura lujuria.

   -Dean, déjame… -pide nuevamente, arrodillándose en la cama, separándole las piernas al rubio y entrando, atrapándole los tobillos.

   -Sam… -duda, pero no puede decirle que no, nunca ha podido. Puede mentirle, ocultarle cosas, por su bien, pero no negarle algo directamente. Y asiente, sonriendo chulo al mirar el estallido de felicidad del muchacho, que alza sus tobillo llevándolos a los hombros, echándose hacia adelante, levantándole y exponiéndole el culo ya tocado, hacia donde se dirige, en esos momento, el largo aunque todavía delgado miembro, duro y caliente, goteante y pulsante.

   El menor siente que se va a morir de anticipación; Dean…

   -¡Sam! ¡Dean! –trona la voz de John Winchester.

   -Debemos irnos, Sam. –la voz cargada de preocupación de Dean le parece llegar de lejos.

   Recordando ese momento, enfrentando ahora a su hermano, Sam entiende que parte del problema comenzó allí, cuando lo había tenido a tiro de pichón y John regresó intempestivamente. Todavía le parece ver a Dean palideciendo, muerto de temor. De que su padre le descubriera fallándole de tal manera. Porque eso era lo que realmente el otro sentía, que había fracasado, como hijo y hermano. El menor lo entendió en ese entonces, y ese sentimiento pareció nunca abandonar al rubio, a pesar de todo lo que luego ocurrió entre ellos. Recordar la primera vez…

   -Dean…

   -Debemos irnos. En serio. Siento en los huesos que estamos en peligro –Dean, rostro enrojecido, evita mirarle, recordándole la misión. Ve por la abierta ventana que ya es de noche.

   -Entiendes lo que digo, ¿verdad? Errado, equivocado, estando mal, si es que lo está, no hiciste nada para… aprovecharte de mí. Siempre te quise Dean, y sé que te vas a reír o te incomodarás, pero así es. Siempre fuiste lo más importante en mi vida, por mal que hiciera las cosas buscando una palabra tuya reconociendo aquello. –confiesa abriendo los brazos, y Dean rueda los ojos, sin mirarle, ardiendo de vergüenza.

   -Sam…

   -Tienes que entenderlo, aceptarlo, porque lo que hemos vivido no puedo ni quiero olvidarlo, ni dejaré que lo hagas tú. Para mí fue muy importante. No me obligaste a nada, no me corrompiste o algo así. Desde que tuve conciencia de quién era o dónde estaba, deseaba… lo que pasó entre nosotros. Antes y hace pocas horas. ¿Está mal? –se encoge de hombros.- ¿No está mal todo lo que nos pasó? ¿Y a esos hombres a quienes un fantasma atacó en una carretera, o a esos chicos tan jóvenes que desaparecían en la maleza para servir de alimento a un wendigo, o toda esa gente, hombres, mujeres, niños y ancianos que murieron en esos aviones derribados por un demonio viajero? ¿No está mal un mundo donde eso puede ocurrir? ¿Y acaso no lo enfrentamos? ¿No hicimos lo que debíamos en esta vida extraña? Ah, ¿pero sólo nosotros estamos mal? –demanda desesperado por hacerse entender, sintiéndose frustrado, dolido y desolado al verle mirar el piso, silencioso. No, el muy terco no quería entender que lo que existía entre ellos transcendía las reglas, por lo tato así sería y eso lo haría  correcto.

   -Debemos…

   -Okay, okay. Irnos. Recogeré todo. –exclama furioso, saliendo del cuarto.

   Dean no quiere pensar, no desea alterar a Sam, molestarle, no puede enfrentar eso ahora, cuando justo en esos momentos miraba de cara a los demonios que han torturado buena parte de su vida, la vieja maldición: amar demasiado a Sam. Una vez, en ese cuarto, pensó que podría dejarlo todo atrás, junto a Nicholas Stanton, pero…

   El silencio se hace ominoso, Sam debía… Llevado por ese viejo instinto que le obligaba a buscarle y consolarle, sale del dormitorio principal… para encontrarle caído cuan largo en el suelo alfombrado.

   -¡Sam! –jadea.

   -Vaya, vaya, parece que será fácil devorarte, amigo. –informa un sujeto que aparece frente a sus ojos, piel cobriza oscura, rasgos latinos y negros, de largo cabello en crinejas, llevando en las manos un arma.

   A Dean se le hiela la sangre al verle arrojarla a un lado y lanzar un bramido entre humano y animal, comenzando a transformar sus facciones. Da un paso atrás y otro rugido le hace pegar un bote, en la entrada de la cocina, donde tal vez le buscaban, está otro de los sujetos. Le tenían entre dos aguas… y Sam estaba caído.

CONTINÚA … 22

Julio César.

6 comentarios to “CORRERÍAS EN BOSTON… 21”

  1. Josh Salvatore Says:

    Mi amigo….

    Realmente considero q esta fue una de las escenas mas hot de esta historia… La cosa es, que creo que sam es muy caliente ( en sentido hormonal jejeje)no te parece? Y es por es que le pasan las cosas…definitivamente.

    Pero me gusto, obviamente como todas tus historias en si,d echo quiero leer las otras q estas publicando, hasta ahora encontre solo “se mi amigo” dime por fa q otras tienes por q quiero leer mas d ti actualmente😉 siiii??

    Por cierto, en estos dias, me comentaron algo, q me molesto un poco, me dijeron lo siguiente: ” no te haz dado cuenta que los wincest esos q lees son de esos incestos pervertidos con los que califican a los gays?”. me parecio ofencivo y un poco homofobico no crees?, osea se que el wincest es incesto el mismo nombre lo dice no? Dah! Pero 1: no es el tipico incesto q viene d un calenton d verano , en donde de pronto tu hermano mayor te pone cachondo por que se le marca un paquetazo y tu que t mueres del calor, estas muy caliente como para desaprovecharlo, cierto? Esto es mas bien, como ese amor prohibido que nace d la admiracion y el sentimiento d proteccion que todos necesitamos, es algo mas bien dulce pero que como somos hombres, obviamente alguna vz vamos a estar cachondos, sobre todo si somos adolecentes con las hormonas a mil como sam, verdad?? Y 2 no se tu pero yo concidero q el incesto tiene cierto morbo q calienta a cualquiera.. No es taaan pervertido q digamos, xq cualquiera alguna vez a visto con mas atencion de la que se debe a el cuerpo bien formado d algun familiar joven y apuesto, a que si?, y que no lo nieguen… Lo cierto es, que quiero q me digas que no me equivoco y no estoy resultando ser un propenso a pervertido, xeso quiero q me des tu opinion.. Si?

    Disculpa, creo q me extendi un poquito bastante jijiji, pero bueno, espero tu respuesta, vale? un beso y un abrazo d oso grandote…

    *Josh*

    • jcqt1213 Says:

      Épale, amigo, gracias por el comentario, intentaré actualizar pronto.

      Sabrás que estrictamente hablando, los fans de Supernatural estamos tachados de “locos” porque nos gustan estas historias, más específicamente ese incesto entre los hermanos. Aunque creo que es peor, hay un tanto de envidia porque muy buenos programas han llegado y se han ido, Fringe y Héroes, por ejemplo, y creo que sus seguidores resintieron el éxito y permanencia de esta. Supernatural no acaba porque es, casi, un culto. Personalmente no son mis relatos preferidos, me gusta más el Destiel, o los Padackles, pero hay muy buenos Wincests, en Supernatural Foro hay uno donde Sam y Dean se separan, este vive en un pueblito donde es mecánico, y Sam aparece y la reconciliación fue de lo más melosa. A esa gente que les parece mal, dile que es fantasía, a lo que se reduce, generalmente, todo cuento sexual. Y es hasta más seguro así.

      Nos leemos, pana.

  2. Josh Salvatore Says:

    Hey tu…!

    Gracias por responder, es cierto todo eso q dices, la verdad, es que a veces nos dejamos llevar por una historia o una fantasia y a la final, es solo eso, una fantasia, lo cierto es que tienes razon, una historia es una historia y para eso fueron creadas para darle vida a nuestra imaginacion, y poder tener un poco de diversion y dejar la monotomia d ves en cuando no? Asi que gracias, por ser racional y realista, me ayudas mucho a poner los pies en la tierra y saber defenderme cuando lo necesito😉 ( Un Abrazo!!)

    Y cambiando de tema, te dire (otra ves) que la verdad no me gusta muco el destiel, ya sabes, creo que estoy mas enganchado con la historia de sam y dean, igual que de jared y jensen ( quien no lo esta?) asi que lo siento por eso.. Y cual es ese wincest del que hablas?? Sabes que me gusta lo meloso…!!!! Ademas que no logro conseguir ese bendito foro creo que una ves lo encontre, cuando buscaba el proyecto sin nombre, pero mas nunca lo encontre de nuevo..😦

    Eeen fin, asi que en resumen, gracias , por todo, por eso te admiro, te seguire leyendo siempre, y antes de ponerme todo sentimentaloide.. tienes que decirme donde demonios encuentro ese wincest!!

    Nos leemos amigo😉

    joshua

    • jcqt1213 Says:

      Épale, amigo,

      ¿Imaginamos demasiado con la serie?, si y no. Claro que nos dejamos llevar por la imaginación, pero es que con Supernatural, con Dean, ocurre algo más. Mira, siempre me gustó el programa, por los temas, los personajes y los actores. Ah, yo envidiaba a Dean, guapo, joven, despreocupado aparentemente, viviendo en carreteras y moteles, peleándose cuando quería, bebiendo cada vez que podía, metiéndose a la cama de cuanta chica veía. Qué vida. Me hacían reír las peripecias de ambos, aún sus momentos de gran drama, pero, personalmente, jamás vi el “interés” entre ellos que otros si sintieron, creando ese fandom vasto, largo y ya viejo en el tiempo, por el cual nos llaman locos. Era divertido ver que les confundían con pareja, pero nada más. Sin embargo, cuando aparece Castiel y este le mira, aparece en sus sueños, le busca siempre (dígame en aquel episodio Cielo e Infierno), o cuando le dice que se rebeló contra el cielo y sus hermanos por él, ahí había subtexto pero a millón, gritado a todo pulmón. Aunque, te juro, que al principio me decía ¿lo estaré imaginando?, y luego por la red encuentro que no, que aquello lo veían muchos, que era real. El programa, lo haya querido o no, tomó su propio camino.

      ¿Por qué amo el Destiel? Porque soy un fan irreductible de Dean Winchester, verle perder su familia cuando niño, a su padre robándole su niñez volviéndole un soldadito en su guerra, notar que era quien buscaba reunir a una familia que sólo parecía existir en su mente, viéndole junto al cadáver de John, luego con Sam cuando le matan la primera vez, y finalmente cayendo muerto y yendo al infierno fue terrible para este deanista, el final de la tercera temporada me dejó en shock. Mi pobre Dean; si, su vida es increíble, pero la maldición es una mugre. Por ello cuando en la cuarta temporada un ser todo poder a quien aún los demonios temen le levanta del infierno, tocándole, dejándole su marca en la piel, su sello (el de Castiel), luego siguiéndole como un perrito faldero, mirándole como esperando un gesto de aprobación, una sonrisa (y no, eso no era sólo imaginación mía, estaba allí), yo ya era seguidor del ángel, el ángel de Dean. ¿Qué me gustaba, y gusta, del personaje de la serie, y de él en el Destiel?, que ese ser existía únicamente para Dean, para cuidarle y protegerle, por fin alguien se ocupaba de él.

      Visita el Supernatural Foro y lee con calma, hay relatos realmente increíbles.

      Un abrazo desde Caracas…

  3. Josh Salvatore Says:

    Ah, y otra cosa, no has pensado en postularte para no se, alcalde, gobernador o algo asi? Xq diablos, eres muy bueno en defensa y ya de por si lo saia pero tiene muy buena lavia… Creo q si trabajaras vendiendo acciones ya fueras multimillonario eh, jejeje, regalanos un poco de esa habilidad tuya, si? Si supieras que realmente la necesito a veces!😉..

    Bueno ahora si.. Nos leemos luego

    • jcqt1213 Says:

      Ja ja ja, gracias, pero nunca ganaría una elección, no suelo ser popular. Se me llama cuando se me necesita, pero irrito a la gente. Dios, cómo discutíamos en esas reuniones de condominio…

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