EL PEPAZO… 16

EL PEPAZO                         … 15

De K.

sexy-hombre-thong

   -¿Qué? Soy un macho, coño.

……

   Allí estaba el tapón anal. El maldito tapón anal, ante cuya visión nota como el culo le pulsa y pica. Con rabia lo toma, el corazón palpitándole con fuerza. Algo le pasa, algo le hicieron. Debía buscar ayuda, se dice mientras regresa a su dormitorio, el cual apesta ligeramente a semen, su alfombra había sido ensuciada por ese carajo apestoso a sudor.

  Todavía dudando, se echa de panza en la cama, su enorme y musculoso cuerpo armónico se ve del carajo, la recia espalda que se agita bajo la piel mientras se mueve, sus nalgas redondas y firmes, la tirita triangular que se une en su baja espalda y se pierde entre ellas. Separa las piernas sintiéndose muy mortificado, la tirita amarilla le cubre la raja, pero el culo parece hinchado, tanto que sus pliegues resaltan de lado y lado. La aparta con una mano, mirándose al espejo para controlar la situación, llevando el tapón anal con la otra. Y parpadea casi horrorizado, su culo titila salvajemente cuando acerca la punta, casi se abre en boquita. Tal vez debería usar algún aceite, un lubricante o… En cuanto el material hace contacto con su agujero, los pliegues se cierran sobre él. Lo introduce, la punta, cuando comienza con lo gordo de la pera, esta roza de los labios de su entrada y Jacinto parpadea otra vez, sintiéndolo delicioso y erótico. Se tensa y flexiona los dedos de los pies. Empuja y empuja, como si costara, pero fuera del intenso roce de la estimulada y sensible piel contra el objeto, no hay mayor problema. Cuando entra lo grueso de la perita (el calibre debía tener el grosor de cuatro dedos unidos), los labios se su culo se cierran golosamente sobre el delgado cuello… halándolo.

   -Ahhh… -un gemido ahogado de intenso placer escapa de sus labios.

   Lo siente, sus entrañas amasan, soban y chupan ese juguete. Y al hacerlo hay roce, refregadas, y las sensaciones lo dominan intensamente. Cierra los ojos perdiendo en ellas, llevándose un pulgar cerca de los labios, rozándolo con ellos. La tira del hilo regresa a su lugar, curiosamente sobre la base acanalada y anatómica, fijando y empujando el juguete, y eso le provoca nuevos ronroneos mientras atrapa el pulgar con sus labios, lo acaricia con la punta de la lengua, lo cubre y, dentro de su boca, inconsciente lo succiona. Algo parecido a lo que su culo hacía con el tapón anal.

   Despierta en la misma posición, notando el clarear de la mañana con la mente despejada, tan contrario a antes cuando le costaba abandonar el mundo del sueño. Durmió de corrido y se siente descansado y lleno de energías. Abandona la cama de un salto, dejando el asunto del tapón anal para después del café, pero se detiene frente al espejo. Su mirada brilla agradada. Se veía más musculoso y fuerte. Casi como un culturista, pero sin el problema de enseñar la instalación por fuera; nada de venas y vasos destacados, su piel es lisa, casi suave. Su enrome corpachón cubierto escasamente por la tanga amarilla casi le provoca una erección. Flexiona los brazos, sus bíceps son esferas. Ceñudo nota algo, alza un brazo, bajo su axila hay como menos pelos, más suaves y castaños. Aunque se los recortaba no se los quitaba, era parte de su “masculinidad”. Recorre su torso, totalmente liso aunque siempre presentó algunas pelusas cerca de tetillas, ombligo o bajando de allí a su pubis. Nada.

   Otra cosa de la cual preocuparse, se dice tomando la camiseta que le dejaba casi todo afuera;  vuelve a sonreír, le gusta mucho lo que ve. No se revisa el trasero, imagina que también está más redondo. De seguir así terminará teniendo uno como Jennifer López. Monta el café, saca muchos envases de alimentos de la nevera, se ejercita unos minutos sin esfuerzo, tan sólo gime en el aparato cuando sube y baja, por el tapón anal rozándole, sus entrañas presionándose contra él cuando se esfuerza. Dios, se sentía tan… Sube y baja su cuerpo, la tirita fijando y empujando; va y viene entre jadeos. Su estampa es una maravilla joven y fuerte, su trasero se destaca cuando baja, su raja muy abierta, la base del tapón anal cubriéndole bajo la tira de la tanga. Se detiene, ojos cerrados, gimiendo. Corriéndose abundantemente dentro de la chica prenda.

    En el baño se lo saca, lo arroja a un tobo con jabón y anti bacteriales, se ducha sin tocarse mucho. Se seca, seca el tapón y regresa al cuarto. Debe vestirse, entra en un bóxer, muy ajustados, le presiona incómodamente. No le agrada. Duda y duda pero finalmente toma la última tanga limpia, una masculina pero de un intenso color rosa. ¡Justo la última, coño! Si alguien se deba cuenta sería su fin, piensa… caliente al imaginar que alguien lo notara y le mirara más y más. Se viste sintiéndose bien con ella debajo.

   Con conciencia culpable baja de su apartamento y toma la moto sin mirar a nadie. Sin querer pensar en lo mucho que le gusta sentir bajo sus ropas el vibrante asiento de sus dos ruedas. En la quinta, la señora le mira largo rato diciéndole que cada vez se pone más guapo. Eso le agrada, no tanto, aunque no le disgusta mucho tampoco (cosa que le irrita), que los compañeros de trabajo al pasar, o parar a decirle algo, le soben el culo. No era la típica palmada, montaban la mano y acariciaban, todos bajando hacia su raja. Incluso el novio de la señorita y el niño de la casa, ese mocetón de dieciséis que no hablaba con nadie. Fue tan mortificante que finalmente llamó a su cuñado, pidiéndole el nombre de un especialista en cuestiones masculinas. Rechaza verse con él, el otro no lo dice pero se lo agradece internamente, no se quieren. Dándole un nombre, promete hacer una llamada.

   -¿No estás enfermo, verdad? –le preguntó a última hora, como si acabara de ocurrírsele.

   Dentro del centro médico, una secretaria le dice que el doctor aún no llega, no tenía consultas ese día pero iba como un favor especial, que espera en el consultorio. Así lo hace, sentado en una camilla, sintiéndose tonto. Pensando qué le diría que no sonara tan raro.

   -Siento la demora. –una voz grave le hace volver al presente, mirando hacia la entrada del consultorio, sorprendiéndose.

   Bajo sus ropas, su culo sufre un violento tirón ante el magnífico hombre que le sonríe.

CONTINÚA … 17

Julio César.

NOTA: Pobre K, le quedó largo.

4 comentarios to “EL PEPAZO… 16”

  1. Sergio Says:

    ¡Qué subidón de adrenalina!

  2. jrvaquero00 Says:

    A q rato se lo culean …. Me gustaria se lo clave su compañero negro y lo arrastre como perra

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