TERAPIA DE CHOQUE

PROBAR

un-negro-nalgueado

   Mano dura y ternura.

   -Deja de lloriquear y quédate quieto. –le reprende.- Claro que te duele y te arde, te nalguea un hombre. Pero sé cómo calmártelo luego, puta, chorreándote con mi cremita especial que tanto te gusta. –se burla.

   En cuanto su hermana llevó a ese tipo a la casa, supo que era un faltón, un sumiso reprimido. La primera vez que tomaron cervezas, en la piscina, él junto a sus otros hermanos, unos rolos de hombres, el tipo pareció babear. Mientras más tomaba, más princesa se volvía, y entonces sí que tragó una buena carga espesa y caliente, con el bañador en las rodillas y un dedo bien metido, en un rincón apartado del jardín. Claro, mareado como estaba, de cervezas y esperma, no vio la cámara hasta que a los días le presentó las fotografías. Se quiso poner correoso, pero conociéndole ya, sabía que podía tomarle y le dio los primeros azotes para calmarle.

   Ahora, cuando estaba en casa, con su hermana, le enviaba una imagen de recordatorio, exigiéndole que se presentara en su cuarto llevando alguna tanga de la muchacha. Cuando tardaba, o debía llamarle dos veces, o no le gustaba la pantaleta que usaba, primero le azotaba y luego le amaba, con ternura entre sus piernas. La verdad era que siempre buscaba una excusa para darle… en todos los sentidos. Así lo controlaba.

Julio César.

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