EL PEPAZO… 17

EL PEPAZO                         … 16

De K.

sexy-boy

   -Quiero, pero me da miedo. Ayúdame, ¿sí?

……

   Se queda sin aliento, sin entender qué le pasa, el por qué de ese calor que parece iniciarse en su interior, en ese lugarcito donde cree que tiene la próstata y de la cual pega algo, una bolita que le sube y le baja. Enrojece. En la puerta, sonriendo amistoso y explicando que iba al gimnasio, un hombre alto, treintón y recio, penetra dejando caer una bolsa en un rincón. Sus hombros son anchos, sus brazos son musculosos, los bíceps casi se atascan en las mangas del mono azul claro que lleva. Aunque acuerpado, Jacinto entiende que ese tipo lo es más y que debía llevar tiempo levantando pesas. Su culo se agita nuevamente bajo las ropas, sobre la camilla donde esperaba, al verle los dedos largos, las manos grandes, las venas marcándosele, como el vello negro, y corto, en sus brazos. Los tatuajes que salen de las mangas, rodeando los bíceps, le parecen fascinantes.

   -Soy el doctor Jiménez. –se presenta sonriendo y mirándole fijamente, acercándosele y dándole la mano.

   Jacinto traga al sentir la fuerza masculina del apretón, algo que jamás le había ocurrido. El hombre tiene una piel cobriza clara, algo bronceada, una nariz corta con unas cuantas pecas, frente alta, rasgos viriles y armónicos, labios carnosos que se distienden en una sonrisa amistosa. El cabello es negro, suave. Y espera a que responda. Tragando en seco, nuevamente, se agita.

   -Hey, soy Jacinto. Jacinto Contreras, no sé si le llamó mi cuñado, doctor Jiménez, pero…

   -Sí, me llamó. –le estudia, mirando sus manos aún estrechadas. Jacinto no le soltaba. Hala y el otro enrojece, dejándole ir.- Y llámame Gabriel. Renato no me dijo mucho, sólo que querías verte con un médico. –le dice mientras se vuelve hacia un gabinete, tomando una carpeta preparada y lista a ser llenada. Y a Jacinto se le van los ojos tras esa espalda musculosa y ancha, fuerte bajo la tela. A ese trasero que se adivina bajo el pantalón del mono algo suelto, notándose porque la parte superior es corta.- No dijo mucho. –informa buscando, mirando sobre el gabinete, alzando mucho una mano para tomar algo y al otro se le escapa el aire. La parte superior del mono sube dejando ver una franja bronceada de espalda y el borde de un bóxer rojo, como se le vería a cualquiera, como lo usaba cualquiera, pero que en este caso le estremece intensamente, casi provocándole espasmos en el culo. Tal vez era por el tatuaje de una cruz que se le ve y cuya parte inferior queda cubierta por el bóxer y el pantalón.- ¿Estás bien? ¿Me escuchaste? –las preguntas le regresan violentamente a la realidad, haciéndole enrojecer violentamente.

   -Eh, si, doctor, estaba… estaba… -se acalora. Y más por la mirada de extrañeza en el varonil rostro, con su sombra de barba rasurada, que se transforma en sonrisa leve.

   -No hay problema, Jacinto. –el tono es más confiado, la voz más oscura.

   Y el guardaespaldas tiene que luchar contra las ganas de tragar otra vez, su culo estaba pulsando violentamente sobre la mesa. Por suerte no se había erectado. ¿Eh?, ¿erectarse por un hombre? Si, estaba mal. Aunque no duro. Al menos.

   -Bien… -dice Gabriel, extendiendo un brazo poderoso y tomando una silla con rueditas, colocándola frente al chico en la camilla y sentándose de golpe, con las piernas muy abiertas, los muslos llenando y empujando hacia afuera la tela sobre ellos. Jacinto no quiere reparar en esos detalles, pero lo hace. Sospechando, muerto de vergüenza, que el otro también lo nota.- Cuéntame qué atormenta a un chico joven y guapo como tú. –las palabras, ese tono varonil de voz, le tienen confuso. Y el culo muy agitado.

   -Yo… -enrojece violentamente.- Me están pasando cosas, doc… Gabriel. Cosas que antes no me ocurrían.

   -Bien, ¿por qué no comienzas por el principio? Cuéntamelo todo.

   -Bien, yo… -se ahoga.- Bueno, practico ejercicios, me gusta verme bien. –sonríe algo tonto, sabiendo que el otro entendería.

   -Y lo consigues. –vuelve la sonrisa amistosa, ¿o es algo más? ¡Estaba tan confundido!

   -Eh, si, bien, vi este anuncio sobre un relajante muscular que era una maravilla, las molestias que me provocaba el ejercicio me tenían arrecho, hice un pedido y… enrojece feo.- Resultó ser un supositorio. –le irrita ver que el otro abre los ojos divertido y contiene una sonrisa.- No iba a usarlo, no me gustan esas vainas, nada debe tocarme el culo, pero… Había pagado bastante, me dolía y… -oh, Dios, qué difícil era.- La mierda esa se me fue.

   -¿Qué?

   -Se me fue culo adentro, y fue tan horrible como suena. Y creo que me está afectando de alguna manera… sexualmente hablando. –dice al fin.- No pude estar con una chica y…

   -Guao, eso suena increíble. –parece genuinamente extrañado.- ¿No lo botaste?

   -No. –baja la mirada. Temiendo.

   -Debo asegurarme. Con una revisión completa. Quítate la ropa. –le indica.

   Oh, Dios, ¡llevaba la maldita tanga hilo dental color rosa!

CONTINÚA … 18

Julio César.

NOTA: Lo sé, el relato puede ser frustrante, pero a mí me divierte llevarlo así, por pedido del autor. Casi no le cambio nada. Es de lenta construcción pero desde este punto, el encuentro con este profesional, el pobre chico se destapa, quiera o no. Y Fuckuyama lo llevará a cosas más y más extrañas.

7 comentarios to “EL PEPAZO… 17”

  1. jrvaquero00 Says:

    Aqui esperando q alguien se lo coma a Jacinto … je je je

  2. marcos Says:

    Oh cielos!!! Actualizalo!!! Ahora si está más interesante jejejje

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