EL PEPAZO… 18

EL PEPAZO                         … 17

De K.

sexy-boy

   -Quiero, pero me da miedo. Ayúdame, ¿sí?

……

   Oh, Dios, ¡llevaba la maldita tanga hilo dental color rosa! Las orejas le enrojecen alarmantemente. Y aún más porque el otro, levantando la vista de la carpeta donde anotaba algo, le mira levemente ceñudo.

   -¿Ocurre algo malo?

   -No, yo… yo… -balbucea cada vez más avergonzado. La cara se le congestiona, de molestia y mayormente de vergüenza cuando el otro sonríe, aligerando ese rostro guapo y varonil que quiere dejar de mirar. Aunque sabiéndose guapetón y siendo levemente vanidoso (mucho, pero no lo ve así), le precopa (asusta como diablo a la cruz) que otros le crean marica. Verse bonito, si. Guapo, también. Maricón, no.

   -¿Qué? ¿Andas sin calzoncillos?

   -No… -casi rueda los ojos, y le molesta la sonrisa más amplia del galeno.

   -¿Alguna jaula de castidad o algo por el estilo? –le mira la bragueta.

   -¡No! –estalla, pero estremeciéndose, el culo latiéndole ante esa mirada. Es cuando Gabriel estalla en carcajadas.- Oye… -se altera, con agresividad.

   -Lo siento. Lo siento. –ríe y su rostro se colorea, viéndose más guapo.- Imagino que no llevas una pantaleta bajo el pantalón, así que debe ser ropa interior masculina… ¿atrevida?

   -Yo… yo…

   -Oh, vamos, comienza a desvestirte. Soy urólogo, he visto de todo. –le guiña un ojo.- Tengo amigos, casados y muy machos, que adoran las tangas y bikinis… También que sus otros amigos se las miren. La gente es como es y no debe avergonzarse de sus gustos.

   -No era… -comienza, poniéndose de píe y recorriendo el consultorio, no hay un biombo, tal vez por ser hombres no se esperaban falsos pudores, sale del saco, el ancho y esbelto pecho perfilándose contra la camisa, la mirada de Gabriel atraída a sus pezones, que se perfilan a pesar de la prenda manga largas.- Necesitaba ropa interior nueva, vi un anuncio de bóxers, los pedí y me mandaron esto. –confiesa saliendo de la camisa, quedando con la corta camiseta que dejaba bastante de su joven y musculosa anatomía afuera. Y si, sus pezones destacan erguidos en sus tetillas marrones. Sale de la camiseta, de los zapatos y finalmente se congela.- No fue mi idea. Ni el modelo o el color.

   Cuando el pantalón se abre, y cae, la compacta, sólida y musculosa anatomía queda expuesta en la diminuta tanga rosa, y sintiendo la piel erizada, caliente y enrojecida, Jacinto se pregunta si imaginó el brillo oscuro en los ojos del otro, al recorrerle de pies a cabeza.

   -Es bonita. –concede ronco, doblando las piernas. Cosa que hace latir el culo de Jacinto. Lo siente, bajo la tirita rosa.- Vamos a pesarte. –le indica una pared, y el joven va, sus nalgas duras mordiendo la tela… sintiendo dos puntos calientes fijados en ellas. Sube a la báscula y el otro, a su lado, algo a sus espaldas, controla los valores… tocándole como al descuido en la baja espalda con la mano. Muy cerca de donde se unen las tiras que entran en su culo. Quema sobre la piel de Jacinto.- Bien, ahora sube a la mesa. –le ordena, y comienza a recabar los datos completos, nombre, edad, antecedentes de enfermedades, especialmente sexuales.

   Le toma la presión arterial, y a Jacinto le parece que lo hace lentamente, con el recio corpachón tras la bata azul del mono subiendo y bajando mucho. Las manos, al tocarle, le inquietan. Le revisa los ojos. Usa el estetoscopio, le hace toser, hablándole muy de cerca, casi bañándole con su aliento, una voz baja, rica en tonos masculinos que provocan cosquillas en su piel. El estetoscopio sobre su tetilla izquierda le tiene afectado, su corazón late con fuerza, mientras se miran de cerca. El joven fortachón no sabe qué hacer, cómo reaccionar. Luego vienen los toques, en el cuello, las clavículas, las axilas de rala pelambre, los costados. Le ordena acostarse y toca muy cerca del borde de la tanga, buscando hernias, y Jacinto respira con dificultad, controlándose.

   -Siento nudos de tensión en tu nuca. Se nota que esto está volviéndote loco. Vuélvete. –le ordena con voz que le parece ronca. O sólo lo imagina.

   Sintiéndose mortificado al exponer así el trasero, obedece, mirándole de reojo. Capta la mirada del sujeto sobre sus nalgas y cierra los ojos, dejándose llevar por la presencia del médico a su lado, cerca, sólido, caliente, con un aroma varonil intoxicante. Y las manos en su baja nuca… cuando los dedos se hunden siente un dolor intenso, extrañamente excitante, que se intensifica un poco mientras le amasa, al tiempo que le dice que debería tratar con masajes terapéuticos porque… No le oye. Tan sólo es consciente de que parece tenerle más encima, que las manos acarician y soban sin producir dolor, tan sólo alivio… y placer. La respiración se le espesa, trata de dosificar las inspiraciones, también tensa el trasero aunque lo que más desea es relajarse, porque sabe que el culo le titila abiertamente bajo la tira de la tanga.

   -Relájate, estás muy tenso… -le oye, cerca y lejos, una mano de palma y dedos abiertas cae sobre su nalga derecha, presionando, y se le escapa un gemido de sorpresa al tiempo que alza la mirada, enfocándole, este correspondiéndole, sin apartar esa mano grande y fuerte… al contrario, moviéndola, acariciándole la curvatura, llevando los dedos a su raja.

CONTINÚA … 19

Julio César.

2 comentarios to “EL PEPAZO… 18”

  1. Daniel Says:

    Me gustaria ver un poco de romantisismo en esta historias

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