CHICAS, QUÉ NO DECIRLES A SUS HOMBRES

PEDAZO DEL PARAISO

mangoneadoras

   -¡Es una bruja! ¡Una bruja, con escoba y todo!

   Es un viejo y cruel chiste, el de la mujer al que el marido la invita a salir esa noche con conocidos y ella se queja de que está cansada. Él alega que todos quieren verla y ella pregunta quiénes, ¿los vagos de siempre?, y él, suspirando le pide que no discutan y ella le grita, molesta, que no lo hace. El hombre comete el error de agregar un “por favor, cálmate”, y la dama gritando le acusa de llamarla histérica. Cuando él, finalmente molesto dice que  bien, que no vaya; esta todavía le pregunta con quién va a encontrarse que no quiere que vaya. Sí, hay personas difíciles de complacer, he conocido a varias así.

   Pero los hombres también tenemos nuestros detalles. Puedo reírme de lo que sea sobre mi vida, aún de aspectos íntimos o sexuales, aunque no hago chistes sobre eso, menos hacia otros, y a veces regaño a carajos que se exponen a que hablen de sus mujeres por los comentarios que hacen. Pero que no se metan con mi trabajo, que critiquen mis métodos es algo que me altera. O que un recién llegado piense que nada bien hice hasta su graciosa aparición. Aunque, imagino, que ese “delicadeza”  puedo aplicarla también a mi apartamento (es una ruina pero es mío, carajo), mis libros, mis cosas. Defendemos lo que acumulamos porque nos pertenece, nos gusta y nos costó conseguirlo (aunque hablando de mi piso, citaré a Doña Malula, aquel entrañable personaje de Radio Rochela, de los tiempos democráticos: es mío, pero con qué ganas me mudaría para el Country Club).

   No soy particularmente celoso, cuando mis amigos conocen a otra gente, ruedo los ojos, porque sé que terminaré con esa otra gente bajo mi techo en algún momento, o sentado alrededor de una mesa en una tasca. Igual cuando mis hermanas comenzaron a salir con chicos. En este caso era peor, porque me veía obligado a conocer, y fingir que me interesaba, gente a la que no me ligaba nada. Esas estimas se ganan con el tiempo. Eso sí, siempre les aconsejaba, a los que llegaban, que fuera lo que sea que vieran, que jamás criticaran a la familia, que no se metieran en la manera en que ninguno de nosotros hacía o decía las cosas. Hubo quienes escucharon, otros no, y causaron pesar y finalmente se tuvieron largaron. No duraron.

   Hay cosas, temas, con los cuales nadie se debe meter. Y a eso se refiere un panfleto de algo como vida nueva, de superación y convivencia, que envían, de tarde en tarde a la oficina. Luego supe que había sido copiado de un semanario, QUINTO DÍA (los muy descarados). Leí uno y me hizo sonreír. Se refería a unos consejos que se les daba a las mujeres para mantener la paz en la relación, sin renunciar a la individualidad o dejar de lado su propia personalidad, tan sólo aceptando que cada persona llega con su propia carga, que eso se sabía y hay que respetarlo. En lo posible. Los puntos son tan de lógica que imagino muchos ya los conocen:

   Lo que no debes criticarle a un hombre:

   -Su miembro. Ni se te ocurra hacer referencias al tamaño. Corres el riesgo de que su autoestima caiga tanto que termine afectando los momentos de intimidad (e imagino que jamás se les debe comparar con el de un ex, o hablar de sus habilidades especiales, como no sea poniéndolo en marcha para buscar un efecto parecido sin decirlo abiertamente).

   -Su esquipo de futbol (o de beisbol). Si es fanático, va a la cancha y se enoja y grita, sólo vas a lograr que se ponga de peor humor y no te dirija la palabra cuando le digas que no entiendes cómo puede sufrir tanto por un partido (dentro de las parejas, a veces una parece no entender, que una idea puede instalarse al respecto y atormentar, ¿cómo puede no conocerme ni un poco, ni importarle lo que siento?; suena exagerado, pero es así cuando se “ataca” lo que se quiere en el plan de “esa no es más que una tontería”).

   -Su mamá. Él nunca va a notar el tono sarcástico con el cual la doñita te habló ni que te miró con desaprobación. Trata de llevarte lo mejor posible y evita ponerlo en el dilema de que tenga que elegir entre ella y tú, generalmente saldrías perdiendo (y es tan básico como “no meterse con la familia”, siempre se lo digo a mis hermanas, no le peleen a los maridos su gente, esos les duelen porque son su sangre; y, por otro lado, creo que todo hombre siente, piensa, cree o sabe de cierto que su madre sólo quiere lo mejor para él, su felicidad, y que eso puede hacerla dura a veces, pero que lo hace por defender a su cachorro, ¿quién no la amaría más?).

   -Su carro. Aunque no lo veas de esa manera, para él es una extensión de su cuerpo. Es por eso que dedica tanto tiempo a lavarlo, arreglarlo y pulirlo (y eso se aplica a otras muchas áreas, a la necesidad de resolverlo todo, desde problemas eléctricos a la plomería, contando con “sus habilidades” aunque nadie más reconozca que la tiene; es una parte de ser el hombre).

   -Sus amigos. Para él son como hermanos que se alegran de verlo y no se cansan de escucharle y reírles, cada vez, las mismas bromas y anécdotas. Aunque los critiques por un hecho cierto, siempre va a encontrar una buena excusa para justificarlos (sintiendo que la mujer es algo mezquina hacia ellos, o que está celosa, aunque él mismo pueda que no acepte tan bien a los amigos de ella).

   Son, realmente, consejos de sentido común. En la vida nos rodeamos de ideas, prejuicios, cosas y gente, y se quedan porque nos agradan, nos gustan. Es duro tener que escucharle a otros, especialmente si nos importa, que todo eso es sólo basura. Por cierto, que son tips que se aplican divinamente a esas muchachitas que comienzan y quieren en una semana anular y cambiar al chico de su elección (con las enormes cifras de fracasos y depresiones posteriores); pero también a los hombres que tienen sus novios.

Julio César.

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