INMUNIDAD PARLAMENTARIA Y REFERENDUM, MÁS ALLÁ DE LA PAJA RETÓRICA

EL TSJ Y LOS DIPUTADOS DE AMAZONAS

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   Ah, cómo odia la cúpula podrida del pasado a estos dos. Y día a día los hacen más famosos y populares.

   Es difícil, para propios y extraños, entender el desastre que ocurre en Venezuela, un pequeño país de América del Sur muy bien ubicado, con una población relativamente escasa y que parece nadar en petróleo, lo que, en teoría, debería decidir todo a su favor para llevar una existencia cómoda como nación. Pero no es así, a una pavorosa crisis económica, hambre y desabastecimiento, se suma una infraestructura que poco a poco colapsa, que se cae a pedazos, con la producción nacional de lo que sea, aún de petróleo y sus derivados, detenida, incluso con un aparato vehicular de transporte público que se hace cada vez más insuficiente para cubrir la demanda por la parálisis de las exportaciones. Todo nacido del mismo problema, una casta dirigente ladrona. Mientras más dinero le entraba a Venezuela por el auge dinerario más largo y alto de toda su historia, doce años recibiendo excedentes de altos precios petroleros, fuera de todo lo que se pidió prestado, más robaron. No queda nada. Todo se lo llevaron los revolucionarios de izquierda, lo demás permitieron que se jodiera.

   Tan terrible ha sido esta plaga de bachacos fundillúo que el país se movilizó antes de que se supiera, y padeciera, todo lo que ha ocurrido este año, gente escarbando en la basura, peleando por una bolsa de comida, presos que han fallecido de hambre en celdas de policías intervenidas, amén de los que mueren por falta de medicamentos. Ni siquiera era posible imaginar en las peores pesadillas que esto ocurriera, aunque muchos, como el periodista Rafael Poleo, nos advirtieron que esto pasaría, con una exactitud pasmosa, el cómo, por qué y hasta el cuándo, sin que nadie quisiera escuchar para impedirlo (es más fácil, revolucionario y de izquierda evadir la responsabilidad inventando maniobras y conspiraciones). Nada de esto había pasado aún, todavía no sabíamos que el robo del erario era total y que en 2016 no habría ni para comida, se nos ocultó como se oculta todo en los regímenes sátrapas que intentan engañar mediante el voto manipulado (Sadam Husein en Irak, Fidel Castro en Cuba, Kim Jong-un en Corea del Norte), cuando el país le dijo al régimen que nos desgobierna “hasta aquí, compadres”. El 6 de diciembre de 2015, un mes antes de declararse oficialmente la debacle con un paquetazo de brutales medida neoliberales, Venezuela se cansó de jugar con estos piratas, presintiendo tal vez lo que llegaría, y encargaron a la Oposición de resolver el problema mediante el recurso de darles mayoría calificada en el Parlamento, votando siete de cada diez electores por esta fórmula. El país, el soberano, Venezuela había hablado mediante el voto… y el Gobierno decidió desconocer los resultados, como los desconocen todos los regímenes forajidos no democráticos.

   Debió ser una sorpresa para los desprevenidos ver cómo se violaba la autonomía y resoluciones del Parlamento, el asiento de las leyes y de la fiscalización del Ejecutivo, un poder por encima del Judicial ya que es elegido, uno a uno de los parlamentarios, mediante el voto de los ciudadanos, a diferencia de los magistrados. Aquí se violentó ese principio democrático; a la vista de todos, el asiento de las leyes, el Tribunal Supremo de Justicia se transformó en una guarida de bandoleros. Se habló paja en ese entonces para intentar “explicar” el por qué de ese brutal delito contra el sistema democrático, pero paja de la buena para justificar aquello, cuando la realidad libre de esa paja y polvo es que un Gobierno ladrón e incompetente se niega a dar cuentas de lo que ha hecho y dar marcha atrás en los negocios que montó con sus socios para saquear el país condenando a la gente a morir de hambre, desesperación e inseguridad.

   Fuera de la paja del desacato parlamentario, la realidad era que no podían explicarle al país cómo se robaron todo, y no pueden permitirse que sus cuentas sean revisadas y menos fiscalizadas por un Parlamento independiente. Lo primero que se hizo fue suspender a los parlamentarios de todo un estado para que la Oposición no se alcanzara el número de diputados calificados. Necesitados de una razón de vista al mundo para tamaño despropósito tipo Robert Mugaba,  en Zimbabue, se dijo que esos parlamentarios incurrieron en delitos como comprar votos, aunque era el Gobierno, a la vista de todo el mundo, el que regalaba electrodomésticos, tabletas, casas y taxis para comprar el favor popular, a una gente que se llevó lo que les dieron y luego fue y votó por la Oposición para que le pusieran coto a estos irresponsables. Y tan así era la burda maniobra antidemocrática que montó ese Tribunal Supremo de Justicia, utilizado por el régimen como único recurso para aferrarse a un poder del cual el pueblo les expulsó, siete de cada diez electores, que suspende a los diputados pero no ordena que se repitan los comicios porque saben que el resultado no sólo sería el mismo, sino peor, una reafirmación de aquellos y una derrota más vergonzosa y contundente para el grupo sátrapa. Es una realidad que toda la paja del mundo no puede cambiar, ni siquiera disimular.

   Aunque hablaban paja por televisión, y paja en mítines, diciendo representar al pueblo, de defender la revolución para el pueblo, de pelear porque le llegue comida al pueblo, la verdad cierta es que nadie les cree un carajo. Ni las doñitas que antes votaban por ellos y ahora los odian. Al contrario, Venezuela se convenció de que el problema del país es el Gobierno; por eso las llamadas que hizo la Oposición a recoger firma para convocar un revocatorio presidencial fue un éxito, tener que ir a verificar firma por firma también, así como la marcha sobre Caracas exigiendo una fecha para la recolección del veinte por ciento de intensión de revocatorio. Aunque han hablado paja pareja contra la recolección de firmas, especialmente el alcalde caraqueño Jorge Rodríguez, el mismo que perdió Caracas el 6 de diciembre, acusando el proceso de fraudulento (según ellos contra quienes el país pide la consulta para desalojarles del poder, qué raro, ¿no es así?); la verdad es que no se atreven a ir a un conteo.

   Un Gobierno forajido que desconoce la voluntad popular y al Poder Legislativo, cada vez más solo interna y externamente, más repudiado (en Caracas pierden, en diciembre 21 de los 23 circuitos electorales, incluido el del 23 de Enero, y en septiembre el presidente es acosado y caceroleado agresivamente por un grupo de doñitas en Margarita donde siempre ganaba la revolución), nos les queda otra alternativa que incurrir en todos los vicios y delitos para impedirle al país expresar lo que piensa, y un paso es pretender que alguien les crea que hubo fraude en la recolección de esas firmas, como si contaran con algún tipo de credibilidad unos sujetos a quienes las mentiras se les descubren al poco andar, desde la caída del viaducto que no caería, a la espantosa crisis económica que dijeron no nos tocaría, o la muerte del Líder, que no ocurriría y ocurrió, o cuando decían que Carlos Ocariz andaba de paseo mientras el país sabía que acompañaba a un hijo que tenía enfermo de leucemia. Estos mentirosos patológicos, que se inventan gestas sobre sus propias tristes vidas, pretenden que alguien les crea el cuento del fraude. Pero no les queda otra como no sean las trácalas y hablar paja, ya no cuentan con el país, los electores los abandonaron.

   Desesperados, ¿ya qué pueden hacer para corregir esto, ellos que lo causaron y llevan casi dieciocho años embarrándola?, supuestamente le ordenan al Tribunal Supremo de Justicia que inhabilite y despoje de la inmunidad parlamentaria a la nueva Asamblea Nacional, por desacato, aunque Venezuela les eligió para que hicieran la tarea que hacen para salvarnos de este desastre. Fuera de polvo y mucha paja revolucionaria, Henry Ramos Allup hace, y dice, lo que el soberano que le llevó ahí con su gente, en diciembre, quiso que dijera e hiciera. Asustados por sus crímenes, y no sólo el colosal robo del erario nacional, los de lesa humanidad son peores, son capaces no sólo de desconocer la voluntad del soberano, sino de colocarse en el ojo del huracán de vista a la comunidad internacional, creyendo que hablando paja de intromisión, de agresiones imperialistas y conspiraciones ocultarán el hecho de que un pequeño grupo fascista utiliza todos los mecanismos del poder, incluso los violentos, para continuar su control sobre un país que les dijo basta. Ya se vio en la Italia de los años veinte del siglo pasado, nada nuevo bajo el sol, y todos sabemos a qué tragedia llevó Mussolini, y sus dementes irresponsables, a los italianos, y cómo término finalmente por sus muchos delitos.

   Lo otro que se le encomendaría al Tribunal Supremo de Justicia es impedir, de la manera que sea, el llamado al revocatorio. Fuera de la paja del fraude en la recolección de firmas (y al Gobierno le cree quién cobra por creerle, como PODEMOS en España), de “los ricos” llamando a elecciones, de que hay problemas más serios a resolver (¿resolverlos ellos, que no sirven para un carajo como no sea robar a dos manos?), teniendo que confesar, incluso, que el país está arruinado y no sólo no puede pagar las importaciones, cancelándole a los acreedores, sino que no queda ni para montar un triste referéndum, lo cierto es que saben que no habría un proceso comicial, del signo que sea, que no pierdan. Quitándole la paja a todo lo que gritan, esa es la razón para tantas habladeras de disparate, que perderían lo que sea si la gente va, voto a voto, a expresarse como en diciembre.

   Por eso no se repiten las elecciones parlamentaria en el estado Amazonas, ni de sindicatos y colegios, ni el referéndum y ya se habla hasta de posponer las elecciones para gobernadores y alcaldes. Bueno, ya ni elecciones de consejos comunales se hacen porque las comunidades están cansadas de la gente que sólo va  a hablarles paja mientras todo empeora a ojo vista. Todo tiene que ser suspendido porque el país les dio la espalda. Fuera de las mil excusas que da Nicolás Maduro Moros, Diosdado Cabello, Jorge Rodríguez y esa larga lista de incompetentes, la realidad es que saben que no resistirían la prueba del soberano. Por lo tanto, agravando la situación internacional, corriendo el riesgo de ser tachados de forajidos merecedores de sentencias penales, tienen que cometer todos estos delitos para poder seguir pretendiendo que son gobierno. Tan simple como eso. Y sin embargo, tan complejo, porque las mentiras se les descubren, las artimañas no engañan, lo que intentan sale chapucero y sólo logra molestar más a una población crispada.

   Mientras el país dijo en diciembre que deseaba que la Asamblea Nacional, en manos de la Oposición fiscalizara los gastos del Gobierno, controlando el presupuesto para que no continuaran robándoselo y se usará para lo que debía, les dio un mandato directo para eso con siete de cada diez votos, el Tribunal Supremo de Justicia, bajo presión de sus jefes políticos, no sólo viola las disposiciones constitucionales sino que bypasea la voluntad popular, como si la complicidad ya demostrada hasta este momento en el brutal robo del erario nacional no fuera suficiente para convencerles de que nadie les creería las explicaciones seudo legales que dan para “justificar” las violaciones a la Carta Magna, con aquello de que la constitución bolivariana está muerta y sólo sirve cuando les conviene. Gastan dinero en propagandas hablando de las bondades del TSJ, pretenden utilizar unos términos legales para confundir, pero el país entiende que únicamente se arrodillan frente al Ejecutivo, prolongando la lenta agonía de un país que padece tantos problemas. Por lo tanto, se les odia más y más se desea salir de ellos. En febrero la gente estaba harta de Nicolás Maduro Moros, hoy están hasta la coronilla de la gente a la que identifican como el Problema, Diosdado Cabello, Jorge Rodríguez, Tibisay Lucena, el Contralor néspota, los jueces nombrados a dedo, por televisión, por Diosdado Cabello para el TSJ. Lo que antes era la molestia contra un sujeto, se ha vuelto odio contra todo un sistema corrupto e ineficiente.

   Por otro lado se gasta un dineral que no hay en campañas para “derrotar el fraude”, empapelando calles y avenidas, cuando basta, simplemente, que se llame a un acto comicial y el país resuelva, libremente, combatirlo, el fraude, pero eso es precisamente lo que no se hace. Ni puede hacer el régimen. El fraude de un Gobierno que pretende hacer creer que de nada es responsable después de casi dieciocho años metiendo las dos manos en la botija, y de un Tribunal Supremo de Justicia nombrado a dedo por televisión, no puede someterse a un escrutinio comicial. Es una realidad, que por eso hacen las cosas que hacen y dicen lo que dicen, aunque toda la paja del mundo no cambia nada.

   Lo demás, es tan patético como lo que ha hecho el Gobierno durante estos casi dieciocho años de llenarse los bolsillos y cometer disparates y locuras porque se creían en verdad unos calígulas tropicales con derechos divinos. Los militares, porque ya ni fiscales o jueces civiles emplean, el Plan Cóndor en marcha, sale y detiene gente de Voluntad Popular porque cargan en el bolsillo una cuerda que ellos dicen que puede ser usada como mecha de dinamita, mientras el país ve estupefacto como grupos armados y violentos de paramilitares derrotan a la policía en el 23 de Enero y los ponen en fuga, a tiros; pero a esos no se atreven a tocarlos. Un jefe del SEBIN, la policía política (de inteligencia, que dicen ellos, aunque el mismo Nicolás Maduro Moros denunció que a quinientos metros de Miraflores se había instalado un grupo paramilitar que nadie vio llegar), sale a denunciar a un alcalde opositor de estar detrás de un atentado a una sede policial con una granada, cuando las granadas son controladas únicamente por la Fuerza Armada Nacional en este país, hasta donde se sabe, y ha habido una cantidad impresionante de atentados, robos y secuestros con granadas sin que el señor le explique algo al país. Obviamente una logia militarista, enloquecida y agarrada al poder, pretende silenciar el disgusto nacional criminalizándolo, acabar con la Oposición encarcelándola, incomunicándola y desapareciéndola. Eso también se ha visto ya, y en este mismo subcontinente. Nada nuevo bajo el sol, los fascistas son iguales en todas partes independientemente del nombre que quieran darse.

   Fuera de gritos, amenazas, arbitrariedades, abusos, agresiones y paja, son estos los coletazos finales, las embestidas ciegas, peligrosas pero inútiles, de un agonizante régimen militarista que mantiene de rehén a los civiles dentro del PSUV, como lo padecido en el Cono Sur décadas atrás, “tumbados” por lo excesivamente ladrones, incompetentes y violentos. Llega a su patético fin un movimiento dizque popular que no sólo no dio respuesta a uno solo de los problemas que el país arrastraba de la Era Democrática, que no sólo los agravó sino que nos creó otros nuevos, como el hambre en la mesa de los venezolanos. Una realidad que toda la paja y las repeticiones de tonterías del mundo, como una guerra económica que se inventaron y perdieron, puede cambiar.

   Es lógico que intenten, desesperadamente, impedir que Venezuela se exprese electoralmente, que nadie ponga el ojo en lo que han hecho, que se les permita perseguir a la gente que Venezuela encargó del trabajo de sanear los establos. Pero eso no lo hace legal, ni válido, ni efectivo. Lo cierto es que la olla de presión que es la difícil situación nacional terminará arrastrándolos, el miedo que sintió Nicolás Maduro Moros en la isla de Margarita cuando aquellas señoras, molestas, le tocaban cacerolas y temió lo agredieran (quien la debe la teme), terminará por alcanzarles a todos. El hambre, no conseguir un medicamento necesario, no poder comprarle un helado a un muchacho, ya no hablemos de un par de zapatos terminará con una fuga masiva de aquellos que quieran poner a buen resguardo sus botines mal habidos de la ira de la gente a la que traicionaron.

EL DESACATO PARLAMENTARIO; QUÉ PASA EN VENEZUELA

Julio César.

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